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AU estore soGee EL dbecacpetio peL cCactatsria Taveice Bolb. F Capiruro Séermo LA REVOLUCION INDUSTRIAL Y EL SIGLO XIX Cap %-2 SSTUDIOS SOBRE EL, DESARROLLO DEL, CaPimALisnCo meras empresas industriales de La a expansién de la indi a la fabricacion Primas a otros Si pasamos ahor: i Pafames ahora a considerar el caricter y las consecuen- iglo 2X, una pregunta veces se ha discuti dagamos a fondo, ‘Yorfa, opiniones tan optimistas, Quizd parezca a algunos que no podian existir suficientes ico, por mucho que eco- dad de la inversion, Si bien el cambio téenico, ¢: trabajo, sumemtg s aetiee ,C4y0 efecto es la productividad dei lenguaje de Ricardo) las riquezas (0 er fetal de valores de uso), no necesariamente incrameveene Ie ‘valores creados, puesto que F chos uno de los més perversos corolarios de la doctrina diana, Pero el razonamiento, hasta donde é llega, es valido; y parece haber constituido el fundamento de la idea implicita fen el pensamiento clisico, de que el cambio téenico per se no debe figurar entre los factores que rigen la ganancia del capital. De acuerdo con este punto de vista (como hemos visto), el campo de inversién de capital estuvo definido esencialmente por.la oferta de mano de obra, y ésta, a su vez, por las condi- Giones de suministro de medios de subsistencia para el ejército de trabajadores. Obsesionada la escuela clésica por la amenaza de rendimientos decrecientes de Ia tierra (en ausencia de libre importacién), tendi6 a centrar su atencién en la influencia limitante de este factor con exclusién de cualquier otto: en el peligro de que el costo de la subsistencia aumentara a medida que la poblacién erecia, lo que implicaria un costo mayor de la fuerza de trabajo y una caida en las ganancias, como inevitable consecuencia.* En el marco de esta discusion, precisamente, tenemos que considerar la famosa demostracién de Marx de que una razén puramente téenica determina el descenso de la tasa de ganan- ‘cia y, por lo tanto, existe una tendencia autodestructiva inhe- rente al proceso de acumulacién de capital. Se trataba del simple hecho, ya observado antes por algunos economistas (Senior y Longfield, por ejemplo) ,que, sin embargo, no le habfan asigna- do imporiancia central,’ ni conferido valor teérico dentro del corpus general de su doctrina, de que el cambio técnico, tendia a incrementar la proporcién dél “trabajo acumulado con respee- to al trabajo vivo": del equipo de capital (medido en términos de valor) con relacién al trabajo prestado en la produccién co- rriente. Con una “tasa de plusvalfa” dada, 0 proporcién entre el valor del producto y el valor (expresado en salarios) de Ja fuerza de trabajo divectamente empefiada en la creacion de ese produeto, la tasa de ganancia del capital total (tanto el adelan- tado para pagar los salarios de estas obreros vivientes como el 8 Cf, Ricardo: “Ninguna acumulacién de capital hard descender permanentemente los benefieios si no hay una causa permanente pa tl aumento de los slarios, Si el fondo de reproducci¢n del trabajo Guplicara, triplicara o cuadruplicara, no habria dificultad en procurar fe nmero requerido de brazos a ser empleados por él; pero a causa de Ja ‘reciente dificultad de efectuar. adiciones constantes @ los ‘medios de subsistencia del pals, fondos de igual valor probablemente no man- ‘tendrian la misma eantidad de trahajadores. Si los elementos necesa~ rigs al obrero pudieran ser inerementados con 1a misma facilidad, no ‘habria alteracidn permanente en la tasa de beneficio o en los salatios, para cualquier suma de capital que pudiera acumularse” (Princi ples, 398-8). 336 ESTUDIOS SOBRE BL DESARROLLO DEL, CAPIEALISNO- cristalizado en el equipo de capital), mostraria ua tendéncia descendente. Pero al mismo tiempo que enunciaba este principio, Mare destacaba la posibilidad de otra consecuencia, totalmente opues: ta, del perfeccionamiento técnico, El progreso técnica, af store taba la produccién de los medios de vida de los obreros de 1a taisma manera que otras lineas de produccién —3i abarataba las mercancias compradas con los salarios al igual que las de mias—, tenderia a abaratar, no sélo los productos de la indus. tla, sino la fuerza de trabajo misma. Era cierto que, disponien. do de una determinada fuerza de trabajo, un capitalista, podia encontrarse, luego de introducida la mejora, en posesign de un producto del mismo valor total que antes (puesto que cade unidad de producto habia resultado abaratada por el'cambio Peto si Jos salarios monetarios habfan descendido al misine