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UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA EXPERIMENTAL LIBERTADOR INSTITUTO PEDAGÓGICO DE CARACAS DIRECCIÓN

UNA CONTRIBUCIÓN A LA ELABORACIÓN DE LA LEY DE EDUCACIÓN UNIVERSITARIA

Pobresores: Arcángel Becerra y Ángel Delgado

Caracas, Junio de 2011

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IDEAS PARA UNA POSIBLE PROPUESTA DE LEY

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DE EDUCACIÓN UNIVERSITARIA Introducción El estudio detenido a los materiales escritos sobre las Leyes de Universidades, de Educación Superior o de Educación Universitaria de países diversos, que se haga con el fin de sustituir a alguna ley ya existente en cualquier país, a los fines de crear otra ley más actualizada y pertinente, conduce a los interesados en ella a analizarlos cuidadosamente para determinar todo lo valioso que aún pudieren contener, ubicándose necesariamente en el contexto y la dinámica socio-política de la situación histórica que estuviere vivenciándose allí en ese momento. Es, pues, una postura de entrada indiscutible desde cualquier punto de vista político válido. Así que intentar partir desde cero para hacer una ley como ésta es, por una parte, negar la historia vivida por las instituciones y los pueblos. Y, por otra parte, el partir siempre de lo mismo para llegar a lo mismo, es cultivar el pasado para permanecer viviendo gustosamente a costa de él. Colegas, estamos en el Siglo XXI. El siglo XX y el milenio pasado se fueron hace once largos años. ¡Ya es hora de despertarse! Tal estudio en cuestión conduce obligatoriamente al establecimiento de un conjunto de ideas apropiadas, concretas, pertinentes frescas, vigentes, útiles, valiosas, provechosas y justas en el mejor sentido político posible del “ganar-ganar todos”, las cuales habrán de servir para crear condiciones educativas y curriculares óptimas, que permitan la más apropiada reformulación y reimpulsión de la educación universitaria y ciudadana, tecnoprofesional, científica y social del país, acorde con una visión y proyecto de él, que se tengan y reflejen, tanto en los ordenamientos constitucionales y jurídicos existentes, como en el deseo y espíritu de colaboración, bienestar y progreso de todos los sectores conformantes de las comunidades académicas, la colectividad, la sociedad y el Estado presente. Estamos claros en que un trabajo como éste puede hacerse de muchísimas maneras: jurídicas, técnicas, educativas, políticas, comunitarias, económicas, científicas, etc., y quizás, a la luz de todos los grupos sociales que quieran dejarse sentir -pues es una labor que concierne no sólo a los universitarios, sino a toda la ciudadanía interesada- cada enfoque de él tiene todo su grado de validez y aceptación, el cual debe ser sopesado y aprovechado por quienes tengan en sus manos la responsabilidad definitiva de plasmar en enunciados normativos el articulado de esta próxima ley.

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Destaquemos que todo este tiempo hemos estado sometidos en el país y muy particularmente en las universidades a una diatriba política sobre la aún vigente ley de Universidades que desde hace rato quedó totalmente desactualizada y que sale a relucir de cuando en cuando únicamente a conveniencia de los interesados, al igual que se han debatido las demás propuestas de esta futura ley, presentadas y conocidas por la colectividad nacional, lo cual puso de manifiesto en ellas primordialmente nuestras concepciones universitarias, la existencia de nuestros intereses profesionales paradigmáticos, nuestros compromisos políticos y las adhesiones ideológicas que profesamos a ellas desde nuestra juventud. A decir verdad muchos universitarios y demás ciudadanos todavía no hemos estado muy convencidos de ninguna de las propuestas que se han presentado y conocido de esta ley, incluyendo la que fue devuelta a la Asamblea Nacional por el Presidente de la República, ya que no obstante ser ellas, propuestas completas de los promotores de dicha Ley, las estructuras, composición y contenidos articulares de cada una, o todavía resultaron dispersas e incompletas -insuficientes en materia de sustancia educativa y curricular universitaria, vigente pertinente y actual- o son una reproducción “light” del pasado universitario gubernativo, académico y funcional, que algunos sectores, incluyendo los gremialistas, persisten en mantenerlo, expresándolo a través de una defensa inexplicable a ciertas prebendas directivas y selectivas, políticas y académicas importantes, adquiridas todas hereditariamente de las autoridades rectorales del pasado, incluyendo las de aquellos gobernantes del período republicano que nos conformaron definitivamente como una nación independiente. (No todo aquí fue ni tampoco ha sido hoy pan, amor y fantasía republicana libertaria”. Tampoco los impulsores de esas propuestas han hecho ver, siquiera, un planteamiento o grupo de ideas ilustrativas que expresen una visión global aproximada, clara, no sólo de toda la arquitectónica de la posible ley o de lo que ella debería contener, sino tampoco de la materia propiamente universitaria, académica y curricular que le debería distinguir. Por eso, muchos de nosotros y de nuestras instituciones no nos hemos visto reflejados cabalmente en dichas propuestas, pues no sólo en ellas han quedado muchas cosas obviadas u omitidas, como, por ejemplo, lo concerniente a la democracia y la autonomía universitaria plena, el currículo universitario autónomo, la formación docente y, sobre todo, la investigación, y la producción universitaria, cuya significación institucional y profesional de

