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DE LA SALVAJINA A PARIS

La historia de un niño del campo que viajo descalzo


durante su vida.

GONZALO CONCHA.

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Autobiografía dedicada a la memoria de Luís Eduardo
-MI HERMANO MENOR –

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

DE LA SALVAJINA A PARIS

Si como dice el cantor uno vuelve siempre a los viejos lugares donde amó la
vida, esta historia será todo un volver que tiene como propósito el no dejar la
historia de mi infancia mi familia y mi pueblo, al solo testimonio oral de los
mayores, puesto que las palabras se las lleva siempre el viento y el tiempo se
encarga de borrar los hechos que nunca se escribieron.

Trataré de rescatar mis huellas de entre la espesa bruma que va cubriendo el


inexorable paso de la vida, bruma ésta, que a veces nos dificulta rumiar el
pasado como quisiéramos, especialmente en esos días cuando estamos con
nosotros mismos o cuando se nos va marchando la familia y le queremos contar
a los menores la historia del abuelo.

UNA INFANCIA LEJANA

Pretendo escribir de memoria, mis memorias; y como lo prometido es deuda,


aquí estoy cumpliéndole al mil veces aplazado proyecto de plasmar en el papel,
los a veces lejanos recuerdos de mi Infancia y juventud difusos algunos, claros
otros, pero inolvidables la mayoría.

El propósito de éste recuento es compartir con todos los interesados en


recrearse con la historia de un niño del campo que con esfuerzo, superación
personal y una buena dosis de imaginación, hizo realidad sus sueños al
“caminar descalzo” durante su vida, de la Salvajina a París.

Esta recopilación está dedicada a la memoria de Luís Eduardo, mi hermano


menor, quien partiendo a destiempo y en contra de su voluntad, hoy vive en los
corazones de todos los que lo conocimos y amamos.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

A pesar de la llegada del nuevo milenio, aún llevo fresco en mi corazón el


recuerdo de la familia cercana que se marchó primero los abuelos Gonzalo y
Teresa: Carlos y Virginia, de los tíos Hernando y Ernesto, el primo Harold,
Gonzalito (mi papá) y Luís Eduardo, ahora reunidos en el sueño eterno, sueño
que ya no logramos conciliar los que aún sobrevivimos al conflicto interno mas
degradado de nuestra historia patria.

Los invito a que me acompañen por un recorrido lo más apegado a la realidad


posible, en el que las personas conservarán sus nombres y los lugares su
geografía, por este valle de lágrimas como diría Teresa, (mi abuela paterna)
durante sus inaplazables y obligatorios rosarios vespertinos, o como diría la Tía
Belmira Por este valle de poesía en prosa unas veces y en verso otras...

TAMBORAL

Con la ayuda de una partera nací en Tamboral, un martes a las 4 de la tarde del
17 de Agosto de 1948 (Quebrada localizada en la Vereda de la Salvajina.
Corregimiento-en esas épocas- de Suárez, Municipio de Buenos Aires,
Departamento del Cauca) en un campamento minero de mis bisabuelos
maternos, (paisas venidos de Río Negro Antioquia) campamento este que tomó
su nombre de la quebrada que a pocos metros desemboca en la hoy represa de
la Salvajina.

Montañera cuna, preocupación de Doña Elvia (mi mamá), que siempre me


recordaba que yo había nacido en Buenos Aires, la cabecera municipal, trasteo
de origen que al final se fonnali7ó gradas a los buenos oficios del señor Alcalde,
que por esas épocas era nada más y nada menos que Gonzalito, quien influyó
seguramente de alguna manera para borrar de un plumazo su “resbaloso” paso
por Tamboral.

Mi origen en la Salvajina, ponía a pensar a mi mamá, por el gentilicio que me


colocaría el profesor Gamboa en la clase de gramática, por esto ella se
inclinaba más por Buenos Aires, porque además cualquier confusión con el —
austral podría beneficiar al prometedor niño.

De ese lejano comienzo aún conservo en mi


olfato, el olor penetrante de hierros oxidados y
la visual de un gran molino movido por el agua
de la quebrada, donde un nutrido grupo de
negros buscaban oro.

Siempre que escuchaba las historias de tanto


oro me preguntaba: ¿dónde guardaron mi
parte? Este sueño me lo aterrizó Virginia, la
indiscreta bisabuela materna, quien me
adivinaba hasta el pensamiento y que sobre el
particular un día me dijo: “olvídese de eso
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

mijo, pues todo se lo bebieron Carlos, (mi bisabuelo) y Gonzalito”.

No me dejaron oro, pero me pusieron su mismo nombre como herencia de


primogénito para conservar la tradición de los Gonzalos, tradición que al
parecer no continuará y no precisamente porque tenga la pólvora mojada.

Para los que conocían la Salvajina y en particular el camino de Suárez a la


mina. (combinación entre abismo y despeñadero que terminaba en el río
Cauca), nunca se pudieron explicar cómo los personajes de Carlos y Gonzalito
que casi había que montarlos en el caballo los Domingos (de la reverenda
juma), al pasar por estos precipicios a media noche, ni siquiera se movían.
Según la bisabuela Virginia todo salía bien gracias al control de las mulas y los
caballos que conocían muy bien el camino y que mas parecían cabras con
herraduras..

EMILIOFOBIA

Para evitar confusión con tres Gonzalos en casa, me llamaban simplemente


Emilio, que tal?.... Emilio así de fácil pero esto no es nada, mi mamá un buen
día me confesó: “No se preocupe mijo que yo antes lo ayudé, pues su papá le
iba a poner Edmundo” qué tal? !!!!!Edmundo. (Creo que por aquello de lo
cabezón) y uno sin poder defenderse.
A veces pienso que se inspiraban en el almanaque Brístol para escogerle a uno
el nombre.
Esto del Emilio no fue cómodo para mí, puesto que me gustaba mucho más
Gonzalo Concha, así como mi abuelo. Claro que cuando mi tía Teresa, (a quien
también le decían Teresita, para no confundirla con mi abuela), me decía
Gonzalo Emilio, me hacía sentir mucho mejor. (Cómo se lo agradezco tía..!).

Pero aquí no terminó mi Emliofobia ya sin mi abuelo


entre nosotros y Yo con el Gonzalo Concha en
propiedad, entré a trabajar donde un pariente
llamado también Gonzalo, entonces claro, vuelve y
juega, me tocó retomar el Anillo y dejar el Gonzalo al
Jefe para evitar confusiones.
Después de todas estas pesadillas, y cuando ha
pasado suficiente agua por debajo del puente Ortiz,
hoy me llaman como me gusta, simplemente:
Gonzalo Concha, así como mi abuelo.!!

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

ÁRBOL MALGENIALOGICO

Para no confundir a los pocos curiosos y desprogramados que leerán esta obra
clásica de la literatura familiar, permítanme hacer un paréntesis puesto que creo
les debo una explicación sobre mi árbol genealógico, muchas veces
malgenialógico..

Gonzalo Concha Torijano se casó con Teresa Narváez y tuvieron siete hijos:
Ernesto Arturo (a quien no llegué a conocer), Gonzalito, Ernesto, Hernando,
Belmira, Teresita, y Álvaro.

Carlos Ramírez se casó con Virginia García y tuvieron cuatro hijos: Carmelina,
Gabriel, Tulio (a quien tampoco llegué a conocer) y Aura.
Aura la hija menor se casó con Ludo Tovar, y tuvieron solo una hija Elvia -Mi
mamá-. Aura mi abuela muere joven, dejando a Elvia muy niña y es así como
Carlos y Virginia se hacen cargo de su nieta. Por razones entendibles Ludo
desaparece del panorama familiar y nosotros crecimos considerando a Carlos y
a Virginia como nuestros abuelos maternos, hasta cuando logramos entender el
asunto y ya en Buenos Aires nos reencontramos con la familia Tovar.
Elvia y Gonzalito se casaron y tuvieron “solamente” nueve preciosos niñitos:
Edgar Eugenio, Adalgiza, Carlos Adolfo, José Rodrigo, Aura Milena, Luís
Eduardo, María del Rosario, Carmen Elisa y Yo. (Aunque soy el mayor no
olvidemos que el burro adelante pata)

Elvia y Aura -su mamá


meses antes de su muerte Virginia y Elvia de luto por la muerte
de Aura.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

AGÁNCHE AYER. SUÁREZ HOY

A menos de una hora a caballo de la Salvajina, (a dos tabacos más o menos)


quedaba localizada la población de Suárez, ayer corregimiento, hoy municipio.

Crecí recorriendo de arriba a abajo los caminos y atajos de este asentamiento


de población mayoritariamente negra con quienes compartíamos la escuela, el
mercado de los domingos, el aire puro, la tranquilidad campesina, la llegada del
tren con su larga fila de coches, unas veces con pasajeros y otras con carga,
movidos por su gigante locomotora con calderas a vapor de agua utilizando
carbón, que con su rítmico paso iba dejando decoradas las lomas con su negra
cola de humo, y el paso del río Cauca que sereno e inmenso, cruzaba
silencioso al pie de las montañas.

Aganche como se llamaba el pueblo antes de la visita del Presidente de la


República Marco Fidel Suárez, era por esas épocas un pueblo relativamente
grande de calles destapadas e irregulares, con una plaza central enmarcada
por un centenario samán que con su sinfónica de chicharras siempre ofreció
música, sombra y frescura Ideal para escapar del muchas veces inclemente sol,
que con sus grandes bancas de cemento hadan de este lugar el sitio ideal para
una cita clandestina.

Como en casi todos estos pueblos la estación del ferrocarril era la construcción
mas destacada (pintorescas y majestuosas para su época y lugar.) Estaciones
estas, que hoy en muchos lugares se conservan como un patrimonio histórico y
otras como las localizadas en la vía Cali-Popayán, se mueren de pié, entre el
abandono y la desidia.
Las demás construcciones eran irregulares y caprichosas en su arquitectura,
salvo unas muy pocas de dos pisos.

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La escuela Francisco de Paula Santander, siempre pintada de amarillo con sus


tejas desteñidas, dominaba la panorámica del pueblo al que se unía por una
larga fila de gradas en cemento; tenía tres salones y un zaguán; el salón más
grande lo ocupaba el siempre numeroso curso primero, los dos salones
pequeños para tercero y cuarto; el zaguán lo compartían segundo y quinto.

Al final de mi tránsito por ese inolvidable claustro, se estaban construyendo en


su lado lateral izquierdo nuevas aulas, las que en sus materiales y arquitectura
contrastaban significativamente con mi vieja y amada escuela.

La manera como estaba organizado el funcionamiento de la escuela, facilitó a


Edgar Eugenio, el que un buen día se declaran automáticamente trasladado y
ascendido de segundo a tercer grado. Cuando el profesor Quiñones le preguntó
sobre la razón de su presencia en el curso donde estábamos los brillantes niños
de tercero, el tímido y muy morrongo niño, con su libreto fríamente calculado y
preparado por alguien detrás del telón, respondió muy tieso y muy majo: me
pasó mi papá; ¿Cómo les parece esta joyita familiar? Me pasó mi papá!! y se
quedó sentado tan fresco como una lechuga, que tal U! Y así con esa
fraudulenta y habilidosa maniobra, mi hermano menor con la complicidad del
Rector, me alcanzó académicamente. (Claro que el hombrecito con el tiempo
presentó los exámenes y le fue mejor que a muchos de nosotros, hay que
reconocerlo..!!pá que!!! a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del
pueblo).

Estando en la escuela y sin saberse a ciencia cierta si por monaguillo o por


aplicado, me seleccionaron para recibir una donación de la Alianza para el
Progreso (CARE) enviada por los Místeres desde los Estados Unidos.

Que vivan los Yankees pero que vivan lejos...!!!!!!!!!!!

Cada mes muy orgulloso me presentaba


en la estación del ferrocarril, firmaba una
planilla donde aparecía mi nombre y me
entregaban una gran caja de cartón con
letras en inglés y con el dibujo de dos
manos estrechándose. Fue la primera
experiencia de mi vida que me pellizcó la
autoestima, al soñar como niño que yo
existía para personas muy lejanas y que
era tenido en cuenta, (esta caja contenía
una lata de queso, harina de maíz y leche
en polvo.)

Además me estimuló a seguir soñando


que era importante en mi país, el recibir
en una navidad del Señor Dictador de la

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

República, General Gustavo Rojas Pinilla, el regalo ‘SENDAS”, que consistía en


un serrucho, un martillo y una tenaza.

A pesar de lo elemental que pudiera haber sido el juguete en cuestión, y de lo


romántico del sueño infantil, sentía que el Dictador sabía que yo existía en
algún rincón de Colombia, creo que este acontecimiento me despertó el
patriotismo; de ese entonces a la fecha no recuerdo gesto Igual....

Que viva Gurropín y su dictadura!!!!!!.

El pueblo como todo pueblo que se respetara tenía su calle caliente con sus
niñas recalentadas, calle por la que los niños normalmente no debíamos
transitar, y el cura tampoco, salvo en Semana Santa cuando pasaba echando
agua bendita e incienso para que el diablo no entrara, pero el diablo ya estaba
adentro.

El matadero estaba localizado al pie del río Cauca, y permanecía decorado


siempre por los demos de gallinazos, responsables en gran medida de la
limpieza del área.

Era la década de los años 50 y el Cabo Ramiro (un policía mas loco que una
cabra y sobre quien recaían muchas sospechas), en traje de campaña alertaba
en las noches al pueblo ante el supuesto asedio de los “chusmeros”
(bandoleros, o pájaros) llenando de pánico la oscuridad.

Por esas épocas y por las otras también, mi papá vivía muy ocupado en
vaquerías, jugando gallos, en su carnicería, ejerciendo como Alcalde, montando
a caballo, hablando de política y arreglando los problema del pueblo a todo
volumen (gradas al volumen fácilmente lo localizaba) y como acompañante para
estas semanales tareas, nunca le faltaba el aguardiente y su pielroja con tanta
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

actividad no tuvo tiempo para enseñarme a vivir, pero vivió y me permitió que lo
observara.

Por las laderas de El Amparo, (caserío a un tabaco de Suárez) se veían bajar


las andas - improvisadas camillas- cubiertas con sábanas blancas, llevando los
muertos y heridos de la violencia partidista, -al parecer no hemos cambiado
mucho- épocas cuando se puso de moda el corte de franela, -que no era
precisamente una moda en peluquería- y los bandoleros Cendales y Sangre
Negra, se destacaban entre los más temidos.

Con cada velación -que eran casi diarias- durante todo el día por el altoparlante
del teatro Olegario Girón, no dejaba sonar “penas del alma”, creo que por esas
épocas fue la música mas escuchada en el pueblo, a tal punto que se nos
quedó grabada en nuestros corazones como melodía triste, sinónimo de
muerte. El Síndico Tomás Perdomo hacía redoblar las campanas de la vieja
iglesia que en ese entonces estaba localizada detrás de la botica de Bernardito
Monsalve.

El octogenario Mister Bonn, un alemán trabajador de la draga que buscaba oro


en Asnazú, (caserío vecino) con su lengua trabada preguntaba entre cantina y
cantina por su mujer la negra Mereja que siempre se le perdía el día de
mercado. Milo Sarria, coloreaba los caminos con ganado, el que se arriaba
desde el coso del ferrocarril hasta su finca La Alsacia, con el sonar de perreros
y el coro de decenas de vaqueros a caballo. La familia de Delio Ortiz era
asesinada en las montañas de Hinguitó, (asentamiento campesino a tres horas
a caballo), fue aquí la primera vez que escuché que las víctimas habían sido
violadas y posteriormente incineradas.

A Benigno Vergara no lo dejaron vivir para seguir comprando madera, fuente de


desarrollo importante en la región. El Sastre Serafín Lucumí, le compra la
primera bicicleta del pueblo a su hijo Aris, aparato en el que aprendimos a
guardar el equilibrio casi todos los muchachos del pueblo y que en su primer día
de estreno ya tenía todos los radios rotos y los de nosotros también.

Dídimo Churí (uno de mis condiscípulos) se ufanaba de su buena memoria y


declamaba permanentemente Anárcos, (Poesía mas larga que una semana sin
carne, autoría del maestro Valencia).

Los Maestros: Gamboa, Juri Perlaza, Zape, y Quiñones nos arrodillaban con los
brazos en cruz y mirando a la pared por llegar tarde a la fila y cuando éramos
puntuales nos hadan cantar el himno a las Américas.

Ramón Tobar negociaba el último novillo. La “ojicontenta” de Carmelina, entre


bolero y bolero, (Cataclismo de Olimpo Cárdenas, flor Sin Retoño de los
Hermanos Martínez Gil y Amor Perdido de Daniel Santos, entre otros) nunca
perdió su alegría ni sus ganas de vivir. La pequeña Crucita con su vida alegre,
enamoraba al cuerpecito de policía. Paco Girón, queda ser torero. Salvador,
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Jesús Fajardo y Maclovio surtían sus graneros donde el olor a petróleo y jabón
los distinguía. El señor Villamarin siempre distante, serlo y misterioso compraba
oro. El Maestro Anuar Betancur perfumaba el pueblo con su pan caliente.
Piamba y Güetio quedaban cada tarde de domingo después de tanto
aguardiente de recoger con montacargas, a las pocas horas de desmontar su
carga. Caramelo, el caballo y lazarillo de Gerardo-un pariente Torijano- siempre
lo acompañó y lo esperó en su parsimonia, sin prisa y con pausa
Teresa mi abuela, se tomaba su tintero de aguardiente antes de cada almuerzo
sazonado con ají. Sergio Aponzá no dejaba de cepillar su billar ni de hablar de
la Acción Comunal.

La bisabuela Virginia, cuando llegábamos a deshoras a las comidas, siempre


tuvo para nosotros “aguasalita” -Improvisada comida paisa que se componía de:
arroz, fríjoles, chicharrón, plátano, carne ahumada, mazamorra y panela—
(nada más).

Jesús Velasco vendía tuercas y tornillos, desterrando el silencio de los lunes


con el rugir de su volqueta. En mis furtivas e Infantiles voladas Luz Pino me
enloquecía con el sabor de su pintalabios rojo, sus perfumes fuertes y su aliento
a cigarrillo. Jesús Alzate nos hacía destemplar los dientes con el sonido de su
taladro a pedal patinando en las cajas de dientes encargadas por carta. La
tornamesa para voltear la máquina del
tren, era enloquecida por los vagos del
pueblo que a veces éramos casi todos,
pues bañándose en Cauquita y
Caucaseco se mantenían los demás.

Peñita el carnicero de menudos de res a


quien nunca lo vi. sin sombrero, no
dejaba de afilar sus cuchillos; Belarmino
Torres el tinterillo del pueblo, muy
orgulloso se ufanaba en voz alta de ser
colega de mi tío Álvaro; Miguel Menudo y
Come Cebo, no faltaban un domingo en la plaza; Luís Mechudo, asustaba a los
niños; la inolvidable negra Natalia Juanillo dejaba sus huellas digitales en los
buñuelos, los que siempre nos regalaba cuando pasábamos frente a su tienda y
en sus descansos garroteaba al mono y casi mister de Pablo su marido; Higinio
compraba una pelea: Ramiro Garzón (Cosiaca) no perdía su jovialidad ni sus
cuentos verdes.

La vecina Belarmina Torres vivía feliz puesto que el vehículo imaginario de su


nieto Alonso, era el más veloz en la loma, aunque no el más ruidoso, pues en
esta modalidad el de Carlos Adolfo era un campeón; Guillermo González
compraba café y escandalizaba al pueblo con sus tormentosos amores con
miss Tunía por su parte Jairo “‘pelusa” su hijo, nos daba cátedra sobre lo divino
y lo humano.

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El blanco de las toldas del mercado y el espeso murmullo en domingo,


contrastaban con la soledad, las basuras y los olores del Lunes; la tienda de
Don Gonzalo (mi abuelo), oscurecida por sus dientes de Gelima y la Toma,
(poblaciones vecinas) olía a aguardiente con sonido de herraduras Edgar
Eugenio, le daba un ejemplo al pueblo haciendo trabajos de carnicería propios
de mayores; Triviño el telegrafista, descuidaba a Inés su hija, por atender los
correos, y ella la muy lanzada que transmitía Morse con las pestañas,
procuraba mi compañía.
Adalgiza (a quien llamábamos Adda, no precisamente porque su nombre se
confundiera con el de otro pariente), con la complicidad del abuelo, vendía por
las calles del pueblo aguacates, naranjas, ajíes, café, limones y guayabas,
furtivamente sacados de la finca, avergonzándome como monaguillo y futuro
sacerdote. De esta precoz actividad comercial de mi hermanita, quedó prohibido
hacer cualquier referencia durante su reinado como señora Cali.

Mi mamá a pesar de sus Interminables y agotadores quehaceres domésticos,


en las noches con su máquina de coser a pedal Singer y bajo la luz de las
titilantes velas, cosía vestidos por encargo y sobre medida.

La llegada del tren congregaba a decenas de negras que con sus bateas en la
cabeza ofrecían piña, mangos, pescado, patacones, empanadas y rellenas.
Además traía el Tiempo, periódico que mi abuelo siempre leía al caer la tarde
sentado en su mecedora y acompañado de su inseparable café, en este
momento me encantaba arrimarme al abuelo, no solo para mirar los muñecos,
sino porque me atraía el olor al periódico, (eran rasgos de que podría llegar a
ser periodistas el tren partía lentamente dejando negros del humo a unos
pocos, pues los bastantes ya estaban así y yo vestido de monaguillo más veces
de negro que de rojo, permanecía siempre listo para no perderme ni un solo
funeral.

Cada funeral en el fondo -que pena, pero muy en el fondo- me alegraba, puesto
que junto con la semana santa eran las únicas oportunidades de ponerme la
sotana negra y parecerme más al cura.

Todo este panorama sombrío unas veces, maravilloso otras, cruzaba frente a
mi niñez marcando una profunda huella en mi memoria, a tal punto que hoy
rescato esta historia de hace cincuenta años como si hubiera pasado ayer.

Y así termino esta breve semblanza de un pueblo localizado en la mitad de


nada y lejos de ninguna parte, donde se me quedó atrapada la mejor parte de
mi alma.

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JUANBLANCO

Fue muy fácil presumir la razón del nombre


de estas lomas llenas de negros, lo difícil
fue tener noticia alguna de Don Juan.
Juanblanco para unos, Cachipay para
otros, era una finca del abuelo, localizada a
un tabaco (media hora a pié) de Suárez. Al
llegar a vivir en la finca nos relacionamos
con Licenla (chenga), su nieto Gerardo y el
ermitaño y malgeniado de Gustavito,
parientes del abuelo Gonzalo, con quienes
compartimos toda la elementalidad de esa
maravillosa e Inolvidable vida campesina.

La finca estaba localizada al pie de una pequeña quebrada de agua cristalina,


con una pintoresca y muy modesta casita de bareque, rodeada de frondosos
árboles de mango, aguacate, guayaba, naranja, limones y muchas flores. Se
cultivaba plátano y yuca. En potreros sembrados con pasto pangola
permanecían caballos de trabajo, vacas de leche y engorde, y en reducidos y
pantanosos corrales los cerdos.

El enmallado Gallinero y las altas palomeras cerraban esta típica y colorida


decoración en medio del espeso verde.

Como en la mayoría de las casas campesinas de


la época, entre las labores diarias no faltaba el
traer agua, leña, atizar el fogón, apartar el
ganado en las tardes y en las mañanas ayudar al
ordeño, dar de comer a cerdos, gallinas, palomos
y perros, entre los que se destacaba Laika, una
perra loba color miel, fiel y magnífica guardiana,
que se apegó a la vida tantos años como
caramelo, Gustavito, Chenga y Gerardo.

La casa tenía el techo de paja, el piso en tierra,


(piso al que había que echarle primero agua y luego con escoba de verbena
barreno) tres cuartos y una ventana; posteriormente se construyó la “casa
nueva” con techo de zinc, piso de madera, dos cuartos y una ventana que daba
al gallinero.

