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formato. Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 PIEL FORMACION CONTINUADA EN DERMATOLOGIA
formato. Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 PIEL FORMACION CONTINUADA EN DERMATOLOGIA

PIEL

FORMACION CONTINUADA EN DERMATOLOGIA

FORMACION CONTINUADA EN DERMATOLOGIA www.elsevier.es/piel Historia de la dermatologı´a La lepra en las artes Leprosy
FORMACION CONTINUADA EN DERMATOLOGIA www.elsevier.es/piel Historia de la dermatologı´a La lepra en las artes Leprosy

Historia de la dermatologı´a

La lepra en las artes

Leprosy in the arts

Jose´ Terencio de las Aguas

Director Me´ dico Honorario De Fontilles, Denia, Alicante, Espan˜ a

Es

indudable que el arte y los grandes artistas en sus diversas

Samnita 600 an˜ os A.C., y donde se denomina a la enfermedad

manifestaciones casi siempre han preferido expresar la belleza de la figura humana y sobre todo la belleza de la mujer, como el impresionista Renoir, y la naturaleza y los temas ma´ s agradables buscando la mayor perfeccio´ n; sin embargo, tambie´ n otras veces el arte ha plasmado, como fiel reflejo de la realidad social, ima´ genes duras de guerras, desastres, visiones drama´ ticas, defectos fı´sicos, dolor, demen- cia y enfermedades epide´ micas como la peste y otras plagas y tambie´ n temas relacionados con las enfermedades dermato-

con el nombre de Khusta. Tambie´ n en China se la cita en libros de medicina con el nombre Da Feng 500 an˜ os A.C. Otro foco originario es Egipto, donde se la menciona en el papiro de Evers y en el pueblo hebreo, en el Antiguo y el Nuevo Testamento, donde se la describe con la palabra Zarahat, pero probablemente confundida con otras dermatosis y conside- rada como castigo divino. Debido al comercio, las guerras y las peregrinaciones religiosas, la lepra se extendio´ por los paı´ses mediterra´ neos, y

lo´

gicas. En este sentido, el ancestral tema de la lepra y quienes

Alejandro Magno la diseminarı´a despue´ s en Grecia, durante

la

padecen ha sido reflejado en diversos pinturas, dibujos,

las campan˜ as de India y Persia, donde surge el nombre de

grabados y esculturas muchas veces duras y muy fuertes,

lepra. Tambie´ n los fenicios y sobre todo las legiones romanas

incluso repugnantes, inspirados en los antiguos textos

de Pompeyo contribuyeron a su diseminacio´ n, introducie´ n-

bı´blicos, expresando la situacio´ n de rechazo social, estigma

dola en la penı´nsula Ibe´ rica, Roma, las Galias y toda Europa. En

y

marginacio´ n de una enfermedad durante muchos an˜ os

su diseminacio´ n por el mundo tambie´ n influyeron el e´ xodo

incurable, estableciendo una estricta unio´ n entre arte y patologı´a. No podemos olvidar, y al mismo tiempo admirar, al prestigioso dermato´ logo y pintor Carlos Daude´ n, que fue el pionero en Espan˜ a en comentar las manifestaciones artı´sticas

hebreo, la dominacio´ n musulmana, las cruzadas y posterior- mente los conquistadores espan˜ oles, que la introdujeron en Ame´ rica, y posteriormente los portugueses y el comercio de esclavos africanos.

de la lepra, lo que me ha motivado esta publicacio´ n junto a mi

experiencia de 50 an˜ os de ı´ntima relacio´ n con la enfermedad

de Hansen y tambie´ n por haber vivido el arte desde mi infancia

con mi padre, que era escultor y pintor.

Origen de la lepra

La lepra es conocida desde tiempo inmemorial, correspon- diendo los documentos ma´ s antiguos a la India, donde aparece referida en el libro de los Vedas 1.500 an˜ os A.C. y en el Sushruta

Edad antigua

Son escasas las manifestaciones artı´sticas en esta e´ poca, pudiendo sen˜ alar una escultura de una cara «facies alejan- drina» ( fig. 1 ) con evidentes signos de lepra, que recuerda la facies leonina y se encuentra en el museo del Louvre, y otra, la escultura del rey leproso en Angkor Vat en Camboya en gres viola´ ceo ( fig. 2). En ella destacan la hipertrofia de los lo´ bulos de las orejas, aunque tambie´ n presenta mutilaciones en manos y pies que, si bien interpretamos debidas a estragos del tiempo,

Correo electro´ nico: drjoseterencio@hotmail.com. 0213-9251/$ – see front matter # 2010 Elsevier Espan˜ a, S.L. Todos los derechos reservados. doi: 10.1016/j.piel.2010.12.006

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D $ F I G ] Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 Figura 1 –

Figura 1 – Facies alejandrina.

