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LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS AGOSTO DE 2002

LIAHONA

LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS AGOSTO DE 2002

LIAHONA

EN LA CUBIERTA Fotografía de la pila bautismal del Templo de Vernal, Utah, por Tamra H. Ratieta. Recuadros: Fotografía del presidente Hinckley por Jed A. Clark; fotografía del Templo de Apia, Samoa, por William Holdman.

CUBIERTA DE AMIGOS Ilustración fotográfica por Craig Dimond.

SECCIÓN

GENERAL

2

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA: LA ESENCIA DE ESTA OBRA PRESIDENTE GORDON B. HINCKLEY

25

MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES: DELEITÉMONOS EN EL SERVICIO Y LAS BUENAS OBRAS

26

CÓMO AMAR A MI HIJA DESCARRIADA

NOMBRE OMITIDO

30

LA DOCTRINA DE LA OBRA DEL TEMPLO

ÉLDER DAVID E. SORENSEN

38

LA ELECCIÓN QUE DIO INICIO A LA MORTALIDAD

ÉLDER JESS L. CHRISTENSEN

42

VOCES DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS: “LA FORTALEZA DE LA IGLESIA”

EL PROFETA DEL SEÑOR “LLÁMEME HERMANO”

MARÍA SONIA P. ANTIQUEÑA JOSÉ BATALLER SALA

UN PRESENTE DE HUEVOS… Y AMOR

CLAUDIA WAITE RICHARDS

48

CÓMO UTILIZAR LA REVISTA LIAHONA DE AGOSTO DE 2002

SECCIÓN

PARA

LOS

JÓVENES

8

EL PODER DE LA AMISTAD EN NUEVA ZELANDA

SHANNA GHAZNAVI

12

CÓMO ADQUIRIR CONOCIMIENTO Y LA ENTEREZA DE UTILIZARLO

CON SABIDURÍA

ÉLDER RICHARD G. SCOTT

20

CLÁSICOS DE LIAHONA: ÉLDER, LA GENTE LOS AMARÁ ÉLDER LEGRAND RICHARDS

22

PREGUNTAS Y RESPUESTAS: ¿CÓMO PUEDO AYUDAR A MIS AMIGOS A ENTENDER QUE SOY CRISTIANO ?

47

¿SABÍAS QUE…?

AMIGOS

2

VEN Y ESCUCHA AL PROFETA: LA INFLUENCIA DEL TEMPLO PRESIDENTE THOMAS S. MONSON

4

RELATOS DEL NUEVO TESTAMENTO: EL FARISEO Y EL PUBLICANO; JESÚS BENDICE A LOS NIÑOS

8

PARA LOS MÁS PEQUEÑOS: MI LIBRO DE RECUERDOS

LORI STEVENS

10

PARA TU DIVERSIÓN: DIORAMA DEL MAR ROJO

12

TIEMPO PARA COMPARTIR: “EL CORAZÓN DE LOS HIJOS” VICKI F. MATSUMORI

14

SED

RUTHANNE G. BRIDGES

LIAHONA, agosto de 2002 Vol. 26, Número 8 22988-002 Publicación oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en el idioma español.

La Primera Presidencia: Gordon B. Hinckley, Thomas S. Monson, James E. Faust

El Quórum de los Doce Apóstoles:

Boyd K. Packer, L. Tom Perry, David B. Haight, Neal A. Maxwell, Russell M. Nelson, Dallin H. Oaks, M. Russell Ballard, Joseph B. Wirthlin, Richard G. Scott, Robert D. Hales, Jeffrey R. Holland, Henry B. Eyring

Editor: Dennis B. Neuenschwander Asesores: J. K ent Jolley, W. Rolfe Kerr, Stephen A. West

Administradores del Departamento de Cursos de Estudio:

Director administrativo: Ronald L. Knighton Director de redacción: Richard M. Romney Director de artes gráficas: Allan R. Loyborg

Personal de redacción:

Editor administrativo: Marvin K. Gardner Editora administrativa ayudante: Jenifer L. Greenwood Editor asociado: Roger Terry Editora ayudante: Lisa Ann Jackson Redactora adjunta: Susan Barrett Ayudante de publicaciones: Collette Nebeker Aune

Personal de diseño:

Gerente de artes gráficas: M. M. Kawasaki Diseño artístico: Scott Van Kampen Diseñadora principal: Sharri Cook Diseñadores: Thomas S. Child, Randall J. Pixton Gerente de producción: Jane Ann Peters Producción: Reginald J. Christensen, Denise Kirby, Kelli Pratt, Rolland F. Sparks, Kari A. Todd, Claudia E. Warner Preimpresión digital: Jeff Martin

Personal de subscripción:

Director de circulación: K ay W. Briggs Gerente de distribución: Kris T. Christensen

Coordinación de Liahona: Enrique Resek

Para saber el costo de la revista y cómo suscribirse a ella fuera de Estados Unidos y Canadá, póngase en contacto con el Centro de Distribución local o con el líder del barrio o de la rama.

Las colaboraciones y los manuscritos deben enviarse a Liahona, Floor 24, 50 East North Temple, Salt Lake City, UT 84150-3223, USA; o por correo electrónico a:

cur-liahona-imag@ldschurch.org

Liahona (un término del Libro de Mormón que significa “brújula” o “director”) se publica en albanés, alemán, armenio, búlgaro, camboyano, cebuano, coreano, croata, checo, chino, danés, esloveno, español, estonio, fidji, finlandés, francés, haitiano, hiligayanón, holandés, húngaro, iloko, indonesio, inglés, islandés, italiano, japonés, kiribati, letón, lituano, malgache, marshallés, mongol, noruego, polaco, portugués, rumano, ruso, samoano, sueco, tagalo, tailandés, tahitiano, tamil, telugu, tongano, ucraniano y vietnamita. (La frecuencia de las publicaciones varía de acuerdo con el idioma.)

© 2002 por Intellectual Reserve, Inc. Todos los derechos reservados. Impreso en los Estados Unidos de América.

Para los lectores de México: Certificado de Licitud de título número 6988 y Licitud de contenido número 5199, expedidos por la Comisión Calificadora de Publicaciones y revistas ilustradas el 15 de septiembre de 1993. “Liahona”© es nombre registrado en la Dirección de Derechos de Autor con el número 252093. Publicación registrada en la Dirección General de Correos número 100. Registro del S.P.M. 0340294 características 218141210.

For readers in the United States and Canada:

August 2002 Vol. 26 No. 8. LIAHONA (USPS 311-480) Spanish (ISSN 0885-3169) is published monthly by The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 50 East North Te mple, Salt Lake City, UT 84150. USA subscription price is $10.00 per year; Canada, $15.50 plus applicable taxes. Periodicals Postage Paid at Salt Lake City, Utah, and at additional mailing offices. Sixty days’ notice required for change of address. Include address label from a recent issue; old and new address must be included. Send USA and Canadian subscriptions to Salt Lake Distribution Center at the address below. Subscription help line:

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COMENTARIOS

PO Box 26368, Salt Lake City, UT 84126-0368. COMENTARIOS AV ANCEMOS SIN CEDER La revista Liahona

AVANCEMOS SIN CEDER

La revista Liahona (en inglés) de junio de 2000 sigue siendo un ejemplar muy im- portante para mí, en particular el poderoso artículo “‘No perdáis, pues, vuestra con- fianza’”, del élder Jeffrey R. Holland. Sigo estudiando ese ejemplar de la revista cada vez que necesito la fortaleza y el consuelo del Evangelio. Al meditar en el mensaje del élder Holland, me doy cuenta de que po- demos avanzar sin ceder, a pesar de nues- tras dificultades.

Ekpo Akiba, Rama Okokomaiko, Estaca Lagos, Nigeria

PREPARACIÓN PARA RECIBIR LAS BENDICIONES DEL TEMPLO

Vivo en Filipinas y la conferencia gene- ral tiene lugar muy lejos de donde resido, pero con la ayuda de la revista Liahona (en inglés), puedo leer todos los mensajes de las Autoridades Generales. Me encantan todos los mensajes de la conferencia. El discurso del élder Russell M. Nelson:

“La preparación personal para recibir las bendiciones del templo”, del ejemplar de julio de 2001, me resultó especialmente útil. Me gusta ir al Templo de Manila, Filipinas, y me estoy preparando para reci- bir mi propia investidura. Sé que si recibi- mos todas las ordenanzas del templo y observamos nuestros convenios, podremos vivir con nuestro Padre Celestial y con Jesucristo.

John Mark A. Cabrera, Rama Liozón, Distrito Iba, Filipinas

A GOSTO

A. Cabrera, Rama Liozón, Distrito Iba, Filipinas A GOSTO ESFORZARSE POR HACER EL BIEN CONTINUAMENTE Me

ESFORZARSE POR HACER EL BIEN CONTINUAMENTE

Me siento realmente agradecido por tener la revista Liahona, pues es una fuente de inspiración y fortaleza. Estoy agradecido por todos nuestros líderes que han hecho posible el que tengamos esta brújula en nuestra propia lengua. El artículo “La dis- posición a hacer lo bueno continuamente”, del élder Spencer J. Condie, que apareció en el ejemplar de junio de 2001, me ha ins- pirado para seguir avanzando.

José Luis Gullo Prieto, Rama Upata, Estaca Guayana, Venezuela

AGRADECIDO POR LOS MENSAJES DEL PRESIDENTE HINCKLEY

Me gustaría darles las gracias por los hermosos discursos de la conferencia que aparecieron en el ejemplar de julio de 2001 de la revista Liahona, pues me ayudan ver- daderamente a sentir el Espíritu, y Éste me testifica de la veracidad de la Iglesia. Me siento muy agradecido por los mensajes del presidente Gordon B. Hinckley, donde nos pide que seamos mejores miembros.

Martín Valiente Nieves, Rama Talara, Distrito Talara, Perú

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ILUSTRACIONES POR MICHAEL T. MALM.

MENSAJE DE LA PRIMERA PRESIDENCIA

LA ESENCIA DE ESTA OBRA

por el presidente Gordon B. Hinckley

LA ESENCIA DE ESTA OBRA por el presidente Gordon B. Hinckley Quisiera compartir con ustedes parte

Quisiera compartir con ustedes parte de una carta que llegó a mi oficina hace varios años. Me he tomado la libertad de cambiar los nombres a fin de preser- var el anonimato, y también la he abre- viado un poco, tomándome la libertad de parafrasear algunas partes. La carta dice así:

necesitarían en el escenario para armarla, para asegurar- me de que todo estuviera en orden y para ocuparme de que la movieran con sumo cuidado a medida que la pre- sentación del teatro ambulante se trasladaba de un barrio

a otro. Así que volví a ceder. “Ese obispo me mantuvo ocupado por algún tiempo, y de pronto me encontré participando plenamente en todo

“Estimado presidente Hinckley:

y

disfrutando de ello. Luego, él se mudó de nuestro barrio

“Cuando me encontré con usted en el ascensor del

y

fue llamado un nuevo obispo, el cual se aseguró de no

hospital, sentí la necesidad de escribirle y contarle algu- nas de las cosas que me han sucedido. “Cuando tenía dieciséis o diecisiete años de edad, ca- recía de interés alguno en la Iglesia y no quería tener nada que ver con ella. Pero tenía un obispo que se inte- resaba en mí y que en una ocasión fue a verme y me pidió que le ayudara a armar una escenografía para una pre- sentación de un teatro ambulante; por supuesto, le dije que no. “Pues bien, después de unos diez días, el obispo fue a verme de nuevo para pedirme que hiciera la escenogra- fía, y una vez más le dije que no. Entonces me explicó que se lo había pedido a otras personas pero que ellos le habían dicho que no sabían cómo hacerlo. Me dijo que me necesitaba y por fin accedí, así que me puse a armar la escenografía. “Cuando terminé mi trabajo, le dije: ‘Ahí tiene usted la escenografía’, llegando a la conclusión de que ya había hecho mi parte. Mas el obispo insistió en que me

perderme de vista. “El obispo Smith me había pedido servir en una mi- sión, pero yo no estaba muy decidido en cuanto a ello. Cuando el obispo Sorensen fue llamado, volvió a hacer- me la propuesta y, finalmente, decidí que saldría como misionero. “El obispo Sorensen me acompañó a hablar con mis padres en cuanto a mi decisión. Ellos le dijeron que no podrían pagar los gastos de una misión y mi padre co- mentó que si yo estaba realmente interesado en ir en una misión, debía trabajar y ahorrar dinero, y así costeármela yo mismo. “Solía padecer una afección a la vista, como usted lo sabe, y cuando tenía que ir a algún lado, alguien me tenía que llevar. Cuando cumplí los dieciséis años, ninguna otra cosa me interesaba más que poder conducir un au- tomóvil, por lo que mi padre me llevó a varios especialis- tas, aunque los resultados siempre fueron los mismos: mi capacidad de visión en el ojo derecho era de 20º800 y en

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el ojo izquierdo de 20º50, además de lo cual padecía de

astigmatismo. Así que el ahorrar suficiente dinero para ir

a una misión no fue tarea fácil. Trabajé en el taller gráfi-

co de una tienda durante seis u ocho meses para poder

ahorrarlo. El obispo pensó entonces que era ya tiempo de

que saliera a la misión y volvimos a hablar con mis pa- dres. Contaba con la suma de mil dólares, y él le dijo a mi padre que el quórum de élderes me ayudaría con el resto. Papá, estando sentado allí, le respondió que si alguien ha- bría de mantenerme, sería él. Llené todos los papeles y re- cibí mi llamamiento. “Fui a Japón, en donde me enamoré de su gente y viví grandes experiencias misionales. Mis compañeros y yo bautizamos a varias personas en la Iglesia. Tras mi regre-

so, volví a trabajar en el taller gráfico. Cada vez que salía

a almorzar, veía pasar por la calle a una joven que, evi-

dentemente, trabajaba en las proximidades. Sabía que la había visto antes en algún lado, pero no podía determi- nar dónde. Al poco tiempo, uno de mis compañeros regresó de la misión y después de un tiempo comenzamos a pasar mucho tiempo juntos en una variedad de actividades. Claro está que él siempre manejaba cuando íbamos en auto, debido a mi afección de la vista. Una noche me llamó para sugerirme que invitáramos a dos chicas a salir con nosotros, así que me puse en marcha para buscar a

alguien a quien invitar. De modo que fuimos a una fiesta,

y para mi sorpresa, la muchacha que iba con él era la her- mana Marilyn Jones, que también había sido misionera

en Japón, y a quien recordé haber conocido brevemente

allá en una ocasión; se trataba de la joven que yo había visto pasar por la calle durante varios meses y que no había podido reconocer. “Después de la fiesta, fui con mi familia a California por dos semanas, y cuando regresamos, me enteré de que

mi amigo de la misión había estado saliendo con la joven

a quien yo había llevado a la fiesta. Para enseñarle una

lección, llamé a Marilyn y la invité a salir conmigo. Usted comprenderá que no es fácil hacer eso cuando uno no puede conducir un auto, así que condujo mi hermana menor, e invitamos a otros ocho jóvenes para asistir con nosotros a una actividad deportiva. Eso de por sí hubiera sido suficiente para desanimar a cualquier señorita res- pecto a la idea de salir conmigo otra vez, pero ella volvió

a aceptar cuando la invité a ir con mi familia a las mon-

tañas a recoger bayas. “Por fin pudimos salir solos; mi padre tuvo que llevar- me en el auto a recogerla; volvimos a casa para dejar a mi padre y después salimos los dos solos, conduciendo ella;

luego pasamos otra vez por mi casa y recogimos a mi padre, quien nos llevó hasta la casa de ella y luego regre- samos a la nuestra. La siguiente ocasión que salimos jun- tos le propuse matrimonio y me respondió que no. Volví

a salir con ella algunas otras veces y en dos de ellas le

pedí otra vez que se casara conmigo, y por fin me dijo que tal vez. Pensé que ése era un gran adelanto y persistí. Seis meses después de haber comenzado a salir juntos, con- trajimos matrimonio en el Templo de Salt Lake. “Presidente Hinckley, en aquel momento sentía que amaba a esa joven; pero después de diecisiete años, me doy cuenta de que la amo más de lo que jamás pude imaginar. En la actualidad somos padres de cinco hermosos hijos. “He tenido varios cargos en la Iglesia: director del coro, todas las posiciones dentro del quórum de élderes, ayudante del secretario del barrio, secretario ejecutivo y actualmente soy consejero del obispado. “Todavía trabajo en el taller gráfico de la tienda. Hace trece años compramos una pequeña casa, pero a medida que nuestra familia crecía, la casa se fue haciendo cada vez más pequeña. Tuve que hacer algo al respecto, así que la amplié casi al doble de su tamaño original. Comencé la obra hace poco más de tres años y desde en- tonces he estado trabajando en la ampliación. Creo que va a quedar muy bien. “Y ahora la novedad más extraordinaria de todas. Hace dos años, en junio, tuve una consulta con otro ocu- lista que me examinó la vista y me preguntó qué restric- ciones tenía en mi licencia de conductor. Le respondí que no tenía licencia y me dijo que no creía que mi grado de visión fuera un obstáculo para sacarla. “Casi me caigo de espaldas y mi esposa preguntó: ‘¿Eso quiere decir que él puede conseguir una licencia?’. El doctor respondió que no había ninguna razón para no ha- cerlo. Al día siguiente mi esposa me inscribió en un curso de manejo, y tras completarlo, me presenté a la prueba y allí me hicieron un examen de visión. El doctor había es- crito una nota en la que explicaba mi problema e indica- ba que tal vez no debería manejar por la noche. El

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examinador me puso a cierta distancia de una planilla que tenía letras de diferentes tamaños y pude leerlas sin dificultad. Después fue a hablar con su supervisor; regre- só para indicarme que me otorgaba la licencia imponien- do una sola restricción insignificante. “Presidente Hinckley, el Señor me ha bendecido más de lo que yo pueda merecer. La gente comenta cuán afor- tunado soy por haberme mejorado de mi condición, pero yo sé que eso es obra del Señor. Así lo siento porque he procurado servirle y siempre hago todo lo que está a mi alcance por edificar Su reino aquí en la tierra. Estoy

Tenemos la responsabilidad de edificar la autosufi- ciencia, de fomentar y cultivar hogares felices donde el padre y la madre se amen y se respeten mutua- mente, y donde los hijos puedan crecer en un ambiente de paz, amor y aprecio.

seguro de que muchas veces Él se desilusiona conmigo y creo que tiene motivos. Pero trataré de dar lo mejor de mí y de ser digno de Sus bendiciones, que tanto yo como mi familia recibimos”. Ese joven termina su carta dando las gracias y su tes- timonio; luego la firma. He compartido esa carta un tanto extensa porque considero que expresa de manera sencilla, y al mismo tiempo de forma elocuente, la verda- dera esencia de esta obra.

