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tores (la madre, la mujer traicionada, el noamericanas y, también la brasileña.

autor, el lector) tengan otra realidad A partir de El beso de la mujer araña


que la ficticia; es decir: la realidad de (1976) resultó imposible para Manuel MASA Y PODER
ser funciones del texto, marcas que in- Puig residir en su patria. Otras novelas
dican su textura. habían tenido problemas allí. La prime- +
La historia es típica y, para los aman- ra, La traición de Rita Haywort (1968).
tes de la sociología literaria, muy apro- fue casi prohibida porque un linotipista de Elías Canetti
vechable. El machismo de las clases católico llamó la atención de su confe-
trabajadoras, su miseria sentimental, la sor sobre el uso de palabras obscenas;
manipulación de sus ideales por los el confesor llamó la atención a otro
modelos ridículos que proponen las confesor y así sucesivamente hasta Ile-
media: cuántas tesis eruditas se po- gar a la Sra. del General Onganía (¿se
drían sacar de esta aventura que tal vez acuerdan?) que amenazó a la Editorial
nunca existió pero que, literariamente, Sudamericana, que se asustó de la
» Muchnik Editores, tercera edición, España,
corresponde a los programas de radio amenaza y suspendió el lanzamiento 1981. Traducción de Horst Vogel.
en que Eva Duarte recreaba las grandes del libro hasta que Jorge Alvarez (que
heroínas de la historia, antes de conver- reconoció en la novela el futuro best- Escribir sobre un libro es casi siempre
tirse en Eva Perón y finalmente en Evi- seller) se animó a publicarla. La tercera una manera de fijarlo en nuestro gusto,
ta: la mayor heroína de la historia de novela, The Buenos Affair (1973) fue o en nuestro disgusto, de una manera
este siglo. Como creo que la sociología atacada por los peronistas, entonces más o menos clara y, sobre todo, comu-
literaria debe estar en manos de soció- brevemente en el poder, porque el hé- nicable; es acomodarlo en nosotros o
logos profesionales, abandono la tenta- roe no sólo era un asesino sádico de ho- acomodarnos en él, moldearlo a nues-
ción de este enfoque. Me basta con mosexuales a los que antes violaba, tra imagen. Pavese decía que nadie
apuntarlo. Me dedico a mis zapatos. sino que era peronista. (¿Puede un pe- aprende de un libro más que lo que ya
La fascinación de la historia del alba- ronista ser homosexual y sádico?) Pero sabe. Pero esto no quiere decir que, en
ñil para el lector de novelas está preci- El beso colmó la medida. El protagonis- principio, sepa lo que sabe como lo
samente en la imposibilidad de situar el ta no sólo era homosexual, y pasivo aprende después, cuando lo ve expre-
lugar en que ocurre (si ocurre) esta (Dios santo) sino que seducía a un gue- sado y escrito de una manera que pue-
aventura. Como en Rashomon. cada rrillero casado. Ya entonces, los mis- de fijar en su memoria. Para Pavese, su-
versión pueda ser verdadera. Pero me- mos militares que invadirían las Malvi- pongo, la importancia de la literatura no
jor que Rashomon. no hay distintos na- nas para reconquistar unas piedras que reside en su valor didáctico sino en la
rradores de la misma historia. Hay un fueron argentinas entre 1810 y 1833, y fuerza con que provoca un reconoci-
solo narrador de las distintas versiones que con ese motivo sacrificaron a miles miento. En este sentido, que a su ma-
de una historia. O mejor: de una obse- de reclutas, esos mismos militares he- nera es platónico, uno no sabe si lo que
sión. roicos, persiguieron la novela por ser, a dice un libro tiene o no algún valor; no
Tal vez nunca existió la virgen des- la vez, guerrillera y homosexual. lo sabe, lo reconoce, de manera que su
florada: tal vez el albañil sólo conoció Ya entonces Puig se había traslada- efectividad no está basada en una tabla
muchachas dóciles, prontas a dar todo do a México y más tarde, a Nueva York. de verdades o en un criterio establecido
lo que tienen, y aún habiéndolo dado Sus dos libros siguientes (Pubis angeli- de una vez por todas sino que descansa
ya. La historia del albañil no es real- cal, 1976; Maldición eterna (1980) en algo mucho más vago y general. Su-
mente la historia de lo que hizo sino de ocurrían fuera de Argentina aunque es- pongo que podríamos decir, desde este
un sueño de amor correspondido que la taban ligados a la horrible lucha civil punto de vista, que los buenos libros
sangre virginal habría de alegorizar en por lazos muy fuertes y agónicos. son aquellos en que mejor reconoce-
sus fantasías de pobre macho latino. Si En 1980, Puig se trasladó a Río de mos las cosas.