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Figura 1 – Facies alejandrina. [ ( ) T D $ F I G ] Figura

Figura 2 – El rey leproso.

no hay que olvidar que existı´a en aquella e´ poca la leyenda de un rey leproso. Otro hallazgo es un jarro´ n palestino antropomorfo de 38 cm de altura, encontrado en una excavacio´ n en Beth-shan que corresponde a un templo de la e´ poca de Amenotep III (1411- 1314 A.C.) con una imagen de lepra avanzada; pero sobre todo son los textos bı´blicos el Antiguo Testamento en el Levı´tico y el

Deuteronomio, donde con la palabra Zarahat se designaba enfermedades cuta´ neas, pero que tambie´ n incluı´a el concepto de pecado e impureza. El Levı´tico es el ma´ s antiguo tratado de dermatologı´a por sus frecuentes citas de patologı´a cuta´ nea, y en su capı´tulo XIII, versı´culo 45, daba las instrucciones para que las personas afectadas advirtieran su presencia con vestidos rasgados y cabellos cortados y avisara a su paso con las palabras «impuro, impuro», habitualmente con un cuerno que tambie´ n servı´a para solicitar limosnas. En el Nuevo Testamento tambie´ n tenemos evidencia de la existencia de la lepra con los milagros de Jesucristo curando a un enfermo al bajar de la montan˜ a, y en otra ocasio´ n a diez enfermos entre Samaria y Galilea. Todas estas citas bı´blicas han sido el motivo de mu´ ltiples representaciones artı´sticas en los siglos posteriores.

El islam

En el islam, la lepra era bien conocida antes de Mahoma. Por un lado habı´a una visio´ n optimista de ella, como queda reflejado cuando el profeta coge la mano de un enfermo y lo invita a participar en su comida, pero por otra parte se la

e invalidante, habla´ ndose

del contagio por las vı´as ae´ reas y recomendando alejarse y huir del paciente «como si fuera un leo´ n». Se la conocı´a con el nombre de Djudham. La medicina a´ rabe enriquecio´ la medicina europea y grecolatina de la e´ poca. Prueba de ello la tenemos en el Califato de Co´ rdoba, con la aportacio´ n cientı´fica de los me´ dicos del Al-andalus como Averroes, Avicena —que opinaba que la lepra era incurable—, Razes, Avenzoar y Quariun al Zawhari. Otro musulma´ n, Walid I, construyo´ el primer hospital en el an˜ o 707 y otro hospital en Tunicia, en Kairocian, en el 830. Por otra parte, existe una miniatura sobre la cauterizacio´ n de los lepromas de un enfermo, en un tratado de cirugı´a imperial del 1300 que se conserva en la Biblioteca Nacional de Paris ( fig. 3). Tambie´ n en una mezquita de Estambul hay un mosaico del siglo VX con la figura de un enfermo, y en Persia, al final del siglo XVII , un cuadro con varias personas con lepra y el sulta´ n Solima´ n el Magnı´fico (1495-1566) construyo´ una leproserı´a en Usku¨ dar en Edirne.

consideraba incurable, contagiosa

Edad Media

El enfermo en este periodo estaba bajo la juridiscio´ n eclesia´ stica y la autoridad civil, y una vez confirmada su enfermedad, se hacı´a una ceremonia en la iglesia, como un entierro en vida, ponie´ ndole tierra del cementerio con la frase «Separatio leprosum sic mortus mondo vivere iterem Deo»; se lo obligaba a llevar una vestimenta como un ha´ bito negro o gris, un sombrero grande de alas caı´das, una capucha hasta los hombros, que dejaba libre el rostro, y algunos un corazo´ n rojo en el pectoral ( fig. 4 ). Para avisar de su presencia debı´an llevar en la mano una campana o ma´ s frecuentemente una carraca (cliquette) formada por tres la´ minas de madera atadas a un mango. Otros pacientes llevaban un cuerno y la mayorı´a, una bolsa para mendigar. En el museo de antigu¨ edades de Schaffhausen de Suiza, se conserva una tı´pica carraca y otra en un museo de Bruselas.

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F I G ] Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 163 Figura 3 – Cauterizacio´

Figura 3 – Cauterizacio´ n de lepromas.

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3 – Cauterizacio´ n de lepromas. [ ( ) T D $ F I G ]

Figura 4 – Vestimenta de enfermo medieval.

