Número 62 Sábado, 10 de setiembre de 2011

El perseguidor
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EL VUELO DE ÍCARO La poesía presocrática de Hilario Tundidor por
ENRIQUE VILLAGRASA

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PILAR CARREÑO CORBELLA “Domínguez tuvo que ser un hombre tierno y salvaje a la vez” por
EDUARDO GARCÍA ROJAS

ESPACIOS PARA UN HOMBREDRAGO
EL PROFESOR C. BRIAN MORRIS REFLEXIONA EN TORNO A LA EXPOSICIÓN ÓSCAR DOMÍNGUEZ: UNA EXISTENCIA DE PAPEL

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Sábado, 10 de septiembre de 2011

PILAR CARREÑO CORBELLA /DOCTORA EN HISTORIA
DEL ARTE
El catálogo razonado Óscar Domínguez en tres dimensiones es resultado del notable esfuerzo y constancia que su autora, la doctora en Historia del Arte y profesora de la Universidad de La Laguna, Pilar Carreño Corbella, tiene en torno a la obra del pintor tinerfeño Óscar Domínguez. En este trabajo, Corbella estudia y recopila los objetos, esculturas y cuadros-objetos que el artista realizó a lo largo de su vida. Un total de 75 piezas que, a juicio de la especialista, ponen de manifiesto la actualidad de un artista al que se sigue considerando más como pintor que como creador de invenciones imposibles partiendo de elementos tan cotidianos como un simple cepillo. A través de estos objetos, explica Corbella, es donde se puede encontrar a un artista original, que no duda en experimentar en completa libertad.

“ÓSCAR DOMÍNGUEZ TUVO QUE SER UN HOMBRE TIERNO Y SALVAJE A LA VEZ”
EDUARDO GARCÍA ROJAS - ¿Cuándo se plantea estudiar los objetos que materializó Óscar Domínguez? - Todo comienza al estar trabajando en una biografía sobre Domínguez que más tarde termina siendo como una especie de guión de cine pero que al estrenarse la película queda ahí y es entonces cuando empiezo a interesarme en estudiar sus objetos porque Óscar Domínguez abarca mucho, y pensé que si quería contarlo todo iba a perderme, así que finalmente me decidí por un capítulo de su trabajo que son los objetos y me puse manos a la obra hasta publicara este libro, Óscar Domínguez en tres dimensiones que prácticamente he subvencionado de mi bolsillo. - ¿Cómo llega al artista? - Empiezo a trabajar en Domínguez en 1992. Cuando Andrés Sánchez Robayna me encarga una conferencia en la que tenía que hablar sobre los primeros años del artista en Tenerife. Ese camino hizo que descubriera a Eduardo Westerdahl y más tarde a quien fue su esposa, Maud, a quien conocí en sus últimos años de vida y que fue quien me proporcionó pistas muy valiosas sobre Domínguez. A partir de ahí, tiré del hilo. - ¿Qué pistas le ofrece Maud? - Pistas a nivel personal. Siempre se valora la obra de Óscar Domínguez pero ella me dio a conocer al hombre que estaba detrás del artista. Un personaje enigmático que me atrajo porque ofrece otra lectura de lo que siempre aparece publicado en los libros sobre su vida y obra. Volúmenes la mayoría que solo hablan de un personaje muerto cuando Domínguez fue un hombre muy vivo. Un hombre al que le gustaba vivir al cien por cien. Contaba además con un gran poder creativo y ese es el personaje que me seduce. Eduardo Westerdahl tenía otra visión pero fue la de Maud la que me brindó las primeras pinceladas que se me quedaron grabadas en la cabeza. - Hay voces que todavía cuestionan la dimensión como creador que tuvo Domínguez. En su opinión, ¿cuánto hay de verdad y de mentira? - Domínguez llega al surrealismo en 1934, movimiento que llevaba una década en activo. A Breton le atrae la capacidad que tiene para describir las islas de donde viene: islas de arena negra y origen volcánico, y podríamos decir que queda fascinando por las obras que le presenta. Bajo mi punto de vista, Domínguez llega al surrealismo en un segundo nivel y esto se refleja en una producción con demasiados altibajos. Sube y baja según pasa el tiempo. El año 1949 es clave porque inicia su descenso definitivo por lo que su obra resulta muy dubitativa aunque aún carece de estudios científicos estrictos. Nos hemos acostumbrado a ver un Domínguez restaurado, no hemos dejado que envejezca porque, equivocadamente, se ha apostado por maquillarlo en vez de conservarlo. Por eso insisto tanto en demandar trabajos científicos a través del cual le quitemos el maquillaje y recuperemos lo que se esconde detrás. - ¿Qué diferencias encuentra entre el Domínguez pintor y el Domínguez que hace objetos en tres dimensiones? - Como pintor pienso que fue un artista libre. A los objetos llega bajo la influencia de Breton. El primer objeto catalogado data de 1934 y se trata de una dedicatoria a Breton. Estas creaciones las realiza, además, en un momento álgido internacionalmente del movimiento surrealista y su trabajo es muy vital. No le importa tanto vender esa obra sino crear la obra. El otro Domínguez, el pintor, es más limitado técnicamente, por eso los objetos, a mi juicio, se acercan más a nuestro tiempo. Mezcla cosas, me parecen mucho más líricos. - ¿Qué objetos le parecen más destacables de los que ha estudiado? - Es difícil responder a esta pregunta porque no es lo mismo juzgar un objeto que sí he podido observar físicamente con otro al que solo he accedido a través de fotografías. Muchos de ellos, además, se destruyeron o han desaparecidos aunque queda como testimonio esas imágenes, así que no puedo valorarlos en propiedad porque carezco de una percepción en tres dimensiones para los que fueron concebidos. En todo caso, lo que me atrae de estos trabajos es su sentido del juego. Que de un simple cepillo para barrer, sea capaz de crear un objeto y transformarlo en otra cosa. Y esa metamorfosis es lo que me parece más apasionante porque cada objeto tiene así su lectura. Siempre hay un juego y siempre te sorprende con ese juego. - Los objetos continúan siendo una parte de su trabajo escasamente estudiada. - Algunos se han estudiado pero el problema es que están demasiado dispersos. He llegado a catalogar 75 piezas pero es probable que haya más. Hay que tener en cuenta que a Domínguez se le ha valorado más como pintor y menos por sus trabajos en tres dimensiones porque, de alguna manera, son experiencias más experimentales y de duración limitada pero a través de ellos se puede intuir que la vida fue para Óscar Domínguez un juego, un azar. Maud me contó en cierta ocasión que una de sus obsesiones era la de insertarse unos cuernos de oro en la frente y que estuvo buscando a un especialista para que se los injertara porque él se consideraba un minotauro. Claro que nadie quiso hacérselo, aunque finalmente se los implanta a un cráneo. Con este ejemplo quiero ilustrar la importancia que tuvo en Domínguez lo de el ser objeto. Tanto, que llega a un punto en el que decide quitarse la vida. Fue un surrealista de los pies a la cabeza. - ¿Por qué esa obsesión por el minotauro? - El minotauro es parte hombre y parte animal. Y una de las líneas más importantes en la producción artística de Domínguez es el sexo y la mujer. También cuenta con una destacable carga erótica y tierna. El sexo rige toda su vida, por eso en cierta medida su atracción por el minotauro: un ser mitológico que posee la potencia sexual de un animal. - Y según usted, ¿cómo encaja Óscar

