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Tema 3: La prosa en el Barroco II: Lope de Vega y Francisco de Quevedo.

1. LOPE DE VEGA: TRAYECTORIA VITAL, PERSONALIDAD CREADORA Y OBRA NARRATIVA

1.1. LA TRAYECTORIA BIOGRÁFICA Y LITERARIA

1.1.1. BIOGRAFÍA: LOPE Y EL MUNDO LITERARIO DE SU TIEMPO.

La mejor fuente de información para conocer la vida de don Lope de Vega, son sus propios textos
literarios. En ellos, de forma muy frecuente, traslucen datos de su vida real. Muchas veces las
líneas entre lo real y lo ficticio son tan poco visibles, que muchos autores han errado en la labor de
desenmascarar lo real de lo ficticio.

Aun así, en obras como en su romancero juvenil, publicado de forma anónima en el Romancero
general, se narran muchos de los amoríos que tiene en su juventud y los problemas que le
acarrearían. Del mismo tono es la Dorotea. La Filomena y La Circe y el Epistolario, completan estos
textos autobiográficos capitales, aunque hay otros muchos más que contienen referencias
verdaderas del autor.

Según Pérez de Montalbán Félix Lope de Vega Carpio nació en Madrid el 25 de noviembre de 1562.
McCready ha discutido esta fecha y cree que nació el 2 de diciembre, festividad de San Lope.

Se ha dicho que sus padres eran oriundos de la Montaña santanderina, pero no eran nobles.
Aunque utilizase como argumento de ser cristiano viejo el haber nacido en la Montaña, no está del
todo claro si su procedencia es judía o no. Hay numerosos estudios, pero no existen datos
concluyentes al respecto. Se cree que nació producto de la reconciliación de sus padres después de
una aventura de su padre con una amante. Esta teoría parece más novelesca que real.

En sus primeros años, acudió al estudio de Vicente Espinel y terminó su formación con los jesuitas.
Entró al servicio del Obispo de Ávila Jerónimo Manrique e inició los estudios universitarios en
Alcalá pero no los terminó por unos amoríos juveniles.

Se cree por el prólogo a las Rimas de Tomé, que nuestro autor pudiese haber estudiado en
Salamanca, aunque no hay pruebas documentales. Participó en la expedición contra las islas
Terceras mandada por el marqués de Santa Cruz.

Sus amores con Elena Osorio se producen por un intercambio, en el que el poeta daba comedias a
Jerónimo Velázquez, su padre. Aunque Elena estaba casada, ese no fue el problema. La ruptura
surgió a raíz de que Elena se decantara por amantes más ricos y poderosos que Lope. Estas idas y
venidas de la relación se hacían trasparentes en los versos que componía el Fénix. Los seudónimos
pastoriles y moriscos empezaban a ser evidentes por reiteración, y la familia Velázquez no lo vio
con buenos ojos.

El desencadenante de la ruptura definitiva fue el amante Francisco Perranot, sobrino del cardenal
Grandvela, y llamado don Bela en la Dorotea. Estos amores y la posterior ruptura dieron origen a
una larga serie de textos literarios: una narración de las Novelas a Marcia Leonarda¸la comedia
Belardo el furioso y La Dorotea.

Tras la ruptura, Lope empezó a satirizar a los Velázquez en sus obras y estos le querellaron. Fue
condenado a 8 años de destierro de la Corte y dos del reino.
Lope rapta, con el consentimiento de la raptada, a Isabel de Urbina. Se casó con ella por poderes.
Se dice que al poco tiempo la abandona y se enrola en la Invencible, aunque no está del todo claro.
Lo que sí es cierto, es que poco después va a Valencia, atraído por la vida teatral de la ciudad. Allí
se fragua la nueva comedia lopesca.

En 1590 vuelve a Castilla y sirve al duque de Alba como gentilhombre de cámara. En 1594 muere
Isabel y Lope deja Alba de Tormes un año más tarde, consiguiendo que los Velázquez lo perdonen.
Vuelve a Madrid en 1596, donde es procesado por amancebamiento con Antonia de Trillo.

En 1598 se casa con Juana de Guardo. Ese mismo año publica La Arcadia. Acude a las bodas de
Felipe III e Isabel Clara Eugenia con Margarita y Alberto de Austria. Compone para la ocasión el
auto sacramental Las bodas del alma con el amor divino.

Lope dedica versos amorosos a una mujer que responde al nombre de Camila Lucinda,
posiblemente María de Luján. Nuestro poeta vive con su amante en Sevilla, con la que tuvo 5 hijos.
Su casa oficial estaba en Toledo donde vive Juana de Guardo, con la que tiene 2 hijas y un hijo.

En 1610 se instala en Madrid, en una casa de la calle Francos, donde vivirá el resto de sus días. La
muerte de su mujer y de su hijo le provocó una honda crisis que concluyó en la ordenación
sacerdotal del poeta en 1614.

En 1616, dos años después de ordenarse, sobreviene el último amor del poeta: Marta de Nevares.
De esas relaciones nace una hija: Antonia Clara. Roque Hernández, el marido de Marta se terminó
por enterar de lo que pasaba entre ambos y murió del disgusto en 1619.

Después de la muerte del marido, hay teorías que dicen que Marta vivió donde su madre, otras,
que junto a Lope. Marta enfermó de los ojos hasta quedarse ciega en 1623. En 1628, empezaron a
darle ataques de locura. El 7 de abril murió en la calle de Lope, en la casa de un vecino.

La muerte de su hijo Lope Félix y la fuga de su hija Antonia Clara con un amante, mermaron la ya
débil salud del poeta. Murió el 27 de Agosto de 1635. El duque de Sessa costeó el entierro y las
honras fúnebres que duraron 9 días. Aun así, la sociedad de su tiempo no perdonó la vida azarosa
del poeta y se le prohibieron ciertas honras del ayuntamiento de Madrid. Ante los impagos del
duque de Sessa, los retos mortales de Lope fueron a parar a un osario.

Igual que nos sucedía con Quevedo, es difícil hacer una radiografía de la personalidad de Lope en
unas pocas líneas. Estamos ante una persona apasionada, sincera e imprudente, que choca con el
mundo convencional en el que vive. No tiene reparos en atropellar la honra y los intereses de
terceros con tal de ver cumplidos sus deseos pasionales. Esto no lo hace con una maldad
estudiada, sino que brota de sí mismo, como un vitalismo sin límites.

Tiene cierta crueldad con los maridos de sus amantes e incluso con los señores a los que servía. Se
le ha acusado servilismo, aunque ese servilismo escondía intereses propios. En sus
enfrentamientos literarios, se mostraba poco mordaz, sabedor de sus debilidades. Uno de sus
mayores males fue la envidia por el éxito ajeno, como demuestra el declarado desdén por la obra
de uno de sus adeptos, Tirso de Molina, cuando escribe Los cigarrales de Toledo.
Como escritor es sabido el ingenio del Fénix. Llegó a escribir alrededor de unas 1500 obras
dramáticas y cultivó todos los géneros literarios. Sin duda, es el autor de literatura más prolífero de
la historia.

Lope alcanzó una fama desbordante en su época. Su nueva fórmula teatral capaz de retratar a
todos los estamentos sociales, tuvo una enorme aceptación entre las clases más humildes. Sin
embargo, esta fama no le permitió llevar una vida holgada, en parte debido a su mala gestión del
dinero. Tuvo que pedir reiteradamente dinero a sus señores, que se terminaron cansando de él,
como el duque de Tessa. No consiguió excesivos favores ni de la corte ni de la realeza. Es algo que
Lope no llegó a comprender y se convirtió en verdadera obsesión en sus últimos días.

Se vio involucrado en varias polémicas. Primero con Cervantes, dolido por la primacía del Fénix con
su nueva fórmula teatral y más tarde con Góngora, Ruiz de Alarcón y Torres Rámila. No fue
especialmente agresivo en las confrontaciones literarias, pues, su vida irregular le dejaba muy
indefenso ante las críticas. Con Quevedo mantuvo una gran amistad y ambos se elogiaron
mutuamente. Correspondidos fueron también los elogios hechos por Guillén de Castro, mientras
que Tirso de Molina no obtuvo una justa correspondencia a sus alabanzas.

1.2. LAS NOVELAS DE LOPE

Lope, aunque buen prosista, se encontraba más a gusto con los versos. Sin embargo, en su afán de
abarcar la totalidad de los géneros literarios, emprendió también la redacción de novelas. Tanteó
todas las variantes de la época: la pastoril, pastoril de tema sacro, bizantina y novela corta. De cada
género nos dejó una sola muestra, excepto de la novela corta, cuyos cuatro ejemplos son, en rigor,
una sola serie. En todas ellas hay versos intercalados.

