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w w w . m e d i a c i o n e s .

n e t

La aventura epistemológica
de la comunicación
con Jesús Martín-Barbero

Hermann Herlinghaus

Introducción a
Contemporaneidad latinoamericana y análisis cultural
(Iberoamericana/Vervuert, Madrid, 2000)

« (…) el paso de la categoría del lenguaje a un concepto de la


comunicación de masas que es hermenéutico sin ser
ontológico, y sin centrarse en los textos de la alta tradición
occidental. Las "antenas de televisión" en la "choza-favela"
indicarían, a primera vista, una miseria electronizada. Pero la
comunicación no se piensa como mera extensión del lenguaje.
La "heideggeriana morada del ser" dejaba de lado lo que
Martín-Barbero llamaría narratividades socio-existenciales. El
viaje metafórico y la espacialización social de la problemática
del sentido se dirigen contra una universalidad que fundaba la
traducción interpretativa de los comportamientos humanos en
un modelo ontológico del lenguaje. Paralelamente Martín-
Barbero desmonta en relación a lo cultural masivo las visiones
dicotómicas de instrumentalidad y manipulación, orientando
el concepto de comunicación hacia unas narraciones de los
sujetos que están "cargadas de sentido y de historia". »
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En el origen del libro que aquí se presenta hay una vivencia


intelectual y de amistad, iniciada hace un decenio, marcan-
do huellas en mi pensamiento: el encuentro con Jesús
Martín-Barbero.

El origen inmediato de la publicación remite a un evento


en octubre de 1996, cuando Jesús Martín-Barbero visitó los
Centros de Estudios Humanísticos de Berlín para asumir,
en el Centro de Investigación Literaria, un conversatorio
que se extendió por cinco días. Nuestro objetivo común fue
intercambiar ideas y vincular conceptos cuyos nexos, en un
discurso tradicionalmente académico, habrían requerido el
ritual de largas elaboraciones. De ahí deriva el carácter
testimonial de la publicación, que se orienta en un triple
propósito: se propone presentar, comentar o discutir una
visión de los estudios culturales en donde la reproblemati-
zación de la modernidad latinoamericana se vincula a un
enfoque de comprensión de la avanzada globalidad en el
mundo de hoy. Esa perspectiva teórica cultural y filosófica
que trabaja desde varios espacios latinoamericanos –es decir
desde espacios de comunidad, no de unidad–, es articulada
y discutida en el idioma de su enunciador en territorio ale-
mán. Ciertamente, nuestro lugar de encuentro que se
pretende representativo de la idea de una nueva Europa,
siendo una de las ciudades históricamente más heterogé-
neas, debe ser hoy un lugar donde se haga necesario el
descentramiento de jerarquías simbólicas. Ambas premisas
se basan en lo que puede reclamar envergadura de descu-
brimiento: Jesús Martín-Barbero ha articulado una perspec-

La aventura epistemológica de la comunicación…


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tiva de trabajo comparativo que se hace igualmente impor-


tante para los territorios ex-céntricos de donde viene, y para
los debates conceptuales que atraviesan América del Norte
y Europa.

Falta nombrar aquel aspecto que por sí solo ha llegado a


conformar los contornos testimoniales del siguiente conjun-
to de textos y conversatorios. Es el más alusivo en el sentido
de que ayuda a descifrar una narración epistemo1ógica a
partir de un espacio intermedio entre centro y periferia.
Lleva el nombre de Walter Benjamin. Benjamin, que había
percibido tempranamente las señas de un "otro" cultural de
ese siglo XX, y había trabajado los signos de la marginalidad
desde una ciudad como Berlín, es visto por Jesús Martín-
Barbero como compañero de ruta en el empeño de com-
prender la contemporaneidad latino-americana. El repercu-
tir de Walter Benjamin en el pensamiento latinoamericano
de las décadas recientes tal vez encuentre en Martín-
Barbero a su interlocutor más audaz. Es por esto que viajar
a Berlín, y conocer por fin la ciudad de Benjamin, significó
para Jesús Martín-Barbero reencontrarse con quien ya había
mantenido un largo e intenso diálogo.

El diálogo berlinés ha tenido un propósito hermenéutico,


pero se distancia de lo que a partir de Friedrich Schleierma-
cher y Wilhelm Dilthey se ha denominado "la herme-
néutica". El propósito se guía por la sospecha frente a es-
quemas (y deseos) de explicación que han perdido histori-
cidad, articulando un renovado interés en la problemática
de la comprensión. De ahí se motiva la estructura abierta de
la argumentación en todos los textos presentes. Además, la
indagación en una trama latinoamericana de "otra sensibili-
dad hermenéutica" se entiende como esfuerzo concretizador
de una discusión cuyas asignaturas clasificatorias –postmo-
dernidad o, en otro registro, post-colonialidad– tendieron a
sobrepasar a veces las especificidades epistemo1ógicas y

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políticas. En vista de las desigualdades y asimetrías global-


mente administradas, va creciendo el reto de pensar concep-
tos de una hermenéutica de lo global que opera desde los
márgenes.