De Juanblanco a la escuela y de la escuela a Juanblanco, era la rutina diaria


apartar el ganado otra, corretear, peluquear y soplarles aguardiente a los gafos
finos para ponerlos en forma, era tarea de gran cuidado, pues si llegaban a
perder su día, al lunes siguiente nos “premiaban” con sancocho de gallo fino, y
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

no se imaginan como lamentaba durante este almuerzo el haber fortalecido


tanto sus muslos. (La soplada del aguardiente Gonzalito no se la delegaba sino
a Edgar Eugenio!!!)
En las noches, hacer las tareas bajo la luz de las velas era lo corriente; no
disponíamos de radio y mucho menos de música; el correr de la quebrada, el
coloquio de los animales y el abrazo de los árboles al pasar el visto, cumplían a
cabalidad y sin contaminación estos arrulladores y sonoros propósitos. De
cuando en vez nos bajaban al teatro Girón para ver la película del Gordo y el
Flaco ola de Cantinflas, en blanco y negro.

Por todo esto, el tiempo siempre alcanzaba para todo y para todos, hasta para
espiar a la gallina sospechosa de poner en el monte para lo cual se le amarraba
una cuerda vistosa en una de sus patas y nos dedicábamos a seguirla con la
seguridad que nos llevaría directo al nido, el que a veces encontrábamos lleno
de huevos o de pollitos; también alcanzaba el tiempo para tantear las gallinas,
tanteo que si daba positivo esta ponedora no tenía recreo.

Mientas esto ocurría en el gallinero, en los corrales Gonzalito castraba cerdos,


caballos y toros, le ponía argollas a los cerdos en la trompa, afilaba las
espuelas las de los gallos- ,valonaba los caballos, le recortaba los cachos al
ganado, marcaba los novillos y potros, acortaba los estribos de las monturas y
con cebo ablandaba los rejos para enlazar y Doña Elvia consecuentemente se
especializaba en la culinaria del tolay, las criadillas y sus afines.

La rutina cambiaba una que otra vez con las visitas de los abuelos o de los tíos
que llegaban siempre llenos de regalos, como las del tío Ernesto, quien con su
Inseparable escopeta de la “U” dejaba las torcazas nagüiblancas en el piso, mis
bolsillos llenos de vainillas y el olor a pólvora en nuestras narices. Esta
recordada y siempre esperada visita estaba acompañada de sancocho de
nagûiblanca. Qué tal la dietica !!! (Ahora entiendo porque terminé en la
Asociación Defensora de los Animales).

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

BUENOS AIRES

En razón de las funciones de Gonzalito como Alcalde, debimos trasladarnos a


vivir en la cabecera Municipal Este pintoresco pueblo localizado a unas das
horas (cuatro tabacos) de Suárez, se caracterizaba por muchas cosas
maravillosas y desconcertantes todas ellas, si bien mi único mundo conocido
hasta ese entonces era Tamboral, Suárez y Juanblanco.

Para empezar viajamos en tren desde Suárez hasta la estación de San


Francisco, bordeando el Río Cauca; el sonido rítmico de los coches sobre los
rieles nunca se me podrá olvidar, íbamos dejando atrás preñado de olor a
carbón caliente el paisaje conocido, quise mirar por la ventanilla hacia mi nuevo
futuro y un pequeño carbón me dejó llorando durante el resto del viaje, llanto
que rimaba con mi nostalgia, luego trasbordamos a la chiva - línea o bus
escalera-, de don Ramón Manrique, pintoresco vehículo que cargado hasta mas
no poder, cruzó el río Cauca e inició el ascenso por coloradas lomas llenas de
cunas, que sorteaban lo empinado del recorrido, hasta llegar a la tierra
prometida.

Este recorrido realmente no era tan largo como lo sentíamos, pero la chiva
pujaba tanto en la subida e Iba tan despacio que el tiempo parecía eterno.

Durante este mi primer viaje en chiva, el olor a gasolina me encantaba, al fin y


al cabo mis pulmones hasta ese día solo conocían el aire puro, pero ahora este
penetrante olor era sinónimo de progreso y creo que fue algo así como mi
primera traba con monóxido de carbono, puesto que todo me parecía, olía y
sentía como un sueña (como diría el nadaista de Jotamario: chévere, legal, y
bacano.)

Ya a la entrada del pueblo nos encontramos con su calle principal y única, -la
otra no tan importante se le llamaba la calle de abajo-. Estaba delicadamente
empedrada, empezaba con un cruce de tres esquinas; La tienda de la tía
Mercedes Tovar - primer pariente de mi nueva familia-, la virgen, en la casa de
Arosemena y el billar de Luís Ángel, formando un cruce de caminos, con una
vía para Río Teta y la otra que desembocaba en la plaza principal, donde un
frondoso samán servía de atrio a la majestuosa iglesia de San Miguel Arcángel
patrono del pueblo, con torres altas pintadas con vistosos colores plata y oro
destacándose e Infundiendo respeto y veneración.
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Me impactaron sus casas homogéneas y bien alineadas, con piso de baldosas,


muebles finos —o por lo menos muy vistosos— delicadas cortinas, sus paredes
pintadas de sobrios colores y sus calles sin basuras.

Los habitantes de este pueblo, no me concordaban en sus fisonomías con la


mayoría de las personas conocidas, estos eran muy blancos, muchos con ojos
azules, de facciones finas, cultos, de hablar pasito y pausado, con organización
comunitaria, gran civismo y mucho aguardiente.

Si antes consideraba que el brístol habla sido la fuente de Inspiración para


colocamos el nombre, ahora en Buenos Aires casi podía asegurar que en este
pueblo se habían inspirado en la Biblia y en la historia de la antigua Greda para
los bautizos.

Moisés, serio y disciplinado oficiaba como sacristán del padre Larrahando;


Solón hablaba solo; Juan Bonilla, policía vitalicio, con gana y bolillo pero sin
titulo, (como la mayoría de los profesionales del pueblo), tocaba el tambor y leía
el Bando Municipal, lectura que solo atendían los muchachos para quienes este
acto de Gobierno era todo un jolgorio Diógenes, Aristóbulo, Arístides, Leovigildo
y Alirio, se tomaban todo el aguardiente; (Bueno, ellos solos no se lo tomaban
todo, pero fueron los únicos nombres que me rimaban con la Greda antigua.)

Lásides, quien nunca usó zapatos -parece que no conseguía su talla, no tanto
por lo largo como por lo ancho- en la iglesia tocaba el órgano como un arcángel,
y en la banda municipal tocaba la trompeta como el mismo diablo, claro que
para ser justo en sus afectos y tendencias con un ojo miraba a los terrenales y
con el otro a los querubines; Las familias Collazos, López y Paya, creían tener
el cielo asegurado, pues sus hijos eran monaguillos permanentes que no salían
de la iglesia sino para dormir - con ellos tuve mi primer problema municipal-;
don Tarquino hacia trompos de madera, los que poníamos a bailar en el
empedrado y que saltaran para seguir bailando en la mano; la familia López
tenía cura propio Rómulo; Remo su hermano, perdón Alfonso su hermano
vendía carne de cerdo a domicilio. La señorita Pobreza hacía el mejor pan o por
lo menos el más oloroso.

El tío Leopoldo era el hombre de las leyes, con su magnánima y contagiosa


sonrisa fue de los personajes mas queridos por el Pueblo, pero como su tanta
queridura lo alejaba de los olidos jurídicos, entonces el orden y la disciplina
estaban a cargo de Elcirita su mujer, que como recaudadora de impuestos era
símbolo de autoridad y por si algo se le olvidaba, la Inmensa Dorilita, (miembro
de la familia y estricta educadora) hacia el resto; Con Guillermo y Carlos Navia
perseguíamos las sotanas Don Gonzalo Narváez (primo hermano de mi abuela)
era el símbolo de la honestidad y el respeto- se me parecía como al rey de
sotas, los otros parientes hadan el papel de reyes de copas-.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Las familias: Vernaza, Manrique, López, Narváez, Tovar, y Nieto controlaban la


edad, la dignidad y el gobierno. (No me explico como hizo el abuelo Gonzalo
para romper esta confabulación de linajes).

Como hijo del alcalde y con el cura pariente, era de esperarse que me
correspondiera fácilmente el puesto de monaguillo o acólito. Pero los
monaguillos Paya, López y Collazos, tenían mucha tradición en el cargo, -las
intrigas y el poder se impusieron- y fue así como el primer día de mi acolitada,
todo me salió al revés, pues los muy osados compañeros” me explicaron los
toques de campana a destiempo, la jalada de la casulla cuando no
correspondía, no llevé las vinajeras en su momento y dejé al Cura con el cáliz
esperando, En fin, todo un desastre, al final de la misa yo quería que el mundo
se paran para bajarme. Cuando le expliqué al Cura, que había sido asaltado en
mi buena fe y éste, entendiendo además los argumentos de los monaguillos
que se sentían desplazados, decidió salomónicamente celebrar la misa a partir
de la fecha con cuatro monaguillos, lujo que no se daba en ese tiempo ni el
Señor Obispo. (Cuando cogí confianza le pegué una patada a cada monaguillo
en la sacristía, mientras nos comíamos los recortes de las ostias y nos
tomábamos el vino sobrante de las vinajeras).

El conocer a la familia de mi abuelo materno, figura casi desvanecida por el


paso del tiempo fue todo un acontecimiento.
Para empezar no pude encontrar al famoso abuelo puesto que ya no vivía en
Buenos
Aires, pero sí conocí a sus hermanos:

Manuel casado con Graciela Narváez.


Luperdo casado con Leonor Narváez. (vivían en Cali)
Cilia casada con Ernesto Nieta
Mercedes casada con Gregorio Herrera. (fallecido)
Rafael casado con Lía López.
De estos tíos de mi mamá, tíos de los que uno se apropiaba fácilmente, tengo el
peor recuerdo de la estirada tía Cilia que nunca me invitó a entrar a su casa; un
día le pedí un vaso con agua y me lo sacó a la puerta. Pero los mejores
recuerdos borraron de un tajo todo lo aburridor de esta tía, por ejemplo el tío
Rafael, era zapatero y músico, tocaba la bandola acompañado de su hijo Raúl,
lo hacían con tanta alegría y sonaba tan sabroso que el tiempo se iba volando.

Manuel (Manuco) del mismo corte de su hermano Rafael, era un hombre muy
cariñoso, pero particularmente recuerdo su gran afecto por mi mamá. A Manuco
lo recuerdo como un hombre jovial que siempre vivía de prisa, de hablar florido
pero a toda velocidad, mejor dicho, hablaba como caminaba que se especializó
en tener solo hijas, eso si muy bellas todas ellas, especialmente Carmen Lucía
con quien tenía mas contacto por ser mi contemporánea, recuerdo que el día de
mi primera comunión aunque la de ella ya había pasado hacia algunos días,
desempolvé su vestido blanco y se unió a la nuestra y digo a la nuestra porque

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

a este evento también se me pegó Edgar Eugenio. Qué ladilla no joda!! (Hoy
hay que verlo ufanándose de ateo)

Como yo no conocía primas hasta ese entonces de mi vida pues me empezaron


a encantar mis primas que en Buenos Aires las encontré por docenas. Eran
primas segundas terceras, cuartas, pero todas de primera.

Pero mi reencuentro y maravilloso descubrir


familiar no fue solo con la familia Tovar también
descubrí a la familia de mi abuela paterna los
Narváez.

Aún viva conocí a mi bisabuela Teresa Figueroa,


quien vivía con su hijo Leopoldo.

Miremos un poco esta rama familiar:


Leopoldo Narváez se casó con Teresa Figueroa
y tuvieron ocho hijos: Elisa, Ermela, Rosa,
Teresa (mi abuela), Leopoldo, Marcos, Arístides,
y Joaquín.

Las hermanas se parecían tanto, que no podía


creer que cuatro hermanas fueran casi iguales
físicamente, por lo que no dejaba de mirarlas y
admirarlas, además nunca olvidaré su particular ternura y dulzura..

En Buenos Aires además de Leopoldo vivía el tío Arístides,( Aristidetas y


Leopoldetas) unos ya estaban en Cali como Marcos( Marquetas).

Joaquín a quien ya había conocido tiempo atrás, como un personaje misterioso


salido de los cuentos infantiles, Maestro de profesión que había decidido vivir
como ermitaño enseñando a los indios en las montañas.

Lo conocí un buen día lluvioso por cierto, cuando llegó a Juanblanco, era un
señor muy delgado de cabello cano, facciones muy finas, montando un gran
caballo Manco. Mi papá nos lo presentó como su tío y claro uno en el campo
ante la ausencia de tíos pues al minuto, tío por aquí tío por acá. Era muy culto
jovial y cariñoso, pero así como llegó desapareció entre las montañas para
nunca mas volver como dice el disco.

Al llegar a Buenos Aires y mientras el señor Alcalde conseguía casa, vivimos


con el tío Leopoldo en la tradicional y amplia casona localizada frente al parque,
donde siempre había espacio y cariño para toda la familia, rodeada de
frondosos árboles de mango y cacao (fruta que no conocía hasta ese
entonces), decorada en sus esquinas con grandes cántaros de barro para filtrar
el agua, con cielorrasos muy altos, un amplio y fresco corredor interior adornado

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

con columnas de madera llenas de materas colgando, la inmensa y siempre


olorosa cocina de leña y el viejo y redondo horno de barro al final del corredor.

A este encanto por mi ahora numerosa primamenta no se escapaban Gilma y


Esperanza, hijas del tío Leopoldo, quienes con sus heredadas sonrisas llenaban
de alegría todo su rítmico andar y su encantador bailar.

Aquí descubrí que para el arte de bailar yo tenía dos pies izquierdos, puesto
que permanentemente se me enredaban entonces decidí quedarme con mi
pasito universal, pasito que hoy en el nuevo milenio me lo ha copiado Pedro el
Escamoso.

Al poco tiempo murió la bisabuela Teresa, razón por lo cual conocí el


cementerio, descubriendo que el patio de la casona donde vivíamos colindaba
con este campo santa Desde ese día nunca volví a salir al patio durante las
noches -creo que fue mi primera terapia intensiva para educar los riñones- solo
iba en las mañanas a coger el cacao (entiéndase bien a coger y no a cogerme
el cacao) y a pedirle a Dios que me mandara un viento para que se cayera un
mango. Esta frase de “Dios mándame un viento” fue siempre la expresión
cariñosa con que me saludaba el tío Leopoldo.

De mi corta estancia en la escuela en Buenos Aires, -creo que no pasó de dos


años- me quedó el recuerdo de que para escribir se debía utilizar la pluma y las
Untas de colores, (roja, verde negra y azul) las que siempre terminaban dejando
mis dedos y pantalones sin nada que envidiar a los cuadros de Picasso y Miró.

Aún en mi olfato guardo el olor a cuero fresco de mi maletín de cargar en la


espalda que tenía bolsillos y divisiones para todo.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Luís Ángel Herrera, hijo de la tía Mercedes era el maestro, o sea que mi
integración se hizo fácil. Recién llegado lo normal en la escuela era escuchar en
los corrillos: ese es el hijo del alcalde, decía uno, no, ese es el primo del
maestro decía otro, a mí no me quedaba otro camino que hacerme el distraído-
y cito que así me lo pasé casi todo el tiempo-.

La gestión administrativa más destacada del señor alcalde fue la de llevar a


trabajar como empleadas del servido a las presas de la cárcel, él sostenía que
era para resocializarlas, pero el pueblo comentaba que era por tacaño para no
pagar cocineras. Estas tiernas y dulces niñitas un buen día anochecieron pero
no amanecieron y se llevaron casi todas nuestras pertenencias. A partir de esta
enriquecedora experiencia social el señor Alcalde muy versado en
jurisprudencia determinó por medio del Bando Municipal, leído por Juan Bonilla
que a partir de la fecha y apoyando la incipiente liberación femenina, las
mujeres no serían nunca más encarceladas. Buen Alcalde o no!!!!.Creo que
también decretó sacrificar solo media vaca, pues el pueblo no consumía la vaca
entera.!!!

Con este indeleble recuerdo pasó parte de mi Infancia por un pueblo


maravilloso del que poco a poco fueron partiendo estas legendarias familias
dejando sus recuerdos, llevándose sus hijos y sus viejos baúles llenos de
esperanzas, para irse perdiendo entre el espeso bosque de cemento de las
ciudades de Cali y Popayán. Fue tal la pérdida que se pegaron que aún hoy
muchas de ellas no las volví a encontrar. (Mejor dicho no se fueron sino que se
perdieron).

Por estas épocas y con el propósito de celebrarme un cumpleaños, mi abuelo


Gonzalo me invitó a conocer Cali, que maravilla!!!!, La víspera del viaje no pude
dormir, del solo pensar en la gran ciudad, esa noche sentía murciélagos en el
estómago.

Era Agosto del año de 1956 visitaríamos la casa del tío Ernesto. El tren ahora
cruzaba por nuevos parajes bordeando siempre el Río Cauca, el que pocas
veces se perdía de nuestra vista, los campos se volvían más planos y más
verdes, verde que contrastaba un carro blanco de Mejoral, que esperaba
paciente el paso del tren para cruzar la carrilera, las ventas y el olor de
mandarinas y pan de yuca en la estación de Guachinte indicaban que pronto
llegaríamos, el abuelo se veía sereno y contento de llevar a su primer nieto a la
civilización, no dejaba de explicármelo todo, a veces me hada repetir lo ya
explicado para estar seguro que le estaba poniendo atención, era este el viaje
mas largo y maravilloso de mi vida, puesto que además de tanta novedad el
abuelo era para mí solo.

Este gesto inusual del abuelo quien se caracterizó por gruñón y poco amigo de
manifestaciones públicas de afecto, me hacía sentir un ser privilegiado.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Antes de llegar a la estación final, cruzamos por muchas viviendas circundadas


por berlinas (automóvil de la época) y zorras o carretillas tiradas por caballos,
“es Navarro”, me dijo el abuelo, pensaba para mis adentros que si esto tan
grande era solo el pueblo vecino, cómo sería la gran ciudad.

Llegamos a la estación y mi sorpresa


mayor fue encontrar tantos trenes
juntos, luego las berlinas en fila y
muchos buses multicolores ese día
sin sospecharlo, ni siquiera
presentirlo éramos de las últimas
personas que transitaríamos por tan
congestionada estación.

El Tío vivía en la avenida los


mangos, una calle que empezaba
entre el coliseo, el estadio y el
control de los buses verde San
Fernando y terminaba en el
hipódromo, decorada por frondosos
mangos que ofrecían sus frutos a los
transeúntes sin la dificultad de los altos árboles del tío Leopoldo.

En la casa del tío Ernesto todo era sobrio y distinguido, trabajaba en la


Ferretería Trulla y era el empleado de confianza de los Trujillo y Llano.

Esa noche siete de Agosto, una gran explosión hizo estremecer la casa, todos
salimos a la calle y el cielo estaba teñido de rojo y la tierra también, nadie se
atrevía a hablar, la dudad no salía de su asombro, a los pocos minutos las
sirenas y las luces intermitentes de las ambulancias rompieron el silencio, luego
se supo que camiones cargados con dinamita localizados cerca de la estación
del ferrocarril habían hecho explosión, borrando del mapa todo lo que habíamos
conocido el día anterior.

Los heridos y damnificados eran llevados en camiones del ejército al coliseo,


muy cerca de donde estábamos. Por todo esto, esa fatídica noche la recuerdo
con solo cerrar mis ojos, pues el destino me había hecho testigo de una de las
mayores tragedias que la dudad aún no termina de lamentar y que dejó muchas
cicatrices en cientos de familias.

Esta visita me recuerda además mi encuentro con la leche Crema, en


sugestivas botellas y tapas de papel aluminio, la coca cola fija y los perros
calientes, el paseo a nadar al caudaloso y cristalino Río Pance (en el carro de
Chucho Trujillo cuñado del tío) con flotador en la barriga y que tal!!!Que pena
con mis alumnos de buceo!!.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Así como el inolvidable paseo a Calimio, con picada de zancudos, bandeja de


queso frito y papitas, y aunque usted no lo crea, con baño en el charco del río
Aguacatal que cristalino y correntoso pasaba por ese lugar, vecino del Club de
la Ribera..

Mi segundo recuerdo de una visita a Cali, por estas épocas fue con la señorita
Belmira, quien contribuyendo a sacarle el indio a su sobrino, (indio que nunca
me salió) me llevó un día a conocer el almacén Tía, por esas fechas era el
comercio de moda, al llegar a tan Inmensa tienda los multicolores y multicolores
de jabones, pelotas, juguetes, perfumes, comidas, ropas, etc., etc., me
empezaron a dar vueltas en la cabeza cada vez mas rápidas y se me revolvió el
estómago, a tal punto, que se volteó el vianda, en la mitad de todo el respetable
público. Mi tía muy avergonzada le pedía excusas a todo el mundo hasta al
chofer de la berlina que nos llevó de regreso y que ni siquiera había visto nada;
ese día la tía me juró por las almas del purgatorio que nunca más volveríamos
al Tía..Que tal las de mi tía!!!

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LA DECADA DEL SESENTA: MI CITA CON DIOS.

Por estas épocas el tío Álvaro quien se desempeñaba en Popayán como


Secretario Departamental de Educación, apoyando mi hasta ese entonces firme
vocación sacerdotal, me consiguió una beca en el Centro Vacacional de
Coconuco, población cercana a Popayán. teniendo en cuenta que aún no tenía
la edad reglamentada para ingresar al Seminario como era mi obsesión.

Mi viaje en tren de Suárez a Popayán, a pesar de lo largo demorado y cansón -


Iba en tercera clase donde las bancas eran de madera-, fue todo un descubrir
de bellos paisajes. Después que el tren dio su última curva a la altura de la finca
de don Alfonso Sarriá y perdí de vista al pueblo para siempre, lloré, lloré mucho,
con todo el sentir de lo que dejaba atrás y que presentía que no volvería jamás
a ver...

A partir de esta época abandoné para siempre mi pueblo natal, la familia, mis
amigos y mis infantiles costumbres incluyendo a Luz Pino y a Inés Triviño,
dando a temprana edad un paso sin retomo que marcada mi vida para siempre.

Cuando de Popayán salí para Coconuco, población a dos horas en carro (ya en
estos civilizados caminos a uno le da pena medir las distancias con tabacos) la
primera sensación fue descubrir que mis labios se resecaban, los brazos se me
ponían rucios y la piel de gallina.

Ya el olor a gasolina del viejo vehículo lejos de gustarme, me puso la saliva más
delgada y simple, lo que sumado con el ascenso a las montañas, me marearon,
(soroche) y devolví atenciones cual indio Güetio en domingo delante de todos
los pasajeros. -Que pena, pero que descanso-.

A la altura donde está localizada la enmarañada y vieja casona del General


Mosquera (mascachochas) se divisaba el Internado que por su impecable color
blanco resaltaba y se distinguía a lo lejos. Su entrada se destacaba por una
gran gruta con la virgen en su cúspide y un grupo de numerosas monjas (de la

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

comunidad de las Hermanas Misioneras de la Madre Laura) vestidas con hábito


gris, quienes nos daban la bienvenida.

Para mi sorpresa todos los compañeritos eran niños en edades de entre siete y
ocho años. (yo ya tenía doce) lo que me auguraba ser el Girafales del
internado. Además cuando leí bien, descubrí que el letrero decía Centro
Vacacional y no Vocacional como había entendido y empecé a frustrarme, pues
yo lo que quería era entrar rápido al Seminario, encontrarme con Dios y
quedarme allí para siempre y lo de Vacacionar no era de mi interés, menos
vacacionar con tanto frío y con tanta monja.

Nos guiaron en un primer recorrido que empezó por los dormitorios con camas
tendidas uniformemente y de grandes ventanales empañados por el frío. La
capilla era pequeña y distinguida, el impecable comedor tan amplio como el
dormitorio lleno de mesas grandes y asientos individuales. De la cocina salía un
olor a sopa de maíz y arracacha sancochada. El cuarto del ropero lleno de
coloridos uniformes rigurosamente doblados donde una monja remendaba. Dos
grandes salones para las clases de los cursos primero y segundo. En este
punto del recorrido solo pensaba ¿qué sería de mi estudio?......pues al parecer
lo que me correspondería en este lugar sería solo cumplir años.

