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«También nosotros debemos dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16)...

Por los enfermos

Monitor: 
Bienvenidos hermanos y amigos a vivir estos momentos de adoración a Jesús Eucaristía. Hoy
tenemos el regalo maravilloso de encontrarnos frente a Él que viene a nuestro encuentro en su
presencia Eucarística. Tal como lo hicieron tantos enfermos, pobres y necesitados en su
tiempo, nosotros también queremos verlo y escucharlo. Aprovechemos este espacio de
intimidad para hablar con Él y para dejarle hablar.

Canto de Entrada:
Juntos cantando la alegría (Gabaraín)
Juntos cantando la alegría 
de vernos unidos en la fe y el amor. 
Juntos sintiendo en nuestras vidas 
la alegre presencia del Señor.

Somos la Iglesia peregrina que Él fundó, 


somos un pueblo que camina sin cesar, 
entre cansancios y esperanzas hacia Dios. 
Nuestro amigo Jesús nos llevará.

Hay una fe que nos alumbra con su luz, 


una esperanza que empapó nuestro esperar. 
Aunque la noche nos envuelva en su inquietud, 
nuestro amigo Jesús nos guiará.

Es el Señor: nos acompaña al caminar. 


Con su ternura a nuestro lado siempre va. 
Si los peligros nos acechan por doquier 
nuestro amigo Jesús nos salvará.

Ministro:
Señor Jesús, Salud de nuestras almas, creemos que estás vivo y resucitado, presente en el
Santísimo Sacramento del Altar. Te alabamos y te adoramos, por venir hasta nosotros en esta
hora como pan vivo bajado del cielo. Tú eres la plenitud de la vida, Tú eres la resurrección y la
vida. Tú eres, Señor, la salud de los enfermos. Hoy queremos presentarte a todos los enfermos,
te pedimos que tengas compasión de ellos, para que todos unan sus sufrimientos y dolores a tu
Cruz y se renueve su fe y su confianza en Ti, te lo suplicamos Jesús Eucaristía.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Ministro:
Señor Jesús, Salud de nuestras almas, ten compasión de los que sufren en su cuerpo, de los que
tienen penas en su corazón y de los que sufren en su alma en el mundo entero. Ten compasión
de ellos, Señor, bendícelos a todos y haz que muchos, si es tu voluntad, recobren la salud, que
su fe crezca y se mantengan abiertos a las maravillas de tu amor. Hoy te pedimos que nuestros
hermanos enfermos sean testigos de tu presencia y de tu entrega en la cruz por la salvación del
mundo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Ministro: Adoremos y demos gracias en cada momento


Todos: al Santísimo Sacramento

Ministro:
Señor Jesús, Salud de nuestras almas, Tú nos has revelado que ya has tomado sobre Ti todas
nuestras dolencias y por tus santas llagas hemos sido curados. Hoy, Señor, te presentamos con
fe a todos los enfermos que se han encomendado a nuestras oraciones, te pedimos, si es tu
santa voluntad, que los alivies en su enfermedad y que les concedas la salud. Hoy oramos
también por todos aquellos a quienes les pides que en la enfermedad compartan tu Cruz; haz
que crezcan en la fe, en la esperanza y que te ofrezcan su enfermedad para gloria de tu
Nombre, para que tu Reino siga extendiéndose más y más a través de la aceptación de su
dolor.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Momentos de silencio.

Canto de meditación:

Sáname.

Hoy, Señor Jesús


vengo ante ti para alabarte ,
hoy, Señor Jesús
con tu poder puedes cambiarme.

Sáname Señor,
hoy quiero vivir,
dame tu amor sin ti no puedo ser feliz.
Sáname Señor,
líbrame del mal,
toca el corazón para alcanzar la santidad.

Hoy Señor Jesús... 

Momentos de silencio.

