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2C CULTURA : REFORMA : MIÉRCOLES 1 DE DICIEMBRE DEL 2004

Retrato de Goytisolo, el pájaro que ensucia su nido

“NUNCA HE TENIDO FE EN LA HUMANIDAD”

Advierte el escritos español que en México se vive una violencia latente

Por Daniel de la Fuente

Guadalajara.- Hace algún tiempo Juan Goytisolo recordaba que uno de los niños marroquíes
que comparten con él su vida acostumbraba llegar a la puerta de su estudio y atisbar
silenciosamente mientras él fingía estar atareado entre sus papeles.

El chiquillo, de escasos 3 años, entraba de puntitas y jugando con sus manos a hacerlas
castañuelas para irse directo al escritorio del autor y pedirle uno de esos dulces para la
garganta que Juan suele tomar. Ese mismo niño, ya cercano a los siete años, hoy se sube a
la cama del escritor al que tiene como padre y le empieza a gruñir mientras se esconde entre
las sábanas.

“¿Quién anda allí?”, le pregunta Juan siguiendo las reglas del juego, y el chiquillo responde:
“¡El ogro!”.

Recientemente, el pequeño cambió la respuesta. Cuando le hacen la pregunta “¿Quién anda


allí?”, él responde: “Bush”.

“Lo he vuelto ya un contrario al régimen estadounidense”, afirma con esa media sonrisa que
lo caracteriza, el autor de Señas de identidad, quien está por culminar su estancia en la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara, marco en el que rindió homenaje a su vida de pájaro
que ensucia su propio nido; de intelectual atento a la tradición, casi siempre para romperla;
de disidente ante el poder absoluto que todo lo destruye y de protesta ante la
discriminación.

Y es que, cuando le preguntan cuál considera que es su lugar en la literatura española,


Goytisolo no mide consecuencias. “Ninguno”, responde.

“Como dijo Edmond Jabès, mi lugar es una ausencia de lugar”.

Al autor de Juan sin tierra nunca le han preocupado demasiado sus críticos, tampoco dejar
discípulos.

“Me preocupan más mis antecesores, mi genealogía literaria, no dejar alguna herencia.
Cervantes no influyó realmente en la creación literaria española, sino hasta el siglo 20. ni
San Juan de la Cruz, ni José Ángel Valente, por mencionar dos autores, dejaron
descendencia. La Celestina no ha dejado descendencia”.

La prueba son sus libros. Reivindicación del Conde Don Julián, por ejemplo, es un ataque
feroz a la intolerancia y vacío intelectual de la época en que creció. Desterrada, no así del
corazón, su obra está regada por duros juicios contra ese país suyo intolerante a lo que
viene de fuera.

De allí la catástrofe cultural que vivió España y que convirtió a este país en un objeto de
contemplación más que un sujeto de contemplación.

“Sin embargo, hoy estoy contento porque Barcelona, por ejemplo, en cuatro años ha
recibido a 1 millón 500 mil personas, un hecho sencillamente impresionante. Pasear por
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Andalucía es contemplar a rumanos, ecuatorianos, magrebíes trabajando en nuestras


tierras. Barcelona se está volviendo más cosmopolita y eso me agrada”.

Sus juicios sobre la manera como han sido recibidos estos inmigrantes ya dio sus primeros
frutos: lo declararon persona “non grata” por señalar las condiciones de esclavitud en la
que viven.

“Reflexionando detenidamente sobre este fenómeno, creo que más que retomar su papel de
imperio España se está volviendo un centro de diversas voces y pensamientos. Lo de
imperio lo soñaba José María Aznar cuando se paseaba con Bush y Tony Blair.

“Hoy las cosas están cambiando: hay una generación joven que en lugar de pontificar van y
se especializan en árabe dialectal; la sociedad ha tomado en sus manos temas que antes
dependían de la Iglesia, como el divorcio, el aborto, la relación de pareja”.

El mismo escenario, pues, que anticipó en Paisajes después de la batalla, basado en su


experiencia en París.

Recientemente su mirada se ha establecido en México, donde le preocupa la preservación


del mundo indígena.

“Todas las comunidades indígenas deben hablar español, sin duda, pero me parece
necesario que México y, en general, América Latina, preserven su tesoro lingüístico. Cada
indio que muere es una biblioteca que muere con él, decía Fernando Benítez, y es cierto.

“México es un país tan mestizo y complejo que no puede darse a la búsqueda de una pureza
castiza (...).

“México es muy complejo. El día que llegué al aeropuerto compré un diario donde venía el
linchamiento de los policías: hay violencia latente muy fuerte en México, hay frustración;
perviven las desigualdades sociales, la marginación de las comunidades. Creo que en este
sentido debe haber una mayor participación de la sociedad civil, porque los países sólo
cambian si se moviliza la sociedad”.

¿Volverá Goytisolo a su faceta de viajero, de cronista de la barbarie?


“No, después de mis experiencias en Sarajevo, Argelia y Chechenia mi capacidad de
presencias el horror se ha agotado. Pero, qué más da: nunca he tenido una gran fe en la
humanidad”.

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