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Mirada a los cimientos

Juan Diego Restrepo E.


Recuerdo la polvareda que se levantó luego de la detonación: era densa, pesada, grisácea y
pegajosa. Una vez pasó esa nube, quedaron al descubierto los cimientos de una de las edificaciones
más emblemáticas del narcotráfico de los años ochenta y símbolo ostentoso de quien lideró el Cartel
de Medellín.
Devolvámonos en el tiempo, justo antes de que los explosivos lo redujeran a escombros. Pese a su
estado en ruinas, era frecuentado por visitantes nacionales y extranjeros, quienes alimentaban la
fantasía sobre su antiguo dueño, Pablo Escobar Gaviria. Durante casi poco más de tres décadas,
miles de personas miraron con curiosidad, desde las rejas exteriores, aquel edificio construido con
los dineros que este narcotraficante comenzó a acumular para que vivieran allí su esposa y sus dos
hijos, y se protegieran de los enemigos que la codicia genera.
No fue un diseño cualquiera. Se trataba, justamente, de una fortaleza de ocho pisos, que contaba con
12 apartamentos y 34 parqueaderos en un espacio de 4,602 metros cuadrados. Los Escobar Gaviria
vivían en los dos últimos pisos, construidos en concreto reforzado, bóvedas para ocultar dinero y
habitaciones adecuadas para resguardarse de cualquier ataque. Fue concebido para brindar la
máxima protección posible.
Sus bases comenzaron a solidificarse a comienzos de la década de los años ochenta, cuando el
narcotraficante antioqueño buscó quién le construyera un edificio en el que pudiera sentirse seguro
con su familia. Para aquellos años, una de las firmas arquitectónicas más reconocidas era Londoño
y Vayda Limitada, representada por Gabriel Londoño White e Isaías Vayda, quienes realizaron el
proyecto contratado por Escobar Gaviria entre 1984 y 1986.
Para aquella década, era una de las empresas con mayor actividad en la construcción, especialmente
de unidades residenciales en altura y no necesariamente relacionadas con el narcotráfico. Revisando
archivos, encontré por lo menos registros de diez edificaciones realizadas por esa firma entre 1985 y
1989 en diversas zonas de Medellín.
Asociados a ellos estaba Diego Londoño White, egresado del programa de Administración de
Empresas de la Universidad Eafit. Su papel en la construcción del edificio Mónaco la estableció él
mismo en una declaración rendida ante fiscales regionales en un proceso penal que se le abrió por
su presunta participación en varios delitos cometidos en alianza con el Cartel de Medellín: “Actué
como el director de un proyecto para la construcción de dos edificios de nombres Mónaco y Dallas,
para el señor Pablo Escobar, construcción que se inició aproximadamente en el año 84 y por la que
yo recibía el cinco por ciento del costo total del proyecto” 1.
El camino que Diego Londoño White recorrió para convertirse en “director del proyecto” de la
construcción del edificio Mónaco comenzó en 1978, cuando, según él, le presentaron al
narcotraficante Pablo Escobar Gaviria, “en razón de las campañas políticas que por ese entonces se
adelantaban para la Presidencia de la República” 2. Ambos se conocieron a instancias de otro
narcotraficante, Jorge Luis Ochoa, durante la contienda electoral que libraban el candidato del
Partido Conservador, Belisario Betancur, y el candidato del Partido Liberal, Julio Cesar Turbay, a la
postre ganador de las elecciones para el periodo 1978-1982.