Monitor:
Pongámonos de pie para escuchar ahora la Palabra del Señor, y que es siempre Palabra que
sana y dejemos que penetre en nuestros corazones. Cantemos el Aleluya:

Canta Aleluya al Señor,


canta Aleluya al Señor.
canta Aleluya
canta Aleluya
canta Aleluya al Señor.

Monitor:
"Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados que yo los aliviaré, dice el Señor" (cf.
Mt 11,28).

Ministro:
Del Evangelio de San Juan 5,2-9.14
Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, una piscina que se llama en hebreo Betesda,
que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos,
esperando la agitación del agua. Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la
piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba
curado de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años
enfermo. Jesús, viéndole tendido, sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: ¿Quieres
curarte? Le respondió el enfermo: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se
agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo. Jesús le dice: Levántate, toma tu
camilla y anda.  Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.
Más tarde Jesús lo encuentra en el Templo y le dice: Mira, estás curado; no peques más, para
que no te suceda algo peor. Palabra del Señor.

Monitor:
La beata María Inés Teresa, en una de sus meditaciones escribió: “Las penas de la enfermedad,
los dolores, la congoja moral, las molestias, deben llevarnos continuamente al pie de la cruz
del Salvador; y ahí, con él, en unidad de sentimientos, en una fusión de corazones, con el alma
henchida de agradecimiento, de amor, de contrición, ofrecer al Padre celestial, en unión de
los martirios del Hijo, todo lo que se padece, pero con la mayor intensidad de amor”. En
silencio, dejemos que estas palabras resuenen en nuestro corazón a la luz del Evangelio de
Jesús que acabamos de escuchar y después escuchemos algunos fragmentos del mensaje del
Papa Francisco para la Jornada Mundial de los Enfermos:

Lector 1: "Queridos enfermos, la Iglesia reconoce en ustedes una presencia especial de Cristo
que sufre. Dentro de nuestro sufrimiento está el de Jesús, que lleva a nuestro lado el peso y
revela su sentido. Cuando el Hijo de Dios fue crucificado, destruyó la soledad del sufrimiento e
iluminó su oscuridad. De este modo, estamos frente al misterio del amor de Dios por nosotros,
que nos infunde esperanza y valor: esperanza, porque en el plan de amor de Dios también la
noche del dolor se abre a la luz pascual; y valor para hacer frente a toda adversidad en su
compañía, unidos a él".

Lector 2: "El Hijo de Dios no ha eliminado de la experiencia humana la enfermedad y el


sufrimiento sino que, tomándolos sobre sí, los ha transformado y delimitado. Delimitado,
porque ya no tienen la última palabra que, por el contrario, es la vida nueva en plenitud;
transformado, porque en unión con Él, de experiencias negativas, pueden llegar a ser positivas.
Jesús es el camino, y con su Espíritu podemos seguirle".

Lector 1: "Para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un


modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre
nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos. María, animada
por la divina misericordia, que en ella se hace carne, se olvida de sí misma. Ella es la Madre de
todos los enfermos y de todos los que sufren. Es la Madre del crucificado resucitado:
permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la
vida plena".

Lector 2: "La Cruz es «la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que
entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para
sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos… La Cruz de Cristo invita
también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con
misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda»".

Momentos de silencio.

Monitor: 
Elevemos a Jesús Eucaristía nuestras súplicas. Él está vivo y resucitado, Él es esperanza para
todo el que sufre en el cuerpo o en el espíritu. Digamos después de cada súplica: "Jesús
Eucaristía, escucha nuestra oración".

(Las peticiones pueden ser distribuidas entre los asistentes).

1.- La salud que nos ofrece Jesús no es sólo una salud biológica, mental, social, es la salud
integral, es decir, la salvación. Oremos para que el Señor nos ayude a vivir conformes a su
voluntad amándole sobre todas las cosas y amando la situación que nos ha toda vivir, buscando
ir a metas altas de santidad. Roguemos al Señor...

