8 | tiempo argentino | argentina | año 2 | n·427 | miércoles 20 de julio de 2011

luego del desalojo, continúa el drama de “la veredita”

La política de Macri recrudeció la emergencia habitacional porteña
A la persecución de la gente en situación de calle, se suma una propuesta de hogares deteriorados, paradores que dividen a las familias y subsidios que no alcanzan. El detonante fue la muerte de un bebé en un hogar de tránsito.
Carlos Romero cromero@tiempoargentino.com.ar Equipo de investigación
maximiliano luna

E

n los últimos días, la gestión de Mauricio Macri volvió a mostrar la desidia y el fracaso de su política hacia los sectores más vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires. El detonante fue la muerte de un bebé de un año y medio, Benjamín César Santino Paja, al incendiarse el miércoles de la semana pasada un edificio que el gobierno porteño administraba en La Boca. En ese supuesto “hogar de tránsito”, hacía una década que 120 personas vivían hacinadas y en extrema precariedad. El episodio reveló la lógica con que el macrismo decidió tratar la emergencia habitacional en la Capital Federal: oponiendo “la defensa del espacio público” a los derechos de quienes están en situación de calle; hombres, mujeres y niños que luego de los desalojos vuelven quedar sin techo o terminan invisibilizados en hogares como el de La Boca y paradores que, por su criterio de admisión, llevan al desmembramiento de la familia. Y como solución económica, se les ofrecen subsidios y créditos hipotecarios a los que, paradójicamente, casi nunca están en condiciones de acceder. La muerte de Benjamín ocurrió a poco más de un mes del desalojo del asentamiento La Veredita, en Villa Soldati. Tras la destrucción de sus viviendas, las 200 familias que fueron corridas por las topadoras de Macri y su ministra de Desarrollo Social, María Eugenia Vidal, volvieron a quedar libradas a su suerte. Este diario pudo confirmar que ya no se encuentran en ninguno de los techos transitorios que ofrece la Ciudad. Después de entregarles una primera cuota que va de $ 700 a $ 1200 de subsidio, el gobierno se desentendió del asunto. Así lo confirmaron a Tiempo Argentino Lisandro Teszkiewicz, de la

Dolor - Ricardo Tolosa, un bebé de solo tres meses, murió por las condiciones infrahumanas que padecen los habitantes de La Veredita.

El gobierno de Macri ofrece como solución subsidios y créditos a los que casi nadie puede acceder.
ONG Abogados por la Justicia Social (AJUS), que representó a parte de los desalojados, y Gustavo Moreno, asesor tutelar ante la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad. “Muchos no van a cobrar las otras cuotas, porque, por ejemplo, se exige presentar un recibo de alquiler válido AFIP: si vos conseguís por esa plata que te alquilen una pieza con un recibo válido AFIP, yo te levanto un

monumento”, ironizó Teszkiewicz. En el mismo sentido, Moreno agregó que “Macri viene incumpliendo todas las medidas cautelares que dictó la justicia” en relación a la entrega de los subsidios, ya que dos magistrados habían dictado que se realizara en un único pago de $ 7200. Por otra parte, en las cuadras que se conservan de La Veredita siguen viviendo en condiciones paupérrimas unas 370 familias, incluidos 1300 chicos, según el cálculo de los propios habitantes. Después del desalojo de sus vecinos, les cortaron la luz, y las ambulancias y camiones de basura dejaron de ingresar. Claudia Carabajal es tucumana y llegó hace un año y medio al asentamiento. Después de pasar por la Villa Cartón, hoy aguarda por un departamento que le prometió el gobierno. “En abril salió la primera tanda y sigo esperando”, contó. Su techo lo comparte con 20 personas más. Tiene gatos para espantar a las ratas y el inodoro es un tacho que trata de mantener limpio con lavandina y agua. Claudia sale a cartonear tres veces por semana en la zona de Flores. “La única ayuda que tengo es la tarjeta Ciudadanía Porteña, que da $ 150 para comprar mercadería por mes. Las asistentes sociales saben nuestras necesidades, pero no hacen nada”, se lamentó. Al lado de su casilla hay otra igual de precaria. Ahí viven hacinadas 15 personas que el viernes pasado no paraban de llorar. Era el dolor por la muerte de Ricardo Tolosa, un be-

bé de apenas tres meses que había fallecido el día anterior. Era el hijo de Daniel y Analía, de 20 y 19 años, respectivamente, que atribuyeron la muerte de Ricardo a las condiciones de vida infrahumanas a las que están sometidos. Desconsolada, Analía relató que “el bebé había nacido con problemitas de bronquios. Fue al hospital, estuvo internado 20 días, le dieron el alta y lo trajeron para acá. Pero con el frío que hizo esos días la neumonía empeoró y falleció.” A pesar de estas condiciones tan difíciles, la mayoría de las personas en situación de calle evitan pisar los paradores de la Ciudad, que están bajo la órbita de Desarrollo Social. La principal razón es el desmembramiento que suponen