Pero el primer día de clases me sacaron aparte y me llevaron a una pequeña


oficina llena de libros donde estaba colocado un pupitre y me asignaron a la
Hermana Mariela como mi tutora era una monja morena, pecosa con acento
paisa, hiperactiva, de facciones muy finas y hablar florido que ese día y los
otros también llevaba puesto un perfume de dioses.

Ella se encargaría, además de sus labores diarias como coadjutora, de


prepararme para el ingreso al Seminario. Mi muy dotada tutora cuando se me
acercaba a explicarme las bases de la teología, el diablo de calle caliente que al
parecer se había metido en la maleta me perturbaba la mente.

Al llegar la noche del día de llegada, entramos al dormitorio ahora con los
ventanales desempañados y gradas a la luna llena, pude ver claramente que
estábamos vecinos del cementerio del pueblo.

Esta segunda dosis de tratamiento intensivo para fortalecer los riñones me ha


mantenido muy saludable con el correr de los tiempos.

Recuerdo que todas las mañanas a las seis, éramos despertados con el sonar
del Ave María de Schubert que siempre se colocaba por los altoparlantes de la
iglesia del pueblo localizada muy cerca del Internado. Así empezaba la rutina
diaria con un corre corre, por aquí y muchas: Sí Reverenda Madre, no
Reverenda Hermana, por allá.

Los baños en el gélido río San Andrés (agua entre verde y morada de lo fría)
eran semanales, nunca supe si el llevarnos a esta nevera era un premio o un
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

castigo, pues ahora ya no me ponía nido, sino morado (o cianótico cono dicen
hoy en día).

A los sitios denominados “Agua tibia y Agua hirviendo” eran los paseos que más
disfrutaba no tanto por lo terapéuticas que pudieran ser estas aguas con olor a
hervidero de huevos podridos, sino por que espiaba a las monjas que aunque
se bañaban con batola, les podía ver a lo lejos las cabezas que eran mas
peladas que una bola de billar.

Mi ahora nuevo cargo como único monaguillo, fue muy atractivo e importante,
pues además de tener contacto directo con el cura, con la misa y con Dios,
podía hablar sobre mi eclesiástico futuro con este Capellán que era también
maestro en el seminaria.

Es decir “el niño de las monjas” fue una película que no le daba ni a los tobillos
a mi maravillosa realidad.

Un buen día nos visitó el Presidente de la República doctor Guillermo León


Valencia de paso para su finca en Paletará, (Paletará palabra que viene de la
raíz griega, paleta) acompañado del Dr. Alberto Lleras Camargo, seguramente
para una de esas “ecológicas invitaciones” que este caucano e ilustre
presidente hacía para controlar a punta de escopeta y perro cazador, la fauna
silvestre del lugar.

No sé si por grande en estatura, o por sobrino del señor Secretario de


Educación Departamental, pero al final por rosca, me correspondió leer, o mejor
dicho recitar el discurso que me habían escrito la Hermana Mariela y la Madre
Felicitas, la Directora.

Muy elegantemente disfrazado con traje de marinero, (mi primer contacto con el
mar) me subí en un asiento del comedor y ante tan nutrida comitiva, (ya en ese
tiempo el turismo parlamentario era muy concurrido y no se perdían al igual que
hoy ni la corrida de un catre), me robé los aplausos. Seguidamente dando mis
primeros pasos de lagarto le pedí a los distinguidos Presidentes una beca para
estudiar en el Seminario, beca que me prometieron pública y solemnemente,
conmovidos seguramente ante mi angelical elocuencia, pero que hoy por
faltones y mentirosos se deben de estar quemando en el Infierno.

Abajo la Democracia!!!!!Que viva la Dictadura!!!!!

El periódico el Liberal de Popayán (estoy seguro que es godo) publicó días


después el discurso, el que yo guardaba celosamente y releía tanto que al final
se me fueron quedando las letras pegadas en mis congelados dedos. Supongo
que este histórico discurso aún lo conserva la única persona que en este mundo
cree en mi elocuencia: la señorita Belmira.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Un buen día la Madre Felícitas sospechando de las preferencias por mi tutora,


trasladó a la Hermana Mariela, quien sabe para donde diablos y como en
telenovela venezolana que se respete, yo me enfermé con altas fiebres, las que
con el tiempo, agua tibia con sal y otra monja se me fueron bajando poco a
poco.

Un buen día nevado por mi afecto a los animales y violando las normas del
internado, visité al perro guardián que permanecía encadenado, este buen
amigo del hombre pero malo con los niños, me propinó una mordida en el brazo
izquierdo que si no hubiera sido por el café (que pena por lo del café, con mi
hoy manual de primeros auxilios) que me colocó al escondido una empleada de
servido como emplasto, mi problema disciplinario hubiera sido tan grande como
mi ahora primera cicatriz.

En esas épocas las monjas por orden del Sumo Pontífice recobraron su nombre
de pila y fue así como entre la neblina permanente de los Coconucos y sus
encumbradas montañas, se me perdió la hermana Mariela y este amor
reverencial que a veces recordaba con un vinito de consagrar, se fue
desvaneciendo con el tiempo y un palito, para retomar los caminos de Dios y
entrar al Seminario.

EL SEMINARIO MI REVERENDO SUEÑO

La tía Belmira se encargó de todos los trámites y gastos Ella se hizo muy amiga
del rector del Seminario el Padre Gómez y como consumados pedagogos me
llenaron la maleta de ropa y la cabeza de consejos.

Ya para esta vivencia les llevaba ventaja a mis nuevos compañeros puesto que
conocía muy bien lo que era vivir en un internado, así que no me dio otitis ni
nada que se le parezca, solo me dio menos frío. Que alivio.!!! (Gradas a este
curso intensivo de frío, creo que hoy me encanta bucear en alta montaña.)

Tristemente ya no pude ser mas monaguillo, aquí estas tareas eran actividades
propias de los Seminaristas mayores,
entonces no me quedaba otro camino que
estudiar y rezar como un condenado. Del
Latín las cinco declinaciones entre esas la
de Rosa— Rose, y Hommus- Ilomini,
sumado a tener que cantar La Marsellesa
antes de cada clase de Francés, rezar el
Ave María en inglés, y el Padre Nuestro en
Latín, casi me enloquecen. Prefería rezar
diez rosarios con todas las letanías y
jaculatorias, a tener que enfrentarme cada
día, a estos curas tan sabiondos y tan estrictos. Cuando rezaba le pedía a Dios
que estos curas tan tiranos se murieran,(santos deseos) en especial un español
que nos enseñaba o nos torturaba con el latín. Por esas épocas y por estas
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

también, Dios no me oía o se hacía el pendejo, seguramente para probar mi


verdadera vocación y capacidad de aguante.

Hoy gracias a esta estricta y profunda formación académica y moral he podido


pasar por Paris y por el Central Park of New York y no dejarme podrir.

Recuerdo como si fuera hoy que estos curas no daban su brazo a torcer y
cuando la señorita Belmira le preguntaba muy entusiasmada al Director ¿Cómo
va mi sobrino reverendo Padre? Este le contestaba con voz sepulcral: creciendo
señorita Belmira, creciendo. Que taL...creciendo nada más ¡!!! y yo a punto de
reventarme de tanto estudiar y con las rodillas peladas de tanta rezadera.
Los retiros espirituales eran fechas en las que no podíamos hablar con nadie,
ocupábamos el tiempo rezando y elaborando camándulas y cilicios para
castigar el cuerpo; cómo les parece!! y claro uno convencido que la carne lo
llevaría al infierno, (lo que no me aclararon fue si la carne en cuestión era la de
res, pescado, polio o la de cerdo). Últimos coletazos de la santa inquisición.

Recuerdo que el Padre Cárdenas un cura sabiondo pero bacano, un buen día
dejó mal cerrada la puerta de su cuarto y observé que tenía colgado al pie de su
cama, un látigo con bolas en las puntas, me imagino que para autoflagelarse;
que tal lo bacano del curita ¡!!!!. Mejor dicho esto era a Dios rogando y con el
mazo dando.

Ya el Padre Arteaga Yépez a quien yo acolitaba en Suárez en épocas pasadas,


era ahora Arzobispo y se senda muy orgulloso de mis progresos eclesiásticos y
claro yo no desaprovechaba la oportunidad para cepillarlo, por toque no le
rebajaba el: Si su Reverenda, como diga su Excelencia a pesar de tanto esmero
nunca logré en el Seminario privilegio alguno, salvo alguna consideración con el
cura del coro, pues según él, yo cantaba como un arcángel y era fundamental
en el grupo de teatro, (ahora del Seminario seguramente pasaría en calidad de
préstamo a Hollywood o a Broadway).

Mi capitulo final en el Seminario donde sufrí santamente el bachillerato, salvo


algún esfuerzo académico emana1 para tener derecho a participar en la misa
dominical celebrada para la comunidad (oportunidad de mirar las vecinas) ya
poco o nada me interesaba; recuerdo que en las clases de matemáticas pegaba
estampillas en el cuaderno de latín y en las clases de Inglés escribía poesías
románticas en el cuaderno de francés, cuadernos que al final con estampillas y
todo, terminamos un buen día en la Rectoría.

En la piscina hacíamos apneas agarrados de la rejilla del sifón, sin saber de lo


que se trataba, simplemente nos gustaba aguantar el resuello. Recuerdo que un
buen día sacamos a un seminarista pastuso, morado como una berenjena y
casi sin aliento, pensamos que eran cosas del diablo y decidimos mejor dejar
esas bobadas de seguir aguantando resuello y mejor continuar nadando
cauquita que era el estilo de moda en el seminario.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Confundido con el cholado, que pasaba por mi cabeza dejé el seminario en el


momento decisorio de mi carrera sacerdotal convencido de que Dios me tenía
reservado otros escenarios.

Que lástima por que de haber seguido le hubiera hecho mucha competencia a
mi amigo el Padre Gonzalo Gallo, -que abandonó el sacerdocio por gallina- a
quien yo no le auguraba mucho futuro pues con ese apellido nunca hubiera
podido llegar a manejar la Santa Sede...

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LOS AÑOS SETENTA Y LA BOTA ANCHA

Al cruzar la puerta del seminario decidí no volver a mirar para atrás, aunque mi
cabeza y mi corazón se debatían en un gran conflicto. Con estos sentimientos
confundidos me encontré ahora s enfrentando al mundo al demonio y la carne,
cómo les parece esta tremenda responsabilidad!!!.
Eran épocas de un gran cambio generacional,
los Beatles no dejaban de sonar, la marihuana
se quemaba a toda hora y en todo lugar, el
pelo largo y la bota ancha era lo usual, el color
de las medias debía combinar con la camisa,
Gonzalo Mango y sus escritos de onda
existencialista eran buenos tema para
comunistas, y mamertos y yo mas perdido que
el hijo de Lindberg trataba de coger sintonía
con el nuevo ritmo gogó.

Como no sabía sino rezar y hacer


camándulas, el pariente que me dio
inicialmente trabajo por solidaridad familiar me
puso a trazar márgenes en
los libros de contabilidad y como me quedaron bien hechas, aprendí
contabilidad en el SENA, después me especialicé en la revolución de las
masas. (Entiéndase revolver masas de panadería)

Pero me empezó a picar el


gusanito de la solidaridad
ciudadana y sin darme cuentan
estaba involucrado en rescates
de personas en los Farallones
de Cali con la Defensa Civil. En
el Cuerpo de
Bomberos, era muy feliz
apagando incendios, creo haber
vivido los mejores años de esa
institución, épocas
cuando la crema y la nata
hacían del cuartel un lugar muy
amañador. Durante mi curso de
aspirante, hacía fuerza para que se presentara un incendio y tener la
oportunidad de apagarlo. Que tal lo piromaniaco?,!!!!)

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Recuerdo en particular el episodio que se presentó un primero de Enero a las


dos de la madrugada cuando atendimos una llamada y la casa consumida por
el Incendio era la de Harold, una persona humilde que había trabajado toda su
vida para tener vivienda propia y que ese año nuevo un globo encendido
aterrizó en su patio trasero, cuando todos celebraban en la calle, dejándolo en
la inopia, solo con lo que tenía puesto.

Este suceso marcó significativamente mi vocación de servicio.

Ahora en mi nueva vida de laico como ya no podía salvar almas me dedicaba


salvar vidas ya rescatar cuerpos de cuanto charco nauseabundo o río sudo y
oscuro me solicitaban, ahí estaba presto, sin nunca medir los riesgos, pero
metido en el barro feliz como una lombriz.

Estos años de mi naciente filantropía fueron forjando mi compromiso ciudadano


y así poco a poco fui integrándome a las fuerzas vivas de la solidaridad en
contra del querer de muchas de mis queridas.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

CALI Y WINNIPEG CIUDADES UNIDAS POR LOS PANAMERICANOS


Y SEPARADAS POR LA DISTANCIA,

A esta altura del recuento de mi vida, algunas


personas no conservarán sus nombres, pues la
mayoría aún sobreviven. Muchas siguiendo mis
rastros — demandarme por falsos testiciertos,
pero los lugares si conservarán su geografía.

Poporopo, quien trabajaba conmigo en la


revolución de las masas viajé a Winnipeg Canadá
a los Juegos Panamericanos como Integrante del
equipo de Polo Acuático, regresando con las
maletas repletas de goles, pero lavándome el
cerebro con las bellezas del lugar. Desde ese día
me propuse viajar a tan maravilloso país el que por esas épocas quedaba en la
quinta porra, - mejor dicho quedaba muy cerca de donde el diablo boté la moto-.

Vivíamos en la calle del muerto, del barrio Libertadores de Cali: ya con mi plan
en la cabeza solo me faltaba el dinero para lo cual logré con el palancazo de un
maravilloso suegro, un trabajo en una multinacional que por esas épocas era de
las que mejor pagaban el trabajo de los obreros.

Yo pensaba que mi suegro para asegurar el noviazgo de su hija me colocada


en alguna gerencia o en el peor de los casos en una subgerencia, pero para mi
sorpresa el primer día de labores me inauguraron barriendo, yo quería que la
tierra me tragara, cada que pasaba alguna persona cerca de mi empolvada
labor. Como Dios aprieta pero no ahorca, a las pocas horas llegaron unos
Misteres llenos de cajas, máquinas y cámaras fumadoras y como el acomedido
se lleva lo que esta escondido, en pocos minutos no solo me convertí en el
Viernes de los Misteres, sino que también era modelo para algunas filmaciones,
si bien mi disfraz de obrero me sentaba bien.(overol caqui, botas “Jojoy” y casco
de seguridad). Fue un año donde aprendí a manejar y a trabajar con máquinas
como guadaña, tractor, grúa, montacargas, y cargadores. A pesar de lo sano
sanote permanecía en la enfermería en busca de cura para el mal de amores y
para el bicho seco. Mientras las piernonas encuadernaban los archivos y
paraban el tráfico, el Mocho, me entregaba en los inodoros con ceremonia
especial, el trofeo de campeón en atletismo, pues el ingeniero jefe y
coordinador de los deportes por celos con su propia sombra, me había
condenado al ostracismo y no organizó la premiación como retaliación amorosa.

Ya con el dinero en la mano ahorrado durante un año de trabajar como


mecánico todero, un buen día me acosté vestido y siendo fiel al postulado de
Confucio cuando dijo: “Si un hombre no piensa en lo que está lejos, encontrará
dolor cerca de su casa” entonces a las cuatro de la mañana abordé un taxi,
rumbo al antiguo Calipuerto, para tomar a las diez de la mañana un bimotor de
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Ecuatoriana rumbo a Panamá, desde donde le puse una postal a mi mamá


tratando de tranquilizarla y contándole de la realización de mis sueños, para
luego continuar mi periplo: Miami, Nueva York, Toronto y finalmente Winnipeg.

El trámite de inmigración en Toronto para ingresar al Canadá fue un camello,


pues para empezar el tránsito de Colombianos para Winnipeg hasta esas
épocas era ninguno, además era Enero mes de pleno Invierno y como que
tampoco les cuadraba de a mucho; mis buenas intenciones de estudiar de nada
valieron y menos cuando miraron mi maleta y encontraron solo ropa de clima
tropical. Al final verificaron mis datos y cuando vieron mi cara de melancolía y
que llevaba dinero como para sobrevivir (tal vez comiendo copitos de nieve,
durmiendo en un Iglú, vestido con piel de mona, etc.)- me permitieron el
ingreso.

Antes de que el avión de Air Canadá, aterrizan en Winnipeg y ya con mi


corazón a mil por minuto de tanta ansiedad y angustia de no saber para donde
Iba, mi compañero de asiento resultó ser el Gerente de la Esso para Canadá y
cuando le conté de mi odisea (no lo dejé dormir ni comer) al llegar hizo una
llamada y me tranquilizó al contarme que un amigo suyo vinculado a la
Universidad me contactaría y me entregó su tarjeta de presentación y un
número telefónico. (Esta tarjeta era en ese momento mi única tabla de
salvación).

El pequeño aeropuerto estaba rodeado de nieve por todas partes, yo nunca


había visto tanta nieve ni en las películas soviéticas, el frío me hacia doler hasta
los huesos. Todo el mundo recibió a todo el mundo y me quedé solo
acompañado por un policía, la niña que alquilaba automóviles y la señora del
aseo.

Abrí mi maleta Imitación escocesa y me coloqué un bluejean encima del otro,


igual cosa hice con la camisa, pero nada fue suficiente a pesar de la supuesta
calefacción central.

Metido en ese frío edificio de cristal rodeado de nieve por todas partes, solo me
arrepentía de haber pegado tantas estampillas y no haberle parado mas bolas
al cura de Inglés pero con el precario conocimiento que tenía del idioma, fui a
una gran tornamesa donde estaban Instalados muchos auriculares telefónicos
todos Igualitos en color y tamaño, solo con el nombre de hoteles, pero sin
posibilidad de marcación.. Tin...Marín...de dos....., y levanté uno donde me
contestaron con una retaila que no entendí ni pío y colgué. Al minuto llegó un
mister como de diez metros de alto que botaba humo por las orejas, la nariz y la
boca, no le costó dificultad alguna el identificar a su pasajero, tomó mi lujosa
escocesa, que resultó tener alma de cartón (que tal tan falsos los escoceses?)
la que al no resistir la humedad dejó mis calzoncillos en la vía pública, el mister
recogió todo como pudo, ¡mes yo estaba petrificado del frío y de la pena, luego
me levantó cual maniquí y me trepó en su microbús. Ya aquí había calorcito y el
mister muy atento me fue contando desde el descubrimiento de Canadá hasta
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

el día de su circuncisión, yo no entendía ni miércoles, pero cada que el dejaba


de hablar para tragar saliva o para esperar mi opinión yo siempre le decía: oh
yea, yea, yea....(Que tal mi yea, yea?).

El sonido de las llantas sobre la nieve lo senda muy particular el panorama era
como si las nubes se hubieran caído y las luces de los vehículos entrecruzadas
con las de los postes del alumbrado público le daban un tono sombrío a la gran
dudad.
El hotel era el Saint Regis, había escogido uno de los más costosos,-que tal la
puntería?— la sola noche en esa época me costó la pendejadita de 50 dólares,
que tal el varlllazo!..pues este golpe financiero me quito el sueño, el hambre y
todo, sumado a que la rama estaba conectada al sistema de energía, el asunto
me puso aún mas nervioso de solo pensar en una electrocución y de
sobremesa el que nunca había dormido en un piso veinte.

Sin sueño, sin hambre y con bolsillo adolorido, me coloqué para el frío una
ruana campesina que había comprado como regalo para el ángel de las nieves
que seguramente me ayudaría en este viaje sin cuartel, sin nimbo y sin
conocido alguno y así me baje al bar.

Descubrí el bar por la música, por el olor a tabaco y a whisky, estaba lleno de
gente y de humo, el ambiente me encanté. No dejaba de sonar My Sweet Lord,
ni yo de mal preguntar pendejadas a todo el que se sentaba en la bahía. Al final
amaneció!!!! Eso me dijeron, pues yo no notaba diferencia alguna, a mí me
parecía todo Igual y había pagado 50 dólares para no usar el lujoso cuarto mas
que para guardar mi desvencijada maleta escocesa.

Como esta costosa y particular noche me había quitado el apetito, no fui a


desayunar, pero me puse en la tarea de localizar al ángel de las nieves del que
tenía un fantasmagórico número telefónico, así que manejé con mucho cuidado
la tarjeta del Mister puesto que era el hilo conductor con la llave de mis sueños.

Mas me demoré en colgar que en llegar todo un regimiento de viejitos, era el


comité Olímpico en pleno. Yo no se que fue lo que le conté al Mister de la Esso,
o que fue lo que él me entendió, pero todos estos personajes insistieron en
llevarme a otro lugar y claro yo ni corto ni perezoso subí a mi habitación y bajé
la escocesa que ni siquiera había abierto y de paso me guardé la crema y el
cepillo de dientes, la cauta de fósforos, la máquina de afeitar y una toallita
perfumada que estaban adornando el baño. Con tan mala suerte que cuando
salía del ascensor pisé en falso y me fui de bruces y la escocesa ahora si había
quedado totalmente descuadernada y claro, lo que primero salió a relucir en
medio de los calzoncillos fueron los regalitos que empaqué al salir. Rojo como
una remolacha solo acaté en decir souvenirs, souvenirs, y todos los testigos
que eran casi todos, entre rizas y carcajadas repetían en coro conmigo
souvenirs, souvenirs. Que tal la vergüenza? Yo todo un exreverendo
robándome las muestras gratis?

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Ya en el vehículo en el que todos estos hombres de las nieves (-lo de nieves,


no solo por lo desconocidos y misteriosos, sino que eran tan blancos como la
leche y ya no les cabía una cana más-) hablaban al mismo tiempo, pero de todo
este enredo yo entendí que ellos querían ubicarme en un lugar acorde con mis
expectativas. Que tal y yo sin saber que expectativas tener.

Al final estaba instalado en la casa de Mr. Jean Daly, Ex director de los Juegos
Panamericanos y Decano de la Facultad de Educación Física de la Universidad
de Manitoba.- Que tal la arepa?-.A mi no me cabía ni un tinto de la emoción.
Ahora estaba seguro que al Mister de la Esso, yo si le había contados o por lo
menos me había entendido todos mis planes. O sea que mi Inglés no era tan
malo.....que dicha!!!!!! Que viva la filatelia!!!: Pero la dicha no me duró mucho,
pues cuando reaccioné aún tenía aferrada entre mis congeladas manos las
llaves del Saint Regia.. que oso tan peludo Le conté a mi nuevo anfitrión y este
respetado Mistes entre risa y sospecha me dijo souvenirs .. souvenirs..... que tal
.. ya me había convertido en todo un ladrón internacional.

Entre conocer a mi nueva familia, organizar mi cuarto y echarles el cuento de


mis mil y una noches, llegó ahora si una verdadera noche y pude dormir como
un lirón, después de tanta pesadilla Marco Polo era un pobre principiante.

Al día siguiente estábamos en un almacén del ejército comprando todo el ajuar


de nieve: botas, medias, camisas, pantalones, chaquetas, pasamontañas,
guantes, una gran tula y me disfracé en minutos de militar por tan solo 30
dólares. (con esta ropa sobreviví todo el año) Que tal la diferencia con la
costosa noche del Saint Regis? Que santico sería este tan costoso?..

En la Universidad de Manitoba recibí matrícula provisional en la facultad de


Educación Física, primero por que el semestre ya había empezado y segundo
requería un permiso consular.

La experiencia fue inolvidable, recibí todo el afecto posible y me dedique a


estudiar y a entrenar atletismo para así justificar mis prebendas universitarias.
Por ejemplo, mi almuerzo me costaba 20 centavos que incluía todo lo que
colocara en la bandeja, lo que se traduce que no me costó mucho dinero
recuperar mis hambres atrasadas.