La reclusio´ n en las leproserı´as era obligatoria y allı´ la disciplina era muy estricta. Estaban unidas a instituciones religiosas y siempre habı´a una capilla. Estas leproserı´as, situadas fuera de las ciudades y lejos de las vı´as pu´ blicas, se llamaban lazaretos en honor a San La´ zaro, sobre todo en Francia, la penı´nsula Ibe´ rica e Italia. En el norte de Europa el patro´ n era San Jorge y para otras leproserı´as se daba el nombre de Santa Marı´a Magdalena. Algunas se convertı´an en hospitales para pestilencias y se regulaban las horas para mendigar en zonas especiales de la ciudad. En los Paı´ses Bajos las leproserı´as ma´ s famosas eran las de Santa Maria Magdalena en Brujas, con unos 20 enfermos, y las de Gante, Namur, Lieja, Rumst, Dienst y Tournai, pero en muchas de ellas habı´an pocos enfermos. Hay una serie de personajes protagonistas y emblema´ ticos de la lepra en la e´ poca medieval y posteriormente, referidos sobre todo a Jesucrisro y tambie´ n Job y La´ zaro, que podı´an no

haber sido enfermos, pero que, aparte de mendigos, se representan con lesiones semejantes a las de la lepra. Otros personajes son santos como San Martı´n, San Francisco de Ası´s, Santa Isabel de Hungrı´a y San Benito. A partir del siglo XII se extendio´ la enfermedad por toda Europa, llegando a alcanzar

los lazaretos o leproserı´as la cifra de 19.000, y a partir del siglo XIII ya intervienen en el diagno´ stico, me´ dicos y cirujanos y ayudaban otras instituciones como las o´ rdenes de San La´ zaro

y Malta.

Bernardo de Gordonio, maestro de la famosa escuela de Montpellier, pronostico´ : «La lepra despue´ s que llega a compromiso manifiesto de la forma y de la figura es incurable». Vamos a citar a algunas de las obras ma´ s conocidas, como la de Jesu´ s y un leproso entre 976 y 977, siglo X, siendo Ebbert

obispo de Treves. Es una miniatura que se encuentra en el museo de Treves (Alemania) y muestra a un mendigo con manchas mu´ ltiples que lleva un cuerno blanco a la espalda. El autor pertenece a la escuela de pintura del lago Constanza de

la isla de Richenau (Alemania). Otra de las obras ma´ s antiguas

es un marfil representando a un enfermo de lepra que se encuentra en el Victoria Albert Museum de Londres. La figura de San La´ zaro esta´ representada en un mosaico del siglo XI en el claustro de Cadouin en Dordogne (Francia), donde se presenta con una carraca en la mano y una limosnera para mendigar. Otra interesante obra es el mosaico del siglo XI donde aparece Jesu´ s purificando a un grupo de enfermos y que se encuentra en la catedral de Monreale cerca de Palermo, en Sicilia. Michael Furter es el autor de una miniatura en Basilea titulada Historia de Bybels, del siglo XV, donde figura Jesu´ s con diez enfermos, y de otra miniatura en un manuscrito de Theodoro Catalanus hacia 1375, con la imagen de un enfermo con lesiones en la cara, una carraca y un limosnero. Tambie´ n, con Jesu´ s como protagonista, tenemos un grabado en madera de Johan Schobsser, de 1487 ( fig. 5 ), una miniatura de 1467 de Vorauer Volksbibel, tambie´ n con el mismo tema del milagro de Jesu´ s, y un grabado de madera en que aparece Jesu´ s, de Jean

Claesins en 1635. Euralde de Espinqus, pintor natural de Colonia del siglo XV , muestra una pintura de un enfermo con la vestimenta tı´pica, una carraca y un basto´ n que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Parı´s ( fig. 6 ). Pietro de Donzello, pintor florentino en el siglo XV , tiene un cuadro (La Caridad de San Martin) que se encuentra en el Museo Nacional de Na´ poles. Sigmund Held, en 1560, dibujo´ a un enfermo con su ha´ bito y su carraca en un libro en Nu´ remberg. Jero´ nimo Bosch es el autor de un grabado sin fecha en el que se observa a un enfermo con la piel llena de lesiones y con manos y pies con enormes un˜ as curvas y portador de una carraca, que da una impresio´ n diabo´ lica que era frecuente en las obras artı´sticas de esa e´ poca ( fig. 7 ). Igualmente, Hans Schau¨ felein representa en un grabado en madera a un afectado con aspecto de diablo. Murer, en 1587, tiene una pintura sobre una vidriera con la imagen de un enfermo que esta´ en la Biblioteca de Bellas Artes de Berlı´n. Un hermoso cuadro de autor desconocido es el de una monja del hospital de Notre Dame de Tournai en una miniatura del siglo XV delante de un enfermo con la tı´pica vestimenta (fig. 8).

