Índice

Juan Carlos Pintos
• • La educación tecnológica viene a plantear las relaciones con el mundo artificial. Diseño Curricular para la Formación Docente del Nivel Primario. Área de Educación y Tecnologías La tecnología, la(s) cultura(s) tecnológica(s) y la educación popular en tiempos de globalización. Entre el pensamiento único y la nueva crítica. (Palabras iniciales de un tema en construcción) La tecnología representa una oportunidad Sistemas tecnológicos Capítulo 1: Artificialidad Capítulo 2: ¿Qué es un Objeto Tecnológico? Teórico N°0 Ficha de Cátedra: Procesos de Producción

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CPE - Prov. De Río Negro

Marco Raúl Mejía J

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Tomás Buch
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Christian Ferrer

Bibliografía

Juan Carlos Pintos Jorge Grau Tecnología y Educación. Aquiles Gay y Miguel A. Ferreras
La Educación Tecnológica Aportes para su implementación • Capítulo VII: Los métodos específicos de la tecnología: el proyecto tecnológico y el análisis de productos • Capitulo VI: El enfoque sistémico • Anexo I: La cultura tecnológica • Capítulo 3: Técnica

Luis Doval
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Proyectitis Algo está del todo mal con la tecnología escolar

Las teorías technolibératours -atribuídas a Muteba Kazadi, poeta, ingeniero de comunicaciones, divulgador científico y Ministro de Desarrollo de Zaire- sostienen que la técnica es un instrumento de liberación y expansión del ser humano, que debe ser arrebatada de las manos de quienes la han convertido en tecnocracia y la han usado de un modo exclusivo y elitista para, de una manera u otra, dominar a la mayoría de los seres humanos; por no hablar de la destrucción de otras especies y del planeta en el que vivimos. En nuestro pensar no nos conviene dar nada por pensado, nada por sentado, aceptar algo como cierto sin reflexionar previamente sobre ello La educación tecnológica viene a plantear las relaciones con el mundo artificial. Cada área de conocimiento escolar tiene su especificidad y cada una de ellas plantea diferentes relaciones del hombre, ya sea con el espacio, o con sí mismo, o bien con la naturaleza, o también con otros hombres, y es así como la tecnología haya su especificidad en las relaciones del hombre con el mundo artificial. Podemos definir entonces al mundo artificial como el opuesto al natural, es decir, como el creado por el hombre. Aquí debemos prestar atención a no asociar únicamente lo artificial a nuevas tecnologías (“Concepciones de tecnología y clases de tecnología”, 2003)1. A modo de muestra, y para comprender mejor la tecnología de la que hablamos, veamos un ejemplo en una tarea sencilla y que todos hemos realizado alguna vez: cocer unos huevos duros. Tomamos un jarro, que sin lugar a dudas es un objeto tecnológico, le agregamos agua de la canilla, colocamos los huevos en él y ponemos todo en la hornalla de la cocina, otro artefacto tecnológico. El líquido en el recipiente ya no es natural, porque sufrió un proceso para llegar al tanque de nuestra casa, en esta tarea de cocer huevos ¿Qué función cumple allí el agua? ¿Puedo considerarla un insumo o debo considerarla una herramienta? ¿Por qué? Desde hace algo así como 2.000.000 de años el hombre a transformado la naturaleza para su conveniencia, modificándose a sí mismo al realizar estos cambios. Cada vez que realiza modificaciones para su beneficio, está poniendo en juego un marco ético o al menos de valores sobre el sentido de las mismas y en relación a la no neutralidad de la tecnología (no neutralidad en sentido político, ideológico o bien cultural) a la hora de tomar decisiones, dando lugar o no a la reflexión sobre el hecho técnico, priorizando eficacia o eficiencia sobre otros posibles valores. Esto nos abre la puerta al mismo acto tecnológico. Entonces, si cada vez que cuezo huevos hago tecnología… ¿realizo tecnología la mayor parte del día…? ¿Todo el tiempo realizamos tecnología? ¿Esto es así? ¿Sino es así, cuándo hago tecnología? Acto Tecnológico es una Acción Tecnológica más la reflexión sobre esa acción

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Voy a hacer tecnología cuando realizo un acto tecnológico. El acto tecnológico es una acción tecnológica más la reflexión sobre esa acción. Y las acciones tecnológicas son:

Acción Tecnológica

son Acciones que permiten crear, usar, mantener y destruir objetos tecnológicos

Considerando a los objetos tecnológicos como: Objeto Tecnológico es un Artefacto o artificio más la acción tecnológica involucrada

Pero ¿Cuáles son los componentes del conocimiento tecnológico? 1) Hay un conocimiento empírico o experiencial, surgido directamente de la propia experiencia del objeto (sea este exterior o interior al sujeto). Es un conocimiento preciso de las cosas concretas con las que experimentamos, sin ninguna elaboración posterior de tipo abstractivo: en él, el sujeto prima sobre el objeto, porque pone toda su persona en la experiencia; de manera que un mismo objeto es experimentado y por lo tanto, conocido de diferentes maneras por diferentes sujetos.
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En Educación Tecnológica, trabajos de enseñanza y aprendizaje. Marchisio y Pintos. Publifadecs. UNC. 2003

Tenemos el conocimiento técnico, que comprende la aplicación de la instrumentación lógica a los datos del conocimiento empírico. Éste es tratado y elaborado según las operaciones lógicas y entonces pasa de ser una comprensión concreta a una cognición abstracta de la realidad concreta: ya no se trata de una experiencia singular y subjetiva, sino del tratamiento de éstas mismas, según las operaciones abstractas repetibles por cualquier sujeto.

2) El conocimiento sociotécnico es el resultado de la compleja interacción entre los elementos tecnológicos y los procesos sociales, los que se influyen mutuamente. 3) El conocimiento teórico es un sistema de ideas en el cual ciertas consecuencias se siguen de la conjunción entre hechos observados y la serie de hipótesis fundamentales del sistema. 4) Los modelos son una traducción de un sistema real o imaginario a un lenguaje –conocimiento del lenguaje en un sentido general- que hace resaltar algunas de sus características, y que facilita su comprensión. Entonces:

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La tecnología, los cyborgs y nosotros Día a día vemos que no estamos ni a favor ni en contra de la tecnología. Sino que más bien se nos entromete en nuestra cotidianeidad. Podemos alzar diferentes tipos de barreras pero tarde o temprano llega, ya sea en los remedios que consumiremos… Pero ciertamente podemos pensar que muchas veces nos resuelve un problema y nos genera otro; cuando nos proponemos recuperar aquello perdido por su intrusión debemos cejar ante alguna de sus ventajas, es decir, que cada vez que hacemos consciente el precio que nos pretende cobrar debemos debatir si es asumible o excesivo. Hagámonos unas preguntas para continuar ¿Te sentís enfermo si se descompone la compu o tu celular? ¿Te sentís mutilado si tu ratón/mouse se traba, si no hay cobertura satelital o si se pierde la conexión a Internet? O más básico aún, ¿Te sentís el hombre de las cavernas si la leña se mojó, si el gas envasado se congeló y salís presuroso a buscar algún artefacto de calefacción alternativo? Pensalas y respondételas…

Los sistemas técnicos acompañan nuestro quehacer cotidiano para desarrollar diversidad de tareas, desde nuestros primeros días de vida hasta el último, entrelazándose para hacerlos más sencillos o ciertamente complicarlos. En esta misma línea afirma Donna Haraway que -estrictamente hablando- muchos de nosotros somos ya cyborgs, es decir, organismos híbridos de carne y técnica que no necesitamos tener permanentemente incorporados en nuestros cuerpos algún implante artificial para estar hermanados a la tecnología2, así que ¿por qué no preguntarnos cómo es eso de ser cyborg y sus consecuencias? Esta respuesta excede los fines de este artículo. Pero ensayemos algunas preguntas más. ¿Cómo será tecnológicamente el mundo para los chicos que hoy están en primer grado? ¿Cómo es la vida para aquellos que no “califican” para los cyborgs de Haraway? ¿Para aquellos que vemos que ni siquiera los objetos tecnológicos básicos “remeras, zapatillas o lápices” pueden tener? Meditemos la frase de Muteba Kazadi: ¿Cómo arrebatar la tecnología de las manos de los tecnócratas? Educando. Por eso educo en Educación Tecnológica.