Domínguez llega al surrealismo en 1934, movimiento que llevaba una década en activo. A Breton le atrae la capacidad que tiene para describir las islas de donde viene: islas de arena negra y origen volcánico, y podríamos decir que queda fascinando por las obras que le presenta

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PILAR CARREÑO CORBELLA ES PROFESORA DE LA UNIVERSIDAD DE LA LAGUNA./GONZALO DÍAZ

Domínguez en el movimiento surrealista? - Es un poco complicado porque durante un tiempo atrae la atención de Breton, quien lo incorpora al surrealismo al encontrarlo un hombre dinámico con la de idea de renovar el movimiento junto a otros artistas. Más tarde, será el propio Domínguez quien rompa con Breton y se aparte de los surrealistas en los años 40, lo que explica que no lo incluyesen en las grandes colectivas que se hicieron a partir de aquel entonces y se pierda un poco. Es un período en el que pinta con triple trazo, cuida más la línea y se aleja del surrealismo. - ¿Considera que fue un pintor original, que arriesga, que quiso romper moldes? - Tiene muchas influencias dalinianas. Personalmente, donde encuentro más a Domínguez es en los objetos, es su mundo. Los objetos están a un nivel muy alto dentro de la producción surrealista, esa es una de las razones por las que mi libro pretende ser un libro objeto que incluye la parte técnica en un cd-rom. Óscar Domínguez da para mucho más, mi libro solo ofrece pequeñas pinceladas. - En el estudio de sus objetos en tres dimensiones ha detectado etapas, cambios de estilo… - Las mismas etapas que en su obra. A mi juicio la más importante es la de los años treinta luego inicia un declive en la década de los cuarenta. -¿Y constantes cuando realizaba estos trabajos? - El sexo. El sexo lo domina todo. Domínguez cuenta con algunos objetos que pueden resultar incluso pornográficos aunque en todos ellos se respira siempre una lucha entre la vida y la muerte. - ¿En sus piezas en tres dimensiones hay una evocación de Canarias? - Personalmente considero a Óscar Domínguez como el artista que más llevó dentro el alma de Tenerife. Se sabe que quiso regresar a la isla, que añoraba las playas, el cielo, las cosas más elementales de la isla que lo vio nacer y que los que vivimos aquí apenas valoramos porque la vemos todos los días. En Óscar Domínguez, por el contrario, es una constante hasta el

final de su vida. - ¿Y como lo transmite? - En la obra pictórica en el paisaje que alude a la isla, a los volcanes. Y esta noción se transmite, aunque de manera más abstracta, en sus famosas decalcomanías donde se aprecia ese alma de isla. En varias cartas que le escribe a su amigo Eduardo Westerdahl le pide que le envíe fotografías con motivos de la isla, fotografías de magas y otros tópicos canarios. Hay que aclarar, de todas formas, que fue un artista al que también le gustó París. La vida parisina, aunque su alma es irrenunciablemente de isla. - ¿Hasta qué punto afecta a la evolución de su trabajo la enfermedad que sufrió?

Como pintor pienso que fue un artista libre. A los objetos llega bajo la influencia de Breton. El primer objeto catalogado data de 1934 y se trata de una dedicatoria a Breton. Estas creaciones las realiza, además, en un momento álgido del movimiento surrealista internacionalmente y su trabajo es notablemente vital

- Fue un asunto que lo fue obsesionando. Su rostro se transforma y lo refleja en su obra a través de figuras con largas piernas y en algunas de sus esculturas con formas que van rotando con siete u ocho posturas diferentes. En la pintura se aprecia también en las deformidades anatómicas que si bien pueden ser una referencia a Picasso, él sabe llevarlas a un terreno muy personal en sus esculturas. - ¿Qué materiales emplea en sus trabajos en tres dimensiones? - Óscar Domínguez probó de todo, aunque solía cansarse pronto. Cuando conoce a Maud quiere detener el tiempo e introduce un despertador en un horno para esmaltes que explota, así que continúa probando con otros materiales porque le gusta experimentar. También hace cerámica, imitando a Picasso. Va dejando pistas que mi libro quizá contribuya a despejar. - ¿Cuál es su opinión como persona y artista de Óscar Domínguez? - A nivel de artista creo que su vinculación al movimiento surrealista fue uno de sus mayores aciertos porque lo canaliza internacionalmente y deja detrás una producción con sus luces y sombras. A nivel personal, debió de ser un hombre muy complicado. Tierno y salvaje a la vez. Maud me confesó en cierta ocasión que viviendo con él nunca se aburrió. - Cambiemos de tercio, antes comentaba que usted se ha costeado la publicación de este libro. - Recibí una ayuda bastante limitada del Gobierno de Canarias, que me compró una pequeña parte de los ejemplares, así que el libro es resultado de una inversión personal Me busqué el camino porque no quería que terminara en cualquier almacén de un organismo insular. Antes, llamé a las puertas del Cabildo de Tenerife y de los ayuntamientos vinculados con Domínguez. Tengo escrito un diario donde cuento toda esta experiencia por los despachos oficiales. - ¿Cuál fue la reacción del Cabildo de Tenerife? - Le escribí una carta a su presidente, Ricardo Melchior. Y me entrevisté con el

