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De la Biblia a la vida

Para proclamar y vivir mejor la Palabra

P. Toribio Tapia Bahena

Domingo 12 de octubre de 2008


El Reino de Dios: un banquete para todos
Mateo 22,1-14

1. Lectura
Leamos primeramente los vv. 1-10.
¿A quién dirige Jesús esta nueva parábola? (Lea Mt
21, 23. 45)
¿Con qué se compara el Reino de los Cielos? (v. 2)
¿Quiénes son los llamados a la boda y qué actitud
toman? ¿cuántas ocasiones les insiste? ¿cómo se
describe el banquete organizado por el rey? (v. 4).
¿Cómo se comportan los invitados con los servidores
del rey? (vv. 5-6) ¿cuál es la reacción del rey? (v. 7)
¿De qué manera se expresa el rey acerca de los
invitados? (v. 8) ¿A dónde fueron y a quiénes invitaron
los servidores del rey? (vv. 9-10).
Ahora leamos los vv. 11-14.
¿Qué observa el rey en uno de los comensales y
qué le dice? (vv. 11-12) ¿Cuál es la reacción del
comensal? ¿Qué les ordena el rey a sus servidores? (v.
13)
Si tiene un poco más de tiempo lea Lc 14,15-24, compare lo que dicen ambos
evangelistas ¿qué elementos originales presenta Mateo?
______________________

Para comprender mejor lo que hemos leído pongamos atención, en primer lugar, en
la grandiosidad del banquete: es un banquete extraordinario pues se hace una gran
matanza de animales; además, es especial pues es con motivo de la boda del hijo del rey.
De ahí que el desprecio del banquete de bodas sea, en el fondo, un desaire a la persona
del rey. Sin embargo, la grandiosidad del banquete contrasta con el desprecio de los
invitados.
En segundo lugar, concentremos nuestra atención en los súbditos. La respuesta de
los invitados está llena de contrastes y contradicciones: los pretextos que ponen para no
asistir (ir al campo y a su negocio) son insignificantes en comparación con el banquete
de la boda del hijo del rey; más aún, a la invitación del rey algunos de ellos
corresponden con crueldad y hasta matando a los enviados. Por eso, se insiste en que no
fueron dignos porque concientemente no asistieron a la fiesta; más aún, no sólo no
quisieron participar de la fiesta, sino que sin ningún motivo atentaron contra los
enviados del rey1. La insistencia del rey para que asistan a la fiesta que está a punto de
comenzar contrasta con la ligereza de los súbditos para no asistir.
En tercer lugar, no se suspende la fiesta por falta de invitados; la fiesta debe
realizarse. Los siervos salen a los cruces de los caminos; el evangelio insiste en que
1
En la antigüedad los súbditos del rey tenían la obligación de ir a los eventos de la familia real; por
eso sorprende que no vayan y que sean invitados con insistencia en dos ocasiones.

1
llevaron a malos y buenos y con ellos se llenó el salón de la fiesta2. Los cruces de los
caminos se refieren a los lugares que están más allá de los límites de la ciudad; más allá
de los límites del pueblo de Israel3.
Además, podemos señalar en cuarto lugar, algo que a diferencia de Lucas (14,16-24)
Mateo ha introducido: la entrada del rey al salón de la fiesta. Da la impresión como si
Mateo percibiera el riesgo de que, el hecho de que todos puedan entrar a la fiesta, puede
provocar una falsa confianza al grado que se llegue a pensar que la participación en el
banquete no exige absolutamente nada. El evangelio deja suficientemente claro, en este
sentido, que el hecho de ser llamado debe provocar un comportamiento de escogido.
Por último, se indica con suficiente claridad que aquellos invitados no fueron
dignos. Eran gente cercana; la costumbre corriente en aquel tiempo y en aquella cultura
era invitar a las comidas sólo a los más cercanos, a los del propio grupo. Comer con
gente extraña era uno de los modos más fáciles de perder el honor y de ser avergonzado.
Por esto precisamente llama aún más la atención que, mientras los cercanos y amigos,
han despreciado la invitación, unos desconocidos (malos y buenos) son recibidos en el
banquete para participar de la fiesta4. Eso sí, la apertura para que todos entren al nuevo
banquete exige responsabilidad, llevar el traje de fiesta adecuado5.

