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año 1 - nº 10

Lima, 31 de Julio de 2011

Una tarea pendiente: VIGILANCIA CIUDADANA
En el entusiasmo del impulso del proceso de descentralización, autoridades y ciudadanos, han desencadenado procesos de diálogo que en ciertos casos han derivado en acuerdos y compromisos. Sin duda es un gran logro de la ciudadanía el ingresar en la agenda política para que las decisiones de la autoridad lleguen a conectarse con la problemática cotidiana de la población. Actualmente la ley promueve diversos mecanismos de participación para intervenir en las decisiones en distritos, provincias o regiones. Inclusive se ha legitimado espacios de coordinación y concertación entre actores de la sociedad civil y el estado, como el CCL y el CCR, ampliando la oportunidad para que el ciudadano se involucre en los asuntos públicos. Se trata de construir un estado participativo, democrático y con transferencia de poder real tanto en el Presupuesto Participativo o en la Planificación Concertada, así como en la generación de políticas públicas. Ahora bien, esta intención de abrir las puertas a la participación ciudadana y la formulación de Acuerdos y Compromisos, en muchos casos tiene un carácter declarativo y poco vinculante. Si bien es cierto se ha motivado la participación ciudadana en la planificación y gestión de los procesos locales / regionales, no así en el seguimiento y monitoreo de los acuerdos. Ello hace que el proceso participativo se desgaste y la ciudadanía quede nuevamente al margen de las decisiones políticas. La vigilancia ciudadana emerge así como una necesidad imperante para el cumplimiento de los mismos, tanto de autoridades como de ciudadanos. Las experiencias alrededor de la vigilancia ciudadana son poco visibles, incluso en los casos exitosos de seguimiento a las autoridades. En ese sentido vale la pena deslindar el tipo de vigilancia que se va a seguir. Debe ser una vigilancia ciudadana que además de evidenciar las omisiones y excesos, haga un seguimiento propositivo de los acuerdos comprometidos. No se trata de una fiscalización que se excede en la denuncia y poco es lo que puede aportar al logro de los objetivos de desarrollo; la fiscalización se la De este modo no solo se promueve la vigilancia concertada, se fortalece también la relación Estado – Sociedad Civil en base a la transparencia pública donde unos aceptan proveer información y los otros utilizarla para mejorar la gestión local. Colaboración de Virna Valdivia. dejamos a los medios de comunicación y a las entidades pertinentes como la Contraloría. Otro es el caso del Control Social, línea que puede alimentar la vigilancia ciudadana, pues se trata de hacer uso de los mecanismos que ofrece la participación ciudadana desde la sociedad civil, con un carácter externo pero proactivo. Hoy son variadas las experiencias de vigilancia ciudadana desde la producción de información en relación a lo que el Estado hace o deja de hacer frente a la preocupación de los ciudadanos (que pueden ser servicios básicos o políticas públicas determinadas) o también sobre la aplicabilidad de los procedimientos administrativos, normativos que existen para hacer posible la política pública. Recordemos que el derecho de acceso a la información es urgente en esta tarea de vigilancia ciudadana porque:     La información es un bien público. Se requiere del flujo de información para generar diálogo y debate. El acceso a la información es un derecho ciudadano. La transparencia de la actuación pública legitima el gobierno.

REALIDADES DE PARTIDA: UNA BUENA OPORTUNIDAD PARA MEJORAR LA INVERSIÓN SOCIAL
El optimismo en la planificación pública es bueno, siempre y cuando se parta de una dosis sensata de realidad y pragmatismo. Esto ayuda a no generar de un lado, expectativas difíciles de cumplir y de otro, mediciones que pueden esconder situaciones límite de problemas no resueltos del todo aún. En la medida que nos acercamos a un cambio de gobierno, algunos avances en temas como la desnutrición y la anemia, la pobreza, el analfabetismo y similares, sobre todo en zonas rurales andino – amazónicas, muestran dudas razonables sobre el impacto alcanzando y la sostenibilidad del mismo en el tiempo. Los indicadores utilizados no parecen ayudar a contextualizar más apropiadamente situaciones y realidades que se reflejan en los resultados de dos procesos electorales separados por apenas seis meses. La necesidad de un cambio es expresión de insatisfacción de un lado y de impaciencia de otro. Una lectura de este tipo debería servir para aprovechar una buena oportunidad: confirmar rápidamente el punto de partida PARA LA INVERSIÓN SOCIAL en la lucha contra la pobreza y la exclusión, sobre todo en los ámbitos regionales del ande y la amazonía. Las ONG y otras organizaciones de la sociedad civil, y la cooperación internacional pueden junto con las instancias públicas nacionales, regionales y municipales enriquecer esta línea de base de partida que ayudará a perfilar mejor los programas sociales en el marco de la descentralización de su ejecución. Este esfuerzo de concertación en torno a un desarrollo verdaderamente sostenible en el tiempo, no es solo una posibilidad: ES UN MANDATO DE LOS PUEBLOS DEL PERÚ, que no podemos dejar de oír.