Está en la página 1de 15

Cristo de la Vera Cruz Jueves Santo

2009

SanSanSanSan JuanJuanJuanJuan EvangelistaEvangelistaEvangelistaEvangelista

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte y fue escuchado por su actitud reverente. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. (Hbr 5, 7-9)

Con la sangre y la cruz en la mirada,y en el alma la muerte del Calvario,en él mismo está abriendo el relicarioa la voz, que desciende ensangrentada. “¡Ahí tienes a tu Madre!” Ya no hay nadamás que entregar por este presidiariodel pecado. Le queda al lampadarioel latido postrero en la mirada. Las lágrimas del joven son pañuelodel “comsummatum est”. Quedó la vistapetrificada en el ingrato cielo. Cuando en Patmos recuerde, hará que asistatodo el fragor de Dios, que alzó su vuelo,

y AMOR le llamará el Evangelista.

Hermanos del Santísimo Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de los Dolores.

Cristianos todos de Campillos.

Hemos llegado al momento más intenso de una vida: El sufrimiento moral e íntimo.

Aunque a pocos, tendrá a algunos junto a la Cruz.

Hoy, en esta hora fatal, nadie acompaña.

Los íntimos no pueden del susto. Y eso que no les

ha vaciado su corazón, pues sabe resistirían.

Solo a solas. En soledad del todo, con un único portillo abierto: la plegaria. Y ésta, contagiada por la presión del sufrimiento:

¡¡¡Padre, no puedo más!!!

lo

que

no

Es tanto el dolor, que no sucede nada más y, aunque pides que pase, es mayor el éxtasis de la nada triste.

Silencio e impotencia de los amigos, todos se quedan a una distancia infinita y el que se acerca hiere, no acompaña.

Los maestros espirituales, lo son porque han sido ya probados. Y han resistido, de tal forma, que sus palabras en la misión de acompañar se convierten en ayuda y esperanza porque son dichas desde la experiencia más existencial.

Veo ahora a Jesús consumar una prueba de iniciado para decir después una palabra de aliento al abatido. Cuando, auto-encerrado uno en sí mismo, no se ve salida, las palabras de Jesús en la cruz, curan. El, con voz llena de ternura, te dice:

Ven, acércate a mi costado. Urge al cielo la única respuesta, no te querelles ni te desengañes de los tuyos, no pierdas

tiempo en eso. La sombra de la noche cobija el llanto y libra del sonrojo.

Roto como estás, solo, triste, herido

Ven, que la luna despeja el sueño. Ven a que te proteja con

mi sombra ya vivida y con mi llanto ya bebido.

Entrégate, no dudes, no aguantes, que no es bueno estar tan huérfano por dentro fingiendo que no pasa nada.

Toma mi plegaria, ponla en tus labios y en tu corazón, recítala en voz baja. Ya verás cómo, poco a poco, sentirás

un alivio que cura, que te deja abandonado y sereno.

Ora despacio, tomando aire en esta noche intensa:

Hágase tu voluntad.

Hágase tu voluntad.

Hágase tu voluntad.

Así… más profundo, tomando en los pulmones todo el aire que puedas; ya verás cómo se refresca tu fiebre y tu agobio.

No imagines, no pongas futuro en tu sien. Sólo di, parando tu pensamiento: Hágase tu voluntad. Hágase tu voluntad. Hágase tu voluntad.

Sí,

ya verás como todo será bueno al final. Créeme, Yo ya lo

he

pasado.

Por eso:

Sólo en Dios descansa mi alma, porque de Él viene mi salvación; sí; sólo en El mi espíritu reposa.

Se reposa en paz.

Casi se avergüenza uno esta noche de ser hombre. Sólo que Tú fuiste en medio de nosotros humanidad entera,

entregada y derramada por la nuestra. Restauración de tan pobre testimonio humano de los tuyos.

No te duele que esté fría la cruz y áspera su corteza.

No sufres porque la noche no esconda del todo tu intimidad secreta y descubran tus enemigos el dolor de tu trance.

Te duelen los hombres, te duelen los amigos, el miedo de los íntimos, el beso falso de quien era de los tuyos. Te duelo yo.