A pesar de mis militares protecciones cada que pasaba de un edificio a otro


dentro de la universidad, el cabello se me congelaba, las orejas y la nariz se me
cuarteaban y dolían, los labios se me tostaban y de sobremesa me dio
caspa...que pena...descubrí que me había dado caspa, que mas pandan
crispetas, no sé, si por el frío o por la angustia y ansiedad. Inmediatamente me
fui a la droguería y como ningún frasco me pareció conocido y no sabía como
se decía caspa, ni crispeta en inglés, no tuve mas remedio que colocar la caspa
sobre el mostrador, lo que casi enloquece a la vendedora quien llamó en
fracción de segundos a la policía (dentro de la universidad se disponía de un
grupo de policía) lo que me comprometió en una amplia explicación para que
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

todo volviera a la normalidad y yo poder ingresar rápidamente a los baños con


mi tarro de Head and Shoulders y adiós a la caspa....

Al final del año universitario mi inglés sin ser del todo malo no fue suficiente en
su gramática para aprobar los exámenes escritos, lo que me obligaba a validar
el idioma. Programita que no me pareció interesante y fue así como armé viaje
para trabajar en las minas de Saskatoon y Saskatchewan con un compañero,
mas loco que una cabra.

Cuando Mr. Daly descubrió mi osadía me recomendó mejor regresar, por lo que
no me quedó mas remedio que de inmediato organizar mi tula, (para este
tiempo mi escocesa ya debería estar en la planta de reciclaje) y viajé a Toronto
y a Nueva York, donde me instalaría.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

NEW YORK NEW YORK

Llegué al aeropuerto Kennedy y en un


taxi, me dirigí a New Jersey, he pues
tenía entre mis arrugados apuntes la
dirección de Jairo González “pelusa”.
Pasamos por un largo túnel bajo el
agua y después de l2dólaresy otro gran
dolor en el bolsillo, toqué en el número
anotado, abriéndome la puerta una
cubana que sin dejarme saludar con
solo nombrarle a mi amigo a grito herido
me dijo hasta de que me Iba a morir, sin
respetar mi vestidura militar, al parecer
la joya del pelusa le había hecho ochas
y panochas, y le di papaya para que se sacara el clavo a todo pulmón y ante
todo público..

Ahora estaba más desubicado que Mister Bonn en Suárez y fue cuando recordé
la existencia de los YMCA (Young Men Christian Association).

Un testigo presencial de la vaciada cubana, me recomendó tomar una guagua


hasta la calle Hoboken, donde había un YMCA.

Lo de guagua me dejó boquiabierto, puesto que para mí, guagua era solo el
animal que se come las gallinas cuando nuevamente pregunté, ya se me aclaró
que se trataba del autobús y que debía tomar el numero ocho.

Mas encartado que gallina criando patos, con mi pesada e incómoda tula me
subí al confortable y lujoso autobús que efectivamente me dejó en la puerta.
Aquí me sentí profundamente cristiano al enterarme que la semana de
alojamiento me costada solamente quince dólares, semejante diferencia entre
unos servidos y otros me tenían grogui, pero no a mis bolsillos que ya estaban
en saldo rojo.

Estos hoteles para cristianos son de lo más barato que existe por esta razón
mis compañeros de alojamiento más que cristianos tenían cara de estar más
varados que corcho en remolino.

Descubrí la coca cola litro y el paquete gigante de papilas fritas, dieta obligada a
seguir pues según mi último arqueo de caja era lo único posible.

A la mañana siguiente y así durante cuatro días, me dediqué a recorrer las


calles de arriba para abajo y a mirarle la cara a las personas por si alguien me
resultaba conocido.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

En un correo cercano coloqué una postal a la familia contándoles lo maravilloso


de mi estadía en la Gran Manzana.
Cada noche me encomendaba a todos los santos, pero en particular al santo
que se encarga de hacer aparecer personas, me imaginaba que debería existir
alguno encargado de estos menesteres entre la larga lista de los que les rezaba
en el Seminario.

Esto no lo cree ni Mandrake, pero un día cuando las papilas ya me sabían a


ostias y la coca cola a purgante, alcancé a ver que en un autobús pasaba una
cara conocida, corrí casi que batiendo el record de los cuatrocientos metros
planos y me encaramé cual gamín: y dicho y hecho, era Álvaro Guzmán, un
condiscípulo de la escuela; yo lo abrace, lloré y luego reí sin parar, no lo podía
creer!!! !Uf, de pronto reaccioné pues me sentí perdido cuando el autobús cruzó
por otra calle y yo solo conocía en línea recta. De inmediato le pedí a Álvaro
que nos bajáramos para contarle de mi realidad gitana.

Era un viernes y yo tenía cancelado hasta el sábado mi alojamiento, por esto


quedamos en encontrarnos al día siguiente a las cinco de la tarde.

Ese esperanzador día desde las tres de la tarde ya estaba listo y sentado en el
paradero esperando a mi condiscípulo; llegaron las cinco, las seis, las siete y ya
empecé a pensar que había soñado despierto y que no existía el tal Álvaro.
Cuando estaba a punto de gritar y de meterme a dormir en la tula, lo único que
me quedaba, llegó mi amigo como un espanto de carne y hueso...

Y hablando de carne y hueso esa noche en su casa de Manhattan, Nueva York,


guisó muslos de pollo que por mis hambres atrasadas me parecían muslos de
avestruz, este penetrante y ya casi olvidado olor me puso a sudar frío, al punto
que sentí que me estada dando soroche; pero en un acto de pendejada y pena,
le dije que yo ya había comido, como les parece? .... y claro, cuando escuché
su primer ronquido salté a la cocina y acabé de pelar los muslos que había
dejado casi enteros.

Así empezó mi nueva experiencia en la capital del mundo, donde pude trabajar
armando partes para los aires acondicionados de los aviones; practicar todas
las tardes y fines de semana mi deporte favorito en ese entonces el atletismo;
enviar muchas canas con poco dinero a mi Mamá subir por las venas y arterias
de la estatua de la libertad hasta su corona y gritar que era prisionero de mis
propios sueños; vivir en el lugar mas maravilloso como lo fue Manhattan en la
calle 75 con River Side; comer ropa vieja; volverme experto en el subway o tren
subterráneo; pasar por la calle 42 y no dejarme corromper aprender a comer en
latas calentadas en la ducha albóndigas, frijoles y espaguetis Goya; a ver por
televisión a Tres Patines y no entender sus chistes; a comprar nuevos
uniformes pasando del Ejército a la Marina por tan solo 35 dólares; recorrer la
quinta avenida y no conocer a nadie y peor aún sin que nadie me conociera;
almorzar en la casa de un pariente cercano que vivía un poco lejano; enrolarme
en cuanto desfile de protesta o de celebración pasaba sin importar para donde
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

iba, ni de donde venía; entrar a cine doble y no ir al baño para evitar la


persecución del coco; enamorarme de lejos y desenamorarme de cerca;
compartir el trabajo y el descanso con Dominicanos y Puertorriqueños; asistir
gratis a los mejores conciertos del Central Park pasando de agache con la
marihuana; aprender a usar las lavadoras automáticas después de que toda mi
ropa había quedado como el asco iris; a no decir mono sino rubio y a que no me
diera pena protestar por tantos penis en las vueltas.

Cuando había transcurrido un inolvidable año, Frank Shorter, recorre toda la


dudad de Cali, ganándose de cabo a rabo la maratón de los juegos
Panamericanos y Avianca pasa por la Televisión Hlspana todo su recorrido
mostrando mis añoradas calles y sus gentes que eran mis gentes y así como mi
primer día en ese país no dejaba de buscar en mi televisor una cara amiga;
aquí si fue cierto que me invadió la nostalgia y sentí que mi verdadera razón de
vivir estaba en mi tierra entre los míos y sin Importar todas las cosas buenas
que me estaban pasando ni el que se me hubiera permitido vivir en ese país
cómodamente y sin sobresaltos, me subí en el primer avión que pasó por la
Seventy Five con River Side y en un santiamén regresé, encontrándome tonta
nuevo aeropuerto aún en obra negra con una familia maravillosa y encantadora
y con una dudad que me recibía con los brazos abiertos y me invitaba a unirme
a todos los compatriotas que día a día trabajaban en procura de hacer de este
país el mejor vividero del mundo.

Para terminar esta primera parte del recuento de mi vida recordando el


comienzo, que mejor reflexión que el pensamiento de Baba Dioum, que dice:

- Al final vamos a conservar solamente lo que amamos;


amar solamente lo que comprendemos,
y a comprender solo lo que nos enseñaron”

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LIGERO DE EQUIPAJE

Si para triunfar en la vida como ser humano es preciso dar algo de nuestra
propia vida al mayor número posible de personas, puedo asegurarles hoy 17 de
Agosto del año 2002, con 54 años vividos que he triunfado, además que he
triunfado siendo absolutamente feliz puesto que la vida me ha permitido estar
en el lugar preciso a la hora indicada para trabajar con entusiasmo sin
descanso y sin reservas en actividades que me van llenado de absoluto placer
e invaluables satisfacciones al punto de poder asegurarles que he tenido el
privilegio de ser gerente de mis propios sueños.

Convencido de que el futuro no se hereda que tampoco es una condena, sino


que se sueña y se construye con constancia, eficiencia y transparencia, hace 34
años lo abandoné todo para perseguir nuevos sueños e ir dándole a cada uno
de ellos un soplo de vida, cuidándolo en sus épocas de infancia y juventud, para
luego entregarlo en adopción a los que me acompañaron y caminaron conmigo,
sin volverme esclavo de mis propios logros, para lo cual debí aprender el difícil
arte de: saber retirarse a tiempo.

El buceo recreativo, el trabajo social, el medio ambiente y mis esporádicas


participaciones en los medios de comunicación, a través de los cuales he
podido expresarme libremente y compartir mis sueños, planes, proyectos,
realizaciones y frustraciones, resumen el gran reto que me ha llevado por
caminos difíciles, muchas veces ingratos, capoteando temporales, pero
definitivamente Llenos de contenido, satisfacción y calidad humana que es lo
que al final prevalecerá a través del tiempo y que nada, ni nadie, podría
arrebatarme.

Por esto hoy puedo asegurar que la cosecha recogida de todo lo sembrando
durante mi caminar, cabe completamente en mi corazón, lo que me permite
pensar como Tony de Mello, que estoy “ligero de equipaje” permitiendo que las
energías de este nuestro cosmos sigan sensibilizándome hasta el fin del fin sin
pretender quedármelas.

Gracias a esta actitud de vida he podido tenerlo todo sin ser dueño de nada.

EL QUE PEGA PRIMERO…

Sin querer queriendo resulte envuelto en la gran responsabilidad histórica de


liderar el ordenamiento, desarrollo y divulgación de una nueva actividad
deportiva recreativa en Colombia: EL BUCEO.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Todo comienza con el naufragio de una lancha en la que paseaba una familia
en el lago Calina Por esas épocas permanecía listo en paz y emergencia
apoyando a la Defensa Civil en Búsqueda y Rescate, sin nada que ver con el
buceo.

Al llegar al lugar con bombos y platillos (ambulancias, lanchas, sirenas,


periodistas, curiosos y chismosos) me sentí impotente e Inútil y hasta cierto
punto ridículo frente a tan cruel realidad, aparentemente lo teníamos todo, pero
no sabíamos lo más importante: bucear.

Ese día por todos los medios a nuestro alcance nos comunicamos con el país
entero en la búsqueda de buzos, encontrando primero muy pocos y de estos
pocos los que no tenían tiempo, o no tenían el equipo adecuado consideraban
la búsqueda muy peligrosa y al final solo quien cobré un dinero difícil de pagar
por un huérfano que lo había perdido todo fue quien se enfundé un viejo equipo
y buceó, o por lo menos se desapareció de nuestra vista por un largo periodo
para luego salir, cobrar, sin haber encontrado nada.

Con tridentes de hierro arrastrados por lanchas peinamos el área durante una
semana al cabo de la cual enganchamos y movimos la lancha y una gran
burbuja dejó flotando los cuerpos inflados y descompuestos por acción del
tiempo Este inolvidable día juré no solo aprender a bucear como Dios manda,
sino compartir lo aprendido con todos mis compatriotas.

Donde encontré más sintonía con el proyecto en cuestión fue en el Cuerpo de


Bomberos de Cali, quienes por esos tiempos habían comprado unos equipos de
buceo de segunda mano; pero que para llegar hasta su utilización se debería
primero ser Bombero Voluntario. Carnet de los bomberos....

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Con un grupo de amigos Interesados en colocamos estos equipos más que en


querer apagar incendios, entramos al curso, entre mis compañeros se
encontraba Daniel Perea, quien al final se marchó mamado de tanto enrollar y
desenrollar mangueras, cargar y descargar escaleras y nada de buceo.

Entre los Bomberos buzos de ese entonces se encontraban Jairo Cabal con el
grado de Cabo, y Jairo Páez Los Jairos eran las
personas conocedoras del tema y responsables de los
rescates de la época, pero que no disponían de la
metodología ni de las estrategias para consolidar
alrededor de los Bomberos un grupo de buceo.

Convocamos a todos los que en la ciudad conocían o


practicaban el buceo en procura de ordenar las ideas,
los conocimientos y maximizar los recursos disponibles
que nos permitieran una formación mas integral, si bien
en lo que sí coincidíamos era en que el alto riesgo que la
actividad tenía implícito.

Aquí se habló mucho y todos nos sentíamos dueños de la razón pero al final
reinaba un denominador común El Empirismo.

Cesar Augusto Duque quien tenía el


rango de Cabo, se desempeñó como
Director de nuestro curso de
formación bomberil oportunidad para
conocer su personalidad,
autodisciplina y estudio lo que un
buen día coincidiendo
filosóficamente decidimos unir
esfuerzos y montar un negocio sin
que tuviéramos la más remota idea
de lo que significaba ser
empresarios, negocio que terminó
llamándose ASETEC (Asesorías
Técnicas), y para su funcionamiento
nos ubicamos en una pequeña oficina a la entrada del entonces aún sin
terminar Edificio el Castillo.

Como era de esperarse por aquellas épocas si el tema de contratar asesorías


en seguridad Industrial era incipiente, mi tema del buceo no atraía sino a los
curiosos. Irónicamente la diminuta oficina permanecía llena de personas
mirando el viejo equipo de buceo que exhibíamos y ojeando las revistas Skin
Diver así como de gallinazos que le revoloteaban a la secretaria que no solo era
muy linda sino karateca y simpática al punto que al final le aplicó una llave
universal que mas parecía una llave peston y se convirtió en la dueña y señora
de mi primer y único socio.
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Como el negocio no producía ni para pagar la oficina, nos repartimos


equitativamente los gastos; mi socio enamoraría la secretaria y yo a la dueña
del local, así solo teníamos que pagar el teléfono, aparato que casi nunca
sonaba, salvo cuando la dueña quien no creía en mis promesas de amor
ilusamente llamaba cada mes preguntando por los arriendos atrasados, llantada
esta para Lo que ya nos habíamos entrenado sincronizadamente para
responder alo!!! alo!!!!que los llamo por lo del arriendo.......alo!!! alo..., no se
oye!!!! A.loooooo.así pasaron los meses hasta que mi socio se casó con la
secretaría ya mi todavía me anda buscando la dueña del local.

Muy apenado mi socio por la parte que me correspondió en el estado de


Pérdidas y Ganancias y gracias a sus influencias bomberiles me hizo nombrar
edecán de reinas en las Ferias de la Caña de Azúcar.

Participé en dos ferias como


edecán una con la señorita
Argentina Patricia Fraccione, y
otra con la USA, basta que los
bomberos no fuimos mas
edecanes de estas festividades,
creo que por las intrigas del
entonces Teniente de la Fuerza
Aérea Harold Certuche, que
siempre nos jodía para que le
prestáramos la escalera mas
larga me imagino que era para
bajarle de los árboles el gato a la
esposa de su comandante y que
terminó lagarteándose este
cargo para los cadetes de la
FAC, argumentando que los Bomberos éramos muy feos y estábamos muy
tiznados.

De estos reinados recuerdo que cuando las carrozas pasaban en ese tiempo
por la calle quince donde permanecían ofreciendo sus encantos las fufurufas y
los maricas, nos echaban los piropos mas horribles que yo hubiera escuchado,
tanto a la reina como al edecán al ponto que aprendí de Miss Argentina a arriar
la madre mientras sonreía.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

CLUB DEPORTIVO BARRACUDAS DEL VALLE

Un 23 de Octubre de 1975 con los recientemente conformados Guardas


Bachilleres nos reunimos en las Piscinas Panamericanas de Cali para fundar
barracudas Scuba Divers Club (Que tal la elegancia y lo internacional del
nombrecito) teniendo en cuenta que les venía dirigiendo un programa natación
y que su entusiasmo, disciplina y ganas de echar para adelante, me motivaron a
tomar la novedosa y atrevida determinación de Incursionar en el tema del
buceo..

Participaron además de los veintitrés Guardas. Maria Esther Navia, monitora del
equipo de natación de Univalle, y Gilberto Arenas un empleado de Emcali.
La tarea inicial fue la de nadar basta que nos poníamos morados, prepararnos
en primeros auxilios y practicar las técnicas del salvamento y rescate por si las
moscas. El segundo reto fue el de luchar en el manejo de las aletas Phanton,
compradas en el Ley, que pesaban mas que un mal matrimonio así como la
difícil desaguada de las inmensas caretas Nenrod.

Lo del nombre Barracudas salió de


una experiencia en abril de 1974
cuando por ignorancia en un buceo
en Gorgona, desatoraba la varilla
de un arpón mal colocada en un
inmenso bravo, pez que de bravo
no tiene si no el nombre.
Al retirar la varilla salió mucha
sangre de color verde,(fenómeno
físico de la refracción de la luz)
atrayendo a cientos de
peces que me rodearon y que por
entre las piernas, brazos y cabeza
se comieron en minutos al bravo
dejándome como al viejo y al mar solo con el esqueleto. Mis compañeros no
salían de su asombro pues ellos me suponían también devorado por esta
nutrida escuela de peces que haciendo rechinar sus dientes sobre mis oídos,
resultaron ser Inmensas y hambrientas

Los Ríos Sabaletas y Agua Clara, así como el lago


Calima y la Isla Prisión Gorgona se volvieron nuestra
obsesión al punto que hacíamos todos los esfuerzos que
fueran necesarios para — llegar a estos lejanos pero
ensoñadores lugares y realizar nuestras modestas
prácticas de apnea o pulmón libre y en el mejor de los
casos compartir por pocos minutos el viejo y único
tanque entre los mas avanzados.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Jairo Usma un destacado pintor y diseñador de Carvajal & Cía, que había
ingresado al Club y que nos apoyaba desde la Junta Directiva con Sonia Esther
su esposa, diseñé el logotipo que son su snorkel al lado derecho le dio
rápidamente la vuelta al mundo en las calcomanías colocadas en una buena
parte de los vehículos, camisetas y afiches.

Por estas fechas sobre el tema del buceo en el diario el Tiempo aparecían
propagandas de la US Divers, ofreciendo cursos y equipos en Medellín con
Alberto Yarce y Javier Gómez; así mismo en los corrillos se escuchaban las
historias mal contadas y asustadoras del trágico fin de un tal Zibetta realiniwln
pesca submarina solo en Cartagena; de las odiseas de un tal Capitán Ospina
Navia en Santa Marta; de las proezas de un tal Paco Bahamón en
Buenaventura y1bjnaco de las profundas apneas

Llegamos y encontramos al buque aún agonizante; ya se había hundido parte


de la popa, pero la proa todavía se resistía a sumergirse, estaba muy escorado
hada babor (indinado sobre su lado izquierdo). Por una salida de las bodegas
se observaban sobreaguando grandes tablones de roble los que empezamos a
sacar, luego Micky cual pirata del Pacífico le echó el ojo a la campana y en un
santiamén la majestuosa y tradicional campana de bronce ya estaba
roncamente sonando en su canoa.

Por una de las estrechas escotillas de la cabina de mando donde estaba


rompiendo la ola con fuerza realice un ingreso en apnea (en ese tiempo yo
cabía por cualquier agujero) cuando pude entrar encontré el agua tranquila y
con buena visibilidad lo que permitió ver en una de las esquinas de la cabina del
capitán su máquina de escribir que no alcanzó a imprimir el último Informe de
bitácora. Consideré que las leyes de naufragios verían con buenas ojos el que
en Barracudas guardáramos esta reliquia, reliquia que a pesar de haberse
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

lavado muy bien con agua dulce, aceitado y encerrada en una urna de cristal,
poco a poco se ha ido muriendo de pie en las aulas del Club donde muchas
veces le correspondió escuchar en silencio la clase de navegación dictada por
Juan Carlos Galindo y Diego Kuratomi.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

KUNTA QUINTE

Para los viajes a la en ese entonces Isla Prisión Gorgona el transporte marítimo
era la mayor dificultad salvo el buque Asturias, dedicado al turismo a
Juanchaco, los demás buques eran de transporte de víveres, madera y
combustible, por lo que nos dimos la tarea de encontrar una embarcación que
nos facilitara nuestros propósitos, puesto que el Asturias en fines de semana y
feriados, no debía abandonar su compromiso con los turistas. En estos ires y
venires conocimos a Azael Reina, una persona oriunda de Mulatos, zona
costera localizada frente a Gorgona donde según la leyenda se dice que había
encallado liada muchos años un buque inglés y que sus tripulantes se quedaron
a vivir en la zona mezclándose con los nativos, razón por la cual la mayoría de
habitantes presentan rasgos físicos muy particulares que contrastan
significativamente con sus vecinos, estos son rubios de ojos azules y maestros
natos en la construcción de barcos de madera, por lo que se los conoce como
los Culis o culimochos, pues los buques que construían tenían la papa mocha.

Azures había construido con los Culis, su Barco El Mulatos, barco que aunque
su diseño era para carga, nos gustó mucho, pero más le gustó a Azael el
asunto de explorar el Pacífico y desde luego ganarse unos pesos sin joderse
tanto.

Como Gorgona pertenece política y geográficamente al Departamento del


Cauca y Mulatos está frente a Gorgona, entonces nombramos como embajador
ante Azael, para que le hablan el idioma, a Rafael Salarie, compañero trilingue
que habla guambiano, pat y caucano, con pinta además de culimocho.

Para nuestros propósitos el buque se reorganizaba temporalmente y en la


bodega donde normalmente se trasportaba madera y combustible, ahora sería
el cuarto de comando, es decir el dormitorio, sala de conferencias y reunión de
la santa inquisición conformada por la jauría de hasta veinte instructores donde
normalmente se cargaban los plátanos y el coco ahora se acomodarían los
cincuenta y más alumnos. Solo las damas disfrutarían de camarotes o tablas
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

con almohada, camarotes estos donde normalmente se trasportaban las negras


de El Charco Nariño, enfermas por malaria
Es decir que los negros esclavos traídos del África venían tan cómodos como
los pasajeros del Titánic, frente a los Barracudas que sí representaban al
verdadero Kunta Quinte.

Vale la pena aclarar que en el buque la única taza sanitaria con balde y cuerda
en la puerta, era unisex para apoyar así la naciente la liberación femenina. La
cocina quedaba a estribor llegando a la popa y la taza en cuestión estaba
separada de la cocina por una tabla, así que las revolturas de todo y de todos
con todo eran el plato diario, plato que a diario se lavaba en la misma revoltura.

Toda esta radiografía del buque escuela Mulatos que navegaba desplegando
coloridas banderas en su mástil, es para resaltar que quines participamos de
estas épocas de bárbaras pero seguras e inolvidables salidas de buceo,
hicimos simultáneamente varios cursos Intensivos entre otros buceo,
salvamento, natación, supervivencia, tolerancia, resistencia, primeros auxilios,
aguante, dictadura, hacinamiento, hambruna, resistencia bacteriana,
inclemencias tanto de la atmósfera como de los instructores etc., etc.