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El implante de chips en humanos, lo último para controlar a los empleados. UNAS 200 PERSONAS YA LO UTILIZAN. http://citywatcher.com

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La Provincia de Río Negro y la Nación transitan hoy por una nueva etapa de alfabetización sobre entornos tecnológicos, en ésta oportunidad se promueve desde la nueva Ley de Educación el avance sobre una de las ramas de la Tecnología, “Las tecnologías de la información y la comunicación”. Esta nueva etapa nos lleva a recapitalizar el camino recorrido y a analizar aquellas fortalezas que con el tiempo se lograron construir en torno a la Tecnología, la Educación Tecnológica, las Tecnologías y las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación. La enseñanza y el aprendizaje sobre entornos tecnológicos ligados al hecho educativo no es nuevo en el proceso de educación rionegrino, en cuanto a las propuestas provinciales, desde el Diseño Curricular de 1991 se menciona la necesidad de acercar a los ciudadanos hacia una alfabetización tecnológica, aparece así el área “Educación Tecnológica y Artesanal”, un área centrada en el desarrollo de habilidades motoras y habilidades que potencian el saber hacer. Con la sanción de la Ley Federal de Educación (1993) el área de Tecnología incorpora una nueva mirada sobre el entorno tecnológico, en cuanto al uso de la informática. Este Diseño ya incorpora su utilización dentro del eje “Técnicas y procesos en información y comunicación”, mirada que intenta poner en relieve la necesidad de fomentar una Cultura Tecnológica. Esta “Cultura Tecnológica” concibe la necesidad de desarrollar una doble mirada sobre la Tecnología y las Tecnologías, éste Diseño Curricular Versión 1.1 señala que “se seleccionan saberes sociales para una formación general básica, y no para la formación técnica o profesional”, promueve el desarrollo de una

Cultura Tecnológica, entendiendo “por cultura tecnológica a un amplio espectro que abarca teoría y práctica, conocimientos y habilidades (Doval, 1995). Es decir, ni educar para aceptar y usar la tecnología en forma indiscriminada, ni educar para rechazarla; sostenemos una postura intermedia: educar para pensar la tecnología y convivir con la tecnología”. Desde el punto de vista de la formación docente existen dos perspectivas posibles a la hora de trabajar sobre las tecnologías y los sistemas tecnológicos: una analiza los cambios tecnológicos-culturales y su relación con la educación y otra se centra en el uso práctico/educativo de los entornos tecnológicos en el aula. Evidentemente, una y otra quedan incompletas si se abordan de forma excluyente. En cuanto a su dimensión cultural es necesario que el docente logre comprender los cambios tecnológicos y su interrelación con la sociedad y el contexto político social. Los sistemas tecnológicos3 (viejos y nuevos) hacen referencia a aquellos sistemas técnicos4 que fueron construidos por el hombre con la intención de ahorrar tiempos y esfuerzos, son construcciones sociales que, de un modo u otro intentan satisfacer necesidades humanas, éstos sistemas técnicos se interrelaciona con el contexto social y conforman un sistema socio técnico que potencia capacidades humanas. Al respecto Quintanilla (1.998) señala que “De hecho, los sistemas técnicos son en realidad sistemas híbridos, socio-técnicos. Incorporan por lo tanto componentes culturales, económicos y organizativos o políticos, y además funcionan y se desenvuelven en un entorno formado por otros sistemas sociales más amplios que influyen en ellos y a su vez son afectados por ellos. Parte del entorno social de cualquier sistema técnico es un sistema cultural, que incluye conocimientos científicos y tecnológicos, pero también otros componentes culturales referidos a valores, habilidades, representaciones o creencias, etc”. La Educación Tecnológica precisamente debe propiciar el análisis crítico de las acciones tecnológicas en el contexto del mundo actual, para estimular la formación de docentes preparados y dispuestos a desarrollar prácticas de enseñanza tendientes a poner al ser humano y al medio ambiente en el centro del debate necesario para trabajar por la justicia social, el desarrollo integral de la persona, las comunidades y su cultura y el cuidado de la naturaleza a través del trabajo como “instancia creativa y transformadora, fundamentalmente dignificadora, base de todo proyecto social, cultural y político” Diseño Curricular Pcia. Río Negro EGB I y II Versión 1.1 (1996). En cuanto a su dimensión práctica, es esperable que el futuro docente logre aprender a aprender, aprender a enseñar mediados por las tecnologías y aprender en redes colaborativas. Es necesario que este docente logre hacer una lectura crítica de los recursos, alcances y limitaciones de nuevos y viejos productos tecnológicos para la implementación de propuestas didácticas. Se parte de la necesidad, manifestada en forma evidente y reiterada, de dar una mejor utilización a los diferentes recursos tecnológicos con que cuentan los sistemas sociales y en especial los sistemas educativos. Asumiremos a la Tecnología como la construcción de lo artificial. Lo creado por el ser humano, en el marco de su cultura, con la intención de modificar la realidad. Poner a su alcance aquello que no lo está. Para llevar adelante esta tarea recurre a conocimientos empíricos, teóricos (de las ciencias), técnicos, del lenguaje (simbólicos) y sociotécnicos. La síntesis de estos conocimientos sumados a un actitud creativa e inquisitiva; es un saberhacer aplicado a la resolución de problemas técnico-sociales.
3 Tomás Buch, Sistemas Tecnológicos - Contribuciones a una Teoría General de la
Artificialidad, Buenos Aires, Aique Grupo Editor, 1999, 424 páginas

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4 En Quintanilla (1989) se propone la siguiente definición: "Un sistema técnico es un sistema
de acciones intencionalmente orientado a la transformación de objetos para conseguir de forma eficiente un resultado que se considera valioso" y desarrolla formalmente los conceptos involucrados en esta definición, a partir de la ontología de sistemas de Mario Bunge [Bunge (1976)].

La producción tecnológica no solo responderá a una necesidad, sino que también a deseos o a demandas sociales o a determinado mercado. En este contexto asumimos que la producción tecnológica “debe ser” fundamentada en la eticidad. La técnica y la Tecnología implican la adaptación del medio al sujeto, el hombre no se adapta al entorno, se confronta con él y lo transforma, creando según Ortega y Gasset una sobrenaturaleza5. La construcción de esta Segunda Naturaleza o Sobrenaturaleza se lleva adelante por medio de las acciones técnicas y los actos técnicos, en términos generales, “las acciones técnicas son acciones productivas humanas, es decir, acciones intencionales guiadas por planes de acción y conocimientos aprendidos, que se ejecutan empleando productos de acciones técnicas anteriores para transformar y controlar la realidad con el objetivo de adecuarla a la dialéctica de las necesidades y de los deseos humanos (Lawler, 2006) No podemos entender a la tecnología como variable autónoma de la sociedad, sino como un instrumento del hombre para vivir en justicia y libertad, en armonía con la naturaleza. En la cadena del conocimiento es en el eslabón tecnológico donde recae fundamentalmente la responsabilidad ética “Este hecho es crucial y debe ser asumido como tal por el sistema educativo” (Galli, 1991). La Tecnología nos presenta una racionalidad que debe aprender a leerse en el marco de la educación, aparece así la Educación Tecnológica, será el objetivo de ésta lograr una comprensión de la artificialidad en general, de la estructura de la acción técnica y la gramática de su composición, de los aspectos históricos y contemporáneos de la tecnología, procurando una articulación entre las habilidades técnicas del sujeto, su conocimiento del mundo artificial en el que debe moverse, sus capacidades cognitivoafectivas, sus valores y su actitud ante la naturaleza (Buch, 2001), se busca en ese sentido, formar docentes que, a la vez de conocer e interpretar las respuestas técnicas que a lo largo de nuestra historia ha construido nuestra sociedad para mejorar sus condiciones de vida, pueda estimular en sus alumnos la actitud de generar nuevas propuestas, en proyectos de producción concreta, con el fin de formar ciudadanos y ciudadanas autónomos/as a la hora de tomar decisiones técnicas, con la autoestima necesaria para saberse capaces de crear y producir soluciones, de sentirse protagonistas de los cambios de la realidad y finalmente, de traducir en el futuro esa actitud técnica en políticas públicas que lleven a la construcción de un proyecto regional y de país más justo, equitativo e independiente de los grandes centros internacionales de producción técnica y de conocimientos. En el mismo sentido, la formación de docentes debe incorporar la posibilidad de realizar experiencias concretas de proyecto que contribuyan al bien común, intra o extra Instituto, para desarrollar en los y las estudiantes el espíritu de capacidad de realización orientando a la vez dichas experiencias hacia la valoración del hacer práctico en su doble sentido de actividad productora de soluciones en tanto aprendizajes. En ese sentido, y retomando a Cullen, “la competencia tecnológica es, además, una cuestión de calidad de vida y de solución funcional de problemas y necesidades del hombre. Y del hombre no en abstracto, sino en determinados contextos históricos, sociales y culturales”6 Definiremos a la tecnología como el conocimiento y la acción que el hombre incluye en el medio para transformarlo en busca del bien común, respetando las pautas culturales en la que ella misma participa (DC, 1996). Se persigue entonces que, a la vez de contribuir a generar nuevas estructuras de pensamiento y de comprensión desde la propuesta específica de la Educación Tecnológica y de integrar interdisciplinaria y transversalmente la producción de aprendizajes y la mirada del mundo, nuestra sociedad pueda (nuestra sociedad requiere) dejar de asistir a una mirada en torno a cómo otros producen y potencian su cultura tecnológica para pasar a ser productores de una cultura tecnológica que incorpore componentes regionales. Incorporar cultura tecnológica al ámbito educativo significa brindar nuevas oportunidades para que sean nuestros actores provinciales quienes generen tecnología regional, la Provincia de
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Ortega y Gasset, José., Meditación de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía. Madrid, Alianza, 1982. 6 Cullen, C. A., Crítica de las razones de educar, o. c.

