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[75] Sobre las intenciones de la muerte de Jesús 1


1786 2

1.) Real y premeditada.


a.) Salvación corporal de los judíos.
b.) Explicación y determinación de la intención de su misión y de su doctrina.
c.) Prueba de su doctrina. Sobre ésta se apoya la resurrección.
d.) Establecimiento de su doctrina. Tras la muerte de Jesús, la doctrina era: i)
probada. ii) determinada. Recién entonces podía ser, pues, establecida esta
doctrina; recién entonces había ecclesiam Christianam.
e.) Propagación de su doctrina. Juan XI, 42. Nada podía despertar tanto la
atención del mundo como una tal muerte de Jesús.
f.) Era de la esencia de la religión de Jesús tener necesariamente un fundador
crucificado. a.) ¿Cuál es esta esencia de la religión?: El convencimiento en
virtud de los fundamentos de la razón y no (otra vez) en virtud de la fuerza
(coacción) de los fundamentos. Entusiasmo por la verdad y por lo espiritual.
Desarraigo de la sensibilidad. Particularmente para estimular las dulces
inclinaciones de los seres humanos, bondad, mansedumbre, condescendencia.
b.) ¿Habrían sido éstas despertadas sin la muerte de Jesús? La misión divina
1
Traducido de Ueber die Absichten Todes Jesu, en J. G. Fichte, Gesamtausgabe, II, 1,
Academia de Ciencias de Baviera, editado por Reinhard Lauth y Hans Gliwitzky, Editorial
Friedrich Frommann (Günther Holzboog), Stuttgart – Bad Cannstat, pp. 75-98. Esta
traducción forma parte del proyecto FONDECYT No 1030365.
2
Este texto de Fichte quedó inacabado y pretendía servir para convencer a las autoridades
religiosas de permitirle rendir el examen final de teología con lo cual podría ser pastor y al
cual, por falta de recursos económicos, no se había podido presentar en 1784. Fue
redactado el año de la querella sobre el panteísmo, responde al ataque racionalista contra el
cristianismo contenido en una serie de fragmentos de una obra de Hermann Samuel
Reimarus, titulada originalmente (Apologie oder) Schutzschrifft für die vernünftigen
Verehrer Gottes, publicada por Lessing entre 1774 y 1778. Este último año publica Von
dem Zwecke Jesu und seiner Jünger. Estos fragmentos produjeron una controversia en la
Alemania del S. XVIII, la así llamada Fragmentenstreit (Johann Melchior Goeze, Johann
Salomo Semloer y otros), controversia a la cual Fichte hace alusión en Apellation an das
Piblikum über die durch ein Kurf. Sächs. Confiscationsrescript ihm beigemessenen
atheistischen Aeuserungen. Eine Schrift, die man erst zu lesen bittet, ehe man sie confiscirt.
Fichte tuvo que suspender sus estudios de teología en 1784 por razones económicas. En los
siguientes años como preceptor privado, hasta el inesperado éxito de su Versuch einer
Critik aller Offenbarung en el año 1792, que decidió su ulterior vida y que debía conducirlo
en otra dirección, Fichte buscó terminar sus estudios y obtener un puesto de pastor en
Sajonia. Debe verse, pues, el presente texto en conexión con esta intención.
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de Jesús debía ser probada. Si esta misión hubiera sido probada, sin
presuponer por qué medios lo hubiera sido, entonces también su religión
habría sido simultáneamente establecida. Él habría obtenido abundante
concurrencia; pero, ¿por qué? ¿porque sus doctrinas eran verdaderas? ¿porque
eran por ello convincentes? ¡No! Porque él era el Mesías. Sería entonces una
religión meramente exterior, no habría sido una religión del corazón. Y estos
discípulos de Jesús con el corazón sin enmendar, ¿qué habrían emprendido?
Tumulto, desorden, habría surgido una monarquía, y no una religión.
Justamente lo que surgió con Mahoma. c.) ¿En qué contribuyó la muerte de
Jesús para alcanzar este fin? i) Jesús debía mostrarse que él estaría allí. Él
tenía al menos que hacerlo saber de tal manera que su existencia podía ser
probada convincentemente. Él tenía que enseñar a unos pocos por sí mismo, a
fin de hacerlos aptos para una amplia propagación de su doctrina. Luego tenía
simplemente que abandonar la escena y, por las razones arriba señaladas, no le
estaba permitido esperar la plena claridad de la convicción. Y, ¿cómo debía
abandonar la escena? ¿Desaparecer sin que nadie supiera cómo y a dónde? En
ese caso todo se habría acabado. Los discípulos, el mundo, [76] no sabrían a
qué atenerse. Habrían por largo tiempo soñado y despertarían ahora de ese
sueño a la más terrible incertidumbre. ¿Subir al cielo visiblemente y ante los
ojos de todos? Ellos estaban ahora por cierto convencidos de su misión
divina, pero sus prejuicios no estaban todavía extirpados, no estaban todavía
suficientemente instruidos. Habría sido nuevamente una religión de la boca 3 ,
una religión imperfecta y en absoluto la religión de Jesús. Pero el que Jesús
haya muerto y que luego haya resucitado, entonces los prejuicios fueron
destruidos desde sus fundamentos, la misión divina de Jesús quedaba probada
indiscutiblemente, los corazones de los discípulos fueron súbitamente
esclarecidos y toda la simiente, que se encontraba en ellos, germinó. ii.) El
carácter de la religión de Jesús y el carácter de Jesús mismo obtenían por ello,
si Jesús no aparecía tras su resurrección, un cierto claro-oscuro que era
esencial a la convicción cristiana. La convicción no les fue arrancada, esto
habría sido contrario a la religión de Jesús y no habría vuelto a nadie cristiano,
pero ellos podían así ser convencidos por la bondad de su propio corazón. iii.)
La religión de Jesús debía y tenía que fundarse sobre la alta estimación del
fundador de la misma, no empero sobre una estimación terrestre, sino sobre la
alta estimación de su espíritu y de su corazón. También un fundador sufriente
de una religión suscitaba su ternura y en virtud de la tierna inclinación gana el
entendimiento, la confianza en Jesús y sobre todo el corazón. El cristianismo
es una religión de almas buenas.

3
Isaías, 29, 13; Mateo 15, 7,
3

g.) Cristo fue de este modo un modelo y una imagen por excelencia de la
virtud que su religión enseñaba: la resignación a la voluntad de Dios, la
paciencia, la mansedumbre, el amor a los enemigos.
h.) Por este medio, muchas doctrinas, principales y esenciales de su religión
fueron aclaradas y fueron probadas las sabias intenciones de Dios relativas al
destino de los seres humanos en el mundo. No siempre tenía que irle bien a lo
justo en este mundo. Resurrección e inmortalidad.
i.) Un ejemplo respecto de los destinos que los cristianos tenían que encontrar
al principio y una exhortación a imitarlos: 1. Pedro, II, 21.
k.) Él experimentó cómo es la pasión del corazón, en vistas a su misericordia.
Hebreos 4 .
2.) Algo que sólo le es atribuido metafóricamente
La muerte y la resurrección de Jesús eran necesarias para el establecimiento de
la religión cristiana: eran causas sine qua non, eran el establecimiento
propiamente tal del cristianismo.
[77] Así, pues, lo que puede ser dicho en general de la religión de Jesús puede
igualmente ser dicho metafóricamente de la muerte y de la resurrección de
Jesús.
¡El pensamiento de que Jesús sacrificó su vida para establecer el cristianismo,
nos tiene que prevenir totalmente en favor de la dignidad del cristianismo,
totalmente en favor de su fundador! Ningún pensamiento puede ser más
importante, más tranquilizador, que más eleva el corazón, que más anima,
para un cristiano, ninguna expresión puede ser más fuerte para él, que la que
de allí es asumida.
De allí el uso metafórico da la muerte, de la sangre, de la pasión de Jesús,
para la religión de Jesús.
1.) Abolición de las leyes judías.
2.) Aniquilación de otras religiones paganas.
3.) Reunión de estas dos religiones y del mundo en general.
4.) Propagación de conceptos correctos respecto de las exigencias de Dios a
los seres humanos en cuanto a la perfección moral, reconciliación y
sacrificios, en cuanto a su cólera, su justicia y su castigo.
5.) Mejoramiento del estado moral de la humanidad.