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ambas es innegable, sino que, por la importancia de ambas para la universidad y el país, ya ameritan ser incluidas de modo más amplio en algunos de los títulos, capítulos o secciones de la Ley, más allá de la forma como sólo se mencionan en la actual Ley de Universidades. Además, también se siente allí la ausencia de muchas novedades conceptuales propiamente educativas que expresen lo que está haciéndose hoy en la academia y se aluda concisamente a la formación profesional de estos tiempos. La ley debe tener una real sustancia cognoscitiva universitaria, al igual que proyectar una imagen muy neo-moderna de Universidad, pero sobre todo, debe transmitir un verdadero aroma a “fragancia universitaria”. Estamos pues aquí, situados en nuestra realidad académica universitaria presente, incluyendo la política, en el mejor espíritu de colaboración, entendímiento, solidaridad y del ganar-ganar todos, pero no dejamos de advertir que no estamos en capacidad de satisfacer a todos, y si, por presión, pedimento o casualidad, nos ponen a elegir entre los sectores políticos enfrentados en la aludida diatriba y nuestras instituciones y el país, nos quedamos definitivamente con estos dos últimos. ¡Que esto quede bien claro! Así que a partir de aquí nos ubicamos en el centro de todas las propuestas e ideas que se han promovido en este debate nacional sin excluir a alguna de ellas. Usaremos para nuestras consideraciones al respecto las inquietudes que han sido motivo de discusión y debate, así como algunas ideas nuestras con que intentaremos dar respuesta a dichas inquietudes. Ellas, se irán presentando en forma enumerada progresivamente. 1. La Denominación de la Ley.

No es difícil percatarse de que el concepto de Universidad, sobre el cual se edificó la actual Ley de Universidades y los manejos interpretativos de dicho concepto que se emplean en ella, mantienen intacto el contenido semántico histórico que caracterizó la universidad desde su fundación (Siglos XII-XIII), hasta el día de hoy; por lo menos en nuestro país (Becerra, 2011).

Ni siquiera la llegada de la independencia en el siglo XIX, la consolidación de la República y la Reforma de Córdova (Siglo XX), la estremecieron completamente (Becerra 2007). Si a ello se añade el hecho de que la

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expresión conceptual “Educación Universitaria” posee un dominio semántico, conceptual, educativo y curricular mucho mayor que el concepto solo de Universidad. (Revísese su etimología), entonces la sugerencia nuestra es firme y categórica:

A fin de hacer ver a los interesados unos indicadores referenciativos del pensamiento que contribuyen a adquirir recursos imaginarios, con los cuales es posible reflexionar con cierto control y propiedad sobre materias diversas de la Ley, se presenta a continuación, como ejemplo, una especie de semasiografía distintiva de los conceptos de ‘Universidad’ y ‘Educación Universitaria’, pues, ambos conceptos fueron uno de los aspectos diferen-ciativos más importantes que salieron a relucir de inmediato cuando se analizaron las propuestas y ya de entrada esta apreciación denominativa condicionaba el entendimiento y justificación de las materias que aparecían en ellas.

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Se podrá ver que esos dos conceptos claves aluden a referentes institucionales y académicos diferentes, por lo que quien se apoye en ellos para apreciar, interpretar y valorar las propuestas, sobre lo que debiera ser y contener la ley, necesariamente se referirá a una u otra y por lo visto costaría mucho que ambos llegaren a acuerdos aceptables, pues los dos se referirían lamentablemente a leyes imaginarias diferentes y entonces no se estaría hablando de lo mismo aunque todos asumieran que sí. De modo que cuando se piensa y pronuncian ambos conceptos lo que sale a relucir con mayor frecuencia aproximativa en el imaginario personal y colectivo de los universitarios es algo parecido a lo que se muestra a continuación.

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Toda esa gama de referentes sirve de apoyo para hablar de Universidad y de Educación Universitaria y su frondosidad conceptual personal estará siempre en relación directa con el conocimiento y la especialización que de ambos se tenga y entonces los dos se diferenciarán mucho más entre sí. La mayoría de los miembros de las comunidades universitarias de mayor edad comulgan preferentemente con esta primera imagen corporativa, aunque muchos de ellos también al pensar, hablar o referirse a la universidad, usan otros conceptos que aparecen reflejados en la siguiente imagen correspondiente a ‘Educación Universitaria’.

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Cuando se combinan ambas semasiografías en el imaginario personal de nosotros prevalece con mayor preponderancia el dominio del concepto ‘Educación Universitaria’, sobre todo, si se trata de un docente y profesional más actualizado. Por eso se ratifica que la ley debería llamarse así: Ley de Educación Universitaria. El mensaje de los dos esquemas anteriores para los redactores de la Ley es muy claro. “Todos esos términos que ahí se han expuesto, extraídos en gran parte de las propuestas que actualmente se han presentado acerca de la futura Ley, deberían aparecer incluidos enunciativamente en algunos de sus títulos, capítulos o secciones”. (¿Cómo? Construyendo los artículos de modo aparezcan reseñados allí dichos conceptos, vinculándolos entre sí de manera apropiada). Por cierto, tales imágenes semasiográficas proporcionan una buena idea e imagen global del contenido cognoscitivo universitario fundamental de la ley, que permite, no sólo visualizar lo que termine siendo la versión definitiva de ella, sino que también podría servir para dejar ver cuán actual, pertinente y sostenible pudiere ella llegar a ser. Además de que daría pie para ver por dónde podrían venir las objeciones que se le hicieren.
2.

Las Condiciones para la elaboración de la Propuesta en sí.

Se sostiene aquí entonces que cualquier propuesta de proyecto de ley que se presente si se quiere que resulte pertinente en la mayoría de los sectores sociales, ha de cumplir con ciertas condiciones generales, a saber: Debe apoyarse en un sistema de conceptos referenciales, orientadores y organizadores, previos, sobre la universidad, la educación universitaria y el quehacer profesional docente e investigativo en el medio productivo, socio-laboral y ambiental, que permitan efectuar agrupamientos y ordenamientos temáticos pertinentes, vigentes, actuales, útiles y provechosos en el seno de los diferentes títulos, capítulos y secciones de la Ley.
1.

