Está en la página 1de 16
 
 
               

Adquisición del lenguaje infantil: etapa del balbuceo

M.ª FUENSANTA HERNÁNDEZ PINA

Universidad de Murcia

1. INTRODUCCIÓN

Los estudios efectuados sobre la adquisición de la lengua materna se hacen eco en mayor o menor escala de la etapa que sigue a los cinco o seis primeros meses, en la que el niño emite sonidos indiferenciados para el adulto por más que éste quiera ver en ellos realizaciones familiares. La frase de Samuel Johnson de que es un período caracterizado por un “habla copiosa pero sin orden y enérgica pero sin regla'' parece tener así su justificación. De ahí la diversidad de interpretaciones, tanto por lingüistas como por psicólogos, que en el presente artículo trato de recoger en un intento por plasmar los móviles fundamentalmente lingüísticos que ve el adulto en el niño en esta etapa importante del aprendizaje, pues, como ya señalara Darwin, los tres primeros años de vida de una persona constituyen la etapa clave en el desarrollo lingüístico debido a los logros tan impresionantes que en ella tienen lugar.

2. DENOMINACION DE LA ETAPA

Por ser un lapso de tiempo relativamente breve (de tres a seis meses) y no habérsele prestado atención hasta muy recientemente, no es fácil encontrar en la literatura española sobre el tema una etiqueta que sirva para definir esta fase con cierta exactitud. En inglés el término empleado, babbling, no parece desacertado, puesto que significa hablar de un modo confuso o incoherente implicando continuidad. En cambio balbuceo -vocablo que aquí empleamos a falta de otro mejor (aunque tal vez balbicio pudiera ser más revelador)- es un término básicamente ''adulto”, aplicable a un tipo de habla premiosa o vacilante. Por otra parte, y a menos que ampliemos la semántica del vocablo (otra posibilidad si no queremos pecar de innovacionistas), deja fuera algo que llama bastante la atención en las emisiones del niño en esta fase: la variación entonativa que ya comienza a diferenciarse claramente de los sonidos del llanto y arrullo, patentes desde el comienzo o muy tempranamente,

Fuente. Escrito expresamente para esta Monografía © del auto

Fundación Infancia y Aprendizaje,ISSN.0210-3702

Infancia y Aprendizaje, 1981,Monografico 1,71-84

 
 
               

respectivamente. La entonación, como ya señalábamos en un artículo anterior 1 pasa a desempeñar no solamente un papel emotivo (reflejo de las variopintas actitudes del niño) sino, sobre todo, gramatical. En esta segunda función servirá de marco de emisiones primeramente monosilábicas (tipo papada, bagaba, bha, bha, bha, etc.) y, no mucho más tarde, de otras que aún sin ser palabras verán en ellas los padres un conato de lengua, pero que por no producirse de modo sistemático y regularizado caen decididamente en esta etapa prelingüística. Es posible, no obstante, que algunos rasgos prosódicos no sean precisamente emisiones prelingüísticas, puesto que de algún modo sirvan ya para detectar con ciertas garantías el medio lingüístico de procedencia del niño. Experimentos efectuados por E. Pike (1949), Nakazima (1962), Weir (1966) y otros, han puesto de relieve que no es que el niño use la entonación como el adulto: comienza a utilizar algunas formas, pero no puede afirmarse que posea el dominio de las funciones (siquiera básicas) de las personas mayores. En la época siguiente es cuando podremos ya afirmar con mayores garantías que existen, en efecto, unos modelos fijos con cierto significado. En vista de todo ello, es evidente que el término 'balbuceo' no es el más acertado, pero como decíamos al comienzo, nos serviremos de él para referirnos a toda respuesta bucal, sea segmental o suprasegmental, emitida por el niño.

3. OBJETO DEL BALBUCEO

Como en todo desarrollo, cabe preguntar qué incidencia tiene esta etapa no ya en la subsiguiente, sino en las posteriores; es decir, qué relación existe entre las emisiones al parecer desordenadas y el nacimiento del habla comprensible. Ha habido, como veremos a continuación, varias posturas en este sentido. Sin embargo, la naturaleza misma del tema pensamos que hace bastante imposible hallar una respuesta definitiva en detrimento de las demás. Hasta la fecha, todo estriba en conjeturas en vista del comportamiento verbal del niño. Y este como sabemos, no parece ser suficientemente uniforme como para permitir generalizaciones contundentes.

4. TEORIAS SOBRE SU FUNCIÓN

4.1 El balbuceo como juego

Varios lingüistas han postulado esta idea, destacando entre ellos Jespersen y Lewis. Jespersen en su libro Language (1922:104) es de la opinión de que el niño, durante el balbuceo, produce sonidos que al principio son el resultado de un puro ejercicio muscular incontrolado, si bien poco a poco las emisiones van haciéndose más sistemáticas hasta conseguir el control de las posiciones adecuadas. Un paso más importante estriba en detectar la semejanza entre los sonidos emitidos y los de la madre. He aquí como lo expresa el lingüista danés:

“La fase del balbuceo se caracteriza por la producción de sonidos más placenteros y más apropiados de cara al habla. Los arrullos, los gorgeos y el balbuceo -series de sonidos semánticamente varios de significado- resultan ser un ejercicio delicioso como lo es el juguetear con sus pies y manos extendidos o el intentar mover sus deditos. Con razón se ha dicho, que durante bastante tiempo la lengua resulta ser el juguete más apreciado del niño. No solo la lengua, naturalmente, sino también los otros órganos del habla, -labios y cuerdas vocales sobre todo. Al comienzo los movimientos de estos órganos son incontrolados, como los de los brazos, pero

1 Véase F. Hernández Pina. ''Etapas en la adquisición del lenguaje infantil estudio de un caso concreto”, Infancia y Aprendizaje, nº 8.

 
 
               

gradualmente se hacen más sistemáticos, conociendo el niño el sonido que desea ejecutar y la posición para realizarlo con exactitud''.