4
Hebreos, II, 18.
4

6.) Propagación de la felicidad más pura y mejor.


Todas estas consecuencias de la religión de Jesús son también consecuencias
de su muerte, porque esta religión sin esta muerte no podría haber sido
establecida y hay en el corazón una fuerte imagen a pensar todas estas cosas
como habiendo sido adquiridas gracias a la muerte de Jesús.
Se puede, pues, decir:
1.) que la muerte de Jesús ha abolido la ley judía o, según el lenguaje de la
Biblia, que aquélla nos ha liberado de ésta. Aquí corresponde Romanos, III,
24; 1 Corintios, I, 30; Liberación: Galatas, III, 13 y 4, 5.
2.) que la muerte de Jesús ha liberado a los paganos de su religión pagana.
aquí corresponde 1 Pedro, 1, 18-19.
Todo esto es atribuido en la Biblia a la religión 5
3.) que la muerte de Jesús reúne a paganos y judíos: Efesios, II,13.
4.) que la muerte de Jesús nos vuelve justos a los ojos de Dios, en tanto la
adopción de la doctrina de Jesús, la cual fue establecida por la muerte de
Jesús, es lo único que Dios exige de nosotros, sin considerar toda nuestra
propia justicia. Aquí corresponden todos los pasajes sobre remisión,
justificación, hacer lo justo, (y otros) Mateo, XXVI, 28; Romanos, III, 24, 25;
IV, 25; V, 6, 10, 18, 19; 2 Corintios, V 19 y 21; Efesios, I, 7; 1 Juan, II, 12; 1
Pedro, I, 2. Que Jesús ya se sacrificó por nosotros, que no son necesarios
ningún sacrificio ni expiaciones más. A ello se refieren las expresiones en la
Epístola a los Hebreos, donde Cristo es llamado Gran Sacerdote, y
particularmente VII, 27; IX, 13, 14; X, 16, 17, 18 6 ; y también donde se
significa que él se entregó, que la muerte de Jesús ha abolido la cólera y el
castigo de Dios. Aquí corresponde Isaías, LIII 7 y todos los pasajes donde se
habla de castigo y cólera 8 .
5.) que la muerte de Jesús nos ha liberado de la posibilidad de pecar y ha
extirpado el pecado objetivo, hoc patet en Juan, XII, 31; Tito, II, 14; 1 Pedro,
II, 24; cf. varia loca 1 Juan, III, 8.

5
En el margen, junto a 1.) y 2.) sin nota.
6
Precisamente en Hebreos, 7, 26; 9, 11: 19, 21: Cfr. también 2, 17; 4, 14, 15; 5, 1-10.
7
Isaías 53, 5.
8
Entre otros lugares en V Tesalonicenses 9, 10.
5

[79] Nota Bene. A menudo estos dos puntos de vista, 4 y 5, son presentados
juntos. Aquí corresponde Isaías LIII 9 ; Juan I, 29; 1 Pedro III, 18; 1 Juan, I, 7 y
II, 1. 2
6. que la muerte de Jesús nos ha hecho felices. Aquí corresponden las
expresiones para vosotros, es decir, para vuestro bien, y Juan VI, 51.
Precisamente estas cosas son dichas de la misión de Jesús en el mundo, de la
resurrección de Jesús, y así ulteriormente, y están también aquí justamente en
forma metafórica, Pars pro toto.
El pensamiento según el cual la aprobación de la divinidad podía ser ganada
sólo en virtud de una probidad exterior era un pensamiento humano. De allí
proviene el esfuerzo de los judíos por satisfacer la ley y de los paganos por
vivir según una probidad exterior. Ellos creen perder la aprobación de la
divinidad al quebrantar la ley y se esfuerzan por recuperarla mediante
sacrificios. El cristianismo les dice simplemente: Dios no exige la justicia
exterior de las obras, tampoco sacrificios o expiaciones, aquél que fue un
Cristo ha hecho suficiente para Dios y Dios está ahora satisfecho. Esto es
justificación. Avancemos, pues, hacia las gradas del trono 10 .
Mejor disposición para una nueva versión
1.) ¿En qué radica la esencia de la religión cristiana? En la convicción del
entendimiento, pero en una convicción calurosa y fecunda que tiene su origen
en el corazón, en la bondad y la benevolencia del corazón. Es una religión de
almas buenas.
2.) ¿De qué manera tiene que ser probado, pues, el cristianismo? a.) No debe
ser demostrado rigurosamente ni el entendimiento debe ser forzado. Esto
habría sido una mera religión del entendimiento, una mera ciencia, sino que
debe ser probada correctamente, de tal manera que al corazón le reste algo
por hacer. b.) Debía ser recomendada no por su aspecto exterior y [80] no por
alguna intención carnal, sino en virtud de bondad interior.
3.) ¿Habrían podido ser alcanzadas estas intenciones sin la muerte de Jesús? O
bien Jesús no podía por su vida extirpar los prejuicios y convencer al mundo
de su misión divina y de la verdad de su doctrina y así su vida y su muerte
serían lo mismo, él viviría entonces en vano para su meta final; o bien él
podría conseguirlo. Si podía, sin presuponer por qué medios, entonces su
doctrina estaba establecida, y tan pronto lo hiciera, alcanzaría la aprobación
universal. Pero, ¿por qué? ¿Porque se reconocía la verdad de su doctrina y
9
Esaías 53, 5, 6, 11, 12.
10
IV Hebreos, 16.
6

