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Gastroenteritis

Gastroenteritis es el término que se aplica en general a un grupo de trastornos cuya causa son
las infecciones y la aparición de síntomas como pérdida de apetito, náuseas, vómitos, diarrea
moderada a intensa, retortijones y malestar en el abdomen. Junto con los líquidos corporales se
pierden los electrólitos, particularmente el sodio y el potasio. Aunque se trata de un ligero
contratiempo en los adultos sanos, un desequilibrio electrolítico puede provocar una
deshidratación en las personas muy enfermas y en niños y ancianos.

Causas

Las epidemias de diarrea en lactantes, niños y adultos son generalmente causadas por
microorganismos presentes en el agua o en los alimentos contaminados habitualmente por heces
infectadas. Las infecciones también se pueden transmitir de persona a persona, especialmente si
alguien con diarrea no se lava bien las manos tras una evacuación. Las infecciones por un tipo de
bacteria llamada Salmonella pueden adquirirse al tocar reptiles, como tortugas o iguanas, y luego
llevarse los dedos a la boca.
Ciertas bacterias producen toxinas que hacen que las células de la pared intestinal aumenten la
secreción de agua y electrólitos. Una de estas toxinas es la responsable de la diarrea acuosa,
síntoma del cólera. Otra toxina producida por una bacteria muy común, la Escherichia coli (E.
coli), puede causar la diarrea del viajero y algunos brotes de diarrea en los servicios hospitalarios
de pediatría.
Algunas bacterias, como ciertas variedades de E. coli, Campylobacter, Shigella y Salmonella
(incluido el tipo que causa la fiebre tifoidea), invaden el revestimiento mucoso intestinal. Estas
bacterias dañan las células subyacentes, provocando ligeras ulceraciones que sangran y
condicionan una pérdida considerable de líquido rico en proteínas, electrólitos y agua.
Además de las bacterias, ciertos virus, como el Norwalk y el Coxsackie, provocan gastroenteritis.
Durante el invierno en las zonas de clima templado, los rotavirus causan la mayoría de los casos
de diarrea lo suficientemente graves como para que los lactantes y niños de 2 a 4 años tengan
que ser hospitalizados. Además del estómago y del intestino, las infecciones por enterovirus y
adenovirus también pueden afectar a los pulmones.
Ciertos parásitos intestinales, particularmente la Giardia lamblia, invaden o se adhieren al
revestimiento intestinal y causan náuseas, vómitos, diarrea y un estado de malestar general. La
enfermedad resultante, llamada giardiasis, es más común en climas fríos. Si la enfermedad se
hace persistente (crónica), puede impedir que el organismo absorba nutrientes, que genera un
trastorno llamado síndrome de malabsorción. Otro parásito intestinal, denominado
Cryptosporidium, provoca diarrea acuosa que a veces se acompaña de retortijones abdominales,
náuseas y vómitos. En personas sanas, la enfermedad es generalmente leve, pero en los
inmunodeprimidos, la infección puede ser grave o incluso mortal. Tanto la Giardia como el
Cryptosporidium se adquieren básicamente al beber agua contaminada.
La gastroenteritis puede ser consecuencia de la ingestión de toxinas químicas presentes en los
mariscos, en plantas como las setas y las patatas (papas) o en alimentos contaminados. La
intolerancia a la lactosa (incapacidad para digerir y absorber el azúcar de la leche) también
puede causar gastroenteritis. Los síntomas, que a menudo ocurren tras ingerir leche, son a veces
interpretados erróneamente como una alergia a la leche. La ingesta accidental de metales
pesados como arsénico, plomo, mercurio o cadmio, con el agua o los alimentos, puede provocar
repentinamente náuseas, vómitos y diarrea. Muchos fármacos, incluidos los antibióticos,
ocasionalmente provocan retortijones abdominales y diarrea.