En lo siguiente trazaremos un primer acercamiento a una


arqueología de la obra de Jesús Martín-Barbero. No preten-
demos resumir la variedad de su proyecto intelectual. Se
trata de contribuir al conocimiento de una perspectiva cuya
libertad frente a las categorías recibidas no deja de dificultar
la empresa de quien lo analiza. Más específicamente, en
nuestro lugar de interrogación se cruzan las siguientes pre-
misas: indagar en la manera suya de historizar conceptos en
torno a cultura y modernidad, buscar discutir nuevas vías
de comprensión intercultural, contribuir a minar un esquema
epistemológico en el que late el paternalismo explicativo
“centro vs. periferia”. Esta premisa va dirigida hacia una
mirada de estudios culturales que se sensibiliza hacia los
puentes –tan necesarios en las humanidades II de la Europa
de hoy– entre un saber explorador, las tareas que necesa-
riamente conciernen al trabajo académico-pedagógico, y
unas propuestas críticas de envergadura público-social. Hay
por supuesto otras acentuaciones importantes de interroga-
ción, por ejemplo, las que ha comentado Rossana Reguillo
desde los intereses de las ciencias sociales (1998, p.80).

En el marco del debate internacional, las propuestas de


Jesús Martín-Barbero albergan una inusitada complejidad,
hecho que no lo hace reconocible como teórico de rápida
difusión. Vale hablar de un pensamiento desplazador de
delimitaciones de campo y expectativas clasificatorias, y fue
Néstor García Canclini quien anotó que su escritura es tal
que no deja de confundir a los bibliotecarios. Martín-Barbe-
ro ha sido, al lado del mismo García Canclini, Beatriz Sar-
lo, Nelly Richard, Carlos Monsiváis, José Joaquín Brunner
y un notable número de otros investigadores, uno de los

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principales arquitectos de una plataforma dialógica en


América Latina desde la cual se agenció en los años ochen-
ta una descolonización de conceptos centrales del pensa-
miento humanístico y socio-cultural. Hay, en particular, un
desplazamiento constitutivo para su horizonte. Se trata de
un proceso conceptual que asume la problemática de la
comunicación como constitutiva de la cultural, y que llega a
comprender la modernidad latinoamericana a través de los
ámbitos exterritorializados por el proyecto letrado –particu-
larmente los de la comunicación masiva–. Y es allí, desde la
perspectivación de una "modernidad massmediática", que
los estudios culturales de hoy siguen enfrentando tareas tan
debatidas como cargadas de inseguridades y miedos. Se
entiende que Martín-Barbero no concibe "comunicación" en
su mera semántica instrumental o determinista. En lugar de
esto, para analizar las experiencias culturales de la comuni-
cación de masas, traza una perspectiva "hermenéutica" que
la misma hermenéutica entre Schleiermacher y Hans-Georg
Gadamer no logró formular. Es por este desequilibrio que
se le conoce como uno de los autores más citados en cien-
cias de la comunicación (Fuentes Navarro, 1998), pero
relativamente poco discutidos en su aporte a la reimagina-
ción de los mapas (pos)modernos de narraciones y memo-
rias heterogéneas. Nuestro empeño es interferir producti-
vamente en ese desequilibrio.

La biografía de Jesús Martín-Barbero habla a su manera


de profundos desplazamientos. Nacido en Las Navas del
Marqués (Ávila), se distanció como joven universitario de
la cuarentena cultural de la España franquista. Recuerda de
su primera formación en filosofía en Madrid un clima autis-
ta, ahistórico. La decisión que lo llevó de Madrid a Bogotá
en 1963, y las experiencias colombianas hasta 1968, iban a
incidir definitivamente en su camino. Fue en Colombia, a la
luz de agudas politizaciones que abarcaron tanto la educa-
ción como la vida cotidiana, y de una latente necesidad de

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cuestionar los discursos académicos desde los conflictos


sociales, agudizada en el debate entre compromiso cristiano
y actitud marxista en torno a los problemas del continente,
donde se cristalizó un fondo de preocupación intelectual. Al
adentrarse en la sociología, la antropología y las escrituras
de los teólogos de la liberación, buscaba una "epistemología
conectante" para poder asir lo que se le imponía como rea-
lidad. Cuando se encaminó nuevamente a Europa, a fin de
doctorarse en sociología, su equipaje de barco de Cartagena
a Barcelona incluiría los siguientes libros: Les mots et les
choses de Foucault, Pour Marx de Althusser y La dialéctica de
lo concreto de Karel Kocik. Esa lectura resultaría apasiona-
damente híbrida, ya que las preocupaciones que sentía eran:

¿Cómo la opresión se hace aceptable? ¿Cómo lo insoportable se


hace vivible? ¿Cómo es posible sonreír entre esta miseria rotunda
y excluyente? De ahí que atravesara una crisis muy gruesa cuan-
do llegué a Europa. Me fui pensando en estudiar sociología...
Pero a los pocos meses me di cuenta de que los interrogantes que
llevaba a cuestas no cabían en esta disciplina; mis preguntas re-
clamaban un espacio mucho más hondo, más amplio...
(Laverde/ Aranguren 1997, p. 148).

Con su bagaje de intensidad, de experiencia social, Jesús


Martín-Barbero comenzó a acercarse nuevamente al campo
de la filosofía y tomaría contacto, en la Universidad de
Lovaina y en París, entre 1968 y 1972, con varios pensado-
res franceses de la envergadura de Paul Ricoeur, Jean
Ladrière y Michel de Certeau.

Su tesis de doctorado (Lovaina, 1972), La palabra y la ac-


ción. Por una dialéctica de la liberación, fue criticada en su
estado inicial por el mismo tutor Ladrière debido a su ambi-
ción, pues se apoyaba en un concepto que combinaba un
pensamiento fenomenológico y hermenéutico de la tradi-
ción europea con enfoques del ideario latinoamericano para
acercarse, con metas de la pedagogía de liberación, al cam-

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po de la comunicación. No era nada común –y hasta hoy


causa sorpresas– un diálogo entre la mirada fenomenológi-
ca y el enfoque comunicacional, en donde la comunicación
masiva en América Latina marca un aspecto radicalizador
para la recepción de la filosofía del lenguaje. Ese diálogo
insólito se haría a su vez productivo y orientador, a partir de
la década del ochenta, para los cambios del pensamiento
cultural en América Latina.

En 1987 Jesús Martín-Barbero publicó el libro en que de-


sarrolla el meollo de su obra: De los medios a las mediaciones.
Comunicación, cultura y hegemonía. En su comienzo, un pá-
rrafo que metaforiza la propia biografía intelectual retorna
el trayecto de conexión de campos diferentes:

Venía yo de la filosofía, y por los caminos del lenguaje, me topé


con la aventura de la comunicación. y de la heideggeriana mora-
da del ser di así con mis huesos en la choza-favela de los
hombres, construida en barro y cañas pero con radiotransistores y
antenas de televisión (p.9).

Aquí las influencias de la hermenéutica fenomenológica


de Ricoeur y la hermenéutica retórica-política de Paulo
Freire, al lado de otras pistas importantes en que se divisan
los nombres de Gramsci, Benjamin, Thompson, Williams,
De Certeau, Muchembled, Ginzburg, Bachtin, Bourdieu y
otros, se verían recuperadas en una perspectiva que concibe
los medios masivos como mediaciones socioculturales. El
párrafo resume lo que está en el fondo de la hibridación
conceptual del libro: el paso de la categoría del lenguaje a
un concepto de la comunicación de masas que es herme-
néutico sin ser ontológico, y sin centrarse en los textos de la
alta tradición occidental. Las "antenas de televisión" en la
"choza-favela" indicarían, a primera vista, una miseria elec-
tronizada. Pero la comunicación no se piensa como mera
extensión del lenguaje. La "heideggeriana morada del ser"
dejaba de lado lo que Martín-Barbero llamaría narrativida-

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des socio-existenciales. El viaje metafórico y la espacia-


lización social de la problemática del sentido se dirigen
contra una universalidad que fundaba la traducción inter-
pretativa de los comportamientos humanos en un modelo
ontológico del lenguaje. Paralelamente Martín-Barbero
desmonta en relación a lo cultural masivo las visiones dico-
tómicas de Instrumentalidad y manipulación, orientando el
concepto de comunicación hacia unas narraciones de los
sujetos que están "cargadas de sentido y de historia" (1998,
p. 19). En vez de ser funcionalización del habla, ni la co-
municación se concibe como el "otro" del habla. A partir de
ahí se da el paso hacia un concepto de modernidad lati-
noamericana como proyecto de comprensión, no de "una
verdad" en el habla, tampoco de grandes relatos alternati-
vos, sino de "unos sentidos comunes" en las prácticas comu-
nicativas con vista al análisis más exacto de la desigualdad
y la heterogeneidad.