1 Fiscalía General de la Nación, Fiscalía Regional, Bogotá, 5 de marzo de 1993.


2 Ibíd.
De acuerdo con las explicaciones que le dio el empresario a la Fiscalía, ambos narcotraficantes
habrían colaborado con la campaña de Betancur poniendo dinero, logística y votos: “Por ese
entonces se sabía que uno y otro, es decir Escobar y Ochoa, eran muy ricos, pero el origen de sus
dineros todavía no era suficientemente cuestionado o la sociedad lo toleraba; entonces abiertamente
participaban como apoyo financiero en las campañas políticas e incluso como apoyo logístico,
prestando los medios de transporte como aviones, helicópteros, etc., y en el caso de Pablo Escobar
hasta votos para determinada campaña o candidato” 3.
Pero tanto Diego Londoño White como sus hermanos (Santiago, Álvaro, Luis Guillermo, Jorge y
Gabriel) eran bastante conocidos en la capital antioqueña no solo por sus relaciones políticas con
grupos de tendencia liberal y conservadora, sino por sus empresas de construcción y firmas de
bienes raíces. De ahí el hecho de que el administrador de empresas haya ocupado por lo menos dos
cargos públicos importantes para la ciudad: inicialmente, se desempeñó como director del
Departamento Administrativo de Planeación de Medellín entre los años 1978 y 1979 4; y de allí pasó
a gerenciar la recién creada Empresa de Transporte Masivo del Valle de Aburrá (ETMVA), a través
de la cual se construiría el Metro de Medellín, donde estuvo entre 1979 y, probablemente, hasta
1987.
Si los cálculos que he hecho con base en diversos documentos son precisos, habría una gran
coincidencia en un hecho bien particular: Diego Londoño White fue, a la vez, “director del
proyecto” de construcción del Edificio Mónaco a la par de gerenciar el inicio de la obra más
emblemática de la ciudad, el Metro de Medellín. De hecho, cuando se comenzó a construir el
sistema de transporte masivo del Valle de Aburrá, el 30 de abril de 1985, la edificación contratada
con Escobar ya completaba un año y mostraba grandes avances.
De las relaciones políticas establecidas inicialmente entre Londoño White y Escobar Gaviria se
pasó a las comerciales, sobre todo alrededor de la transacción de propiedades. De hecho, el
exfuncionario y empresario le contó a la Fiscalía que sus negocios de bienes raíces, a la par de los
de sus hermanos, centralizados en dos oficinas del Centro Comercial Oviedo, se vieron favorecidos
por las relaciones con el narcotraficante, pues a través de él consiguieron bastantes clientes con los
que negociaron casas, apartamentos y fincas.
“Hice muchísimos negocios de bienes raíces para personas que él [Pablo Escobar] me
recomendaba; o sea, me enviaba clientes para comprar apartamentos, casas, fincas, etc. Algunos de
ellos los menciono como notorios, como la adquisición, tal vez fueron catorce casas en una sola
urbanización, para familiares pobres de Escobar y de Gaviria (Gustavo, su primo y hombre de
confianza), estas eran unas casas de valor intermedio, es decir no eran viviendas de lujo [eran parte]
de la urbanización La Cabaña, del municipio de Bello” 5.
En sus relatos a la Fiscalía también dijo que fue él quien consiguió el lote de 12,5 hectáreas en la
parte alta de la zona centro-oriental de la ciudad, entre los barrios La Milagrosa y Loreto, donde se
concibió el proyecto habitacional “Medellín sin Tugurios”, financiado por la Corporación Medellín
Sin Tugurios, que fue presidida por Escobar Gaviria, y dirigido a población de escasos recursos
económicos que habitaban en el antiguo basurero de Moravia.

3 Ibíd.
4 FRANCO, Liliana. Poder regional y proyecto hegemónico: el caso de la ciudad metropolitana de Medellín y su
entorno regional 1970-2000. Instituto Popular de Capacitación IPC, Medellín, octubre de 2005, pág. 427.
5 Fiscalía General de la Nación, Fiscalía Regional, Bogotá, 5 de marzo de 1993.
La construcción del Mónaco concluyó en 1986 y la familia del narcotraficante se fue a vivir allí
pensando que estaría protegida de cualquier ataque. En su fachada se instaló la escultura “La nueva
vida”, conocida también como “La Familia”, una creación del maestro antioqueño Rodrigo Arenas
Betancourt por encargo del jefe del Cartel de Medellín.
Pero las guerras entre mafiosos no respetan códigos cuando se desatan y esa supuesta seguridad fue
vulnerada el 13 de enero de 1988, cuando el Cartel de Cali hizo estallar un carro bomba en las
afueras del Mónaco. Era el primer atentado de esa magnitud en el país. Escobar Gaviria, su esposa y
dos hijos sobrevivieron al ataque, pero abandonaron el edificio.
Varios rumores de la época decían que se intentó reconstruir, pero no se pudo porque,
supuestamente, uno de los arquitectos que lo concibió, Isaías Vayda, se negó a hacerlo, razón por la
cual habría sido secuestrado en 1992 por hombres al servicio del Cartel de Medellín. Después de
varias gestiones, su familia se vio obligada a pagar una fuerte suma de dinero y lo dejaron en
libertad. Esa versión jamás ha sido contrastada con la víctima o sus parientes.
Esos visos de legalidad que, supuestamente, rodearon la relación entre Diego Londoño White y el
jefe del Cartel de Medellín y sus amigos y socios fueron cuestionados por la Fiscalía General de la
Nación y, por tal razón, expidió orden de captura en su contra, que se hizo efectiva el 17 de enero
de 1993. La detención se produjo en sus oficinas del Centro Comercial Oviedo.
El ente acusador investigaba los nexos de decenas de personas en Medellín con Escobar Gaviria,
quien se había fugado de la Cárcel de La Catedral el 22 de julio de 1992, luego de que las
autoridades trataran de tomar el control del centro carcelario tras conocerse el asesinato en sus
instalaciones de los socios del Cartel de Medellín Fernando Galeano Berrío y Gerardo Moncada
Cuartas en retaliación por el ocultamiento de 20 millones de dólares.
Esa supuesta traición llevó a los lugartenientes de Escobar Gaviria no solo a asesinar a los dos
socios, sino a secuestrar a contadores y testaferros de los Galeano Berrío y de los Moncada Cuartas
para que traspasaran las propiedades a hombres de confianza del Cartel de Medellín.
A través de varias víctimas de esa “recogida”, como se le llama a ese tipo de acciones en el argot
mafioso, la Fiscalía estableció que Diego Londoño White cumplió un papel fundamental en esa
actividad ilícita. Así consta en la resolución de acusación proferida el 19 de marzo de 1993: “Esta
delegada estima que es procedente dictar en su contra auto de detención, sin beneficio de
excarcelación por el delito de secuestro extorsivo; ya que como bien se desprende de la prueba
retomada, él estuvo en el inmueble donde permanecieron secuestrados por varias horas los
contadores de LOS MONCADA (sic) y fue precisamente quién llevó los documentos que hoy están
en poder del Despacho, para que los plagiados los rubricaran en blanco -esenciales en el
constreñimiento-”6.
Casi seis años después de esa decisión, Diego Londoño White compareció ante la Fiscalía para
adelantar una nueva diligencia de indagatoria. En esa ocasión, afirmó: “A diferencia de muchos
otros procesados no he aceptado arreglos, que me los han propuesto, por ejemplo de tres años de
pena total que me propuso el doctor De Greiff 7, previa la confesión de hechos que yo no había
cometido o un acuerdo que su señoría conoce de beneficios que rechacé porque se me perdonaban
delitos que yo no cometí; yo estoy luchando es porque no considero que soy responsable de los

