Está en la página 1de 11

LA SITUACIÓN EN SUDAN

Antecedentes y evolución del conflicto

En 1953, ingleses y egipcios, los señores coloniales de Sudán desde 1899,


firman un acuerdo en Jartum, la capital oficial del país, en el que se garantiza la total
independencia de Sudán en el plazo de tres años.
Sin embargo, ya en 1955, el Gobierno de transición recibe fuertes presiones
por parte de los islamistas radicales y en 1956 estalla la primera guerra entre el norte y
el sur del país. John M. de Garang, líder del EPLS, organiza la resistencia del sur y
emprende la lucha armada contra el régimen de Jartum.
A raíz de ello se desata un conflicto sangriento que sumerge en la miseria a
ambas partes de Sudán. En 1964 el presidente Abbud, que había ocupado el poder en
1958 mediante un golpe de Estado, es derrocado. En 1969 se constituye en el sur un
Gobierno rebelde, presidido por John M. De Garang, lo que reactiva la guerra civil,
causando la muerte de miles de personas. Sin embargo, la primera puerta a la
esperanza se abre en 1972 con la firma de un acuerdo de paz, en Addis Abeba
(Etiopía) entre ambas partes en que establece, junto con el alto el fuego, el derecho a

1
la autodeterminación del sur de Sudán. El acuerdo significa un paso importante en la
pacificación del país y le procura una calma relativa durante 11 años.
En 1980, sin embargo, el gobierno democrático de Nimeiri, debilitado por
graves problemas económicos, que se agravan con la decisión de la OPEP de
aumentar el precio del petróleo, recibe presiones por parte del partido islámico radical
FIN (Frente Islámico Nacional, presidido por Hassan el-Turabi), lo que provoca la
desestabilización del sistema democrático. No obstante, el problema desemboca en
una crisis abierta cuando el sur de Sudán reivindica la división de esta zona en tres
provincias. El norte reacciona con la derogación de la autonomía del sur, ratificada en
1972. En 1983, el general Omar-al Bashir, presidente de Sudán del norte, promulga en
todo el país las crueles “leyes de septiembre” que prevén castigos draconianos, como
por ejemplo la amputación de las extremidades en caso de robo, lo que provoca un
nuevo rebrote de la guerra civil. En 1989, un golpe de Estado que instaura un régimen
revolucionario islámico en el norte y la implantación, en 1991, de la sharia, la ley
islámica, alimenta todavía más la guerra. Es a partir de entonces que el conflicto,
surgido a consecuencia de la lucha por el agua, el petróleo, la tierra cultivable y los
conflictos étnicos, deriva también en una guerra religiosa.
Acontecimientos posteriores, como el derrocamiento del presidente etíope en
1991 y la consiguiente pérdida de apoyo al EPLS, la proclamación de la jihad (guerra
santa) contra el sur, así como la escisión del EPLS en EPLS-Torit (Garang) y MLPS-
Unido (Machaba) no son suficientes para imponer el cese de las hostilidades.
El gran perdedor de esta guerra salvaje, es sin duda la población civil de este
Estado multiétnico, que se encuentra una y otra vez atrapada entre los diversos
frentes. Aparte de sufrir hambrunas, deportaciones y asesinatos, es sometida a
torturas y maltratos. El régimen del norte, por ejemplo, lleva a cabo verdaderas cazas
humanas contra los Nuba, una etnia indígena asentada en esta parte del país, con el
fin de venderlos como esclavos, ejecutarlos o someter a las mujeres a violaciones.
Los rebeldes del sur, por su parte, también recurren a métodos brutales, como
la reclutación forzosa de niños, deportaciones de etnias enteras y ejecuciones
arbitrarias de supuestos colaboradores del régimen islamista, para asegurar su poder
y autoridad y para conseguir sus objetivos de la forma más rápida y eficaz.

Condiciones actuales
Tras el 11 de Septiembre, Estados Unidos comienza su mediación en el
conflicto sudanés patrocinando unas conversaciones que conducen a la declaración
de una tregua por seis meses en la región de los montes de Nuba (Sudán central), en
enero de 2002, y a un acuerdo de libre tránsito de la ayuda humanitaria. En julio 2002