1.2.1. LA ARCADIA

Responde al tipo de novela pastoril. Es una <<novela de clave>> donde los protagonistas son sus
amigos en el palacio del duque de Alba. Su protagonista, Anfriso, que es un alter-ego del duque,
ve, gracias a las artes mágicas, una supuesta infidelidad de su amante, que resulta ser mentira. A
partir de esta información falaz, los enamorados caminarán por senderos errados hasta separarse
definitivamente. El protagonista, desengañado, acabará retirándose del mundo para dedicarse al
estudio y al arte. Posiblemente lo mejor del libro sean algunos de los poemas intercalados en la
obra, muestra de los mejores (y también de algunos de los peores) poemas que había compuesto
hasta entonces. Se ha destacado el sentimiento del paisaje, un paisaje estilizado y refinado, pero
también encorsetado por exigencias del género.

1.2.2. EL PEREGRINO EN SU PATRIA

Es una novela de aventuras (bizantina, aunque algún crítico no esté de acuerdo en clasificarla en
este género) donde su protagonista, el enamorado Pánfilo Luján, recorre los grandes centros
marianos españoles (Montserrat, El Pilar y Guadalupe) en el año santo de 1600. En la novela ni el
genio ni la habilidad rayan a gran altura, lo más interesante de la novela vuelven a ser las
inserciones poéticas. Entre esas inserciones se cuentan cuatro autos sacramentales: El viaje del
alma, Las bodas del alma y el amor divino, La Maya y El hijo pródigo.
1.2.3. PASTORES DE BELÉN

Dedicada a Carlos Félix, el autor define su obra como <<prosas y versos al niño Dios>>. Se muestra
el sentimiento de desengaño en su dedicatoria, que desembocará en su ordenación. En esta
novela, como en casi todas, lo mejor son sus versos. Aunque la sencillez y la ingenuidad del tema y
del planteamiento dan vida al libro. Salvador Fernández Ramírez considera que la fuerte emoción
infantil que envuelve a la Navidad y la raíz folclórica de los temas que trata hacen del ambiente de
esta novela uno de los mejores creados por el autor.

1.2.4. LAS NOVELAS A MARCIA LEONARDA

Las novelas incluidas en La Filomena (Las fortunas de Diana) y La Circe (La desdicha por la honra,
La prudente venganza y Guzmán el bravo) son un intento de cultivar el género, animado por Marta
de Nevares. Nuestro poeta se desenvuelve bien en estas obritas, por su cercanía al teatro (son
obras cortas y concisas). Lo más original de la novela no es su verosimilitud, de lo que carece en
gran medida, sino el carácter epistolar de que las dota Lope al dirigirse constantemente a su
primera lectora, la señora Marcia Leonarda (Marta de Nevares). Las aventuras, tópicas y manidas
en buena medida, se amontonan y llevan a los amantes protagonistas de un lado para otro. La
gracia de las novelas está en el juego del narrador que, a menudo, deja de ser una voz omnisciente
y neutra y comenta en nombre propio los aprietos en que ha puesto a sus personajes, lo
pertinente o impertinente de una descripción o la necesidad de crear una novela divertida
“aunque se ahorque el arte”.

1.2.5. LA DOROTEA

Se considera a esta novela como a la mejor del Fénix. Solo los textos dramáticos se pueden
equiparar a esta acción en prosa.

El poeta nos presenta los amores de dos jóvenes: el estudiante don Fernando y Dorotea. Gerarda,
alcahueta aficionada al vino y a la brujería, consigue convencer a la madre de Dorotea, Teodora,
para que su hija acepte los amores de don Bela, un rico indiano. Don Fernando, despechado,
decide marcharse a Sevilla, donde acude a Marfisa, enamorada de él, para conseguir dinero. Se
marcha sin despedirse tan siquiera de Marfisa, en un gesto de donaire.

Las finezas y regalos del indiano van calando en Dorotea, aunque a la vuelta de Fernando la
relación se reanuda la pasión de los amantes se verá interrumpida por los obstáculos que los
rodean, lo que hace que se produzca la ruptura.

La acción se cierra con la muerte de Don Bela, apuñalado por no prestar un caballo a un señor y
con la caída de Gerarda cuando baja a la bodega con la excusa de buscar agua.

La Dorotea es el final de una larga tradición temática en Lope que narra distorsionados y
poetizados sus amores con Elena Osorio. En la obra un Lope viejo se consuela de muchas
amarguras con la rememoración distante, pero complacida, de sus años juveniles, poniendo una
indulgente ironía en el recuerdo de las locuras de antaño. Los dos amores más intensos de la vida
del Fénix están recogidos en la acción de la novela, que viene a ser una recopilación de las
vivencias eróticas del autor. Las relaciones con Elena Osorio prestan la materia a la acción central y
los amores con Marta de Nevares sirven de trasfondo a esa acción y aparecen en muchos de los
poemas insertos en la obra. La Dorotea no es una crónica de hechos reales, sino de recuerdos:
unas memorias en las que pesan por igual el tiempo pasado y el presente, la vida y la literatura.

La crítica ha identificado a Fernando con Lope y a Elena con Dorotea. La figura de don Bela se ha
identificado con el amante que desplazó al poeta del lado de Elena, Francisco Perrenot. Para otros
personajes existen numerosas conjeturas, pero de difícil comprobación. Quizás la más posible sea
la del personaje de Gerarda, inspirado en la Celestina, posiblemente coincidente con la actriz
Jerónima de Burgos, amante de Lope durante un breve tiempo. Lope se refiere a ella en sus cartas
como Gerarda, y la acusa reiteradamente de brujería.

En esta obra de vejez, Lope amalgama y poetiza su biografía erótica en una síntesis que tiene
mucho más de artística que de histórica. Los personajes entremezclan realidad y literatura y
muchas veces son fusiones de distintas personas. Así es el caso de Dorotea, que parece tener
fundidos los rasgos físicos de Elena, Marta y de otras amantes. Su afición literaria puede venirla de
Marta de Nevares, mientras que el carácter apasionado y casquivano es reflejo claro de Elena.

Detalles biográficos, a veces con cierto punto picaresco, dan profundidad a la obra. Así sucede con
el nacimiento de Antonia Clara, hija de Lope y Amarilis, pero adscrita legalmente a Roque
Hernández.

Montesinos ha considerado la posibilidad de un desdoblamiento de la personalidad de Lope en los


dos personajes masculinos de la obra: don Fernando y don Bela. El primero responde a la juventud
de Lope y es airoso y apasionado. Don Bela representa al platónico Lope de la vejez y de sus
amores menos carnales y más ideales con Marta de Nevares. Precisamente, hay cierta generosidad
en la atribución de sentimientos propios a su rival Don Bela, que sin dejar de ser un “generoso
necio” queda dotado de una concepción platónica del amor que lo enriquece y evita que el
personaje se convierta en una mera figura.

Perrenot de Grandvela queda desdoblado en las figuras del rico indiano y del príncipe extranjero.
Todo está reelaborado para servir mejor a la intención artística del autor.

Se puede considerar a la obra de Lope más que como una acción, como un comentario de
acciones. Es una obra que reproduce lo que eran la literatura y la vida en los tiempos de Lope, “se
literatizaba la vida y se vivía la literatura”. Los personajes tienen una exquisita sensibilidad para las
cuestiones que afectan a la estilística del lenguaje y comentan constantemente las palabras de los
otros personajes, creando así una dimensión distinta al texto, que juega con la literatura dentro de
la literatura.

Lope no se pinta a sí mismo como un galán, sino con actitudes desvergonzadas que, seguramente,
están más cerca de lo que en realidad fue. Fernando (el Lope joven), enamorado violentamente de
Dorotea, acepta ser socorrido con el dinero que la protagonista recibe de Don Bela. Tampoco
repara en engañar a Marfisa. El protagonista vive ajustándose a los modelos literarios, de ahí sus
ademanes trágicos y desesperados y sus discusiones constantes sobre literatura con sus
compañeros. Lope resumen su fracaso: la imposibilidad de ajustar el comportamiento, acuciado
por mil necesidades, a los modelos heroicos, nobles y galantes que había visto en los libros y que
había difundido él mismo en su teatro. A pesar del fracaso, en su relato no hay nada de amargura,
solamente sinceridad.
2. FRANCISCO DE QUEVEDO: TRAYECTORIA VITAL, PERSONALIDAD CREADORA Y OBRA EN
PROSA

2.1. TRAYECTORIA BIOGRÁFICA Y LITERARIA

2.2.1. BIOGRAFÍA

Quevedo nació en Madrid en el seno de una familia cristiano-vieja muy ligada a la realiza. Quevedo
estudia en el prestigioso colegio de la Compañía de Jesús para más tarde licenciarse en arte en la
universidad de Alcalá. Se traslada a la corte de Valladolid, donde conoce a Góngora con el que
comenzará su celebérrima enemistad. En 1602 retoma los estudios y empieza su quehacer
literario. Para el 1604, ya será un reputado poeta en la corte.

Frecuenta las tertulias y está muy involucrado en la política de su momento. Su situación


económica es apurada. Para 1609 arranca un famoso pleito en su contra por el censo que había
heredado de su madre en la Torre de Juan Abad. Comienza para ese mismo año su amistad con el
duque de Osuna, a quien acompaña a Flandes, y, tras el nombramiento de Osuna como virrey de
Sicilia, inicia una intriga para conseguir que se convierta en virrey de Nápoles. Huye de Nápoles
para regresar más tarde, aunque no es bien recibido por Osuna. Tras la llegada de Osuna a Madrid
retoman su amistad.