había penetrado entendimiento y corazón, o más bien porque él era el Mesías,


así, pues, para agradarlo? Sería entonces, nuevamente, una mera religión de la
boca, exterior, pero no cristianismo. La convicción de que se trataba del
Mesías los habría forzado a darle su aprobación, pero no habrían sido ni
esclarecidos ni vueltos mejores. Se trataría de una religión mahometana. Y,
¿qué habría emprendido esta gente que no se ha vuelto mejor reunida bajo un
jefe? Desorden y rebelión. Habría surgido una monarquía o su decadencia.
4.) ¿Fueron alcanzados en virtud de la muerte de Jesús? No le estaba
permitido a Jesús, pues, esperar el día del convencimiento. Él tenía que
retirarse al alba de ese día. Él tenía que esperar hasta que su existencia fuera
probada, hasta haber conseguido llamar la atención y que los datos que
probaban que él era el Mesías estuvieran presentes. Tenía en ese momento que
retirarse. Él no podía por sí mismo establecer su religión, tenía que dejarla
establecer por otros. y, ¿cómo debía ocurrir ese retiro? ¿Por una desaparición
repentina sin que nadie supiera cómo y a dónde? Por este medio se habría
suscitado estupor e incertidumbre, se habría aniquilado todo lo instaurado. ¿O
bien por una ascensión pública al cielo? Por este medio, por cierto, su misión
habría sido probada, pero, por una parte, todos estos prejuicios todavía no
habrían sido extirpados, la nación judía no habría sido preservada, sus
discípulos no habrían sido instruidos; por otra parte, esta prueba era de nuevo
demasiado fuerte, demasiado violenta, contradice la naturaleza de la
convicción cristiana. Sin embargo, que Jesús muera y luego resucite, que no se
deje ver públicamente, de este modo él abandona el escenario, su doctrina
estaba probada, pero, a.) su prueba no era irredarguible. Exige esfuerzo,
reflexión propia, investigación rigurosa y, por cierto, alguna bondad de
corazón para captarlo. Y quien lo capte y, obligado en virtud de ello, acepte la
religión, la acepta por mor de sí mismo, sería una convicción racional. b.) Los
más dulces sentimientos del corazón se encontrarían, así, suscitados respecto
de Jesús: admiración, amor, inclinación, ternura, confianza, [81] la alta estima
por su carácter, la alta estimación por una religión ganada a tan alto precio.
Ejemplo de los judíos, Hechos II, 37. c.) Los cristianos obtenían en virtud de
esta muerte y de la gran respetabilidad de Jesús el más eminente ejemplo de
virtud que constituía la esencia del cristianismo: resignación a la voluntad de
Dios, paciencia, mansedumbre, sacrificio por el bien del todo, amor a los
enemigos, una mirada profunda en el corazón de los seres humanos, lo cual les
fue particularmente indispensable en la persecución que tuvieron que soportar
al principio. 1, Pedro, II, 20. d.) La historia de Jesús era la prueba y la
explicación de muchas doctrinas completamente propias del cristianismo, de
las orientaciones particulares de Dios y de sus caminos para la consecución de
7

sus orientaciones respecto del destino de los piadosos aquí abajo; resurrección,
inmortalidad, que les fueron tan necesarias en sus circunstancias individuales.
Disposición de la segunda sección
A.) 1.) Lo que puede ser dicho del conjunto de la religión cristiana, puede ser
dicho también de la muerte y de la resurrección de Jesús. Esto no necesita,
según lo anterior, ninguna prueba.
2.) Es particularmente elocuente, fuerte y sensible decirlo de la muerte de
Jesús. Conmueve el corazón, nos vuelve el asunto importante, grande y
aceptable. Ejemplo.
B.) ¿Qué se le atribuye en la Biblia a la religión cristiana en particular?
a.) ¿Con qué expresiones es descrita en la Biblia y qué es propiamente el
cristianismo? i.) La expresión de la Biblia es fe; ¿hay otros significados que
esta palabra también tiene y que hay que distinguir? ¿Hay que señalar lo que
significa? ii.) fe o cristianismo significa: adhesión vital a las doctrinas de Jesús
y disposición de corazón a lo que exigen estas doctrinas. Una vida
conveniente a estas doctrinas se sigue por sí mismo.
b.) A esta fe o a esta religión cristiana se le atribuye, pues, la abolición de la
religión mosaica. La totalidad de las epístolas a los Romanos y a los Gálatas
trata de esto.
c.) Abolición de las religiones paganas.
d.) Reunión de estas dos religiones. Debe haber un rebaño y un pastor, nunca
muchos.
[82] e.) Justificación ante Dios. De ello trata Pablo en Romanos y Gálatas ex
profeso, especialmente en Gálatas II, 16, 17. Desarrollo del concepto de
justificación. Era un pensamiento humano universal que la aprobación de la
divinidad sólo podía ser adquirida por la justicia (y esto lo entendían
meramente de la justicia civil y exterior; el mejoramiento del corazón y el
esclarecimiento del entendimiento les eran cosas desconocidas). De allí el
esfuerzo de los judíos por satisfacer las leyes, y el de los mejores paganos por
vivir tan virtuosamente como podían. Creían perder la aprobación de la
divinidad al transgredir la ley. De allí las purificaciones, expiaciones, los
sacrificios, por los que querían satisfacer a Dios por los pecados cometidos,
entre los judíos y en las primeras de las mejores religiones paganas. La
religión cristiana, porque esto satisfacía sus fines, les decía simplemente:
8

Ellos no podían (sin un mejoramiento fundamental de su alma) ser justos (eran


todos conjuntamente pecadores 11 ), Dios no exigía en absoluto de ellos una tal
justificación por las obras.
Del mismo modo como tampoco exigía sacrificios y expiaciones por pecados
del pasado.
Quien se volviera un cristiano, agradaría a Dios, no requeriría ningún
sacrificio por pecados del pasado, Dios ya no se irritaría por sus pecados, eso
terminó y tanto como si nunca hubiera ocurrido. Él estaría justificado. ya no
habría otro pecado que la carencia de fe. Juan 16, 9.
En virtud de la sublime religión de Jesús habría también sido suprimida la
justificación por las obras. Si adoptan la religión de Jesús les vale la
justificación. Jesús, el fundador de esta religión, les habría procurado esta
justificación. Aquí no hay nada esencial, excepto mera opinione.
Todos los pecados pasados. Jesús había, pues, redimido estos pecados.
Nuevamente opinione illorum.
Sacrificios y purificaciones. La adopción de la religión de Jesús era el
sacrificio que exigía Dios. Nuevamente accommodatio.
La cuestión queda sin decidir, porque ella no toca al fin y porque la respuesta
a esto sólo interesa al entendimiento más sutil.
1.) Si acaso los seres humanos pueden ser, en general, mejores de lo que son,
o si acaso Dios se irrita al respecto, o si acaso se ha irritado antes con ellos, si
no lo son. Y ciertamente el Nuevo Testamento habla menos de cólera, de
furor, de venganza de Dios, y éste mismo explica [83] que al menos el Cristo
no puede en absoluto pecar. Una respuesta más clara a la cuestión habría sido
perjudicial.
2.) Si Dios redime a los cristianos de los pecados del pasado a cambio de un
efectivo y real sacrificio o gratuitamente. Y por cierto la Escritura habla a
menudo de la gracia de Dios.
Esta justificación no es, pues, en absoluto real, sino una mera idea para la
tranquilidad de quienes reconocen su imperfección moral.
f.) Mejoramiento del estado moral de la humanidad. Jesús ha aparecido para
destruir las obras del demonio.
g.) Propagación del estado más puro y más feliz, lo cual se sigue de todo lo
anterior.

