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TEMA 4: La prosa en el Barroco III: Baltasar Gracián y la prosa didáctica

en el S. XVII.
1. BALTASAR GRACIÁN Y LA PROSA DIDÁCTICA
a. TRAYECTORIA BIOGRÁFICA Y PERSONALIDAD CREADORA
Baltasar Gracián y Morales nace en Belmonte, cerca de Calatayud, en el año 1601.
Viene de buena familia, a la que se le reconoce limpieza de sangre. Se cría en casa de
su tío sacerdote Antonio Gracián. De ahí le adviene una fuerte vocación religiosa,
empezando a estudiar sus primeras letras con los jesuitas. En 1619, entra a formar
parte en la Compañía, en un monasterio de Tarragona. Empieza a trasladarse por
diferentes establecimientos de la Orden, ganándose un buen prestigio dentro de ella.
Será su traslado a Huesca en 1636, el que más influya en su hacer literario.
Bajo el círculo del ilustre caballero Lastanosa, germina su primera obra, El héroe, que
aparece en el año 1637. Comienza entonces un infatigable batalla con la Compañía,
puesto que Baltasar no tenía ninguna intención de que sus obras fueran revisadas por
la Compañía, como estaba estipulado en los criterios de la Orden. En 1638, el Padre
Vitelleschi, general de la Orden, escribe una carta al provincial de Aragón exigiendo el
traslado de Gracián. La ayuda del provincial hace que Gracián pueda seguir con su
empresa literaria.
En 1640 es nombrado confesor del virrey de Aragón, el duque de Nocera. Con él
estuvo en Zaragoza y más tarde en Madrid. La capital le produce una honda impresión
por su riqueza artística, aunque le abomina el falso mundillo de la corte. El duque de
Nocera es favorable a una sublevación en Cataluña contra Felipe IV, por lo que es
encarcelado en Madrid, donde muere un año después. Gracián le dedica a su memoria
El político.
Regresa a Zaragoza y poco después marcha a Tarragona donde es nombrado
vicerrector del colegio de Tarragona. Allí los franceses invaden la ciudad. Gracián
marcha a Valencia, para recuperarse de su salud. Allí tendrá un altercado con la
Compañía, por lo que desde entonces detestará a los valencianos.
Paralelamente sigue trabajando en su empresa literaria bajo la protección de
Lastanosa, sin contar con la permisión de la Orden. El problema vuelve a surgir, pero le
salva el ser nombrado capellán del ejército que derrota a los franceses. Eso le vale para
volver a Huesca al lado de su Mecenas en el año 1647. En 1652 se le adjudica la
Cátedra de Escritura en Zaragoza, pero la felicidad de Baltasar acaba con el
nombramiento del nuevo general de la Orden, el Padre Goswin Nickel, que decide
acabar con las publicaciones de Gracián. Se le destituye de su cátedra y es llevado a
Graus. Gracián protesta y pide otro destino. Finalmente es llevado a Tarazona donde
muere en el 1658.
Gracián es un hombre de amplios conocimientos, que, tras abogar por una actitud
crítica de la sociedad de su tiempo, pretende mostrarse como un mentor del hombre
contemporáneo. Alude a la prudencia y a la discreción como códigos fundamentales de
la conducta social en su tiempo. En sus obras se refleja a alguien que conoce muy bien
su sociedad y que pretende enseñar a los demás como moverse en este mundo de
desengaño de su tiempo presente. Su carácter algo amargo y pesimista, llegando a
veces al humor negro, lo acerca a la tendencia literaria de Quevedo. Estamos ante un
intelectual, que ensalza por encima de todo la facultad de la inteligencia.
En la biblioteca del caballero Lastenosa, nuestro autor se embotará enriqueciéndose
de las más sustanciosas obras clásicas, así como de otras obras de su tiempo. En
algunas ocasiones llega a trascribir oraciones y textos aparecidos en estas obras,
incluso en obras posteriores se trascribe a sí mismo. Para nosotros, esto no es indicio
de plagio, pues Gracián había asimilado a la perfección dentro de su pensamiento las
obras a las que hace referencia.
Por hacer una lista de los autores citados, nos centramos en los siguientes:
De los latinos siente especial predilección por Séneca y Cicerón. En segundo término
aparecen autores como Horacio, Ovidio, Marcial… más escasas son las referencias a
otros autores como Virgilio o Terencio.
Se advierte que había prestado especial atención a la Historia natural de Plinio. Había
leído también muchas recopilaciones de proverbios latinos.
De los griegos sus autores predilectos son Homero, Esopo, Helidioro y Luciano.
De los literatos de su tiempo, se fija mucho en la prosa de Quevedo y en la de Mateo
Alemán, con los que comparte no solo rasgos estilísticos, sino una concepción parecida
del mundo. Fue un gran admirador de Góngora, a quien elogia en su Agudeza y arte de
ingenio, tanto por su rama culterana como conceptista. Con frecuencia cita a Don Juan
Manuel.
Su estilo es sustancialmente conceptista. Ya en su tiempo, Gracián no tiene la difícil
tarea de crear las nuevas formas de expresión dadas en la literatura barroca, sino de
elegir una tendencia que se amoldara a su personalidad y pretensiones creativas. Sigue
entonces la escuela y el modo de Quevedo. Lo llevará a su máxima expresión y dará
lugar a un tipo de prosa concisa y reconcentrada, la que él considera mejor para su
prosa moralizante, donde la elisión de adjetivos para dar concesión al texto en
detrimento de la cualidad será uno de los rasgos propios de la prosa de Gracián.
El uso de zeugmas, equívocos, elipsis sustantiva, paralelismos, antítesis hacen que el
lector deba permanecer atento a la lectura para conseguir averiguar los mensajes
cifrados en la prosa gracianista muchas veces misión imposible.
Será, además, el teorizador del conceptismo gracias a su obra, Agudeza y arte de
ingenio.
En cuanto al cultivo del culteranismo dentro de sus líneas, se ha de decir que el escaso,
aunque aparecerá en la creación de nuevas palabras mediante la prefijación y
sufijación, lo que hará que Gracián tenga un léxico muy enriquecido y personal, pero
sin llegar a los artificios extremos del culteranismo más radical.
b. OBRA
Podemos trazar cuatro líneas maestras en torno a las que se mueven todas sus obras:
La primera es el ciclo compuesto por los llamados <<libros formativos>>. Son una
respuesta a las necesidades del hombre de su tiempo y el carácter que han de tener
esos hombres para prevalecer en la sociedad. Son: El héroe, El político, El discreto,
Oráculo manual y arte de prudencia y dos intentos inconclusos: El atento y el galante.
Contrasta con estas obras, su composición maestra: El criticón. Esta obra, por su
carácter crítico y diferente, merece un estudio más en profundidad.
De temática religiosa, escasa según valora la crítica, aparece su obra El Comulgatorio.
En el cuarto apartado, llamado de teoría literaria, se incluye su Agudeza y arte de
ingenio, un minucioso estudio de la estética conceptista.
i. LIBROS FORMATIVOS: EL HÉROE, EL DISCRETO, EL POLÍTICO,
ORÁCULO MANUAL Y ARTE DE PRUDENCIA.
El héroe
Es su primera obra escrita. Aparece en el año 1637 en Huesca, y ese mismo año se
hacen dos ediciones más de las que no tenemos ninguna copia. Sí nos han llegado las
ediciones de 1639 y otra manuscrita autógrafa, que contiene una primera redacción de
la obra, notablemente distinta de la definitiva. La edición de 1637 iba dedicada al rey
Felipe IV, - no así la de 1639- y a Lastanosa, gran protector de su obra. Firma con el
pseudónimo de Lorenzo Gracián, su hermano, para no ser descubierto por la
Compañía de Jesús.
La obra consta de XX “primores” en los que nos habla de las cualidades que deben
asistir al hombre ideal. La palabra “héroe” del título no debe entenderse como ser
superior, sino como aquel que sabe triunfar en el trato social. Es, pues, un manual de
conducta. Incita a la prudencia y a la discreción, ponderando el ingenio, la inteligencia
y el buen gusto.
La obra tiene también implicaciones políticas y se alude con frecuencia a la figura del
rey. Se encuentran similitudes con El príncipe de Maquiavelo, pero adaptado al
hombre barroco y católico español del siglo XVII.
