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TEMA 2.

1. CERVANTES NOVELISTA
Cervantes encuentra en la prosa el instrumento idóneo para dar vida a su mundo literario, tan
complejo y rico. La narrativa cervantina, a excepción de “La Galatea” (su primera obra extensa, de
tono pastoril) es obra de madurez, sirve de colofón a una intensa dedicación a la vida literaria.

Cervantes maneja todos los géneros que están en boga en la época y aporta giros nuevos y todo
tipo de innovaciones.

Un hito esencial en la historia de la narrativa española, que sentará las bases de la novela realista
moderna, es la publicación de las “Novelas ejemplares” en 1613. Se introduce así el relato breve de
corte italiano que aún no había conocido en España un autor que supiera imprimirle un tono
personal y darle profundidad yendo más allá de la mera imitación o refundición. Dos de estas
novelas, “Rinconete y Cortadillo” y “El coloquio de los perros” se sitúan en un ambiente picaresco.
En sus “Novelas ejemplares” a diferencia, por ejemplo de las “Novelas a Marcia Leonarda” de
Lope, el narrador es testigo de un diálogo en el que cada personaje habla con voz propia, no es la
voz del autor la que sale de los personajes. Este es un elemento clave en la novela cervantina, la
libertad de sus personajes, que van integrando en su pensamiento y en su comportamiento las
posiciones de su oponente. A diferencia de lo que ocurre habitualmente en la novela picaresca,
donde hay un punto de vista único, en las novelas cervantinas los protagonistas suelen ir en pareja
y si aparece un solo protagonista, como en “El licenciado vidriera”, es el autor el que dialoga con él.

La trayectoria narrativa de Cervantes parece avanzar hacia el realismo; no obstante al final se


produce una involución en “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, cuya trama, al estilo de la
novela bizantina, está imbuida de idealismo neoplatónico y solo hace uso de la técnica realista en
algunos de los cuentos y novelas breves que aparecen adosados a la acción principal.

1.1. LA GALATEA

Sale a la luz pocos años después de su cautiverio en Alcalá de Henares, en 1585, cuando el autor es
ya un hombre maduro. Sobre cuándo fue escrita hay más dudas, aunque una carta fechada en
1582 en la que dice que está escribiendo la obra hace pensar que no es una novela tan juvenil
como se pensaba, porque además Cervantes estuvo toda su vida pensando en rematar la obra, por
lo tanto no pudo ser un tributo a una moda literaria del momento.

Consta de seis libros, escritos pensando el autor que escribía poesía y no narrativa, lo cual hace
comprender que la trama sea tan tenue que se ha llegado a pensar que es un simple pretexto para
engarzar los abundantes poemas. Por lo tanto, “La Galatea” no tiene mucho que ver con el
concepto de novela.

En torno al tema principal se apiñan numerosos relatos secundarios que en su mayoría narran
amores pueblerinos desde una perspectiva distinta a la estereotipada del mundo pastoril. Esta
diversidad de elementos aumenta la densidad de nuestra novela.

La acción comienza in media res con los lamentos del pastor Elicio porque el viejo Aurelio, padre
de Galatea, la ha prometido en matrimonio a un pastor lusitano, Erastro, cuya llegada está al caer.
Galatea, que es una hija modélica, vacila entre cumplir la voluntad de su padre o complacer a su
amador Elicio; al final opta por lo segundo. El pastor, dispuesto a evitar la boda, pide ayuda a sus
compañeros, que acuden masivamente a su llamamiento. El ideal que los impulsa es puramente
platónico: evitar que las riberas del Tajo se vean privadas de la belleza de Galatea. La primera parte
acaba así, en suspenso y Cervantes se pasó la vida anunciando una segunda parte que nunca llegó.

La crítica ha buscado qué personajes reales podrían estar detrás de los pastores de la obra, por
ejemplo, Meliso es Diego Hurtado de Mendoza. Incluso algunos han visto al propio Cervantes
como Lauso o a su mujer como Galatea, aunque no queda claro.

Para Cervantes la novela pastoril representa el plano ideal frente a la cruda realidad (ambos
aparecen muy bien mezclados en el “Quijote”). Ynduráin señala la proyección que algunos motivos
de “La Galatea” tienen en la obra posterior, especialmente en el “Quijote”. Lo que viene a incidir en
la idea de que el mundo pastoril fue para el autor algo más que una moda pasajera.

La filosofía de “La Galatea” está dominada por el neoplatonismo de los “Diálogos de amor” de
León Hebreo e influida por las dos “Dianas” de Montemayor y Gil Polo, pero no tanto por “La
Arcadia” de Sannazaro como algunos han sugerido.

Es importante señalar la importancia de la novela pastoril como elemento que propicia el


nacimiento de la novela moderna, gracias a su preocupación, aún dentro de un mundo ficticio e
irreal, por la introspección psicológica.

En general la valoración de “La Galatea” por la crítica ha sido negativa, echándole en cara el mundo
artificioso propio del género. Los valores de esta novela habría que buscarlos en rasgos aislados de
su estilo y en algún que otro poema de cierto valor literario. Su importancia mayor estriba, como
ya se ha dicho, en contener el embrión de muchos de los motivos que aparecen de nuevo en otras
obras más logradas de Cervantes.

1.2. Las “NOVELAS EJEMPLARES”

1.2.1. Rasgos generales y clasificación

Se publicaron en 1613 aunque sabemos que algunas están escritas mucho antes, por ejemplo, en
el “Quijote” (1605) se cita a “Rinconete y Cortadillo” como obra ya escrita.

Se ha tratado a menudo el presunto carácter ejemplar de las novelas, por su prólogo, Cervantes
debía pensar que sí lo eran, pues dice que de todas se puede “sacar algún ejemplo provechoso”,
pero no todos sus contemporáneos pensaban lo mismo, lo que ocurre en algunos casos es que se
entiende ejemplar como moral y no tiene por qué ser así, ejemplar debe entenderse como
enseñanza para la vida, independientemente de la mayor o menor moralidad de esta.

Cervantes, y fue consciente de ello, fue el primero que de forma regular y creativa adapta la novela
italiana conformando una colección de novelas, la mayor parte de ellas con ambientes y
personajes nacionales. Hasta entonces las narraciones breves o habían sido intentos en solitario o
bien se trataba de colecciones basadas en los novellieri italianos o los cuentos tradicionales.
Después de él los novelistas se multiplicarán (María de Zayas, Céspedes y Meneses, Pérez de
Montalbán…).

Se ha intentado hacer una clasificación de las novelas, que se debe basar en el tema y el estilo,
pues la cronología de composición ha sido imposible descifrarla.
Una primera distinción clara es entre las novelas idealizantes y las de corte realista. Las diferencias
de calidad son enormes. Frente al mundo denso y vivo que nos ofrecen aquellas situadas en un
ambiente real, conocido por el autor, muy poco pueden hacer las estereotipadas historias
bizantinas de viajes, naufragios, separaciones y anagnórisis, que se someten a convenciones de
escasa movilidad (Azorín pensaba lo contrario).

Valbuena distingue tres grupos:

a) Novelas idealizantes: al estilo italiano, que son las más flojas en su concepción y desarrollo
(“El amante liberal”, “La española inglesa”, “La fuerza de la sangre”, “Las dos doncellas” y
“La señora Cornelia”).

b) Novelas ideorrealistas: en las que el proceso idealizador toma como punto de partida la
realidad, no la convención literaria. Aquí pueden distinguirse dos clases: las que basan su
trama en la anagnórisis final (“La gitanilla” y “La ilustre fregona”), y las que se inspiran en
motivos folclóricos y está próximas al cuento boccacciesco (“El celoso extremeño” y “El
casamiento engañoso”).

c) Novelas realistas: constituyen un magistral cuadro de costumbres con sus ribetes de sátira
e ironía. Su calidad es muy superior (“Rinconete y Cortadillo”, “El coloquio de los perros”,
“El licenciado Vidriera”).

