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El tentador

Al contrario de las pruebas que proceden del Señor, las tentaciones, las pruebas con maldad y
trampas cuyo propósito es hacernos daño, son cosas que no provienen de Dios, sino de Su
enemigo y el nuestro: el diablo. Esto es lo que la Palabra de Dios nos dice refiriéndose a quién
está detrás de la tentación:

Mateo 4:1

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo.”

Mateo 4:3

“Se le acercó el tentador y le dijo: --Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en
pan.”

Marcos 1:13

“Y estuvo [Jesús] allí en el desierto cuarenta días. Era tentado por Satanás.”

Lucas 4:2

“por cuarenta días, y era tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días, pasados los
cuales tuvo hambre.”

Lucas 4:13

“Cuando acabó toda tentación el diablo, se apartó de él [Jesús] por un tiempo.”

1 Corintios 7:5

“No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para
ocuparos sosegadamente en la oración. Luego volved a juntaros en uno, para que no os tiente
Satanás a causa de vuestra incontinencia.”

1 Tesalonicenses 3:5

“Por eso también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, pues
temía que os hubiera tentado el tentador y que nuestro trabajo hubiera resultado en vano.”

Apocalipsis 2:10

“No temas lo que has de padecer. El diablo echará a [algunos] de vosotros en la cárcel para
que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la
corona de la vida!”

Como hemos dicho, muchos creen que las tentaciones y las pruebas que contienen maldad
vienen de Dios; es decir, que Él trae el mal a nuestras vidas para hacernos mejores. No
obstante, esto no es cierto. El tentador, ése que tienta con la maldad, no es Dios sino el diablo
y lo hace tanto directa como indirectamente. Veamos ahora las formas y significados que la
tentación puede adquirir.

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