Durante toda esta dura realidad formativa solo se presentó un motín a bordo,
liderado por debajo de cuerda por Alonso Restrepo que era el Presidente de la
Junta Directiva, quien casi siempre tiraba la piedra y escondía la mano y por
encima de cuerda por los boquisabrosos de: Martha Irene López, Myrian Solarte
y Gustavito Yanguas, motín que se controlé al permitir vino y manjares en la
remesa. Recuerdo muy bien que durante la salida del motín todos se
enfermaron del estómago y perdieron dos días de práctica haciéndole cola al
baño y al lomotil.

Al cabo de los años y ya con la Regada de buques más cómodos la M/N


Mulatos, se convirtió en pesquero hasta el día que un temporal puso a prueba
sus viejos maderos, y Azael como buen capitán y armador, no lo abandonó
hasta que solo quedó a flote su última tabla y abrazado de esta con un agónico
adiós acompañé a su amado barco a las profundidades del Pacifico.

Una día decidimos explorar la costa desde Cabo Corrientes hasta Punta Ardita,
para este proyecto requeríamos de una embarcación que calan menos, mies
nos arrimaríamos bastante a la costa y no conocíamos la zona ni se contaba
con ecosonda o sanar por lo tanto la embarcación ideal era el Cecilia Mery, bote
pequeño recientemente puesto al servido, de propiedad de Quintiliano
Belalcazar negro astuto para los negocios quien no dudó en facilitarnos su
embarcación con el negro Ramón abordo como cocinero.

El Cecilia Mery era un buque para unas 15 personas con relativa comodidad
pero el sugestivo programa de exploración embarcó a 25 personas, por su
puesto el hacinamiento llegó a su clímax al punto que la comida era siempre
insuficiente, no tanto porque que faltaran víveres sino que la estufa a gas de
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

una sola boquilla prendida desde al amanecer, nunca dio a basto, así como
tampoco el espacio para dormir, razón por la cual a las seis de la tarde el que
se descuidaba y no estaba ya acostado, no tenía espado para dormir
correspondiéndole pernoctar y a veces pernoctar sentado en una banca en el
techo, aquí si fue cuando hicimos un diplomado en tolerancia y faquirismo.
Cuando el crucero estaba a la altura de Bahía Solano se nos informó que una
avioneta había caído al mar cuando trataba de aterrizar en Cabo Marzo,
inmediatamente como guardianes de la bahía, nos pusimos en marcha y a la
mañana siguiente ya estábamos organizando tambores de 55 galones, manilas
y con la avioneta localizada a 15 metros de profundidad nos dimos a la tarea de
ponerla a flote en esta operación la gasolina del avión nos ocasioné
quemaduras de segundo grado las que poco o nada importaban ante la
emoción de lograr este salvamento; al caer el día ya un viejo tractor desde la
playa tiraba con largas cuerdas la desbaratada avioneta Piper que más se
demoró el llegar a la playa que los lugareños en desvalijarla. Claro que nosotros
para no quedarnos atrás nos guardamos una de las puertas donde aparecía la
matricula.

Orgullosos del fantástico rescate llegamos de regreso a nuestra pequeña


embarcación donde Ramón consternado convocó una asamblea extraordinaria
para informarnos solemnemente que ese gordo, señalando a Jorge
Buenaventura, se había comido casi todo por lo tanto no quedaba sino arroz.
Con el paso del tiempo un inspector de policía nos estaba buscando para
hacernos responsables de la pérdida total de la avioneta Al parecer el dueño
quien no había autorizado su rescate buscaba algún responsable puesto que
los habitantes del lugar se habían llevado hasta el olor. ...Durante mucho tiempo
exhibimos como trofeo en las paredes del Club, la puerta de este aparato.
Estas anécdotas resumen lo inolvidable de nuestros primeros viajes por un
desconocido mar que de pacífico no tiene sino el nombre, en épocas donde las
comunicaciones, la medicina hiperbárica y las ayudas de emergencia brillaban
por su ausencia, pero que gradas al severo entrenamiento ya la disciplina
prusiana que se manejó durante estas primeras épocas del buceo, hoy no tengo
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

un lamentable accidente para registrar en este recuento, aunque sí muchas


quejas y reclamos, pero la responsabilidad que tenía sobre mis hombros me
obligaban a tomar decisiones impopulares pero que garantizaron la salud y vida
de todos los participantes.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

PRIMER CAMPEONATO DE BUCEO

A principios del año 1977 y con el propósito de promover la formación de


nuevos Clubes deportivos y desempolvar a otros buceadores del país,
resolvimos realizar el Primer Campeonato de Buceo, para lo cual lo único que
se nos ocurrió fue un evento del que mas aguantan resuello o pulmón libre,
como se decía en la época, pero el fantasma de la hipoxia, la hiperventilación y
la anoxia ya nos empezaban a rondar y nosotros sanos e Inocentes en tan
delicado tema.

Para empezar en un entrenamiento con más de 30 personas en las piscinas


Galindo con un oleaje que no dejaba ver el fondo, en un momento dado
descubrimos que faltaba un compañero y que la sombra sumergida podría ser
el personaje.

Dicho y hecho Carlos Obonaga, fue sacado en paro cardio-respiratorio.

Estaba rígido, cianótico y frío, parecía un maniquí de inmediato inicié la


reanimación tema para lo que si estábamos preparados. Cuando ya nos
alistábamos para su traslado al hospital, recobró el conocimiento realizando un
ruido como de ultratumba trasbocó y su primera reacción fue preguntar que
pasó? que pasó?.

Después del susto me invadió una gran felicidad al ver que le habíamos
devuelto la vida. Todos quedamos en silencio, reflexivos y así nos fuimos a
nuestras casas mientras que Obonaga fue llevado a observación médica. Esa
noche pasaron por mi cabeza todo tipo de cuestionamientos y el sentimiento de
responsabilidad que no me dejaron conciliar el sueño.

Superado el incidente y con las recomendaciones del médico Freddy Pretellt


continuamos en nuestro empeño de sacar adelante el torneo, para esto nos
ubicamos en el aeropuerto y a todo pasajero le pedíamos el favor de que
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

procurara que esos afiches de invitación se pegaran en alguna vitrina o


cartelera del país.
Para ponerle mas emotividad al evento al compañero Pablo Montoya se le
ocurrió la brillante idea de traer al corpulento negro Gregorio, un boga de
Sabaletas que siempre se destacaba por su capacidad de aguante en los
charcos, para que representara a su gremio y a su pueblo. El día de la llegada
de Gregorio lo acompañamos a conocer las piscinas y a que realizará su
primera práctica, esa tarde la piscina estaba desolada, solo Pablo, Gregorio y
Yo, el negro realizó varios Intentos y en un momento dado se sentó en fondo a
mirar para la superficie sin deseos de salir, ya con la inolvidable experiencia de
Obonaga, vestido como estaba con zapatos y gafas de un salto llegué al fondo,
saqué a Gregorio y en superficie empezó a respirar después de ayudarlo solo
con la hiperextensión de su cabeza, igualmente manifestando que me pasó?
luego con don Pablo sacamos a esta mole a la orilla, y volvimos a quedar
reflexivos y muy tristes de solo pensar en la vaca loca en que nos estábamos
metiendo.

Las cartas no hicieron esperar y ya un equipo de San Andrés se había inscrito,


así como el Cuerpo de Bomberos de Palmira y varios particulares, la
temperatura del evento estaba muy alta, cuando una noche a las 11:30, me
llamó Mosquera el vigilante de las Piscinas Galindo para decirme que fuera
rápidamente puesto que el ayudante de la cafetería se había metido a la piscina
onda cuando las luces se habían apagado y todo estaba cerrado para tratar de
hacer lo mismo que nosotros y no quería salir del fondo. Cuando le pregunté
cuánto tiempo hacía que este personaje estaba en el fondo, me manifestó que
casi una hora. Me puse frío y pálido, el teléfono se me soltó de las manos y ya
solo se escuchaba el alo, alo, de Mosquera que esperaba una respuesta.

Llegué a la piscina y los periodistas ya estaban tomándole fotografías, todas las


luces encendidas, la policía hacía preguntas y este mal imitador, rígido, morado,
tendido boca abajo en la orilla, no tenía careta ni lastre, solo tenía puesto la
pantaloneta y las aletas. Yo solo quería que el planeta se paran para bajarme
oque la tierra se abriera y me tragara, lo que mas rápido pasara, pero claro,
nada de esto pasó y me correspondió dar la pelea y defenderme y defender el
torneo.

Me sentí responsable por el mal ejemplo que pudimos haber dado a este
modesto trabajador de la cafetería a quien ni siquiera conocíamos, nunca supe
como se llamaba y mucho menos lo habíamos visto en el agua, simplemente
había mirado los entrenamientos y seguramente se entusiasmó y cuando todo
estaba solo, cerrado y oscuro decidió probar suerte, pagando con la vida su
atrevimiento. Nunca nadie pudo saber de donde sacó las aletas pues jamás lo
habían visto en esta actividad.

Al día siguiente en los periódicos debajo de su gran foto se leía: “Murió con las
aletas puestas”. “Quiso romper su record y le costo la vida” y Yo, ya estaba en
el banquillo de la Junta de Deportes con el Director Nolasco Sierra al frente, y
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

nuevamente el Médico Freddy Pretellt con argumentos de medicina y de


deducción lógica, no solo nos salvó sino que logró el permiso para que el
evento no se suspendiera como era la orden.

Con estos antecedentes tan tristes y lamentables desde todo punto de vista
llegó el día del torneo, evento que no pudimos suspender puesto que una vez
se promovió se fue volviendo una bola de nieve.

Llegaron los Sanandresanos, eran los grandulones y musculosos Richard 8aM,


Guillermo Henao, Noel Ramírez y su entrenador.

A las 9:00 AM. se da


inicio al controvertido
torneo con la ayuda de
mi gran amigo y
entrenador de nado
sincronizado Pascual
Guerrero quien actuaba
como Juez Arbitro en
superficie y Yo con
equipo autónomo en el
fondo vigilaría de cerca
a cada.

Pero más se demoró en


arrancar este mal presagiado evento que en empezar el rosario de hipoxias,
Richard Bard coloca el mejor registro: 3’.48”.8, y sale turureto y pierde el control
de esfínteres al pretender bruscamente salirse de la piscina, pero de inmediato
sin ayuda se reincorpora, el bombero Aldemar de Palmira pide descalificación y
al final me amenaza “si no descalifica al de San Andrés a mi me tiene que sacar
muerto, porque lo que es yo le gano”. Me puse verde y frío, pero no lo pudimos
descalificar por el contra— argumento de que se había recuperado sin ayuda y
como no existían reglamentos en este ni en ningún sentido, debimos aceptar el
argumento y continuar. Al final el amenazador Aldemar, no sólo no se dejó
morir, sino que hizo su peor registro (gradas a Dios) y así terminó la mayor
pesadilla de mi vida

Después de esta amarga experiencia archivamos para siempre la idea de volver


a competir a pulmón libre o aguantando el resuello y mejor nos dedicamos a
jugar tranquilamente Damas Chinas.

Hoy en pleno siglo XXI cuando los deportes extremos congregan a muchos de
nuestros jóvenes que buscan deleitarse con el sabor metálico de la adrenalina
pura, en nuestro medio se ha desempolvado la modalidad de la apnea como
competencia de moda en otras esferas donde se cuenta con toda la ayuda
tecnológica y científica.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

En nuestro medio las premoniciones en este sentido no son nada prometedoras


si miramos hacia atrás nos encontramos con Milton Bohórquez, Jorge Ramírez
y llene Cardona, quienes un buen día con todo el conocimiento de causa,
resolvieron desafiar a la fisiología.

A pesar de tan dramáticos antecedentes esto parece no tener ninguna lectura


para los promotores de esta modalidad, modalidad que cuando coja fuerza se
comportará como una bola de nieve.

Estas víctimas de la apnea extrema no solo conocían todas las reglas sino que
eran profesionales e instructores de buceo, los dos últimos, simplemente que
para concentrarse, relajarse, hacer yoga y no se cuantas razones más,
decidieron violar la regla de oro Hacer su última apnea solos.

Hasta aquí CERO Y VAN CUATRO!!!!!! (que yo tenga noticia) Cuántos más son
necesarios para que la historia no se repita?

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

PRIMER CURSO PARA INSTRUCTORES

A pesar de los esfuerzos hechos hasta la fecha, ahora estábamos organizados


pero nos faltaba la formación profesional correspondiente abalada por algún
organismo internacional de enseñanza del buceo recreativo, fue así como
teniendo noticia de la recientemente fundad. Confederación Mundial de
Actividades Subacuáticas CMAS, por Jacques Ives Costeau, les escribimos y
recibimos en francés un mamotreto de Información que procuramos ir
traduciendo e ir implementando con la claridad de que a esta institución solo
podían afiliarse las Federaciones de los diferentes países..

Por fortuna para el buceo Colombiano llegó a vivir en la dudad de Cali


procedente de Inglaterra el Médico Hernán Henao Jaramillo, un cirujano
cardiovascular que había cursado los niveles del buceo recreativo en el Club
Británico, uno de los más reconocidos en el mundo por su alta exigencia.

Con la responsabilidad y seriedad que siempre lo caracterizó, el Médico Henao


con su aporte fue la clave para el despegue técnico de la época. Fuimos
buenos compañeros y amigos, compartimos la fotografía submarina, que era su
gran pasión, su respeto por la fauna, y en contraprestación por la ayudantía en
los viajes terminaba heredando todos sus equipos viejos.
Aquí nacieron los famosos bloques de
evaluación que se utilizaban en el Club Británico
y se convirtieron en la pesadilla de muchos en
Barracudas yen el recuerdo Inolvidable de
todos..

Ya con toda esta información a bordo se


convocaron a los Asistentes de Instrucción para
formalizar un curso de Instructores en San
Andrés. Asistieron Pablo Montoya, Augusto
Pinzón, Jaime Londoño, Francisco Javier
Galindo y Jhon Larsen, estas cinco personas con
el paso del tiempo se convirtieron en los pilares
fundamentales del buceo al punto que con ánimo
de dar mayor oportunidad a otras personas
puesto que ni en Barracudas, ni en la Piscina
Panamericana cabía mas gente debieron salir a
regañadientes para fundar en las Piscinas Galindo los Clubes, Hipocampos con
Pablo y Tiburones con Augusto.

Para hacer una jocosa semblanza de su paso por Barracudas recordemos la


Tesis de grado que presentaron para certificarse como instructores, Tesis que
fueron laureadas y compradas por el museo de Mónaco y expuestas a sus
alumnos en conferencias magistrales así:

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Pablo Montoya.
Tesis: Nudos y Desamarres
Tiempo: 1 hora y 15 minutos
Presentó muchas manilas, cabos, chicotes y grandotes, como material de
apoyo

Nudos: Durante quince minutos mostró con gran solvencia los nudos que
aprendió cuando prestó sus servidos en la Armada de los Estados Unidos, entre
otros nudos: el del Zapato, el Gordiano y el de la Corbata, todos muy
importantes ellos..

Amarres: Durante una hora los alumnos estuvieron tratando de desamarrarlo


del enredo en que quedó envuelto, no fue fácil la desarmada de este miembro
de la Armada.

Fue tan importante esta tesis que Roberto Saad lo premió nombrándolo como
capitán y comandante de la máxima demostración tecnológica: la Pachanga, en
la Isla de San Andrés.

Augusto Pinzón.
Tesis: Equivalencias Cuánticas entre las Tablas de: Multiplicar, de
Descompresión, las tablas Pizano y las de Pitágoras.
Tiempo: 5 horas.

Utilizó dos horas en llenar su propio tablero con fórmulas y jeroglíficos, cuando
se dirigió por fin al auditorio solo estaba presente Rafael Solarte que se había
quedado dormido, pero que había manifestado mucho Interés por las tablas
Pizano.

Fue tan importante esta tesis que le fue otorgada una beca para estudiar
quiromancia y budú en Haití.

Jaime Londoño..
Tesis: La reencarnación del cangrejo..
Tiempo: 15 minutos.

Presentó como testimonio viviente al propietario del restaurante los Balcones de


Buenaventura campeón nacional de las muelas de cangreja Después de quince
minutos y cuando ya le había sacado plata a todos los presentes para montar
una procesadora de mudas de cangrejo, su colega Edgar Esterling pidió la
palabra y hasta la fecha no la ha soltado.

Fue tan importante la tesis que presentó este mellizo que le sirvió como
trampolín para abrir la primera tienda especializada en buceo con el nombre de
octupus.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Francisco Javier Galindo.


Tesis: La importancia de las ensaladas en la fotografía submarina.
Tiempo 5 horas

Solo asistió don Pablo Manrique, al parecer este octogenario y ya cegatón


maestro del Santa Librada, estaba ligeramente perdido y se confundió de día y
de piscina, pues el iba para las piscinas del Pedregal a dictar una charla sobre
baloncesto acuático, cuando Riverita el terrible portero lo encerró en la
conferencia en cuestión.

Fue tan importante esta tesis que le valió para ser Director del deporte en el
Valle del Cauca.
Jhon Larsen.

Tesis: La importancia del agua en la navegación.


Tiempo: 5 años

A los primeros 15 minutos de este profundo tema, asistieron todos los


Barracudas, el resto del tiempo que fue casi todo, resistió solamente la profe de
nado sincronizado Diané Garrido quien fue la única que lo entendió y aguantó.
Dicen los que saben de tan movido tema que sus padres Bruno y Rina siguen
sin entenderlo.

Fue tan importante esta tesis que al final Diané quien era candidata a un Oscar,
fue condecorada en la Isla de San Andrés con la estatuilla del Jacques de oro..

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

PRIMER CURSO PADI

En Julio de 1977 Roberto Saad y su esposa Susana desde su oficina de turismo


en San Andrés organizaron el primer curso básico MDI, para buzos, Invitando al
Instructor Anselmo Alliegro de Miami para dirigirla.

Entre otros asistimos: Jhon Larsen, Noel Ramírez, Richard Raid, Diané Garrido,
Farid Zardibla, Guillermo Henao Victor Hugo DeIgado Nelsy Bard, Julio Morales
Tocayo, el paisa Echeverri, y por su puesto Roberto quien se certificó sin asistir.

Fue el evento mas importante en


mi formación, puesto que pude
confrontar por — vez los niveles de
enseñanza que estábamos
manejando frente a los Estándares
Internacionales al punto que mis
Intervenciones me permitieron
Monitorear el final del curso
yra1inrla evaluación.

Durante este evento y gradas al


apoyo de Guillermo Henao quien
me alojó durante varias semanas en su casa y Richard Bard quien me
acompañé y apoyó durante largas noches de trabajo, traduciendo e
interpretando el manual de la NAVI de los EEUU, finalmente pude elaborar el
borrador de lo que en adelante se convertiría en el primer Manual de Buceo.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

MI PASO POR EL NADO SINCRONIZADO

El incansable Pascual Guerrero pionero del Nado Sincronizado en nuestro país,


que no puede a ver a nadie pando porque lo pone a trabajar, un buen día me
cogió fuera de base y me puso a entrenar las niñas del Cali Sincro-Club.

Como mi ceño fruncido y tuno militar


no combinaba con el cargo en
cuestión me encaramó en el puesto
de juez, cargo que me llevó al Centro
de Entrenamiento Olímpico Mexicano
CEDOM de la Ciudad de México,
donde me capacité y gradué como
Juez Internacional FINA, de manos
del licenciado Vásquez Rafia En
medio de mas de 30 mujeres que
participaron en el curso, acompañado
solo con el paisa Gustavo Álvarez,
casi terminamos orinando sentados.

Este histórico curso fue dictado por la


enciclopedia y máxima autoridad del
Nado Sincronizado en esos tiempos
la canadiense Donalda Smith.

Al terminar mi formación como Juez FINA, participé en los torneos


Internacionales de Santo Domingo, República
Dominicana., y en Pereira, al cabo de los
cuales salí corriendo ante las injustas criticas y
falsa expectativas de algunos directivos
colombianos a quienes al parecer no les
convencían mis calificaciones pues esperaban
contar con mis favores patrióticos y yo a este
tipo de conductas amañadas y parcializadas
que tanto daño hacen al deporte no le jalo ni le
Jalaré, por esto mi mejor camino fue abandonar
una actividad deportiva y artística donde tanto
aprendí y a la que de alguna manera pude
ayudar en la medida de mis posibilidades.

Convencido de la importancia que esta


modalidad deportiva tiene en la formación de
las niñas me llevó a conformar en Barracudas el primer equipo de Nado con la
dirección de Diané Garrido y Raquel Chapaval, con sorprendentes resultados.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

MIS SIETE VIDAS Y LAS MIL Y UNA CICATRICES

Aunque este recuento cobija varias etapas de mi caminar las reuniré aquí para
evitar que algo se me escape...

Una:
A los tres años de edad y padeciendo de tosferina, quise probar suerte como
cocinero o como bombero y me subí a la estufa prendiéndome de una de las
ollas donde se estaba hirviendo agua, como era de esperarse presenté
quemaduras de segundo grado solo en el pecho por fortuna, iniciado así lo que
ha sido hasta ahora mi rosario y larga lista de incidentes y accidentes dentro y
fuera de borda. Claro que para mi consuelo me gustó escuchar en alguna parte
esa reflexión que dice: solo le pasan cosas a quines hacen cosas.

Dos:
Mi segunda cicatriz ya quedo registrada en el libro anterior con aquel feroz
amigo del hombre.

Tres:
Influenciado por Cochise Rodríguez, quise repetir su hazaña en una vieja
bicicleta alrededor de mi casa un 19 de marzo (Día de los esposos que tal la
premonición) y en una de las curvas cuando estaba en lo mejor del embalaje se
me atraves6 una volqueta azul, aparato que quedó con la persiana y el radiador
roto y yo contra una pared en estado inconsciente, la cabeza diez veces mas
grande de lo normal, los dedos de las manos colgando, una herida en la ingle
causada por uno de Los frenos, la ceja derecha partida y lo que quedó de
bicicleta con los zapatos aún pegados de las punteras debajo de las llantas
traseras del viejo vehículo.

Un conocido y cascarrabias doctor Acevedo fue el encargado de volver mi


cabeza al tamaño normal aunque para mi mamá me la dejó con algunos
tornillos flojos..

Cuatro:
Ya en Barracudas decidimos asistir a una conferencia sobre fósiles marinos en
la Universidad Tadeo Lozano de Bogotá, viaje que realizaríamos por tierra en
compañía de Pablo Montoya y Jhon Larsen en el vehículo de este último.

A las 10 de la noche después del entrenamiento salimos muy entusiasmados


para tan importante invitación. A la altura de La Uribe tipo 12:30 AM, cenamos y
reemplacé a Jhon en el volante, como no conocía la vía seguramente me
descuidé y en un momento dado sentí que se me atravesé una curva y que
estábamos volando sobre un gran abismo.

Cuando recobramos el conocimiento, yo había salido por el parabrisas


rompiéndolo con la cara, la que me bahía quedado muy destrozada, con los
labios y la oreja derecha colgando, senda por esta razón que el viento zumbaba
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

con furia sobre el lado derecho, irónicamente no me dolía nada, la sangre en la


boca me hacía presentir que el asunto era grave. Dentro del vehículo Pablo y
ilion atorados por las latas se quejaban pero por la oscuridad era muy poco lo
que podíamos ver de nuestro estado como tampoco a donde habíamos caído.
A lo lejos las luces de algún vehículo nos orientó y como pudimos nos
arrastramos hacia ese punto, ya en carretera el poco tráfico a estas horas de la
madrugada y por el lamentable estado en que nos encontrábamos, nadie nos
quiso auxiliar pero al parecer si le avisaron a la policía que llegó un poco
después, haciendo parar un bus intermunicipal que nos condujo hasta el
hospital de Tuluá.

Al amanecer el médico de turno aún no terminaba de suturarme, con hilos de


todos los grosores puesto que al parecer se le fueron acabando, pero lo mas
grave es que había dejado la sutura de la oreja para el final y esta no solo ya
estaba fría sino hinchada, lo que confundió a los médicos que fueron llegando y
quienes me hicieron gritar durante esta costura, a pesar de la anestesia, el dolor
de este procedimiento fue simplemente insoportable.

