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El paso de la tormenta Emily por mi Barrio Mabú.

En la mañana del martes 2 de agosto fui a recoger a mi Papá que estaba en casa de mi hermano en Santurce. Lo llevé a casa de mi hermana en el Barrio Espino de San Lorenzo. En el trayecto de la ruta los fuertes aguaceros pintaban la autopista con una alfombra cristalina. Los reportajes y avisos noticiosos me traían algo ansioso. Mi viejo que tiene 92 añitos se percató de mi estado inquieto y me dijo --“muchacho que tormenta ni tormenta”-- Ustedes no han visto na. --Yo pase San Ciprián, San Felipe y Santa Clara que esos sí que

arrancaron hasta el pasto, esos si que fueron temporales. Yo de reponerme.

lo mire y trate

Llegue en la tarde un tanto cansado a Humacao. Iba a ponerme cómodo con los pantalones cortos cuando Maritza mi esposa me dijo --acompáñame al Súper--. Le di una mirada compasiva pero no resultó. No llegué ni a decir --que tu dice… cuando ya ella estaba montada en el carro. Llegamos a Walmart y me

asuste porque parecía que la tormenta ya había hecho estrago en la tienda. Miré

a mi esposa aterrado y le dije -vámonos, mira como toda esta gente ha dejado

esta tienda. Ella me contestó de inmediato –-no ves lo que ocurre, están remodelando la tienda. Bueno, lo cierto era que la gente parecía estar atrapadas en la locura colectiva. Los observé impacientes arrastrando los carritos como si tratara de una carrera de velocidad.

Finalmente, llegue a una fila más larga que la esperanza para efectuar el pago. Saqué la tarjeta ATH para efectuar el pago, pero la cajera me dijo --NO TENEMOS SISTEMA DE ATH EN ESTA CAJA-- Mire los potes de salchichas en el fondo del carrito y me pareció que se reían de mí. Agarré el carrito con el mismo amor y me dirigí a la otra línea donde si funcionaba la ATH.

Llegue a casa y solté los paquetes para pegarme de inmediato a Radio Walo – la tormenta nos va a partir por la mitad- fue lo que traduje por las coordenadas

y trayectoria anunciada. Yo que estaba hasta animado para reunirme con el

grupo de los Caminantes Urbanos, se me quitó de inmediato la idea. Luego un aguacerito me remató. Me quede pegao mirando la televisión asombrado por la cantidad de meteorólogos por pie cuadrado que tenemos en nuestra Isla.

Estaba bien acomodado en el sofá, cuando mi esposa me llamó, para que la ayudará con los perritos, que estaban tan ansiosos como yo. Salí al balcón y

sopló de repente una brisa fría, mire al cielo, pero todo parecía en calma. Luego de saborear una rica sopa volví a caer atrapado en los noticieros. El escenario que pintaban no concordaba para nada con la realidad. El Gobernador apareció con todo su equipo de directores de agencias vestidos con uniformes que parecían rescatadores de del planeta martes. En la conferencia de prensa Fortuño informó “las lluvias y rachas de viento más fuertes azotarán Puerto Rico en el plazo de las próximas 12 horas y que se espera que las zonas más castigadas sean el sur y suroeste de la isla caribeña”. Me sorprendió su conocimiento meteorológico.

Lo cierto es que cada vez más se entroniza esta práctica mediática de los funcionarios gubernamentales ante los eventos naturales. Me parece que se debe evaluar esta práctica y su efectividad. Me pareció que en ocasiones lo cierto es que más que orientar desorienta. No podemos olvidar que Humacao vivió una experiencia terrible en 1960 por el paso de la tormenta Donna donde más de un centenar de personas murió. Esta prohibido olvidar.

En décadas recientemente hemos experimentado las experiencias del paso de varios huracanes de gran magnitud por nuestra área. Y por un momento volví a repasar aquellas semanas interminables que pasamos luego de los huracanes Hugo, Marilyn, Hortense y Georges. Sin electricidad, comiendo de la potería almacenada, aguantando el sofocante calor (sin electricidad no hay aire acondicionado), oyendo la radio hasta las altas horas de la madrugada, con velas, bañándonos temprano con galoncitos de agua fría.

Bueno, en la noche esperaba tener un cuadro claro del fenómeno atmosférico para poder acostarme tranquilo. Intente trazar en un viejo mapa la trayectoria ascendente de Emily, temeroso de que pueda alcanzar esa bendita latitud dieciocho pero me resultó imposible. Para mi sorpresa mientras más escuchaba las noticias más confundido me encontraba. Mire a mi hija Enid muy entretenida con su iPod y no parecía estar preocupada para nada. Finalmente, me encomendé a Dios y me quede dormido con los audífonos puestos ante la mirada atónita de mi esposa.

En la mañana me levante bien temprano encendí la Radio en la emisora Walo y escuche a Magdiel Vega con la música típica. Me relajé con mi música preferida. Escuche la lluvia caer torrencialmente. Cercano a las 6:30 am abrí la ventana pero no quería amanecer. Un gran relámpago vino de improviso y estremeció a todo el pueblo. Los perritos que estaban a mi lado me abandonaron al escuchar el estruendo. Mire a mi alrededor y los vecinos permanecían en sus casas cerradas capeando el temporal.

Me tire a la calle sombrilla en mano y me quede perplejo. No, entendía que sucedía, camine hasta la esquina de la calle 6 en la Extensión Mabú. Me enjuague los ojos medios dormidos varias veces. No podía creer lo que veía, toda la calle estaba inundada por las fuertes correntías que arrastraban escombros. La calle parecía un ancho canal.

que arrastraban escombros. La calle parecía un ancho canal. Foto cortesía Glenda Lee Cruz Foto Félix
que arrastraban escombros. La calle parecía un ancho canal. Foto cortesía Glenda Lee Cruz Foto Félix

Foto cortesía Glenda Lee Cruz

Foto Félix Báez Neris

calle parecía un ancho canal. Foto cortesía Glenda Lee Cruz Foto Félix Báez Neris Foto cortesía

Foto cortesía de María Pou Rivera

Foto cortesía de María Pou Rivera Las fotos evidencian el cuadro que enfrentamos ante fenómenos

Foto cortesía de María Pou Rivera

Las fotos evidencian el cuadro que enfrentamos ante fenómenos de esta magnitud

Más tarde observé a las personas tratando de transitar por la calle inundada. Me preocupé por los todos los vecinos ya que la correntías provocadas por las fuertes lluvias amenazaban las casas. Además, la quebrada Los Muertos en el área cercana a la tienda del amigo Fan Olmeda se salió de su cauce. Luego le mostraré un video que tomó una residente del lugar.

Debemos estar conciente de que la temporada de huracanes se extiende durante seis meses entre junio y noviembre, y el pico de la estación con el mayor número de tormentas se produce entre los meses de septiembre y octubre. Lo cierto es que esta temporada comenzó con una gran intensidad lluviosa que nos deja muy vulnerable. Por otro lado, debemos agradecer a Dios que está tormenta paso bastante alejada y si bien es cierto que se han reportado muchos daños materiales, por los efectos de las lluvia, por fortuna no hubo pérdidas humanas que lamentar.

Prof. Félix Báez Neris agosto de 2011 Humacao, Puerto Rico