Síntomas

El tipo y la gravedad de los síntomas dependen del tipo y de la cantidad de la toxina o del
microorganismo ingeridos. También varían de acuerdo a la resistencia de la persona a la
enfermedad. Los síntomas a menudo comienzan súbitamente (a veces de forma llamativa) con
pérdida de apetito, náuseas o vómitos. Pueden presentarse murmullos intestinales audibles,
retortijones y diarrea con o sin presencia de sangre y moco. Las asas intestinales pueden
dilatarse con el gas y causar dolor. La persona puede tener fiebre, sentirse decaída, sufrir dolores
musculares y notar cansancio extremo.
Los vómitos intensos y la diarrea pueden conducir a una marcada deshidratación y a una intensa
hipotensión (disminución de la presión arterial). Tanto los vómitos excesivos como la diarrea
pueden causar una grave pérdida de potasio, que se traduce en bajos valores sanguíneos de éste
(hipopotasemia). También bajan los valores de sodio (hiponatremia), particularmente si la persona
repone el volumen perdido bebiendo sólo líquidos que contengan poca sal (como el agua y el té).
Todos estos desequilibrios son potencialmente graves.

Diagnóstico

El diagnóstico de gastroenteritis es generalmente obvio a partir de la sintomatología, pero no así


su causa. En ocasiones, otros miembros de la familia o compañeros de trabajo han estado
recientemente enfermos con síntomas similares. Otras veces, la persona puede relacionar la
enfermedad con alimentos inadecuadamente cocinados, en mal estado o contaminados, como la
mayonesa que ha permanecido mucho tiempo fuera del frigorífico o los mariscos crudos. Los
viajes recientes, especialmente a ciertos países, pueden asimismo aportar datos para el
diagnóstico.
Si los síntomas son intensos o duran más de 48 horas, pueden examinarse muestras de las heces
buscando la presencia de glóbulos blancos y de bacterias, virus o parásitos. También puede
ayudar a identificar la causa el análisis de los vómitos, los alimentos o la sangre.
Si los síntomas persisten más de algunos días, el médico puede tener que examinar el intestino
grueso con un colonoscopio (tubo flexible de visualización) para descartar una colitis ulcerosa o
una disentería amebiana (amebiasis).

Tratamiento

Habitualmente, el único tratamiento necesario para la gastroenteritis es la ingestión de líquidos


adecuados. Incluso una persona que esté vomitando debe tomar pequeños sorbos de líquido para
corregir la deshidratación, lo que a su vez puede ayudar a que cesen los vómitos. Si éstos se
prolongan o el individuo se deshidrata gravemente, puede ser necesario administrar los líquidos
por vía intravenosa. Dado que los niños se deshidratan con mayor facilidad, ellos deben recibir
líquidos con un balance apropiado de sales y azúcares. Cualquiera de las soluciones de
rehidratación disponibles comercialmente es satisfactoria.
Sin embargo, no son apropiados para los niños con diarrea los líquidos que generalmente se
administran, como las bebidas carbonatadas, el té, las bebidas consumidas por deportistas y los
zumos de frutas. Si los vómitos son intensos, el médico puede administrar una inyección o
prescribir supositorios.
A medida que los síntomas mejoran, el paciente puede añadir gradualmente a la dieta comidas
blandas como cereales cocinados, plátanos, arroz, compota de manzana y pan tostado. Si la
modificación de la dieta no corta la diarrea después de 12 a 24 horas y si no hay sangre en las
heces que indique una infección bacteriana más importante, pueden administrarse fármacos como
difenoxilato, loperamida o subsalicilato de bismuto.
Como los antibióticos pueden causar diarrea y favorecer el crecimiento de organismos resistentes
a los mismos, raramente resulta apropiado su uso, aun en el caso de que una bacteria conocida
esté produciendo la gastroenteritis.
Sin embargo, los antibióticos se pueden usar cuando los causantes son ciertas bacterias como el
Campylobacter, la Shigella y el Vibrio colerae.

Colitis hemorrágica

La colitis hemorrágica es un tipo de gastroenteritis en la que cierta variedad de la bacteria


Escherichia coli (E. coli) infecta el intestino grueso y produce toxinas que causan una diarrea
súbita con sangre y a veces otras graves complicaciones.
Una de las variedades más frecuentes de E. coli que causan colitis hemorrágica se llama E. coli
O157:H7. Esta variedad se encuentra en los intestinos del ganado vacuno sano. Los brotes se
pueden desencadenar al ingerir carne mal cocinada o por beber leche de vaca no pasteurizada.
La enfermedad también puede ser transmitida de persona a persona, sobre todo entre niños que
usan pañales. La colitis hemorrágica puede ocurrir en personas de todas las edades.
Las toxinas de E. coli dañan el revestimiento mucoso del intestino grueso. Si son absorbidas y
pasan al flujo sanguíneo, pueden afectar a otros órganos, como el riñón.

