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¡Quédate con nosotros Jesús,

que da miedo tanta oscuridad!


Gran clamor popular
En nuestra sociedad hoy se levanta un gran clamor popular...
• Clamor de seguridad y justicia debido a los robos, a la violencia callejera, los homicidios, secuestros…
• Clamor que a veces pide mano dura y que recaiga también sobre los menores...
• Clamor generado o del cual se hacen eco los medios de comunicación y en especial los más
sensacionalistas...
• Clamor que en muchos casos responsabiliza a los “sectores populares” como los causantes de todos los
males de nuestra sociedad...
• Clamor que a veces parece no comprender las causas y la complejidad de la “inseguridad” que padecemos...
Las cárceles parecieran ser una solución para este clamor.

El Equipo de Pastoral Penitenciaria, que integra el Departamento de Pastoral Social de la Diócesis de San
Carlos Bariloche, les hace llegar este folleto que nace de lo que hemos visto y oído a partir de nuestro trabajo en
el “Mundo Carcelario” desde el Evangelio de Cristo.
Quisiéramos por este medio aportar a la reflexión, a la concientización, a la opinión pública y a la
construcción de una sociedad más humana.
Creemos en un futuro donde la “paz y la justicia” pueden ir de la mano; por lo tanto, antes de abocarnos
directamente al tema propuesto, nos parece muy importante recodar lo que dijeron nuestros obispos
latinoamericanos en el encuentro en la ciudad de Aparecida, Brasil, al referirse al fenómeno de la globalización,
que si bien tiene aspectos positivos, nos alertan cuando hablan de los “rostros de quienes sufren”:
“...ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación sino de algo nuevo: la exclusión social. Con
ella queda afectada en su misma raíz, la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en
la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente explotados sino sobrantes y
desechables” (DA 65).-

La primera delincuencia
La injusticia social es la primera delincuencia y causa de otras muchísimas delincuencias. Para abarcar la
problemática del mundo carcelario nos parece importante profundizar sobre el por qué de este notable aumento
del delito en nuestra sociedad. ¿Cuáles son sus causas?
Creemos que la mejor manera de revertir esta sensación de inseguridad que vive nuestra sociedad se logra
con decisiones políticas con respecto a la redistribución de las riquezas, con la nivelación de recursos, con la
inserción en el mundo laboral, con sueldos dignos y con un sistema educativo que promueva a las personas más
vulnerables, en especial a niños y adolescentes (justicia social).
También son causantes del delito el exacerbado consumismo imperante, la miseria, la falta de interés por la
vida, la droga y las armas que están al alcance de la mano, la imposibilidad de muchos jóvenes de pensar en un
proyecto de vida, la sensación de que “todo vale” a veces enseñado desde los mismos medios de comunicación
social. El mal ejemplo de los mayores y sobre todo de aquellos que teniendo poder (político, económico...)
aprovechan para cometer delitos “de guante blanco” (transas, acomodos, coimas, arreglos) bajo un manto de
impunidad. Es evidente que el problema es complejo.
Según la Constitución y las leyes, la cárcel tendría que ser un lugar donde el que infringe la ley es privado de
su libertad por un determinado tiempo según lo indique el juez, para luego reinsertarse a la sociedad. Pero si lo
pensamos bien, siguiendo el planteo que venimos haciendo, ¿en qué sociedad se va a reinsertar? ¿En una
sociedad que brinda igualdad de posibilidades? ¿En una sociedad que esta preocupada por sus jóvenes? ¿En qué
condiciones y con qué ideas sale el interno que cumplió una determinada pena en un penal?
También creemos que en el imaginario de la gente está la idea de que “algo anda mal”. Si no, ¿cómo se
explica tanta reincidencia y el aumento masivo, por decirlo de alguna manera, de jóvenes que pueblan nuestras
cárceles?
Las cárceles son, con frecuencia y lamentablemente, escuelas para aprender a delinquir.

¿Se puede humanizar usando métodos inhumanos?


