Opinión

Argentina

Los planes de alfabetización y el voluntarismo de Estado
Por: Mauro Emiliozzi (Fecha publicación:25/07/2006) Varios son los análisis que seguramente se harán a partir de la histórica reunión cumbre del MERCOSUR realizada en Córdoba el 20 y 21 de julio, y de la que participaron como figuras estelares los presidentes de Cuba, Bolivia y Venezuela, éste último integrado ya como miembro pleno del cónclave. Sin embargo, uno de los discursos a analizar resulta de vital importancia, no sólo a la hora de interpretar las posibilidades a futuro de una verdadera integración latinoamericana, sino en lo que respecta a la política interior de los gobiernos que participaron de la cumbre. En ese sentido, la disertación más emblemática resultó -junto con el de Fidel Castro- la de Hugo Chávez quien con su habitual carisma contrastó con la mesura del resto de los miembros del bloque. El otro extremo en ese sentido lo fijó la representante chilena, única mandataria que leyó su discurso, esquemático hasta el hartazgo, carente de contenido y de verdaderas iniciativas. El presidente venezolano planteó con claridad la necesidad y posibilidades de una integración a nivel social, es decir, una integración de los pueblos americanos. El MERCOSUR original fue planteado en los ’90 como un espacio donde los gobiernos actuarían como intermediarios de las empresas con intereses en la región, para equilibrar asimetrías y elevar propuestas de intercambio que en el mejor de los casos beneficiarían a los pueblos de manera más que indirecta. Chávez -a contrapelo de esto- mencionó en su discurso un ejemplo contundente en lo que respecta a la integración social que necesitan nuestros pueblos: la lucha contra el analfabetismo. En Venezuela 1.250.000 personas fueron alfabetizadas en poco tiempo con el programa cubano “Yo sí puedo”, dejando en evidencia que cuando existe voluntad política, las soluciones están mucho más cerca de lo que imaginamos. ¿Que es lo que sucede al respecto en nuestro país? La respuesta es poco alentadora. Desde el gobierno nacional se lanzó en 2004 un plan de alfabetización con un objetivo tan modesto como factible: llegar apenas a poco menos del 15 % de los analfabetos en el país (unas 100.000 personas). Pasados ya dos años, no hay resultados significativos a la vista.

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En la provincia de Santa Fe también se implementa desde el Estado provincial el mencionado programa “Yo sí puedo”, acompañado de un importante despliegue publicitario. Comparar los resultados obtenidos con los de Cuba o Venezuela nos vuelve a desalentar. Como dato emblemático, Adriana Cantero -ministra de Educación de la provinciareconoció públicamente en abril de este año que el índice de analfabetismo había crecido...

La cuestión educativa fue desde siempre -entre otras cosas- un puente entre las clases medias y los sectores populares. Tanto las organizaciones políticas y sociales de los años ’70 como las que crecieron al calor de la resistencia en los ’90 tomaron como eje esta cuestión, realizando notables experiencias, vinculando el ámbito universitario con el barrial y mostrando que era posible construir un modelo de integración social basado en la solidaridad y el compromiso. Estas experiencias fueron motorizadas fundamentalmente por el voluntarismo de una militancia que creía fervientemente en lo que hacía, y que tenía como horizonte -aún desde diversas posturas ideológicas- la construcción de un proyecto de país distinto al imperante.
La militancia social y política volcada a participar de los actuales proyectos gubernamentales ha quedado presa de una contradicción irresoluble. El voluntarismo desplegado en este marco no se constituye en ejemplo, porque dicho marco es el Estado. Tal práctica social no se realiza en función de la construcción de una necesaria utopía social, sino como política de Estado, lo cual -a partir de los exiguos resultados- la vuelve estéril y la diluye en la realidad efectiva, donde contrasta con las necesidades que quedan sin resolver. El Proyecto Nacional se manifiesta como incierto. El ya lejano boicot a las petroleras no fue una medida tomada en el camino de la recuperación de nuestros recursos energéticos. Tampoco el cierre a las exportaciones de las carnes fue pensada en el marco de una reforma agraria, o tan siquiera de apoyo a los pequeños productores. Todo esto no es más que la puesta en escena del verdadero objetivo del gobierno: mantener el complejo equilibrio entre su rol de garante del status de estos sectores económicos y el necesario sostenimiento de los precios de productos sensibles para la población como el combustible o la carne. El objetivo es por demás limitado: contener la inflación para no dilapidar la actual estabilidad política. Este aspecto de la política educativa que mencionamos no está al margen de esta operatoria, con el agregado de haber neutralizado a buena parte 2

de la militancia popular, entrampada en las redes de una burocracia estatal que no da muestras de haber renovado sus atrofiadas estructuras.

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