Debería superar el dominio legaliforme, institucional, conceptual, académico, sustentador, funcional, formativo, profesional, productivo y laboral de la actual Ley de Universidades, de modo que dé pie para que se produzcan incorporaciones de toda índole académica propias de este Siglo XXI en los próximos Reglamentos
2.

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respectivos que necesariamente han de reformularse en las Instituciones Univer-sitarias después de que resulte aprobada la futura Ley. Debe concebirse de modo que se creen las mejores condiciones para que se superen las problemáticas diversas que aquejan a las universidades en todos los órdenes internos, estableciendo en sus capítulos las bases normativas para implementar todo tipo de transformaciones gubernativas, curriculares, académicas, funciona-les, laborales, administrativas, financieras, evaluativas, requeridas, a fin de ser convertidas en instituciones de avanzada académica, productiva, investigativa y socialmente extensionista, todas perti-nentes, sustentables, justificables y prósperas, con real calidad institucional y profesional.
3.

Debe asegurar al estudiantado una educación, formación, capacitación y especialización profesional, competente y pertinente, realmente incluyente y sostenible, ajustadas a las necesidades del país en consonancia con los avances y el progreso educativo, científico-técnico y humanístico de estos tiempos.
4.

Debe ser expresión de una gran consulta a los diversos sectores del país, con el objeto de recopilar aportes de toda índole que sirvan para orientar las ofertas de formación y capacitación adecuadas y pertinentes a las posibilidades y expectativas educativas y profesio-nales actuales.
5.

Debe plasmar en su seno la expresión pública de un imaginario institucional de la Universidad para la Venezuela actual y la de los años venideros.
6.

Debe mostrar una idea general aproximada de la arquitectónica global de la Ley tal como aparece en la Ley de Universidades de 1970 y como la que muestra también la propuesta de Ley devuelta.
7.

3. Las Arquitectónicas consideración.

equiparativas

de

la

Ley

en

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Como puede verse rápidamente en las próximas gráficas, los redactores de la ley vigente y de las propuestas presentadas, dejaron escrito implícitamente lo que para ellos fue y aún es, aparentemente, lo más importante y sustancioso que quiso resaltarse en ellas, sobre todo, las ideas principales, el énfasis e importancia de los aspectos, etc. Demás está decir entonces que en la Ley de 1970, dos ideas revolotearon en torno a su arquitectónica: 1) el concepto monárquico de Universidad; y 2) el manejo y el gobierno de ellas. Aunque no quisiera reconocerse esto, lo escrito los delata claramente. Parecía, pues, que lo que se quería en ese momento era imponer una camisa de fuerza a la Universidad, rápida breve y contundente. Razones políticas hubo en ese momento, pero lo propiamente universitario, sobre todo, los problemas académicos que ya habían en ese entonces y en abundancia, urgían de cambios profundos que lamentablemente quedaron en suspenso (Revísese en estos términos la Ley de 1970, percátese de lo escueto de su arquitectónica y note, al revisar sus páginas, cómo lo académico-educativo está reducido al mínimo). Hela aquí.

Por cierto, las otras tres versiones de proyectos completos que fueron dadas a conocer al país y que no se incorporan aquí, por razones de espacio, en su primera aproximación de contenidos, no distan mucho de la arquitectónica anterior, pues se mantienen girando en torno a los dos

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conceptos anteriores, excepto una de ellas que incorpora otros conceptos académicos, relacionados con lo propiamente educativo y universitario. La propuesta oficial derogada es más completa constitutivamente, más propia de estos tiempos y proporciona a primera vista una visión más amplia del contenido temático universitario, pero rápidamente se nota una centración del interés en la composición, control y manejo gubernativo del sistema de instituciones y no del cuerpo institucional universitario en sí. En ella, lo propiamente académico pasa a un tercer plano, pues en lo institucional, lo central se ubica, como segundo plano, en el concierto del gobierno institucional y sus formas de participación electoral y acceso a él. En lo educativo universitario los procesos fundamentales aparecen dispersos, notándose una organización académica institucional poco clara y excesivamente estrecha, brillando por su ausencia la organización curricular de los saberes y haceres curriculares de estos tiempos. Así que el énfasis arquitectónico no se aleja del las ideas de control electoral del gobierno universitario actual y un manejo funcional de las instituciones, supuestamente más democrático, participativo y protagónico, que involucra populistamente a toda la comunidad universitaria. He aquí dicha arquitectónica.

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En ella, no obstante ser dos entidades diferentes: una, académica y, la otra, geo-socio-política poblacional, se iguala electoralmente la Universidad con el país. Al comparar a ambas arquitectónicas, apoyándonos en el contenido explícito que cada una contiene, incluyendo las de las propuestas no presentadas aquí, es posible darnos cuenta de cuán estrechos e insuficientes hemos sido como universitarios académicos, políticos y diseñadores de leyes que han de permitir gobernarnos a nosotros mismos. Por eso, en los escritos revisados se ven rápidamente vacíos, omisiones, estrecheces, simplificaciones, deslices, confusiones, imprecisiones y limitaciones que en cierta forma desdicen del trabajo cuidadoso, meticuloso y hasta investigativo, característico de un escrito y estilo normativo, propio de una Ley de Universidades y de Educación Universitaria Estamos conscientes de que es casi imposible presentar una propuesta de arquitectónica que sea de unánime aceptación de todos los lectores, sobre todo, si los involucrados e interesados se encuentran ocupando posiciones encontradas, profesando paradigmas académicos irreconciliables, impulsando desarrollos científico-tecnológicos comprometidos política y económicamente y defendiendo sistemas de creencias históricas, culturales y religiosas diversas. Incluso, carece de sentido montar un “Proyecto de investigación” de este tipo, pues indudablemente también resultaría una propuesta utópica similar a muchos otros proyectos políticos, sociales y científicos irrealizables, ejemplos de los cuales nos recuerdan las anteriores búsquedas de: ‘El elixir de la eterna juventud’, ‘La piedra filosofal’, ‘El móvil perpetuo de segundo grado’, ‘El solucionador universal de problemas físicomatemáticos’ y ‘La anhelada felicidad socialista y comunista’. Así que, por ahora, nos aventuramos a presentar, a continuación, sólo algunas sugerencias de ideas concernientes a lo que arquitectónicamente debería contener una Ley de Educación Universitaria; a lo que debería mencionarse de algún modo o hacer referencia a ello, pues es de vital necesidad que lo que ya existe elaborado al respecto, diseminado incluso entre escritos de diversa índole científica, técnica, educativa, humanística, política, etc., o que de pronto pudiere aparecer, se le proporcionen condiciones para su apropiada acogida, al igual que para su debida consideración, tratamiento, desarrollo y una mejor organización escrita.