11
III Romanos, 23.
9

Todas estas consecuencias de la religión de Jesús son también consecuencias


de su muerte, y conmueve más presentarlas desde esta perspectiva. Justamente
esto puede ser dicho también de la misión de Jesús en el mundo en general, de
la resurrección de Jesús, de la ascensión de Jesús, y de lo demás, con toda
congruencia.
O bien podemos observar la ley de Dios, o bien no podemos.
Si podemos y nos decidiéramos libremente a no observarla, entonces un Dios
justo no puede sino serlo, entonces tiene que castigarnos. Castigar a un
inocente es una injusticia.
(Sobre las intenciones de la muerte de Jesús) 12
Erróneamente comprendida, esta proposición es tan falsa y tan absurda, que
acaso pueda ser la proposición de un ser humano razonable. Jesús no murió
propiamente de una muerte de mártir, y no es posible para un enviado de Dios
una muerte de mártir, en él la muerte no prueba nada, ella refuta todo.
Ninguna muerte de mártir puede en general probar que algo es una verdad
efectiva; bajo ciertas condiciones, sólo puede probar que el mártir tenía
efectivamente algo por verdadero. Así, pues, la muerte mártir del hombre
justo sólo prueba que él estaba fuertemente convencido de la verdad de sus
afirmaciones. Si Jesús no hubiera sido efectivamente el Mesías, si no hubiera
sido efectivamente un enviado de la divinidad, entonces uno no se puede
imaginar hasta qué punto su carácter sería oscuro y horrible; y no hay aquí
ninguna salida*, como algunos presumen, o bien él era el hijo de Dios y el
[84] Mesías prometido, o bien era el más grande malvado sobre la tierra. La
proposición capital de la religión judía era que habría un Mesías en el futuro,
Dios tenía que satisfacer esta profecía, tenía que mantener esta creencia y
defenderla contra toda falsificación. Si Jesús se hubiera hecho pasar por este
Mesías sin serlo y se lisonjeara con un resultado feliz, entonces negaría en
virtud de estos pensamientos toda la religión, negaría la providencia de Dios
sobre el mundo, creería poder engañar impunemente bajo el nombre de Dios,
negaría la divinidad misma. Si tuviera éxito en su empresa, si fuera tomado
por el Mesías, entonces frustraría todas las acciones del verdadero Mesías por
venir y por este medio volvería a éste un impostor. Arrebataría a la humanidad

12
Aquí comienza la redacción propiamente tal de la obra, faltan los capítulos 1 y 2 y el
comienzo del 3.
* Al margen: Este pensamiento es la fuente más abundante de todo naturalismo. Pocos se
han atrevido a negar la justicia de Jesús. Pero creen que congruente con esta justicia Él
podía haberse hecho pasar por el Mesías. Este dilema es la prueba más fuerte en pro de la
verdad de la religión cristiana.
10

las enseñanzas del verdadero Mesías y pondría las suyas en el lugar de las de
éste. Privaría a la humanidad del único medio de volverse mejores, atentaría
contra lo que ella tiene de más noble. Si tuviera la religión judía por divina,
entonces lucharía contra la divinidad, por cuanto querría eliminar esta religión
y colocar la suya en lugar de aquélla; si no la tuviera por divina, entonces sería
un negador de la religión * . Y un hombre de una disposición tan siniestra y de
tan malignos proyectos, ¿acaso no debía ni por un instante rehusarse a morir,
si hubiera podido escapar a la muerte no de otra manera que por la revelación
de su horrible carácter y por la confesión pública de su infame intención? Y
esta confesión pública de su infamia, ¿acaso lo habría liberado también de su
muerte? ¿Acaso más bien no habría encendido, con nueva furia, la ira del
pueblo, que todavía tenía dudas respecto a él, por cuanto todavía no estaba del
todo decidido por qué había de prenderlo en realidad? ¿Acaso no habría vuelto
más bien su muerte incomparablemente más horrible, más infame y más
penosa? La muerte de Jesús, pues, por sí misma no prueba que él no era un
impostor, un impostor tendría que haber muerto de esa muerte. ** ¡Pero todavía
más! La muerte de Jesús prueba irredargüiblemente en sí y por sí (a saber, si
Jesús permanece en esa muerte) que era un impostor, un enemigo de la
divinidad. Él no predicaba su doctrina, él no invocaba sus pruebas en favor de
la verdad de aquélla; esta doctrina no es mía sino del padre que me ha
enviado, no me creáis a mí, creed al padre, que da testimonio de mí 13 . Él
invocaba, pues, el testimonio inmediato de Dios, Dios mismo [85] debía
confirmar su doctrina en virtud de la acción de su omnipotencia. Él tenía
todavía proyectos más grandes. Su doctrina debía ser propagada por toda la
tierra, y moría en la cruz de la muerte más infame y más horrible sin haber
llevado a cabo lo más mínimo de su gran plan. O bien Dios no tenía que poder
hacer nada por el bien del mundo, sus planes, los más grandes, los más
universales, preparados desde hace muchos siglos, tenían que poder ser
anulados en un instante por algún ser humano impotente, o bien Jesús
ciertamente no era el Mesías y su horrible muerte era la voz de Dios a los
seres humanos: ¡no le crean, es un impostor! ***
No, la muerte de Jesús, por sí misma, no prueba nada, ella refuta. Pero esta
muerte era el camino hacia su resurrección, sin los sufrimientos de la muerte

* Al margen sin referencia: “latinus hoc enucleandum. est enim postulatio principii,
Judaeam religionem divinam fuisse”. (Esto debe ser mejor examinado, es una petición de
principio decir que la religión judía era divina).
** Al margen sin referencia: “Prueba extraída de la historia del pseudo-mesías, que padeció
por ello la misma muerte”.
13
XII Juan 49; XIV, 24.
*** Al margen: “ Justamente esto dice Pablo I Corintios, 15, 14, 15, 17, 19, 29.
11

era imposible la gloria de la resurrección; y esta resurrección es la prueba más


rigurosa y la más irredarguible de la verdad de su misión divina. Todos los
milagros que Jesús realizó durante su vida pueden volverse sospechosos. Estos
milagros fueron atribuidos por los judíos incrédulos a un pacto con el
demonio, efectos de la magia, serán atribuidos por los nuevos incrédulos a
medios terapéuticos naturales, a artificios, a convenciones, a supercherías.
Pero, si Jesús estaba ahora ciertamente muerto, si todas sus fuerzas estaban
abatidas, entonces no podía resucitar en virtud de magia, pues según la
concepción de los judíos se habría requerido de la influencia de la voluntad, y
tampoco podía atribuirse al demonio el trastorno de despertar de la muerte, ni
tenían lugar tampoco aquí embaucamientos ni medios sobrenaturales, él
mismo ya no podía hacer nada al respecto. Si él estaba nuevamente vivo,
entonces Dios lo había vuelto a la vida y confesaba de este modo ante todo el
mundo que él lo protegía, que aprobaba y que promovía sus intenciones.
Mientras Cristo todavía vivía, se lo veía con una inevitable ilusión de los
sentidos. Sin Dios, él no podía, ciertamente, realizar ningún milagro; pero esto
es un juicio del entendimiento, no un juicio de los sentidos. Él lo hizo, él es
visto, esta es una causa, una causa visible, esto es suficiente para la
sensibilidad. Sus fuerzas oscurecen las fuerzas de la divinidad; ellas tenían que
ser aniquiladas para que apareciera el poder de la divinidad. Pero si Jesús es
muerto, y ahora [86] resucita, sin que se vea una causa exterior **** , sin que se
vea qué exterior lo resucita, entonces, aquí los sentidos carecen de juicio, aquí
el entendimiento tiene que pensar: aquí está sin duda el dedo de Dios 14 . La
resurrección de Jesús propiamente no era nada más que el más pequeño de sus
milagros, ambos eran pruebas visibles de que la divinidad lo amparaba y
testimoniaba en favor de su doctrina. Pero en esta resurrección había más
fuerza probatoria, para el corazón de los seres humanos, que si Jesús hubiera
resucitado a todos los muertos en Judea. Todas las pruebas en favor de Jesús
han sido puestas bajo sospecha, pero respecto de ésta se ha sentido la
obligación de negarla. Aquí había una apelación de Dios a la humanidad que
no se podía desconocer. La resurrección de Jesús habla más fuerte que la voz
tonante: “este es mi hijo amado, en quien tengo mis complacencias” 15 .