Síntomas

Los síntomas se caracterizan por la presencia de retortijones abdominales intensos y de


comienzo súbito, junto con diarrea acuosa que típicamente se vuelve sanguinolenta en las
primeras 24 horas. La temperatura corporal es generalmente normal o se eleva ligeramente, pero
en ocasiones puede alcanzar más de 39 ºC. La diarrea generalmente dura de 1 a 8 días.
Alrededor del 5 por ciento de los infectados con E. coli O157:H7 desarrolla el síndrome urémico-
hemolítico. Los síntomas consisten en anemia, causada por la destrucción de los glóbulos rojos
(anemia hemolítica), un bajo recuento de plaquetas (trombocitopenia) e insuficiencia renal súbita.
Algunos enfermos también sufren convulsiones, accidentes vasculares cerebrales u otras
complicaciones derivadas de lesiones en los nervios o en el cerebro. Estas complicaciones se
desarrollan típicamente en la segunda semana de la enfermedad y pueden ser precedidas por un
aumento de la temperatura. El síndrome urémico-hemolítico es más probable que ocurra en niños
menores de 5 años y en personas de edad avanzada.

Diagnóstico y tratamiento

El médico generalmente sospecha una colitis hemorrágica cuando una persona indica haber
tenido diarrea con sangre. Para establecer el diagnóstico, se analizan muestras de heces
buscando E. coli O157:H7. Estas muestras deben obtenerse dentro de la primera semana o al
iniciarse los síntomas. Pueden realizarse otras pruebas, como la colonoscopia (un examen del
intestino grueso usando un tubo flexible de visualización), si se sospecha que otras
enfermedades puedan estar causando la diarrea sangre.
Los aspectos más importantes del tratamiento consisten en ingerir suficiente líquido para
reemplazar los que se han perdido y mantener una dieta blanda. Los antibióticos no alivian los
síntomas, no eliminan las bacterias, ni previenen las complicaciones. Es probable que las
personas que desarrollan complicaciones requieran cuidados intensivos en un hospital, como la
diálisis.

Intoxicación alimentaria por estafilococos

La intoxicación alimentaria por estafilococos ocurre al ingerir alimentos contaminados por toxinas
de ciertas variedades de estafilococos, que son bacterias muy comunes; como resultado se
producen vómitos y diarrea.
El riesgo de un brote de infección es alto cuando las personas que manipulan alimentos tienen
infecciones en la piel y contaminan la comida que se halla a temperatura ambiente, permitiendo
así que las bacterias proliferen y produzcan sus toxinas. Los alimentos típicamente susceptibles
de contaminación incluyen las natillas, la pastelería de crema, la leche, la carne en conserva y el
pescado.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas se inician generalmente de forma súbita con intensas náuseas y vómitos, alrededor
de 2 a 8 horas después de ingerir los alimentos contaminados. Otros síntomas pueden incluir
retortijones abdominales, diarrea y a veces dolor de cabeza y fiebre. La importante pérdida de
líquidos y electrólitos puede causar debilidad y presión arterial baja (shock). La sintomatología
generalmente dura menos de 12 horas y la recuperación suele ser completa. Ocasionalmente, la
contaminación alimentaria resulta mortal, sobre todo en jóvenes, en personas de edad avanzada
y en los debilitados por enfermedades crónicas.
Habitualmente los síntomas son suficientes para que el médico establezca el diagnóstico. En
general, otras personas que consumen los mismos alimentos se ven afectadas de modo similar y
el trastorno puede ser atribuido a una sola fuente de contaminación. Para confirmar el
diagnóstico, el laboratorio debe identificar el estafilococo en el alimento sospechoso. El estudio al
microscopio de las muestras de vómito también puede evidenciar la presencia estafilococos.

