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PERSPECTIVAS DE LA EXPERIENCIA DE LA ESPIRITUALIDAD IGNACIANA EN

LA EDUCACIÓN FORMAL

Luis Valdez Castellanos S.J.


Director del Centro Ignaciano de Espiritualidad (CIE);
Licenciatura en Filosofía y en Teología,
Maestría en Desarrollo Humano.

0. INTRODUCCIÓN
La Espiritualidad Ignaciana puede ser recuperada desde diversos ángulos pues
contiene una gran riqueza. Puede ser revisada tanto desde la metodología y como desde de los
contenidos.
Valoro mucho la importancia de transmitir unos contenidos que ayuden a nuestros
alumnos a participar de lo ignaciano. Por contenidos entiendo tanto la información como la
conducta o habilidades que se esperan de los alumnos. Por ejemplo, es fundamental que se les
transmita, a nivel de contenidos, la teología del Cristo que presenta Ignacio en las dos
banderas, “pobre y humillado” y no una teología que presente a un Jesús rico y triunfante. Y
que se espera una conducta no de superioridad sino de servicio a los demás. Es importante que
nuestros alumnos en todos los niveles sepan que Dios no castiga, que su esencia es el amor,
etc., y que son invitados a abrirse a experimentar su amor en el aquí y en el ahora.
Además creo que contenidos y método se complementan para enriquecerse.
Sin embargo, yo haré mi colaboración desde la dimensión experiencial que es la que
he revisado un poco más. Me interesa sugerir cómo la Espiritualidad Ignaciana es una
experiencia que, al transmitirse con un buen método, genera fecundidad en las personas y esto
repercute en su entorno.
La ponencia tiene tres partes. La primera es breve y trata sobre lo que entiendo por
“experiencia”, por espiritualidad y Espiritualidad Ignaciana.
La segunda, la más extensa, es una recuperación de la experiencia espiritual de Ignacio
de Loyola en los rasgos que me parecen más sobresalientes.
Una vez recuperada la experiencia de Ignacio, la tercera consiste en delinear su aporte
proyectado a nuestra misión en el sector de Educación formal.

1. DEFINICIONES DE EXPERIENCIA Y ESPIRITUALIDAD


En primer lugar quiero iniciar con algunas definiciones sobre lo que significa
“espiritualidad” y posteriormente sobre lo que entiendo por “experiencia” ya que ambos
términos son centrales en este trabajo.
Quiero asentar que tradicionalmente la espiritualidad se ha ligado a una religión o a
unas iglesias. Sin embargo, en un mundo más secularizado y en ambientes menos religiosos
como constatamos en nuestros ambientes de colegios y universidades, es necesario ampliar la
visón sobre este concepto.
2

En este contexto resulta muy iluminadora el aporte que presentan Pedro Casaldáliga y
José María Vigil 1. Ellos distinguen entre espiritualidad en general y espiritualidad cristiana.

Espiritualidad en general
El espíritu de una persona es lo más hondo de su propio ser: sus “motivaciones”
últimas, su ideal, su utopía, su pasión, la mística por la que vive y lucha y con la cual contagia
a los demás. Cuanto más conscientemente vive y actúa una persona, cuanto más cultiva sus
valores, su ideal, su mística, sus opciones profundas, su utopía..., más espiritualidad tiene,
más profundo y más rico es su “hondón”. La espiritualidad no es patrimonio exclusivo de
personas especiales, profesionalmente religiosas, o santas; ni siquiera privativa de los
creyentes. La espiritualidad es patrimonio de todos los seres humanos. Toda persona, esté
inscrita en alguna religión o no, posee una espiritualidad que lo distingue de los animales, y
que la anima a ser más humano, más pleno. La espiritualidad está en todo ser humano.

Espiritualidad Cristiana
La espiritualidad cristiana, como espiritualidad, en principio, es un caso más entre las
muchas espiritualidades que se dan en el mundo. Es una luz peculiar. Es la dimensión de la
salvación que Dios lleva adelante en la historia humana. Dios no sólo ha creado al mundo y lo
ha hecho escenario de su Salvación, sino que ha querido comunicarse a ese ser humano más
plenamente para hacerle más accesible y comprensible la salvación.
Es vivir esa dimensión espiritual, sus motivaciones, ideales, luchas, etc. en el
seguimiento de Cristo bajo el impulso del Espíritu para la construcción del Reino de Dios.
Por eso el cristiano no se debe saber diferente (superior) a los demás hombres pues participa
con los demás de un espíritu común. Puede saberse confortado por la revelación de Jesucristo
(su testimonio, cercanía, congruencia, etc) y sobre todo sentir esperanza por el triunfo
asegurado ante el mal con la experiencia de la Resurrección.

Espiritualidad Ignaciana
Por todo lo que he estudiado y experimentado pienso que es un modo particular de
vivir la espiritualidad Cristiana con la ayuda de la experiencia y sabiduría de San Ignacio de
Loyola.
De manera sintética presento algunas características principales de esta espiritualidad:
1. Es un regalo de la Trinidad a Ignacio para su Iglesia.
2. Es una espiritualidad trinitaria que acentúa lo Cristológico.
3. Es una espiritualidad que lleva a la persona a incorporarse a la acción que Dios
está haciendo en el mundo.
4. Que está basada en la experiencia de los Ejercicios Espirituales y el dinamismo del
Discernimiento espiritual. Éste lo entiendo como un método para buscar, hallar y
practicar la voluntad de Dios.
5. Es una experiencia espiritual dinámica e integradora de polaridades tales como:
- Oración/acción (“contemplativos en la acción”).
- Secular/sagrado (“encontrar a Dios en todas las cosas”).
- Don/tarea (“hacer las cosas como si todo dependiera de ti, y...”).
- Razón/afecto (“ordenar los afectos desordenados”).

1
Pedro Casaldáliga, y José Ma. Vigil, (1992). Espiritualidad de la liberación. Santander: Sal
Terrae.
3

Hasta aquí las definiciones de espiritualidad y Espiritualidad Ignaciana. Pasamos


ahora a revisar otro concepto.

Experiencia
La Espiritualidad Ignaciana es ante todo una experiencia, un camino que recorrió San
Ignacio y lo quiso legar a la Iglesia y a la Compañía de Jesús. Y como toda experiencia
humana abarca a toda la persona. Y la persona es una sola, indivisible. Tiene cuerpo, mente,
espíritu, psique, afectos, etc. Aunque es una totalidad, sin embargo, con la finalidad de
facilitar el conocimiento se hacen divisiones que son de alguna manera arbitrarias. Pero la
persona sigue siendo un conjunto, una integralidad.
Para definir desde varios ángulos lo que significa experiencia recupero, en primer
lugar, el aporte desde la filosofía y la espiritualidad de William Barry quien tiene un artículo
sobre las dimensiones de la experiencia.2
Experiencia es el producto de un encuentro complejo entre “lo que existe” y un ser
con conciencia. Ambos seres tienen estructuras que determinan la naturaleza de la
experiencia. La experiencia puede ser igualada con una de las maneras con que Lonergan, en
su obra El método en Teología, usa la palabra conciencia.
Soy conciente tanto del objeto como de mis propias operaciones. Experiencia incluye
todo lo que soy conciente ahora. Mi experiencia depende de ambos, el ser encontrado y mi
propia historia pasada, mis categorías aprendidas de apercepción, mi deseos, mis motivos, mis
esperanza y sueños.
No hay experiencia humana que no sea un encuentro.
Cualquier experiencia humana tiene varias dimensiones: física porque somos seres
humanos en un universo físico; biológica porque somos seres biológicos; sicológicas y
sociológicas porque nos acercamos a cualquier experiencia como productos de nuestras
historias psicológicas y sociológicas; y religiosa que es proporcionada por la persona, que
cree y por el Misterio encontrado.
Para el creyente, cualquier experiencia puede tener una dimensión religiosa porque
cree que Dios no es sólo trascendente sino también inmanente en su universo creado.
Según el filósofo escocés John McMurray cualquier acción nuestra ocurre dentro de un
universo, que es la acción de Dios. Aunque lo sepamos o no, Dios es ingrediente en toda
experiencia humana. La realidad es que encontramos a Dios en todos los momentos del día,
pero no siempre nos damos cuenta de esta realidad. El examen ignaciano es un rato de
reflexión en un momento particular del día, con el fin de hacernos más conscientes del tocar
de Dios.
En segundo lugar, quiero definir la experiencia desde la sicología humanista. Ana Ma.
González Garza define la experiencia como todo lo que sucede dentro del organismo en
cualquier momento y que está potencialmente disponible para la conciencia 3. Se trata, por un
lado, de todo lo que le acontece a la persona y, por otro, puede ser reflexionado, elaborado.
El modo de conciencia holístico es la experiencia integradora, totalizante y subjetiva por
medio de la cual se percibe al mundo; capta el bosque sin que le estorben los árboles. Se
centra en el presente en el aquí y el ahora, lo cual permite el contacto inmediato con la
realidad continuamente cambiante del mundo en que vivimos.
La persona tiene la capacidad de un conocimiento más integrador cuando utiliza los
dos hemisferios cerebrales.
2
Barry, William. (1990). Hallar a Dios en las cosas: las dimensiones de la experiencia, en
Psicología y Ejercicios Ignacianos. Vol II, pp 430-436. Mensajero-Sal Terrae: Bilbao-
Santander.
3
González, Ana María. (1991). El enfoque centrado en la persona. Aplicaciones a la
educación. México: Trillas.
4

El hemisferio izquierdo del cerebro se rige por la conciencia ordinaria, verbal-lineal y


sus funciones características son: lo objetivo, racional, concreto, intelectual, temporal,
secuencial, estructurado y propositivo. Lleva a cabo una acción analítica, funciones de juicio-
control-valoración y procesos de pensamientos cognoscitivos a través de los cuales se percibe
al mundo.
El hemisferio derecho se rige por la intuición, por la conciencia no lineal, holística-
integral, total, unificada. Sus modos característicos son: lo intuitivo, subjetivo, creativo,
artístico, estético, misterioso, atemporal, espacial, integral y simultáneo. Al no contar con
elementos lingüísticos se expresa a través de metáforas y no se rige por procesos mentales
establecidos, ideas perjuicios, o creencias, sino por las experiencia que se suceden de manera
espontánea y simultánea.
Cuando la educación se enfoca hacia el desarrollo del modo cognitivo sin contemplar
al individuo como unidad integral, se le limita y reduce a tan sólo una dimensión: la
intelectual. Si la balanza se inclina hacia el desarrollo intuitivo, se da igualmente el
desequilibrio. Es necesario promover una educación que se avoque a la integración y
favorezca al desarrollo equilibrado y dinámico de los dos modos del cerebro. El aprendizaje
significativo será factible en la medida en que se promueva la complementación de las
funciones de cada hemisferio cerebral.
El Aprendizaje Significativo es la piedra angular de la educación centrada en la
persona. Consiste en asimilar uno mismo lo aprendido, hacerlo propio tal como se hace con el
alimento que se ingiere, se digiere y se asimila. No se olvida y puede aplicarse prácticamente
en la vida diaria. Implica siempre un contenido afectivo.
Los factores más importantes en el aprendizaje significativo:
- Los contenidos que son la información, las conductas o habilidades que hay que
aprender.
- El funcionamiento (organismo) de la persona en sus dimensiones biológica,
psicológica, espiritual y social.
- Las necesidades actuales y los problemas que el individuo esté confrontando en
ese momento como importantes para él.
- El ambiente en el que se da el aprendizaje.

A manera de resumen podemos decir que la experiencia es el producto de un


encuentro entre lo que existe y una persona con conciencia. Y que incluye varias dimensiones,
entre otra la religiosa. Que la Espiritualidad Ignaciana es una espiritualidad fundamentalmente
integradora, a diferencia de otras experiencias espirituales, que descartan o expulsan algunas
dimensiones, la ignaciana las respeta y las incorpora.

