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A LA INTEMPERIE

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A LA INTEMPERIE
Diálogos con Julio Bárbaro y Jorge Rulli
sobre una vida en el peronismo

Carlos Mackevicius, Tomás Richards


y Juan Manuel Strassburger

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A la intemperie : diálogos con Julio Bárbaro y Jorge Rulli sobre una vida
en el peronismo / Carlos Mackevicius ; Tomás Richards ; Juan Manuel
Strassburger. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires :
Fundación CICCUS, 2022.

176 p. ; 23 x 16 cm.

ISBN 978-987-693-912-6

1. Peronismo. 2. Entrevistas. I. Richards, Tomás. II. Strassburger,


Juan Manuel. III. Título.
CDD 320.092

Primera edición: Septiembre 2022

© Ediciones CICCUS - 2022


Moreno 2640 (1094) CABA
Tel.: (54 11) 4308-3649
ciccus@ciccus.org.ar
www.ciccus.org.ar

Diseño de tapa: Andrea Hamid


Corrección: Camila de Benedetti
Coordinación: Alejandra Teijido - Andrea Hamid
Diagramación: Mariela Euredjian
Diseño y producción editorial: Andrea Hamid

Hecho el depósito que marca la ley 11.723.


Prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este libro en cual-
quier tipo de soporte o formato sin la autorización previa del editor.

Impreso en Argentina
Printed in Argentina

Ediciones CICCUS re- Ediciones CICCUS ha sido


cibió el Diploma de merecedora del recono-
Honor Suramericano cimiento Embajada de
que otorga la Fundación Paz, en el marco del Pro-
Democracia desde su yecto-Campaña “Desper-
Programa “Formación en Valores en tando Conciencia de Paz”, auspiciado
el Mercosur y la Unasur”. por la Organización de las Naciones
Círculo de Legisladores, Unidas para la Ciencia y la Cultura
Honorable Congreso de la Nación. (UNESCO).

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Agradecimientos

A Julián y Gary Cigna.


Al Padre Eduardo Graham y a Alberto Aller.
A Lucía Malvido y Wanda Galeotti.
A Martín Rodríguez.
A Juan Terranova y a la Revista Paco.

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Índice
Prólogo................................................................................................11
Capítulo UNO.................................................................................... 15
Capítulo DOS..................................................................................... 77
Capítulo TRES................................................................................. 125
Índice onomástico........................................................................... 163

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A LA INTEMPERIE | Carlos Mackevicius, Tomás Richards y Juan Manuel Strassburger

Prólogo
“¿Estamos grabando?”

Por Martín Rodríguez

“¿Estamos grabando?”, esa podría ser una situación “periodística”: los


micrófonos abiertos sin saber que registran una conversación, los entre-
vistados sueltos de cuerpo, que liberan endorfinas y se hablan todo. De
pronto… “¿estamos grabando?”, pregunta uno.
Al leer este libro en el que Carlos Mackeviucius, Tomás Richards y
Juan Manuel Strassburger con suprema elegancia dirigieron el coro, se
me ocurrió si estos dos tipos sabían que los estaban grabando. El libro
es una aplanadora sobre cualquier pacto de silencio y cualquier regla del
“buen gusto”. Es una máquina de frases de las que es difícil volver, que
solo se dicen si se las vivió, incluso para sostener con el cuerpo el equívo-
co. Pero si para todos lo personal es político, para Rulli y Bárbaro, más
que nada, lo político es personal. Hay sangre en el ojo, culebras entre
las páginas, un libro de cuitas generacionales y personales en las manos
del lector. Se vienen a cobrar ofensas y disparan con veneno los restos
de descargas eléctricas de una picana que les quemó el cuerpo, pero no
la mente, y escupen, como escribió el poeta Héctor Viel Temperley, las
toses de los viejos fusiles de un Tiro Federal.
Cuando se promedia la lectura del libro, se tiene la certeza de que sí,
los dos saben que los están grabando y que les gusta, que el libro será
exactamente eso: un “más allá” lleno de permitidos. Una sobremesa. Es
que si estos tipos van a volver a contar la historia, su historia, sus versio-
nes de los hechos, solo sirve si van contra la corriente del mito. Volver al
pasado sin ser maestros jardineros de la memoria.
Mackevicius, Richards y Strassburger proponen estas conversaciones
de tres capítulos en los que cambia la escena, pero no el libreto, y podría-
mos pensar que ellos nos dicen, a través de la dupla de Rulli y Bárbaro,
que el fracaso de la utopía peronista (de la que quedan solo restos en el
presente) es tan cierto como también es cierta una victoria personal en
cada uno: el peronismo es una doctrina de hombres y mujeres libres, o