La ex Alcaidía local, hoy Unidad Penal Nro. 3, fue construida hace cuatro décadas como hogar de ancianos.
Como su estructura era “frágil y débil” se fueron reforzando pisos, techos y paredes, se enrejaron ventanas y se
levantaron otras celdas y muros.
Con el tiempo se fue formando un sub-mundo, una comunidad que se fue sobre-poblando. Esta
superpoblación ha llevado a que estén juntos condenados y procesados, primarios y reincidentes, adultos,
mayores, enfermos y sanos.
Hay celdas con tan poco espacio que debieron instalar cuchetas de tres niveles. Tienen que convivir diez
personas en doce metros cuadrados; existe un solo sector de duchas para toda la población que debe dividirse en
seis turnos. Esas divisiones, provocadas tanto por la falta de espacio como por rivalidades y odios, obligaron a
separar también las visitas en los siete días de la semana.
Aquí el 2 x 4 no es un tango; es la dimensión que tiene cada detenido para vivir 22 horas diarias: las dos
horas restantes son de salida al patio, las cuales a veces no se cumplen por el clima.
El hacinamiento, la falta de calefacción, la humedad, la falta de la luz natural, trae aparejadas enfermedades
tanto físicas como psicológicas.
Falta de alimentación, condiciones de infraestructura inadecuada, imposibilidad del Estado de garantizar la
seguridad de los internos.
Si bien la Constitución Nacional garantiza que las cárceles deberán ser sanas y limpias y tener como
finalidad la resocialización del individuo, la realidad cotidiana demuestra no sólo qué lejos se está de cumplir
con ello, sino también la forma en que son avasallados todos sus derechos.
Hoy por hoy el Estado está respondiendo a los delitos con un delito que
muchas veces es más grave que el cometido por quien ahora cumple su
castigo. “Pasó de ser una costumbre, y lo que es costumbre no es delito”
(frase utilizada por los internos).
El personal que trabaja allí con los internos no está en su mayoría capacitado para tal trabajo. Terminan
siendo, con el tiempo, víctimas del sistema. Acaban algunos con licencia por agotamiento, el stress sobrepasado
por las demandas, etc. Esto muestra el abandono del gobierno a esta problemática social.

¿La sociedad y la familia?


La sociedad, y más aún la comunidad cristiana cuya doctrina de fe exhorta a sus miembros a no ser
indiferentes ante las necesidades y el sufrimiento del prójimo debe asumir la responsabilidad que le corresponde
y buscar verdaderas soluciones.
Nuestra cárcel está poblada por jóvenes que provienen de nivel social muy bajo. Generalmente, estos
hermanos toman contacto con la calle (medio hostil) a temprana edad, merodeando en el “rebusque” de una
ayuda para su familia. Luego terminan rompiendo vínculos con sus hogares y caen en el delito.
Más tarde, al salir de la cárcel, se encuentran con que ya no tienen familia, ni nada ni nadie que los
contengan.
Esos jóvenes vuelven a la delincuencia: es un círculo vicioso.
En el mejor de los casos se encuentran con los pedazos de una familia muy carenciada, económicamente y
moralmente destruida.
¿Y el poder político?
La prisión y muerte de Jesús fue producto de una decisión política y religiosa, para preservar la seguridad
social, entre otros motivos. Hoy también algunos creen que la marginación y exclusión de algunos hermanos
nuestros es mejor. Forma parte de una decisión política criminal.
Es sabido que la cárcel no cumple con su función preventiva ni resocializadora por falta de infraestructura
adecuada y personal formado y especializado. Por lo tanto, debemos meditar que, frente al delito, la cárcel no
debe ser la única respuesta. Porque la cárcel tiene para su encarcelado y la familia un efecto dañino que no se
borrará jamás.
Nuevamente nuestros obispos nos hablan en el Documento Aparecida, nro. 403:
“...En esta tarea y con creatividad pastoral, se deben diseñar acciones concretas que tengan incidencias en los
Estados para la aprobación de políticas sociales y económicas que atiendan las variadas necesidades de la
población... con la ayuda de distintas instancias y organizaciones, la Iglesia puede hacer una permanente lectura
cristiana y (...) de ésta manera tendrá elementos concretos para exigir que aquellos que tienen la responsabilidad
de diseñar y aprobar las políticas que afectan a nuestro pueblo, lo hagan desde una perspectiva ética, solidaria y
auténticamente humanista. En ello juega un papel fundamental los laicos, asumiendo tareas pertinentes en la
sociedad...”