para las familias ya que, salvo uno, todos separan a los hombres de las mujeres y los niños. “No quieren ir a los paradores. Ya saben cómo es. Todos le tienen terror, porque te separan”, contó Norma Andía, que está a cargo de la asociación civil Colectividad Boliviana Unida 6 de Agosto, un comedor popular que abastece a varios de los habitantes humildes de la zona (ver recuadro). “Estar en esa situación sin tu familia, sin tus amigos, es lo peor que te puede pasar. Además, tienen que salir durante el día y volver a la noche, y con este frío, ¿adónde van a ir?”, se preguntó Andía. Para Mabel López Oliva, quien está a cargo de la Asesoría Tutelar Nº 1, “no se encuentra ninguna lógica

para desmembrar familias, salvo casos de extrema precariedad donde se provoque alguna situación de violencia”. La asesora tutelar, que se ocupa de controlar el funcionamiento de los paradores que reciben a niños y adolescentes, agregó que “incluso uno podría cuestionarlo desde el punto de vista de los tratados internacionales que velan por la convivencia familiar de los chicos”. Tiempo recorrió cinco de los paradores de la Ciudad. Uno de ellos está ubicado en el barrio de Retiro, sobre Gendarmería Nacional 522. Brinda asistencia a 160 personas por día y sólo aloja a hombres mayores, entre las 6 de la tarde y las 10 de la mañana. Cumplido ese plazo, deben abandonar el lugar. Por eso,

“La única forma es confiando en Dios”
Tiene 40 años y se llama Silvio César Benítez, pero todo el barrio lo conoce como “Willy”. Llegó a La Veredita en diciembre de 2010. Antes, trabajaba como obrero en el rubro de la construcción, hasta que perdió el trabajo y quedó en la calle. “Es muy difícil pasar de alquilar una casa a vivir acá. Los familiares que te daban una mano ya ni se te acercan”, contó Willy. Hace poco, discutió con un vecino. Peleaban por un pedazo de lona que cubría el techo de sus casillas y frenaba la lluvia. Por el entredicho, Willy recibió un balazo en el pecho. El disparo pasó por al lado del corazón y se estacionó a milímetros de la médula espinal. Hoy, tiene el 80% del cuerpo inmovilizado. “De Desarrollo Social vinieron una vez, me tomaron los datos y nunca volvieron. Los remedios salen más de $ 100 pesos, la ambulancia no llega y la única forma de ir al hospital para hacer la rehabilitación es en remise”, relató Willy, desde la cama. En su pequeña casilla de cartón, madera y telas, vive con su mujer y su bebé de un año. “Los días que hace frío esto es una heladera. Estamos a la deriva, yo estoy muy jodido. Necesitamos ayuda”, se lamentó Willy. Para entender de dónde obtiene fuerzas para seguir luchando, explicó que “la única forma es confiando en Dios”, y señalando a su hijo, agregó: “Tenemos que cuidar del eje de nuestra vida que es este bebé.”

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cada día, desde las 13 se puede ver a unas 100 personas haciendo fila para conseguir un cupo a las 18, cuando se abren las puertas. Igual situación se repite en el hogar Azucena Villaflor, para mamás con niños. Oleh Klymvshko, de 43 años, es un ucraniano que hace once años vive en Buenos Aires y habla perfecto castellano. En 2010, lo echaron de la fábrica en la que trabajaba, se quedó “sin nada” y empezó a vivir en plazas. “Desde Asistencia Social me dijeron que tenía que presentar un domicilio para cobrar un dinero mensual. ¿Pero qué voy a presentar? ¿El banco de Parque Lezama?”, se quejó Oleh, que ahora vive de parador en parador. “Me puedo bañar y tomar algo caliente, pero esto no es solución –admitió–. Lo que quiere la gente que está acá es trabajar. Cuando estás en la calle, todo es rechazo.” En ese sentido, López Oliva remarcó que “el parador es apenas un abrigo, pero nunca es una vivienda digna”. Para la asesora tutelar de menores, “los paradores tienen sentido en el marco de una política progresiva que tienda a generar precariedad habitacional cero o mínima, pero como no hay articulación entre las distintas áreas del gobierno, entonces la gente vuelve a la calle y termina siendo ‘cliente’ del sistema, porque esa cuestión estructural no se resuelve con un subsidio”. En mayo pasado, López Oliva presentó un amparo ante la justicia porteña por el pésimo estado edilicio y de funcionamiento del parador Costanera Sur, el único que recibe a familias completas y que fue inaugurado dos años atrás. Además de refacciones, exigió la elaboración de un protocolo que articulara con el resto de los ministerios y efectores de vivienda del gobierno. “Primero, hice el reclamo administrativo en varias oportunidades, incluso le mandé oficios a la ministra, pero no tuve respuesta”. El 24 de junio pasado, la jueza Andrea Danas ordenó que el Ejecutivo hiciera lugar a los pedidos y los concretara en diez días. “No cumplieron con los plazos y lo denuncié ante la jueza. Finalmente, algunas obras se hicieron pero otras están aún sin terminar”, explicó López Oliva. En cuanto a los subsidios que ofrece Desarrollo Social, además