2. LA EXPERIENCIA DE IGNACIO DE LOYOLA


Ahora revisaré la vida y la experiencia de Ignacio en algunas dimensiones que me
parecen fundamentales. Advierto que no son las únicas y que de Ignacio se puede recuperar
otros elementos.

Ignacio ante el misterio


En la fenomenología de la religión, especialmente Mircea Eliade, se afirma que en la
experiencia del hombre ante la divinidad hay varias dimensiones como lo tremendo, lo
fascinante y lo numinoso.
Yo quiero agregar que el encuentro del hombre con Dios tiene una dimensión también
de misterio. Dios desborda al hombre y a su capacidad de conocimiento y mantiene su aspecto
de misterio. Defino el misterio como una realidad en parte conocida y en parte por conocer,
5

pero que no mantiene una zona de desconocimiento. Pongo el ejemplo de la sexualidad


humana que tiene una dimensión de misterio. Aunque se ha avanzado mucho en los estudios
fisiológicos de la respuesta sexual humana, la sexualidad, propia y de los otros, sigue siendo
compleja y desconocida. Siempre hay un plus de conocimiento en la sexualidad y en sus
expresiones.
De igual manera, aunque lo desee en el fondo de su corazón, es imposible para el
hombre agotar el conocimiento de Dios. Siempre hay más que conocer de él. Dios es mayor
que el hombre.
Sin embargo, la modernidad ha querido explicar todo incluso a Dios y por eso intenta
dar razón de Dios, hacerlo creíble a la mente humana. Por eso se habla del “Dios de los
filósofos”. La razón ha querido abarcar todo.
Para el Occidente fue un reto el Dios que había revelado Jesús, y busca hacerlo más
explicable y maneja las vías que hacen razonable la aceptación del misterio, vías que
posteriormente por su misma tendencia cultural se nombrarán como “pruebas” de la
existencia de Dios. Las conclusiones a las que ha llegado Occidente sobre lo divino serán solo
analógicas: analogías que ciertamente responden a una realidad aunque no te dejan salir del
misterio. El catecismo de la Iglesia Católica (n° 43) nos lo dice del modo siguiente: Al hablar
así de Dios, nuestro lenguaje ciertamente se expresa del modo humano, pero capta realmente
a Dios mismo, sin poder, no obstante expresarlo en su infinita simplicidad. Es preciso
recordar, en efecto ‘que entre el creador y la criatura no se puede señalar una semejanza tal
que la diferencia entre ellos no sea mayor todavía’ (Conc. Letrán IV DS 806) y que ‘nosotros
no podemos captar de Dios lo que Él es, sino solamente lo que no es y cómo los otros seres se
sitúan con relación con Él’ (S Tomás de Aquino s gent 1,30).
Recordemos que fue en categorías mentales y lingüísticas griegas que se expresó esta
realidad que se nos revela como Santísima Trinidad.
Los occidentales, desilusionados de la racionalidad, en su crisis post-moderna, buscan
a Dios sin saber cómo y muchas veces se pierden en un misticismo oscuro, donde el hombre
se enreda en enigmáticas realidades impersonales.
San Juan de la Cruz (junto con los místicos de oriente y occidente) nos da en alguna de
sus poesías una descripción en donde el encuentro del Señor en el silencio y en su incapacidad
lógica de escribirlo se unen:

Yo no supe donde estaba De paz y de piedad Estaba tan embebido


pero, cuando allí me vi, era la ciencia perfecta Tan absorto y ajenado
sin saber dónde me estaba, en profunda soledad que se quedó mi sentido
grandes cosas entendí, entendida, vía recta; de todo sentir privado
no diré lo que sentí, era cosa tan secreta y el espíritu dotado
que me quedé no sabiendo que me quedé balbuciendo, de un entender no
toda ciencia trascendiendo. toda ciencia trascendiendo. entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.

Ignacio respetó el misterio de Dios y no quiso abarcarlo sino aprendió a convivir con
él, a aceptar las dudas, los silencios, las paradojas...Más abajo veremos algunos de sus textos
del Diario Espiritual.
Lo que resalta en la autobiografía de Ignacio es que su encuentro con Dios lo cautivó
de tal manera que le cambió la vida completamente. Como un enamorado que deja todo para
estar con su amada, como aquel de la parábola del evangelio que encontró una perla fina y
vendió todas sus cosas para adquirirla (Mt 13, 44). Así fue de profundo el encuentro
interpersonal de Ignacio con Dios.
6

La imagen de Dios que se quedó sellada e impresa en el corazón de Ignacio fue la del
Dios que lo perdona de todos los pecados de su vida, y esa imagen luego se reflejará en la
primera semana de los Ejercicios. Ese Dios que ama y cuyo perdón es una de sus formas de
amar. En la enfermedad de Loyola tuvo la experiencia de ser amado incondicionalmente por
Jesucristo pues, cuando estuvo en agonía en las vísperas de la fiesta de Pedro y Pablo
(Autobiografía n° 3), y merecía el castigo y el rechazo por sus muchos pecados, recibió
nuevamente el regalo de la vida. Posteriormente, en Monserrat, recibió el perdón de sus
pecados en la confesión general (Autobiografía n° 17). El volver a la vida y el perdón
generoso son una experiencia que en el lenguaje moderno se llama de amor incondicional, que
significa ser amado como uno es y no como “debería de ser”.
Las lecturas que hizo en casa de su cuñada en Loyola de “La Vida de Cristo” de
Ludolfo de Sajonia y de la vida de los santos (Legenda aurea del dominico Jacobo de
Voragine) le introdujeron en el conocimiento del misterio de Cristo y lo conoció como un rey
“sirviente”. A Ignacio desde entonces le sorprende y le seduce el Cristo servidor. Le descubre
plenamente como a su Dios, Uno de la Trinidad, “Eterno Señor de todas las cosas”, que obra y
trabaja en todas ellas, unido con el Espíritu y con el Padre 4.
El Señor Jesús le enseñó a Ignacio como a un niño a educar su voluntad para no caer
en el voluntarismo, el extremo maniqueo que destroza a la persona. Porque Ignacio en primer
lugar quería los medios divinos que unían a la criatura con su creador por encima de los
medios humanos. Y esto lo hacía que su acción fuera fruto de la gratuidad y no del
voluntarismo eficacista.
La experiencia de la gratuidad que tuvo Ignacio, de ser amado incondicionalmente, le
hizo trabajar también la dimensión pasiva del amor: el dejarse, el estarse quieto, no estorbarle
a Dios en su acción. Intuía por su experiencia que Dios nos transforma si desde nuestra
libertad le abrimos la puerta para que entre (Ap, 3.20). Y es notable que Ignacio, siendo tan
eficiente en lograr lo que se proponía, supo doblegar su voluntad y aprendió, por el
discernimiento a dejarse guiar, ser llevado de la mano... Es tan importante la dimensión pasiva
como la activa, aunque en nuestra formación se ha puesto el énfasis en la activa.
Para Ignacio el compartir su experiencia espiritual a través de los ejercicios significaba dar
gratis lo que gratis recibió. Como todo don que Dios da el destinatario no es el sujeto que lo
recibe sino la comunidad.
El Ignacio que tuvo experiencias místicas ha tenido poca difusión en comparación con
el Ignacio fundador y estratega. Se ha resaltado más su carácter de líder, de organizador, de
fundador.
Por eso quiero hacer una presentación breve de este Ignacio que vivía ante el Misterio.
Basta leer algunos trozos de su diario espiritual para intuir la hondura de su experiencia con
Dios.
En la introducción al Diario Espiritual que hace el P. Iparraguirre 5 señala varias cosas
que me parecen importantes sobre Ignacio. Señala que tanto en los Ejercicios como en el
Diario Espiritual:
- Domina el cuidado de encontrar y abrazar la voluntad de Dios, de encontrarla
primero por experiencias internas, sin renunciar, sin embargo, en nada al empleo
de la razón esclarecida por la fe.
- El mismo deseo de la confirmación divina a las decisiones tomadas.
- La devoción a la Santísima Trinidad.
- El mismo sentimiento de distancia entre Dios y nosotros en medio de las más vivas
efusiones de amor.
4
Kolvenbach, Peter H. (1999). Decir…Al “indecible”. Colección Manresa N° 20. Mensajero-
Sal Terrae. Bilbao-Santander, p. 65.
5
Ignacio de Loyola. (1968). Obras completas. Madrid: BAC, pp. 303-307.
7

- Una gran importancia a los mediadores, y en primer lugar, a la humanidad de


Cristo.
- La importancia a la imaginación y a la sensibilidad, que no aparecen como
enemigo del que hay que desentenderse, sino como una ayuda real.
- El valor al don de lágrimas.
Para la mística el valor se da más a la experiencia interna pues es la que transforma y
mueve, es la que marca a la persona. Lo racional sirve tanto cuanto, para esclarecer lo vivido
y encuadrarlo en el evangelio y la vida de fe. La experiencia mística sucede más con la acción
de hemisferio derecho del cerebro del que hablaba arriba.
Se dan en Ignacio los tres rasgos de la oración infusa:
1. Visión simple e intuitiva de las cosas divinas.
2. Sin multiplicidad de conceptos ni discursos.
3. Pasividad completa del conocimiento y del amor infusos, dados y reiterados
por Dios con soberana independencia de todos nuestros esfuerzos.
Ahora veremos las características principales de la mística de San Ignacio.
- La mística de Ignacio es una mística preferentemente trinitaria. No hay página
de su diario donde no la mencione.
- Es una mística esencialmente eucarística y litúrgica, centrada en el sacrificio de
Jesucristo. La misa de cada día es el centro de todas las gracias.
- Es una mística de servicio por amor, más que de unión amorosa cuanto a su
orientación general, resultante de una acción divina sobre la humana.
- Lo que domina en su relación con las divinas personas y con Jesucristo es la
actitud humilde y amante del siervo, el afán de discernir en sus menores
señales el servicio deseado, la generosidad para cumplirlo perfectamente, por
costosos que sea, en un vuelo gozoso de amor.
- El amor de la Trinidad sobrecoge a Ignacio y su actitud de gratitud es
convertirse en servidor humilde, enviado, colaborador, ayudante.
Para comprender mejor al Ignacio místico ayuda leer un trozo de su diario, en donde
por segunda vez da gracias:
Domingo 17 Febrero. En la oración sólita, sin sentir mediadores ni otras
personas algunas terminando, sentía asaz sabor y calor, de la media adelante,
habiendo en mucha abundancia lágrimas llenas de calor y sabor interior, sin
inteligencias algunas, levantando y seyendo apartado aquel calor teniendo la
cosa por acabada, y pareciéndome ser acepta a Dios Nuestro Señor.
Levantando y tornando a la preparación para la misa, y dando gracias a la su
divina Majestad, y ofreciendo la oblación hecha, y no sin devoción y moción
de lágrimas, saliendo a la misa, al preparar del altar, al vestir, y al comenzar
de la misa, asaz con lágrimas, en la misa muy intensamente, con mucha
abundancia dellas, y a perder la habla muy muchas veces, mayormente por
toda la epístola larga de San Pablo, donde comienza: libenter suffertis
insipientes, y no sentiendo inteligencias ni distinciones o sentimientos de
personas algunas, con un amor intensísimo, calor y sabor grande a las cosas
divinas, con muy crecida satisfacción de ánima [D.E. 39-40].
En los Ejercicios Espirituales se pueden ver rasgos de cómo Ignacio se situaba, no
frente a la lógica lineal humana, sino ante el misterio de un Dios que lo amaba locamente y
ante el cual sólo podría haber una respuesta adecuada: amar locamente con el tercer grado de
humildad. En este se elige ser pobre con Cristo pobre, no por razón alguna, sino por el mero
8