Lewis (1963: 13-26) sostiene que el propósito de balbuceo consiste en explorar las posibilidades del aparato bucal, obtener un placer en las emisiones y, por último, aprender a controlar la producción de los mecanismos y así repetir ciertas secuencias. Como Jespersen, considera que la articulación de sonidos por parte del niño es para él como una forma de juego. Cuando está contento profiere series iterativas del tipo: “ba ba ba tata aaata'', obteniendo una agradable satisfacción al percibirlas. Parece como si estuviera jugando con los sonidos lo mismo que juega con las manos, los dedos, etc. Piensa Lewis que el niño en el balbuceo encuentra el mismo placer que cuando juega. Este placer se efectúa a dos niveles: el segmental, es decir, en cada sonido que realiza de un modo repetitivo, alcanzando un segundo nivel, que es cuando el bebé empieza a encontrar satisfacción en la repetición de secuencias fónicas. Ahora bien, ¿qué lugar ocupa el balbuceo en el desarrollo del niño para Lewis? Distingue el autor dos aspectos en este desarrollo: por un lado el placer que siente el pequeño al hacer los sonidos y oírse es la base de su posterior disfrute de la literatura, la escritura y el habla. De otra parte, el balbuceo es el único medio a su alcance para la práctica repetitiva permitiéndole adquirir así la habilidad necesaria. Como otras formas de juego, esta práctica le dará los elementos rudimentarios que serán la base de habilidades más complejas que entrarán en juego en la producción posterior del habla adulta. Tanto Jespersen como Lewis parecen recurrir a criterios puramente psicológicos al afirmar que el niño parece estar atendiendo a los sonidos que oye (suyos o de la madre) disfrutándolos (1963:21). Cabe preguntar ¿cómo saben estos lingüistas que el pequeño está 'prestando atención' a lo que emite y disfruta oyéndolo?. Una pista sugerida por Lewis podría ser el hecho de que unas secuencias se repitieran más que otras. Criterio que no nos disipa la duda.

El paralelismo entre lenguaje y juego no parece ser tampoco de gran utilidad porque el juego no es puro juego, sin ningún fin; si el niño estuviera jugando con los sonidos tendríamos que postular que emite todos los sonidos posibles que se dan en las lenguas y con relativa frecuencia -lo cual no parece darse, como veremos.

Así pues, la idea de Lewis (que comparte Jespersen) no es que resulte descabellada, pero es difícil encontrar una base científica que la apoye.

4.2. El balbuceo como entrenamiento

Una idea no coincidente exactamente con la anterior ve al balbuceo no como mera diversión o juego, sino fundamentalmente como entrenamiento para el lenguaje posterior, o mejor dicho, para posteriores emisiones articulatorias. Dentro de esta corriente destaca Osgood, quien entiende que la función de esta etapa consiste en establecer los sonidos requeridos para el habla. En su opinión (1953:688) 2 , la práctica suministrada por el balbuceo sirve para el desarrollo y establecimiento de las habilidades complejas necesarias para el habla posterior y para asociar los sonidos percibidos con las acciones motoras que los producen. Esta asociación primaria entre los sonidos auto-producidos y la respuesta oral la plasma el autor en las cuatro etapas que recoge la Figura 1. En la etapa 1, se efectúa una articulación casual de sílabas, con fijación debida a un reflejo circular. En la etapa 2, tiene lugar la evocación de los sonidos emitidos por otra persona. En la 3, asistimos al condicionamiento de los elementos articulatorios (evocados por otra persona) a la vista de los objetos. Y en la 4, la presencia del objeto (la muñeca en este caso) es suficiente para

2 Dentro de esta misma línea tenemos a Skinner (1938), Olmsted (1966) y Mowrer (1950).

 
 
               

evocar el nombre (''da” es la pronunciación más cercana a ''doll ' que el bebé puede realizar).

a ''doll ' que el bebé puede realizar). Pero cabe preguntarse ¿para qué se entrena el

Pero cabe preguntarse ¿para qué se entrena el niño en concreto?. Fry da respuesta a esta pregunta opinando que el niño intenta mejorar su habilidad auditiva. Y así escribe

(1970:46):

“el niño está aprendiendo a conectar lo que está haciendo en su boca y laringe con los sonidos que oye mientras hace esto. El niño ensaya toda clase de movimientos, descubriendo y repitiendo los movimientos una y otra vez hasta encontrar para su gran satisfacción que produce los mismos sonidos. Para completar el placer, realiza al mismo tiempo movimientos rítmicos que le producen sonidos rítmicos”.

Tras unas semanas de balbuceo sigue Fry, el niño poseerá un amplio repertorio de sonidos, unos que le serán útiles para su lengua y otros que desaparecerán. De cualquier modo, aparte de estar explorando las posibilidades de su “caja parlante” y estar intentando descubrir todo lo que de curioso y excitante hay en ella, el niño está realizando un importante trabajo: aprender hábitos de movimiento y, a través de su cerebro, enlazar sus

 
 
               
                músculos con los oídos. Según Fry, el aprendizaje

músculos con los oídos.

Según Fry, el aprendizaje motor que tiene lugar en esta etapa es absolutamente básico para la adquisición del habla. El niño esta “madurando la idea” de combinar la acción de la laringe con los movimientos de los articuladores, de controlar en cierto modo las frecuencias de su laringe, de usar el aire expelido para producir diferentes clases de articulación y producir de nuevo, finalmente, los sonidos repitiendo los movimientos que los engendran.

El segundo desarrollo importante de esta etapa es el establecimiento del lazo auditivo. Fry entiende que los movimientos de producción de los sonidos se repiten una y otra vez; así se forja un eslabón entre las impresiones táctiles y kinestésicas y las sensaciones auditivas que el niño recibe de sus propias emisiones. El placer que éste obtiene durante el balbuceo se inicia como el resultado de los sonidos expresivos que lo han precedido, su desarrollo continúa dependiendo del uso del lazo auditivo, del “feedback”. Esto explica el que el balbuceo pueda ser impulsado por los sonidos que el adulto dirige al niño. En esta situación, la respuesta vendrá dada mediante sonidos propios por más que difieran al comienzo de los del adulto. De este modo los estímulos auditivos servirán para iniciar la complejidad de la actividad motora y auditiva en el pequeño actividad motora y auditiva en el pequeño 3 .