NUESTRA RESPONSABILIDAD

Debido a la sagrada y grandiosa confianza que se ha depositado en nosotros como miembros de la Iglesia de Jesucristo, nuestra labor es de redención, de edificar y salvar a los que necesitan ayuda. La tarea que tenemos es la de elevar las aspiraciones de nuestros miembros que no comprenden el gran potencial que poseen. Tenemos la responsabilidad de edificar la autosuficiencia, de fomen-

Si
Si

tar y cultivar hogares felices donde el padre y la madre se amen y se respeten mutuamente, y donde los hijos pue- dan crecer en un ambiente de paz, amor y aprecio.

recuerdan lo que acabo de compartir con ustedes, ese

hombre, cuando era un muchacho de dieciséis o diecisiete años, no tenía ninguna meta en la vida y estaba peligrosa-

mente a la deriva, al igual que muchos jóvenes de esa edad; transitaba por el espacioso camino que lleva a la perdición. Advirtiendo el curso que llevaba, el obispo, un hombre de- voto y dedicado, reconoció la capacidad creativa de ese hombre y encontró la forma de instarlo a que utilizara su ta- lento al servicio de la Iglesia. Ese obispo era lo suficiente- mente sabio para saber que la mayoría de los jóvenes aceptan un cometido de esa naturaleza cuando saben que se les necesita. No había ninguna otra persona en el ba- rrio que fuera igualmente capaz de armar la clase de es- cenografía que el obispo deseaba. Sin embargo, ese joven menos activo sí lo era, y el obispo lo elogió y le instó con la petición de que se necesitaba su servicio. He aquí una gran clave para la reactivación de muchos que se han quedado a la mitad del camino. Todos tienen algún talento que puede ser empleado,

y los líderes tienen la responsabilidad de encontrar la

necesidad que corresponda a cada talento, y luego ex- tender el desafío. El joven de esa carta, a quien llamaré Jack, reaccionó favorablemente, y no tardó en encaminar

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sus pasos en dirección a la Iglesia, en vez de ir en sentido contrario. Luego se enfrentó con la responsabilidad de ir a una misión. Jack, que para ese entonces ya estaba acostum-

LA ESENCIA DEL EVANGELIO

un nuevo idioma en el que cada uno había aprendido a compartir su testimonio con los demás mientras desem- peñaban su labor desinteresadamente en la gran causa de servir a los hijos de nuestro Padre.

brado a responder que sí en vez de que no, respondió de

Como él indicó en su carta, su boda se llevó a cabo en

forma afirmativa. El padre no estaba completamente

el

Templo de Salt Lake. Ambos sabían que solamente en

convertido y afirmó que su hijo tendría que ganar sus

la

casa del Señor, bajo la autoridad del santo sacerdocio,

propios fondos. Eso no era algo demasiado terrible. Había algo positivo en que él tuviese que desarrollar la autosu- ficiencia. Consiguió trabajo, obtuvo gran parte de lo que necesitaría, ahorró su dinero y cuando tuvo la suma de mil dólares, el obispo, nuevamente bajo inspiración, sin- tió que había llegado el momento en que el joven debe- ría salir en una misión. Los hermanos del quórum de élderes de Jack le ayudarían, lo cual es apropiado. Pero el padre, con un renovado sentido de orgullo y de respon- sabilidad para con su hijo, estuvo a la altura de las cir- cunstancias, como suele ocurrir con los hombres cuando se les insta debidamente.

podían ser unidos en matrimonio, por esta vida y la eter- nidad, bajo un convenio que la muerte no podría romper, ni el tiempo podría destruir. Ambos aspiraban lo mejor y no se conformarían con ninguna otra cosa. Merecen que se les elogie porque se han mantenido fieles a los sagra- dos convenios que hicieron en la casa del Señor. Su matrimonio se ha visto engalanado con cinco her- mosos hijos; constituyen una familia en la que reinan el amor, el aprecio y el respeto mutuos. Han vivido en un espíritu de autosuficiencia. Un hogar pequeño que se ha ampliado es un hogar en el que el padre, la madre y los hijos se reúnen, se aconsejan y aprenden el uno del otro; es un hogar en donde se leen las Escrituras; es un hogar en donde se hacen oraciones, tanto familiares como per-

(Efesios 6:4). El padre es fiel en su servicio a la Iglesia.

Conocí a Jack en Japón cuando él servía como misio- nero en ese país. Lo entrevisté en dos o tres ocasiones. Eso fue antes de que tuviésemos los Centros de Capacitación Misional. Los jóvenes y las jovencitas iban en ese entonces sin recibir ninguna capacitación en idio- mas y simplemente se dedicaban de lleno a trabajar en la obra tan pronto como llegaban. Me maravilló el hecho de que ese joven, con serias deficiencias en la vista, fuese

sonales; es un hogar en el cual se enseña y se da el ejem- plo del servicio; es un hogar simple; no es una familia ostentosa. No hay muchos bienes materiales, mas existe mucha paz, bondad y amor. Los hijos que allí nacieron se criaron en la “disciplina y amonestación del Señor”

Durante todos esos años, siempre ha aceptado todos los llamamientos que se le han hecho; lo mismo sucede con

capaz de aprender el difícil idioma y hablarlo con convic-

la

madre. Se trata de buenos ciudadanos de la comuni-

ción. Tras todo ello había gran esfuerzo y un gran sentido de devoción y, sobre todo, cierta humildad y confianza en el Señor, con súplicas fervientes para recibir ayuda.

dad y del país; están en paz con sus vecinos, aman al Señor, aman la vida y se aman mutuamente. Han presenciado el milagro de la mejoría de la vista

Les puedo asegurar, pues fui testigo de ello, que en este

del padre. El mérito se atribuye a un Dios misericordioso

caso, como en muchos otros, se trató de un verdadero

y

bondadoso. Esto, también, emana de la esencia del

milagro.

Evangelio, el poder de Dios para sanar y restaurar, al cual

Fue también en Japón donde primeramente conocí y

le

siguen el reconocimiento y la gratitud.

entrevisté en varias ocasiones a la joven con la que más tarde se casó. Ella poseía un hermoso espíritu, una fe pro-

NECESIDAD DE UN INCREMENTO EN LA RETENCIÓN

funda y un conmovedor sentido del deber. La relación que mantuvieron durante la misión no fue más que el verse en una ocasión, pues trabajaron en zonas que esta- ban sumamente distantes entre sí. Pero, por las experien- cias que ambos tuvieron, contaban con un rasgo común:

¿No es ésa acaso la esencia misma de esta obra? El Salvador dijo: “…yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Aun cuando carecen de la abundancia de las cosas del mundo, éstos, mis amigos, viven abundantemente. Personas como

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Nuestra obra es una gran obra de redención. Todos debemos hacer más, puesto que las

Nuestra obra es una gran obra de redención. Todos debemos hacer más, puesto que las consecuencias pueden ser extraordinarias y sempiternas.

ellos constituyen la fortaleza de la Iglesia. En su corazón se anida una tranquila y firme convicción de que Dios vive y de que somos responsables ante Él; de que Jesús es el Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida (véase Juan 14:6); de que esta obra es Su obra; que es verdadera; y que la fe- licidad, la paz y la sanidad se reciben al andar en obedien- cia a los mandamientos de Dios (véase D. y C. 89:18), tal como se establece en las enseñanzas de la Iglesia. No sé si los dos hombres que sirvieron como obispos de Jack sepan lo que ha sido de él. Si saben qué ha hecho de su vida, deben sentir una dulce satisfacción en el co- razón. Hay miles de obispos como ellos, que sirven día y noche en esta gran obra de activación. Y hay decenas de millares de personas como Jack en esta Iglesia cuyo cora- zón es conmovido y a quienes se les ha traído nueva- mente a la actividad mediante el interés genuino, la callada expresión de amor y el desafío de servir de parte de obispos y de otras personas. Pero hay muchos, muchos más que necesitan atención similar.

A GOSTO

Nuestra obra es una gran obra de redención. Todos debemos hacer más, puesto que las consecuencias pue- den ser extraordinarias y sempiternas. Ésta es la obra de nuestro Padre y Él ha depositado en nosotros el divino mandato de buscar y fortalecer a aquellos que estén ne- cesitados y que sean débiles. Al hacerlo, los hogares de nuestros miembros se verán colmados de mayor amor; la nación, sea cual fuere, será fortalecida por causa de la virtud de esas personas; y la Iglesia y el reino de Dios avanzarán en majestuosidad y poder en su misión divina- mente señalada.

IDEAS PARA LOS MAESTROS ORIENTADORES

1. Nuestra labor es de redención, de edificar y salvar a

los que necesitan ayuda. La tarea que tenemos es la de

elevar las aspiraciones de nuestros miembros que no comprenden el gran potencial que poseen.

2. Hay decenas de millares de personas en esta Iglesia

cuyo corazón es conmovido y a quienes se les ha traído nuevamente a la actividad mediante el interés genuino, la callada expresión de amor y el desafío de servir. 3. Todos debemos hacer más por los que necesitan nuestra atención.

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EL PODER DE LA AMISTAD

en Nueva Zelanda

En ocasiones, el ser una buena amiga significa ser una buena misionera.

por Shanna Ghaznavi

FOTOGRAFÍA POR LA AUTORA.

J aslyn Simpson tomó un paso de fe en una clase de Abejitas de sólo dos jóvenes. La asesora

de Abejitas del Barrio Crofton Downs, Estaca Wellington, Nueva Zelanda, desafió a las Abejitas, como parte de una lección sobre la obra misional, a invitar a una amiga a la Iglesia, y Jaslyn decidió hacerlo. “Sabía que algo faltaba en la vida de Amy”, dice Jaslyn, “por eso sabía que debía darle a conocer el Evangelio”. El pequeño acto de amor de Jaslyn inició un gran cambio en la vida de su mejor amiga, Amy Valentine. Amy aceptó la primera in- vitación de Jaslyn para ir a la Iglesia, y siguió asistiendo a las reuniones dominicales y a las actividades de entre semana durante los dos meses siguientes, hasta que Jaslyn y su familia se mudaron a Sydney, Australia. “Nunca había tenido ningún an- tecedente cristiano; no tenía idea de

cómo orar ni nada”, dice Amy. “Pero antes de que Jaslyn y su familia se mudaran, decidí seguir yendo a la Iglesia aunque ellos no estuvieran. Para entonces, ya conocía a otras personas en la Iglesia”. Una de esas personas era Michelle Broczek, la otra Abejita del Barrio Crofton Downs. Michelle invitó a Amy a recibir las charlas misionales en su casa y, con el consentimiento de sus padres, Amy se bautizó a los trece años de edad. Eso ocurrió hace cinco años. Pero su transición a la Iglesia no fue fácil. “Aun cuando me hallaba bien encaminada hacia el bautismo y durante una temporada después de que se llevó a cabo, resultó difícil

hacer los ajustes”, dice. La amistad y

el amor de Michelle ayudaron a Amy

a permanecer en el Evangelio, aun-

que su familia y sus amigos no fueran miembros. “Michelle es un ejemplo asombroso”, explica Amy, “y eso para mí fue muy importante”.

“Siempre he sido así”, dice Michelle. “Yo no cambié simplemen- te porque Amy se fuera a unir a la Iglesia”.

Michelle sabe que es importante ser un ejemplo, en especial para for- talecer a los investigadores y a los miembros nuevos de la Iglesia. “Hay que seguir fortaleciendo el testimo- nio y a una misma, y ser consciente de las cosas pequeñas que uno hace”, aconseja. Amy y Michelle derivan gran for- taleza la una de la otra, y también tienen fuertes testimonios. Con fre- cuencia regalan ejemplares del Libro de Mormón con sus testimonios es- critos en ellos.

AMOR EN EL HOGAR

Aunque posee un fuerte testimo- nio del Evangelio, a Amy le parece que no es fácil ser el único miembro de la Iglesia de su familia. Aun cuan- do ha podido compartir el Evangelio con sus amigos de la escuela, es más difícil hacerlo con su familia. “Mis padres son un ejemplo para mí”, dice, “y parece raro que yo trate de enseñarles a ellos algo sobre el Evangelio”. El hecho de que en su familia no haya otros miembros de la Iglesia hace que la meta del matrimonio en

Después de que una amiga dio a conocer la Iglesia a Amy Valentine (derecha), Michelle Broczek (izquierda) la ayudó facilitándole apoyo y amistad.

el templo cobre importancia para Amy. Ella quiere tener una familia que sea fuerte en el Evangelio y hacer todas las cosas que ahora no tiene la oportunidad de hacer, como el estudio familiar de las Escrituras y la noche de hogar.

UN AMOR CRISTIANO

Amy sigue intentando compartir el Evangelio con su familia y espera que su ejemplo y su actividad en la

Iglesia algún día surtan finalmente algún efecto en ellos. Ella continúa siendo activa mediante la oración y al obtener fortaleza del programa de las Mujeres Jóvenes. Ahora que es Laurel, Amy ha es- cogido un Proyecto con un Valor, el cual le está ayudando a acercarse más a Cristo. “Este año me estoy con- centrando en conocer mejor a Jesucristo”, dice. Al saber que la mejor manera de conocerle es ser

más como Él, Amy, con la ayuda de las Escrituras, redactó una lista de todos los atributos de Cristo. Encontró atributos como la fe, la ca- ridad y la generosidad, y se esfuerza por ir cultivando cada una de las cua- lidades que aparecen en su lista. Para las personas que se encuen- tren en la misma situación que ella, Amy aconseja lo siguiente: “Estudien, estudien de verdad”, recalca. “Logren un testimonio y un entendimiento

personal del Evangelio. No dependan de otros para ello, pues se trata de una cuestión personal. Confíen siempre en que nuestro Padre les dará el en- tendimiento y las bendiciones que ne- cesiten”.

UNA OBRA DE AMOR

Todas las jóvenes del barrio están de acuerdo: la vida de Amy es una obra de amor. “Todos querrían tener una amiga tan dedicada al Evangelio

Ahora Amy (segunda de la izquierda), Michelle (centro) y otras jóve- nes de la estaca com- parten el Evangelio y sus testimonios.

como Amy. Ella siente un gran amor por el Evangelio”, dice Kelly Butters, que acaba de avanzar del programa de las Mujeres Jóvenes al de la Sociedad de Socorro. Desde que alguien compartió con ella el don del Evangelio, Amy sien- te la necesidad de compartirlo con otras personas. Ella, Michelle y las demás jovencitas de la estaca han amistado a otras personas y siguen compartiendo el Evangelio y sus tes- timonios. El pequeño paso de fe que Jaslyn dio hace cinco años ha afectado cada fibra de la vida de Amy, y continúa bendiciendo la vida de otras perso- nas mediante el ejemplo y testimonio de ella.

.

perso- nas mediante el ejemplo y testimonio de ella. . ¡Estás INVITADA! “ ¿ Tenderán una

¡Estás

INVITADA!

¿ Tenderán una mano de

ayuda y traerán a otra jo-

vencita a la plena activi-

dad de la Iglesia durante este año que empieza? Sin duda cada una de ustedes conoce a una joven que sea menos activa, a una con- versa reciente, o a alguien que no sea miembro. Les suplicamos que hagan el esfuerzo y compartan el Evangelio de Jesucristo con otra jovencita a fin de que ella también pueda disfrutar de las dulces ben- diciones del cielo… Piensen en que si cada una de ustedes acepta esta invitación para esforzarse y traer tan sólo a una, el año próxi- mo habrá el doble de mujeres jó- venes activas. Permitan que el Espíritu Santo las guíe en sus es- fuerzos; sus padres y sus líderes también les ayudarán a saber qué hacer y cómo hacerlo” —Margaret D. Nadauld, presi- denta general de las Mujeres Jóvenes (“Un Consolador, un Guía, un Testificador”, Liahona, julio de 2001, pág. 111).

A GOSTO

DE

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2002

ILUSTRACIONES FOTOGRÁFICAS POR STEVE BUNDERSON Y DIMOND, EXCEPTO DONDE SE INDIQUE .CRAIG

CÓMO CÓMO ADQUIRIR ADQUIRIR

CONOCIMIENTO CONOCIMIENTO Y Y LA LA

ENTEREZA ENTEREZA DE DE UTILIZARLO UTILIZARLO

CON CON SABIDURÍA SABIDURÍA

DE UTILIZARLO UTILIZARLO CON CON SABIDURÍA SABIDURÍA P odemos aprender cosas de vital importancia mediante lo
DE UTILIZARLO UTILIZARLO CON CON SABIDURÍA SABIDURÍA P odemos aprender cosas de vital importancia mediante lo
DE UTILIZARLO UTILIZARLO CON CON SABIDURÍA SABIDURÍA P odemos aprender cosas de vital importancia mediante lo

Podemos aprender cosas de vital importancia mediante lo que oímos, lo que vemos y, en especial, lo que sentimos, según la inspiración del Espíritu.

por el élder Richard G. Scott del Quórum de los Doce Apóstoles

élder Richard G. Scott del Quórum de los Doce Apóstoles Mientras tu vida se desarrolle de

Mientras tu vida se desarrolle de formas productivas, mi intención es ayudarte a obtener dicha y felicidad profundas. Si tal dicha constituye la naturaleza de tu vida, mi mensaje será una confirmación de lo que ya hayas tenido el privilegio de aprender y de poner en práctica. Si ése no es el mo- delo por el que se rige tu vida, te sugeriré ciertas verda- des que pueden ayudarte a encontrar una felicidad estable y duradera. En primer lugar, compartiré un principio que, en caso de entenderse y de ponerse en práctica en forma cons- tante, te traerá enormes bendiciones por el resto de tus días. No me resulta difícil de explicar, ni a ti de entender;

sin embargo, te exigirá un esfuerzo máximo para alcanzar toda su medida. Gracias a él podrás aprender importan- tes verdades que te proporcionarán una felicidad más grande y perdurable y que hará que tu vida sea más pro- ductiva y tenga más sentido:

Haré un esfuerzo constante por aprender de lo que oiga, vea y sienta. Anotaré las cosas importantes que aprenda y las pondré en práctica. Puedes aprender cosas de vital importancia mediante lo que oigas, lo que veas y, en especial, lo que sientas, según la impresión del Espíritu Santo. La mayoría de las personas limitan su aprendizaje principalmente a lo que oyen o a lo que leen. Sé sabio. Cultiva la técnica de aprender mediante lo que veas y, más particularmente, mediante lo que el Espíritu Santo te haga sentir. Haz un esfuerzo consciente por aprender de lo que veas y sientas, y tu capacidad para ello aumentará si lo haces con regu- laridad. Pide esa ayuda con fe; vive digno de ella y sé consciente de ella. Anota las cosas importantes que aprendas del Espíritu y guarda esas anotaciones en un lugar seguro. Descubrirás que al anotar tus preciadas

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impresiones, a menudo se te ocurrirán más. Además, el conocimiento que obtengas estará a tu disposición por el resto de tu vida. Esfuérzate siempre para reconocer y se-

guir la dirección del Espíritu, sea de día o de noche, don- dequiera que estés y sin importar lo qué estés haciendo. Expresa gratitud por la ayuda recibida y obedécela. Esa práctica afirmará tu capacidad de aprender por el Espíritu y permitirá que el Señor guíe tu vida y te ayude

a utilizar de manera más provechosa cualquier otra capa-

cidad latente en ti. Si yo tuviera el poder de comunicar la importancia del principio que acabo de compartir, podría terminar mi mensaje aquí mismo y tú habrías recibido el beneficio más importante de estas palabras. El aprender de forma

constante de lo que ves y sientes requiere cierto esfuerzo

y práctica, por lo que te sugiero que pongas este principio en práctica ahora mismo. Mientras te hago algunas

Anota las cosas importantes que aprendas del Espíritu y guarda esas anotaciones en un lugar segu- ro. Descubrirás que al anotar tus preciadas impresio- nes, a menudo se te ocurrirán más.

preguntas sencillas a las que sólo tú te puedes responder, ¿pensarás en las respuestas? Quizás hasta podrías anotar- las. A continuación, pide al Señor que te ayude a reco- nocer cualquier guía que Él quiera concederte; y dado que el Señor no va a forzarte a aprender, deberás ejercer tu albedrío a fin de permitir que el Espíritu te enseñe. Sigue buscando esa guía mientras te sugiero algunas for- mas en las que puedes hacer realidad tus aspiraciones. También te daré algunas sugerencias respecto a lo que te puede motivar, en forma poderosa, a lograr un rendi- miento mucho mayor. Lo que anotes de las impresiones que recibas constituirá la ayuda más valiosa que puedas recibir. Comencemos. Éstas son las preguntas:

¿Cuáles son algunas de las prioridades más importantes de tu vida? ¿A qué dificultades haces frente para hacer realidad tus sueños y aspiraciones? ¿Cuáles son algunos de los obstáculos que impiden tu progreso? ¿Qué te motiva a vencer la tentación y a vivir rectamente para que el Señor pueda guiarte y fortalecerte? Mientras consideras el resto de mis palabras, esfuérza- te para reconocer cualquier impresión espiritual que te comunique un mensaje personal del Señor. Ahora habla- ré a cada uno de ustedes como si nos halláramos char- lando en privado, compartiendo nuestros sentimientos más puros como sólo dos personas pueden hacerlo cuan- do existen creencias comunes y confianza mutua. La motivación principal de algunos es ser popular y para ello hacen lo que todos. A otros, más prudentes, les motiva el amor del Salvador y Su verdad. Están dispuestos a defender principios correctos a pesar de la presión que los demás puedan ejercer en ellos. A continuación ilustraré las consecuencias de cada uno de esos modelos. Recientemente conocí a un joven inteligen- te que tenía padres extraordinarios; ese joven dispone de excepcionales recursos materiales y espirituales, pero está indeciso con respecto a servir en una misión. Asiste a un centro de enseñanza superior