la historia comienza mostrándolo como Janeiro, a un clima más propicio que el Este reconocimiento, sin embargo,
un violador, al final sólo queda un niño del Village en que la sordidez de la vida suele ser demasiado sutil para las gro-
que lloriquea. Si empieza con la mucha- ciudadana norteamericana se había seras palabras de un reseñador, espe-
cha violada termina con la mamá. Sí, vuelto intolerable. En el caos carioca. cialmente si se trata de un libro tan vas-
Edipo en los suburbios pobres de Río. en su luz y su calor, Puig encontró la vi- to, ensordecedor y deslumbrante como
La novela tiene el hechizo del relato talidad para renovar su narrativa y des- Masa y poder. ¿Y entonces? Frente a un
del Viejo Marino, de Coleridge. Y tiene cubrir, en el albañil que vino a reparar problema así hay varias alternativas.
su implacable necesidad. Salimos de su duplex, un personaje. Como éste, Una de ellas sería darle publicidad al li-
ella como del fondo del océano, con el Puig habría de traducir en las distintas bro como si se tratara de una película:
relato colgando del cuello, el albatros versiones de su aventura la misma ob- citar abundantemente, recortar los tro-
de una culpa que heredamos por curio- sesión, la misma fijeza. Porque, al fin y zos que nos parezcan más emocionan-
sos. Una vez más, Puig demuestra su al cabo, ¿qué es la historia del albañil tes, “pasar cortos”. Otra manera sería
maestría de contador de historias, una sino una versión (otra) de la historia de tratar de resumirlo, así fuera sólo en sus
vez más nos fuerza a repensar literaria- Juan Carlos en Boquitas pintadas líneas más generales e importantes.
mente nuestra experiencia de mirones. (1969)? Sólo que en la ficción de este Pero resumir Masa y poder es casi im-
El albañil real no sabía lo que habría de libro, todo es verdad, y en la del albañil posible y citar unos cuantos pasajes de
desatar con sus relatos. De aquella se- sólo es verdad la ficción; es decir: el li- sus muchas páginas sería empobrecer-
milla nacen dos novelas, iguales y dis- bro que el lector tiene en las manos, ya lo demasiado. Escogí, pues, una tercera
tintas, que enriquecen las letras hispa- sea Sangre o Sangue. posibilidad: ensayar por el lado frag-
mentario de las sugerencias, las evoca- ante. Y mientras más cerca de los ojos. Aunque los rasgos que se conside-
ciones y el reconocimiento de unas más a oscuras y más pegado a las ore- ran elementales varían entre una es-
cuantas cosas. Hay que admitir que de as. cuela y otra, ninguna de ellas deja de
alguna manera esto no es escribir sobre Como criatura de la noche, la oscuri- reconocer la presencia de un sustrato
M a s a y poder: es más bien escribir a dad es el dominio de todo aquello que biológico en toda simbolización y más
propósito de él, o desde él. Confío en nos amenaza y somete. Su negritud au- generalmente. en cualquier actividad
que, para el caso, sea más efectivo mos- gura y expresa las órdenes de un poder humana. Esta suerte de principio psico-
trar algunas inquietudes a imagen del li- mucho más vasto que el nuestro. Y to- lógico se encuentra -implícito o fran-
bro que describirlo, resumirlo o editarlo las las órdenes, como dice Canetti, im- camente declarado, con mayor o menor
cinematográficamente. plican una amenaza de muerte, son una claridad e insistencia- en las teorías de
velada sentencia de muerte. Pero. más pensadores muy disímbolos. Los frenó-
que el imperio de la muerte. la oscuri- logos, Skinner y los conductistas, por
1. (Ejemplo) dad es el reino de los muertos y, en esta ejemplo, hacen de él su estafeta y su
El terror, y más precisa y permanente- medida, el de la venganza. La noche es piedra de toque. Norman O. Brown y la
mente, la paranoia, son enfermedades el país de la única muchedumbre que llamada “izquierda freudiana” no alcan-
provocadas por el oído, o por la piel; en nunca deja de crecer. Y sus habitantes zan el mismo exceso determinista, pero
todo caso, por la falta de visión, por la quieren crecer y crecer y aumentar SU reconocen con toda claridad el papel de
falta de ese sentido que nos permite es- poder por encima de su propio alimen- sustrato biológico. En Canetti en pro-
piar, digamos la oscuridad, o la superfi- to, que son los vivos. blema es un poco menos claro.
