Carta

de

opinion

¿En qué está la autodefensa de masas?

Instituto de Estudios MAIZ | Agosto | nº 3

Carlos Gutierrez

¿En qué está la autodefensa de masas?
Carlos Gutierrez*
La irrupción de una vasta, prolongada y masiva movilización social ha traído de vuelta una vieja discusión sobre la estrategia, la violencia y la represión institucional de que son objeto y los desbordes delictuales que se producen. Es indesmentible que la movilización social es una de las formas de la democracia participativa, es un vehículo instrumental por el cual la gente manifiesta su disconformidad, parecer, reivindicación, proposición, etc., particularmente ante la ausencia de mecanismos explícitos, vinculantes, recurrentes y expeditos como pueden ser los plebiscitos, la iniciativa legislativa popular, las demandas colectivas, y otras tantas formas locales y regionales, que a su vez reflejan un vacío aún mayor en la inexistencia de instituciones independientes y autónomas del gobierno para la fiscalización de los organismos públicos y particularmente las policiales, como por ejemplo ocurre en países de democracias más consolidadas. Solo para citar un ejemplo, en Inglaterra existe la Comisión Independiente de Quejas de la Policía que fue la que demostró, a través de pericias balísticas, que la muerte de Mark Duggan fue producto de balas policiales y que no existió el enfrentamiento que ellos declararon(1). Fue esta violencia policial la que detonó la revuelta urbana, que indudablemente tiene explicaciones sico-sociológicas de mayor profundidad. Son las movilizaciones sociales la que visibilizan ante la élite gobernante las diferencias, injusticias y segregación de las políticas públicas, pues es evidente que cuando ellas están ausentes, los gobernantes y legisladores transcurren en verdaderos oasis de una realidad edulcorada. Así ha sido con la movilización de los colectiveros por el alza de combustibles; de los portuarios por una agenda pro competitividad lesiva para sus intereses; de los trabajadores del cobre para que se les haga partícipe de las altas ganancias de las empresas mineras; de los deudores de La Polar por los cobros abusivos y unilaterales de sus créditos de consumo; de las minorías sexuales por sus derechos igualitarios; de las nanas que se quejan de la ineficiencia del transporte público de superficie y por supuesto de los estudiantes y profesores
1 Diario El País, 9 de agosto 2011.

por un nuevo sistema de educación general que esté acorde a las necesidades de las personas y fundamentadas en la concepción de un derecho básico que debe ser asegurado por el Estado. Nadie puede negar que sin estas manifestaciones populares, estos problemas planteados no estarían en la agenda gubernamental ni parlamentaria. Las formas que adquieran estas expresiones sociales también son parte de la variedad del proceso, ya que pueden ir desde las más espontáneas producto de la indignación del momento, hasta las más organizadas y sofisticadas como han sido la del movimiento por la educación. En todas ellas sí está presente el denominador común de la alteración de lo establecido, particularmente de la reificación del orden público por parte de los agentes estatales, para lo cual se dispone de un conjunto de operaciones, desde los discursivos hasta los represivos. En un gobierno de matriz conservadora, la mantención del orden público que se expresa sustancialmente en la transitabilidad de las vías y la absoluta canalización institucional de las reivindicaciones sociales, son piedras angulares de su arquitectura ideológica y política. Por ello va a chocar permanentemente con la expresión popular que busca su visibilidad en el copamiento de los espacios públicos y en los cuestionamientos a los mecanismos burocráticos del poder que no han sido capaces de acoger sus demandas ni resolver los nudos estructurales de los problemas planteados. A esto debemos sumar que frente al escalamiento de la conflictividad social, el gobierno busca mecanismos cada vez más represivos basados en la fuerza pura y usa tácticas de desgaste, criminalización, desperfilamiento de los líderes, operaciones de inteligencia y manejo de los medios de comunicación de masas. Todos estos factores ya están en pleno curso y los podemos apreciar en los discursos comunicacionales, el protagonismo mediático del lumpen, la infiltración de carabineros en las marchas, las decisiones tácticas del uso de la fuerza en determinados momentos, el manejo y uso de la fuerza por sobre decisiones de prevención y disuasión y el tipo de copamiento del teatro de operaciones. Para hacer frente a esto, por lo general el movimiento de masas solo dispone de la concentración de fuerzas, es decir de la masividad en su convocatoria como el soporte material de su factibilidad y legitimidad, pero tiene ausencias de otros elementos muy importantes que le faciliten y hagan posible su despliegue, y en ese marco es pertinente preguntarse en qué está la autodefensa de masas, como un mecanismo que revierta y obstaculice el accionar y la dinámica represiva. La actual existencia de tecnologías de comunicación masivas debiera ser un factor positivo para la organización y movilización social -como ya ha sido demostrada en la fase de convocatoria- así como la experiencia acumulada de luchas sociales por parte de actores políticos y sociales. La existencia de los mecanismos e instituciones clásicas y formales de la democracia nos debe llevar a un nuevo debate sobre las características que debiera asumir la concepción de autodefensa de masas, que facilite y proteja el derecho inalienable de la expresión pública ante los embates represivos y distorsionadores del objetivo principal. Los acontecimientos de los últimos meses ayudan a orientar por lo menos un debate en los siguientes aspectos:

a) La organización: es una piedra fundamental del andamiaje social, y en el caso de las movilizaciones adquiere aún mayor notoriedad, a pesar de las dificultades propias de la alta masividad de éstas. Su espectro de importancia es muy alto, puesto que es vital para asegurar la convocatoria, pero también opera en la conducción callejera, la orientación de masas, la defensa, la denuncia de agentes extraños, etc.. Por esto, una dirección de esfuerzo tiene que ver con que las organizaciones sociales participantes acudan organizadas y enlazadas, a nivel de grupo, curso, gremio, amigos, etc.. b) La protección de los dirigentes: al igual que los conductores estratégicos, los dirigentes visibles y legitimados en la lucha social deben ser cuidados y protegidos puesto que son fundamentales para la conducción del proceso. Desde el aseguramiento físico hasta el síquico y político, puesto que estarán expuestos a mucho desgaste y presión continua, en un marco de permanente toma de decisiones y exposición de su persona. Para esto es imperioso asegurarle un eficiente, inteligente, multidisciplinario y coordinado equipo de apoyo. c) La protección de la columna: uno de los éxitos visibles más ejemplares de la movilización social es la realización de la marcha callejera, para lo cual se requiere de múltiples factores, partiendo por la masividad, la organización, el papel de los líderes de calle, y la preocupación por la cabecera y retaguardia de la columna, siendo siempre ésta la más complicada, para lo cual es ideal asignarle a un gremio u organización social importante y compacto para que se haga cargo de ella. d) Las comunicaciones en terreno: hoy son múltiples los instrumentos de comunicación masivos y que están disponibles para todas las personas (el iphone, el celular, el netbook, etc.), por lo cual es bastante más sencillo mantener las comunicaciones abiertas entre los dirigentes, los líderes de calle, la vanguardia y retaguardia de la columna, la conexión con un equipo de apoyo externo, la relación en tiempo real con los medios de comunicación, etc., que facilita el trabajo de coordinación, defensa y denuncia. e) El conocimiento del teatro de operaciones: la movilización social en el uso de la calle requiere por parte de sus organizaciones de un conocimiento adelantado y profundo, para actuar con vías alternativas, localización de lugares claves, facilitadores y obstaculizadores de la marcha, puntos de apoyo, lugares de protección, etc.. f) La contrainteligencia social: las actuales expresiones sociales están siendo vigiladas e infiltradas por organismos policiales, que son ocupadas para obtener información, generar operaciones de inteligencia y operaciones encubiertas, entre ellas las de provocación y desorden callejero. Por lo tanto, es una necesidad que las organizaciones sociales descubran y denuncien estos agentes y operaciones, para lo cual una vez más es fundamental la organización y la masividad en la alerta, que permita que cada persona apoyado por los medios de comunicación móvil registre, guarde y después entregue a las organizaciones sociales el material sobre estos provocadores y los hechos de represión policial. Los últimos ejemplos de la detección del carabinero infiltrado en la marcha de Valparaíso, el lanzamiento de lacrimógenas desde el aire, el uso abusivo de la fuerza, son ejemplos muy valiosos del potencial que tiene cada persona como un ente activo de la movilización.

g) La protección externa: en el uso de todos los medios legales para el derecho de la manifestación social, es importante la protección jurídica que pueda otorgar un equipo de abogados que esté constituido el día de la movilización social, en un lugar público, de fácil acceso y reconocido, preparado para la defensa ante detenciones ilegales, el uso de la fuerza excesiva, el amedrentamiento, la constatación de lesiones, las denuncias de agentes encubiertos, el maltrato en los cuarteles, etc.. h) La preparación logística personal: el punto fuerte de la represión policial para producir la ruptura de la columna y movilización es el uso de gases lacrimógenos y chorros de agua, frente a la cual la gente indefensa no puede oponer resistencia. Por lo tanto es necesaria su preparación logística que debe contemplar un set básico de inhibidores de los efectos de gases, toallas de papel humedecidas, ropa resistente al agua, y otros insumos acordes a las necesidades y características personales. Por último hay otros dos factores de relevancia en la conducción estratégica de la lucha social y que le corresponde organizar y dirigir al movimiento social, que dicen relación con la claridad de objetivos y la influencia moral del movimiento y sus dirigentes, puesto que estos factores te asegurarán la armonía de intereses con el pueblo que estará dispuesto a movilizarse. Y la otra es la relativa a la división del oponente, hoy más factible que nunca es que el bloque conservador se agriete por sus diferencias e intereses, cuestión que hay que profundizar al máximo. Un principio fundamental para el éxito del movimiento social es el que dice relación con la diferencia y comprensión de los conceptos de “fuerza normal” y “fuerza extraordinaria” que según Sun Tzu se emplea el primero para trabar el combate y el segundo para obtener la victoria(2). Hoy cuando la fuerza normal está concentrada en el movimiento estudiantil y está en el vértice de la disputa con el modelo, se requiere de aportar la fuerza extraordinaria, aquella que provendrá de la ampliación socio-política para ponerse en la dirección del esfuerzo principal. Una enseñanza digna de volver a ser analizada.

* Licenciado en Historia, Diplomado en Inteligencia Estratégica, Magíster en Ciencias Militares. Coordinador del Instituto de Estudios MAIZ

2 Sun Tzu: El arte de la Guerra. Ediciones EDAF, España, 2009.

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