**** Al margen: “Por esto la resurrección de Jesús debe adscribírsele al mismo Dios. Nada
prueba lo contrario, I Juan 19. Cristo endereza sin duda su mismo cuerpo en virtud del alma
resucitada por Dios. Según X Juan 18, Cristo tenía la posibilidad de tomar la vida que Dios
le había devuelto.
Aplicación a otras resurrecciones, a la que tuvo lugar por los huesos de Eliseo, etc. [87]
ello la resurrección de Jesús
14
“ Reyes, 13, 21.
15
III Mateo 17.
12

Y también Jesús considera desde esta perspectiva su muerte y la resurrección


posibilitada por ella, Juan 2, 19; Corintios 8, 28; Corintios 14, 19, 20, ibid.
v.31. Desde esta perspectiva él llama glorificación de su nombre y del nombre
de Dios, Juan 12, 23. Justamente lo mismo en 27, 28; Corintios, 13, 31, 32, 33.
Sobre esta resurrección de Jesús siempre fundan los apóstoles la verdad de su
doctrina, Hechos, 13, 33.
Así, pues, Jesús murió para poder resucitar y, en virtud de esta resurrección,
[87] para probar la verdad de su misión divina de la manera más convincente.
¡Oh Dios! ¡Cuán sabio, cuán digno de veneración te muestras también en esta
disposición!. Lo que debía ser la desaparición de tu hijo Jesús, la aniquilación
de sus intenciones, se convierte en la promoción de ésta. ¡En virtud de su furor
el infierno promueve el objeto de su furor y funda tu victoria, en tanto
conduce la guerra contra ti!
Estas eran ventajas externas que la religión de Jesús sacó de su muerte. Por
este medio, esta religión estaría protegida contra objeciones si la nación judía
hubiera parecido desaparecer con ocasión de la muerte de Jesús; ella estaría
explicada, estaría probada. Sin embargo, la misma intimidad de esta religión
exigía un fundador asesinado. Así, pues, Jesús murió.
4.) ¿Por que la esencia de la religión de Jesús exigía su muerte?
El cristianismo se distingue de una manera completamente peculiar de todas
las otras religiones del mundo. Es la única que no tiene nada que ver con lo
externo, es la única religión del corazón. Para ella, el perfeccionamiento del
ser humano en su totalidad es, según ella, culto a Dios, y su meta más elevada
es el esclarecimiento del entendimiento y el mejoramiento del corazón.
Esclarece el entendimiento, pero no en virtud de sutiles y profundas
consideraciones pensadas y pruebas rigurosas. Esto la haría una religión para
unas pocas buenas cabezas, esto la haría una mera ciencia, esto instruiría a
sus discípulos con más rigor que justicia, esto además, porque tendría menos
influencia en lo práctico, contribuiría menos a la felicidad de sus particulares
miembros y del mundo en general. Esta religión lo esclarece en tanto lo
enardece por medio del corazón, y la verdadera convicción de su verdad tiene
siempre que surgir de la bondad de nuestros sentimientos; así como la
corrupción de estos sentimientos siempre será una causa de que retengamos
nuestra aprobación respecto de ella. Sus pruebas son correctas y satisfactorias
para el espíritu de investigación más sutil, pero ellas no se imponen, tienen
que ser buscadas. Del mismo modo considera Jesús muy a menudo su religión,
Juan 3, 20, 21; Corintios, 8, 47; Mateo 13, 1-8. La convicción cristiana [88]
presupone, pues, ya una cierta pureza del corazón y en virtud de sus verdades
13

el corazón mejora cada vez más. El mejoramiento de estas dos características


del ser humano tiene que avanzar al mismo paso, y ninguna debe adelantar a
la otra, sino que deben amigablemente tenderse la mano. Las verdades de esta
religión son de tal índole que tienen que llenar el corazón con todos los
sentimientos de bondad y benevolencia, y estos sentimientos tienen que darle,
a su vez, nueva fuerza a nuestro reconocimiento y a nuestra convicción
respecto de esas verdades. Es una religión de corazones buenos.
Si el cristianismo es del todo religión interior, religión del alma, entonces sólo
el reconocimiento y la convicción de ésta puede ser la única fuente de su
adopción. Todas las causas externas y carnales para su adopción tienen que
ser suprimidas; en caso contrario no es una religión del corazón, sino que será
una religión del mundo. El cristianismo, pues no podía
1.) ser promovido por ningún móvil exterior sin cesar de ser cristianismo. Si el
cristianismo no es una mera religión del entendimiento, si su meta final no es
meramente aguzar nuestro entendimiento, sino enardecer nuestro corazón,
rectificarlo y, en virtud de ello, perfeccionar toda nuestra naturaleza, entonces
el cristianismo sí podía.
2.) propagarse, en virtud de agudas demostraciones, en virtud de
irredargüibles pruebas sensibles o inteligibles, y la convicción no podía ser
forzada, sino que las pruebas tenían que poner en obra nuestro sentimiento
interior de verdad y de bien así como también el corazón.
Si el cristianismo debía suscitar particularmente las suaves y tiernas
inclinaciones del corazón, entonces era
3.) necesario que la índole de su establecimiento y de demostración contuviera
mucho de tierno y que inflamara de nobleza.
La consecución de estas intenciones era imposible sin la muerte de Jesús. O
bien Jesús no podía convencer por su vida, extirpando prejuicios, de la verdad
de su misión divina y de su religión y, entonces, era su vida muerte, y
entonces vivía en vano para su meta final; o bien, podía conseguirlo. Si lo
podía, sin examinar ahora por qué medios, entonces sin duda su doctrina
estaba establecida tan pronto como lo hizo y encontró aprobación universal.
Todos habrían corrido hacia él y habría profesado su doctrina. Pero, ¿por qué?
¿Porque se reconocía la verdad, la equidad, la divinidad la belleza de su
doctrina y porque el entendimiento y el corazón habían sido penetrados? O,
más bien, ¿porque se lo reconocía como el Mesías y se estaba, pues, obligado
a aprender y a repetir de memoria sus dogmas? En ese caso uno se habría
vuelto un cristiano [89] no por convicción, no con entendimiento, sino para
agradar a Jesús. Sería de una religión de memoria, una religión de la boca,
14