Prevención y tratamiento

Una cuidadosa preparación de los alimentos puede prevenir la contaminación alimentaria por
estafilococos. Cualquiera que tenga una infección estafilocócica en la piel, como forúnculos o
impétigo, no debe manipular alimentos para otros hasta que se encuentre libre de la infección.
El tratamiento generalmente consiste en beber líquidos adecuados. Cuando los síntomas son
graves, el médico puede administrar inyecciones o prescribir supositorios para ayudar a controlar
las náuseas. A veces, la pérdida de líquidos es tal que se tienen que reponer por vía intravenosa.
La administración rápida de líquidos y electrólitos por vía intravenosa a menudo proporciona una
gran mejoría.
Botulismo

El botulismo es una contaminación alimentaria poco común y potencialmente mortal, causada por
las toxinas producidas por la bacteria Clostridium botulinum.
Estas toxinas son el veneno más potente que se conoce y pueden dañar gravemente los nervios y
los músculos. Dado que causan lesiones nerviosas, se las conoce como neurotoxinas. La
clasificación médica del botulismo depende de factores como su transmisión por los alimentos, si
se adquiere a través de una herida o si se trata de botulismo infantil. El botulismo transmitido por
los alimentos resulta de la ingesta de carne contaminada y el causado por heridas es
consecuencia de una herida infectada. El botulismo infantil, que también se debe a la ingestión
de alimentos contaminados, ocurre en lactantes.

Causas

La bacteria Clostridium botulinum forma esporas. Como las semillas, las esporas pueden
permanecer en estado de latencia durante muchos años y son muy resistentes a la destrucción.
En condiciones ideales (presencia de humedad y de nutrientes y ausencia de oxígeno), las
esporas comienzan a crecer y a producir una toxina. Algunas toxinas producidas por el
Clostridium botulinum son proteínas altamente tóxicas que resisten la destrucción por parte de las
enzimas protectoras del intestino.
Cuando se ingiere un alimento contaminado, las toxinas penetran en el organismo a través del
sistema digestivo, causando el botulismo transmitido por los alimentos. Las conservas caseras
son la fuente más frecuente de botulismo, aunque las comerciales han sido responsables de
alrededor del 10 por ciento de los brotes. Las fuentes alimentarias más frecuentes son los
vegetales, el pescado, las frutas y los condimentos. La carne vacuna, los productos lácteos, el
cerdo, las aves y otros alimentos son también responsables ocasionales de botulismo.
El botulismo de las heridas ocurre cuando éstas se contaminan con Clostridium botulinum. Dentro
de la herida, la bacteria produce una toxina que pasa posteriormente a la sangre, produciendo los
síntomas.
El botulismo infantil ocurre con mayor frecuencia en lactantes de 2 a 3 meses de edad. A
diferencia del botulismo transmitido por los alimentos, el infantil no es causado por la ingestión
de toxinas previamente formadas. Resulta de la ingestión de alimentos que contienen esporas,
las cuales se desarrollan posteriormente en el intestino del lactante, produciendo las toxinas.
En general, la causa es desconocida, pero en algunos casos se ha relacionado con la ingestión
de miel. El Clostridium botulinum es común en el medio ambiente y muchos casos pueden resultar
de la ingestión de pequeñas cantidades de polvo o tierra.

Síntomas

Los síntomas se desarrollan de forma súbita, generalmente al cabo de 18 a 36 horas de haber