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Figura 5 – Johan Schobsser: Jesu´ s curando a un enfermo.

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Jesu´ s curando a un enfermo. [ ( ) T D $ F I G ]

Figura 6 – Heurade De Espinqus: enfermo siglo XV .

Un grabado muy famoso es el de Vicent de Beauvois, en el que figura Josafat, en la puerta amurallada de una ciudad recibiendo a dos enfermos, el primero con el sombrero y el ha´ bito tı´pico y una carraca en la mano y el siguiente sin vestimenta ni carraca, lisiado y con muletas, da´ ndonos la impresio´ n de que no hay rechazo, sino ma´ s bien bienvenida. Se encuentra en la Biblioteca del Arsenal de Parı´s ( fig. 9 ). Otra imagen de Cristo crucificado ante un enfermo suplicando aparece en una miniatura del siglo XV en el Museo

aparece en una miniatura del siglo XV en el Museo Figura 7 – Jero´ nimo Bosch:

Figura 7 – Jero´ nimo Bosch: enfermo de lepra.

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– Jero´ nimo Bosch: enfermo de lepra. [ ( ) T D $ F I G

Figura 8 – Monja Hospital Tournai y enfermo.

Germa´ nico de Nu´ remberg. Otra miniatura de Jesu´ s se conserva en el antifonario de la catedral de Siena (Italia). Posterior- mente, en el siglo XVIII , tambie´ n figura Jesu´ s en una miniatura ilustrada por Evangile de Mathieu en la Biblioteca Brita´ nica de Londres.

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F I G ] Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 165 Figura 9 – Vicent

Figura 9 – Vicent De Beauvois: dos enfermos llegando a una ciudad.

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dos enfermos llegando a una ciudad. [ ( ) T D $ F I G ]

Figura 10 – Van Orley: enfermo de lepra en Paı´ ses Bajos.

Rafael, el gran maestro, en uno de entre sus varios dibujos figuran San Pedro y San Juan curando a un enfermo en la entrada de un templo, de los cuales uno presenta signos evidentes en cara y pie izquierdo, habiendo otro cuadro del siglo XV , en la Galleria degli Uffici de Florencia, de autor desconocido de la escuela de Toscana donde un santo distribuye limosnas a varios pacientes. La historia de la lepra esta´ llena de supersticiones, prejuicios, leyendas y fantası´as, lo que ha producido ma´ s dan˜ os que la propia enfermedad. Prueba de ello son dos frescos pintados por Ordagna en el Campo Santo de Pisa, donde un grupo de enfermos y muchas figuras ma´ s forman parte del Cortejo Triunfal de la Muerte. Otro pintor famoso, discı´pulo de Durero, es Hans Burgk- mair (1473-1531), que vivı´a en Ausburgo y tambie´ n dedica varias de sus pinturas a la lepra. Unas doce de ellas

representan a enfermos de lepra reflejando el temor a la enfermedad. Conrad Dinkmut es el autor de un grabado de 1583, con figuras de enfermos, que se encuentra en la iglesia de Regina Santics en Ulm (Alemania). Varend Van Orley es autor de un lienzo de un enfermo mendigo con lesiones en las extremidades y deformaciones de los pies, blandiendo una campana en la mano y llevando utensilios para comer ( fig. 10). Se encuentra en el museo Koninklijk de Anvers (Belgica). Otro cuadro muy famoso es el de Nicolau Manuel Deutsch (1464-1530) de Berna, que se encuentra en el Museo de Basilea y representa a San Jacobo y San Roque asistiendo a un enfermo con lesiones tı´picas, alopecia de cejas, para´ lisis de manos, elefantiasis de pies y mu´ ltiples manchas en el cuerpo. Al lado hay retratada una bella dama que en su antebrazo presenta una lesio´ n sugestiva de leproma que para algunos es Santa Ana ( fig. 11). Santa Isabel de Hungrı´a, hija del rey de Hungrı´a Andre´ s, nacio´ en 1207 y dedico´ su vida a ayudar a los pobres y enfermos, entre ellos los de lepra. Ha sido protagonista de muchas pinturas, entre ellas un cuadro del siglo XV entre varios enfermos que se encuentra en un museo de Colonia. Hay otro cuadro de maestro desconocido en que Santa Isabel esta´ ofreciendo su mano a un enfermo en el altar de la iglesia de Altenberg. Tambie´ n esta´ representada en un cuadro del pintor holande´ s Cornelius en que la santa es adorada por un enfermo. Santa Isabel tambie´ n aparece en un mural de una iglesia del siglo XIV, en Fra´ ncfort, donde se la ve en un lazareto y delante de una gran cama con cuatro enfermos. San Martı´n de Tours, natural de Sabaria (Hungrı´a) y patro´ n de mu´ ltiples iglesias, divide su capa en dos y besa a un enfermo en un dibujo del libro Vita Santics Martin de Sulpicio Severo en la biblioteca de Tours, figurando tambie´ n en una miniatura del siglo XV en Utrecht. En otro cuadro, atribuido a un alumno de Konrad Witz que se encuentra en un museo de Bellas Artes en Basilea, San Martı´n comparte su capa con un afectado por la lepra. El mismo santo aparece, en un