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En caso de que se obvie esto téngase la seguridad de que al tratar de imponer algo -como una Ley- sólo para CONTROLAR el funcionamiento institucional de un sistema, que bien pudiere ser el caso de las universidades, por una decisión política unisectorial, desdiciendo incluso de su naturaleza académica y del sentir comunitario que le caracteriza, es convertir lo que resulte en un instrumento ornamental que en breve tiempo entrará en desuso y nadie le prestará la debida atención y respeto (En esto, en la universidad venezolana, hay una enorme experiencia). En gran medida fue lo que pasó justamente con la Ley de Universidades de 1970 y también podría pasarle a la futura Ley de Educación Universitaria. La primera se usó más que todo para tener “buenas relaciones convivenciales” entre el sector universitario y los gobiernos nacionales de turno. Lamentablemente nunca sirvió para que en efecto se dieran los cambios académicos y las transformaciones universitarias que desde hace rato se requerían y trataban de implementarse, recurriendo periódicamente, como en la actualidad, a programaciones de ejercicios metodológicos de reformas o transformación y planificación curricular que al final mantenían todo igual. En la práctica, cambios reales nunca ocurrían plenamente. Tras diversos esfuerzos de revisión, tratamiento y diseño, pensamos, pues, que la siguiente versión de arquitectónica de la posible Ley pudiese ser una aceptable propuesta para los redactores actuales de la presente ley. Queda pues a juicio de ellos darle el mejor uso a este breve aporte académico. Dicha propuesta es la siguiente.

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Como se puede ver en este esquema se exponen los conceptos fundamentales que caracterizarían una arquitectónica, a simple vista más completa, de una Ley de Educación Universitaria, pues ésta posee más partes y conceptos académicos que las otras dos y contiene más aspectos tanto de la institucionalidad universitaria misma como de la educación universitaria en sí. El viejo concepto de Universidad es sustituido aquí por el de Institución universitaria que es más amplio e incluyente. Y lo de ‘Educación Universitaria’ aparece contemplado en tres conceptos globales también sumamente incluyentes: ‘Sistema de Educación Universitaria’, ‘Procesos esenciales de la Formación Profesional Universitaria’ y ‘Sistema Curricular Académico Universitario’. Cabe resaltar que el orden esquemático del esquema puede ser modificado a conveniencia de los redactores de la Ley. Incluso, podría simplificarse aún más el esquema, incluyéndose algunas de las partes en otras de

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mayor consideración conceptual. Entonces los títulos de la Ley podrían ser menos en un orden numérico similar al de la propuesta derogada. Ahora bien, el esquema de la arquitectónica solo, no es suficiente para elaborar la ley. Hay que continuar diseñándola. Pero, dar un siguiente paso significa caer en los terrenos propios de los redactores de ley y entonces podría crearse un pequeño e indeseable conflicto de competencias profesionales y políticas, y eso es lo que no se quiere hacer. Por eso, nos limitaremos a esquematizar la sugerida composición de algunos contenidos de lo que habrán de ser los posibles títulos de la Ley, sobre todo, los que resultan de nuestro particular interés académico y que están directamente relacionados con las funciones esenciales de la universidad: ‘La Formación Docente’, ‘La Investigación’, ‘La Producción Universitaria’, ‘La Extensión Universitaria’ y la ‘Gestión Universitaria’. De requerirse algún aspecto adicional estamos a la orden para atender cualquier solicitud al respecto. Sin embargo, a manera de ejemplo y ayuda se mostrarán aspectos importantes de algunas de las partes de la arquitectónica como es el caso de las ‘Disposiciones Generales’, donde se destacan los conceptos o términos deseables de incluir en ellas como posibles Artículos que debieran establecerse y, de paso se hace una corrección al concepto de Estado Docente que ya aparecía en la propuesta oficial derogada. Cabe resaltar que de los principios sugeridos se presenta nuevamente como un ejemplo, de tratamiento, el diseño completo de dos conceptos sumamente controversiales, como los son ‘Democracia’ y ‘Autonomía’. La gráfica de las ‘Disposiciones Generales’ de la Ley se presenta a continuación y después de ella se muestran las gráficas completas de los conceptos de ‘Democracia’ y ‘Autonomía’, pues consideramos que ambos han sido debatidos públicamente de manera incompleta y muy discutible. Algunos aspectos de las partes de la Arquitectónica sugerida.
4.

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Por su parte, el concepto de Democracia presenta la composición siguiente.