Vives en esta hora el drama de Adán, cuando el hombre se sintió desnudo y el jardín se hizo fuego.

Que sólo de pensar que está olvidado de su bella pastora, con gran pena se deja maltratar, en tierra ajena,

el pecho del amor muy lastimado.

Como dijera san Juan de la Cruz.

Dónde está tu amada: tu pueblo,

pastora. Ella te da un vino de vértigo, una esponja

de amargura, jugo del fruto del árbol del jardín tendrás que beber como una prueba

tu

tu esposa,

Y

No quiero decirte palabras de circunstancias en esta noche.

Sé que ante el dolor intenso el mayor respeto consiste en no especular con el mal del que sufre.

EI

acompañamiento.

silencio

es,

en

estos

casos,

el

mayor

Esta noche, Cristo de la Vera Cruz, es más sabio no ser palabras. Es mejor, con la presencia amiga, ser tan sólo rumor, arrullo de la fuente que mana del santuario, sombra en forma de alas que te cubran y defiendan.

Quisiera ser la luz de la luna para que no tropiecen tus pies camino de la entrega y en la vía dolorosa servirte el sorbo de agua que alivie tu sed del Dios vivo.

Y, sin embargo, Tú prefieres que sea lo que soy, humano,

lavado por el agua y la sangre herido.

que manan de tu pecho

Ungido de aceite del huerto de tu agonía. Perdonado. Huésped de tu mesa de pan partido y vino derramado. A quien llamas a mirar sin miedo la aventura y subir contigo al Monte camino de la “otra orilla”.

Todo recobra ahora su sentido. El pan roto… y el vino

derramado

de tu sangre es la medida de un seguimiento.

Tu mismo desposorio en entrega total a precio

Es la noche en la que haces tu Alianza, ---sangre de la nueva y eterna alianza--- heredad y lote perpetuo para quienes lo

deseen. Y con la creación fiel haces sacramentos que nos convierten:

De la fuente del santuario: agua bautismal.

Del aceite de Getsemaní: unción de catecúmenos y de enfermos, crismación de testigos, consagración sacerdotal.

Del pan de la cena, y cáliz del huerto, sostenido por el ángel: Eucaristía.

Desposorios perpetuos, nupcias del Cordero. Sudor de sangre: Matrimonio.

Pero…, ¿por qué a tanto precio mi pecado?

EL MISTERIO DE LA CRUZ

Ante la Cruz me asaltan imágenes contrapuestas de luz y de sombra.

De sombra, por todo el sufrimiento, negación, escepticismo, desengaño, cansancio, destrucción que lleva consigo la vida de tantos hombres y mujeres.

De luz, porque al enumerar toda esta fatiga, desde la vida de Jesús, la Cruz, sorprendentemente, encierra un aspecto afirmativo de esperanza, un grito de búsqueda con la

ilusión de un hallazgo; una esperanza de espigarse en persona. En persona total, como Cristo.

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, sino al contrario, se despojó de su divinidad y se hizo hombre por nosotros.

Dios se hizo persona, y persona libre, para enseñarnos la grandeza del don que hemos recibido, y redimirnos del pecado con su propia entrega y amor. Toda la vida de Jesucristo es una lección de humanidad:

Porque:

Ser persona es pasar por el mundo haciendo el bien.

Ser persona es multiplicar esfuerzos para que a nadie le falte el pan, ni el vino el día de su boda, ni la palabra

que da vida.

Ser persona es curar las enfermedades y salvar de las dolencias.

Ser persona es compadecerse del que sufre y trabajar por la paz.

Ser persona es no tirar la primera piedra y perdonar de corazón al que te ha ofendido.

Ser persona es ser pobre de espíritu, es tener hambre y sed de justicia, es anunciar que el Reino de Dios está cerca y decir, sobre todo decir, que Dios es Padre y que todos nosotros somos hermanos.

Ser persona es amar, y llevar el amor hasta el extremo, amando a todos sin distinción, lavando los pies a los demás, sirviendo y compartiendo.

Ser persona es entregarse, darse por entero, es ser solidario hasta donde haga falta y sentirse libre para poder amar incluso a aquellos que nadie ama o que son tus enemigos.