A la muerte de Felipe III, su situación se complica: Osuna es encarcelado y él queda confinado en la


Torre de Juan Abad. Finalmente, en 1622 es liberado y parece cobrar la confianza del conde duque
de Olivares.

Desde 1635 hasta 1639, dedica casi todo su tiempo a la escritura. Se casa con una viuda, doña
Esperanza, pero se separan en 1636, 2 años después de casarse. Dentro de esta aparente
tranquilidad, el 7 de diciembre de 1639, es detenido de forma repentina y llevado al convento de
San Marcos de León. Se desconocen las causas de tal encarcelamiento. La teoría más extendida es
por un memorial titulado <<Cátolica, sacra y Real Majestad…>>, que según se dice, puso debajo de
la servilleta del monarca. Nosotros no damos por creíble esta causa y creemos que fueron otros los
motivos, como quizás su alejamiento de la política del conde.

Tras 4 años de encarcelamiento, acabó muy frágil, y tras recobrar su libertad en 1643, debido a la
caída del valido, muere en 1645.

2.2.2. PERSONALIDAD CREADORA

Quevedo demostró ser una persona de extremos a lo largo de su vida. Es difícil encasillar a una
personalidad tan excelsa y compleja como la de don Francisco.

Su carácter contradictorio le lleva a predicar lo que luego no hace. Caso es así con el estoicismo
moralista del que él se consideraba alumno, que nada que ver tiene con su vida llena de tramas y
de ataques a la sociedad con sus recrudecidas sátiras. Esas sátiras, repletas de agresividad,
destruyen todo lo que se pone a su paso.

Si lo comparamos con la sátira de Góngora, vemos en la de Quevedo una mayor virulencia y


agresión contra la falsedad de su tiempo, además de ser más personalizada. La del cordobés, es
una sátira más desdeñosa, fría y distante y que ataca a un conjunto de la sociedad y no tanto a
unos individuos concretos.
A este odio por la sociedad de su tiempo, le sigue también la angustia existencial que parecía
perseguir al autor. A pesar de predicar un estoicismo cristiano en el que la muerte ha de aceptarse
con serenidad, Quevedo, cuando ha de enfrentarse a la vida, la ve repleta de obstáculos continua,
y considera algo así como que ya estamos muertos en vida. La muerte es la última gran decepción
de la vida. Cuando habla de ella es incapaz de valorar la vida de ultratumba y la percibe como un
escollo insalvable.

Su ideología política también ha dado mucho que hablar. Como cristiano-viejo que es, e hidalgo
venido a menos, es un defensor de la sociedad de clases y del antiguo régimen. Cree que se debe
volver a la sociedad feudal de la Edad Media. Los burgueses le causan estupor, y son los culpables
del mal de la sociedad. El dinero es el causante de todos los males y él anhela una sociedad sin esa
corrupción política. Considera de forma negativa el hecho de que países extranjeros hayan
abarrotado sus bancos con los beneficios de los gloriosos tiempos de la Conquista del Nuevo
Mundo. Es un defensor a ultranza del nacionalismo y siente nostalgia por esa época dorada del
Imperio Español. Es un antisemita confeso, aunque desconocemos la verdadera raíz de este
sentimiento.

En definitiva, Quevedo representa a la perfección al hombre barroco, lleno de inquietudes y que se


mueve en el terreno de lo incierto, de lo que parece y no es, y de lo sublime y lo mísero.

2.2. LA OBRA EN PROSA DE QUEVEDO

La prosa de Quevedo se puede agrupar en dos grandes bloques: las obras satíricas y festivas, que
es el de mayor relevancia y en él se incluyen algunas de sus mejores obras; y otras obras en prosa,
que incluirían obras históricas y políticas, obras filosóficas y ascéticas y obras de crítica literaria.

2.2.1. OPÚSCULOS SATÍRICOS Y BURLESCOS

En 1631 aparece en Madrid un conjunto de sus obras satíricas y burlescas de juventud, en las que
ya se advierten las grandes dotes satíricas de Quevedo y su dominio prodigioso de la lengua. Estas
obras son el germen de sus grandes obras satíricas: los Sueños y El buscón. Tras el aparente
desenfado se advierte una sátira de costumbres. Quevedo consideraba estos escritos
intrascendentes y no se preocupó por publicarlos, quizá por eso muchos se han perdido, pero en
1631 aparece un conjunto de ellas retocadas a instancias de la Inquisición, con el título de Juguetes
de la niñez y travesuras del ingenio.

El primero de estos opúsculos es la Genealogía de los modorros, aunque no siempre se ha


aceptado su adjudicación a Quevedo. Después, dentro de este grupo de opúsculos varios cabría
mencionar según su tema:

-Burlas a la corte: Capitulaciones matrimoniales y Vida de corte y oficios entretenidos en ella son
dos tratados independientes, aunque unitarios por su estilo. Por ellos desfila una auténtica galería
de tipos humanos pertenecientes a la corte: entretenidos, sufridos, estafadores, valientes de
mentira, rufianes, lindos… Sin duda debió inspirarse en la observación directa de la realidad,
sazonada con su agudísimo ingenio. Lo más corriente en Madrid es una relación alfabética de los
tipos que abundan en la corte y de algunos conceptos como “agravios” o “lisonjas”.
-Parodias de los repertorios enciclopédicos: Libro de todas las cosas y otras muchas más, es una
especie de enciclopedia burlesca escrita por el maestro Malsabidillo y dirigida a los entrometidos y
habladores. Incluye 28 proposiciones o deseos descabellados y una tabla con otras tantas
soluciones que son generalmente perogrulladas. Incluye después un “Tratado de la adivinación”,
un “Capítulo de agüeros”, una serie de observaciones sobre la quiromancia y un formulario “para
saber todas las ciencias y artes mecánicas y liberales en un día”.

-Muestrario de recursos paródicos: Indulgencias concedidas a los devotos de monjas, es un texto


de dudosa atribución, que suele aparecer en los textos a nombre de Quevedo, pero que Pinheiro
da Veiga cita como obra de Bernardo de Brito. Es una enumeración de los distintos tipos de gracias,
siempre burlescas, a que son acreedores los que cortejan a las monjas. Gracias y desgracias del ojo
del culo es una regocijante enumeración de los pros y contras de tan esencial parte del organismo
humano. Sigue la línea de humor escatológico que tanto gustaba a Quevedo. Están puestas en
boca de Juan Lamas, el del camisón cagado, y se dirigen a doña Juana Mucha, montón de carne.
Recibió muchos comentarios, generalmente negativos, como en Venganza de la lengua española
contra el autor del “Cuento de cuentos” de P. Aliaga.

Dentro de las epístolas burlescas y memoriales encontramos:

- Epístolas del caballero de la Tenaza: es un conjunto de cartas divertidísimas <<donde se hallan


muchos y saludables consejos para guardar la mosca y gastar la prosa>>. Se dirige a todos aquellos
que sufren el asedio de sus amantes a fin de que puedan salvar su bolsa de tan afiladas garras. A
continuación se incluye las 24 cartas que se cruzan entre el caballero de la Tenaza y la tenazadora.
Es una exaltación de la tacañería llevada a sus extremos. De entre todas sus obras festivas esta fue
la que mayor éxito obtuvo. En ella Quevedo está en “el momento desenfadado de su primer
período literario, mostrando la faceta graciosa sin tintes trascendentes”.

- Carta a la rectora del colegio de las vírgenes: tras hacer una esperpéntica descripción de sí
mismo, solicita a la rectora que admita en su “alacena de doncellas en conserva” a su hermana
doña Embuste.

- Carta de un cornudo a otro intitulada El siglo del cuerno: trata uno de los motivos burlescos más
gratos a Quevedo. Un cornudo que cumple veintisiete años y siete días de servicio se dirige a un
principiante “cornicantano” para convencerle de que no debe avergonzarse de su situación. Hace
una serie de razonamientos burlescos acerca de la conveniencia de que exista tan antigua
institución.

En sus premáticas, que son parodias de ordenanzas legales, se encuentran:

- Premática que este año de 1600 se ordenó por ciertas personas deseosas del bien común, es una
parodia burlesca de la promulgación de una ley en la que se prohíbe el uso de determinados
vocablos y expresiones. Se critican así muchos de los vicios lingüísticos de la época, con especial
alusión a los poetas, cuyo aparato metafórico es objeto de burla.

