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Carta 10: A su sobrino Justo Perroud ciudadela.

Que Emma reciba también en esta carta la


seguridad de mi cariñoso afecto. Y tú, mi querido
Compra de una vaca. Devoción y confianza en la sobrino, la de la amistad más sincera y la perfecta
Virgen del matrimonio Perroud; pide sus oraciones por la consideración de la que tiene el honor de ser vuestra
conservación de Fourviére. Un milagro de la Virgen en tía que os quiere,
El Puy con la medalla milagrosa.
María Ignacio
(Fourviére, 2 de abril de 1835).
Señor Perroud Mayet en su casa Villefranche
Mi querido sobrino: Recurro de nuevo a tu departamento del Ródano
amabilidad. Estoy tan contenta de las dos vacas que
me compraste, que te pido por favor que me envíes
otra, pero querría que fuera de leche reciente; las dos CARTA Nº 10: Anotaciones
que tenemos van a tener terneritos a fines de mayo, y
cada día dan menos leche. Así pues, mi querido Carta debida a una cuestión práctica: la compra de una
sobrino, te ruego que si sabes de alguna buena, me la vaca. Como hemos visto antes, la Madre había organizado
envíes lo antes posible; me harás un gran favor puesto pronto una vaquería en la gran extensión de los terrenos de
que no puedo conseguir toda la cantidad de leche que la Angélica. En las primitivas Reglas, las de la Madre
necesito; como habitualmente no se la compramos, Fundadora, entre las de los empleos particulares de las
los lecheros no pueden dejar a sus parroquianos para Religiosas, encontramos la « de la Vaquera »; aunque la
mayor parte la forman detalles prácticos, tiene también su
servirme a mí.
matiz espiritual: « ... bendecirá al Señor en su corazón por
Espero que nuestra querida Emma se encuentre bien, la parte que le ha designado la obediencia, y con los ojos
lo mismo que vuestra linda hijita a la que todavía no de la fe verá el establo de Belén en el establo del que está
tengo el gusto de conocer. Me dicen que en Pascua encargada; es para ella, si ella lo quiere, el medio para
tendremos la alegría de veros; que vais a venir a llegar a la más alta perfección ».
presentar a la Sma. Virgen a vuestra querida hija, y a El poner a los recién nacidos bajo la protección de la
ponerla bajo su especial protección; la Virgen María Virgen era una costumbre que valoraba en mucho la
aceptará sin duda las peticiones que en favor de su Madre San Ignacio. Recordemos cómo ella lo hizo en
hija le hacen unos padres tan fieles servidores suyos y seguida con su ahijado, Claudio, acto al que éste atribuyó
las gracias especiales que recibió de María Santísima.
que ponen en Ella toda su confianza. Ayer recibí
La medalla a la que Claudina se refiere, ha de ser
una carta de la diócesis del Puy en la que me seguramente la Medalla Milagrosa. Esta devoción, desde
cuentan dos milagros obtenidos por la intercesión de que la Virgen se había aparecido a Santa Catalina Lobouré
María Inmaculada: un joven se encontraba en sus en 1833, se había extendido rápidamente; y en Lyon,
últimos momentos; con toda prisa haílan ido a concretamente, cuando la revuelta del mes de abril de 1834
buscar a la parroquia a un sacerdote para que le (mes de abril al que se refiere la Madre en esta carta),
administrara los últimos sacramentos, y a llamar al Paulina María Jaricot y una viuda piadosa habrían
médico para que le prestara sus socorros. Una persona sembrado estas medallas por donde debían pasar las tropas
que estaba a la cabecera del enfermo, viendo que todo (ver en la Historia de la Congregación, Positio pp. 690-
lo que hacía no la aliviaba lo más mínimo, y pensando 691) y se habían obrado grandes milagros de conversión y
que iba a expirar de un momento a otro, le puso en el reconciliación.
cuello una de estas medallas nuevas de María
Inmaculada, que acaban de acuñar en abril, y le
hizo rezar el Acordaos. Al acabar esta oración, el
enfermo gritó: « estoy curado »; se levantó y él
mismo fue a la parroquia a notificar al Sr. Cura lo
ocurrido. Cuando llegó el médico, lo invitaron a
comer con el enfermo. Ojalá que todos estos milagros
de la misericordia divina aviven le fe y conviertan a
los incrédulos.
Poco a poco volvemos a recomenzar las repa-
raciones. Estamos siempre entre el temor y la
esperanza. Yo confío solamente en las oraciones de
los fieles devotos de María que le piden que no
permita que se apoderen de su augusto santuario.
¡Qué calamidad tan grande si hiciesen de nuestra
santa montaña una plaza fuerte! Por favor os lo ruego,
querido sobrino, unid vuestras fervientes plegarias a
las de tantas almas santas que suplican a la Virgen
María que no permita que su culto tan venerado y su
iglesia tan frecuentada se transformen en una