2
se inician las conversaciones de paz en Machakos, cerca de la capital de Kenya, entre
el Gobierno de Omar al-Bashir y el Ejército Popular para la Liberación de Sudán
(EPLS). Estas negociaciones concluyen en su primera fase con la firma de un
importante protocolo de acuerdo el 20 de julio, en el que se establece un alto el fuego,
el compromiso de negociar una nueva organización política en Sudán y un referéndum
de autodeterminación. El acuerdo también supone el compromiso de abrir un período
transitorio de seis años, durante el que el Sur va a contar con un Estatuto de
autonomía y la sharia (ley islámica) no se aplicará en esta zona.
Este anuncio es considerado como un respaldo a las tesis del EPLS y una
muestra de que las autoridades sudanesas están comenzando a responder
favorablemente a las coordenadas estratégicas de Estados Unidos, cuyas relaciones
con Jartum venían experimentando un notable progreso desde hacía tiempo.
Al acuerdo de Machakos I, sigue la Ley para la Paz en Sudán (Sudan Peace
Act), Machakos II y Machakos III. En este último, del 18 de noviembre de 2002, se
pacta un reparto de las riquezas del país.
La presión de Estados Unidos es un factor esencial en el afianzamiento de las
negociaciones de paz, que a lo largo de dos años se han ido encontrando con
obstáculos e interlocutores diversos, puesto que el conflicto sudanés tiene ya poco de
doméstico y mucho de regional. Aparte del Gobierno de Jartum y del EPLS interfieren
en el conflicto Etiopía y Eritrea, que apoyan a los rebeldes, y la Agrupación Nacional
Democrática (AND), una asociación de fuerzas opositoras sudanesas que engloba a
tendencias y sectores muy diversos. Ofensivas lanzadas por la AND, que entorpecen
el proceso de paz, hacen suponer apoyos exteriores, como Egipto, que no desean una
partición de Sudán, porque dificultaría el control de los recursos hídricos del Nilo.
Por lo tanto, son muchos los actores regionales e internacionales que aspiran a
influir en el resultado de las negociaciones de paz, con lo que también aumentan los
factores de riesgo.
Sin embargo, en mayo de 2004 se alcanza un acuerdo global en el que ambas
partes se comprometen al reparto del poder, de las riquezas y de tres regiones en el
centro del país. John Garang, líder del EPLS, será vicepresidente en Jartum de un
Gobierno de unidad nacional y presidente de la administración autónoma del sur. La
ley islámica, la sharia, regirá en la capital, pero tendrá aplicaciones limitadas para la
población no musulmana. La provincia de Kordofan occidental podrá celebrar un
referéndum por la independencia dentro de seis años, al igual que el sur, y las
provincias de Nilo azul y montañas de Nuba serán gobernadas por representantes del
norte y del sur en una proporción del 55:45.

3
El acuerdo todavía no ha cristalizado en la firma de la paz y resulta muy frágil
por motivos diversos: se centra en el reparto de poder y riquezas entre el régimen
islámico del norte y el líder del Movimiento/Ejército Popular de Liberación de Sudán,
sin tener en cuenta a otros grupos de oposición, ni a otros pueblos y etnias, que se
sienten excluidos del proceso de paz; no existe estrategia alguna para aplicar el
acuerdo en todo el territorio; no se tiene en cuenta la crisis de Darfur. Solamente con la
participación de todos los actores políticos y armados se puede transformar un
acuerdo bilateral en un acuerdo nacional que lleve la paz y el bienestar a toda la
población.

El conflicto de Darfur

En febrero de 2003 estalla en los tres Estados de Darfur, al oeste de Sudán, un


conflicto, hasta entonces ignorado, que se convierte en el principal foco de tensión del
país y puede poner en peligro los precarios pactos para una paz entre el norte y el sur.
En pocos meses, los conflictos tribales que desde hace veinte años caracterizan la
actualidad de Darfur se transformaron en una guerra civil mortífera, que ha derivado
en la mayor catástrofe humanitaria del mundo, según Naciones Unidas. El
enfrentamiento tenía como raíz la histórica animadversión que se profesan árabes y
africanos, a quienes en Sudán se conoce respectivamente como “los hijos del Nilo” y
“los hijos del Oeste”.
Darfur tiene su nombre de la etnia fur, pueblo de campesinos negros que vive
en el macizo montañoso en el centro del país. Este grupo dominaba un reino durante
mucho tiempo independiente, incorporado a Sudán en 1916. En el centro y en el sur,
fuera de las zonas montañosas más fértiles, tribus pastoriles y poblaciones
campesinas conviven con enfrentamientos regulares, particularmente cuando las

4
lluvias escasean. Las tribus “árabes” son generalmente nómadas, camelleras en el
norte, vaqueras en el sur. Las tribus “africanas” son a veces pastoriles, pero
principalmente campesinas. La crónica de Darfur se ha escrito de conflictos entre
ganaderos, en busca de agua y pasto, y campesinos que protegen sus campos y sus
escasos bienes. Los pastores nómadas árabes y los agricultores sedentarios africanos
han visto en los últimos años cómo sus disputas se intensificaban debido a la carestía
del agua y la explosión demográfica que han agudizado el conflicto.
Para paliar el creciente avance de los árabes y denunciar el abandono que
sufre la región, los fur decidieron a comienzos de 2003 alzarse en armas. El ejército de
Liberación de Sudán dividido en varias facciones dirigió la revuelta contra el Gobierno
central, que respondió armando a las milicias de los Janjawid, fuerzas paramilitares
integradas por tribus árabes que desde entonces hostigan a la población negra.