En una de sus premisas, Martín-Barbero ha escrito: "el


tema 'comunicación y modernidad' nos concierne de un
modo bien particular a los latinoamericanos, pues lo que en
él se nos plantea no es tanto una cuestión de actualidad sino
la del sentido mismo de la modernidad latinoamericana, o
mejor la trama de modernidad y discontinuidades cultura-
les, de anacronías y utopías que sostiene y resiste, asimila y
enfrenta la comunicación masiva en nuestros pueblos"
(1989/1994, p. 83). La argumentación iba dirigida, no hacia
"una ilusoria identidad salvada del naufragio, burlada al
sistema o no tocada por el imperialismo", sino hacia "las
formas propias de simbolizar los conflictos, las luchas y los
pactos, desde la opacidad de los mestizajes, la desposesión y
las reapropiaciones" (p. 84). El problema de la modernidad
es asumido etnográficamente, y así la "comunicación" mar-
ca una opacidad que hasta desencanta a la "morada del
ser". Designa una asimetría (no un polo opuesto) al para-
digma heideggeriano en la medida en que ayuda a releer, a

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la luz de experiencias ex-céntricas de una "contemporanei-


dad latinoamericana", la crítica a la que Heidegger (1949)
había sometido el humanismo.

Hay en Martín-Barbero una versatilidad para escapar al


dualismo y asumir las paradojas que hace entendible la
problemática de la comunicación como generadora de un
"saber mestizo de dos lógicas: la del conocimiento regulado
por leyes de acumulación y compatibilidad, y la del recono-
cimiento de las diferencias y las verdades culturales" (1989/
1994, p. 83). Tal vez en Martín-Barbero sea menos obvia la
repercusión de una desapercibida vertiente filosófico-
retórica que en el caso de Borges, pero no es menos revela-
dora. Borges refirió en varias ocasiones durante los años
setenta una sentencia de Platón que calificó el libro como
"un sucedáneo de la palabra oral": "Platón [...] dice que los
libros son como las estatuas; parecen ser vivos pero cuando
se les pregunta algo, no saben contestar" (Borges 1996, pp.
267-268/III; p. 166/IV). Ese "saber contestar" es ambiguo,
y puede ser visto también como un rescate del estatus me-
diático del libro –el libro como un medio– donde él figura
como matriz dentro de una práctica más amplia, una prác-
tica oral, comunicacional. De ahí la cercanía hermenéutica-
cultural, tantas veces olvidada en el discurso hegemónico de
la modernidad, de conocimiento y reconocimiento. Esa mirada
alberga muchas implicaciones, entre ellas la idea de la "tea-
tralidad" del saber y de la "narratividad" de las prácticas
identitarias (por ejemplo a partir de Ricoeur), en que pro-
ducción y acumulación de sentidos son acompañadas por
constantes desposesiones y reapropiaciones. En la acepción
de Martín-Barbero, es tal concepto cultural de la comunica-
ción el que abre un horizonte para la comprensión de "la
opacidad de los mestizajes".

Ya no sorprende que Jesús Martín-Barbero se incline a


recolocar en historia los conceptos, empezando con la pers-

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pectivización de lo cultural entre conocimiento y reconoci-


miento, entre filosofía del lenguaje y, en palabras de
Gramsci, filosofía de la práctica. El libro De los medios a las
mediaciones bien puede ser leído como una historia alternati-
va de unas nociones claves en torno a la moder-nidad: lo
masivo y lo popular, y de ahí la noción de los medios. En
América Latina se lo ha llamado un "fresco etno-
historiográfico de masificación de lo popular", una "historia
cultural recompuesta de sus fragmentos" (Protzel, 1998, p.
42). Tematiza, a la luz de experiencias contemporáneas, un
cuestionamiento sui generis de una hegemonía occidental
de ordenar las tensiones históricas entre cultura letrada,
cultura popular y cultura de masas a través de un macro-
proyecto epistemológico e institucional. Aquí se hizo pro-
ductiva la observación de que en América Latina la noción
de "pueblo" ha vivido una entrada anacrónica e intensa en
los procesos contemporáneos, diferente a las realidades en
Europa central, y distinta también de la rápida ecuación
pueblo-masa que se entabló en el siglo XIX en la moderni-
dad cultural de EU. La topografía alternativa de conceptos
fundamentales que traza Martín-Barbero no deja de lado ni
los modelos clásicos de la cultura ni las diferenciaciones
actuales. De Herder a Burke, de Tocqueville a Bell, de
Marx a Williams, la argumentación se afinca en aquellos
problemas que las tradiciones deterministas han expulsado.