Como este concepto va mucho más allá de lo participativo, representativo y protagónico, por cuanto un ciudadano que sea considerado así, pero que no esté bien capacitado para hacer algo útil a la sociedad y al país ni llegue

• Universalida • Democracia • Autonomía • Intercultural • Gratuidad • Proyección s • Pertinencia

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a ser por sus propios medios instruccionales un individuo auténticamente autónomo, jamás haría algo realmente útil ni podría ocupar alguna posición social, estable e importante, por lo cual permanecería hasta el final de sus días en la condición de sujeto laboralmente explotable, sometido, alienado y manipulable políticamente. Así que el reto social que todo ciudadano tiene ante la sociedad y que debe superar para poder sobresalir y mantenerse en ella es Estudiar e Investigar. Lo demás será suerte o casualidad. Por otra parte, en el caso de la autonomía universitaria, se presenta una situación similar a la descrita. Sus componentes reales son ahora:

Como puede verse en el cuadro, la Autonomía Institucional Universitaria, no la que se ha entendido como ‘Autonomía Universitaria tradicional’, de la que hablan públicamente en forma repetitiva los directivos rectorales, gremialistas y estudiantiles, y que se reduce básicamente a señalar sólo cuatro aspectos de ella- (Becerra, 2007), abarca aquí más aspectos de interés para todos los miembros de los demás sectores de la comunidad universitaria, a quienes también debe hacerse extensiva dicha autonomía. En ella aparecen reflejados aparte dichos sectores: Directivos rectorales y del co-gobierno universitario, docentes, estudiantes, administrativos y obreros, todos los cuales sí podrían dar vida, juntos, a la instauración de una nueva forma de institucionalidad democrática universitaria, representativa, participativa, protagónica, capacitativa y autonómica, que sería lo más deseable para que se estableciere e instaurare definitivamente en ella un nuevo modelo de universidad compleja del Siglo XXI, verdaderamente multiversitaria, casi como una institución inteligente, integral, que aprende y emprende constantemente proyectos de toda índole académica y social, y

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que es capaz de crecer y desarrollarse interminablemente al compás del avance y progreso de las mejores instituciones universitarias del mundo. Las Funciones Universitarias.
5.

esenciales

de

las

Instituciones

En lo que habrá de ser la nueva Ley de Educación Universitaria debería incluirse ya un nuevo pentagrama de funciones universitarias, propio de estos tiempos, porque las tres funciones que únicamente aparecen mencionadas en la Ley de Universidades de 1970: ‘Docencia’, ‘Investigación’ y ‘Extensión’, ya no reflejan cabalmente lo que día a día se hace rutinariamente en las universidades. Más bien se mantienen ellas todavía como una forma más de escudarse en una para no hacer las otras. Además de las funciones mencionadas en un sentido puramente académico, también se hace hoy en la universidad muchísima producción diversa, relacionada con la docencia en sí, con el diseño y elaboración de todo tipo de materiales educativos y de carácter docente; igualmente se hace una gran producción investigativa de solución a todo tipo de problemas científicos, técnicos, sociales, de salud, de creación tecnológica y de artefactos diversos, de innovaciones técnicas, de producción de servicios tecno-profesionales y sociales. Y finalmente, en todas las universidades se hace mucha gestión institucional con proyección hacia otros sectores institucionales, sociales y empresariales del país, todo lo cual trasciende lo puramente académico-administrativo y lo administrativo propiamente dicho. Así que para ser justos con la Universidad de hoy hay que reconocer jurídicamente la existencia de cinco grande funciones esenciales de la universidad, las cuales se muestran a continuación.

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Pero el mensaje funcional académico de hoy es muy claro: carece de sentido continuar haciendo funciones universitarias separadas, cada una por su lado, desarrollando o docentes o investigadores o gremialistas o gestores extensionistas. Las funciones universitarias deben estar integradas corporativamente, es decir, todas deben estar interconectadas, constituyendo un gran sistema de formación, investigación, producción y gestión extensionista, tanto interno como externo; sistema académico, en el que se hagan todas las funciones al mismo tiempo y obligatoriamente. Así que para estar, crecer y desarrollarse como un verdadero profesional universitario hay que prepararse allí haciendo carrera académica en todas las funciones a fin de cumplir con ellas correspondientemente. El académico universitario de hoy -del siglo XXI- que entonces trate de hacer carrera académica en una universidad debe entender, que hacer o docencia o investigación o extensión o producción o únicamente gestión, como hasta ahora se ha hecho, carece de sentido y, más, si el interés profesional es permanecer en ella, más allá de una dedicación laboral a tiempo completo o a una ocupación académica INTEGRAL (no a una dedicación exclusiva para estar únicamente allí, retenido profesionalmente, haciendo una o cualquier cosa, incluso no académica, que tan sólo justifique su presencia e impida la conformación y desarrollo del trabajo colaborativo en red con un intercambio fructífero de espacios, trabajos y problemas, propios de estos tiempos tecno-comunicacionales en redes telemáticas). Este será otro gran reto de los nuevos docentes universitarios. Vale resaltar que la función de docencia sola hoy comprende más del 80% de toda la actividad académica de las instituciones universitarias. En

IVT NE I SG

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gran medida es una docencia repetitiva, imitativa y comentativa que deja mucho que desear. Todos en la Universidad hacen docencia hasta sin estar preparados para ello: Ingenieros, Abogados, Médicos, Farmaceutas, Economistas, Administrativos, Investigadores, Enfermeros, Estudiantes, etc. Y ante esto permanecemos callados sabiendo que lo que hacen, por lo común, es insatisfactorio. En fin, hoy se admite complacientemente que cualquier profesional no docente, sea convertido en un flamante “docente universitario”, aun después de aprobar: o bien un concurso de “oposición” o por oficio político ministerial; algo que fue muy común en el milenio pasado, Hasta ahora se concentra la docencia profesionalizada, en mayor medida, en una sola Universidad (UPEL), aunque también está esparcida en las facultades de humanidades y educación de las demás Universidades. Es, pues, la docencia, lo que más se hace en las Universidades y para controlar este serio problema hay que incluir en la Ley la Carrera Académica Universitaria Integral. Una visión completa de esta formación se muestra a continuación.