cie de la oscuridad, sin hundirnos en
No se necesita insistir demasiado en
ella y manteniendo sus peligros a dis- 3.
esto. Gran parte de las cosas que los
tancia. Los problemas con Masa poder empie-
hombres han considerado nefastas han
La vista nos precede siempre; nos sido representadas con el color de la zan en cuanto se trata de distinguir en
anuncia, por ejemplo, los lugares o las noche. Y no sólo aquello que atemoriza él un sistema antropológico o psicológi-
atmósferas en que estamos a punto de o produce horror; también las personas co. Lo que quiero decir con esto es que
entrar. En este sentido toda visión es que han sido “contagiadas” por lo si- os hechos que constata y la formula-
previsión, prevención. Sin embargo, niestro reciben en prenda el color ne- ción de dichas constataciones no ocu-
nunca estamos verdaderamente en un gro. Quien va de luto muestra que el rren como enunciados -por llamarlos
lugar si no hemos logrado acomodar en dolor lo enceguece, que la muerte lo ha de alguna manera- dentro de un siste-
él nuestra piel y nuestras orejas. Tal vez hundido en las tinieblas. ma de enunciados. Canetti no pretende.
esta característica podría servir para El negro parece ser reconocido uni- al menos no en primera instancia, que
explicar la fuerza de las emociones que versalmente como símbolo de todo lo sus descripciones correspondan a una
sienten los hombres y las mujeres que que es temible y nefasto. Quiero decir teoría que las valide. Más bien busca
van a “entrar en la oscuridad”. que apenas habrá unas cuantas cultu- que aquello que nos pone ante los ojos
Pocas cosas espantan tanto a los ras, si las hay, que no teman internarse sea por sí mismo evidente y, más que
hombres como el sentirse tocados en la en la oscuridad ni concedan al color ne- nada, reconocible por la experiencia
oscuridad por algo desconocido, oculto, gro la representación de lo siniestro. personal de cada lector. Ya vimos a qué
invisible e inesperado. Pero esta reac- tipo de resortes elementales recurre
ción de terror pánico automático no es 2. cuando se trata de hacer evidente, ante
exclusiva de los lugares poco o nada En vista de esta universalidad, las gene- una experiencia cualquiera, el terror a
iluminados. No, la oscuridad es alga ralizaciones no se hacen esperar. En ser tocado en la oscuridad. Pero tam-
más que pura y simple falta de luz; es términos de Gilbert Durand podría de- bién vimos cómo estas generalidades
algo que traemos pegado a las orejas, cirse que, en cuanto se relacionan con pueden ser consideradas estructuras y
algo que se siente. y que más a menudo el miedo, el terror, lo siniestro o el po- modos universales de comportamiento.