LIAHONA

14

porque es más fácil que ir a la universidad. En su tiempo

libre sólo hace lo que le apetece; no trabaja porque no

“¿Puedo hablarte con el corazón? No quiero ofender-

salió del cuarto, oré con fervor para que de algún modo

tiene necesidad y, además, le restaría tiempo de sus pla- ceres. Asistió a seminario para lograr los certificados, pero sin pensar en cómo debía aplicar el conocimiento allí recibido. Finalmente le pregunté:

te, sino más bien indicarte algo. Estás tomando decisio- nes que por el momento te parecen muy razonables; parecen darte lo que te place: una vida fácil con abun- dancia de dicha y poco sacrificio de tu parte. Puedes hacer eso por un tiempo, pero no te estás dando cuenta de que cada decisión que tomas limita tu futuro. Te estás desprendiendo de posibilidades y opciones, y llegará el momento —y no está muy lejano— en el que vas

el Señor le inspirara a escoger las prioridades correctas; de otro modo, su progreso se verá limitado y su felicidad se verá truncada. En claro contraste, comparto el ejemplo de otro mu- chacho. A lo largo de los años he observado cómo sus pa- dres le han enseñado desde la infancia a vivir con tenacidad los mandamientos de Dios. Mediante el ejem- plo y el precepto, nutrieron a éste y a sus otros hijos en la verdad; fomentaron el desarrollo de la disciplina y el sa- crificio a fin de alcanzar metas dignas. Ese joven escogió la natación como actividad que podía imbuir esas cuali- dades en su carácter. Los entrenamientos matutinos re- querían disciplina y sacrificio, y con el tiempo llegó a

a

pasar el resto de tu vida haciendo cosas que

sobresalir en ese deporte.

no quieres hacer, en sitios donde no quieres estar, porque no te has preparado; no estás aprovechando tus oportunidades”. Mencioné cómo todo lo que hoy atesoro co-

menzó a madurar en el campo misional. El ser- vicio misional no es algo que hacemos para nosotros mismos; tenemos nuestro albedrío

y

podemos escoger lo que queramos

Entonces llegaron los retos; por ejemplo, un cam- peonato de natación celebrado un domingo. ¿Participaría? Para ayudar a su equipo a ganar el campeonato, ¿no podría acaso justificar el nadar

un domingo como una excepción? No, no iba a ceder, ni aun bajo la intensa presión de sus com- pañeros. Fue objeto de comentarios nega-

tivos, hasta de maltrato físico, pero

hacer. Pero para mí, el crecimiento y

no cedió. El rechazo de las amis- tades, la soledad y la presión tra-

la

preparación más grandes que los

jeron momentos de tristeza y de

jóvenes de hoy reciben para el futu-

lágrimas, pero no cedió. Estaba

ro

se obtiene en la misión, pues allí

aprendiendo en carne propia lo

se

concentran en los demás y no en

que cada uno de nosotros debe

mismos; se acercan al Señor y lle-

llegar a saber: la realidad del

gan realmente a aprender Sus ense- ñanzas; encuentran a personas que muestran interés en el mensaje pero que no están seguras del valor del

consejo de Pablo a Timoteo: “… todos los que quieren vivir piado- samente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12). He

mismo; e intentan por todos los medios —

observado con los años cómo este

la oración, el ayuno y el testificar— ayu-

dar a esa persona a cambiar su vida. Ésos son los resultados de la misión si se sirve sin pensar en uno mismo, como muchos pueden testificar. Sentí la impresión de dar una bendición a ese joven y, cuando

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¿Cómo puedes ver con mayor clari- dad y recibir más ayuda del otro lado del velo para alcanzar tus as- piraciones? Aquí tienes ocho fuen- tes de ayuda.

modelo de un vivir recto —basado en centenares de decisiones correctas, algunas en medio de gran dificul- tad— ha contribuido a un carácter de fortaleza y capa- cidad. Ahora, siendo misionero, sus compañeros le respetan por su capacidad de trabajo, su conoci- miento de la verdad, su devoción inquebranta- ble y su determinación por compartir el Evangelio. Uno que antes fue rechazado por sus compañeros es ahora su líder. ¿Hay para ti un mensaje en estos ejemplos? ¿Cómo puedes ver con mayor claridad y recibir más ayuda del otro lado del velo para alcanzar tus as- piraciones? Permíteme recordarte ocho fuentes de ayuda de las muchas que existen.

PRIMERO: FE EN JESUCRISTO

Siempre habrá ocasiones en las que tendrás que de- pender de la fe y no del conocimiento y del testimonio que tengas. Se te pedirá que ejerzas fe en verdades que aún no has comprobado por medio de tu propia expe- riencia o del sagrado testimonio del Espíritu Santo. Ejerce fe en Jesucristo y en Su infinita capacidad para bendecir. La fe conduce a la acción, a alcanzar metas aun cuando exista poca evidencia visible que brinde la espe- ranza del éxito. La fe es una confianza plena en la verdad; por consiguiente, es una fuente de poder para conocer verdades sencillas pero sumamente importantes y para tener la fe para vivirlas. La felicidad duradera tiene sus raíces en la verdad inmutable que se vive con fe.

SEGUNDO: PRINCIPIOS GUIADORES

Probablemente ya hayas determinado una serie de principios guiadores en tu vida. De no ser así, hazlo ahora. Con ese tipo de normas, no tomarás decisiones equivoca- das basadas en las circunstancias ni en las presiones del momento. Los principios a los que hayas decidido ceñir tu vida te mantendrán en el camino correcto. Básalos en las enseñanzas de Jesucristo. Al emplear tus principios guia- dores, sé sincero contigo mismo. La tragedia, la decepción y la ausencia de logros en la vida tienen lugar cuando uno no es sincero consigo mismo ni con el Señor.

Ejerce fe en Jesucristo y en Su infinita capacidad para bendecir. La fe conduce a la acción, a alcanzar metas aun cuando haya poca evidencia visible que brinde la esperanza del éxito.

Jamás comprometas tus principios. La fortaleza y la se- guridad proceden del no hacer excepciones con ellos. No importa que las condiciones parezcan justificar el alejar- se de ellos, no lo hagas. La justificación conduce a tomar algo que es verdadero y alterarlo para defender excepcio- nes sin mérito. La justificación es el instrumento

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.Y

ANDERSON; DERECHA: ILUSTRACIÓN FOTOGRÁFICA DEL ESTUDIO DE LAS ESCRITURAS POR WELDEN C. ANDERSENIZQUIERDA:

DETALLE DE LA SEGUNDA VENIDA, POR HARR

ANDERSEN IZQUIERDA: DETALLE DE LA SEGUNDA VENIDA , POR HARR que Satanás emplea para alejarnos de
ANDERSEN IZQUIERDA: DETALLE DE LA SEGUNDA VENIDA , POR HARR que Satanás emplea para alejarnos de
ANDERSEN IZQUIERDA: DETALLE DE LA SEGUNDA VENIDA , POR HARR que Satanás emplea para alejarnos de

que Satanás emplea para alejarnos de la verdad. Las dificultades de la vida co- mienzan cuando las pequeñas desviacio- nes de las normas se justifican según las circunstancias. Las personas que viven para el momento toman decisiones ba- sándose en las circunstancias o en lo que otra persona les tiente a hacer. Tales seres, con el tiempo violarán la ley eter- na y dejarán pasar las grandes oportuni- dades de la vida. Pueden aparentar que logran cierta ventaja, pero ésta es tempo- raria, y pierden cosas que proporcionan la felicidad eterna. Al centrar tu vida en la verdad, se te aseguran el éxito y la felicidad.

promueven la fe en la verdad. Cuando las verdades reveladas se aplican diligen- temente, se convierten en una fuente importante de motivación digna. Au- mentarás tu determinación de hacer lo correcto y tu disciplina de ceñirte a las cosas más importantes de la vida se verá fortalecida. Las Escrituras brindan una elocuente confirmación de cómo la verdad que se vive de forma constante abre la puerta a la inspiración para saber qué hacer y, cuando sea necesario, al poder divino para hacerlo. Al reflexionar en la forma en la que el Señor ha fortalecido la habi- lidad de otras personas para vencer la

dificultad, la duda y los desafíos abruma- dores, el Espíritu Santo te confirmará que las experiencias de éstas son verdaderas y sabrás que puedes disponer de ayuda semejante.

TERCERO: ORACIÓN

Has descubierto que la oración puede ser una fuente de gran consuelo, dirección y sostén. Con demasiada fre- cuencia, la rutina de la vida te puede tentar a ofrecer ora- ciones apresuradas y repetitivas sin valor alguno. Las oraciones que nos dan consuelo, solaz, dirección y gran fortaleza interior son como las que ofreció Enós, quien enseñó la importancia de orar con “fe en Cristo” y ser di- ligentes “en guardar [Sus] mandamientos” (Enós 1:8, 10). Las siguientes palabras de Enós nos muestran cómo orar por algo importante:

“…mi fe en el Señor empezó a ser inquebrantable; y oré a él con mucho y prolongado ahínco… “Y aconteció que después que hube orado y me hube afanado con toda diligencia, me dijo el Señor: Por tu fe, te concederé conforme a tus deseos” (Enós 1:11–12; cursi- va agregada). Cuando sientas la impresión de pedir algo al Señor de esa manera, con frecuencia recibirás mucho más com- prensión y ayuda que la que esperabas.

QUINTO: ADORACIÓN EN EL TEMPLO

Otra manera importante de incrementar tu habilidad para entender y vivir las verdades eternas es la adoración en el templo. Únicamente si se recibe la plenitud de las ordenanzas del templo y se viven los convenios que allí se hacen, puedes entrar en el grado más alto de gloria y re- cibir la mayor medida de felicidad eterna. La asistencia al templo ejerce una influencia tranquilizadora, sosegadora y consoladora que destila paz y satisfacción; proporciona un entorno propicio para la inspiración en la respuesta a las oraciones. La obra de historia familiar que se hace como resultado de ir al templo proporciona bendiciones similares.

SEXTO: LIMPIEZA MORAL

Tu meta de ser moralmente limpio es vital para una felicidad duradera. Por medio de tus elecciones diarias, tú decides si ésta se hará realidad. Obtén fuerzas al re- cordar que puedes hacer cualquier cosa que te pida el Señor; y cuando necesites fuerza, y la pidas, Él te

CUARTO: LAS ESCRITURAS

Las Escrituras son una fuente excelente de compren- sión y fortaleza si se medita en ellas con fe en el Salvador;

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LIAHONA

Necesitas un retiro de paz y tranquili- dad donde meditar periódicamente y dejar que el
Necesitas un retiro de paz y tranquili- dad donde meditar periódicamente y dejar que el
Necesitas un retiro de paz y tranquili- dad donde meditar periódicamente y dejar que el

Necesitas un retiro de paz y tranquili- dad donde meditar periódicamente y dejar que el Señor establezca la direc- ción de tu vida. Cada uno de nosotros debe comprobar con cierta frecuencia si se encuentra en el camino correcto.

ayudará a observar ese importante man- damiento. Si haces todo lo que está de tu parte, tu confianza en Él te dará la capacidad de vencer todos los obs- táculos.

SÉPTIMO: CONSTANTE TRABAJO ARDUO

Algo fundamental para la felicidad es trabajar duro y estar dispuesto a obedecer

los principios de verdad con la confianza de que el Señor abrirá las puertas de la ayuda cuando sea necesario. Todos precisamos aprender la valiosa lección

de que todo logro importante requiere esfuerzo significa- tivo. Nuestro Padre no violará Su plan ni dará bendicio- nes eternas a los que las deseen pero que no estén dispuestos a pagar el precio.

OCTAVO: BUENA MÚSICA

La buena música, en especial la música sagrada, facili- ta la comprensión de las cosas espirituales; resulta edifi- cante, predispone a la obediencia y prepara las emociones para responder a las impresiones del Espíritu Santo. Aléjate del veneno de la mala música.

Me temo que parecería que te he estado sermoneando en nuestra entrevista privada. Perdóname; no era mi in- tención. Tan sólo deseo compartir aquello que me ha proporcionado una felicidad inconmensurable y una vida repleta de sentido. Tengo una sugerencia adicional antes de terminar. Ciertos lugares son sagrados y santos, donde parece ser más fácil discernir la guía del Espíritu Santo. El templo es uno de esos lugares. Puedes hacer de otros lugares algo semejante por la forma en que los respetes y cómo te

comportes en ellos. Necesitas un retiro de paz y tranquilidad donde meditar pe- riódicamente y dejar que el Señor esta- blezca la dirección de tu vida. Quizás parezca difícil encontrar tiempo para me- ditar en medio de las presiones cotidia- nas, mas un momento de reflexión te confirmará que no importa lo rápido que avances, si estás en el sendero equivoca- do no te valdrá de nada. Cada uno de nosotros debe comprobar con cierta fre- cuencia si se encuentra en el camino correcto. Puede que muy pronto te bene- ficies de este inventario personal:

¿Cuáles son mis prioridades más impor- tantes en la vida?

¿A qué dedico el tiempo libre? ¿Dedico parte de él en forma regular a esas importantes prioridades? ¿Hay algo que sé que no deba estar haciendo? En caso afirmativo, dejaré de hacerlo. Te doy sinceramente las gracias por considerar este mensaje y por anotar las impresiones que hayas tenido. Tu vida bendecirá a muchas personas a dondequiera que vayas. Presiento que ya estabas haciendo las cosas de que hemos hablado o que las harás. He dejado para el final la cosa más importante que puedo hacer por ti. Testifico solemnemente que Dios, nuestro Padre, vive y que Su plan es perfecto. Testifico que cuando levantas la voz en oración, tus oraciones son escuchadas; éstas re- ciben la mejor respuesta cuando se ofrecen con un cora- zón quebrantado y un espíritu contrito. Sé que algún día seré juzgado por la forma en que testifique de la certeza de mi conocimiento de Jesucristo. Por lo tanto, testifico solemnemente que debido a Su expiación, el plan de fe- licidad de nuestro Padre tendrá éxito. El plan de Satanás está destinado al fracaso. Sé que Jesucristo vive. Testifico solemnemente, con todas las fuerzas de que dispongo, que Él vive y te ama. Por medio de tu obediencia, Él te ayudará a encontrar la felicidad.

Adaptado de un discurso pronunciado en la Universidad Brigham Young el 23 de enero de 2001.

A GOSTO

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ILUSTRACIÓN POR DOUG FAKKEL.

CLÁSICOS DE LIAHONA

Élder, la gente los amará

por el élder LeGrand Richards (1886–1983)

C uando yo era un jovencito, aún antes de que fuese ordenado diácono, concurrí a una de las reuniones de nuestro barrio donde dos misione-

presentaron su informe misional después de regresar de su misión en los estados del sur de los Estados Unidos. Al salir de la reunión, sentía que podría haber ido a cualquier misión del mundo si tan sólo hubiera tenido un llamamiento. Al regresar a mi hogar, me dirigí a

mi dormitorio, donde me arrodillé y

le supliqué al Señor que me ayudara a vivir de manera digna a fin de que cuando tuviera la edad suficiente pu- diera ir a una misión. Cuando por fin el tren salió de la estación de Salt Lake City y me dirigía a la tierra de Holanda, las últimas palabras que dije a mis seres queridos fueron: “Éste es el día más feliz de mi vida”.

ros

verle partir a usted”. Entonces comprendí lo que quiso decir el presidente Lund cuando dijo: “La gente los amará”. Fui a despedirme de un hermano; él permanecía er- guido, vestido con el uniforme de su país; luego se arro- dilló, me tomó la mano, la acarició, la besó y la bañó con sus lágrimas. Entonces pensé que ya podía entender lo que había querido decir el presidente Lund.

EL GOZO DE SERVIR EN UNA MISIÓN

Mucho es lo que he trabajado con los misioneros. He cumplido cuatro misiones, he presidido dos; he reco- rrido muchas misiones y me encanta escuchar a esos jóvenes misioneros compartir sus testimonios. Por ejem- plo, en nuestra reunión de testimo- nios, escuché a un joven de Oregón decir que no había en este mundo una compañía que pudiera pagarle un salario lo suficientemente grande como para hacerle abandonar su

lo suficientemente grande como para hacerle abandonar su El élder LeGrand Richards fue Obispo Presidente y

El élder LeGrand Richards fue Obispo Presidente y luego miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Es el autor de Una obra maravillosa y un prodigio, y era bien conocido en toda la Iglesia por su amor hacia la obra misional.

AMOR POR LOS MISIONEROS

Antes de partir a esa misión, el presidente Anton H. Lund (1844–1921), quien en ese entonces

sidencia de la Iglesia, nos habló a los misioneros y dijo:

obra misional. Recibí una carta de un misionero de Idaho, que escribió lo siguiente:

era consejero de la Primera Pre-

“No existe obra más maravillosa que la obra misional… Mi vida está consagrada al ser-

“La gente los amará… Los amarán por lo que habrán de llevarles”. En ese entonces no lo comprendí, pero antes

vicio del Señor y mi corazón se desborda al igual que se desbordan las lágrimas de gozo que ahora fluyen de mis

de

irme de Holanda, fui a despedirme de los santos y de

ojos. No hay nada más maravilloso —nada— que sea

los

conversos a quienes yo había traído a la Iglesia, y de-

tan deleitable como lo son el gozo y el éxito de la obra

rramé más lágrimas que las que había derramado cuando

misional”.

me

despedí de mis seres queridos.

Después de todo el servicio misional que he rendido,

En Ámsterdam, por ejemplo, fui a una casa donde había entrado como el primer misionero de la ciudad, y la madre, mirándome con los ojos llenos de lágrimas, me dijo:

no desearía criar a un hijo que no fuera a la misión, por su bien y porque pienso que tenemos la deuda con el mundo de compartir las verdades del Evangelio.

“Hermano Richards, fue difícil para mí ver a mi hija partir rumbo a Utah hace algunos meses, pero es más difícil aún

Adaptado de un discurso pronunciado en la conferencia general de octubre de 1978.

LIAHONA

20

FOTOGRÁFICA POR WELDEN C. ANDERSEN .ILUSTRACIÓN

Preguntas y respuestas
Preguntas y
respuestas

¿Cómo puedo ayudar a mis amigos a entender que soy cristiano?

Algunos de mis amigos dicen que yo no creo en el verdadero Jesucristo porque soy miembro de la Iglesia, y nada de lo que digo parece hacerles cambiar de opinión. ¿Qué puedo hacer?

Estas respuestas se dan como ayuda y orientación para los miembros de la Iglesia, y no como doctrina religiosa.

LA RESPUESTA DE LIAHONA

Si tus amigos insisten en que no crees en el verdadero Jesucristo por- que eres miembro de la Iglesia, puede que estén repitiendo lo que hayan oído de otras personas que descono- cen nuestras creencias o que tengan un punto de vista influido por los prejuicios. Como miem- bros de la Iglesia, tal vez encontremos malen- tendidos al igual que prejuicios.

Cuando te enfrentes a una acusa- ción de que no eres cristiano por ser Santo de los Últimos Días, puedes explicar tu creencia en el Salvador y compartir tu testimonio de Él, y puede que tus amigos reconozcan el alcance de tu devoción. Sin embargo, algunas personas que realizan esta acusación no tan sólo desconocen nuestras creen- cias, sino que quieren debatir la doctrina. Si tus amigos se en- cuentran en esa categoría, puedes explicar tus creen- cias y testificar de ellas, pero es posible que no presten

LIAHONA

22

atención a tus palabras. Si ése es el caso, a través de tus obras puedes de- mostrarles que en verdad eres un se- guidor de Jesucristo. El Salvador dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15); “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34–35); “Vosotros sois mis amigos,

si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:14). El mejor, y a veces el

único, testimonio que puedes

dar es tu forma de vivir. Hoy día la Iglesia disfruta de más buena voluntad en el mundo que nunca debido

a las buenas vidas de sus miembros.

LAS RESPUESTAS DE LOS LECTORES

Mas vale una imagen que mil pa- labras. Si seguimos a Jesucristo con fe, un corazón sincero y una actitud humilde; si vivimos el Evangelio y llevamos una vida cristiana; si inten- tamos ser como Él y damos un buen ejemplo, la gente entenderá que nuestra Iglesia es la Iglesia de Jesucristo.

Shu Yang Wen, Barrio Chia Yi 1, Estaca Tainan, Taiwanentenderá que nuestra Iglesia es la Iglesia de Jesucristo. Sigue el consejo de D. y C.

Sigue el consejo de D. y C. 11:21

y trata de obtener la palabra del

Señor. Si lo haces, recibirás “el poder de Dios para convencer a los hom- bres”. Mediante ese proceso es segu-

ro que obtendrás consuelo y guía.