hecho de amarlo tanto que se desea una plena identificación con él: sufrir con él, estar con él,
etc. El misterio del amor que hace “locuras”.
Todos los ejercicios están impregnados de este amor místico, pero resplandece
especialmente en la tercera y cuarta semanas. Ahí Ignacio aborda y pone al ejercitante ante el
misterio pascual: el fracaso, la muerte y el triunfo y la Resurrección. El misterio del Dios que
muerde el polvo y es derrotado por el pecado de los hombres, donde el ejercitante es invitado
a contemplar “como la divinidad se esconde” [EE 196]. Y el misterio de la Resurrección, del
triunfo definitivo del amor sobre el mal y el pecado.
Como dice Cusson:
Normalmente se justifica la tercera y la cuarta semana en base a un plan
psicológico para confirmar la elección precedente. Pero se justifica mejor en
base al plan del Misterio, donde está la confirmación, pero con un sentido
mucho más profundo. La actitud fundamental es la de un amor abierto a
aceptar el misterio total de Cristo. Es la indiferencia ignaciana abierta
enteramente a la voluntad divina, en un movimiento creciente de afecto a
Cristo Salvador que permite purificar las afecciones a todo lo creado. Muchos
directores caen en un error: la presentación objetiva del mensaje
(meditaciones) tiende más a suscitar directamente afectos sensibles y
espirituales que a abrir la inteligencia al sentido sagrado del misterio y a
fomentar una oración interior transformadora.6
Aquí vemos cómo muchos directores se quedan en el umbral de la experiencia mística
de los ejercicios, quizá porque ellos mismos no la han experimentado y de ahí su incapacidad
de pedagogos ante el misterio. Se quedan en la racionalidad, lo comprensible solamente. Y es
momento de preguntarnos si hemos tenido ya la experiencia del misterio de tal manera que
podamos acompañar a otros.
La actitud ante el misterio además de respeto es también de obediencia. Impresiona un
texto de Ignacio en la Autobiografía [n° 27] en donde dice:
En ese tiempo le trataba Dios de la misma manera que trata un maestro de
escuela a un niño, enseñándole; y, ora esto fuese por su rudeza y grueso
ingenio, o porque no tenía quien le enseñase, o por la firme voluntad que el
mismo Dios le había dado para servirle, claramente él juzgaba y siempre ha
juzgado que Dios le trataba desta manera; antes si dudase en esto, pensaría
ofender a su Divina Majestad...
Se trata no de una actitud infantil negativa sino de una docilidad para aprender de
Dios. Ignacio menciona tres posibilidades de esta actitud suya: su propia limitación; su
soledad espiritual o la acción decidida de Dios. Pero el resultado es una confianza sin medida
en ese Dios que es misterio. Y siendo Ignacio una persona muy propositiva, proactiva,
previsora y eficiente resalta que ponga toda su confianza en Dios, aun cuando no lo puede
controlar, ni saber por dónde saldrá su acción.
Ignacio sabe respetar la acción libre de Dios sin imponerle caminos. Y esto lo
experimentó en un momento importante cuando acababa de redactar las Constituciones de la
Compañía de Jesús. San Ignacio buscaba que Dios le confirmara a través de la consolación
sus decisiones tomadas. Pero entró en un tiempo de aridez. E Ignacio tiene que aprender una
lección muy importante: que Dios tiene muchas maneras de hablar y no sólo por la manera
que pretendía Ignacio. Ante la no confirmación y la aridez revisa no las decisiones que tomó
sino su actitud interna, si no hay desorden en su afán de buscar la confirmación, y al caer en la
cuenta va haciendo menos de su parte y dejando más la iniciativa a Dios. [Diario Espiritual n°
80 donde se libera y le pide a Dios que le confirme por la vía que mejor le pareciera].
6
Cusson, G. (1973). Experiencia personal del misterio de salvación. Zaragoza: Hechos y
dichos.
9
10

Ignacio se desplaza hacia abajo


La experiencia del encuentro inicial y luego frecuentemente con Jesucristo en su
peregrinar le hizo aflorar los deseos de identificarse con él de la manera más eficaz posible.
Así decidió, por lo pronto, dejar la buena ropa que vestía y ponerse la de un pobre.
Y es notable como después de esforzarse durante 30 años por ganar fama y prestigio personal,
renombre, y estar en el centro de la sociedad realiza un cambio muy fuerte. Del centro se
desplaza, libre y voluntariamente, a los márgenes de la sociedad y vive como uno más de los
pobres mendigando y protegido solamente por la providencia divina. Por eso Ignacio también
es mistagogo de la justicia surgida de la fe en Jesucristo. Recomiendo la lectura del artículo de
Melloni 7.
Ignacio fue experimentando que cuanto mayor era el despojo (tanto sociológico como
interior, es decir, la renuncia a su propia voluntad), mayor era también la experiencia de la
presencia de Dios: al ser expulsado de Tierra Santa, al ser apaleado en Barcelona, en la
soledad de sus largas caminatas, encarcelado, interrogado, burlado, es cuando más siente la
cercanía de Jesús. Esto nos recuerda el texto paulino que dice: y otras tantas me ha dicho (El
Señor): ‘Te basta mi gracia, ya que la fuerza se pone de manifiesto en la debilidad’.
Gustosamente, pues, seguiré enorgulleciéndome de mis debilidades, para que habite en mí la
fuerza de Cristo. Y me complazco en soportar por Cristo debilidades, injurias, necesidades,
persecuciones y angustias, porque cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte” 2
Co 12, 9-10.
Luego entiende Ignacio que como simple mendigo no puede ayudar con eficacia a los
demás. Tiene que usar medios diferentes. Aprende entonces a vivir conviviendo con las
polaridades o tensiones que implicaba el seguimiento de Jesús. En concreto la tensión entre la
carencia (pobreza material) y seguridad (institución que garantice el futuro de una obra
emprendida).
Cuando en las Constituciones exhorta a los jesuitas a que amen la pobreza como
madre n° 287, se está refiriendo a esta presencia de la intemperie en el cobijo de estructuras.
Para que la Compañía, ella misma, no acabe diluyéndose en la estructura del centro de poder
en la que se halla incorporada (Roma), debe estar fundada en la intemperie. Y porque hemos
experimentado que aquella vida (en pobreza material) es más feliz, más pura y más apta para
la edificación del prójimo, que más se aparta de todo contagio de avaricia y se asemeja más
a la pobreza evangélica; y porque sabemos que nuestro Señor Jesucristo proveerá de las
cosas necesarias par el sustento y vestido de sus siervos que no buscan más que el reino de
Dios, hagan todos y cada uno voto de perpetua pobreza. (Fórmula del Instituto, 4).
Aprendió a manejar las polaridades por un lado, con el discernimiento y, por otro, con
unas condiciones de vida austeras.
Ignacio pide a los candidatos a la Compañía a pasar por las mismas pruebas que él
vivió durante veinte años para que vivan desde el evangelio: el mes de Ejercicios, el mes de
hospitales, mes de peregrinación, mes de servicios humildes. De este modo cada jesuita tendrá
grabado en su interior el itinerario de la periferia y desde ahí relacionarse con el centro. De
ahí la importancia e insistencia que las últimas Congregaciones Generales de la Compañía dan
a la experiencia directa con los pobres y con la pobreza y las carencias.
Oí una frase de un profesor de teología quien dijo que la diferencia entre Dios y el
hombre es que mientras éste siempre quiere subir, subir y subir, Dios viene bajando, bajando
y bajando.
Esta es una imagen muy profunda de la experiencia que Ignacio vivió, primero
subiendo los primeros 30 años de su vida y después bajando. El trasfondo obviamente es el

7
Melloni, Javier. (1990). Ignacio de Loyola, un pedagogo del misterio de la justicia.
Barcelona: Cristianisme i iusticia
11

texto de Filipenses 3, pero que también señala la ruta de todo cristiano, jesuita y laico
ignaciano.
Es muy claro un camino que siguió Ignacio: ir del centro a la periferia, de abajamiento
social, de kénosis, de pobreza material, de abandono en la providencia. Resumiendo, la clave
del desplazamiento de Ignacio es el amor personal que siente por Jesucristo pobre y humilde.
El amor además de la relación interpersonal tiene la dimensión social que es el bien común y
se expresa en el esfuerzo de transformar las estructuras sociales para que se haga presente el
Reino de Dios.
La experiencia honda de Dios que tuvo Ignacio no le hizo salirse del mundo o escapar
de la realidad sino lo contrario, lo insertó más en ella. Es verdad que la tentación común en
muchas personas “espirituales” es refugiarse en la abstracción y desentenderse de los
problemas sobre todo sociales.
Como hemos visto, Ignacio tuvo un encuentro impactante de un Jesucristo rey
sirviente que le hizo sacar sus deseos más auténticos de colaborar con este Señor. Su
experiencia espiritual no lo llevó a la soledad del monasterio sino al ruido del mundo, por eso
bien se le puede llamar a Ignacio el Santo mundano. Y esta experiencia espiritual lo hizo
cambiar de opción social (de clase) para preferir a los pequeños y a los pobres, cuando en su
vida pasada había estado tan lejos de ellos.
Y en esa experiencia Ignaciana de amar la pobreza está también lo que ahora llamamos
la opción por los pobres. Como dice el texto que bajo la guía de Ignacio escribió Polanco a la
comunidad de Padua en 1547:
Son tan grandes los pobres en la presencia divina, que principalmente para
ellos fue enviado Cristo a la tierra; por la opresión del mísero y del pobre
ahora -dice el Señor- habré de levantarme (Sal 11,6). Y en otro lugar, ‘para
evangelizar a los pobres me ha enviado’(Lc4,18), lo cual recuerda Jesucristo,
haciendo responder a san Juan, ‘los pobres son evangelizados’(Mt 11,5), y
tanto los prefirió a los ricos, que quiso Jesucristo elegir todo el santísimo
colegio de entre los pobres, y vivir y conversar con ellos, dejarlos por
príncipes de su Iglesia, constituirlos por jueces sobre las doce tribus de Israel,
es decir, de todos los fieles. Los pobres serán sus asesores. Tan excelso es su
estado. La amistad con los pobres nos hace amigos del Rey eterno.
Ignacio hizo lo mismo de vivir y conversar con ellos, y sobre todo servirlos en los
hospitales, en la casa de Santa Marta que funda estando en Roma.
La opción por los pobres no es porque ellos sean buenos y perfectos sino por la
experiencia de fe, porque Dios optó por ellos, porque Jesús mismo fue uno de ellos. Y esta
opción no es un medio para lograr algo sino un fin en sí misma. Esto lo afirma P. Hans
Kolvenbach8: La opción por los pobres no es camino para nada sino fin en sí misma. Los
cristianos optamos por los pobres porque Dios opta por ellos. Y nuestro Dios opta por ello
por ser como es: bueno. Así de entrada esta opción es incondicionada: correspondiente a la
gratuidad misericordiosa de Dios. No está sujeta a los vaivenes de la historia o la
plausibilidad social. Porque para nosotros es una opción trascendente.
Se trata de hacer lo mismo que Jesús hizo, el eterno rey sirviente que sirvió a los
pobres con amor preferencial, y en eso seremos testigos suyos. No es una pobreza franciscana
de carencia sino apostólica de usar o dejar de usar las cosas según lo quiera el Señor.
Conclusión realizada por el discernimiento.