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Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 [ ( ) T D $ F I G ] Figura

Figura 11 – Nicolau Manuel Deutsch: santos curando a un enfermo.

manuscrito del siglo XIV, besando a un enfermo que lleva en su mano una carraca y un limosnero, aprecia´ ndose en su cara lesiones nasales. Una obra muy emblema´ tica es el banquete de Nu´ remberg que es un grabado en madera de 1493 que se conserva en la Biblioteca Nacional de Parı´s y es una valiosa prueba que expresa la situacio´ n social y la forma de vida de los enfermos que no estaban aislados en los lazaretos y eran ayudados por las autoridades, apareciendo vestidos de la forma simbo´ lica habitual de la e´ poca, con una carraca en la mano y lesiones evidentes de la enfermedad. Este banquete se realizaba tres dı´as de la Semana Santa y en ellos se servı´an comidas y bebidas, se distribuı´a dinero y se celebraba una ceremonia con eucaristı´a. El pintor Holbein el Viejo (1497-1543) represento´ la lepra en varios de sus cuadros, ası´ como Brueghel el Viejo (1526-1559), que pinto´ a un demonio con un enfermo de lepra, que se encuentra en un museo de Na´ poles. Hans Wechtelin en 1517 represento´ , en una ilustracio´ n del libro de Gersdorf de Cirugı´a de Estrasburgo, a un Job lacerado y resignado, azotado por un diablo con alas (fig. 12). Tambie´ n Job figura en una miniatura del siglo XIII con tres amigos y diversos animales en la Biblioteca Lorenziana de Florencia, e igual- mente aparece junto a su mujer y con la presencia de un demonio en un grabado atribuido a Durero de finales del siglo

XV y principios del XVI. Tambie´ n se muestra cubierto de no´ dulos en un retrato de un pintor de la escuela de Lucas Granach que

se encuentra en la iglesia de Santa Marı´a en Fra´ ncfort del O der.

El gran pintor Boticelli plasmo´ la lepra en alguno de sus cuadros, siendo el ma´ s famoso un fresco en la Capilla Sixtina titulado La Purificacion del Leproso como homenaje al Papa Sixto IV. En e´ l aparecen personajes de la e´ poca y el fondo de cuadro es el Hospital del Espı´ritu Santo. El gran maestro flamenco Rembrandt (1608-1669) realiza un dibujo en 1613 de un enfermo de los Paı´ses Bajos con la tı´pica carraca en su mano ( fig. 13). En la misma e´ poca Rubens (1577- 1640) pinto´ un cuadro, La Caridad de San Martin, donde figura un mendigo con no´ dulos en la cara y alteraciones. En el lazareto de Dienst en Be´ lgica habı´a un arco´ n de madera con figuras de enfermos del siglo XVII ; igualmente Jean

´

figuras de enfermos del siglo XVII ; igualmente Jean ´ Figura 12 – Job ulcerado y

Figura 12 – Job ulcerado y un diablo.

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Figura 12 – Job ulcerado y un diablo. [ ( ) T D $ F I

Figura 13 – Rembrandt: enfermo Paı´ ses Bajos.

Vischer en 1608 es autor de un cuadro de un grupo de enfermos

´

andando por las calles de A msterdarm que se encuentra en el Riskjmuseum de dicha ciudad. Otro santo que se relaciona con la lepra es San Francisco de Ası´s, que figura junto a un enfermo con lesiones nodulares y

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F I G ] Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 167 Figura 14 – Padre

Figura 14 – Padre Damiam Eduard Clifford.

