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festival de fez
pecado de soberbia
hace doce años que la ciudad marroquí de fez vive durante diez días de primavera en torno a su festival. diferentes escenarios dividen las actuaciones. pero, sobre todo, dividen a los públicos.

Tariqa Darqawiya Foto JM Sans / Qadar Es por eso que la alta burguesía paga precios astronómicos por las actuaciones del Bab Makina, mientras los demás disfrutan las gratuitas en el Bab Boujouloud. Aunque todos juntos acaban la jornada en el Dar Tazi, las espectaculares noches sufís. Quizá todo esto suceda porque, en ocasiones, los grandes festivales pecan de soberbios. Otro ejemplo: hablar hoy en día de tolerancia, de diálogo, de paz, y hacerlo con representantes del Banco Mundial, ministros variopintos e incluso ¡duques españoles! huele un poco a chamusquina, por mucho que se haga en Fez. Lo sacro y lo económico son apenas compatibles. Y el sufismo es mucho más que un cajón de sastre en el que todo cabe. Presentar como cantantes místicos a estrellas del pop más comercial es un broma, pretender que Enrico Macias (judío argelino, autor de polémicas declaraciones en favor del estado de Israel) sea un embajador de la causa palestina es casi un insulto. El «Espíritu de Fez» sin duda acoge, pero aún no produce milagros. ¿O sí? Durante la rueda de prensa, el argelino quedó en evidencia al lanzarse a gritos con acusaciones de complot contra un periodista que le mencionó sus posiciones en defensa del sionismo. Un periodista, por más señas, ¡judío israelí! La música estuvo ahí para dulcificar la política. Jordi Savall y Montserrat Figueres nos emocionaron, como también lo hizo Karima Skalli, sensacional nueva voz marroquí. Actuó en el Museo Batha, uno de los escenarios más bonitos del festival, donde también disfrutamos, hasta las lágrimas, de la cantante azerí Aygur Baylar: ante nuestra petición de bises, dejó de lado micrófono y músicos para regalarnos un tema a pulmón vivo deslumbrante. También prescindió del micrófono el genial tunecino Lotfi Bouchnak, pero él a su pesar. Dos cortes de electricidad durante su concierto gratuito en el Bab Boujoloud no pudieron con el animal escénico que lleva dentro: cantó sin electricidad y, cuando ésta volvió, cantó bajo una lluvia torrencial que no molestó tampoco al público que, calado hasta los huesos, coreó sus temas más populares. Según hizo saber el presidente del festival, la intención para los próximos años es potenciar el festival en la ciudad, que incluye los conciertos gratuitos y las noches sufís. Excelente idea: cada año las actuaciones de grupos tradicionales, como Ahwach Tissint (impresionantes músicos tamazigh), o renovadores, como Hamid el Kasri (espectacular maalem gnawa), se convierten en ocasiones únicas para ver grupos de extraordinaria calidad que apenas llegan a España. Y las noches sufís, en las que las cofradías marroquíes abren sus sesiones musicales a un público realmente heterogéneo, muestran lo mejor del Islam: las prácticas populares, no dogmáticas, generosas... Un año más, las grandes palabras se han hecho realidad en los pequeños detalles: los gestos amables del pueblo marroquí, de los sonrientes habitantes de la ciudad de Fez. BRIGITTE VASALLO

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