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Autocontemplación

Febrero - Julio de 2006

Museo de Historia, Antropología y Arte


Universidad de Puerto Rico
Recinto de Río Piedras
El Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico vuelve a provocarnos
con una nueva exposición: Autocontemplación. Las cuarenta y cuatro pinturas de artistas puertorriqueños y
extranjeros que realizaron una obra extensa en Puerto Rico constituyen una exploración maravillosa del
autorretrato en nuestro contexto.
La representación que hacen de sí mismos estos pintores, varía de acuerdo a las preguntas que
guían su creación: ¿cómo me veo y cómo me ven? ¿cómo y quién soy? ¿cómo me siento y qué lugar ocupo
en este mundo? Por eso la representación va desde la mimesis hasta el simbolismo, pasando por la
caricatura, la abstracción y la estilización. La mirada sobre sí mismo que define el autorretrato adquiere, en
esta exposición, plasmaciones múltiples que bucean en el subconsciente, se yerguen como postura
ideológica o artística, correlacionan al artista con su hábitat o lo aíslan del mismo, encerrándolo en el lienzo
como evidencia icónica de su individualidad. Y quizás al final resulte que la autocontemplación es también
una mirada sobre nosotros mismos como espejo cóncavo que refleja nuestras contradictorias
complejidades.
Esta exposición cumple además con la finalidad artística y académica del Museo de la Universidad
pues deleita y a la par nos hace reflexionar sobre la función del arte y los pintores en esta realidad de
principios del tercer milenio. Autocontemplémonos a partir de lo que fuimos y somos, de cara a lo que
seremos. El Museo nos convoca y nos provoca con esta magnífica exposición.

José Luis Ramos Escobar, Ph.D.


Decano
Facultad de Humanidades
Hoy, el Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río
Piedras, se enorgullece al presentar la exposición Autocontemplación, con el propósito de ofrecer un
panorama del autorretrato que cuarenta y cuatro artistas realizaron en el transcurso de los siglos XIX al
XXI. Es nuestro objetivo enfrentar a los visitantes al placer estético, invitarlos a hacer crítica de la obra y
conducirlos a una revaloración del tema. Algunas obras de las aquí presentadas apenas se conocen; otras
han sido expuestas en numerosas ocasiones.

El tema del autorretrato siempre nos interesó. Sin embargo, no abundan estudios teóricos sobre el
tema. Tampoco existe en el mercado de arte mucha demanda o interés por éste dada su condición de arte
restringido al círculo de la expresión personal del artista y, por tanto, muy sui generis. Generalmente, el
interés por su adquisición surge cuando el artista muere. En Puerto Rico, se han presentado anteriormente
varias exposiciones que incluyeron el tema del retrato y el autorretrato. Dos de ellas fueron organizadas por
el artista Domingo García: la primera en abril de 1960, en la Galería Campeche; y la segunda, en 1989, en
la Galería Latinoamericana; ambas en San Juan. El Instituto de Cultura Puertorriqueña presentó una
exposición con el tema en octubre de 1965. Además, en 1993 la Asociación de Mujeres Artistas de Puerto
Rico presentó la muestra: Nuestro Autorretrato. La mujer artista y la autoimagen en un contexto
multicultural. Como vemos, la bibliografía no es extensa.

Para esta muestra seleccionamos obras realizadas en el medio de la pintura, para darle mayor
unidad, y porque el espacio físico de la Sala de Exposiciones, en este momento, no nos permite un escogido
amplio que abarque otros medios como el grabado, el dibujo, la fotografía, la escultura y la instalación,
entre otros. Se escogieron autorretratos tradicionales, otros simbólicos, testimoniales, metafóricos y otros
que no necesariamente presentan los rasgos del artista. Algunos captan las emociones y cambios de
expresión, otros plasman cambios físicos y psicológicos, y otros reflejan la historia del artista. Sin embargo,
fueron muchas las pinturas que no pudimos incluir. Para aquellos interesados, conservamos en nuestro
Centro de Documentación una lista de los autorretratos que se presentaron, a partir de 1930, en las
exposiciones organizadas en Puerto Rico. (Recopilación de Rafael Rodríguez, estudiante voluntario).

El autorretrato es una variante del retrato, en donde el artista dirige la mirada sobre sí mismo. Sin
embargo, según nos consta en sus comentarios, cada artista se autorretrata o se autocontempla por
diferentes razones: “para plasmar mi sentir y pensar sobre la realidad de cierto momento histórico y
existencial” (Colón Guzmán); “para confesar y brindar al público la vulnerabilidad íntima de mí mismo”
(Fonseca Vázquez); “para descubrir algo más acerca de mi propia identidad, de mi existencia
psicobiológica” (García Dávila); “para la experimentación formal” (Lind Ramos); “para conocerse mejor,
reflexionar, plasmar un sentir interno, hacer concreto un estado de ánimo” (Marichal Lugo); “para dar
testimonio visual del paso del tiempo por la propia imagen” (Martorell Cardona); “para dejar huellas”
(Millán Alvarez); “para presentar la esencia de una persona” (O’Neill Becerra); “como ejercicio retador,
experiencia emocional y un poco de vanidad” (Ortiz Meléndez); “para perpetuarnos después de la muerte,
para afirmarse en la jerarquía social o espiritual, o simplemente, “como estudio anatómico del rostro”
(Trelles Sosa); “por la proximidad y facilidad con el modelo, que soy yo mismo” (Rosado del Valle).
Exhortamos al público en general a observar con detenimiento cada uno de estos rostros que nos
miran insistentemente y expresan una gama de emociones y sentimientos para que nosotros, los
espectadores, podamos contemplar su yo interior y nos hagamos partícipes de su mundo.

Flavia Marichal Lugo


Directora/Curadora
¡Conócete!
Dando comienzo a la filosofía moral en Occidente, Sócrates emprendió su carrera hacia el
autoconocimiento inspirado en la famosa máxima délfica “Conócete a ti mismo”. En el proceso descubrió
lo inimaginable: el hombre más sabio de su época sólo sabía que no sabía nada. Con extremada humildad,
cifró la sabiduría en la capacidad para aquilatar la extensión de las propias limitaciones y de la inmensidad
del conocimiento aún por adquirir. Para los universitarios esa máxima délfica también define lo que es la
Universidad: un lugar para sembrar y cosechar los frutos del autoconocimiento; del diálogo entre el “quién
soy yo” y el “quiénes son los demás”; del entrecruce entre el yo y los otros, sin el cual no es posible la vida
en sociedad.
Producto de una modernidad preocupada por la subjetividad, el autorretrato no es tan antiguo
como la filosofía délfica, pero, como expresión de una búsqueda fundacional, sigue siendo igual de
contundente. Así lo han asumido, con sus propuestas diversas, algunos de los más notables artistas de
Puerto Rico, y del extranjero, de los últimos 100 años. Reunidos en esta inigualable exposición,
Autocontemplación, asumen la función esclarecedora de un diálogo que oscila esta vez entre el “cómo me
veo” y el “cómo me ven” e, inescapablemente, abrigan la esperanza de que lo que somos se encuentra
visible, a flor de piel. O, en todo caso, a flor del lienzo o del papel.
Para el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, y para nuestro Museo de
Historia, Antropología y Arte, es un orgullo comenzar este año con esta múltiple y compleja invitación a
los universitarios, y al público en general, a conocernos a nosotros mismos. Las 44 piezas que componen
esta exposición nos demuestran que la propuesta del autoconocimiento tiene múltiples modos de ser y que
su contemplación es tan diversa como los invididuos que aspiramos a penetrar ese yo elusivo y, quizás,
inexpresable.

Gladys Escalona de Motta, Ph.D.


Rectora
Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico
I. Autorretrato: breve apunte sobre sus orígenes e infinitas variaciones.

Corría el año de 1900 y el joven Pablo Picasso firmaba, no una, sino tres veces, Yo, el rey, en un
pequeño autorretrato; ese mismo año, entre los pequeños retratos que exhibiera en el café Els Quatre Gats, en
Barcelona, uno llevaba el título de Yo, pero la imagen de factura tenebrista se parecía más a un joven Beethoven
que al genio en ciernes que debutaba, ya, como genial caricaturista y competente retratista. En el catálogo de la
exhibición Picasso and Portraiture (1996), el entonces Director de Pintura y Escultura del Museo de Arte
Moderno de Nueva York, Kirk Varnedoe, en su brillante ensayo sobre los autorretratos de Picasso, comentaba
que el artista todavía estaba reacio a dirigir sus precoces habilidades como caricaturista sobre su semblanza, a
modo de caracterización (lo que sí había hecho con amigos y conocidos). Picasso no había decidido la manera
en que proyectaría la imagen propia al escrutinio del mundo de las artes. No tardaría mucho en develar dos
obras maestras con las que daba inicio al asunto. En ellas señalaba parámetros de lo que a lo largo de su vida

sería un avatar de in•cal•cu•la•ble invención plástica y conceptual: su autorretrato. Los inconfundibles

rasgos realistas, y las infinitas metáforas artísticas, sicológicas y autobiográficas, que este género exigía para ser
una obra maestra, y no una mera semblanza, fue algo que comprendió, cuando apenas había cumplido la
mayoría de edad. Dos obras de 1901 -Yo Picasso, hoy en una colección privada (de marcada aproximación al
fauvismo), y Autorretrato, en el Musée Picasso (éste pintado en el sombrío estilo azul)- son de sus primeros
iconos de identidad física y mítica. El énfasis en elementos de estilo, prestados u originales, que fungen como
agentes catalíticos de caracterización en estas dos pinturas, ejemplifica la ascendencia de los aspectos formales,
con vida propia, en el autorretrato del siglo XX.
Picasso fue uno de los primeros en perpetuar y asegurar la supervivencia del autorretrato hasta el
presente, gracias a la metamorfosis de forma y substancia que él provocó en el mismo. En las palabras de
Varnedoe: “As one upshot of his overall fusion of truth-seeking and myth making, this process involved

dis •cov•ery, disclosure, and disguise in varying dialogue.” Este incidente en la vida del gran genio es

paradigmático de cómo, con su mirada irreverente y su magistral invención, re-definió géneros y diversificó
procedimientos y técnicas del pasado, para dar vida nueva al concepto de lo que sería arte durante el siglo XX.
Logró una fusión de lo real -la búsqueda de la verdad- y la posibilidad para la creación de un nuevo mito -para
que se (diera) el descubrimiento, la revelación y también el enigma- propios al dis curso del gran arte...
particularmente en el autorretrato.
Un vistazo general a la génesis del autorretrato y a su evolución durante los seis siglos de su existencia,
ayudan a definir la peculiaridad del género. El retrato tiene una existencia de miles de años, el autorretrato tan
sólo de siglos. Explicar las razones de por qué esto fue así requeriría mucho más espacio de lo que aquí
disponemos y, además, no es necesario para nuestro propósito. Lo que se quiere es dar un marco de referencia
que permita entender mejor y apreciar la muestra que se nos ofrece de pinturas del autorretrato en Puerto Rico.
Por lo tanto, lo que sigue no debe de entenderse sino como una selección mínima que informe sobre la
evolución del autorretrato, a grandes rasgos, desde el Renacimiento hasta el presente. El énfasis estará en
señalar sus múltiples roles, desde sus inicios, y destacar la variedad de funciones expresivas, sociales,
sicológicas, etc., que marcaron su evolución y variedad entre los otros géneros de las artes plásticas.
Un autorretrato no es otra cosa que un retrato de uno mismo. Hay dos puntos que se deben tener en
mente cuando se escribe o dialoga sobre el autorretrato. El primero es, que nadie se puede ver del cuello hacia
arriba, ni aún el más genial de los artistas. Nuestra faz está vedada a nuestra mirada. Tan sólo la podemos
conocer por la imagen que se refleja en un espejo o por otra representación, i.e. una fotografía o un boceto que
se ha hecho por otra persona, nunca nos podemos mirar la cara. El segundo punto tomaría en cuenta las razones
para la tardía aparición del genero del autorretrato entre otros de las artes plásticas (apareció por vez primera
hace aproximadamente seis siglos).
La explicación de por qué esto fue así sería larga y muy compleja; simplificando peligrosamente el
asunto, se podría decir lo siguiente. Cánones sociales y religiosos asignaron jerarquías al arte mimético (de la
imitación de la naturaleza) desde sus inicios, particularmente cuando del cuerpo humano se trataba. Es lo que
podríamos llamar la mística o hieratismo que rodeaba la representación de un ser humano -tenía que haber una
razón muy poderosa para que se pudiera reproducir la apariencia de quien fuera digno de esa distinción. El
artista-pintor fue considerado por siglos como un mero artesano, uno que se ganaba la vida laborando con sus
manos, y no se le reconocía fama individual alguna que lo hiciera meritorio de representarse a sí mismo. Dante
Alighieri, el gran poeta de la Divina Comedia (1306), fue el primero en reconocer a su contemporáneo, Giotto
di Bondone (1266-1337) -considerado hasta hoy como uno de los creadores de la pintura moderna occidental-
como un ‘hombre de fama’. Es decir, reconocía a un pintor como a los literatos de su día, los poetas, que sí se
consideraban dignos de este reconocimiento por ser su pensamiento lo que les distinguía, y no una labor física.
De Dante había retratos contemporáneos, pero habría que esperar al próximo siglo para reconocer los primeros
autorretratos de pintores (italianos y neerlandeses).
En el Protorrenacimiento (1401-1490), dos ejemplos sobresalientes que indican el surgimiento
incógnito del autorretrato, son de dos geniales artistas (conocidos por sus apodos): Masaccio (Tommaso di Ser
Giovanni di Mone, 1401-1428) y Botticelli (Sandro Filipepi, 1445-1510). Ambos se incluyen como modelos de
personajes en sus obras, en compañía de muy excelso rango. En el fresco del Tributo, una de las historias de la
vida de San Pedro en la Iglesia de Santa María del Carmen, en la Capilla Brancacci, en Florencia, Masaccio
aparece como uno de los apóstoles (muchos de los otros ‘apóstoles’ son sus amigos artistas); todos rodean a
Cristo que está dando órdenes a Pedro para que pague un tributo que se le exige. El creciente realismo permitió
que, anónimamente, se incluyeran como modelos al artista y sus amigos. Años después, Botticelli se colocó en
primer plano pictórico como uno de los acompañantes de los Reyes Magos en una de sus Adoraciones; en esta
pintura se retrata a varios miembros de la familia de los Medici como modelos de los personajes que adoran al
niño Jesús. Estos son dos ejemplos, entre otros que se podrían citar, de la primera aparición de autorretratos en
el nuevo diálogo entre lo sagrado y lo secular, que el humanismo renacentista hizo posible.
La costumbre de retratar a miembros de la nobleza, religiosos, ricos burgueses y mecenas de las artes
como parte de las historias sagradas, o flanqueando la historia central en el rol de donantes, estaba ya
generalizada durante el siglo XV en Italia y sobretodo en Flandes. Es en ese siglo que la pintura neerlandesa
tiene uno de sus capítulos más brillantes en la producción de retratos de impresionante realismo.
La excepcional fama, por no decir notoriedad artística, de El retrato de Giovanni (?) Arnolfini y su
mujer (1434), es paradigmático de la exquisita factura de estas pinturas y a la vez documenta el ascendente rol
del artista en la sociedad. En un espejo circular, colocado al fondo de la habitación en que se encuentra la
pareja, se puede ver, a la inversa, todo el interior de ésta, e incluye en su reflejo nuestro espacio, el del
espectador frente a la obra. Reflejados en el espejo se encuentran un desconocido y el artista. Una inscripción
encima del espejo lee: Jan van Eyck estuvo aquí. Esta pequeña obra maestra no sólo documenta la unión del

mat•ri•mo•nio Arnolfini, sino que señala enfáticamente el emergente reconocimiento del artista como

artífice y como miembro afamado de su sociedad contemporánea.