2. Meditación
Los cristianos tenemos el grave peligro de pensar que porque somos llamados ya
somos escogidos. No. La llamada de Dios es para todos, sin excepción. La respuesta
conciente y comprometida a la gracia de Dios nos convierte en escogidos, es decir en
gente que responde adecuadamente a la llamada del Señor. En este sentido, una cosa es
que nos sintamos llamados y otra que nos comportemos de manera adecuada. La
llamada de Dios no genera privilegios sino responsabilidad de dar testimonio con
nuestra vida.
Ahora bien, todos estamos en posibilidades de acercarnos a Dios, a la comunidad.
Pero esta acogida de parte de Dios y de los demás exige la disponibilidad para
responder adecuadamente; no es posible desear que nos ame Dios y la comunidad sin un
mínimo de disposición para corresponder a esta doble acogida. De acuerdo al evangelio
de Mateo quien no esté dispuesto a esta correspondencia merece estar solo, en su propia
desesperación6.

2
Llama la atención que el evangelio de Mateo diga que los siervos reunieron a malos y buenos
(21,10) mientras que Lucas afirma que, por encargo del señor que hizo el banquete, se les obliga a entrar
en la casa (14,23).
3
Recordemos el texto de la curación del Centurión en el que Mateo (8,5-15) a diferencia de Lucas
(7,1-10; puede verse también Jn 4,46-53) adelanta esta apertura más allá del pueblo de Israel: “les aseguro
que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y les digo que vendrán muchos de oriente y
occidente y se pondrá a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras que los
hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes” (vv. 10-
12).
4
A Mateo le interesa dejar claro que Dios acoge a buenos y malos, indistintamente. Por su parte,
Lucas (14,21-23) insiste en los marginados sociales (pobres y lisiados, ciegos y cojos).
5
Recordemos además que Mateo está hablando en un tono polémico pues de igual modo que las dos
parábolas anteriores (Mt 21,28-46) se está dirigiendo a los jefes judíos y, con ellos a ciertos miembros del
pueblo de Israel que han rechazado a Jesucristo. Además, no podemos descartar la posibilidad de que
algunos miembros de la comunidad de cristianos que escuchaban o leían este evangelio tuvieran el
peligro de rechazar al Señor o de pensar que una vez dentro de la comunidad podían participar sin
responsabilizarse.
6
Es posible que los evangelios, sobre todo Mateo, con la expresión “el llanto y rechinar de dientes”
(8,12; 13,42.50; 22,13; 24,51) esté indicando la soledad y la desesperación por no poder comunicarse; son
las consecuencias de haber sido incapaces de amar a Dios y a los hermanos.

2
Por último, cuando no respondemos al llamado de Dios, los únicos y más afectados
somos nosotros mismos, y con nosotros, la gente con la que nos encontramos a diario.
Con o sin nosotros Dios seguirá manifestándose, acogiendo a quienes estén dispuestos a
participar de su gracia, de su vida. Con nuestro rechazo a Dios no lo hacemos sufrir a Él
sino, nosotros mismos, entramos en un deterioro humano y cristiano que daña y afecta
gravemente nuestra convivencia y relación con quienes nos rodean.

3. Oración
Hagamos una oración de acuerdo a lo que hemos leído y meditado.

4. Contemplación – acción
Al sentirnos llamados por Dios ¿nos comportamos como privilegiados o como
responsables de vivir más adecuadamente?
¿Qué podría (o podríamos) hacer para corresponder adecuadamente al amor de Dios
y de la comunidad (iglesia, grupo, familia...) a la que pertenecemos?
¿En qué he resultado afectado y cómo han sido dañadas las personas que me rodean
cuando me he retirado de Dios? ¿Qué propósito puedo hacer?