Mis compañeros habían sido ya trasladados al amanecer a Cali, su estado era


no solo grave, sino preocupante: Jhon, no presentaba mayores heridas visibles
pero orinaba sangre, Pablo, presentaba una fractura en la clavícula y una herida
en la cabeza, es decir se había armado la de Troya.

Al día siguiente traíamos cada uno un policía frente a nuestras respectivas


puertas hospitalarias pues cuando la policía interrogó a Jhon, que como buen
sueco hablaba muy mal el Español, este les dijo íbamos a Bogotá a ver unos
fusiles en vez de fósiles pequeña confusión que fue superada después de las
explicaciones de rigor.

En el Hospital de Tulúa no había laboratorio de sangre, lo que dificultó una


transfusión urgente pues mi hemoglobina estaba en los límites no superables,
simultáneamente se presentó un paro de trasportes, pero también se presentó
nuevamente mi ángel de la guarda el médico Feddy Prettelt quien como
Bombero no dudó en llegar y firmar los documentos legales requeridos para
poderme movilizar bajo su responsabilidad pues de seguir como estaba podría
morir.

Llegaron los Bomberos de todos los municipios del Valle, yo ya no me podía


comunicar con los presentes, me sentía como metido en el círculo mas
pequeño de un gran embudo donde cada vez me ponía mas y mas pequeño y
que las personas se volvían más y más grandes y hablaban más y más duro, al
punto que podía escuchar hasta la persona mas alejada que estando casi en la
puerta decía: se está muriendo debemos sacarlo urgentemente de este lugar.

Los Bomberos colocaron en fila sus viejas y antiguas máquinas amarrándoles


escobas en sus partes delanteras para esquivar las posibles tachuelas del paro
a mi me subieron en la única ambulancia que por ese entonces contaba con
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

todas las ayudas de primeros auxilios a bordo de los Bomberos de Palmira,


única en su estilo, me colocaron suero y ocupamos el último lugar en la larga
fila de vehículos para seguridad en la vía llevándome rumbo a la Cínica San
Fernando, la que resultó sin cupo, terminando en La Clínica Occidente donde
sentí que recuperaba el calor del cuerpo y que ya mi alma me había alran7ando
de nuevo y así poco a poco fui recuperando mis sentidos. Al reaccionar
encontré a mi lado a Néstor Raúl un primo hermano, que me estaba dando
directamente de su sangre.
La solidaridad bomberil y la de todos los que por esos tiempos aprendían y
practicaban el buceo en Barracudas me unió mucho más con todas estas
personas, al punto que llegaron a ser mi segunda familia con la que a partir de
ese renacer compartí todo mi tiempo y mi juventud.

Cinco, Seis y Siete:


Conduciendo una minimoto Honda SO, soy atropellado por otra motocicleta que
venía sin frenos, (esto no le pasa a nadie) José Rodrigo mi hermano venía
como parrillero, era un de 25 de Diciembre cuando estrenábamos la ropa del
niño Dios, cosa parecida me sucedió con un bus cuando paseaba en la misma
motocicleta a mi hermana Adda.

Atravesándome del Deportivo Cali hacia la Avenidas Sexta conduciendo una


camioneta Pargo, no hice el pare respectivo y fui embestido por una buseta
Verde San Fernando con costosos daños materiales..

Llegando a la Laguna de La Cocha, perdí el control de mi Mitsubishi, en una


resbalosa curva y atropellé un campero Nissan, con graves daños materiales.

Es decir que me he ido de jeta contra el planeta..

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

ALGUNOS MOMENTOS DE GRAN PELIGRO BUCEANDO

Pesadilla en Malpelo:
Realizando una de las primeras exploraciones submarinas en la Isla de Malpelo
(Isla del mal abrigo) en Octubre de 1983 en un grupo conformado por los
oficiales de la Armada Nacional Teniente de Navío Jorge Urbano comandante
del buque AL Providencia, Teniente de Navío Carlos Gutiérrez segundo
comandante a bordo y buzo, Teniente de Navío Edgardo Torres, los
suboficiales Camargo Balbín y Preciado. Por la Fuerza Aérea el Capitán Jorge
Castro quien nos acompañaría en el agua pero que tenía como tarea la
construcción de un helipuerto para una visita del Señor Presidente de la
República. Del gran grupo de Radioaficionados que se instalaría en la roca para
realizar sus transmisiones nos acompañaría el Ex gobernador Nariñense Carlos
Álvarez, y por Barracudas participé en compañía de: Guillermo Ayala, y Olga
Lucía Garcés.

Este registro histórico lo quiero hacer a propósito puesto que hoy con sorpresa
me encuentro con muchos primeros exploradores de esta maravillosa y lejana
Isla y me gustaría colocarlos en su propia historia.

En esas épocas las rocas no estaban contaminadas de tantos y caprichosos


nombres, así que en un bote inflable nos dirigimos a la última roca localizada en
el sur para realizar una inmersión que tenía como propósito el sacar un bravo
para obsequiarlo a los Radioaficionados, en esa Inmersión me encontraba
acompañado por Olga Lucía, Teniente Gutiérrez, y el Sub- Oficial Camargo.

Descendimos sin novedad, pero al llegar a los 60 pies de profundidad una


corriente nos sorprendió arrastrándonos hacia el fondo y terminamos detrás de
la roca de donde estaba el bote inflable que nos cuidaba y esperaba. La marca
estaba bajando con mucha fuerza ese día, por lo cual cuando ascendimos, la
corriente nos estaba llevando cada vez mas hacia las Islas Galápagos, los del
bote de apoyo ya no nos podían ver y mucho menos escuchar, nos cogimos de
la mano pues en el fondo se podía ver claramente un gran tapete de tiburones
martillo que parecían esperarnos. En este momento supe que moriríamos
seguramente ahogados pues ya la roca se veía muy lejana.

No sé a ciencia cierta si por pena de morir abrazado a mis alumnos o


procurando salvarlos me solté del grupo y nadé orientado por mi sentido común
en busca de alguna ayuda. Llevaba en mis espaldas un pesado bitanque de 80
pies cúbicos casi lleno de aire pues el tiempo de buceo había sido de muy
pocos minutos, pero mi angustia me hacía sentir insuficiente este aire y por eso
prefería respirar directamente de la superficie, intentaba avanzar pero las
piernas no me respondían había perdido el control

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Una espesa bruma empezó a ensombrecer la superficie sentía como si llevara


varios años nadando, en este trance sentí que el oleaje aumentaba y al levantar
la cabeza estaba como por obra de Dios al pie del bote. Encalambrado y sin
poder hablar claramente fui subido por los suboficiales al bote y nos dimos a la
tarea de buscar a los compañeros. Ya se estaba oscureciendo, entre la bruma
que casi no permitía ver después de buscar con olfato de perro cazador,
divisamos alo lejos lo que parecían cocos flotando y allí estaban ellos,
abrazados como los había dejado al partir, el suboficial Camargo estaba casi
inconsciente Olga Lucía floraba angustiosamente y el teniente Gutiérrez reía sin
control. Ese día regresamos del más allá, mientras el flamante buque
oceanográfico seguía anclado muy lejos y ajeno a nuestra amarga una vez más
habíamos cometido varios errores por inexperiencia.

Casi me ahoga el muerto:


En le lago Calima por esas épocas realizábamos practicas de reclamar un
testimonio a 10 metros en apnea y una experiencia tenebrosa con equipo
autónomo de bajar a 30 metros tocar el fondo y subir guiados por una cuerda
que estaba amarada a un muerto (bloque de hierro o cemento).

Un buen día, al terminar esta última práctica, cuando todos ya estaban en la


orilla, me dediqué a ayudarle a recoger la cuerda al marinero del bote inflable.

Yo estaba en el agua con todo el equipo autónomo puesto pero ya sin el


regulador en la boca, y con la careta en el cuello, con una mano me sostenía
del bote y con la otra ayudaba a recoger la cuerda la que seguía amarada del
famoso y pesado muerto, cuando estábamos a punto de terminar, por el peso y
ya cansado de los brazos al marinero se le soltó la cuerda, esta formé en el aire
un gran anillo que al entrar al agua me enlazó el tanque por la válvula y me
arrastro hacia el fonda yo sentí que descendía a la velocidad de un ascensor y
que me estaba ahogando, en este camino a 30 metros de profundidad sin ni
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

siquiera haber podido respirar previamente, trataba infructuosamente de


localizar la cuerda a mis espaldas para desenredarme, en un momento dado, la
misma cuerda perdió tensión y quedé liberado sin explicación lógica. Cuando
había descendido varios y angustiosos metros, desesperadamente logré inflar
el chaleco y llegar a la superficie casi con el último aliento y así poder tomar aire
regresando nuevamente del mas allá.

Mi autosuficiencia me había puesto a punto de la muerta.

Ahogándome en un vaso con agua:


Después de un torrencial aguacero el Río Cali, se había crecido eran las ocho
de la noche y al parecer un Indigente se había lanzado al río desde el puente
que une las calles de la policía con la calle de los bomberos en el centro. Mis
servidos fueron los únicos que esa noche se lograron, así que me tocó este
chicharrón que al parecer se veía muy sencilla.

Me coloque el equipo autónomo, me aseguré con una cuerda y me metí en este


charco que se formaba debajo del puente. La profundidad no superaba los dos
o tres metros, en un momento dado sentí que la fuerza del agua me empujó y
quedé atrapado debajo de una gran lasa de concreto que formaba parte del
fondo y que estaba levantada, quise retroceder pero la corriente no me dejaba,
me estaba enredando con mi propia cuerda por lo tanto la solté, quise girar pero
estaba completamente aprisionado, en estos intentos por retroceder la corriente
me quitó una aleta, me asegure del techo de mi encierro y cuando pude girar la
corriente me quitó la careta y el regulador, me sentí angustiado, desorientado y
a punto de ahogarme, después de varias volteretas quedé de rodillas y me
incorporé, ya estaba en la orilla a treinta centímetros de profundidad a punto de
ahogarme.

Nuevamente había cometido varios errores por Imprudencia.


Por pescar como Tarzán:
Mucho antes de fundar Barracudas serví como — a un grupo de buzos de
Torino Italia que visitaban Gorgona, eran épocas de la prisión cuando se
permitía la pesca. Rafael Martán, prestaba el servido como motorista.

Una de mis responsabilidades aparte de guiar el buceo era la de procurar el


pescado para la barbacoa de cada noche. Un buen día a las cinco de la tarde
hora en que los bravos (mansos, grades y exquisitos peces) visitaban el
planchón, me coloqué mi equipo autónomo y me senté en la proa a esperar que
llegara mi visitante. (Solo y pescando con equipo autónomo indican mi
ignorancia en todos estos temas), pescaba con un arpón hawaiano (consiste en
un tubo de aluminio de aproximadamente dos metros de largo que en una de
sus puntas tiene un ojo de caucho para colocar la mano y lanzado como una
cauchera y en la otra un cilindro con una bala calibre 38, es decir que el animal
debe acercarse una distancia prudencial al largo de la varilla para que el
impacto le toque el cuerpo se accione el cilindro y la bala penetre quedando el
animal suelto).
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Como cada tarde a eso de las cinco de la tarde llegaron los curiosos bravos me
dieron la vuelta de inspección y escogí el más grande, tan grande como mi
propio tamaño, este se acercó al punto que me quedaba muy fácil acertar y le
coloqué el tiro detrás del ojo, luego se estremeció y se volteó quedando con su
barriga para arriba, como el pez no queda agarrado de nada le metí la mano
derecha basta el codo por la boca y la saque por sus agallas y así me dirigí por
el fondo hasta la playa que se encuentra relativamente cerca con marea baja,(
unos cincuenta metros aproximadamente), en un momento dado el animal
reaccionó y con un fuerte coletazo me tumbó el regulador y la careta, ofendido
por tal impertinencia, no lo solté sino que luché como tarzán con este gigante
que me hacía agua la boca de solo pensar que lo tendría esa noche en las
brazas, con aceite de cifra, sal, cebolla, ajo y ají.

Después de que me había pegado una gran revolcada y me había hecho tragar
agua sal con arena, yo seguía con él metido en el brazo, luego me incorporé y
ya estaba con el agua en las rodillas, aquí como en el Río Cali, estuve a punto
de ahogarme a pocos centímetros de la superficie, lo que hubiera sido tan
vergonzoso como morirse de una enfermedad sin importancia.

Nuevamente mi imprudencia e ignorancia me habían puesto en grave peligro.

En 5.50 evaluando una equipada:


En la Piscina Panamericana evaluaba el ejercido de equiparse en apnea a 5.50
metros, habían pasado varios alumnos y mi control en la apnea con cada
bajada iba mejorando, en un momento dado decidí evaluar a dos alumnos sin
salir a tomar aire, los alumnos realizaron sus ejercicios sin dificultad alguna,
pero cuando quise regresar a la superficie, mi cerebro mandaba la orden de
salir pero mis piernas no tenían energía para aletear y se me iba acabando el
aliento, en esto con una reacción refleja, solté el cinturón de plomos y pude
flotar y salir a respirar.

Este estado de agonía momentánea por mi irrespeto al reloj biológico, en


momentos de formación de buceadores en apnea, me hizo procurar un mayor
respeto por la apnea y empezar a revaluar muchos ejercidos que en ese
entonces podrían comprometer la salud y vida de los participantes.

Conejillo de Indias

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Ya formando equipo con la Armada


Nacional, para sacar adelante el buceo
recreativo y después de varios años de
peleas con un Oficial apodado
terciopelo, quien no solo porque se
creía la última cocacola del desierto
sino que era querido, respetado y
apreciado por la clase política y por el
Almirantazgo y que dirigía el
Departamento de Buceo y
Salvamento, persona que no solo no
creía en nosotros sino que se oponía a
que el buceo fuera enseñado por civiles, cuando reconoció su error y acortamos
las distancias llegamos a respetamos y cooperamos, al punto que un buen día
le propuse una inmersión en la cámara de recompresión del Hospital Naval de
Cartagena a su máxima presión 5 Atmósferas.
La preparación y el entrenamiento en Cali estuvo a cargo del médico Diego
Sarmiento, persona que me sometió a todo tipo de tolerancia de gases con el
equipo de anestesiólogos de la Clínica de los Remedios. Recuerdo que en
estas pruebas debía responder preguntas fundamentales para evaluar mi grado
de contienda.

Ya en Cartagena el Teniente Médico Eduardo Duran Pinilla coordiné la


inmersión donde estaría acompañado por un suboficial miembro del grupo de
buceo y salvamento. Pasamos los exámenes médicos de rigor y con todos los
médicos Invitados observando se inició la inmersión experimental.

El calor crecía dentro de la cámara en la medida que se Incrementaba la


presión, así como la necesidad de equilibrar permanentemente se barría del
interior de la cámara el bióxido de carbono y se ventilaba con aire y algunas
tomas de oxigeno puro por máscaras especiales, al llegar a las 5 atmósferas de
presión , todo lo reportamos como normal por los comunicadores e iniciamos el
ascenso, ahora el frío era intenso al disminuir la presión, terminando sin haber
presentado síntomas ni signos de narcosis o borrachera de las profundidades,
solo como dato curioso fue el escucharnos con la voz de pato cuando
estábamos en la máxima presión.

Finalmente pasamos de nuevo los exámenes médicos y se realizó un foro


médico donde se sacaron las conclusiones del caso y partimos esa noche a
pernoctar en las Islas del Rosada Invitados por buceadores de Cartagena. Me
correspondió el camarote superior, cuando era la media noche y ya dormidos
profundamente por el ajetreo del día, sentí como si me hubieran metido una
puñalada en el pecho, al punto me cogí el pecho para ver si sentía la sangre,
como no podía hablar del dolor, hice un giro y me deje caer al piso para que mis
compañeros se despertaran y me ayudaran. A media noche fui trasladado de
regreso al Hospital Naval y rápidamente mi compañero de inmersión fue

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

localizado con la sorpresa de que este se encontraba perfectamente bien y yo


de nuevo en la cámara de recompresión en camino a los 50 metros.

Al llegar a los 50 metros superé la dificultad respiratoria y comenzó el ascenso


de nuevo, al salir de cámara fui hospitalizado en cuidados Intensivos y el dolor
regresó con mayor intensidad, exámenes y mas exámenes hasta que se
descubrió que presentaba un infarto de pleura y que el pulmón derecho se
estaba llenado con sangre lo que causaba el dolor y la dificultad respiratoria
aguda.

Después de una semana fui trasladado de manera muy cuidadosa con oxígeno
a bordo por vía aérea a Cali donde el Neumólogo Carlos Bonilla Salinas
compañero de buceo se encargó de todo este proceso de recuperación.

Recuerdo que para extraer esta agua-sangre del pulmón, el médico me


introducía por la espalda entre las costillas un Inyector con una aguja Inmensa
como para vacunar hipopótamos, sacando agua-sangre la que poco a poco
terminó de salir.
Suponiendo finalmente que durante el accidente automovilístico de años
anteriores cuando salí expulsado por el parabrisas seguramente el pulmón se
golpeó y la pleura quedó resentida, al punto de no resistir esta presión
provocando el infarto de pleura.

A volar patos:
Vinculado a la Escuela Militar de Aviación por múltiples razones terminé
participando de un curso de paracaidismo, curso que se adelantó en Cali hasta
el día del primer salto desde el avión.

En la medida de que el curso Iba trascurriendo a mi me fue dando


proporcionalmente culillo, cuando hicimos el ejercido de doblar y empacar los
paracaídas yo ya tenía decidido sacar la maleta, al punto que el día previsto
para el salto yo me auto enfermé y me presenté al día siguiente con la
seguridad de que me habían dejado por fuera.

Cuando me excusaba con el en ese entonces teniente Álvaro…. Instructor del


curso este me dejó hablar y al final me dijo: no se preocupe que ayer hizo
mucho viento y aplacé los saltos lo vamos a hacer ahora y usted esta en el
primer turno con uno de los cadetes de la Escuela. Se me formó en la garganta
un nido con pájaro y toda cuando reaccioné ya esta trepado en un avióncito
Mentor al que le habían quitado las puertas y donde solo cabíamos dos
personas.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Antes del despegue pensé que caer en la


Escuela sería muy fácil pues estas
instalaciones son muy grandes y tienen
mucho verde es decir que no había pérdida,
pero a tres mil pies de altura esa gran
Escuela casi era un punto y el río Cauca,
Palmira empezaban a ocupar mi espacio
visual, es decir ahora si la cosa estaba de
color de hormiga.

El paracaídas estaba sujeto por un cinturón al


avioncito para que al lanzarnos este cinturón
hiciera abrir el paracaídas uno no tenía sino
que hacer el simulacro de contar los pasos de
abrirlo .Mi compañero saltaría por el lado
Izquierdo del piloto y yo por el derecho,
teníamos que colocamos a la altura de la
salida, y agarrados del marco de la puerta
saltar, cuando miré hacia atrás casi podía
asegurar que Iba a quedar enganchado de la cola del avión pero cuando el
piloto dijo: Ya!!! mi alma prefirió quedarse acompañando al piloto y yo sin alma
pero con mucho corazón ya estaba flotando en aire como en un maravilloso y
delicioso sueño.

Todo iba muy bien hasta cuando llegó la hora de aterrizar, yo pase por encima
de un grupo de personas que parecían gritarme: muy bien supermán!!! al
segundo casi me estrello contra un avión que estaba atravesado en mi camino y
al medio segundo mas adelante estaba tirado en el pavimento como un costal
de papas. Si hubiera escuchado bien a las barras, tal vez no me hubiera
fracturado al cóccix el sacro y la cuarta y quinta vértebra lumbar, pues mis
compañeros lo que me gritaban era: levantá las patas aquaman!!!

Nuevamente mi gran amigo y compañero el entonces capitán Certuche me


acompañó en todo mi periplo por las clínicas de la dudad hasta terminar en la
de los Remedios donde permanecí hospitalizado por un largo tiempo para luego
salir en silla de ruedas y con la ayuda de Dios y mis ganas de volver a caminar
empecé gateando, nadando y
terminé caminando, desde luego con
limitaciones que aún hoy tengo
cuando me excedo en esfuerzos
pero puedo llevar una vida normal
que es lo mas Importante. Mi
compañero de salto cayó encima del
techo del casino de los suboficiales
fracturándose los tobillos.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Este mi primer y último salto me reconfirmó como hombre de honduras y no de


las alturas.
Todos estos testimonios tanto en tierra, mar y aire, todos absolutamente todos
han sido por mis propias fallas e imprudencias y ninguno causado directamente
por los aparatos o vehículos que estuviera manejando y mucho menos porque
la actividad del buceo como tal — ser peligrosa.

Dejándome la moraleja de que siempre estamos madurando y que lo importante


es aprender de estos errores tan graves que en un momento dado
comprometen la salud y vida. Por todo esto hoy me he convertido en un fanático
en la defensa de la salud y vida de las personas.

Claro que la experiencia es como la que sabemos, que todo el mundo habla de
ella pero nadie la coge.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

POR FIN LA FEDERACIÓN

Ya con el Club Escuela de buceo de Antioquia ESCUBA. EL Club los


DELFINES de la Isla de San Andrés, el Club Barracudas, Clubes debidamente
constituidos, cumplíamos con el requisito legal para conformar una Federación
y sin dudarlo un solo instante nos reunimos en Cali y con la asesoría de la Junta
de Deportes, la activa participación de Pascual Guerreo fundamos el 17 de
Diciembre de 1978 la Federación Colombiana de Buceo la que posteriormente
se denominó Federación Colombiana de Actividades Subacuáticas FEDECAS.

Participaron entre otros: José Manuel Hernández, Pedro Paramillo, Jaime


Prado, Belisario Concha. Martha Irene López, Ana Milena Guerrero, Francisco
Javier Galindo, Pablo Emilio Montoya. Hernán Mango, Ana Liada Varón, Jairo
Cabal. Hernán Henao, Rubén Rodríguez, Alonso Restrepo, quienes aportaron
su granito de arena en procura de que la naciente Institución fuera una real
respuesta a todas las necesidades e inquietudes de la actividad.

Al ocupar la Presidencia me correspondió la tarea de ir sembrando la semilla en


todas las regiones e ir apoyando la formación de nuevos clubes entre los que
más recuerdo:

Tiburones, Neptuno y Atlántida


en Bogotá; Orcas Universidad
de Antioquia y Universidad de
Medellín; Pulpas y Tortugas en
Popayán. Poseidón en Buga y
Nautillus en Tulúa Hipocampos.
Tiburones, Univalle en Cali,
Arbuacos en Santa Marta,
Uniatlántico en Barranquilla,
Nautilus en Pereira, Bomberos
de Palmira.

Posteriormente se logró el
reconocimiento de Coldeportes
naciendo así una nueva
modalidad de la recreación y el deporte en Colombia.
En Igual sentido la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas con
Jacques Dumas a la cabeza, no dudó en reconocernos como una de sus
federaciones afiliadas.

Como anécdota de este recorrido fundando clubes de buceo por todo el país
encontré que los costeños eran y hoy 25 años después, siguen siendo, los
menos interesados en organizarse y los del interior como el caso de Manizales,
Pereira, Popayán y que no decir de Cali, Bogotá y Medellín, ciudades en donde
sus gentes desbordaba en entusiasmo y optimismo al punto de ser en estas
ciudades y no en las de la costa donde el buceo recreativo se ha organizado y
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

desarrollado significativamente Parece ser que cuando tenemos las facilidades


para las cosas poco esfuerzo queremos hacer. Particularmente fundando el
Club los Azhuacos de Santa Marta, donde participó un biólogo de apellido
Garzón, se sucedieron dos capítulos Importantes. El Primero tuvo que ver con
el contacto con un Instituto de Investigaciones marinas manejado por alemanes
llamado INVEMAR, instituto este que se mostró muy interesado en capacitarse
con las metodologías del buceo recreativo y no con las del buceo militar que se
venía sucediendo con el apoyo de la Armada, esto prendería la media de una
historia inolvidable y el segundo es que este biólogo mostraba con gran
desilusión como su proyecto banden de instalar un arrecife artificial, se le había
empapelado por causa de la tramitomanía oficial donde ningún ente del estado
quería resolver y todos se pasaban la pelota, Garzón mostraba todo un
cartapacio de documentos que deberían hoy reposar en el museo de la
ineficiencia estatal. Los dos capítulos referidos fueron al final tema de grandes
historias.