Amezúa distingue los grupos (las “épocas”) según la calidad y el estilo:

a) Muy influida por Italia: lo esencial no es el análisis psicológico sino la acumulación de


sucesos y peripecias que enredan la trama para desembocar en un final predecible (“El
amante liberal”, “La señora Cornelia”, “Las dos doncellas”).

b) Etapa intermedia en la que se va introduciendo la introspección psicológica y el análisis de


las relaciones del individuo con el medio en que vive (“La gitanilla”, “La española inglesa”,
“La fuerza de la sangre”, “El celoso extremeño”, “La ilustre fregona”, “El casamiento
engañoso”).

c) Análisis implacable de la vida social a través de cuadros tomadas de la realidad más


inmediata. Es aquí cuando Cervantes alcanza sus momentos más afortunados (“Rinconete
y Cortadillo”, “El coloquio de los perros”, “El licenciado Vidriera”).

Algunos críticos han querido descubrir también los motivos por los que Cervantes le dio el orden
que tienen sus “Novelas”. Según el propio autor, el motivo no fue más que el intento de crear una
colección amena y variada.

1.2.2. Novelas idealistas

Las menos interesantes y las más estereotipadas. Sus protagonistas aparecen adornados con todas
las gracias imaginables, son planos. Transcurren a veces fuera de España y siguen fielmente la
técnica italiana. La peripecia están tan excesivamente desarrollada que cae en lo inverosímil.

“El amante liberal” es la pero de la serie, lo que ha llevado a pensar que fue la primera que
escribió. Solo Azorín y unos pocos más vieron cierto valor en ella. Es la historia de un cautiverio en
poder de los turcos y del triunfo del amor sobre todas las adversidades. Inverosimilitud y excesiva
exaltación son sus dos grandes fallos.

“La señora Cornelia” es una típica novela de aventuras sin ningún compromiso.

En “Las dos doncellas” de nuevo se pierde la verosimilitud y Cervantes nos ofrece una serie de
lances que acaban con final feliz. Es la más italianizante de la colección.

“La española inglesa” recoge algunos recuerdos personales del autor relacionados, sobre todo, con
su vida de cautiverio (el protagonista es apresado en Argel y libertado por los mercedarios). La
realidad inglesa se describe con simpatía, pues es un momento en el que las relaciones políticas
entre España e Inglaterra son buenas. También se advierte un anhelo de unificación católica.

“La fuerza de la sangre” es una novela muy breve en la que, de nuevo, aparece (como en “Las dos
doncellas” y en otras) el tema del amor mancillado y la reparación final. La ciudad que enmarca la
acción es Toledo, bien conocida por Cervantes y absolutamente real y próxima, pero los sucesos
son totalmente novelescos.

1.2.3. Novelas ideorrealistas.

Aunque algunas de ellas (“La ilustre fregona” o “La gitanilla”) se desarrollan en ambientes aptos
para la plasmación de la realidad social de su tiempo (un mesón toledano o una tribu de gitanos)
se mueven aún en un mundo idealizado de bellezas sin par y honestidades inquebrantables, que
luego resultan ser hijas de algún personaje. Este grupo goza de una trama bien desarrollada, una
peripecia compleja, a la italiana, pero nacionalizada, y una cierta dosis de observación de la
realidad. La mejor es, con bastante, “El celoso extremeño”, en la que combina muy bien la gracia
del cuento boccacciesco nacionalizado y la aguda observación de caracteres y personajes.

“La gitanilla” es de las más populares y quizá fue de las últimas en escribirse (desarrollo perfecto y
algunas referencias históricas). El argumento (Don Juan se enamora de una gitana y la acompaña
con su tribu bajo una identidad falsa, la de Andrés, hasta que se descubre que Andrés es Don Juan
y que la gitana es hija de un corregidor) es más o menos realista al principio pero en seguida pasa a
ser una descripción pintoresca y optimista de la vida gitana con una exaltación excesiva
(idealización de la realidad, paso intermedio entre el realismo y la idealización). Ya se detecta la
ironía cervantina en este relato.

“La ilustre fregona” es de nuevo una historia de idealización con anagnórisis y casamiento final. Lo
más destacable es la plasmación de las costumbres toledanas y del mesón en el que tiene lugar.

“El casamiento engañoso” sirve de prólogo a “El coloquio de los perros”, pues su protagonista,
Campuzano, es el testigo del coloquio. Es muy breve y gracioso y está perfectamente desarrollado.

“El celoso extremeño” es, junto a “El casamiento engañoso”, la mejor de las novelas ideorrealistas
(algunos la consideran la mejor incluso de todo el conjunto). Se basa en el motivo folclórico del
matrimonio desigual entre un viejo y una moza joven y lozana. El mismo asunto es tratado en el
entremés de Cervantes, “El viejo celoso”, pero este ve el problema desde una perspectiva
absolutamente grotesca, mientras que en la novela el tono es más serio y respetuoso con el viejo
burlado. Aquí la caracterización psicológica de los personajes (también de algunos personajes
secundarios, no solo de los principales) ya es profunda pese a que la anécdota es graciosa e irreal.
1.2.4. Novelas realistas

El grupo se podría caracterizar como de novelas de “denuncia social”. El argumento no tiene gran
relieve, contra lo que ocurría en las anteriores. Las tres novelas son una acusación a la sociedad
contemporánea que tiene plena validez en otros tiempos y lugares. La descripción de lo que rodea
al autor no se pone al servicio de las aventuras, más o menos fantásticas, de los protagonistas, sino
que se aprovecha para mostrar los comportamientos, contra natura y contra la razón, de los
hombres. La ironía, algo amarga, se deja sentir en estas muestras del mundo al revés, el mundo
absurdo donde los ladrones están protegidos por la justicia, las verdades son apreciadas si
aparecen en boca de un loco y los pastores matan al ganado y no a los lobos.

“Rinconete y Cortadillo” es una de la que ha recibido mayores elogios. Está en el manuscrito del
licenciado Porras (que contiene varias de estas novelas) fechada en 1569, pero parece que se
equivocó y que en realidad la fecha original sería 1589 (en 1587 fija Cervantes su residencia en
Sevilla, donde transcurre la novela). Con respecto a la fecha de composición, se acepta que es
posterior a la primera parte del “Quijote” porque viene citada en él. A veces se la ha considerado
picaresca y son picarescos los personajes y el ambiente, pero no la estructura, ya que está narrada
en tercera persona. Además, en Cervantes el enfoque no es unilateral e inamovible como en la
picaresca, sino que los personajes hablan con voz propia y sufren un proceso dialéctico. La obra no
tiene progresión lineal, es una sucesión de cuadros, en los que se describe magníficamente el
hampa sevillana (Rincón y Cortado entran en una cofradía de ladrones en Sevilla dirigida por el
señor Monipodio). El cuadro, pese a su animación y humorismo, no puede ser más desolador: los
ministros de la justicia están conchabados con los ladrones que, para mayor ironía, son
devotísimos de cuantas imágenes existen en la ciudad. Cervantes critica duramente la situación
social sin que la obra pierda colorido y animación. Todo esto lo hace sin perderse en moralidades
baratas.