una carraca en la mano, obra del siglo XV que esta´ en Perugia (Italia) en la Biblioteca Civica Augusta. La figura de San La´ zaro, tantas veces protagonista en la pintura, se encuentra en una tabla de madera hacia 1570 en Ferrara, en el palacio Schifanoia y el autor es Nicola Roselli. En un cuadro de 1502 en la Biblioteca Nacional de Roma figura el santo con no´ dulos y con ma´ s personas con ulceraciones. Otra representacion de La´ zaro como enfermo es una escultura en madera de la segunda mitad del siglo XVI que se encuentra en la capilla de San La´ zaro de Rumst en los Paı´ses Bajos, figurando con la cliquette y un perro. En Noruega hay una obra sobre el santo pintada en madera en la capilla de Orre, Rendalen. Una figura importante es el emperador Constantino I el Grande, que fundo´ Estambul. Segu´ n la leyenda, padecı´a lepra como castigo por la persecucio´ n al Papa Silvestre y a los cristianos. Se le recomendo´ para curarse un ban˜ o en la sangre

de tres mil nin˜ os, pero el emperador lo rechazo´ y en premio fue

curado. Este hecho esta´ representado en un mosaico del siglo XII en Roma en la iglesia Sancto Coronato en la capilla San Silvestre, donde figura el emperador con las lesiones de la enfermedad en su rostro, y enfrente siete madres con sus nin˜ os esperando el sacrificio que afortunadamente no se realizo´ . Hay un mosaico del siglo XII en la capilla de San Silvestre de Roma en que el emperador aparece en la cama rodeado de un

en la ciudad de Neumarkt en Schelisien (Alemania) que era

so´ lo para mujeres y se llamaba Santa Virgen Marı´a.

La lepra afecto´ a personajes importantes como el rey hebreo Ozias, Balduino IV de Jerusale´ n, Constantino, Alfonso I

de Castilla, Alfonso II de Portugal, Luis XI de Francia, Robert de Bruce, unificador de Escocia, Gonzalo Gime´ nez de Quesada, conquistador de Colombia, Juan de Bethancourt, conquistador de las islas Canarias, y Teresa Gil de Vidaure, tercera esposa de Jaime I, que por esta enfermedad se disolvio´ su matrimonio refugia´ ndose en Valencia en el monasterio de la Zaidia, donde esta´ enterrada, y u´ ltimamente el Padre Damian. Tambie´ n podemos considerar como manifestaciones artı´sticas las filate´ licas, pues en repetidas ocasiones hay

representaciones de la enfermedad en sellos de Europa y

A ´ frica y menos de Ame´ rica y Asia, apareciendo ima´ genes del Padre Damian, Hansen, Dr. Schweitzer, el belga Dr. Hemeriijk, Raul Follereau. Lo mismo ocurre en la numisma´ tica, pues en algunas leproserı´as se utilizaban monedas de uso interno, conserva´ ndose algunas en museos de los Paı´ses Bajos. Tambie´ n hay medallones conmemorativos ma´ s recientes, como un bajorrelieve de Follereau en su 70 aniversario, y otro de Carville que en una cara figura un armadillo y en la otra el edificio del hospital del an˜ o 1921. Igualmente Fontilles emitio´ una medalla con la escultura del padre Ferris y el pabello´ n de San Rafael al fondo con motivo de su 90 aniversario y de la asamblea del ILEP en Alicante en 1992. Podrı´amos an˜ adir los moulages anato´ micos sobre la lepra que figuran en el hospital San Louis de Parı´s y en el museo Olavide de Madrid. Igualmente la literatura ha contribuido a aumentar el temor a la enfermedad empleando te´ rminos despreciativos como ron˜ a social, lacra humana, muerte ambulante, pesti- lente plaga, lepra del pecado, hedionda dolencia; incluso

grandes literatos como Gabriel Miro´ en El obispo leproso, y sobre todo en Del vivir, donde el protagonista visita las poblaciones de Orba y Parcent en el norte de Alicante, zona muy ende´ mica,

y encuentra a un enfermo «uno del mal» describiendo: «la

gafedad iba royendo aquellos dedos podridos siempre en actitud rampante», que es clı´nicamente el aspecto de la mano

en garra. En otras novelas como Milagro en Carville, mucho ma´ s optimista, se habla de la curacio´ n total de un enfermo. Igualmente en pelı´culas como Molokay y Ben-Hur y algunas otras, las ima´ genes siempre han sido terrorı´ficas. Es evidente el cara´ cter religioso de las obras expuestas, de tal forma que Rudolf Virchow en 1861 comentaba que «no habı´a santo que no hubiese curado a un leproso», a lo que yo

an˜ adirı´a que con una terape´ utica eficaz han desaparecido los

milagros, pues la caridad sin ciencia so´ lo es un paliativo, pero

hay que reconocer que´ habrı´a sido de estos enfermos sin la proteccio´ n de la Iglesia.