Así pues, en esta etapa del balbuceo el niño realiza dos funciones importantes: está experimentando, por una parte, los mecanismos para el habla futura, combinando fonación y articulación -y por tanto aprendiendo a controlar su sistema respiratorio. Es decir, aprendiendo a establecer el circuito que enlaza la actividad motora con las impresiones auditivas. Está asimilando, igualmente, el efecto acústico de hacer ciertos movimientos para

3 Señala Fry que los niños sordos normalmente desarrollan esta etapa del balbuceo como los niños que oyen, pero a partir del año, el ''feedback'' empieza a tener tal importancia que este balbuceo se va desvaneciendo poco a poco debido precisamente a esa falta de estímulo externo, proveniente tanto del adulto como de sus propias emisiones.

 
 
               

así descubrir cómo repetir su movimiento para volver a obtener más o menos el mismo resultado “Está aprendiendo un truco que le durará toda la vida'', dirá Fry (1966: 190),

Una versión más fuerte de esta teoría ha sido defendida por R. Brown, quien viene a decir que el niño está ya aprendiendo las estructuras de la lengua aunque paso a paso Brown (1958:198) ha propuesto el término ''babbling drift” 4 para describir la gradual transición del balbuceo hacia la lengua. Y escribe:

“Tal vez hay un punto común de partida desde el cual el balbuceo se mueve en la dirección del habla que el niño oye a su alrededor. El balbuceo podría iniciarse como un repertorio humano y convertirse en un modelo cultural”. (Ibid: 199).

Opina este lingüista que el balbuceo es el punto de arranque del habla, punto que entiende es común a todas las lenguas. El habla adulta representaría la fase final y particular de cada lengua. El circuito trazado por los niños a partir de los once meses señala cada vez una mayor aproximación -básicamente fonética en la dirección de las normas locales- hacia el habla adulta. Dicho perfil adulto, sin embargo, es diferente para cada lengua; se lo imagina Brown como una especie de polígono en torno a un punto central. El balbuceo, colocado en el centro de este polígono, se movería en una u otra dirección de acuerdo con el ambiente lingüístico que prevaleciera. Este polígono, dice Brown, no puede aún ser trazado de forma completa, pues hasta ahora son muy pocas las lenguas que han sido estudiadas y no es posible generalizar a partir de una lengua por muy estudiada que esté - como es el caso del ingles.

4.3. Teoría de la discontinuidad

Encabeza Lenneberg la tercera teoría, que niega que el balbuceo tenga relación alguna con el lenguaje posterior. Este autor en su libro Biological Foundation of Language se pregunta si los arrullos y el balbuceo representan etapas de práctica para el futuro comportamiento verbal, a lo que responde negativamente. Cita como testimonio el caso de un niño al que se le hizo una traqueotomía a la edad de seis meses que le impidió durante esta etapa ejercitar su aparato bucal. A los catorce meses, tras habérsele quitado el tubo y cicatrizado la abertura, el niño empezó a producir los sonidos del balbuceo típicos de su edad. Esto llevó a Lenneberg a la conclusión de que ni la práctica, ni la audición de los propios sonidos eran procesos imprescindibles en el niño. Es más, señala que entre el balbuceo y el desarrollo fonológico propiamente dicho hay una ruptura más bien que una gradación de uno a otro, convirtiéndose el balbuceo en algo estructurado fonológicamente -como recordamos apuntaban los de la teoría anterior.

Para Lenneberg el balbuceo es, de este modo, un proceso de maduración condicionado por factores motores - o del tipo que sean- sin relación aparente con el fenómeno del desarrollo del lenguaje.

4.4. Teoría sociolingüística

Esta teoría sostiene que el fin de la etapa prelingüística no es el favorecer el aprendizaje de la lengua, ni el desarrollo de la fonología, ni siquiera un mero jugar -como hemos visto que algunas de las anteriores teorías postulaban-, sino que es un fenómeno social

4 R. Brown en su libro Words and things (1958:198-202) propone el termino “babbling drift”. (‘corrimiento del balbuceo`) para definir el proceso, que va desde estas primeras vocalizaciones hasta el desarrollo pleno del habla.

 
 
               

que el niño aprende para integrarse socialmente en la familia. Esta postura es definida por el sociólogo ingles Michael Richards quien señala que el balbuceo no es más que una capacidad instintiva con el fin de adaptarse al ambiente (a los padres primero y, fundamentalmente, a la madre). Puesto que al principio el niño y los padres no pueden hablar porque aquél aún no conoce la lengua, lo que hacen es compartir los sonidos: el pequeño emite sonidos y los padres se adaptan a ellos y los repiten del mismo modo, el niño trata de imitar lo que oye a los padres dándose de este modo una mutua adaptación. A través del modelo de esas actividades irá descubriendo de modo gradual el mundo social que le rodea. Igualmente debe aprender que hay un tiempo y lugar para cada cosa o, más bien, que hay poco tiempo y lugar para muchas cosas. M. Richards en su artículo “Social interaction in the first weeks of lite “ nos dice como ve él este proceso de interacción:

''Después de ocho semanas o así, cuando la sonrisa social está bien establecida, la madre puede emplear largos períodos de tiempo estimulando la sonrisa de su hijo. Durante tal período el niño está en los brazos de la madre, cara a ella o colocado en su sillita. La madre sonríe y vocaliza para su niño y mueve la cabeza rítmicamente. El niño responde primero con atención, con un ensanchamiento de sus ojos y posición estática; los movimientos del cuerpo empiezan otra vez, el niño puede vocalizar y finalmente sonríe. En este momento aparta su cara de la madre antes de que comience otro ciclo. A lo largo de esta secuencia, las acciones de la madre van al compás de las del niño. Durante la fase de atención al niño el comportamiento de la madre está refrenado, pero a medida que la excitación de aquél aumenta, comienza ella a vocalizar cada vez más rápidamente en un tono de voz más alto. En el momento en que el niño está a punto de sonreír, se reducen los movimientos rápidamente como si le estuviera dando tiempo a que él responda”. (1971:38).

4.5. Teoría de la maduración

Los seguidores de esta teoría postulan que el balbuceo es un intento de hacer lenguaje por parte del niño, pero que debido a la falta de flexibilidad muscular, porque no está totalmente entrenado, no emite los sonidos apropiados.