8
Kolvenbach, P. Hans. (1998). La opción por los pobres ante el reto dela superación de la
pobreza, en Información sj. N° 72 Marzo-Abril 1999, p.39.
12

Ignacio peregrino
San Ignacio se auto nombró el peregrino a partir del episodio del Moro (Autobiografía
16). Dada la importancia que se daba en el mundo de la realeza a los nombres es probable que
quiso despojarse de su nombre para vivir en mayor anonimato. Además que esa figura de
peregrino simbolizaba también otras realidades interiores que acontecieron en Ignacio.
Aunque se podía viajar con séquito y provisiones, Ignacio quiso viajar solo y a pie. Eso
significa la aventura, el ir sin compañía segura. Como dice Tellechea: El rechazo no se debía
a una condición huraña o al simple afán de soledad, sino a un designio más hondo: Toda su
cosa era tener a Dios por refugio. Buscaba la aventura del desamparo humano total y del
vivir puramente colgado de la providencia.9
Como Pedro Arrupe quien en su discurso de despedida a la Compañía, desde su silla
de ruedas y su incapacidad dijo: Yo me siento más que nunca, en las manos de Dios. Esto es
lo que he deseado toda mi vida, desde joven, Y eso es lo que sigo queriendo ahora. Pero con
una diferencia: hoy toda la iniciativa la tiene el Señor. Les aseguro que saberme y sentirme
totalmente en sus manos es una profunda experiencia.10
También hay otra frase que se le atribuye a él, pero ignoro la fuente. Lo tomé de una
tarjeta del Centro Ignaciano Pedro Arrupe de Ecuador: Tan cerca de nosotros no había estado
el Señor, acaso nunca; ya que nunca habíamos estado tan inseguros.
Ser peregrino a la manera de Ignacio implicaba el convivir con los pobres en los
hospitales pues no llegaba a las casas. Los hospitales de aquella época no tenían que ver nada
con los de ahora: consistían en grandes locales donde se daba cobijo a todo tipo de
desheredados (mendigos, peregrinos, personas abandonadas, emigrantes del campo,
maleantes... Hombres, mujeres ancianos y niños, todos apiñados en el frío del invierno o en el
calor pegajoso del verano.).11
Ser peregrino también habla de una peregrinación interna, de un desplazarse
continuamente de su centro como persona al centro de Dios. De un constante esfuerzo de
lucha interior, de combatir y de rendirse. Y esto lo plasma en los EE. Es también un encontrar
a Dios en la vida cotidiana en medio de las vicisitudes que conlleva.
Ignacio supo encontrar las condiciones de posibilidad para encontrar a Dios en la vida.
Lo primero es una actitud de situar su vida en la búsqueda y cumplimiento de la voluntad de
Dios. Es un buscador. También la humildad es necesaria para reconocer que se adentra a un
terreno donde con sus solas fuerzas nada es posible y todo es concedido [EE 3 y 75]. Otra
condición es la capacidad de integración afectiva [no teniendo el entendimiento partido en
muchas cosas...EE 20, es decir una estructura antropológica suficiente. También el desarraigo
y la pobreza son condiciones que hacen más fácil la experiencia de Dios y esto fue lo que
vivió Ignacio aún en Roma cuando dejó de ser peregrino físicamente y fue peregrino de otra
manera.

Los Ejercicios Espirituales


En los Ejercicios Espirituales Ignacio plasmó el camino para que otros puedan tener el
encuentro con Dios y descubrir su voluntad.
Los Ejercicios son un proceso, una pedagogía hacia una experiencia espiritual que
tiene como herramienta principal la oración y, desde ella, el discernimiento. Esta experiencia
espiritual debe ser vivida por toda persona en su núcleo más íntimo la afectividad.12

9
Tellechea, Ignacio. (1986). Ignacio de Loyola, solo y a pie. Madrid: Cristiandad, p. 154.
10
AR 18[1983] 986s.
11
Melloni, op cit.
12
Valdez, L. (2000). Preparar el corazón. México: CIE-CRT.
13

La pedagogía de los Ejercicios lleva a liberarse de los afectos desordenados que


impiden conocer y practicar la voluntad de Dios; en vivir la afectividad, sin reprimirla, pero
ordenadamente para el servicio de su Divina Majestad y, mediante esto, salvar su alma.
La experiencia termina lanzando un puente hacia la realidad histórica. Allí donde el
egoísmo humano haya lleva el odio, la injusticia y la desunión, el ejercitante se
comprometerse para transformarla y para que sea posible vivir como hermanos y descubrir el
rostro de Dios en todo.
Los Ejercicios Espirituales a la manera ignaciana no son charlas espirituales
predicadas a grupos más o menos grandes, sino una experiencia personalizada con una gran
adaptación a la persona que los hace. Y es una experiencia donde no sólo ocurre el encuentro
con Dios sino también el encuentro con la propia interioridad que implica el discernimiento.
Pienso que no serán ignacianos unos ejercicios donde no se realiza el examen de la
oración (el discernimiento), pues es ahí donde el ejercitante recupera las mociones que
experimentó durante el encuentro con Dios en la oración. Hacer el examen implica una
disciplina. Ignacio se muestra muy flexible en muchas de las cosas de ejercicios, por ejemplo,
respecto del lugar de la oración, la actitud corporal, las penitencias, los modos diversos de
orar. Pero en otras no es flexible porque se trata de cosas vitales, como en buscar lo que
quiero, hallar lo que deseo, no dejar la oración en la desolación, examinar la oración, etc.
Respecto al libro de los Ejercicios hay una imagen muy exacta que
formula Tellechea:
Árido como cualquier reglamento, su valor y mérito estriba en la eficiencia
que acompaña a su práctica; y esto explica que sea tan pesado y meticuloso
como un método de piano para hacer dedos, aburrido para quien no tiene
interés en aprender, y maravillosamente eficiente y absolutamente necesario
para quien aspira a concertista. El pequeño librito del peregrino figura con
méritos objetivos en la selección de ‘Libros que cambian el mundo’, pero
difícilmente obtendrá un puesto en el más arrinconado escolio de un manual
de literatura 13.
Recordemos que la espiritualidad de Ignacio es Trinitaria pero con un énfasis
Cristológico pues fue la segunda persona de la trinidad quien lo cautivó e invitó de muchas
maneras a seguirlo.
El encuentro con Cristo que se da en los ejercicios puede y se espera que sea
oportunidad de reenfocar la vida del ejercitante. Se trata de que el conocimiento interno de
Cristo nos transforme en personas como él. Como diría San Pablo, configurarnos con Cristo.
La conversión que experimenta el ejercitante, según D. Gelpi en su Cristología, tiene cinco
dimensiones 14:
- Afectiva: asumir la responsabilidad para bien de la propia vida afectiva e
imaginativa.
- Intelectual: asumir la responsabilidad de las propias creencias.
- Personal: asumir la responsabilidad de la justicia o injusticia de las relaciones
interpersonales.
- Política: asumir la responsabilidad de cara a la justicia o injusticia de las
instituciones sociales.
- Religiosa: asumir la responsabilidad de la propia repuesta a la revelación y la
normativa de Dios en Jesús.

13
Op cit, p. 151.
14
Gelpi, Donald. (2003). Encontrar a Cristo en los Ejercicios Espirituales. Mimeo. Consulta
de Roma. CIS.
14

Este enfoque enriquece, a mi modo de ver, lo que se espera de la experiencia de los


Ejercicios y da una carácter de integralidad a la experiencia espiritual, de tal manera que no
sea una experiencia personalista o ideologizada.
A manera de conclusión de este apartado recupero lo que San Ignacio en la carta al P.
Manuel Miona, en 1536, expresaba sobre ellos: siendo todo lo mejor que yo en esta vida
puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mesmo como
para pode fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos.

Discernimiento
La experiencia de la Espiritualidad Ignaciana atraviesa por la práctica del
discernimiento, primero en la escuela de los ejercicios y luego en la cotidianeidad de la vida.
Discernir como persona y discernir como comunidad o equipo.
El discernimiento ha recuperado su integralidad como actividad pues hace algunos
años, para muchos, discernir era sinónimo del ejercicio racional de “pros” y “contras”.
El discernir abarca toda la persona y principalmente su afectividad. Esto es notable
que sucediera en tiempos de San Ignacio. Y es precisamente el signo de que fue un regalo
concedido por Dios.
El tiempo de Ignacio fue el tiempo de la Reforma protestante y de una intensa
actividad de la Inquisición buscando herejes con doctrinas contrarias a la Iglesia Católica.
Ignacio sufrió mucho en manos de ella pero salió bien librado. Su actitud ante ella no fue de
negociar o ceder para salvarse sino, con osadía, de solicitar claramente que le dijeran si estaba
mal y en qué. Le interesaba, por su recta intención, descubrir lo que le agradaba a Dios. Y en
todos los procesos en su contra no descansó hasta que se daba un veredicto donde se asentaba
que la doctrina de Ignacio no iba contra la de la Iglesia.
En este contexto lo normal era repetir las ideas oficiales, la ortodoxia, el descubrir la
voluntad de Dios en las doctrinas oficiales de la Iglesia, en lo ya estatuido por la institución.
Por eso suena muy rara la propuesta de Ignacio de encontrar la voluntad de Dios en la
“subjetividad” del corazón, en los impulsos internos, en las mociones, en los sentimientos,
etc.
De entrada, para discernir es importante tomar muy en cuenta no el alma sino el
cuerpo humano. Desde el mundo de las ideas el cuerpo ha sido infravalorado y más bien con
una tendencia a despreciarlo. Se le ha considerado como enemigo del alma y esta concepción
permitió que se le castigara y maltratara. Por eso es tan valioso corregir esta desvaloración y
cambiar las concepciones erróneas sobre el cuerpo. Más abajo hablaré de la importancia que
Ignacio le daba al cuerpo para la espiritualidad y el discernimiento
Hoy en Occidente, por la influencia de la Modernidad, se ha privilegiado el
conocimiento conceptual, científico y se valora mucho a las personas racionales (que no se
dejan llevar por sus emociones), inteligentes, científicas, analíticas, etc. La parte izquierda del
cerebro. Y en contra parte se desvalora todo lo afectivo, lo voluble, lo emotivo, la parte
derecha del cerebro. Esto también está condicionado por la diferente educación que se da a las
personas. El mundo de los sentimientos ha sido tradicionalmente asignado a las mujeres y el
mundo de las razón a lo hombres.
En la Compañía de Jesús ha penetrado esta concepción y por eso hay jesuitas que
solamente han trabajado la parte racional dejando de lado la afectiva y de ahí que el
discernimiento se haya “intelectualizado”.
En un artículo Barry confirma este énfasis en lo racional 15. Hace referencia al filósofo
escocés John McMurray quien sostiene, ya en 1932, que los occidentales han favorecido el
15
Barry, William. (1991). El discernimiento de espíritus: una respuesta a la crisis espiritual
de nuestro tiempo, en Boletín de Espiritualidad, N° 26, Sept. México: Centro Ignaciano de
Espiritualidad (CIE).
15

desarrollo de su mente en libertad. El resultado ha sido un increíble desarrollo del


conocimiento como lo manifiestan la ciencia y la tecnología modernas. Sin embargo, no se ha
dado un desarrollo emocional correlativo. Y el resultado es que los occidentales somos
intelectualmente civilizados y emocionalmente primitivos y que hemos llegado al punto en el
que el desarrollo del conocimiento amenaza con destruirnos. No hemos concedido a nuestras
emociones, a nuestra vida afectiva la misma libertad.
Y una conclusión que saca Barry es que al desconfiar tanto de nuestra vida afectiva no
hemos logrado internalizar los valores de Dios. Y de ahí lo valiosos del aporte de este Ignacio
de Loyola.
Todos sabemos, por el relato del mismo Ignacio en su autobiografía (N° 8-10) que el
discernimiento nació al darse cuenta (tomar conciencia) de los diversos estados anímicos que
le causaban los distintos pensamientos que fomentaba. Como de este texto podemos aprender
cosas importantes lo citaré y analizaré:
Cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando
después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a
Jerusalén descalzo, y en no comer sino hierbas, y en hacer todos los demás
rigores que veía haber hecho los santos, no solamente se consolaba cuando
estaba con los tales pensamientos, mas aun después de dejado, quedaba
contento y alegre. Mas no miraba en ello, ni se paraba a ponderar esta
diferencia, hasta en tanto que una vez se le abrieron un poco los ojos, y
empezó a maravillarse desta diversidad, y a hacer reflexión sobre ella,
cogiendo por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste y de otros
alegre, y poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los espíritus que se
agitaban el uno del demonio y el otro de Dios.
En el texto podemos descubrir varios aspectos de esta experiencia inicial de
discernimiento.
El primero de ellos con la frase “se le abrieron los ojos” está refiriéndose a la
dimensión corporal de la experiencia, a los sentidos, a lo físico. La cuestión corporal es básica
en este proceso, pues las sensaciones físicas hablan de algo que está ocurriendo en la persona.
Es verdad que estamos acostumbrados a discriminar al cuerpo preferenciando algunas partes
de él y vivir en la cabeza por ejemplo. Pero cuando lo escuchamos a totalmente podremos
iniciar el trabajo de elaboración.
Aquí también aludo a la técnica del focusing de Gendlin que es muy importante para
el desarrollo de la persona. Focusing es una técnica que facilita el proceso experiencial. En
ella el cuerpo aparece como la referencia constante de todo esto proceso de despliegue de la
vivencia. Este despliegue se vive como un movimiento de conciencia interior que se produce
entre sensaciones corporales que contienen significados implícitos por una parte y algo que
funciona como símbolo e interacción con ellas por otra.
El cuerpo es para Ignacio el escenario significativo de representación de la propia
historia y al mismo tiempo la mediación instrumental al servicio de la experiencia de fe, para
que ésta se traduzca en vivencia corporalizada. Ello implica no solamente una atención sino
también una educación de la sensibilidad integral de la persona, para que pueda experimentar
en su cuerpo y con su cuerpo el crecimiento espiritual16.
El segundo, cuando dice “empezó a maravillarse” hay una clara referencia a la
dimensión afectiva de la experiencia, a los sentimientos. Recordemos a Barry en la necesidad
de atender la vida afectiva para internalizar los valores de Dios y descubrir su voluntad. Y
completa diciendo que “lo que Ignacio de Loyola llama discernimiento de espíritus busca