El 30 de julio de 2004, el Consejo de Seguridad de la ONU señaló su intención


de considerar la imposición de sanciones al Gobierno de Sudán en caso de que
Jartum no restablezca la seguridad de Darfur, y le pide que acepte mayor presencia
internacional en la provincia. Sin embargo, hasta el momento el alto el fuego es
reiteradamente violado y el Gobierno de Sudán rechaza la mediación de Libia, Chad y
Eritrea, a los que acusa de financiar a los insurrectos. La única mediación que

5
considera es la ofrecida por la Unión Africana para desplegar fuerzas de paz. Una nota
característica del accionar del Consejo de Seguridad en el conflicto de Darfur es que
ha afirmado reiteradamente en todas sus resoluciones relativas a la cuestión la
necesidad de preservar la soberanía, integridad territorial e independencia política del
Sudán, desestimando, en consecuencia, la partición del país.

El Accionar del Consejo de Seguridad

El 11 de junio de 2004 el Consejo de Seguridad comienza a ocuparse de la


situación de Sudan. En la Resolución 1547, apoya los esfuerzos realizados para
lograr la paz en Sudan y afirma el Protocolo de Machakos1 y los que le siguieron.
Aparte toma en consideración el envío de una operación de paz de la ONU, para
apoyar la aplicación del acuerdo de paz.
A su vez, envía una Misión Política Especial (UNAMIS), bajo la supervisión del
Representante Especial del Secretario General, para que supervise el cumplimiento
del acuerdo de paz y prepare la introducción de una operación de paz.
El 30 de julio de 2004 el Consejo de Seguridad de la ONU, aprueba la
resolución 1556, por medio de la cual apoya el despliegue de una Misión de
observadores internacionales provista por la Unión Africana (UA). Además, insta a los
Estados miembros a que impidan la venta o suministro de cualquier tipo de
armamento, a todos las entidades no gubernamentales, que realicen actividades en la
región de Darfur.
El Consejo de Seguridad, aprueba la resolución 1564 el 18 de septiembre de
2004, actuando en virtud del Cáp. VI y VII de la Carta de las Naciones Unidas por la
cual insta a los Estados miembros que apoyen los esfuerzos realizados por la UA. Le
solicita al Gobierno de Sudan y a las fuerzas opositoras que cumplan con el acuerdo
de Cese al Fuego. Asimismo, aclara que esta misión está realizando una planificación
logística, para la futura llegada de una Misión de Paz.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, determinó al conflicto de
Sudan como una amenaza a la paz y seguridad internacional, en la resolución
1590 aprobada el 24 de marzo de 2005. En la misma, decide establecer la Misión de
las Naciones Unidas en Sudan (UNMIS). El mandato que se le encomendó es
meramente humanitario, a la vez que suplantaría a la hasta entonces establecida
Misión Política (UNAMIS). Se estableció que en un futuro reemplazaría a la Misión de
la UA, una vez que se haya firmado un acuerdo de paz. Hasta la actualidad, la Misión

1
Acuerdo de Paz entre el Gobierno de Sudan y El movimiento / ejercito de liberación Sudanes. Luego se
firman 5 protocolos más, basándose estos en el primero.