Una lectura minuciosa muestra que Martín-Barbero, a


quien siempre le interesó la visión comparativa, discute
desde la América Latina de los ochenta y noventa un subs-
trato conceptual que le es inherente a la tradición herme-
néutica, pero que ella misma ha minimizado: la positiva
ambigüedad que luce el enfoque retórico sobre lo cultural.
Lo hace con vista a una tradición cuyos protagonistas habi-
taban los bordes de las categorías hegemónicas –de Vico y
Herder a Gramsci y Benjamin, y más tarde a De Certeau y
otros–. La revisión de conceptos de procedencia europea

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deja ver la creatividad de detectar huellas que se hicieron


marginales, y hace productivo el hecho de que en los pen-
sadores mencionados no se descartó –como ocurrió en la
línea de Schleiermacher y Dilthey– una noción de cultura
que se basaba en la afinidad conceptual entre retórica y
hermenéutica. Remitiendo a ellos, Martín-Barbero reflexio-
na sobre un concepto de la comprensión en que las categorías
de gusto y saber todavía no se habían apartado, como sucede
con Kant, de la del sentido común. Al hacerlo, dista de con-
vertirse en nostálgico, pero refuta un prejuicio programático
de la modernidad: el que iba a desconectar sistemáticamen-
te (la noción de) la moderna industria cultural de (los
conceptos de) las constituyentes sociohistóricas de comuni-
dad. Así se llega a criticar que por debajo de "sociedad" se
olvidaban las "comunidades": la marginalización de lo que
las categorías de "lo común" indicaban sobre los modos
específicos con que la socialidad operaba las diferencias;
modos que hoy, en vista de una globalidad avanzada, no
dejan de suscitar una interrogación actual. Esta reflexión se
extiende, en un libro posterior (1992), hasta el análisis del
melodrama audiovisual en América Latina. El melodrama
contribuye a configurar una esfera conflictiva de la sociali-
dad, tantas veces subestimada, en que los mecanismos de
reconocimiento marcan en notable medida a aquellos de cono-
cimiento.

Con la universalización del esquema centro-periferia, no-


ciones como la de "sentido común", en su semántica retó-
rica de prácticas socio-comunicativas, se relegaron al mar-
gen de la gran cultura; esto ocurrió –en el sentido de Michel
de Certeau– de una manera parecida al modo en que la
economía de las letras sabía desconectar y deslegitimar la
voz y la palabra hablada, y luego la imagen. Desde ya, el
discurso que legitimó la Modernidad (con mayúscula) como
refundación de la continuidad histórica, institucionalizó
profundas discontinuidades culturales. Por otro lado –y ahí

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se sigue perfilando un mapa latino-americano de des-


centramientos–, los desarrollos de los medios de comunica-
ción en el siglo XX, más que suspender lo tradicional y lo
comunitario, solían redefinirlos y recolocarlos. La semiosis
cultural desencadenada por las tecnologías mediáticas invo-
lucra, desde el cine hasta los juegos electrónicos y el hiper-
texto, tanto elementos de pre-comprensión (el círculo her-
menéutico) como de ruptura. En la relación entre estos
factores, y ante todo en la manera de incidir esa relación en
los imaginarios y las prácticas sociales de la gente, se con-
forma el espesor de lo que Jesús Martín-Barbero ha deno-
minado las mediaciones: "articulaciones entre prácticas de
comunicación y movimientos sociales, a las diferentes tem-
poralidades y la pluralidad de matrices culturales" (1987, p.
203).

Sin mencionar estos prolegómenos sería difícil discernir


en su justa dimensión las consecuencias de la revisión a que
Martín-Barbero ha sometido la categoría de "lo popular".
Había que rescatar, por un lado, desde el debate entre ro-
mánticos e ilustrados, el aporte de la posición romántica en
tanto a "la afirmación de lo popular como espacio de creati-
vidad, de actividad y producción" (p. 18). Por otro lado,
está el cuestionamiento de aquella idea romántica que aso-
cia lo popular con la autenticidad de "lo sin historia", la
cual aparece como "réplica mimética" de su negación ilus-
trada (1989/1994, pp. 92-93). Se trata en este caso de una
reconceptualización que traza un nexo descentrador desde
la ambigüedad romántica a los procesos de tardomoderni-
dad con sus desconocidas paradojas de especialización y
desdelimitación cultural. En este marco, pensar relaciones
asimétricas entre lo popular y lo masivo sirvió a una revi-
sión de la problemática latinoamericana para cuestionar las
metas compactas de sus explicaciones racionalistas, pensar
la identidad como cuestión del "Otro" y para hacer "visible
la potencialidad de creación social contenida en la dinámica