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PRÓLOGO

no es nada. El contrapunto generacional parece ir en busca de eso, del


jardín primitivo, de los que movieron primero la rueda, de la acción sin
cálculo, de la experiencia sin paradigma. Los que tiraron las primeras
piedras. Y no es “papá, cuéntame otra vez”, sino más bien su contracara
temeraria: de acá no nos vamos hasta que no salga una verdad insopor-
table. La picana (el enemigo) ya no explica la derrota.
Este libro son historias en primera persona. ¿Yo y Platero? Yo y mi
tiempo, dicen estos dos con sus vozarrones, y el burro adelante para que
la historia no se espante: ¿una época que los creó o una época que crea-
ron ellos? Ego trip: siempre estaban ahí, en la zona cero. ¿Cómo entraba
el cuerpo de Rulli en una celda? ¿Cabía, de qué tamaño tenía que ser la
celda? ¿Y a cuántos espanta la carraspera de Bárbaro cuando él suelta
sus sentencias? Bárbaro, por empezar, esta vez nos permite conocer lo
que piensa cuando no hace de “peronista profesional” en la televisión,
cuando no es el protector del santo grial de una esencia. Cuando aban-
dona la civilización. Pero leés este libro con ganas de estar en esa mesa y
putearlos, perdonarlos y que te perdonen.
La historia está en los detalles. Veamos uno. Rulli, en un momento,
cuando lo echan del campo que gerenciaba para la universidad, y viaja
una banda de la derecha peronista al mando de un extraño croata con el
que finalmente se entendió, ya muerto Perón y dando todo por perdido,
antes de subirse al camión que lleva su familia y sus compañeros “de
vuelta a casa”, mata a sus perros. Así. El tiro del final. No me los llevo,
pero no se los quedan, parece decir. Ruido seco del tiro contra el cráneo
de los mejores amigos del hombre: uno a uno muere cada perro, pero
no muerta la rabia. Rulli muestra también esa parte descosida, los tiros
en el pie, la crueldad gratuita, el sufrimiento en carne viva. Y lo que no
dejaba morir en nombre de la Revolución: la humanidad, la demasiada
humanidad así de rota. Rulli, el preso, el torturado, corriendo a sus pro-
pios perros. No quisieron ser jefes de una patrulla perdida, así nos dicen.
Y entonces fueron ellos su propia patrulla perdida.
La estructura del libro tiene dos hilos que se unen y desatan. El hilo
de Rulli como el de un payador que recrea las grandes escenas y no aho-
rra detalles; y detrás, agazapado por momentos, el hábil Bárbaro que
condimenta o le pone “marco teórico” al otro. Porque Bárbaro muchas
veces concluye las historias de Rulli, con la evidente intención de llevar
agua para su molino. Bárbaro nos quiere decir: dije todo a tiempo, ¡se
los dije en la cara a los que iban al muere! Al muere en la guerra po-
pular y prolongada que terminó para tantos y tantas siendo solitaria y
corta, atados a una cama elástica, en los sótanos parapoliciales. Pero
esa transgresión del código de honor (¿qué muerto puede volver de la
muerte para decirle a Bárbaro que eso no fue así, que su muerte no fue