“Estiramos el alimento”
Norma Andía está a cargo de la asociación civil Colectividad Boliviana Unida 6 de Agosto, en Ana María Janer 3180, entre Portales y Mariano Acosta. Desde allí, Andía maneja, junto a otras ocho mujeres, un comedor popular que abastece los estómagos de 556 personas todos los días. La mayoría de ellas, alrededor de 200, viven en La Veredita. Para esta tarea, el comedor recibe poca ayuda del gobierno porteño: unas 300 raciones al día. “Tratamos de estirar el alimento como un chicle, porque no nos alcanza. Vamos al Mercado Central y juntamos lo que tiran. Ahí lo reciclamos y algunos amigos que se acercan nos suman un poco más de comida. El gobierno nos manda diez paquetes de arroz por semana y nosotros necesitamos treinta”, relató Andía. También recibe un subsidio semestral de 10 mil pesos, que “se va en el pago de gas, luz y artículos de limpieza”. Cuando la comida no alcanza para todos, a veces las cocineras son víctimas de la circunstancia y resultan agredidas por los propios vecinos. “La necesidad mata. Es muy doloroso ver a los niños, chicas embarazadas y gente de la tercera edad viviendo en estas condiciones. Hay veces que los padres no comen durante todo el día para que los chicos puedan alimentarse”, concluyó. utiliza el IVC y que “todos se encuentran en condiciones de infraestructura deficitaria”. De esta forma, a pocos días del ballottage en la Ciudad, el macrismo vuelve a dejar en evidencia su fracaso en materia de emergencia habitacional. Claro que eso, desde cierto punto de vista, no puede considerarse síntoma de ineficiencia: tal vez se trate de una meditada decisión política. < Informe: Manuel Alfieri y wFernando Pittaro.

Espera - El parador del barrio de Retiro aloja sólo a hombres mayores desde las 18 hasta las 10 de la mañana.
maximiliano luna

La cifra

10

días es lo que las personas deberían permanecer en los paradores. Luego, el Estado tendría que ofrecerles una salida habitacional sustentable, algo que no sucede en la Ciudad.
Silvio Benítez - Vive en una casilla de cartón y maderas con su mujer y un bebé.

de las dificultades para mantenerse dentro del beneficio, el abogado Teszkiewicz explicó que de ser un dinero pensado para fortalecer los ingresos destinados a la vivienda –lo que muchas veces impedía un desalojo–, en 2008, con el decreto del 960, el macrismo lo redefinió como un subsidio para gente en situación de calle. “Es decir que ya no podés acceder si no estás desalojado”, resumió. Se estima que Desarrollo Social entrega una cantidad de 5000 subsidios por año, lo que supone un total de 20 mil “desalojados”, tomando como base una familia tipo de cuatro integrantes. “Pero la plata no alcanza, porque en tres años, con esta política, cada vez hay más gente con necesidad crónica de subsidio, que pasan a engrosar un stock”, señaló Teszkiewicz. Esto hizo que en agosto pasado la cartera que dirige

Vidal tuviera que cerrar sus puertas por 20 días, ya que se había quedado sin fondos que entregar. Otro tanto sucede con el dinero del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) para construir casas. Con el macrismo, el IVC devino en un or-

La mayoría de las personas en situación de calle evita ir a los paradores porque separan a las familias.
ganismo de crédito con parámetros casi iguales a los de un banco comercial, con la única diferencia que otorga cuotas bajas y una tasa blanda: hasta 165 mil pesos si se trata de un individuo y hasta 165 mil pesos por unidad a construir en el caso de una cooperativa. “Pero desde 2008

que no se inicia ninguna nueva obra por cooperativa y se paralizaron las que estaban en marcha. En distintos momentos, se fue frenando la liberación de los pagos, lo que impide que se continúe la construcción”, aseguró Teszkiewicz. El IVC tenía a su cargo el edificio incendiado donde murió Benjamín. Era parte de su programa de Rehabilitación La Boca, que incluye la remodelación de los conventillos del gobierno y la entrega de créditos para una solución habitacional definitiva. La legisladora de la Coalición Cívica Rocío Sánchez Andía informó que “la ejecución del primer trimestre de 2011 para ese programa fue sólo de 0,11% de los $145.375.000 que tiene asignado”, y que “en 2010 sólo se ejecutó el 5,19% del monto otorgado”. Sánchez Andía agregó que el edificio siniestrado era uno de los cinco hogares de tránsito que

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