Masaki Keikyu, Barrio Gokiso, Estaca Nagoya, Japón Estaca Nagoya, Japón

No importa lo que digan tus ami- gos, lo más importante que podemos hacer es permanecer firmes e inamo- vibles en nuestro testimonio de que

pertenecemos a la Iglesia verdadera y

de que estamos sirviendo al Dios ver-

dadero y viviente y a Su Hijo, Jesucristo. Creo que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere deba- jo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1). Ya llegará el mo- mento en que nuestros amigos aprendan más de la Iglesia; nuestro

A GOSTO

ejemplo, testimonio y firmeza tienen su impacto.

Jeoffrey N. Nool, Rama Paniqui 1, Distrito Paniqui, FilipinasA GOSTO ejemplo, testimonio y firmeza tienen su impacto. Estoy sirviendo como misionero regular y me

Estoy sirviendo como misionero regular y me esfuerzo por ser un tes- timonio viviente de que Jesús es el Cristo, de que es real y de que vive. Al compartir de esta manera nuestro testimonio, se nos promete que “se derramará el Espíritu Santo para tes- tificar de todas las cosas que [hable- mos]” (D. y C. 100:8).

Hermana Loravella Abelo Ranque, Misión Filipinas Olongapo Abelo Ranque, Misión Filipinas Olongapo

Para poder convencer a mis ami-

gos de que soy cristiana, puedo mos-

trarles mi amor por Dios y Jesucristo

por medio de mi ejemplo. Puedo orar

y pedirles a mis amigos que oren para

conocer la verdad. Sé que a través de

mi ejemplo, fe, amor y obediencia,

mis amigos llegarán a saber que soy cristiana.

obediencia, mis amigos llegarán a saber que soy cristiana. Maya Saparbekovna Bisembina, Rama Nakhodka, Misión Rusia

Maya Saparbekovna Bisembina, Rama Nakhodka, Misión Rusia Vladivostok

Si nos esforzamos por amar a todos, por bendecir a nuestros ene- migos y visitar a los afligidos, tal como lo hizo el Salvador, entonces

DE

23

2002

Los Santos de los Últimos Días son cristianos

E l mayor malentendido que hay es el de que no somos

seguidores de Jesucristo. Éste es el principal cargo del que nos acusan, aunque esto no es cierto de modo alguno. Si existe un pueblo en el mundo que crea en Jesucristo, ése es el pueblo de esta Iglesia, la cual lleva su nom- bre, y Él es la figura central de toda nuestra adoración. [La idea de que no somos cristianos es un] malentendido… ampliamente fo- mentado y diseminado, pero se está debilitando paulatinamente, las cosas están cambiando y esta- mos siendo más aceptados que nunca. Creo que ésta es la gran era de buena voluntad en lo que a la Iglesia concierne” —Presidente Gordon B. Hinckley (“Pensamientos inspiradores”, Liahona , junio de 1999, págs. 3–4).

La página 25 de la revista Liahona sigue a las páginas locales y a la sección Amigos.

seremos conocidos como verdaderos creyentes en Jesucristo.

Kelepi To’a Fameitau, Barrio East Lakes (tongano), Estaca Hyde Park, Sydney, Australia Barrio East Lakes (tongano), Estaca Hyde Park, Sydney, Australia

Lo que hacemos es más importan- te que lo que decimos. Hubo muchas personas que no creyeron que Jesucristo fuera el Mesías, pero Él les mostró la verdad mediante Su ejem- plo, amor, servicio, amabilidad, hu- mildad y caridad perfectos. Podemos hacer lo mismo siendo una luz que alumbre a los demás en todo mo- mento y en todo lugar (véase Mosíah

18:9).

Élder Melvin Dorian Rodas López, Misión Honduras San Pedro Sulaen todo mo- mento y en todo lugar (véase Mosíah 18:9). Lo mejor que puedo hacer

Lo mejor que puedo hacer por mis amigos es invitarles a ir a las reunio- nes de la Iglesia; también puedo ayu- nar y orar por ellos y compartir mi testimonio. Sé que Dios ayudará a mis amigos para que entiendan el significado que Jesucristo tiene en nuestra vida y cuál es el plan que tiene para nosotros.

en nuestra vida y cuál es el plan que tiene para nosotros. Richelle M. Miguel, Rama

Richelle M. Miguel, Rama Echague 1, Distrito Alicia, Filipinas

Yo les digo a mis amigos que si no creyera en Jesucristo, no habría escu- chado a los misioneros cuando Dios

los envió a enseñarme Su Evangelio; no habría sentido el Espíritu Santo y no me habría unido a la Iglesia.

Marina Vladimirovna Khlapova, Rama Nakhodka, Misión Rusia Vladivostok Rama Nakhodka, Misión Rusia Vladivostok

Si mis amigos cuestionaran mi

creencia en el Salvador, les invitaría

a una actividad que se centrara en

Jesucristo, como un servicio bautis- mal. También pediría prestados algu-

nos libros de la biblioteca de la capilla para que los leyeran; pero antes que nada, oraría para que el Espíritu les tocara el corazón.

Esther N. Ninedeys, Rama Calabar 1, Distrito Calabar, Nigeria Rama Calabar 1, Distrito Calabar, Nigeria

En un caso así, les diría a mis ami- gos que la oración es la mejor mane- ra de averiguar si lo que yo creo es verdad. Sugeriría que oráramos jun- tos y le preguntáramos a nuestro Padre Celestial para que nos hiciera saber si mis creencias son correctas

o no, ya que Él manifiesta la verdad

de todas las cosas por medio de la oración.

la verdad de todas las cosas por medio de la oración. Reyna Guadalupe Orozco Portillo, Barrio

Reyna Guadalupe Orozco Portillo, Barrio Las Huertas, Estaca Tamazula, Culiacán, México

Debemos hacer todo lo que poda- mos para asegurarnos de que nuestro testimonio llegue al corazón de los

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demás. Debemos ser un ejemplo para ellos por medio de nuestras palabras, nuestra manera de vivir y de vestir y a través de los entretenimientos que escojamos. Puede que nuestros ami- gos no nos crean de momento, pero algún día recordarán el legado de fe que les dimos mediante nuestro ejemplo.

el legado de fe que les dimos mediante nuestro ejemplo. Lucía Cecilia Pérez, Barrio Unión 2,

Lucía Cecilia Pérez, Barrio Unión 2, Estaca Trelew Norte, Argentina

PREGUNTAS Y RESPUESTAS es una sección para los jóvenes y espe- ramos publicar una amplia selección de respuestas de jóvenes de una varie- dad de países. Tengan a bien enviar sus respuestas para que lleguen antes del 1º de septiembre de 2002 a: QUES- TIONS AND ANSWERS 09/02, Liahona, Floor 24, 50 East North Temple Street, Salt Lake City, UT 84150-3223, USA; o a la dirección de correo electrónico cur-liahona- imag@ldschurch.org. La respuesta que envíen puede estar escrita a má- quina o con letra legible en su propio idioma. A fin de que su respuesta se tome en consideración, deben incluir su nombre completo, edad, dirección, barrio y estaca (o rama y distrito). Si es posible, incluyan una fotografía suya, la cual no se devolverá.

PREGUNTA: A veces parece difícil deci- dir qué está bien y qué está mal. ¿Por qué la Iglesia no redacta una lista que me diga exactamente lo que puedo y lo que no puedo hacer?

ILUSTRACIÓN POR DILLEEN MARSH.

MENSAJE DE LAS MAESTRAS VISITANTES

DELEITÉMONOS EN EL SERVICIO Y LAS BUENAS OBRAS

L ea lo siguiente con las hermanas a las que visite y comente las pre- guntas, los pasajes de las

Escrituras, así como las enseñanzas de los líderes de la Iglesia. Comparta sus experiencias y su testimonio e invite a las hermanas a las que enseñe a hacer lo mismo.

Mosíah 2:17: “Y he aquí, os digo estas cosas para que aprendáis sabi- duría; para que sepáis que cuando os halláis al servicio de vuestros seme- jantes, sólo estáis al servicio de vues- tro Dios”. Alma 37:34: “Enséñales a no cansarse nunca de las buenas obras, sino a ser mansos y humildes de co- razón; porque éstos hallarán descan- so para sus almas”. D. y C. 58:27–28: “De cierto digo que los hombres deben estar an- helosamente consagrados a una causa buena, y hacer muchas cosas de su propia voluntad y efectuar mucha justicia; porque el poder está en ellos, y en esto vienen a ser sus propios agentes. Y en tanto que los hombres hagan lo bueno, de ninguna manera perderán su recompensa”. Élder Robert J. Whetten, de los Setenta: “El amor… de Jesús para con nosotros motivó Su sacrificio expiatorio por nuestros pecados. Sin Su amor, no podríamos regre- sar a la presencia de nuestro Padre Celestial. Su camino debe ser el nuestro. ‘Por lo tanto, ¿qué clase de hom- bres habéis de ser? En ver- dad os digo, aun como yo

soy’ (3 Nefi 27:27). Nos mostró que debemos hacer el bien, que el bie- nestar físico y espiritual de nuestros semejantes es tan importante como el nuestro y que debemos mostrar compasión e interés genuinos por todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Moroni define el amor cris- tiano como caridad… No es sufi- ciente decir que creemos en Él y que le amamos; debemos poseer en el postrer día la clase de amor que Él posee. No es necesario que demos nuestra vida por los demás como lo hizo Él, pero, al igual que el Salvador, debemos bendecir la vida de los demás al dar aquello que constituye nuestra propia vida: tiempo, talen- tos, recursos y nosotros mismos” (“Verdaderos seguidores” Liahona, julio de 1999, pág. 34). Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles:

“Se nos alienta a seguir por un pro- ceso de conversión hacia ese estado y condición llamada vida eterna. Eso se logra no sólo al hacer el bien, sino al hacerlo por la razón correcta: por el amor puro de Cristo. El apóstol Pablo ilustró eso en su célebre ense- ñanza acerca de la importancia del

‘amor o caridad’ (véase 1 Corintios 13). La razón por la cual la caridad nunca deja de ser y es más grande que aun el acto más significativo de bondad dijo él, es que la caridad, ‘el amor puro de Cristo’ (Moroni 7:47),

no es un acto sino una condición o es- tado del ser. La caridad se obtiene mediante una sucesión de actos que resultan en la conversión. La cari- dad es algo que uno llega a ser. De modo que, como Moroni declaró: ‘A menos que los hombres tengan cari- dad, no pueden heredar’ el lugar preparado para ellos en las mansio- nes del Padre (Éter 12:34; cursiva agregada)” (“El desafío de lo que de- bemos llegar a ser”, Liahona, enero

de 2001, pág. 42).

Presidente James E. Faust, Segundo Consejero de la Primera

Presidencia: “Dios les conoce y sabe

lo que ustedes pueden llegar a ser

porque Él les conoce desde el princi- pio, cuando eran Sus hijos e hijas es- pirituales. Lo que ustedes lleguen

a ser dependerá en gran medida

de cómo obedezcan los principios de rectitud y hagan buenas obras” (“¿Quiénes creen que son?”, Liahona, junio de 2000, pág. 4). ¿De qué forma se relaciona el prestar servicio con la expiación de Jesucristo? ¿Cómo afecta el servicio a la per- sona que lo recibe? ¿Cómo afecta a la persona que presta ese servicio? ¿Cómo podemos encontrar más “deleite” en servir?

Cómo amar a Nombre omitido ILUSTRACIONES POR KEITH LARSON; DETALLE DE CRISTO Y EL JOVEN
Cómo amar a Nombre omitido ILUSTRACIONES POR KEITH LARSON; DETALLE DE CRISTO Y EL JOVEN

Cómo amar a

Nombre omitido

ILUSTRACIONES POR KEITH LARSON; DETALLE DE CRISTO Y EL JOVEN RICO, POR HEINRICH HOFMANN.

A través del Espíritu del Señor, me di cuenta de que la mejor forma de ayudar a mi hija era hacer cambios en mi propia vida.

A ños atrás, cuando era una joven madre, mi co-

razón se quebrantó cuando mi esposo abandonó

la Iglesia y después a mí. Acogí a mi lado a mis

dos hijitas y centré nuestra vida en el Evangelio. Oraba por mis hijas diariamente y les hacía participar

en actividades saludables. Los maestros orientadores

y los obispos me aseguraron que mis pequeñas serí-

an mías por las eternidades y que apreciarían los sacrificios que hacía por ellas. Me consolé en el hecho de que, como ellas habían nacido en el convenio, serían herederas de las bendiciones prometidas. Tres años después del divorcio, me casé con un fiel Santo de los Últimos Días y tenía la certeza de que todo iría bien. Pero pronto comenzamos a tener serios problemas con mi hija menor. De pequeña había sido una niña feliz y llena de energía, pero en la adolescencia se convirtió en un ser exigente, rebelde y agresivo. Empezó a fumar, a beber, a experimentar con drogas y

a hurtar en las tiendas; empleaba un lenguaje

soez y empezó a tener relaciones sexuales. Desafiaba toda clase de autoridad y terminó por

abandonar la escuela secundaria.

MOMENTOS DESESPERADOS

Ese era uno de los desafíos más difíciles que jamás había enfrentado. Mi esposo y yo deseába- mos que se arrepintiera, obtuviera un testimonio y sintiera paz en su vida. Me desanimé y estaba

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mi hija descarriada inconsolable; no soportaba la idea de que pudiera “per- der” a otro

mi hija descarriada

inconsolable; no soportaba la idea de que pudiera “per- der” a otro ser querido. Ayunamos y oramos para suplicar a nuestro Padre Celestial que no permitiera que esa hija se extraviara. Mi esposo y yo hablamos y decidimos pedir consejo a nues- tro obispo. Pusimos el nombre de ella en la lista de ora- ción del templo, y aunque mi paciente esposo fue una gran ayuda para mí, sus esfuerzos para con mi hija eran en su mayor parte ineficaces porque ella se negaba a aceptarlo como una figura con autoridad. Durante esa época recibí numerosas bendiciones del sacerdocio; pasé horas intentando hablar con ella. Leí las Escrituras y libros que hablaban sobre el trato con hijos difíciles; pedí consejo, hablé con amigos y familiares, y supliqué a los líderes de las jóvenes que me ayudaran y que ejercieran algún tipo de influencia en ella. Me preguntaba: ¿Dónde está la dicha de la vida familiar? ¿Cuándo cesarán todos estos problemas?. Teníamos miedo de casi todas las pesadillas actuales: adolescentes emba- razadas, enfermedades de transmisión sexual, adicción a las drogas, muerte por accidente al conducir bajo los efectos del alcohol. Al no encontrar solución alguna al problema, perdí la confianza en mi capacidad de ser una buena madre; me sentía desesperada, afligida, preocupa- da, enojada y desvalida.

MIS PROPIOS CAMBIOS

Tr as varios años de frustración, empecé a darme cuenta de que hacía falta hacer ciertos cambios en mi propia vida. Empecé a ver que, en mis esfuerzos por ayudar a mi hija, actuaba motivada por el terror y no por la fe. El camino del Señor no es un arrebato de temor; Jesucristo nos brinda esperanza y no desespera- ción. Satanás es el autor del desánimo y de la infelici- dad, y yo había estado prestando atención a la voz equivocada. Decidí volver a los principios básicos del Evangelio y edificar una espiritualidad más sólida y fuerte. Por ejemplo,

A GOSTO

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2002

Al aumentar mi gratitud por la Expiación de Jesucristo, también se incrementó mi fe en la capacidad que Él tenía de influir en la vida de mi hija.

ejercicio personal, el que contribuyó a aliviar la tensión y a levantarme el ánimo. Pero lo más importante es que cambié mi forma acostumbrada de estudiar las Escrituras. Tengo la mente más despejada por la mañana, así que empecé a leerlas temprano. A veces leía sólo unos cuan- tos versículos; y otras, capítulos ente- ros. Al estar en el coche, apagaba la radio y reflexionaba en lo que había leído esa mañana. Las experiencias es- pirituales que tenía en esos momentos, en el auto, satisfacían con creces los no- ticieros e informativos que dejaba de es- cuchar sobre la circulación del tráfico.

me pregunté cuándo había sido la última vez que había

ofrecido una oración de gratitud. ¿Me había olvidado

por completo de mis muchas bendiciones? ¿Había buscado

conscientemente las buenas cualidades de mi hija? ¿Apreciaba a los miembros obedientes de la familia? ¿Reconocía los momentos dichosos de cada día?

¿Disfrutaba de una hermosa puesta de sol o de una tenue llovizna? Estaba avergonzada. Me había vuelto tan negativa y desdichada que mis pensamientos y hechos no refleja- ban mi testimonio de Jesucristo. Mi rostro no mostraba

mi amor por el Salvador ni la esperanza que Él nos

brinda. Decidí cambiar y me concentré en llenar el alma con pensamientos y sentimientos positivos. Leí libros edifi- cantes y dejé de ver programas de televisión carentes de sustancia. Me volví más diligente en un programa de

EL RECIBIR REVELACIÓN PERSONAL

Empezaron a suceder cosas asombro- sas. Mi mente comenzó a recibir impre- siones: ideas sobre cómo manejar las situaciones cotidianas y cómo prepararme para las asignaciones en la Iglesia; incluso recibí inspiración sobre cómo tratar a mi preciada hija. Un día percibí que debía orientar las conversaciones que tenía con mi hija hacia las cosas positivas que tenía- mos en común. Indiscutiblemente, los gustos que com- partíamos en la música, el arte y las películas antiguas nos facilitaron temas amenos de conversación, y ese cambio de gran utilidad fue el primer paso hacia la reparación de nuestra dañada relación. Otra mañana, recibí una fuerte impresión que persis- tió durante los meses siguientes: la fuerza no es la res- puesta. Con lágrimas, supliqué a mi Padre Celestial que me perdonara por olvidar que el albedrío es un elemento básico de Su plan. Me di cuenta de que no es apropiado intentar obligar a alguien a hacer algo, aun cuando ese algo sea correcto. Ése es el plan de Satanás. El cambio no se produjo de la noche a la mañana; fue difícil y exigió gran esfuerzo. A veces sufría reveses, pero

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continuaba intentándolo. Como padres, todavía tenía- mos que fijar normas en cuanto a lo que era aceptable en casa, pero nuestra hija empezó a reaccionar de forma más positiva porque ahora yo me mostraba más confiada y menos susceptible a dejarme llevar por las emociones. Las constantes impresiones espirituales que recibimos fueron una gran bendición. Línea por línea, el Espíritu nos enseñaba qué hacer y cuándo debíamos hacerlo. Si obedecíamos, éramos bendecidos; y cuando fallábamos, recibíamos un tierno recordatorio.

FE EN JESUCRISTO

En una ocasión, el Espíritu me recordó que la verda- dera conversión procede del Señor, así que en vez de sim- plemente orar para que mi hija hiciera lo que le pidiera, empecé a suplicar que la bendijera con un cambio de co- razón. Incluso busqué momentos para hablar con ella sobre el Salvador. Por ejemplo, ella estuvo de acuerdo en que un mundo violento necesita más de los tiernos cami- nos del Señor. A medida que el Espíritu me enseñaba, empecé a tener más conciencia de la gran misericordia que Cristo tiene por mí. Un día pensé: “Quizás las expe- riencias que estoy teniendo con los miembros desca- rriados de mi familia me sirvan para darme cuenta de que yo también me descarrío cuando no deposito toda mi fe y confianza en Él. Quizás los problemas que la familia tiene con esta hija pródiga lleguen a ser para nuestro beneficio. Incluso, es posible que nuestras

debilidades, aunque no sean tan visibles como las de ella, precisen también refinamiento”. Al empezar a tener esos pensamientos, estuve más agradecida que nunca por la expiación de Cristo; y al au- mentar mi gratitud, también se incrementó mi fe en la capacidad que Él tenía de influir en la vida de mi hija. Obtuve la firme convicción de que Él continuará dándo- le Su influencia y tratar de que regrese, ¡ya que Él inclu- so la ama más que yo! Ahora, mi papel es el de estar más cerca de ella y luchar por llegar a ser el mejor ejemplo po- sible del Salvador.