De aquí se extrae que lo que debería incluirse en la Ley de Educación Universitaria relativo a la docencia y a la formación docente, así como a los procesos instruccionales fundamentales y modalidades educativas más comunes, es lo que allí aparece subsumido en esa conceptología semasiográfica. Ella comprende mucho de lo que en los escenarios académicos de las universidades del mundo se maneja actualmente con sentido teórico, práctico y aplicado. Y aún así, continúa siendo un marco arquitectónico conceptual y estructural muy general de la docencia universitaria que se requiere desmenuzar aún más normativamente.

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Hay que entender también que el contenido o la sustancia cognoscitiva de dicho marco: el saber y el hacer curricular o las materias de estudio, debe estructurarse y organizarse en diseños curriculares de ofertas profesionales diversas, para lo cual se hace necesario incluir también la base legal de una normativa curricular universitaria que restrinja la posibilidad de seguir haciendo en ella la tradicional docencia regida por el desastroso y fraudulento principio del “Lassis Faire” docente (Dejar pasar, dejar hacer). Por ello, es también necesario incluir en la Ley alguna sección alusiva al sistema de organización curricular, que conduzca a evitar que en las instituciones universitarias se deje al libre arbitrio de las autoridades y docentes no profesionales del currículo lo que en estas materias de trabajo se proponga y avale por consensos de grupos selectivos y decisiones de autoridades que carecen de preparación o competencias en dichas materias. Por ello, hay que sentar las bases legaliformes que conduzcan a la institucionalización profesional de toda la actividad curricular para que se deje de hacer currículo sólo por mandato de las autoridades directivas y de lo que se le ocurra a los docentes no capacitados en esta materia del currículo. Unas ideas de lo que debería incluirse en la posible sección de un capitulado de la Ley se muestran a continuación.

Con esto se introduciría el necesario orden curricular y profesional que debería caracterizar a una universidad de estos tiempos y se le imprimiría a la función de docencia la estructura organizativa que realmente se requiere. Ahora bien:

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Ante estas interrogantes siguen sin duda nuevas interrogantes:

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P2 . :

En lo que respecta a la función de investigación se sostiene aquí categóricamente que lo que hace crecer y desarrollar el quehacer cotidiano universitario respecto de los demás niveles del sistema educativo es, precisamente, el quehacer investigativo rutinario; en el que todo lo que se hace en la universidad conviene respaldarlo sólidamente con actividad

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investigativa de cualquier tipo y, más aún, si se trata de problemas que trascienden el quehacer puramente investigativo y las respuestas que se dan a ellos no conducen a una efectiva solución. Es, pues, la investigación el eje central y directivo de lo universitario, de la docencia, sobre todo, la docencia de postgrado, la producción y la gestión proyectiva académica institucional, tanto interna como externa, ya sea que se haga términos de actuaciones docentes, de proyectos de investigación experimental metodologizados o de manera sistematizada en función de procedimientos estandarizados lo más técnicamente posible; susceptibles todos de ser sometidos a control, validación, acreditación, evaluación y certificación institucional, con instrumentos y metodologías apropiadas para cada caso particular y llevadas a cabo por dependencias u organismos competentes no únicamente universitarios. A continuación se muestran los componentes más distintivos de la investigación que deberían aparecer en algún capítulo de la futura Ley de Educación Universitaria.

Como puede verse en la gráfica, tal composición de elementos es inusual, incluso, la organización que tienen las universidades para esta función es tan escueta que no se corresponde con la significación e importancia que tiene la investigación en el contexto de los planes y programas de

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desarrollo de la universidad misma, del país y mucho menos de los programas internacionales de investigación. La investigación que hacemos no conduce, pues, ni siquiera al desarrollo de nuestra universidad. Tampoco, dicha organización, por ser tan escueta y estar al margen de la función de docencia, es prácticamente imposible que permita dar respuestas oportunas y apropiadas a pedimentos de ciertos sectores sociales, empresariales y ministeriales para que intervengan en el estudio y solución a problemáticas de grandes dimensiones, como son los casos, por ejemplo, del correcto aprendizaje de las ciencias y las matemáticas en la escuela, incluso, en la universidad misma. Igualmente por eso, aún no se han presentado propuestas ni se han dado respuestas de tipo institucional alguna para el caso de la inseguridad nacional, incluyendo el desmoronamiento de la funcionalidad y el respeto magisterial que se extiende y agiganta en las escuelas del país, sobre todo, en las escuelas oficiales. Tampoco hay respuesta para el estudio e investigación institucional al tráfico de las drogas y demás estupefacientes en todo el ámbito nacional; ni para que nos aboquemos a la investigación de nuestros recursos renovables o no renovables autónomamente. Pero peor aún fue no haber dado respuestas al llamado del Ministerio de Ciencias y Tecnología, para participar en programas de licitación que en ese momento involucraron el otorgamiento de importantes recursos de financiamiento para proyectos de investigación de todo tipo, nacionales o internacionales, donde lo resaltante fue que, por no tener capacidad de respuesta, es decir, de organización funcional gestora y proyectiva, dinero hubo de sobra, pero proyectos de investigación individuales, colectivos e institucionales brillaron por su ausencia, aun sin competencia institucional o universitaria alguna. Por todo esto no debe dejarse a la investigación tal como está organizada hoy y debe recogerse en la próxima ley mucho de lo que concierne a ella. Una breve estimación comprensiva de este problema que puede superar el estado de artesanía organizativa actual, característico de la investigación universitaria, se extrae rápidamente del siguiente cuadro que amplía un poco más el otro cuadro anterior.