- Premáticas y aranceles generales es la más extensa e importante de estas parodias. Sirviéndose


de frases hechas y del formulismo de las pragmáticas, satiriza sobre una serie de usos y
costumbres sociales, reales o ficticias, ridículas, cada una de ellas acreedora a una condena no
menos jocosa. En torno a este texto han surgido muchas dudas. Resulta que Alemán lo incluye en
el Guzmán de Alfarache. Algunos críticos han dudado de la autoría de Quevedo, a pesar de que
esta obra aparece citada en el Tribunal de la justa venganza, libro difamatorio contra Quevedo. Por
otra parte, el hecho de que este texto y la Premática del tiempo (refundición del texto hecha por el
mismo Quevedo) no aparecieran en los Juguetes de la niñez ha sido justificación para que algunos
sigan dudando de la autoría de Quevedo, pero hay que recordar que en los Juguetes se eliminaron
varios textos que podían resultar poco gratos a las autoridades. Aunque, finalmente, pareció clara
la autoría de Quevedo, al encontrarse una copia del texto obra del amanuense de Quevedo, no
quedaba clara cuál era la relación de las Premáticas y aranceles generales con el Guzmán. Gili Gaya
apunta que el fragmento que coincide con el inserto en el Guzmán presenta un tono y un estilo
muy distintos al resto de la composición (más indulgente y con un estilo más similar al de Alemán).
Todo parece indicar que hay dos autores involucrados en el texto, así pues, Gili Gaya cree que se
trata de dos textos superpuestos en los manuscritos y atribuidos erróneamente a un solo autor.
Además cuando Quevedo refunde el texto en la Premática del tiempo no incluye esta parte
coincidente con la del Guzmán, quizá queriendo separar los propio de lo ajeno.

2.2.2. LOS SUEÑOS

Los primeros Sueños debieron de componerse entre 1606 y 1610. Su popularidad fue grande: las
copias manuscritas circulaban por doquier. En torno a 1629, Quevedo prepara una nueva redacción
de los Sueños eliminando alusiones poco respetuosas a la religión y a los clérigos, que tanto
escándalo habían provocado. Esta nueva versión apareció en Juguetes de la niñez y travesuras del
ingenio.

Los Sueños son una serie de cuadros expresionistas, hechos al estilo de la fantasía lucianesca, en
los que la vena satírica del autor pone en la picota a los diversos oficios y estados. Son relatos de
estructura abierta. El tema dominante es la visión caricaturesca del mundo de ultratumba. Toda la
fauna social aparece deformada y estilizada grotescamente. A pesar de su variedad, tienen unidad
estética por el estilo, la intención satírica y el artificio de visiones escatológicas.

El lenguaje es conceptista, expresivo e hiriente. El precedente más claro y el que nos ofrece una
sensación más similar a la lectura de los Sueños son los cuadros de El Bosco. Ambos autores
muestran una realidad desgarradora, monstruosamente deformada, pero viva y tangible. También
toma motivos de los grandes satíricos latinos, pero nunca se limita a la pura repetición de tópicos.

Quevedo se muestra próximo al surrealismo, con sus fantasías oníricas que prescinden de la
ordenación lógica y expresan el alucinante mundo del subconsciente.

La intención última de los Sueños es de índole moral: mostrar lacras sociales y reprender vicios.
Veamos ahora alguno de estos Sueños.

- Sueño del juicio final: Se le conoce también con el nombre de Sueño de las calaveras, que es el
que se le da en los Juguetes. Puede fecharse en 1606 o 1607. El autor queda dormido una noche
con el libro de Hipólito De la fin del mundo y segunda venida de Cristo en las manos y sueña con la
llegada del postrer día. En el Sueño hay dos partes distintas: la resurrección de los muertos y el
juicio final. Vemos cómo se abren las tumbas y vomitan una multitud de cuerpos que van a
reunirse con sus respectivas almas para comparecer ante el tribunal divino. Quevedo no ahorra los
detalles más macabros y su actitud ante tan patética escena es distanciada y cínica. El humor
estalla cuando vemos las reacciones de los diversos tipos: el maldiciente, que huye de su lengua;
el ladrón de sus manos…

Frente a esa barahúnda grotesca, se alza Dios a dictaminar el juicio. Comienza por Adán y prosigue
con toda la humanidad. Con la aparición del maestro de esgrima comienza el desfile de gremios,
casi todos van a parar al infierno. Solo unos pocos son salvados: apóstoles, ciertos reyes,
sacerdotes… Curiosamente se libran del castigo un médico, un barbero, 2 o 3 escribanos y algunas
damas deshonestas. Una vez en el averno, cada uno de los condenados es castigado con aquello
en lo que más había pecado. Al final el autor se despierta con sus propias carcajadas.
La estructura de este Sueño es sencilla: se nos ofrecen varios casos con sarta. El estilo
conceptista se manifiesta en los constantes juegos de ingenio. El narrador no es un
observador imparcial, sino que, a pesar de la ausencia de comentarios moralizantes, nos
presenta su juicio particularísimo de la humanidad, deteniéndose en aquellos aspectos que
le interesan por lo que tienen de grotesco y denigrante.
- El alguacil endemoniado: En la edición de 1631 se llamaba El alguacil alguacilado. Se escribe
entre 1605 y 1608. El autor entra en la iglesia de San Pedro en busca del licenciado Calabrés
(descrito a la manera quevedesca con una serie de concisas y rápidas pinceladas), al que
Felicidad Buendía ha identificado con Genaro Andreini, capellán del conde de Lemos que había
obtenido en Madrid fama de exorcista. El Santo Oficio lo desterró del reino.
El licenciado Calabrés está exorcizando a un hombre endemoniando. En ese momento interviene
el demonio para puntualizar que es <<alguacil y no hombre>>. Desde ese momento empieza el
diálogo entre el autor, que curioso, le pregunta mil cosas al diablo, el propio diablo y el clérigo
hipócrita. El demonio empieza argumentar las similitudes entre él y el alguacil poseído,
quejándose del mal alojamiento que le ha tocado poseer. Además, el diablo comienza a
caricaturizar diferentes tipos humanos, ya habituales en la obra de Quevedo: poetas, enamorados,
cornudos, sastres, mercaderes, jueces… aludiendo a las facilidades que ponen a los demonios para
entrar. Cuando hace referencia a los reyes cambia el tono para ser más locuaz y severo,
expresando los múltiples pecados que estos cometen. No es difícil intuir una alusión a Felipe III y
sus validos, aunque para suavizarla pone en boca del diablo un elogio al rey, a quien califica de
“vigilante y católico”. El demonio acaba con una arenga moralizante en la que demuestra cuán
necios son los hombres, que no saben valorar el tiempo y se convierten en demonios que tientan
a sus propios semejantes. Ante tantas amargas verdades contadas por el demonio, el licenciado
Calabrés lo hace enmudecer, con lo que finaliza el sueño.
El estilo del sueño es muy similar a los demás; cambia sustancialmente el hecho de que aquí
no sean los diversos condenados los que aparecen en vivo, sino que lo hacen a través de las
referencias que hace de ellos el demonio.
- Sueño del infierno: Se le conoce también como Las Zahúrdas de Plutón que es el
nombre que toma en la edición de los Juguetes. Fue terminado el 30 de abril de 1608.
Es el más interesante y extenso de los Sueños quevedescos. Se inicia el cuadro con una visión
alegórica de los dos caminos: el del Bien y el del Mal. El del primero resulta angosto y tortuoso, por
lo que el autor llegado a un punto se sale de él y decide entrar en el del Mal, más ancho, lleno de
carrozas, gente vestida lujosamente… Abundan los sastres, joyeros, mercaderes y demás oficios.
Destaca la presencia de los hipócritas, que, aunque parecen ir por la senda estrecha, resulta que
van por la ancha. Súbitamente el sendero se angosta y toda la muchedumbre, sin percatarse de
ello, va a parar al infierno. El ritmo de la obra va gradualmente acelerándose hasta llegar
atropelladamente al infierno.

Una vez allí el autor, al estilo de Dante, hace un recorrido entre los diferentes condenados
(agrupados por gremios), con sus correspondientes castigos. Se forma así una serie de cuadros
independientes que no obedecen a ningún orden concreto. Los diablos le hacen de guía y, al
igual que en el Sueño del juicio final, dan la explicación de cuáles son los pecados de cada uno y
por qué se encuentran allí. La diferencia con Dante es que Quevedo no construye un sistema de
castigos estructurado ni ordena metódicamente los condenados de acuerdo con la índole de las
faltas cometidas.
Un episodio destacado es el del hidalgo, de cuyas pretensiones insensatas se ríe Quevedo. Los
diablos le dan una lección moral de la inconsistencia de la honra mundana y los disparates que el
hombre comete en su afán de aparentar. Hay una fuerte ridiculización de lanobleza que cree
poder justificar sus acciones recurriendo a sus ejecutorias, pero el diablo recuerda que “toda la
sangre, hidalguillo, es colorada”, así que solo valen las obras. Prosigue la ruta infernal con algunas
descripciones vagas e imprecisas, que no acaban de servir al lector para hacerse una idea clara de
cómo es el infierno.
De nuevo vuelven a aparecer grupos de condenados, pero ahora centrándose más bien en
actitudes morales: las dueñas, los necios, los de “Dios es piadoso”, que confiaban en que sus
pecados fueran perdonados…
Se interrumpe de nuevo la visión caleidoscópica para ofrecernos un diálogo entre el autor y
Judas. En esta parte, especialmente divertida es la visita a los poetas, cuya caricatura no puede
ser más grotesca: uno de ellos recita versos maldiciendo lo que la rima le forzó a decir sin
quererlo él. A partir de ahí cambia notablemente el ritmo del Sueño, que empieza a resultar más
abrumador con un sinfín de citas cultas sobre alquimia, astrología, etc. Esta parte es menos
interesante y con menos gracia que la parte que la antecede. Termina el cuadro con la visita al
camarín de Lucifer, que está decorado con diversos tipos de condenados: cornudos, alguaciles,
médicos, aduladores, doncellas “con los virgos fiambres”… Sale del infierno espantado (ya no se
ríe como en el Sueño del juicio final) y alecciona al lector para que evite que su conducta lo
arrastre hasta tan nefasta morada.
En definitiva, podemos decir que es un Sueño de estructura cambiante en el que se suceden los
cuadros más o menos rápidos, las escenas más detallas y las brevísimas alusiones. Su técnica es
similar a la que ya conocemos, sólo que aquí se intensifica y se hace más densa por la mayor
extensión de la fábula. Se podrían distinguir tres contenidos en estas fantasías infernales: la
censura de la sociedad española, las reflexiones morales y filosóficas y el humor macabro y
sarcástico (quizá lo más importante).
- El mundo por de dentro: Es el más pesimista y desengañado de los Sueños quevedescos. Se
advierte en el sueño el desencanto de un hombre lúcido que ha sabido penetrar en la auténtica
esencia del mundo que le rodea.

