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El Consejo Directivo

de la Academia Nacional de Medicina de Uruguay


ante el debate actual sobre eutanasia.
La práctica legal de la eutanasia ha suscitado un profundo debate, dado que se
trata de un tema íntimamente vinculado a principios y concepciones sobre el
valor de la vida humana y la dignidad de las personas que enfrentan la muerte.
Las acciones al final de la vida y la decisión de autorizar la eutanasia son
competencia de la sociedad entera, tomadas a través de sus procesos
democráticos.

En ese sentido, la Academia, recogiendo la pluralidad de opiniones en su seno,


ratifica su confianza en la capacidad de nuestra sociedad para tomar una
decisión, y dado que los médicos se verán necesariamente involucrados, es
responsable de referirse a sus cometidos estatutarios específicos, destinados a
dar opinión acerca de los problemas médicos relacionados con el fomento de
la ética y dignidad profesional.

Los integrantes de la Academia unánimemente sostienen que:

 Es un principio de la medicina y un deber del médico proporcionar alivio


del sufrimiento y acompañar al paciente en la etapa final de su vida.

 Es necesario impulsar el desarrollo pleno de los cuidados paliativos, para


lo cual la ley parcialmente aprobada, si asegurara su extensión y
accesibilidad a todo el territorio nacional y asignara los recursos
correspondientes para su implementación, será una valiosa contribución.
La eutanasia no debe ser en ningún caso una vía para sortear la ausencia
de cuidados paliativos.

 En el caso de aprobación de una ley que autorice la eutanasia, se deberá


documentar en forma fehaciente la voluntad personal e intransferible del
paciente e implementar un sistema de registro con el fin de garantizar la
calidad de los procedimientos y el análisis de datos epidemiológicos
relevantes.

La Academia reconoce al mismo tiempo, la existencia en su seno de dos opiniones


al respecto de la realización de la eutanasia, debido a la gran complejidad del tema
y a que existen entre sus integrantes diversas interpretaciones sobre los principios
de la práctica médica, que no hemos querido zanjar simplemente con una votación.
 Una postura sostiene que es un derecho de toda persona poder llegar al fin
de su vida con conciencia, confort y dignidad. Ello implica evitar que la
muerte no sea, ni acelerada intencionalmente por el médico, ni retrasada
por el empleo irracional e ineficiente de tratamientos desproporcionados.
Implica, igualmente, garantizar que cada paciente tenga el derecho a
rechazar ciertos tratamientos a los que considera incapaces para revertir el
proceso de enfermedad terminal que padece, a escoger dónde morir, a
elegir quienes lo acompañarán en sus etapas finales, y a contar siempre con
la adecuada y eficaz paliación de los dolores físicos, emocionales y
espirituales. Compete al médico ayudar a aliviar los sufrimientos de los
enfermos, pero considera totalmente contrario a la ética médica que se
utilicen drogas letales con la intención de terminar en forma activa y
directa con la vida de pacientes, aún si estos lo piden porque deseen poner
fin a su propia vida. En concordancia con lo defendido sistemáticamente
por la tradición bimilenaria de la ética médica, sustentada firmemente
hasta la actualidad por la Asociación Médica Mundial en su declaración
de 2022, esta tesis se opone a que una ley establezca que la eutanasia activa
y directa a petición del enfermo, sea considerada un acto médico que deba
ser llevado a cabo por los médicos, en virtud de su oficio.

 La otra opinión fundamenta que el proceso de eutanasia se origina en la


solicitud de un paciente que, estando en una condición de salud incurable e
irreversible que le provoca un sufrimiento percibido como intolerable,
ejerce su derecho personal e inalienable a decidir el momento y la forma en
que desea que ocurra el fin de su vida. Solicita para ello ayuda al equipo
médico, dado que éste dispone de los conocimientos y herramientas
necesarias. Al recibir este pedido de ayuda, el médico puede o no acceder
al mismo, pudiendo negarse si existe una objeción de conciencia.
En caso de aceptar, comprobará que se cumplen los requisitos legales y en
especial que se trata de una persona apta, aquejada por un sufrimiento
intolerable e irreversible que afecta el sentido de su vida, dignidad e
identidad. Realizará las evaluaciones e interconsultas pertinentes y
comprobará que se le han ofrecido cuidados paliativos y que a pesar de ello
persiste en su decisión. El médico se guiará por los principios de
beneficencia, no maleficencia y respeto a la autonomía del paciente. Por lo
tanto, su respuesta afirmativa significa un acto de profunda empatía y
compasión con el sufrimiento del paciente y el pleno respeto del sentido
que el paciente da a su vida y la forma en que decide hacer frente a su
muerte, de acuerdo a los valores y convicciones que le son propios.
La Academia Nacional de Medicina ha estudiado, reflexionado y discutido este
tema extensa y profundamente. Los miembros de nuestra Comisión de Bioética
han expresado su opinión a requerimiento de la Comisión de Salud de la
Cámara de Representantes. Espera que los conceptos provenientes de la
experiencia clínica y de la reflexión sobre los aspectos bioéticos del tema, sean
útiles para que nuestra sociedad tome decisiones fundamentadas en principios
altruistas, teniendo en cuenta la experiencia internacional y evaluando
integralmente las posibles consecuencias de nuevas normas legales sobre el
final de la vida. La Academia seguirá con atención el proceso legislativo y el
contenido del proyecto de ley.

Consejo Directivo
de la Academia Nacional de Medicina de Uruguay
21 de noviembre de 2022