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de la diferencia " (p. 85). La diferencia es ubicada al margen


de los discursos legítimos y discernida en los ámbitos de la
comunicación de masas, es decir, en los mundos de vida de
la gente. Cabe subrayar que con ese desplazamiento no se
trata de un concepto de la diversidad –problematizado tam-
bién por Homi K. Bhabha en otro contexto (1994, p. 34)–,
sino de la diferencia cultural: la diferencia es problematiza-
da (al margen de los discursos, pero) dentro de las
narraciones, dentro de las "identidades narrativas", con lo
cual la "identidad" deviene una categoría autorreflexiva
tanto para individuos como para comunidades. Un popular
descentrado contribuye a romper una "razón dualista" para
vincular Procesos de comunicación y matrices de cultura (1989).
La pregunta por los nexos entre “procesos” y "matrices"
sigue señalando una clave para tematizar las anacronías de
una modernidad que "remite no sólo a los destiempos que
desajustan la hegemonía de la 'flecha del tiempo' en la que
se basa el progreso, sino también a la fuerza que hoy ad-
quiere esa formación residual de la cultura que, según
Raymond Williams (1976), se diferencia de las formaciones
arcaicas por ser lo que del pasado se halla todavía vivo,
irrigando el presente del proceso cultural en su doble
posibilidad: la de su recuperación por la cultura dominante,
pero también la de su capacidad de potenciar la resistencia
y la impugnación" (1998/3, p. 207).

Este pensamiento es impulsado por criterios de problema-


tización e historización que lo insertan en ámbitos donde la
historicidad de la comprensión deviene un problema tran-
disciplinario e intercultural. La historicidad de la com-
prensión –y estamos reformulando radicalmente el término
gadameriano– cobra vigencia no solamente en vista de una
creciente segmentación y multiplicación de los saberes en el
mundo, sino de la necesidad de desprender, de una vez por
todas, las experiencias periféricas de modernidad de las
amarras historicistas y paternalistas. Aquel lastre no deja de

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encontrar todavía expresión en América Latina, como seña-


la Martín-Barbero, por ejemplo en el postulado de que los
países latinoamericanos se han modernizado sin alcanzar la
modernidad. Para analizar el "Otro" de la mo-dernidad
latinoamericana, Martín-Barbero refuerza, con Paul Ri-
coeur, una hermenéutica cuyo objetivo no es encontrar la
verdad que estaría detrás de lo histórico, sino "desplegar el
mundo" al que lo histórico abre. Pero el mundo al que lo
histórico abre, parafraseando sus palabras, "no es tanto el
del conjunto de los objetos manipulables sino el mundo que
constituye el horizonte de nuestra vida" (p. 203).

Los nexos epistemológicos que hemos desarrollado ha-


blan a su manera de cambios "tectónicos" que atravesaron
los países latinoamericanos durante las décadas recientes,
vinculados a la experiencia de verse lanzados los márgenes
a una socialidad global (Ortiz, 1994; García Caclini, 1995).
Las reformulaciones que ha vivido el pensamiento crítico
rinden cuenta de que las categorías de lo que diferencia a
estos países entre sí y del resto del mundo debieron ser
repensadas en todos los niveles. En este re-mapeamiento de
la diferencia, la perspectiva de la "modernidad mass-
mediática" latinoamericana, formulada por Martín-Barbero
en los años ochenta introdujo un criterio historizador clave
para repensar la alteridad. Este empeño tuvo su hondo
criterio moral precisamente por minar ideologías identita-
rias inoperantes, por el esfuerzo hacia otro tipo de intelectua-
lidad compartida. Y lo sigue teniendo al asumir, a la luz de
las experiencias de los noventa, una desvinculación crecien-
te entre lo comunitario y lo societal en términos de
subjetividad –vinculada en nuestro autor hoy a una visión
más escéptica frente al "arte de actuar" en las prácticas po-
pulares–. Sin embargo, la diferencia que por ahí pasa no se
declara vencida en los tiempos actuales. Está ligada a los
acelerados cambios de los horizontes perceptivos de colecti-
vidades cuyos lazos e imaginarios quedan por descifrar, al

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desorden cultural, a las complicidades, códigos y fascina-


ciones de otras socialidades. En los nuevos espacios de
"repetición y diferencia" que los ritmos y rutinas cotidianas
abren –y Deleuze (1968) había terminado en otro punto–,
en las relaciones entre imaginación y prácticas, entre fanta-
sías-fantasmas y tecnología, no dejan de articularse
"indigencias otras" que por su aparente normalidad son
difíciles de reconocer.

El pensamiento y las actividades de Jesús Martín-Barbero


durante la ardua década de los noventa ofrecen pistas –aún
poco conocidas– acerca de sus modos de reflexionar sobre
el camino de la diáspora del pensamiento crítico, sobre las
nuevas topografías de la cultura juvenil y los retos de la
educación en el fin del siglo, y sobre los desafíos hermenéu-
tico-culturales que plantean las nuevas tecnologías de la
comunicación. Su próximo libro de análisis, que está por
publicarse, se titulará Des-centramientos culturales. Una agenda
de comunicación con el nuevo siglo.