Se nos presenta a un autor desorientado, que va dando vaivenes sin ton ni son por la vida,
representada por el laberinto del mundo. En esas, se encuentra con un anciano. Quiere
proseguir su viaje, pero se siente atraído por las historias del viejo, que no es otro que el
Desengaño. Este le habla sobre cómo el hombre malgasta la vida y le invita a contemplar la
verdadera cara del mundo. Es una técnica muy similar a la que utiliza Vélez de Guevara en El
diablo cojuelo. Van a la calle mayor, la Hipocresía, en el que contemplan la doble cara de la
humanidad. La estructura, la técnica del relato sigue siempre la misma pauta: primero se nos
muestra la apariencia engañosa (por ejemplo, el hidalgo vestido de forma ilustre), y después la
decepcionante realidad (el hidalgo que apenas puede subsistir). El Desengaño critica como el
peor de los males la hipocresía del hombre y una serie de escenas ejemplifican, con tintes más
negros, las palabras del viejo. Por ejemplo, pasa el entierro de una mujer rodeada de amigos
que la lloran y un desconsolado viudo. El Desengaño, con cuatro palabras hace que se
desmorone la apariencia y muestra a los acompañantes con ganas de volver a sus asuntos y al
viudo enfurruñado por el gasto que le ha traído la muerte de su mujer.

En la edición prínceps, el relato se corta bruscamente, sin que haya unas palabras del autor que
recojan el sentido último de la alegoría que las precede. Sin embargo, en la edición de los Juguetes
se añaden 5 páginas más. Aparecen en ellas dos extraños seres, a manera de máscaras, que
tienden una cuerda de un extremo a otro de la calle. Bajo la cuerda, los personajes se nos
presentan como son, sin dobleces. Cambia aquí la técnica narrativa. Al principio, ha sido burlón y
despectivo, mientras que al final se muestra sarcástico y agresivo. Encontramos a un Quevedo más
desengañado en la composición final del relato y con un estilo más elaborado y complejo.
- Sueño de la muerte: En la edición de 1631 toma el título de Visita de los chistes. Dedica la obra
a doña Mirena Riqueza, nombre que encubre a María Enríquez, dama de la reina, está fechada
en 1622. El autor, aparece como en el Sueño del juicio final, dormido con dos libros en las
manos: los versos de Lucrecio y las desventuras del paciente Job. Entra en la estancia una curiosa
comitiva formada por médicos, boticarios, habladores, chismosos, mentirosos…
Tras este aparatoso cortejo hace su aparición la Muerte, que no aparece representada
tradicionalmente con la guadaña y la calavera, sino adornada con todos los emblemas de los vivos. De
esta forma Quevedo da a entender que la Muerte siempre está en la vida, no es que aparezca al final
de esta. Pero aquí, la Muerte no viene a llevárselo sino a acompañarle en una visita a los difuntos.
Quevedo pone en la boca de la Muerte los paradójicos razonamientos sobre la esencia de la vida
humana, habituales en su obra. Como en otras ocasiones lo ha sido el Diablo, aquí es la propia Muerte
la encargada de aleccionar a los humanos sobre lo que no han de hacer, advirtiéndoles acerca de que
un día habrán de morir. Además, reflexiona sobre diversos temas morales, como los enemigos del
alma o la corrupción del dinero.

El autor y la dama descienden al reino de los muertos. El aparato alegórico se acentúa y la


muerte aparece representada de diversas formas: muerte de risa, muerte de miedo…
Ante su trono empieza el desfile de personajes de forma vertiginosa, que, curiosamente, no se
centrará en los distintos oficios, sino en personajes proverbiales del refranero español, los
cuales se quejan por las aberraciones que reciben por parte de los usando sus nombres a modo
de chistes. Entre ellos están: el Rey Perico, Pero Grullo, Perico de los Palotes… El único personaje
real es don Enrique de Villena que da lugar a la sátira de la sociedad de su tiempo. Con estas
mismas figuras escribirá el entremés Los refranes del viejo celoso y el Entremés de las sombras.
La caracterización de alguno de los personajes es una maravilla. La agilidad del relato es digna
de toda loa. Quevedo está ya en posesión de sus más logrados recursos literarios.

Termina el desfile con el cornudo Diego Moreno que se lía a bocados con el autor, que se
despierta sobresaltado por la pelea e incluye la moraleja final.
2.2.2. DISCURSO DE TODOS LOS DIABLOS O INFIERNO ENMENDADO

Se escribió en 1627 y salió a la luz en 1628 en Gerona. Pasó a llamarse El entremetido, la dueña y el
soplón.

Tiene una técnica similar a la de los Sueños pero difiere de ellos por la mayor profundidad del
pensamiento filosófico y político. Se entrelazan los rasgos satíricos de tipo intrascendente con los
de tipo doctrinal y la crítica política corre al lado de la censura moral. Predominan los personajes
históricos, que dan una perspectiva nueva al texto, y el estoicismo quevedesco se hace patente en
muchos momentos.

La acción nos sitúa directamente en el infierno, donde se han colado tres personajes que sirven de
unión (no muy sólida) de los diversos episodios: el Soplón, la Dueña y el Entremetido. Con ellos se
multiplica el caos que reina en el infierno y Lucifer al percatarse, hace una visita a las distintas
mazmorras en la que le acompañan nuestros protagonistas. Se empieza a entablar una macabra
lucha entre los personajes, que en su mayoría representan a cargos políticos de la Antigüedad.
Vemos por ejemplo a Julio César, asesinado por Bruto, arguyendo el por qué es mejor el gobierno
de un tirano que una república de interesados. Bruto responde al César. Después la tensión política
se rebaja con la aparición de unos padres muertos que quedaron sin descendencia por culpa de las
infidelidades de sus mujeres, pidiendo volver a la Tierra. Aunque uno de ellos les hace ver que
estar la Tierra es peor que el infierno. En este parlamento nos encontramos de nuevo con el
irreductible pesimismo de Quevedo.

A continuación, hablan Alejandro Magno y su privado Clito, el cual se lamenta de haber servido a
semejante tirano. Alejandro Magno solicita la palabra pero el fiscal le recuerda que ahora no tiene
el poder que ejerció en la tierra y que es un reo más. Después de la aparición de varios personajes
históricos más (Séneca, Nerón, Quinto Haterio…), que sirven para hacer una reflexión crítica sobre
el poder y sus secuelas, viene una serie de personajes, más próximos a los que aparecían en los
Sueños. Vuelven a aparecer más personajes históricos y los episodios se multiplican. Todo el
maremágnum, esperpéntico y abigarrado, termina con una pragmática que Lucifer dirige a sus
secuaces para que desempeñen bien su oficio.

El texto no mantiene una estructura fija, sino que se limita a ensartar diversos cuadros. El contraste
de unos episodios densos y filosóficos y otros simplemente esperpénticos es notable. Podríamos
decir que el Discurso es un híbrido del Quevedo satírico de los Sueños y el severo pensador de los
escritos políticos y filosóficos.

2.2.3. LA HORA DE TODOS Y LA FORTUNA CON SESO

Es una obra de su madurez, terminada en el año 1636 y editada por primera vez en Zaragoza en el
año 1650. La tardanza entre ambas fechas fue sin duda las alusiones satíricas a personajes ilustres
de la época. La primera edición no va firmada por Quevedo sino que la firma con una deformación
de su nombre: Rifroscrancot Viveque Vasgel Duacense.