Se presenta la convivencia humana en base a relaciones de poder, en las que cualquier
hombre debe ejercitar su capacidad de dominio sobre los demás y ha de evitar ser
dominado. Refleja claramente la actitud del hombre barroco, siempre en guardia
frente al mundo exterior.
Gran parte de los ejemplos están tomados de otros autores, fundamentalmente
Plutarco y Erasmo.
El político
El político Don Fernando el Católico se publica en Zaragoza en el año 1640, aunque de
esa edición tan solo se conserva un tomo, mientras que de la segunda de 1646 en
Huesca, si conservamos algún ejemplar más. Vuelve a estar firmado bajo el
pseudónimo de Lorenzo Gracián.
En cuanto a su forma, estamos ante un discurso no demasiado extenso, que traza una
biografía personal del monarca, resaltando sus cualidades, especialmente el valor y la
prudencia. La obra tiene un alcance más amplio ya que teoriza sobre la política y es
aplicable a los tiempos en los que fue escrita. En ella hay mucho de tratado filosófico.
De hecho, para muchos críticos, lo de menos es lo que tiene que ver con la semblanza
del rey Fernando y lo más interesante es la exposición de su pensamiento político. Esta
obra guarda unidad con la anterior ya que sigue dibujando el modelo de conducta del
hombre de éxito del siglo XVII tomando como ejemplo a don Fernando.
Gracián expone su discurso siguiendo un esquema antropomórfico ya que sus diversas
partes, cinco en total, se corresponden con algunas partes del cuerpo humano: rostro,
brazos, tronco, sexo, piernas.
Para algunos es el libro menos original, profundo y artístico de Gracián, pero su
lenguaje es brillante y el estilo presenta mayor naturalidad que en su primera obra.
El discreto
Aparece en Huesca en 1646, de nuevo bajo el mecenazgo de Lastanosa y firmada por
Lorenzo Gracián.
La obra consta de veinticinco partes llamadas <<realces>> en las que, se habla de las
cualidades que debe tener el hombre discreto, capaz de triunfar en el trato social (es
un manual práctico). Su analogía con El héroe es clara, aunque aquí se centra más en
todo aquello que puede hacerle a uno brillar en sociedad, especialmente el genio y el
ingenio, mientras que en su primera obra daba primacía a los valores intelectuales. El
primer realce se dirige al príncipe heredero Baltasar Carlos.
La estructura de El discreto es una amalgama de formas que van desde las
conversaciones entre el autor y un amigo, hasta las disertaciones académicas, pasando
por alegorías, cartas, discursos… Esto ha llevado a pensar que los “realces” se
escribieron en momentos distintos, quizá cada uno de ellos fuera un breve discruso
hecho para ser leído en la tertulia de Lastanosa. A pesar de lo que pueda parecer, sí
que hay unidad entre todos los “realces”, porque la intención de Gracián es idéntica en
todos ellos.
Abundan las alusiones a la guerra de Cataluña, problema frente al que se muestra
tolerante, igual que el duque de Nocera. De hecho, hay alguna censura a la rígida
política llevada a cabo por Felipe IV en relación a este conflicto.
Muchos de los diálogos del libro tienen como interlocutores a amigos de Lastanosa. Se
ha querido ver una evocación a ese ambiente tan preciado en un momento en que se
encontraba en una tierra que le era hostil: Valencia.
Del Arco considera que esta es la obra de Gracián en la que más resplandece su
ingenio, no desbordado como en El Criticón, sino reflexivo, sereno y amoroso, y de
modo más inteligible.
Oráculo manual y arte de prudencia
Se imprime en Huesca en 1647, aunque a nosotros solo ha llegado la edición de 1653,
publicada en Madrid. Su título completo es: Oráculo manual y arte de prudencia
sacada de los aforismos que se discurren en las obras de Lorenzo Gracián.
Se compone de trescientas máximas desarrolladas de forma independiente. Son
sentencias, conclusas y bien cerradas, en forma de aforismo de pensamientos de sus
obras anteriores (sobre todo El héroe y El discreto). Es frecuente la alusión a dos
conceptos básicos: el “atento” y el “galante”, lo que ha hecho suponer que algunas
máximas proceden de dos de sus libros no publicados: Avisos al varón atento y El
galante. Alguna parte de la crítica ha creído que en esta obra tuvo participación el
círculo de Lastanosa y el propio prócer aragonés, aunque la mayor parte ha
desestimado esta teoría, diciendo que la obra es exclusivamente de Gracián. En
general, hay acuerdo en que, si bien Gracián se valió de mucho material extraído de
sus propios escritos, los refundió de acuerdo a un plan distinto. El resultado es una
obra de redacción original aunque se haga eco de ideas viejas.
Es un tratado práctico de cómo debe ser el hombre prudente. De nuevo aparece el
común denominador de los libros formativos de Gracián: consejos dirigidos a los
varones que quieran triunfar en las relaciones sociales.
El estilo lacónico, ha sido puesto en valor por críticos como Haztfeld, que ven en esta
obra una magnífica representación de la capacidad del autor para lograr ese efecto de
concentración y elegancia a un tiempo. Juega con la ambivalencia de las palabras para
obtener expresiones inteligentes y brillantes y para manifestar su agudeza conceptista
mediante el equilibrio de lo concreto y lo abstracto.
ii. AGUDEZA Y ARTE DE INGENIO
Este manifiesto de la estética conceptista sale a la luz en Huesca en el año 1648. Se
tiene constancia de otra obra en el año 1642 con el título Arte de ingenio, tratado de la
agudeza en que se explican todos los modos y diferencias de conceptos. La
reelaboración del año 1648, puede venir motivada por dos acontecimientos:
El primero sería por adecuarse, por vez primera, a la censura de la Compañía de Jesús.
El segundo, por la aparición de una obra de Matteo Pellegrini, con quien mantiene un
cruce de palabras Lastenosa sobre quién había tomado referencias a quién en la
composición de dos obras que tienen tema parecido. Parece claro que ambas obras
fueron independientes y tenían algunas diferencias, por ejemplo, Pellegrini censura el
uso de la agudeza mientras Gracián la eleva a la categoría de valor máximo. Parece
probable que la reelaboración de la obra obedeciera al deseo de distinguirse más de la
obra italiana. La nueva versión tiene añadido un Tratado de los estilos, su propiedad,
ideas del bien hablar, con el arte de erudición y noticias de libros, así como ejemplos
nuevos tomados de la traducción castellana de los epigramas de Marcial y de autores
aragoneses de su tiempo.
Se ha considerado por algunos críticos esta obra como una retórica, aunque el propio
Gracián deja claro que no. Gracián simplemente emprende un análisis de la agudeza
de los conceptos, que es la más brillante expresión de la inteligencia, del ingenio.
Se divide en dos partes. La primera consta de 50 discursos y la segunda de 13. En ellas
estudia las diversas figuras, en especial las que implican un proceso metafórico o juego
conceptual. Cada figura viene ilustrada con un ejemplo, tomados de autores españoles
en general, aunque también recurre a los latinos, italianos y portugueses.
La obra es más bien una colección de ejemplos y una ponderación elogiosa de los
mismos que un análisis exhaustivo de estos. Los 63 discursos siguen, por lo general,
una misma estructura: definición del tipo de concepto y desfile de ejemplos y modelos
que responden a cada variante.
Desmiente la artificial distinción entre conceptistas y culteranos, llegando a tomar la
mayoría de ejemplos de conceptismo de Góngora, un total de 55, mientras que en
Quevedo solo aparecen 7 poemas. Los poetas aragoneses son muy citados.
En definitiva, es una obra que viene a ser una peculiar antología de la lírica española
del siglo XVII sin olvidar a poetas del XVI, Garcilaso, Camoens… y a otros italianos, en
especial Marino y Guarini.
iii. EL CRITICÓN
La obra cumbre de Gracián queda dividida en tres partes. La primera la publica en
Zaragoza en 1651, la segunda en Huesca en 1653 y la tercera en Madrid en 1657. La
primera iba firmada por García de Marlones y la segunda y tercera por Lorenzo
Gracián. Cada parte está dividida en <<crisis>>, término especial que emplea para
referirse a sus capítulos, y que tiene la connotación de juicio. El título de la obra, pues,
vendría a significar colección de crisis, de juicios.