pero no una religión del corazón, habría llegado a ser un cristianismo como el
actual, donde también nacimos como cristianos y somos constreñidos por la
sociedad a permanecer como tales, y esta religión habría sido establecida ya
con la corrupción en la que cayó recién después de siglos. También habrían
sido obligados a volverse cristianos en virtud de la obligación de
consideración al Mesías, pero no habrían sido ni ilustrados ni mejorados. Aquí
la causa sería exterior, así como también el efecto habría permanecido
exterior. Aquí la revolución habría sido demasiado rápida y el fruto habría
llegado a ser como pueden serlo todos los frutos precoces: habría sido por la
fuerza y habría adquirido la naturaleza de todas las plantas crecidas a la
fuerza. Paso por alto las consecuencias para el mundo de semejante
revolución, las empresas de un número fantástico de seres humanos y no
vueltos mejores que estuvieran reunidos bajo un jefe. Las mismas causas
producen los mismos efectos. Y la religión mahometana, cuyo fundamento
respecto a la perspectiva ética es por cierto tan bueno como el cristiano,
porque es la misma del cristianismo, ¿acaso no fue establecida de esta
manera? ¿y cuáles fueron las consecuencias?
Así, pues, Jesús mismo no podía establecer su religión, o bien no sería su
religión. La aprobación sería forzada por la aprobación y consideración a su
fundador; habría sido una religión exterior, de la memoria y de la boca. Él no
lo hizo así y tampoco era esa su intención, el sólo quería suscitar los móviles
que después operarían; él sólo quería esparcir la semilla que después debía
continuar desarrollándose, Mateo, 13, 31-32-33; Juan 12, 24. Sus discípulos
debían establecer su religión. Él tenía que aparecer en el mundo, él tenía que
suscitar la atención de los seres humanos, él tenía que realizar acciones para
probar su existencia y que era el Mesías. Pero no le estaba permitido esperar el
claro día del convencimiento, tenía que abandonar la escena al alba de ese día.
¿Y cómo debía ocurrir este abandono? ¿Por una repentina desaparición sin
que nadie haya sabido cómo y a dónde? Estupor, incertidumbre y angustiosa
duda se habrían apoderado del corazón de todos. Habrían [90] quedado más
presa de incertidumbre y de duda que antes. Habrían soñado por unos días
para despertar asustados y toda la semilla sembrada habría sido aniquilada en
germen. O bien, ¿por una ostensible ascensión pública al cielo? Este era el
medio más seguro para probar su misión ante todo el mundo, pero, ¿habrían
sido también por este medio extirpados los prejuicios? Y, si no fueran
extirpados, ¿no surgiría también así una gran incertidumbre y estupor? ¿Acaso
no permanecía de todas maneras la nación judía en peligro? ¿Habrían sido
enseñados así sus discípulos? ¿estaban de este modo preparados para conducir
su tarea infinitamente importante? O, lo que es todavía peor, ¿acaso no era
esta prueba demasiado fuerte, demasiado irredargüible, completamente
15

contraria a la naturaleza de la convicción cristiana? ¡No los volvía,


nuevamente, cristianos meramente exteriores y de boca? Pero si Jesús, el Jesús
eximio y digno de amor, moría públicamente en la cruz, cubierto de oprobio y
de desprecio, luego resucitaba, se dejaba ver sólo por testigos elegidos y no
por todo el pueblo, y abandonaba así la escena, entonces su doctrina y su
misión divina estaban irredargüiblemente probadas. * Pero
1.) todas las razones exteriores y los móviles carnales para adoptar esta
doctrina estaban completamente aniquilados, quien la adoptara sólo podía
hacerlo por mor de sí misma; así, pues, quien se volviera un cristiano, se
volvería un verdadero cristiano.
2.) sus pruebas eran irredargüibles, estaban fundadas y eran satisfactorias,
pero no se imponían. No se podían ver y oír, no se podía ser forzado en virtud
de fundamentos inteligibles, ni dejar que otros pensaran en lugar de uno, se
debía pensar por sí mismo, indagar y buscar por sí mismo, y esta indagación
tenía que ser guiada por el gusto por la verdad y el bien. Las pruebas estaban
envueltas en un cierto claroscuro. Jesús había sido el hombre más justo, más
noble, sus doctrinas eran recomendables desde toda perspectiva, pero él había
muerto de una muerte deshonrosa. Pero él hubiera podido escapar de esta
muerte, su hubiera querido actuar contra su conciencia, él había padecido
voluntariamente esta muerte por el bien del mundo. Él había resucitado, pero
no se había dejado ver públicamente, sólo sus discípulos lo habían visto, pero
sus relatos tenían tanto el sello de la honestidad y de la credibilidad que según
esto era muy verosímil que Jesús tenía que haber resucitado; una [91]
aparición pública habría sido perjudicial, habría sido contrario a sus
intenciones. Tales fueros estas pruebas. Quien no tenga los sentimientos de
nobleza, de lealtad y confianza, a quien las disposiciones de su corazón y los
placeres cuyo sacrificio exige esta religión le hagan odiosa y desagradable esta
doctrina, tendría que querer que es falsa, se queda en las peores apariencias, se
abstrae en ulteriores reflexiones para no ser convencido por ella en contra de
su voluntad, y la encuentra, como quería, falsa, y no profesaría una religión de
la boca que su corazón era incapaz de profesar. Quien sienta en su corazón
que no está de lo mejor consigo mismo, que necesita, enseñanza,
mejoramiento, instrucción, para él sería bienvenida una religión que le
prometa todo esto; sentiría que ella contiene lo que buscaba, desearía
encontrar la verdadera, atravesaría la envoltura exterior, sería convencido y,
tanto más indagara, tanto más sería convencido. Ningún impuro podía, pues,
entrar en el reino de los cielos. La cruz de Cristo era un escándalo y una locura

* Al margen: “Aquí se aclaran al mismo tiempo las razón por las cuales Jesús no apareció
públicamente tras su resurrección”.
16

para aquellos que se extraviaron 16 ; sin embargo, para aquellos que creyeron,
era fuerza divina y sabiduría divina. Ella reunió a los hijos de Dios que
estaban dispersos por el mundo, Juan 11, 52. La cruz de Jesús era la gran línea
de demarcación que separaba a los indignos de su comunidad.
3.) Tenía que conmover extremadamente el corazón de los cristianos el oír
hablar de un Jesús que había padecido todo lo que la humanidad tiene por
horrible, con el propósito el mundo se vuelva prudente, bueno y feliz, que se
había sacrificado por amor a cada uno de ellos. ** ¡Cuán grandemente divino,
más grande que si hubiera reinado desde un extremo de la tierra al otro, tenían
que ver al fundador de su religión, en esta representación! ¡Qué confianza
podían depositar, que no podían esperar con certeza, de quien da su vida por el
bien de la humanidad, ahora, dado que él gobernaba el mundo como el mismo
Dios! ¡Qué misericordia, paciencia y piedad respecto de sus destinos podían
esperar de quien había sufrido para devenir misericordioso y [92] un caro gran
sacerdote para Dios! ¡Cuán alta tenían que considerar una doctrina que Dios,
que Jesús había establecido en virtud de tan caro medio! ¡cuán alto debían
considerarse a sí mismos ante los ojos de Dios y de Jesús que había hecho
tanto por ellos! ¡Qué emociones, que ternura y amor, qué nobles sentimientos,
qué resoluciones inflamadas tenían que surgir en su alma! Esos son los
sentimientos que siempre los apóstoles buscaban despertar en el corazón de
los cristianos y con este propósito hablan siempre de muerte y sangre, y les
representan todas las ventajas de la religión desde esta conmovedora y
motivante perspectiva. Así, por ejemplo, los judíos fueron convertidos a la
religión cristiana por la representación motivante de que ellos habían
crucificado a Jesús, el Mesías, Hechos, II, 37.
4.) Los cristianos obtenían en el Jesús sufriente y moribundo el modelo por
excelencia de la virtud, que señalaba la esencia propia de la religión cristiana,
la resignación a la voluntad de Dios, la paciencia, la mansedumbre, el
sacrificio por el bien del todo, 1 Juan, III, 16, el amor a los enemigos, la
mirada profunda en el corazón de los seres humanos, Lucas XXIV, 32, véase
Juan XVI, 2, 3, virtudes que les fueron particularmente necesarias para el
destino que les estaba por suceder en el mundo. Todas estas son virtudes que