Según los defensores de esta idea, los sonidos de la lengua correspondiente ya están

presentes en el balbuceo, que resulta ser un intento aún fallido de realizar tales categorías subyacentes sonoras. Raffler Engel (1964) afirma que los sonidos del balbuceo, en contraste con el habla adulta, parecen ser verdaderos intentos de hacer lenguaje por parte del niño. Tales sonidos ocurren en un tiempo en que el pequeño comienza a comprender algunas cosas habladas, desaparecidas cuando se ha dominado el lenguaje. Podría volver a aparecer en el caso de que surgieran en el habla dificultades tales como la tartamudez, adquisición de

.Smith (1973), otro autor que apoya esta postura, considera que el

niño es capaz de entender y discriminar ciertos sonidos antes de hacerlos. Se puede afirmar

una lengua extranjera,

etc.

entonces que en cierto modo los posee. La dificultad, por supuesto, estriba en demostrar que esto es cierto.

De todos estos puntos de vista o teorías que acabamos de ver es difícil decidirse por una sola con exclusión de las otras, como ya señalábamos al comienzo. Creemos que la última apuntada no es plenamente aceptable, pues uno podría tropezar con un niño de quince meses que ya poseyera ciertos fonemas y palabras y, sin embargo, balbucease. Si el balbuceo fuera solo cuestión de desarrollo del lenguaje, tendría que desaparecer una vez que el lenguaje ha empezado. En algunos niños ciertamente cesa el balbuceo al iniciarse el lenguaje, pero no es generalizado y no se dio en el caso que nosotros hemos estudiado. Así

 
 
               

pues, cabe decir que es difícil establecer una teoría general válida en si que nos explique el fenómeno del balbuceo mientras no dispongamos de abundantes datos empíricos sobre un gran número de lenguas. Estas pruebas han empezado a producirse durante los últimos años. El apartado que sigue esta dedicado precisamente al conocimiento empírico de la naturaleza del balbuceo. Tras hacer un análisis de algunos de los estudios llevados a cabo en otras lenguas, presentaremos los datos propios de nuestro estudio sirviéndonos de este modo para afianzar o rechazar una teoría determinada.

5. CONOCIMIENTO EMPÍRICO DE LA NATURALEZA DEL BALBUCEO

Tras examinar cuál puede ser la función del balbuceo en el niño, veamos ahora las tesis hasta ahora formuladas sobre el contenido del mismo. Existen en la actualidad dos posturas básicas: la de aquellos como Murai (1963/64) que entienden que se da una transición gradual del balbuceo a la “aproximación” de la palabra y de aquí a la palabra 5 , y otra según la cual se da un salto directo del balbuceo a la palabra (o producción de oraciones), separados por un período claramente diferenciado de silencio. Esta es la postura adoptada por Jakobson, quien adujo pruebas fehacientes en contra de la continuidad (1962:317) coincidiendo de este modo con Lenneberg (cfr. Teoría de la discontinuidad) de no ver en el balbuceo el punto de partida del desarrollo fonológico posterior 6 .

Las tesis de Jakobson han tenido una gran influencia en todos los medios lingüísticos, de ahí que creamos imprescindible citar textualmente las ideas más relevantes:

1. “La creatividad del niño no es por supuesto una creatividad pura o una invención

de la nada, pero su imitación no es una adopción mecánica e involuntaria. El niño crea a medida que recibe en préstamo este préstamo no es una copia estricta ya que cada imitación requiere una selección y consiguientemente una desviación creativa del prototipo''.

2. “Reconoce en la adquisición del lenguaje por el niño ''dos fuerzas simultáneas,

pero mutuamente opuestas, que controlan cada acto lingüístico y que el gran lingüista ginebrino (Saussure) caracteriza como el 'espíritu particularista', por una parte, y la 'fuerza

unificadora' por otra

En resumen el niño

es un imitador que es a su vez imitado”.

adulto, sino que también afecta el lenguaje que el adulto dirige al niño

La fuerza unificadora no sólo afecta al lenguaje que el niño dirige al

3. “Investigaciones efectuadas han puesto de manifiesto que casi todas las mutilaciones lingüísticas que se observan en los niños al hablar se hallan en estrecho

Hay

paralelismo con los cambios sonoros que acaecen en las distintas lenguas del mundo

paralelismos necesarios y constantes entre la lengua del niño y el desarrollo histórico de las

distintas lenguas”.

5 Lewis cae dentro de esta corriente y así lo expresa en su libro (1963:13-26) También durante los años treinta y cuarenta era la postura más aceptada entre los estudiosos de la adquisición del lenguaje. Se la conoce como la Teoría de la Continuidad. McNeill (1970-130) cree que el balbuceo es un puente entre las vocalizaciones limitadas de los seis primeros meses de vida y la aparición del habla comunicativa. Allport (1924) opina que el niño desarrolla durante esta etapa un sistema fonético emparejando los sonidos que oye con los que él produce. Staats y Staats (1963) y Mowrer (1954) han revitalizado esta tesis. 6 El desarrollo fonológico se trata de forma más extensa en otro artículo de próxima aparición.

4.

“Las etapas iniciales del lenguaje, tal y como lo entendemos, van precedidas por

 
 
               

un período denominado de balbuceo en el que se pone de relieve una cantidad y diversidad de producciones sonoras asombrosa. Un niño durante este período del balbuceo puede

Como

reconocen todos los observadores con extrañeza el niño pierde casi toda su habilidad para producir sonidos al pasar de la etapa prelingüística a la adquisición de las primeras palabras, es decir, a la etapa genuina del lenguaje. Se comprende fácilmente que aquellas articulaciones inexistentes en la lengua del niño desaparezcan prontamente de su inventario. Pero es sorprendente que, aparte, otros muchos sonidos comunes al niño y al lenguaje adulto de su entorno desaparezcan de igual modo. Realmente, el niño logra por lo general recobrar tales sonidos tras un esfuerzo prolongado que dura a veces años”.

acumular articulaciones jamás encontradas no ya en una lengua, sino en varias

En esta linea parece situarse igualmente Alarcos Llorach. En su estudio titulado “L'acquisition du langage par l'enfant”, traducido posteriormente al español y publicado por Ediciones Nueva Visión, vol. 3, leemos que “durante los primeros meses no hay lenguaje alguno”. Dándose sencillamente una exteriorización cuando no un juego o un rudimentario principio de llamada gracias al cual el bebé establece su primer contacto con el mundo exterior. Al igual que Jakobson, entiende que el niño descubre ''las infinitas posibilidades de los órganos de fonación”, sin que esto quiera decir que las utiliza todas y sin que haya una orden natural en la utilización de unas y otras. Solo se dará un cierto contraste rítmico entre vocal y consonante en una alternancia de aberturas y cierres; pero para Alarcos solo se trata de “ juegos inconscientes, no intencionados y desprovistos de toda significación''.