Tales son ejemplos sobresalientes del comienzo del autorretrato en las artes de Occidente. Sin
embargo, hay que señalar que la creciente importancia del retrato como género artístico y la repetida presencia
del autorretrato durante el temprano Renacimiento, no elimina el hecho de que ambos no serán reconocidos, a la
par en importancia con la pintura religiosa, histórica y de la mitología clásica, hasta el siglo XVII.
El Alto Renacimiento trajo consigo una adulación hasta entonces desconocida para pintores como
Leonardo, Rafael, Miguel Ángel y Tiziano. El primero, se dice, murió en los brazos del rey Francisco I de
Francia; pasó en su corte los últimos años de su vida, con el único compromiso de hablar de vez en cuando con
Su Majestad. Su genio como artista iba acompañado de una lista interminable de conocimientos de lo que hoy
identificaríamos como distintas ciencias, relacionadas con defensas militares y hasta agrónomas y pluviales.
Rafael y Miguel Ángel fueron llamados ‘divinos’, por su obra en la corte de Julio II (quien fue en gran medida
el agente catalítico del Alto Renacimiento). La inspiración de estos artistas, se argumentaba, no podía venir sino
directamente de Dios. Y Tiziano se podía dar el lujo de decirle a príncipes, y hasta al Emperador Carlos V, que
ellos tendrían que venir a Venecia si querían ser retratados, porque él no podía ir donde ellos.
Los autorretratos de Miguel Ángel y de Tiziano (Rafael también hizo su autorretrato) reflejan su
nueva fama y son tan distintos en factura como en su metáfora plástica y conceptual. Sus propuestas son
diametralmente opuestas en lo formal y lo icónico. Miguel Ángel se incluye, grotescamente deformado, en el
Juicio Final de la Capilla Sixtina, como el pellejo desollado de San Bartolomé; esta es una referencia analógica
a la misma muerte sufrida por Marsias, el músico frigio de la mitología griega, inventor de la flauta, que había
sido desollado vivo por Apolo como castigo de su soberbia por haberle retado en un torneo musical. En la corte
de humanistas versados en el Neo-platonismo del momento, a nadie se le escapaba el hecho de que este
autorretrato de Miguel Ángel era un icono de humildad; pide a Cristo perdón por lo que en su obra artística --
que le ameritó ser llamado un ‘creador’ humano- pudiera ofenderle.
Muy contrario es el ánimo que inspiró uno de los grandes autorretratos de su contemporáneo Tiziano.
Cuando todavía le faltaban 20 años de su longeva vida, Tiziano se pinta proyectando una imagen de astucia,
inteligencia y aristocrática pose, imagen que manifiesta la seguridad del hombre famoso y rico, un gran señor,
identificándose como uno de los artistas más respetados del Renacimiento. Lleva sobre su pecho la cadena de
oro que le hacía caballero, concedida por el emperador Carlos V. Su autorretrato es un icono de proporciones
históricas insólitas, anteriormente impensable, pues el artista se reconoce a sí mismo como noble y genial
artífice por sus méritos intelectuales y artísticos, creador de mitos de los poderosos, y no por su oficio y trabajo
manual. Sirvan estos dos ejemplos para desmentir el comentario, que con frecuencia se oye, de que fue en el
siglo XX que el autorretrato se liberó de su función principalmente mimética para permitir múltiples funciones
icónicas.
A partir de ese momento, reproducir su semblanza era para el artista una oportunidad de reafirmar su
nueva jerarquía en la sociedad sin menoscabar la posibilidad de asumir, además, un rol como protagonista en el
campo de la alegoría y la fantasía. Desde entonces otros usaron el autorretrato para exorcizar monstruos que
habitaban en su mente -Caravaggio, Goya, van Gogh y llegando hasta Dalí, se despliega una pléyade de
fantasmagóricas imágenes de esta categoría. Sería imposible detallar en estas páginas los infinitos cambios y
personificaciones que este poderoso avatar artístico fue acumulando en su repertorio, llegando hasta el presente.
Hasta en sus aspectos formales y materiales se experimentaba para lograr imágenes que rebasaran la replicación
como principal función del género.
Parmigianino (1503-1540) mandó a construir una tabla redonda y convexa, simulando un espejo de
esta forma, para experimentar con efectos espaciales inusuales y la deformación que conllevaba de las formas
representadas. Esto no evitó que Vasari, pintor y biógrafo de los artistas italianos desde Giotto a Miguel Ángel,
declarara que el artista, en esta obra, más que un hombre parecía un ángel. Medio siglo después, Michelangelo
Caravaggio usaría su cara para personificar, horripilantemente, el Goliat degollado; la mítica Medusa corrió
igual suerte, su cabeza cercenada por Teseo fue pintada sobre un escudo ceremonial.
Las dramáticas imágenes de degollación, que desde entonces era metáfora de la castración (no hubo
que esperar a Freud para ser interpretada como tal), simbolizan la terrible angustia, podríamos decir existencial,
que el artista creador del tenebrismo y de un incondicional realismo vivió a lo largo de su corta vida.
Documentan su carácter irascible y las ambivalencias emocionales y sexuales de su trágica existencia.
Los ejemplos de Parmigianino y Caravaggio son evidencia del temprano y variadísimo desarrollo del
autorretrato que, sumados a los anteriores, dan a conocer la pluralidad de artistas que lo usaron como medio
expresivo de aspectos sicológicos propios, de intensa emotividad.
Fue también en el siglo XVI que la mujer artista hizo su debut en las artes plásticas. Un noble del norte
de Italia, muy adelantado para su época de prejuicios terribles en contra de la mujer, especialmente en lo que
tocaba a su educación, no sólo educó a sus seis hijas de igual forma que a su único hijo (en las disciplinas
humanísticas de la época), sino que les instó a que persiguieran carreras en el mundo de la creación musical,
literaria y muy especialmente en la pintura. Sofonisba Anguissola (1528-1625) una de sus hijas, no sólo llegó a
ser admirada por Vasari y Miguel Ángel, sino que fue pintora oficial de la corte española por veinte años.
Desgraciadamente, mucha de su obra pereció en un fuego del palacio en el siglo XVII y no quedaron
autorretratos de ella.
Conocemos, sin embargo, el excelente autorretrato de Artemisia Gentileschi (1593-ca.1653),
proveniente de una familia de artistas, que se representó como La Pittura, en 1630 en un autorretrato alegórico
de su profesión, en el que varios elementos emblemáticos ensalzan su vocación y reconocen su deuda de
gratitud con su padre, su maestro. Elizabeth Vigée Lebrun (1755-1842), pintora de más de veinte retratos de
Marie Antoinette, pintó cuarenta autorretratos a lo largo de sus 87 años. Y así podríamos seguir multiplicando el
distinguido rol de la participación de la mujer en este género, hasta llegar a Frida Kahlo (1910-1954) y Ana
Mendieta (1948-1985) que ampliaron el uso de su imagen a nuevas propuestas de un autorretrato híbrido en el
siglo XX, que va desde lo surrealista hasta performance y body art.
Los grandes maestros del llamado Barroco -Rubens, Velázquez, Rembrandt (de quien se podría decir
que dejó una extraordinaria autobiografía en las decenas de autorretratos que son crónica de sus logros e
infortunios), Poussin y todo un batallón de excelentes pintores adicionales- dejaron para la posteridad su rostro
en los más variables modos. Y en Las Meninas de Velázquez, un retrato de la Infanta Margarita y el único
autorretrato de Velázquez, en el acto de pintar y de pintarse, se unen en la gran simbiosis conceptual y plástica
de la representación como eje central en la pintura occidental hasta el siglo XX. A partir del siglo XVII el
género -retrato-autorretrato- queda establecido en las emergentes Academias de Bellas Artes, como gran
pintura, a la par con la religiosa, mítica e histórica.
Gustave Courbet (1819-1877), en El taller del pintor (1855), se representa pintando un paisaje, en el
centro de una gran pintura que incluye en su entorno incontables temas de su obra -una modelo desnuda detrás
de él admirando el lienzo dentro del lienzo (simboliza la naturaleza como fuente de todo arte), y un nutrido
grupo de amigos, literatos, músicos, etc. validan el título que él le dio a esta obra: L’Atelier: Una alegoría real
de siete años de mi vida artística. El autorretrato del pintor en su taller y quehacer, el artista realista por
antonomasia, del siglo XIX, democratizaba el autorretrato, y lo elevaba a un rol de manifiesto humanista, en
una sinopsis alegórica de infinitas proyecciones.
Cuatro años después de la muerte de Courbet, nacía Pablo Picasso. Cuando a los 19 de vida se firmaba
‘Yo, el rey’, en uno de sus primeros esbozos de un pequeño autorretrato, intuía que muy pronto tendría que
presentar su autorretrato para validar esa aseveración de soberbia y de auto-reconocimiento como el joven genio
que ya era: la enigmática imagen cuyo modelo él nunca podría ver, pero que lo representaría en lo más íntimo
de su ser.
La taumaturgia del autorretrato es que acaba siendo no sólo una representación de la apariencia física
del artista, sino la proyección de yo, el artista. Autorretratarse es dar forma a su identidad mítica, es lo que
divulga o esconde a través de las máscaras que él, como el actor en el teatro clásico, da vida a un personaje con
su discurso creador. Es la auténtica metamorfosis de lo que no se puede ver, convertido en un icono de epifanía,
de aparición, del yo que ni él mismo conocía antes de hacerlo. Soplar vida a una imagen que busca la verdad
propia es un proceso de mitificación que incluye descubrimiento, revelación, y disfraces; es el diálogo siempre
variable de materializar la persona, no su apariencia -de ahí nace el autorretrato.

II. Autocontemplación
Cien años de autorretratos puertorriqueños

La acción de contemplar, dice uno de muchos diccionarios, es: a. aplicar la mente a un objeto o idea,
b. mirar durante largo tiempo y concentración, y c. complacer, ser muy condescendiente con alguien. Cuando
Flavia Marichal Lugo, curadora, y su equipo colaborador, decidieron llamar a la muestra Autocontemplación, y
no Autorretratos, me sospecho que querían definir más su selección, es decir, lo que ellos buscaban en las obras
que la constituyen, pues su meta era enfatizar el retrato interior del artista sobre su dimensión mimética. No hay
nada malo en la selección del título, aún cuando el vocablo no existe en español; al acuñarlo -como se hace en
mucha de la literatura de las artes plásticas contemporáneas - su intención es la de desplazar con el título la
mirada de identificación por parte de los espectadores, y dirigirla a una mirada que sea iconográfica, que
analiza, cuestiona e interpreta los autorretratos como una búsqueda de identidad íntima.
Siguiendo los parámetros que el título sugiere, los tres significados que se citan son un punto de partida
no sólo para el trabajo del artista, sino para mejor apreciar los cuarenta y cuatro autorretratos que se nos
ofrecen. El comentario de varios artistas sobre su proceso de invención, se incluye para indagar en aspectos y
categorías que informan sobre su auto-reflexión. Usar la imagen propia como un tropo variable de inagotables
propuestas plásticas y conceptuales, es uno de los grandes retos de todo pintor. La historia del género que
hemos esbozado anteriormente, bien lo ilustra en el pasado; ahora la mirada tiene que dirigirse hacia la muestra.
Perdido un supuesto autorretrato de José Campeche (reproducido por Ramón Atiles y Francisco Oller),
le toca ser el primero en dejar su semblanza para la historia de las artes en Puerto Rico a nuestro gran maestro

decimonónico Fran•cisco Oller y Cestero (1833-1917). Fue él también el primero en viajar desde su querida

isla a Europa, a España y Francia, para seguir estudios avanzados como pintor. Su presencia en el taller de
Courbet le brindaría la oportunidad de conocer el Realismo directamente del sumo pontífice del estilo. Courbet

consideraba la pintura realista como un dog•ma artístico. Los repetidos viajes de Oller a París le colocaron,

más tarde, en la compañía de los impresionistas y tuvo la oportunidad tratar a muchos de los principales
gestores de la nueva pintura como amigos íntimos.
Oller, como es sabido, fue un excelente retratista y en repetidas ocasiones se pintó a sí mismo guiado
más por los cánones miméticos de Courbet que, por los que iban cobrando ascendencia en variadas
manifestaciones que se divorciaban de las academias europeas, prevalecientes por casi cinco siglos. Su
imitación de la naturaleza fue casi siempre tradicional y no de vanguardia. Sus excelentes autorretratos de 1880,
de oscuras tonalidades, y el de 1903, con su luminoso contraste de la capa roja y fondo azul (incluido en esta
muestra), están separados por dos décadas, pero difieren solamente en lo adjetivo y no en estilo o concepto. La
tristeza que ambos proyectan, reflejo del espejo y de su mirada interior, parece ser prueba de sus tribulaciones
personales y de las dicotomías de pensamiento y ejecución artística que ser caribeño y ciudadano intermitente
de París le ocasionaban.
No es mi intención revivir ni mucho menos iniciar con mis comentarios, la compleja y polarizada
problemática de la metrópolis y la isla en nuestro arte, sino aclarar que, si Oller fue el primero en vivir y sufrir
el desplazamiento a centros de arte allende el mar, no fue el único. Hasta nuestros días, Europa, Estados Unidos,
y México, siguen siendo Meca de la talentosa juventud que, terminados sus estudios universitarios, viaja en
búsqueda de mayores conocimientos y contactos directos con el arte contemporáneo. Esta realidad vital al
desarrollo de su pensamiento y ejecución artística, llevada a su interpretación individual y particularizada en lo
formal está proclamada, a viva voz, en sus autorretratos.
Comentar, analizar e interpretar a casi cuatro docenas de artistas en estas líneas es imposible. Es por
eso que pecando en muchos renglones de las disciplinas críticas e históricas, que tanto respeto, he recurrido a
una clasificación sinóptica, que sin ser absoluta y con notables variables, permiten agrupar en cuatro
manifestaciones del autorretrato la gran diversidad de la muestra.
a.
Los primeros que se reconocen son los que en alguna forma favorecen la tradición de lo mimético-
descriptivo, variando el camino de Oller. En nada sugiero dependencias directas entre los artistas y Oller, ni
entre ellos mismos; es, sencillamente, la imagen que comienza con el espejo y aunque se varíe o elabore,
estilísticamente, prevalece y destaca un parecido realista, usando la mimesis como punto de partida para la
propuesta.
Además de dos españoles que hicieron a Puerto Rico su segunda patria y fueron maestros de futuros
artistas puertorriqueños, Cristóbal Ruiz Pulido y Alejandro Sánchez Felipe, hay unos doce pintores en este
grupo: Myrna Báez, Fran Cervoni Brenes, Osiris Delgado, José Elías Levis Bernard, Daniel Lind Ramos, Luis
Maisonet Crespo, Miguel Pou, Juan Rosado, y Rafael Tufiño.
Cristóbal Ruiz, Miguel Pou, y Fran Cervoni se nos presentan en la consagrada imagen del pintor,
pincel y paleta en mano, ejecutando su autorretrato; Osiris Delgado varía levemente la imagen eliminando los
instrumentos de pintar pero se coloca en análoga pose. Juan Rosado en estricto perfil, luciendo una boina y
lazo-corbata, símbolos del vestuario del artista. Sánchez Felipe, cigarrillo en boca, lanza su mirada al
espectador, en una factura que da preeminencia al trazo de la pintura, como es también el caso de Cervoni,
destacando el medio como protagonista de sus retratos. La mirada intensa, mezcla de cuestionamiento y
expectativa, que la joven Myrna Báez lanza al espacio fuera de su pintura, no va dirigida a nadie, ni tan siquiera
a un espejo: es un excelente ejemplo de un estado de reflexión que revierte sobre su persona. La espontaneidad
de la aplicación del color, que incluye chorreados y manchas expresivas, contrasta con el aspecto icónico,
estático, de imperioso gesto que el busto de tres cuarto proyecta. Maestra del autorretrato, lo ha llevado hasta
una presentación onírica -un desnudo propio, sentada al borde de su cama.
b.
Ramón Frade, Lorenzo Homar, Néstor Millán, Nora Rodríguez Vallés y Felix Rodríguez Báez, oscilan
entre lo narrativo y la alegoría, con frecuencia haciendo referencia a algún suceso biográfico, o artístico que les
sirve de comentario emblemático.
Frade, como tantos artistas, se vio obligado a estudiar una profesión que le diera el sustento suyo y de
su familia, que el arte no le proveía. El simpático autorretrato como agrimensor en un hermoso lugar de su
nativo Cayey, rodeado de niños curiosos y nubes pasajeras que crean un ambiente lumínico típico del trópico,
coloca también este lienzo en la tradición arraigada puertorriqueña, del paisaje como antonomasia de nuestra
identidad. Y el otro paisaje en la exhibición, el de mar, es el que identifica al maestro Lorenzo Homar; gimnasta
de toda la vida, identifica en las olas su ‘academia’ deportista como Ocean Park (ahí impartió por años
lecciones de gimnasia a los niños y adolescentes de caseríos como a los del Condado, y a mis hijos también).
Es, “...una composición donde la autorrepresentación (sic) del autor dialoga con otras obras en la
historia del arte.” De esa manera describe Néstor Millán la paráfrasis visual de los tapices medievales del
Unicornio, en la colección del Museo Metropolitano de Nueva York, en su división de los Claustros, y la
presencia, a la izquierda del lienzo, de una de las secuencias fotográficas de Edward Muybridge, autor de The
Human Body in Motion. Millán se representa en pose análoga a la derecha, pero invertida “...y observo
directamente el espectador.” Y en una variación del cuadro dentro del cuadro y el reflejo del espejo, en broma
y en serio, Nora Rodríguez, se posa como si fuera a nosotros a los que retrata. Todas estas pinturas son
metáforas extendidas en las que el artista se usa como personaje anecdótico, arrojando luz sobre intereses o
sucesos que considera reveladores de su personalidad.
c.
La fantasía, el expresionismo y el simbolismo se destacan en el tercer grupo como resorte inicial de
una de pronunciada carga sicológica y emotiva que caracteriza la imagen, Luisina Ordoñez (+1975) murió
cuatro años antes de nacer Cacheila Soto (1979), y a pesar de las obvias y grandes diferencias formales y
estilísticas que las separan en su obra, ambas usan su imagen como icono de agresividad/fragilidad emocional
en imágenes de ambivalencia gestual, paradójicamente colocando al espectador en un rol de adivinador más que
de observador. Carlos Collazo (1956-1990), Antonio Fonseca (1972) y Arnaldo Roche Rabell (1955) alteran
notablemente sus rostros -pintándose calvo y con arbitrariedad de colores, oponiendo la fragmentación de su
semblanza yuxtapuesta a una abstracción, y trastocando el color real de su tez con una negrura que recuerda los
fetiches de azabaches (nombre de la pieza) de origen africano- respectivamente. Estas son pinturas que
materializan profundas meditaciones sobre la muerte inminente, enfermedades y tragedias personales o una
desesperada búsqueda de identidad personal, artística y étnica. La explotación de recursos pictóricos -el uso de
la fotografía, el color, el dibujo, la escala, etc.- llevados a extremos o variaciones inesperadas, son protagónicos
en la transformación de la imagen y la postura conceptual que desarrollan.
Ángel Botello, el único autorretrato de marcado narcisismo en la exhibición, efecto logrado más por el
gesto ensimismado que llega hasta negar su mirada al espectador y parece sostener la paleta de pintor como
espejo rechazado, comparte con la imagen del joven Tufiño -quien usa un rojo encendido de fondo a su busto-
una sugerencia de sensualidad intencional.
Rafi Trelles, comentando sobre La ofrenda, confiesa que “...lo que más me interesa de esta obra es el
trabajo de la pincelada, el color y la intensidad sicológica del personaje representado como una talla de palo.”
Pero la pintura fue un regalo para su esposa Gradissa ‘’...en un momento en que la vida nos condujo por
caminos separados... es una metáfora tomada de algún romántico bolero... le ofrendo a la amada la luna y las
estrellas y un pedazo de cielo nocturno con forma de zapato...” etc. Jorge Zeno se convierte en casi escultura,
en monocromáticos tonos de azul, contrastado su busto con una roja pared que se abre en un ojo de buey, un
nimbo (?) dando vista a una esquina de casa y patio florido bañados en luz. Como en muchas de sus obras, la
fantasía no es para explicarse racionalmente, sino para intuir un estado de ánimo muchas veces lúdico.
Sigo pelú y barbú es la saga de Cecilio Colón: “...quise expresarme sobre varios aspectos personales,
artísticos, socio-políticos y existenciales que ocupaban mi mente y esfuerzos.”, que tiene que ganarse la vida en
la empresa privada, la que quería eliminar todo ese pelo ‘ofensivo’, para mantener su familia y su dedicación al
arte. Como lo indica el título ha logrado desafiar la hipocresía burguesa, la que le compra sus cuadros, por un
cuarto de siglo. Y para Elizam Escobar, El escindido, no es sólo un autorretrato (la cara del artista aunque
acontezca como máscara, el uniforme azul-gris de la prisión estatal, el kaki de la federal, la horca de la
muerte, el sol de la vida, etc.) es también una personificación de la solidaridad que surge entre el yo-real-
existente y su otro-imaginario que comienza a ser más real en su devenir trascendente.”
En otro humor muy distinto, Antonio Martorell afirma que, “El autorretrato siempre es un espejo a

destiempo y a veces a contratiempo.”, pero, “Es también una constancia de las in•qui•etudes tanto de
técnica como de estilo, de materiales, superficies, de cómo uno se quiere ver a sí mismo, que casi nunca
coincide con cómo nos ven los demás.” Lionel Ortiz Meléndez aclara que su autorretrato surge de una mirada,
no en un espejo, sino en “...una fotografía siendo yo niño, que reinterpreto lo que veo, con la experiencia del yo
adulto.”
Las fantasías de Nick Quijano y Ralph de Romero se valen de objetos y referencias que flotan en su
entorno para informar su intención con el autorretrato. De Romero con los ojos cerrados y un tanto tétrica

expresión, coloca sobre su cabeza una pequeñas imágenes de Win•ston Churchill y del British Museum, que