Río Negro intenta en el ámbito educativo, como más arriba se detalla, este camino desde 1991. Uno de los grandes avances producidos en el ámbito de la evolución de la tecnología se ha dado en el devenir de las llamadas Nuevas Tecnologías de la Información y las comunicaciones, éste devenir se ha vuelto posible gracias al despliegue de la telemática. Para comprender una parte de éste fenómeno consideremos que las acciones humanas tradicionales (reflexivas y socializadoras) han sido por contacto, por cercanía. En las distintas épocas, los hombres conviven con diversas tecnologías, de una u otra forma, participan en las relaciones que establecen con la naturaleza y con los otros. Gran parte de las historias sobre las sociedades occidentales muestran periodos que se caracterizan por cambios importantes en las formas que adquieren las tecnologías, al mismo tiempo que esas sociedades se modifican fuertemente: modificaciones fundamentales en los patrones tecnológicos, y a la vez, cambios estructurales en las sociedades que desarrollan estas tecnologías. “Las teletecnologías, en cambio, modifican el ámbito Según Echevarría (2000)7 espacial en el que pueden producirse las acciones y hacen posibles las acciones (e interacciones) a distancia”…“las teletecnologías no sólo transforman objetos, sino también relaciones, y en concreto relaciones espaciales. Además del entorno proximal en el que suelen llevarse a cabo las acciones técnicas (y en general la gran mayoría de las acciones humanas), las teletecnologías permiten construir un entorno distal, en el que los agentes, los instrumentos y los objetos a transformar pueden estar situados entre sí a gran distancia”. Las teletecnologías nacen a partir del deseo y la necesidad humana, al nacer del ingenio y del conocimiento técnico se convierten en construcciones artificiales, en términos de Ortega y Gasset forman parte de esta sobrenaturaleza coincidiendo con Echevarria “entenderemos el entorno telemático como una de las formas de la sobrenaturaleza de Ortega o, por decirlo en nuestros propios términos, como una modalidad de las naturalezas artificiales que el ser humano ha ido construyendo en su prolongado proceso de interacción social con la naturaleza”, proceso que genera cambios continuos. Hoy estos cambios han generado un profundo proceso de transformación natural y social que modifican tanto los modos de producción/consumo (economía), como el ámbito del poder (política) y el ámbito de la experiencia cotidiana (sociedad y cultura). El rol que desempeñan estas innovaciones tecnológicas en el alcance y la dirección de los cambios sociales y culturales continúa siendo, sin embargo, materia de controversia. Las denominadas "nuevas tecnologías" modificaron, históricamente, la percepción y la representación de la realidad, a la vez que transformaron los modos privilegiados por una cultura y una sociedad permitiendo la profundización del acceso al saber, a las nuevas formas de conocimiento y a la construcción de nuevas subjetividades. En este nuevo escenario, se reconoce que el principal factor productivo del futuro no serán sólo los recursos naturales, ni el capital, ni la tecnología, sino el conocimiento y la información (y su acceso es “telemático”, es decir mediado por el acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación). En sociedades rápidamente cambiantes la validez de la información resulta efímera y por lo tanto se requieren nuevas herramientas y estrategias para el desarrollo del conocimiento; estas nuevas tecnologías tienen una importante potencialidad de cambio en relación al almacenamiento, producción y transmisión de la información, superando los límites físicos y espaciales para la comunicación. Así es que llega a definirse a la sociedad actual, como sociedad de la información, también llamada Sociedad del Conocimiento8, por la importancia creciente de éste en todas las
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Echevarría, J. “Teletecnologías, espacios de interacción y valores” Revista Teorema Vol XVII/3. OEI. 2000 La sociedad de la información se caracteriza por los esfuerzos necesarios para convertir la información en conocimiento. Cuanto mayor es la cantidad de información generada por una sociedad, mayor es la necesidad de convertirla en conocimiento ya que permite interpretar y comprender la realidad que nos rodea e intervenir sobre ella con sentido ético y transformador. Por ello, la SI es a la vez, realidad y utopía. Habría que concebirla en un proceso en

actividades humanas, implica el acceso al saber y se define por un uso generalizado de las TIC. En ella, el conocimiento se presenta como una materia relativamente abundante, que debe ser compartida y negociada en forma “horizontal”. De conocimientos altamente codificados y estables, se pasa a una multiplicación exponencial del saber disciplinar en escasos períodos de tiempo (Brunner, 2002; Gibbons, 2000). Es por ello que, el desarrollo de las mismas, constituye uno de los factores clave para comprender y explicar las transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales de las últimas décadas. Esto exige nuevas competencias y saberes sociales, profesionales y personales para poder afrontar los cambios que se llevan adelante. Carina Lion analiza que "Hoy nos enfrentamos con la necesidad de ocuparnos de más que del acceso: el sentido político, cultural y pedagógico de la incorporación de tecnologías, su integración con los contenidos, los modos en que favorecen procesos de construcción del conocimiento, sus formas de inscripción en la sociedad, con los sujetos y la interpelación que ofrecen a tiempos y espacios en los que irrumpen”9 Se plantean como desafíos para la escuela que prepare a las próximas generaciones en un conjunto más amplio de capacidades, entre las que se encuentran las TIC, trabajar en entornos digitales, construir conocimiento escolar en un mundo de superabundancia de fuentes de información, comunicarse y trabajar en red. Entonces, nos preguntamos: ¿Cuáles son los núcleos sobre los cuales es conveniente reflexionar a la hora de pensar las TIC y la escuela? Al respecto Burbules y Callister (2001), proponen una nueva manera de pensar las cuestiones tecnológicas vinculadas con la educación: “No se trata de interrogarnos si los ordenadores son buenos para la enseñanza, o si la Internet ayuda a los niños a aprender. Pensamos que tales dilemas proceden de un planteo erróneo y representan una forma de concebir la tecnología que debe ser reconsiderada. (...) lo esencial es saber cómo, quién y con qué fines se los usa”10. Esto hace necesario una nueva alfabetización, nos hace pensar en la necesidad de desarrollar una educación de los lenguajes, las técnicas y las formas de expresión con TIC. Su integración genera nuevos profesionales, nuevas formas de aprender y enseñar, nuevos planteamientos metodológicos, nuevos materiales para la enseñanza y para el aprendizaje. Integrarlas pedagógicamente en la escuela no implica hacer foco exclusivo en el uso de equipamientos y herramientas, sino en los procesos de aprendizaje, planificación y modificación de las prácticas pedagógicas institucionales. Las TIC, en la educación, abordan la actividad social en torno a los fenómenos de comunicación e información soportada en redes informatizadas, pero superando los aspectos materiales o artefactuales y concibiéndose ligadas al desarrollo de habilidades y capacidades que contribuyen a la mejora de la vida cotidiana de los sujetos. Involucran la convergencia de la mirada de diferentes disciplinas (Sociología; Comunicación, Pedagogía, Didáctica, Informática; Psicología; Antropología; etc.) desde las cuales se puede analizar y comprender la complejidad de los nuevos escenarios para intervenir en ellos. En este marco, podemos definir a las TIC como un cuerpo de conocimientos pedagógicos y didácticos construidos desde diversos campos disciplinares referidas a las prácticas de la enseñanza, en las que impactan los desarrollos tecnológicos. Estos desarrollos
el que nos encontramos ya pero cuyo punto de llegada y consolidación es aún lejano. Tal vez, tendríamos que pensarla como un proceso que nunca habrá de concluir, pero en el cual debemos participar con herramientas de nuevo tipo.q
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Lion Carina. (2006) El infoconocimiento. En imaginar con tecnologías. Relaciones entre tecnologías y conocimiento. Buenos Aires. La Crujía. p. 73
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Burbules y Callister Educación: riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información. Barcelona. Granica. 2001. p. 13

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tecnológicos se encuentran enmarcados por cuestiones políticas, económicas y culturales y poseen un fuerte impacto en las prácticas pedagógicas. Cobra relevancia en nuestro abordaje las cuestiones ideológico-políticas y ético filosóficas. La incorporación de las TIC a la enseñanza exige el desarrollo de habilidades analíticas, cognitivas, creativas y comunicativas de los alumnos, docentes y directivos, que permitan tanto la apropiación significativa de la oferta cultural, tecnológica e informacional circulante como la producción de mensajes requerida para el desempeño personal, profesional y ciudadano en una sociedad pluralista y democrática. Es necesario incluir en la formación docente el acercamiento a los nuevos lenguajes y a las nuevas culturas, repensar estrategias de enseñanza y diseñar nuevas propuestas didácticas. Integrar pedagógicamente las TIC no implica hacer foco exclusivo en el uso de equipamientos sino en los procesos de aprendizaje, planificación y cambios en las prácticas y en las instituciones. Su integración efectiva se hará a partir de proyectos individuales y colectivos. “Los usos cotidianos de las tecnologías marcan la necesidad de pensar en contextos interpretativos que los doten de sentido y significado. La incorporación de tecnologías en las prácticas de la enseñanza supone particulares maneras de reestructurar el conocimiento, de realizar recortes disciplinares, de mirar las propias biografías escolares y profesionales; una revisión de perspectivas, expectativas y limitaciones pedagógicas, institucionales, curriculares, etc. Los diseños de clase que incluyen tecnologías en el aula exigen, por lo tanto comprender la enseñanza y las tecnologías como procesos y producciones eminentemente sociales, políticos, culturales, históricos y prácticos”11. Las TIC son portadoras de imágenes, relatos y fantasías que operan tanto en la imaginación como sobre el pensamiento. La integración curricular de las TIC debe definirse como un ámbito de estudio para la educación en relación al desempeño comunicativo y desarrollo del pensamiento, superadora de la visión meramente tecnocrática e instrumental. Se debe considerar no solo su conceptualización, sino sus objetivos, sus contenidos, las corrientes ideológicas y los marcos conceptuales en los que se apoya y sus modalidades de integración curricular. Es importante que los futuros docentes adquieran herramientas teóricas y prácticas que favorezcan la inclusión de las TIC en las aulas con criterio pedagógico, a fin de que posibiliten y potencien las propuestas de enseñanza para contribuir a la construcción de prácticas áulicas innovadoras. La incorporación de las TIC, como ya lo venía haciendo la Educación Tecnológica, redefinen las tareas intelectuales de la escuela. Los desarrollos tecnológicos deben convertirse en una herramienta cognitiva que permita potenciar los procesos de enseñanza y de aprendizaje, es decir que permitan la construcción de buenas propuestas; ya que como expresa E. Litwin, “(...) el uso de la tecnología puede implicar la implementación de excelentes propuestas para la resolución del acceso al conocimiento o la utilización de otras empobrecedoras”12 . A modo de síntesis “(...) los nuevos desarrollos no vienen a reemplazar anteriores modalidades, sino a completarlas, a brindar otras posibilidades que solo se entienden y pueden valorarse en los contextos en los que se desarrollan”13. Debemos generar diálogos entre las tecnologías, remotas y no tanto, esto permitirá construir otras nuevas trayectorias en las que no nos importe aislar, sino construir redes, construir sistemas tecnológicos. Para abordar el conjunto de las complejas relaciones que se desarrollan en torno a las Tecnologías, la Sociedad y las prácticas educativas es que nos organizaremos en dos
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Lion Carina. (2006) Las tecnologías y las practicas de la enseñanza. En imaginar con tecnologías. Relaciones entre tecnologías y conocimiento. Buenos Aires. La Crujía. p. 135 12 Litwin Edith (coord.). La tecnología y sus desafíos en las nuevas propuestas para el aula. En Enseñanza e innovaciones en las aulas para el nuevo siglo. El Ateneo. Buenos Aires. 1997. p. 6 13 Mansur Anahí. “Los nuevos entornos comunicacionales y el salón de clase”. En Litwin, E. Tecnologías Educativas en tiempos de Internet. Amorrortu Editores. Buenos Aires. Argentina. 2005.p. 132

orientaciones: Educación Comunicaciones.