Esquema argumental y contenido
La primera parte se titula En la Primavera de la Niñez y en el Estío de la Juventud. Se
contraponen dos formas de enfocar la vida: la de Andrenio, el hombre natural que se
ha criado solo en compañía de las fieras y se guía por el instinto y la de Critilo, que ha
naufragado y ha sido recogido por Andrenio y es el producto de una civilización.
Emprenden un largo viaje en busca de la amada de Critilo y se encuentran con una
serie de personajes, la Razón, Proteo, Quirón, que les brindan enseñanzas varias.
Llegan a Madrid y son engañados por Falsirena.
La segunda parte se llama Juiciosa cortesana filosofía. En el Otoño de la Varonil Edad.
Sigue la peregrinación de los personajes por Aragón (aprovecha para elogiar su tierra,
aunque también para hablar de sus defectos) y Francia, donde viven sorprendentes
aventuras y acaban en los Alpes de Vejecia, donde el Varón Juicioso se encarga de
enviar a la Casa de los Locos a los viajeros que tienen demasiado o poco juicio.
La tercera parte es En el Invierno de la Vejez. Visitan el palacio de Vejecia (la vejez),
lleno de horrores y prosiguen con sus aventuras y sus visitas a distintos lugares, como
el palacio de la Soberbia, la Cueva de la Nada, Roma (donde el Cortesano les informa
de que la amada de Critilo está en el Cielo), el Mesón de la Vida o los sótanos de la
Muerte, donde esta decide acabar con ellos, pero les salva el Inmortal y los conduce a
la Isla de la Inmortalidad, donde el Mérito les deja pasar a la Mansión de la Eternidad.
Como puede apreciarse fácilmente, presenta una gran complejidad estructural en que
se entremezclan los más variados episodios. Junto a los escenarios reales aparecen los
lugares de ficción, poblados por personajes simbólicos. A la alegoría central, que da
cuerpo a la obra, se superponen otras muchas, así como fábulas y apólogos. Los dos
elementos claves que aglutinan todo el relato son la alegoría y el símbolo.
La obra presenta una estructura itinerante, ya que todas las aventuras que viven los
protagonistas se dan a través de sus continuos viajes. Pertenece al grupo de las
llamadas novelas iniciáticas porque a lo largo de ella los personajes van abriéndose al
conocimiento del mundo, inician un aprendizaje que les desvelará los más recónditos
secretos de la vida y la muerte.
Sus conexiones con la novela picaresca ya han sido subrayada por Montesinos: su
estructura itinerante, su visión del mundo, la doctrina moral… No obstante, como ha
apuntado Blecua, hay una diferencia esencial: sus personajes no son de carne y hueso,
sino abstracciones que caen en el terreno de lo irreal e intemporal. El uso de la
alegoría, ajena a todo desarrollo anecdótico, lo aproxima al auto sacramental.
Intención
El criticón es una novela alegórica que muestra el desengaño barroco ofreciendo al
lector una visión totalmente desolada. En sus andanzas los protagonistas se topan con
personajes que les permiten conocer los engaños de la vida. Son una serie de alegorías
puestas al servicio de un fin primordial: demostrar que en el mundo reina la hipocresía
y la falsedad. Después de un análisis implacable de la naturaleza humana saca una
conclusión totalmente desesperanzadora: el hombre es el más cruel y estúpido de los
seres creados por Dios.
En una época depresiva como el Barroco, la única solución es analizar la realidad
circundante y adoptar una actitud más acorde con ella: hay que mantenerse en
guardia, ser prudente, sagaz y precavido ante el engaño y la malicia de la sociedad.
En Gracián el desengaño no desemboca en una actitud ascética que le lleve a apartarse
del mundo, sino todo lo contrario, le incita a adentrarse en él para salir triunfante de la
lucha a través de la prudencia y la cautela.
Gracián expone este punto de vista, quizás porque en sus carnes haya vivido varios
desengaños en sus relaciones personales. De hecho, en la segunda parte, narra varios
episodios relacionados con su vida.
La contraposición del instinto y la razón a través de Andrenio y Critilo le permite poner
en tela de juicio la validez del mundo civilizado y elaborar un auténtico tratado de
filosofía moral. En realidad son un desdoblamiento de las dos facetas complementarias
que integran la personalidad del ser humano: la de los instintos primarios que le
vienen dados por la naturaleza y la del juicio y la razón que los domina en aras de una
convención social que viene impuesta desde fuera.
La división de sus partes en estaciones del año establece un paralelismo con las edades
del hombre. El instintivo Andrenio, se halla en el estío de su juventud, mientras que el
racional Critilo, va camino de la vejez.
El contenido doctrinal de la obra hace que los rasgos novelescos queden casi
desaparecidos en favor de la preocupación moral y didáctica. Todos los motivos
literarios de la obra se enfocan con vistas a la lección moral exclusivamente. No se les
da el menor desarrollo anecdótico ni provocan la más elemental peripecia.
Fuentes
Mucho se ha dicho de las influencias que ha recibido Gracián, y que han hecho de él,
según algunos críticos, un escritor tradicional y poco original, o incluso, plagiador.
Abundan en El Criticón citas de autores clásicos, como Cicerón, Séneca, Horacio,
Ovidio, Plinio…
Se ha discutido mucho su relación con El Viviente, hijo del Vigilante, de un filósofo
árabe, Ibn Twfail, de la segunda mitad del S. XII. El texto fue publicado traducido al
latín en 1671 y trata la cuestión de si es posible o no que un ser humano que no tenga
contacto alguno con la sociedad, la cultura y la civilización logre adquirir unos
conocimientos científicos y filosóficos por sí solo. Este conflicto se plantea en el
personaje de Andrenio, con el que Gracián quiere demostrar que no es posible adquirir
un conocimiento integral, pero sí se pueden elaborar una serie de nociones
personales, perfectamente válidas, acerca del mundo.
Se ha descartado que Gracián se hubiera inspirado en el texto árabe. También podría
haber recibido influencia de un manuscrito aragonés en el que aparecía un cuentecillo
árabe o iraquí anterior a la obra citada anteriormente, que trataba un tema similar y
que pudo servir como fuente tanto a la obra de Gracián como a la de Ibn Twfail.
Aunque Gracián no tuvo por qué partir de un manuscrito sino de una tradición fijada
oralmente.
Se aprecian también influencias de obras espirituales, como la Biblia, la Summa
Theologica… Otros autores circulan por la obra, como Llull, Quevedo…
Para nosotros Gracián fue un gran lector, influido por muy diversas obras, pero que
supo dar su toque personal a cada una de las ideas que extraía de ellas.
Estilo
Al ya estudiado estilo lacónico y conciso de sus obras, se suma en esta de Gracián una
mayor <<soltura, regularidad y elegancia>>. El estilo es más fluido y conversacional,
más ameno. Aumenta el acierto en la construcción de metáforas y comparaciones. El
símbolo y la alegoría adquieren una profundidad y dimensión comparables a las que
logra Calderón en sus mejores autos sacramentales.

2. LA LITERATURA EMBLEMÁTICA Y DIEGO SAAVEDRA FAJARDO. EL


ARBITRISMO.
a. LA LITERATURA EMBLEMÁTICA: JUAN HOROZCO Y COVARRUBIAS,
HERNANDO DE SOTO, SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS.
Aunque es Saavedra Fajardo quien en sus Empresas políticas lleva a la cúspide el
género emblemático, otros autores lo habían cultivado con anterioridad. El género
emblemático ya se había practicado en las postimetrías del S. XVI, pero es
extensamente difundido en el S. XVII en la Europa de las monarquías absolutas. Es
fruto de las condiciones históricas de la época.
Juan Horozco y Covarrubias
Sus Emblemas morales se publicaron en 1589. Se dividen en dos partes. La primera
expone las características del género y se definen los diferentes conceptos. Juan
Horozco estable una clara distinción entre empresa y emblema. Ambos sirven de
elementos visuales significativos, pero difieren en que las empresas parecen tener un
alcance predominantemente político y los emblemas son de índole moral y atienden
especialmente al comportamiento individual. Las figuras de las empresas han de ser
todas significativas y el grabado acostumbra a ser más escueto que en los emblemas,
donde se permite ornato, o sea, imágenes que adornan el motivo central. En la
empresa el significado resulta de la combinación de la figura plástica y el lema y en el
emblema la letra tiene más entidad, lo más importante es la imagen. Tras la
introducción teórica, se incluyen cincuenta emblemas en la segunda parte. Cada uno
de ellos lleva su comentario en prosa y una octava. El estilo es conceptista.