16
Alemany, Carlos. (1990). El enfoque corporal de Gendlin (Focusing) y los Ejercicios
Espirituales, en Psicología y Ejercicios Ignacianos. Carlos Alemany y J. A. García Monge
(Eds.). Colección Manresa 5. Santander-Bilbao: Mensajero- Sal Terrae, p. 364.
16

precisamente realizar esa contrastación y confrontación disciplinada de nuestros sentimientos,


emociones y valores. Entonces, si los pastores quieres enfrentar la crisis moral y espiritual de
nuestro tiempo deben plantearnos a todos el reto de aventurarnos en el discernimiento de
espíritus. Tendrían que animarnos y empujarnos a que nos atrevamos a reconocer nuestros
sentimientos verdaderos17.
En tercer lugar el texto de la autobiografía dice “hacer reflexión” en donde claramente
está aludiendo a la dimensión racional o mental. El discernimiento implica la actividad
racional de la reflexión, de contrastar y comparar los sentimientos para ubicarlos, nombrarlos
y distinguirlos. Aquí también se ubica el mundo de los valores.
Finalmente aparece la dimensión religiosa cuando habla de “los espíritus que se
agitaban”. El discernimiento no es meramente un proceso psicológico de auto conocimiento.
Esto es muy sano y lleva a la persona a la madurez psíquica. Sin embargo, el discernimiento
está anclado en la dimensión de fe de la persona que quiere, en la relación con Dios, oírle,
escucharle y conocer su voluntad. Implica la posibilidad de tener una relación directa con
Dios, de interactuar con él, de que haya mutua comunicación. En este ámbito de relación con
Dios, la persona informada por sus sensaciones corporales, sentimientos, impulsos, deseos,
por su conciencia, puede dictaminar que se trata de una voz de Dios o de su enemigo. Así,
toda la persona, discierne la acción. Es interpretar desde el ámbito de la fe la experiencia de la
persona. Daniel Gil 18 dice que hay distintos niveles de interpretación de una misma
experiencia: el nivel físico-biológico; el nivel psicológico y el creyente que es propiamente el
discernimiento. Cada uno de ellos tiene su validez y no se descalifican mutuamente sino que
cada uno aporta lo suyo.
No está por demás decir que el discernimiento no versa sobre el bien o el mal moral
sino sobre lo que Dios espera de mí. Lo primero no es discernimiento sino tentación (hago el
bien o el mal). En el discernimiento la persona libremente desea conocer cuál es la voluntad
de Dios para ella en ese momento de su vida.
Ignacio habla también de los tres tiempos para de elegir [EE 175-178] y aquí queda
muy claro lo que se viene diciendo sobre la importancia que da al mundo afectivo.
El primer tiempo es cuando Dios mueve y atrae la voluntad, que sin dudar ni poder
dudar, la persona sigue a lo que es invitado (como San Pablo y San Mateo lo hicieron al
seguir a Cristo con una experiencia impactante).
El segundo cuando se tiene claridad por la experiencia de consolaciones y
desolaciones.
El tercero es en tiempo tranquilo (cuando el ánima no es agitada de varios espíritus)
considerando el fin del hombre elegir lo que sea para bien. Este es el de los pros y contras.
Y el último numero trae una nota interesante: si no se ha hecho elección por el primer
o el segundo tiempo entonces hágase de este último modo.
Lo cual quiere decir que el modo preferencial de elegir no es el último sino los dos
primeros. Y como el primero es excepcional, nos quedamos que el segundo, por
consolaciones y desolaciones, es el tiempo/modo de elegir.

Los deseos en San Ignacio


Continuando con la importancia que Ignacio le da al conjunto de la vida psicoafectiva
quiero ahora tratar el tema de los deseos.
En los Ejercicios es notable el número de veces que aparecen. Quiero poner algunos
ejemplos:
- Ordenando sus deseos [16].

17
Barry, W. Op cit, p. 37.
18
Gil, Daniel. (1972). ¿Qué es el discernimiento? En Boletín de Espiritualidad. Argentina.
17

- Para buscar con diligencia lo que tanto deseo [20].


- Solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos
creados [23].
- Demandar a Dios nuestro Señor lo que quiero y deseo [48].
- Para mejor hallar lo que deseo [73].
- Gracia o don que la persona quiere y desea [87].
- Quiero y deseo... imitaros [98].
- Deseando más conocer el verbo eterno [130].
- Cuanto sintiere que le puede ayudar para hallar lo que desea [130].
- Mudarse... para mejor hallar lo que desea [133].
- Deseos de oprobios y menosprecios [146].
- Para desear conocer lo más grato a su divina bondad [151].
- De manera que el deseo de mejor servir a Dios le mueva [155].
- Que no quiero ni me afecto a desear vida larga que corta [166].
- Y desear más de ser estimado por vano y loco por Christo [167].
- Así quien desea alcanzar estar tercera humildad [168].
- Aprovechando hacer la elección debidamente, quien tuviera deseos que de él
salgan frutos notables [174].
- Y esto deseando y eligiendo dentro de los límites de la iglesia [177].
- Y deseando yo toda su perfección [185].
- Pidiendo aquello que acerca algunas cosas particulares deseo [199].
- El mismo Señor desea dárseme [234].
- El enemigo... trae sus astucias... desea que sean tenidas en secreto [326].
- El enemigo se hace como un caudillo para vencer y robar lo que desea [327].
- Y deseando yo toda su perfección en el ministerio y estado que tiene [339].
- La ánima que desea aprovecharse [350].
Ignacio se ha distinguido en ayudar a las personas a descubrir sus deseos auténticos.
Tellechea menciona el caso de María de la Flor quien era antes mala mujer, que era una
perdida. Pidió ayuda a Ignacio y éste le respondió que le había de hablar durante un mes
continuadamente. Le previno que conocería días de profunda alegría interior, y no sabría de
dónde le venía y otros de profunda tristeza. La pedagogía de Ignacio fue lenta, paciente y en
sus inicios elemental. Quería transformar la envidia estéril, casi estética en celo y emulación
operantes; hacer brotar en el fondo de aquella infeliz el deseo y la voluntad eficaz de
superarse; lograr que ella misma optase desde el fondo de sí misma. La inició en la oración
vocal pausada o tercer modo, la contemplación por aplicación de los sentidos interiores [EE
121], el modo de meditación con las potencias [EE 45], empleando la memoria, el
entendimiento y la voluntad. 19
Esta actitud de Ignacio, no de indoctrinar sino de ser pedagogo para que la persona
saque los deseos auténticos que tiene es el reto de todo aquel que quiera compartir y transmitir
la pedagogía ignaciana.
Ignacio cree profundamente en la acción del Espíritu Santo en el ejercitante (y en las
personas que trataba) y por ello invitaba al director de EE a dejar “que el mismo Criador y
Señor se comunique a la su ánima devota...”[EE 15] y no intervenir directivamente.
Pero también cree que cada persona tiene dentro de sí la capacidad de desear el amor y
la vida que están plasmadas en los evangelios. Aunque la persona se desordena en sus afectos,
sabe y confía en que es capaz de desear el seguimiento de Jesús aunque sea “haciendo contra
su propia sensualidad y contra su amor carnal y mundano...” [EE 97]. Y esto lo experimento
19
Tellechea, op cit, pp. 181-183.
18

primero en él mismo cuando habla de los santos deseos que se le venían. No se trata de
introyectar, indoctrinar a la persona, sino solo “educar” (en el sentido original del término,
educere, hacer salir).
Y de trasfondo está el gran respeto que tenía Ignacio por la libertad de la persona.
Experimentó de parte de Dios un gran respeto a él y de ahí aprendió a respetar a las personas.
Desde la psicología existe una diferencia entre una necesidad y un deseo. La necesidad tiene
un tope natural una vez que es satisfecha, el dinamismo de la necesidad motiva mientras está
insatisfecha, tensiona hacia su realización. Aprender a negociar dialogadamente su frustración
cuando no es posible real o éticamente su satisfacción, es tarea de la mujer y el hombre
adultos. En cambio, el deseo se abre a un horizonte más amplio. De tal manera que si
aplicamos la energía del deseo al servicio de la satisfacción de una necesidad, estaremos
siempre insatisfechos, vacíos, ansiosos 20. No hay que confundir necesidad con deseo.
Los deseos son poderosos porque son pasión y tienen una fuerza muy grande.
Es verdad que hay deseos que nos pueden esclavizar pero no todos los deseos son negativos.
Si somos tímidos respecto a nuestros deseos más fuertes en cuanto a Dios y su servicio
habremos dejado de utilizar la más grande fuente de vitalidad humana y pasión que nos ha
dado Dios. Nos robamos esa alegría saludable que Dios quiere para sus servidores. Edward
Kinerk 21 dice que existen los deseos “auténticos” que son los que nos humanizan, los que
hacen relucir la esencia humana, y los “superficiales” los que nos distraen, nos alienan.
En San Ignacio hay tres categorías de deseos que orientaron su vida:
1. Los deseos “santos” que eran impulsos generales, deseos de perfección, de vivir
más plenamente la vida de Dios. (Autobiografía N° 9).
2. Deseo de compartir la pobreza, los insultos y las humillaciones de Cristo [EE 167].
Este deseo fue la fuente de su gran libertad y coraje.
3. Deseo de ayudar a las almas. Este nació en Manresa cuando hacía meditaciones de
la segunda semana. Este fue el deseo predominante.
Kinerk habla de la educación del deseo y que para eso ayuda mucho:
- La imaginación. Ignacio estimulaba los deseos sugiriendo imágenes de lo que
podría esperar de Dios. Ignacio creía que nuestros deseos más auténticos deberían
ser Cristocéntricos. El “deseo de tener deseos” es la práctica de Ignacio para que la
gente saque sus deseos cuando le faltan los sentimientos que los sustentan.
- La mortificación. Ignacio se dio cuenta que hay deseos opuestos entre sí: no podía
desear a la vez conquistar fama e imitar a Francisco. Uno de los deseos tenía que
ceder. Ahí entra la mortificación, que es la disponibilidad para vivir estas luchas de
deseos y temores opuestos. Ignacio mortificó en Jerusalén su deseo de quedarse
ahí por el deseo de hacer la voluntad divina expresada en el franciscano.
De ahí la paradoja que la persona pueda tener deseos contra culturales o paradójicos,
como vivir una vida austera, no subir en la escala social sino ir para abajo, ser solidario con
los que sufren, optar en la sociedad por los pobres, el servicio de la fe y la justicia...
Hasta aquí la segunda parte.