6
de la UA ha fracasado en sus intentos por poner fin a la violencia y ha debido enfrentar
graves problemas de financiamiento, por lo que el Secretario General de las Naciones
Unidas ha insistido reiteradamente y con ningún éxito en el traspaso de mandato a una
Misión de Establecimiento de la Paz de Naciones Unidas.
El 5 de Mayo de 2006 se firma en Abuja (Nigeria) un acuerdo parcial de paz
entre una facción del Movimiento y Ejército de Liberación del Sudán (ELS) y el
Gobierno de Sudán. Una vez más, el Secretario General ha insistido en que se realice
de manera definitiva el traspaso del mandato militar de la Misión de la UA a una Misión
de Naciones Unidas. Sin embargo, el Gobierno de Sudán se ha opuesto a este
reemplazo, amenazando abandonar la UA si éste se llevara a cabo.
El 16 de mayo de 2006, el Consejo de Seguridad toma en cuenta las
recomendaciones del Secretario General y, a través de la Resolución 1679 pide que
se tomen medidas concretas para que se lleve a cabo el traspaso. Sin embargo, el
presidente del Gobierno de Unidad Nacional ha rechazado sistemáticamente esta
posibilidad, negándose a que su país sea “recolonizado” por fuerzas internacionales.
Mientras tanto, el conflicto sigue produciendo muertes en la población civil de
Darfur y la Misión de la UA sigue mostrándose incapaz de impedirlas, por lo que el
Consejo de Seguridad sólo se ha remitido a pedir a los Estados apoyo a esta misión.
La violación sistemática de los Derechos Humanos en Sudán, calificada por
Estados Unidos como un “genocidio”, ha hecho que el Consejo de Seguridad aprobara
la Resolución 1593 en marzo de 2005, por la cual decide remitir la situación de Darfur
desde el 1º de julio de 2002 al Fiscal de la Corte Penal Internacional para que
investigue a los responsables de delitos contra la humanidad.

La situación actual

7
En Agosto de 2006, el Consejo de Seguridad aprueba una la Resolución 1706
para expandir la Misión de Naciones Unidas en Sudán (UNMIS) y poder incluir a la
región de Darfur, actuando bajo Capítulo VII de la Carta.
Entre otras cosas, se establecía el refuerzo de tropas hasta 17.300 soldados,
formando parte de una de las mayores fuerzas de paz. Se ocuparían, sobre todo, de
monitorear y asistir al acuerdo firmado en Mayo de 2006. Además, debían conseguir
organizar las elecciones, el proceso de DDR, la asistencia humanitaria, la protección
de los refugiados, etc. El Gobierno sudanés se opuso fervientemente a esta
Resolución y la ONU no logró la autoridad legítima para expandir la Misión. La
Resolución 1706 quedó sin efecto alguno.
El 31 de Julio de 2007 se adoptó la Resolución 1769 del Consejo de
Seguridad, creando por primera vez en la historia, una Misión Híbrida entre la ONU y
la UA (UNAMID - Misión de Naciones Unidas y la Unión Africana en Darfur) por un
período de 12 meses. La resolución establece la creación de un contingente de 26.000
soldados que tratará de establecer la paz en Darfur y reemplazará a los 7.000
miembros de la Misión de la Unión Africana en Sudán.
Hasta el momento, la situación de Darfur continúa inestable, a pesar de los
“acuerdos de paz” entre las partes, la Resolución 1769, del intenso interés del
Secretario General y de las concesiones del Gobierno Sudanés. La principal inquietud
es saber si la ONU y más específicamente el Consejo de Seguridad podrán obrar en

8
función del Preámbulo de la Carta de la ONU y lograr cumplir con el compromiso y la
“responsabilidad de proteger” asumido por los Estados en la Cumbre del 2005.
La comunidad internacional ha documentado el desastre humanitario y los
crímenes atroces que ocurrieron y continúan ocurriendo en Darfur.
El Secretario General advirtió que la Operación Mixta de la Unión Africana y las
Naciones Unidas (UNAMID) no podrá cumplir eficazmente con su mandato o satisfacer
las expectativas de la población civil de Darfur con los escasos recursos disponibles
en la zona. En un informe al Consejo de Seguridad, Ban Ki-moon se refirió a los
últimos acontecimientos relativos al despliegue de UNAMID y destacó que aún no se
han conseguido aportaciones de unidades de aviación y de transporte.
Por otra parte, dijo que la situación en Chad y el deterioro de las relaciones
entre este país y Sudán son motivo de preocupación. Condenó los ataques
transfronterizos y llamó a ambos países a que respeten la soberanía de sus
respectivos territorios y apliquen los acuerdos de no agresión vigentes.
Han pasado cuatro años desde la primera reunión del Consejo de Seguridad
sobre Darfur, y la situación sigue siendo grave o peor, según el Secretario General de
la ONU. En un comunicado, Ban Ki-moon indicó que la violencia contra la población
civil, incluidas las mujeres y niñas, continúa de manera alarmante sin que se vislumbre
un fin. “Como resultado de los ataques continuos por las fuerzas armadas y otros
grupos, más de 100.000 civiles se vieron forzados a huir de la violencia en 2008, a un
ritmo de 1.000 personas por día”, especificó el líder de la ONU. Ban Ki-moon alertó
que el conflicto también pone en peligro la estabilidad de la región.
. En la actualidad se encuentran más de 20.000 voluntarios colaborando para
intentar cambiar la situación de la crisis humanitaria más importante del mundo, pero
no es suficiente. Como bien dijo Ban Ki-moon, “la crisis de Darfur sólo se podrá
resolver mediante negociaciones políticas y un acuerdo de paz amplio e incluyente”.
Los últimos informes del Secretario General indican que la situación en Sudán sigue
empeorando, sobre todo para los civiles inocentes que se ven involucrados en las
luchas entre grupos armados
La Resolución 1812, del 30 de abril del 2008 emitida por el Consejo de
Seguridad, prorrogo el mandato de la UNMIS hasta el 30 de abril del 2009, con la
intención de continuar su labor en tierra sudanesa y pide a la Secretaría General que
se eleven informes cada 3 meses acerca de la aplicación del Acuerdo de Paz y sobre
el respeto a la cesación del fuego.
Igualmente, 31 de julio de este año la Resolución 1828, extendió el mandato
de la UNAMID hasta el 31 de julio del 2009, debido a la importancia de la labor que
esta siendo llevanda a cabo. Esta resolución estableció de suma importancia que el