penetrado las toxinas en el organismo, aunque los síntomas pueden manifestarse al cabo de 4
horas o tardar 8 días en hacerlo. Cuanta más toxina penetra, más pronto se siente enferma la
persona. Los casos más graves se presentan en las personas que se sienten enfermas dentro de
las primeras 24 horas después de haber ingerido alimentos contaminados.
Los primeros síntomas habitualmente incluyen boca seca, visión doble, caída de los párpados e
incapacidad para enfocar los objetos cercanos. Las pupilas no se contraen con normalidad
cuando se exponen a la luz durante un examen ocular; incluso pueden no contraerse en absoluto.
En algunas personas, los primeros síntomas consisten en náuseas, vómitos, retortijones
abdominales y diarrea. Otras nunca llegan a desarrollar estos síntomas gastrointestinales,
particularmente las personas que padecen el botulismo de las heridas.
La persona afectada presenta dificultades para hablar y tragar. Este trastorno de la deglución
puede conducir a la aspiración de alimentos y posterior neumonía por aspiración. La musculatura
de los brazos y las piernas y los músculos implicados en la respiración se debilitan de forma
progresiva a medida que los síntomas van avanzando gradualmente, de arriba abajo. La
imposibilidad de los nervios para funcionar adecuadamente afecta a la fuerza muscular, aunque
se mantiene la sensibilidad. A pesar de ser una enfermedad tan grave, generalmente no se altera
el estado mental.
Cerca de dos tercios de los lactantes con botulismo infantil presentan el estreñimiento como el
primer síntoma. Después se afectan los nervios, produciendo parálisis musculares que comienzan
en la cara y en la cabeza y alcanzan finalmente los brazos, las piernas y los músculos
respiratorios. Los nervios de un lado del cuerpo pueden resultar más afectados que los del otro.
Los síntomas que manifiesta el bebé varían desde un letargo moderado y una prolongación del
tiempo necesario para alimentarse, hasta una pérdida grave del tono muscular e incapacidad para
respirar adecuadamente.

Diagnóstico

En el botulismo transmitido por los alimentos, el médico puede establecer el diagnóstico en


función del patrón característico de la lesión nerviosa y muscular. Sin embargo, a menudo se
confunden los síntomas con los de otras causas más frecuentes de parálisis, como un accidente
vascular cerebral. El origen probable en una comida proporciona datos adicionales. El diagnóstico
es sencillo cuando el botulismo ocurre en dos o más personas que hayan ingerido los mismos
alimentos preparados en el mismo sitio. Se confirma cuando las pruebas de laboratorio detectan
la toxina en la sangre del afectado o cuando la bacteria crece en un cultivo de una muestra de
heces. La toxina también puede identificarse en el alimento sospechoso. En la mayoría de los
casos de botulismo, pero no en todos, la electromiografía (prueba que analiza la actividad
eléctrica muscular) pone de manifiesto contracciones musculares anormales tras una estimulación
eléctrica.
El diagnóstico de botulismo de las heridas se confirma al encontrar las toxinas en la sangre o
cuando la bacteria crece en cultivos de una muestra del tejido lesionado.
Se confirma el diagnóstico de botulismo infantil tras hallar la bacteria o su toxina en una muestra
de las heces del bebé.

Prevención y tratamiento

Las esporas son altamente resistentes al calor y pueden soportar la ebullición durante varias
horas. Las toxinas, sin embargo, son rápidamente destruidas por el calor, por lo tanto la cocción a
80 ºC durante 30 minutos previene el botulismo transmitido por los alimentos. La cocción de las
comidas previa a su ingesta previene casi siempre el botulismo transmitido por los alimentos,
pero la inadecuada cocción de los mismos puede causar botulismo si se almacenan después de
cocinarlos. La bacteria puede producir algunas toxinas a temperaturas tan bajas como 3 ºC,
temperatura corriente de los frigoríficos.
Es esencial el envasado adecuado, tanto casero como comercial, y una adecuada cocción de las
conservas antes de servirlas. Las conservas que muestren algún signo de encontrarse en mal
estado pueden ser mortales y se deben desechar. También deben descartarse inmediatamente las
latas que están hinchadas o que gotean. Los lactantes menores de un año de edad no deben
tomar miel porque puede contener esporas.
Incluso una mínima cantidad de toxina por ingestión, inhalación o absorción a través del ojo o una
herida en la piel, puede causar una enfermedad grave. Por lo tanto, cualquier comida que pueda
estar contaminada debe manipulase con precaución. La persona debe evitar al máximo el
contacto de la comida con la piel y debe lavarse las manos inmediatamente después de haberla
manipulado.
Una persona que pueda haber contraído botulismo debe acudir inmediatamente al hospital. El
tratamiento a menudo no puede esperar los resultados de las pruebas de laboratorio, aunque
éstas se realizan de todos modos para confirmar el diagnóstico. Para eliminar del cuerpo
cualquier toxina que todavía no se haya absorbido, se puede inducir el vómito, limpiar el
estómago mediante un procedimiento denominado lavado gástrico y administrar laxantes para
acelerar el tránsito del contenido intestinal.
Los problemas respiratorios son el mayor peligro del botulismo. Los signos vitales (pulso,
frecuencia respiratoria, presión arterial y temperatura) se evalúan con regularidad. Si surgen
complicaciones respiratorias, la persona afectada debe ser trasladada a una unidad de cuidados
intensivos y se la puede conectar temporalmente a un respirador artificial. Estos cuidados
intensivos han reducido la tasa de fallecimientos por botulismo, que era de un 70 por ciento a
principios del siglo xx, a menos del 10 por ciento en la actualidad. También puede ser necesaria
la alimentación por vía intravenosa.
La antitoxina botulínica no revierte el daño causado, pero puede retrasar o detener un mayor
deterioro físico y mental, lo que permite que el cuerpo se vaya recuperando por sí mismo a lo
largo de meses. La antitoxina se administra tan pronto como se diagnostica el botulismo. Hay
mayores posibilidades de que resulte eficaz si se la administra dentro de las primeras 72 horas
tras el inicio de los síntomas. La antitoxina no se recomienda actualmente para el botulismo
infantil, ya que su eficacia para este tipo de botulismo todavía está en fase de estudio.
Intoxicación alimentaria por Clostridium perfringens