Tecnológica

y Tecnologías

de

la Información y las

La tecnología, la(s) cultura(s) tecnológica(s) y la educación popular en tiempos de globalización Entre el pensamiento único y la nueva crítica (Palabras iniciales de un tema en construcción) *

Marco Raúl Mejía J14 Hablemos de tecnología como una forma de cultura Cuando hablamos de cultura nos estamos refiriendo a la construcción social de lo humano y en ese sentido, la tecnología es una construcción humana y una forma de cultura que se caracteriza por la capacidad de entender, predecir, y controlar los fenómenos que rodean al ser humano. En ese sentido, la cultura es más general, en cuanto abarca todas las relaciones sociales, los fines que la sociedad se traza, así como los motivos para realizarla. Por ello pudiéramos afirmar que la tecnología está en la cultura, pero no es idéntica a ella siendo la tecnología una manera de las muchas que existen para materializar la cultura. Si reconocemos esto, encontramos que el conocimiento científico es también una creación cultural, no tiene una fundación ontológica en la naturaleza humana, es decir, no es una forma superior del conocimiento, sino una forma específica desarrollada en una sociedad particular a partir de una serie de necesidades y opciones que se toman en un momento determinado. Por ese camino, tomo un atajo para explicar por qué la tecnología no es un mundo que corresponda sólo al conocimiento científico y a la representación científica de él, sino que corresponde a un cierto nivel de desarrollo de lo humano. Cuando en algún momento del largo período de hominización algún homínido en las distintas versiones que se ha representado la existencia de éste sobre la tierra: australopiteco africano, homo erectus, homo habilis, homo sapiens, homo sapiens neanderthalis, recogió algún objeto de la naturaleza para usarlo como prolongación de sus manos –bien sea para golpear a alguien, recoger una fruta de un árbol, defenderse de alguna agresión– se inició una larga carrera que nos llevaría desde las herramientas a los objetos tecnológicos, los artefactos, los objetos técnicos a la tecnología misma. En este origen, es importante reconocer que para poder convertir ese elemento de la naturaleza en una herramienta o un artefacto, como llaman otros, fue necesaria la conjunción de cuatro aspectos: un homínido, que fruto de desarrollos de su cerebro, iniciaba un camino hacia lo humano; un objeto, el cual era posible ser tomado y darle un valor de uso una representación mental con la cual transforma el objeto por el valor de uso que le ha dado una acción en la cual se crea y/o se transforma el objeto, la representación y la intervención humana. Cuando este proceso se da, se ha producido una resignificación, se ha pasado del objeto a la herramienta. Por eso no se está hablando del uso del objeto, sino de la manera como se ha vivido un primer ejercicio de praxis para que el objeto pueda existir bajo un entendimiento diferente. Y esto va a requerir unas condiciones para que esa herramienta sea entendida como un
**Marco Raúl Mejía, colombiano, Licenciado en Filosofía y Letras, Maestría en Educación y Desarrollo. Actualmente trabaja en Planeta Paz. Fuente: http://www.revistapolis.cl/7/meji.htm
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nuevo elemento, que colocado sobre la realidad nos habla no sólo de un artefacto, sino de un objeto sobre el que se ejerce una acción y una reflexión. Es decir, cada vez que nos enfrentamos a la pregunta por la manera como se constituyen los hechos que dan lugar a lo tecnológico va a estar siempre presente el lenguaje como creador de cultura y la posibilidad representativa, una capacidad intelectual de usar estos aspectos en beneficio propio o del grupo y este grupo como comunidad de interlocución y de construcción de esos procesos. Un poco de contexto histórico Existen largas discusiones sobre cada uno de los momentos de estas concreciones. Para ello se acude al mundo babilónico, egipcio y se podrían consultar textos que muestran esos acercamientos. Sin embargo, por nuestra tradición, se ubica su desarrollo a partir del mundo griego, como el lugar en el cual se intenta dar una organización de esos fenómenos que van más allá del simple aspecto simbólico y en ese sentido, el LOGOS nos habla de ese mundo que es conocible mediante el uso activo de la razón y se diferencia de la PHYSIS, que se refiere a un mundo natural en el cual nacer y crecer es común a todas las cosas. También se diferencia de PRAXIS, que se refiere al obrar cotidiano con una reflexión base y a la TECHNÉ, que se refiere a la técnica o al arte. En ese sentido, esta diferenciación va a ser el lugar de base desde el cual se plantea la separación que posteriormente se va a realizar entre lo que sería una techné como simple experiencia, de una techné que conoce el por qué y da explicaciones, y de una tecnología que tiene no sólo las explicaciones causales sino un saber específico. Algunos autores ven el origen de estas diferenciaciones en lo que Tales de Mileto señalaba como las tres principales actividades del LOGOS: 12 NOUS, como pensar LOGOS, como hablar TECHNÉ, como hacer y posteriormente con la integración de la EPISTEME, como saber demostrable y ciencia, van a establecerse las separaciones de un mundo que tenía actividades distintas y diferenciadas según el tipo de acción humana realizada. Algunos autores plantean la necesidad de separar en la constitución de la tecnología tres fases: la empírica la técnica la tecnológica Otros, en cuatro o cinco. Por ejemplo, Ortega y Gasset5 señala cuatro: la del azar la artesanal la técnica la tecnológica en el sentido científico del término He tomado estas dos visiones cruzándolas para hacer la siguiente caracterización: La del azar, que se caracteriza por tener muy pocas técnicas pero las que existen se pueden diferenciar de las humanas, no hay especialistas, las resignificaciones son inconscientes. En ese sentido, se puede decir que inventa por casualidad, se lo encontró, pero no sabe que puede inventar. Por ello, lo nuevo surge fruto del azar. La empírica. Es vista como una experiencia derivada del hacer, se realiza pero no se conceptualiza. Por ejemplo, el dominio del fuego y las primeras formas del control técnico de él; el dominio del lenguaje. En ese sentido, se puede reconocer que saben que las cosas existen y trabajan con ellas. Saben hacer las cosas, pero no existe una conceptualización que explique y dé cuenta de los procesos. El material para hacer ese proceso es propiciado por la naturaleza y el

resultado son primeras representaciones que se hacen de la misma naturaleza. Los vestigios de esta etapa se reconocen en los productos de barro. La artesanal. El ejemplo que se utiliza es cuando ya fruto del dominio del fuego y de los metales se hacen productos de cobre. Son técnicas que también son artes, que va a ser la raíz de las palabras artista y artesano. Es el tiempo de los artefactos y aparecen las primeras formas de producción artificial. Se conoce el por qué y se dan explicaciones causales. Es un conocimiento que puede ser enseñado. La transmisión de ese saber se hace por vía oral y aprendizaje directo y ya aparecen las diferencias de estilo. Se sabe hacer las cosas y los por qué de hacerlo de un modo o de otro. Su poder está en la transformación de la materia, convirtiéndola en artefactos útiles usándolos como herramienta. En esta fase, se requiere una elaboración del producto natural y tiene como característica el que la mano desaparece como herramienta directa. Va a hacerse representaciones de representaciones (se usa la aritmética y la escritura). La tecnológica. Es vista como un salto cualitativo en el saber técnico. Se produce la simbiosis de la técnica-máquina con la ciencia. Su desarrollo se basa en unos conocimientos obtenidos desde el proceso del conocimiento científico. Es un saber que tiene techné, es decir, un hacer sistematizado, y logos, un conocimiento específico sobre ese hacer, que requiere una episteme, un saber que le da base y sentido. Por ello el logos no se halla en los instrumentos, es decir, en las máquinas herramientas, sino en la estructura hipotético-deductiva de su discurso. Por ejemplo, Galileo matematizó los aparatos de los artesanos y los transformó en instrumentos científicos cambiando su naturaleza. Éste es uno de los ejemplos más bellos que muestran cómo el único interés de la tecnología no es el producir y la rentabilidad. La tecnología adquiere una cierta autonomía, ya que también inventa y construye sus instrumentos retroalimentando la ciencia. La mirada tecnológica se construye a partir del renacimiento y se va a acentuar con la modernidad. Dice Lévy Strauss que los griegos no la lograron porque sin física y la aplicación de ésta a lo real, les era muy difícil establecer conceptos métricos que midan, comparen, clasifiquen y realicen hipótesis deductivas. Desde allí y en etapas posteriores, al momento de su gestación los materiales van a ser creados en el laboratorio. Es el comienzo de los materiales no naturales y en los casos más amplios las máquinas se convierten en extensiones del cerebro, dando paso a todo lo que se ha denominado en este último período, la ciencia de la artificialidad para referirse a los procesos tecnológicos. Estas formas de clasificar épocas van dejando la impronta en las metáforas que se usan para explicar el funcionamiento del mundo. Así, por ejemplo, la idea de Dios ha sido: “motor inmóvil”, “gran relojero”, “energía fundadora”, “gran programador”, etc. También es importante hacer notar cómo ese desarrollo de esas distintas etapas o fases no son lineales, ya que en ocasiones coexisten muchas de estas formas, generando un desarrollo desigual. Esto es muy visible en nuestros países en los que al lado de lugares de punta se encuentran formas artesanales, empíricas y en muchas ocasiones todavía de conocimientos que se siguen desarrollando a partir del azar, haciendo compleja la caracterización de la tecnología y su lugar en los países y regiones. Los productos tecnológicos Este proceso da pie a una nueva clasificación, en la cual la tecnología busca un lugar específico y organiza una particular manera de ver, organizar y producir el mundo a su alrededor y aparece con fuerza la diferenciación entre naturaleza y tecnología, dando lugar a los productos tecnológicos, que se caracterizan porque no son copia de la realidad natural, sino concreciones que han sido permitidas por un modelo lógico-matemático y desde ese modelo no son tampoco ni

