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"Non-negotiable": solo sé que me obligan a votar basura, ¿por qué no a botar (la) basura?

de Marco ALbornoz, el Viernes, 12 de agosto de 2011 a las 9:58

"... para Todos", el lema del KKKlan. Pero ¿el Estado respeta la Constitución Nacional, aquella que reza: "todos somos iguales"? sin una respuesta plausible, jamás podríamos entonces emprender la "visión" de una posible igualdad para todo(s). La hiancia biológica que hemos emprendido como humanidiosidad se hace patente en un país que creyendo redistribuir las riquezas, no advierte que el pobre antes que comer, compra un arma para robar, porque este sí piensa en "sustentabilidad", en "largos plazos" (o al menos hasta que la cana corte el pacto y lo meta entre rejas). Las últimas encuestas públicas de los candidatos (estos curreros de la demokratía) anuncian que la inseguridad está en primer término como pre-ocupación para el cuidadano: definamos ciudadano, y luego "instalación" de paradigmas desde el Cuarto Poder. El ciudadano es aquel, como desde el 25 de mayo de 1810 (e.·. v.·.) que tiene títulos de propiedad. El periodismo instala situaciones en el imaginario popular de manera tan hábil, que pudiendo irse a una esquinita de la pág. 7 titula la edición del día en "negrita" y cuerpo "72" en primera plana. ¿Entonces vivimos en inseguridad o en un "estado" de inseguridad? Si a un Imperio le pueden bajar la calificación, ¿cómo los inversionistas no van a huír de las Colonias como la Argetinian Inc.? OK, entonces educamos al pueblo (definamos "pueblo" y se supone que es el "gobierno" -o kratós- del imaginativo sistema demo-crático) y así evitamos el crímen, con ello baja la inseguridad, y con ello vuelve la "credibilidad". Parece un hábil plan estratégico, pero se trata de una ilusión. Ni el pueblo gobierna, ni la educación educa, ni la seguridad asegura, porque el tema es la "aculturalidad" y falta total de "solidaridad". Las colonias unidas de la Res-pública y sus idiosincrasias particulares responden a una "creencia" de unidad, igualdad, libertad, (¿fraternidad?) que leyeron en estampitas y panfletos durante doscientos años. El acercamiento, la aproximación a la "realidad" que viven los pueblos, amerita un cachito de humildad de los tiranos de turno (de laaaargos turnos facilitados por las re-re-reelecciones) y amor al prójimo. La construcción de una "democracia" como la que pretendieron los fundacionistas de la Pa-tirá anhelaban como en los viejos críticos del Agora en la península de la primera civilización=sifilización, una "aristós-kratía": un sistema en el que el más competente, aquel capacitado para dirigir una Nación, gobernaría... Y teniendo en cuenta que gobernar era lo mismo que educar (paideía), la responsabilidad y la finalización de los crímenes dependía de la buena o mala gestión del mandamás del momento... (si fallaba: derechito al ostrakón). Claro que esos eran idealismos publicitarios. La propaganda hasta hoy nos llega como "ben-dición" y nos quedamos perplejos (á-topìa) ante la verdad (a-litheía) de una situación en la que salir de casa sin que te peguen un tiro en el mate, es una suerte con la que corrés solo ese día. Para el siguiente: "no se pierda el próximo capítulo en el mismo bati-canal y a la misma bati-hora". Negociar con un criminal (generalmente menor de edad) que no es dueño de sus acciones (por falta de res-ponsabilidad, alto nivel de drogadicción, resentimiento, envidia, deporte, etc.) acaba de la misma manera: con un tiro en el mate. ¿Accidental, involuntario, "el diablo me hizo hacerlo"? ¡Vamos! El cambio ascendente, aquel que proponemos como "de abajo hacia arriba" es posible siempre y cuando las dos partes estén dispuestas a "negociar", y para ello no debemos des-cuidar los "intereses". ¿Sabemos cuáles son los intereses del de más "abajo" y cuál del de más "arriba"? No resultará la alquimia de la Tábula Esmeraldina que rezaba "como es abajo es arriba",

porque ya sabemos que la condición de igualdad de los libertarios revolucionarios franceses era: Igualdad (solo) para los Jacobinos; y de ahí el paradigma se fue replicando hasta hoy donde "vos sos igual a mí siempre y cuando opinés o acatés lo que yo digo (aunque parezca bueno, o me salga sonriendo en un afiche como si me hubieras contado un chiste)". Para negociar en esos casos, no falta educación, sino una capacidad de persuasión, en la que seguir "engañando" es aparentemente el lenguaje habitual. Y aunque suene pesimista, este nickname («Antístenes») me res-ponsabiliza como a esas moscas en el plato para un sistema que desde la adolescencia combatí pero en la ¿adultez? asumí. No puedo pretender cambiar algo sin aceptarlo como está (o como es). Desde la empatía, acudiendo a la inteligencia emocional del "otro", debo poder dejar establecido el campo de negociación: no pretender ganar (¡nunca!), no es una batalla; pero si preferir continuar, pensar en "términos" de medianos y largos plazos, en fases circunstanciales en las cuales saber adaptarme con velocidad y tino (asertividad, le dirá el Encantador de Perros), sin herir susceptibilidades, sin subestimar y por supuesto, sin sabérmelas todas; porque si algo tenemos que aprehender, es que "solo sé que no sé nada". Ἀντισθένης