La obra descansa sobre el motivo del “mundo al revés” de raíces clásicas. Hay una sucesión de
tipos y figuras que muestran un cuadro de costumbres de la sociedad madrileña sin que falten
alusiones a la política europea. Resulta ser para la crítica una de las piezas maestras del arte de
Quevedo, tanto en las sustancias temáticas y en las estructuras de su composición como en el
magistral uso de singulares soportes lingüísticos.

La obra consta de 40 cuadros independientes entre sí. Júpiter, después de haber convocado una
asamblea de dioses para poner remedio a los desórdenes del mundo, que derivan todos de la
ceguera de Fortuna, que reparte sus bienes sin reparar en nada, decide obligar a la propia Fortuna
a que durante una hora del 20 de junio de 1635 actúe guiándose por la razón. Es en ese momento
cuando empiezan los 40 cuadros donde se dan situaciones muy jocosas producidas por el cambio
súbito de la fortuna de sus protagonistas. Algunas son muy breves y otras muy largas, aunque la
mayoría se quedan en un punto medio. En ellas todo pasa al revés: los funcionarios de la cárcel son
encarcelados y los ladrones liberados… Vemos a los tipos habituales en la fauna quevedesca.

En torno a la mitad del libro los cuadros comienzan a ser de tema político. Arremete contra la
política española y europea en general, contra personajes muy concretos y contra el carácter de los
pueblos.

El experimento del intercambio de papeles no resulta todo lo feliz que se esperaba y Júpiter decide
restaurar el orden anterior al ver que los buenos hombres se han convertido en malos. El mundo
de los dioses también es puesto en solfa y presenta a los dioses como personajes grotescos e
indisciplinados que sufren una total desmitificación.

Quevedo consigue en esta fantasía moral derrochar ingenio y sutileza. En ella el pensamiento
filosófico se hace denso; la crítica, inapelable.

2.2.4. EL BUSCÓN

La mayoría de la crítica ha fechado su obra entre el 1603 y el 1608, a pesar de ser


cronológicamente de juventud, su estilo ya es maduro. Lázaro Carreter cree que se escribió en
torno a 1604 y quizás 1605, por haber tenido en cuenta algunos de los pasajes de la segunda
parte del Guzmán. Se edita por primera vez en Zaragoza en 1626, aunque ya había estado
circulando en manuscritos por la corte antes de esa fecha. El motivo por el que quizás Quevedo
no quiso editar su obra, fue el hecho de que pensara que era una obra de pasatiempo, en ningún
caso una obra por la que quería que le recordaran, pues no estaba en relación con el cortesano
grave e influyente que quería ser. La obra fue un éxito rotundo. El autor conoció en vida otras 9
ediciones y fue traducida a todos los idiomas modernos, además de objeto de múltiples
imitaciones.

Ya hemos comentado que Quevedo destruye la estructura novelesca reduciéndola a una serie de
cuadros de la vida contemporánea, sin ahondar en la psicología del personaje y centrando los
esfuerzos expresivos en trazar una caricatura sombría y en elaborar una prosa que se justifique en
sí misma.

A pesar de contener elementos propios de la novela picaresca (narración en primera persona,


ascendencia innoble del pícaro…), Quevedo rompe el elemento de continuidad causa-efecto que
sí aparece en la novela picaresca. El personaje no va sufriendo cambios sustanciales y la acción
principal no es lo que más importa. Quevedo crea cuadros de costumbres, donde los pequeños
detalles y las situaciones jocosas y satíricas son lo más destacado. Los episodios se suceden pero
sin atropellarse y la presencia del protagonista en todos ellos es lo que sirve de enlace. El
desarrollo de la trama no se ve interrumpido con digresiones, y resulta ameno y divertido.
Se dividen en tres libros que constituyen una cierta unidad temática:
LIBRO PRIMERO. El protagonista, el segoviano Pablos, es hijo de un barbero ladrón y de una
medio bruja judía. Entra al servicio de don Diego Coronel a quien acompaña en sus estudios de
Gramática en casa de dómine Cabra. Ahí, Cabra los mata de inanición. Se suceden escenas jocosas
e hilarantes. Don Alonso Coronel, después de la muerte de hambre de uno de los alumnos, decide
sacarlos de ahí. Diego Coronel prosigue sus estudios de Gramática en Alcalá. Pablos lo acompaña,
y ahí sufrirá las novatadas de los estudiantes (aquí plasma Quevedo alguno de sus recuerdos
juveniles). Termina aquí la inocencia de Pablos, que empieza a introducirse en el mundo de las
fechorías: robos con el ama y en solitario. En ese momento recibe la carta de su tío el verdugo, el
cual acaba de ajusticiar a su padre y le dice que ha de ir a por su herencia. La madre es víctima de
un auto de fe inquisitorial y morirá próximamente.

LIBRO SEGUNDO. También llamado por Molho el “libro de las peregrinaciones”. Pablos vuelve al
punto de partida, Segovia, y por el camino se va encontrando con numerosos tipos de la época los
cuales son satirizados (el arbitrista, el maestro de armas, el clérigo metido a poeta…). Estas
escenas, completamente independientes, son de lo más divertido por la ridiculización despiadada
a que somete Quevedo a los personajes. En Segovia cobra sus 300 ducados de herencia por parte
de su tío, el verdugo Alonso Ramplón, el cual le sirve a su sobrino pasteles hechos con la carne de
su padre. Pablos huye despavorido de la macabra casa y se dirige a la corte. En su camino hacia la
corte madrileña se encuentra con un pobre hidalgo, don Toribio, cuya única fortuna es su
aparatoso apellido. Con él empieza su aprendizaje de la vida buscona, don Toribio le enseña los
mil medios (ninguno honrado) de abrirse camino en la corte.

TERCER LIBRO. Pablos llega a Madrid y las primeras escenas se desarrollan en un círculo de
pícaros y estafadores, pertenecientes a la nobleza, que son amigos de don Toribio. Empieza a
hacer estafas y fechorías, y termina con sus huesos en prisión. Consigue escapar gracias a un
soborno. Después se enamora de una chica y finge ser rico, pero es descubierto y perseguido. De
nuevo se enamora y se hace pasar por un hombre de calidad, pero la mujer de la que se enamora
resulta ser la prima de don Diego Coronel, que cuando se entera manda que le den a nuestro
protagonista una paliza. Aquí hay un cambio importante en la obra, la tensión se diluye, porque
Pablos acepta su fracaso vital y abandona sus aspiraciones caballerescas. Los siguientes episodios
se desarrollan de forma mucho más acelerada, como si ya se hubiera cubierto la etapa esencial.
Se hace mendigo y con el dinero que gana se va a Toledo con unos cómicos para ser parte del
mundo de la farándula, mundo muy ridiculizado. Se convierte en galán de monjas (episodio muy
famoso) y roba a una de ellas, huyendo a Sevilla donde se convierte en jefe de una banda de
rufianes. Al verse perseguido por la justicia decide irse a las Indias a buscar mejor suerte junto a
su amante Grajales, pero la cosa no le va bien. Termina la obra con una de las pocas frases
moralizantes del libro: <<pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de
vida y de costumbres>>.

Talens ha resumido el significado de cada uno de los libros: el primero es de escuela de la vida
(Pablos es actor-aprendiz); el segundo es de nuevo de escuela de la vida (Pablos es espectador-
aprendiz), pero el protagonista queda en un segundo plano. No hay evolución de su personalidad,
sino que se limita a observar, de ahí que aparezcan una serie de tipos significativos. El tercer libro
es en el que Pablos se convierte en actor a partir de las enseñanzas recibidas y finalmente fracasa.
Caracterización de los personajes
Existen algunas diferencias entre Pablos y otros pícaros. Es un personaje vacío cuya única función
es dar pie a que con sus aventuras podamos ser testigos de un mundo en descomposición. El
autor no nos lleva nunca a mirar en su interior. Molho califica a Pablos de “aproblemático” porque
el autor no plantea ningún debate dialéctico entre el honor y el antihonor de Pablos, como ocurría
en el Lazarillo, sino que se parte de su deshonor como algo irreversible, que no merecer ser
sometido a revisión. No hay una reflexión sobre sus cualidades y defectos ni tampoco se planteará
nunca, como Guzmán, la posibilidad de enderezar su vida. Su maldad es un hecho consumado que
no vale la pena discutir ni justificar. Quevedo mira a su criatura desde arriba con total
distanciamiento. La va hundiendo en una degradación cada vez mayor, cortándole todas las
salidas y frustrando sus intentos de mejorar su fortuna. Ni siquiera al final deja una puerta abierta
a la esperanza, no hay piedad para Pablos y Quevedo no siente hacia él ninguna simpatía, es más,
se complace en mostrarnos su fracaso a pesar de que Pablos sí que muestra sus aspiraciones de
ascender socialmente.

