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Noelia María Barrameda García Página 1

Tema 12 La formación y el contenido del contrato. Interpretación e integración


contractual.
12.1 Las distintas fases de formación del contrato.
El paradigma formativo del contrato en el Código viene dado por el contrato
personalizado → ambas partes, tras las negociaciones iniciales, llegan a concordar la
celebración de un contrato.
El art. 1262 indica que el consentimiento contractual se manifiesta por el
concurso de la oferta y la aceptación → la propuesta realizada por el oferente , al ser
aceptada por la otra parte (aceptante) conlleva la perfección del contrato.
Podemos hablar pues de las siguientes fases en la formación del contrato:
- Tratos preliminares.
- Oferta.
- Aceptación.
La respectiva significación de cada una de ellas estará en función del tipo de
contrato y de si las partes se encuentran presentes en el mismo lugar o no.
12.2 Los tratos preliminares.
Conversaciones previas realizadas entre los eventuales contratantes donde se
intercambia información, se adelantan condiciones no cerradas contractualmente y, en
general, se efectúan actos preparatorios relativos a un hipotético contrato que, a la
postre, puede o no tener lugar.
Es decir, en la situación de tratos preliminares no existe ningún tipo de contrato
entre las partes.
En estas situaciones encuadraríamos, por ejemplo, la sucesión de ofertas y
contraofertas típicas de una compraventa en los momentos previos a realizar cualquier
estipulación contractual.
La legislación no recoge esta figura habiéndose sido la doctrina quien ha
definido su configuración así como la posibilidad de existencia de una responsabilidad
en caso de ruptura de los tratos:
- La regla general es que no conlleva consecuencia alguna.
- Sin embargo, cuando alguna de las partes no ha obrado con buena fe, en caso
de ruptura injustificada de los tratos preliminares → puede hablarse de una
responsabilidad precontractual (o culpa in contrahendo) basándose en:
• El art. 7.1 del Código referido a la buena fe.
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• El art. 1902 relativo a la responsabilidad extracontractual.


Su ámbito es una cuestión de carácter casuístico → generalmente no existen en
todos aquellos casos en que el contrato se encuentra virtualmente predeterminado
(contratos normativos).
Aparte de la posible responsabilidad antes indicada, su importancia para el
Derecho radica en la interpretación del contrato.
12.3 La oferta, la aceptación y laperfeccción del contrato.
La oferta contractual
Declaración de voluntad emitida con la intención de celebrar un contrato y que
ha de contener los elementos necesarios para que, con la mera aceptación de la otra
parte, el contrato quede perfeccionado.
- Si un comerciante expone en el escaparate un artículo, basta la voluntad del
eventual comprador para que el contrato se entienda celebrado → oferta al
público (o ad incertam personam).
- Por contra, si una persona se dirige a una aseguradora con la intención de
suscribir un contrato, entre múltiples opciones, la mera disponibilidad de ésta de
captar un cliente, no perfecciona el contrato → no hay oferta propiamente dicha:
invitación a contratar (invitatio ad offerendum).
La oferta contractual se caracteriza por ser:
- Acto unilateral.
- Generalmente revocable → por disposición legal, declaración del oferente o
por el supuesto de hecho, existen ofertas irrevocables (al menos durante un
plazo).
• Ej: Ley de contrato de seguro → la proposición de seguro por el
asegurador le vincula durante 15 días.
La Ley sobre el comercio minorista establece que la exposición de artículos en
establecimientos comerciales constituye a su titular en la obligación de proceder a su
venta a favor de los demandantes que cumplan las condiciones de adquisición.
- Excepción → los objetos sobre los que se advierta, expresamente, que no se
encuentran a la venta o que, claramente, formen parte de la instalación o el
decorado.
La oferta contractual debe mantener las condiciones iniciales en espera de la
aceptación → si se modifican por el eventual aceptante, se está realizando una
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contraoferta que habrá de ser objeto de aceptación por el que asumía la posición de
oferente.
La aceptación
Declaración de voluntad recepticia → dirigida precisamente al oferente y
plenamente concordante con la oferta.
Puede realizarse de forma:
- Expresa.
- Tácita.
- A través de hechos concluyentes que no dejen lugar a dudas.
La estricta concordancia entre oferta y aceptación ha sido resaltada por la
jurisprudencia → en caso contrario problemas para determinar el iter contractual.
Supuesto de aceptación tácita: el valor del silencio
- ¿Puede interpretarse como asentimiento a la oferta?.
- En sentido amplio no → qui tacet non fatetur (quien calla ni afirma ni niega).
- La jurisprudencia, en todo caso, ha admitido ambas posibilidades:
• No tiene valor cuando entre las partes no existía relación o trato previo
alguno.
• Si tiene valor, en cambio, cuando existiendo relaciones previas, éstas
impondrían al aceptante una conducta positiva para rechazar la oferta.
* Ej: manifestación a una agencia de viajes del interés que
tenemos en una buena oferta para el próximo puente.
La perfección
Con el término perfección se pretende indicar que concurren todos los elementos
necesarios para que las partes queden vinculadas al cumplimiento del contrato.
Determinar el momento de la perfección del contrato es muy importante → a
partir de ese momento, la oferta dejará de ser propiamente tal y pasará a ser irrevocable.
Generalmente, cuando las partes celebran el contrato de forma directa y
personal, el juego de oferta y aceptación no ofrecerá problemas.
Cosa distinta es cuando la contratación es entre ausentes → ¿cuándo se
perfecciona el contrato?
- Teoría de la emisión → desde el momento que el aceptante emite su
declaración de voluntad.
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- Teoría de la expedición o remisión → basta que el aceptante remita al oferente