identifica con una foto, y otras referencias a Londres; y en un humor menos cultural, que traiciona la ironía de la
pieza, incluye pequeñas fotografías de féminas de prominente busto, y la palabra ‘experiencIA’. El joven
Quijano despliega fotos de su amada entre sus manos y muestra múltiples marcas de besos en huellas de lápiz
de labio sobre su cara y cuerpo; en la almohada de una cama de cuatro pilares, se dibujan la ropa íntima de la
mujer y también del artista. Criptogramas ofrecidos en forma jocosa al espectador que puede llegar a sus
propias conclusiones.
d.
La des-construcción o fuerte estilización de una imagen u objeto realista puede darse, a partir del
cubismo y otras vanguardias de principios del siglo XX de múltiples maneras que, entre otras consideraciones
intelectuales y plásticas, se aparta de la mimesis y la perspectiva de los espacios nacidos con el Renacimiento.
Este cuarto grupo que busca estructurar la imagen por la geometría, la planimetría o por variaciones estilísticas,
puede llegar hasta la caricatura. Es bueno recordar que uno de los retratistas más geniales del siglo XIX, Jean
Auguste Dominique Ingres, dijo que hay algo de caricatura en todo buen retrato.
Marimater O’Neill y José Rosa parten de dos vertientes estilísticas muy distintas, pero comparten
elementos caricaturescos: en O’Neill la imagen se convierte en mezcla zoológica y humanoide de coloración
fantástica, mientras que Rosa somete a su conocido esquematismo, su apariencia real. “Nunca me he
preguntado por qué hago autorretratos. Simplemente los hago como una cuestión plástica.”, comenta Rosa en

las notas biográficas del catálogo; es sin em•bar•go difícil creerle cuando dice que no se divierte cuando

pinta y que le es tarea angustiosa -para el espectador parece todo lo contrario. En 1993, Mujeres artistas de
Puerto Rico Inc., publicó bajo el título Nuestro autorretrato, el ciclo de conferencias que acompañó a la
exposición homónima celebrada en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico del 2 de octubre al 27 de
noviembre de1992. La introducción es de O’Neill; esta compilación de ensayos es el único documento de su
clase que conozco sobre autorretratos puertorriqueños.
Domingo García, quien ha hecho incontables retratos y autorretratos y fue llamado ‘el Narciso criollo’
por Mari Carmen Ramírez, según las notas citadas anteriormente, afirmó, en 1989: “Cuando un pintor se pinta
a sí mismo es porque necesita descubrir algo más acerca de su propia identidad, su existencia psicobiológica o
la lucha interna.”; aseveración que describe su autorretrato fantasmagórico de esta muestra. García organizó
dos exhibiciones del género en sus galerías Campeche (1960) y Latino Americana (1989; del opúsculo de esta
última es que proviene la cita anterior).
Narciso Dobal, Luisa Géigel, Rubén Miranda y Carlos Osorio se identifican con tendencias de
reducción geométrica y planimétrica de la imagen, muy distintas entre sí, que manifiestan fuertes alianzas a
diferentes propuestas del modernismo.
Por el contrario, Julio Rosado del Valle, quien en un conocido autorretrato de su juventud se pintó en
gesto digno de Gustave Courbet y con no menos narcisismo que el famoso francés, aquí se nos presenta con un
expresionismo de violenta distorsión fisonómica y exageración gestual. Este es uno de una serie de autorretratos
que, como ha comentado el Profesor Nelson Rivera, es ejemplo del método que Rosado del Valle usa al trabajar
un tema: “lo analiza, desarrolla y desmenuza hasta la saciedad.” Poli Marichal Lugo confiesa que en su obra
En Trance, más que copiar mis rasgos, busco un sentir interno... En esta pugna-goce-meditación, los pinceles y
las espátulas manchan, rayan, escarban, destruyen, vuelven a construir...mi cara en el canvas ya no es mi cara
sino la máscara desechada que queda después del rito.”
Y, por último, hay también representación del autorretrato naïf; Joaquín Reyes y el gran maestro
Manuel Hernández, en dos modos distintos de esta reducción pictórica que se caracteriza por su espontaneidad
y aire infantil, usan una línea negra para separar las áreas de color planimétrico para plasmar sus autorretratos.
En el primero, está presente su preferencia por la línea y la planimetría para elaborar sus imágenes
bidimensionales, mientras que en Hernández apreciamos la fuerza expresiva de sus dinámicas manchas de color
que dan movilidad a la imagen y a la superficie del lienzo.
Si los artistas han aplicado su mente a su persona, y han mirado durante largo tiempo y con mucha
concentración, a lo que se ve de ellos y a lo que llevan en lo más íntimo de su ser, nos toca a nosotros, los
espectadores, decidir a quien querían complacer -a ellos mismos o a nosotros. Como en la búsqueda del joven
Picasso, de una imagen que le identificara por su verosimilitud pero que también fuese un manifiesto de su
voluntad artística, los artistas puertorriqueños se han esforzado por hacer gran arte al girar su visión privilegiada
sobre sí mismos.
Autocontemplación es una oportunidad única de ver reunidos un gran número de autorretratos
puertorriqueños. Tradicionalmente, el autorretrato se presenta en exhibiciones como un capítulo entre otros que
estudian el retrato. A pesar de los cambios radicales que se han dado en las artes y en la teoría, crítica e historia
del arte durante los últimos cincuenta años, la reaparición de la pintura figurativa asegura la supervivencia, para
quienes quieran, del autorretrato. Esta muestra hace patente la pérdida enorme que sería si el artista deja de
recoger el guante que el género arroja a sus pies.
El Yo del autorretrato es una moneda de dos caras, y si una es condescendiente como resultado de la
autoestima que provoca su génesis, la otra cara va dirigida a quien tiene en sus manos el juicio final de la
apreciación de la obra, el espectador. En la literatura, la autobiografía es el autorretrato de quien la escribe.
Confieso que he vivido escribió el gran Neruda, y en la selección del título ya atisbamos la maravillosa vida y
secretos que el gran poeta nos va a revelar. Es de esta afirmación pública de la profesión del artista que se habla
en el autorretrato: Yo el artista.
Myrna Báez González(Santurce, Puerto Rico, 18 de agosto de 1931)
Una vez obtuvo el Bachillerato en Ciencias Naturales de la Universidad de Puerto Rico, en 1951, se marchó
a Madrid, España, para estudiar medicina. Sin embargo, pronto comprendió que ésta no era su vocación. En
1952 se matriculó, como estudiante libre, en la Real Academia de San Fernando de esa ciudad. Tiempo
después fue aceptada como estudiante regular. Obtuvo su Licenciatura en pintura, en 1957 y viajó
extensamente por Europa. Una vez de regreso en Puerto Rico, estableció en su residencia un estudio-taller
donde ofrecía clases de dibujo y pintura a niños y adultos. Se integró al Taller de Gráfica del Instituto de
Cultura Puertorriqueña, bajo la dirección de Lorenzo Homar. Allí conoció a los artistas Rafael Tufiño, José
Antonio Torres Martinó, Carlos Marichal, José R. Alicea, Antonio Martorell, José Rosa y otros. En 1963
asistió al Taller de Dimitri Papagiorgiu en Madrid para estudiar litografía e intaglio. Posteriormente, en
1969, se estableció en Nueva York para estudiar colografía con la artista norteamericana Clare Romano, en
el Pratt Graphic Center. Obtuvo el Premio de Gráfica en el Annual Print Exhibition and Competition del
Pratt Graphic Center y en el Festival de Navidad del Ateneo Puertorriqueño, en 1970. Es miembro
fundador, junto a José A. Torres Martinó y otros artistas, de la Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto
Rico, en 1981; la cual se organizó como protesta por el dirigismo cultural practicado por el gobierno en ese
momento. En 1988, la Universidad del Sagrado Corazón la nombró Artista Residente de ese centro
universitario. Además, se le dedicó la exposición homenaje de la VIII Bienal de San Juan del Grabado
Latinoamericano y del Caribe. El Instituto de Cultura Puertorriqueña le otorgó, además, la Medalla
Nacional de la Cultura por su aportación a las artes plásticas. El Museo de Arte de Puerto Rico organizó
una exposición retrospectiva de su obra en 2001. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas en
Puerto Rico y fuera del país.
La artista ha realizado varios autorretratos en el transcurso de su vida, entre ellos: Autorretrato (1963),
Autorretrato (grabado, 1963), La artista y su modelo (1983), Autorretrato (1986), Retrato de un sueño
(1988-90), Espectadores (1994), Entre dos mundos (1992), Pensando en Proust (2004), y El marco (2005).
La pintura que se incluye en la exhibición es su primer autorretrato y es producto de un momento en que la
artista hacía numerosos retratos de amigos, colaboradores y familiares. La obra es un ensayo técnico con
aguadas de pintura de óleo sobre papel amarillo, pegado al masonite. Sus autorretratos han enfrentado el
reto de presentar un tema diferente cada vez.

Angel Botello Barros (Cangas de Morrazo, Pontevedra, España, 20 de junio de 1913 -


San Juan, Puerto Rico, 11 de noviembre de 1986)

Comenzó sus estudios en el Colegio de los Jesuitas de Vigo, España. Al fallecer su padre se trasladó junto a
su familia a Burdeos, Francia, donde estudió, de 1930 a 1934, en L’Ecole des Beaux Arts. En el 1935
regresó a España, para continuar sus estudios de arte en la Academia de San Fernando. Al estallar la Guerra
Civil Española, en 1936, fue reclutado por el Ejército Republicano para trabajar en la preparación de planos
cartográficos. Al terminar la guerra, huyó de España con su familia y se trasladó a Francia de donde partió,
junto a muchos exiliados españoles, rumbo a las Antillas. Llegó a la República Dominicana en octubre de
1939 y permaneció allí hasta 1941. Ese año fue invitado a participar en una exhibición en la Universidad de
Puerto Rico. Posteriormente, presentó una exhibición en el Salón de Actos del Casino de Puerto Rico. Fue
contratado por Angel Ramos, director del rotativo El Mundo, para ilustrar varias portadas de ese periódico
y de la revista Puerto Rico Ilustrado. Tras una estancia de cinco meses en Puerto Rico, regresó a la
República Dominicana. Posteriormente viajó a La Habana, donde permaneció por un año. Se trasladó a
Haití en 1944, donde se casó con Christianne Auguste. En 1948, Edna Coll, directora de una academia de
arte en Santurce, Puerto Rico, le ofreció una posición de profesor de pintura, cargo que aceptó y desempeñó
hasta 1950. Se radicó permanentemente en Puerto Rico en el 1953. Junto a la diseñadora Lorraine Dora,
abrió la Galería Las Antillas, en el Hotel Caribe Hilton, la cual mantuvo hasta 1960. Al año siguiente
estableció la Galería Botello, en el Viejo San Juan, la cual ha sido sede de múltiples exhibiciones de artistas
puertorriqueños con repercusión internacional. La galería existe hasta el presente.

Fran Cervoni Brenes (Guayama, Puerto Rico, 1 de agosto de 1913 – San Juan,
Puerto Rico, 17 de enero de 2001)

Cuando tenía ocho años, su padre lo matriculó en un curso de dibujo por correspondencia que ofrecía una
escuela de arte en Washington. Posteriormente aprendió a pintar letras y rótulos comerciales, lo cual
representó muchas veces una fuente de ingreso económico, según contara el mismo artista. Realizó estudios
de arte en varias academias de Europa. En España, asistió por dos años a la Academia San Fernando, en
Madrid, donde tuvo como maestros a Aurelio Arteta y José Garnelo. Conoció al escultor español Victorio
Macho y al poeta Rafael Alberti, de quienes obtuvo valiosos conocimientos de escultura y de poesía. Al
estallar la Guerra Civil en 1936, se encontraba de visita en Puerto Rico, y no pudo regresar a Europa. Se
trasladó a París, Francia, donde estudió en la Academia de la Grande Chaumière, y en la Escuela Nacional
de Bellas Artes. Allí tuvo como profesor a Charles Guerin. El último año de su carrera como maestro de
Dibujo y Pintura lo cursó en la Real Academia de San Marcos, en Florencia, Italia. Abandonó Europa
cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Para el 1939, se trasladó a México atraído por la obra de los
mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. En ese país estudió e impartió
clases en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de San Carlos, de 1943 a 1946. También se interesó por el
arte del mural. En éste se entrenó bajo la tutela de Diego Rivera. En el 1947, recibió una invitación de la
Universidad de Puerto Rico para dedicarse a la enseñanza, por lo que regresó a Puerto Rico. Al producirse
la Huelga del 1948 de la Universidad de Puerto Rico, fue destituido por simpatizar con los estudiantes que
la apoyaban. Abrió una Academia de Dibujo en 1953. En 1955 obtuvo el Primer Premio en Pintura en el
Certamen celebrado por el Ateneo Puertorriqueño. Fundó, junto con otros artistas puertorriqueños, la
Asociación Pro Escuelas de Artes Plásticas, en búsqueda de la creación de una escuela nacional de Bellas
Artes. En los años 60 fue Secretario de Bellas Artes del Movimiento Pro Independencia de Puerto Rico,
para el cual organizó múltiples exposiciones de pintura y grabado de índole patriótico. Para el 1966, el
Instituto de Cultura Puertorriqueña retoma la idea de la Escuela de Artes Plásticas, la cual se concreta. Allí
impartió clases por espacio de 23 años. En el 1992, se realizó una exposición retrospectiva de su obra en la
sede de esta institución cultural.
Carlos Collazo Mattei (Ponce, Puerto Rico, 28 de junio de 1956 - San Juan, Puerto
Rico, 12 de octubre de 1990)

Estudió arquitectura en la Universidad de Auburn, Alabama, de 1973 a 1975. A su regreso a Puerto Rico,
se matriculó, entre 1975 y 1979, en la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan, donde tomó diversos
cursos. Posteriormente formaría parte de la facultad de esta institución. Fue profesor de pintura en la
Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Obtuvo, en 1983, el Premio Unico en el
VIII Salón de Pintura de la UNESCO, el Segundo Premio de Pintura en el Certamen Gulf, y el Primer
Premio de Pintura en el Certamen de Artes Plásticas del Ateneo Puertorriqueño. Participó en numerosas
exposiciones colectivas, entre ellas Ocho de los ochenta, en el Arsenal de la Marina, San Juan; Puerto
Rican Painting: Between Past and Present, en The Squibb Gallery, Princeton, Nueva Jersey y en la II
Bienal de Cuenca, Ecuador, en 1987. En 1989, expuso, junto a la pintora María de Mater O’Neill, trece
autorretratos, en el Chase Manhattan Bank. A través de ellos el artista manifiesta urgencia en comunicar la
preocupación por la precariedad de su existencia y afirma que el impacto sicológico es lo que debe
trascender.
Comentario del artista:
“Estos autorretratos marcan un momento en la vida en que uno empieza a mirar hacia adentro, en lugar de
hacia afuera. Yo creo que ese es un proceso por el que pasa todo el mundo en algún momento, sobre todo
cuando alguien tiene que enfrentarse a la muerte directamente. Te obliga a cambiar ese foco, y eso es lo que
está representado en mi trabajo…No creo que haya un elemento narcisista, no responde a una admiración
propia de decir ¡ese soy yo! No hay tampoco un intento de representarme como hermoso… Eliminé el pelo
por parecerme un elemento innecesario, accesorio, para darle más fuerza a la figura que, igual que está
desnuda, es calva. Quería reducirla a lo esencial. Le sustraje otro elemento extraño para dejar la figura al
descubierto”(1989).

Cecilio Colón Guzmán (Barranquitas, Puerto Rico, 17 de abril de 1959)


Cuando era muchacho quería ser ecólogo, por lo que ingresó en el Recinto de Mayagüez de la Universidad
de Puerto Rico. Allí conoció al artista Carmelo Fontánez, con quien tuvo la oportunidad de realizar
estudios formales de pintura, asistiendo a las clases sin la obligación académica de ceñirse a un programa
curricular. Por recomendación de Fontánez, el artista se trasladó al Recinto Universitario de Río Piedras,
donde se dedicó formalmente al ejercicio de su arte. En la Universidad estudió bajo la tutela de Lope Max
Díaz, Susana Herrero, Luis Hernández Cruz y Luisa Géigel. En 1981, obtuvo un Bachillerato en Bellas
Artes. Recién graduado comenzó a trabajar en una compañía de sistemas de información donde
permaneció por 22 años. Sin embargo, nunca dejó de pintar. Ha realizado un gran número de exposiciones
individuales y ha participado en muchas exposiciones colectivas. Entre los premios que ha recibido se
encuentran: Primer Premio en Dibujo, Certamen de Arte del Ateneo Puertorriqueño, San Juan, 1985;
Primer Premio, Salón de Arte Mobil Oil Caribe, San Juan, 1985.
Comentario del artista:
“Un autorretrato es un registro, en este caso, pictórico, en el que el artista convierte su imagen íntima en
personaje o sujeto principal de la obra, plasmando su sentir y pensar sobre la realidad de cierto momento
histórico y existencial. Con el autorretrato Sigo pelú y barbú’ quise expresarme sobre varios aspectos
personales, artísticos, socio-políticos y existenciales que ocupaban mi mente y esfuerzos. Para
entonces (1996), hacía quince años que me desempeñaba como asalariado en un empleo
completamente ajeno a las labores de creación, como manera de asegurar los ingresos
económicos necesarios para sustentar una familia de esposa y dos hijos. Esto también me
permitía hacer un arte libre, en el poco tiempo que me restaba, sin ataduras a lo comercial.
En la empresa para la que trabajaba trataron de que eliminara mi barba, bigote y pelo largo
(según sus criterios). En el ámbito artístico no faltó algún ‘famoso’ que tratara de imponer
la idea de que ‘para ser pintor hay que pintar todos los días’. Se discutía también sobre la
vigencia de la abstracción versus la figuración como modos de expresión. 25 años han
pasado; nunca eliminé mi barba, bigote y pelo largo, y trabajé 22 años en aquella empresa.
Siempre pinté, aunque no todos los días, tarea que hoy sí puedo disfrutar integrando las
dimensiones abstractas y figurativas. La auto referencia en esta obra trata, además, de un
ente que es parte de un pueblo que se resiste a dejar de ser nación y de un individuo que
quiere aportar, desde sus capacidades y sus limitaciones, a configurar un mundo justo y un
planeta digno y habit able”(2006).