“El coloquio de los perros” es una de las obras del periodo vallisoletano del autor. Transcribe la
conversación que Campuzano oye a los perros Cipión y Berganza en el hospital. Berganza cuenta
sus aventuras a Cipión, quien las comenta y lima los extremismos de su compañero, pues ha
llegado a conocer la vida humana de tantos dueños como ha tenido. Se trata de una serie de
cuadros satíricos que evocan, de nuevo, a la novela picaresca, aunque vuelve a haber muchas
diferencias: el elemento mágico, característico más bien de la sátira lucianesca, que permite el
diálogo de los perros, las puntualizaciones de Cipión, la bondad del perro… El tema de la novela
vuelve a ser el mundo al revés y mediante los perros parlantes, el autor critica a la sociedad del
momento aprovechándose de la ironía de que sea un perro quien critique actitudes humanas, que
a ojos del perro se comporta de manera absurda y contradice continuamente los principios
morales más elementales. El perro no comprende a qué juegan los humanos. El relato de la vida de
Berganza nos lleva a conocer una amplia serie de personajes y lugares, muchos de los cuales
coinciden con algunos de la vida del propio Cervantes.

“El licenciado Vidriera” es la historia de Tomás Rodaja que pierde la razón por un hechizo de amor
y cree estar hecho de vidrio. En su locura se dedica a decir la verdad a todos los que le preguntan,
con regocijo de todos pese a las amargas realidades que les presenta. Recuperada la razón, todo el
mundo le desprecia, y vuelve a la guerra (era estudiante y soldado). Su estructura es poco
compacta, pero el fondo es profundo, la sociedad condena al ostracismo al protagonista cuando
recupera la cordura, pues oír la verdad de boca de un cuerdo no es admitido igual que si viene de
los labios de un loco. La locura y el fracaso de Rodaja preludian a los de don Quijote. De nuevo, es
una novela del mundo al revés.

“La tía fingida” ha sido atribuida a Cervantes, aunque hay dudas. La caracterización de los
personajes y el estilo son cervantinos.

1.3. “LOS TRABAJOS DE PERSILES Y SIGISMUNDA”

Se imprimió póstumamente en 1617. Hasta hace unos años se consideró una recaída idealista
después del “Quijote” (aunque Cervantes nunca abandonó del todo su idealismo neoplatónico, por
ejemplo, se pasó toda la vida anunciando la segunda parte de “La Galatea” a pesar de haber
escrito ya obras realistas). Solo los románticos alemanes vieron en ella algo valioso. Últimamente el
panorama ha cambiado y los juicios son más favorables. Cervantes, por su parte, la consideró su
mejor obra y le dedicó buena parte de su vida, pues debió empezar a escribirla en 1599.

Se ha solido incluir en el género bizantino. Narra las aventuras de Auristela y Periandro (que luego
resultarán ser Persiles y Sigismunda) en la larguísima peregrinación desde el norte de Europa hasta
Roma pasando por España y Portugal. Las primeras peripecias se sitúan en una geografía fantástica
con muy escasos elementos reales. Al llegar a la zona mediterránea, más familiar para el autor, el
tono cambia y echa mano de recuerdos personales de viejo soldado para describir los lugares por
los que pasan sus personajes, es una perspectiva más realista. La novela es una mezcla de realismo
e idealismo que funciona al contrario que en el “Quijote”. En este la trama central está dominada
por el realismo, en el “Persiles” es al revés, los personajes son figuras planas, pero en la acción
central se insertan una serie de relatos breves que son un tesoro de gracia, humor o agudeza
psicológica.

Se mezclan muchos elementos en la novela, algunos han querido ver una progresión vital, un
impulso ascendente desde las mazmorras del norte europeo hasta el cénit de la contemplación de
Roma. Otros han considerado que no hay un plan en la obra. En cualquier caso, el lenguaje está
muy cuidado, incluso más que en el “Quijote”.

2. LA NOVELA PICARESCA Y SU EVOLUCIÓN


El punto de partida de la novela picaresca del Barroco es el “Lazarillo”, a pesar de las diferencias
entre este y las obras barrocas. El “Lazarillo” pone en circulación el realismo psicológico, en el que
los personajes tienen sus razones para actuar como actúan y no se mueven en la pura convención
literaria. Esto se aprecia en el “Guzmán de Alfarache”, pero se pierde en las predecesoras, en las
que por boca de los personajes ya habla el autor y se convierten (“El Buscón”) en una acumulación
de estampas grotescas mediante las que el autor busca la brillantez, el ingenio, pero sin tener en
cuenta a la criatura que actúa, que es un mero pasmarote. Esto acabará en la desintegración del
género de la novela hacia el relato lucianesco y el costumbrismo.

2.1. MATEO ALEMÁN Y EL GUZMÁN DE ALFARACHE

El “Guzmán” tiene dos partes y su trama es extensa y compleja. Brevemente, Guzmán, que tiene
orígenes pecaminosos porque es un hijo fruto del adulterio, decide abandonar Sevilla rumbo a
Italia donde espera ser acogido por la familia de su padre, que ha fallecido. Va acumulando
engaños hasta que llega a Madrid donde decide hacerse pícaro para poder subsistir y decide
alistarse en una compañía de soldados que va a Italia. En Génova sus parientes lo acogen muy mal.
Va a Roma donde vive de mendigar y un cardenal acaba acogiéndolo como su criado, pero Guzmán
desaprovecha esta oportunidad de reformarse y el Monseñor lo expulsa para darle un
escarmiento, con la intención de volverlo a admitir, pero él ya no aparece más por su casa.

En la segunda parte, va enlazando desgracias y engaños hasta que después de vengarse de sus
parientes vuelve a España. En España viaja por varias ciudades, en Madrid se casa con una mujer
que le arruina y a la muerte de esta empieza a estudiar teología. Se vuelve a casar con una mujer
acomodada, pero cuando les falta el dinero la prostituye. Se van a Sevilla a vivir con la madre de él,
pero la mujer huye con otro hombre. Guzmán engaña a una dama rica para administrar sus bienes
pero acaba en la cárcel donde después de un intento de fuga lo envían a galeras de por vida. Como
galeote se arrepiente de su conducta pasada y al delatar un complot que se había fraguado entre
sus compañeros obtiene la libertad.

La estructura de la obra es autobiográfica, lo que convierte la obra en una serie de largos


monólogos. El protagonista, desde su estado final (galeras) cuenta su vida. La visión unilateral del
protagonista se nos impone desde el primero hasta el último párrafo, es su historia desde su punto
de vista. El relato pretende transmitir una enseñanza al lector ya que se analizan los propios
errores que desembocan en la conversión.

A simple vista podríamos pensar que la fórmula autobiográfica es ideal para la descripción de los
procesos psicológicos, pero esto no es así porque hay una distancia enorme entre la figura del
personaje-autor y el resto de personajes, incluido él mismo en el pasado. Hay un abismo entre el
narrador, que ya conoce la verdad y la experiencia última, y su comportamiento anterior. Esta
distancia le impide ver las razones, las motivaciones psicológicas de él mismo en el pasado y le
hace juzgar su comportamiento como erróneo por sistema y sin justificación.

Entre el relato de la vida pasada de Guzmán se incluyen numerosos relatos y anécdotas contadas
por otros personajes y continuamente la acción principal se ve interrumpida por digresiones y
reflexiones morales. La intención moralizante del relato determina su estructura. Las novelas y
cuentos añadidos pueden ser de diversa extensión, hay algunos que ocupan prácticamente
capítulos enteros (“Ozmín y Daraja”) y hacen que nos olvidemos de la narración principal,
formando un paréntesis artístico que permite al lector respirar un poco antes de continuar con la
narración. En general, el autor trata de justificar la aparición de estas narraciones secundarias
desde un punto de vista realista.