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En conclusión, investigación universitaria sin una adecuada organización que esté bien tecnificada, sin una preparación y capacitación permanente al personal en materia de investigación, sin aplicación inmediata en el propio quehacer universitario en calidad experimental o de prueba, sin conexión alguna con el entorno académico inmediato nacional e internacional, sin un uso rutinario en el pregrado y postgrado de la universidad, sin participación en proyectos conjuntos de gran alcance cognoscitivo y de vasta dimensión social proyectiva, sin difusión de los productos que se obtienen, sin participación en eventos que permitan el intercambio fructífero de experiencias universitarias individuales y compartidas, así como de toda índole investigativa, no se llegará a ninguna parte y continuará siendo una actividad más, fragmentaria, imposible de proporcionar una ayuda integral al crecimiento y desarrollo de la universidad y del país. Por ello, es hora de poner un poco de orden en aquella investigación que sólo sirve para hacer crecer, lucir, favorecer y reconocer meritoriamente la individualidad investigativa. En Venezuela se necesitan investigadores INTEGRALES que hagan todo tipo de investigación pertinente: científicocognoscitiva, experimental, productiva, docente-profesional, aplicada, de servicio social, artística y cultural.

T o ip s F r a ió om c n C p c a ió a a it c n

Una de las razones por las cuales, quizás, ha permanecido la investigación en ese estado de estrechez y de marginalidad académica, que no ha beneficiado realmente a la Universidad ni al país, sino que ha justificado la

E t b c ie t sa le im no Ds ro e a r llo

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actividad personal de los investigadores individuales, es porque en su esencia ella es una actividad cognoscitiva de carácter sumamente productiva, al igual que la docencia misma o la enseñanza de nuestros congéneres. Ambas comparten en su quehacer una función natural innata y genética, propia de la especie humana y gracias a ella nos diferenciamos contundentemente de los demás animales. También nos referimos aquí a la Función de Producción, la cual nunca debió obviarse y excluirse de la actividad universitaria cotidiana y dejarse en manos exclusivas del sector productivo privado. Esto permitió, sin duda alguna, por una parte, el marginamiento social selectivo y distintivo de la institucionalidad universitaria con la buena pro y conformidad del sector religioso, quien en sus inicios y durante largo tiempo se quedó enteramente con la administración exclusiva del saber universal, y por otra parte, se crearon las bases públicas y sociales, a través del desarrollo del comercio, que terminaron de consolidar el capitalismo, tal como lo conocemos hoy. Se dejó entonces en manos de monarcas, guerreros, terratenientes, poderosos y comerciantes, el conocimiento, manejo, control y gobierno del proceso de producción, junto con los bienes públicos, las riquezas, los instrumentos bélicos, incluyendo los de explotación física corporal, que incluso se hacían extensivos a las personas mismas, al ser concebidas como instrumentos naturales portadores de fuerza de trabajo, sobre todo, de quienes desgraciadamente se encontraban en situación oprobiosa e indignante de esclavitud, bien como prisioneros de guerra, porque eran vendidos como esclavos o por carecer de bienes que le permitiesen sobrevivir- por lo cual lo único que podía ofrecer la gente humilde y desvalida en ese entonces, a cambio de sobrevivir, era su única vida y su sola fuerza de trabajo. Ésta, sin el acompañamiento de un conocimiento instrumental y aplicado por quien la tuviere, es decir, sin un valor cognoscitivo agregado de su portador, que demostrare su conocimiento artesanal propio, no sería más que tracción mecánica de sangre para mover o hacer actuaciones puramente físico-materiales y eso es lo que podían hacer, por sí mismo, todos los demás animales y por ello mismo así les trataban, como animales. Por eso, a esa fuerza no se le atribuía ningún valor comercial excepto, la tenencia y manejo de sus portadores, ya que con ellos mismos podía hacerse cualquier cosa que a “sus dueños” se les ocurriere.

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Se dejó entonces todo lo concerniente al saber y el hacer humano pensado y refinado, al igual que todas las riquezas comunes, a disposición y aprovechamiento exclusivo de una tríada perversa monárquico-militarreligiosa, que creció y se desarrolló a costa de la explotación del género humano débil, ignorante y empobrecido. Gracias a ellos y al saber que atesoraban monopólicamente se acumularon sus bienes, riquezas y también floreció su cultura, de la cual se enorgullecen hoy todos sus descendientes. Fue ese y sólo ese triunvirato hegemónico perverso y dominante el que impuso de manera concertada y conveniente a ellos, con la sangre y la explotación de sus esclavos y avasallados, el destino de lo que hasta el día de hoy sería el curso del desarrollo de nuestra civilización. De modo que lo económico, el comercio y el mercantilismo del propio quehacer y la actividad productiva, con todos sus productos, en todas las esferas de la sociedad humana, quedarían hegemónicamente monopolizados por monarcas, religiosos comerciantes, aristócratas y burgueses. En fin, retomando las ideas anteriores, docencia e investigación, incluso extensión o gestión proyectiva, todas concebidas, implementadas y practicadas al margen del proceso productivo y de la función de producción en su plena consideración, interpretación, tratamiento, desarrollo y explotación, es sin proponerse, restarle la significación e importancia económica que tiene cada una de ellas para su efectiva y provechosa realización. Por esa injustificable omisión histórica, prácticamente se obvio o se pasó por alto en toda la escuela, incluso hasta en estos días, la implementación de una educación pública y social en materia de economía y producción ciudadana en todos los órdenes de la vida; educación requerida para poder superar provechosamente las necesidades biológicas primarias que como animales tenemos todos. El ser humano es y ha sido ante todo un “Homo Oeconómicos” y por eso mismo debe educársele en esos mismos términos para que desde muy temprano pueda, por sí mismo, sacarle provecho a toda su efímera existencia, ya sea como estudiante, profesional, trabajador, ciudadano, líder o gobernante Así que las demás funciones aludidas inicialmente, activadas y efectuadas al margen de la función de producción, que sería el mecanismo impulsor del desarrollo de ellas, y que siempre ha hecho falta implementar en la universidad de los países en vías de desarrollo, continuarán efectuándose

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sólo para mantener y consolidar, quizás, por otro siglo más, el colonialismo mental de nuestra cultura, la docencia y la enseñanza repetitiva, la investigación imitativa y reproductiva, así como la extensión justificativa de lo que la Universidad hace. Precisamente, para frenar esta inhibición dañina y perversa para todos es que se necesita incorporar en la próxima Ley de Educación Universitaria la función de producción. Una versión de ella se muestra a continuación en el contexto de la Universidad nuestra.