Ralph de Romero Rivera (Nueva York, 22 de agosto de 1946 – Humacao, Puerto


Rico, 20 de mayo de 2000)

Completó sus estudios de escuela superior en la Music & Art School de Nueva York e ingresó al
Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico, en 1965 donde estudió con Félix Bonilla
Norat, John Balossi, Osiris Delgado y Carlos Marichal. Una vez graduado, regresó a Nueva York para
estudiar en Pratt Institute, de 1967 a 1970, donde obtuvo su Primer Premio por dibujo, del American Art
Association. En 1970 se le otorgó la Beca Fullbright y se transfirió a Ciudad de México, donde trabajó por
dos años bajo la supervisión del muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. Pero fue la década del 1970
la que realmente marcó el comienzo de su carrera profesional. En 1978 organizó su primera exhibición
junto a sus compañeros Peter Gaztambide y Rubén Ríos. En el 1980 estudió litografía en el Instituto de
Artes Plásticas de Puerto Rico. En 1982 obtuvo el Primer Premio en Pintura en el certamen de la Revista
Sin Nombre. Trabajó como Director de Arte de varias agencias de publicidad como: UPS Graphics, (1972),
Martí, Flores, Prieto, Inc. (1976), Young & Rubicam, (1979), BBDO, (1982) y Positive Promotions,
(1988). Cursó estudios, en 1981, en el Colorado Graphic Arts Center, en Denver, y en la Academia de la
Grande Chaumière, entre 1993 y 1995, en París. En 1990 realizó estudios de diseño por computadora en la
New School of Social Research de Nueva York. En 1993 recibió una beca de la Fundación Alfonso Arana
para estudiar y trabajar en París por dos años. Su trabajo se ha expuesto entre otros eventos, en la IV Bienal
de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe, 1979; International Miniature Print Exhibition,
Seoul, Korea, 1989; 25 Años de Pintura Puertorriqueña, Museo de Arte de Ponce, 1986; Contemporaries:
Juxtaponing Perceptions, Museum of Contemporary Hispanic Art, Soho, Nueva York, 1989. En 1998 su
obra fue seleccionada para el Proyecto de Arte Público del Municipio de San Juan.

Osiris Delgado Mercado (Humacao, Puerto Rico, 1 de abril de 1920)


Recibió las primeras lecciones de dibujo de parte de su padre Francisco Delgado. Posteriormente, estudió
pintura con José López de Victoria, Ramón Frade, Alejandro Sánchez Felipe y Franz Howanietz. En 1937
viajó a Florencia, Italia donde estudió en la Real Academia de Bellas Artes. En 1939, en París, Francia,
frecuentó la Academia Vavin y la Academia de la Grande Chaumière. Viajó a Madrid, España, en 1940, y
asistió a la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Más tarde, se dirigió a Nueva York, donde
frecuentó el taller de Yashuo Kuniyoshi en el Art Students League. Regresó a Puerto Rico y completó el
Bachillerato en el Recinto de Río Piedras, en 1951. Tres años más tarde, obtuvo el grado de Doctor en
Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid. A su regreso a San Juan, se desempeñó, entre 1955 y 1970,
como profesor de arte en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Además, fue
Director del Departamento de Bellas Artes de esa institución, de 1957 a 1964, y del Museo de Historia,
Antropología y Arte, de 1964 a 1975. En 1959 obtuvo el Primer Premio en el Concurso para el retrato de
Luis Muñoz Rivera, organizado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. Ha publicado numerosos ensayos
y libros de arte, entre los que podemos mencionar: Luis Paret y Alcázar, pintor español (1957), Francisco
Oller y Cestero (1833 - 1917) Pintor de Puerto Rico (1983), Ramón Frade León, pintor puertorriqueño
(1989) e Historia General de las Artes Plásticas en Puerto Rico (1994). Actualmente es miembro de la
Junta de Directores del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Comentario del artista:
“En mi vida he realizado cuatro autorretratos. El primero 68 años atrás. Fue una miniatura que se
autodestruyó por ser pintada con aceite de oliva (por falta de recursos). La segunda, un año después,
pintada sobre panel de madera enchapada, la destruyeron las termitas; la tercera se quedó sin terminar y ya
no existe; y la cuarta y última subsiste, y es propiedad de la galerista Carmen Correa. ¿Razón de tan pocas?
Hay personas con tipología pictórica y otras que no la tienen, así como las hay con tipología escultórica
(por los muy precisos perfiles de su fisonomía). Ello incita o no a acometer autorretratos. No estoy en
ninguno de tales renglones, y ello nada tiene que ver con ser bien o mal parecido, con narcisismos o con
rechazo de cómo uno es”(2006).
Narciso Dobal Giuliani (San Juan, Puerto Rico, 22 de octubre de 1916 – 14 de
diciembre de 1970)

Estudió en Puerto Rico con el español Alejandro Sánchez Felipe. En 1935 se trasladó a Madrid, España
donde ingresó como estudiante libre a la Academia de San Fernando. Allí fue discípulo de Aurelio Arteta,
Daniel Vázquez Díaz y Laínez Alcalá. Permaneció allí hasta dos meses después de declarada la Guerra
Civil, en 1936. Viajó a Niza, París y Nueva York para visitar museos. Regresó a Puerto Rico en 1938.
Exhibió su obra individualmente en el Ateneo Puertorriqueño y en la Universidad de Puerto Rico, en 1940.
Tecnólogo médico de profesión, se vio precisado a hacer a un lado la pintura y a recurrir a la ciencia como
fuente de ingreso económico. Trabajó en la Escuela de Medicina Tropical en San Juan y posteriormente fue
dueño del Banco de Sangre Metropolitano. Su obra se apartó por completo de la pintura realista del
momento, y estuvo más en consonancia con la búsqueda personal y formal de las tendencias del arte
moderno. En 1953 ilustró el libro Nociones de psiquiatría, neurología e higiene mental para el
Departamento de Instrucción Pública. Pintó los murales de la Iglesia de Bayview, diseñada por el arquitecto
alemán radicado en Puerto Rico, Henry Klumb, en la década del cincuenta.
Elizam Escobar Ortiz (Ponce, Puerto Rico, 24 de mayo de 1948)
Cursó estudios en la Pontificia Universidad Católica de Ponce y en la Universidad del Estado de Nueva
York. En 1973 obtuvo el Bachillerato en Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río
Piedras. Entre 1974 y 1977 tomó clases en la Escuela de Arte del Museo del Barrio, y, de 1977 a 1978, en
la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. Trabajó como maestro en las escuelas públicas de esa
ciudad y en la Escuela de Arte del Museo del Barrio. El 4 de abril de 1980 fue arrestado y acusado de ser
miembro del movimiento clandestino puertorriqueño que lucha por la independencia de la nación y recibió
una sentencia de 68 años de cárcel. Durante sus años en prisión continuó pintando, escribiendo poesía y
ensayos teóricos. El 10 de septiembre de 1999 salió de la cárcel federal El Reno, en Oklahoma, y regresó a
vivir a Puerto Rico, donde se desempeña actualmente como profesor de pintura en la Escuela de Artes
Plásticas de San Juan. Escribió y publicó el libro Los ensayos del artificiero: más allá de lo político-directo
y el postmodernismo. Su obra ha sido exhibida en diversos países y ha participado en numerosas
exposiciones colectivas.
Comentario del artista:
“Para mí, el autorretrato es una oportunidad de visibilizar lo macro desde lo micro. Un mapa mejor
conocido -aunque siempre misterioso- que nos zumba hacia el espacio que da cabida a todos los otros
rostros-mapas. El escindido no es sólo un autorretrato (la cara del artista, aunque acontezca como máscara,
el uniforme azul-gris de la prisión estatal, el kaki de la federal, la horca de la muerte, el sol de la vida, etc.)
es también una personificación de la solidaridad que surge entre el yo-real-existente y su otro-imaginario
que comienza a ser más real en su devenir trascendente. Es esa mirada sin ojos que no quiere quedarse en
el horizonte inmediato de la muerte-en-vida sino que busca traspasar el tiempo y el espacio de todas las
cárceles y máscaras sociales, sicológicas, ideológicas, para ejemplificar eso mismo que nos exige la
práctica de la libertad”(2006).

Antonio Fonseca Vázquez (Caguas, Puerto Rico, 11 de diciembre de


1972)

Tras finalizar su Bachillerato en la Escuela de Artes Plásticas, en el 1997, se trasladó a Ithaca, Nueva York,
para hacer una Maestría en Cornell University, la cual concluyó 1999. Concentró sus estudios en el
grabado y el dibujo. Durante su estancia en Estados Unidos, tuvo la oportunidad de intercambiar nuevas
ideas y técnicas de impresión gráfica que no recurrían a químicos. Sus trabajos, entre los que sobresalen
los temas religiosos y de la cultura, utilizan esta técnica mayormente. Su primera exhibición profesional fue
celebrada en 1997, en la Galería Botello, con dibujos y grabados de gran formato. En 1998 asistió al
Tamarind Institute, en Albuquerque, Nuevo México, para participar en un seminario de grabado.
Posteriormente, estudió grabado no tóxico con Keith Howard. Entre los premios de arte que ha recibido
constan: Mención de honor, Arte Joven, Museo de Arte de Ponce, 1999; Tercer Premio, 34eme Festival
Internacional de la Peinture, Chateau-Musée, Cagnes sur Mer, Francia; y Mejor Exposición Individual
1997, otorgado por AICA (Asociación Internacional de Críticos de Arte de Puerto Rico). Desde 1996 al
presente ha impartido cursos-conferencias sobre arte, en Puerto Rico y los Estados Unidos, y supervisado
grabados en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras; en el Worcester Center for Crafts and
the Fitchburg College, Worcester, Massachussets; en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico y Cornell
University, en Ithaca, Nueva York. Desde el 2000 reside en Southbridge, Massachusetts, donde trabaja
como consultor para el manejo y control de problemas de conducta. Actualmente trabaja para el sistema de
educación del estado y mantiene un estudio donde continúa la experimentación con nuevos métodos de
creación, tales como instalaciones digitales, fotografía y esculturas.
Comentario del artista:
“El autorretrato ‘la auto representación’ es una síntesis, un espacio autobiográfico en la vida del artis ta. El
acto de confesar y brindar al público la vulnerabilidad íntima de sí mismo. El autorretrato tiene a su vez un
paralelo con la temática y la visión artística de su tiempo, es la definición de la dualidad existencial de la
vida del artista y el homb re”(2006).

Ramón Frade León (Cayey, Puerto Rico, 6 de febrero de 1875 – 30 de abril de 1954)
Huérfano desde temprana edad, fue adoptado por Nemesio Laforga, un comerciante español que se lo llevó
a vivir a Madrid. En el 1889 su familia se mudó a Santo Domingo, donde frecuentó la Escuela Municipal
de Dibujo. Asistió a los cursos nocturnos de la Escuela Normal, fundada y dirigida por Eugenio María de
Hostos. Aquí obtuvo el título de Institutor, en 1894. Frecuentó el taller de Luis Desangles, donde
concurrían Eugenio María de Hostos, Federico Henríquez y Carvajal, Américo Lugo, Abelardo Rodríguez
Urdaneta, García Obregón y muchos otros literatos y artistas. Trabajó, además, como retocador de
negativos en el taller fotográfico de Julio Pou. De ahí su afición por la fotografía. Colaboró como dibujante
en el periódico El Lápiz. En 1892, ingresó a la Escuela de Telégrafos, donde conoció a su verdadero
maestro, el pintor y diplomático francés M. Adolphe Laglande, del cual aprendió técnica y color. Tras
residir en Haití por varios años, regresó a Puerto Rico, en 1902. En 1905 terminó de pintar El Pan Nuestro.
Dos años más tarde, el gobierno le otorgó una beca para ir a Europa por cuatro meses. Allí visitó Roma,
Florencia, Nápoles, Venecia, Milán, Pisa, Barcelona y Málaga. Posteriormente, en 1913, estudió
arquitectura con la American School of Correspondence, y se certificó como agrimensor, lo que le proveyó
un medio para ganarse la vida. Trabajó como ingeniero con la Puerto Rico Relief Administration de 1936 a
1939. En sus últimos años, pintó murales, presentó proyectos de ley y ganó la “Medalla Benemerenti”
otorgada por el Papa Pío XII.
Frade utilizaba las imágenes de las fotografías que tomaba para sus composiciones artísticas. Pintó
numerosos retratos y paisajes. Realizó varios autorretratos en diferentes medios: dibujo, óleo y gouache. En
la obra que exhibimos, se pintó a sí mismo haciendo una mensura, rodeado de niños, del paisaje de
montaña de su pueblo natal y de una leve bruma.

Domingo García Dávila (Coamo, Puerto Rico, 20 de abril de 1932)


Su educación formal comenzó en 1950 cuando tomó clases de oyente en la National Academy of Fine Arts,
en Nueva York, y donde conoció al pintor norteamericano Edwin Dickinson. Se matriculó en el Art
Institute de Chicago, en 1951, y estableció amistad con el pintor paisajista inglés William Locke, quien le
ofreció clases gratuitas en Londres. Abandonó sus estudios y se mudó a Europa, donde vivió por cinco
años. En 1957 regresó a Puerto Rico, y fundó el Taller Galería Campeche, en el Viejo San Juan, el cual
inauguró formalmente en junio de 1959. Durante nueve años dirigió allí un taller de serigrafía en el que
ofreció clases de pintura gratuita a jóvenes interesados en el arte. Esta Galería fue escenario de numerosas
exposiciones individuales y colectivas, además de ser sede de los primeros conciertos de jazz y subastas de
arte en Puerto Rico. En 1967 la galería La Casa del Arte le otorgó una beca para estudios, con la que viaja
por Europa y el Norte de Africa para visitar museos y galerías. Recibió, además, en 1972, la Beca
Guggenheim. Fundó, en 1988, la Galería Latinoamericana, donde se reunía el denominado Grupo X,
compuesto por pintores que expresaban su preocupación ante la falta de excelencia, estudio, y vocación
profesional que caracterizaba la pintura del momento. De 1987 a 1999 fue profesor de proporción,
composición y diseño en la Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña.
El retrato y el autorretrato han sido los géneros más cultivados por este artista, el cual ha sido identificado
como “el Narciso criollo”, por Mari Carmen Ramírez. Entre sus autorretratos están: Autorretrato con pelo
(1957), Autorretrato: la respuesta (1982), Autorretrato: el abuelo (1986), Autorretrato amigo (1993),
Autorretrato con flores (1979), El pintor desapareciendo (1993), Autorretrato en verde (1994), Aries:
autorretrato metafórico (1994).
Comentario del artista:
“Cuando un pintor se pinta a sí mismo es porque necesita descubrir algo más acerca de su propia identidad,
su existencia psicobiológica o la lucha con su propio ser. El verdadero sujeto es uno interno, reflejado en
las imágenes interiores del alma, o en el estado de ánimo y de tensión mental del pintor. Nadie duda que la
realidad superficial que percibimos no sea la verdad. La auténtica realidad del mundo está en nosotros,
reflejada en nuestros rostros, un buen pintor puede adivinar toda una biografía en las líneas del rostro. La
propia imagen de uno y lo que ésta revela de nuestra vida interna es el tema más importante del artista. El
pintor no tiene otro instrumento que sí mismo para buscar un nivel de realidad más allá de la percepción
común...” (1989).

Luisa Géigel Brunet (San Juan, Puerto Rico, 26 de agosto de 1916)


Su talento para el dibujo fue descubierto a temprana edad por las monjas del Colegio de las Madres
Esclavas del Sagrado Corazón, en Barcelona, España. Estimulada por sus educadoras comenzó a tomar
clases nocturnas de dibujo con el español José Mongrell, Director de la Escuela de Bellas Artes de
Barcelona. Al morir su madre, en 1935, regresó a Puerto Rico. Sin embargo, poco después, su padre,
Fernando Géigel y Sabat, fue nombrado Director de la Oficina de Puerto Rico en Washington. En esa
ciudad se matriculó en The King Smith Studio School, y el Phillip Memorial Art Gallery Studio House,
concentrándose en escultura. Al mudarse a Nueva York, en 1937, continuó sus estudios de pintura con
Robert Brackman en el Art Student’s League, y escultura con el español José de Creeft, en su estudio de
Greenwich Village. A su regreso a Puerto Rico, en 1939, fue invitada a participar en una exposición de la
Liga Profesional de Artistas Americanos, Capítulo de Puerto Rico, en la cual su obra causó un gran impacto
por su temática del desnudo. Eventualmente ésta fue rechazada por el público moralista y conservador de la
época. Fue miembro fundador de la División de Artes Plásticas del Ateneo Puertorriqueño. En el 1958,
comenzó su cátedra en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, en la cual impartió la
enseñanza del dibujo académico, dibujo anatómico y escultura. En 1988 se retiró de la docencia. Se
conocen varios de sus autorretratos al óleo de diferentes épocas.

Manuel Hernández Acevedo (Aguas Buenas, Puerto Rico, 6 de enero de 1921-


San Juan, Puerto Rico, noviembre de 1988)

Artista autodidacta que sólo completó sus estudios hasta el cuarto grado. Trabajó como carpintero,
zapatero, boxeador y cantante. Durante más de veinte años fue cantante del conjunto Hijos de Borinquen, y
fundó posteriormente otra agrupación llamada Guanabacoa. Su iniciación en el arte tuvo un origen casual.
A finales de los años cuarenta, comenzó a trabajar como mensajero en la Administración de Parques y
Recreo. Allí, la directora de la sección de Artes Gráficas, Irene Delano, creó un programa mediante el cual
todos los empleados dedicaban parte de su tiempo a pintar. Delano y Francisco Palacios lo entrenaron en la
mezcla de colores y en la impresión de serigrafía. Luego, en la División de Educación de la Comunidad
(DIVEDCO), bajo la tutela de Lorenzo Homar y Rafael Tufiño, comenzó a desarrollar sus habilidades
pictóricas. Trabajó como supervisor del taller de serigrafía de la DIVEDCO hasta 1977. Es considerado
uno de los más importantes intérpretes de la pintura primitiva en Puerto Rico. Se destacó en la serigrafía y
su temática favorita fue el viejo San Juan: sus edificios, sus casas, arrabales, calles, capillas, altares y su
gente. En 1981 fue el artista homenajeado por la V Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano. Su
obra ha estado expuesta en numerosas exposiciones colectivas, tales como: El cartel en Puerto Rico 1946-
1985, Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1985;
La estampa serigráfica en Puerto Rico: Cuatro décadas, Museo de Historia, Antropología y Arte,
Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, 1987; El portafolio en la gráfica puertorriqueña,
Museo de las Américas, San Juan, Puerto Rico, 1995; Grabadores Latinoamericanos y del Caribe 1960-
1970, Chase Manhattan Bank, Hato Rey, Puerto Rico, 1995; El mundo de la ingenuidad, Museo de Arte de
Puerto Rico, 2002.