Murai ha sido uno de los que ha estudiado con mayor detenimiento este período realizando varios espectrogramas del balbuceo de tres niñas y un niño oscilando sus edades entre los dos meses y el año. No es este el lugar de analizar en profundidad la labor de este psicólogo de la universidad de Kyoto, pero creemos interesante recoger las características y funciones que cree ver el balbuceo. Según Murai (1963/64: 22-23):

1. “El balbuceo y las emisiones que no corresponden al llanto acaecen en

situaciones placenteras y como forma de juego”.

2. ''El balbuceo y las emisiones que no correspondan al llanto tienen su propio

desarrollo fonético''.

3. ''El desarrollo del balbuceo esta influido por factores de aprendizaje”.

4. “La importancia de la maduración en el desarrollo del balbuceo se hace patente

en que el desarrollo fonético sigue una dirección propia específica”.

5. “El balbuceo se caracteriza por un material fonético a partir del cual se

desarrollarán sonidos con significado

palabras pero se define gradualmente dando por resultado palabras (por ejemplo el sonido ''mamama'' se convertirá en “mama”).

naturalmente el balbuceo en si no consta de

6. “Si consideramos el desarrollo fonético desde el punto de vista fisiológico y

articulatorio, las emisiones que no corresponden al llanto habría que situarlas en el plano fisiológico mientras que el balbuceo lo estaría en el plano articulatorio”.

7.

“El balbuceo tiene una función de juego fonético. Se ha dicho que balbucear es

 
 
               

jugar con los sonidos. Esto se pone de manifiesto en el agrado que parecen experimentar los niños en esta fase cuando emiten secuencias distintas resultantes de distintas posiciones

El realizar tales emisiones en una situación agradable como medio de jugar

con la madre permite al niño desarrollar su capacidad de imitar sonidos “.

de la lengua

8. “El balbuceo es por lo general de carácter repetitivo”.

9. “Tales repeticiones se producen con facilidad como lo demuestra el balbuceo de

un niño durante una fase regresiva''.

10. “El período del balbuceo debiera considerarse como una de las etapas del

desarrollo del habla”.

11. “El balbuceo no se produce como una reacción circular autística, sino que se

desarrolla en íntima relación con el cariño y emisiones de la madre”.

12. ''Una forma de balbuceo es el balbuceo autístico, preferido como juego cuando el niño está solo y activo''.

Naturalmente, postular que el balbuceo es una etapa de transición a la fonología en la que el niño juega con los sonidos que de alguna manera le servirán para afianzar su sistema fonológico requiere responder a dos posibilidades que en principio se entreven. Una, que parte de lo general a lo específico, cuyo defensor más extremado ha sido Grégoire quien considera que el niño “es capaz de producir todos los sonidos imaginables”, denominada teoría de la contracción fonémica, y una segunda, totalmente opuesta, según la cual el niño partiría de algunos sonidos (básicos), por las restricciones impuestas por su capacidades perceptivas y auditivas, que constituiría la teoría denominada de expansión fonémica.

La tesis de la teoría de la contracción fonémica no se ha visto confirmada, pese a resultar lógico que el niño explore todas las posibilidades para paulatinamente seleccionar los sonidos de su lengua. Por otra parte, dada la gama de modelos y sonidos que se oyen en el niño en esta etapa, incita a pensar que esto es así Cruttenden (1970) argumentó de modo convincente que al menos por lo que a inglés se refiere tal hipótesis no es sostenible. No solo eso, sino que nada hay que evidencie que tales emisiones son casuales y sin un fin determinado, ya que puede demostrarse que hay ciertos sonidos que se repiten con mucha mayor insistencia que otros; concretamente las series uvulares y labiales -opinión compartida hoy día por los fonetistas que trabajan este campo.

La teoría opuesta, la de la expansión fonémica, ya aparecía en la obra de D.C. Irwin en 1947 en claro paralelismo con la teoría de la maduración antes vista. El problema con esta segunda tesis estriba en la anarquía que parece existir en el orden de adquisición de tales sonidos. Para el mismo Irwin los primeros en aparecer son los contoides posteriores, mientras que en otro sitio afirma que son los anteriores. Cruttenden opina que el contoide glotal aparece antes que el labial, mientras que Murai habla del caso inverso. Efectivamente, hay acuerdo en que se da un incremento gradual de una gama de sonidos escasa a otra más amplia, motivado sin duda por la influencia del habla adulta, pero lo que de verdad es más difícil de probar es la exacta progresión fonética. Y si el balbuceo está ligado con el desarrollo perceptual y receptor debiera darse unanimidad en los casos estudiados.

 
 
               

Podríamos, tal vez, poner el énfasis en la influencia que la lengua tiene en el niño en lugar del efecto simple de la maduración. Es decir, que la segunda teoría (la de la expansión fonémica) podría efectuarse debido a un desarrollo auditivo que provocaría el desarrollo articulatorio independiente de la lengua que el niño esté aprendiendo. De este modo tendríamos una progresión con el tiempo, independiente de si se da contracción o expansión fonémica, puesto que se le da mayor influencia al habla del adulto. Para ello tendríamos que describir el balbuceo en términos de consonantes y vocales tal y como hacemos con el habla adulta, lo cual no es posible a menos que se dé una correspondencia relativa entre ambos sistemas. Los trabajos de Cruttenden, entre otros, han puesto de relieve que no se da gran correspondencia. Una alternativa que soslayaría hablar de esta etapa en términos de fonemas consistiría en utilizar rasgos distintivos para ver si, en efecto, existe un conocimiento que refleje la carga funcional que dichos rasgos poseen en el habla adulta. En esta línea se inserta el trabajo de J. Gruber “Playing with distinctive features in the babbing of infants” (1973). Dicho trabajo consistió en identificar secuencias similares y ver si en una secuencia dada de dichas sílabas el segmento inicial iba haciéndose cada vez más marcado en la secuencia. Su conclusión fue que, en efecto, las consonantes del niño iban adquiriendo mayor complejidad en los rasgos. De ser esto cierto, podríamos predecir el orden silábico de aparición; que, por ejemplo, “ya, pa'' 7 tendría una aparición como se indica y no al revés por caracterizarse la segunda sílaba por rasgos más complejos. El experimento mismo de Cruttenden respalda esta idea, así como nuestras observaciones. No obstante, esta variante última de considerar ciertos aspectos del balbuceo como resultado de una discriminación auditiva no es incuestionable. Lieberman (1967) en concreto ha probado convincentemente que también existen claras restricciones articulatorias. El problema, por tanto, estriba en relacionar ambas explicaciones en una forma única. Dificultades de índole diversa, pero que vienen a sumarse a las ya señaladas, son las que surgen de la interpretación idiosincrásica que el adulto hace de lo que oye. Un hablante del catalán oirá las secuencias balbucidas por el niño de modo distinto a como lo hace un hablante del gallego, por ejemplo 8