El ensañamiento de Quevedo se ve más claro por el hecho de que el único rasgo definitorio de la
personalidad de Pablos es precisamente el deseo de sustraerse a su deshonra, pero Quevedo le
abandona a su suerte y le deja en manos de una sociedad que solo le empujará al fracaso.
También destaca en la personalidad de Pablos, su frialdad. No vemos en él ningún sentimiento
afectivo o cariñoso.
En general, todos los personajes están al servicio del autor, que los maneja como si fuera un
titiritero. Conviven en el relato pero no llegan a establecer relaciones entre sí. El tratamiento
desde fuera que da Quevedo al protagonista, se hace extensivo a todos los demás personajes. El
autor no se compadece de los dolores humanos que describe.
Muchos de los personajes son grotescos y estrafalarios, dando la sensación al lector de que está
en un mundo de locos (acentuado en el camino de Alcalá a Segovia). Al ir apareciendo y
desapareciendo de la novela, no vemos la evolución de ningún personaje, todos se presentan de
manera estática y esquemática. Durante su existencia son vistos unilateralmente desde la única
perspectiva del pícaro-narrador.

Visión del mundo y técnica narrativa. Intencionalidad.


Hay una relación directa entre el pensamiento quevedesco (visión distorsionada del mundo y los
hombres) y la técnica de la que se sirve para plasmarlo. Su lenguaje conceptista, ingenioso y
demoledor, cargado de hipérboles sorprendentes, equívocos, sarcasmos crueles y antítesis
expresivas, sirve a las mil maravillas a este proceso de desintegración de la realidad. Quevedo no
se detiene en digresiones morales, no hay ninguna reflexión sobre los vicios o las conductas
humanas que pueda ser más elocuente que la galería de seres y comportamientos que presenta
en la obra.

Aunque no podemos hablar en El buscón de realismo, porque todo es exagerado, sí que es


evidente que Quevedo parte de una realidad muy concreta, que deforma y caricaturiza a partir de
su profundo desengaño con el mundo y su pesimismo radical. Se nos da, de todas formas, un
aspecto parcial de lo real, lo más significativo del mundo del autor, que es lo más bajo e indigno
de la condición humana y de la sociedad española del momento.
El prólogo de la edición de 1626 habla de El buscón como un “libro de burlas”, pero algunos
pasajes son tan amargos y repulsivos, que a pesar de su comicidad, no se pueden interpretar
como simples “burlas”.
Con respecto al didactismo de la obra (algo habitual en la novela picaresca), Lázaro Carreter lo
rechaza y Spitzer cree que no hay una finalidad ética propiamente dicha, pero que el pesimismo
que preside la obra y el desenmascaramiento de lo ilusorio del obrar humano, hacen que exceda
los límites de una pura obra de burlas.
En general, El buscón, es sobre todo una obra de ingenio, cuya máxima originalidad reside en el
estilo, que llama la atención sobre sí mismo. También cabe destacar su vena político-social, siendo
uno de los primeros alegatos de la literatura española que por la vía de la deformación y el
sarcasmo denuncia aspectos de la sociedad contemporánea. Esta forma será la que use unos
siglos más tarde Valle-Inclán.

2.2.5. OBRAS HISTÓRICAS Y POLÍTICAS

La vida de Quevedo se vio marcada por circunstancias políticas que refleja en su amplia obra de
tema patriótico e histórico de distinta índole en un corpus que abarca desde tratados doctrinales
hasta pequeñas obras relativas a determinadas circunstancias históricas.

“España defendida y los tiempos de ahora”

Se escribe en 1609, año en el que inicia su amistad con Osuna. Es un escrito de escaso valor, donde
observamos el patriotismo y militarismo más conservador de Quevedo. Ataca a los extranjeros, y
hace una defensa de la tierra, la lengua y las costumbres españolas.

“Política de Dios y gobierno de Cristo”

Es la obra clave para penetrar en el pensamiento político de Quevedo. La primera parte, dedicada
a Felipe IV y al conde-duque de Olivares, fue escrita en torno a 1617, pero no se editó hasta 1626.
La segunda, dedicada al Papa Urbano VIII, se compuso en torno a 1635 y se editó póstumamente
en 1655. Expone su concepto del perfecto monarca cristiano apoyándose en la autoridad de los
Evangelios y en el modelo de Cristo. Recurre también a la literatura clásica (Séneca y Tácito), a los
Santos Padres, a la Escolástica, y a los humanistas del Renacimiento.

La primera parte consta de 24 capítulos que tienen como fondo histórico el reinado de Felipe III y
el valimiento del duque de Lerma. La segunda, con un total de 23, recoge la época de la privanza
del conde-duque con Felipe IV. La primera parte tiene un estilo aforístico y más lapidario, mientras
que la segunda tiene un estilo más barroco y complejo (capítulos más largos, laconismo,
austeridad, ornato).

La estructura de todos los capítulos es básicamente la misma. Tras el título, se adjunta un texto
evangélico, que luego será comentado en un discurso. Se citan otros pasajes de las Sagradas
Escrituras de los que se extraen conclusiones de índole política y moral. Hay un uso acertado de las
técnicas del predicador: diálogo directo con el auditorio, proposición del texto evangélico,
comentario, aplicaciones a las necesidades de los oyentes, refuerzo de los elementos auditivos
como en un intento de superar la condición escrita.
La temática del relato (difícil de resumir por su densidad) se centra en la figura del monarca, su
poder es de origen divino y debe emplearlo para servir al pueblo y no para lucrarse él mismo. Es
primordial que sepa rodearse de colaboradores adecuados y mostrarse implacable con los indignos
de su cargo. Quevedo se alza contra todo tipo de abusos y propone una monarquía basada en la
justicia, la tolerancia, la prudencia y el cumplimiento del deber. Sus ideas se exponen con
fogosidad y constantemente se atiene al paralelismo con la figura de Cristo en cuyo
comportamiento se encierran todas las enseñanzas que pretende dar.

Al parecer, la única motivación de Quevedo no es solo la de hacer teoría política, sino que también
busca incidir en la situación española del momento. Ahora bien, una cosa es la doctrina política
que expone Quevedo y otra muy distinta la que él llevaba a la práctica, una política maquiavélica
que el autor ejercía en Italia al servicio del duque de Osuna.

La oratoria sagrada y la técnica aforística lucen sus mejores galas, aunque quizá la obra peca de
cierta pesadez al repetir muchos temas y reflexiones. Como contrapunto a casi la totalidad de su
obra, en esta composición, Quevedo utiliza un lenguaje menos conceptista de lo normal y prefiere
un estilo más directo.

Obras en torno a la política italiana

La primera de ellas es Mundo caduco y desvaríos de la edad. Su redacción se inició en 1621,


durante su estancia en la Torre de Juan Abad. No la llegó a terminar porque tras la muerte de
Felipe III los acontecimientos que vinieron le desvían del tema. Lo más importante son sus
reflexiones acerca de la política veneciana.

El mismo tema trata en otro informe posterior: Lince de Italia u zahorí español, escrito en 1628. Se
la escribe a Felipe IV para ponerle en situación de cuáles son las políticas de las diferentes
repúblicas italianas y qué consideración tenían estas respecto a España.

Grandes anales de quince días

Su título completo es: Grandes anales de quince días. Historia de muchos siglos que pasaron en un
mes. Memorias que guarda a los que vendrán Don Francisco de Quevedo.
Se escribe a raíz de la muerte de Felipe III el 31 de marzo de 1621. Se nos habla de los importantes
acontecimientos que conmovieron la política española en el cambio de reinado: la esperanzadora
llegada del nuevo rey y su valido, la suerte que correrían los antiguos ministros de Felipe III, y
algunos otros acontecimientos de personajes relevantes del momento, como el asesinato del
conde de Villamediana o el ajusticiamiento de don Rodrigo Calderón. El nuevo rey y su valido le
defraudan y la obra fue sufriendo modificaciones conforme la actitud del autor cambia.
El chitón de las tarabillas
Fue redactado en 1630. Es un texto burlesco en la mayoría de su contenido, más próximo al de las
Premáticas, pero, aun así, valora positivamente la política económica de la moneda que está
llevando a cabo el rey Felipe IV (reducción de la moneda de vellón para reflotar la economía).
También se analiza la historia de España de los siglos precedentes.
Vida de Marco Bruto
Es otro de los tratados políticos fundamentales que completa la serie. Se redactó en 1632, pero lo
modificó constantemente hasta que se imprimió en 1644.

El texto es en realidad una glosa de la biografía de Marco Bruto hecha por Plutarco en las Vidas
paralelas que Quevedo traduce. Su cultura humanística resplandece en todo momento. Está
presente la huella de historiadores clásicos como Tácito, Tito Livio, César… y de autores como
Séneca y Cicerón.

El libro comienza con un <<Juicio que de Marco Bruto hicieron los autores en sus obras>>, donde
expone el criterio que sobre el personaje manifestaron los más nobles entendidos: Séneca,
Quintiliano, Floro, Cornelio…Tras una advertencia al que leyere, en la que expone sus propósitos,
comienza el núcleo de su obra. Este, consiste en traducir un fragmento del texto de Plutarco y
añadirle un Discurso en el que comenta y amplía el fragmento con impresiones propias e
información de otras fuentes. Actualiza el texto proyectándolo sobre los sucesos de la política
española de su tiempo, pero siempre centra su atención en los dos protagonistas: César y Bruto.