Lorenzo Homar Gelabert (San Juan, Puerto Rico, 10 de septiembre de 1913- 16 de


septiembre de 2004)

Emigró con su familia a Nueva York en 1928. Poco después conoció a Reginald Marsh, quien lo motivó a
ingresar, en 1931, en la Liga de Estudiantes de Arte de esa ciudad, donde estudió con George Bridgeman.
Asistió a Pratt Institute de Nueva York, de 1939 a 1942. En 1936 comienza a trabajar como aprendiz de
diseñador de joyas en la famosa Casa Cartier de esa ciudad. Ingresa voluntariamente al ejército en 1942,
durante la Segunda Guerra Mundial. Después de licenciarse, se integra a su empleo en la Casa Cartier.
Estudió pintura con Rufino Tamayo y Arthur Osver y grabado con Gabor Peterdi en las clases nocturnas
del Museo de Brooklyn. Regresó a Puerto Rico en 1950 y se unió al grupo de artistas que fundó el Centro
de Arte Puertorriqueño. Al año siguiente se integró como ilustrador, diseñador y cartelista a la Sección de
Gráfica de la División de Educación de la comunidad, donde permaneció hasta 1956 cuando recibió la
Beca Guggenheim. En 1957 organizó el Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el cual
dirigió hasta su renuncia en 1973. En él se entrenaron algunos de los artistas más destacados que
conocemos actualmente. Ese año estableció su propio taller y comenzó un proceso de experimentación
técnica en el medio serigráfico. Entre los premios que recibió se encuentran: el Premio de Grabado,
otorgado por el Ateneo Puertorriqueño en 1958; Certificado de Mérito, Typomundus 20, Stuttgart,
Alemania, 1966; Premio en el Festival del Libro , Leipzig, Alemania, en 1965; Primer premio en la Bienal
de ilustraciones de libros de niños, Bratislava, Checoslovakia, en 1971. Contribuyó a la organización de la
Primera Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano. El Museo de Arte de Ponce organizó una
exposición retrospectiva de su obra en 1978. En el transcurso de su vida, su obra estuvo expuesta en
numerosas exhibiciones colectivas nacionales e internacionales.
Realizó diversos autorretratos en medios como el grabado, el dibujo y la pintura. Entre éstos podemos
mencionar: Autorretrato, punta seca, 1951; 1928-1950, linóleo, 1957; Autorretrato, buril, 1967;
Autorretrato, serigrafía, 1974; Cuevillas 607, acrílico, 1985; Autorretrato, acrílico, 1986; Autorretrato en
Ocean Park, acrílico, 1989. Las dos grandes pasiones de Homar eran el arte y el deporte. Practicó la
acrobacia y la gimnasia durante toda su vida. Durante años, tres veces en semana, entrenaba gratuitamente
a jóvenes gimnastas en la playa de Ocean Park, para ayudarles
a liberar energías y superarse como seres humanos a través de una vida sana y disciplinada. En
la obra expuesta, el artista se presenta caminando hacia su área de práctica, con unas barras paralelas para
hacer la parada de manos, y un trampolín.

José Elías Levis Bernard (Aguadilla, Puerto Rico 1871- San Juan 1942)
Periodista, novelista, poeta, artista. Cursó en Añasco la instrucción primaria. Luego completó su formación
con su tío José Bernard, hombre de gran ilustración. Sus inquietudes artísticas se manifestaron desde
temprano a través del cultivo del dibujo y la pintura. Sus habilidades pudieron refinarse en ocasión de un
viaje por Europa, cuando tuvo la oportunidad de residir durante largas temporadas en Sevilla y en París. Un
cuadro suyo inspirado en la figura de Fernando III el Santo mereció ser premiado en la capital francesa. De
esta época de su vida datan también las estampas de viaje que coleccionó en el tomo titulado Bajo el sol de
España: La Semana Santa en Sevilla (1925). A su regreso a Puerto Rico ejerció como profesor de arte
durante varios años. En San Juan fundó y dirigió, en 1904, el semanario Blanco y Rojo, dedicado a las
clases populares, y en 1915, la revista ilustrada Hojas de arte. Además, fue redactor del Heraldo Español y
el Boletín Mercantil y colaboró frecuentemente en Puerto Rico Ilustrado. Se destacó primordialmente en la
literatura escribiendo novelas tales como: Estercolero (1900); Mancha de Lodo (1903); Planta
Maldita(1906) y Vida Nueva (1910). También incursionó en el teatro, para el cual escribió la obra Un
hombre nuevo, estrenada en San Juan en 1907. Como pintor, su estilo era romántico. Creó paisajes,
escenas puertorriqueñas dentro de un ambiente clásico, y retratos. Entre sus obras constan: Paisaje con
ganado (1910), Autorretrato (1919), Monseñor Pablo Benigno Carrión (1936). Su mayor aportación fue
su ardua labor en la promoción de las artes plásticas en Puerto Rico, durante la primera mitad de la década
del 30. Realizó labores polifacéticas que iban desde fundar la Sociedad de Escritores y Artistas (1912), ser
profesor de dibujo y pintura en el Asilo de Niños en Santurce (1913), hasta fundar la Asociación de
Periodistas de Puerto Rico (1915). Pero su más grande logro fue la creación de la Academia de Bellas Artes
para la clase trabajadora. Esta fue incorporada oficialmente en el 1920, con su programación de cursos a
ofrecer. Lamentablemente, el paso del huracán San Felipe frustró la construcción de las facilidades que
culminarían el proyecto.

Daniel Lind Ramos (Loíza, Puerto Rico, 21 de mayo de 1953)


Su primer contacto con el arte fue en la Universidad de Puerto Rico, donde terminó un Bachillerato en
Artes, en 1975. Allí tuvo como maestros a Félix Bonilla, Osiris Delgado y Luis Hernández Cruz, entre
otros. Luego terminó su Maestría en la Universidad de Nueva York, en 1980. Fue el primer artista becado
por la Fundación Arana para estudiar en París, Francia, en 1989. En esta ciudad también asistió al taller de
Antonio Seguí, artista argentino que fue su maestro. Este período fue enriquecedor por el intercambio de
experiencias e ideas con estudiantes y pintores europeos y latinos que visitaban este taller. Ha recibido
múltiples premios, entre los que se destacan Tercer Premio de Arte Joven, Royal Bank of Canada, Puerto
Rico (1974); Primer Premio, Certamen Mobil Oil Caribe, Puerto Rico (1979); y el Segundo Premio en el
mismo certamen, en 1981; Primer y Segundo Premio de Pintura Gulf, San Juan, Puerto Rico (1980);
Segundo Premio de Pintura Gulf, San Juan, Puerto Rico (1981); Mención de Honor, Certamen de Pintura
del Ateneo Puertorriqueño (1985); Primer Premio en el Salón Val D’Ors de Hyerès, en Francia (1990);
Premio Salón de Delegación Internacional de Plástica Latina, Francia (2000). Ha realizado exposiciones
individuales y ha participado en colectivas en Puerto Rico, Francia, República Dominicana y Estados
Unidos. En el 2002 fue seleccionado por el Proyecto de Arte Público para desarrollar una serie de cinco
esculturas en el pueblo de Loíza, Puerto Rico, titulada Viva Santiago Apóstol. Actualmente es profesor en
el Colegio Universitario de Humacao de la Universidad de Puerto Rico.
Comentario del artista:
“Un autorretrato, independientemente de las distintas formas de representación utilizadas, (naturalista,
realista, estilizada y abstracta) debe proyectar directa o indirectamente el aspecto sicológico del retratado.
Es un género que ofrece múltiples alternativas para la experimentación formal o para la revisión del medio
de la pintura misma. En este autorretrato, pintado en un invierno mientras estudiaba en New York
University, además de plantear la etnicidad como un valor, mi interés también radicó, en términos
experimentales, en investigar las posibilidades cromáticas de una paleta restringida a los pigmentos rojos,
negro marfil y blanco de titanio”(2006).

Poli Marichal Lugo (Ponce, Puerto Rico, 1 de febrero de 1955)


En su búsqueda por desarrollar un lenguaje propio, ha explorado la pintura, el grabado, la ilustración, el
dibujo animado, el cine experimental y las instalaciones multimedios. Estudió arte con su padre, Carlos
Marichal y con Myrna Báez. En 1973 comenzó estudios en la Escuela de Artes Plásticas y posteriormente
se trasladó a Barcelona, donde estudió en la Escuela Massana durante dos años. Regresó a Puerto Rico y se
graduó de la Escuela de Artes Plásticas, en 1978. En el Massachusetts College of Art de Boston, obtuvo un
grado de Maestría, en 1982. Fue miembro del Taller de Cine La Red y del Comité Organizador de los
Encuentros de Cine Super 8 realizados en la Isla. En 1992 se le otorgó la Beca Rockefeller, entre
numerosos premios y reconocimientos que ha recibido a través de su carrera, incluyendo la inclusión de dos
de sus cortometrajes experimentales en la retrospectiva Big as Life: An American History of 8 mm Films,
organizada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Desde 1989 reside en Los Ángeles, California,
donde ha continuado desarrollando una amplia actividad creativa.
Comentario de la artista:
“Hago autorretratos para conocerme mejor. No pretendo hacer una copia fotográfica pero sí psicológica o,
por no tener un mejor término, espiritual. Me he retratado en óleo, acrílico, medio mixto, grabado, acuarela,
dibujo, barro y papier maché. Por lo general hago autorretratos cuando estoy gestando una serie de trabajos
y necesito calentar. Es casi como hacer meditación. Entro en un estado de reflexión, de concentración
intensa y uso mi cara para experimentar, para probar formas de ver. Lo que más disfruto es ver cuanto me
puedo alejar de la fidelidad de la imagen sin perder la esencia básica, el parecido anímico, lo que queda
después de desechar los detalles. Cuando estudio mi cara para hacer un autorretrato, más que copiar mis
rasgos, busco plasmar un sentir interno, hacer concreto un estado de ánimo, una forma de ver las cosas, en
este caso una cara, la mía. Por eso titulé esta pieza En Trance, porque en mi estudio, sola, yo soy tanto la
intérprete como la audiencia, la originadora y la destructora dentro del microcosmos en que se convierte el
canvas. Dentro del espacio limitado de la tela, mis aspiraciones y mis limitaciones se baten sin tregua y
paso por momentos de euforia y de desasosiego en lo que me encuentro. En esta pugna-goce-meditación,
los pinceles y las espátulas manchan, rayan, escarban, destruyen, vuelven a construir; hasta que consigo dar
con el hilo que me lleva hacia adentro y hacia afuera, que me ancla y que me libera. Y al final, cuando llego
a ese momento en que veo un poco de luz, un cierto balance, algo de paz, mi cara en el canvas ya no es mi
cara sino la máscara desechada que queda después del rito”(2005).

Antonio Martorell Cardona (Santurce, Puerto Rico, 18 de abril de 1939)


Después de terminar la carrera diplomática en Georgetown University, Washington, D. C., decidió irse a
Europa a estudiar arte. De 1961 a 1962 estudió pintura y dibujo en Madrid, España, becado por la
Fundación Ferré, bajo la dirección del maestro Julio Martín Caro. A su regreso a Puerto Rico estudió con
Lorenzo Homar en el Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña, donde permaneció hasta
1965. En 1968 estableció el Taller Alacrán, taller-escuela de arte comprometido con la denuncia de la
realidad social y la política nacional; y lo dirigió hasta 1971. De 1978 a 1984 residió en México. Entre los
numerosos reconocimientos que ha recibido están el Premio Children’s Book Show, American Institute of
Graphic Arts, Nueva York, 1968; el Premio de la III Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y
del Caribe; Medalla, Bienal Internacional del Grabado, Frechen, Alemania; Premio, Bienal Internacional
del Grabado, Florencia, Italia, en 1974; el de artista homenajeado en la VII Bienal, en 1986. Se ha
desempeñado como profesor en la Universidad Interamericana de San Germán, en la Liga de Estudiantes
de Arte, y en la Escuela de Artes Plásticas, entre otras instituciones. Actualmente es Artista Residente del
Colegio Universitario de Cayey y preside allí la Junta Asesora del Museo Dr. Pío López Martínez.
Mantiene talleres en Cayey, la Playa de Ponce, Hato Rey, y en El Barrio, en Nueva York. Martorell, artista
multifacético, es escenógrafo, diseñador de vestuario, diseñador e ilustrador de libros, cartelista, grabador,
pintor, escritor y creador de instalaciones en ámbitos de diversa índole. Ha realizado numerosos
autorretratos en medios como el grabado, el dibujo y la pintura.
Comentario del artista:
“El fin de un año y el comienzo de otro siempre me provoca un autorretrato que es para mí el de Año Viejo.
Así puedo dar testimonio visual del paso del tiempo por la propia imagen, tratada por supuesto con más
cariño que el que el tiempo otorga. Es también una constancia de las inquietudes tanto de técnica como de
estilo, de materiales, superficies, escalas, de cómo uno se quiere ver a sí mismo, que casi nunca coincide
con cómo nos ven los demás. Suele decirse que los pintores se autorretratan demasiado serios y no es que
esa sea nuestra intención. Lo cierto es que al mirarnos al espejo la mirada escrutadora, analítica, en busca
de soluciones formales suele excluir la sonrisa. No es que queramos parecer serios, y menos yo que soy
partidario de la risa propia y ajena. Es que aunque el resultado sea jocoso, el proceso conlleva una
intensidad que borra por el momento la sonrisa aunque intente provocarla en el otro. El autorretrato siempre
es un espejo a destiempo y a veces a contratiempo”(2006).
Luis Maisonet Crespo (Hatillo, Puerto Rico, 8 de julio de 1924)
Hizo sus estudios primarios y secundarios en su pueblo natal, alternando sus estudios con el trabajo en el
campo. Fue durante ese tiempo que se interesó por las artes plásticas, empezando sus estudios de manera
autodidáctica. Durante la Segunda Guerra Mundial, en el 1943, fue llamado a servir en las Fuerzas
Armadas, por espacio de tres años. Al regresar decidió terminar sus estudios de escuela superior para
luego ingresar, en el 1949, a la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, concentrándose
en las Bellas Artes. Durante sus estudios participó en dos exposiciones colectivas y dos individuales. Sus
maestros fueron Cristóbal Ruiz y Eugenio Fernández Granell. Este último, lo guió por las nuevas
tendencias del arte moderno, interesándose en el Surrealismo, aunque su primera etapa, fue considerada
realista. Trabajó por varios años en el teatro donde se destacó como escenógrafo y director. Su más grande
aportación fue en la sección de cine de la División de Educación para la Comunidad del Departamento de
Instrucción donde trabajó en un sinnúmero de películas como director, guionista, camarógrafo y actor; pero
se destaca como director de la película Modesta, que participó en el Festival de Cinematografía de
Venecia, Italia en 1956, y ganó el Primer Premio en Corto Metraje. Se trasladó a México en 1965 donde
ingresó en la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Autónoma de México. Retornó a Puerto
Rico, donde fungió como Director Ejecutivo de la División de Educación de la Comunidad, hasta 1981.
Trabajó como profesor en la Escuela de Artes Plásticas. Hoy día, a sus 81 años se concentra en la pintura
de gran formato, teniendo en cuenta los elementos formales del diseño: el espacio, el color y la forma.
Comentario del artista:
“Un autorretrato no es nada más y nada menos que una tradición de los artistas; es raro encontrar, en la
historia del arte mundial, un artista importante que no se haya hecho uno y aunque podría ser un ejercicio
de narcisismo, siempre hay que pintarse para reconocerse”(2006).

Néstor Millán Álvarez (San Germán, Puerto Rico, 17 de septiembre de 1960)

Ingresó a la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras,


concentrándose en Bellas Artes. Se graduó en 1982 con Magna Cum Laude. Obtuvo su Maestría en Pratt
Institute de Nueva York, en 1987. Allí cursó estudios independientes en vídeo, fotografía y grabado. Se
integró a su Alma Mater, en 1988, como profesor de dibujo y grabado, y ostenta hasta el presente el título
de Catedrático. Además, ha impartido clases en la Universidad del Sagrado Corazón, Casa Candina y en la
Universidad Interamericana. Ha participado en numerosas exhibiciones colectivas en Puerto Rico y en el
extranjero, entre ellas American Voices: Latino Photographers in the United States, International Gallery,
Smithsonian Institution, 1997. Entre los varios premios recibidos se encuentran: Mención de Honor,
Primera y Segunda Bienal de Arte Joven, Chase Manhattan Bank, 1989, 1991 respectivamente; Premio de
Adquisición, en la categoría de fotografía y grabado, Primer Certamen Nacional de Artes Plásticas, Museo
de Arte Contemporáneo de Puerto Rico, en 1991.
Comentario del artista:
“El autorretrato es el género de mayor intimidad e intensidad con que podemos revelar infinitas
dimensiones de nuestra existencia. Hace poco escuché a un colega decir a sus estudiantes que ‘el
autorretrato no está de moda’ -nada más falso-, pensé. El hombre contemporáneo es probablemente el más
obsesivo en transcribir, transformar y exponer su autoimagen no sólo en las artes sino en casi todas las
manifestaciones de la vida. Queremos dejar huellas, que sepan que estuvimos aquí.
Aunque no es el acercamiento tradicional al autorretrato, la pintura que aquí se expone muestra la estrategia
que casi siempre utilizo. En este caso una composición donde la autorrepresentación del autor dialoga con
otras obras en la historia del arte. En el plano intermedio la escena del bosque artificial y tropical donde
yace un caballito de suspensión apropia y transforma el famoso tapiz medieval The Hunt for the Unicorn
perteneciente a la colección de Los Claustros, en Nueva York. Al extremo izquierdo un indiferente y
robusto cuerpo se aproxima. Apropiado y también transformado de las secuencias fotográficas de Edward
Muybridge, The Human Body in Motion. Y al extremo derecho, me represento en situación similar, pero
divergente en relación al proceso de Muybridge: me volteo y observo directamente al espectador”(2005).