Ame´ rica

santo y Santa Elena, su madre agradecio´ la curacio´ n fundando en Bizancio en el an˜ o 330 d.C. una leproserı´a. El pintor holande´ s Jan Hogsaat (1651-1775) es autor de un cuadro donde aparece Jesu´ s delante de un enfermo con los brazos cruzados sobre el pecho y una venda blanca alrededor

La lepra llego´ allı´ posteriormente, con el Descubrimiento, no existiendo con anterioridad, aunque se han encontrado cera´ micas antropomorfas precolombinas con lesiones faciales

con destruccio´ n nasal, pero que corresponden a leishmania-

de

la cabeza, como si quisiera ocultar la deformidad del rostro

sis. Son pocas las obras artı´sticas de hanseniasis, existiendo en

y

las manos. Curiosamente, en las obras expuestas los

el

museo de Cayena, en la Guayana, un cuadro cuyo tema es el

afectados casi siempre son varones, aunque habı´a un lazareto

ban˜ o de los leprosos.

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En Cartagena de Indias hay una escultura en hierro de San Pedro Claver con un enfermo en la plaza de la catedral, donde esta´ enterrado. San Pedro Claver desarrollo´ una gran labor humanitaria entre los esclavos africanos, algunos de ellos enfermos. En Rı´o de Janeiro, en el hospital Frey Antonio de 1752, hay una vidriera pintada que representa a Jesu´ s tocando a un nin˜ o enfermo y en la sala de conferencias del mismo hospital hay un cuadro que representa al hermano Antonio junto a otro enfermo. En Brasil, en el estado de Minas Gerais, en la antigua Colonia Santa Isabel y Santa Quinteria hay una escultura de taman˜ o natural del Padre Damian sobre un gran pedestal de 1937.

Edad contemporane´ a

La lepra inicio´ su descenso en Europa a mediados del siglo XIV , pero sobre todo en los siglos XVI y XVII , probablemente por otras plagas como la peste, co´ lera y sifilis, y tambie´ n el hambre, pero tambie´ n por la industrializacio´ n y mejora del nivel de vida y la aparicio´ n de la tuberculosis. De forma paralela, descendio´ este tema en las obras de arte, pudiendo citar unos dibujos de 1845 de la dinastı´a Ch’Ing en un libro en que aparecen cinco personas con no´ dulos y manchas. Pero en el siglo XIX, sobre todo en su u´ ltimo tercio, hay un aumento de la enfermedad en los paı´ses escandinavos, sobre todo en Noruega, donde se inicia la etapa cientı´fica al descubrir Hansen el agente etiolo´ gico, Micobacterium leprae, lo que motivo´ un gran intere´ s por el estudio de la enfermedad, surgiendo en esta e´ poca personajes muy importantes que protagonizan manifestaciones artı´sticas, como un busto de Hansen en bronce en la localidad de Bergen, su ciudad natal. Otro personaje emblema´ tico fue el padre Damia´ n de Veuster, nacido en Tremelo (Be´ lgica), misionero de los Sagrados Corazones destinado a Hawai donde decidio´ consagrar su vida al cuidado de los enfermos aislados obligatoriamente en el islote de Molokay, realizando allı´ una gran labor. Contrajo la enfermedad y murio´ de ella a los 49 an˜ os. Su figura ha sido frecuentemente representada en esculturas y pinturas en Honololu, estatua en el Capitolio de Washignton, otras en Be´ lgica, en Lovaina, donde esta´ enterrado, y en varias pinturas, una de Eduard Clifford (fig. 14) en el museo de Tremelo, donde figura tambien un tapiz de 1937 sobre su vida, y doce cuadros del pintor Go¨ rsen para la fundacion Damianma´ s la citada estatua en Brasil. El legendario Ghandi ayuda igualmente a los afectados, habiendo un dibujo de e´ l curando a un enfermo con u´ lceras. Otro personaje notable es el france´ s Raoul Follereau, abogado, poeta y escritor que fundo´ la asociacio´ n que lleva su nombre, miembro del ILEP y que inicio´ en 1954 el «Dı´a mundial de la lepra», dedicando su vida a la lucha contra esta enfermedad y del que en el hospital de Adzope en Costa de Marfil para enfermos de lepra y u´ lcera de Buruli hay una estatua en bronce de e´ l ( fig. 15).

Espan˜ a

La lepra existı´a en Espan˜ a desde la dominacio´ n romana y posteriormente la musulmana. En la Espan˜ a cristiana habı´an

la musulmana. En la Espan˜ a cristiana habı´an Figura 15 – Raoul Follereau: Hospital Adzope.