Hernando de Soto
Sus Emblemas moralizadas siguen muy de cerca el Emblematur Liber de Alciato. Bravo-
Villasante lo califica de “libro precioso, sencillo”, que pretende llegar a todo el mundo.
Sebastián de Covarrubias
Autor del famoso Tesoro de la Lengua Castellana o Española y hermano de Juan
Horozco (e influido por él) publica sus propios Emblemas morales. Es un libro extenso
estructurado en tres Centurias, cada una con cien emblemas. Todos los dibujos llevan
un mote o lema en latín y una octava en la misma página y un comentario en prosa en
la página contigua. El comentario en prosa, como buen conceptista que es su autor,
suele ser muy breve y conciso, a veces de un laconismo extremado.
La mayor parte de los motes incluidos proceden de autores griegos y latinos, otros se
extraen de la Biblia y otros libros sagrados y también los hay de autores modernos o
inventados por el propio Covarrubias. Por lo general, al final del comentario en prosa
aclara la procedencia del mote. Pone mucho cuidado en que haya correspondencia
entre imagen y significado, lo que acaba produciendo un libro de extraordinaria
belleza.
b. DIEGO SAAVEDRA FAJARDO.
i. BIOGRAFÍA Y PERSONALIDAD Y OBRA
Vida
Nace en Murcia en el año 1584, en el seno de una familia hidalga de buena posición.
Pronto siente su vocación religiosa, estudiando en el Seminario de Murcia, pero no
llegando a ordenarse de mayores. A la edad de 22 años entra de lleno en la vida
diplomática, llegando a convertirse en representante de España en la Santa Sede.
Interviene en algunos acontecimientos claves de la política del siglo XVII. Entre ellos
destacamos las negociaciones de paz que lleva a cabo para acabar con la guerra de los
Treinta Años. Las negociaciones se hacen dificultosas y pide ser relegado del cargo.
Regresa a Madrid en 1646, donde muere en 1648.
Personalidad
Sabemos que fue una persona erudita, de una inmejorable formación humanística y
teológica. Dedicó sus esfuerzos en representar a España en el exterior en un momento
de gran adversidad para la Corona. Debió tener un carácter altivo e impetuoso, lo que
hizo que no fuera fácil en el trato.
Las circunstancias tan difíciles que le tocó vivir, hicieron de él una persona con carácter
amargo y pesimista.
Fue una persona moderna, por su espíritu crítico en su concepción teológica y política.
Obra
Tras unos breves escarceos en el campo de la poesía sin mucho valor, se inicia en lo
que será su gran obra, fruto de su labor como político y diplomático. El primer libro de
relieve, República literaria, lo escribe en sus años juveniles. El momento culminante se
produce en 1640 con la publicación de las célebres Empresas políticas. Les seguirá una
interesante obra histórica, Corona gótica, castellana y austríaca. Además de estos tres
títulos que constituyen los pilares de su producción literaria, escribió alguno más.
República literaria
Ha sido muy difícil conceder a esta obra la autoría de Diego Saavedra. Sería una obra
de juventud, compuesta en torno a 1612. Esta primera redacción circuló a través de un
manuscrito anónimo que se fue corrompiendo, razón que llevó al autor a elaborar una
segunda versión corregida, distinta en algunos detalles concretos así como en el tono
general, menos agresivo y con mayor tendencia al conceptismo. Esta obra se publicó
después de su muerte atribuida a otro autor y con otro nombre y no es hasta 1670
cuando se considera a Saavedra su autor y se recupera el nombre de República
literaria.
Se inscribe en la tradición lucianesca, pero sin su espíritu antirreligioso. Es una sátira
contra los estudios teóricos y científicos y contra el mundo de las letras en general, que
el autor juzga como algo muerto y desbordado por la realidad práctica. Quizá las dudas
acerca de su autoría se deban a esta actitud, tan curiosa en un erudito que dedicó gran
parte de su vida a crear conocimiento teórico, aunque siempre estuvo entregado a la
acción. No se debe entender su actitud como un desprecio absoluto por este tipo de
saber, sino como una manifestación de excepticismo.
El contenido de la obra es el que sigue. El autor se queda dormido pensando en la
cantidad de obras que se imprimen. Es arrebatado del sueño y conducido a una ciudad
fantástica (posiblemente Salamanca), conducido por Marco Varrón, quien le hace
saber que se hallan en la República literaria. Allí entran en contacto con grandes
autores del pasado, con otros del tiempo presente, sobre los que emite un juicio
ingenioso. De pronto el guía es el italiano Polidoro, para otra vez ser Marco Varrón.
Las fuentes han sido profundamente estudiadas, y se ve en él una fuerte relación con
Luciano y Platón. Además se ha señalado el recuerdo de una obra de Luis Vives y se
apunta a cierta vinculación con la corriente erasmista, en concreto con el Elogio de la
locura. También se relaciona con otras obras cínicas que hacen una fuerte crítica a la
ciencia. Aunque estas, a diferencia de la obra que nos concierne, defienden la
ignorancia, mientras que Saavedra, a pesar de su escepticismo mezclado con humor,
termina por reconocer la utilidad de la ciencia.
Sus valores estilísticos han sido muy elogiados. Menéndez Pelayo concluye que
estamos ante una de las últimas obras en la que <<la lengua literaria está pura de toda
afectación y contagio>>. Exalta su gran fuerza plástica para dar vida a la ficción.
Empresas políticas
Idea de un príncipe político cristiano representada en cien empresas, (Munich,1640) es
la obra cumbre de nuestro autor. Está dedicada al príncipe heredero Baltasar Carlos,
que habría de morir en 1646. Está concebido como un tratado teórico de política y
moral.
Para su lección magistral elige el emblema o la también denominada empresa.
Consiste en utilizar una imagen alegórica y glosarla para dotarla de significado dando
cabida al contenido doctrinal. Saavedra lo acompaña también con un lema en latín.
Las empresas que narra Saavedra, son cien y a pesar de que vienen narradas de forma
continua, sin separarlas en capítulos, sí parece que responden a un plan temático y
que siguen la siguiente estructura:
- Educación del príncipe
- Como tratar a súbditos y extranjeros
- Cómo a los ministros
- Cómo ejercer el gobierno de sus estados
- Cómo atajar los males internos y externos
- Cómo actuar en las victorias y en los tratados de paz
- Cuál ha de ser su actitud en la vejez
A diferencia de los emblemas que circulaban por Europa (que se perdían en
observaciones morales de carácter general), Saavedra es capaz de darles un carácter
más individual, aludiendo de forma más directa a la formación del príncipe. Ante todo,
debe ser un buen cristiano, anteponiendo el bienestar de su pueblo a sus pretensiones
personales, buscando la paz y el progreso. Deberá, también, favorecer las artes y las
letras. Su ideología es producto de la Contrarreforma. Critica el modelo que se sigue en
El Príncipe de Maquiavelo, por su extremo utilitarismo que falta en muchas ocasiones a
principios fundamentales. Sin embargo, sí coincide con algunos consejos de cautela y
prudencia que se dan en la obra del florentino.
La obra es un compendio filosófico de la política de gran valor, que recoge citas de
autores clásicos como Séneca y Aristóteles, pero pesa sobre él una larga tradición
medieval de literatura moral, con los llamados “espejos de príncipes” que tienen
idéntica función didáctica. Parte también de numerosos cultivadores de emblemas que
en el siglo XVI y XVII siguen la tendencia de Alciato, como Hernando de Soto, Juan de
Horozco y Covarrubias…
Toma mucho material de sus múltiples lecturas, pero sabe seleccionarlo muy bien y
reelaborarlo en función de sus propósitos. Hace un alarde de erudición muy notorio. Es
una obra profundamente representativa del pensamiento español del S. XVII.