UNA ESPERANZA BRILLANTE EN EL PORVENIR

Hoy día, esta hija todavía sigue inactiva en la Iglesia, pero lleva una vida mejor. Hace poco se casó con un buen hombre; tiene una buena profesión y es responsable y capaz en su trabajo. Ambas sostenemos una buena re- lación y tengo mucha esperanza en que un día vuelva a las enseñanzas de su infancia. A través de esos momentos difíciles he aprendido que en nuestra vida tenemos derecho a la inspiración, y creo firmemente que el Espíritu Santo puede ayudarnos al prepararnos para percibir Sus impresiones y actuar de acuerdo con ellas. Las experiencias que he tenido con esta hija también me han acercado más al Salvador; me han enseñado a es- cudriñar mi propia alma, a buscar la guía del Espíritu Santo, a confiar en la Expiación, a estar agradecida por lo que tengo y a tener esperanza en el futuro.

“Acérquenlos a ustedes” “El corazón se me enternece por aquellos de nuestros jóvenes que en

“Acérquenlos a ustedes”

“El corazón se me enternece por aquellos de nuestros jóvenes que en muchos casos deben recorrer un camino solitario por la vida. Ellos se encuentran en medio de esos males. Espero que puedan compartir sus problemas con ustedes, sus padres y sus ma- dres. Confío en que ustedes los escuchen, que sean pacientes y comprensivos, que los acerquen a ustedes y los consuelen y los apoyen en su soledad. Oren para pedir orientación, para pedir paciencia. Oren y supliquen tener la fortaleza necesaria para querer[los] aunque la infracción haya sido grave. Oren para pedir entendimiento y bondad, y, sobre todo, sabiduría e inspiración” —Presidente Gordon B. Hinckley (“‘Y se multiplicará la paz de tus hijos’”, Liahona, enero de 2001, pág. 67).

A GOSTO

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2002

por el élder David E. Sorensen de la Presidencia de los Setenta La doctrina de

por el élder David E. Sorensen de la Presidencia de los Setenta

La doctrina de

la obra del templo

El templo es un lugar de revelación, de inspiración, meditación y paz; un lugar donde fortalecer el ánimo, despejar la mente, hallar respuestas a nuestras oraciones y disfrutar de la satisfacción que proviene de la adoración y del servicio.

L uego de cumplir con el servicio militar siendo joven, regresé a la casa de mis padres en el cen- tro del estado de Utah, a unos sesenta y cinco ki-

lómetros de la ciudad de Manti. No hacía mucho que se habían anunciado los planes de una pequeña am- pliación del Templo de Manti, y los líderes de la Iglesia estaban pidiendo voluntarios para colaborar en el pro- yecto. Me apunté para un turno de dos semanas y poco tiempo después me encontraba sosteniendo un pico, quebrando rocas y quitando las piedras de los alrede- dores del templo. El ardiente sol veraniego caía sobre nosotros durante todo el día y el trabajo era físicamen- te severo y mentalmente aburrido. Algunas veces, mientras me esforzaba por quitar otra piedra, me pre- guntaba si quizás me habría precipitado al responder al llamado de voluntarios. Sin embargo, al pasar los días, tuve una extraordinaria experiencia espiritual. En varias ocasiones, en medio de tan agotadora labor, oí y sentí al Espíritu Santo decirme que en algún momento futuro tomaría parte en la cons- trucción de otros templos. Se trataba de un sentimiento apacible pero muy claro. En esa ocasión me estaba pre- parando para regresar a trabajar en un rancho de ganado, por lo que no me resultaba nada obvio que pudiera llegar

a tomar parte en la construcción de otros templos, pero acepté aquel sentimiento como si fuera inspiración. Con el paso de los años, de vez en cuando me preguntaba en cuanto a ello, todavía incierto de cómo podría suceder eso, pero muy seguro de que la voz apacible y delicada me había dirigido aquellas palabras. Durante los últimos años, he tenido el privilegio de ver el cumplimiento de esa promesa de formas para mí inimaginables al disponer de la oportunidad de trabajar

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FOTOGRAFÍAS DE LOS TEMPLOS © INTELLECTUAL RESERVE, INC.; NO SE PERMITE NI SE AUTORIZA SU REPRODUCCIÓN; DERECHA:

ILUSTRACIÓN FOTOGRÁFICA POR STEVE BUNDERSON; FONDO:

FOTOGRAFÍA DEL CUARTO CELESTIAL DEL TEMPLO MOUNT TIM- PANOGOS, UTAH, POR WELDEN C. ANDERSEN; FOTOGRAFÍA DEL TEMPLO DE APIA, SAMOA, POR WILLIAM HOLDMAN; RECUADRO:

FOTOGRAFÍA DE LA PILA BAUTISMAL DEL TEMPLO DE VERNAL, UTAH, POR TAMRA H. RATIETA.

en el Departamento de Templos durante este emocionan- te período de crecimiento. He sido testigo personal del es- fuerzo que ha hecho el presidente Gordon B. Hinckley de acercar los templos a más personas del mundo y compar- to el entusiasmo de él por las bendiciones que proceden de las ordenanzas del templo. El presidente Hinckley dijo:

“Exhorto a nuestros miembros de todas partes, con todo el poder de persuasión del que soy capaz, a que sean dig- nos de tener una recomendación para el templo, a que la consigan y la consideren una posesión preciada, y a que hagan un esfuerzo mayor por ir a la casa del Señor y par- ticipar del espíritu y de las bendiciones que se reciben allí” 1 . En estas palabras, el presidente Hinckley se hace eco de los profetas que le han precedido. Por ejem- plo, el profeta José Smith nos advirtió de las consecuencias de no asistir a los tem- plos que tenemos: “Los santos que des- cuiden [la obra del templo] a favor de sus

antepasados arriesgan su propia salva- ción” 2 . Es evidente que las ordenanzas del templo tienen importancia eterna, pero también pueden presentar un reto. Espero ofrecer ciertas ideas que sean úti- les a los miembros de la Iglesia para me- jorar su comprensión de la naturaleza de los templos, y ofrecer también algunos recordatorios y consejos prácticos sobre las diversas formas de prepararnos para la adoración en el templo.

La obra del templo no es diferente de otros tipos de servicio que se prestan en la Iglesia, tales como servir en una misión o dar ayuda de emergencia como maestro orientador o maestra visitante. Esos actos de servicio por lo general nos cuestan algo y a menudo requieren cierto sacrificio. Nuestro profeta nos invita a tener esa misma manera de pensar, o actitud, cuando asistamos al templo, la cual debiera tener el propósito de prestar servicio más que convertirse en un acto egoísta centrado en uno mismo. El Salvador dijo: “Porque todo el que quiera sal- var su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” 3 . Si acudimos al templo sólo por noso- tros mismos, podemos estar privándonos de beneficios enormemente espirituales. Piensen en las cosas que hacemos cuando vamos al templo. ¿Son iguales o diferentes de las actividades que habitualmente de- nominamos “trabajo”? A menudo el tra-

bajo suele ser difícil, desafiante y en ocasiones tedioso; de otro modo, lo vería- mos tal vez como una especie de entrete- nimiento. El trabajo requiere que estemos inmersos en un proceso. Quizás, en estos términos, si descubrimos que nuestra asis- tencia al templo no es más que una acti- vidad principalmente pasiva, es posible que no estemos sacando todo el provecho que podríamos. Un ejemplo claro podría ser la dife- rencia que existe entre asistir al templo como obrero o como participante. Para

un obrero, trabajar en el templo es un trabajo de verdad; desde la memoriza- ción hasta la puesta en práctica, hay mucho que hacer. El resultado de este esfuerzo es que los obreros del templo se familiarizan con las ordenanzas y tienen la oportunidad de aprender y progresar todavía más, y tal como descubrí durante mis labores físicas en el Templo de Manti siendo joven, la disposición para trabajar y servir puede preparar nuestro corazón para recibir perspectivas espirituales. Aunque ciertamente el templo es un lugar de refugio, un retiro en donde aprender y llegar a entendernos mejor

un retiro en donde aprender y llegar a entendernos mejor “ E xhorto a nuestros miembros

Exhorto a nuestros miembros de todas par- tes… a que sean dignos de tener una recomendación para el templo, a que la consigan y la consideren una posesión preciada, y a que hagan un esfuerzo mayor por ir a la casa del Señor”. —Presidente Gordon B. Hinckley

LA “OBRA” DE LA “OBRA DEL TEMPLO”

La obra del templo es un acto de servi- cio. El templo es un lugar donde tenemos la oportunidad de hacer algo por los demás. En recientes dedicaciones de templos, el presidente Hinckley ha sugerido que no nos centremos demasiado en los beneficios personales de asis- tir al templo, sino que más bien nos centremos en la obra del templo como “obra” en sí. Aun cuando las bendiciones que emanan de la asistencia al templo son numerosas, no debemos perder de vista el hecho de que se trata de una obra y que requiere dedicación y servicio.

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, POR WALTER RANE.UKE;

FONDO: CINCO DE ELLAS FUERON SABIASOS

DEL TEMPLO DE VERNAL, UTAH, POR JOHN LFOTOGRAFÍA

DEL CUARTO DE SELLAMIENT

a nosotros mismos, quizás sea aún más provechosa la ex- periencia si asistimos para cumplir con una labor exigen- te, importante, rigurosa y agotadora. Uno de los beneficios del disponer de numerosos templos es no sólo el que un mayor número de miembros pueda asistir, sino que más miembros puedan servir como obreros de las or- denanzas. Es más, la actitud de servicio puede ayudarnos a ver las cosas viejas bajo una nueva luz. Consideren las seme- janzas que existen entre los modelos de enseñanza en las ordenanzas del templo y en las parábolas de las Escrituras. Ambos tienen diversos niveles de significado. Muchas de las parábolas que enseñó el Salvador resulta- ban difíciles de entender para la mayoría de los que las oían. A algunos les parecían trilladas y simples. Por ejem- plo, en las parábolas de las diez vírgenes, de los talentos, de la oveja perdida, de la viuda y del juez injusto, o del hijo pródigo, hay una historia, un mensaje que hasta el simple observador podría percibir. Pero a plena vista, en medio de esos relatos, hay tremendas verdades que expli- can algunos de los principios centrales y fundamentales del reino. De igual modo, las ordenanzas del templo pue- den tener partes que parezcan sencillas, pero a los que tengan ojos espirituales maduros les aguardan profundos conocimientos.

DOCTRINA BÁSICA A FAVOR DE LOS MUERTOS

Una función vital de los templos es el llevar a cabo la obra de las ordenanzas por nuestros antepasados falleci- dos. Cuando pensamos en las ordenanzas del templo y en

A GOSTO

Al igual que las parábolas que enseñó el Salvador, las ordenanzas del templo pueden tener partes que parezcan sencillas, pero a los que tengan ojos espirituales maduros les aguardan profundos conocimientos.

la necesidad de realizarlas a la perfección, sin error, pen- samos en este poderoso pasaje:

Os parecerá que este orden de cosas es muy minucio- so, pero permítaseme deciros que sólo es para obedecer la voluntad de Dios, acomodándonos a la ordenanza y pre- paración que el Señor ordenó y dispuso antes de la fun- dación del mundo, para la salvación de los muertos que fallecieran sin el conocimiento del evangelio… “…Porque su salvación es necesaria y esencial para la nuestra, como dice Pablo tocante a los padres: que ellos sin nosotros no pueden ser perfeccionados, ni tampoco podemos nosotros ser perfeccionados sin nuestros muertos” 4 . Consideren la poderosa y reveladora visión del presi- dente Joseph F. Smith (1838–1918):

Así se predicó el evangelio a los que habían muerto en sus pecados, sin el conocimiento de la verdad, o en trasgresión por haber rechazado a los profetas. “A ellos se les enseñó la fe en Dios, el arrepentimien- to del pecado, el bautismo vicario para la remisión de los pecados, el don del Espíritu Santo por la imposición de las manos, “y todos los demás principios del evangelio que les era menester conocer, a fin de habilitarse para que fuesen juzgados en la carne según los hombres, pero vivieran en espíritu según Dios” 5 .

DOCTRINA BÁSICA PARA LOS VIVOS

El templo es un lugar de revelación, de inspiración, meditación y paz; un lugar en donde fortalecer el ánimo,

DE

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2002

despejar la mente, hallar respuestas a nuestras oraciones

las siguientes palabras: “Su investidura consiste en reci-

y

disfrutar de la satisfacción que proviene de la adoración

bir, en la casa del Señor, todas las ordenanzas que les son

del servicio. El Señor reveló por medio del profeta José Smith:

“…Todos los convenios, contratos, vínculos, compromi- sos, juramentos, votos, prácticas, uniones, asociaciones o aspiraciones que no son hechos, ni concertados, ni sella- dos por el Santo Espíritu de la promesa, así por el tiempo como por toda la eternidad… por conducto de mi ungi- do, a quien he nombrado sobre la tierra para tener este poder… ninguna eficacia, virtud o fuerza tienen en la re- surrección de los muertos, ni después; porque todo con- trato que no se hace con este fin termina cuando mueren los hombres” 6 . Enseñémonos el uno al otro el valor supremo del

y

necesarias, después que hayan salido de esta vida, para permitirles volver a la presencia del Padre para que los ángeles que estén allí de centinelas los dejen pasar… y obtengan su exaltación eterna” 9 . Como el presidente Young la ha descrito, la palabra in- vestidura sugiere la recepción de un presente, algo de valor para nuestra jornada eterna. El Señor nos concede una bendición de poder y protección espirituales para que podamos disfrutar de la vida más plena y abundante- mente. Recibimos las bendiciones más grandes del reino de Dios mediante la gracia de Jesucristo, por la obediencia a Su palabra. La revelación de los últimos días aclara que

“nuevo y sempiterno convenio del matrimonio” 7 en nues-

la

plenitud de la gracia de Cristo se derrama sobre los que

tros discursos y lecciones y mediante el ejemplo. Cuando una pareja se sella en el templo mediante el sacerdocio, se organiza una nueva familia. Nos regocijamos cuando se organiza una nueva rama, barrio o estaca. ¡Cuánto

guardan los mandamientos, incluso la realización y la ob- servancia de convenios: “Porque si guardáis mis manda- mientos, recibiréis de su plenitud y seréis glorificados en mí como yo lo soy en el Padre; por lo tanto, os digo, reci-

más debemos regocijarnos cuando organizamos la unidad básica de la Iglesia: una nueva familia eterna! Existe úni- camente una forma mediante la cual el sacerdocio puede establecer correctamente esa nueva unidad: es en la casa del Señor. Llegará el día en que a todos se nos relevará de nuestros llamamientos en la Iglesia, pero no de nuestros papeles eternos dentro de la organización de la familia. Según se explica en Doctrina y Convenios: “A algunos les parecerá muy atrevida esta doctrina que discutimos:

biréis gracia sobre gracia” 10 . Doctrina y Convenios expli- ca además: “…benditos son aquellos que han guardado el convenio y observado el mandamiento, porque obten- drán misericordia” 11 . Una razón del poder de los convenios puede que se deba a la capacidad que tienen de efectuar cambios en nuestra vida, especialmente los convenios sagrados. Esa capacidad se debe en parte a que, cuando concertamos un convenio con Dios, estamos haciendo una promesa

un poder que registra o ata en la tierra y también en los cielos. Sin embargo, en todas las edades del mundo, cada vez que el Señor ha dado una dispensación del sacerdo- cio a un hombre o grupo de hombres, por revelación efectiva, siempre se ha dado este poder. De manera que, todo cuanto esos hombres hicieron con autoridad, en el nombre del Señor, y lo hicieron verdadera y fielmente, y llevaron un registro adecuado y fiel de ello, esto llegó a ser una ley en la tierra y en los cielos, y, de acuerdo con los decretos del gran Jehová, no podía anularse” 8 .

LA INVESTIDURA

¿Cuál es el significado y la naturaleza de la investidu- ra? El presidente Brigham Young (1801–1877) pronunció

a nuestro Padre Celestial, Quien nos conoce mejor que

nadie, que sabe exactamente lo que sentimos, lo que pensamos y cuál es la intención de nuestro corazón; y es esto lo que nos da la singular motivación para cumplir con nuestras promesas. Además, los convenios sagrados son aún más poderosos que los convenios o las prome- sas comunes y corrientes, porque al entrar en un con- venio que es sellado por el Santo Espíritu de la promesa (el Espíritu Santo), obtenemos acceso especial a la gra- cia de Dios para ayudarnos a cumplir las promesas que hemos hecho. El propósito de la obra del templo es hacer más efi- caz la expiación de Jesucristo, y puesto que los conve- nios pueden ser un instrumento tan eficaz para

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.O

DE ST. LOUIS, MISURI, POR WELDEN C. ANDERSEN;

DERECHO: ILUSTRACIÓN FOTOGRÁFICA POR STEVE BUNDERSON RECUADRO: FOTOGRAFÍA DEL BAPTISTERIO DEL TEMPLEXTREMO

efectuar cambios, los convenios constituyen una parte importante de la obra del templo y son particularmen- te un componente clave de la investidura. Consideren cómo los convenios del bautismo, de la Santa Cena y de la imposición de manos se centran en el Salvador y en Su sacrificio expiatorio, y cómo pueden influir en nosotros para que cambiemos nuestra vida. De igual modo, los convenios que hacemos cuando recibimos la investidura pueden impulsarnos a cambios todavía ma- yores y a una conducta más cristiana. Visto de otra forma, podríamos preguntarnos: ¿Cómo podemos tener acceso a la plenitud de la Expiación, esa dispensación adicional de gracia? Sólo mediante los convenios, los cuales realizamos mediante ordenanzas, las que se efec- túan únicamente por medio de las llaves del sacerdo- cio 12 . El profeta José Smith enseñó: “El nuevo nacimiento viene por el Espíritu de Dios mediante las ordenanzas” 13 . Esas verdades nos ayudan a entender el poder espiri- tual de la obra del templo y la forma en que ese poder puede llegar a la vida de una persona mediante el conve- nio. De este modo, el guardar el convenio conlleva la re- cepción de la bendición prometida en esta vida y en la eternidad. Repasemos algunas cuestiones prácticas que contribu- yen a realzar la experiencia del templo.

Una función vital de los templos es el llevar a cabo la obra de las ordenanzas por nuestros antepasados fallecidos. “…ellos sin nosotros no pueden ser perfeccionados, ni tampoco podemos nosotros ser perfeccionados sin nuestros muertos”.

NORMAS

La reverencia es un elemento indispensable de la re-

velación. Para recibir la revelación prometida, debemos preservar la naturaleza sagrada de la casa del Señor. El templo puede formar una parte importante de nuestra vida si nos preparamos reverentemente para entrar en él

y si nos ceñimos a su belleza, dignidad y solemnidad al

salir de él. Parte de esa reverencia reside en mantener una actitud de gran respeto en el corazón por la Deidad. Nuestras palabras y algunas de nuestras acciones pueden afectar la reverencia que sentimos y, por consiguiente, las manifestaciones espirituales que experimentamos. En lo que atañe a las cosas sagradas, hay un “tiempo de callar, y [un] tiempo de ha-

blar” 14 . Tenemos la respon- sabilidad de preservar la santidad de la investi- dura del templo; no debemos emplear el len- guaje del templo fuera de

él y siempre debemos tener

cuidado de no utilizar un lenguaje ordinario o mun- dano en los recintos sagrados del templo. La vulgaridad no debe ser parte de

POR HARRY ANDERSON.TTHEW

REIER; FONDO: CRISTO EN GETSEMANÍ,O

DE WINTER QUARTERS, NEBRASKA, POR MAIZQUIERDA:

FOTOGRAFÍA DEL CUARTO DE ORDENANZAS DEL TEMPL

El propósito de la obra del templo es hacer más eficaz la expiación de Jesucristo. Los convenios que hacemos cuando recibimos la investidura pueden impulsarnos a cambios todavía mayores y a una conducta más cristiana.

nuestra comunicación fuera del templo y obviamente no hay lugar para ésta en la casa del Señor. Incluso las bro- mas y la risa excesivas pueden privarnos de sentir la re- verencia y el respeto que deberíamos sentir.

DIGNIDAD

Algunos miembros, ansiosos por recibir las bendicio- nes del templo, pueden llegar a insistir en recibir una re- comendación antes de estar totalmente preparados. Sin embargo, el llegar a ser digno de ir al templo nos prepa- ra, de hecho, para entender las cosas que allí hay y que “son del Espíritu” 15 . Nuestro profeta nos ha aconsejado:

“Sé que es difícil para un obispo negar la recomendación para el templo a un miembro de su barrio que esté en el límite con respecto a su comportamiento personal. El re- chazo puede ser ofensivo para el solicitante, pero la per- sona debe entender que a menos que haya una dignidad total, no ganará ninguna bendición, sino que la conde- nación caerá sobre la cabeza de quien atraviese indigna- mente las puertas de la casa del Señor” 16 .