2.- Jesús a venido a curarnos de la enfermedad más tremenda, la enfermedad del pecado.
Oremos para que abramos nuestros corazones de par en par a esta salvación que nos ofrece
Jesús. Roguemos al Señor...

3.- Jesús es portador y dador de una vida que no se acaba. Oremos para que todas las dolencias
y sufrimientos de este mundo nos ayuden a configurarnos con Cristo y así alcancemos el premio
de los cielos con un corazón purificado que lata al unísono del suyo. Roguemos al Señor...

4.- Para Jesús nada ni nadie está perdido. Oremos para que la confianza en una vida plena y
feliz nos ayude a vivir con esperanza y para que demos razón de esta esperanza a nuestros
hermanos lo que más sufren. Roguemos al Señor...

5.- Jesús nos invita a vivir sanamente todas las realidades de la existencia, incluso las
dolorosas y adversas como la enfermedad. Oremos para que sepamos ofrecer nuestros
sufrimientos por la salvación del mundo entero. Roguemos al Señor...

6.- Somos hombres y mujeres de fe en Jesús que nos sana. Oremos para que apoyados en la fe,
en los cuidados que nos ofrecen los médicos, las enfermeras, las auxiliares, en la compañía y
en el cariño de los familiares y amigos, vivamos con paz los momentos de soledad y de dolor
cuando esté presente la enfermedad. Roguemos al Señor...
Monitor:

La Sagrada Escritura, en la primera carta de san Juan nos dice: «También nosotros debemos
dar la vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). En esta Hora Santa, motivados por la Palabra de
Dios, oramos también por todos los que, sin estar enfermos, tienen el deseo de estar cerca de
los que sufren para reavivar en ellos las ganas de vivir y para ayudarles a encontrar sentido a la
enfermedad. Después de cada súplica hagamos un momento de silencio para orar.

(Preferentemente estas súplicas las hacen unas personas que estén saludables, pueden ser
médicos o enfermeras).

Lector 1: Tú Pan de Vida Eterna, eres alimento, fuente de fuerza y esperanza; bendice Señor a
quienes has elegido como colaboradores de tu gracia para aliviar y curar el sufrimiento
humano. Asiste con tu gracia a todos los médicos, enfermeros, psicólogos y consejeros.

Lector 2: Tú Pan de Vida Eterna, haz que donde haya debilidad y dolor, ofrezcamos fortaleza y
alivio. Que donde haya ansiedad y miedo, ofrezcamos aliento y ayuda. Que combatamos cuanto
deshumaniza el trato del enfermo, y a las estructuras deshumanizadoras e injustas.

Lector 3: Tú, Pan de Vida Eterna, ayúdanos para que luchemos contra todo lo que denigra y
pisotea la dignidad de los enfermos y de sus familias, ayúdanos a mostrar tu rostro frente al
hermano enfermo, frente al que se siente solo y desamparado.

Canto previo a la bendición:

Ya no eres pan y vino (Bohorquez.)

Ya no eres pan y vino,ahora que eres cuerpo y sangre, vives en mí,


de rodillas yo caigo al contemplar tu bondad,
como no te voy a adorar.
Mientras te pierdes en mis labios,
tu gracia va inundando todo mi corazón
por esa paz que me llena de alegría mi ser
como no te voy a adorar.

Señor Jesús, mi salvador,


amor eterno, amor divino
ya no falta nada, lo tengo todo, te tengo a tí (bis)

Dueño y Rey del universo,


como puede ser posible que busques mi amor.
Tú tan grande y yo pequeño y te fijas en mi,
como no te voy a adorar.
De rodillas yo te pido,
que el día cuando tu me llames sea como hoy,
para mirarte a los ojos y poderte decir,
que como no te voy a adorar

Señor Jesús, mi salvador,


amor eterno, amor divino
ya no falta nada, lo tengo todo, te tengo a tí (bis)
Bendición con el Santísimo Sacramento.