se teme, con los oídos. der, la espalda, el oído y la piel constitu- aunque fuera sólo a posteriori, c o m o
El oído es el sentido del miedo y de yen una “estructura antropológica de alegaría Canetti. No se trata, pues, de
lo siniestro. Las amenazas que nos Ile- que en Masa y poder no exista una C O-
lo imaginario”. Algunos antropólogos y
gan a través de él parecen venir desde herencia rigurosa y, si se quiere, cientí-
algunos psicólogos confían en que en-
atrás, de algún lugar a espaldas de Ios fica. Pero Canetti evade deliberada-
contrar este tipo de estructuras les per-
previsores ojos, como prueba de una mitirá describir fácilmente las simboli- mente cualquier declaración teórica y
persecución obstinada que no había. zaciones humanas. Y para hacerlo bas- elige poner la eficacia de su libro en al-
mos sabido descubrir antes pero que taría, entonces, con recurrir a unos guna otra parte. Las fuentes que lo ali-
nos ha acosado siempre. El más míni- cuantos rasgos elementales. Para Du- mentan no son, consecuentemente,
mo ruido, como el más mínimo toque rand, por ejemplo, éstos son básica- obras teóricas. Prefiere las narraciones
se amplifica aterradoramente en la os- mente ocho: arriba y abajo, delante y históricas, antropológicas, religiosas.
curidad y se convierte en una promesa detrás, derecha e izquierda, adentro y incluso psicológicas; pero las narracio-
de sufrimiento, o de permanente deses- afuera; en su Teoría de la religión. Ba- nes y no las teorías. La repetición de es-
peración si se prolonga su amenaza taille se vale de este último par bajo la tos relatos le da al libro un gran poder
Para la vista, en cambio, este tipo de forma de comer y defecar; Canetti ana- de fascinación, y la fascinación hace S U-
sustos, miedos y terrores sólo ocurre liza “las entrañas del poder” desde un perflua cualquier teoría que pretenda
cuando aquello que aparece lo hace de punto de vista similar; Freud encuentra justificarla.
manera súbita y tan cerca de los ojo: algunas “consecuencias psíquicas de la Canetti comenta las historias que re-
que parece enceguecerlos por un ins diferencia sexual anatómica”, etc. produce, es cierto, pero nunca las redu-
ce a la exégesis que puede hacer de no reconocemos y cómo decidir si afec- hecho). Pero volvamos al sacrificio y al
ellas, como si desconfiara de que la cla- tan o no la coherencia total de la obra? numen cazador.
ridad de una historia pueda ser su único Canetti compara la huida de una mana- El jaguar que adoraban los mayas,
valor. Quizá por esto valga decir, con al- da de venados atacada por un tigre con por ejemplo, estaba asociado al culto
guna exageración, que la coherencia de un sacrificio ritual donde la víctima es solar. Esto podría echarnos alguna luz
M a s a y poder descansa más en una un hombre. En este caso las conclusio- sobre la relación entre los sacrificios so-
cualidad estilística y en una honradez nes no están del todo en nuestras ma- lares y los animales cazadores. No obs-
narrativa que en una exigencia concep- nos. A falta de un sistema jerarquiza- tante, ello sólo difiere un poco más la
tual. No quiero sugerir, en absoluto, que dor, la mera similitud entre ambos “fe- pregunta: ¿por qué, en efecto, el jaguar
el libro desmerezca como obra teórica lómenos” se presenta como evidencia. se asocia al sol y no a cualquier otra co-
por el hecho de poseer grandes atribu- Veamos cuáles pueden ser, según Ca- sa? ¿Qué sentido tiene decir que el sol
tos literarios; más bien lo contrario. Me netti, los rasgos que nos permiten es un cazador? Sin duda podríamos en-
parecería apenas justo que los libros de “identificar”, así sea metafóricamente, contrar algunos rasgos metafóricos que
algunos antropólogos fueran conside- ambos ejemplos. justificaran la asimilación del jaguar al
rados en las obras que se consagran a Un grupo de venados que se siente sol (ahora me vienen a la mente dos tí-
la literatura. Tristes trópicos de Lévi- amenazado cierra filas para huir. Aque- tulos de libros que aluden a esto: El oro
Strauss, por ejemplo, podría entrar, con llos animales que, por debilidad o por de los tigres y Sol de caza). Sí. podría-
mucho mérito. no sólo entre las obras cualquier otro motivo, queden rezaga- mos hallar algunos rasgos metafóricos.