responsable de Cultura, Cristóbal de la Rosa y Javier González de Durana, por entonces director de TEA Tenerife Espacio de las Artes, a quienes presenté una pequeña maqueta del libro. Y a los dos les gustó, al menos eso me dijeron, porque estaban barajando editar una colección de libros que iniciaría Fernando Castro y luego aparecería el mío. Me propusieron que ellos asumirían todo el proyecto pero decliné la oferta porque ya lo tenía rodado, así que quedaron en llamarme pero no lo hicieron y me lancé a la aventura de editarlo por mis medios. El libro está caminando y es resultado de un trabajo muy duro que los más cercanos a mí saben el trabajo que me ha costado. Solo lamento que no interese en Canarias un trabajo hecho con rigor que estudia a Domínguez desde una perspectiva seria porque Óscar Domínguez es el mejor artista de Canarias. Formó parte de un movimiento internacional, claro que hay que darle otra proyección que la que se le está dando ahora. - ¿Y que proyección cree que habría que darle a Domínguez? - Primero revisar las colecciones a nivel científico e iniciar estudios de muchas de las obras que aún figuran como pendientes. Creo que el Cabildo, TEA, a mi juicio, en vez de traer colecciones de otros sitios, debería estudiar la suya propia. Elaborar un catálogo razonado en base a trabajos científicos y no de certificado de un especialista que, lo quieras o no, sus ojos por muy atinados y expertos que sean ven hasta un cierto punto. Imitar lo que se está haciendo con la obra de Dalí. Estudiar qué intervenciones tiene, lo que significaría iniciar un trabajo de limpieza de la imagen de Domínguez y animar la edición de publicaciones que ofrezcan distintos aspecto del artista. No es un trabajo de hoy para mañana sino de largo plazo, pero por ahí hay que empezar. Y empezar ya. Y TEA tiene esa obligación. - ¿Y por qué cree que no se ha hecho? - Por cuestión de dinero, que es un factor importante, y también porque igual no hay vocación ni interés en recuperar al verdadero Domínguez. La claridad tiene un precio. - Está resultando usted muy crítica. - Si se compra una obra como Domínguez y un estudio científico determina que no es Domínguez se ha pagado un precio por algo que no lo merecía. - ¿Le consta que eso haya pasado aquí? - Desde mi punto de vista, muchas de las obras que tiene TEA de Domínguez están muy intervenidas o en malas condiciones. He catalogado la obra que tuvo Eduardo y Maud Westerdahl y he ido a subastas en las que cuando se anuncia colección Westerdahl, la pieza no pertenece a esa colección. Se trata de algo parecido pero con certificación. Es decir, que se usa a Westerdahl como marchamo de verdad y a veces no lo es. O lees en un catálogo que esa obra estuvo en tal exposición, e investigas los catálogos de la época y descubres que nunca participó en esa muestra. Detrás de cada obra hay un mundo. - Javier González de Durana ha dejado la dirección de TEA. ¿Qué le pediría al nuevo director o directora? - En alguna parte he leído que no se va nombrar director, que la gestión y dirección la asumirán Cristóbal de la Rosa y el staff directivo del TEA. - Me imagino que esa situación será transitoria. - No lo sé. Espero que en breve nos lo aclaren.

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EL SOPLO (1940), COLECCIÓN PARTICULAR, GINEBRA.

ESPACIO PARA UN HOMBREDRAGO
La Exposición de Óscar Domínguez en TEA, Tenerife Espacio de las Artes (24 de febrero – 16 de octubre de 2011)
C. BRIAN MORRIS (*)

Ó

scar Domínguez vuelve a su casa – en todos los sentidos: a su isla natal, “esta isla que convive conmigo”, diría su amigo Pedro García Cabrera, y que perduraba en su mente durante toda su larga estancia en Francia en cuadros como El Drago, 1933, presente en esta exposición y en Tenerife por primera vez desde 1968. En TEA Tenerife Espacio de las Artes Domínguez está en su casa, donde cuenta con la experiencia de un comisario, Isidro Hernández Gutiérrez, Conservador de la colección de arte TEA, cuya dedicación a su obra y su figura, respaldada por la generosidad del Cabildo Insular, ha traído al museo un grupo importante de sus pinturas. El significado de los más de cincuenta cuadros que ahora pertenecen a la colección TEA lo ha explicado Isidro Hernández en el ensayo que publicó en el catálogo de la exposición Óscar Domínguez. Fuego de estrellas, que se celebró en Málaga en 2009. Leer que en esa exposición Hernández actuó de “Concepto técnico” y que en la que se organizó en Marsella en 2005 recibió una mención especial de parte de la comisaria, Véronique Serrano, por su labor de coordinador, no extrañará a los que conozcan las exposiciones internacionales del arte del siglo XX. Su nombre aparece con frecuencia cuando de Domínguez se trata, sea como coordinador – tanto de la exposición como del catálogo de la exposición Éxodo hacia el sur: Óscar Domínguez y el automatismo absoluto, 19381942, que se celebró en La Laguna en 2006 – como de crítico cuyas aportaciones e intuiciones, basadas en un profundo conocimiento de la pintura (y la poesía) del siglo XX en general y, en particular, por una fina e íntima comprensión del movimiento surrealista, dentro del cual Domínguez se incorporó y se movió naturalmente, orgánicamente, como si hubiera nacido para ser miembro del movimiento artístico y literario más revolucionario del siglo XX. A

Domínguez no solamente le aceptaron los pintores Picasso, Dalí, Ernst y Tanguy, sino los poetas Paul Éluard, Georges Hugnet y Benjamín Péret y el caudillo y teórico de todo el movimiento parisino, André Breton, que denominó a Domínguez ¨le dragonnier des Canaries”. Este hombre-drago ha encontrado en Isidro Hernández un comisario tan respetuoso como un amante que ha llegado a conocer todos los secretos y detalles y facetas del ser amado. Su inmersión en el universo de Óscar Domínguez ha hecho que sus ensayos sean imprescindibles en cualquier volumen o exposición que se dedique a ese pintor: a Hernández se le confió el único ensayo para el catálogo de la exposición Óscar Domínguez decalcomanías, 1906-1957, que se organizó en Madrid en 2006, en el que afirma acertadamente que “la decalcomanía nos introduce de lleno en el sueño mismo, en su nebulosa indefinida”, y que su empleo en diversos cuadros está “siempre vinculado a un paisaje insular, esto es, a un paisaje recordado”. Las decalcomanías de Domínguez eran una de sus más originales aportaciones al surrealismo, y aparecen en esta exposición en una sala diseñada con gran imaginación, donde un techo abovedado, compuesto de cojines blancos, crea la impresión de una ola que envuelve al espectador, condicionándole mentalmente para apreciar las calcomanías que se exhiben, sobre todo las que hizo nuestro pintor en colaboración con Marcel Jean a mediados de los años 30. En esta exposición se pueden ver decalcomanías – y mucho más, porque Isidro Hernández ha sabido abordar a Óscar Domínguez y presentarle desde un ángulo nuevo, sorprendente pero enormemente fructífero: desde el gran respeto que tenía el pintor por la palabra escrita, que generaba toda una serie de colaboraciones con escritores de la talla de Paul Éluard. La paridad entre la palabra y la imagen que encontramos en los libros y revistas que ilustrara Domínguez, la encontramos en esta exposición en gran escala en el equilibrio que existe entre