Rubén Miranda Maldonado (San Juan, Puerto Rico, 31 de enero de 1955)


Ha residido en los Estados Unidos por veintiocho años; los últimos diecisiete en el estado de Texas.
Comenzó a pintar inspirado por la obra del pintor puertorriqueño del siglo XIX Francisco Oller.
Posteriormente obtiene una educación formal en arte. Recibió su grado de Bachillerato en Bellas Artes en
la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, en 1975, y su grado de Maestría en Pintura, en
Florida State University, en 1981. Ha creado un estilo lleno de elementos conceptuales que utilizan como
temática principal la figura humana y sus partes. Esta representa un medio para expresar la angustia del ser
humano en la búsqueda de un significado existencial. A esto se añade el conocimiento del color y las
texturas, que lo han hecho destacarse en un sinnúmero de exhibiciones representando el arte latino en los
Estados Unidos. Su estilo refleja un interés por el Cubismo europeo, el Impresionismo Abstracto, el
Surrealismo y el Futurismo, importantes movimientos del siglo XX. A esto se le unen la influencia de los
motivos provenientes de las culturas indígenas que originalmente poblaron la isla de Puerto Rico. Es, en
fin, el resultado de la unión de elementos polifacéticos. Algunas de las exhibiciones en que ha participado
son: Contemporary Puerto Rican Drawings, Cayman Gallery, Nueva York, 1983; Myths of Machismo,
Dallas Visual Arts, Dallas, Texas,1994; Mundo Latino: A Celebration of Culture, The State Fair of Texas,
Dallas, Texas, 2001. Entre los premios recibidos constan: Individual Artists Fellowship de Florida Fine
Arts Council y The National Endowment for the Arts, 1981; Premio en Pintura de 6to Salón de Arte Mobil
Oil Caribe, 1982; Painting Purchasing Award del 7mo Salón de Arte Joven, Royal Bank of Canada, Hato
Rey, Puerto Rico, 1978; Premio de Pintura en Festival de Pintura Puertorriqueña – Homenaje a Francisco
Oller, United Federal Savings Bank, Puerto Rico, 1976.
Comentario del artista:
“¿Un autorretrato? Pues tú sabes que en la Santería o en el Vodoo se crean imágenes que supuestamente
poseen el alma o espíritu de la persona a quien se quiere, ya sea para bien o para mal. Yo trato, a través de
mis autorretratos, de inyectar mis pinturas con esa clase de energía espiritual y magnética. Creo que un
autorretrato no tiene necesariamente que parecerse a la persona que lo hace pero sí debe de tener la esencia
de su espíritu”(2006).
Francisco Oller y Cestero (San Juan, Puerto Rico, 17 de junio de 1833 - Cataño,
Puerto Rico, 17 de mayo de 1917)

Se inició en dibujo y pintura en el taller de Juan Cletos Noa. En 1851 viajó a España para proseguir
estudios en la Academia de San Fernando, en Madrid.Estudió con el pintor español Federico Madrazo.
Regresó a Puerto Rico en el 1853. Obtiene la Medalla de Plata en la Primera y Segunda Feria Exposición
de Puerto Rico, en 1854 y 1855 respectivamente. En varios períodos de su vida (1858-65; 1873-76; 1895-
96) vivió en París, lo cual fue determinante para el desarrollo de su estilo, influenciado por las tendencias
realistas e impresionistas. En el 1858 estudió en el taller del pintor Thomas Couture, en el 1859 se
inscribió en el atelier del pintor Gleyre y comenzó a trabajar en la Academie Suisse, en 1861, donde se
relacionó con artistas de la vanguardia del momento como Antoine Guillemet, Paul Cézanne, Armand
Guillaumin, Camille Pizarro y Claude Monet. Posiblemente también visitó el taller de Gustave Courbet.
Asistió, en 1863, a los cursos nocturnos de la École Imperiale et Spéciale de Dessin. En el 1872 recibió en
España el nombramiento de “Pintor de la Real Cámara de Madrid”. Residió en ese país entre 1877 y 1884.
En esta ocasión (1883), expuso en el Palacio de la Correspondencia. Regresó al año siguiente a su país
natal. Además de las ya mencionadas, participó, en la capital francesa, en las exhibiciones Salón de París
en 1864 y 1865 y el Salón de Refusés, en 1875. Pintó su famosa obra El Velorio entre 1892 y 1893. En este
año fue galardonado con la “Medalla de Oro” de la exposición con motivo del Cuarto Centenario del
Descubrimiento de Puerto Rico. Además de ser el pintor más importante de Puerto Rico en el siglo XIX,
realizó una valiosa labor como maestro. Abrió en San Juan, una academia que ofrecía clases gratuitas de
dibujo y pintura (1868). Publicó, en 1869, la primera edición de Conocimientos necesarios para dibujar de
la naturaleza: elementos de perspectiva al alcance de todos. En 1889 fundó una escuela de dibujo y
pintura para señoritas. Entre 1903 y 1904 fue profesor de dibujo en la Escuela Normal de Puerto Rico. Su
obra y su labor educativa contribuyeron a la formación de una generación pictórica en la Isla, a comienzos
del siglo XX.

María de Mater O’Neill Becerra (San Juan, Puerto Rico, 9 de marzo de 1960)
En 1978, ingresó a Cooper Union School of Art and Science en la ciudad de Nueva York. Se trasladó en
1982 a Lucca, Italia, donde estudió fotograbado bajo la supervisión de Luis Camnitzer. Trabajó como
impresora en el Taller Sagradini, en Florencia. En 1983 regresó a Nueva York y se reintegró a Cooper
Union donde, en 1984, completó su Bachillerato en Bellas Artes. Residió durante diez años en Nueva York
y regresó a Puerto Rico en 1988. Tras cultivar el grabado durante sus años de estudiante, incursionó, al
graduarse de pintura, en el diseño gráfico y el vídeo. Ha ganado un sinnúmero de galardones locales e
internacionales. Recibió Mención de Honor en Grabado en el Certamen Anual del Ateneo Puertorriqueño
de 1983 y 1984 respectivamente. En 1991, obtuvo el Primer Premio en pintura, de la III Bienal
Internacional de Pintura, Cuenca, Ecuador; y Mención de Honor en vídeo Experimental, San Antonio Cine
Festival, Texas. Ha realizado proyectos en la Internet y la computadora. Es editora y fundadora de la
revista cibernética sobre la cultura puertorriqueña contemporánea El Cuarto del Quenepón, desde 1995.
Ese mismo año obtuvo el Segundo Premio de Adquisición del Tercer Certamen Nacional de Artes
Plásticas del Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico. Su obra ha sido seleccionada para participar
en numerosas exposiciones, entre ellas New Art from Puerto Rico, Museum of Fine Arts, Springfield,
Massachussets, 1990; y Latin American Women Artists 1915-1995, en el Milwaukee Art Museum,
Wisconsin, 1995-1996. Actualmente es profesora de la Escuela de Artes Plásticas de San Juan.
Comentario de la artista:
“El autorretrato, yo creo que siempre ha ido más allá de una cosa física, de parecido, el autorretrato es una
presentación de una esencia de una persona…Hay ciertos elementos que yo mantengo en el autorretrato.
Yo soy bien flaca; el factor de los cuellos largos y los huesos visibles y el ojo grande son como tres puntos
de mi apariencia”(1989). “La serie de Autorretratos comenzaron por accidente justo de ser recién graduada
de la universidad. Empecé como un ejercicio académico, siendo yo la modelo. Una excusa para pintar.
Me cogió de sorpresa no sólo que se volvieran una serie, pero por el desarrollo conceptual y estético de las
mismas. Además del recibimiento positivo que tuvieron. Ahora, luego de 20 años podría decir que nada de
lo que uno hace está fuera de un contexto. O sea, no hay tal cosa como la autonomía del arte. Pero hago
notar que no creo que la obra del artista siempre sea en cierta medida un autorretrato. Para ello requiere un
contexto autobiográfico, y soy fiel creyente que la obra no es el artista”(2006).

Luisina Ordóñez (San Sebastián, Puerto Rico 1909-1975)


Estudió dibujo, a principios de la década del treinta, con Alejandro Sánchez Felipe, pintor español radicado
en Puerto Rico. Fue recomendada para una beca que otorgaba el gobierno insular a través del Comisionado
de Instrucción Pública y que era sufragada por el programa de la PRERA (Puerto Rico Emergency Relief
Administration). Esta le permitió estudiar en España, donde se matriculó en la Academia de Bellas Artes
de San Fernando, en Madrid. Permaneció en este país hasta 1935. Fue secretaria del poeta puertorriqueño
Luis Lloréns Torres, en la década del cuarenta. En 1945 enseñó pintura, escultura y diseño en la Academia
de Arte de Edna Coll, en Santurce. A finales de la década estableció su propia academia en la Calle Cerra,
de Santurce. Posteriormente dejó de pintar por muchos años y se recluyó en una finca de la Fundación
Rossi en San Sebastián. Su pintura representó en su momento la expresión de nuevas tendencias y formas
novedosas. Esta reflejó, a diferencia de sus contemporáneos puertorriqueños, influencia de los movimientos
modernistas europeos, particularmente de la escuela francesa de principios de siglo.
Su autorretrato es reflejo de un mundo interior, de la psiquis, expresa intencionalmente su temperamento y
angustias, más allá de su parecido externo, existe una clara intención de penetración psicológica.
Lionel Ortiz Meléndez (Cayey, Puerto Rico, 28 de diciembre de 1960)

Hizo su Bachillerato en Ciencias Sociales con concentración en Sicología y en Artes Plásticas en la


Universidad de Puerto Rico, en 1985. Su desarrollo artístico y profesional ha estado siempre, aunque no
únicamente, ligado a la vida universitaria. Además de estudiar en este recinto, ha trabajado desde muy
joven para la institución. En la Universidad de Puerto Rico estudió dibujo con los artistas Susana Herrero,
Lope Max y John Balossi. En 1999 fue parte de un internado sobre diseño y montaje de exhibiciones que
organizó el Smithsonian Institution, en Washington D.C. Ampliaría el mismo recientemente, en octubre de
2005. Ha realizado el diseño gráfico de múltiples trabajos para diferentes dependencias de la Universidad
de Puerto Rico. En 1991 recibió el Primer Premio del Certamen de Dibujo del Ateneo Puertorriqueño y en
1997 fue becado por la Organización Internacional de Rotarios para asistir a un intercambio cultural en
Portugal.
Comentario del artista:
“El autorretrato es un tema muy sugerente, siempre me impresionan, no sólo por la técnica, sino por el
valor de la imaginación. Hacer una pintura o un dibujo de uno mismo es un ejercicio retador. Yo comienzo
con la idea de hacer algo distinto, observando la imagen que tengo delante de mis ojos. Es una forma de
conectarme con mi yo interno de afuera hacia adentro, una necesidad que siempre he sentido y a la que le
he dado forma material. Me he preguntado muchas veces cómo me verán otros ojos más allá de los míos.
En este trabajo en particular es a través de una fotografía, siendo yo un niño, que reinterpreto lo que veo,
con la experiencia del yo adulto. Es un juego entre el niño que fui y el adulto en que me transformo.
También es una experiencia emocional; entro en contacto con mis sentimientos, cómo pienso, y cómo voy
cambiando día por día. En mí hay un poco de vanidad, no lo niego. Pero es más hacia la preservación de lo
bueno espiritualmente, que por miedo al cambio físico radical. La imaginación juega constantemente con la
imagen, permitiéndome trabajar desde lo real hacia la fantasía, distorsionando los rasgos faciales con una
gran carga emocional y sicológica. He trabajado esta imagen varias veces como un ejercicio liberador, en
pintura acrílica y en dibujo a tinta. El autorretratarse es como hacer una máscara, dejando ver o entrever
algo, pero no todo; aunque hay muchos artistas que se develan totalmente. Sé que hay experiencias duras
que nos golpean y que permanecen ocultas, caminando junto a nosotros a lo largo de nuestras vidas como
parte del misterio mismo de nuestra existencia. Creo que hay dos líneas que casi nunca se cruzan, la línea
de lo ideal y la línea de la realidad, de las dos prevalece la segunda”(2006).

Carlos Osorio Collazo (Caguas, Puerto Rico, 1 de febrero de 1927 - San Juan, Puerto
Rico, 18 de junio de 1984)

Tuvo afición por el arte desde temprana edad, pero fue el impacto que le produjo el arte oriental, durante su
participación como soldado en la Guerra de Corea, en 1951, lo que determinó su dedicación al estudio de
las artes plásticas. En 1953 se matriculó en el School of Cartoonist and Illustrators (hoy School of Visual
Arts), en Nueva York. Allí conoció la obra de artistas abstractos como John Marin, William de Kooning y
Franz Kline. Regresó a Puerto Rico en 1954 y se incorporó como cartelista, diseñador e ilustrador a la
sección de gráfica de la División de Educación de la Comunidad, donde permaneció hasta 1964.
Posteriormente regresó a Nueva York donde, entre 1969 y 70, ayudó a fundar el Taller Boricua. Trabajó en
él, hasta 1974 junto a Marcos Dimas, Manuel Otero, Armando Soto, Adrián García y Martín Rubio. Fue,
además, miembro fundador del Museo del Barrio, en Nueva York. En 1975 estableció la Galería Tito, de la
cual fue director hasta 1977. En Austin, Texas, enseñó arte y dirigió un programa de murales, con ayuda de
la comunidad chicana, en el Montopolis Recreation Center. En 1980 regresó a Puerto Rico, donde continuó
la labor artística. Su obra incluye temas como el paisaje, la presencia de la imagen humana, el retrato y el
comentario social. En torno a su producción artística, Rafael Colón Morales comentó: “Su obra se
caracteriza por la confrontación con la abstracción, la presencia de lo espontáneo y lo simultáneo, y el uso
de los materiales y elementos del arte en su estado natural, crudo.” Osorio realizó múltiples autorretratos en
diferentes momentos de su vida, entre ellos los de: 1959, 1964,1971, 1974, 1982, y 1984.

Miguel Pou y Becerra (Ponce, Puerto Rico, 24 de abril de 1880 - San Juan, Puerto
Rico, 6 de mayo de 1968)

Se inició en el dibujo con el ponceño Pedro Clausells, de 1891 al 1892, y con el pintor español Santiago
Meana, de 1891 a 1894. En 1898 completó el grado de Bachiller en el Instituto Provincial de Puerto Rico y
poco después comenzó a trabajar como maestro. Estudió metodología de la enseñanza del dibujo en la
Escuela Normal de Hyanis, Massachusetts, en 1906. Cuatro años después fundó en Ponce, Puerto Rico, la
Academia Pou para la enseñanza del arte. Allí tuvo numerosos discípulos, algunos que luego se
desarrollarían como artistas: Rafael Ríos Rey, Luis Quero Chiesa, Epifanio Irizarry, Horacio Castaign, y
José Alicea, entre otros. Con el fin de continuar estudios de arte ingresó en la Liga de Estudiantes de Arte
de Nueva York, donde estudió por un año. A su regreso a la Isla, en 1920, se perfeccionó en su oficio. Este
momento marcó el verdadero inicio de su carrera como pintor. Dos años más tarde se retiraría de la
instrucción pública para dedicarse a la práctica y enseñanza del arte en su academia. En 1935 viajó a
Filadelfia para estudiar paisajismo en la Pennsylvania Academy of Fine Arts. Participó en numerosas
exposiciones colectivas y en 1957 y 1980, respectivamente, el Instituto de Cultura Puertorriqueña organizó
exposiciones retrospectivas de su obra. Su temática en la pintura abarca paisajes rurales y urbanos, retratos
y tipos populares. Realizó retratos de diferentes personalidades de su época y de próceres de nuestra
historia.
Comentario del artista:
“El pintor de retratos debe tener un conocimiento cabal de la naturaleza humana y debe entender
plenamente la vida interna del hombre que está pintando, así como sus costumbres”, (1940). “Un retrato no
es otra cosa que la expresión de un carácter, de una personalidad. El artista da a la expresión del retrato
todo lo que contiene su personalidad; es decir, expresa lo que éste lleva dentro de sí” (1955).
Nick Quijano Torres (Manhattan, Nueva York, 6 de julio de 1953)
Residió en la ciudad de Nueva York hasta los catorce años y se mudó a Puerto Rico, con carácter
permanente, en 1967. Ingresó a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico, donde
permaneció de 1970 a 1972. Allí estudió grabado con José Antonio Torres Martinó, en el Taller de
Gráfica. Abandonó los estudios para dedicarse al arte pictórico. Obtuvo una Mención en el Salón de Arte
Joven organizado por el Royal Bank of Canada, en San Juan, en 1976. Recibió, en 1983, el Primer y
Segundo Premio, en el American National Miniature Show, en Wyoming. En 1985, obtuvo el Primer
Premio del First National Small Works Show, del Prescott Grass Gallery, Santa Fe, Nuevo México. A raíz
de su primera exposición, organizada en 1980, se dedicó de lleno a la pintura. Fue nombrado profesor
visitante en la Liga de Estudiantes de Arte de San Juan, en 1987. En 1995 comenzó a diseñar piezas de
mobiliario con maderas del país. Tras reintegrarse a sus estudios completó, en 1996, su Bachillerato en
Diseño Ambiental en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Ha explorado muchas
facetas artísticas a la vez. Es pintor, músico, diseñador de escenografías y diseñador de objetos y
artefactos. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas, entre ellas: Ocho de los ochenta, en el
Arsenal de la Marina, 1986; Puerto Rican Painting: Between Past and Present, en The Squibb Gallery,
Princeton, Nueva Jersey, 1987; The Decade Show, en la galería Mocha de Nueva York, 1990.
Comentario del artista:
“El retrato que se incluye es un autorretrato/testimonio. Es el momento en que ella se ha ido y me ha dejado
en la habitación solo, con algunas fotos suyas y ropa íntima sobre la cama. El observador se sensibiliza a la
intimidad y el retrato desnuda y revela el diálogo entre ambos” (2006).
Joaquín Reyes Mayo (Santurce, Puerto Rico, 29 de mayo de1949 - San Juan, Puerto
Rico, 24 de marzo de 1994)

Cursó sus estudios superiores en arte en la Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura
Puertorriqueña, entre 1967 y 1970. Estudió bajo la tutela de artistas tales como Frank Cervoni, Luis
Hernández Cruz, Rafael Tufiño, Augusto Marín y Lorenzo Homar. Este último, lo introdujo al arte de la
serigrafía. Tras su graduación, en 1967, permaneció varios años en Nueva York. Regresó a Puerto Rico
en 1970, donde fundó el Taller Visión Plástica, junto a Wilfredo Chiesa y Eliasim Cruz. Presentó su
primera exposición individual Preparación, Ejecución, Integración, en el Museo de Bellas Artes de San
Juan, en 1972. Obtuvo el Primer Premio de Grabado en el Certamen del Ateneo Puertorriqueño, en 1974, y
una Mención de Honor en la VIII Bienal Iberoamericana de Arte, en 1992, auspiciada por el Instituto
Cultural Domecq, en Ciudad de México. En 1989, fundó el Taller Estudio Prisma, junto a Eliasim Cruz y
Omar Quiñones. Colaboró en los siguientes portafolios: Guaitiao (1979), Edna Manley (1980), Vida
Afirmada: Cinco artistas puertorriqueños por la Paz (1985), Encuentros (1988), Cuartetos (1988), Violetas
(1989), Primaveral (1991), 100 Años de Albizu Campos (1991), Máscaras (1993), Del Mar (1991).
Participó en numerosas exposiciones, entre ellas: Artistas puertorriqueños de la nueva generación,
Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1974; Contemporary Puerto Rican Drawing, Cayman Gallery, Nueva
York, 1983; La estampa serigráfica, Museo de Historia, Antropología y Arte, Universidad de Puerto Rico,
1988; Segundo Certamen Nacional de Artes Plásticas, Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico,
1993.