Aquí se da por entendido que en la Universidad todos deben producir, incluyendo a las autoridades rectorales y decanales de todas ellas.

La Función de Extensión y de Gestión Universitaria. Se trata de dos funciones de primerísima importancia que, por una parte, condensan todo el quehacer distintivo de las instituciones universitarias en todas sus funciones y, por la otra de una nueva forma de organización gestora, administrativa y proyectiva, cuya misión sería la de ocuparse de proyectar extensivamente hacia el interior y exterior de la Universidad y del mundo sus estados de funcionamiento y de realizaciones de toda índole académica en provecho de la sociedad, el país y la humanidad. Un nuevo sector dedicado a exhibir y proyectar una digna imagen corporativa y servir de manera profesional, útil y provechosa en el concierto de las demás instituciones de avanzada del país. Lo que de ellas debería aparecer en alguna sección de algún capítulo de la Ley, podrían ser:

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6. Lo concerniente al Sistema de Gobierno y del Co-gobierno Universitario. Aquí se advierte también que este es un punto con dos aristas muy controversiales, pues en ellas están involucrados el gobierno y manejo interior y exterior de las instituciones universitarias, al igual que el manejo, control y gobierno de las universidades por parte de los gobiernos nacionales. Los factores que intervienen en su conformación y adopción trascienden lo puramente académico y son más políticos, económicos y sociales que estructuradores y organizativos. Al respecto es bueno hacer ver que su composición y conformación en términos de responsables y sus debidas atribuciones se fijan estratégicamente en función del tiempo y las posibilidades reales de cumplimiento de ellas; de lo contrario se introducen en la Ley condiciones para hacerla anti funcional y para aniquilarla rápidamente. Así no podría instalarse un sistema jurídico de gobierno que resultare realmente funcional. Por eso se sugiere a los redactores de la Ley ser más realistas en esto a los fines de evitar reajustes y enmiendas inmediatas que comiencen a desnaturalizarla e invalidarla rápidamente. Estamos de acuerdo con la instauración definitiva de la democracia participativa, protagónica, representativa, capacitativa y autonómica en la Universidad. Incluso, en lo interno también se comparte la sugerencia del 1x1 como opción electoral válida y aceptable en términos paritarios sectoriales, pues esto corregiría muchas inequidades representativas y valorativas de todos los sectores que hacen vida en la Universidad,, y que viene arrastrándose incluso desde la reforma de Córdova. Una visión fugaz de esta opción electoral se presenta a continuación.

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7.

El Financiamiento, Administración Instituciones Universitarias.

y

Gerencia

de

las

Este es el tema más polémico a incluir en la nueva Ley de Educación Universitaria. Sin embargo, el sólo hecho de estar establecido y reconocido en la Constitución Nacional el Estado Docente y la obligatoriedad de la educación oficial gratuita hasta el pregrado de la Universidad, sustenta y justifica la obligatoriedad del Estado, como hasta el presente lo ha hecho -hoy de manera deficitaria- de dar el aporte financiero que corresponda a todo el subsistema universitario para su buen funcionamiento. Pero también debe reconocerse que el Estado no podrá satisfacer en todo momento las demandas económicas de dicho subsistema, por lo que necesita reconocer, al igual que los demás gobiernos que lo dirijan, que este sistema está urgido y obligado también a implementar debidamente la función de producción para generar todos los demás ingresos propios que se requieran, sobre todo, cuando el Estado no esté en capacidad de satisfacer las necesidades y demandas institucionales que por razones diversas les planteen los presupuestos de las instituciones universitarias. No tiene ningún sentido hoy mantener inhibido y hasta estrangulado un sistema funcional cuya esencia y naturaleza es profundamente productiva, es decir,

PO R D

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generadora de todo tipo de conocimientos, soluciones, recursos, servicios y atenciones solidarias altruistas a todos los sectores del país y hasta del mundo entero. No tenemos por qué ser tan egoístas, necios y puramente autoritarios. El cómo hacerlo para no llegar a estados deprimentes de corrupción también puede fijarse taxativamente en esta futura ley. 8. La Evaluación, acreditación, desarrollo y actualización de la Educación y de las Instituciones Universitarias. Por todo lo anterior y a fin de fijar también de manera rigurosa un sano control académico sobre el funcionamiento pleno de las instituciones universitarias se hace imprescindible incluir un capítulo o sección de algún otro capítulo que comprenda específicamente lo concerniente a los procesos de evaluación, acreditación y certificación funcional de dichas instituciones, incluso conectados con los procesos de transformación y actualización curricular, los cuales deberían producirse cada cierto tiempo. Esto evitaría que la universidad se entumeciera, no dejara de ser pertinente ni obsoleciera rápidamente. 9. Unas últimas recomendaciones.

Tan pronto se tenga una versión rústica de la Ley sométase a consideración de algunos especialistas en materia de Educación Superior, porque es algo que concierne más al país y a los universitarios mismos que a los políticos y juristas que se ocupan de leyes. Finalmente, se concluye el presente aporte institucional, mostrando dos figuras emblemáticas de lo que fue inquietud inicial de este modesto trabajo. De lo cual ante la pregunta que se hace en la figura inicial optamos por la universidad joven que se muestra a continuación:

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E lA v

Hai c

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