los libros y los cuadros, entre los poemas individuales y las ilustraciones. Ningún género predomina: el título de la exposición, Óscar Domínguez: Una existencia de papel, nos avisa de que vamos a ver una exposición literalmente extraordinaria, que no vamos a presenciar el tipo de muestra que se suele organizar para un pintor de fama internacional, aunque sí tenemos la oportunidad de ver unas piezas clave de la obra del pintor - El Drago, 1933; La apisonadora y la rosa, 1937; Aparición sobre el mar, 1939; Los caracoles, 1940; Mujer, 1941; Femme sur le divan, 1942; y La Venus del Ebro, 1943 – junto con cuadros que no se han visto jamás en España: Autorretrato, 1928; Composición con pipa, 1933; La vague, 1938; Les demeures d´Hypnos, 1938; y Teléfono-revólver, 1943; o que raramente han sido expuestos, como El pájaro azul, 1956. Este comisario ha dado a Domínguez espacio para respirar y desplegar sus múlti-

ples actividades en las siete salas de esta exposición, donde el espectador nunca se siente regulado ni obligado a seguir un orden impuesto por números, flechas ni fechas. Un tenue, pero invisible, hilo cronológico nos invita a demorarnos en salas dedicadas a una actividad, que da a cada espacio un propósito y una coherencia. La primera sala proporciona un preámbulo esclarecedor, una introducción al Domínguez publicista canario e internacional que mantenía sus vínculos con Tenerife mediante su cuadro El Drago, 1933, y las ilustraciones que hizo para varias cubiertas de Gaceta de Arte, cuyos redactores – entre ellos Eduardo Westerdahl, Domingo López Torres y Pedro García Cabrera – eran amigos entrañables que organizaron con su ayuda la famosa Exposición Surrealista Internacional en 1935. El magnífico cuadro Paisaje cósmico, 1938, se encuentra en la sala dedicada a

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SALA CÓSMICA. AL FONDO EL CUADRO EL SOPLO.

SALA DE DECALCOMANÍA DE LA EXPOSICIÓN ÓSCAR DOMÍNGUEZ: UNA EXISTENCIA DE PAPEL.

Domaine, de Robert Ganzo, donde la precisión de sus ilustraciones, con sus líneas y redes seguras y definidas, recurre a las redes que serán tan importantes en su época denominada “litocrónica”. Conectada con esta sala, pero señalada prudentemente con un aviso e iluminada discretamente, está otra donde Óscar Domínguez sigue una bien arraigada costumbre, mantenida por los surrealistas en sus invectivas contra el Mariscal Foch, de escarnecer a los militares, con dibujos pornográficos que

ilustran Le Grand Ordinaire, de André Thirion, que asesta contra el Mariscal Pétain, Jefe de Estado del Régimen de Vichy y colaboracionista con los alemanes ocupantes. La virulencia de ciertos dibujos se debe atribuir no a un gusto malsano, sino a la intensidad del aborrecimiento y del desprecio que despertaba en Domínguez y en tantos artistas y escritores el colaboracionismo con el régimen viciado y vicioso de Vichy. El título de otra sala – Domínguez, ilustrador en la sombra – resume sus actividades

durante los años azarosos de la ocupación alemana, cuando cualquier protesta u ofensa podría llevar a la muerte. En la sombra él hacía ilustraciones para las ediciones colectivas de La Main à plume, y para mantener ese equilibrio, esa oscilación controlada entre una actividad y otra, pintó unos cuadros magníficos que se exhiben aquí, entre ellos Mujer, 1941, y Femme sur le divan, 1942. Por tranquilizantes que sean estos cuadros, al recordarnos la larga tradición artística de representar a la mujer, muchas veces acostada, ellos coexisten – lo mismo que tuvieron que hacer Domínguez y tantos más bajo el yugo alemán – con recuerdos constantes de la guerra, que están insertos, con gran pericia tecnológica, en una proyección didáctica instalada en este ámbito expositivo por Manuel González Mauricio, de producciones OEK, quien ha dado movimiento a varios cuadros, entre ellos La apisonadora y la rosa, 1937. Al lado de estos cuadros en movimiento hay un espacio envolvente que recuerda a los paisajes con redes pintadas por Domínguez a finales de los años 30 y a principios de los 40, donde se proyecta el vídeo que hizo el cineasta Alain Resnais en su visita al estudio de Domínguez en Montparnasse en 1947. En mitad del recorrido, una sala anunciada como GLM – en honor a Guy LévisMano, editor de libros de poesía – pone de relieve la colaboración de Domínguez en los años 30 con poetas de la estatura de Paul Éluard y Georges Hugnet, y los dibujos que hizo nuestro pintor para un texto canónico de los surrealistas, Les Chants de Maldoror, del Conde de Lautréamont. Son colaboraciones e ilustraciones que existen en perfecta sintonía en esta sala con cuadros tan fundamentales como La vague, 1938, Aparición sobre el mar, 1939, y Los caracoles, 1940. Hasta el final de su vida, Óscar Domínguez compartía y nutría el afán que sentían los surrealistas por establecer una zona franca donde la palabra y la imagen disfrutaran de igual relevancia. Esto lo demostró con múltiples ejemplos la estudiosa norteamericana Renée Riese Hubert en su libro esclarecedor Surrealism and the Book, que publicó la Universidad de California en 1989. Domínguez sabía instintivamente que ilustrar un poema o una página de prosa no significaba explicar ni aclararlos, sino captar su espíritu, evocar en el lector del dibujo una reacción, si no parecida, por lo menos paralela a la que pudiera experimentar al leer el poema o página de prosa. Domínguez quizá llegó a la cumbre de su actividad de ilustrador con las treinta-ytres aguafuertes que Paul Éluard le invitó a hacer para su libro Poésie et vérité, que contiene el poema “Liberté”, un sueño que en 1942, año de su composición, parecía lejos de realizarse. Quizá la derrota de los alemanes que por fin trajo la libertad deseada, contribuyera al cambio cromático que marca la última etapa de nuestro pintor, representada en la última sala, titulada con sencillez meridiana Elogio del dibujo, en la que colores más luminosos alumbran los cuadros bien conocidos que se exhiben aquí: El arquero, 1948; El estudio, 1950; Minotauro, 1950; y El sifón, 1950. En esta última etapa Domínguez reúne, como para recordarnos su fidelidad a su propia pinacoteca de emblemas personales, tópicos tan recurrentes como el revólver, el abrelatas, la máquina de coser, el sifón, las mariposas, el reloj de sol y el teléfono.