El primero por una parte dio inicio a la fundación de un grupo de buceo


recreativo científico que durante muchos años adelantó sus programas con
nosotros, recuerdo que en uno de estos cursos me cause un baro trauma
inverso de oído quedándome la secuela de un tinitus o laberintitis. Pero aquí no
termina lo interesante de este primer cuento pues un oficial de la Armada quien
de alguna manera se beneficiaba con la dictada de estos cursos cuando supo lo
sucedido me dio en Cartagena para hablar sobre tan delicado asunto. Este
Oficial a quien llamaban cariñosamente “terciopelo” por sus delicada maneras
de decir y hacer sus cosas, el día de mi cita convocó además al teniente médico
Eduardo Duran Pinilla, única persona por esas épocas que conocía del tema
hiperbárico y que como director del Hospital Naval se encargaba de la cámara
de recompresíon.

La cita fue en el restaurante del Club Naval llamado Cámara de Oficiales,


después de las presentaciones de rigor, las que fueron bastante rigurosas el
oficial en cuestión empezó a hablar y en la medida en que se fue calentando fue
subiendo en tono de la voz (en un lugar donde no se de debe oír ni el volar de
una mosca), preguntas mas preguntas menos como: QUIÉN AUTORIZÓ A LOS
CIVILES A DICTAR CURSOS DE BUCEO EN COLOMBIA? QUÉ SABE
USTED DE LOS PELIGROS DÉ BUCEAR CON TANQUES? DIGALE DOCTOR
LO QUE PASA CUANDO SE AGUANTE AIRE SUBIENDO.

Más o menos así transcurrió este “cordial diálogo” donde yo quería llorar de la
Ira al escuchar a este personaje que ignoraba todo un esfuerzo nacional e
internacional por sacar adelante una actividad como lo hablan hecho la mayoría
de países en el mundo.

Pero como no estaba en mis terrenos el tema quedó para los asistentes de las
mesas vecinas como una tremenda reprimenda. Luego supe que este
personaje se sentía la vedette del buceo en Colombia con la venia de los
oficiales superiores y apoyado y reverenciado por los políticos de turno. Era
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

comandante de la Armada por esas épocas el señor Almirante Tito García


Mona, y alguien me sopló que yo debería hablar con el dueño del balón y así
fue, dicho y hecho este oficial no solo me escucho sino que entendiendo el
respaldo de Coldeportes a una nueva Federación, nos dio todo el apoyo
requerido, así que terciopelo como decía mi abuelita se quedó mamando. Con
los años corregía en un hotel en San Andrés exámenes de un curso de
Instructores cuando llamaron a la puerta y era nada mas y nada menos que el
ahora Capitán terciopelo, (había cambiado de grado pero seguía siendo igual
de terciopelo) eso sí, mas cordial, no solo reconociendo su falta de tacto de
años atrás, sino el progreso del buceo recreativo en Colombia, nos
reconciliamos, cenamos y hablamos en tono bajito y como compañeros que es
mucho decir con este campeón. Después la Armada nacional fue el mejor
aliado de nuestra actividad. Tristemente el tiempo corre y el final de este amigo
quien se destacó como edecán de Belisario Betancur, y lo conoció todo el país
por bucear siendo alto oficial, en los túneles de Chingaza para verificar una
avería lo que ratificaba su conocimiento y gran arrojo, pero que terminó saliendo
por la puerta trasera borrando con el pie lo que había hecho tan bien con sus
manos.

El segundo recuerdo de esta historia


es que la frustración del biólogo, me
motivo y con el tiempo emprendimos
la construcción de un arrecife con
llantas en Gorgona. Simultáneamente
este proceso fue acompañado de
capacitación de instructores como
aparece en la foto donde asistieron un
grupo muy representativo de la
enseñanza del buceo nacional.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

UN ARRECIFE ARTIFICIAL

El tío Hernando, quien por esas épocas se desempeñaba como gerente de


Good Year, me mostró un video donde esta compañía había realizado la
instalación de un arrecife artificial en Boca Ratón EEUU con participación de
toda la comunidad y un seguimiento al arrecife donde se observa todo el
progreso en vida marina.

Con esta motivación y convencidos de no cometer el error del biólogo Garzón


que se puso a pedir permisos primero decidimos que lo mejor era instalar el
arrecife artificial primero y después informar, es decir primero pecar y después
pedir perdón. Empezamos a recoger llantas viejas y cuando ya no nos cabían
en el depósito, organizamos ensayos en la piscina amarrándolas con
caprichosas manera para escoger alguna figura en particular con la sorpresa de
que este gran módulo no se hundía pues sus cámaras de aire lo impedían.
Perforamos cada llanta con taladros y sacabocados al cabo de lo cual el
experimento fue un éxito y en el primer viaje a Gorgona ya estas llantas
ocupaban todo el barco quedando solo para dormir algún espado encima de las
llantas.

Al día siguiente sin previo aviso las llantas ya estaban sumergidas amarradas
con manilas de polipropileno y andadas con pesados bloques de concreto...

Para escoger en sitio de Playa Pizarro, se tuvieron en cuenta factores como:


1°. Que no quedara cerca de áreas coralinas.
2°. Que su altura no fuera interferir con la navegación.
3°. Que no quedara cerca de desembocaduras de quebradas.
4°. Que en el área no existiera de peces.
5°. Que la profundidad permitiera la penetración de la luz

Con el paso del tiempo los peces empezaron a llegar y a quedarse hoy este
arrecife cuenta con una gran variedad de peces, tortugas, gorgónias, erizos,
etc.

Hoy aunque las autoridades del Parque nunca hacen referencia a este lugar,
tampoco lo han destruido.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

COUSTEAU, DUMAS Y TAILLEZ

Como un buzo históricamente privilegiado puedo calificarme al haber tenido la


fortuna de
interactuar con estos prohombres del desarrollo del buceo.

Jacques Costeau, siempre distante e infalible, en las dos oportunidades que


conversamos siempre fue un duro critico del primer manual por no encontrar
que su participación en la historia del buceo en el mundo se ajustara a su gusto.

Fhillipe Taillez, un encantador abuelo muy parecido a Pío XII una tarde en Paris
no dejó de criticar a Costeau por aventajarlo en el tema comercial y por no
reconocerle en la historia sus aportes al desarrollo del buceo.

Jacques Dumas, siempre cordial reconociendo, sin egoísmo alguno, el trabajo


adelantado en Colombia, y siempre dispuesto a participar con el
acompañamiento a este proceso organizacional.

Estos tres franceses definitivamente fueron a mi juicio pilares fundamentales en


la construcción del buceo colombiana.

En menor escala el
francés Ives Normand; los
italianos: Luigy Fenara,
Duillo Marcante, Franco
Pavone; el español
Roberto Diaz Prat
miembro fundador del
CRIS en Barcelona
(Centro de Recuperación e
Investigación
Subacuáticas; los
mexicanos Baltasar Pazos
de la Torre, Jorge
Benavides, Ramón Bravo
y Teresa Morfin, Alfonso
Arnold, Alfonso Pérez Munguía al Chileno Claudio Castro. al Brasileño Eduardo
Pain Bracony, al los norteamericanos, Jean WlflIans Rose Mary Foster, Dick
Rockosky, Mark Kayser y el
colombiano Edgar Zúñiga estos
dos últimos quienes aparecen en
la fotografía en épocas cuando
hadamos diligencias en los EEUU,
para llevar una cámara de
recompresión a Colombia.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LA FOTOGRAFÍA SUBMARINA

Definitivamente la influencia de Hernán Henao fue muy importante pero sobre


todo en la fotografía submarina, pues tosa esa maravilla submarina queríamos
compartirla con los no buceadores y solo con fotografías era posible, en igual
sentido el dejar recuerdos y testimonio era una prioridad. Por estas épocas en
nuestro medio las cámaras de filmación subacuatica no eran corrientes.

Para mi esta especialidad fue todo un reto puesto que yo no era fotógrafo ni de
tierra y pensar en tomar fotografías submarinas ni en sueños, así que con una
cámara Calipso, primera versión de la hoy famosa Nikonos, empecé este
ramina el que después de tomar 10 rollos
de 36 me empezaba a salir unas menos
borrosas, el asunto fue mejorando gradas
a la llegada al buceo de fotógrafos como
Carlos Llera lo que marcó la diferencia,
logramos realizar la primera exposición
en la Cámara de Comercio con
sorprendente resultado al punto que el
mismo día de la exposición todos los
cuadros se vendieron, no si por buenas
fotografías, si por lo extrañas o por
solidaridad, pero se vendieron todas.

Posteriormente realice una segunda


exposición en el Club San Femando con igual resultado, pero con una
tendencia a la macrofotografía, modalidad que me pareció apasionante.

Con el robo de todo mi equipo fotográfico y de filmación este costoso hobby


pasó al baúl de los recuerdos.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

EL CALI VIEJO QUE CONOCÍ

Los finales de la década del 50 y toda la del 60 fueron épocas para mí de un


Cali maravilloso: En el sótano del Palacio Nacional ubicado en la esquina del
Pamue Caycedo nos cruzábamos sin saludarnos, los mamertos seguidores del
Ché Guevara, saliendo de los casilleros del correo nacional recogiendo las
coloridas revistas de la comunista China de Mao; al pasar por el puente Ortiz no
podía faltar la foto-yá, que en su reducida muestra gratis siempre estaba en
toda billetera; Marino Renglfo, Ramiro Andrade y Carlos Holmes Trujillo,
prometían el cambio; Amparo Arrebato, no dejaba títere con cabeza en
Picapiedra; mientras el Grillo “patrón” de picapiedra se dejó bajar la cabeza del
teniente Carvajal; el 10-15 asustaba a los lujuriosos; el hombre empezaba a
contaminar a la luna con la huella de sus zapatos; en Aretania y el Séptimo
Cielo las lunes no les cabía un alma perdida, mientras los martes las mamás
hadan cola en las comisarías buscando los perdidos de sus hijos; la piscina de
Estambul llena de libidinosos buscando un amor bien trasnochado y mal
embolado al empezar la semana En el Infierno, el aguacate y escalinata la
rumba dura era para los propios, que casi todos eran hinchas del América;
Donde Victoria Lozano, los sones de Celina - Reutilio y Javier Solís, se dejaban
oír por la rendijas de las puertas por donde además salía un seductor y
pecaminoso olor a saumerio con bairrun y aluzema; Pacho con saco muy tieso
y muy majo caminaba como el Marqués de Sade; el Loco Guerra, bendecía con
la izquierda y maldecía con la derecha; a Jovita Feijo no había colorete que le
alcanzara; el negro caravana encaramado en un chasis de bus con gafas de
soldador, dulce-abrigo rojo en la cabeza y treinta aparatos iguales que
disciplinadamente lo seguían, paraba el tráfico; el enmaletado se paseaba
siempre torcido por los Turcos; El Padre Hurtado Gálviz con su voz de los que
no tenían voz, le conseguía chamba a los guisos; Kokoriko empezaba a cantar,
el teatro Calima era una bacanería; Jaime Apando y Carlos Avila (Mandrake),
corrían por las lomas de Pance como alma en pena; Álvaro Mejía, Víctor Mora y
Agustín Calle triunfaban en cuanta maratón aparecía; los suecos que Omar
Escobar y su sueca vendían en OM, eran la moda en zapatos; Pardo Liada
desde Todelar y el Occidente no dejaba de gritar su pachito el Ché y alabar a su
amado deportivo Cali, mientras que mortalito le cargaba el micrófono; los hijos
ilustres del santa pedrada como Miguel Yusty que estaba perdido, Daniel
Quijano que no se encontraba y Humberto Valverde que ya estaba podrido,
deseaban integrar la barra del triángulo, motivados por la ejemplar conducta de
Franklin y Chubingo que asolaban San Femando usando manoplas, cadenas y
soplado maracachafa; El Relator se encañengaba, mientras el Gato escaseaba;
El pielrroja y el sol se prestaron para armar chicharras; Radio Eco se llenaba de
niños los Domingos cuando ml tía Tiolinda me llevaba a cantar lamento
borincano Pedro Luis Correa y Enrique Ortiga, en el teatro Jorge lsaacs,
descubrían talentos Infantiles; las delicias del paladar estaban a cargo del
Bochinche y su famosos frijoles y su instantánea chuleee.....ta!!!, las
empanadas en la movida chueca, el almuerzo donde Maria cochina y el postre
con helados Lys, los Domingos en la piscina del Pedregal en Yumbo, era una
cita obligada; los paseos al río Pance con olla y grabadora era un programa
78
Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

chévere donde siempre marcaba tarjeta el mico Manzano y todo su combo ;


Antonio Gutiérrez y Hermes Rodríguez enlazaban gringas; en el Club San
fercho se celebraban los triunfos de Olga Lucia De Ángulo, al son de lucho
Bermúdez; mientras que con un gran salto los de Diego Henao y Raúl Escobar
al son de la Fania se celebraban en el Cabo Rojeño en el Café Bola Roja se
tertuliaba sobre Ramón Hoyos, Pajarito Buitrago, y el ñato Javier Suárez; en
Manolo con aroma de manzanilla se hablaba sobre Curro Girón y Paco Camino
en Manolete con olor a pólvora la charla era sobre Maravilla Gamboa y el
caimán Efraín Sánchez los domingos y los viernes sobre Harold y la banana de
juanita, Vicky que vivía llorando, y Oscar Golden, con su boca de chicle y sus
zapatos de pompón en fin eran épocas de cada oveja con su pareja, y cada
pareja con su Cali pachanguero.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

EL CALIWOOD QUE VIVI

Pascual Guerrero, a quien se le salía el cine por lo poros, se enfundé una gorra
de Director, le puso pilas a su megáfono y una mañana cualquiera contraté un
camión y recogió a cuanto loco y desprogramado encontró y nos volvió actores
del Caliwood.

“EL LADO OSCURO DEL NEVADO”, así se


llamaría esta primera gran película, donde
se representaría el secuestro del Cónsul
Holandés Erick Leupin.
Yo me sentía con capacidad para ser el
protagonista, pero este despistado Director
no descubrió mis talentos y me puso en el
papel de guerrillero, me enfundó un
uniforme camuflado, un fusil, un cuchillo, y
un revólver, como les parece el
papelito....Cuando menos lo pensé ya me
llamaba Marcelo, y sería el guerrillero
encargado de trabajar en la finca de Leupin
y traicionando al patrón entregarlo una
madrugada a mis compañeros.

Yo me tomé el papel en serio, pues mis parlamentos solo eran decir todas las
malas palabras que hasta la fecha se habían inventado, es decir todo un
jetabularlo, bañarme en peloto en el río, cuidar al prisionero, y seguir diciendo
palabrota. En un momento dado le arranqué el pescuezo a una gallina, y le metí
una puñalada a un marrano, cómo les parece el tan defensor de los animales…
me creció la barba y se me encogieron los ingresos, cogí mal temperamento,
claro que solo durante el rodaje, después me puse peor.

Este jaleo duró casi un mes, al final yo estaba tan metido en mi papel que tenía
ganas de quedarme en esa guerrilla, donde siempre Maria Clara Ochoa, la
productora nos hacía suspirar, y cada noche dejábamos el rigor de la milicia y el
pantanoso monte para dormir cómodamente en Cali.

La noche de la premier mi mamá que era invitada de honor salió avergonzada


con sus amistades y berraca conmigo, puesto que según su entender mi
jetabulario y comportamiento en la película no se compadecía de la crianza
recibida. Hoy después de tanto tiempo Ella sigue sin entender a Marcelo. Lo
único que la hizo descansar un poco fue cuando me dijo ‘por lo menos usted
tuvo la precaución de cambiarse el nombre, pues su actuación es una
vergüenza familiar. Esta película que todos creíamos se ganaría un Oscar, la
presentaron el primer día en el teatro Calima y al día siguiente ya estaba en la
cartelera del teatro Maria Luisa, dando así un gran salto para atrás.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Así empezó mi incomprendida carrera como actor de largos metrajes, carrera


que continuó con la película “ TACONES”, donde se me asignaría en inolvidable
papel de Edecán de la reina de la política, representado por Merceditas
Baquero, la mamá de la Mencha, en este papel donde aparecía uniformado de
militar, no podía decir ni pío, no solo para no contrariar a mi mamá, sino porque
el muy despistado Director, ignorando nuevamente mis potencialidades me dijo,
“si no le gusta este silencioso papel, lo pongo de árbol”, como les parece el
descaro! de árbol, por ahí parado como una estatua decorando alguna esquina.

Al final acepté el papel de Edecán mudo, y así inspirado en Charles Chaplin,


hice mi mejor esfuerzo actoral. Esta película tuvo tanto éxito como la primera,
parece que solo la presentaron en Vijes, Guachené y en el Hormiguero, teatros
muy distinguidos todos ellos.

Es una lástima que la Paramount Pictures, o la Warner Brothers, no la hayan


visto, puesto seguramente hoy estuviéramos en Hollywood.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

MIL PERIPLOS

De Cuidad de México, a Veracruz: margaritas, zarapes, tequilas, mariachis,


tacos, chiles jalapeños, y mis mejores amigos y amores.

De Madrid, Paris, Roma, Bologna, Génova,


Torino, y Barcelona: esperar dos días hasta
que el alma que se me había quedado en
América, me alcanzan para volver a sentir el
cuerpo; el viaje en tren mas largo de mi vida:
Paris - Barcelona; la chucha de los franceses y
su pan bajo el brazo; los pelos en las axilas
más las chuchas de las españolas; el jamón
serrano de la Barceloneta mi buceo en el
Mediterráneo con Roberto Díaz el pedir un tinto
en Barcelona a las siete de la mañana y tener
que tomarme toda la botella para no pasar por
ignorante; el penetrante olor a tabaco en los
ascensores; la torre infiel, el arco del triunfo, el
río sena, y el mal trato de los taxistas franceses
el comer y beber a toda hora; el calor humano
de los italianos y el patriotismo de los
españoles.

De Donaire, Aruba y Curazao: los helados, el


queso y los mariscos; su mar cristalino con
mas buzos que peces su historia de esclavos
africanos y patronos holandeses; sus plantas
desalinizadoras, sus maravillosos puentes y
sus multicolores fachadas, su alegría y sus
rozados flamencos.

De Cuba: Chanel, tabaco y ron; las huellas del


Ché por todas parte, la bodeguita del medio sin
Hemingway, el temor al Comandante que
mandó a parar, el malecón con malicones,
Juan Torena y su deporte, las langostas
prohibidas, los museos con Castro hasta en la
sopa, las guaguas llenas de macheteros y
bicicletas y las jineteras buscando jinete..

De Puerto Rico, Santo Domingo y Bahamas:


nada de que acordarse.

De las Islas Galápagos, Quito, Guayaquil,


Santiago de Chile, Puerto Mont y Chiloé: Muchos lobos marinos y pocos lobos
de mar mucha ciencia y pocos científicos; mucho frío atmosférico y poco calor
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

humano; pocos ricos que no gastan ni un peso y muchos pobres que no se


meten la mano al bolsillo sino para calentarse; El Ventisquero de San Rafael
con sus explosiones del hielo milenario augurando el sobrecalentamiento del
planeta, la subida del nivel de las aguas y el futuro desierto, los iceberg
silenciosos buscando otro Titanic; Comida exquisita y vino inolvidable.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

EL BUCEO EN ALTA MONTAÑA

Definitivamente la motivación para


emprender la exploración de lagos,
lagunas, presas y represas se la debo
toda a Miguel Forero Castelblanco, este
incansable hombre, amigo del mar, de las
altas cumbres, de la vida de nuestros
indígenas, de fotografía y amigo de sus
amigos, sembró en nosotros la semilla
que solo genuina en tierra abonada y así
con su compañía en nuestra primera
experiencia en la laguna de Tota a 3.015
metros sobre el nivel del mar empezamos
a recorrer nuestra geografía, desde la
Laguna de La Cocha, Laguna verde del
Volcán Azufral, y el Cumbal en Nariño
Nimbe, el Buey y San Rafael en el
Cauca; a Páramo de la Hermosas y
Calima en el Valle del Cauca; el Otún y la Laguna verde del Nevado de Santa
Isabel a 1.300 metros sobre el nivel del mar en el Parque de los Nevados entre
Caldas Risaralda y el Tolima.

El soroche o mal de las alturas causado por la disminución de la presión pardal


de oxigeno, el frío extremo y las difíciles condiciones de las vías de penetración
le dieron el ingrediente que nos Impedía desfallecer para finalmente lograr
buceos de muy pocos minutos pero inolvidables y maravillosos todos ellos.

Podría rentar esta maravillosa


e inolvidable experiencia así la
hipotermia fue nuestro
principal enemigo,
especialmente en el buceo de
la Laguna Verde del Nevado
de Santa Isabel donde los
hermanos Ramírez fueron los
mas afectados; Mi soroche en
la laguna de San Rafael fue
una clase de fisiología de las
alturas en vivo y en directo; el
calvario de el equipo
autónomo y un bote inflable
por la empinada y enjabonada
pared hasta la laguna del Buey fue el mejor test de estado físico; el pretender
dormir casi congelados al pie de la laguna del Páramo de las Hermosas y en las
faldas del volcán del Ruiz una prueba de fe el participar con la comunidad de
Túquerrez en un desfile desde el pueblo hasta la Laguna Verde del volcán
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Azufral un recuerdo para nunca olvidar, la imposibilidad de caminar


enterrándonos hasta las rodillas por el cenagoso recorrido basta la laguna del
Ñimbe mientras los Guambianos con las tanques en la espalda caminaban
como sobre nubes, sin siquiera mojarse las botas, un milagro indígena el
encontrar vida en la laguna del Otón un buceo ensoñada; el observar las mulas
cargadas con los tanques cruzar sobre frailejones y el caer de la nieve sobre
esta colorida caravana, un paisaje propio de películas del siglo DOC una agua
de panela caliente al salir de un buceo en estas alturas el mejor regalo de Dios.
EJ reunir a los pescadores y barqueros del Encano en la Cocha para
concientizarlos de la importancia de no contaminar su laguna un contacto con
nuestros orígenes, en fin el haber tenido el privilegio de ser los pioneros en este
tipo de experiencias, una oportunidad invaluable e inolvidable que nos ofreció el
destino.

Hoy las condiciones del país no nos permiten ni siquiera soñar en estos idílicos
lugares pues nos produce temor que al despertar nos hayan secuestrado
nuestras pesadillas.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El haber sido testigo de excepción mas que por tener cualquier otro talento, fue
lo que me permitió participar en los diferentes medios de comunicación, puesto
que los periodistas faltos de noticias buenas encontraron una beta de oro en
esta actividad y fue así como por la radio, prensa y televisión pudimos compartir
con todos nuestros compatriotas los testimonios de la Colombia sumergida y
lejana.

El tener la posibilidad de tomar fotografías, filmar y alguna facilidad para escribir


fueron elementos que facilitaron de buena manen estos propósitos.

En este sentido el 20 de noviembre de 1983 y


gradas al apoyo del subdirector del diario
Occidente Señor Raúl Echavarría Barrientos,
iniciamos con una publicación dominical
acompañada de muy conmovedoras fotografías
y así logramos un total de 71 dominicales hasta
septiembre 21 de 1986 cuando publicamos el
último articulo titulado “el Plan Padrinos”.
Después del asesinato de Raúl Echavarría,
alma y nervio de mi motivación, este esfuerzo
hizo crisis y nunca más volví por la vieja
rotativa.
Entre los tenias mas polémicos podemos
recordar el bazuco, Tumaco, San Andrés,
Malpelo, Boroboro, la Cocha, la laguna el Buey,
el Peñol, el Cañón del Río Claro, Suárez y su
represa, la islas Galápagos etc.
Villa Valencia, posteriormente me dio una oportunidad en su programadora
Convisión y en su espada Momento Ecológico, para presentar temas del medio
ambiente Inirianda el 9 de Agosto de 1991 hasta el 11 de septiembre de 1992
para un total de 54 programas donde fundamentalmente aprendí y pude
compartir con imágenes y comentarlos todas mis Inquietudes sobre el tema.
Vale la pena aclarar que tanto en el diario Occidente como en Telepacítico, así
como yo financiaba mis gastos y no recibí remuneración alguna, tampoco se me
impuso criterio ni restricción alguna es decir gocé de absoluta libertad en la
elección y el manejo de los temas.