Este tipo de gastroenteritis es causado por la ingesta de alimentos contaminados por una toxina
producida por la bacteria Clostridium perfringens. Algunas variedades causan una enfermedad de
leve a moderada que mejora sin tratamiento; otras, sin embargo, producen un tipo de
gastroenteritis grave y a menudo mortal. Algunas toxinas no son destruidas por la cocción,
mientras que otras sí lo son. Generalmente, la carne contaminada es la responsable de los brotes
de contaminación alimentaria por Clostridium perfringens.

Síntomas, diagnóstico y tratamiento

La gastroenteritis es normalmente leve, aunque puede desarrollarse un cuadro grave con dolor
abdominal, distensión por los gases, diarrea intensa, deshidratación y shock.
El médico generalmente sospecha el diagnóstico cuando ha tenido lugar un brote local de la
enfermedad. El diagnóstico se confirma analizando los alimentos contaminados en busca de
Clostridium perfringens.
A la persona afectada se le administran líquidos y se le aconseja guardar reposo. En casos
graves, puede resultar útil la penicilina. Si la enfermedad destruye parte del intestino delgado,
puede que sea necesario intervenir quirúrgicamente para extirpar esa parte.

Diarrea del viajero

La diarrea del viajero (también llamada catarro intestinal, gripe intestinal o intestino del turista) es
un trastorno caracterizado por deposiciones diarreicas, náuseas y vómitos que afectan con
relativa frecuencia a las personas que viajan.
Los organismos más proclives a causar la diarrea del viajero son los tipos de Escherichia coli que
producen ciertas toxinas y algunos virus como el Norwalk.

Síntomas y diagnóstico

Las náuseas, los vómitos, los ruidos intestinales, los retortijones abdominales y la diarrea pueden
presentarse combinados y con un grado variable de gravedad. Los vómitos, el dolor de cabeza y
los dolores musculares son particularmente frecuentes en las infecciones causadas por el virus
Norwalk. En general, los casos son leves y desaparecen sin tratamiento. En raras ocasiones se
necesitan pruebas de laboratorio.

Prevención y tratamiento

Los viajeros deberían frecuentar restaurantes con una reputación de seguridad y no deberían
aceptar comidas o bebidas ofrecidas por vendedores ambulantes. Todos los alimentos deben
consumirse cocidos y todas las frutas peladas. Los turistas deberían beber sólo bebidas
carbonatadas o las preparadas con agua que haya sido hervida. Incluso los cubitos de hielo
deberían proceder de agua previamente hervida. Deberían evitarse las ensaladas con vegetales
no cocidos. El subsalicilato de bismuto puede ofrecer cierta protección. El beneficio que ofrecen
los antibióticos a modo de prevención es controvertido, pero se pueden recomendar estos
fármacos para las personas especialmente propensas a las consecuencias de la diarrea del
viajero, como los inmunodeprimidos.
El tratamiento incluye beber líquidos abundantes e ingerir una dieta blanda. Los antibióticos no se
recomiendan para la diarrea leve, a menos que el afectado presente fiebre o sangre en las heces.
Estos fármacos pueden causar daño al eliminar las bacterias que habitan normalmente en las
heces, favoreciendo el crecimiento de otras que son resistentes a dichos fármacos.