6 Fiscalía General de la Nación, Fiscalía Regional, Definición de Situación Jurídica, Bogotá, 19 de marzo de 1993.
7 Se trata de Gustavo De Greiff, primer Fiscal General de la Nación tras la promulgación de la Constitución Política de
1991.
cargos que la Fiscalía hasta hoy me ha formulado y de los autos de detención que hoy pesan sobre
mí”8.
Tras pasar nueve años, ocho meses y once días en detención preventiva, fue dejado en libertad
provisional el 11 de febrero de 2002 luego de que su esposa y su hija presentaran un recurso de
Habeas Corpus reclamando la excarcelación del exfuncionario y empresario, pues hasta esa fecha
no había sido llevado a juicio. Pero como la mafia no perdona, sicarios acabaron con su vida al caer
la tarde del 26 de noviembre de ese año en una vía del sector de El Poblado, a poco más de 2
kilómetros donde fue construido el Mónaco.
Diego Londoño White representa a todos aquellos empresarios y funcionarios que se movieron
entre las luces y sombras mientras imperó el Cartel de Medellín y se lucraron de esas relaciones sin
mayores escrúpulos. Por ello no dudé en pensar, cuando se disolvió la espesa polvareda, que las
bases del Mónaco también sostuvieron un modelo de sociedad que muchos prefieren olvidar para
evitar la irrupción de los fantasmas del pasado. Por eso es importante una mirada sobre sus
cimientos.

Biografía
Licenciado en Español y Literatura de la Universidad de Medellín, y especialista en Periodismo
Investigativo de la Universidad de Antioquia.
Ha sido redactor del diario El Colombiano; editor de la Agencia de Prensa del Instituto Popular de
Capacitación-IPC; y docente de cátedra del programa de Periodismo de la Universidad de
Antioquia. Actualmente es el representante legal de la Fundación Verdad Abierta y director del
portal Verdadabierta.com.

8 Fiscalía General de la Nación, Dirección Regional, Unidad Primera Especializada, Diligencia de ampliación de
indagatoria, Medellín, 8 de enero de 1999.
En la última década realizó investigaciones sobre derechos humanos y procesos electorales para la
Corporación Nuevo Arco Iris, la Fundación Paz y Reconciliación, la Fundación Ideas para la Paz y
el Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo; además, ha elaborado documentos de
contexto para la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad.
Es autor del libro “Las vueltas de la Oficina de Envigado: génesis, ciclos de disputa y
reorganización de una empresa criminal” (Ícono Editorial, Bogotá, abril de 2015). Y coautor de los
textos “La guerra en movimiento: Tomas guerrilleras y crímenes de guerra en la ejecución del
plan estratégico de las FARC-EP en el Tolima (1993-2002)” (Dejusticia, Bogotá, agosto de 2021,
en coautoría con Juana Dávila, Bibiana Ramírez, Felipe León y Ricardo Cruz); “Mutatá: conflicto,
despojo y resistencia” (Premio Jorge Bernal, Medellín, noviembre de 2014, en coautoría con María
Elena Flórez R.) y “Memoria de la impunidad en Antioquia. Lo que la justicia no quiso ver frente
al paramilitarismo” (Instituto Popular de Capacitación (IPC) – Corporación Jurídica Libertad,
Medellín, octubre de 2010, en coautoría con el grupo de investigación interdisciplinario e
interinstitucional).

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