Las narraciones más breves no se separan de la intención y el punto de vista de la novela y suelen
estar en boca de Guzmán. Se utilizan para ejemplificar alguna enseñanza moral. Hay otro tercer
tipo de cuentecillos muy breves, que vienen a divertir, a agilizar la narración, explicando
curiosidades y anécdotas.

Los capítulos no son narraciones aisladas, sino subordinadas entre sí en orden a su función ética.
Cada episodio deja huella en el alma del pícaro y determina su evolución moral. Dicha evolución
consiste en una degradación moral que alcanza su máximo en la segunda parte de la novela y de
ahí sigue el camino contrario hasta el arrepentimiento. Es una obra muy heterogénea que encierra
gran cantidad de materia, de ahí que algunos hayan considerado que hay una ausencia de
estructura narrativa, pero se advierte el esfuerzo del autor por conducir todo a un fin convergente.
Al ser una obra de moralidad pero “a contrario”, el comentario a la acción se hace imprescindible
para explicar los malos ejemplos, de modo que se ajusten a la finalidad moral que se pretende dar.
Pero si lo moralizante predomina sobre los elementos narrativos no es solo por la necesidad de
darles un sentido no sospechoso a los ejemplos sino porque los discursos y digresiones son
inherentes al estilo del autor, que no puede reprimirse y resistir la tentación de incluir sus
enseñanzas. Esto revela el enorme peso de la actitud contrarreformista en la literatura española a
partir de la segunda mitad del S. XVI. El pensamiento de la Contrarreforma encuentra en Mateo
Alemán a un autor capaz de darle forma novelesca.

La intención crítica de Mateo Alemán es clara en la novela, si el pícaro se mueve en un mundo que
le es hostil, el autor también tiene esa visión de la realidad que le rodea. Alemán transforma su
pesimismo vital en una dura crítica a los más diversos aspectos y grupos sociales de la época. Hay
una curiosa contradicción, porque frente a la actitud crítica del autor, se observa en él una clara
voluntad de integrarse en la estructura social, lo que contrasta con el concepto tan negativo que
tiene del ser humano.

El ritmo del “Guzmán” es lento, con un lenguaje intenso, detallista, de gran exuberancia verbal y
riqueza léxica. Se aprecia una gran preocupación estilística por parte del autor que no se expresa
igual en todas las partes del libro, no es el mismo estilo el que utiliza para las digresiones morales
(ampuloso) que el que usa para el relato propiamente picaresco (más llano y coloquial). De todas
formas, no es un estilo fácil para el lector (frases muy largas, acumulación de incisos…). La
abundancia de construcciones antitéticas es una característica muy barroca.

El gran valor del “Guzmán”, que se puede hacer una obra fatigosa y difícil de leer, es que es un rico
reflejo de la sociedad barroca, del pesimismo existencial de la época: es una invitación a la
inactividad, pues haga lo que haga el personaje no sirve de nada, por mucho que intente el
ascenso social siempre acaba fracasando. Pero Alemán está actuando de forma contradictoria,
porque critica a Guzmán adoptando la perspectiva de la misma sociedad que le está acosando,
tanto al propio Guzmán como al mismo autor, porque ambos son seres marginados. Esto es un
ejemplo de los mecanismos represivos del Barroco que Alemán ha asumido totalmente por
imposición de la propia sociedad.

2.2. EL DESARROLLO DE LA NOVELA PICARESCA EN EL BARROCO.

2.2.1. Vida del escudero Marcos de Obregón de Vicente Espinel.

Vicente Espinel nace en la ciudad de Ronda. Estudia en la Universidad de Salamanca y pronto


muestra unas grandes dotes para la música y la literatura. Se le considera, al menos por algunos,
como el inventor de la quinta cuerda de la guitarra española, y uno de los primeros en utilizar la
décima en poesía. En su vida también se suceden episodios conflictivos con la justicia, sobre todo
en su estancia en Sevilla, donde al parecer se da a la vida picaresca y pretende embarcarse hacia a
Italia, pero, como aparece reflejado en la persona de Marcos de Obregón, encaramado en un barco
que le llevaría a Italia, es raptado por los piratas berberiscos. Esta parte del relato es tomada por
una gran parte de la crítica como un carácter autobiográfico. Y a nosotros así nos parece.
Es entonces la vida de Marcos de Obregón un relato más o menos autobiográfico de la vida del
autor, aunque sin perder de vistas ciertos recursos propios de la novela picaresca. Él considera la
novela como un recuerdo de sus propias andanzas, vistas desde la distancia temporal.

La obra queda estructurada en tres <<relaciones>> o partes que a su vez están divididas en
capítulos a los que el autor llama <<descansos>>. La primera parte tiene 24, la segunda 14 y la
tercera 26.

El relato comienza con Marcos, ya como viejo escudero, haciendo servicios de ensalmador en el
asilo de Santa Catalina de los Donados. Desde esta estancia evoca un pasado no muy lejano, sus
años al servicio del doctor Sagredo. En esta parte Espinel pone en práctica dos características
propias de la picaresca: la sátira quevedesca en sus críticas al gremio doctoral y en su actitud
misógina, encarnada en la mujer del doctor que mantiene numerosas aventuras amorosas en las
que Marcos se ve envuelto. Cuando está adaptado al hogar, el médico se marcha a Castilla la Vieja
y ahí se separan sus caminos. Tras una serie de aventuras, se encuentra con un ermitaño un día de
tempestad en el que decide refugiarse en la guarida de ese ermitaño, a quien cuenta su pasado. En
este momento, cambia la técnica narrativa y es ahora un diálogo con el ermitaño (aunque este
último interviene muy poco).

La sucesión temporal no es pues lineal, ya que empieza contándonos episodios de su madurez y


luego, en el diálogo con el ermitaño, pasa a narrar su infancia y juventud. Por lo tanto, la obra tiene
un modelo narrativo <<in media res>>. Los episodios más picarescos se dan en sus conversaciones
con el ermitaño.

La segunda <<relación>> continua al amanecer del día siguiente de su llegada a la ermita. Lo más
destacable en esta parte es el relato de su cautiverio en Argel.

La tercera <<relación>> se centra en los sucesos en Italia y su vuelta a Madrid, donde es


encarcelado injustamente. El relato llega al punto de origen de la historia, su estancia en casa del
doctor Sagredo, al que había conocido en su cautiverio en Argel. En los dos últimos <<descansos>>
vuelve al estilo narrativo a directo, cuando vuelve a Ronda, su tierra natal, a preparar su muerte.

Se suceden algunas interrupciones en forma de relatos secundarios, al estilo del “Guzmán”,


aunque estas están más trabadas dentro de la obra puesto que el propio Marcos se halla implicado
en ellas.

La ubicación de la obra dentro o fuera de la novela picaresca ha levantado muchas controversias a


lo largo de los años. Los defensores de su exclusión de la picaresca aluden a que el protagonista no
muestra los rasgos psicológicos propios de un pícaro, pues no es alguien que llegue a los bajos
fondos de la sociedad, sino que incluso tiene contacto con sectores sociales más refinados y no es
un pícaro, sino un mero observador de lo que le rodea. Además, no mira desde una perspectiva
pesimista a la sociedad y el protagonista, un viejo amable y bondadoso, que en seguida levanta
simpatía en el lector no es un ejemplo de personaje maleado por la sociedad, ni de inmovilismo
social, sino que en ocasiones sus empresas tienen éxito e incluso consiguen ayudar a los demás.
Aún así, comparte con la picaresca la mayor parte del material narrativo, por eso siempre se la ha
incluido en el género.
Las disertaciones morales se suceden a lo largo de la obra, aunque no alcanzan la autonomía de las
digresiones de Mateo Alemán en su “Guzmán”. La obra tiene una intención didáctica al mostrar
vicios y defectos, pero presentados de forma bondadosa y piadosa, sin llegar a ser tajantes y
restrictivas como las de Alemán. Fundamentalmente, lo que pretende Espinel es dar consejos
sobre la prudencia que ha de guiar nuestras acciones y en cierto modo nos da a entender que
nuestra actitud ante la vida debe ser la que él adopta. Por supuesto, también se desprende cierta
ejemplaridad de las experiencias que vive Marcos.