Carlos Raquel Rivera (Yauco, Puerto Rico, 4 de noviembre de 1923 - San Juan, Puerto
Rico, 10 de noviembre de 1999)

Durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado por el Ejército de los Estados Unidos. Una vez fue
licenciado, en 1946, regresó a Puerto Rico. Realizó estudios formales de arte en la Academia de Arte de
Edna Coll, de 1947 a 1949. Allí tuvo como profesores de diversas materias relacionadas con el arte a
Hurtado de Mendoza, Angel Botello, Tomás Fuentes, Nino Sparaccino y Federico Enjuto. Entre 1950 y
1952 trabajó en el taller de rótulos de Juan Rosado, en Puerta de Tierra, donde aprendió el arte de trazar
letras, y se unió al grupo de artistas que fundó el Centro de Arte Puertorriqueño. Comenzó a trabajar como
ilustrador de libros, diseñador y cartelista en el Taller de Gráfica de la División de Educación a la
Comunidad, en 1954, allí permaneció hasta 1964, cuando decidió renunciar para vivir de su oficio. Entre
los premios que recibió se encuentran: Primer Premio de Grabado (1953), Segundo Premio de Grabado
(1954), y Premio de Grabado (1957) del Ateneo Puertorriqueño; Tercer Premio de Grabado de la Primera
Bienal Interamericana de Pintura y Grabado, México, en 1958; Primer Premio, Concurso de Paisaje,
Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1961. En 1992 se le dedicó la Exposición Homenaje con motivo de la
X Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe, organizada por el Instituto de Cultura
Puertorriqueña por ser uno de los más vigorosos exponentes del grabado en Puerto Rico, y se le otorgó el
Premio Nacional de la Cultura. Su obra ha sido incluida en numerosas exposiciones colectivas, entre ellas:
Puerto Rican Painting: Between Past and Present, Squibb Gallery, Nueva Jersey, 1987; Heterotopias,
Medio Siglo sin-lugar: 1918-1968, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2000; Inverted Utopías,
Avant-Garde Art in Latin America, The Museum of Fine Arts, Houston, Texas, 2004. A través de su vida
realizó varios autorretratos en pintura y grabado. Su imagen puede apreciarse en los grabados Papá Abuelo
(1959), Autorretrato (1959), Familia con gato (1975) -en el que se autorretrata con su esposa Petra, y sus
hijos Olga Luz, Ubaldo, Edgardo y Rosita-, Tropel imaginario (1959), y Nadie (1981). Por otro lado,
conocemos dos excelentes autorretratos en óleo de 1950.

Arnaldo Roche Rabell (Santurce, Puerto Rico, 5 de dic iembre de 1955)


Comenzó sus estudios de arte en la Escuela Luchetti con el profesor Lope Max Díaz. Entre 1974 y 1978
estudió en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Abandonó los estudios de
arquitectura en el último año porque sus maestros lo criticaban por elaborar demasiado sus diseños y
“pensar demasiado”. En 1979 se trasladó a Chicago donde asistió a la Escuela del Instituto de Arte, donde
obtuvo un Bachillerato en Bellas Artes, en 1982 y una Maestría con especialización en pintura, en 1984.
Fue galardonado con el Tercer Premio en la Bienal Internacional de Pintura, en Cuenca, Ecuador, en 1989.
En 1991 obtuvo el Premio en Pintura en el Primer Certamen Nacional de Artes Plásticas del Museo de
Arte Contemporáneo de Puerto Rico, y fue seleccionado como uno de los diez mejores artistas en las artes
plásticas en Estados Unidos por el programa Awards in the Visual Arts, con sede en el Southeastern Center
for Contemporary Art, en Winston-Salem, Carolina del Norte. Ha realizado numerosas exposiciones
individuales, además de haber sido seleccionado para un sinnúmero de colectivas en Puerto Rico y en el
extranjero.
El crítico de arte Enrique García Gutiérrez comentó lo siguiente en 1996: “El autorretrato ha sido uno de
los temas principales de la iconografía de Roche desde sus inicios como artista cuando, en sus años de
estudiante graduado en el Art Institute de Chicago, plasmó unas desgarradoras imágenes de su cara que
indagaban sobre la realidad de su ser: autorretratos que se convirtieron en metáfora extendida de búsqueda
y lucha por su identidad propia” y, en 1987 redactó el crítico Samuel Cherson: “Son estos autorretratos el
espejo de un turbulento interior, de una mente alucinada y febril, que sólo un artista de gran poder
expresivo como Roche es capaz de concretizar en inolvidables imágenes, ejecutadas además con
apasionada furia y mano dura”.
Comentario del artista:
“No ha bastado un sólo retrato para sentirme cómodo con estas imágenes. Más que pintarme a mí mismo
mi lucha todos estos años ha sido por encontrarme en ti (el espectador). Si miras bien soy yo el que te ha
estado contemplando y mis autorretratos en su mayoría hacen referencia de ti. ¿Qué cómo me veo? Como
un niño que se pinta de viejo, como un ciego que continua mirando con las manos, buscando con esto
alguna semejanza o rasgo que pueda compartir en común con los demás”(2006).
Nora Rodríguez Vallés (San Juan, Puerto Rico, 3 de noviembre de 1957)
Estudió dibujo y pintura con Bartolomé Mayol, serigrafía con Nelson Sambolín y Myrna Báez, e intaglio
con Francoise Bricaut. En 1980 se graduó del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Puerto
Rico, Recinto de Río Piedras. Posteriormente, hizo la Maestría en Arte y Estudios de Género en Vermont
College of Norwich University, en 1988. Recibió la Beca de la Fundación Arana que le permitió vivir en
París, y compartir taller y seminarios con artistas franceses y latinoamericanos, de 1990 a 1992. Es
miembro fundador de la Asociación de Mujeres Artistas de Puerto Rico. En 1995 se le otorgó en Santo
Domingo, República Dominicana, el Premio de la Segunda Bienal de Pintura del Caribe y Centroamérica.
Ha exhibido individualmente y participado en numerosas exposiciones colectivas. Ha sido profesora de arte
en instituciones tales como la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y Recinto de Bayamón;
la Universidad del Sagrado Corazón y Casa Candina, entre otras. Actualmente es profesora en el
Departamento de Humanidades en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Bayamón.
Comentario de la artista:
“El autorretrato para mí es uno de los ejercicios de la pintura más difíciles de hacer. Es una medida precisa
del lugar donde se encuentra el artista como ser humano y en su trabajo. Requiere cierto atrevimiento.
Decidir hacer un autorretrato tiene un doble reto. El o la artista enfrenta el reto de darse a sí mismo la
importancia de ser el foco de su atención y a la vez necesita, para lograr la mejor obra posible, ser honesta
consigo misma y con los demás. He hecho otros autorretratos. Pensé que ya era hora de tratar otra vez de
mirarme y verme. Pensé mucho en los autorretratos de Rembrandt, el de Artemisia Gentileschi en ropa de
trabajo y en los de Myrna Báez. Me sonreí mucho mientras trabajaba esta pintura, pues pensaba algo así
como: ‘todos los anteriores y yo. ¡Claro!’ En la tradición occidental de la pintura plantearnos hacer un
autorretrato es meditar sobre los laberintos de la representación” (2006).

Félix Rodríguez Báez(Cayey, Puerto Rico, 26 de abril de 1929)


A los doce años, comenzó a tomar lecciones de arte con Clara Schwabbe, pintora de Humacao. En 1947
ingresó a la Academia de Arte de Edna Coll, donde estudió hasta 1949 con los maestros Angel Botello
Barros, Hipólito Hidalgo de Caviedes, Federico Enjuto, y Nino Sparaccino. Al desaparecer esta escuela, se
unió con el artista José Antonio Torres Martinó para abrir Estudio 17, un taller y escuela de arte que se
convirtió en lugar de reunión para muchos de los jóvenes artistas del momento. En 1950 fue uno de los
miembros fundadores del Centro de Arte Puertorriqueño en San Juan. Obtuvo el Segundo Premio de
Pintura en el Certamen del Ateneo Puertorriqueño, en 1953. Trabajó como escenógrafo de teatro y
televisión, ilustrador de libros y diseñador gráfico comercial. Se inició como escenógrafo del Canal 4 de
WAPA TV en 1954 y, en 1964, fue Director de Programación. Trabajó como Director Artístico de la
revista Avance. Dirigió la Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña de 1976 a
1981. Entre 1988 y 1994 fue director de la División de Artes Plásticas del Instituto de Cultura
Puertorriqueña.
Comentario del artista:
“Toda segunda imagen que crea un pintor es una expresión del artista, que refleja un dato autobiográfico de
su existencia en este espacio terrenal; en mi caso, el archipiélago de Puerto Rico. Esta segunda imagen es
una pintura que expresa los sentimientos del artista en torno a su espacio terrenal. Esta pintura le habla a la
vez al espectador que la ve por medio de una tercera imagen. El artista, para hacer la segunda imagen,
escoge el tamaño, formato, el diseño y los colores, de esa forma crea su expresión plástica. Yo creo que
esa segunda imagen debe ser única, distinta y original, y eso es lo difícil”(2006).

José Rosa Castellanos (Santurce, Puerto Rico, 13 de junio de 1939)


Realizó sus primeros trabajos en la Escuela Superior Central. Mientras cursaba el segundo año, se unió a un
grupo de alumnos de Rafael Tufiño, quien ofrecía clases gratuitas a niños y jóvenes en el Residencial San
José. Es a través de Tufiño que conoce a los artistas de la División de Educación de la Comunidad. En
1959, cuando el pintor Domingo García inauguró la Galería Campeche, tomó clases en ese taller colectivo,
y produjo allí sus primeras pinturas. En 1960, el Instituto de Cultura Puertorriqueña le otorgó una beca para
estudiar grabado en el Taller de Gráfica, bajo la tutela de Lorenzo Homar. De 1963 a 1965 su formación
artística es interrumpida cuando se le impuso el servicio militar obligatorio. A su regreso a la Isla, se
reintegró al Taller de Gráfica como asistente. En 1973, al retirarse Lorenzo Homar, fue designado director
del Taller, cargo que desempeñó hasta 1986. Obtuvo el Premio de dibujo en el certamen de la Revista Sin
Nombre, en 1977. En 1998 fue el artista homenajeado de la XII Bienal de San Juan del Grabado
Latinoamericano y del Caribe.
A partir de 1960, el autorretrato se convierte en el elemento más recurrente en toda su obra plástica. Hace
repeticiones de su imagen con diferentes entornos en búsqueda de su identidad. Se destaca la serie
Autorretrato en compañía I (1981), Autorretrato en compañía II y III (1982), Autorretrato en compañía IV
(1983), Autorretrato acosado (1984), Autorretrato con hojas (1994) y Yo pecador, (1994),entre otros.
Comentario del artista:
“En una ocasión quería hacer un retrato, pero no tenía modelo, por lo que decidí pintarme a mí mismo.
Tomé un pedazo de espejo y fui mirándome poco a poco hasta que completé mi autorretrato. Nunca me he
preguntado por qué hago autorretratos. Simplemente lo hago como una cuestión plástica. Todo depende de
mi estado de anímico en ese momento. Cuando pinto, no me divierto. Para mí es angustioso el producir una
obra. Pienso en muchas cosas y mis emociones son diversas. A veces pienso en refranes, letras de
canciones, de poemas, recuerdos, los problemas de la gente, que también son mis problemas, y los incluyo
en las obras. Antes de hacer este autorretrato, hice otro que vendí. Luego, un amigo me comentó que no
podía hacer una segunda pintura tan buena como la primera. Decidí hacerla como un reto para probarme
que lo podía hacer mejor. Yo no compito con nadie cuando pinto, sino que compito conmigo mismo. El
poner mi cara es algo que hago inconscientemente muchas veces”(2006).

Juan A. Rosado Acevedo (Toa Alta, Puerto Rico, 14 de diciembre de 1891 - San
Juan, Puerto Rico 1962)

Las primeras lecciones se las impartió, en 1908, el pintor cubano establecido en Puerto Rico, Nicolás
Pinilla, quien lo adiestra en la decoración comercial y los rótulos; y el español Fernando Díaz McKenna,
en 1913. En 1922 abrió un taller de pintura y rótulos comerciales, Rosado Art Sign Shop, en Puerta de
Tierra, el cual constituyó su mayor fuente de ingreso hasta sus últimos días. Allí produjo rótulos, carteles, y
carrozas. Este taller fue un lugar importante en el desarrollo de las artes plásticas del país. Además de lugar
de trabajo, era escuela y centro cultural y artístico donde se reunían y se entrenaron artistas locales, tales
como Rafael Tufiño, Antonio Maldonado y Carlos Raquel Rivera, entre otros. A ellos les ofreció empleo,
albergue y estímulo constante. Por otro lado, se fomentaban también las diferentes disciplinas artísticas: el
teatro, la música y las bellas artes. Rosado usualmente pintaba escenas típicas rurales y callejeras, paisajes,
además de retratos, basándose casi siempre en fotografías de artistas y personalidades de la época. Pintó
murales en el restaurante La Mallorquina, en el Viejo San Juan y en el Hospital Auxilio Mutuo, en Río
Piedras. En 1933 obtuvo una Mención en la Tercera Exposición de Arte Puertorriqueño, en la Universidad
de Puerto Rico. Fue merecedor del Primer Premio en Pintura, en la III Bienal Hispanoamericana de Arte de
Barcelona. El Instituto de Cultura Puertorriqueña organizó una exposición retrospectiva de su obra en
1986. El autorretrato que se exhibe es el único que realizó. En él se pinta con su boina y su chalina.

Julio Rosado del Valle (Cataño, Puerto Rico, 6 de abril de 1922)

Su primera exhibición individual tuvo lugar en 1944, en la Escuela Superior de Bayamón. En 1945 exhibió
en la Sala de Exposiciones de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. La Universidad le
concedió una beca para estudiar en el taller del pintor español emigrado a la Isla, Cristóbal Ruiz.
Posteriormente estudió en The New School of Social Research, en Nueva York, y fue becado por la
Universidad de Puerto Rico. Allí se entrenó bajo la tutela del Maestro cubano Mario Carreño y el
muralista ecuatoriano Camilo Egas. En 1947 estudió en la Academia de Bellas Artes de Florencia y viajó a
París. A su regreso a Puerto Rico, trabajó para la División de Educación de la Comunidad, bajo el
Departamento de Educación entre 1949 y 1952. Perteneció en 1950 al grupo de artistas del Centro de Arte
Puertorriqueño. En 1955 fue nombrado artista residente de la Universidad de Puerto Rico, cargo que retuvo
hasta su retiro en 1982. Se trasladó a Nueva York, en 1957, con una beca de la John Simon Guggenheim
Memorial Foundation. Co mo muralista, ganó, en 1949, el Segundo premio para murales de la Compañía
de Fomento en el Hotel Caribe Milton; la Medalla de oro en el concurso Mural Painting Exhibition, Nueva
York, 1952; realizó el Mural para la Escuela Einstein y en la cafetería del Centro Médico de Puerto Rico,
en 1967. Ha participado en múltiples exhibiciones en Puerto Rico y el extranjero, siendo anfitriones de su
arte, países tales como Alemania, Yugoslavia, Francia, Brasil, México, Estados Unidos, El Salvador y
España, entre otros. Su obra ha estado expuesta en importantes bienales del mundo: Segunda Bienal de San
Juan del Grabado Latinoamericano (1972), Novena Bienal de Menton, Francia (1973), IV Exposición
Internacional de Dibujos, Galería Arte Moderno de Rijeka, Yugoslavia (1974) y 19na. Bienal
Internacional de Sao Paulo, Brasil (1987).
Sobre su obra, Nelson Rivera escribió en 1988: “Cuando trabaja un tema, lo hace tenazmente: lo analiza,
desarrolla y desmenuza hasta la saciedad, como podemos apreciar en su secuencia de autorretratos. A partir
de 1957 inició esta serie, en cuya ejecutoria ha persistido durante años presentando diferentes momentos en
su trayectoria vital, hasta llegar a la adultez... Su obra es reflejo de sus experiencias, de su visión de
mundo, de su conocimiento de la realidad que le rodea, una vez reinterpretada ésta con plena autenticidad y
unicidad por su ojo escudriñador.”
Comentario del artista:
“Yo soy bastante solitario por lo que en muchas ocasiones soy mi propio modelo. Para mí es lo más
rápido. Conmigo hago lo que quiero; me miro al espejo y pinto lo que siento en el lienzo, sin inhibiciones.
No tengo la preocupación de si gusta o no. Creo que (el retrato) debe expresar lo interior, pues lo físico es
secundario para mí. Lo importante es que sea una buena pintura”(2006).

Cristóbal Ruiz Pulido (Villacarrillo, Jaén, España, 15 de marzo de 1881 - México, DF,
1962)

Es el primer artista español exiliado de la Guerra Civil que llega a Puerto Rico. Realizó sus primeros
estudios en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba, España. En 1898 se trasladó a Madrid para estudiar en
la Academia de Bellas Artes de San Fernando. En 1902 se ubicó en París con el fin de proseguir estudios e
ingresó en la Academia Julien bajo la tutela de Jean Paul Laurens. Permaneció en Francia doce años. En el
ínterin viajó a Bélgica y Holanda para estudiar las pinturas de los grandes maestros europeos. Regresó a
España en 1914, donde se mantuvo en contacto con los círculos artísticos de Madrid, y con intelectuales de
la vanguardia española, como Antonio Machado, Victorio Macho y Ramón del Valle Inclán. Ejerció como
maestro en la Escuela de Artes y Oficios de Ubeda, de 1927 a 1932, y en la Academia de Bellas Artes de
San Fernando, en Madrid, de 1932 a 1936. Participó en la Exposición Nacional de Bellas Artes en diversas
ocasiones y obtuvo distinciones en 1917, 1921 y 1932. Al estallar la Guerra Civil Española ingresó al
Regimiento Médico del ejército republicano y más tarde se fue a Valencia donde colaboró con la Junta
Nacional de Conservación del Tesoro Artístico. Junto a un grupo de intelectuales y artistas, tuvo a su cargo
la protección y traslado de las obras del Museo del Prado. Obtuvo los permisos para salir de España en
1938. El 20 de octubre llegó a Nueva York y cuatro días más tarde arribó a Puerto Rico. Fue profesor de
dibujo y pintura en el Instituto Politécnico de San Germán y, en 1943, en la Universidad de Puerto Rico,
donde fue contratado para ofrecer cursos de dibujo y pintura, cátedra que continuó hasta la fecha de su
jubilación, en 1951. Durante esos años, ostentó también el título de Pintor Residente de la Institución. Ruiz
manifestó preferencia en la pintura por el retrato y el paisaje.
Alejandro Sánchez Felipe (España, 8 de marzo de 1895 – San Juan,
Puerto Rico, 1971)

Dibujante, pintor, acuarelista. Estudió en la Academia de San Fernando, en Madrid. En su peregrinar por
distintos países del mundo se detuvo en Puerto Rico en el 1935, y permaneció hasta 1940. En este período
abrió su escuela de arte en San Juan, en el edificio de la galería Casa del Arte, donde contribuyó a la
formación de muchos de nuestros reconocidos artistas. Algunos de sus discípulos fueron Fran Cervoni
Gely, Narciso Dobal, José Rafael Juliá, Augusto Marín, Luisina Ordoñez, Rafael Palacios, Osiris Delgado
y Francisco Delgado Llovet. El Negociado de Bellas Artes creado por la Administración de Auxilio de
Emergencia de Puerto Rico (Puerto Rico Relief Administration-PRERA), lo contrató en 1935 para que
ofreciera cursos en la Academia de Pintura establecida en San Juan. Llevó a cabo múltiples exposiciones en
Europa y América presentando una gran cantidad de obras inspiradas en temas de los distintos países que
visitó. Sobresalen en sus obras las pinturas y dibujos de escenas costumbristas en mercados, calles, y
lugares de los pueblos y ciudades por donde peregrinó, tales como Venezuela, Ecuador, Bolivia, Canarias,
Chile, México, Colombia, en América, o como España y Francia, en Europa. Desarrolló un dibujo
meticuloso y altamente realista, que tomaba en cuenta los mínimos detalles, plasmados con gran pulcritud
técnica. Son notables también sus dibujos de interiores y exteriores arquitectónicos que, al igual que sus
estampas costumbristas, tienen un gran valor documental que añade al significado pictórico de su obra.
Cabe destacar entre sus obras las acuarelas del Viejo San Juan. Es autor de varios álbumes y libros de
dibujo.