fundamentales de la antropología sino dos de la manada tienen prácticamente pero justamente metafóricos, simbóli-
en los manuales de literatura francesa. asegurada la muerde. La manada huye cos, alejados de las formas naturales
Lo mismo podría decirse de Mefistófe- mientras el felino no ha cobrado presa. que llamamos instinto o de cualquier
les y el andrógino de Mircea Eliade o, Pero en cuanto éste derriba un venado otra manera.
en el caso de nuestra literatura, de Los el peligro cesa para el resto; dejan de Aun dejando de lado esta objeción
1001 años de la lengua española d e huir y prestan ya poca atención a su podríamos preguntar: ¿que hace que
Antonio Alatorre. atacante. La muerte de uno solo de sus un grupo de hombres reviva, de manera
Los atributos literarios de un libro individuos ha alejado el peligro de los cultural, una experiencia que segura-
teórico o técnico son una enorme ven- demás miembros de la manada. Porque mente compartió, de forma natural, con
taja para las teorías o técnicas de que parece ser ley de la naturaleza que el otros animales? La respuesta de Canet-
tratan y para los lectores que lidian con verdugo se sacie con una sola víctima. ti es larga y difícil porque implica res-
ellas. Sin embargo, esta ventaja se va En el sacrificio humano, según Ca- ponder en conjunto al problema de l o s
disolviendo a medida que las eviden- netti, ocurre algo similar. Una comuni- comportamientos de masas. Pero, re-
cias pierden carne y sólo logran alcan- dad de hombres decide sacrificar a uno sumiendo, podríamos decir que Canetti
zar un reconocimiento afectivo a través de sus individuos para exorcisar el peli- se vuelve hacia el origen de la civiliza-
de una teoría, como evidencias de un gro que se cierne sobre todos ellos. ción y al hombre primitivo: este hom-
sistema y no de un mundo. Esta comparación puede parecer un bre, dice, sólo logró sobrevivir gracias a
poco exagerada. En efecto, ¿en qué su número y al crecimiento de su nú-
4. sentido el peligro que representa un ti- mero. Su bienestar estaba fincado en la
Hasta aquí hemos opuesto la fascina- gre para una manada de venados puede cantidad, y mientras más cantidad más
ción del relato, en Masa y poder, a considerarse similar al que sienten los bienestar y mayor seguridad. Este fenó-
cualquier declaración teórica. Tal vez hombres delante de un dios? Segura- meno determinó, desde el principio, el
Canetti no rechazaría del todo nuestra mente Canetti no haría depender los comportamiento y las simbolizaciones
consideración, aunque seguramente le sacrificios rituales de la figura de un de las masas y, a la larga, nuestra mo-
parecería mejor evitarla. Sin embargo. dios, que podría ser posterior a la prác- derna confianza en el progreso. En últi-
preferir la seducción al sistema no pue- tica misma del sacrificio. Pero, en todo ma instancia se trata siempre, pues, de
de ser, en ningún caso, una elección caso, ¿se trata de un numen -ya que la supervivencia; es decir, del creci-
inocente, y mucho menos irrelevante; no de un dios- que necesita cobrar una miento constante y del poder que de
sobre todo si ésta se hace en un libro pieza? Que esto fuera así implicaría ya ello se desprende. El mismo crecimien-
que trata sobre el poder y las masas. un grado de simbolización que Canetti to que nos salvó la vida nos condenó al
Abandonar los rigores sistemáticos no puede considerar en la base misma poder. Porque todo poder se funda en la
tiene el riesgo de no permitir articular de la práctica ritual del sacrificio. El Ile- supervivencia, en la permanencia, y
unas “evidencias” con otras y, de este varía el caso a los orígenes de la civili- propone la invulnerabilidad y la inmor-
modo, impedir una jerarquización. una zación humana e intentaría mostrar có- talidad del poderoso.