* * *

Una vez que hemos visto cuál es la función del balbuceo según una serie de teorías y cuál podría ser el contenido de sus emisiones, cabe hacerse dos preguntas básicas: ¿hasta qué punto el niño balbuceó los sonidos del español antes de usarlos lingüísticamente? y ¿qué sonidos emitió el niño que no necesitara para el español?

En el análisis de los datos que a continuación recogemos nos ocuparemos prioritariamente de los sonidos segmentales haciendo también unas breves consideraciones sobre los no segmentales.

Para responder a las preguntas que acabamos de formular, veamos por separado lo que ocurre a dos niveles que, aunque tienen escasa relevancia en esta etapa, son, sin

7 En realidad esto viene a coincidir con el principio, del mínimo esfuerzo mencionado por Buffon y conocido más generalmente por la ‘ley de Schultze' puesto que, según Jakobson (1968:21), fue el primero que pretendió demostrar que los niños aprenden primero aquellos sonidos que requieren menos esfuerzo fisiológico. Hipótesis que Jakobson rechaza de plano. Stern y Stern (1907) son también de esta opinión al señalar que los sonidos más fáciles aparecen primero. 8 Como experiencia personal en este sentido recuerdo la interpretación, para mí curiosa, que un inglés hizo de unas secuencias de mi hijo. Viajábamos en un coche y al oir pronunciar por el niño “bababa”, se dirigió a su mujer diciéndole “mira dice ‘dadada’, (con d alveolar).

 
 
               

embargo, útiles desde el punto de vista descriptivo. Nos referimos a los contoides y a los vocoides (términos equivalentes a las consonantes y a las vocales respectivamente, pero que preferimos utilizar debido a que nos encontramos en una fase prelingüística). El sonido de primera aparición en el caso objeto de estudio fue la (a), con una gama de realizaciones que iba desde un sonido típicamente reconocible como /A/ española hasta variantes limítrofes -casi exclusivamente con el fonema ley español; muy rara vez con /o/. La variante [ae] fue la más utilizada durante los primeros meses (a partir del cuarto mes de vida). Dos meses más tarde, hizo su aparición en tipo de sonido que podía ser reconocido como similar al fonema /e/, con un matiz más diferenciado que la variante intermedia; por la misma época (sexto mes) se detectó un sonido de uso frecuente: un tipo de vocoide muy centralizado, intermedio, neutro, de características similares a ( ) que, si bien parece ser rasgo común en otros niños españoles, es sonido ajeno a la fonología del español. Dentro de esta variante se observaron realizaciones más o menos avanzadas y elevadas. A los nueve meses se detectó por primera vez un sonido con características similares al fonema /i/ español. Anteriormente se había registrado un sonido compuesto, asignable al diptongo /ai/ (a los ocho meses de edad), que, sin embargo, por no acaecer con cierta sistematicidad fue desechado de momento. Sorprendentemente, a pesar del interés y las horas diarias dedicadas a la delectación de sonidos que pudieran adscribirse a los fonemas vocálicos /o/ y /u/ españoles, no se registraron tales. Su aparición tendría lugar en una etapa más tardía. Así pues, tenemos que, hasta los once meses, los sonidos presentes en el repertorio del niño que recordasen el sistema de la lengua a la que se hallaba expuesto fueron: [a], [e] e [i]. Sonidos no necesarios para el español resultaron ser: [ae] y [

Los contoides hicieron su aparición a los tres meses de edad, siendo las oclusivas labiales las primeras que ejercitó; concretamente, emitió los sonidos [m] y [p] (por este orden) con bastante antelación y de una manera más estable que los demás (en palabras de tipo ''papá'', “mamá”). Muy pronto pudo igualmente detectarse un sonido adscribible al fonema [b] español con su variante alofónica [β]. En realidad, hasta los once meses el número de sonidos estables que perdieran interpretarse como españoles no rebasó la media docena: [m], [n], [p], [b], [t], [η]. Como emisiones que realizase el niño, no encontrables en español, se detectaron variantes de [p], con fuerte plosión de aire [p h ], oclusivas globales [], frecuentes chasquidos tanto alveolares como labiales y dentales y, ocasionalmente, labiales fricativas [ϕ]. También se observó la emisión de vocoides velarizadas, pero no así de los contoides velares [k], [y], [x],. Esto no parece confirmar los estudios realizados con niños anglosajones en los que la aparición de [k] y [y] surge en época muy temprana. En nuestro caso, estos sonidos velares iniciaron su aparición de una manera relativamente estable a los doce meses. El sonido interpretable como [x] junto con [kx] hizo, sin embargo, una aparición muy temprana (de tres a cinco meses), desapareciendo posteriormente. El resto de los sonidos que pudiéramos llamar fricativos no hizo su aparición en la etapa que comentamos. Ocasionalmente pudo oírse un sonido que recordaba a [s] si bien presentaba características intermedias con otros sonidos (por ejemplo [θ]); también [y] con una emisión uvular prolongada igual a [R], así como [β] con vibración iterativa de labios: las llamadas “piorretas”: brrrr. Las stop nasales [m], [n], [η] aparecen como dijimos en este período (de siete a ocho meses), pero no así las palatales [n] = ñ. La nasaldental [n] se caracterizó en todo el período por una fuerte dentalización [dn].