Cacheila Soto González (Mayagüez, Puerto Rico, 28 de diciembre de 1979)


Estudió pintura en la Escuela de Artes Plásticas de San Juan, Puerto Rico, de donde se graduó en el 2003.
Ha sido discípula de José Alicea, Ada Bobonis, Elizam Escobar y Rafael Rivera Rosa. Ha realizado seis
exposiciones individuales y participado en colectivas tales como: Arte Joven 2001, Museo de Arte de
Ponce, 2001; Muestra Nacional de Artes Plásticas, Arsenal de la Marina, 2003; Pequeño Formato 03,
Exposición Colectiva Navideña, Galería La Pintadera, San Juan, 2003. En su proceso creativo se vale del
medio fotográfico, campo que domina, para mediar sus composiciones y transportarlas al lienzo; y de la
computadora para establecer los esquemas de colores. Por medio de la fotografía logra capturar emociones
y actitudes en sus retratos. Su obra se sitúa en el movimiento “Past Pop Art”. La obra aquí presentada es
una versión de la pieza ímpetu que se exhibirá en una exposición individual en febrero 2006 y cuyo tema es
el autorretrato. El título de esta futura exposición es El Encuentro y la Confrontación .
Comentario de la artista:
“Todo gira en torno a ese momento cuando existen respuestas y decisiones. Es sumamente importante
autoanalizarse, autoproyectarse y tomar una decisión determinante. Todo cambia en ese instante. Sin estar
en la búsqueda, te encuentras. El encuentro y la Confrontación sólo surgen al evolucionar. Busco provocar
el sentir del espectador. Poder expresar en la obra sin temores, es cuando tienes paz en tu interior y
encuentras una respuesta que impera sobre la mentira. No existe otra verdad cuando tu interior se
despoja”(2006).
José Antonio Torres Martino (Ponce, Puerto Rico, 17 de noviembre de 1916)
Comenzó sus estudios de arte en Ponce, con Horacio Castaign. Posteriormente se trasladó a Nueva York en
1935 para asistir a Pratt Institute. En 1946 recibió una beca de la Universidad de Puerto Rico para estudiar
pintura mural con el pintor ecuatoriano Camilo Egas y el mexicano Rufino Tamayo en la Escuela del
Museo de Brooklyn, en Nueva York. Durante ese año, asistió al Taller de grabado del maestro inglés
Stanley William Hayter. En 1947 cursó estudios en la Academia de Bellas Artes de Florencia. Al regresar a
Puerto Rico, en 1949, fundó, junto a Félix Rodríguez Báez, el taller y escuela de arte Estudio 17. Poco
después, fundó el Centro de Arte Puertorriqueño junto a Rafael Tufiño, Ca rlos Raquel Rivera, Lorenzo
Homar y Félix Rodríguez Báez. Fue fundador y primer presidente de APATE (Asociación Puertorriqueña
de Artistas y Técnicos del Espectáculo), en 1951. En 1969 fundó y fue profesor en el Taller de Diseño
Gráfico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Puerto Rico. Ha sido, además, una figura
destacada en el campo de las comunicaciones. A través su vida, ha publicado numerosos artículos en
revistas y periódicos tales como Puerto Rico Ilustrado, Alma Latina, El Nuevo Día y Diálogo, entre otros.
En 1992 recibió el Premio Bolívar Pagán de Periodismo que confiere el Instituto de Literatura
Puertorriqueña. Fue co-fundador de la Hermandad de Artistas Gráficos, en 1981. En el 2003, la
Universidad del Sagrado Corazón le otorgó un doctorado Honoris Causa por sus ejecutorias a favor del
desarrollo del arte puertorriqueño. El Museo de Arte de Ponce presentó, en el 2005, una exposición
retrospectiva de su obra organizada por la Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto Rico.
Comentario del artista:
“Generalmente, el autorretrato no es sino una reflexión del semblante del artista obtenida mediante el
espejo, adminículo éste sutilmente falaz, aunque parezca lo contrario. La realidad suele ser distinta de la
que reproduce el espejo, por lo cual debemos concluir que el autorretrato será más o menos revelador,
dependiendo de la intuición y demás capacidades del artista que lo ejecuta”(2006).

Rafael Trelles Sosa (Santurce, Puerto Rico, 27 de abril de 1957)


Su educación en arte comenzó a los 11 años bajo la tutela del pintor catalán Julio Yort. En 1980, obtuvo el
título de Bachiller en Artes Plásticas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Viajó por
Europa, en donde visitó museos y galerías en Holanda, Bélgica, Grecia, Italia, Suiza, Francia y España. En
1983 viajó a México, donde estudió y completó su Maestría en la Universidad Autónoma. Se mudó a Islas
Canarias, en España, y se integró al Taller Delfín del Cielo, para el cual colaboró con diseños de vestuario
y escenografía. Regresó en 1986, a Puerto Rico. En 1991 presentó la instalación Visitas al Velorio
(Homenaje a Francisco Oller) en el Museo de la Universidad de Puerto Rico, por la cual ganó el premio de
la Asociación de Críticos de Puerto Rico. Ha colaborado con grupos de baile diseñando el vestuario y la
escenografía.
Comentario del artista:
“El autorretrato es una variante del retrato, en donde el autor dirige la mirada sobre sí mismo. A través de la
historia ha servido al artista para diferentes propósitos: para perpetuarse después de la muerte, para
afirmarse en la jerarquía social o espiritual, o simplemente como estudio anatómico del rostro, ya que el
propio pintor es el más accesible y el más paciente de los modelos disponibles, siempre y cuando tenga un
buen espejo a la mano. Pero también el autorretrato puede ser una forma de autoconocimiento. Una
exploración del yo más profundo a través de la mirada y del rostro. Una forma de meditación en donde el
artista busca enfrentarse con aspectos desconocidos de su psiquis. El autorretrato es una reflexión sobre
los temas que siempre han obsesionado al ser humano: la identidad, el sentido de la vida, el destino, el
tiempo, la muerte, la vida después de la muerte. El autorretrato La ofrenda fue un regalo que pinté para mi
esposa Gradissa en un momento en que la vida nos condujo por caminos separados. En el paisaje de fondo
puede apreciarse el camino bifurcado. Lo demás es una metáfora tomada de algún romántico bolero en
donde literalmente le ofrendo a la amada la luna y las estrellas y un pedazo de cielo nocturno con forma de
zapato. Arriba queda el cielo agujereado como evidencia del insólito robo por amor. Sin embargo, lo que
más me interesa de esta obra es el trabajo de la pincelada, el color y la intensidad sicológica del personaje
representado como una talla de palo. Nótese que la pintura es de 1983, éste es el único autorretrato que
conservo de los poquísimos que he pintado. Esto quizá se deba a que en casi todas mis pinturas incluyo
como protagonistas a personajes tomados de la imaginación. Estos personajes imaginados, en el fondo, y
más allá del parecido físico, son mis múltiples autorretratos. A través de ellos he saciado la sed de
autorrepresentación”(2006).

Rafael Tufiño Figueroa (Brooklyn, Nueva York, 30 de octubre de 1922)


Comenzó su aprendizaje en el Taller de Juan Rosado en Puerta de Tierra como rotulista y pintor de letras.
De 1937 a 1938 tomó clases de dibujo con el artista español Alejandro Sánchez Felipe. Al licenciarse del
ejército, en 1946, se marchó a México, donde ingresó en la Academia de San Carlos, asistido
económicamente por el G. I. Bill. Estudió con Alfredo Zalce, José Chávez Morado, Castro Pacheco y
Benjamín Coria, entre otros. La estadía en ese país fue crucial para el desarrollo de su estilo artístico. A su
regreso a Puerto Rico en 1950, fundó, junto a José Antonio Torres Martinó, Lorenzo Homar, Félix
Rodríguez Báez y Carlos Raquel Rivera, el Centro de Arte Puertorriqueño. En 1951 comenzó a trabajar
como diseñador e ilustrador en la División de Educación de la Comunidad, donde permaneció hasta 1963.
En ese año se integró al Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña, hasta 1967. En 1954 se le
otorgó la Beca Guggenheim. Se estableció en Nueva York de 1970 a 1974, donde fundó el Taller Boricua,
junto a Carlos Osorio. Entre los premios que ha obtenido se encuentran: Premio, Exposición al Aire Libre,
Centro de Arte Puertorriqueño, 1951; Primer Premio en Pintura, Ateneo Puertorriqueño, 1952, 1957;
Segundo Premio en Pintura, Certamen de Paisaje, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1960. En 1974 se le
dedicó la Exposición Homenaje con motivo de la III Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano de
Puerto Rico y el Caribe. Por sus ejecutorias en el arte puertorriqueño, el Instituto de Cultura Puertorriqueña
le otorgó, en 1987, el Premio Nacional de Cultura. Tres años después, el Municipio de San Juan lo nombró
Artista Residente de la ciudad. El Museo de Arte de Puerto Rico organizó una retrospectiva de su obra en el
2001.

Jorge Zeno (Washington, DC, 20 de diciembre de 1956)


En 1975 se matriculó en la Escuela de Artes Plásticas del Instituto de Cultura Puertorriqueña donde inició
un proceso académico enriquecedor. Allí estudió con Lorenzo Homar, José Alicea y Félix Rodríguez Báez,
entre otros. Estudió en la Escuela de Dibujo y Pintura de Puerto Rico con Fran Cervoni; y en el Centro
Nacional de las Artes con Don Rubbo. Tres años después de haber obtenido un premio en la IV Bienal de
San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en 1979, emigró a Nueva York, donde
permaneció durante un período de seis años. Allí comenzó un proceso que lo expuso a las corrientes del
arte latinoamericano. Estableció vínculos con artistas de Colombia, México, Venezuela, Argentina y Perú.
Además, se integró a un grupo de artistas que trabajaba en un taller de gráfica llamado Printmaking
Workshop, en 1981. En 1984 estuvo en México donde publicó litografías en el taller del maestro Leo
Acosta. Poco después, abandonó la gráfica para concentrarse por completo en el dibujo y la pintura,
disciplinas que se convirtieron en su gran pasión. En 1986 viajó por Europa. Visitó Francia, España y
vivió un año en las Islas Canarias, junto a su amigo Rafael Trelles. Allí participó en el Taller Delfín del
cielo. En el 2000 realizó tres esculturas en bronce para el proyecto de arte público del gobierno de Puerto
Rico. Al presente mantiene un taller en San Juan y otro en Nueva York.
Comentario del artista:
“He pintado un gran número de autorretratos y cada uno marca una época específica en mi vida y en mi
arte donde lo interior es más importante que lo exterior. Así como evoluciona mi obra, evolucionan mis
autorretratos. En el autorretrato que presento, utilizo y me apropio de imágenes y símbolos de otros
artistas. En este caso hago una referencia a la pintura del maestro Rafael Cordero de Francisco Oller. Me
apropio de su tocado y me lo pongo. Para mí es simbólico porque el maestro es un personaje que
representa la sabiduría. En el paisaje, utilizo como referencia la obra de Carlos Raquel Rivera. Trabajo
con referencias al realismo mágico, pues nunca he sido surrealista”(2006).
Universidad de Puerto Rico
Dr. Antonio García Padilla > Presidente
Dra. Gladys Escalona de Motta > Rectora, Recinto de Río Piedras
Dr. José Luis Ramos Escobar > Decano, Facultad de Humanidades

Museo de Historia, Antropología y Arte

Curaduría
Flavia Marichal Lugo
Directora/Curadora

Enrique García Gutiérrez


Ensayista

Flavia Marichal Lugo, Gloriela Muñoz Arjona, Chakira Santiago Gracia


Biografías

Marina Reyes, Rafael Rodríguez


Estudiantes asistentes de investigación

Gloriela Muñoz Arjona, Vilma de Jesús Ortega


Edición de textos

Registraduría
Chakira Santiago Gracia

Producción de Exposición
Lionel Ortiz Meléndez
Diseñador de exposición, catálogo, invitación, brochure y banner

Danny Rodríguez Claudio


Asistente de diseño gráfico

Angel Méndez Ramos, Johomar Cruz, Jessica Valiente


Asistentes de montaje

Fotografía
Jesús Emilio Marrero

Administración de recursos de la Exposición


Maritza Rodríguez Nieves, Yolanda Vázquez de Jesús, Vilma de Jesús Ortega

Programa de Educación
Lisa Ortega Pol, Verónica Méndez Gallardo

Jeanette Cintrón Rosario, Ana T. López Vives, Oneida Matos Adorno, Sabrina Ramos Rubén
Estudiantes Asistentes

Mantenimiento
Gustavo Valentín Mercado

Seguridad
Gregorio González Nieves

Impresión
Impresos UPR
Producción Gráfica
RD Designs

Créditos Fotografía de los artistas

Myrna Báez González: Foto por John Betancourt, cortesía de la artista.


Angel Botello Barros : Puerto Rico Ilustrado, 7 de marzo de 1942, p. 6.
Fran Cervoni Brenes: Foto por Ramón Korff, El Nuevo Día, Por Dentro, 27 de junio de 1992, p. 67.
Carlos Collazo Mattei: Foto por Pablo Cambó, El Nuevo Día, Por Dentro , 25 de marzo de 1990, p. 69.
Cecilio Colón Guzmán: Foto por Jesús E. Marrero
Ralph de Romero Rivera: Foto: Rafael López, cortesía Lisa Robles vda. De Romero.
Osiris Delgado Mercado: Foto por Mariel Mejías, El Nuevo Día , 22 de diciembre de 2004, p. 34.
Narciso Dobal Giuliani: Puerto Rico Ilustrado, 25 de septiembre de 1948, p. 36.
Elizam Escobar Ortiz: Foto por Jesús E. Marrero
Antonio Fonseca Vázquez: Foto por el artista
Ramón Frade León: Foto cortesía del Museo Dr. Pío López Martínez, Recinto Universitario de Cayey
Domingo García Dávila: Foto por Ramón Korff, El Nuevo Día, Por Dentro, 16 de junio de 1990, p. 73.
Luisa Géigel Brunet: Foto cortesía Ivonne Narganes Storde
Manuel Hernández Acevedo: Urbe, Vol. 4, núm. 13 (junio -agosto 1965) p. 36.
Lorenzo Homar Gelabert: Foto por Jesús E. Marrero
José Elías Levis Bernard: El Carnaval, 19 de agosto de 1906 (portada).
Daniel Lind Ramos: Foto por Jesús E. Marrero
Luis Maisonet Crespo: Foto por Jesús E. Marrero
Poli Marichal Lugo: Foto por Ricardo Méndez Matta
Antonio Martorell Cardona: Foto por Jesús E. Marrero
Néstor Millán Alvarez: Foto por Jesús E. Marrero
Rubén Miranda Maldonado: Foto por el artista
Francisco Oller y Cestero: Foto digitalizada del libro Francisco Oller y Cestero (1833-1917) Pintor de Puerto Rico, por
Osiris Delgado, p. 129.
María de Mater O’Neill Becerra: No quiso que se le tomara una fotografía.
Luisina Ordoñez: El Mundo, 28 de agosto de 1938, p. 4.
Lionel Ortiz Meléndez: Foto por Jesús E. Marrero
Carlos Osorio Collazo: Foto cortesía Museo de Arte de Caguas, Puerto Rico
Miguel Pou Becerra: Foto cortesía de Ana Cintrón Pou
Nick Quijano Torres: Foto por Tito Guzmán, El Nuevo Día, Por Dentro , 17 de diciembre de 2003,p. 27.
Joaquín Reyes Mayo: Catálogo Exposición póstuma Retrospectiva Joaquín Reyes 1949-1994, Museo de Arte
Contemporáneo de Puerto Rico, 1995, p. 4.
Carlos Raquel Rivera : Foto por José Reyes Carcía, Diálogo, abril de 1993, p. 10.
Arnaldo Roche Rabell: Foto por Ingrid Torres, El Vocero, Escenario , 16 de septiembre de 2004, E. 17.
Félix Rodríguez Báez: Foto por Jesús E. Marrero
Nora Rodríguez Vallés: Foto por Jesús E. Marrero
José Rosa Castellanos: Foto por Chakira Santiago Gracia
Juan Rosado Acevedo: El Imparcial, 17 de mayo de 1953, p. 16.
Julio Rosado del Valle: Foto por Eric Borcherding, Catálogo Julio Rosado del Valle 1980-1988, Museo de Arte
Contemporáneo de Puerto Rico, 1988.
Cristóbal Ruiz Pulido: Foto cortesía Dra. María del Pilar González
Alejandro Sánchez Felipe: Foto digitalizada del libro La Gran Enciclopedia de Puerto Rico, Tomo VIII, p. 378.
Cacheila Soto González: Foto por la artista
José A. Torres Martinó: El Nuevo Día, 28 de enero de 1997, p. 66.
Rafael Trelles Sosa: Foto por Jesús E. Marrero
Rafael Tufiño Figueroa: Foto por Tito Guzmán, El Nuevo Día, Por Dentro , 1 de julio de 2001, p. 72.
Jorge Zeno: El Nuevo Día, Revista Domingo, 10 de marzo de 2002, p. 13.
Créditos Fotografía de obras
Myrna Báez González: Foto por John Betancourt
Manuel Hernández Acevedo: Foto por John Betancourt, cortesía Museo de Arte de Puerto Rico
Miguel Pou Becerra: Foto cortesía Museo de Arte de Ponce
Cacheila Soto González: Foto por la artista
Rafael Tufiño Figueroa: Foto por John Betancourt, cortesía Instituto de Cultura Puertorriqueña

Agradecimientos

El Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras,
agradece profundamente a las siguientes instituciones, artistas, y coleccionistas su generoso préstamo de las
obras que hicieron posible la exposición.

Banco Gubernamental de Fomento de Puerto Rico


Cooperativa de Seguros Múltiples
Instituto de Cultura Puertorriqueña
Lopito, Ileana & Howie
Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico
Museo de Arte de Ponce
Museo de Arte de Puerto Rico

Myrna Báez
Manuel Botello
Olga V. Cervoni
Cecilio Colón Guzmán
Carmen Correa
Familia Andreu-Pietri
Familia Font-Riefkohl
Familira Reyes-Veray
Domingo García
Poli Marichal Lugo
Antonio Martorell
Rubén Miranda
Ivonne Narganes Storde
Luis Nieves Falcón
Cielo Rosado
Federico Sánchez
Cacheila Soto
José Antonio Torres Martinó
Rafael Trelles
René Vélez Marichal
Jorge Zeno