Óscar Domínguez era una persona leal y fiel: a sí mismo, a sus amigos, a sus raíces, a las tradiciones artísticas occidentales que le habían sustentado, a los nuevos impulsos revolucionarios que él absorbió y enriqueció con sus propias obras. Llegamos al final de esta magnífica y original exposición con una comprensión mucho más profunda de la humanidad de Domínguez, que parece vivir y moverse ante nosotros, en las fotografías – a las que las cajas de luz LED dan un nuevo vigor - , en los vídeos, en las palabras de los expertos, algunos de los cuales le conocían personalmente. También llegamos al final admirados de tanta energía, que él dedicó a tantas actividades siempre complementarias y siempre coherentes con su vocación de pintor. El comisario Isidro Hernández ha sabido respetar y recrear esa coherencia, tanto artística como psíquica, de un pintor original con un gran respeto por la tradición, internacional con un fuerte apego a sus raíces canarias, individual y compatible y cooperativo con los grandes pintores y poetas

Se incorporó y se movió naturalmente, orgánicamente, como si hubiera nacido para ser miembro del movimiento artístico y literario más revolucionario del siglo XX. A Domínguez no solamente le aceptaron los pintores, sino los poetas y el caudillo del movimiento André Breton
surrealistas. Pocos pintores han sabido pintar como Domínguez los paisajes natales que existen en su memoria y los paisajes que existen solamente en lo que Hernández llamó, en su ensayo sobre las decalcomanías, “los alucinados vericuetos de la imaginación”. Nunca se olvidó de Tenerife, y supo convertir su nostalgia y sus recuerdos en arte. Hay que celebrar que a través de esta excepcional exposición, Tenerife se acuerde una vez más de que uno de los artistas surrealistas más originales era un hijo suyo, Óscar Domínguez, y que quien le exhibe en toda su fascinante diversidad sea otro hijo suyo, Isidro Hernández, comisario y conservador, cuya pericia, perspicacia y perseverancia han hecho que esta visita de regreso de Domínguez a su isla natal aporte una nueva perspectiva sobre ese hombre complejo, dinámico y polifacético. (*) C. Brian Morris es catedrático Emérito de la Universidad de California, Los Ángeles

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LIBROS CHEF O NO CHEF, ESA ES LA CUESTIÓN
EDUARDO GARCÍA ROJAS fortunadamente la nómina de escritoras españolas que están buceando en las agitadas y turbias aguas de la novela negro criminal en España se está ampliando tanto como el número de escritores masculinos que han caído seducidos por el género. En esta lista improvisada, menciono a Cristina Fallarás, Rosa Ribas y Alicia Jiménez Barlett, entre otras. Nombres a los que a partir de ahora habrá que sumar el de la tinerfeña Yanet Acosta con su primera novela El chef ha muerto (Ediciones Amargord, 2011). El chef ha muerto se trata de una divertida historia que además de ajustarse a las claves clásicas de un género tan amoldable como es el que nos ocupa, también puede ser entendida como novela gastronómica negro criminal porque todo en ella comienza a raíz de la muerte en extraña circunstancias (la ingesta de un pulpo vivo) del chef más famoso del mundo en una isla de Corea. Protagonizada por un detective privado en el que descansan todos los tópicos del detective privado literario, Ven Cabreira, cocina se socialice. Todos los capítulos de El chef ha muerto están encabezados con una creación culinaria imaginada: Ojos rehogados, Guisantes en su vaina y Mochi de fresa son algunos de ellos. Platos/Metáforas que tienen su razón de ser porque, de una manera u otra, son protagonistas de ese mismo capítulo. La acción de El chef ha muerto transcurre en varias ciudades aunque Madrid tiene en ella un curioso protagonismo a través de una serie de personajes bastante reconocibles para aquellos que en algún momento de su vida pasaron una temporada en ese pueblito mesetario que es la capital de España. Todos ellos contribuyen a crear ambiente, lo que pone de manifiesto a una escritora que tiene capacidad para dar consistencia a un relato escrito para ser leído sin esfuerzo. En este sentido, no tiene complejos la autora. Desarma por su desparpajo, desarma porque incluso las excentricidades –que las hay– que pueblan como campo minado su novela apenas explotan porque tiene la capacidad de hacerlas creíbles en su historia. Y a mí eso me da mucha gracia. Tanta, que no dejo de leer el libro sin borrar de mi boca una sonrisa. Y demonios, que una primera novela haya logrado esto en tiempos de crisis de valores (los que nacen del bolsillo y también de la cabeza y el corazón) me sabe a milagro. A un dulce milagro. Otra ración de lo que sea, por favor.

A

que así se llama el personaje, tiene su pasado. Un pasado caricaturesco como agente del Cesid con su punto romántico, ya que perdió a su mujer por enfermedad. En el presente, Cabreira solo come fabada y vive con su gato Ken cuando es solicitado para resolver un nuevo caso: descubrir si la muerte del chef fue accidental, suicidio o asesinato. Comienzan así las pesquisas de Cabreira por el mundo de la alta cocina. Un investigador, el tal Cabreira, que paradójicamente ha perdido el sentido del gusto y del olfato, y que siente absoluta indiferencia por todo lo que hacen estos alquimistas de los fogones. En su investigación, Cabreira tropezará con una periodista especializada en estos temas, Lucy Belda, aunque quien aguanta el peso de la novela es el ex agente del CESID. Un personaje, que como prevé el escritor Carlos Salem en el prólogo de la obra, probablemente regrese con nuevas historias. Como toda buena novela que se precie, El chef ha muerto se lee lo que se dice de un tirón porque está bien armada y se desarrolla en apenas doscientas páginas. También porque te hace sonreír. Su des-

arrollo está plagado en este aspecto por momentos francamente divertidos donde se aprecia además la profunda afición de su autora por los temas relacionados con la cocina. El chef ha muerto describe muy bien el respeto que los chef tienen ante los inspectores de la Guía Michelín, y sabe pasear al lector con ironía más que humor por ese gremio galáctico y famoso por su manía de deconstruir las cosas. De hecho, si alguna pretensión tiene esta novela que no sea más que la de entretener, es la de reflejar un mundo extremadamente creativo aunque muy selecto. Lo mejor, sin embargo, es la reacción de Acosta para cambiar esta situación. Es decir, que la alta

EL REY DE TAORO, UNA CORRECTA NOVELA DE FRONTERA
E. G. R. urioso el caso de Horst Uden. Nacido en Silesia, Alemania, en 1898 y muerto en 1973, tras la I Guerra Mundial y con tan solo 23 años establece residencia en Málaga, ciudad que a partir de ese momento se convierte en su patria adoptiva. Hombre de espíritu viajero, recorre más de veinte países de tres continentes y escribe una novela histórica y un libro de leyendas durante su estancia en las islas Canarias en los años cuarenta. Estos libros son El rey de Taoro (1941) y Bajo el drago. Leyendas y tradiciones de las islas Canarias (1946), títulos que recientemente han sido editados al castellano por la editorial Zech. El rey del Taoro es la crónica de la conquista de Tenerife escrita por un hombre que intentó en todo momento ajustarse a la bibliografía que existía sobre este período de la Historia. Entendida así, estamos ante un relato que deja poco margen a la imaginación aunque hay capítulos en los que su autor deja rienda suelta a su cabeza con resul-