Hijos de Bariloche
Gustavo Porcelli, miembro del Equipo de Pastoral Penitenciaria de nuestra diócesis, comparte este
testimonio:
“La democracia no entró todavía en las cárceles, en ningún lado del país. Hablar de la cárcel es hablar de otro
mundo. La sociedad de Bariloche no se hace cargo; parece que los internos vinieran de otras ciudades o de otros
países. Pero son hijos de Bariloche, son las personas que dejamos caer, y abandonamos. Si te parás dentro de la
cárcel a mirar, ves un mundo sin esperanza. Es un camino de reincidencia, porque no tienen oportunidades, ni
antes ni después de entrar. Los internos vienen de vivir en los barrios marginados, son personas que han sido
excluidas y no tenidas en cuenta por el sistema. Nosotros tenemos esperanzas en el cambio porque para Dios
nada es imposible: por eso vamos a la cárcel. Por más que salís de ahí con un bajón, recibís un 100% de lo que
das, no se puede explicar con palabras”.

Carta de un interno a Jesús


Pablo es un joven barilochense privado de su libertad, que quiso compartir con nosotros esta carta:
-Señor Jesús, en esta tarde quiero pedirte por toda mi familia, en especial por mis hijos.
Quiero que tú los protejas y los bendigas siempre, como también a mi madre, mis
hermanos, mis sobrinos y también a mi mujer, que tú me pusiste en el camino. Jesús
protégela, ayúdala y dale muchas bendiciones.
-Quiero también, Jesús, que me des las fuerzas para seguir; quiero sacarme este dolor de
mi pecho. Quiero ser feliz junto a mi familia; quiero, Jesús, que me perdones y me des
una nueva oportunidad.
-Jesús, sácame de este encierro: mi cuerpo esta cansado ya de esto, mis ojos también
están cansados de ver tantas injusticias. Tú. Jesús, sabes mejor que yo; guíame,
enséñame. Quiero estar siempre a tu lado y aprender cosas buenas para dárselas a mis
hijos, para su futuro.
-Gracias, Jesús, por todo lo que haces por mí y por mi familia, que es lo más grande que
me diste en este mundo y lo más hermoso.
-Gracias, Padre, tú eres mi fuerza, mi voluntad y el que me guía por el camino.

Miedos del interno


Miedo de ir de repente a un mundo distinto
Miedo a los demás encarcelados
Miedo a ser procesado
Miedo a la condena de la sociedad
Miedo a enfrentar mi propia conciencia
Miedo a un mundo fantasmal
Miedo al encierro
Miedo a la soledad
Miedo a ser olvidado
Miedo a la muerte
Miedo a no poder comunicarme
Miedo al cambio
Miedo al futuro

Palabras del director del penal


Una entrevista realizada a Darío Chacón, director del penal de Bariloche, llevada a cabo el 20 de agosto de
2008, refleja la realidad del mundo carcelario:
“Me llamo Darío Chacón y estoy circunstancialmente como director el Penal Nro. 3. No es mi especialidad
el servicio penitenciario porque yo provengo de las filas policiales. Yo tenía que venir por un mes y todavía
continúo en el cargo hasta que me deriven a otro lugar. Estamos en el día a día aprendiendo cómo es el trabajo
carcelario, lidiando y administrando la pobreza ya que las cárceles en la Argentina son los lugares más
olvidados a la hora del reparto de los bienes del pecúlio del Estado para infraestructura, para mobilidad, para lo
que sea.
“Nosotros tenemos que trabajar con la colaboración de algunos entes como la Municipalidad, la Pastoral
Penitenciaria, las iglesias y además estamos en un proceso de transición porque la ley 3008, que es provincial y
fue creada hace muy poco, pretende que las cárceles tengan un viso más civil. (...) Esta transición es bastante
lenta y hay muchas carencias, faltan profesionales que hagan el seguimiento psicofísico, falta de espacio para
que se haga laborterapia, falta de personal de salud y de operarios penitenciarios que hagan la contención de los
internos. Y la infraestructura carece de lugares para que los internos hagan actividades en vista a la contención y
a la reinserción.”
¿Cómo se ubica la sociedad de Bariloche frente a la problemática de la realidad penitenciaria?
“Hay varias aristas. Por un lado, está el termómetro de la inseguridad que pintan los medios y que se vive en
la sociedad: los delitos cotidianos. Esto hace que la sociedad de Bariloche mire por sobre los hombros lo que
está pasando en las cárceles.
“Otra arista podría ser lo que está pasando en una sociedad carente de valores que perdió la solidaridad y
sobre todo lo que tiene que ver con lo espiritual, con el cariño del amor al prójimo.
“Por otro lado Bariloche es un conglomerado de gente que ha venido de distintos lugares y es fría por
naturaleza. Pero no obstante eso, hay gente que se acerca, no en la media en que debería ser ya que acá hay
muchas necesidades. Principalmente los internos tienen muchas necesidades. Pero hay organizaciones como
Cáritas, como algunas iglesias evangélicas (...) que se acercan con ropa y con propuestas laborales. Ojalá que
esta iniciativa se multiplique y que este folleto interese a otra gente para que vengan a colaborar ya que son
muchas las necesidades.
“Nosotros no estamos para juzgar para los internos sino que estamos para que se reinserte, y el interno es un
ser humano que necesita el apoyo de la sociedad para volver a ella. La sociedad somos todos.
“Tenemos que hacer un esfuerzo para que internos que recuperan su libertad puedan conseguir un trabajo.
Algo está haciendo el patronado, pero no alcanza. En este punto también necesitaríamos más compromiso de
algunas ONGs para darles una posibilidad y así no retornen a la cárcel.
“Este establecimiento, en este momento, solo reúne las condiciones de seguiridad, y no es por el momento
un lugar que ayude a reinserción ya que no puede poner en práctica lo que especifica la ley.”
Ver al ser humano
Por todo esto creemos que nuestra práctica pastoral en la cárcel tiene que seguir los pasos de Jesús, que más
allá del delito, del pecado, de la enfermedad, veía al “ser humano” que está sufriendo, al ser humano que es Hijo
de Dios y hermano nuestro. Sólo desde el amor y la misericordia se les puede tender una mano a los presos para
que se levanten y recuperen su dignidad, su alegría, la verdadera libertad y su lugar en la sociedad.