16
I Corintios, 1, 18.
** Al margen: “los primeros cristianos han tenido que ser entusiastas admiradores de Jesús;
y el asunto requería que lo fueran, y también nosotros todos todavía lo seríamos, si en
general no fuéramos criaturas frías e insensibles y vacías de todo sentimiento ante la
grandeza; y si la grandeza de Jesús no se nos hubiera vuelto completamente despreciable en
virtud de representaciones del todo erróneas y en virtud de la costumbre de quebrarnos la
cabeza en nuestra infancia, dado que todavía no la podíamos comprender”.
17

son muy difíciles para el corazón de los seres humanos, cuya posibilidad y
excelencia tienen que ser mostradas en un modelo, en un modelo amado y
altamente estimado; virtudes que se aprenden no de un fundador de una
religión feliz, honrado, que gobierne y reina, sino de uno perseguido, ofendido
e injuriado, 1, Pedro, II, 21. El éxito señala este resultado. Nada hacía a los
apóstoles, nada hacía a los primeros cristianos más perseverantes y más
confiados en sus sufrimientos; por eso nada los hacía más ansiosos de
sufrimiento que el anhelo de ser parecido a Jesús.
5.) La historia y el destino de Jesús serían explicaciones vivientes y pruebas
de muchas doctrinas propias del cristianismo, por entonces desconocidas y
cuyo acceso es difícil de encontrar. La muerte de Jesús, que era tan
desgraciada, tan terrible para la humanidad, que parecía tan contraria a los
designios de Dios, fue en las manos de Dios el medio más noble y más fuerte
para la que el mundo alcance la beatitud. ¡Qué mirada a las orientaciones y
caminos de la divinidad y a sus sabias intenciones respecto al [93] destino del
mundo a menudo tan extraordinariamente enrevesado! ¡Qué fuente de
tranquilidad, cuando también ellos serían sorprendidos por destinos tan
inexplicables! Cristo fue el hombre más perfecto y más noble, pero no fue
feliz en el mundo. Odio y persecución y miseria lo rodearon y una terrible
muerte terminó con él. ¿Podrá, pues, lo virtuoso esperar ya aquí abajo la
recompensa de su virtud? Estas doctrinas requerían particularmente una
explicación tan viva y una prueba tan visible, porque eran completamente
contrarias a los sistemas religiosos de entonces, tanto al judío como al pagano,
y porque los primeros cristianos estaban destinados a experimentar en su
propia vida su triste pero también dulce verdad. La inmortalidad del alma era
una tesis muy disputada, de la que se dudaba, y la resurrección era una tesis
completamente desconocida. Ambas fueron explicadas y probadas en virtud
de la resurrección de Jesús, y nosotros, creo, no tenemos ninguna otra prueba
correcta para nuestra perseverancia consciente que la que proviene de las
promesas de la religión cristiana y del ejemplo de Jesús.
Si la muerte de Jesús era tan inevitablemente necesaria para hacer de la
religión cristiana lo que debía ser, entonces no había propiamente ninguna
religión de Jesús, ningún cristianismo, hasta que Jesús murió y resucitó,
porque faltaba una condición esencial sólo bajo la cual podía surgir. La muerte
y resurrección de Jesús, que serán consideradas sólo como una misma cosa a
causa de sus efectos recíprocos y de su indisociable conexión, serán por ello
vistas en la Escritura como el comienzo, como el establecimiento, de la
religión cristiana, y este momento como el punto del establecimiento de la
Iglesia cristiana. Las causas de esta denominación son claras a partir de lo
18

anterior, y estas observaciones difunden luz sobre numerosos pasajes del


Nuevo Testamento, Juan XI, 52. Jesús debía morir, entre otras cosas, para
reunir a los dispersos hijos de Dios, es decir, para establecer en virtud de su
muerte la religión que debía al presente unir entre sí a todas las buenas almas,
cfr. Efesios, II, 14; Juan XII, 24. Si el grano de trigo no muere, entonces
permanece solo, si muere, empero, entonces produce muchos frutos, es decir,
sólo en virtud de mi muerte puede mi doctrina ser establecida y propagarse;
sin mi muerte, es imposible, versículo 31. Ahora, en el momento de mi
muerte, por la fundación de mi religión, el príncipe de este mundo será
juzgado, el error y la perversidad que hasta ahora dominaban el mundo en su
totalidad, serán extirpados. Si soy elevado por la [94] muerte * , entonces quiero
arrastrar hacia mí a todos, entonces quiero, en virtud de esa muerte, llegar a
ser una causa de propagación y de adopción de mi doctrina en todo el mundo,
especialmente Hechos, XVII, 30, 31. Dios ha hecho caso omiso del tiempo de
la ignorancia, él ha abandonado hasta el presente a los hombres a la guía
incierta de su propia razón, pero ahora le demanda a todos los seres humanos
de todos los confines hacer penitencia, pero ahora, en virtud de la religión de
Jesús, les da a todos en la mano los medios para cambiar todo su modo de
pensar, él compele a cada ser humano a la fe o a la religión de Jesús desde el
tiempo, desde el momento, en que resucitó de entre los muertos.
La muerte de Jesús, pues, estableció la religión cristiana.

Segunda sección
De las intenciones que no son propias de la muerte de Jesús, que sólo pueden
ser dichas de él en forma figurada
Si la religión cristiana sin la muerte de Jesús era al menos precisamente así
imposible, si la muerte de Jesús propiamente fue el establecimiento y
fundación de esta religión, se puede atribuir todos los efectos de la religión
cristiana en general a la muerte de Jesús en particular, así como muy a
menudo se confunde, en el uso figurado de expresiones, causa y efecto. Tanto
cuanto se hable meramente del tono frío y didáctico, cada efecto se atribuirá,
en verdad, a la auténtica religión, a la religión en su totalidad; pero si el
corazón debe ser calentado y conmovido, si debe ser despabilado respecto de
la dignidad de su tarea, entonces es tan justamente conveniente, potente y
motivante como verdad, derivar esos efectos de la muerte de Jesús como causa