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en vano, que “no murió por pavo”?) es posible porque este diálogo ocu-
rre también dentro de los cementerios y entre la humedad de la tierra
removida de los entierros pendientes.
Akira Kurosawa filmó, entre tantos sueños, uno que llamó “El Tú-
nel”. Un comandante camina después de la guerra la vuelta a casa, cru-
za un túnel. Primero, le aparece un perro rabioso, un perro conectado a
un dispositivo eléctrico, ¿un perro bomba? Después, aparece un soldado
muerto de atrás, que ignora su propia muerte, con la cara azulada. El
muerto mira que en una colina está la casa encendida de sus padres,
la señala, hay luz en casa, me esperan. El comandante lo convence de
que está muerto. Luego, le aparece un batallón entero. Todos muertos.
Formados y marchando aparecen también de atrás, de la oscuridad del
mismo túnel, y quiere convencerlos de que están muertos, y les cuenta
su propio calvario en un campo, les jura que él también hubiera prefe-
rido morir, y finalmente da la última orden militar (la que reabsorbe
todas): acepten la muerte. Se dan media vuelta, se pierden en el túnel,
van marchando. Ni Rulli ni Bárbaro fueron comandantes. Pero quizás
están volviendo a casa. Quizás también tienen un batallón en las espal-
das. Y quizás también lo que gritan es una orden que no pueden dar:
aceptemos la derrota.
El libro recupera una década, la del sesenta, en cuya historia el pe-
ronismo parecía opacado por las modernidades de las capas medias, la
sociedad cosmopolita en la que nace la “juventud” como sujeto político
y objeto del mercado, el tango que pasa del club barrial al café concert
o el teatro, de Troilo a Piazzolla, el beat y los repertorios actualizados
de un folclore político, el frondicismo como ecosistema, la muerte del
Che y el vandorismo que sienta al sindicalismo en la mesa del orden.
¿Y el peronismo? El peronismo está en las cosas. Invencible e invisible.
El peronismo son los camellos del Corán de esa sociedad igualitaria. El
fifty-fifty entre capital y trabajo, bombardeado, pero no perdido. Y luego,
sí, el lento acercamiento entre la juventud y Perón. Los sesenta paren a
los setenta. Los hijos de los que brindaron en 1955, de pronto, hallan
un Mao para sus pampas. Las almas de los años sesenta, esas de Oscar
Terán, planean el libro. ¿Cómo se forjó el embrión de la Juventud Pero-
nista? ¿Cómo era la militancia audaz, pero solitaria, menos contada, que
una década después iba a arder entre las multitudes de una juventud ma-
ravillosa? ¿Quién era Felipe Vallese? Rulli y Bárbaro se presentan como
hermanos mayores de hermanos que no pudieron corregir ni conducir.
Son la otra plaza que no fue echada: los que hicieron de Perón una figu-
ra sagrada a la que no había que “precisarle” ideología. Y esa insolencia
montonera, dicen, era el sesgo de clase de la dirigencia de esa Jotapé de
los setenta, del tren (al muere, palabra que usó Borges) al que finalmente
no se quisieron subir.

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PRÓLOGO

El final es en donde partir. A Rulli le gustan los árboles. Y cuenta que


propuso, en plena crisis de 2001, una política pública que lo llevaba a
su infancia: plantar árboles frutales en las plazas de los pueblos bonae-
renses. Un asunto agrario y una “idea” bíblica que choca con el sentido
común de un intendente que le empecha: “Pero, Rulli, los chicos se van a
robar la fruta”. “¡Pero si es para eso! ¡Que los chicos coman fruta verde!”,
le grita él. Esta pequeña anécdota, que está en las primeras páginas, es
como el grado cero del repertorio de esta conversación: el peronismo y
la tentación de morder el árbol prohibido. La verdad es simple, pero no
sencilla: los únicos privilegiados son los niños, y cumplir esa promesa de
felicidad siempre nos hará retornar al principio… al amor y a la guerra. 

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