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Almanzor o Al-Mansur (940-1002), caudillo musulmán de al-Andalus, fundador de un régimen

militar netamente autoritario durante el reinado de Hisam II. Pese a la autoridad nominal de éste,
Almanzor fue el gobernante efectivo del califato de Córdoba durante el llamado periodo amirí
(así denominado en alusión a su nombre real, Muhammad ibn Abí Amir).

Tras morir en el 976 Al-Hakam II, le sucedió en el trono su hijo Hisam. Dado que éste tenía sólo
11 años de edad, en la Corte cordobesa se sucedieron las intrigas palaciegas por el poder. El gran
triunfador fue Muhammad Ibn Abí Amir, quien fue eliminando a sus rivales políticos, alcanzó el
cargo de hayib (primer ministro) y en el 981 recibió el sobrenombre de al-Mansur
(castellanizado, Almanzor), 'el Victorioso', por la extraordinaria fama que adquirió en el campo
de batalla. Hisam II quedó relegado por completo y Almanzor mandó incluso construir su propia
ciudad palacio: Almedina al-Zahira, adonde fue transfiriendo la mayor parte de las tareas de
gobierno califal. Asimismo fue responsable de una considerable ampliación de la mezquita de
Córdoba. Las fuentes historiográficas árabes indican que dirigió entre 50 y 60 campañas contra
los territorios cristianos septentrionales, de las que dos fueron especialmente significativas, pues
finalizaron con los saqueos de Barcelona (985) y Santiago de Compostela (997). En 1002,
cuando regresaba de su última expedición, falleció camino de Medinaceli (según las crónicas
cristianas, después de haber sido derrotado en la batalla de Calatañazor, cerca de la actual Soria).
Le sucedió en el ejercicio de sus funciones su hijo Abd al-Malik.

Reinos de taifas (del árabe ta'ifa, 'bandería'), reinos musulmanes creados en la península Ibérica
a partir del siglo XI. Al desaparecer el califato de Córdoba (1031), al-Andalus se fragmentó en
numerosos núcleos independientes, al frente de los cuales se situaron los llamados reyes taifas.
En el sur de la Península surgieron principados controlados por los bereberes, mientras que en la
zona oriental de al-Andalus, desde Almería a Tortosa, la supremacía correspondió a los eslavos.
En las ciudades del interior, se impusieron familias nobles andalusíes, de origen árabe o muladí.
Muy pronto, la expansión de los más poderosos provocó una reagrupación de taifas. En la
segunda mitad del siglo XI sólo subsistían los reinos de Zaragoza, Badajoz, Toledo, Granada y
Sevilla.

Las continuas guerras entre los reinos taifas favorecieron la intervención creciente de los reyes
cristianos, a través de la política de parias: los taifas pagaban a los cristianos tributos para no ser
atacados o a cambio de ayuda militar. La constante sangría económica a la que se vieron
sometidos les obligó a incrementar la presión fiscal sobre sus súbditos, lo que motivó el
descontento de la población. Pese a todo, en este periodo se produjo un cierto progreso
económico y fue una época de esplendor cultural. El escritor más importante fue Ibn Hazm, autor
de El collar de la paloma, obra poética sobre el amor, concebido desde la perspectiva
neoplatónica, que ejercería una notable influencia en el mundo cristiano. Desde el punto de vista
artístico, la obra más representativa es la Aljafería de Zaragoza.

La situación de debilidad frente a los cristianos se hizo patente en el 1085 con la conquista de
Toledo por Alfonso VI. Este suceso precipitó la invasión almorávide y con ella la desaparición de
los primeros taifas. Tras el hundimiento del poder almorávide, a mediados del siglo XII,
surgieron los segundos taifas. Su efímera existencia concluyó con la invasión almohade en 1157.
La derrota almohade en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) favoreció la aparición de los
terceros taifas, pero de ellos sólo sobrevivió el reino Nazarí de Granada.