Figura 15 – Raoul Follereau: Hospital Adzope.

leproserı´as en el siglo IX , la de Santa Margarita en Barcelona, y posteriormente las de San La´ zaro, en Soria siglo X , Palencia fundada por el Cid Campeador siglo XI , Santiago en 1187, Sevilla fundada por Alfonso X el Sabio en 1255, Valencia en 1255 por Jaime I el Conquistador, Cordoba 1270, Olleria 1375, Ma´ laga por los Reyes Cato´ licos 1491, Granada 1496 y Las Palmas 1556. En cuanto a las manifestaciones artı´sticas, no son muchas las conservadas. Citemos en la catedral de Pamplona, un bajorrelieve en piedra calca´ rea en una cornisa en que varios enfermos son visitados por sus mujeres ( fig. 16). En el convento Santa Clara de Tordesilla hay una pintura de San La´ zaro y de un lazareto de Betanzos se conserva una talla de madera de San La´ zaro enfermo. Otra representacio´ n de San La´ zaro con abundantes manchas y u´ lceras se encuentra en el Museo de Arte de Catalun˜ a procedente de la iglesia de San Clemente de

Tau¨ ll.

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de la iglesia de San Clemente de Tau¨ ll. [ ( ) T D $ F

Figura 16 – Catedral de Pamplona: grupo de enfermos.

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Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170

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F I G ] Piel (Barc., Ed. impr.) 2011; 26(4) :161–170 169 Figura 17 – Padre

Figura 17 – Padre Ferris J. Terencio Farre´ .

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– Padre Ferris J. Terencio Farre´ . [ ( ) T D $ F I G

Figura 18 – San Francisco De Borja Fontilles J. Terencio Farre´ .

En Sevilla, en un suburbio, Chariol describe en la capilla de un viejo convento que funcionaba tambie´ n como leproserı´a una cera´ mica que representa un enfermo con muletas y una carraca en la mano. En Valencia hay una tabla de Gonza´ lez

Peris del siglo XV con una persona con lesiones sugestivas de lepra. En la catedral de Toledo en el libro Speculun Humanae hay una miniatura donde aparece Job como enfermo. En Espan˜ a hay que destacar la figura del jesuita padre Ferrı´s que fundo´ el Sanatorio de Fontilles inaugurado en 1909 y en cuya iglesia esta´ enterrado, existiendo alli una escultura de taman˜ o natural sobre un gran pedestal del an˜ o 1927 y tambie´ n un retrato al o´ leo, obra de mi padre, el artista Jose´ Terencio Farre´ , que tambie´ n es el autor de la escultura de San Francisco de Borja, patrono de Fontilles, de 1964, ambas en Fontilles (figs. 17 y 18).

Conclusiones

El arte a trave´ s de los siglos no ha contribuido a eliminar los prejuicios de la enfermedad, castigo divino, enfermedad, pecado, el terror, el rechazo y la marginacio´ n social del afectado y su incurabilidad y obliglatorio aislamiento, al basarse siempre en los textos bı´blicos y leyendas orientales representando terribles ima´ genes de deformaciones e invali- deces. Verdaderamente la u´ nica realidad histo´ rica es que era una enfermedad incurable a pesar de que en 1873 el noruego Hansen descubrio´ el agente etiolo´ gico, Micobacterium leprae, que derrumbaba las teorı´as hereditarias y alimentarias. A pesar de este importante hecho cientı´fico, la lepra seguı´a siendo incurable hasta mitad del siglo XX con la aplicacio´ n las sulfonas entre 1941 y 1950, a las que siguieron clofazimina, rifampicina, quinolonas y minociclina, que administradas conjuntamente constituyen la multiterapia que desde 1980 ha conducido a la curacio´ n de 14 millones de enfermos, un evidente descenso de nuevos casos, la curacio´ n sin secuelas, el tratamiento ambulatorio y el cierre de las leproserı´as. Pese a ello, a los 137 an˜ os del descubrimiento del bacilo causal, au´ n quedan importantes desafı´os por resolver, como el cultivo en medios artificiales del bacilo de Hansen, la ausencia de una vacuna eficaz y una terape´ utica ma´ s ra´ pida, pero no olvidemos tampoco que au´ n persisten en la sociedad restos de temor y rechazo al enfermo, fruto del concepto medieval de la enfermedad a trave´ s de muchos siglos, como se ha reflejado en las manifestaciones artı´sticas expuestas. Animo a los artistas que en las pro´ ximas motivaciones sobre esta enfermedad sean optimistas olvidando la imagen bı´blica y destaquen en sus obras la escasa contagiosidad y la curacio´ n sin secuelas, ası´ como la evidente disminucio´ n de la enfermedad, y animen a la reintegracio´ n social. Todo ello contribuira´ en un futuro no lejano a ganar la batalla final y conseguir un mundo sin lepra.

bibliografi´ a recomendada

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