Debemos ceñirnos a las instrucciones de la Primera Presidencia con respecto al modo de vestir el gárment:

“Llevar el gárment es el sagrado privilegio de aquellos que han tomado sobre sí los convenios del templo. El gár- ment… cuando se viste de forma apropiada, servirá de protección contra la tentación y el mal. “Se espera que los miembros lleven el gárment día y noche de acuerdo con las instrucciones facilitadas en el templo. Los miembros no deben ajustar al gárment ni vestirlo de forma contraria a dichas instrucciones para adecuarlo a diferentes estilos de ropa, aun cuando éstos sean aceptables. El gárment no se debe quitar para efec- tuar actividades que se podrían realizar de igual modo con éste bajo la ropa. “Los miembros deben buscar la guía del Espíritu Santo para responder por sí mismos a las preguntas que tengan sobre cómo vestir el gárment. Este sagrado convenio se realiza entre el miembro y el Señor, y es una manifesta- ción externa de un compromiso interior de seguir al Salvador Jesucristo” 17 .

EL GÁRMENT

Las personas que hayan recibido su investidura deben vestir el gárment correctamente. El vestir el gárment es uno de nuestros grandes privilegios. Resulta apropiado considerar el gárment como parte del templo, como un recordatorio de los convenios hechos en la casa del Señor. De esa forma, al vestir el gárment adecuadamen- te, llevamos el templo con nosotros en nuestras activida- des cotidianas.

VESTIMENTA APROPIADA

Vestirnos de forma apropiada para ir al templo nos ayudará a dejar atrás nuestras preocupaciones mundanas y prepararnos para participar en las ordenanzas de la casa del Señor. Reflexionen en el siguiente consejo del presi- dente Boyd K. Packer, Presidente en Funciones del Quórum de los Doce Apóstoles, sobre la preparación para ir al templo: “Agrada al Señor que cuidemos de nuestro aseo personal, así como de que nos pongamos

LIAHONA

36

ropa limpia, no importa que ésta no sea costosa. Para ir a la casa del Señor debemos vestirnos como lo haríamos para sentirnos cómodos en una reunión sacramental o en cualquier otra de índole espiritual” 18 . Al entrar en el templo, todos nos ponemos una mo- desta ropa blanca. Los hombres llevan camisas blancas de manga larga y pantalones blancos. Las mujeres llevan un vestido blanco de manga larga con el largo hasta el suelo,

o una blusa blanca y una falda larga y blanca. La ropa

blanca del templo simboliza la pureza y el ser limpios de

nuestros pecados, estado en el que esperamos regresar a

la presencia de nuestro Padre Celestial. El cambio a una

ropa blanca sirve también como recordatorio de que todos somos iguales ante Dios, de que Él mira en nuestro corazón y nuestra alma y no al puesto que ocupamos en

el mundo.

Las futuras novias deben tomar nota de que los vesti- dos de boda sean tan modestos como los habituales ves- tidos del templo. “Todo vestido que se use en el templo debe ser blanco, de mangas largas, modesto de diseño y de tela, y sin adornos llamativos. Las telas transparentes deben forrarse. En el templo no se permite el uso de pan- talones a las mujeres. El vestido de novia no debe tener cola a menos que ésta se pueda quitar para la ceremonia del templo” 19 .

LAS ORDENANZAS SELLADORAS

Por último, piensen de nuevo en el poder del tem- plo, especialmente en lo que atañe a nuestros antepa- sados fallecidos. ¿Quién de nosotros no ha llorado por un hermano, una hermana u otro familiar que, por una razón u otra, no haya aceptado plenamente el Evangelio en esta vida? Los sellamientos efectuados en

el templo nos dan gran esperanza por la posibilidad que

tenemos de reunirnos con todos nuestros seres queri- dos. La ordenanza selladora confiere una poderosa ben- dición sobre los Santos de los Últimos Días que permanecen firmes y fieles a sus convenios. Siempre he recibido gran fortaleza, ánimo y consuelo del presiden- te Lorenzo Snow (1814–1901) cuando describió esta profunda promesa:

“Dios ha cumplido las promesas que nos ha hecho, y nuestras expectativas son grandes y gloriosas. Sí, en la

A GOSTO

vida venidera tendremos… a nuestros hijos e hijas. En caso de no tenerlos a todos de una vez, llegará un tiem- po en que así será… Ustedes que lloran a sus hijos des- carriados, los tendrán con ustedes. Si pasan con éxito por estas pruebas y aflicciones y reciben una resurrección, por el poder del sacerdocio, trabajarán, tal y como hace el Hijo de Dios, hasta que encarrilen a todos sus hijos e hijas en el camino que conduce a la exaltación y la glo- ria. Esto es tan cierto como que el sol salió esta mañana tras aquellas montañas. Por tanto, no lloren porque sus hijos e hijas no sigan el camino que ustedes les han seña- lado o hagan caso omiso de sus consejos. Al grado que tengamos éxito en asegurarnos la gloria eterna y seamos salvadores, reyes y sacerdotes de nuestro Dios, salvare- mos a nuestra posteridad” 20 . Hay gran poder en los lazos selladores del convenio. Doy testimonio de que estas verdades y convenios eter- nos fueron dados antes de la fundación del mundo y ben- decirán nuestra vida si preparamos nuestro corazón y nuestra mente para recibirlos.

NOTAS

1. “Misiones, templos y responsabilidades”, Liahona, enero

de 1996, págs. 63–64.

2. History of the Church, tomo IV, pág. 426.

3. Lucas 9:24.

4. D. y C. 128:5, 15; véase también Hebreos 11:40.

5. D. y C. 138:32–34; véase también 1 Pedro 4:6.

6. D. y C. 132:7.

7. D. y C. 131:2.

8. D. y C. 128:9.

9. Discourses of Brigham Young, compilación de John A.

Widtsoe, 1941, pág. 416.

10. D. y C. 93:20.

11. D. y C. 54:6; véase también Moroni 10:33.

12. Véase Artículos de Fe 1:3–5.

13. Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 188.

14. Eclesiastés 3:7.

15. Véase 1 Corintios 2:11–16.

16. Gordon B. Hinckley, “Mantengamos sagrados los

templos”, Liahona, julio de 1990, pág. 68.

17.

1996.

18.

19.

20.

Carta de la Primera Presidencia, 5 de noviembre de

El Santo Templo, 1980, pág. 18.

Boletín, 1992, Nº 1, pág. 2.

En Millennial Star, 22 de enero de 1894, págs. 51–52;

véase también Boyd K. Packer, “Nuestro ambiente moral”, Liahona, julio de 1992, pág. 75.

DE

37

2002

La elección que dio inicio a la mortalidad

La Caída fue un glorioso requisito para abrirnos los portales hacia la vida eterna.

requisito para abrirnos los portales hacia la vida eterna. por el élder Jess L. Christensen Setenta

por el élder Jess L. Christensen Setenta Autoridad de Área

Estoy verdaderamente asombrado por el gran amor y valor que mi maravi- llosa compañera ha mostrado durante el nacimiento de nuestros hijos. Siento gran admiración porque el dolor y el malestar que acompañaron su nacimiento se haya olvidado al poco tiempo, dando paso a la dicha y a la felicidad de tener un bebé en nuestro hogar. He reflexionado en cuánto sabrían Adán y Eva de esas cosas al tomar la de- cisión de participar del fruto prohibido, decisión que dio comienzo a lo que se tiende a llamar el segundo acto de la “gran obra en tres actos” 1 que conocemos como el gran plan de felicidad. Dios el Padre, Jehová, Adán, Eva y Lucifer fueron los actores; el jardín de Edén fue el escenario de este interludio entre el acto primero, la vida preterrenal y el acto segundo, la vida terrenal.

PREPARACIÓN DEL ESCENARIO

El acto primero incluyó un concilio donde Lucifer prometió lo imposible, “[redimir] a todo el género hu- mano”, y exigió la “honra” del Padre (véase Moisés 4:1). Jesucristo era el “Amado y… Escogido [por el Padre] desde el principio”, y prometió cumplir con el plan del Padre (véase Moisés 4:2). Nosotros ejercimos nuestro

albedrío y escogimos seguir al Salvador; entonces hubo una “gran batalla en el cielo” (véase Apocalipsis 12:7–9) y Lucifer “fue expulsado con todos aquellos que lo apoyaron” 2 . Dios el Padre fue el organizador y el personaje princi- pal de ese interludio, y por medio de Su Hijo creó la tie- rra y el jardín de Edén. Adán fue el primer hombre, el Miguel premortal (véase D. y C. 27:11), “el que ayudó a crear la tierra, un personaje glorioso y magnífico; Eva era su igual, una co- laboradora completa y total” 3 . A Adán y a Eva se les puso en un jardín; Adán fue formado “del polvo de la tierra” y Eva de su costado, y fueron esposo y esposa (véase Moisés 3:7, 21–24).

LIAHONA

38

ILUSTRACIÓN POR GARY L. KAPP.

Bajo la dirección del Padre, Jesucristo enseñó a Adán y a Eva sobre el plan de Dios, les dio mandamientos y les facilitó “túnicas de pieles” antes de expulsarlos del jardín de Edén.

El Padre les mandó multiplicarse y henchir la tierra y no comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, mas añadió: “…No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuer- da que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comie- res, de cierto morirás” (Moisés 3:17). Así se preparó el escenario para el ejercicio del albedrío y la posibilidad de la mortalidad.

ELECCIONES Y CONSECUENCIAS

Lucifer también era desde el principio. “…pretendió destruir el albedrío del hombre… y llegó a ser… el padre de todas las mentiras” (Moisés 4:3–4), y entró al jardín para engañar a nuestros primeros padres. Primero habló

A GOSTO

con Adán, pero él no cedió. A continuación intentó “engañar a Eva” (Moisés 4:6) y le preguntó: “…¿Conque Dios ha dicho: No comeréis de todo árbol del jardín?” (Moisés 4:7). El poner en tela de juicio el recuerdo que alguien pueda tener de un hecho pasado puede crear duda, pero Eva se mantuvo firme y la primera estratage- ma de Lucifer fracasó. “…De cierto no moriréis”, protestó Lucifer, contradi- ciendo directamente la palabra del Señor (véase Moisés

4:10; véase también D. y C. 29:41–42); “pues Dios sabe que el día en que de él comiereis se abrirán vuestros ojos,

y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal”

(Moisés 4:11). Lucifer dijo, en parte, la verdad pero la mezcló con una mentira. Si Eva participara del fruto, sus

ojos sí se abrirían y empezaría a discernir el bien del mal; pero la noción de que al tomar del fruto, de inmediato Eva sería semejante a los dioses fue un engaño astuto. El propósito de la vida se puede cumplir únicamente cuan- do disponemos de tiempo suficiente para prepararnos para regresar a Dios y aprendemos a discernir el bien del mal por medio de nuestras propias experiencias (véase Alma 12:22–26; D. y C. 29:39).

A petición de Lucifer, Eva comenzó a darse cuenta

de que el fruto prohibido era bueno como alimento, o delicioso y agradable a la vista. Lucifer “sabe cómo lla- mar la atención y hacer surgir el deseo de sus clien-

tes” 4 . Eva entonces escogió participar del fruto prohibido y tras ello animó a Adán a hacer lo mismo

(véase Moisés 4:12). Adán llegó a la conclusión de que

el mandamiento de Dios de permanecer con su esposa

(véase Moisés 4:18) era más importante que el abste- nerse del fruto, y viéndose obligado a tomar una deci- sión, “Adán cayó para que los hombres existiesen” (2 Nefi 2:25). Las decisiones de Adán y Eva, al igual que las nues- tras, no estaban exentas de consecuencias. El poder de Lucifer de “[herir] el calcañar” de Jesucristo, la simiente de la mujer, sería breve, pues el Salvador tendría poder para “[herirle la] cabeza” (véase Moisés 4:21) 5 . Así como

la

mediante Su poder, también nosotros podremos vencer.

luz disipa las tinieblas, el Salvador vencerá a Lucifer, y

DE

39

2002

EL MAYOR DE TODOS, POR DEL PARSON.

A Eva, el Señor multiplicaría “en gran manera

[sus] dolores en [sus] preñeces. Con dolor [daría]

a luz los hijos” (Moisés 4:22). “Por decreto divi-

no”, ella sería madre y su “responsabilidad pri- mordial [sería] criar a los hijos” 6 . Para Adán, la

tierra sería “maldita… por [su] causa”. Le pro- duciría “Espinas también, y cardos” y… “Con el sudor de [su] rostro [comería] el pan” (véase Moisés 4:23–25). “Por designio divino, el padre… tiene la responsabilidad de [proteger a

la

familia] y de proveerle las cosas necesarias de

la

vida… El padre y la madre, como iguales,

están obligados a ayudarse mutuamente” 7 . Adán

y Eva quedaron excluidos del más hermoso de

los jardines, y la mortalidad, o sea, el acto se- gundo, comenzó. No obstante, se les enseñó el plan de Dios y se les dieron mandamientos; no

partieron sin protección ni promesas, pues Dios les facilitó “túnicas de pieles” (véase Moisés 4:27) para cubrir su desnudez. Estas túnicas re- presentan la protección, tanto física como espi-

ritual, de la que podemos disfrutar al seguir las enseñanzas de nuestro Padre. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del jardín y se hallaron fuera de la presencia de Dios, estaban deseosos de volver; utilizaron

su albedrío para invocar el nombre del Señor,

para adorar al Señor su Dios mediante la ofrenda de sacrificios y para bendecir Su nombre (véase Moisés 5:4–5, 12).

“Es preciso que comprendamos el significado de la Expiación; sin embargo, antes de que podamos enten- derlo, debemos comprender la caída de Adán”.

LA CAÍDA Y LA EXPIACIÓN

Adán y Eva de participar del fruto prohibido fue, en úl-

 

Tres de los acontecimientos más importantes de

tima instancia, algo bueno, un acto necesario para

la

historia de la humanidad son la Creación, la Caída y

nuestro crecimiento.

la

Expiación. “La esencia misma [del] plan [de salva-

El presidente Joseph Fielding Smith (1876–1972) en-

ción] es la expiación de Jesucristo”, dijo el élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles. “Es preciso que comprendamos el significado de la Expiación; sin embargo, antes de que podamos enten- derlo, debemos comprender la caída de Adán” 8 . Los

señó: “Cuando se puso a Adán y Eva en el jardín de Edén, no tenían que morir, pudiendo haber estado allí hasta el día de hoy y haber continuado así por tiempo in- definido. Por ese entonces no existía la muerte, mas ha- bría sido una terrible calamidad el que se hubieran

Santos de los Últimos Días creemos que la elección de

refrenado de participar del fruto de ese árbol porque

LIAHONA

40

habrían permanecido en el jardín de Edén y nosotros no estaríamos aquí; nadie estaría aquí, a excepción de Adán y Eva; así que ambos participaron del fruto” 9 . Se han hecho muchas preguntas: ¿Cuánto entendi- miento tenían realmente Adán y Eva sobre las conse- cuencias de comer del fruto prohibido? ¿Por qué el mensaje de Satanás fue tentador para Eva pero no para Adán? ¿No había otra manera? Estas preguntas resul- tan desconcertantes porque sabemos muy poco de los pensamientos y sentimientos que Adán y Eva tenían en el jardín, así que no debemos preocuparnos por lo que las Escrituras y los profetas vivientes han decidido no explicar. Lo importante es saber que se cumplió el pro- pósito del Señor: Adán y Eva cumplieron con el primer mandamiento de multiplicarse y henchir la tierra. Sus cuerpos sufrieron un cambio y la mortalidad, la pater- nidad y finalmente la muerte vinieron sobre ellos, con lo cual también se hicieron posibles las relaciones fa- miliares eternas. La Caída fue “un glorioso requisito para abrirnos los portales hacia la vida eterna” 10 . Como resultado, hemos sido bendecidos con la oportunidad de venir a esta tierra. “Por medio de la Caída también obtuvimos otras ben- diciones”, ha dicho el élder Nelson. “Ésta puso en vigen- cia dos dones de Dios que están estrechamente relacionados y que son casi tan preciados como la vida misma: el albedrío y la responsabilidad. Nos volvimos ‘li- bres para escoger la libertad y la vida eterna… o escoger la cautividad y la muerte’ (2 Nefi 2:27). Y la libertad de escoger no se puede ejercer sin la responsabilidad de las decisiones que se tomen [véase D. y C. 101:78; 134:1]” 11 . Un Padre Celestial que nos ama y confía en nosotros nos ha puesto aquí. Él desea que empleemos nuestro al- bedrío para crecer y progresar en este laboratorio que lla- mamos la Tierra.

LA CAÍDA Y EL GOZO

Mientras mi esposa y yo hemos contemplado el creci- miento y el desarrollo de nuestros hijos, nos hemos ma- ravillado con muchas de sus decisiones. Nos ha sorprendido el amor y el valor de nuestras hijas y nueras

A GOSTO

al haber dado a luz a unos preciosos espíritus que han

descendido de la presencia de nuestro Padre Celestial. En cada alumbramiento, he recordado que sin la Caída no experimentaríamos el nacimiento, el dolor, el pesar, la en-

fermedad, la salud, la dicha, el amor y la muerte; o en otras palabras, jamás podríamos hallar la felicidad eterna.

Y sin el gran sacrificio de la expiación de nuestro

Salvador, jamás seríamos capaces de vencer la muerte ni

de tener el privilegio de arrepentirnos para la remisión de

nuestros pecados. Jesucristo hace posible que regresemos al Padre y hallemos exaltación con nuestras familias. Él es nuestro Salvador, nuestro amigo, nuestro Padre Espiritual mediante la Expiación, nuestro Redentor de la Caída, nuestra vida misma y nuestra luz, y el Hijo viviente de nuestro Padre Celestial. El lograr un entendimiento de la elección que dio ini- cio a la mortalidad es crucial para entender el glorioso plan del Padre. Aquellos de nosotros que hemos escogido seguir al Salvador en el acto primero seremos enorme- mente bendecidos si deseamos hacer lo correcto y em- pleamos con sabiduría el albedrío que se nos ha concedido en el acto segundo.

El élder Jess L. Christensen fue relevado en octubre de 2001 como Setenta Autoridad de Área del Área Utah Norte.

NOTAS

1. Véase Boyd K. Packer, The Play and the Plan, Charla

Fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia para jóvenes adultos en edad universitaria, 7 de mayo de 1995, pág. 2.

2. Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 443.

3. Richard G. Scott, “El gozo de vivir el gran plan de

felicidad”, Liahona, enero de 1997, pág. 83.

4. James E. Talmage, “A Greeting to the Missionaries”,

Improvement Era, diciembre de 1913, pág. 173.

5. Véase James E. Talmage, Jesús el Cristo, pág. 44.

6. “La familia: Una proclamación para el mundo”, Liahona,

octubre de 1998, pág. 24.

7. Liahona, octubre de 1998, pág. 24.

8. “La constancia en medio del cambio”, Liahona, enero de

1994, pág. 39.

9. En Conference Report, abril de 1967, pág. 122.

10. “ ‘El gran plan de salvación’ ”, Liahona, enero de 1994,

pág. 85.