Corona gótica
La primera parte de la Corona gótica, castellana y austriaca se publica en Münster en
1646. La primera parte que consta de 30 capítulos, va desde el reinado de Alarico
hasta la invasión musulmana. La segunda, queda incompleta y llega hasta la época de
Alfonso VIII. De la corona austriaca no tenemos noticia.
Alonso Núñez de Castro, cronista real, continua la historia inacabada y llega hasta el
reinado de Enrique II. Su trabajo se publica en Madrid en el año 1671.
En el prólogo, dirigido al príncipe heredero, Saavedra apunta que esta obra es un
complemento de las Empresas políticas. A través de sucesos históricos del pasado,
pretende seguir la misma línea didáctica de formación política y moral.
Su rigor científico no siempre está a la altura de la prosa. Introduce ciertos motivos
literarios que restan credibilidad a los sucesos narrados.
3. OTROS PROSISTAS DEL BARROCO: DIÁLOGOS, MISCELÁNEAS Y TEXTOS
COSTUMBRISTAS.
a. EL VIAJE ENTRETENIDO DE AGUSTÍN DE ROJAS.
Agustín de Rojas nace en Madrid en 1572. Durante 4 o 5 años es paje de la nobleza y
creemos entra a formarse en el Colegio de los Jesuitas, aunque la mayor parte de su
formación es autodidacta. Entra en la vida militar, aunque sale de ella aquejado de una
enfermedad. A partir del año 1595 pretende lograr fama en el mundo del teatro, pero
en 1603, año en que contrae matrimonio, abandona el mundo de la farándula. Su
muerte ocurrió alrededor del 1635.
Rojas es célebre por su Viaje entretenido, sobre todo por el fragmento en el que se
describen los diversos tipos de agrupaciones teatrales. Es una obra miscelánea que
toma la forma de diálogo, muy apropiada para dar mayor vivacidad a los episodios; se
prescinde, eso sí, de la finalidad didáctica que suele tener el género.
Sabemos que el libro es escribió con la intención de dar cabida a las cuarenta loas del
poeta que ocupan la mitad del mismo. Estas son desiguales y en su conjunto no dicen
gran cosa al lector actual. Es interesante la loa de La comedia en que se dan noticias
sobre el teatro de la época. También intercala una novela de corte sentimental:
Leonardo y Camila.
La levísima trama argumental que sirve de sostén al relato consiste en un viaje de 4
profesionales del teatro de Sevilla a Toledo. Sus nombres son: Ríos, Ramírez, Solano y
el propio Rojas. Son personajes reales, que para distraerse durante el viaje, entablan
conversación sobre temas muy variados, algunas de ellas sobre las ciudades por las
que pasan y en ocasiones con carácter picaresco. Gracias a las anécdotas e historias de
los personajes podemos conocer muy bien cómo vivían los actores, qué concepto tenía
de ellos la sociedad, cuál era su talante…
Contiene muchos datos autobiográficos. Toda la información sobre el teatro procede
de su experiencia personal, pero no todo el libro tiene ese carácter inmediato y vivido;
abundan los recuerdos de muchas lecturas llevadas a cabo por el Rojas autodidacta.
Adquiere con frecuencia un tono erudito y elitista, llegando a ser pedante en
ocasiones.
La obra resultó un gran éxito entre sus contemporáneos llegándose a publicar 7
ediciones más solo en el siglo XVII.
b. EL PASAJERO DE CRISTÓBAL SUÁREZ DE FIGUEROA
Nace en Valladolid en 1571. Sigue la carrera de derecho en las universidades de
Bolonia y Pavía y ejerce como juez y fiscal. Un rasgo sobresaliente de su personalidad
es su carácter envidioso, irascible y avinagrado.
Especialmente célebre es su diálogo titulado El pasajero. Se advierten similitudes con
el Viaje entretenido de Rojas, igual que en la obra de Rojas, el viaje se usa como excusa
para intercalar otras composiciones suyas, como versos u otros relatos más o menos
extensos y todo tipo de observaciones y sátiras. No falta tampoco el elemento
picaresco, especialmente en la novelita que cuenta la vida del ventero y cuadrillero
Juan.
Al igual que en Rojas los personajes principales son 4 viajeros que van desde Madrid a
Barcelona rumbo a Italia. Cada uno representa a una clase social distinta: el Doctor,
que dirige el diálogo y parece estar en la posesión de la verdad, representa al
intelectual y se ha identificado con Suárez; el maestro, que ejerce de teólogo, parece
encubrir a la figura de Torres Rámila, enemigo de Lope; don Luis, el militar de vida
aventurera e Isidro, el hombre que trabaja con sus manos, el platero.
El tema más frecuente en la conversación es la literatura. Eso le hace prodigar
comentarios mordaces contra literatos de la época como Lope.
También se recoge numerosa información acerca de la vida y las costumbres de la
época, que se desvela ante nosotros de la mano de un hombre culto y con grandes
dotes de observación. Algunos críticos han apuntado una doble finalidad en la
elaboración de la obra: el afán didáctico, que lleva a proporcionar al lector una serie de
“advertencias utilísimas para la vida humana” y, por otra parte, la necesidad de
expresar algunos de sus pensamientos íntimos.
El estilo es digno de elogio. Predomina la frase cortada, conceptista. Es una obra
trabajada con esmero.
c. GUÍA Y AVISO DE FORASTEROS, DE ANTONIO LIÑÁN Y VERDUGO.
Poco sabemos de la vida de Liñán y Verdugo. Nació en Vara del Rey (Cuenca), y su vida
transcurrió en Alcalá, Salamanca, Sevilla y Madrid.
En 1620 se publica en Madrid la Guía de avisos de forasteros que vienen a la corte. El
estilo narrativo es el del diálogo indirecto, guiado por un narrador que introduce en
tercera persona la réplica de cada interlocutor. De ese modo aparecen las
interlocuciones de un maestro de teología y artes, de un caballero viejo y uno joven.
Los dos primeros dan avisos al tercero de cómo debe actuar en la corte. Se incluyen un
total de ocho <<avisos>>, que van desde cómo elegir posada hasta cómo cuidar a los
hijos, en caso de tenerlos o cómo escoger amigos y escapar de los entretenimientos
inútiles y del ocio. Entre estos avisos se intercalan con el epígrafe <<novela y
escarmiento>> 14 relatos breves que ejemplifican los consejos que se dan al joven.
Todas ellas son de corte italiano y ambiente picaresco.
La intención moralizante que preside la obra y que a veces dificulta el fluir del relato, la
entronca con la novela picaresca. Su ejemplaridad también es a contrario, ya que
muestra todas las lacras morales que pretende combatir. Por sus páginas desfilan los
más variados y pintorescos tipos humanos (los mismos de la novela picaresca):
rufianes, aventureros y fulleros.
El estilo es fluido y ameno. No cae en las redes cultistas ni hace alarde de erudición. Se
expresa de forma clara para que sus enseñanzas no caigan en saco roto. Es una obra
interesante por su valor documental y literario.
d. JUAN DE ZABALETA.
Nace en Madrid, probablemente en 1610. Es cronista de Felipe IV y poseedor de dos
mayorazgos. En 1664 queda ciego. Muere en torno a 1670.
Su actividad literaria es variada. Escribe comedias en colaboración con los discípulos de
Calderón e incluso con el propio maestro. Es autor de obras filosóficas y didácticas,
pero sin duda lo más interesante de su colección son sus obras costumbristas: El día de
fiesta por la mañana (1654) y El día de fiesta por la tarde (1660).
El día de fiesta es un libro digno de ser leído. Los tipos que retrata presentan aspectos
ridículos de permanente actualidad: el enamorado, el hipócrita, el glotón, el cazador…
En El día de fiesta por la mañana las descripciones se reducen a tipos y figuras
mientras que en El día de fiesta por la tarde se retratan ambientes: jardines, comedias,
casas de juego...
Quizás el único defecto de si obra sea el exceso de observaciones moralizantes. Sobre
todo, reprocha a los habitantes de la corte el desinterés que muestran por santificar el
día del Señor.
Estas observaciones algunas veces se dan en un diálogo ficticio con el personaje, con el
que el autor se encara para reprocharle su comportamiento, otras, con comentarios
previos a la acción y otras la moralización va implícita en la manera de describir las
actitudes.