la declaración de voluntad.
- Teoría de la recepción → exige que la aceptación llegue al círculo propio de
actividad del oferente (aunque no suponga efectivo conocimiento).
- El Código se decanta por la teoría del conocimiento → la aceptación no obliga
al que hizo la oferta sino desde que llegó a su conocimiento.
- La doctrina, sin embargo, indica que eso dejaría en manos del oferente el
perfeccionamiento del contrato
• Eso conculcaría la norma del art. 1256 → la validez y el cumplimiento
de los contratos no puede dejarse al arbitrio de una de las partes.
• Por ello, se decanta por la teoría de la recepción.
- La jurisprudencia no ha abordado con frecuencia esta problemática.
12.4 El precontrato o promesa de contrato.
El precontrato, promesa de contrato o contrato preliminar consiste en la
celebración de un acuerdo contractual cuyo contenido radica en la realización de un
futuro contrato.
Esta categoría, no recogida expresamente por la normativa, encuentra acomodo
por la doctrina a partir de los artículos 1451 y 1862 del Código Civil, dedicados
respectivamente a “la promesa de vender o comprar” y a “la promesa de constituir
prenda o hipoteca”.
Estamos, pues, ante un verdadero contrato al que son aplicables las reglas
generales sobre incumplimiento.
Se diferencia a este respecto entre:
- Promesa unilateral:
• El precontrato crea vinculación por parte de uno de los contratantes
(promitente) respecto al otro (promisario).
• Basta el consentimiento de la otra parte que, sin embargo, no tiene
obligación de respetar el precontrato.
• Hablar de promesa unilateral no significa que, una vez perfeccionado el
contrato, estemos ante un contrato unilateral.
- Promesa bilateral:
• Se trata de una vinculación que genera obligaciones para ambas partes
→ prestar consentimiento a la celebración del nuevo contrato.
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• Su utilidad queda en entredicho al analizar los requisitos requeridos por