20
García Monge, J.A, op, cit.
21
Kinerk, Edward. (1986). Los grandes deseos en la espiritualidad de San Ignacio y de la
Compañía de Jesús, en Revista Diakonía, mayo. Managua.
19

3. RECUPERACIÓN DE LA EXPERIENCIA DE ESPIRITUALIDAD IGNACIANA


PARA LA MISIÓN EN LA EDUCACIÓN

Fue una grata sorpresa para mi descubrir la finalidad de los colegios cuando San
Ignacio y sus compañeros decidieron fundarlos según lo indica Luis Fernando Klein 22: ...al
percibir que no les resultaría fácil contar con nuevos compañeros con la formación
apropiada para tal empresa, los jesuitas decidieron acoger a jóvenes talentosos en sus
residencias -inicialmente llamados colegios-, quienes debían frecuentar las aulas de las
universidades públicas. Sin embargo, comenzaron a ofrecerse clases en esas residencias para
los candidatos a jesuitas y, a partir de 1545, también para los alumnos laicos.
El deseo inmenso de los primeros jesuitas de ir a donde el Papa los enviara de misión
encuentra dificultades pues hay pocos jesuitas. Son los primero años. Y la finalidad es que
haya más jóvenes capacitados para ser enviados a la misión. Supongo que pensaban en
futuros jesuitas pero también en otros laicos dispuestos a servir a la mayor gloria de Dios. Se
trataba de sumar esfuerzos para la misión del reino. Es el deseo de servir a las almas y la
misión el que estimula este tipo de institución.
Este comienzo me parece fundamental pues, en sentido positivo, ayuda a aclarar lo
que sería ignaciano y, en sentido negativo, lo que no sería Ignaciano. Por ejemplo un colegio
de tradición y con una gran excelencia académica pero sin que infunda en los alumnos la
pasión por el Reino no sería tan ignaciano.
Resumiendo, es la pasión por el Reino y la salvación de las almas (la mayor gloria de
Dios) la que hace fundar colegios y centros de enseñanza como un medio para transmitir la
vida de Jesucristo, adaptándola a las distintas culturas, personas y lugares.
A continuación quiero retomar varios de los aspectos de la Espiritualidad Ignaciana
que afectan directamente el trabajo en el sector de educación formal. La propuesta es
presentar algunas ideas para que juntos podamos aportar en la línea de la pedagogía, de los
retos, las soluciones, etc.

AMOR INCONDICIONAL
El amor incondicional de Dios Ignacio lo experimentó a lo largo de su vida pero tuvo
conciencia especial cuando en Loyola no experimentó la muerte, sino que volvió a la vida,
pero de manera nueva. Se sintió hijo entre los hijos y predilecto del Padre.
La experiencia del amor incondicional de Dios hacia cada persona es la que hay que
facilitar y promover en los alumnos en el proceso formativo mientras estén con nosotros. Es la
piedra angular de la experiencia creyente, del mismo modo que para el pueblo de Israel fue la
experiencia de la liberación de Egipto. Para que la opción por los pobres y el servicio de la fe
y la promoción de la justicia no sea una ideología o una cuestión académica e intelectual es
necesario intentar con creatividad que el alumno se experimente, como hijo predilecto, amado
incondicionalmente. De ese pozo brotará la gratuidad convertida en acciones. Como dice San
Pablo, el justo vivirá de la fe (y no de sus obras de justicia).
Por ello es necesaria una revisión seria de la experiencia de Dios y los contenidos que
los alumnos reciben en nuestros centros educativos. Y aunque es verdad que van cambiando
los contenidos teológicos, pero no está por demás señalar que maestros laicos y jesuitas
pueden cometer abuso espiritual con los alumnos, al transmitirles una imagen de Dios que
atemoriza, y una pedagogía que utiliza el miedo como medio de control de la conducta. Yo
mismo tuve que vivir un proceso de perdonar a un jesuita que nos infundía una imagen
terrible de Dios generando un miedo muy fuerte en los retiros ignacianos a los que nos
22
Klein, Luiz F. (2002). Actualidad de la pedagogía jesuita. México: Iteso, p. 37.
20

llevaba. Exageraba en las meditaciones de la muerte, el pecado y el infierno para obligar


nuestras conductas. El problema es que lo hacía con la mejor buena voluntad pero dañó a
muchos alumnos.
El abuso espiritual es imponer una determinada imagen de Dios al los demás,
negándoles la libertad, y sobre todo cuando esa imagen va contra la esencia de la persona y lo
fundamental de su vida afectiva. Se puede consultar el excelente libro de los Hermanos Linn
23
para profundizar en este tema.
Hay pedagogías religiosas que hoy día utilizan el miedo y no el amor como pieza
clave para forzar a una buena conducta. Se quiere a toda costa que no hay pecado y se utiliza
como presión la amenaza del infierno, la gravedad del pecado, etc.
Joan Borysenko 24 recuerda que el psicólogo conductista Skinner demostró hace
tiempo que el castigo-amenaza es una manera efectiva de cambiar el comportamiento, pero
habitualmente no en la dirección elegida. Si se castiga a un alumno por no hacer la tarea
raramente crea en él el deseo de aprender sino suscita el coraje, la desconfianza, la mentira y
la rebelión. Por otra parte la recompensa, la alabanza son maneras muy efectivas de cambiar
el comportamiento en la dirección deseada.
El aliento, el reconocimiento y el amor conducen al crecimiento. El miedo y el castigo
conducen a la indefensión, ansiedad, depresión baja autoestima y desarrollo de un falso sí
mismo. Y ante esta realidad demostrada psicológicamente se puede hacer una pregunta ¿Por
qué Dios fue menos listo que Skinner? ¿Por qué usaría miedo para enseñar amor, prometiendo
castigo y condenación por los errores que hacemos en nuestra vida?
Hay que preguntar si los formadores en la fe ya tuvieron una experiencia profunda de
amor incondicional, pues nadie da de lo que no tiene.
También ayudará a revisar la coherencia entre una experiencia de amor incondicional
al alumno y la actitud de la institución hacia él.

IMÁGENES DE DIOS
Por lo anterior vemos que hay imágenes desvirtuadas de Dios que impiden tener la
experiencia ignaciana de Dios. Una es la imagen de un Dios lleno de poder que está como
inspector del mundo y es el que usa a los hombre como marionetas. Les manda pruebas, les
mete zancadilla en su camino a la felicidad. Es poderoso y puede hacer muchas cosas buenas
pero también castigar y mandar pruebas. Es la persona donde echamos la explicación de todo
lo que no entendemos de la vida humana.
La realidad es que creamos en Dios o no, la vida humana tiene un grado de dificultad
muy elevado. No es fácil aprender a ser libres, no es fácil aprender a convivir en la pareja, no
es fácil dejar de ser niños y convertirnos en adultos, no es fácil la relación con nuestros
padres, con nuestros hijos, no es fácil la relación con el poder, con el dinero, con la
genitalidad. Y si además, creyendo en Dios, este se encarga de mandarnos más pruebas, más
valdría no creer en Dios y ser ateo. El reto es transmitir de muchas maneras que si Dios existe
está para ayudar al hombre y a la mujer en su lucha por la vida y ser un compañero amoroso
para enfrentar el mal y el sufrimiento con conlleva la existencia humana. Para profundizar en
la reflexión sobre el mal recomiendo el libro Recuperar la salvación.
Torres Queiruga 25 señala con mucha claridad que todos los adultos tenemos que lidiar
con dos cuestiones que están alojadas en nuestro inconsciente:

23
Linn, M.(1997). Sanando el abuso espiritual y la adicción religiosa. Buenos Aires:
Lumen.
24
Borysenko, Joan. (1994). El amor y la culpa. Buenos Aires: Emecé.
25
Torres Q, A. (1999). Del terror de Isaac al Abbá de Jesús. Madrid: Paulinas.
Especialmente el capítulo 4, Dios y el mal.
21

- La concepción imaginaria y acrítica de la omnipotencia divina (que la convierte en


un poder abstracto y arbitrario, sin referentes objetivos y sin criterios de
significatividad).
- La ilusión del paraíso en la tierra (creer que es posible un mundo sin mal).
- Mientras no aceptemos que Dios no está para evitarnos las dificultades de la vida y
que la vida humana conlleva dolor y sufrimiento, no podremos madurar como
personas ni como creyentes..
En mi experiencia pastoral, antes de los EE dedico un tiempo a trabajar la
reelaboración de la imagen de Dios, pues ciertas imágenes impiden la acción del Espíritu.
El revisar las imágenes de Dios en los alumnos de nuestros colegios y universidades nos
remite a su contexto vital y a revisar qué humus creyente tienen o carecen de él.
Conozco la experiencia positiva de dar a conocer a un Dios que es amor y que tiene la
pedagogía para experimentarlo. Se trata de Los Encuentros con Cristo de Eduardo Levy S.J.
Conociendo muy a fondo la psicología de las distintas edades tiene un diseño para cada grado
escolar desde pre-primaria hasta la preparatoria. Actualmente está trabajando también en
parroquias populares y con catequistas.
Y es inevitable mirar la situación familiar que está sufriendo grandes transformaciones
en donde encontramos nuevas posibilidades y nuevos estorbos para una vida de fe.

LA FAMILIA ESCUELA DE LA FE
Ignacio nos ha aportado ya bastantes elementos para que la persona vaya abriéndose a
la experiencia del misterio del Dios-Amor.
Quiero ahora rescatar otros elementos que pueden completar esta pedagogía de la fe
para formar hombres y mujeres al servicio de la fe y la justicia.
Desde el punto de vista de la psicología es muy necesario tener una experiencia de una
amor incondicionado humano para poder desarrollar a fondo la capacidad de amar de
cualquier ser humano.
Como bien sabemos las situaciones humanas nos facilitan o dificultan la experiencia
religiosa y por eso la familia puede ser facilitadora y formadora en la fe de su miembros si
trabaja en la siguiente dirección:
- Que los padres se quieran y que los hijos sepan que se quieren.
- Que haya buena comunicación entre la pareja.
- Que haya cariño de los padres hacia los hijos y buena comunicación con ellos.
- Que haya coherencia entre lo que se pide a los hijos y el comportamiento de los
papás.
- Que Cristo sea un punto de referencia importante para que arraigue la fe.
- Que se cambie una fe individualista por una fe personal (no por tradición, donde se
pueda preguntar, dudar, etc.).
- Que transmita experiencias religiosas más que ideas y doctrinas.
- Que los papás sean concientes de que con su conducta transmiten a los hijos una
determinada imagen de Dios (un padre autoritario favorece en el hijo una imagen
de un dios autoritario).
- Que los papás compartan su alegría por creer; que haya símbolos que ayuden a
todos; que haya nuevas formas de orar.
Que los hijos sientan de muchas maneras el cariño de sus padres es importante para
favorecer la fe. Esto último es indispensable para poder transmitir a un Dios que es Amor.
Recuerdo la escena de la película de Kiewloski del Mandamiento número Uno. Un niño vive
con su padre que es divorciado, ateo y solo confía en las computadoras. La tía del niño pide
22

permiso para darle catecismo. Y el niño en un momento dado le pregunta a su tía si Dios
existe y por qué su papá no cree. Luego pregunta: ¿Y cómo es Dios? La tía se levanta y lo
abraza muy cariñosamente por un rato largo y le dice qué siente y el niño responde que se
siente muy bien así. La tía le dice: Así es Dios. Ese abrazo fue la mejor clase de teología que
pudo recibir. Es a través del amor humano que se percibe el amor divino. Y por eso es tan
importante la familia nuclear para posibilitar la experiencia de fe. Y el reto tan grande, en
sentido contrario, la dificultad que hay para transmitir valores y la fe en hogares destruidos
por la violencia conyugal y hacia los hijos. Si se quiere profundizar hay un artículo de José
Antonio Pagola recomendado en la bibliografía.
Es obvio que la familia está atravesando una crisis muy fuerte y que eso tiene
repercusiones serias para el conjunto de la persona no sólo su parte creyente. Los hijos viven
con la sensación de que nada es para siempre, que el amor acaba, que la relación hombre-
mujer es un terreno peligroso pero que hay que habitarlo. ¿Cómo se está replanteando la
formación de nuestros colegios y universidades ante esta realidad?
Ayuda también consultar el Anexo sobre los Jóvenes Posmodernos.