Intoxicación alimentaria por sustancias químicas

La intoxicación alimentaria por sustancias químicas es el resultado de la ingesta de plantas o


animales que contienen veneno.
La intoxicación por setas (hongos venenosos) puede resultar de la ingesta de cualquiera de las
muchas especies existentes. El potencial de intoxicación puede variar dentro de las mismas
especies, en diferentes momentos de la época de crecimiento y según cómo se cocinen. En la
intoxicación causada por especies de Inocybe y por algunas especies
de Clitocybe, la sustancia peligrosa es la muscarina. Los síntomas,
que se inician a los pocos minutos de la ingesta o incluso hasta 2
horas más tarde, pueden consistir en aumento del lagrimeo,
salivación, contracción de las pupilas y sudación, así como vómitos,
retortijones, diarrea y pérdida del equilibrio; ocasionalmente puede
haber confusión, coma y convulsiones. Con el tratamiento apropiado,
el enfermo se recupera en 24 horas, aunque el fallecimiento puede
producirse en pocas horas.
En la intoxicación causada por la ingestión de Amanita phalloides y
especies de setas relacionadas, los síntomas se inician entre 6 y 24
horas. Los afectados desarrollan síntomas intestinales similares a
los de la intoxicación por muscarina y la lesión renal puede disminuir
o abolir el volumen de orina. Es frecuente la ictericia secundaria a la
lesión hepática y ésta se desarrolla en 2 o 3 días. A veces, los síntomas desaparecen por sí
mismos, pero alrededor de la mitad de los que sufren una intoxicación por Amanita phalloides
mueren al cabo de 5 a 8 días.
La intoxicación por plantas y arbustos puede resultar de la ingestión de sus hojas y frutos, ya
sean salvajes o domésticos. Las raíces o los brotes verdes que crecen bajo el suelo y que
contienen solanina pueden producir náuseas leves, vómitos, diarrea y debilidad. Las habas
pueden provocar la rotura de los glóbulos rojos en personas genéticamente susceptibles
(favismo). La intoxicación por el cornezuelo del centeno se produce al ingerir cereales
contaminados por el hongo Claviceps purpurea. Las frutas del árbol de Koenig causan la
enfermedad del vómito de Jamaica.
La intoxicación por productos de mar puede ser causada por pescados o mariscos. Generalmente,
la intoxicación por pescado resulta de una de tres toxinas: ciguatera, tetrodotoxina o histamina.
La intoxicación por ciguatera puede ocurrir después de comer cualquiera de las más de 400
especies de pescado de los arrecifes tropicales de Florida, las Antillas o del Pacífico.
La toxina es producida por ciertos dinoflagelados (organismos marinos microscópicos que sirven
de alimento a los peces, que se acumulan en su carne). Los peces grandes y viejos son más
tóxicos que los pequeños y jóvenes. El sabor del pescado no se altera. Los procedimientos de
procesado que se utilizan actualmente no destruyen la toxina. Los síntomas pueden iniciarse
entre 2 y 8 horas tras la ingestión del pescado. Los retortijones abdominales, las náuseas, los
vómitos y la diarrea duran de 6 a 17 horas. Los síntomas más tardíos pueden incluir picores
(prurito), sensación de hormigueo, cefalea (dolor de cabeza), dolores musculares, inversión de
las sensaciones de frío y calor (trastornos térmicos) y dolor facial. Al cabo de varios meses, los
trastornos térmicos pueden volverse discapacitantes.
Los síntomas de la intoxicación por la tetrodotoxina del pez globo, que se encuentra sobre todo
en los mares alrededor del Japón, son similares a los de la intoxicación por ciguatera. La muerte
puede sobrevenir por la parálisis de los músculos respiratorios.
La intoxicación por histamina procedente de pescados, como la caballa, el atún y la albacora
(mahimahi), sucede cuando los tejidos de estos peces se descomponen tras su captura y
producen altos valores de histamina. Después de su ingesta, la histamina provoca un
enrojecimiento facial inmediato. También puede producir náuseas, vómitos, dolor de estómago y
urticaria pocos minutos después de haber comido el pescado. Los síntomas generalmente duran
menos de 24 horas.
Desde junio hasta octubre, especialmente en las costas del Pacífico y de Nueva Inglaterra en
Estados Unidos, los mariscos como los mejillones, las almejas, las ostras y las veneras pueden
ingerir ciertos dinoflagelados venenosos. Estos dinoflagelados se encuentran en determinados
momentos y en un número tan alto en los océanos que el agua adquiere un aspecto rojizo,
conocida como marea roja. Producen una toxina que afecta a los nervios (tales toxinas se
conocen como neurotoxinas). La toxina que produce la llamada intoxicación paralítica por
mariscos sigue activa incluso después de que la comida se haya cocinado. El primer síntoma, una
sensación de hormigueo alrededor de la boca, comienza entre 5 y 30 minutos después de comer.
Lo que se produce a continuación son náuseas, vómitos y retortijones abdominales. Alrededor del
25 por ciento de las personas desarrolla debilidad muscular conforme pasan las horas, la cual
puede progresar hacia una parálisis de los brazos y las piernas. En ocasiones, la debilidad de los
músculos respiratorios puede ser tan grave que puede causar la muerte.
La intoxicación por contaminantes puede afectar a personas que han ingerido frutas sin lavar y
vegetales rociados con arsénico, plomo o insecticidas orgánicos, o a las que hayan tomado
líquidos ácidos servidos en recipientes de plomo vidriado o que hayan ingerido alimentos
almacenados en recipientes recubiertos de cadmio.
Tratamiento