la doctrina y la jurisprudencia mayoritarias:
1) que todos los elementos y estipulaciones del contrato definitivo
deben encontrarse en el propio precontrato
2) que la puesta en ejecución del contrato definitivo no requiera la
emisión de un nuevo consentimiento por las partes.
• Ninguna de las propuestas doctrinales o jurisprudenciales llegan a
distinguir en este caso, contrato preparatorio y definitivo.
12.5 El contrato de opción.
Se caracteriza por incorporar una promesa unilateral en cuya virtud el optante
tiene la facultad de realizar un acto jurídico cuyo contenido vincula a la otra parte
(promitente o concedente) por la mera declaración de voluntad de aquél.
Opción de compra
El concedente del derecho de opción otorga un derecho de preferencia en la
adquisición al optante a cambio de un precio (prima o señal de la opción).
Ej: a una constructora le interesa un terreno pero no está dispuesta a comprarlo
hasta que no se cerciore de la volumetría posible de la parcela → le interesa
asegurárselo y, a cambio, el dueño exigirá una compensación.
El concedente, pues, se obliga a vender la cosa bajo ciertas condiciones
contractualmente previstas → en particular, el plazo temporal.
Puede ser un contrato gratuito u oneroso y la consumación del contrato depende
exclusivamente de la declaración de voluntad del optante (que será recepticia).
En caso de que el promitente, una vez cobrada la prima, venda a un tercero, el
optante puede demandarle y exigir la indemnización por daños y perjuicios.
Existe una problemática respecto a si el derecho de opción puede configurarse
como un derecho real sobre la cosa → vincule a terceros.
- En el caso de bienes muebles, la respuesta es negativa.
- Sin embargo, en caso de inmuebles, la opción inscrita en el Registro de la
Propiedad genera problemática a este respecto.
Opción de venta
El eventual adquirente queda obligado a comprar y el propietario es el que puede
optar entre vender o no vender.
Se trata de un caso mucho menos frecuente que el anterior.
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12.6.El contenido y el objeto del contrato.


Se considera que contenido del contrato es el conjunto de derechos y
obligaciones generados para las partes por el contrato en cuestión.
El concepto de contenido es más amplio que el de objeto dado que éste se
identifica con las cosas, derechos o servicios sobre los que recae el acuerdo contractual.
Incluso considerando que el objeto incluye las prestaciones contractuales, el
contenido abarcaría además todos aquellos poderes, prerrogativas o derechos de
cualquiera de las partes.
12.7 La autonomía privada y las reglas contractuales
El principio de autonomía privada plasmado en el art. 1255 del Código no
presupone la inexistencia de normas imperativas en relación a los contratos.
De hecho, aunque son más bien escasas, en caso de existir son las primeras
reglas contractuales a tener en cuenta → absoluta preeminencia sobre el acuerdo
autónomo.
El art. 1255 indica que las partes contratantes pueden establecer los pactos,
cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a
las leyes, a la moral, ni al orden público. Dos consecuencias fundamentales:
- Respecto de los contratos regulados específicamente (típicos) por el Derecho,
los particulares pueden introducir las modificaciones que consideren adecuadas.
- Los particulares son libres para celebrar pactos que no contraríen las normas
imperativas, aunque no estén contemplados por la ley como contratos (atípicos).
Cuando el art. habla de “pactos, cláusulas y condiciones”:
- Se da por supuesto que el contrato es el acuerdo fundamental y esos pactos,
cláusulas y condiciones son dependientes funcionalmente de aquél.
- La doctrina es pacífica en considerar que la trilogía de términos tiene un mismo
significado en el sentido de “estipulación” → no se refieren a su sentido técnico
(p.ej. “condición” no es un suceso futuro e incierto del que dependa la eficacia
del contrato).
No se debe olvidar la importancia de conocer las normas dispositivas en los
contratos típicos → si las partes no las “derogan” mediante pacto autónomo, pasan a
formar parte del contenido del contrato.
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12.8 Los contratos atípicos.


Son aquellos contratos que, careciendo de reconocimiento legal y de regulación
positiva, reúnen los requisitos esenciales (art. 1261) de la genérica figura contractual →
en especial, doctrina y jurisprudencia exigen la existencia de causa lícita.
La admisibilidad es indiscutible y la jurisprudencia así lo resalta en virtud del
art. 1255 principalmente, así como basados en la libertad contractual derivada de la
iniciativa económica privada.
Por lo general, tras un periodo de atipicidad, acaban siendo regulados
legalmente.
Problema fundamental → en caso de litigio entre las partes, ¿qué normas
supletorias serán de aplicación?.
- Teoría de la absorción → una vez acercado el contrato atípico al esquema
típico más próximo, se aplicará éste.
- Teoría de la combinación → habrán de tenerse en cuenta todos los esquemas
típicos que, parcialmente, se aproximen.
- Teoría de la aplicación analógica → habrán de aplicarse las normas propias del
contrato típico que presente una mayor identidad de razón (siempre respetando
las normas sobre analógia del art. 4).
El problema no se resuelve con las aportaciones doctrinales anteriores → la
jurisprudencia, aunque hace referencia a veces a uno o varios de esos criterios, aplica el
criterio de la justicia en cada caso.
Ejemplos de contratos atípicos → de mediación, de garaje, de franquicia,
leasing, factoring.
12.9 Las condiciones generales de la contratación y los contratos de adhesión.
Noción doctrinal
Cláusulas, estipulaciones o contenido contractual seguidos en los actos en masa
por las grandes empresas y los grandes suministradores de bienes y servicios.
- Tarjeta de crédito en una entidad financiera → ésta predispone unilateralmente
el contenido contractual: el cliente puede solicitar o no la tarjeta.
- Suministros de luz, teléfono, agua, etc.
Estos mecanismos de contratación imposibilitan un verdadero acuerdo
contractual. Dada la posición del cliente (su opción es adherirse o no al contenido
contractual predispuesto) se suele hablar también de contratos de adhesión.
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Eficacia obligatoria de los contratos de adhesión