valorización (justa o justificada) de mo la simbolización se hizo, a posterio- Que pertenecer a una masa dé segu-
aquellas cosas que propone. Lo que ri, s o b r e u n c o m p o r t a m i e n t o q u e e l ridad a un individuo puede constatarse
quiero decir con esto es que Masa y po- hombre inició cunado todavía era presa en el terror a ser tocado. Aunque este
der no puede exigir del lector un mismo ordinaria y frecuente de algunos anima- terror se suaviza en sociedad, un hom-
tipo de reconocimientos todo el tiem- les. Con esto quiero decir que Canetti bre que es rozado por otro en la calle
po; a veces éstos se producen de ma- apelaría seguramente a una forma esta- siente un desgrado tal que lo obliga a
nera más inmediata que otras, a veces blecida naturalmente, a una suerte de volverse hacia quien lo rozó y exigirle
no se producen en absoluto. En este úl- “instinto de supervivencia” más que a una disculpa. No ocurre así cuando se
timo caso la falta de un sistema nos la supervivencia misma (hablar de “ins- encuentra en una concentración masi-
abandona al más absoluto desamparo. tinto de supervivencia” es formalizar va. El roce con otras personas no sólo
(Qué pensar de aquellos ejemplos que algo que antes no podía ser más que un no es ya una agresión sino que es una 3 7
prueba de solidaridad que se busca. La esperanza muy poco realista. Me parece bury, whence Master Walter Map ex-
masa tendrá poder mientras unos hom- que estas pocas páginas finales son tracted them un order to make his book
bres se rocen con otros y encuentren equívocas como confesión de una espe- (...) And with that the tale falls silent
seguridad en hacerlo. ranza, pero no como intención. Estánallí, and has no more to say about the Ad-
supongo, como indicio de que la verda- ventures of the Holy Grial.”
5. dera confianza de Canetti no está en Los ejemplos podrían multiplicarse,
La constante preocupación por los pro- ellas. pero ya no agregarían nada al hecho de
blemas que plantea el Poder es, quizá, Lo que quiero decir es que la espe- que toda narración propone la historia
una característica de nuestro tiempo. ranza de Masa y poder (que no podría que cuenta como de alguna manera
Tal vez el siglo XX haya hecho del Po- llegar a un cumplimiento sin dejar de concluida y al narrador como testigo úl-
der su tema central. Referirlo a la su- ser esperanza) es literaria y no por ello timo de ella o como confidente del últi-
pervivencia no es nuevo. Antes que Ca- del todo ineficaz. Masa y poder es un li- mo testigo (caso de Cumbres borrasco-
netti lo hicieron otros, como Otto Rank bro masivo, pero en ningún caso autori- sas y Frankenstein). ¿Quiere esto decir
y Norman O. Brown. Hace siglos que el tario; más que imponerse, seduce: bus- que, en la medida en que sobrevive, el
poderoso o el héroe son caracterizados ca un reconocimiento y no una verifica- narrador no puede sustraerse al poder?
como el “caballero (...) que llega de le- ción empírica y por lo tanto teórica (el Difícilmente podría sostenerse esto en
jos, vencedor de la Muerte”. empirismo es un postulado teórico). el mismo sentido en que se afirma
En este sentido, no es la originalidad Así, podría decirse que en la medida en que el prestigio del sobreviviente es la
lo que distingue a Canetti. ni siquiera un que alguien logre declarar una verdad base de su poder en una sociedad.