Si lo comparamos con el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, el estilo es menos rimbombante


y pretencioso que en la obra del converso. A pesar de que no está exento de emplear un lenguaje
más elaborado cuando la situación comunicativa lo requiere, utiliza un lenguaje llano en la mayoría
de las veces, atendiendo a su finalidad de llegar con facilidad al lector. Sus juegos de palabras
conceptistas, que los hay, no entorpecen el desarrollo del relato y no resultan ser un impedimento
en el seguimiento de la historia. También presta atención el autor a la caracterización lingüística de
los personajes, atendiendo incluso a su lugar de procedencia y utilizando la jerga adecuada cuando
la situación lo requiere.

2.2.2. Continuaciones del Lazarillo.

Segunda parte del Lazarillo de Tormes de H. de Luna.

En 1620 se publica en París una segunda parte del Lazarillo mucho más interesante que la de
Amberes de 1555. El autor, Juan de Luna Castellano, que, por alguna razón, decidió cambiar su
letra inicial. Creemos que el objetivo no fue otro que el de pasar desapercibido para el tribunal
de la Inquisición, por el que presumiblemente huyó de España.
El autor finge escribir el libro para enmendar las falsedades que, según él, contiene la segunda
parte de Amberes. Sigue la tendencia del primero en su realismo, aunque ahora el tono es más
bronco y satírico. Recurre a la técnica de hacer creer al lector que lo que está contando no sale de
su imaginación sino que estaba escrito en una crónica. Las críticas más duras y recrudecidas
respecto a su primera parte serán hacia la Iglesia y la Inquisición. El autor posiblemente hubiese
tenido experiencias personales que le hubiesen llevado a este punto tan ácido. Esta violencia
crítica contra la Iglesia no es habitual en otras novelas del género (Alemán elogia en varias
ocasiones en su “Guzmán” a los ministros de la Iglesia).
En cuanto a sus aspectos negativos, hay un fragmento de la obra que se aleja del realismo original
y se carga de fantasía. Es el momento en el que Lázaro se convierte en un monstruo marino cuyos
captores van exhibiendo de pueblo en pueblo. Esta transformación resulta ser un engaño de para
sacar dinero y no interrumpe del todo la trama novelesca, pues al recuperar su apariencia
humana, Lázaro sigue con sus aventuras. Otro aspecto que consideramos como negativo es el
escaso desarrollo psicológico de la figura del protagonista, que lejos de la complejidad del Lázaro
de la novela original, en esta queda convertido en un pícaro genérico, sin carácter distintivo.
Tampoco es muy acertada la caracterización que hace H. de Luna del escudero al que Lázaro sirve
y que acaba aprovechándose de Lázaro robándole.
Los puntos fuertes de la novela son el desarrollo de los ambientes y los temas propios de la
picaresca, dotados a veces con mucha gracia. También se acerca al género picaresco en la ausencia
de digresiones morales y en su tono sencillo y fácil de seguir por el lector.

El Lazarillo de Manzanares de Juan Cortés de Tolosa.


Aparece en el año 1620. Es, por mucho, inferior al modelo que sigue. Sigue en su desarrollo al
“Lazarillo” original porque Lázaro vuelve a ser un mozo de muchos amos, llega a conocer
incluso más ambientes que el Lázaro original. Termina con Lázaro marchándose a las Indias y
librándose del matrimonio.
Es destacable la descripción de ambientes y costumbres. Sin embargo, el estilo de la obra, en su
pretensión de ingenio y por insertar numerosos relatos secundarios, resulta ser farragoso y
confuso, mucho más cercano al estilo de Quevedo y su “Buscón”, que al del “Lazarillo” original.

2.2.3. Vida y hechos de Estebanillo González, hombre de buen humor, compuesta por él
mismo.

Algunos autores como Bataillon consideran que el relato no es autobiográfico. Por el contrario, la
crítica general cree que el relato aparecido en Amberes sí responde a un tipo de relato
autobiográfico, como el mismo autor afirma en el texto. El protagonista-autor, Estebanillo, es el
bufón del duque de Amalfi, Octavio Piccolimini y una de las dudas sobre el carácter autobiográfico
de la obra es precisamente si un bufón podía tener unas habilidades de escritor tan altas, a lo que
algunos han propuesto que Estebanillo podría haber contado con la ayuda de alguien más versado
en letras para escribir la obra.

Estebanillo ha asistido a grandes acontecimientos de la política europea de la época y nos ofrece


una caricatura burlesca de ellos con absoluta gracia y espontaneidad, además de despreocupación
moral.

En el relato desaparecen dos de las características clave de la novela picaresca: el carácter satírico y
la finalidad didáctica, el bufón aventurero simplemente se divierte ridiculizando algunos de sus
episodios vividos. La originalidad de la novela reside en que, a diferencia de Quevedo y Alemán,
que trataban de marcar una diferencia clara entre sus protagonistas y ellos mismos, en el
“Estebanillo” hay una identidad total entre autor y protagonista. Además utiliza sus técnicas como
bufón en la composición de la novela, es un caso de auténtica profesionalidad.

Uno de los pasajes más interesantes del relato es el de la participación del bufón en la guerra de
los 30 años. El bufón, se considera a sí mismo un soldado mercenario poco comprometido con el
conflicto y, por lo tanto, no adopta la visión del cronista interesado por los hechos, sino que se
centra en describir episodios menos trascendentes y relacionados con su vida personal. Se
describe a sí mismo como un cobarde por huir de la batalla de Nordlingen sin ruborizarse y
creyendo la actitud de los soldados como más estúpida que la suya. Es por ello, una novela de alto
contenido antimilitarista.

El momento de su vida en el que escribe Estebanillo es cuando ha conseguido centrarse después


de muchos años de aventuras y de hacer de bufón y, gracias a la intervención de su señor, ha
podido abrir una casa de juego en Nápoles. Entonces decide escribir sus memorias para
dedicárselas a Piccolomini.

Por lo general estamos ante una novela divertida, que incluye una gran cantidad de personajes y
pasajes que a veces pasan de una forma demasiado fugaz por la novela. El estilo es vivaz, ingenioso
y caricaturesco y tiene un fuerte carácter documental.
2.2.4. La picaresca femenina.

La novela picaresca no siempre está protagonizada por personajes masculinos, a veces son mujeres
las protagonistas de estos textos. El cambio de protagonista se acompaña de algunos elementos
estructurales y temáticos nuevos, como la apertura a temas eróticos y una intencionalidad del
escritor que trasciende la doctrina y prima el entretenimiento del lector. Algunas obras de la
picaresca femenina son:

- La pícara Justina, de Francisco López de Úbeda: primera novela picaresca en la que se incluye un
personaje femenino como protagonista, que a pesar de su corrupción moral en muchos aspectos
(pues es una pícara igual que sus compañeros de aventuras), pretende ser honesta y mantener la
virginidad hasta el matrimonio. El tono de López de Úbeda, a diferencia del de otros autores de
picaresca, no es sermoneador, ya no tiene una intención tan didáctica sino que pretende
principalmente entretener al lector, por lo que también se permite introducir juegos de ingenio y
reflexiones picantes. A pesar de despegarse de la intención moralizante y didáctica de la picaresca,
Úbeda añade al final de la obra unos “aprovechamientos” para poder ligar su novela con las otras
picarescas.