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modelos ni supuestos de la manera como funciona la naturaleza, haciendo que los modelos que se elaboran para hacer visible lo tecnológico se realicen desde intencionalidades y desde intereses intelectuales y comerciales muy específicos. Esa diferenciación que se establece entre productos tecnológicos y naturales colocan las siguientes características del producto tecnológico: Es fruto de un ordenamiento artificial. En ese sentido, es producto de una teoría y no de la naturaleza en sí; es parte de la capacidad constructiva del ser humano, que ordena conceptualiza, metodologiza y hace opciones valorativas; recupera el acumulado social del conocimiento y por lo tanto se realiza con el acumulado pre-existente en la tecnología misma; se hace como aplicación de un modelo formal, que es propio del saber tecnológico y no es una reproducción de una realidad existente; la intervención en la naturaleza no es del modelo, es de los saberes y los productos (máquinas herramientas que los tecnólogos han desarrollado) el saber tecnológico es una construcción de los tecnólogos. En ese sentido, hay una reconceptualización de acuerdo a necesidades e intereses. La existencia de estos productos como un mundo vasto y lleno de particularidades ha llevado a plantear que esas cosas que hacen los tecnólogos y su reflexión sobre su quehacer y sus fundamentos, comience a ser agrupado por algunos en lo que han llamado la nueva ciencia de lo artificial, en la cual buscan darle una teoría general a lo tecnológico, buscando acotar el campo específico de él para no confundirlo con la cultura en su sentido más amplio y diferenciarlo del conocimiento científico, y en un primer acercamiento plantean que lo artificial es todo hecho construido por el ser humano más allá de lo que realiza para cumplir sus actividades biológicamente condicionadas (alimentarse, recrearse, etc.). 14 En algunos autores, por ejemplo, Pierre Lévy, se muestra cómo en el proceso de constitución de lo humano, el desarrollo del cerebro se da no como simple modificación morfológica, sino en el uso de instrumentos que ampliaron la capacidad motora y cognitiva de lo humano. Se utilizaron tres instrumentos: a) los materiales, por ejemplo la rueda, los aminoácidos; b) los simbólicos: señales de humo, moderna iconografía, etc.; c) y los intelectuales: raciocinio, formas organizativas, etc., separación que ha permitido hablar de tecnologías blandas y tecnologías duras. El capitalismo, una forma de mirar la tecnología En esta primera fase de la evolución de la tecnología, se desarrolló una visión sobre ella en la cual tanto ella como el conocimiento científico eran objetivos, y por derivarse de la observación de los hechos o por derivarse de la aplicación del conocimiento científico, la tecnología sería independiente del contexto, concepción que ha desarrollado durante bastante tiempo hasta nuestros días la visión positivista sobre el conocimiento y sobre la tecnología. Para esta visión, el desarrollo tecnológico va a presentarse como un desarrollo evolucionista en forma de progreso lineal y en últimas determinado por decisiones racionales, y allí el cambio tecnológico se desarrolla sobre sí mismo y sólo es explicable en función de él mismo. Esta reflexión toma dos vías, una en la cual la evolución, que es lineal y progresiva opera por selección natural. Hoy nos encontramos por tanto en un punto máximo de su desarrollo y lo anteriormente desechado es parte de esa selección que se hizo. Todo estaba dirigido a que tuviéramos el máximo desarrollo en el mundo de hoy. La otra posición, de cambio tecnológico, lo ubica como una actitud racional orientada a fines. Siempre hay múltiples caminos y lo que se hace es hacer una elección de lo que se considera lo mejor dentro de unas opciones posibles. En una visión crítica, el conocimiento está socialmente constituido y en ese sentido, la ciencia y el pensamiento científico, es una forma más dentro de una amplia gama de culturas del conocimiento y cuando se está frente a un producto del conocimiento, nos encontramos con un proceso socialmente construido que emerge desde la interacción de actores que lo constituyen desde procesos discursivos, técnicos y concepciones en disputa. En ese sentido, se plantea la

necesidad de colocarle un contexto a lo técnico y a lo cognitivo y no dejarlo simplemente como una evolución y como una selección de opciones. Desde esta mirada, la tecnología y la ciencia implican procesos y productos que han sido construidos en particulares condiciones históricas y son ellas las que han permitido que se tome un camino y no otro. Desde esta mirada se intenta explicar por qué culturas de otras latitudes, que tenían un mayor desarrollo tecnológico que occidente, los chinos, por ejemplo, no le dieron continuidad y es occidente el que apropiado de ellos lleva a una constitución de lo tecnológico como la base y fundamento de la constitución de sus sociedades. Y en esa mirada se reconoce la manera como en la modernidad tanto filosófica como económica, occidente asume una opción cultural básica: es la de los valores que pueden ser alcanzados por vía de la razón instrumental. Desde la razón instrumental y fundada en una forma patriarcal de relacionarse con la naturaleza, basada en la idea baconiana de control y por lo tanto la racionalidad instrumental que antes estaba indiferenciada de la política, la cultura y de la religión –y en ese sentido su desarrollo estaba limitado– adquiere el pleno desarrollo en el potencial del conocimiento científico. Es el momento en el cual se separa la esfera de la razón, que adquiere una independencia, y una hegemonía, como saber predominante. Esta razón instrumental independiente de las esferas de control adquiere una autonomía que la diferencia de otras culturas, dando origen a un proceso histórico de construcción de un sistema científico y tecnológico en el cual la ciencia y tecnología se separan de toda orientación normativa, diferentes al control eficiente de la naturaleza y la sociedad y desarrolla un nuevo y original tipo de conocimiento que tiene reglas propias, estableciendo la prioridad en la producción, el trabajo, la predicción, el control y la abundancia material, generando una racionalidad propia de tipo instrumental sin límite y control. Además, teniendo como base el uso de la razón para el control de la naturaleza. Esa jerarquización del trabajo, transformando la naturaleza y el control sobre la naturaleza forman parte de la naturalización capitalista de la maquinaria, en la cual el mismo Marx va a caer, haciendo visible cómo este autor es parte de la misma racionalidad en su visión transformadora. En el primer tomo de El Capital, él va a ver cómo el desarrollo tecnológico va a estar controlado por los empresarios y aún las mismas formas y el diseño de la maquinaria tienen que ver con esa jerarquización del trabajo y control. Pero luego este autor va a asumir el desarrollo tecnológico en su concepción lineal y naturalista, sacando el problema de la máquina y desplazándolo al uso. El ejemplo más significativo es el de los luditas, grupo que quería destruir las máquinas porque los dejaban sin trabajo y Marx les mostraba que el problema estaba en las relaciones sociales en que se inscribían las máquinas las que penalizaban el trabajo, construyendo una objetivación de las máquinas. Es a partir de esa objetivación que se genera ese primer intento conceptual de separar la ciencia como la teoría y la tecnología como la capacidad de hacer cosas, objetos, con ese conocimiento. En ese sentido son situaciones objetivas que no tienen tras de sí problemas ideológicos ni políticos, sino solamente una racionalidad instrumental que debe ser respetada, en cuanto es ella en su novedad la que crea lo nuevo. Cuando reconocemos que occidente asume esta manera de desarrollo de la tecnología como una opción político cultural básica, estamos diciendo que pudo ser de otra manera, que no es inevitable y que son posibles otras opciones. Es así como al interior del mismo proceso occidental se da un conflicto de racionalidades sobre el lugar del desarrollo y la tecnología, y en ese sentido se plantea que la cultura tecnológica no es por lo tanto la sola expresión universal de las potencialidades humanas ni tampoco un conjunto de instrumentos neutrales compatibles con cualquier meta o propósito que cualquier sociedad pudiese definir. Por lo tanto, se reconoce que estamos frente a un hecho social en el cual están implicados los intereses de los grupos que la desarrollan desde lo incompleto de los conceptos científicos que subyacen (ciencia en