* Al margen: “Elevar significa en Juan muerte y resurrección simultáneamente. La muerte


es considerada como la causa de la elevación.
19

de la religión cristiana. ¡Qué elevación pensar todas las divinas y grandes


beatitudes, de las que la religión nos hace formar parte, adquiridas en virtud de
la muerte de Jesús, en virtud de la sangre de un hombre tan perfecto, tan
divino, tan inocente! ¡Qué inclinación hacia Jesús, qué consideración por
nosotros mismos!
La religión cristiana es descrita habitualmente en las escrituras del Nuevo
Testamento con la [95] palabra fe. Esta palabra tiene precisamente el
significado que también tiene la palabra religión según nuestra forma de
pensar. Significa en parte la substancia y el sistema de las verdades de la
religión, lo cual se designa también a veces con la palabra Evangelium. (Esto
significa por ejemplo en Hechos, XVII, 31; 1 Corintios, XV, 14), en parte la
disposición de un alma, que ha abrazado sinceramente la religión cristiana,
un verdadero cristianismo. Este verdadero cristianismo consiste en un
completo mejoramiento y modificación de toda nuestra manera de pensar; en
una adhesión más íntima y más activa a las doctrinas del cristianismo y en el
sentimiento del corazón de que esta convicción exige de nosotros lo que es
imposible sin una mudanza digna de esas doctrinas. Este significado es el más
habitual. Tiene, sin embargo, también otro mucho más estricto. Ante todo17

Sobre la Epístola a los Romanos 18


Capítulo 1, versículo 4. La construcción es: según el espíritu, en sentido
espiritual, non propie, él es un hijo de Dios, es decir, el Mesías prometido
(según la carne, esto es, como ser humano y desde una perspectiva humana), a
saber, según el espíritu que santifica, en virtud de la inhabitación del espíritu
de Dios que santifica a los seres humanos: y él ha probado convincentemente
que era tal a partir de su resurrección. Antes de ello era una forma humana
inferior y los milagros que hizo fueron expuestos a la calumnia y a la mala
interpretación, a partir de su resurrección los ha probado convincente y
evidentemente. Aquí, pues, se ha determinado la reunión en Jesús de las
naturalezas humana y divina en términos claros y según su modo. Jesús era,
según su filiación terrestre, un ser humano y un descendiente de David; pero,
según la guía superior del espíritu de Dios el devino hijo de Dios. El espíritu
de Elías debe reposar sobre Eliseo 2 Reyes, II, 9, es decir, él debe recibir su
manera de pensar, su fuerza y su capacidad de obrar milagros. El espíritu de
Dios reposaba sobre Jesús, es decir, Jesús pensaba en forma divina y ejecutaba
obras divinas. El espíritu de Dios y de Cristo reposa también sobre los
17
El texto se interrumpe aquí.
18
Escrito en una hoja separada,
20

cristianos y particularmente sobre los apóstoles y sobre los primeros que


reconocieron a Jesús, es decir, ellos deben devenir divinos, semejantes a Dios
y ejecutaban milagros divinos, como Jesús. Los cristianos son en todas [96]
las cosas puestos en paralelo a Jesús, pero, ¿son acaso por esto
personificaciones esenciales de la divinidad?
Versículo 16. La religión de Jesús vuelve bienaventurado, quizás en el sentido
más corriente. Ella justifica y santifica, colma de beatitud y de bendiciones
aquí y en la eternidad. El evangelio de Jesús vuelve a los judíos primeramente
bienaventurados, porque a ellos se les anunció primero y porque, por el
conocimiento de la religión judía sobre la cual la cristiana se apoya, podían
con más facilidad adoptarla. Esta prelación no consiste en una beatitud mayor
(judíos y paganos obtienen en virtud de esta religión de Jesús los mismos
bienes) sino en una adopción más fácil.
Versículo 25. Ellos han cambiado la verdad de Dios en mentira, es decir, han
transformado el Dios verídico en un ser humano mentiroso en virtud de
idolatría e imágenes id. quod. Cf. versículo 23.
Capítulo 2, versículo 1. En otros pasajes la expresión ser humano parece
también designar (kath’exochen) los judíos, qui mihi jam non succurrunt,
nescio qua de causa; forsan per oppositionem communem consuetum nomen,
quo Judaei ethnicos designabat. 19
Versículo 10. Gloria y honor ante todo a los judíos, y también a los griegos.
Parece que, por haber sido más incitados a obedecer, los judíos no merecían ni
más ni menos que se recompense su obediencia, en comparación con los
paganos. Y así es. La prelación no radica otra vez en la cosa misma, sino en la
mayor facilidad y posibilidad de la práctica.
Capítulo 3, versículo 1. ¿Qué ventajas tenían los judíos, en lo que respecta a la
adopción y a los bienes de la religión cristiana?
Versículo 2. Mucho, ironice dictum, Conocían las predicciones de Dios
respecto del Mesías y se dirigía propiamente a ellos. Pero esto sólo los podía
ayudar si adoptaban la religión cristiana.
Versículo 6. Está lejos de nosotros pensar que Dios no pueda castigar a quien
en virtud de su falta de fe alabe su fidelidad y su bondad. En caso contrario
Dios no podría castigar a nadie, pues Dios tiene que ser siempre glorificado
incluso por la falta de fe del mundo. [97] En estos versos está, pues, ya la

19
Lo que en este caso no me satisfacía, no sé por qué razón, quizás a causa de la oposición
que se encontraba comúnmente entre este término y el nombre por el cual los judíos
designaban habitualmente a los gentiles.
21

refutación a la objeción que repiten los versículos 7 y 8, y que el versículo 9


seqq. refuta nuevamente.
Versículo 19. La ley es dada para que toda boca se cierre y todo el mundo sea
culpable ante Dios. En virtud de la ley se les hace saber a los judíos de la
manera más convincente que no pueden ganar la aprobación de Dios por
medio de sus obras, porque él no puede observarla, esto es explicado además
en el versículo 20. En lo que respecta a lo que dice la ley, ésta dice a aquellos
que están bajo la ley que no hay reimpresión, sino que es pleonasmo. En
efecto, sólo conocen la ley aquellos ha quienes les es dada.
Versículo 21. Sin mediación de la ley, sin que la ley por su observancia
contribuya en algo.
Versículo 23. Carecen de gloria, cfr. versículo 19, Deo non satisfaceret 20 .
Versículo 27. ¿Donde está la gloria? Satisfactio. Adest expleta est 21 , cfr. V, 11.
Versículo 31. Nosotros levantamos la ley, Mostramos su verdadero destino.
Capítulo IV, versículo 1. Según la carne, en particular por la circuncisión.
Versículo 2. Si Abraham es justo en cuanto a las obras, si sus acciones han
sido todas buenas, es en efecto loable. Pero ante Dios, por cierto, él no es justo
en virtud de meras obras, pues ya ha sido dicho antes que en virtud de la obra
de la ley no será justificada ninguna carne.
Versículo 8. Aquel que hace a los ateos justos es Dios. Dios justifica según la
expresión de la Escritura, no Jesús.
Versículo 11. Abraham creía en el prepucio. Abraham fue, pues, justificado
en el prepucio. Tan pronto como se dejó circuncidar, estaba ya justificado. La
circuncisión era para él sólo un signo sensible y visible.
Versículo 12. Se trata de la circuncisión del corazón. Cfr. capítulo II, 28, 29.
Abraham fue el padre de la circuncisión del corazón, tanto de aquellos que
están circuncidados exteriormente, como también de aquellos que siguen las
huellas de la fe y de la circuncisión del corazón de Abraham.
Capítulo V, versículo 1. Estamos en paz con Dios. Dios está satisfecho y es
nuestro amigo y ya no tenemos nada más que temer de él.

20
Eso no sería satisfacer a Dios.
21
Hay plena y entera satisfacción.
22

Versículo 2. Tenemos acceso a la gracia. Lo cual es explicado así: nos


alabamos de la esperanza de la gloria futura, así, pues, los bienes del Señor
nos están abiertos.