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SERMÓN DEL ENCUENTRO

– SEMANA SANTA – 2008 – CAMPILLOS

PERDONA A TU PUEBLO, SEÑOR.

PERDONA A TU PUEBLO.

PERDÓNALE, SEÑOR.

Perdona la debilidad que continuamente mostramos, Señor, en lo cotidiano y en lo extraordinario.Perdona nuestros débiles propósitos que acaban en nada y que continuamente están provocando el dolor en los cercanos y en los lejanos.Perdona las contradicciones entre la grandeza de nuestra condición humana

y la pequeñez de lo que mostramos como expresión de nuestro ser humano.

PERDONA A TU PUEBLO, SEÑOR.

PERDONA A TU PUEBLO.

PERDÓNALE, SEÑOR.

Porque no sólo hemos provocado la expresión más cruenta en la inocencia de tu cruz, sino que seguimos en la insolencia de juzgar culpable al inocente, al que en su pequeñez es todo verdad.Porque la cobardía atenaza y paraliza nuestro paso frente a la decisión implacable de tomar partido encarados a la injusticia, la mentira, la impiedad.Porque la cruz de ayer – tu cruz- es la que hoy cargan tantos entre nosotros,

víctimas como tú del rostro más oscuro de la indecisión humana.

PERDONA A TU PUEBLO, SEÑOR.

PERDONA A TU PUEBLO.

PERDÓNALE, SEÑOR.

Perdona a tu pueblo, Señor, perdónale porque busca, sin encontrar y cuando en ti podría encontrar gira la cabeza buscando en otro lugar.Perdona a tu pueblo, Señor, y dale la valentía que todo lo puede movido por esa historia que ha escrito a lo largo de los siglos

y que justo acaba de empezar.

Porque la historia escrita contigo es empezar siempre de nuevo en tu perdón y tu paz,

en la fuerza de tu cruz signo de eternidad.

PERDONA A TU PUEBLO, SEÑOR.

PERDONA A TU PUEBLO.

PERDÓNALE, SEÑOR.

Señor, Cristo de la Vera Cruz: un año más junto a ti en la expresión bella de los sentimientos encarnados

en una manifestación de fe, que llena la vida de esta noche.

Cristo de la Vera Cruz: una noche más resumiendo los sentimientos de culpa y esperanza que mirándote cada día brotan en cada uno de nosotros.

Culpa: que también mi cruz la cargas Tú.

Esperanza: porque sólo en ti la encuentro cuando busco desde mi alma.

Cristo de la Vera Cruz: ¿habrá noche más larga que la que cuenta entre espinas los llantos y las lágrimas?

Entre espinas, llantos….lágrimas.

Esas que brotan de las mejillas de una Madre

que llena de Dolor acepta, reza y calla.

Dolor que acepta, reza y calla por un amor que se muere

en una noche trágica.

¡Madre de los Dolores, enséñame a aceptar, a rezar, a callar!¡Madre de los Dolores! Enséñame a amar como tú amas

y más allá de mí mismo ábreme a la esperanza.

Que no hay dolor más grande que ver morir a tu amor, crucificado en la tierra, justificado en el cielo y amado en medio del pueblo que dice, y grita y reza…

PERDONA A TU PUEBLO, SEÑOR.

PERDONA A TU PUEBLO.

PERDÓNALE, SEÑOR.

Perdona también tú, Madre y Señora, hecha Dolor por mí, que mi mirada no siempre sabe ver como tú

ves,

ni mi palabra sabe decir como tú dices.

Perdona también tú, Madre y Señora, hecha Dolor por nosotros que en medio de este mundo olvidamos que somos tus hijos,

olvidamos que somos hermanos.

Hermanos de una cruz que todos llevamos cuando valientes, cabales, humanos

buscamos caminos abiertos;

aquellos que tú quisiste brindarnos como caminos de encuentro contigo,

con Cristo y nuestros hermanos.

Y

en esos caminos encuentro de Madre e Hijo.

Y

en esos caminos encuentro de Salvación.

Y

en esos caminos encuentro hecho Perdón.

Y

en esos caminos la voz de un pueblo que se alza aún temblorosa por la emoción

y que señala al Amor Sincero.

Voz de un pueblo que se alza en la noche temprana.

Voz del pueblo de Campillos que grita con fe y devoción:

“¡Mujer, ahí tienes a tu Hijo!

¡Hijo, ahí tienes a tu Madre!”