Ministro: Señor nuestro Jesucristo, que en este admirable Sacramento nos dejaste el memorial
de tu pasión concédenos, venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu
Sangre, que experimentemos constantemente los frutos de tu Redención. Tú que vives y reinas
por los siglos de los siglos. Amén

(Si está presente un sacerdote o diácono, se dará la bendición del forma acostumbrada, de otra
manera, se hace la reserva). 

Bendito sea Dios


Bendito sea su santo Nombre
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre
Bendito sea el nombre de Jesús
Bendito sea su sacratísimo Corazón
Bendita sea su preciosísima Sangre
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar
Bendito sea el Espíritu Santo Consolador
Bendita sea la excelsa Madre de Dios: María santísima
Bendita sea su santa e inmaculada concepción
Bendita sea su gloriosa asunción
Bendito sea el dulce nombre de María, Virgen y Madre
Bendito sea San José, su castísimo esposo
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos. Amén

Canto final:

Danos un corazón.

Danos un corazón grande para amar.


Danos un corazón fuerte para luchar.

Hombres nuevos, creadores de la historia,


constructores de nueva humanidad.
Hombres nuevos que viven la existencia
como riesgo de un largo caminar.Danos un corazón grande para amar.
Danos un corazón fuerte para luchar.

Hombres nuevos, luchando en esperanza,


caminantes, sedientos de verdad.
Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,
hombres libres que exigen libertad.Danos un corazón grande para amar.
Danos un corazón fuerte para luchar.
Hombres nuevos, amando sin fronteras,
por encima de razas y lugar.
Hombres nuevos, al lado de los pobres,
compartiendo con ellos techo y pan.
Reflexión
El milagro del paralítico de la piscina es conmovedor. Cristo se acerca a aquel
hombre y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo decide curarle.

Aquel enfermo era ciertamente un hombre de gran corazón. De ésos que no se


desaniman a pesar de los problemas. No sabemos, pero tal vez no era de Jerusalén,
y se había hecho traer hasta la ciudad en busca de curación.

Quizá muchas veces habría querido que todo terminase pronto para él. Quizá pensó
que su vida ya no tenía sentido; que vivía sólo para sufrir, aceptando las burlas y las
muecas de la gente que acertaba a pasar por ahí. Cuántos amaneceres y atardeceres
habrían pasado por encima de aquel pobre hombre, y él no perdía la esperanza de
que el buen Dios de Israel le auxiliaría.

Confiaba, y así pasó mucho tiempo hasta que Cristo se acercó. Y sabiendo que ya
llevaba mucho tiempo de sufrimiento, se acercó para restablecerle la salud.
El Señor había previsto el encuentro para aquel momento preciso. No porque no
hubiese querido ahorrarle el sufrimiento de tantos años, sino porque quiso regalarle
un don mayor: la fe y poco más tarde el perdón de sus pecados.

Todos estamos expuestos a sentirnos desamparados en los momentos duros, o en la


cotidianidad de nuestro trabajo diario. Sin embargo, Cristo nos sale al encuentro.
Nos cura y hace que cambie nuestra vida yendo en contra de las costumbres frívolas
del mundo en que vivimos. Porque Él quiere permanecer con nosotros en nuestras
almas, por medio de la gracia. (Bajo la condición de que respetemos sus
mandamientos.)

Entonces, el recuerdo de Cristo y su presencia en nosotros bastarán para aceptarnos


y aceptar los pequeños sacrificios de nuestra vida diaria.

Todos somos como este paralitico. Todos los días constatamos nuestra pequeñez y
nos sentimos frágiles, sin fuerzas. Y en realidad lo somos, pues cojeamos siempre en
nuestros mismos defectos. Y este paralítico del evangelio de hoy nos da la solución:
Exponer nuestros problemas a Jesús con confianza y Él va a obrar maravillas en
nosotros. Somos esos hombres que continuamente tropiezan, somos cojos,
necesitamos de alguien que nos sostenga.