Con todo esto podemos llegar a las siguientes conclusiones. En primer lugar, el niño no emitió en esta etapa todos los sonidos del español, y mucho menos los de todas las lenguas, resultando ausentes las vibrantes simples y múltiples /r/ y /rr/, la laterales /l/ y /ll/ y palatales tales como /n/ y /, aparte de las fricativas a las que anteriormente hicimos

 
 
               

mención. Igualmente, la gama de sonidos no españoles realizada resultó en nuestro experimento bastante más reducida de lo que suele suponerse. A la luz de estos datos surge la duda y son cuestionables las teorías tanto de la contracción como de la expansión fonémica.

Vendría a ser más viable una interpretación en términos como los expresados por la teoría madurativa, aunque sin llegar al extremo de afirmar como sus postuladores que todos los sonidos de la lengua ya están subyacentes en esta etapa, y que no emergen por razones de tipo motórico. Podríamos aceptar, igualmente, las posturas de la teoría de la expansión fonémica en una forma atenuada. Es decir, estamos de acuerdo en que parece darse un incremento gradual, pero si de verdad estuviera ligado con el desarrollo perceptual debería darse más unanimidad en los casos estudiados. Aunque a decir verdad, y a pesar de la escasez de estudios en español en este campo, hemos podido constatar, tras redactar estas líneas, que se da bastante coincidencia con las observaciones realizadas por J.J. Montes Giraldo (1971:324-25) 9 . Observamos que se va dando un cambio gradual hacia el habla adulta (el “babbling drift'' de Brown) debido, naturalmente, al influjo del entorno.

En resumidas cuentas, vemos que todas estas observaciones tienen puntos de contacto con las teorías anteriormente presentadas, lo que hace problemático el inclinarse por una en concreto. No creemos que exista la teoría ''correcta” con exclusión de las demás, ya que el balbuceo no cesa automáticamente tras haberse iniciado el lenguaje propiamente dicho. Si el balbuceo fuera solamente cuestión de desarrollo del lenguaje tendría que desaparecer una vez que éste empieza a darse, cosa que la experiencia misma contradice. Lo que podemos afirmar por nuestro caso es que al comienzo se dan varias realizaciones fonéticas que no se ajustan por igual al idioma que oye el pequeño. Solo algunas de tales realizaciones serán definitivas (caso de (m, p, a, n)) y otras desechadas, tal como sugiere Jakobson. De estas últimas las que fueron requeridas por el idioma debieron ser aprendidas de nuevo mediante la imitación consciente 10 .

No hemos tocado todavía las secuencias de sonidos que aparecen en esta etapa, aunque por lo dicho en el plano segmental podemos predecir bastantes. En el caso bajo estudio, las que pudiéramos llamar “sílabas” fueron prácticamente en su mayoría de tipo abierto “pa- pa-pa-pa, ma-ma-ma” ''ata a tata”, etc. De modo general, los elementos más socorridos en combinaciones fueron [p,m,a]. No es un accidente el que muchas lenguas del mundo posean la palabra “mamá” para madre y “papá” para padre. El porqué de esta asignación (es decir, mamá = madre y papá = padre), ha sido objeto de estudio por parte del antropólogo Murdock quien, en 1957, examinó 531 palabras referentes a “madre” y 541 que significaban ''padre” en las diversas lenguas del mundo. Los resultados fueron del quince por ciento qué utilizaban un elemento nasal (m,n) para designar padre. Jakobson nos brinda en este sentido una explicación muy interesante:

“A menudo las actividades de succión en el niño van acompañadas de un ligero sonido nasal, la única fonación que puede producirse cuando los labios se hallan ocupados en obtener el alimento bien sea de la madre o del biberón. Más tarde esta

9 El Estudio de Mª Josefa Canellada “Sobre el lenguaje infantil” (Filología, vol. 3 p 39-47, 1968-70) no es en este período lo suficientemente extenso como para que sirva de cotejo, pero coincide básicamente con el nuestro en lo apuntado sobre los vocoides. 10 Piaget ha puesto de relieve la importancia que la imitación tiene en el desarrollo del lenguaje. Su opinión es que la utilidad del balbuceo no es simplemente la práctica de sonidos sino que es una etapa que está relacionada con el proceso total del aprendizaje por representar las palabras adultas. Esto puede ser visto a través de un examen de las etapas de la habilidad imitativa en el primer año y medio de vida.

 
 
               

reacción fonatoria se repite como señal anticipada al vislumbrar la comida y, por último, como una manifestación de un deseo de comer o, más generalmente, como expresión de malestar e impaciencia ante la tardanza del alimento, la ausencia de la persona más cercana y de cualquier deseo denegado” (1971:216).

La reduplicación parece ser un rasgo estable en las secuencias de esta etapa. Y aunque coincidentes en muchas lenguas, tienen una significación distinta en cada una de ellas; así ''tela'' es interpretado en ruso como 'tía', “nene “ significa 'dormir' en japonés, ''mamma” significa 'alimento' en coreano, etc.

Referente al ritmo y a la entonación, se detectó desde el principio un modelo general con final descendente, interpretable como un rasgo no marcado, es decir, como el tipo de entonación observable en español en secuencias afirmativas. Ya a los seis meses se percibió, junto a este final descendente, un final ascendente que podría muy bien equivaler a un intento de pregunta por parte del niño - o de llamada de atención: (papá ~). Esto parece más claro en secuencias más breves como “eh?” registradas en el noveno mes. A los diez meses se observó una gran capacidad imitativa de modelos de entonación que percibía, lo que viene a confirmar una vieja hipótesis según la cual ritmo y entonación serian factores preponderantes en las primeras actividades lingüísticas ''el período de la melodia'' (1953:8). Ohnesorg afirma que la entonación es el primer factor significativo en el lenguaje del niño. Y, según Lewis, es posible que el niño, ya hacia los cuatro meses de edad, establezca claras diferencias en esta área. Escribe a este propósito:

“Encontramos los rudimentos de ésta (la entonación) en las respuestas características, que difieren de las cualidades entonacionales que percibe. Vimos, hacia los cuatros meses, que el niño puede imitar sonidos expresivos de satisfacción cuando alguien se dirige a él con expresiones cariñosas. Un poco más tarde empezará a mostrar desagrado y llanto cuando se le habla en un tono de voz alto” (1963:27).