Cristo es Dios hecho persona y persona total.

Al mirar al Crucificado, a quien se le ha vuelto toda su historia en contra, observo con mayor sensibilidad cómo los amigos son quienes lo abandonan y me surge una reflexión ante tanta soledad.

Así tu cruz me viene a la medida.

Cuando Jesús se vio lejos de los suyos, le asaltaría la pregunta de hasta un posible error en la conducta y trato con los suyos. El, que no ha cometido pecado, sufre la huida de sus amigos.

Este sentimiento de negación que se repite en nuestra vida, de no poder abrir los labios, mudos de tristeza, sólo se puede sostener mirando al

Crucificado, a su historia. Él, que todo lo hizo bien es, no obstante, abandonado de todos. En estas circunstancias, no se querella contra nadie, no se excusa, no blasfema, no pregunta al pueblo; calla, reza con los salmos hasta la hora de la muerte. Muerte que es aceptada y hecha ofrenda.

Un corazón traspasado y unos brazos abiertos no

son signo de egoísmo.

Jesús, te miro desasido de todo porque nada te sostiene, abandonado de los demás, que te clavan o huyen; debes cruzar este momento en la soledad mas inédita, la soledad de ti mismo, cuando ni tu propio yo te acompaña porque también se resiste en ti la naturaleza.

Es el momento único de creer, de esperar, de abandonarse, de no perecer en la trampa que enrede tu mente. Debes desprenderte de toda relación entre sufrimiento y culpa que ahonde más tu herida. En esta hora tan sólo queda esperar a oír la voz que afirme: eres mi amado, el predilecto, mi ungido y entregarte en las manos de tu Padre.

Me gustaría verte luminoso, arrancado de la torpeza de los clavos. No es estético tu signo en el madero.

¿Acaso es ésta una equivocada manera de contemplar tu cuerpo crucificado y muerto?

¿Acaso se engañó san Bernardo al recibir el abrazo de tu humanidad herida; o ¿San Francisco de Asís, que deseó el regalo de tus llagas?

Santa Catalina se apoyaba en tus rodillas hasta alcanzar la herida de tu costado.

Santa Teresa de Jesús, la andariega, no hacia viaje sin llevar consigo una pequeña imagen tuya, el Ecce Homo.

El santo de Fontiveros tomo por apellido «de la Cruz», en vez de Juan de Santo Matías.

Señor, te has hecho realmente algo de lo nuestro, te has convertido en uno de nosotros. La cruz y la muerte no borran por sí la semilla de vida, es su necesaria condición. Si tan solo te hubiéramos visto como un árbol en flor, como un almendro, quizás dudaríamos de que conozcas la suerte de quienes andamos tan abajo.

No eres un invento ni una proyección de artista creativo que traspasa la visión opaca de nuestras pobrezas con sus imaginativas representaciones. Eres real, eres nuestro, eres hombre, eres Dios cercano, ¡tanto! que nuestro cuerpo ---y el Evangelio dijo más, nuestra carne- es la tuya crucificada.

Sí, ya lo sé, por nosotros. Aunque si hoy te miro sé que lo hago no a un matado, sino a quien domina incluso la misma muerte, porque vives. Y vives hecho carne porque tú lo has querido de esa manera.

Tratarte como a hombre, lo has querido, Y te has dejado amar por el pecado. Tus pies fueron ungidos con aromas, Tus manos sobre niños reposaron. Comiste en la mesa de lo nuestro, El más joven se acogió en tu regazo. Dejaste que los tuyos conocieran hasta el mismo lugar de tu descanso. Tú

eres hombre al fin, de carne humana. Fuiste nazir, moreno y hasta alto. Eres hombre y amigo, eres nuestro. Tus ojos de dolor también lloraron. Tu cuerpo es como el mío, pero divino. Tu rostro fue besado, pero en falso. Hiciste una ofrenda para siempre en pan partido y vino derramado. Mostraste tus heridas luminosas y la llaga abierta en tu costado. Déjame palparte un tanto incrédulo

para nacer testigo de tu paso.