A menos que la persona afectada haya experimentado vómitos violentos o diarrea, o que los
síntomas no hayan aparecido hasta varias horas después de la ingestión, se debe intentar
eliminar el veneno utilizando algún método de vaciado del estómago (lavado gástrico). Se pueden
usar fármacos como el jarabe de ipecacuana para inducir el vómito y administrar un laxante para
vaciar el intestino. Si continúan las náuseas y los vómitos, se administran líquidos intravenosos
que contengan sales y dextrosa para corregir la deshidratación y cualquier desequilibrio ácido o
alcalino. Si los retortijones son intensos puede necesitarse una medicación para el dolor. En
ocasiones, se necesita instaurar respiración artificial y cuidados intensivos de enfermería.
Cualquiera que enferme después de ingerir una seta sin identificar debería provocarse el vómito
de inmediato y guardarlo para que sea analizado en un laboratorio, ya que las diferentes especies
requieren tratamientos distintos. En la intoxicación por muscarina se administra atropina. En el
caso de una persona intoxicada por Amanita phalloides, una dieta rica en hidratos de carbono y la
administración intravenosa de dextrosa y cloruro de sodio pueden ayudar a corregir los bajos
valores de azúcar en sangre (hipoglucemia) causados por una grave lesión hepática. Para tratar
la intoxicación grave por ciguatera en ocasiones se requiere manitol, un fármaco de
administración intravenosa. Los bloqueantes de histamina (antihistamínicos) pueden ser eficaces
para reducir los síntomas de la intoxicación por histamina de origen marino.

Efectos adversos de los fármacos

Las náuseas, los vómitos y la diarrea son efectos adversos habituales de muchos fármacos. Los
responsables más frecuentes son los antiácidos que contienen magnesio como ingrediente
principal, los antibióticos, los fármacos anticancerosos, la colquicina (para la gota), los digitálicos
como la digoxina (habitualmente usados para la insuficiencia cardíaca) y los laxantes. El abuso
de laxantes puede producir debilidad, vómitos, diarrea, pérdida de electrólitos y otros trastornos.
Puede ser difícil reconocer que un fármaco sea la causa de una gastroenteritis. En los casos
leves, el médico puede aconsejar la interrupción del medicamento, para volver a administrarlo
posteriormente. Si los síntomas remiten cuando la persona deja de tomar el fármaco y vuelven
cuando se administra de nuevo, dicho fármaco puede ser la causa de los síntomas
gastrointestinales. En los casos de gastroenteritis grave, el médico puede indicar a la persona
afectada que deje el medicamento y que no lo vuelva a tomar más.

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