Jesús Martín-Barbero es uno de esos personajes que ha


preferido moverse entre el espacio académico y otros espa-
cios intelectuales, más abiertos a la precariedad de los tiem-
pos. Hay diversas esferas que conectan su actividad y su
compromiso con proyectos de educación y análisis a nivel
latinoamericano, y a la vez con políticas culturales a nivel
de ciudadanía en Colombia, por no hablar de su responsabi-
lidad en organizaciones transnacionales de investigación
social y comunicacional. Hace poco ha recordado una frase
de Paolo Flores d'Arcais de 1995 que dice: "Debemos libe-
rarnos de la indecente equidistancia entre la hipocresía
democrática y la coherencia totalitaria, pues ambas viven de
la obsesión centrista" (1998/3, p. 205). Cabe dejar constan-
cia del hecho de que, si Martín-Barbero desconfía de una
crítica cultural que escenifica su nostalgia hacia residuos
estratégicos de representación supuestamente no contami-

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nados, él mismo ha optado por un camino en que el descen-


tramiento de la autoridad intelectual le ha tocado como
condición de vida del intelectual periférico. De esto se sirve
su interés intercultural por las fisuras y desajustes que hoy
lucen las dinámicas globales para refutar la tentación de
"refundar" patéticamente la empresa de la crítica. Tal tenta-
ción, como se observa en varios lugares de la academia, se
puede hacer grande nuevamente: la globalización aparenta
vestirse de un espíritu-máquina-universal en escenarios
posthegelianos, instalando los principios de unidad, identi-
dad y totalidad ahora en el histórico revés del discurso
moderno. Parece generalizar principios como los de eficacia
y competencia sobre la base de saberes especializados, ex-
plicativos, que tienden a volver obsoletos los saberes crí-
ticamente interpretativos. Pero entre las viejas lógicas (la
"razón dualista") y las nuevas logísticas (las re-territorializa-
ciones con que mercado y finanzas organizan el mundo) se
ha abierto un enorme déficit conceptual. Con esto indica-
mos la necesidad de plantear el reto de una hermenéutica de
lo global, reto asumido por Jesús Martín-Barbero.

Los textos reunidos en esta publicación, divididos en ex-


posiciones y conversaciones, remiten a las premisas que
acabamos de esbozar. La compleja figuración teórica y los
cambios en la reflexión de estas premisas recién hablan del
conjunto de libros y ensayos de Martín-Barbero, conjunto
del que deja constancia la primera parte de la bibliografía.
El ensayo inicial Mis encuentros con Walter Benjamin familia-
riza al lector con las sorpresas de un diálogo que dista de
caber en lo que los hermeneutas tradicionales llaman "fu-
sión de horizontes". Resalta aquel insólito encuentro en que
el intelectual latinoamericano rinde su propio testimonio de
la manera benjaminiana de no pensar desde un lugar fijo:

Exilado de su espacio, y en cierta manera de su tiempo, el pen-


samiento crítico sólo puede otear y dibujar futuro abandonando

La aventura epistemológica de la comunicación…


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las seguridades en que se resguardaba y volviéndose nómada,


aceptando el camino de la diáspora.

Y es el camino que ha andado Martín-Barbero, el que


hace descubrir en su diáspora intelectual por el mundo no
solamente la precariedad, sino una peculiar trama de me-
moria histórica que lleva a un pensamiento nómada a
reflexionar desde la des-identidad territorial e institucional.
En este mismo tono reflexionará Monika Walter en su
epílogo, trazando pistas de historización comparativa de
unos ámbitos y experiencias de pensamiento bien diferen-
tes: Regreso de Walter Benjamin a los tiempos del Sur. Los tres
textos que conforman la primera parte del libro se basan en
respectivas ponencias. En La crisis del hermeneuta o perspecti-
vas transdisciplinares de la modernidad, Martín-Barbero asume
un hondo descentramiento que, en vez de despedir el con-
cepto de la comprensión, lo reformula con vista a los
secretos nexos entre modernidad latinoamericana y "orali-
dad audiovisual". Esa mirada sobre el carácter heterogéneo
de las "escrituras modernas", etnográfica sui generis, se
retorna en Modernidad y medios masivos en América Latina.
Perspectivas comunicativas del análisis cultural, para llegar a dar
cuenta de las transformaciones del sensorium en condiciones
periféricas de la avanzada globalidad.