fiempo, por haberse abaratado la subsistencia de los obreros, Ja fuerza de trabajo absorberfa una proporcién menor de exe valor producido y, tanto en proporeién como en cantidad, Ia Parte @ disposicién del capitalista aumentaria como consecuen cia, “Para que disminuya el valor de la fuerza de trabajo de. cia Marx-— el aumento de la capacidad productiva de date tiene que afectar a ramas industriales cuyos productos determinen aguel valor y que, por tanto, figuren entre los medios de vida habituales o puedan suplirlos... En cambio, si [un incremente en la productividad del trabajo] se da en ramas de produceion que no suministran medios de vida necesarios ni medios de pro- duceién para fabricarlos, el aumento de la capacidad productiva deja intacto aquel valor... Por eso es afin inmanente y ten. dencia constante del capital reforzar la productividad del traba. Jo, para de este modo abaratar las mercancias, y con ellas lo ‘ebreros." 8 Es, en consecuencia, en este caso, en que el cambio técnico produce un abaratamiento universal de las mercancias, cuando puede hablarse propiamente de una intensificacién del campo de inversiones a consecuencia del adelanto téenico. Pero si no tiene el efecto de abaratar la fuerza de trabajo con relacion al valor de su producto, #* esa consecuencia no se produciré, $1 Capital, vol. 1, pp. 253, 256-7 (Id, cast. eit.) ' Debe observarse que lo sefialado aqui es una baja de Jos sala- fies con relacién al valor total de lo producido por ese trabase. (eon Jo que se incrementa la diferencia entre estas dos cantidades)’ Norn Jo mismo que un abaratamiento de la fuerza de trabajo ch mayor ore: porelén que el sbaratamiento del producto (e. t. que ln bate deca valor por unidad). Si tanto Ia fuerza de trabajo como el ‘products be Jen de precio en ia misma proporeidn, la diferencia entre selasioe soe LA REVOLUCION INDUSTRIAL ¥ SL stato! xIK 337 Dos observaciones corresponden claramente aqui. Es proba- ble que este efecto se vuelva més débil (esto es, el efecto pro- orcional sobre el beneficio) a medida que erece la productivi- dad del trabajo. Cuando la productividad del trabajo es baja y los salarios absorben una parte relativamente grande del pro- ducto neto, un perfeccionamiento de los métodos industriales que abarate las mercancias y, con ellas, la fuerza de trabajo, en un monto dado, incrementaré el excedente que puede ex: traer el capitalista en forma de ganancia, en una suma propor- cional relativamente grande. Pero en un’estadio mas alto de la productividad, en que la proporcién de exeedente que rinde cada unidad de trabajo es mucho mayor, un abaratamiento da- Go de las mereancias y, con él, de la fuerza de trabajo, incre~ mentar4 ese excedente en una suma proporcional mucho menor hasta que, en el limite (como observé Marx), cuando los obreros no necesitan salarios porque los medios de vida han pasado a ser bienes libres, los incrementos de la productividad ya no pueden modificar el tamafio del excedente, Por tanto, ca- bria esperar que este factor obrara con menos fuerza —esto es, que fuera menor la posibilidad de lo que hemos denominade una intensificacién del campo de inversiones— en una etapa avanzada de capitalismo industrial que en una etapa anterior y mas primitiva, en que la productividad del trabajo era menor. En segundo lugar, no hay una “ley de hierro” como la con- eebida por Lasalle, por la que un abaratamiento de las cosas que integran los medios de vida de los obreros necesariamente y slempre provoque una caida equivalente en el costo de la fuerza de trabajo para un patrono. Que ello sea asi o no, e% dentemente dependerd del estado del mercado de trabajo en cada momento y lugar dados. La situacién mas favorable para que esa tendencia opere sera, naturalmente, aquélla en que la oferta de mano de obra sea muy eléstica —en que exista (0 esté crefndose) un gran excedente de trabajadores— En la primera mitad del siglo 20x, con su mercado de trabajo desor- ganizado y encontrindose Tos obreros en una constante posi- elén de désventaja para negociar con los potronos, era sin duda Tazonable suponer que eso sucederia; al menos, mientras la oferta de mano de obra excediera la demanda (demanda que, en una era caracterizada por la economizacién de mano de obra, progresa a una tasa mas lenta que Ia acumulacién de capi- tal) y un ejército industrial de reserva siguiera recluténdose {sles y valor producido total aumentari de todos modos, porque el invenfo ha incfemeniado el producto por bree. 8'capital, vol Il, p, 298,

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