IUXTA CRUCEM, DOLOROSA STABAT MATER LACRIMOSA

( ES EL MOMENTO DE MARÍA SANTÍSIMA, VIRGEN DE LOS DOLORES)

Ahí en la sombra, está su rostro lleno de dolor. Ahí está la bendita entre las mujeres, que ahora es la Madre de un maldito. La MADRE cuyo Dulce Nombre inspira confianza con su prontitud en el Socorro. Ella será la Esperanza en sus Dolores, porque, aunque deshecha en Lágrimas, no pierde la confianza el Aquel que la escogió para ser la digna madre de su Hijo y para consolarle en el momento de sus Angustias.

En la fiesta, allí está Ella.

En la vigilia, allí está Ella.

En la cruz, en el centro, está Ella.

María: ¿Dónde vas, Hijo mío?

Jesús: Voy a morir por todos.

María: ¿Por qué a morir? ¿Por quiénes vas a morir?

Jesús: Por todos, Madre mía, por aquellos que fueron creados para el amor y ahora me han condenado al dolor.

María: voy a morir contigo.

Jesús: No; quédate

María: Quiero morir contigo

Jesús: No; quédate

Jesús: y cuando esté muerto, acuérdate de mí.

Santa María, en esta hora nosotros no te pedimos que nos des el don de la anestesia, ni la esención de las raciones de amargura que nos correspondan.

Santa María, tú que bien conoces la hora del dolor, ----si te pedimos que estés junto a nosotros en la hora de nuestra

muerte corporal,---- no es porque tú hayas experimentado tu muerte de verdad, sino porque has vivido de verdad la muerte absurda y violenta de tu Hijo.

Te pedimos que revivas con nosotros los últimos momentos de ternura que tuviste con tu hijo en la cruz.

María Santísima, bendice al pueblo de Campillos, para que todos estemos siempre junto a Jesús el Señor, como tú hiciste siempre. Virgen de los Dolores, bendice con tu corazón traspasado, al pueblo que hoy te contempla y te implora.

Bendice:

1.

nuestras dudas y miedos,

2.

a

nuestros niños, para que reciban la fe y crezcan en

libertad,

3.

nuestros jóvenes, buscadores de felicidad y llenos de muchas y muy buenas cualidades, a veces sin trabajos

a

y

metidos en ocios destructivos,

4.

a los matrimonios jóvenes, porque no es fácil fundar hoy una familia y aceptar el compromiso,

5.

a las madres, que afrontan el reto de ayudar a una persona a ser ella misma y alcanzar una vida profundamente humana,

6. a los mayores, especialmente a los que están solos y abandonados,

7. a los parados, a los inmigrantes y a los que creen que no tienen oportunidades ya,

8. a todos los enfermos, partícipes de la pasión de Cristo,

9. y a todos nuestros difuntos.

María Santísima, Madre de Amor, bendice al pueblo de CAMPILLOS, que te quiere.

La Madre de Dios llora ¿Quién puede parar ese torrente de cristalinas aguas? ¿Quién puede detener la angustia de esta Madre Dolorosa? María está conmovida, inundada en lágrimas, y sólo desea ir en busca de su Divino Hijo. Pero le cortan el paso.

¿Por qué cerráis el paso, malvados sayones?

¿Qué puede impedir que una madre abrace al hijo de sus entrañas?

¿Quién tiene derecho a arrebatar a esta Madre el fruto bendito de su vientre?

¿Quién puede ser tan cruel como para prohibir que tu corazón esté junto a la persona que más amas?

¿Es que

no veis como llora?

¿Es

que no tenéis

corazón? ¿Es que no tenéis madre?

¿Es que no veis el desgarro que siente la madre que pierde al hijo recién nacido?

¿Es que no veis la amargura de tantas madres vestidas de luto por el hijo perdido en la carretera o en un accidente de trabajo?

¿Es que no veis la angustia de esas madres que pasan las horas sin descanso al lado de sus hijos enfermos, parapléjicos, con sida o con cáncer?

¿Es que no veis el calvario que viven las madres de los drogodependientes, las madres de los alcohólicos y las madres de los deprimidos?

¡Hombres, si tenéis madre, dejad pasar a esta Madre, traspasada de dolor, para que abrace a su Divino Hijo!

¡¡¡Madre, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre!!!