PREGUNTAS ACTUALES SOBRE LAS REPARACIONES EN CASOS DE VIOLACIÓN SEXUAL A MUJERES EN CONFLICTO ARMADO INTERNO.

EL DERECHO A SOSPECHAR

Eduardo Espinoza Iprodes

Han sucedido violaciones sexuales masivas en Guatemala, Perú, Rwanda, y otros; últimamente suceden en Libia. ¿Son coincidencias?. Se dice que en política no hay coincidencias…En este caso, como en todas las políticas de Estado, se trata de acciones planificadas y para eso muchos de nuestros generales de nuestra región se han formado sobre estrategia antisubversiva en la tristemente célebre “Escuela de las Américas”. Y tengo derecho a sospechar que los militares de los otros países que aplican esta arma de guerra planificada han sido formados en forma similar. ¿Por qué siguen sucediendo pese a las denuncias públicas en diferentes países? A mi modo de ver, en el Perú las mujeres fueron y siguen siendo las principales afectadas de violaciones sexuales por cuatro hechos fundamentales: a) En la vida cotidiana fueron y siguen siendo sujeto sin derechos sexuales y reproductivos. Vayamos a Ayacucho y preguntemos a las mujeres lideresas cuál es el principal problema no atendido y nos responderán: el embarazo adolescente y la subsecuente irresponsabilidad del varón. b) La normatividad interna facilita esta transgresión de derechos y otros al declarar en el estado de emergencia la subordinación de la autoridad civil a la autoridad militar. Permite el máximo ejercicio de poder sin vigilancia ciudadana, solo reporta a sus jefes y ahí queda1. Entonces el jefe los “premia” autorizándolos a que violen con saña y sin misericordia a las mujeres porque son ellas y los niños/as las personas más vulnerables en la guerra y fuera de ella. Y ahí nos damos cuenta cuán controlado teníamos en la mente nuestro instinto sexual y nuestra miseria humana; que apenas nos autorizan que podemos violar a las mujeres lo hacemos casi sin titubeos y con placer;
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Si no veamos que han las fuerzas armados y el Estado para facilitar datos a las investigaciones sobre violaciones de derechos humanos en conflicto armado.

c) La inoperancia de la normatividad internacional. El Derecho Internacional Humanitario y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional prohíben las violaciones sexuales en conflicto armado interno, sin embargo sabemos que pocos violadores, contados con los dedos de la mano, han sido encarcelados. La mayoría están caminando por nuestras calles como si nada hubieran hecho gracias a la lentitud procesal y falta de pruebas; d) Si violar sexualmente a las mujeres solo ocasionara daño a ellas, no tendría sentido mandar a la tropa hacerlo. Esta violación produjo y sigue provocando daños a los varones tildados de enemigos y al entorno social que pertenecen. A mi entender el principal daño que produce es la estigmatización de las mujeres y facilita el aislamiento social de la población. Se producen “islas” de gente que se diferencian entre ellas. Observamos mujeres afectadas por el conflicto armado separadas de las no afectadas; mujeres organizadas por el conflicto armado separadas del quehacer de las mujeres organizadas; mujeres no afectadas que no se relacionan activamente con ellas, ilusamente creen que a ellas no les puede pasar lo que les ha pasado a otras, porque gozan de un estatus socio-económico distinto o porque eso pasa sólo en la guerra; los varones afectados y no afectados no se sienten parte de este problema, ellos tienen sus propios problemas que los dividen: consumo excesivo de alcohol, drogadicción, violencia callejera, ajetreos para pagar o evadir la pensión alimenticia, negar el reconocimiento de un hijo/a, en fin todos los problemas que atraviesan los varones por su formación y nuestra tolerancia. ¿Por qué sostengo que siguen ocurriendo? ¿Alguien se ha preocupado por lo que ocurre en la vida cotidiana de la “isla” llamada VRAE? Se ha declarado en estado de emergencia, lo que exige la subordinación de las autoridades civiles; existe desinformación en el mismo Huamanga sobre lo que sucede allí pese a que el problema comienza a una hora de viaje; existe una militarización con presencia de narcotráfico y senderismo; no se habla del narcotráfico; hay rumores sobre lo que está pasando a las mujeres que no guardan el silencio y complicidad debida. Como toda guerra genera un caos, y ante el caos se abusa de la parte más débil de la población, es mi derecho a sospechar que en el VRAE debe estar ocurriendo violencia sexual contra las mujeres, si no que demuestren lo contrario. El Estado debería presentar pruebas de que ello no está ocurriendo,

debería “invitar” a organizaciones de la sociedad civil a observar si ocurren violaciones de derechos humanos y de las mujeres y niños/as. Para preocuparnos más: según el Plan de Desarrollo Concertado, en el VRAE más del 90% vive en pobreza, según este dato se están violando una serie de derechos humanos asociados a la pobreza. El problema del VRAE es que allí está sucediendo una guerra y no lo entendemos así, una guerra muy peculiar y doblemente peligrosa por la presencia de Sendero y el narcotráfico. La población de Huamanga observa cómo se ha ido acrecentando la presencia del narcotráfico mediante el aumento de camionetas 4x4 y el aumento de los alquileres de las casas a precios inalcanzables para una persona que gana un sueldo. ¿Y cómo lo hacen? Sin embargo, esta presencia todavía no ha afectado a la familia huamanguina y cree ilusamente que no les tocará la puerta si siguen manteniendo la actitud observadora. Nuevamente se presenta la figura de la “isla” que les hace pensar que eso sólo les pasará a los que viven en el VRAE pero no a ellos y ellas; antes fue: “eso les pasará a los que viven en las comunidades campesinas”. El militar en guerra viola a las mujeres, el narcotraficante asesina a las mujeres “soplonas” u hostiles a ellos. Eso pasará en Huamanga y otras comunidades si VRAE las involucra. Nuestras organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil no están preparadas para enfrentar este problema. No se siente un liderazgo, mientras el Estado nos manipula, nos envía escándalos faranduleros y otros delincuenciales o políticos de menor calibre, con el fin de distraer nuestra atención y lucha por los derechos humanos y de las mujeres y niños/as. Debemos extraer lecciones aprendidas del conflicto armado interno y aplicarlas en el VRAE y nuestra vida cotidiana. Si un día la mayoría de las mujeres, de Huamanga por ejemplo, participaran en las marchas públicas de las mujeres afectadas por el conflicto armado solicitando reparación y/o justicia, otro sería el cantar ayacuchano.

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