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tados digamos que interesantes. Como novela histórica, que tal es su pretensión, El rey de Taoro es un relato bonito y que se lee muy bien pese a su decadente y ampuloso lenguaje poético ya que no reniega de su barniz aventurero. Encontrará el lector, en este sentido, batallas, peleas, combates, también la confrontación de dos mundos: el aborigen y el europeo cuyo final se sabe inevitable. Uden evita como puede el partidismo, aunque al final se aprecie que sus simpatías están del lado de los perdedores. En este aspecto, el lector iniciado podrá encontrar ecos del mejor Karl May, escritor germano que se hizo famoso por sus novelas del lejano oeste americano sin haber pisado jamás suelo americano. Destaco a May porque May sintió siempre un reverencial respeto por los indígenas de la nación más poderosa de la tierra. Uno de sus personajes más populares es el indio Winnetou. No quiero decir con esto que Uden pinte a los guanches y en concreto al rey de Taoro como una especie de Winnetou,

pero cuando el río suena, agua lleva. El rey de Taoro es una novela digna. Escrita con mucho amor y respeto. Entretendrá además a los que no están muy iniciados en la historia de los primeros pobladores del archipiélago, y quiero

creer que también a los que parecen que conocen casi todas las luces y sombras de ese pueblo que hoy se confunde en la leyenda. El exotismo de El rey de Taoro es que está escrito por un extranjero, quien retrata, reitero que con la precisión de las fuentes históricas a las que tuvo acceso, el capítulo final de un pueblo. El problema de la novela, como otras tantas que he leído sobre guanches (por generalizar a todos los indígenas de las siete islas) es que le falta pasión y sobre todo personajes vivos. Hombres y mujeres que se muevan porque así lo demanda el curso del relato y no el de la historia. Con todo, estamos ante una novela curiosa, que no renuncia a la épica guerrera de un bando y del otro. Ejércitos que lideran dos personajes antagónicos –el mencey Bencomo y Alonso Fernández de Lugo– que a su manera resume el dichoso abismo que separa espiritual e intelectualmente a las gentes de este archipiélago desde que se produjeron aquellos hechos cruentos. Esta ha sido una de las razones por las que he querido leerla y entenderla como una novela del oeste de Karl May. Un relato de frontera. Solo que indios y vaqueros son guanches y conquistadores castellanos. Así que a mi juicio, más que una novela histórica, El rey de Taoro es una correcta y rigurosamente ambientada novela de aventuras.

Sábado, 10 de septiembre de 2011

El perseguidor 7

EL VUELO DE ÍCARO /
Número:CXLVI

Coordinación: Coriolano González Montañez

LA POESÍA PRESOCRÁTICA DE HILARIO TUNDIDOR
ENRIQUE VILLAGRASA

E

l poeta zamorano Jesús Hilario Tundidor (1935) es el último poeta presocrático que nos queda y prueba de ello es este estuche que bajo el título de “Un único día” (Calambur) recoge su poesía casi completa en dos volúmenes, con las excepciones que hace notar en su “Addenda”, en el segundo volumen (pp.413-416), de obligada, necesaria y justa lectura; también es necesaria la lectura de la introducción de la profesora Natalia Carbajosa, gran conocedora de la obra poética del autor, por lo que no sé si es del todo necesario un análisis de estos volúmenes ante semejante delantal. En el primero de ellos, subtitulado “Borracho en los propileos”, se incluye lo publicado entre 1960 y 1978, y en el segundo volumen, “Repaso de un tiempo inmóvil”, el período 1980-2008. No deja de ser, pues, una gran antología de las distintas etapas de su obra poética, a falta de la última, creo ya iniciada con su poemario “Fue” (Cálamo). Etapas que son una biografía vital y literaria del escritor o al menos donde se dibuja, pergeña, retrata. En esta poesía reunida, se

excluyen, por expreso deseo suyo, “Mausoleo” (Devenir) y el citado “Fue”. Los cuales junto a otro libro inconcluso, todo parece indicar que formarán una futura trilogía, esa otra etapa de su obra. No obstante, “Repaso de un tiempo inmóvil” se cierra con un largo y arrebatador poema en prosa, inédito, que está escrito para concluir “Un único día”, cuyo significativo título es “El holocausto de los huracanes”: una joya. En fin, que sí, que están todos sus otros libros; muchos de los cuales vieron la luz en editoriales pequeñas y provinciales y son ya, por tanto, imposibles de hecho de encontrar. Hay que significar una última cosa que en “Borracho en los propileos” se incluye “Tetraedro” (1978), texto que corresponde aparentemente a su período más existencialista y tal vez también más sentimental, cuando antes se adscribía a su siguiente otra época por lo que es, no cabe duda y por eso está ahí un “libro bisagra”, porque creo que ya anticipa aspectos de la siguiente época; lo que sí puedo asegurar es que Jesús Hilario siempre está lápiz en mano corrigiendo, que no pocas veces me recuerda a que su obra siempre es un continuo reescribir, cual palimpsesto.

La poesía que denomino “presocrática” de Tundidor ha pasado por un manifiesto sentimiento cosmológico, existencial que ya hemos dicho, en parte significativa en aquellas décadas cuando empieza a publicar, a una siguiente etapa, que diríase intermedia o sofista presocrática, en la que el lenguaje cobra un peso especial, por la acumulación de elementos expresivos, tocada en ocasiones de notas surrealistas, para llegar, ya en su plena madurez, con una manera muy personal de pluralismo y mecanicismo, donde el lenguaje, limpio de polvo y paja, se identifica, con la intuición poética que absorbe al poeta zamorano. Podemos decir que al igual que la filosofía presocrática se caracteriza por la investigación sobre la naturaleza y sus principios y causas, no debemos dejar de lado ese otro aspecto que recorre la investigación de un modo implícito o explícito: la consideración sobre el conocimiento humano. Desconfianza hacia el mito. La tradición y la memoria van dejando hueco a la observación directa de la naturaleza y la reflexión racional. No tiene valor, o al menos es dudoso, la información suministrada por los sentidos. Igual es, salvando las distancias, la poesía de Tundidor, desconfía del mito y conoce y bien la tradición para luego olvidarla e investigar por su cuenta observando y observando, trabajando en y con el lenguaje. Es por tanto Jesús Hilario Tundidor todo un poeta, un ser en el y por el quehacer lírico; un poeta inspirado, quien busca, persigue y encuentra en el verso su sola libertad; un poeta para quien ser y estar, por obra, son términos sinónimos e irrenunciables. Puede decirse que, tanto en un cierto nivel