EL MISTERIO DE DIOS
Estar ante el misterio de Dios es un reto para toda persona especialmente en Occidente
y como reto puede significar un crecimiento y una madurez humana y espiritual. Menciono
algunos de los retos que tenemos en nuestra pedagogía:
- Aprender a aceptar a un Dios mayor, diferente a nosotros que no está sujeto a
obedecernos, que es libre.
- Aceptar que no podemos conocer todo en la vida, que hay muchos misterios que
no descifraremos. La persona puede conocer muchas cosas pero no conoce todo. Si
nos fijamos bien, la pregunta ¿por qué? que se hace cuando ocurre un accidente, un
mal, en el fondo quiere saber para prever, para evitar que vuelva a pasar y en el
fondo se quiere el control. En la vida podemos controlar muchas cosas pero no
todas. Aceptar esto es de gran sanidad psico afectiva y religiosa.
- Anunciar a un Dios inmanipulable es un signo profético en esta época cibernética
que pretende manipular y controlar todo. Es un servicio a la sociedad para no creer
en la omnipotencia humana.
- Ayudar a familiarizarse con el lenguaje del misterio, místico, el lenguaje de la
parábola y de la imaginación. Esto conlleva el poder vivir plenamente la
profundidad de una experiencia aunque no se explique. No todo lo medible
científicamente existe.
- Ayudar a aceptar a un Dios que se hace débil voluntariamente puede hacer que la
relación con él sea más cercana y afectiva, pues desde la fragilidad y la debilidad
es más fácil entablar la comunión, a diferencia del éxito y la superioridad. En la
victoria y en la cumbre no se oye al perdedor. Pero Dios se acerca a nosotros en
debilidad y solidaridad.
- Fomentar y facilitar la actitud de obediencia y confianza a ese Dios-Amor-
Entregado es lo que nos libera de la autosuficiencia y el poder. A la manera de
Ignacio quien se equilibró entre mandar y obedecer, entre su acción y la acción de
Dios, igualmente los alumnos son invitados a aprender la confianza.

DESPLAZAMIENTO SOCIAL
Es una realidad palpable que el dinamismo humano sigue el camino de la bandera de
Satanás: desear la riqueza, estar en el centro, dominar, poseer, controlar, mandar, ser
autosuficiente. Y al dejarse llevar por esta dinámica se produce el drama que vemos en
23

nuestra humanidad: unos cuantos con la mayor parte de la riqueza y millones de personas en
la miseria. Pero también se da otro drama. Las personas confunden el tener con el ser, creen
que teniendo, son. El dinero y las cosas son como un pedestal en el que se suben. Y la fantasía
del “alto” es que la altura es suya, cree que es estatura real. Se va olvidando del pedestal y
confundiendo lo que tiene con lo que es. Desde el pedestal no se oye ni casi se ve. El ego
hinchado deteriora primero al sí mismo y ocupa el espacio que el otro podría habitar para
darle la vida verdadera. Y de esta situación no nos puede librar ni la religión pues puede
convertirse en objeto de consumo con una seudo trascendencia o unos rituales
tranquilizadores. La solución dice García Monge 26 no es fácil pero implica vivir una cultura
de la austeridad, de que nuestra religión nos ayude a bajarnos del pedestal, de encontrarnos
con los pobres que nos ayuden. Yo añado que la invitación a la abnegación que hace Ignacio
va en esa línea: tener una libertad interior, indiferencia, ejercitada constantemente.
La experiencia de la espiritualidad ignaciana va llevando a una libertad muy grande
que cuestiona la manera de ver la sociedad, y más en concreto a las personas en la sociedad.
Ser libre respecto de los esquemas clasistas o etnocéntricos que juzgan desde fuera y
descalifican. Es una libertad que lleva a la inclusión más que la exclusión.
También la voluntad de poder autosuficiente impide la experiencia de abandonarse en
las manos de Dios. Rechaza el misterio cristiano por excelencia: que perder la vida es ganarla
y abandonarse en la muerte al Padre es resucitar.
El reto a la pedagogía en nuestras instituciones es recorrer el camino del éxodo, del
pueblo de Israel, bajo la conducción de las herramientas ignacianas: una experiencia integral
del Dios de Jesús y la sensibilidad para distinguir en las distintas voces que hablan en nuestro
interior, la que es de Dios y llevan a la vida, y las que aparentemente son de vida pero llevan a
la muerte.
Se trata de vivir un proceso como el de Jesús de abajamiento, de humillarse. Y de ahí
lo profundamente ignaciano de seguir no a cualquier Jesús sino a Jesucristo pobre y
humillado. Ese es el que nos salvará de cualquier engaño y autojustificación.
Es la experiencia de un Dios que nos transforma en samaritanos actuales, porque nos
hace compasivos como él es. Es el Dios que nos lanza a los trabajos por los derechos
humanos, la transformación de las estructuras injustas, a preferir a los pobres de esta tierra
como amigos y asesores.
Favorecer experiencias de carencia material, de desprotección. Como las misiones, la
semana campesina, y la semana laboral de nuestro colegio de Guadalajara, ayudan mucho a
que los alumnos repiensen sus valores.
Favorecer experiencias de la fuerza de Dios en la debilidad.

SER PEREGRINOS
La Espiritualidad Ignaciana es una experiencia de ser peregrino, lo cual implica ser un
caminante permanente, que evoluciona, que cambia, que al entrar en contacto con realidades
distintas se adapta, crece, aprende, aporta y recibe.
Vivir la tradición pero no ser tradicionalista. La tradición viene desde atrás, desde el
pasado, y va hacia el futuro. Es como un río que viene de lejos, pasa por donde estamos
nosotros y seguirá más delante a fecundar otras tierras. El tradicionalista toma esa agua
fecunda y la separa, la aparta para fijarla. Y ya sin correr el agua, se empantana y crecen los
animales en ellas y se pudre el agua. Se trata de ayudar a vivir fluyendo con la corriente para
poder ser fecundos. Como instituciones y como personas estamos invitados a vivir la tradición
pero cambiar y flexibilizarse para no pudrirse. ¿Qué tanto los jesuitas y los maestros son
personas flexibles o lo contrario, estancadas inmovilizadas y atadas al pasado?
26
García Monge, J.A. (2000). Tener, acaparar, poseer… Ecología del alma liberada, en
Revista Sal Terrae, N° 1,031 Octubre. Santander: Sal Terrae.
24

Ayudar a vivir en la actitud de la confianza en que quien guía la historia de la


humanidad es el Padre y con su espíritu, que no sabemos de dónde viene ni a dónde va,
necesitamos aprender a descubrirlo y seguirlo. No que él nos siga a nosotros.
Aceptar que todos somos peregrinos no estaremos aquí en la institución toda la vida.

LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES


Los Ejercicios sirven tanto a la persona que los hace como a muchas otras por la
conversión en el ejercitante. En ellos, laicos y jesuitas descubrimos la misión y nos
hermanamos, entramos en esa comunión con Jesús para construir su Reino. Para dar frutos de
fe y justicia es imprescindible el tener la experiencia completa de los Ejercicios en sus
distintas modalidades.
Quiero compartir una experiencia muy importante que nos sucedió a los miembros de
la comisión laicos jesuitas de la provincia. Promovimos una primera semana de formación
ignaciana e invitamos a un grupo de 40 laicos ignacianos de distintos obras. El requisito era
haber vivido la experiencia de los Ejercicios personalizados de ocho días. Al iniciar la semana
nos entró un miedo a los organizadores pues aceptaron la invitación laicos campesinos, de
colonias populares, maestros de universidades, CVX y colegios. Era una mezcla muy
heterogénea y preveíamos una reacción en contra de la diversidad de culturas, procedencia
social, etc. Pero la sorpresa vino cuando en el primer bloque se compartió la experiencia
personal de los ejercicios. Los maestros de universidad estaban maravillados por la manera
como el campesino y la campesina compartían lo que significó la experiencia de los
Ejercicios y los frutos que habían sucedido y seguían sucediendo. Y posteriormente los
campesinos y otros de extracción popular estaban admirados de cómo profesores tan
estudiados tenían su experiencia de Dios. Hubo una mutua valoración y se rompieron los
prejuicios sociales, los antecedentes académicos, etc. Para todos fue una especie de
Pentecostés Ignaciano pues se hablaba una lengua común y nos entendíamos. Increíble.
Creo que la experiencia de los Ejercicios es como la fábrica de levadura para
fermentar al mundo y de ahí la importancia de facilitarla a los laicos que colaboran en
nuestras obras. Si queremos que vislumbren y hagan suya la misión del Reino los Ejercicios
son la experiencia y el método.
Además de la conversión en la cinco dimensiones mencionadas arriba (personal,
afectiva, intelectual, religiosa y política) es importante promover la experiencia de los
ejercicios porque son el lugar por excelencia para aprender a discernir. Ahí se aprende a caer
en la cuenta de la interioridad y del paso de Dios a través de la personalidad toda.
La experiencia de los Ejercicios implica una pedagogía, unos retiros previos que
faciliten el camino. Un curso de preparación. Implica también apoyos económicos también.
Esto invita a una revisión seria de cómo cada colegio y universidad está promoviendo que los
laicos más comprometidos acudan a los Ejercicios.
Es verdad que los ejercicios no son la panacea ni producen fruto mecánicamente. Ver
el artículo de Cabarrús en la bibliografía recomendada. Pero bien preparados y bien
acompañados son una oportunidad para grandes transformaciones de la persona.

El DISCERNIMIENTO
En el clima de los ejercicios se entra a la escuela de discernimiento, para conocer la
voluntad de Dios y los métodos más eficaces para ponerla en práctica.
Además de practicarlo en los ejercicios el reto es que sea una actitud en la vida y un
método para las decisiones importantes, tanto de los alumnos como de profesores, jesuitas,
administradores, etc.
25

Se trata de que los equipos de laicos y jesuitas den testimonio de una práctica habitual
de dejarse llevar no solamente por lo convencional, lo razonable, los criterios humanos, sino
por las mociones de Jesús.
El reto es favorecer la experiencia de los ejercicios y posteriormente afianzar la
práctica con varios cursos de discernimiento apostólico. Que haya familiaridad con lenguaje
típico para usarlo mejor.
El reto también es transmitir a los laicos el examen de día para que vayan
desarrollando la capacidad de descubrir la acción de Dios en el mundo. En nuestro Centro
Ignaciano de Espiritualidad (CIE) hicimos una reformulación del examen del día que ha sido
de mucha utilidad. Cf. Anexo .
La pedagogía ignaciana deberá también atender el conocimiento y desarrollo corporal
para que los alumnos sean personas integradas.

LOS DESEOS AUTÉNTICOS


La maduración psicológica y espiritual no puede darse sin atender los deseos pues son
fuerza y energía para la vida. Aquí formulo tres tareas:
En primer lugar ayudar a todos nuestros alumnos a sacar su deseos y enseñarles a
distinguir entre los que más los humanizan y los que los despersonalizan.
Después ayudar a renunciar a estos últimos aunque sean placenteros. Esto es lo que se
entiende por mortificación. La persona mortificada en este sentido es una persona feliz porque
actúa conforme a sus deseos auténticos que le dan plenitud, e integrada porque puede disponer
de sus energías indivisamente. Se trata de una pedagogía de la mortificación.
Finalmente, las experiencias de fe que se tengan deberán de potenciar, a través de la
imaginación de la fantasía, etc, los deseos en la relación con Dios y con el evangelio.