Quitando este exceso, por lo demás, la obra resulta de una gran calidad. Los tipos
madrileños representados que tienen su origen en la picaresca, están muy bien
recreados, con un lenguaje sencillo y próxima a la lengua coloquial del momento
(ejemplo de que en el Barroco también hay lugar para la prosa sin acicalamientos).
La narración, toda ella en presente histórico, salta con gran agilidad de una situación a
otra. Los objetos más insignificantes aparecen muy detallados y bien descritos, sin
olvidar los rasgos psicológicos de los personajes, lo que convierte a Zabaleta en un
gran observador del hombre y su entorno.
Otras obras, fuera de la índole costumbrista y recogidas en su edición de Obras en
prosa son:
Theatro del hombre: el hombre, historia y vida del Conde de Matisio (1652), y El
emperador Commodo (1666), son sendas visiones de la de vida de un personaje de alta
alcurnia.
Problemas de la filosofía moral (1652) trata de fenómenos físicos que pueden
confundir al ser humano.
Milagros de los trabajos es una valoración de como los sufrimientos acercan al hombre
a Cristo, introduciéndolo en su pasión.
Historia de Nuestra Señora de Madrid gira en torno a una imagen hallada en la capital.
Abundan las digresiones morales.
Errores celebrados (1653). Versa sobre un total de 33 anécdotas sobre acciones del
pasado que fueron aplaudidas y que sin embargo esconden tras de sí un error.
4. PROSA RELIGIOSA
a. SOR MARÍA JESÚS DE ÁGREDA
Nace en Ágreda (Soria) en 1602. Profesó en 1620. Su fama procede en buena medida
de la correspondencia asidua que mantuvo con Felipe IV, que buscaba en ella consejo
en las situaciones difíciles; a pesar de su escasa experiencia, la religiosa procuraba
responder siempre con buen sentido. Estas cartas permanecieron en secreto hasta su
publicación en París en 1855.
Es autora de Mística ciudad de Dios y vida de la Virgen manifestada por ella misma
(1670), que es una obra amplísima equidistante entre lo novelesco y lo religioso.
Cuenta con detalle y tono familiar la vida de María desde su infancia. Ofrece muchos
datos que no se pueden hallar en fuente alguna, por lo que puede suponer que adorna
la biografía con su propia imaginación. Tiene, de vez en cuando, arrebatos
pseudomísticos que le valieron problemas con la Inquisición. Aunque esta obra no
tiene nada que ver con la mística pura, es un curioso híbrido que revela la decadencia
del género.
5. LA ORATORIA SAGRADA Y HORTENSIO FÉLIX PARAVICINO
A un género oral y directo, como eran los sermones, se le añadieron las complicaciones
culteranas y los juegos conceptistas, que no aportan elementos de valor y ponen al
género al borde del ridículo. A menudo ambos fenómenos se combinan en un solo
predicador. De ahí el rechazo de que son objeto por parte de los ilustrados (Gracián en
El Criticón, por ejemplo). No obstante, a pesar de la decadencia progresiva del género,
pueden citarse algunos nombres del S. XVII entre los que destaca Paravicino.
Hortensio Félix Paravicino
Nace en Madrid en 1580 y es alumno de los jesuitas. Más tarde tomará el hábito de los
trinitarios. Es, sin duda, el orador por excelencia del siglo XVII. Su figura fue muy
celebrada en la corte, y a él se refieren dos sonetos laudatorios de Lope y Quevedo
tras su muerte. Fue íntimo amigo de Lope y de Góngora, y aun se discute sobre la
posibilidad de que influyese a Góngora en su estilo culterano y no fuese al revés. La
diferencia de edad (Góngora era 20 años mayor) nos hace desechar esta teoría.
En vida solo publicó una breve selección de los muchos sermones que realizó, pero tras
su muerte sus compañeros y amigos sacaron a la luz dos libros de sermones: Oraciones
evangélicas o discursos panegíricos y morales (1638) y Obras póstumas divinas y
humanas (1641). Al arreciar en el S. XVIII los ataques contra el culteranismo en la
literatura sacra, él fue la cabeza visible del género y acabó llevándose bastantes
críticas.
Su estilo se movió entre el culteranismo y el conceptismo, aunque predominó en él su
preocupación formal culterana. Su estilo es recargado, con acumulación, a veces
excesiva, de elementos. Siempre está pendiente de llamar la atención con la brillantez
de su lenguaje y de extremar el aparato retórico para lucir sus habilidades. Hay en sus
sermones una buena dosis de oscuridad, provocada tanto por la sintaxis latinizante
como por el uso de neologismos y el alarde de su erudición. No podemos evitar la
sensación de que está dando más importancia a la expresión formal de sus conceptos
que al contenido. A pesar de todo, aventajó en calidad a todos los oradores de su
tiempo.
En su juventud había cultivado la poesía religiosa de corte gongorino y fue autor
también de una comedia bastante aparatosa.
6. PROSA HISTÓRICA
a. HISTORIA CONTEMPORÁNEA. FRANCISCO MANUEL DE MELO.
La historiografía del S. XVII se concentra fundamentalmente en los sucesos
particulares, crónicas de carácter local y biografías. Se suele reprochar a la mayoría de
estos escritos su falta de veracidad, en aras de unos intereses muy concretos. Por otro
lado, la realidad ya no ofrece grandes gestas dignas de ser cantadas en las crónicas; los
tiempos heroicos han quedado atrás y la situación histórica en que vive el hombre del
Barroco se presta mucho más a la reflexión amarga que a la exaltación entusiasta.
A pesar del elevado número que componen la historiografía del S. XVII no presenta
demasiado interés, a excepción de algunos libros, que por su actitud rigurosa y fiel a la
historia y por los valores estéticos de su prosa, de estilo cuidado y personal, sí que
merecen nuestra atención.
Francisco Manuel de Melo
Nace en Lisboa en 1611. Pertenece a una familia noble portuguesa. Vive alguno de los
sucesos célebres de la época como la campaña de Cataluña en 1640, en el ejército del
marqués Vélez, el cual le invita a escribir su Historia de los movimientos y separación
de Cataluña y de la guerra entre Felipe IV y la Diputación General de aquel Principado,
más conocida como Guerra de Cataluña. La firma bajo el seudónimo de Clemente
Libertino, para dotarla de mayor objetividad. Es un escritor bilingüe y tiene obras en
ambos idiomas (portugués y castellano) y de varios géneros (teatro, poesía,
epistolar…).
Dentro del campo de la historiografía, es autor de Epanáphoras de varia historia
portuguesa (1660) que trata diversos sucesos de gran relieve (revuelta de Évora,
batalla del canal de la Mancha, leyenda del descubrimiento de Madeira…).
Lo mejor de su pluma es Guerra de Cataluña (1645).
Como historiador, de Melo, trata en todo momento de atenerse a la objetividad de lo
acontecido y culpando a uno y otro bando de su parte de culpa. Para ello, primero
describe cómo son las relaciones entre Francia y España en ese momento y cómo es la
personalidad del pueblo catalán. Los hechos van hasta la toma de Tarragona en
diciembre de 1640, cuando Melo es arrestado a raíz de la sublevación portuguesa. Así
pues, solo narra lo que ha presenciado.
Guerra de Cataluña no interesa solo como obra histórica, sino también como obra
política, pues en ella se recoge en gran medida el pensamiento político del autor.
Aunque, será por sus valores literarios por lo que la obra será muy bien valorada, hasta
el punto de llegarse a considerar como la mejor obra historiográfica de nuestra
literatura. Quizás esa afirmación sea demasiado atrevida y nosotros prefiramos decir
que, sin duda alguna, es la mejor obra historiográfica del siglo XVII. Está escrita en un
perfecto castellano, elegante y cuidado. Menéndez Pidal ha elogiado su dicción “breve,
cortada y aforística”. La preocupación de Melo por el estilo es constante; su modelo
omnipresente son los latinos Salustio y Tácito; pero su prosa entra de lleno en el gusto
del S. XVII. Hay en ella reminiscencias de Quevedo. Le interesa mantener la atención
del lector, por lo que se esmera en la plasticidad de las descripciones. Un rasgo
esencial de su estilo barroco es el juego de antítesis y paralelismos que estructura toda
la obra. Caracteriza bien a sus personajes.
b. CRÓNICAS DE INDIAS. EL INCA GARCILASO DE LA VEGA Y ANTONIO DE
SOLÍS Y RIVADENEYRA.