de significación como en aspectos formales, se ha mantenido siempre independiente: acertadamente o no frente a todo aquello que pudiera teñir o empañar su propia visión del mundo y su sencillo quehacer demiurgo. Como se lee en sus versos, la naturaleza, la vida cotidiana, el amor, la memoria de un tiempo pretérito, que fue y que es sobre todo presente, pues el tiempo pasa pero queda prisionero en el poema, son encarnados en el yo poético, con la humildad de quien sabe que la realidad fundamental está en uno mismo, y que la sombra y la luz son dos caras de la misma moneda. Reflexión metapoética que enriquece su obra. Me queda apuntar que en el difuso panorama poético español, la figura y la obra de Jesús Hilario Tundidor destaca por su integridad y con este “Un único día” se hace patente la esencia y altura de su poesía a pesar de muchos, que nunca se lo reconocerán públicamente como debieran. Estamos, no lo dude nadie, ante un poeta de raza, uno de los más representativos de la lengua española actual, un todo terreno, capaz del mayor simbolismo y de la ácida y certera finura popular; domina el metro clásico y es un visionario racional. Centra su vida en el verso y en cada uno de los versos, fijándose en todo lo que le rodea, que escribe con mano firme y buen ritmo menor y mayor: la cadencia del verso. Y como él dice siempre escribir poesía es apasionar la inteligencia y clarificar la emoción del conocimiento y lo logra. Para mí su poemario más representativo es “Construcción de la rosa” (1990): “Necesidad del canto / y canto mismo, palabra, / en el lecho nupcial de la quimera.” (p.166. volumen dos). Aunque ahí está su siempre “único día”. ¡Amén!

MICRORRELATO

UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA
JOSÉ MANUEL SOLA i nombre es Martín Rodríguez. Ese fue el nombre que me dieron en el orfanato donde pasé los diez primeros años de mi vida, si es que así se podía llamar a los eternos días de hambre y palizas de las que nunca llegué a encontrar razón alguna. Martín Suárez de Pedralbes, Conde de la Bellavista, era el protector del Orfanato de la Santísima Trinidad, situado en los arrabales de Madrid, a suficiente distancia de su palacete como para no ser molestado con nuestras inmundicias. El Conde, aportando la siempre insuficiente cantidad de dos mil reales, se jactaba, ante la burguesía con la que se codeaba, del compromiso que tenía con sus ideas ilustradas de libertad, igualdad y fraternidad. No conocían sus amigos que cada año, al renovar el pago de su contribución, ponía siempre dos condiciones; todos los niños acogidos debían llamarse Martín y el primer jueves de cada mes debían enviarle, a su residencia, al

M

último Martín acogido que no tuviese más de diez años. Ninguno de los niños que volvía contaba nada de lo que habían vivido esa noche. Yo fui el Martín de marzo de 1827 y tampoco lo conté. Después de aquella noche no volví al orfanato, me escapé al amanecer del dormitorio del Conde y desde entonces comencé a vivir, primero en la calle, y finalmente, en enormes palacios rodeado de aquellos que han creado lo que soy hoy. De mis padres no tengo recuerdo alguno. Sagrario, la vieja cocinera del orfanato de la que tengo un vago recuerdo de bondad, siempre me decía que los únicos regalos que mis padres me hicieron fueron mi belleza y mi astucia. La belleza de mi madre, María, una prostituta cuya única ambición era sobrevivir un día más a la tuberculosis que terminó por llevársela por delante. La astucia de mi padre, Antonio, un ladrón de poca monta, ajusticiado a garrote vil después de que su amigo de correrías lo vendiese por una cuarta de vino rancio. Durante diecisiete años he sobrevivido

usando tales regalos aunque, a decir verdad, más que sobrevivir, he dejado que los días, las semanas e inclusos los escasos años que he vivido, hayan pasado por mí sin que me dejasen ningún rastro de felicidad o apenas algún momento de dicha digna de mención. Apenas me quedan unas horas de vida, después del amanecer seré ajusticiado al igual que mi padre, aunque por razones muy distintas. Mi padre robaba para vivir y yo he matado para buscar el sentido de mi vida. Sin embargo, en ninguna de mis treinta y siete víctimas, he hallado nada de esto y en cada nuevo asesinato solamente he añadido más angustia y desesperación por tener que seguir buscando la razón por la que continuar viviendo al día siguiente. En todas ellas busqué un resquicio de sentido a mis desgracias, probar la existencia del alma que no lograba encontrar en mí mismo, de aquello que garantizaba que, después de mi muerte, obtendría la recompensa final a todas mis desgracias vividas y con ello, la justificación a todas las vejaciones y humillaciones a las que me acostumbré desde mi nacimiento. Ana, Constanza o Lucía pensaban que tenían un futuro, preparaban su vida para encontrar al marido que las mantendría en la alta sociedad para la que habían nacido, asistirían a bailes, conciertos o cenas y gozarían del reconocimiento de los suyos al mejor peinado, el vestido más atrevido o el

perfume más innovador. Pero detrás de todo esto ¿qué más había? ¿Qué sentido tenía haber conocido al Conde? ¿Para qué había servido mi venida a este mundo? Sí, yo las maté, aunque creo en realidad les hice el favor de adelantarles el final. Si realmente no existía nada más, si yo no iba a obtener nada al final de mis días, yo no merecía haber pasado por lo que pasé, ni ellas merecían no haber sufrido desgracia alguna. De hecho, alguna de ellas, ni siquiera en sus últimos momentos se dieron cuenta de lo que les sucedía, de que aquel futuro de felicidad y parabienes se les escapaba para siempre. Solo fue una cuestión de justicia. Lo único que le pido, señor confesor, es que sea breve, tengo prisa por ser ajusticiado y no me queda nada más que confesarle, siento no arrepentirme de nada de lo que he hecho, yo tampoco me merecía mi vida. Ahora, por fin, podré resolver lo único que siempre me inquietó. ¿Y cuando muera qué? En el peor de los casos, mi desgracia se prolongará eternamente, pero a esto ya estoy acostumbrado, por el contrario en el mejor de los casos, mi vida simplemente terminaría como empezó, sin yo proponérmelo. José Manuel Sola Quesada, nacido el 24 de enero de 1967 en Las Palmas de Gran Canaria.

8 El perseguidor

Sábado, 10 de septiembre de 2011
PORTADA DE REMANDO TRAVESÍA HACIA LA PAZ.