9
Secretario General eleve informes acerca de la situación de la seguridad y de las
cuestiones humanitarias en Sudán.
Actualmente, la UNAMID se encuentra ante una encrucijada, entre la
necesidad de movilizar recursos para las labores de despliegue y asegurar que se
adopten y mantener medidas que garanticen la seguridad del personal de Naciones
Unidas y sus colaboradores. El aumento considerable de violencia pone en riesgos la
permanencia de los voluntarios en Darfur, ya que, según el informe del 18 de agosto
del 2008 del Secretario General, durante los últimos meses han venido ocurriendo una
serie de ataques mortíferos contra el personal de la Misión, que ponen en peligro la
continuidad de su labor. El gobierno sudanés ha reiterado su voluntad de seguir
cooperando con la UNAMID y la UNMIS. Sin embargo, el Consejo de Seguridad ha
tenido que tomar resoluciones entre las cuales se encuentran la reubicación del
personal a otras zonas y elevar la clasificación del entorno de seguridad de Darfur.
La situación internacional va decayendo. Sudán ha cortado relaciones
diplomáticas con su vecino fronterizo Chad, destino hacia el cual se dirigen la mayoría
de los refugiados sudaneses. A pesar de haberse celebrado en marzo del 2008, el
Acuerdo de Dakar entre ambas partes. Mediante este se comprometían ha normalizar
las relaciones entre ambos países, a condenar de ilegales las actividades de los
grupos armados y a reestablecer la paz en la región.
Las miradas de la comunidad internacional notan con preocupación el hecho de
que la violencia no sólo es ejercida por las facciones rebeldes y los grupos armados,
sino también por agentes estatales. Lo que dificulta aún más la toma de decisiones
viables para la resolución de este conflicto.
La misión del Consejo de Seguridad a Sudán de mayo del 2008, instó al Gobierno de
Sudán a respetar plenamente los derechos humanos, incluso al enfrentar a presuntos
rebeldes. Durante esta misión, Omar Al-Bashir expresó que esperaba contar con la
ayuda de la Comunidad Internacional para lograr el desarme de los grupos armados,
ya que estableció que los verdaderos obstáculos para la solución de la crisis de Darfur
eran creados por los movimientos rebeldes.
Esta misión del Consejo de Seguridad estableció la importancia de seguir fomentando
el cumplimiento del Acuerdo de Paz, mejorando las cuestiones de seguridad de este.
La labor de los dirigentes y miembros de la Unión Africana se ha convertido
imprescindible en cuestiones referidas al conflicto en Darfur. La UA ha pedido la
colaboración del Consejo de Seguridad para el fortalecimiento de la organización para
poder responder más eficientemente a los conflictos de la región en nombre de

10
Naciones Unidas.

Como estableció el Secretario General, Ban Ki-moon en sus últimos informes


sobre la cuestión “La continuación de las hostilidades sólo servirá para prolongar el
sufrimiento de civiles inocentes que han dejado claro en numerosas ocasiones su
deseo de regresar a sus hogares en un clima de seguridad, con la certeza de que su
futuro esta protegido por acuerdos de paz creíbles”. Igualmente, hizo un llamado a la
comunidad internacional a tomar responsabilidad para llegar a un acuerdo respecto a
lo importantes que son la paz y la justicia a la hora de atender las necesidades del
pueblo de Darfur. Finalmente, instó a los Estados miembros de Naciones Unidas a no
escatimar esfuerzos para lograr un modo de avanzar hacia una solución pacifica y
politica para Darfur.

11