- La hija de la Celestina o La ingeniosa Elena, de Salas Barbadillo. El tono de la novela difiere mucho
del resto de la picaresca, pues se centra en los poderes eróticos de Elena, cuando el tema del sexo
no era habitual en otras novelas picarescas protagonizadas por hombres. De nuevo, es una novela
escrita sobre todo para divertir y no tanto para transmitir un mensaje moral, pero como el autor
quiere inscribirla en el género picaresco, en el prólogo alude a una intención moralizante:
mostrarnos el mal fin que tienen las personas que no ajustan su vida a las buenas costumbres,
aunque en ningún momento de la obra hay digresiones que hagan referencia a esta intención de
nuevo. Solo al final, cuando ya se ha hecho una presentación completa de una vida depravada, las
muertes de Elena y de Montúfar sirven para mostrar que toda la obra era un ejemplo a contrario.
Otra diferencia con respecto a otras obras picarescas es que Elena no es una pícara como tal,
porque nunca está al servicio de ningún amo, tanto ella como su compañero Montúfar son
independientes.

- Las obras del, quizá, autor más importante en este contexto, Castillo Solórzano, que en tres de sus
cuatro novelas picarescas opta por una mujer como protagonista: La niña de los embustes. Teresa
de Manzanares, Aventuras del bachiller Trapaza, La garduña de Sevilla y el anzuelo de las bolsas.

Castillo Solórzano es uno de los prosistas más prolíferos del siglo XVII. Escribe novelas picarescas
aunque en ellas será notorio el influjo de la novela italiana. Estamos presenciando la
desintegración de la novela y en concreto del género picaresco. Ya su obra no estará tan interesada
en el didactismo sino en los ambientes y tipos que describe.

La niña de los embustes. Teresa de Manzanares, se publica en 1632. Narra las aventuras de Teresa,
una mujer que se ha de ganar la vida como pueda con tal de salir de la pobreza. Empieza a trabajar
en una peluquería, donde está en contacto con personas de buena posición social. Pero eso no la
basta y pronto decide aprovechar sus dotes amatorias para conquistar a los hombres y
aprovecharse de ellos. En tres ocasiones se casa y queda viuda de hombres adinerados a los que
no ama mientras tiene otras relaciones extramatrimoniales. El relato es de un estilo muy vivaz, y
los personajes aparecen trazados fugaz y superficialmente. Es curioso el pasaje donde Teresa pasa
un tiempo con unos cómicos, y donde el autor aprovecha para describir al gremio. Es una obra, a la
que el autor pretende dar cierta elegancia y refinamiento, nunca hay en las aventuras de Teresa
nada grosero o de mal gusto.

Aventuras del bachiller Trapaza, está fechada en 1637. El protagonista al igual que nuestra anterior
protagonista, es un experto en embustes. Sigue el esquema típico de la picaresca con el relato de
su ascendencia familiar y el enlazamiento de aventuras en diferentes sitios del protagonista y un
final desdichado para él: es condenado a galeras y acaba muriendo en una de sus andanzas. En el
desarrollo de la trama es también importante la presencia de su hija Rufina, que dará lugar a nueva
novela picaresca. A pesar del final trágico, Solórzano se apiada de su personaje, le considera un
pobre diablo, con unas circunstancias de vida paupérrimas que ha de buscarse la vida para
sobrevivir. En el relato se insertan de dos novelas y un entremés que, a pesar de lo que pueda
parecer, no hacen que la obra sea más pesada, sino que, al contrario, están muy bien insertados en
la trama principal.

En La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas la protagonista es Rufina, hija del bachiller
Trapaza, quien aparece al principio de la novela casada con un indiano rico por obra y gracia de su
padre. Rufina, al igual que Teresa, utilizará sus encantos femeninos y su inteligencia para urdir toda
clase de planes. Pondrá a los hombres los unos contra los otros, hasta casarse con Crispín, un mozo
de su misma calaña con el que se unirá para seguir materializando sus maléficos planes. En todo
momento, el autor deja claro que Rufina no solo se vale de su encanto sino también de su
inteligencia y dice que Rufina escribe la obra para advertir a todos aquellos que están dispuestos a
dejarse engañar. En la obra aparecen insertadas tres novelas breves. El estilo de la obra es
totalmente desenfadado, nada se toma en serio por dramático que pueda ser. La intención
didáctica y satírica ha dejado paso al puro divertimento (aunque cuando concluye la obra hace
referencia a aquellos que no quieran ser urdidos).

3. LA EVOLUCIÓN DE LA NOVELA EN EL BARROCO


3.1. EL RELATO LUCIANESCO

La novela realista se desintegra en el Barroco y deja paso al relato lucianesco, en el que se cuentan
una serie de casos, a menudo mezclados con algún elemento fantástico, que relegan a un segundo
plano la evolución psicológica del protagonista: este no es más que un testigo privilegiado de los
hechos que relata. El coloquio de los perros de Cervantes y los Sueños de Quevedo, son los dos
mayores exponentes de relatos lucianescos en el siglo XVII. En el XVIII la tendencia es seguida por
Villarroel. En el S. XVII además de los ejemplos citados hay más obras de este género, como Los
antojos de mejor vista y El diablo Cojuelo.

Los antojos de mejor vista de Rodrigo Fernández de Ribera (poeta culterano) es una obrita que será
el preludio de El diablo Cojuelo. Fue editada en Sevilla entre 1620 y 1625. La obra, se basa en la
llegada de Pierres a Sevilla. Conoce a un hombre, que le enseña la catedral. Están los dos en la
torre donde encuentran a un personaje extravagante que lleva puestos unos extraños anteojos con
los que puede ver la verdad del mundo, el licenciado Desengaño. Así asistimos a la contemplación
de las atrocidades y sinsentidos que tienen lugar cada día. La sátira a las diversas clases sociales
lleva el sello quevedesco.

El diablo Cojuelo de Luis Vélez de Guevara


La obra aparece en Madrid en el año 1641. Aparecen en mayor número son de más peso los rasgos
lucianescos en la obra que los picarescos. No hay en la obra una técnica autobiográfica, al
personaje lo conocemos cuando ya es adulto, no pesa sobre él una deshonra original y aparecen
elementos ficticios como el diablo Cojuelo.

Su argumento se puede resumir en lo siguiente: el estudiante Cleofás huyendo de la justicia por un


delito que no ha cometido, acaba en la buhardilla de un astrólogo que tiene en una redoma al
diablo Cojuelo. Cleofás lo libera y el diablo, agradecido, le muestra en volandas las casas de la
ciudad, quitando los tejados como si de una tapa de hojaldre de un pastel se tratase. En ese
momento se descubre lo vergonzoso, lo caricaturesco, el mundo al revés en un duro contraste
(típico de la literatura satírica) entre la realidad y la apariencia. En este vuelo además descubre
Cleofás cómo su mujer lo engaña. También sobrevolarán después Toledo, Écija, Córdoba y Sevilla.

Cojuelo y Cleofás participan en un concurso literario con bastante éxito y es cuando Satanás manda
a otros tres diablos a por Cojuelo. Estos se equivocan y cogen a un pobre hombre. El amante de
doña Tomasa intenta atrapar a Cleofás, pero este escapa de prisión gracias a que Cojuelo soborna
al alguacil.