No parece que haya duda en la eficacia jurídica de estos contratos → el cliente
presta o no su consentimiento.
La contratación en masa es una consecuencia de los hábitos de consumo de la
sociedad contemporánea.
La cuestión, por tanto, se centra en evitar abusos por parte del predisponente →
posible ineficacia de aquellas cláusulas que contradigan los principios de justicia
contractual o de equivalencia de las prestaciones.
Regulación
La jurisprudencia ha tratado la materia mediante la utilización del art. 1288 → la
interpretación de las cláusulas oscuras de un contrato no deberá favorecer a la parte que
hubiese ocasionado la oscuridad.
El TS ha solicitado dos requisitos para la interpretación en ese sentido:
- Que el clausulado contractual haya sido redactado unilateralmente.
- Que se inherente a la cláusula una oscuridad material favorable al
predisponente.
En los supuestos en que no era aplicable el art. anterior, jurisprudencia y doctrina
se han referido a otros preceptos:
- Arts. 7 y 1258 → se presupone la buena fe.
- Art. 1256 → la validez del contrato no puede dejarse al arbitrio de una de las
partes.
- Art. 1255 → la autonomía privada imposibilita la no responsabilidad del
predisponente.
Otras Leyes recogen esta problemática:
- Ley del Seguro → declara nulas las cláusulas que tengan carácter lesivo para el
asegurado.
- Ley para la defensa de los consumidores y usuarios
• Define las condiciones generales de contratación
• Solicita dos requisitos formales:
* Concreción, claridad y sencillez en la redacción.
* Entrega de justificante salvo renuncia del interesado.
• Declara como requisito material fundamental la equidad en las
contraprestaciones.
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• Las dudas planteadas en las condiciones generales se resolverán en