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construcción) y la posibilidad de transformación de lo existente a partir de nuevos hallazgos. Desde estos tres elementos aparece muy claramente definida la estructura, grupos sociales diferentes y con intensidad de poder organizado respecto a sus ejecutorias definen los problemas que deben ser desarrollados y las líneas y los caminos que han de tomar tanto la investigación como los productos técnicos, herramientas o artefactos que se estén desarrollando. Es desde allí desde donde es posible decir que estamos frente a construcciones sociales de base científica y tecnológica y que de la manera como los abordemos dependen también los caminos que toman nuestras concepciones y nuestras prácticas en el campo de la tecnología. Como vemos, aparecen diferentes concepciones que intentan explicar el lugar de la ciencia y la tecnología, así como su entendimiento, su origen y su particular lugar en la sociedad de hoy. Y es desde ahí que se requiere un análisis detallado de lo que nosotros hacemos como educación técnica, educación tecnológica, educación en tecnología, cultura tecnológica, formación tecnológica, porque en alguna medida el uso de estas palabras es profundamente polisémico, ya que siempre están referidas a lo que sería la concepción de ciencia, tecnología y sociedad en que se mueven esas formas de entender la educación. Por eso, usarlas sin darse cuenta a qué concepción de ciencia y tecnología corresponden y cómo entiende la sociedad en que se mueven es un acto de ingenuidad, que se paga pasando al bando de los idiotas útiles, en cuanto se sirve a concepciones de las cuales no saben dar cuenta aquellos que las usan. Para dar cuenta de estas diferentes concepciones, demos un paso adelante en esta discusión caracterizando algunas de las principales que se mueven hoy en el escenario del campo intelectual sobre estos elementos. Principales concepciones sobre tecnología 16 La tecnología como ciencia aplicada Esta concepción, viene históricamente desde Bacon, concibe que la tecnología es una forma superior y especial de la técnica y ella es ciencia aplicada, que supone el conocimiento de la técnica y la toma como objeto. En ese sentido, la tecnología aparece resolviendo los problemas prácticos y sus aplicaciones al conocimiento científico. Por eso, la ciencia tiene como objeto el progreso del conocimiento y éste se realiza desde explicaciones causales que deben ser conocidas a través de sus leyes y derivado de ellas es posible generar procesos de predicción en la acción que me pueden anticipar los nuevos lugares hacia donde se va si se aplican esos conocimientos y, por lo tanto, al hombre le ha sido dado ese “don divino”, según Bacon, de controlar la naturaleza. Para esta concepción, el conocimiento es lineal, va siempre en crecimiento y es quien garantiza el progreso y elabora sistemas explicativos a partir de esas leyes y principios generales. En cambio, la tecnología, tomando como fundaento esas leyes, interviene en la producción buscando construir objetos tecnológicos y lo hace transformando ese conocimiento en esquemas de acción o reglas de procedimiento aplicadas para transformar y crear productos. En ese sentido, busca efectos específicos con un máximo de eficacia. La tecnología como acción con instrumentos En esta concepción se movería todo el pensamiento pragmático desde su fundamento en lo que hace humano al hombre es la producción de artefactos que lo constituyen en homo faber. En ese sentido, la ciencia aparece como constituida desde el hacer y es en la reflexión de éste como se produce el conocimiento y a la vez se organiza la sociedad. La acción de ese hacer con instrumentos que da resultados visibles en las máquinasherramientas y en el mejoramiento del mundo y la misma tecnología se va a constituir en la base del sistema social en su conjunto. Por ello, la sociedad humana va a verse como un conjunto con desarrollos imperfectos que necesita que se le apliquen tecnologías tecno-científicas del

conocimiento y esto llevaría a que resolviéramos todos los asuntos en una forma mucho más racional. En esta concepción, la tecnología es anterior a la ciencia, sólo que cuando la ciencia se desarrolla engloba a la tecnología, llegando a los niveles actuales en los cuales ella puede dar una explicación suficiente del mundo. Por eso para ellos si esos resultados en el campo científico se llevaran a otros campos, esa tecnología experimental colocada en los demás ámbitos del quehacer humano, viviríamos en un mundo cada vez mejor. En algunas de sus visiones, conducen a la ingeniería social. La tecnología como aplicaciones prácticas del conocimiento En esta concepción se utiliza la metáfora de la lupa, señalando que así como ésta permite ver objetos pequeños invisibles a simple vista, la ciencia aparece como un campo múltiple y complejo que da cuenta de las variadas y diversas construcciones de lo humano y natural. En ese sentido, existen múltiples acciones y en un campo reducido quedan unas de ellas: son aquellas prácticas que se mueven en la esfera del conocimiento. El conocimiento y la sociedad tienen una acción que se da en el contexto. En ese sentido, este contexto siempre es más amplio y debe ser siempre recuperado cada vez que se hable de ciencia o tecnología. Una de las maneras de hacerlo es ver al ser humano entero bajo la luz de la tecnología y allí él podrá darse cuenta de la manera como ella actúa en los más variados lugares de ese contexto. Para observarla es necesario producir una focalización en los lugares donde ella se da. La tecnología aparece en esta visión como la aplicación a un campo específico del quehacer y por lo tanto es limitada, en cuanto se refiere a aplicaciones que se dan en distintas esferas de la acción humana. La tecnología como producción de lo necesario (superfluo) El ser humano para esta concepción marca la diferencia entre todos los animales, en la manera como puede alejarse intelectualmente de sus necesidades inmediatas y esto le permite influir e inventar en las circunstancias que se le presenten en su mundo del día a día. Por eso siempre es proactivo, está en condiciones de crear e inventar y éste es el origen de la ciencia. Pero además, él busca bienestar y seguridad y para lograrlas se propone un programa que procura cumplir. La acción está dada por las circunstancias. Ellas las crea el ser humano. No son dadas, como se presentan para el animal y las crea a través de una serie de acciones en donde entran procesos complejos de representación que dan lugar a respuestas no necesariamente programadas que entran en el campo de la creación. Por eso, el conocimiento se da desde las necesidades propias del ser humano y a medida que las satisface se ve obligado a elaborarlas y desde esas circunstancias crea un conocimiento que es profundamente social. Por ello, la tecnología va a aparecer como una ruptura con lo natural, que a la vez le impone un cambio a la naturaleza misma. En ese sentido, la tecnología es la adaptación del medio a las necesidades humanas. Es la producción de lo superfluo que hace real la emergencia de lo artificial como creación humana. La tecnología crea lo que no existe y es diferente a la ciencia En esta corriente en que se mueven algunos físicos con trabajo específico en tecnología, se muestra cómo la ciencia se va a encargar de estudiar lo que existe a partir de las causas eficientes y presentan cómo por ejemplo los chinos crearon grandes inventos de mucha innovación tecnológica de punta; y en todo el mundo y en la racionalidad china no existe nada comparable a la idea occidental de ciencia. Por eso esta concepción se presenta como una reacción al cientificismo, como si la tecnología fuera ciencia aplicada, señalándole que esa es una

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idea muy limitada en cuanto sería sólo para tecnologías productivas, pero deja por fuera todas las otras tecnologías. Para ellos la acción siempre va a tener una modelización de las formas técnicas derivadas de las diferentes formas del conocimiento. En ese sentido, existe una relación entre conocimiento y sociedad, ya que los dos se crean mutuamente, según finalidades y valores de la misma sociedad. Desde ahí explican la diferencia entre la ciencia china y la occidental. La tecnología busca crear objetos tecnológicos según esas finalidades y tiene una lógica y un desarrollo propio específico, diferente al de la ciencia, así en algunos momentos se encuentren. La tecnología es un hecho cultural de tipo diferente al científico En esta visión, la simbiosis y las relaciones múltiples que se dan entre ciencia y tecnología en este tiempo obedecen más a la especificidad de la revolución científico-técnica que ha acompañado a esta última fase de la historia de la humanidad. Sin embargo, no deben confundirse. Cada una tiene métodos y propósitos específicos. En ese sentido, la ciencia tiene una matriz cultural sobre la cual se ha constituido y sobre ella se desarrolla la tecnología usando lo que le conviene o le sirve y en ocasiones dando su aporte a la ciencia. Por ello, en estos tiempos la acción está fundada sobre la investigación, que no es comprensible como formalización de un concepto técnico o pragmático de la ciencia. Esto es visible en la manera como la investigación tecnológica se ha desplazado, fruto de otros intereses que la jalonan haciéndolo de la física a la creación de nuevos materiales y sobre todo a procesos gestados en la biología y en la bioquímica que dan resultados en la biotecnología. 18 Hay una construcción del conocimiento que tiene impacto en la sociedad, no directa ni inmediatamente y que son como subproductos de los grandes proyectos. Por ejemplo, todos los circuitos integrados vienen de tecnología espacial aplicada en la nave Apolo que alunizó en 1969. La tecnología usa la ciencia, pero hay tecnología al margen de la ciencia y anterior a ella, aunque en la actualidad la relación es más estrecha que en otras épocas. Hoy la tecnología se desarrolla hacia la ciencia de lo artificial para referirse con especificidad a sus creaciones. Por ello, no se puede afirmar que la tecnología avance como simple aplicación de los conocimientos científicos previamente obtenidos. La tecnología como parte de la estructura de poder de una época En esta visión, la sociedad misma es una hechura de la ciencia y tecnología, en cuanto han sido gestadas y modeladas por ellas. Allí ocurre un fenómeno en el cual en ese mismo proceso se retroalimentan los procesos de poder y dominación social, dado que el capitalismo de esta época ha racionalizado las relaciones sociales alrededor de las bases materiales de la sociedad, y creció y se desarrolló sobre los fundamentos ideológicos y éticos del protestantismo. La ciencia existente es el resultado de una serie de opciones racionales en este contexto específico, lo que hace indispensable entender el contexto para poder dar cuenta de por qué se desarrolló así y en ese sentido en todo proyecto científico subyacen efectos reguladores ajustados a la forma de crecimiento y control con intereses propios de quien agencia esos procesos. En ese sentido, los contextos de acción operan en la lógica dominante en la sociedad, en donde ganancia, acumulación y poder consumir envuelven la racionalidad de esa ciencia en los comportamientos cotidianos. Por eso siempre hay una innovación permanente, como una especie de “fuga hacia delante”. La sociedad siempre había buscado una armonía, pero al cambiar la orientación sólo a fines racionales y de acumulación, y lograr esto con eficacia y eficiencia, produce un desplazamiento de otros sentidos del conocimiento, convirtiendo los medios en fines. Por eso la tecnología actual es fruto del desarrollo de la sociedad capitalista, centrada sobre esa racionalidad orientada a fines, produciendo un velo de intereses sobre la tecnología y convirtiéndola en objeto legitimador del dominio de quienes la controlan. Este dominio intenta ser ocultado por una ideología del progreso tecnológico ilimitado, convirtiendo a la tecnología en