EL SENTIDO DE VIDA
Algunos jóvenes de nuestros colegios, con la crisis familiar, con la caída de los
compromisos de por vida, con la secularización, el tener satisfechas las necesidades
económicas, etc, van viviendo sin un sentido claro de para qué están aquí en este mundo.
Como dice V. Frankl La voluntad de poder... -voluntad de dinero- reprime la voluntad de
sentido. La sociedad de la opulencia trae consigo una sobreabundancia de tiempo libre que
ofrece, desde luego, ocasión para una configuración de la vida plena de sentido, pero que en
realidad no hace sino contribuir al vacío existencial.27
Nuestros alumnos viven muchas experiencias pero pasan pronto y no arraigan.
Ayudará ver el anexo sobre los jóvenes posmodernos.
El reto es ayudar a que el alumno descubra el sentido de su vida. El sentido de la vida
debe encontrarse no fabricarse. Y para encontrarlo debe buscarse. Toda búsqueda comienza
por la conciencia de vacío o por la esperanza de plenitud.
El principio y fundamento aporta un horizonte para la felicidad humana al delinear el
sentido de la vida del hombre y la mujer: el servicio mutuo y a Dios y no la dominación. Vivir
el servicio como respuesta agradecida a un amor inmenso manifestado en Jesucristo.

UN TEMA MODERNO
Creo que la Espiritualidad Ignaciana deberá ayudar a todos los jesuitas y laicos
ignacianos a revisar y madurar en la cuestión de género. Estamos muy necesitados de
conversión pues se sigue promoviendo, a veces de manera inconsciente e involuntaria, una

27
Frankl, V. (1977). Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia.
Barcelona: Herder.
26

educación discriminatoria hacia la mujer en beneficio del varón. Gerard Fourez 28 habla de
que hay ciertos pecados nuevos de esta época y uno de ellos es el sexismo. Se sigue
manteniendo en muchos casos una desigualdad en las relaciones hombre-mujer y al
perpetuarse se retrasa el Reino que implica un nuevo modo de relación entre las personas.
También la educación afectiva que se da a hombres y mujeres contribuyen mucho al
sufrimiento. No solo sufre la mujer sino también el hombre. En un artículo que escribí hace
tiempo decía: “Además la hombría siempre hay que demostrarla a los demás y en muchos
terrenos: deportes, sexo, familia, conocimientos, etc. Esto hace que el varón siempre esté
pasando pruebas de hombría y se desgasta internamente. No se le permite ser él mismo.” 29
Hay presiones muy fuertes sobre los hombres y las expectativas son desmedidas.
Hay mucho que revisar y mucha creatividad por sacar para dar una educación que
haga madurar, tanto a hombres como a mujeres.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA
1. Cabarrús, Carlos. (1990). ¿Por qué no nos cambian los Ejercicios Espirituales? En
Psicología y Ejercicios Ignacianos, Carlos Alemany y J. A. García Monge (Eds.). Vol I.
Bilbao: Mensajero y Santander: Sal Terrae.
2. Curwin, R. y Allen, M. (1996). Disciplina con dignidad. México: Iteso.
3. Pagola, J. Antonio. (1997). La familia, escuela de fe. Condiciones básicas, en Revista Sal
Terrae, Octubre. Santander: Sal Terrae.
4. Torres Q, A. (1995). Recuperar la salvación. Santander: Sal Terrae. Colección Presencia
Teológica # 79.

ANEXO

CARACTERÍSTICAS DE LOS JÓVENES EN LA CULTURA POSMODERNA 30

1. TIEMPO EN PRESENTE
- el futuro es incertidumbre, preocupación, perplejidad, desesperanza.
- abandono del idealismo y vigencia del pragmatismo.
- de un tiempo extensivo a un tiempo intensivo: el instante y ahora.
- la noche es un presente a la mano.
Oportunidades:
+ valorar y recrear lo cotidiano, lo trivial, lo pequeño.
+ ser más realistas.
Riesgos:
- no compromisos a largo plazo, decisiones fugaces.
- vida ligera, leve, superficial.
- falta de memoria histórica.
2. LA VALORACIÓN DEL CUERPO
- el cuerpo es un capital físico por autoconstruir y aprovechar (>deportes, ejercicio
físico, dietas).
- el cuerpo es lugar de sensaciones, emociones, experimentación, placer.
28
Fourez, G. (1983). Sacramentos y vida del hombre. Santander: Sal Terrae. Col.
Presencia Teológica, N° 15.
29
Valdez, Luis. (2002). ¿Por qué sufren los hombres?, en Revista de Espiritualidad, Año 3,
# 15. México: Centro Ignaciano de Espiritualidad (CIE).
30
García Orso, Luis. Actual Decano del Instituto Teológico de México, D.F. Documento
hecho en mayo 99.
27

- comunicación no verbal, sino corporal (>grupo, vestido, teatro, música).


- la música es un aventura corporal, de todos los sentidos.
Oportunidades:
+ preocupación por la salud integral y la calidad de vida.
+ recuperación del erotismo y recreación del amor.
+ valor de cada persona.
+ cultura de los derechos humanos.
Riesgos:
- comercialización del cuerpo.
- permisividad, laxismo.
3. LA REALIDAD ES COMPLEJA
- la realidad es compleja, no es fácil de aprehender, de conocer, de sistematizar.
- los hechos son interdependientes, relacionados, no se excluyen, tienen muchas
causas.
- no valen las explicaciones únicas y absolutas, todo tiene muchas explicaciones.
- la realidad es fragmentada, está compuesta de trozos e instantes e imágenes (TV,
computadora).
- la realidad es rápida, fluida, ligera, provisoria, pasajera.
Oportunidades:
+ aprender un nuevo modo de conocer y comprender, de relaciones y acercamientos
múltiples.
+ la sociedad y la vida diaria es intercultural; vivir en ciudad es vivir muchas culturas.
+ la diversidad social y cultural no admite un poder dominante.
+ las preocupaciones e intereses se vuelven universales.
Riesgos:
- relativismo en todo, falta de certezas y convicciones.
- no idealismo y sí pragmatismo.
- alienación, manipulación y consumismo, desde los medios de comunicación.
- imposiciones culturales, de moda.
4. LA IDENTIDAD ABIERTA, NO CERRADA
- paso de una noción fuerte y cerrada de identidad a un modelo abierto, dinámico,
provisorio.
- de un ideal colectivo al valor de la subjetividad, lo privado, lo singular.
- encuentro diario con otras identidades personales y culturas.
- búsqueda de integración y de integralidad, junto con otros cercanos.
- la familia es débil y fuerte a la vez en una sociedad tan diversificada.
Oportunidades:
+ valor y reconocimiento de cada persona y todo modo de vida y de pensar, de los
otros
+ valor de la cercanía personal, la interacción, las relaciones, la solidaridad.
+ reconocimiento de las minorías en la sociedad.
+ derecho a la diferencia (en raza, credos, sexos, opiniones, expresiones).
+ no aceptar etiquetas, imposiciones, discriminación, exclusión, humillaciones.
+ apertura a motivación y experienciación (sobre imposición y obligación).
Riesgos:
- fragilidad y vulnerabilidad de los individuos.
- debilidad de cohesión social e imposición de un modelo fuerte.
28

5. EL RETORNO DE LA RELIGIÓN
- apertura a la trascendencia, al misterio, a la espiritualidad, a la religión en general.
- búsqueda de experiencias religiosas de todo signo y seudoreligiosas (esotéricas).
- religiosidad privada, individual, acomodada, difusa; no religión institucional y
oficial.
- experiencia religiosa más afectiva que racional, más espontánea que formal, más
corporal.
Oportunidades:
+ búsqueda de sentido de la vida y respuesta a preguntas fundamentales.
+ valor de experiencia espiritual, interior, personal (meditación, comunicación).
+ encuentro con lo sagrado desde la naturaleza (dimensión cósmica y ecológica).
+ experiencia espiritual junto con otros, en grupos de pertenencia.
Riesgos:
- caer en lo irracional y en la sobreafectivización.
- una religión emocional, difusa, manipulable, alienante.
- una práctica religiosa sin compromisos hondos, serios, sociales.

RETOS PARA EL ACOMPAÑAMIENTO DE LOS JÓVENES:


- Aprovechar todas las oportunidades y valores que se presentan en estas características.
- Tomar conciencia de los riesgos o aspectos lesivos y trabajar con ellos.
- Recuperar aspectos olvidados de la vida en una mentalidad moderna-racional.
- No estar preocupados por los jóvenes sino con los jóvenes.
- Acompañarlos cercana y afectivamente en sus procesos de humanización.

EXPERIENCIA CRISTIANA CON LOS JÓVENES


- Jesús lo miró con cariño (Mc. 10, 21)
- Joven, a ti te lo digo: Levántate (Lc. 7,14)
- Yo he venido para que tengan vida (Jn. 10,10)
- Lo que hemos visto y oído se lo anunciamos ahora, para que sean solidarios con
nosotros, con el Padre y con su hijo Jesucristo, y su alegría sea plena (1 Jn. 1, 3).

Bibliografía sugerida:
1. CORREA, Ma. Cecilia. (1999). Las constelaciones de los jóvenes, en Revista CLAR,
marzo-abril. Bogotá, pp. 7-21
2. GARCÍA ORSO, Luis. (1993). ¿Cómo ser cristiano en un mundo postmoderno?, en
Christus 669, octubre-nov. México, pp 45-56.
3. GARCÍA ROCA, Joaquín. (1994). Constelaciones de los jóvenes, Cuadernos Cristianisme
i Justicia 62, Diciembre. Barcelona.
4. GERVILLA, Enrique. (1994). Cultura postmoderna y educación en la fe, en Proyección
172, Granada, pp 33-48.
5. JIMÉNEZ ORTIZ, Antonio. (1996a), La comunicación de la fe y el perfil humano de los
jóvenes de los 90, en Proyección 43, abril-junio, pp. 134-152
6. _____(1996b), Los interrogantes que plantea la religiosidad juvenil, en Proyección 43,
julio-sep. Pp. 186-202
7. _____(1997), Cómo anunciar la experiencia cristiana a los jóvenes de hoy, en Proyección
44 enero-marzo, pp. 49-66
8. LOZANO, Josep Ma. (1991). ¿De qué hablamos cuando hablamos de los jóvenes?,
Cuadernos Cristianisme i Justicia 41, septiembre. Barcelona.
29

9. MARTÍNEZ CORTES, Javier. (1989). ¿Qué hacemos con los jóvenes?, Cuadernos Fe y
Secularidad núm.5, Madrid.
10. VARIOS. (1999). Espiritualidad y mundo joven de hoy, en Cuadernos de Espiritualidad
114, marzo-abril, Chile.

ANEXO
CONTEMPLATIVOS EN LA ACCIÓN
EXAMEN DEL DÍA

S. Ignacio de Loyola experimentó que Jesucristo está trabajando continuamente en el


mundo para salvarnos. Por esta experiencia él fue “contemplativo en la acción” y podía
“descubrir a Dios en todas las cosas”.
Para ayudarte a descubrir a Dios en tu vida:

1. Al final del día me relajo y acallo el ruido interior...


2. Recupero el día que termina, y respondo las siguientes preguntas:
- ¿En dónde descubro que Jesucristo estuvo actuando en el mundo? ¿En qué
acontecimientos, en qué personas...?
- ¿En dónde descubro la acción de Jesucristo dentro de mí: en qué sentimientos, en
qué deseos, en qué impulsos del corazón?
- ¿Cómo me incorporé a la acción de Jesucristo en el mundo y en mí?
3. Doy gracias por la presencia amorosa de Jesús en mí y en nuestro mundo tan
maltrecho. Doy gracias “por tanto bien recibido” durante este día.
4. Pido perdón por mi amor limitado.
5. Ofrezco mi persona para amar más en relación a lo que en este día Jesús me hizo
sentir o me movió.