11. Liahona, enero de 1994, pág. 39.

DE

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2002

EN MEDIO DE LA MULTITUD, POR JUDITH MEHR; ILUSTRACIONES POR BRIAN CALL .CRISTO

VOCES DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS

“LA FORTALEZA DE LA IGLESIA”

DE LOS ÚLTIMOS DÍAS “LA FORTALEZA DE LA IGLESIA” R efiriéndose a un joven que se

R efiriéndose a un joven que se arrepintió y llegó a ser un miembro fiel de la Iglesia, el

Camino, la Verdad y la Vida (véase Juan 14:6); de que esta obra es Su obra; que es verdadera; y que la felicidad, la paz y la sanidad se reciben al andar en obediencia a los manda- mientos de Dios (véase D. y C. 89:18), tal como se establece en las enseñanzas de la Iglesia”. (Véanse las páginas 6–7 de este ejemplar). Tal y como ilustran los relatos siguientes, la for- taleza de la Iglesia es en verdad los fieles miem- bros que se esfuerzan por ser más como el Salvador. Esta gran obra avanza gracias a los miembros que viven el Evangelio, dando un buen ejemplo de una vida cristiana a sus amigos y vecinos.

presidente Gordon B. Hinckley dice: “¿No es ésa acaso la esencia misma de esta obra? El Salvador dijo: “…yo he venido para que ten- gan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10). Aun cuando carecen de la abundancia de las cosas del mundo, éstos, mis amigos, viven abundante- mente. Personas como ellos constituyen la fortaleza de la Iglesia. En su corazón se anida una tranquila y firme convicción de que Dios vive y de que somos responsables ante Él; de que Jesús es el Cristo, el

E ran las tres de la tarde del 30 de mayo de 1996 cuando mi amiga

Lorna y yo comenzamos nuestro viaje a Cebú, una isla de las

Filipinas. En ese lugar, al día siguien- te, el presidente Gordon B. Hinckley iba a hablar en una charla fogonera. Un triciclo —una motocicleta con sidecar— nos llevó al puerto donde nosotras y muchos otros miembros de la Estaca Iloilo, Filipinas, íbamos

a tomar un barco que nos llevara

a Cebú. Mi amiga y yo sabíamos

que ver al profeta merecía la pena

El profeta del Señor

por María Sonia P. Antiqueña

cualquier dificultad que encontrára- mos en el camino. Al llegar al puerto, comenzó a llo- ver abundantemente. ¿Iba un tifón a aguarnos el viaje y arruinarnos la oportunidad de ver al profeta? “La primera prueba”, me susurró Lorna; pero con el correr del día, nos olvi- damos del cielo encapotado. El ánimo de los demás miembros era contagioso y parecía casi increíble que en breve fuéramos a oír al porta- voz del Señor. Pero nuestro viaje no iba a carecer

LIAHONA

42

de inconvenientes. Lorna y yo nos sentimos abatidas cuando supimos que en el barco no había agua para bañarse. “La segunda prueba”, pensé. Más tarde recibimos más malas noti- cias: Debido a la enorme afluencia

Al fin divisé al presidente y a la hermana Hinckley que entraban al recinto con el élder Wirthlin y su esposa. Las lágrimas me bañaban las mejillas. Al mirar a mi alrede- dor, vi que todos estaban conmovi- dos por el mismo espíritu.

de gente, nuestro equipaje tenía que quedarse amontonado en el pasillo. Aun así permanecimos con una acti- tud positiva. Al día siguiente, una vez que nuestro barco arribó al puerto, hici- mos cola para subir a uno de los au- tobuses que iba a llevarnos al coliseo donde iba a hablar el presidente Hinckley. Nos quedamos atónitas al ver que el último autobús estaba re- pleto. Lorna me miró como querien- do decir: “¿Otra prueba?” Pero no nos rendimos; paramos un taxi y nos pusimos en camino. Para cuando llegamos al coliseo, la entrada estaba abarrotada. “¿Llegaremos a entrar?”, me pregun- taba. El desánimo comenzó a hacer mella. “Quizás debiéramos simple- mente regresar al barco y aguardar a los demás”, sugirió Lorna. A pesar de mis dudas, le respon- dí con determinación: “A menos que entremos ahora, tal vez nunca tengamos otra oportunidad de ver al profeta”. Así que nos movimos con resolución entre el gentío. El aire en el recinto estaba tan calien- te y era tan opresivo que creí que me iba a asfixiar, pero por fin en- contramos dos asientos juntos en la zona más elevada del coliseo, y nos sentamos a esperar en medio del so- focante calor. Al fin divisé al presidente y a la hermana Hinckley que entraban al recinto con el élder Joseph B. Wirthlin, del Quórum de los Doce

Apóstoles, y su esposa, Elisa. En ese instante se desvanecieron mis preo- cupaciones y frustraciones, incluso del darme cuenta del calor. Toda la congregación se puso de pie y co- menzó a cantar “Te damos, Señor, nuestras gracias que mandas de nuevo venir profetas con tu Evangelio, guiándonos cómo vivir” (Himnos, Nº 10). Las lágrimas me bañaban las mejillas. Hasta ese en- tonces yo sólo había leído las pala- bras del profeta en las revistas y los libros de la Iglesia, pero ahora le veía con mis propios ojos. Al mirar a mi alrededor, podía ver que todos estaban conmovidos por el mismo espíritu. Por todas partes había hombres y mujeres que se en- jugaban las lágrimas. Una cálida certeza invadió todo mi ser mientras escuchaba al presidente Hinckley, asegurándome que él es, en verdad, el profeta del Señor hoy día. Acudió a mi mente un pasaje de las Escrituras: “Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho, y no me discul- po; y aunque pasaren los cielos y la tierra, mi palabra no pasará, sino que toda será cumplida, sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38). En ese momento, el Espíritu forta- leció mi testimonio de la Iglesia, del Señor Jesucristo y de Su profeta. Me siento agradecida por haber tenido la oportunidad de ver al profeta del Señor y sentir el poder de su testi- monio. De hecho, fue la oportunidad

LIAHONA

44

más maravillosa y la experiencia más valiosa de mi vida.

María Sonia P. Antiqueña es miembro del Barrio Iloilo City 1, Estaca Iloilo Filipinas.

“Llámeme

hermano”

por José Bataller Sala

E l sol matutino de abril coloreaba cada detalle del espacioso y mo-

derno edificio color crema, rodeado de verde césped y con apariencia de escuela. Cruzamos la puerta llevando bajo el brazo catálogos de productos para la limpieza de alfombras. Erika, mi prometida, me estaba ayudando a hacer ventas mientras intentábamos encontrar clientes nuevos para la compañía a la que re- presentaba. Los tacones de nuestros zapatos, desgastados tras tanto cami- nar, chasqueaban sobre el suelo de terrazo rojo. Al seguir adelante por el pasillo, ambos nos dimos cuenta de que el edificio era una iglesia. Procedimos con cautela porque no sabíamos qué costumbres o reglas podían aplicarse allí. Me preguntaba si en esa iglesia ten- drían alfombras rojas de esas que se emplean en las bodas, pero todo en el edificio era sencillo, aunque elegante. Un grupo de niños y jóvenes amis- tosos nos saludó, y Erika les pregun- tó a quién debíamos dirigirnos. “Robert Vázquez”, respondió el muchacho. “Voy a llamarle”.

Al percatarnos de que estábamos en una iglesia, procedimos con cautela hasta que nos saludó un grupo de niños y de jóvenes.

Miré a Erika y le dije en voz baja que si intentaban convertirnos, dirí- amos que teníamos otra cita y nos iríamos a su casa. Yo me encontraba muy a gusto con la religión de mis padres, y aun- que no era una persona totalmente devota, tampoco era una oveja negra. Era más bien uno de esos corderillos irregulares que asistía a la iglesia de- pendiendo de la ocasión. No obstan- te, a través de los sermones, el estudio de la Biblia y las lecciones morales, me había convencido de la existencia de un Padre Celestial amo- roso; de Su Hijo, Jesucristo, que expió nuestros pecados; y del Espíritu Santo. Me habían enseñado sobre los mandamientos y las ordenanzas, y era conocedor de nuestra innegable im- perfección como seres humanos. Estaba en contra de pagar dinero a cambio del perdón de los pecados,

la adoración de ídolos y toda otra superstición o precepto no fundado en el amor y la justicia divinos. Se me había enseñado a orar y adorar a Dios sin la intervención de los santos; creía en el amor, la humildad, el prestar servicio, los peligros del juzgar a los demás y el bálsamo que es el perdón. Conocía a muchos miembros de mi iglesia que eran vir- tuosos, rectos y buenos ejemplos, y me parecía casi imposible pensar en cambiar de religión. Tomando a Erika de la mano, en- tramos en un cuarto que más bien parecía un aula. Allí conocí al Sr. Vázquez. “¿Cómo debo llamarle? ¿Padre? ¿Reverendo? ¿Pastor?”, pregunté. “Simplemente, llámeme herma- no”, contestó. Nos invitó a acudir con él a las reuniones del día si- guiente y me sorprendió aceptar su invitación. Al día siguiente, Erika y yo acudi- mos a una clase de la Escuela Dominical, donde conocimos nom- bres como Nefi, Moroni y Helamán. Me sentía como en una tierra extra- ña y sin intérprete; no obstante, Erika y yo sentimos que había algo familiar en las ideas que estábamos escuchando. Se parecían a las de la Biblia, por lo que me atreví a levan- tar la mano, me puse de pie y decla- ré que Jesucristo es nuestro más grande ejemplo de humildad porque

A GOSTO

DE

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2002

siempre se sujetó a la voluntad del Padre. El hermano Jorge Montoya, nuestro maestro, concordó con lo que dije, lo cual me sorprendió. ¿Qué tipo de iglesia era ésa que hasta un hereje, que es lo que me pareció que debía ser para los miembros de la Iglesia, podía hablar y hacer que el maestro estuviera de acuerdo con él? Continuamos asistiendo; yo recibí un Libro de Mormón y lo leí en una semana. Obtuve un testimonio, reci-

bí las charlas misionales y fui bauti- zado y confirmado el 3 de mayo de

1996.

Al día siguiente, me sentía como si estuviera caminando con una bombilla de 100 W sobre la cabeza; me sentía tan feliz que hasta hacía todo lo posible por ayudar a personas desconocidas. Erika y yo nos casamos al mes si- guiente y el 29 de septiembre tuve el privilegio de bautizarla. Un año más tarde nos sellamos en el Templo de la Ciudad de México, México. Lo mejor de todo es que nunca sentí que tenía que dejar el camino que seguía con mi religión anterior. La Iglesia verdadera de Jesucristo abrazó y perfeccionó mi conocimien- to previo, y mi conversión fue como pasar de la luz de un día nublado a la luz radiante de un día soleado, como si remara en un bote y alguien en- cendiera el motor. Me doy cuenta de que hay mucha gente recta, buena y devota en otras religiones, y aunque no disponen de

cuando la presidenta de la Sociedad de Socorro de la rama me preguntó si podía

cuando la presidenta de la Sociedad de Socorro de la rama me preguntó si podía ir a hacerme la visita de maes- tras visitantes. Ahora me doy cuenta de que esperó tanto tiempo para visi- tarme para que yo pudiera aprender un poco de francés. Por aquel enton- ces mi familia era la única familia norteamericana de la rama. Algunas de las mujeres hablaban francés, pero la mayoría hablaba lingala, un len- guaje tribal. Aunque me esforzaba por no sentirme desplazada, me sen- tía muy diferente de las demás her- manas de la rama. La presidenta de la Sociedad de Socorro era viuda y tenía dos hijos. Siempre tenía una enorme y hermo- sa sonrisa. Cuando llegó a visitarme, venía acompañada del Espíritu del Señor. Después de saludarme, me pidió que tomara mi Biblia en inglés y me habló lentamente para que yo pudie- ra entender el mensaje. Leímos en su Biblia en francés, y luego en inglés en la mía, Efesios 2:19: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios”.

LIAHONA

46

Me sentí culpable por aceptar los huevos, por lo que intenté declinar el ofrecimiento; mas sus ojos me dijeron que me los daba con amor.

Sonreí al leer el versículo que había seleccionado, pues mi presi- denta de la Sociedad de Socorro en- tendía los problemas por los que estaba pasando. Mientras se disponía a marcharse, esa dulce hermana me entregó un presente de diez huevos. Sabía que representaba un sacrificio para ella y me sentí culpable al aceptarlos, por lo que intenté declinar el ofrecimien- to; mas sus ojos me dijeron que me los daba con amor. Acepté los huevos y disfrutamos del amor que ella había traído, el cual llenó toda la casa e hizo que todo pareciera más brillante. Luego de orar con ella, la observé salir del patio, tan bajita y graciosa, vestida con ropas típicas de África. Ya no me sentía extranjera, sino conciudadana de los santos de Dios.

Claudia Waite Richards es miembro de la Rama Kuala Lumpur, Distrito Kuala Lumpur Malasia.

la compañía constante del Espíritu Santo, les ilumina la Luz de Cristo. Todavía me pregunto cómo podemos ayudar a esas buenas personas a ver que la increíblemente brillante luz de Jesucristo hace que las linternas, los faroles y las velas de otras creencias resulten inadecuadas. No hay mayor verdad que la que es pura, y la ver- dad pura sobrepasa y perfecciona las creencias verdaderas de todas las personas del mundo. Sé que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la única Iglesia que contiene la pleni- tud de la verdad, y sé que Jesucristo ha abierto Sus brazos y las puertas de Su casa a todos los que deseen seguirle. Aquella mañana de abril no vendí mis servicios de limpieza de alfom- bras, de hecho, jamás he vendido ni un metro cuadrado de esos produc- tos a ningún miembro de la Iglesia. No obstante, estoy seguro de que aquel día gané más, mil veces más, de lo que nadie podía haber imagina- do.

José Bataller Sala es miembro del Barrio Ermita, Estaca Ermita, Ciudad de México, México.

Un presente de huevos… y amor

por Claudia Waite Richards

L levaba algunos meses viviendo en Kinshasa, la capital de la

República Democrática del Congo,

¿Sabías

que…?

IRÉ

En 1837, dos años después de haber sido ordenado apóstol, el élder Heber C. Kimball se encontraba sen- tado en el Templo de Kirtland cuan- do el profeta José Smith le susurró que el Señor quería que sirviera en una misión en Inglaterra. Iba a ser el primer misionero enviado fuera de

los Estados Unidos. El élder Kimball dijo: “La idea de semejante misión era casi más de lo que podía soportar. Estuve a punto de hundirme bajo la carga que se puso sobre mí”. Pero aceptó el llamamiento y fue a Inglaterra; incluso saltó del barco al momento de arribar a Liverpool. “En el instante en que comprendí la vo- luntad de mi Padre Celestial, sentí la determinación de ir a toda costa, cre- yendo que Él me sostendría con Su poderoso poder y me investiría con toda cualidad que precisara” (véase

y me investiría con toda cualidad que precisara” (véase SUCEDIÓ EN JULIO Y AGOSTO Los siguientes
y me investiría con toda cualidad que precisara” (véase SUCEDIÓ EN JULIO Y AGOSTO Los siguientes
y me investiría con toda cualidad que precisara” (véase SUCEDIÓ EN JULIO Y AGOSTO Los siguientes

SUCEDIÓ EN JULIO Y AGOSTO

Los siguientes son algunos aconteci- mientos importantes acaecidos en la his- toria de la Iglesia durante los meses de julio y agosto.

3 de julio de 1835: Michael H.

Chandler llega a Kirtland, Ohio, para exhibir unas momias egipcias y rollos de papiro. El profeta José Smith tradu-

ce los rollos, redactando así el libro de Abraham, ahora incluido en la Perla de Gran Precio.

30 de julio de 1837: Nueve personas

se bautizan en Preston, Inglaterra, los

primeros conversos de la Iglesia en Gran Bretaña.

los primeros conversos de la Iglesia en Gran Bretaña. 6 de agosto de 1842: El profeta
los primeros conversos de la Iglesia en Gran Bretaña. 6 de agosto de 1842: El profeta

6 de agosto de 1842: El profeta José Smith profetiza que los santos se asentarían en las Montañas Rocosas. 22–24 de julio de 1847: Los prime- ros pioneros completan el trayecto de 1.600 kilómetros hasta el Valle del Lago Salado. 29 de agosto de 1877: El presiden- te Brigham Young fallece en su hogar de Salt Lake City a los 76 años de edad, habiendo servido como Presidente de la Iglesia durante casi 30 años.

HEBER C. KIMBALL SALTA A LOS MUELLES DE LIVERPOOL, POR GARY L. KAPP; DETALLE DEL FACSÍMILE Nº 1 DEL LIBRO DE ABRAHAM; JOSÉ SMITH PREDICANDO, POR MICHAEL T. MALM; FOTOGRAFÍA DE LA RUEDA DE UN CARROMATO, POR WELDEN C. ANDERSEN; BRIGHAM YOUNG, EL MOISÉS DE AMÉRICA, POR KEN CORBETT.

History of the Church, tomo II, págs.

489–490).

La misión del élder Kimball abrió la puerta a un gran éxito en Inglaterra en los años siguientes, pues miles de personas aceptaron el Evangelio y se convirtieron en una gran fortaleza para la Iglesia.

CONSEJOS SOBRE EL LIDERAZGO No importa cuál sea tu llama- miento en la Iglesia, el
CONSEJOS SOBRE EL LIDERAZGO
No importa cuál sea tu llama-
miento en la Iglesia, el Señor ha
prometido ayudarte. El presidente
Thomas S. Monson, Primer Con-
sejero de la Primera Presidencia,
dijo: “‘La fuerza más grande del
mundo hoy en día es el poder de
Dios que se manifiesta por medio
del hombre’. Si nos encontramos
en el servicio del Señor, tenemos
derecho a recibir Su ayuda. Esa
ayuda divina, sin embargo, depen-
de de nuestra dignidad… Por
medio de la oración humilde, la
preparación diligente y el servicio
fiel, podemos tener éxito en nues-
tros sagrados llamamientos” (“Tu
jornada eterna”, Liahona, julio de
2000, págs. 56, 59).

Cómo utilizar la revista Liahona de agosto de 2002

IDEAS PARA COMENTAR

“La esencia de esta obra”, página 2: El presidente Gordon B. Hinckley comparte el relato de un joven que se activó porque su obis- po le buscó la oportunidad de emplear sus talentos. ¿Conocen a algún miembro de la Iglesia cuyos talentos puedan ayudarle a participar más en el barrio o la rama? ¿Cómo podrían acercarse a esa persona, por medio de su llamamiento, para lograr que se active en la Iglesia?

“Cómo adquirir conocimiento y la entereza de utilizarlo con sabi- duría”, página 12: El élder Richard G. Scott nos aconseja: “Cultiva la técnica de aprender mediante lo que veas y, más particularmente, me- diante lo que el Espíritu Santo te haga sentir”. Anota cualquier impre- sión espiritual que hayas tenido recientemente. ¿Qué crees que desea el Señor que aprendas de esos sentimientos? “Sed”, página A14: ¿Cómo puedes desarrollar más sinceridad y fe al orar?

TEMAS DE ESTE EJEMPLAR

Activación

2

Albedrío

38

Amistad

8,

22

Amor

20,

25, 26, 42

Antiguo Testamento

A10

Caída 38

Conocimiento

12

Convenios

30

Conversión

8,

42

Diarios

A8,

A12

Ejemplo

22

Enseñanza

48

Espíritu Santo 12

Expiación

26, A14

26, 38

Fe

Hijos

A7

Historia de la Iglesia 47

26,

Historia familiar

A8,

A12, A14

Humildad

A4

Jesucristo

22,

25, 38, A4, A7

Liderazgo

2,

47, 48

Maestras visitantes

25

Milagros

2, A10, A14

Noche de hogar 48

Obra misional

8, 20

Oración

26,

A14

Ordenanzas

30

Orientación familiar

7

Paternidad

26

Primaria

A12

Profetas Relatos del Nuevo

42

Testamento

A4,

A7

Sacrificio

42

Servicio

2, 25

Templos y la obra del templo

30, A2, A12

EVALÚA TU CONOCIMIENTO al unir los siguientes miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce Apóstoles con los lugares donde sirvieron como misioneros regulares:

1. Presidente Gordon B. Hinckley

2. Presidente James E. Faust

3. Élder L. Tom Perry

4. Élder Neal A. Maxwell

5. Élderes M. Russell Ballard y Jeffrey R. Holland

6. Élder Joseph B. Wirthlin

7. Élder Richard G. Scott

a. Canadá

b. Gran Bretaña

c. Brasil

d. Inglaterra

e. Estados del Norte (E.U.A.)

f. Alemania, Austria y Suiza

g. Uruguay

7g6f,5d,4a,3e,2c,1b,Respuestas:

Amigos

PARA LOS NIÑOS DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO DE LOS SANTOS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS AGOSTO DE 2002

VEN Y ESCUCHA AL PROFETA

La influencia del templo

VEN Y ESCUCHA AL PROFETA La influencia del templo por el presidente Thomas S. Monson P

por el presidente Thomas S. Monson Primer Consejero de la Primera Presidencia

La primera vez que visité Checoslovaquia, mucho antes de que allí hubiera libertad, conocí a Jifií ·nederfler y su esposa, Olga. Fui a su casa en Praga, donde se reunía la rama. En las paredes del cuarto en el que nos reunimos había va- rias láminas del Templo de Salt Lake. Le dije a la her- mana ·nederfler: “Su esposo debe de sentir mucho

DE SANTOS CHECOS Y DEL HERMANO Y LA HERMANA ·NEDERFLER, POR MARVIN K. GARDNER.FOTOGRAFÍAS

LA HERMANA ·NEDERFLER , POR MARVIN K. GARDNER.FOTOGRAFÍAS Los ·nederfler (segunda pareja desde la izquierda) con

Los ·nederfler (segunda pareja desde la izquierda) con un grupo de santos checos en el Templo de Freiberg, Alemania.

amor por el templo”. Y ella me contestó: “Yo también, yo también”. Sacó un álbum con las fotos de los misioneros que habían estado allí en 1950, cuando un edicto del gobier- no hizo cerrar la misión. A medida que nos las mostra- ba, página por página, decía: “¡Buen muchacho; buen muchacho!”. El hermano ·nederfler ha estado siempre dispuesto a defender el Evangelio. Cuando llegó el momento propi- cio para que pidiéramos que se reconociera oficialmente a la Iglesia, las autoridades gubernamentales, que en- tonces eran comunistas, dijeron: “No manden a un es- tadounidense ni a ningún otro extranjero; manden a un checoslovaco”. La situación era atemorizante, porque el admitir que se era un líder de cualquier iglesia en esa época en que la religión estaba prohibida podría indicar peligro.