contra de quien las haya redactado.
• Prevalecerán las cláusulas particulares que sean más beneficiosas que
las generales.
• Declara nulas las cláusulas que no verifiquen los requisitos y la equidad
contractual.
12.10 Los contratos normativos
Los contratos forzosos
Supuestos en que la ley, atendiendo a razones de interés general, limita la
autonomía privada de una de las partes, obligándola necesariamente a contratar.
La obligación de contratar impuesta afecta a la libertad del contratante fuerte
respecto del débil.
No implica que el contenido del contrato tenga que encontrarse predeterminado
por una de las partes → puede darse la formación convencional aunque una de las partes
esté obligada a contratar.
Supuestos principales:
- La obligación de contratar que pesa sobre los concesionarios de servicios
públicos en situación oligopolista o monopolista → aunque yo demande a Iberia,
está obligada a venderme un billete.
- El alquiler obligatorio de viviendas que, susceptibles de ser ocupadas, no lo
fueran por nadie estando vacías → el Gobernador civil puede acordar que una
persona se convierta en inquilino aún en contra del arrendador.
- En general, los supuestos de subrogación y sucesión en la posición arrendaticia
(urbana y rústica).
Los contratos normados
Es el caso en que el conjunto de derechos y obligaciones de las partes se
encuentra legal o reglamentariamente determinado por los poderes públicos.
El contenido contractual es, pues, ajeno a la voluntad de las partes → éstas son
libres para contratar o no.
Aunque se diferencian claramente de los forzosos, en la práctica, la gran
mayoría de contratos normados son forzosos → suministro de servicios públicos
(electricidad, transporte, etc).
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En todo caso, la regulación contractual puede dejar libertad a las partes para
contratar o no → préstamos bonificados por las Administraciones públicas (emigrantes,
agricultores, etc).
12.11. Las reglas del Código sobre interpretación contractual
La ejecución del contrato no es siempre pacífica → problemas de significado de
las cláusulas o de interpretación de la voluntad de las partes.
La exacta determinación del contenido del contrato conlleva en general tres
operaciones interrelacionadas:
- Interpretación → desentrañar el significado o alcance concreto del contrato.
- Calificación → fijar la naturaleza del contrato.
- Integración → extraer todas las consecuencias que sean conformes a la buena
fe, al uso y a la ley.
12.12 Interpretación subjetiva e interpretación objetiva del contrato
El Código civil español recoge con detalle los criterios interpretativos en los arts.
1281 a 1289 → procede del Código francés.
Durante cierto tiempo la doctrina consideró estas reglas como máximas o
axiomas sin reconocer carácter normativo a las mismas.
Actualmente no se duda sobre su carácter de normas jurídicas stricto sensu
vinculantes para el intérprete así como su aplicación a los contratos mercantiles.
Tal y como demuestra la jurisprudencia la aplicación de estas reglas debe plantearse
con exquisito respeto al supuesto de hecho → no es posible encuadrar la interpretación
dentro de reglas concretas y rígidas.
Aunque se suele hacer una diferenciación entre criterios objetivos y subjetivos,
no se excluye la comunicación entre ambos y tal diferenciación tiene un sentido más
bien didáctico.
Criterios interpretativos de carácter subjetivo → arts. 1281:1283,1289.2
El Código indica que inicialmente, la interpretación debe dirigirse a desentrañar
la intención de los contratantes → interpretación subjetiva: analizar la voluntad de cada
parte y la común.
Lo fundamental es conocer esta última → la voluntad bilateral, importando la
interna de cada uno únicamente para concretar aquélla.
Los criterios facilitados por el Código son los siguientes:
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1) La intención de los contratantes asume primacía (art. 1281) respecto al


sentido literal de las cláusulas contractuales si parece contrario a aquélla.
2) No obstante, cuando la discordancia entre intención y sentido literal no sea
evidente habrá de mantenerse la interpretación literal (art. 1281.1 y reiterada
jurisprudencia).
• Se estará a las cláusulas literales del contrato cuando del propio texto
no resulte ningún indicio de duda o ambigüedad.
• Si el texto resulta claro, el intérprete debe abstenerse de hacer otras
indagaciones.
3) No deben entenderse comprendidos en el contrato aspectos distintos a los que
se hallan en las intenciones de los contratantes (art. 1283).
4) Para juzgar la intención de los contratantes deberá atenderse principalmente a
los actos de éstos, coetáneos y posteriores al contrato (art. 1282).
• No se excluye la relevancia de los actos precontractuales → el precepto
dice principalmente y así lo ha reiterado la jurisprudencia.
• Existe prevalencia, en todo caso, de la conducta coetánea y posterior.
Criterios interpretativos de carácter objetivo → arts. 1284:1288
Algunas reglas legales de interpretación tienen preponderante carácter objetivo
→ operan en un ámbito diverso a la intención de los contratantes.
1) Interpretación sistemática → las cláusulas de los contratos deberán
interpretarse las unas por las otras, atribuyendo a las dudosas el sentido que
resulte del conjunto de todas (art. 1285 y reiterada jurisprudencia).
2) Evitar el doble sentido, el sin sentido o la pluralidad de acepciones de una
fórmula:
• Las palabras que puedan tener distintas acepciones serán entendidas en
aquella que sea más conforme a la naturaleza y objeto del contrato (art.
1286).
• Si alguna cláusula de los contratos admitiera diversos sentidos, deberá
entenderse en el más adecuado para que produzca efectos (art. 1284) →
principio de conservación del contrato.
3) El uso o la costumbre del pais (lugar de celebración) se tendrán en cuenta para
interpretar las ambigüedades de los contratos supliendo la omisión de cláusulas.
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• No hay que olvidar que los usos interpretativos no tienen valor de