De esta manera el niño va construyendo su primer sistema lingüístico que, en sus comienzos, será irremisiblemente pasivo, de afán de comprensión, no de utilización a nivel segmental. Parece, sin embargo, ineludible que los hechos de la entonación entren en el lenguaje en un momento cronológicamente anterior a la adquisición fonémica. Y en efecto, la experiencia nos demuestra que el niño se complace en imitar (con más o menos aproximación) las modulaciones melódicas de las frases que oye del adulto sirviéndose de tales modulaciones de acuerdo con las circunstancias. Es incluso posible mantener una ''conversación'' rudimentaria en la que las emisiones han sido por supuesto ininteligibles excepto en lo referente a la entonación. Tal jerga no se parece aún a las palabras morfológicas o fonológicas, pero no cabe duda de que las curvas melódicas utilizadas -al menos en nuestro caso- fueron típicamente españolas, diferenciándose de otras lenguas (ejemplo, el inglés) 11 en el tipo de cadencia final, según las necesidades que el pequeño quisiera expresar.

Bibliografía

ALARCOS LLORACH, E.: «L'acquisition du langage». Le Langage. Ed Gallimart. 1968. ALLPORT, F.H.: Social Psychology. Boston: Houghton Mifflin. 1924.

11 Como claro ejemplo de tal discrepancia baste citar la melodía para indicar “se acabó” (el biberón, la comida, etc.) utilizada en inglés, que es descendente 'all, gone. En cambio en español es, de ordinario, ascendente: se acabó .

 
 
               

BLOUNT, B.G.: «The prelinguistic system of luo children» Anthropology Linguistics. 12 p. 326-42. 1970. BROWN, R. Words and Things. Glencoe. 1958. CANELLADA, M. J.: «Sobre el lenguaje infantil». Filología, vol. 13, p. 39-47. 1970. CRUTTENDEN, A.: «A phonetic study of babbling» British J. of Disorders of Communication. Vol. 5 p. 110-118. 1970. ———————: Language in infancy and childhood. Manchester Univ. Press. 1979.

FERGUSON, CH. A. y D. I

SLOBIN: Studies of child language development. Holt, Rinehart

and Winston. FRY, D.B.: «The development of the phonological system in the normal and deaf children». En F. SMITH and G. A. MILLER. The genesis of language Cambridge. Mass.:

M.I.T Press. 1966. CREGOIRE, A.: L'apprentissage du language. París: Droz. 1937. GRUBER J.: «Playing with distintive features in the babbling of infants. En Ferguson, Ch. A. y D. I. Slobin, p. 4-9. 1973. HERNÁNDEZ PINA, F.: «Etapas en la adquisición del lenguaje infantil: estudio de un caso concreto». Infancia y Aprendizaje. IRWIN, O.C.: «Infant speech: consonant sounds according to manner of articulation». J. Speech Disorders, 12, p. 402-4. 1947. ———————: «Infant Speech: consonant sounds according to place of articulation» J of Speech and Hearing Disorders, 12, p. 397-47, 1947. JAKOBSON, R.: Child language, aphasia and phonological universals. Mouton The Hague, 1968. ———————: «Why 'mama’ and 'papa'?» En R JAKOBSON: Selected Writings. Mouton. The Hague. 1972. JESPERSEN, O.: Language: its nature, development and origin. London: Allen and Unwin, 1922.

KACZMAREK, L.: Kszaltowanie sie mowy dziecka. Pozman: Towarzystvo Przyjacio Nauk.

1953

LENNEBERG, E.H.: New direction on the study of language. The M.I.T. Press, 1964. ———————: Biological foundation of language. J. WILLEY. N. York. 1967.

LEWIS, M.M.: Infant Speech: a study of the beginning of language. London Routledge and Kegan Paul. 1951. ———————: Language, thought and personality in infancy and childhood. Harrap. London,

1963.

LIEBERMAN, P.: Intonation, perception and language. Cambridge, Mass.: M.I.T. Press. 1967. MOWRER, O. H.: «The psychologist looks at language». Amer. J. Psychol. 19, p. 660-94.

1954.

———————: Learning theory and personality dynamics. N. York: RONALD PRESS, 1950. McNEILL, D.: The acquisition of language. N. York: Harper and Row. 1970 MONTES GIRALDO, J. J.: «Acerca de la apropiación por el niño del sistema fonológico español». Thesaurus, 26, p. 322-46. 1971 MURDOCK, P H.: «World ethnographic sample» Amer. Anthropol., 26. p. 664-87, 1957. MURAI, J.: «The sounds of infants». Studia Phonologica. 3, p. 17-35, 1963/64. NAKAZIMA, S.: «A comparative study of the speech developments of Japanese and

American English in childhood». Studia Phonologica. 2. p. 27-39. 1962. OLMSTED, D. L.: «A theory of the child’s learning phonology» Language, 42, p. 531-5,

1966.

OSGOOD, C. E.: Methods and theory in experimental psychology. Oxford Univ. Press. N. York

1953.

PIKE, E.G.: «Controlled infant intonation». Language, Learning, 2 p. 21-4. 1949

RAFFLER ENGEL, W. von.: «The development from sound to phoneme in child language» En Ch. A. FERGUSON y D.I. SLOBIN.

 
 
               

RÖTTGER, F.: Phonestische Gestalbindung bei jungen kindern. Munich, 1931. Citado por JAKOBSON, 1968. RICHARDS, M.P.M.: The integration of a child into a social world. Cambridge Univ. Press 1971. SKINNER, B.F.: The behavior of organism: an experimental analysis. N. York. Appleton-Century- Crofts. 1938. SMITH, N V.: The acquisition of phonology: a case study. Cambridge Univ. Press. 1973. STAATS; A. W. y C. K. STAATS.: Complex human behavior. Holt, Rinehart and Winston. N. York. 1963. STERN, C. and W. STERN. Die Kindersprache. Leipzig: Barth, 1907. VILLIERS, J.G. DE y P.A. DE VILLERS. Language Acquisition. Harvard Univ. Press. 1978 WEIR, R. H.: «Some questions on the child's learning of phonology». En Smith F. y G. A. Miller. 1966.