La novela está trufada de elementos folclóricos, como el propio Cojuelo, que según la tradición
popular, es el más travieso de los diablos. También aparecen cancioncillas, refranes y creencias
populares. Los motivos novelescos son también abundantes, la vista de la ciudad desde un mirador
privilegiado tiene un antecedente claro en Los antojos de mejor vista y alguno anterior como el
Icaromenipo de Luciano de Samosata. La caricatura de profesiones y actitudes es una influencia
clara de Quevedo

Lo que más destaca en la obra es su voluntad de estilo. Quizá destaca más en la historia de la
literatura por encontrarse a la sombra del Buscón de Quevedo, de quien solamente fue un alumno
aventajado. Aun así, los juegos de palabras son la esencia de algunas secuencias e incluso llegan a
superar a los de Quevedo por ser más cortos. La novela no se centra en la evolución de sus
personajes, sino que es una búsqueda de lo sorprendente y de un estilo opaco que llama la
atención sobre sí mismo, hasta hacerse difícil de entender en ocasiones, por ejemplo, a veces
utiliza imágenes de difícil comprensión.

3.2. LA NOVELA PASTORIL

La novela pastoril, al igual que la picaresca, es el otro género en clara desintegración. Lejos queda
el apogeo de autores como Montemayor y Gil Polo, que son capaces de “pastorilizar” los
elementos cotidianos. Tras estos, Lope de Vega y Gálvez de Montalvo marcan una segunda etapa
en la que el motor de la acción de la novela es una anécdota personal y no el propio mito. El último
escalón de la novela pastoril, el barroco propiamente dicho, tiende a la <<socialización>>, es decir,
el mundo bucólico pierde completamente la autonomía y los escasos elementos que perduran se
modifican para ajustarse al canon social. No queda nada de aquella tendencia a pastorilizar la
realidad.

En las últimas novelas pastoriles, las del siglo XVII, se da cabida a la imaginación y la recreación del
mundo pastoril se hace con una intención exclusivamente artística. Además, hay una importante
influencia de los autores italianos, especialmente Sannazaro y se cambia la densidad ideológica por
ornamentación tupida. Por otro lado, se abre a la trascendencia religiosa, con lo que pierde
completamente su identidad. Las producciones pastoriles del S.XVII son, en general, de poco
mérito. La obra más destacada por la crítica es la de Bernardo de Balbuena, Siglo de Oro en las
selvas de Erifile, volcada completamente en la imitación de Sannazaro, es un auténtico prodigio de
imaginación y prescinde de la fábula amorosa al eliminarse la figura de las pastoras. Algunos han
visto en esta obra el inicio del declinar del género y el auge de la tendencia italianizante.

Otros autores de novela pastoril del S.XVII son Cristóbal Suárez de Figueroa (La constante Amarilis),
Jacinto Espinel Adorno (El premio de la constancia y pastores de Sierra Bermeja), Miguel Botelho
de Carvalho (Prosas y versos del pastor de Clenarda), Gabriel del Corral (Cintia de Aranjuez) y
Gonzalo de Saavedra (Los pastores del Betis).

4. LA NOVELA CORTA ITALIANA


Con la publicación de las Novelas ejemplares de Cervantes en el 1613, empieza una corriente
nueva, que llenó de novelas todo el S. XVII. Esta nueva novela está basada en la novela corta
italiana y tiene un ambiente cortesano. El amor, tema central que se describe en ellas ya no es tan
platónico y metafísico y se mueve dentro de una forma de amor más sensual y tangible. La mujer
ya no es mero objeto pasivo de deseo, no es el trofeo que era en la literatura medieval anterior,
sino que tiene un papel más activo. Hay dos tipos de amor en estas novelas: el casto e idealizado
que, a pesar de su pureza inicial, casi siempre acaba rindiéndose a la tentación; y el amor sensual,
libidinoso, lascivo, cultivado por damas y caballeros de costumbres relajadas. En las novelas
españolas predomina el primer tipo, quedando el segundo, sobre todo, para las versiones de las
obras de los más famosos autores italianos. Sus protagonistas serán normalmente de condición
noble: cortesanos, caballeros, hidalgos, escuderos… o acompañantes de estos: soldados, hidalgos,
escribanos… Junto al amor, el otro gran tema de estas novelas es el honor. Estas novelas, aunque
con pasajes ficticios, nos servirán para crearnos una idea del corpus social de la época de Felipe III,
donde, debido a la escasez de conflictos bélicos, el autor se para a valorar con detenimiento el
mundo que le rodea.

El estilo va a estar muy influido por los novellieri italianos como son Boccaccio, del que imitarán su
forma de expresión breve y concisa, con amplitud de conceptos, de Bandello tomarán la recreación
histórica y constumbrista, de Cinthio copiarán las artimañas de las damas y el estilo moralizante…
Estas imitaciones son tales que algunas veces caen en el plagio, llegando a copiar argumentos y
sucesos de los relatos cortos italianos.

4.1. ALONSO JERÓNIMO DE SALAS BARBADILLO

Este autor que ya hemos estudiado dentro de la novela picaresca (La hija de la Celestina), deja un
buen número de novelas breves que mezclan los cuadros de costumbres con el ambiente
cortesano sin faltar algunos matices picarescos y satíricos. Son libros llenos de ingenio y buen
humor. Tiene soltura para trazar con unos cuantos rasgos el perfil de la vida madrileña de la época.

Entre estas obras destaca El caballero puntual, publicada en 1614 y su segunda parte en 1619.
Inspirada en gran medida en el Quijote de Cervantes, (Alonso y Miguel eran amigos), trata sobre un
caballero que cree ser un noble poderoso, por lo que sufre toda clase de burlas y escarnios, con los
que él se muestra encantado. La novela no está exenta de elementos picarescos y además incluye
poemas, epigramas, citas…

El sagaz Estacio, marido examinado (Madrid, 1620) de forma dialogada presenta el tipo del marido
consentido. El título de la novela alude a un examen al que la protagonista somete a una serie de
hombres (cada uno de los cuales es satirizado por su estatus social) con objeto de ver cuál de ellos
le conviene más para casarse con él. Es un extraordinario documento de costumbres aunque
tienda a lo moralizante.

El sutil cordobés Pedro de Urdemalas (1620), se fija en el mítico personaje folclórico (como ya hizo
Cervantes) que da lugar a una serie de aventuras y líos picarescos. La trama se desvía de su idea
primitiva cuando Pedro funda una Academia donde él y sus amigos se dedican a relatar historietas,
cuentos…

Don Diego de Noche (Madrid, 1623), es, sin duda, una de las más destacables de las novelas
italianas cortas. Consta de nueve aventuras, acaecidas cada una de ellas en nueve noches
diferentes elaboradas con gracia y habilidad y aderezadas con un magnífico epistolario satírico y
jocoso al estilo de Quevedo. Los temas de estas cartas son frecuentemente chuscos: pésame a un
amigo que trajo a casa a su suegra, pésame a un comediante por ser silbado durante una
comedia… Abundan los versos entremezclados con prosa.

La estafeta del Dios Momo (Madrid,1627), vuelve al modo epistolar y el conjunto es un total de 64
cartas sobre temas muy variados a personajes muy pintorescos, a los que critica aplaudiendo de
forma irónica aquello de ello que es motivo de su burla. Es aficionado a hacer juegos de palabras y
retruécanos. Son pues, epístolas satíricas de tono epigramático. Tras la carta XXI se intercala una
novela breve: El ladrón convertido a ventero, de ambiente picaresco.

El curioso Alejandro, fiscal y juez de vidas ajenas (Madrid, 1634). Es una obra pintoresa que recoge
retratos caricaturescos de varios tipos de la sociedad contemporánea; muy brevemente esboza
rasgos característicos de algunos tipos de la época, satirizándolos y exagerándolos. Quien observa
a estos personajes es Alejandro, que tiene las pinturas de ellos en su casa, el estilo que prevalece
en las descripciones es próximo al de Quevedo, aunque a veces la pintura del personaje queda un
poco esquemática.