Vivir el proyecto de Dios


Queremos cerrar esta reflexión con unos párrafos del mensaje final del Encuentro Nacional de Pastoral
Penitenciaria llevado a cabo en Paraná, en mayo de 2004:
“La pretensión de obtener seguridad por vía del abuso en la pena privativa de libertad y la imputabilidad de
menores despierta nuestra hambre y sed de justicia. No se puede legislar improvisando ni cediendo ante la
presión pública. El Mundo civilizado ha comprobado que al incremento de las medidas represivas ha sucedido,
fatalmente, el incremento de la criminalidad. Las políticas de mano dura nunca resultaron protectivas. Es
necesario un estudio serio de las causas de la criminalidad y no recurrir al facilismo de medidas coyunturales
cargadas de venganza antes que de racionalidad.
“Reclamamos de los legisladores la previa equidad en las políticas económicas, sociales, educativas y
sanitarias. Ponemos especial énfasis en políticas que, antes que reprimir, deben proteger a la niñez y a la
juventud del tráfico de drogas y de armas y de la violencia de los medios de comunicación. Requerimos trabajo
digno para encarcelados y excarcelados para que puedan reinsertarse socialmente. Reclamamos ética en el
manejo de la cosa pública y recordamos con Monseñor Aleman que “los Pueblos siguen a corto plazo el camino
que le trazan sus dirigentes” [Juntos Como Hermanos, nro 4].
“La luz de nuestra esperanza, reforzada por la fe en Cristo Jesús nos da valor e incentivo para seguir adelante
en nuestro esfuerzo y sustentar esta solicitación. Empeñados en dar respuestas urgentes y comprometidas desde
el Evangelio, queremos mostrar al Señor Jesús en los pequeños, los pobres y los débiles. Estamos convencidos
que todos somos hijos de Dios y, por ello, hermanos sin exclusiones.
“Por tanto, proclamamos:
“Que Dios es Jesús. Que Él, y no la Cárcel, es el Camino la Verdad y la Vida para los carcelados. Para
enseñarlo se hizo hombre, hombre carcelado, y dio la Vida por esa Verdad (Cf Fil 2,5 ss).
“Que como familia humana somos responsables de administrar los bienes y cuidar de los más débiles y
pequeños de nuestros hermanos.
“Que por mayor que sea la aberración cometida, el hombre no pierde su dignidad humana y su calidad de
criatura a imagen de Dios.
“Que Jesús vino a humanizar, a servir, a incluir, para que nadie quede excluido, hambriento, sediento,
desnudo, sin techo, enfermo o carcelado sin tener el debido amparo.
“Queremos ser testimonio de esta Verdad: Jesús vino a humanizar las relaciones entre los hombres. La
Unidad y la Reconciliación son posibles cuando nos animamos a compartir la Vida. Este Dios nuestro nos puede
recrear como Pueblo si nos decidimos a vivir su proyecto. Que así sea.”

Equipo de Pastoral Penitenciaria


Departamento de Pastoral Social
-pastoralbariloche@gmail.com
Diócesis de San Carlos de Bariloche