Se llamó al hermano ·nederfler para ir ante su go- bierno. Más tarde me dijo que había pedido a todos los hermanos de la rama que oraran por él. Luego, a Olga, su esposa, le dijo: “Te quiero. No sé cuándo volveré ni si volveré; pero tengo amor por el Evangelio y debo seguir a mi Salvador”. Con ese espíritu de fe y devoción, el hermano ·nederfler fue a ver a los oficiales de gobierno, reconoció ante ellos que él era el líder de la Iglesia allí y que había ido para solicitar que se restableciera el reco- nocimiento oficial del que la Iglesia había gozado antes. Mientras tanto, el élder Russell M. Nelson, del Quórum de los Doce Apóstoles, había estado trabajan- do incansablemente para lograr esa meta tan deseada. Un tiempo después recibió la buena noticia: “Su Iglesia es oficialmente reconocida otra vez en Checoslovaquia”. Con cuánta alegría el hermano ·nederfler fue a dar a su esposa y a los otros valientes miembros la noticia de que otra vez podrían ir los misioneros a ese país y que de nuevo la gente podía adorar a nuestro Padre Celestial libremente. Aquél fue un día feliz. Más tarde, Jifií y Olga ·nederfler sirvieron como presi- dente y directora de las obreras del Templo de Freiberg, Alemania, al que asisten miembros fieles de la Iglesia pro- cedentes de Alemania, de la República Checa y de otras naciones vecinas. Fueron muy felices por encontrarse día tras día en la casa del Señor que tanto querían.

Adaptado de un discurso pronunciado en la conferencia general de octubre de 1991.

ILUSTRACIONES POR ROBERT T. BARRETT. RELATOS DEL NUEVO TESTAMENTO EL FARISEO Y EL PUBLICANO En

ILUSTRACIONES POR ROBERT T. BARRETT.

RELATOS DEL NUEVO TESTAMENTO

EL FARISEO Y EL PUBLICANO

En una ocasión, el Salvador habló con unas personas que se consideraban mejores y más justas que los demás. Jesús no quería que pensaran que eran mejores que otras personas, así que les contó un relato. Lucas 18:9

Dos hombres fueron a orar al templo. Uno era fariseo (un líder religioso) y el otro publicano. La gente tenía que entregar los impuestos a los publicanos y a veces éstos les quitaban demasiado dinero. La gente no quería a los publicanos.

AMIGOS

4

Lucas 18:10

El fariseo se puso frente a los demás para orar. Dio gracias a Dios por

El fariseo se puso frente a los demás para orar. Dio gracias a Dios por ser mejor que otros hombres porque ayunaba dos veces por semana y daba más diezmos que los demás. El publicano estaba a solas con la cabeza inclinada para orar. Sentía pesar por sus pecados y pedía a Dios que le perdonara.

A GOSTO

DE

5

2002

Lucas 18:11–13

Jesús dijo que el fariseo se creía mejor que los demás, pensaba que no cometía

Jesús dijo que el fariseo se creía mejor que los demás, pensaba que no cometía pecados y que no necesitaba ayuda de Dios. Jesús dijo que el publicano sabía que había pecado, pero quería arrepentirse; le había pedido a Dios que le per- donara y se esforzó por ser más recto.

Lucas 18:14

Jesús dijo que el publicano, y no el fariseo, sería perdonado, y que ellos debían ser como el publicano. No debían creerse mejores que los demás, sino que debían arrepentirse de sus pecados y pedirle a Dios que les perdonara; de- bían esforzarse por ser más rectos.

AMIGOS

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Lucas 18:14

RELATOS DEL NUEVO TESTAMENTO JESÚS BENDICE A LOS NIÑOS Mientras el Salvador estaba con Sus

RELATOS DEL NUEVO TESTAMENTO

JESÚS BENDICE A LOS NIÑOS

Mientras el Salvador estaba con Sus discípulos, algu- nas personas querían que Él bendijera a sus hijos, pero los discípulos les dijeron que no llevaran los niños a Jesús.

Marcos 10:13

Jesucristo ama a los niños y reprendió a los discípulos por intentar alejarlos de Él. Les dijo que dejaran a los niños ir a Él, y añadió que ellos debían ser como niños pequeños y que entonces podrían vivir con Dios en el cielo. Marcos 10:14–15

A GOSTO

DE

7

2002

POR MARK ROBISON Y ANNE ROBISON ; FOTOGRAFÍA DEL TEMPLO DE PORTLAND, OREGÓN, POR ELDEN L. READ.ILUSTRACIONES

MI LIBRO DE RECUERDOS

PARA LOS MÁS PEQUEÑOS

Mi libro de

RECUERDOS

por Lori Stevens

1. La tía Juana me dio un álbum de recortes para mi cumpleaños; tenía la cubierta roja y había escrito en ella: “Mi libro de recuerdos”. Las páginas de su interior eran gruesas y grises.

2. Decidí poner todo lo necesario para trabajar en mi libro de re- cuerdos dentro de una caja: mar- cadores, tijeras, pegamento y cinta adhesiva.

AMIGOS

8

3. Mi madre me está ayudando a poner en el libro cosas sobre mí.

4. En la primera página pegué una foto mía y escribí mi nombre deba- jo; luego escribí: “Tengo ojos ver- des, cabello castaño y tengo seis años”.

5. En la página siguiente pegué una carta especial que me envió mi abuelita. Es la primera carta que he recibido en mi vida.

6. El mes pasado hice una tarjeta para mi papá. Puse flores violetas por todas partes y él me dijo que podía pegarla en mi libro.

9. Hice un dibujo de mi casa y del árbol al que me gusta subirme, y también anoté mi dirección y el número de teléfono.

7. En otra página hice un dibujo de

mi mamá, mi papá, mi hermano,

nuestro gato y de mí. Añadí una foto

de toda la familia y escribí: “Somos

una familia”.

8. Mamá me ayudó a encontrar una foto del templo para pegarla en mi libro, porque quiero recor- dar que podemos estar juntos para siempre.

10. Si lees mi libro de recuerdos, aprenderás muchas cosas de mí. También tú puedes tener un libro lleno de cosas sobre ti y cuan- do la gente lo lea, aprenderán sobre tu historia.

PARA TU DIVERSIÓN

Diorama del Mar Rojo

C uando Faraón, el gobernante de Egipto, dijo que los hijos de Israel podían irse del país, Moisés di-

rigió al pueblo. Entonces Faraón cambió de parecer y junto con su ejército persiguió a Moisés y a su pueblo hasta el Mar Rojo. Dios dividió las aguas para que Moisés y su pueblo pudieran llegar al otro lado del mar, y cuando Faraón y su ejército los siguieron, Dios volvió a juntar las aguas. (Véase Éxodo 14.) Haz el diorama de la página 11 y enseña a tu fami- lia el relato de Moisés y de la división del Mar Rojo.

Instrucciones

1. Pega las páginas 10 y 11 sobre una cartulina.

2. Recorta las cinco piezas. Recorta las piezas de

las olas sólo en los extremos y a lo largo de las olas. No cortes por las líneas que se hallan entre las líneas punteadas.

3. Dobla cada pieza de las olas por la línea entre

las líneas de puntos, con el agua hacia fuera, y pega

las partes de atrás de cada pieza como se indica en la ilustración Nº 1.

4. Dobla las piezas de las olas por las líneas de

puntos y pega las lengüetas que acabas de doblar bajo los extremos más largos de la pieza del fondo del Mar Rojo, como se indica en la ilustración Nº 2. A conti-

nuación dobla las olas las unas hacia las otras para que cubran el fondo del mar.

5. Dobla por las líneas de puntos las piezas que re-

presentan las personas, para que permanezcan en pie. Ahora muestra a Moisés y a su pueblo huyendo de

Faraón. Cuando lleguen al Mar Rojo, ábreles las olas.

6. Cuando Faraón y su ejército lleguen a la mitad

del Mar Rojo, cierra las olas sobre ellos.

AMIGOS

10

FONDO DEL MAR ROJO

cierra las olas sobre ellos. AMIGOS 10 FONDO DEL MAR ROJO ILUSTRACIÓN Nº 1 ILUSTRACIONES POR

ILUSTRACIÓN Nº 1

ILUSTRACIONES POR KAREN FOSTER.

las olas sobre ellos. AMIGOS 10 FONDO DEL MAR ROJO ILUSTRACIÓN Nº 1 ILUSTRACIONES POR KAREN

ILUSTRACIÓN Nº 2

PIEZAS DE LAS OLAS Y LOS HIJOS DE ISRAEL FARAÓN Y SUS EJÉRCITOSMOISÉS
PIEZAS DE LAS OLAS
Y LOS HIJOS DE ISRAEL FARAÓN Y SUS EJÉRCITOSMOISÉS

ILUSTRACIONES POR GERALD ROGERS.

TIEMPO PARA COMPARTIR

“EL CORAZÓN DE LOS HIJOS

por Vicki F. Matsumori

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres” (Malaquías 4:6).

§ ¿Alguna vez has deseado ser mayor? Debes tener 12 años para poder bautizarte por los muertos en el templo; debes ser adulto para

recibir tu propia investidura o casarte allí. Puede pare- certe que tiene que pasar mucho tiempo antes de que tengas la edad apropiada para ayudar en la obra del templo. Pero hay ciertas cosas que ya puedes hacer. El presi- dente Spencer W. Kimball (1895–1985) dijo: “Exhorto al pueblo de esta Iglesia a brindar seria atención a su historia familiar… y exhorto a que cada persona haga que sus hijos comiencen también a escribir un diario personal” (“El verdadero camino”, Liahona, agosto de 1978, pág. 3). ¿Por qué es importante llevar un diario y hacer la obra de la historia familiar? El presidente Gordon B. Hinckley dijo: “Todo nuestro vasto esfuerzo de historia familiar está orientado hacia la obra del templo, y no tiene ningún otro propósito. Las ordenanzas del templo se convierten en las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer” (“Nuevos templos para proporcionar las bendiciones supremas’ del Evangelio”, Liahona, julio de 1998, pág. 96). La obra de la historia familiar y los diarios ayudan a volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el co- razón de los hijos hacia los padres” (Malaquías 4:6). Al aprender relatos sobre tus antepasados, puedes com- prenderles y llegar a quererles. Al escribir en tu diario, recuerdas las bendiciones del Señor y así ayudas a tus hijos futuros a comprenderte. También puedes hacer lo correcto para que cuando seas mayor, puedas ir al templo; además puedes ser digno de regresar al templo y ayudar a tus antepasados

a recibir “las bendiciones supremas que la Iglesia tiene para ofrecer”.

Instrucciones

Pega la página 13 sobre una cartulina gruesa y recor- ta los tres corazones. Dóblalos por la mitad y pega cada mitad a la mitad de otro corazón, como en el dibujo. Realiza los agujeros donde se indique y pasa un hilo por cada uno; luego ata todos los hilos en uno. Cuelga el corazón donde te recuerde que escribas en tu diario.

Ideas para el Tiempo para compartir

1. Pida a los niños que representen el relato de cuando Nefi

regresó por las planchas de bronce (véase 1 Nefi 3–4). Empleen placas o tarjetas con los nombres de los personajes o vestidos sencillos para identificar cada parte. Luego divida los niños en siete grupos. Entregue a cada grupo uno de los siguientes pasajes de las Escrituras: Jeremías 30:1–2; 1 Nefi 19:1; Jacob 4:1–4; Enós 1:1–2, 13, 16; Alma 37:1–3; 3 Nefi 5:14–15, 20; Abraham 1:31. Pida a cada grupo que lea su pasaje y que hable de quién llevó el registro, qué se escribió en él y por qué lo escri- bió esa persona. Lean Omni 1:17 y explique qué sucede cuando no se llevan registros. Explique que uno de los motivos más im- portantes de llevar registros, según se nos indica en el Libro de Mormón, fue el testificar de Jesucristo (véase 1 Nefi 13:40).

2. Invite a algunos miembros del barrio o de la rama a com-

partir algo de sus diarios. Pídales que expresen el valor que éstos tienen para ellos así como para su posteridad. En colabo- ración con el líder de la música, canten canciones que ayuden a los niños a recordar acontecimientos de su vida. Pídales que hagan una línea cronológica en la que anoten, con palabras sencillas, lo que les haya ocurrido en diferentes momentos de su vida. Comiencen cantando “Soy un hijo de Dios” (Canciones para los niños, 2–3), y pídales que escriban la fecha de su na-

cimiento. Canten canciones que representen las diferentes eda- des y las diferentes épocas del año, tales como canciones de Navidad o de cumpleaños.

AMIGOS

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HIJOS S O L E D N RES D A Ó P S Z U
HIJOS
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ILUSTRACIÓN
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SEDSED

por Ruthanne G. Bridges Una historia real

ILUSTRACIONES POR DICK BROWN.

E l verano de 1870 fue una buena época para vivir

en el valle del Gran Lago Salado y para tener

dieciséis años. El asentamiento inicial de los

pioneros se estaba convirtiendo en una ciudad bulliciosa y había trabajo para todo el que quisiera uno y pudiera realizarlo. Y así precisamente era el joven Robert Hemphill Gillespie. Bob se había ganado la reputación de ser bueno con los caballos y el ganado, y de ser un gran trabajador. Bob ya tenía un buen caballo y todos los arreos nece- sarios, un gran logro para un joven, en especial para al- guien que había estado solo y era huérfano desde los nueve años. Había demostrado ser responsable y digno de confianza, y a la gente le gustaba disponer de sus servicios. Un buen día de junio, Bob aceptó un trabajo en el que tenía que cruzar 160 kilómetros del desierto del Gran Lago Salado. Hoy día la gente puede cruzar ese desierto en auto en menos de dos horas, pero en aquel entonces, hace más de 130 años, requería de muchas horas a caballo. Sus amigos le dijeron que se asegurara de llevar agua, así que llenó una cantimplora y se puso en marcha. Bob no había cruzado un desierto con anterioridad y no se percató del peligro de necesitar agua y de no tener

A GOSTO

dónde conseguirla. Se bebió toda el agua antes de llegar ni siquiera a la mitad de su jornada. Cuando tanto él como su caballo comenzaron a padecer, Bob calculó que aún le quedaban 98 kilómetros por delante. Pensó: “¡Ah, si tan sólo hubiera guardado un poco de agua! ¡Estaba caliente, pero quitaba la sed! ¡Si no hu- biera colgado la cantimplora del hombro donde estaba tan a mano! ¡Ahora podría quedarme un poco!”. ¡Pensó en todos los tragos que había tomado cuando no tenía tanta necesidad como ahora! Desesperado, puso una vez más la cantimplora boca abajo sobre su boca. ¡El agua se había esfumado toda! El temor hizo que arreara más a su caballo por un rato; entonces se fijó en que el caballo estaba sudando, por lo que amino- ró la marcha. Al poco rato, Bob tenía la lengua tan hinchada que no podía cerrar la boca. El caballo también estaba su- friendo. “¡Necesitamos agua!”, se dijo Bob. Justo entonces vio una pequeña cabaña a poca dis- tancia del camino. ¡Una cabaña quería decir que habría

DE

15

2002

agua! Se dirigió de inmediato hacia allí, pero cuando llegó a la cabaña, descubrió que estaba vacía. Cerca de allí había un gran hoyo en la tierra y parecía que había agua en el fondo. Bob se metió en el hoyo. ¡Había agua! ¡Pero también había pájaros muertos, un conejo muerto y gusanos! El agua estaba en mal estado. Con gran tristeza, Bob ascendió, se subió al caballo y volvió al camino. Entonces recordó que su madre le enseñó a orar cuando era pequeño. Hacía mucho tiempo que no oraba, pero decidió intentarlo. Para encontrar un lugar apropiado, se salió nuevamente del camino; encontró un paraje espacioso y bajo, desmontó, se arrodilló y em- pezó a orar suplicando encontrar agua: “Por favor, Señor, envíame un trago para mí y para mi caballo. ¡Mi buen caballo! Por favor, Señor”. Bob pensó en la posibilidad de lluvia. “Dios, ¿puedes enviar lluvia, por favor?”, oró. “Perdóname, Señor, pero

lluvia, por favor?”, oró. “Perdóname, Señor, pero precisamos beber. Por favor, haz que llueva. Gracias,

precisamos beber. Por favor, haz que llueva. Gracias, Señor. Amén”. Después de la oración, Bob se sintió un poco mejor.

Montó en su caballo y siguió su camino, sumido en los pensamientos del calor y la sed por la que él y su caballo estaban pasando. Al recordar que había pedido lluvia, Bob empezó a mirar el cielo en busca de nubes, pero todo lo que pudo ver fue una nube pequeñita, lejos, hacia el sudoeste. La examinó, meditabundo y pensativo. Al rato se percató

de un vientecillo que se dirigía hacia él procedente de la

pequeña nube. ¿Pudiera ser que esté cambiando de di- rección? Hasta parecía un poco más grande. “Sí, Señor”, dijo en voz alta, “oré pidiendo lluvia”. Dentro de poco, le cayó una gota en la mano. Otra

fue a parar a la silla y otra al caballo, y luego a la mano otra vez. ¡De repente cayó un gran chaparrón de aque-

lla nubecita! En cuestión de minutos el agua se precipi-

taba camino abajo hacia una pequeña quebrada al lado

de

la senda, llegando casi hasta las rodillas del caballo.

El

animal agachó la cabeza y bebió. Bob desmontó, se

echó boca abajo y agradecido bebió hasta saciarse del agua embarrada. A continuación llenó la cantimplora y luego de haberse refrescado, él y su caballo prosiguieron el camino. Tras cabalgar unos metros, Bob se fijó en que tanto el

camino como el terreno a su alrededor volvían a estar

calientes, secos y polvorientos. Entonces se dio cuenta

de lo ocurrido. Detuvo su caballo, desmontó y volvió a

arrodillarse en el polvo. Una vez más oró con gratitud

en el corazón: “Te doy gracias, Señor, por hacer que llo- viera desde una nube pequeña en el desierto para que

mi caballo y yo pudiéramos beber”.

Desde ese entonces hasta el día de su muerte, a los 86 años, Bob relató su experiencia muchas veces a sus hijos y nietos, quienes jamás se cansaron de escucharla, y éstos la han transmitido a sus hijos y nietos. El momento más emocionante cada vez que Bob contaba el relato era cuando compartía su testimonio:

“¡Hijos, no dejen que nadie les convenza jamás de que el Señor no puede responder a su oración, pues yo sé que sí puede!”.

AMIGOS

16

Rut y Noemí, por Judith Mehr
Rut y Noemí, por Judith Mehr

“Y Ru t la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare grac ia”. Boaz, propietario del campo, dijo a Rut: “Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte” (Rut 2:2, 12).

E xhorto a nuestros miembros de todas partes, con todo el poder de

persuasión del que soy capaz, a que sean dig-

nos de tener una recomendación para el templo,

a que la consigan y la consideren una posesión

preciada, y a que hagan un esfuerzo mayor por

una posesión preciada, y a que hagan un esfuerzo mayor por ir a la casa del

ir

a la casa del Señor y participar del espíritu

y