Otras obras políticas

A continuación, citamos otras obras de carácter político, que aunque no tienen la relevancia que
puedan alcanzar los textos estudiados en los apéndices anteriores, sirven para completar el
pensamiento político de Quevedo.

En 1621 escribe un comentario a la Carta del rey don Fernando el Católico al primer virrey de
Nápoles. El tema es la política italiana.

El Memorial por el patronato de Santiago, escrito en 1627 y publicado al año siguiente, en el que
defiende a ultranza la posición de patrón de España de Santiago, frente a la medida de Felipe III de
compartirlo con Santa Teresa de Jesús.

La Carta al serenísimo, muy alto y muy poderoso Luis XIII, rey cristianísimo de Francia se escribe en
1635 al estallar la guerra con el país vecino. En ella le reprocha el haber apoyado a los enemigos de
España.

La visita y anatomía de la cabeza del cardenal Armando de Richelieu, (1635), donde se acusa al
cardenal de todos los males del país vecino.

El Breve compendio de los servicios de don Francisco Gómez de Sandoval, (1636) es una semblanza
de la vida del duque de Lerma, muerto en 1635.

La Relación en que se declaran las trazas con que Francia ha pretendido inquietar los ánimos de los
fidelísimos flamencos a que se rebelasen contra su rey y señor natural (1637).

Otras obras más son: El Memorial del duque de Medinaceli al rey don Felipe IV, (1643), El
panegírico a la majestad del rey nuestro señor Felipe IV en la caída del conde duque (1643)…

2.2.6. OBRAS FILOSÓFICAS Y ASCÉTICAS

En sus obras filosóficas se muestra entusiasta defensor del estoicismo senequista, pasado por el
tamiz de la doctrina cristiana. Sus obras ascéticas revelan una importante faceta de la moral
quevedesca, guiadas por la autoridad de las Sagradas Escrituras, la literatura patrística y las obras
de Séneca. Quevedo exhorta al desprecio de las riquezas mundanas y la ambición de poder. El
pensamiento de la muerte debe guiar nuestras vidas, convertidas en un espinoso camino.

Dos tratados filosóficos

Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica (1635) es un estudio


de algunos aspectos de interés de la filosofía senequista y de otras escuelas como la cínica y la
epicúrea. Consta de dos partes. La primera abarca propiamente la materia anunciada en el título y
acaba con un homenaje a la doctrina estoica. La segunda parte es una Defensa de Epicuro contra
“las calumnias vulgares”. Hace una exhaustiva relación de todas las Epístolas de Séneca en las que
se alude a la figura de Epicuro.

De los remedios de cualquier fortuna (1638) es una traducción de una obra atribuida Séneca: De
remediis fortuitorum ad Gallionem. Séneca consuela a Galión de diecisiete desgracias distintas en
las que se condensa todo el sufrimiento humano, desde ser degollado a la falta de poder o la
pérdida de una buena mujer. El orden es empezar con los males que acaban en la muerte e ir
avanzando hacia aquellos que “dejan algún lugar tras de sí”. La doctrina estoica proporciona a
Séneca argumentos suficientes para aplicar consuelo a estas desgracias. Quevedo incluye tras cada
uno de los razonamientos de Séneca sus propias ideas. El estilo sentencioso y lacónico del
Quevedo conceptista alcanza aquí uno de los momentos más logrados.

La cuna y la sepultura. Para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas.

La obra vuelve a estar bañada por el estoicismo senequista cristianizado. Su resultado final parece
ser producto de una refundición de dos obras independientes: La cuna y la sepultura: Cuna y vida y
Doctrina para morir.

Se aborda fundamentalmente el tema de la muerte, desde la perspectiva estoica cristianizada,


gracias a influencias directas del Libro de Job. Quevedo pretende preparar al hombre para la
muerte y advertirlo de que no está tan lejos como parece. Aparecen las paradojas que ya habían
surgido en el Sueño de la muerte. El sentimiento trágico de la inconsistencia y brevedad de la vida
se ve aliviado con la serenidad estoica. Nos enseña a despreciar la vanidad de las cosas terrenas, a
vencer el sufrimiento y a desengañarnos de espejismos como la sabiduría.

La primera parte consta de 5 capítulos. Se apoya en los Evangelios y en las Epístolas de San Pablo.
Hay una breve glosa del Padrenuestro. La segunda parte, Doctrina para morir, es una especie de
confesión dirigida a Dios en la que va reconociendo todas sus faltas. Termina con una glosa
bastante más amplia del Padrenuestro.

Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo y cuatro fantasmas de la vida.

Fue editada en 1651 en Zaragoza. La obra en su origen constaba de cuatro tratados que se
correspondían con las cuatro pestes: ingratitud, soberbia, avaricia y envidia. El impresor, Dupont,
incluyó otros cuatro más a los que llama fantasmas de la vida: muerte, pobreza, enfermedad y
desprecio, escritas en torno a 1635. Es una diatriba contra los vicios mencionados apoyada en
multitud de textos sagrados. En su primera parte, se hacen continuas alusiones a la autoridad de
los padres de la Iglesia: San Agustín, San Juan Crisóstomo… En la segunda parte, adopta la forma
de carta dirigida a distintos personajes, se nos enseña cómo superar esos cuatro azotes de la
humanidad.

Dos vidas de santos

El Epítome de la historia de la vida ejemplar y religiosa muerte del bienaventurado fray Tomás de
Villanueva es un trabajo que sustituye a su idea de obra inicial Historia grande de Santo Tomás de
Villanueva, de la cual no tenemos textos. En aquel, resume la vida del místico agustino en el año
de su proceso de beatificación, 1620. Es una obra sencilla en la que se recogen datos
proporcionados por las gentes del pueblo.

Vida de San Pablo Apóstol (1644), fue escrita durante su reclusión en San Marcos, por lo que el
pesimismo inunda la obra. Su contenido es denso y heterogéneo. Trata la vida del apóstol, no solo
desde su faceta religiosa, sino también desde la histórica. Hay asimismo reflexiones políticas y
filosóficas.

Otras obras religiosas

La primera y más disimulada persecución de los judíos contra Cristo Jesús y contra la Iglesia en
favor de la sinagoga está escrita en 1619. Es un alegato antisemita en el que se exalta la figura de
Cristo por encima de la de otros profetas. Se recurre constantemente a los Evangelios.

Sobre las palabras que dijo Cristo a su Santísima Madre en las bodas de Caná de Galilea es una
glosa del célebre pasaje evangélico.

Homilía a la Santísima Trinidad; Consideraciones sobre el Testamento Nuevo y vida de Cristo… Entre
otras, son textos en los que destaca su conocimiento exhaustivo de las Escrituras.

Por último, destaquemos dos obras de un personaje bíblico por el que Quevedo sintió especial
devoción, el Santo Job: La constancia y la paciencia del Santo Job y la Providencia de Dios padecida
de los que la niegan y gozada de los que la confiesan. Doctrina estudiada en los gusanos y
persecuciones de Job.

2.2.7. OBRAS DE CRÍTICA LITERARIA

Una parte de su actividad como feroz polemista literario se desarrolla en verso, pero hay también
algunos escritos en prosa, de los cuales los más famosos son aquellos en los que ataca a sus
irreconciliables enemigos: los poetas culteranos.

Aguja de navegar cultos

Es un mordaz ataque contra Góngora y sus seguidores, escrito en 1625 y publicado en los Juguetes
en 1631. El título se completa con la siguiente apostilla: Con la receta para hacer “Soledades” en un
día. Comienza el texto con una sarta caótica de muchos de los vocablos puestos en circulación por
los cultos. El resto de la obra mezcla prosa y verso siempre con intención paródica. Se burla del
aparato metafórico de los poetas cultas para referirse a los encantos femeninos.

La culpa latiniparla

Escrito en 1629 y publicado también en los Juguetes. Se dirige contra la pedantería de las damas
que se han contagiado del vocabulario introducido por los poetas cultos. Es, pues, un ataque
indirecto a Góngora y a los suyos. La mayor parte del texto se dedica a recoger las expresiones
afectadas y ridículas con las que las “hembrilatinas” sustituyen el lenguaje cotidiano.

Cuentos de cuentos

Los dardos de Quevedo van dirigidos contra muchas de las frases hechas o muletillas que afean el
lenguaje popular. Para mostrar a la vergüenza pública estos vicios lingüísticos inventa un relato en
el que va introduciéndolos todos con mucho ingenio. Lo más gracioso es cómo fuerza la narración
para dar cabida a todo lo que él quiere criticar. Fue censurada por la Inquisición a causa de que la
trama incluye sucesos relacionados con el clero.

La Perinola

No salió a la luz hasta 1788. La sátira se centra en una persona concreta: don Juan Pérez de
Montalbán (discípulo de Lope), lo que no impide que alcance a otros escritores de la época,
especialmente a los poetas gongorinos. La chispa que hizo saltar a Quevedo fue la publicación de
una obra de Montalbán: “Para todos”. Quevedo la disecciona y ataca cruelmente a su rival.

Otras obras de crítica literaria

Tiene alguna más.

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