factor de producción y elemento ideológico, orientado por la relación de poder que le da sentido. La tecnología como ciencia experimental En esta concepción se diferencian las ciencias básicas –que son aquellas encargadas de la teoría– y las ciencias aplicadas –que son aquellas que producen artefactos y herramientas– derivado del proceso del conocimiento y la manera como se da éste, fruto de los procesos de la microelectrónica. Para esta concepción hay una ciencia que corre por vía de la física quántica y que se mueve más en el campo de la teoría. En cambio, la ciencia experimental juega más en lo que sería la primera ley de la termodinámica (la energía no se crea o se destruye, sino que se transforma). Desde allí se reconoce que la acción del tecnólogo es una acción que organiza desde un sistema de investigación propio un proceso que termina articulando herramientas, máquinas, y productos terminados desde modelos que se establecen y que tienen una base del conocimiento siguiendo un proceso de creación tecnológica que hace primero el modelo, luego el diseño, la fabricación del prototipo y la fabricación del producto para un uso ampliado. Por ello se reconoce que hay un saber tecnológico, que es una construcción de los tecnólogos. En ese sentido, la producción industrial es mucho más aplicada y no es la tecnología misma. Por eso, el tecnólogo o ingeniero incorpora su quehacer teórico práctico, cuerpos conceptuales y metodológicos elaborados y aceptados por la comunidad científica, buscando hacer la conversión de ésta a las ciencias experimentales que le permiten construir los objetos tecnológicos. La tecnología como construcción permanente En esta concepción, el desarrollo tecnológico va a aparejado al desarrollo de las ciencias y en ese sentido ambos son abiertos y pueden ir en múltiples direcciones. Por ello no basta tener el resultado, sino que es necesario averiguar también los fracasos por los que se pasó antes del resultado exitoso de hoy, porque en ellos está parte de la explicación de a dónde se llegó y las otras posibilidades que estaban abiertas y que se clausuraron al llegar a ese nuevo lugar. En este enfoque, la acción que busca resultados teóricos o prácticos implica siempre procesos en construcción y productos que son sólo resultado parcial de procesos más amplios, y la transformación se produce a partir de los nuevos hallazgos y de los caminos desechados. Igualmente, tiene una preocupación por encontrar el nexo entre el artefacto construido y la relación con otros factores sociales, económicos, políticos y científicos que constituyen el sistema en el cual operan, ya que grupos sociales diferentes definen según sus necesidades e intereses diferentes problemas con relación al artefacto en desarrollo. Por ello, en esta visión los artefactos tecnológicos son culturalmente construidos e interpretados. La controversia tecnológica aunque se cristaliza no queda nunca cerrada, ya que existirán preguntas que permitirán ir a otro lado. Para ellos una tecnología importante crea primero el problema y luego lo resuelve, negando el que sea simplemente resolución de necesidades y aspiraciones. Este intento de agrupamiento pretende en una forma esquemática y con todos los riesgos de ello, mostrarnos que operamos al interior de concepciones de que debo reconocer la o las mías para poder entender por qué hago educación en tecnología de esa manera; es decir, que opto dentro de un campo desde concepciones muy precisas. (Ver Anexo al final del documento) La tecnología actuar, hacer y convivir replantea formas de ser, pensar,

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Uno de los problemas centrales de entender la tecnología como cultura y como una forma de ella misma, es que se le debe reconocer un nexo con la sociedad que la produce, en cuanto

ella es creación del proceso histórico que la ha gestado y a su vez ella produce nuevas transformaciones en el mundo que comienza a gestarse con su influencia. Por eso, como en la cita de introducción, a tanta gente se le hace tan difícil interpretar los nuevos hechos o los interpretan simplemente en el esquema bueno-malo o de catástrofe-paraíso. Por ello es tan importante colocarle contexto al lugar donde acontecen esas transformaciones. No sólo globalización, también revolución del capitalismo Muchos autores no sólo reconocen que estamos en un capitalismo con hegemonía financiera, sino que comienzan a dar cuenta de la manera como el capitalismo actual supera la crisis que se le había creado con la forma de trabajo fundada en el fordismo (gran fábrica automatizada de trabajo fijo) y en ese sentido, toda la revolución científico-técnica que se vive actualmente supera y produce una ruptura con ese mundo llevando en su interior otros elementos de crisis. Ahí se dan tres cambios fundamentales: la manera como existe el mundo, la manera como lo conceptualizamos y la manera como se aprehende lo real. Situación que nos coloca frente a una realidad que cambiada tan radicalmente se hace difícil reconocer para nuestras miradas anteriores, en cuanto hace insuficientes nuestras concepciones y categorías. Por ello, consideramos que la deconstrucción24 aparece como una herramienta que va a permitir reconocer las modificaciones, las transformaciones y la crítica necesaria, para lograr los cambios que se hacen indispensables y para instaurar la nueva crítica. La deconstrucción es también una actitud permanente de cambio y de radicalización de la crítica para construir las nuevas formas emergentes de emancipación construidas sobre ideales de justicia, pero en las condiciones de un nuevo capitalismo. 20 Algunos autores plantean que estamos en el fin de la era energética, que desde el neolítico hasta nuestros días había logrado transformar la materia colocando su base en fuentes de energía cada vez más poderosos: el fuego, el vapor, el petróleo, la electricidad, la energía nuclear. Desde esta mirada, la revolución microelectrónica coloca en crisis la economía, la sociedad, los procesos de socialización y de forma más fundamental la civilización capitalista. Y esto lo hace en un proceso en el cual ha logrado desmaterializar las fuerzas productivas: trabajo y capital constante, haciendo que la energía más importante de esta nueva formación sea el saber y el conocimiento acumulados, pero ahora con una característica de disponibilidad que se hace inmediata por vía de las tecnologías de la información y en ese sentido la más importante fuerza de trabajo va a ser el intelecto. Reconocido como fuerza de trabajo, el ser humano se vuelve medio de producción en su totalidad. Es a la vez capital, mercancía, trabajo y mercado. Es decir, vale sólo si funciona como capital, por eso se gesta un proyecto en donde es y se le trata como capital y sólo si se reconoce como tal puede entrar en un proceso de valorización. Igualmente, se le va a dar si es capaz de inscribirse como necesario a un proyecto transnacional. En esas condiciones aparecen los estados virtuales, sin territorios, ni fronteras, ni distancias, ni ciudadanos. Un estado global donde el capital financiero y las formas transnacionales comienzan a plantear que no van a admitir regulaciones y que a partir de ahora son ellas las que colocan las nuevas condiciones. Una de sus características principales va a ser la manera como, derivado del cambio, organiza otras formas del trabajo que algunos han llamado el fin del trabajo asalariado y el inicio del post-asalariado. Modificaciones en el mundo del trabajo El desarrollo del mundo tecnológico y la creciente automatización van a tener como consecuencia la desocupación tecnológica, ya que se produce un desplazamiento del proletariado industrial y en el mismo sector de servicios la cada vez mayor tecnificación va a generar un proceso en el cual el trabajo humano tradicional desaparece como necesidad vital. Ese trabajo