Remando travesía hacia la paz
R.C. La colección Vid nueva de Ediciones Idea ha presentado recientemente el poemario Remando travesía hacia la paz, de Julia Gil. El volumen cuenta con un prólogo de la poeta Aitana Alberti (hija de Rafael Alberti) y una introducción del profesor de la universidad de La Laguna Félix J. Ríos. Remando travesía hacia la paz es un canto y una llamada hacia la concordia y la solidaridad humana y una denuncia de la gran contradicción que conlleva el progreso, con la proliferación de armamento. Julia Gil muestra su indignación ante la

represión y la guerra, ante la crueldad en que está inmerso el mundo, y para ello se vale de “un lenguaje desatado que deja que la imprecación más popular aparezca desafiante frente al lenguaje normativo políticamente correcto”, en palabras de Félix J. Ríos. Según Aitana Alberti: “Remando travesía hacia la paz es como uno de esos antiguos espejos desplegados en tríptico que refleja, en su azogue malherido, tres momentos de una misma trágica historia: la de una especie de monstruo mitológico devorador de hombres, mujeres, niños, aldeas, campos cultivados, olivos milenarios, mares tranquilos, que siembra el caos y la miseria en nuestro pobre mundo”. El libro se estructura en tres

bloques principales, que se corresponden con distintos momentos y acontecimientos: Tiempo de destrucción fue publicado en 1999 a raíz de los bombardeos sobre Yugoslavia. Al otro lado del dolor fue escrito durante los bombardeos sobre Gaza, entre 2008 y 2009, y presentado en el XIV Festival de Poesía Solidaria en La Habana,

en mayo de 2009, en formato artesanal. Puntales y faros fue redactado a finales de 2010, tras la represión marroquí sobre el campamento saharaui en El Aaiún. Tal y como explica la autora: “Los tres conjuntos tienen en común el drama de la guerra, con ese alarde actual de desigualdad y prepotencia. En los tres se muestra, especialmente hacia los finales, un larvado pero potente anhelo de esperanza y de paz. Suman un conjunto homogéneo, aunque también comportan una evolución”. Julia Gil nació en Santa Cruz de Tenerife. Estudió Filología Románica en la Universidad de La Laguna. Hacia los 24 años entró como profesora interina en el Instituto de Santa Cruz de Tenerife. En 1963 ganó la

oposición de Agregada de Lengua y Literatura Española en Jaén y en 1967 obtuvo la cátedra para Santa Cruz de La Palma. Al año siguiente retornó definitivamente a Tenerife. En septiembre de 1999 publicó su primer libro de poemas, titulado Tiempo de pasión. Tiempo de destrucción. Otros poemarios que ha publicado son Grabados en mi infancia (2000); Vuelo, posada, remanso (2003), De olvidos y de existencias (2004) y Ciudad de Espumas (2007). Con Ediciones Idea. La escritora Jualia Gil ha publicado los siguientes títulos: la novela Como tú eres así (2006), el libro de relatos Once trapecios al trasluz (2010) y los poemarios Ruta de las setas (2009) y, por último, Remando travesía hacia la paz (2011).

NOVEDADES/

Rafa Cedrés

UN ESTUDIO REVELA LOS INSTRUMENTOS MUSICALES PRIMITIVOS DE CANARIAS
ublicado por Ediciones Aguere y Ediciones Idea, Los litófonos de Tenerife es el primer libro que publica Javier García Miranda, una investigación que gira en torno a los instrumentos musicales más primitivos del archipiélago. El libro se presentó el jueves pasado, 8 de septiembre, en la sede de la Mutua de Accidentes de Canarias (MAC) en Santa Cruz de Tenerife, en un acto en el que intervino además del autor, la catedrática de Historia de la Música en la Universidad de La Laguna Rosario Álvarez, y el editor, periodista y escritor Ánghel Morales. Los litófonos de Tenerife aborda desde un punto de vista sencillo y sin tecnicismos, una variante muy poco estudiada hasta ahora de la estrecha relación que los primeros pobladores de las islas mantenían con la naturaleza, los animales, los árboles y con determinadas piedras y accidentes geográficos. La tradición oral representa la base fundamental de este libro, que García Miranda ha ido labrando progresivamente como resultado de muchos paseos y horas de conversación con los más ancianos de los lugares más remotos de Tenerife. En una nota informativa, se asegura que “desde la época de los guanches, los cana-

P

rios han hecho uso de determinadas piedras que producen un peculiar sonido metálico al ser golpeadas con diversos fines. El elevado número de este tipo de yacimientos en las islas y especialmente en Tenerife, existiendo más de una treintena de topónimos que hacen referencia a posibles litófonos, así como el carácter ritual en su origen de la mayoría de nuestras manifestaciones folclóricas ancestrales, dan fe de la importancia que el sonido de estas piedras representaba para nuestros antepasados. Muchos de estos enclaves están asociados a grabados rupestres, canalillos, cazoletas y otros tipos de manifestaciones, así como a un sinfín de leyendas y tradiciones orales relativas a su uso como lugares de culto o de especial interés de tipo ritual o sobrenatural. “ Francisco Javier García Miranda (La Laguna, 1966) es folclorista, investigador y fotógrafo deportivo. Desde muy joven se interesó por el folclore y los deportes autóctonos, formando parte de varios grupos de música tradicional de La Laguna. Las actividades en la naturaleza, el senderismo y la exploración le fascinan igualmente desde pequeño. Fruto de la combinación de ambas aficiones ha ido conociendo personas, historias y lugares que han marcado su vida y parte de las cuales

ha plasmado en diferentes colaboraciones en medios de comunicación. Entre 1996 y 1999 dirigió el programa radiofónico de divulgación folclórica y etnográfica GuanChinet, en Onda Interior Radio. En 1999 estuvo al frente del Proyecto Atlas, consistente en buscar paralelismos entre el folclore beréber del Alto Atlas Marroquí y el folclore de Canarias. Como resultado de esta investigación se publicó en 2001 la grabación El Folclore Beréber del Sur de Marruecos. El sello británico ARC Music se interesó por dicho trabajo, constituyendo la primera grabación digital de música tradicional del Alto Atlas. Es colaborador habitual de la revista El Pajar, Cuadernos de Etnografía en Canarias y de otras publicaciones especializadas en Folclore y etnografía, así como de numerosos programas de radio y televisión. En el campo del periodismo deportivo, dirigió entre 2004 y 2009 la revista digital Tenerife Motor, con índices de audiencia superiores a las 2.500 visitas diarias. En 2006 obtiene el primer premio de fotografía del Rallye de Canarias. Igualmente ha colaborado con diferentes medios de prensa, radio y televisión. Es miembro de las Asociaciones Tinerfeña y Española de la Prensa Deportiva y Secretario del Moto Club Cumbres de Anaga.

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