El Inca Garcilaso de la Vega
Nace en Cuzco en 1539. Su padre es español y su madre es indígena. Le incluimos en el siglo
XVII por que su obra es tardía. En 1560 parte a España, donde no es recibido con los honores
que esperaba a pesar de haber traducido y dedicado los Diálogos de Amor de León Hebreo a
Felipe II. Muere en Córdoba en el año 1616. Es autor de tres obras de tema americano.
La primera de ellas es La Florida del Inca o Historia del adelantado Hernando de Soto
(1605). En ella se narra la conquista de Florida a cargo de Hernando de Soto. El autor ni
siquiera conocía la obra, pero había oído muchas veces el relato de boca de uno de los
testigos, por eso se anima a escribirlo. Se permite muchas invenciones, lo que hace que la
crónica a veces resulte novelesca, aunque era un tema que se prestaba a ello.
Mucho mayor interés tendrá los Comentarios reales (1609), que se extienden en su
segunda parte: Historia general de Perú (1617). En la primera parte, nos presenta una visión
de la época primitiva de Perú y el proceso de civilización llevado a cabo por los incas, del
que está muy orgulloso por su estirpe incaica. Está muy interesado por las raíces de su
pueblo y se preocupó por obtener información oral y datos tomados de crónicas españolas.
Es una obra polémica ya que debido a la supravaloración del pueblo inca se utilizó como un
ataque a los españoles, a pesar de que siempre muestra afecto hacia ellos.
En la segunda parte, retoma la historia donde la había dejado en la primera. Desarrolla el
período en el que el Perú es conquistado por los españoles. También habla de las guerras
civiles que dividieron al país y para ello se vale de sus recuerdos de infancia y de otras
crónicas. Adopta una postura intermedia en el conflicto, quizás por su naturaleza mestiza,
apoyando en algunos casos a sus compatriotas y en otros a los españoles.
Estas dos obras no son propiamente históricas; en ellas cabe lo legendario, sin trazar unos
límites claros. El Inca Garcilaso de la Vega no es un científico riguroso que nos da una
versión objetiva, sino un artista que idealiza la realidad y la mezcla con la leyenda. Más que
los sucesos de la historia oficial, de su obra interesan los recuerdos de una civilización
perdida y los aspectos literarios de su prosa, que la sitúan en el campo de las obras de
creación más que en el género didáctico.
Antonio de Solís y Rivadeneyra
Escribe, cumpliendo con su cargo de cronista, la Historia de la Conquista de Méjico, en la
que narra las peripecias de Hernán Cortés durante la conquista de Méjico (las
desavenencias con el gobernador Diego Velázquez, sus dificultades durante el viaje hacia
Méjico, la retirada del territorio conquistado tras la muerte de Moctezuma y la posterior
reconquista).
Solís da vida a los hechos históricos con la sabia caracterización de los protagonistas. Hay
una perspectiva muy favorable hacia Hernán Cortés, por el cual nuestro autor sentía una
gran admiración. Se nos describe a un Cortés inteligente, despierto, enérgico y decidido,
como un militar que no impone sus opciones a sangre y fuego, sino como un hábil
negociador que sabe hasta qué punto precisa de aliados y amigos para vencer a un rival
muy superior en número. Tras de sí tiene un doble conflicto: luchar contra los sublevados
mejicanos y contra el ejército de Velázquez, que tras elegirle como el conquistador de
aquellas tierras, se posiciona en su contra por envidia. A pesar de todo, no se presenta a
un Hernán Cortés sobrehumano, también se habla de su crueldad y maquiavelismo.
La conquista de Méjico está narrada desde la óptica de Cortés, pero Solís no se deja
arrastrar por un maniqueísmo fácil. Sabe indagar en el mundo de cada personaje y apuntar
las razones objetivas que contribuyen a que cada suceso se desarrolle como las crónicas lo
cuentan. El éxito de los españoles no se debió solo al talento de su capitán, sino también a
que se enfrentaron a una sociedad en decadencia.
Con belleza y precisión no comunes, Solís retrata el mundo que se encuentran los
españoles a su paso a partir de varias crónicas que maneja. Su relato es verídico y objetivo,
a pesar de su admiración por Cortés. El estilo es muy elaborado
Las frases de Solís están plagadas de incisos matizadores. Gracias a ello pone de relieve las
tensiones, titubeos e inseguridades de los personajes. Todo está visto desde varias
perspectivas, pues, como buen barroco, Solís parece pensar que nada tiene una realidad
definida. No hay discursos rectilíneos, siempre se muestran las dos caras de un mismo
razonamiento, por ejemplo, los mejicanos quieren impedir que entren en su ciudad los
tlascaltecas (aliados de los españoles), pero no desean descomedirse con el capitán
español.
La prosa de Solís es eminentemente barroca; en ella hay juego de realidad y apariencia, de
deseos enfrentados, se articula en un lenguaje rotundo, dominado por las fórmulas de
contraste, los incisos, las cláusulas paralelas que explican la concurrencia en un mismo
sujeto u objeto de dos rasgos contrarios.
El estilo es meritorio, con largas frases subordinadas sin ningún anacoluto.

7. PRECEPTIVAS, TRATADOS LITERARIOS Y FILOLÓGICOS


a. PRECEPTIVAS Y TRATADOS LITERARIOS
i. LUIS ALFONSO CARVALLO

Nace en Portugal en una fecha incierta y muere en 1630. Tiene fama de erudito,
ingresa en la Compañía de Jesús y dedica su vida a la enseñanza de las humanidades.
Su obra más interesante es una poética preceptiva titulada Cisne de Apolo, de las
excelencias y dignidad y todo lo que al Arte Poético pertenece (1602), en la que
aprovecha buena parte de su material docente. Consideramos que esta preceptiva ha
sido injustamente maltratada por la crítica, aunque coincidimos con ella en que la
calidad de las octavas reales que cierran cada capítulo es baja.
Carvallo se inscribe en la tradición platónica herreriana pero sin perder la
independencia de su pensamiento. De Platón toma la definición esencial de la poesía
como hábito del entendimiento, es decir, se trata de algo que no puede adquirirse con
el ejercicio, sino que es intrínseco. El don poético es para Carvallo como una especia de
“furor divino”.
Se estructura en cuatro diálogos, en los que intervienen tres interlocutores: él mismo,
y dos elementos antitéticos: la Lectura y Zoilo. El primero representa el cultivo del
espíritu, mientras que el segundo es la tosquedad ignorante.
En el primer diálogo se nos da la definición de poesía. En el segundo se centra en la
versificación castellana. Lo más interesante de la obra son sus comentarios generales
acerca de la estética literaria. Habla de las sílabas, el acento y la cantidad; describe los
versos castellanos y determina las reglas a que debe someterse cada uno. Hace
referencia tanto a los tradicionales como a los importados de Italia. Algunas de sus
observaciones denotan una fina intuición del fenómeno poético. La tercera parte habla
de los diversos géneros y de la enseñanza de la poesía y en la cuarta, del decoro
poético y del furor que mueve al artista.
Para Carvallo el proceso de creación poética se da en tres pasos: invención, disposición
y elocución, que se corresponderían a materia, forma y fin. Habla también de la poesía
dramática y se manifiesta a favor de la comedia española en la que se aúnan los
primores del arte poético.

ii. FRANCISCO CASCALES


Nace en Murcia, quizás en 1564. Abandona la carrera de Gramática para dedicarse a
las Armas. En Flandes conoce a los humanistas más ilustres del momento. En su vuelta
a Murcia obtiene una cátedra en el colegio de San Fulgencio. En esta última etapa se
dedica de lleno a la vida literaria. Sus dos obras más importantes son: las Tablas
poéticas y las Cartas filológicas, estudios de estética literaria.
Tablas poéticas (1617)
Estamos ante un estudio de estética literaria fundamentalmente basado en fuentes
horacianas y aristotélicas y en estudios italianos sobre los anteriores (de hecho García
Berrio señala que la obra carece de originalidad y es un plagio literal de tres poéticas
italianas). La estructura de la obra imita el diálogo platónico y en ella aparece él mismo
(representado como Castalio) dialogando con Pierio. La idea original es la de ayudar a
los escritores españoles a emplear de la mejor manera su ingenio y escribir con arte.