Mas corriente y frecuentes fueron las intervenciones en radio, donde amigos


como Samy Jalil Demetrio Arabia, Jaime López, Yudy Lizalda, Jairo Aristizabal
Ossa y el padre Gonzalo Gallo, siempre fueron muy generosos con sus
micrófonos.

Finalizando el año 2001 y ya completando hoy un año de regresar a


Telepacífico, gracias al apoyo de Ángela Cuevas y Arturo Corchuelo, he podido
retomar el tema del medio ambiente y seguir aportando con mi granito de arena
86
Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

en un tema que me apasiona que creo tengo algo de conocimiento y que es


muy importante para la comunidad, en especial para lo niños quines son los que
heredaran este planeta.

En este mismo tema de las comunicaciones y gracias al apoyo que siempre me


ha brindado la abogada Carmen Elena Serra, durante 10 años publicamos
mensualmente en Barracudas el boletín “Focas Locas”, posteriormente en la
Patrulla Naval, “Catalejo”, en Adavalle “Mundo Animal” y en Apnea 2000 “Azul
Profundo”.

Él en ese entonces Gobernador del Valle señor Jorge Herrera Barona, y gracias
a los buenos oficios de Miguel Yusty se publicó el libro “Descubriendo a Nuestra
Colombia Sumergida”, como un compendio de las publicaciones mas
significativas aparecidas en el diario Occidente.

Con el registro de las 11 ediciones del Manual de


Buceo y las 2 del Manual de Salvamento Acuático,
así como algunos artículos publicados en revistas
como en la Armada Nacional, cierro este tema de
las comunicaciones que definitivamente es lo que
más me ha motivado a mejorar cada día.

Podría resumir con el pensamiento que hace


referencia a que “Sólo prevalece a través del tiempo
lo que se escribe, puesto que las palabras se las
lleva siempre el viento y termina borrándolas el
inexorable paso del tiempo”.

87
Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LA PATRULLA NAVAL DEL PACIFICO

Teniendo en cuenta que nuestra actividad de buceo


se desarrolla en su mayor porcentaje en la Costa
Pacífica y que éramos testigos mudos de los
problemas de orden social por los que atraviesa la
comunidad negra de esta lejana y abandonada
zona del país, decidimos reunirnos un grupo de
amigos y coincidiendo en algunas estrategias
básicas como: no seguir generando mas
paternalismo; estimular la autogestión; capacitar a
miembros de la comunidad para que se
responsabilizaran de hacer el seguimiento y soporte
a los programas; establecer costos simbólicos para
todos los programas, en fin un revolcón en la
manera tradicional con la que se ha pretendido
ayudar a las gentes mas pobres de nuestro país.

Es así como el 22 de Junio de 1985, en la Escuela


Militar de Aviación nos reunimos entre otros:
Harold Certuche, José Vicente Irurita, Martha Irene
López Diego y Clara Kuratomy, Alberto Baíz,
Carmen Elena Sena, Diego Restrepo Y José Abt y
después de los trámites de rigor nos
comprometemos a Iniciar actividades en el Bajo
Calima o la Colonia, para ir poco a poco ampliando
el campo de acción hasta llegar aun total de 32
comunidades para una población total aproximada
de 12.000 habitantes.

El recurso humano, económico y técnico fue


creciendo en la misma proporción de nuestro
compromiso al punto de llegar a contar con 300
voluntarios de todas las profesiones.

El apoyo de la Armada Nacional fue definitivo, particularmente el de la Fuerza


Naval del Pacífico y su comandante el Capitán Miguel Antonio Caro, quien
hombro a hombro con todos nosotros hizo posible que no dejáramos de negar a
estas comunidades aún las tan apartadas como Juradó en el Chocó.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Patrulleros como el Teniente de Patrulla José Abt, fueron fundamentales en el


orden, la disciplina y el cumplimiento al punto que la Patrulla fue invitada
muchas veces a navegar con la Armada y en particular en el Buque Escuela
Gloria.

Este equipo humano no fue ajeno a la crisis del país y en la década del 90 poco
a poco las personas de fueron apartando del trabajo social en la Patrulla, siendo
la inseguridad y las dificultades de orden económico las mas planteadas.

Hoy la Patrulla, sólo atiende una quinta parte de sus comunidades y sin el
apoyo de la Armada Nacional, sigue luchando por no tirar la toalla, puesto que
esto significaría reconocer que en Colombia los verdaderamente
comprometidos con el cambio somos muy pocos.

Dejo este tema de la ramilla evocando la última estrofa de nuestro himno,


original de Juan de Jesús Cornelio que dice:

SI ES CIERTO QUE ME AMAS ESTRÉCHAME LA MANO


ENFRÉNTAME A LA VIDA Y ANIMAME A LUCHAR
AYUDAME A SER LIBRE YO QUIERO SER TU HERMANO
QUE AMAR NO ES SENTIR LÁSTIMA, AMAR ES ENSEÑAR.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

LA DEFENSORA DE LOS ANIMALES DEL VALLE “ADAVALLE”

El primero de Julio de 1989 en las instalaciones del Zoológico, después de una


convocatoria por todos los medias de comunicación y argumentando y a su vez
denunciando el abandono en que el estado tenía el tema de la protección
animal y acompañado por personas conocedoras del tema como los doctores:
Femando Castro, Maria Clara Domínguez, Maria Sol Sinisterra, Jorge
Gardeazabal, Oralia Ortega, Luz Marina Villafañe, entre otros planteamos la
necesidad de hacerle frente común al tema, procurando erradicar el fanatismo
que ha caracterizado una buena parte de estas iniciativas. Para este propósito
iniciamos capacitación a todos los voluntarios Interesados y nos organizamos
en Vacunos, Fauna Acuática, Caninos y Felinos, y Cada División se especializó
y empezamos a traducir lo aprendido en acciones concretas. Las brigadas de
vacunación, las jornadas de decomisos, liberaciones, adopciones y apoyo a las
autoridades ambientales, ocupaban una buena parte de nuestro tiempo libre.

Dinamizamos la organización a nivel nacional


al punto de lograr unas asambleas donde
siempre dejábamos la reflexión y la inquietud
en la forma y el modo de enfrentar en el Valle
esta problemática promoviendo la
responsabilidad que la comunidad tiene con
cuatro grandes Divisiones: Equinos y
Vacunos, Fauna Acuática, Caninos y Felinos,
y Fauna Silvestre.

Cada División se especializó y empezamos a


traducir lo aprendido en acciones concretas.
Las brigadas de vacunación, las jornadas de
decomisos, liberaciones, adopciones y apoyo
a las autoridades ambientales, ocupaban una buena parte de nuestro tiempo
libre.

Dinamizamos la organización a nivel nacional al punto de lograr unas


asambleas donde siempre dejábamos la reflexión y la inquietud en la forma y el
modo de enfrentar en el Valle esta problemática promoviendo la
responsabilidad que la comunidad tiene con sus animales antes que dedicarnos
a facilitar con un alto costo y muy pocos resultados el establecimiento de
albergues o cosa parecida.

José Joaquín Vallejo, hijo de Joaquín Vallejo Arbeláez el ponente del Plan
Vallejo, quien nos acompañaba en los programas de buceo, un buen día
resolvió entregarnos en comodato su finca de las Flores, localizada en la
cordillera central, sobre la vía que de Palmira va a Tenerife, desviándose a la
altura del puente sobre el río Amaime por una empinada y única vía que
bordeando la quebrada la Tigrera termina en este bello logar.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

En compañía de Alonso Restrepo


amigo y compañero de buceo y su hijo
Carlos, viajamos hasta el lugar para
conocerlo y recibirlo ese día en la mitad
del recorrido un árbol de pino de gran
tamaño había taponado el camino y
nos tocó una patoneada como de una
hora que por razón a la altura, la lluvia
y el frío se hacía difícil de caminar. Al
llegar encontramos una finca
maravillosa, celosamente ocultada por
la neblina, con una casa en piedra
como de película del Oeste Americano.
La casa estaba equipada de pé a pa,
no faltaba sino quien la habitan,
rodeada de flores que le hacían honor y
justicia al nombre, una le daban el
toque ensoñador.

Carlos quien formaba parte


de la División de Fauna
Silvestre, filmé todo como
registro de inventarla La
emoción se nos quería salir
del cuerpo y así cuando la
neblina empezó a invadirlo
todo, regresamos en la
búsqueda del vehículo que
habíamos dejado al pie del
gigantesco pino, con el
propósito de asumir este
lugar como un Refugio de
Paso para los animales.

Juan Carlos Molina, compañero de buceo fue el más comprometido en


ayudarme en la adecuación del lugar y así poco a poco empezamos a darle
nueva vida a esta fría cumbre llena de flores, caballos, vacas, perros y una gran
variedad de aves entre otras las guacharacas encargadas cada mañana de
tocar la diana.

Era el 19 de Marzo de 1994 a eso de las 5 de la mañana cuando Otoniel el


mayordueño de la finca me llamaba con voz angustiada y entrecortada:
“patrón, patrón lo necesitan unos señores”. Yo abrí la ventana de mi cuarto y
para mi sorpresa entre los albores del amanecer distinguí muchos hombres
vestidos con uniformes camuflados y armados hasta los dientes con todo tipo
de armas, quienes lo primero que me preguntaron era que si yo estaba armado.
91
Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Les contesté que no, aunque si lo estaba, pero ante tanta arma la cosa se ponía
color de hormiga, así que decidí salir y claro sucedió lo de esperarse: me
intimidaron con sus discursos trasnochados y finalmente me pidieron prestado
el vehículo. Yo tenía por esa época un campero Mitsubishi rojo modelo 1993,
que estaba prácticamente nuevo y por fortuna asegurado.

Eran unas quince personas entre las que entraron a la casa y las que estaban
en los alrededores, olían a fogata y aguardiente, el grupo lo componían dos
paisas y el resto con tipo de indios caucanos. Me pidieron los papeles del
vehículo y que les escribiera una nota donde se decía que un fulano de tal, que
supuestamente era trabajador en la finca iba para Palmira a traer abonos y
alimentos. Cuando aún no acaba de amanecer partieron amenazándome con
matarme si salía de la finca. Atónito y sintiéndome violado en mis derechos, me
senté en el corredor y llorando al mirar las huellas del carro casi me tomé a pico
de botella un litro de vodka Absolut, sin saber que pensar, que hacer, seguir
llorando, reír o gritar.

Como no tenía comunicación alguna a las dos de la tarde le pedí a Otoniel que
ensillara los caballos para salir a la carretera principal en busca de ayuda. Sin
mirar para a tras deje mi ensoñador lugar donde había sembrado ilusiones con
el sudor de mi frente, con los ojos preñados en lágrimas y sin musitar palabra
alguna fui dejando esas montaña y quebradas por las que transitaba hasta altas
horas en la noche sin siquiera sospechar lo que me podía pasar y mucho
menos sin saber que algún tiempo atrás J. J. Vallejo había sido victima de un
secuestro extorsivo por este mismo grupo que se identificó con el Bateman
Cañón.

Al llegar a la policía de Tablones, conté lo sucedido y estos agentes sin siquiera


inmutarse sin levantarse de sus sillas ni bajar las botas del escritorio, uno se
limitó a decirme: “Que vaina, ese es el comandante Rommel otra vez jodiendo
por acá, váyase a Palmira y ponga el denuncio”.

Yo que esperaba una movilización masiva e inmediata de mis queridas fuerzas


armadas, quedé de una sola pieza, sin otra alternativa que terminar mi Absolut
que por mi angustia no me hacía ni cosquillas y así como pude en la parte
trasera de un camión sentado en los bultos de cebolla, en el día de San José,
llegué a Palmira donde funcionarios más indiferentes y faltos de solidaridad que
los primeros, como lo fue el inspector de policía y todo su combo, casi no
reciben el denuncio por ser día de fiesta.

Con el tiempo le escribí una carta al Presidente de la República que fuera


publicada por los diferentes medios que entre otras cosas decía (adjunto
publicación de Azul Profundo):

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

AZUL PROFUNDO
DOLOR DE PATRIA

Es no solo triste sino desesperanzador revisar la progresiva pérdida de valores


de nuestra sociedad, la falta de solidaridad ciudadana, la injusticia judicial, la
inseguridad en el campo, la falta de justicia social, la corrupción en la
administración de justicia, el amañado manejo de la gestión pública, el creciente
imperio del narcotráfico, las atrocidades de una mal llamada “guerrilla” y la
aterradora ola delincuencial sin que se vislumbre una luz de esperanza al final
de este largo túnel que venimos cruzando.

Lejos de pretender pontificar sobre tan sentidos temas, permítame compartir mi


desahogo revisando simplemente el acontecer de los últimos cuatro años de
una familia colombiana de esas tantas que hay en nuestro país: “LA MIA”.

1°. Una “angelical” secretaria del Centro de Tecnología y Seguridad Acuática


APNEA 2000, deja en ceros nuestras finanzas cuando fraudulentamente arrasó
con el fruto del duro trabajo de dos años.
Se cursan las denuncias de ley, pero al final no pasa nada!

2°. En la Unidad Residencial Los Canelos, enmallada en su contorno, bien


iluminada, con vigilancia privada de rondero y portero y con una sola pequeña
puerta para entrar y salir, roban mi apartamento sin que nadie vea, ni escuche
nada.
Se cursan las denuncias de ley, pero al final no pasa nada!

3°. Un apurado “ciudadano” en campero polarizado arrolla con su vehículo


fantasma a mi hermano menor en la Avenida Pasoancho causándole la muerte,
ante la actitud no solidaria de transeúntes y vecinos sin que nadie viera y oyera
nada. Al día siguiente este joven abogado de apenas 30 años casado y padre
de una niña de tres años, aparece desvalijado y desnudo como un NN, en las
frías losas de la morgue.
Se cursan las denuncias de ley, pero al final no pasa nada!

4°. Por el tejado de nuestra sede de APNEA 2000 y CONCHA ASOCIADOS, en


San Fernando, irrumpen los ladrones llevándose pesados y voluminosos
equipos de buceo, filmación submarina, de sonido, de oficina, sin que nadie
viera ni oyera nada, a pesar de haber tenido que cruzar varios techos vecinos
para cometer su delito.
Se cursan las denuncias de ley, pero al final no pasa nada!

5°. A los pocos minutos de haber parqueado su campero Toyota en el centro de


la dudad, el segundo de mis hermanos, por cierto también abogado, descubre
desconcertado que su vehículo ha sido robado sin que nadie viera nada.
Se cursan las denuncias de ley, pero al final no pasa nada!
6°. El pasado Domingo 19 de Marzo (día de San José), fui sorprendido al
amanecer en la Finca Las Flores localizada en el municipio de Palmira. por un
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

grupo de personas fuertemente armadas quienes después de intimidarme se


llevaron mi principal herramienta de trabajo: “mi campero”.
A las pocas horas de tan terrible experiencia doy parte a las autoridades,
quienes reaccionaron con la misma frescura como si les hubiera contado sobre
el clima en Marte. Y para variar no ha pasado nada
Pero mi Familia, así como muchas Familias Colombianas sigue resistiendo este
cruel acontecer, continua trabajando para sobrevivir con dignidad, generando
fuentes de empleo, contribuyendo con la economía de la región y creyendo que
vivimos EL TIEMPO DE LA GENTE”.

Los Concha Tovar a pesar del duro precio que venimos pagando estamos
seguros que no todo está perdido, puesto que aún nos queda lo más
importante: Fe en Dios y en un mañana mejor.

Hoy más que dolernos todo lo perdido, nos duele nuestra PATRIA!.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

UNAS SON DE CAL Y OTRAS SON DE ARENA

Como Dios aprieta pero no ahoga, no puedo dejar de registrar esos momentos
maravillosos, cuando mi tarea ha sido de alguna manera reconocida y es así
como marcado indeleblemente guardo gratos recuerdos de:

El día que recibí de la Cámara de Comercio


Colombo Americana la medalla al Mérito Cívico
por las labores en la Patrulla.

La medalla Mérito Sanitario José Fernández


Madrid en la Categoría Oficial de la Armada
Nacional por la labor social en la costa Pacífica.

La medalla al mérito ecológico otorgada por la


CVC, de manos de su Director Oscar Mazuera,
por las labores desarrolladas en este sentido
desde el Club Barracudas.

La medalla al Mérito Deportivo otorgada por el


Comité Olímpico Colombiana

El Decreto de la Presidencia de la
República nombrándome Capitán
Honorado de la Fuerza Aérea.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Estos reconocimientos sumados a placas, medallas y diplomas de otras


instituciones y personas siempre me han estimulado, reforzando el pensamiento
que los reconocimientos se deben hacer en vida, puesto que uno los disfruta
mucho y se convierten en estímulos, los que en mi caso particular no me han
dejado perder la fe en mi país, al punto que después de recorrer una buena
parte del mundo, cada vez mas quiero a mi tierra y entre más campesina y
montañera mejor. Cada día a pesar de las dificultades propias de esta guerra
fraticida en que estamos inmersos la quiero con más berraquera, por eso cada
vez estoy mas dispuesto a darlo todo por su justicia y paz social.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

SEGUNDO CURSO DE OFICIALES DE LA RESERVA DE LA FUERZA


AÉREA

Mi vinculación a la FAC, data desde los años 70, cuando los entonces tenientes
Harold Certuche (hoy Coronel) y Jorge Castro (hoy General) me hicieron grata
mis diferentes participaciones en eventos y cursos compartidos con la Escuela
Militar de Aviación donde participé como profesor, entrenador de natación, así
como el apoyo y afecto de mi paisano, el hoy Comandante de la Fuerza Aérea
General Velasco, a quien observaba desde mis épocas del seminario cuando
llegaba a Popayán como Cadete en su pequeño avión.

Estos Oficiales me infundieron el amor a la Institución, lo que no me hizo dudar


en formar parte del segundo curso de Oficiales de la Reserva.

El Curso lo conformábamos 41
personas, llegando hasta el final
40, después de un año de un
estricto entrenamiento y juicioso
estudio, donde cada Sábado a
aprendíamos algo nuevo e
importante. Terminé ocupando el
quinto puesto, pero por razones
de orden administrativo
particularmente con el Ejército,
no pude ascender, faltándome
solo un día para la ceremonia.
Este dolor y esta herida hoy han
cicatrizado gracias al
reconocimiento de la
Presidencia de la República y al
respaldo Irrestricto del General Velasco, donde se hizo justicia y se me otorga
además un gran honor acompañado de una nueva responsabilidad con mi
comunidad y con mi país.

De este curso lo inolvidable indiscutiblemente fue el curso de supervivencia en


Tolemaida donde vivimos lo nunca imaginado y menos soñado y sorteamos con
buenos resultados las dificultades propias de este entrenamiento.

Hoy brillo mis tres estrellas con mucho entusiasmo con la esperanza de poder
continuar este camino del servicio a la patria.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

APNEA 2000

El 16 de Octubre de 1990 en el Club de la Ribera con una ceremonia especial,


Asamblea, cena y fiesta entregué mis responsabilidades después de servir en el
Club Barracudas durante 15 años. Ese mismo día Alberto Duque presidente de
la Junta Directiva de la Ribera y Fredy Castro su Gerente me ofrecieron las
instalaciones del Club para que continuara con mis actividades. Fue así como a
los pocos días, más exactamente el primero de Noviembre me reuní con un
pequeño grupo de amigos y dimos nacimiento a una Institución privada que
bautizamos: APNEA 2000, con el ánimo de conformar un grupo de amigos que
sin los postulados de un Club Deportivo, ni escuela para vender cursos, fuera la
respuesta a la necesidad sentida y tener un espacio lúdico para hacer
mantenimiento, ver a los amigos, actualizarse, hacer viajes y desde luego para
que nuestros amigos y familiares pudieran aprender a bucear.

Hoy 1° de Noviembre del 2002


cuando cumplimos 12 años y
termino de escribir este recuento
de mi vida, todo me parece como
un sueño, a veces cuando
escribía estas notas no podía
creer que el destino me hubiera
permitido hacer tantas cosas,
seguramente unas bien hechas,
otras no tan bien, pero en todas
dando lo mejor de mí, generando
desde luego pasiones
encontradas en muchos de los
que me han observado,
especialmente cuando he tomado
la decisión de irme de las instituciones donde he realizado tareas.

Cuando uno a ejercido algún tipo de


liderazgo y por alguna razón se debe
marchar sin poder darle explicaciones a
cada uno en panicular, se despierta
entusiasmo y admiraci6n en unos,
rivalidades, odios y antipatías en otros.

La pasión en tales casos lo domina todo y


se exageran las cualidades o los defectos,
se aplauden las faltas o se les dan
proporciones casi de criminalidad, se
agrandan los méritos o se niegan las
aptitudes y en medio de una lucha de
encontradas ideas, la voz imparcial no se
hace eco sino entre un reducido número
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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

de personas.

Entonces uno siente que al dejar algún tipo de liderazgo que pudo haber
representado, al final termina marchándose acompañado de aplausos de los
amigos y de la mala voluntad de los adversarios.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

MIS CUARTELES DE INVIERNO

Finalmente y gradas al apoyo de personas como


Diego Restrepo y Mercedes Castro, me he
podido refugiar en mis cuarteles de invierno del
Ensueño y la Porra, donde disfruto como en mi
niñez de la llegada del amanecer y veo con
nostalgia la partida de los coloridos atardeceres
y he aprendido a sacarle gusto a la tierra
rescatando mi ancestro campesino.

Ahora tengo tiempo para cultivar lombrices y


cosechar humus, para tomar whisky y compartir
un café y un tabaco con mis amigos.

Ahora tengo tiempo para combinar vallenatos


con música de carrilera y de los grandes
clásicos, ahora tengo tiempo para ver llover y
dejar partir la neblina con la seguridad de que va
a regresar, ahora tengo tiempo de meter mis
manos en la tierra y arrancarle frijoles, ajíes, espinacas, naranjas, limones,
papayas, uchuvas en pequeñas cosechas que comparto entre mi cacerola y la
de mis cercanos, ahora puedo escribir, leer, y disfrutar la luz de las velas, ahora
he entendido que me he pasado toda la
vida preocupado por las cosas de todos
y de todo pero que se me estaba
olvidando vivir como vivieron mis
abuelos.

Ahora puedo rumiar mi pasado y sonreír


sin tener que dar explicaciones, ahora
tengo tiempo mental para ver crecer las
flores. Ahora tengo tiempo para el amor,
amor que a veces esquivo se asoma a
mi quinto piso, ahora soy feliz entre la
soledad de las montañas y la sinfonía
de las aves, sintiéndome cada vez mas
ligero de equipaje y donde siempre y
cada noche puedo darle gradas a Dios
por todos los talentos que me ha
concedido y cada amanecer darle gradas por el nuevo día.

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Gonzalo Concha – De La Salvajina a París

Que pocos podemos hacer lo que nos gusta, que pocos podemos trabajar en lo
que amamos, que pocos tenemos
fincada nuestra riqueza en el
afecto de la familia y los amigos,
que pocos podemos hacer tanto
con tan poco que pocos podemos
gritar a los cuatro vientos:
GRACIAS SEÑOR POR
PERMITIRME EL PRIVILEGIO
DE SER GERENTE DE MIS
PROPIOS SUEÑOS.

Adavalle, con el correr de los


años se vuelve parte integral de
la ciudad y es tenida en cuenta en
casi toda iniciativa del bienestar
animal. La WSPA, con sede en
Bogotá apoya nuestras iniciativas
y todo parecía salir bien, hasta
que las personas empezaron a
salirse de los parámetros
filosóficos y reglamentados lo que
generó un gran conflicto interno
que con los años terminó al traste
con una Institución muy necesaria
para la ciudad, el departamento y
el país.

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