El ensayo Modernidades y des-tiempos latinoamericanos, ya


publicado en una versión más extensa en la revista Nómadas
No. 8 (Bogotá, 1998), confiere una visión del respectivo
debate latinoamericano (y más concretamente colombiano)
sin dejarse fascinar por la dicotomía modemidad-postmo-
dernidad, indagando en "realidades de diferencia" en que lo
posmoderno indica menos un problema de estilo y estética
que de cultura y política. Las conversaciones que confor-
man la segunda parte del libro intentan dimensionar, y
también contrastar, las ideas expuestas anteriormente. Al
mismo tiempo indagan en los horizontes que se cristalizan

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desde libros y posiciones diversas de Martín-Barbero. Des-


ubicaciones de lo popular rinde cuenta de un desencanto que
acompaña hoy esa categoría, sin dejar de pensarla en espa-
cios intermedios, por ejemplo entre ciencias sociales y lo
que se denominaría –heurísticamente– una "hermenéutica
cultural". Pensar desde los márgenes, nombrar desajustes de deba-
te tiene como denominador común los cambios que ha
vivido la imagen de América Latina en Europa y los meca-
nismos de reterritorialización académica de nuevos saberes
ex-céntricos. Itinerarios biográficos, caminos del pensar, modos de
leer trata de personajes y textos que han enriquecido el ca-
mino de Martín-Barbero, "vivencias conceptuales" que se
han inscrito en su trayectoria desde la filosofía a las ciencias
de la comunicación y, atravesando campos y fronteras, a la
filosofía nuevamente. La carta Pensar, imaginar, narrar la
comunicación indica, a manera de recuerdo personal, el vigor
que ha adquirido el campo de la comunicación como catali-
zador de un proyecto latinoamericano de estudios culturales
a partir de los años ochenta. Es ahí que Jesús Martín-
Barbero nombra un estímulo de "establecer comunidad"
transnacionalmente; impulso que ha contribuido, si recu-
rrimos al término de "la estratificación de los márgenes"
(Richard, 1989), a tejer nexos nuevos entre investigadores
cuyo trabajo ha abarcado, desde las ciencias sociales a las
humanidades y viceversa, estrategias y escenarios distintos.

Con esto llegamos a dejar constancia del aspecto libidinal


que estaba latente en el interés dialógico de los interlocuto-
res berlineses: el deseo de hacerse partícipes, o al menos
rendir testimonio de una sensibilidad compartida, que ha
atravesado y hecho posible y necesario, a lo largo de casi
dos décadas, el trabajo de Jesús Martín-Barbero. Javier
Protzel, aludiendo a las/los colegas latinoamericanos en
cuya comunidad intelectual Martín-Barbero se reconoce
(para también desconocerse), lo ha dicho de la siguiente
manera:

La aventura epistemológica de la comunicación…


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Quizá el término de comunidad resulte exagerado, pero el desa-


rrollo de un común ánimo intelectual con predilección por
caracterizar a la comunicación como dimensión mediadora de la
cultura es un hecho latinoamericano que nos agrupa. En suma,
además de hacerse posible por nuestra hibridada historia cultural,
se hace explícito al catalizarse en la alquimia de investigadores
como Martín-Barbero (1998, p. 40).

Ese hecho latinoamericano tiene poco que ver con con-


ceptos de latinoamericanicidad representativa, y mucho con
un proyecto, o mejor, con un mapa cambiante de proyectos,
de estudios culturales compartidos por el esfuerzo de la
comprensión de sociedades, que están dejando atrás los
modelos de explicación hegemónica. Esa comprensión
implica políticas de mediación entre saberes especializados
y aquellas experiencias sociales de vida que el canon aca-
démico menosprecia. Aquí se hace manifiesta una im-
portante y a veces olvidada esfera que permite reconocer a
numerosos teóricos y teóricas de la comunicación como
actores de educación y trabajo comunitario en los márgenes
de las instituciones centrales, buscando redefinir el trabajo
de la academia (ver Educación y ciudadanía, 1998). En resu-
men, el "futuro de los estudios culturales" que Raymond
Williams no dejara de precisar bajo las duras condiciones
de los años ochenta (1989, p. 151), encuentra hoy uno de
sus escenarios dinámicos en los nuevos y heterogéneos
estudios latinoamericanos de la comunicación.

Latinoamérica es para Martín-Barbero un lugar diferen-


cial ubicado entre España, país de nacimiento, y Colombia,
donde reside. él comenta que no dejó de ser español para
hacerse colombiano: “soy latinoamericano”. Esa ubicación
indica un mapa en que la teoría es asumida como agudiza-
ción de una conciencia de la práctica, es decir un mapa
abierto hacia la realidad que lo desborda; un lugar donde su
trabajo intelectual cobra la más alta y por qué no decir dolo-

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rosa tensión: entre un estar desgarrado por las experiencias


socio-humanas y políticas en el continente, y un continuo
esfuerzo de escapar a la costumbre de domesticación y
banalización académicas. Es aquel esfuerzo hermenéutico
que articula el comprender al vivir, que busca comprender a
los otros y a sí mismo “de otra manera”.

Berlín/Strausberg, septiembre de 1999.

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