Dentro de la obra se diferencia dos partes, divididas a su vez en cinco tablas. Cada
tabla trata un tema. La tabla I trata de la poética entendida a la manera aristotélica,
como arte de imitar las cosas. La tabla II trata de la fábula. La tabla III habla de las
costumbres que reflejan la personalidad del individuo, y de las que la poesía ha de
reproducir solo las que se manifiesten como buenas y convenientes. La tabla IV
plantea una discusión acerca de la sentencia. La tabla V desarrolla el tema de la
dicción.
En la segunda parte se pasa revista a los distintos géneros. La tabla I trata la epopeya, a
la que otorga un lugar preferente; la tabla II trata de las épicas menores (égloga,
elegía, sátira y epigrama); la tabla III gira en torno a la tragedia y se manifiesta en
contra de la falta de reglas clásicas que se ha apoderado del teatro español y de la
denominación de “comedias” a obras que contienen escenas graves (no acepta la
tragicomedia); la tabla IV trata de la comedia, que es quizá el teatro con el que se
muestra más inflexible; en la tabla V habla de la poesía lírica y concede atención
especial al soneto y la canción.
Esta crítica al teatro de su tiempo, hará que sus Tablas tengan una enorme difusión en
el siglo XVIII, pues es perfecta para defender el estilo del nuevo teatro del siglo XVIII y
criticar los excesos del XVII.
En definitiva, es una obra de poca originalidad, que llega incluso a plagiar a otros
autores (demostrando la dependencia que tenía el resto de Europa de Italia en cuanto
a doctrinas estéticas), pero que es capaz de ajustar a su texto esos plagios de forma
acertada y además a esta obra se debe el haber establecido el esquema moderno de
los tres géneros fundamentales: lírica, épica y dramática.
Cartas filológicas (1634)
Entendemos el concepto “filológicas” en el sentido de miscelánea. La obra es una
pretensión enciclopédica (en la línea del humanismo de los siglos XVI y XVII) y aborda
una infinitud de temas. Se ha llegado a pensar que las cartas son ficticias, pero García
Soriano afirma que iban dirigidas a un destinatario. Están ordenadas
cronológicamente, pero García Soriano nos propone una esclarecedora estructura
temática:
- De polémica y crítica literaria
- De erudición humanística
- De curiosidades y costumbres coetáneas
- Eutrapelias o pruebas de ingenio
- Cartas político-morales o instrucciones
- Históricas y genealógicas
- La carta 10ª de la década II constituye una unidad independiente ya que es la
adjunta con la que envía a Jiménez Patón una colección de epigramas latinos salidos de
su pluma.
Las más interesantes son las cartas de polémica y crítica literaria. La epístola 8ª de la
década II titulada Sobre la oscuridad de <<Polifemo>> y <<Soledades>> de don Luis de
Góngora, reprocha, apoyándose en las autoridades clásicas, el hermetismo y la
oscuridad de Góngora en sus poemas principales. En la epístola 10ª de la I década toca
el mismo tema, con una carta dirigida a Francisco del Villar que había hecho una
apología de la poesía gongorina.
También es muy importante la carta 3ª de la década II titulada Al Apolo de España,
Lope de Vega Carpio, en defensa de las comedias y representación dellas. Resulta
chocante esta exaltación cuando en las Tablas, sin aludir directamente al Fénix, critica
al teatro español del siglo XVII.
Esta obra es un interesante fruto de la erudición enciclopédica del autor. Se advierte la
decadencia del humanismo español al que le falta la originalidad que tuvo en sus
comienzos. Pero estas cartas son amenas, ricas de información y presentan un estilo
correcto y elegante.
iii. BARTOLOMÉ JIMÉNEZ PATÓN
Proveniente del seno de una familia noble, nace en Almedina (Ciudad Real) en 1569. Es
un prestigioso retórico que, tras ostentar cargos dentro de la Iglesia, termina
consiguiendo la Cátedra de Elocuencia en Murcia, donde morirá en el 1640.
Su obra cumbre es Mercurio Trimegisto un compendio de trabajos suyos anteriores. La
parte central está constituida por la Elocuencia española en arte, precedida de la
Elocuencia sacra, seguidamente pospuesta por las breves Instituciones de la Gramática
española y la Elocuencia romana.
La más destacable de sus partes es la Elocuencia española en arte, primera retórica
clasicista del siglo XVII dedicada íntegramente a la literatura castellana. Lo mejor de
ella es que los ejemplos tomados son de autores del siglo, incluyendo algunos del XV
como Juan del Encina o Juan de Mena. También incluye a algunos prosistas como Fray
Luis de León.
Se inspira en la retórica aristotélica, pero seguida a través de las teorías del Brocense, a
quien admira profundamente. La obra es un homenaje a la lengua y a la literatura
españolas. En la obra apareceN un sinfín de figuras retóricas. Por la selección de sus
textos, deducimos su entusiasmo por Lope y a su vez su indiferencia por Góngora y
Quevedo.
Como errores de la retórica de Bartolomé destacamos dos: el empeño del autor en
mostrar que el castellano es la primera lengua de España, anterior incluso al latín; y la
omisión en su selección de textos de una obra tan primordial como el Quijote.
b. TEXTOS FILOLÓGICOS
En el S. XVII salen a la luz algunas obras trascendentales en el campo de la filología,
cuya vigencia se conserva hasta hoy. Aunque en ciertos aspectos ya han sido
superadas, su consulta sigue siendo imprescindible para el conocimiento de la lengua
española en el S. XVII.
i. SEBASTIÁN DE COVARRUBIAS
Estudiado ya en otro apéndice por su obra Emblemas morales dejó también otra obra
titulada Tesoro de la lengua Castellana o española (1611). Realiza un repaso
etimológico de las palabras castellanas, intentando emular las Etimologías latinas de
San Isidoro. Algunas veces yerra atribuyendo orígenes inadmisibles a ciertas palabras.
Lo mejor de la obra son los comentarios, las anécdotas y usos de la época con los que
acompaña a cada palabra. La obra lleva una línea descendente en cuanto a extensión
se refiere por miedo a exceder el tamaño de un volumen normal. Es una obra
imprescindible para conocer el uso de las palabras de la época. Sin embargo, Quevedo
no supo apreciar el valor cualitativo de la obra a la que tilda de <<obra grande y de
erudición desaliñada>>. Su valor está en el gran acopio de léxico, en el que se incluyen
gran número de giros populares.
ii. GONZALO CORREAS
Nace en Jaraiz de la Vera (Cáceres) en 1570. Estudia teología y lenguas clásicas. Recibe
una cátedra menor de griego en la universidad de Salamanca. Muere en 1630.
Su primera obra es Trilingüe de tres artes de las tres lenguas Castellana, Latina y
Griega. Realiza un estudio conjunto de las tres, partiendo de sus similitudes y dando a
entender que solo varían en el léxico.
La Ortografía Kastellana nueva y perfeta propone unas nuevas normas para una
ortografía fonética, entre otras cosas, en la que las letras se correspondan solo a un
sonido. Así, desaparecen los grafemas c, q, ç, por representar sonidos ya
representados por otras letras. Prescinde también de la ortografía latinizante,
aduciendo que los libros no solo van destinados al lector culto, sino a todos los
hombres, y, por tanto, es importante que se pueda entender la escritura sin dificultad.
El Vokabulario de Refranes y Frases proverbiales y otras fórmulas comunes de la
lengua Kastellana es su obra más célebre. Es una interesantísima colección de todos
los refranes y giros coloquiales de la época.
El Arte de la Lengua Española Castellana es un libro de carácter didáctico que
profundiza en el conocimiento de nuestra propia lengua, junto con la griega y la latina.
Realiza un estudio de la realidad lingüística contemporánea, y a partir de ahí elabora
las normas que deben regirla (como hace en general en todas sus obras, fijándose
siempre en el uso contemporáneo de la lengua).
Comparte con Jiménez Patón la equivocada convicción de la anterioridad de la lengua
castellana frente a la latina. Considera que nuestra lengua es superior a la latina por
ser más fácil en la pronunciación, más clara, copiosa en vocablos, sonora y más antigua
y extendida.

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