norma jurídica ni de costumbre (art. 1.3).
• Sin embargo, la segunda parte del precepto (“supliendo”) conduce a la
consideración de los usos normativos → que, por otra parte, tienen mayor
aplicación en la integración que en la interpretación.
4) Se prohibe que el resultado interpretativo favorezca al redactor de las
cláusulas oscuras (art. 1288 y jurisprudencia).
• Se trata de una derivación del principio de la buena fe → no se debe
extender a que la buena fe sea un criterio interpretativo.
• La interpretación contra stipulatorem es aplicable a todo supuesto
contractual, (personalizado o condiciones generales), aunque su
aplicación jurisprudencial se dirige con mayor frecuencia al último caso.
El artículo 1289
Este artículo reconoce que puede resultar absolutamente imposible resolver las
dudas por las reglas establecidas en los artículos precedentes.
Según donde recaigan las dudas, el precepto distingue:
- Sobre circunstancias accidentales del contrato → aplicar el principio de
conservación del contrato.
- Sobre el objeto principal del contrato → el contrato será nulo.
La eventualidad recogida en este artículo es rara en la práctica y desempeña un
carácter subsidirio respecto a los demás → la jurisprudencia tiende a evitar su
aplicación.
12.13.La interpretación contractual: interpretación y calificación.
No es infrecuente que los contratantes cometan errores en el momento de la
celebración del contrato → confusión de naturaleza del mismo, previsión de cláusulas
como imperativas que no lo son, etc.
Si surge el litigio, esos errores se pondrán de manifiesto en el momento
interpretativo.
La calificación del contrato consiste en identificar el tipo o esquema contractual
(típico o atípico) celebrado para determinar el régimen legal imperativo o las normas
dispositivas correspondientes.
El nomen iuris dado al contrato no vincula a las partes ni, por supuesto, al Juez
→ éste habrá de deducir el contenido contractual de su clausulado.
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Así lo reitera la jurisprudencia → los contratos se revelan por las cláusulas que
establezcan y no por el nombre que se les dé.
12.14. Disciplina de la integración.
Se encuentra contemplada en el art. 1258 → los contratos, una vez
perfeccionados, obligan no sólo al cumplimiento de lo expresamente pactado, sino
también a todas las consecuencias que, según su naturaleza, sean conformes a la buena
fe, al uso y a la ley.
A esa operación de extraer consecuencias complementarias, acordes con el
conjunto del sistema normativo, del contenido del contrato se le denomina integración
del contrato.
El carácter del art. 1258 es claramente de ius cogens → delimita la autonomía
contractual impidiendo que sean desconocidos los efectos contractuales derivados de las
más elementales reglas del tráfico jurídico.
Por tanto, es aplicable con independencia de la voluntad de las partes, incluso
sustituyendo estipulaciones que son indisponibles para los particulares.
No obstante, la jurisprudencia no ha incorporado la figura de la integración de
manera nítida → no es extraño ver sentencias recientes en las que se declara el mero
valor interpretativo del art. 1258.
Los medios de integración
Según el art. 1258 son la buena fe, el uso y la ley.
Sin embargo, el escalonamiento de estos medios de integración debe ser
diferente:
- Primero, la ley (imperativa y, en su defecto, dispositiva).
- Después, los usos normativos.
- Finalmente, la buena fe.
Algunos autores califican estos medios legales como heterointegradores
entendiendo la posibilidad de autointegración del contrato (utilizar la analogía en la
integración) → el autor considera criticable utilizar la analogía en la integración.
La ley
- Las normas imperativas integrarán el régimen legal del mismo con primacía
incluso sobre el clausulado contractual (entrega en contratos reales).
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- Las normas dispositivas sólo integrarán el contrato cuando contemplen un


elemento natural del mismo no incluido o regulado de forma diversa a la
legalmente prevista (saneamiento por evicción).
Los usos normativos
- Los usos a que se refieren los arts. 1258 y 1287 tienen carácter normativo →
integran el acuerdo contractual como costumbre.
- Pueden ser excluidos del acuerdo contractual por las normas imperativas o la
autonomía privada → la costumbre sólo rige en defecto de ley aplicable.
La buena fe
- Además de ser un medio integrador per se, al ser un principio inspirador del
Derecho, debe estar inserta en los mandatos legales y los usos normativos.
- La referencia realizada por el art. 1258 debe entenderse en sentido amplio →
como un criterio ordenador que se superpone al comportamiento de las partes.