nuevo descubrimiento que pudiera [más que una evidencia o una constata- Suele decirse que la novela tuvo su
agregarse a lo que ya se había dicho an- ción) repitiendo alguna de las frases de origen en las grandes narraciones epo-
tes. No, lo que lo distingue es su realis- Masa y poder, en esa exacta medida se péyicas. Yo añadiría, para el caso, que
mo, que en este contexto vale tanto engañará. Lo que este libro tiene de su- lo tuvo en aquellas donde la muerte del
como decir su pesimismo (ningún ver- gestivo es todo aquello que nos des- héroe daba pie a la celebración (Gilga-
dadero realismo puede dejar de ser, en lumbra y de lo cual, sin embargo, no po- mesh. La Ilíada y, a decir verdad, cual-
el fondo, un pesimismo). Pero aun más demos extraer una certidumbre. quier epopeya, porque sólo se canta al
fuertemente que el realismo lo distin- La elección literaria de Masa y poder héroe muerto, o al menos se le canta
gue una postura literaria que se vuelve no podría ser inocente. Subraya la in- mejor). En este sentido la narración del
estilo. tención de sustraerse al poder sustra- sobreviviente es un homenaje al héroe
yéndose a una de sus formas (la autori- desaparecido y un luto que se quiere
6. dad de un sistema). Pero, (basta con permanente. Luto en el sentido que
La desesperanza cristalizada y lúcida de mostrar la voluntad de sustraerse? No esta palabra tenía para Confucio -co-
Canetti se basa en una conclusión que lo sé. Evitar el poder no es algo que mo aclara Canetti en otro libro-; es de-
podría extraerse fácilmente de Masa y pueda hacerse en realidad. De hecho, cir, en el de hacer precaria la existencia.
poder y que, a mi manera de ver, corre Masa y poder puede ser fácilmente re- El que sobrevive para narrar (y no
el riesgo de entusiasmar a más de un ducido por una y otra escuela. Lo que para mandar) hace austera su supervi-
conductista y a otros formalistas de es- no puede ponerse indistintamente al vencia. Sospecho que la inclinación li-
cuelas diversas. La conclusión es que el servicio de ninguna escuela es aquella teraria de Masa y poder tiene esa inten-
poder es congénito al crecimiento intención que, justamente por ser indo- ción.
como forma de supervivencia; es decir: blegable, no puede declararse; aquella
el poder es La forma de supervivencia
de los hombres.
intención que es estilo.
OLVIDAR TU
Ignoro si Canetti aprobaría esta fra- 8. NOMBRE
se, pero parece desprenderse de su libro
la idea de que el poder es atávico. Afir- La condición de supervivencia ha de Bernardo Ruiz
mación desesperanzadora, es cierto, sido asociada a los’ héroes (Otto Rank,
pero tremendamente realista. etc.) y a la esencia misma del poder
(Canetti). Sin embargo, parece formar
por Armando Pereira
7. parte también de la naturaleza de los
El pesimismo es siempre algo formal. Se narradores. Todo narrador es un super-
vale, justamente, de la concepción más viviente. Podría hacer suyas las pala-
» México, La red de Jonás, Premiá editora.
formal de la realidad, que es el realismo, bras de Job: “Y sólo escapé yo para da-
1982, pp. 77.
y hace de ella una base difícilmente su- ros la noticia”, como hace Melville en
perable en su solidez. El pesimismo, en Moby Dick: y todavía agrega: “El dra- La novela se escribe -subrayo la para-
todo caso, es siempre declarable. En ma ha terminado. (Por qué. pues, sale doja- para olvidar un nombre: Regina.
cambio, una declaración abierta de opti- aquí uno al frente? Porque uno sobrevi- Y sin embargo, cuando el lector termina
mismo siempre tiene algo de profesión vió al naufragio.” Las aventuras del de leer la novela, cuando da vuelta a la
de fe, de confiada gratuidad. Por eso re- Santo Grial terminan cuando Bors re- última página, un solo nombre sobrevi-
sulta especialmente desesperanzador gresa a Camelot y cuenta la historia: ve a la lectura: el nombre de Regina. Es
concluir un libro, después de casi qui- “When Bors had related the adventures que la escritura de este libro no es otra
nientas páginas de pesimismo, con cin- gone of the Holy Grail as Witnessed by cosa que un cerco tendido para atrapar
co o seis en las que el autor se ve forzado hímself, they were written down and a un personaje fugaz. huidizo, cuyo
a declarar su optimismo y mostrar una the record kept in the library at Salis- comportamiento, por la negatividad