La peregrinación sabia (Madrid, 1635), es una recopilación de fábulas esópicas muy bien
estructuradas. Los animales y plantas que aparecen en ellas adquieren la categoría de símbolos y
se sirve de ellos para satirizar ciertas actitudes humanas.

Se podrían citar más obras de este autor, pero en general en todas ellas el ambiente es picaresco y
su estructura no es propiamente la de una novela, sino la del cuadro de costumbres, que acumulan
una sucesión de tipos humanos.

4.2. ALONSO DE CASTILLO SOLÓRZANO

Vallisoletano de nacimiento, sus dotes para novelar le permiten crear un conjunto de novelas
cortas agrupadas por colecciones al estilo boccacciesco.

Encontramos cuatro colecciones de novelas cortas. La primera serie es Tardes entretenidas


(Madrid, 1625) que abarca los siguientes relatos: El amor en la venganza, La fantasma de Valencia,
El Proteo de Madrid, El socorro en el peligro, El culto graduado y Engañar con la verdad. Son obras
muy influidas por los modelos italianos, aunque Solórzano insiste en que las historias son
inventadas y no copiadas. Son todas ellas obras galantes, idealizadoras y tendentes a un final feliz.

Le siguen Jornadas Alegres (Madrid, 1626). Son relatos pensados para amenizar al pasajero. En
este caso se dirigen a doña Lorenza, que viaja desde Talavera de la Reina hasta Madrid. Son cinco
novelitas contadas por sus acompañantes durante las cinco jornadas que dura el viaje: No hay mal
que por bien no venga, La obligación cumplida, La cruel aragonesa, La libertad merecida y El
obstinado arrepentido. Como colofón se incluye, ya al final del viaje, la divertida Fábula de las
bodas del Manzanares. El estilo es similar al de las Tardes.

Noches de placer (Barcelona, 1631) es, sin duda, su serie más confusa. Los relatos que se narran
acontecen en la celebración que hace don Gastón Centellas y sus dos hijas en la Pascua de
Navidad. Para alegrar las fiestas se reúnen durante cuatro noches y cada uno cuenta una historia
inventada. Los relatos son los más confusos, por la escasa verosimilitud de los hechos narrados y
su carácter disparatado y absurdo. No obstante, no carecen de gracia y agilidad.

Se cierra la serie con Fiestas del jardín (Valencia, 1634). Incluye cuatro novelitas: La vuelta del
ruiseñor, La injusta ley derogada, Los hermanos parecidos, La crianza bien lograda, y tres
comedias: Los encantos de Bretaña, La fantasma de Valencia y El marqués del Cigarral. Se analiza
en esta serie sobre todo la psicología femenina.

4.3. MARÍA DE ZAYAS

Los datos biográficos de María de Zayas son escasos, prácticamente solo sabemos que nació en
Madrid en 1590.

La novela de Zayas supone un paso más en la recreación de la aventura amorosa. Usa mayor
libertad en las descripciones, que con frecuencia rayan en lo mórbido y sensual. Se multiplican los
lances: raptos, desmayos, hechizos, desafíos, naufragios… incluso hay escenas de adulterio. Este
carácter más desenvuelto le valió la acusación de impúdica y licenciosa por parte de la crítica.

Presenta continuamente a la mujer como víctima de los engaños del hombre, que se aprovecha
injustamente de su amor y considera que la culpa de esta debilidad es de la educación deformante
que ha recibido. Pero, por otro lado, es lo suficientemente fuerte como para vencer todos los
obstáculos que se oponen a su amor. A la hora de resolver los conflictos de honor, la mujer no se
rebela, sino que acata las consecuencias y asumen su castigo con resignación, lo que no quita que
cuando es ultrajada asuma la venganza por su cuenta.

Hay en María de Zayas una obsesión por presentar los relatos como hechos reales. La novela que
es pura ficción no merece su aprecio; es necesario que contenga alguna enseñanza y eso solo
puede ocurrir en la vida real. Potencia al máximo la vertiente histórica al mismo tiempo que da
cabida a los sobrenatural y maravilloso. Todo puesto al servicio del amor, que siempre es el tema
principal.

Sus obras son en cierto modo prerrománticas por la exaltación de las pasiones que llevan a sus
protagonistas al borde la muerte y por su afición a lo macabro y melodramático.
Se inspira en Cervantes y en fuentes italianas (Boccaccio) y es posible que de ellas tome esa mayor
liberalidad en el desarrollo de los temas, que contrasta con el código moral de la España del S. XVII.
Las escenas son sugestivas y atrevidas, pero no de mal gusto. Todo el relato se desarrolla en un
ambiente refinado y elegante y no faltan ocasiones para moralizar: quiere desengañar a la mujer
para que no se fíe de los espejismos amorosos.

Es estilo es directo, expresivo sin contaminación culterana. Intercala poemas en la prosa y hay
algunas digresiones morales y literarias que a veces entorpecen un poco el discurso. Se compensa
con la naturalidad de la mayor parte de las escenas.

Toda su producción se recoge en dos libros: Novelas amorosas y ejemplares. Honesto y entretenido
saro (1637) y Desengaños amorosos (1647). Cada una está compuesta de diez historietas y ambas
series son muy diferentes, las primeras tienen, por lo general, más gracia e ingenio y en las
segundas se exacerba la truculencia y abundan más las escenas sangrientas. En los Desengaños
abunda la crueldad, por lo general física, en la que se regodea Zayas. Al final las protagonistas son
envenenadas, emparedadas, cegadas… a causa de una infidelidad que no siempre resulta ser
cierta. Quizá exagera para expresar de forma más patética los peligros que tiene ser una mujer.
Frente al amor humano, injusto y despiadado, resplandece el divino que reconforta a la víctima en
sus últimos momentos. Su muerte se equipara a veces a la de los mártires cristianos.

Se han alabado mucho las dotes de introspección psicológica de Zayas; hay un análisis profundo de
la intimidad del personaje, especialmente de las protagonistas femeninas.

4.4. TIRSO DE MOLINA

Se introduce en la narrativa con dos colecciones: Los cigarrales de Toledo y Deleitar aprovechando.

Los cigarrales de Toledo (Madrid, 1621), es una colección de cuentos, fábulas, versos y tres
comedias de carácter profano. Dejando de lado las comedias, que se estudiarán más adelante,
reparamos en una novelita: Los tres maridos burlados. Es una graciosa novela en la que tres
damas, que han encontrado un diamante, se lo disputarán, siendo la vencedora la que consiga
hacer una burla de mayor tamaño a sus respectivos maridos. Las tres hacen tres burlas del mismo
calibre, así que deciden repartirse el anillo. Es una pequeña obra maestra. Su prosa es ágil,
animada y sabe imprimir a la trama el punto justo de picardía que requiere para ser del agrado del
lector.

En 1635 aparece una nueva miscelánea de contenido muy dispar: Deleitar aprovechando. El tema
central es la preocupación religiosa del autor y pretende la formación del lector. Por Carnaval se
reúnen tres familias que se dedican a narrar varias vidas de santos. Incluye poemas, tres autos
sacramentales y tres novelas, la más interesante de las cuales es El bandolero, en la que se mezclan
historia y leyenda en torno a la figura del catalán Pedro de Armengol, que después de varias
aventuras, acaba en la horca, pero después de tres días colgado no muere y termina su vida
consagrado a la religión. Reúne varias características de la novela bizantina. El marco geográfico es
Cataluña, que parece ser un contrapunto a Castilla (exaltación de Cataluña).

La obra en prosa de Tirso se completa con La historia de la Orden de la Merced, de gran interés
para profundizar en la vida del autor.

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