Ese alguien es Cristo, el Hijo de Dios. Él quiere ser nuestra fortaleza, nuestra
seguridad. A su lado todo lo podemos. Debemos confiar ciegamente en Él, pues Él es
el amigo fiel que nunca nos abandona.

¡Qué alegría debemos sentir al sabernos amados por Dios! Para Dios somos muy
importantes. Con Él a nuestro lado, todo lo podemos. Jesús es nuestra fortaleza.

Oración por los enfermos


Señor Jesús, creemos que estás vivo y resucitado. Creemos que estás realmente presente en
el Santísimo Sacramento del altar y en cada uno de nosotros.

Te alabamos y te adoramos, por venir hasta nosotros como pan vivo bajado del cielo.
Tú eres la plenitud de la vida.
Tú eres la resurrección y la vida.
Tú eres, Señor, la salud de los enfermos.

Hoy queremos presentarte a todos los enfermos, porque para Ti no hay distancia ni en el
tiempo ni en el espacio.
Tú eres el eterno presente y Tú los conoces. Ahora, Señor, te pedimos que tengas
compasión de ellos, para que todos reconozcan que Tú estás vivo en tu Iglesia hoy; y que se
renueve su fe y su confianza en Ti; te lo suplicamos, Jesús.

Ten compasión de los que sufren en su cuerpo, de los que sufren en su corazón y de los que
sufren en su alma que están orando y oyendo los testimonios de lo que Tú estás haciendo
por tu Espíritu renovador en el mundo entero.

Ten compasión de ellos, Señor.


Desde ahora te lo pedimos.
Bendícelos a todos y haz que muchos vuelvan a encontrar la salud, que su fe crezca y se
vayan abriendo a las maravillas de tu amor, para que también ellos sean testigos de tu poder
y de tu compasión.

Te lo pedimos, Jesús, por el poder de tus santas llagas, por tu santa cruz y por tu preciosa
sangre. Sánalos, Señor.
Sánalos en su cuerpo, sánalos en su corazón, sánalos en su alma. Dales vida y vida en
abundancia.

Te lo pedimos por intercesión de María Santísima, tu madre, la Virgen de los Dolores,


quien estaba presente, de pie, cerca de la cruz. La que fue la primera en contemplar tus
santas llagas y que nos diste por madre.

Tú nos has revelado que ya has tomado sobre Ti todas nuestras dolencias y por tus santas
llagas hemos sido curados.

Hoy, Señor, te presentamos en fe a todos los enfermos que nos han pedido oración y te
pedimos que los alivies en su enfermedad y que les dés la salud.

Te pedimos por la gloria del Padre del cielo, que sanes a los enfermos que van a leer esta
oración. Haz que crezcan en la fe, en la esperanza, y que reciban la salud para gloria de tu
Nombre.

Para que tu Reino siga extendiéndose más y más en los corazones, a través de los signos y
prodigios de tu amor. Todo esto te lo pedimos Jesús, porque Tú eres Jesús, Tú eres el Buen
Pastor y todos somos ovejas de tu rebaño.

Estamos tan seguros de tu amor, que aún antes de conocer el resultado de nuestra oración en
fe, te decimos: gracias Jesús por lo que Tú vas a hacer en cada uno de ellos.

Gracias por los enfermos que Tú estás sanando ahora, que Tú estás visitando con tu
misericordia. Gracias, Jesús, por lo que Tú vas a hacer.
Lo depositamos en tus manos desde hoy y te pedimos que lo sumerjas en tus santas llagas.
Que lo cubras con tu sangre divina, y que a través de este mensaje tu corazón de Buen
Pastor llegue a los corazones de tantos enfermos. ¡Gloria y alabanza a Ti, Señor! Sea

Nfntamente SEA ALABADO …

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