simple, que Marx había denominado como el gasto de la simple fuerza de trabajo que cualquier persona posee en su organismo sin necesidad de educación, va a sufrir a partir de las máquinas un proceso en el cual la idea de trabajo es llevada a unos replanteamientos básicos, produciendo un nuevo asalariado de élite y numéricamente muy poco, y a su vez una precarización del trabajo. Por eso, cuando nos encontramos en el mundo de hoy frente a fenómenos como la desocupación, la marginación, la desvalorización subjetiva, la creciente violencia, el aumento de la delincuencia tanto en el mundo del norte como del sur, no estamos frente a un simple fenómeno marginal, sino frente a los elementos centrales de un nuevo capitalismo que ha jugado a la concentración de la riqueza producida por las máquinas abandonando los viejos planteamientos liberales de salario pleno, ingreso a todos los núcleos familiares y redistribución de la riqueza. En ese sentido, es difícil para alguien con mente muy fija y categorías muy cerradas entender que estamos en la emergencia de otra forma del trabajo, distinta a lo que se ha visto en los últimos tres siglos de revolución industrial centrada sobre las energías naturales y la fuerza de trabajo humana. Ese cambio va a exigir replantear muchas de las teorías que nos acompañaron, las formas de organizarse y luchar, así como quiénes son los actores que generan esos nuevos procesos de resistencia y transformación. Miremos algunos elementos que constituyen esa forma de trabajo: Del fordismo al post-fordismo y el toyotismo Hay una forma de organización del trabajo que paulatinamente ha desaparecido. El fordismo, con sus rigideces, va a ser suplantado rápidamente por las nuevas reglas que son colocadas en un mercado que se mueve con otras características. El modelo anterior es demasiado rígido para un capital que se mueve fruto de la revolución microelectrónica a otras velocidades. Rápidamente se hacen obsoletos su trabajo parcelado y en cadena, su demora en planificar nuevos productos, su organización administrativa rígida, sus especializaciones extremas de la mano de obra, sus excesivos costos de almacenamiento. Ese mundo es transformado por otras reglas, en donde el imperativo de la competitividad abre brechas en el derecho al trabajo. Es un nuevo contrato de trabajo en el cual la empresa le ofrece una nueva identidad y una forma de trabajar, desde donde hace la adhesión que lo vincula a la sociedad global. La empresa es su proyecto común. Por ello, no hace huelga. Si adhiere a un sindicato, es el propiciado por la misma empresa. No hay negociaciones, todo se arregla por consenso. Su pertenencia a la empresa lo hace miembro de una gran familia. Su subjetividad es construida desde los fines y valores de la empresa. La fábrica se le vuelve un todo inteligible, en donde él es actor y en ese sentido cada uno se siente fabricante, tecnólogo y administrador. Es el obrero polivalente. El paradigma de organización jerárquica es reemplazado por el de la red de flujos interconectados, que son coordinados en sus nudos por colectivos autoorganizados en los cuales ninguno es centro. Esto ha dado socialmente origen a las nuevas organizaciones centradas en redes. Es un sistema de autoorganización, a imagen del sistema nervioso que tiene como característica ser descentrado. El ejemplo más claro de este conflicto se da: “Cuando Matsushita, por ejemplo, le compró a Motorola su fábrica de televisores en Chicago, procedió a dejar cesante a todo el personal jerárquico y sólo conservó a los trabajadores directamente productivos. ‘Para los norteamericanos, explicaba en esa época un gerente japonés, están por un lado quienes piensan, y por otro quienes trabajan. Entre nosotros, los que trabajan son los mismos que piensan
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y no tenemos necesidad más que de la mitad de los efectivos.’ Tras dos años, Matsushita había duplicado tranquilamente la producción de televisores en Chicago y reducido en un factor 50 el número de retoques necesarios.” Muy imperceptiblemente ha quedado por fuera el obrero que por un salario cumple una función mecánica incorporado a un proceso productivo que no controla y del cual surge un producto que no podrá comprar por lo miserable de su situación. Ese proletario trabajador alienado del pasado, que por esa condición se rebela contra ella y da origen a todas las luchas sociales que construyeron durante los dos siglos anteriores el mundo de los derechos sociales y la justicia social, como elementos fundantes de regulación de la sociedad, y en ese tránsito puede negociar la venta de su fuerza de trabajo, sus derechos sociales, que como ciudadano prevalecen sobre los del patrónB busca la manera de sustraerle al proceso productivo parte de su energía, acepta la alienación y sabe que la negocia bajo derecho del trabajo, que lo constituye como negociación colectiva. Es decir, se ha comenzado a dejar en parte aquello que Marx había llamado el trabajo abstracto general, separable de la persona que lo ejecuta y que califica a los individuos desde competencias sociales en general. Por eso, en este tiempo, su estatuto deja de estar regido por el derecho al trabajo como parte de la superación del trabajo abstracto. Es lo que algunos autores han comenzado a llamar la salida de la sociedad del trabajo. Pero también la nueva subjetividad va a requerir otro tipo de competencias para un tipo de organización industrial diferente, que al no estar centrado sobre el trabajo fijo y de repetición, sino en las innovaciones continuas y variadas por la diversidad de gustos y modas, mucho más desmaterializado en cuanto los productos van a estar basados en la imagen, la novedad, el valor simbólico, sometidos a una renovación permanente para poder competir, las competencias también se transforman y allí la iniciativa, la creatividad y la autonomía dan cuenta de esa otra característica del nuevo asalariado de punta y es la flexibilidad para garantizar esa productividad. Se crea el trabajo de élite El toyotismo en su fábrica de montaje final hace que aquellos contratados por las grandes empresas sean un élite que tiene como característica el que se selecciona de una manera super especializada. El trabajo directo pierde su lugar central y la economía cada vez necesita menos de él. Curiosamente, en la punta de esa pirámide está este tipo de trabajadores, pirámide que tiene dentro de sus características construir las nuevas formas del trabajo bajo un proceso de expoliación muy fuerte. En los análisis que se han hecho de estas fábricas, para el caso de la Toyota japonesa, en la cúspide está sólo el 15% de la mano de obra de la fábrica y son quienes se relacionan con el proceso completo y hacia la base aparecen 45,000 empresas que funcionan bajo un régimen de subcontratistas cada vez más taylorizadas y tienen como característica que cuando más se baja en la pirámide más bajo es el nivel técnico, menos los niveles de capacitación, el trabajo es menos fijo y los salarios más bajos.28 En este mismo ejemplo se encuentran tres rangos: uno primero cubierto por 171 empresas sub-contratistas que tiene un 25% menos del salario y produce sub-conjuntos; luego 5,000 empresas subcontratistas de segundo rango, que realizan obras compuestas y tienen 45% menos de salario que el primero; y a la base están 40,000 empresas subcontratistas de tercer rango que ofrecen piezas y tienen la mitad del salario de los del segundo rango. Para la reestructuración de las empresas en las décadas del 80 y del 90, se adoptó un modelo de reingeniería para la administración, en donde la tabla que se tenía buscaba dejar sólo el 19% de los asalariados permanentes, y el 81% en un trabajo temporal que se hacía según las horas del trabajo necesario, en algunas ocasiones a distancia, y en la mayoría de las ocasiones sólo necesitaba de 20 horas semanales.

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Esto se hace visible hoy en esas economías en el lugar de los salarios. En Alemania, en el año 1978, el 54% del ingreso nacional se derivaba de salarios; de ingresos de capital el 22% y de prestaciones y jubilaciones el 23%. Para 1994, los salarios ya eran sólo el 45%, y los ingresos del capital habían sido del 33%. Los beneficios del capital aumentaron el 90% entre 1979 y 1994 y los salarios un 6%. Se produce un fenómeno en el cual los salarios de los niveles directivos altos se desarrollan rápidamente y los salarios más bajos reducen sus ingresos. Durante los años 80, los beneficios de las 500 firmas norteamericanas antes de aplicación de impuestos aumentaron 92%. En 1987 sólo había sido del 61%, contra 22% en 1982. Es visible la pérdida del nivel del salario cuando se estudia esas 500 firmas más grandes de EE.UU., en donde los 2/3 del crecimiento que tuvieron esas empresas fue acaparado por el 1% de los trabajadores activos. En 1994 un director general de una de estas empresas ganaba 187 veces más que un obrero. En 1992, 145 veces, y en 1975 41%. Los 14 gerentes de Nike en norteamérica se ganan al año igual al salario de 18,000 obrero filipinos. Es decir, la tecnología ha ido produciendo un fenómeno de aumento de la riqueza sin redistribución. En Estados Unidos se multiplicó por cuatro para los accionistas en el período 1987-1997. Además, el modelo político que se le coloca desde una aparente cientificidad de la macroeconomía, plantea una disminución de impuestos sobre ingresos altos, porque en ese escenario la competitividad muestra que es el ahorro de estos sectores –que lo pueden hacer por sus altos ingresos– el que financia las nuevas inversiones para la competitividad. Por eso, el total de los ingresos fiscales en el mundo sobre beneficios han disminuido en forma asombrosa. En 1960 eran del 35%, en 1980 del 25% y en 1994 del 13%. Cambian también los procesos y la manera de los derechos Si afirmamos que la tecnología transforma nuestro mundo cotidiano y nuestro espacio de acción allí y hemos visto cómo toca el mundo del trabajo, también nos encontramos con que el campo de los derechos ha sido sacudido. Esto, no sólo en cuanto los dueños del capital han echado mano de las ventajas comparativas de la tecnología para readecuar y producir una manera de existencia del trabajo asalariado –como vimos páginas atrás– volviendo sobre derechos individuales, sino que también la esfera de los derechos humanos se ha visto tocada y complementada por todas estas discusiones de la manera como lo tecnológico transforma, reorganiza y produce poder y control. Por ello, desde una mirada de estos nuevos fenómenos se ha comenzado a hablar en derechos humanos de los derechos de cuarta generación, que son aquellos que tienen que ver con el uso, desarrollo y los caminos de la ciencia y la tecnología en la sociedad actual.33 Naciones Unidas en la década del 80 y parte de la del 90 ha venido planteando una serie de problemas que se derivan del nuevo tipo de información que se puede obtener desde el control técnico y científico, así como la libertad de los pueblos para tomar caminos tecnológicos diferentes. Allí aparecen aspectos como el respeto a la privacidad, frente a la acumulación de bancos de datos donde figuran las personas; la protección de la personalidad humana frente a los exámenes con propósitos experimentales en medicina o el uso de algunas drogas; los límites a una electrónica en donde los impactos de satélite y comunicación atentan contra la soberanía de los países. Igualmente, el uso de computadores para toma de decisiones con una manifestación clara de violación de derechos humanos y el tipo de control que se da a partir de ellos. También ha sido una preocupación constante de las NNUU el establecer un balance entre el progreso científico y tecnológico y lo que sería el desarrollo de la espiritualidad y los modos de

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vida de los pueblos, en cuanto se reconoce que las concepciones dominantes, bajo el manto de la objetividad y la neutralidad, construyen un universalismo que niega todas aquellas formas de conocimiento que no estén centradas en la racionalidad instrumental y por lo tanto planteándose una expansión de la ciencia y la tecnología occidentales como la única marcha posible hacia el progreso y el bienestar de todos. Igualmente se señala cómo la cultura tecnocrática, en tanto dominio de expertos y especialistas, ha ido limitando la participación democrática de quienes no entran en esa esfera tecnocrática. Por estas razones, a partir de 1986 y a lo largo de toda la década del 90, comienzan a consolidarse unos derechos humanos de cuarta generación que han venido siendo trabajados especialmente por el grupo de trabajo de la universidad de las NNUU y que estarían centrados en cuatro principios: Derecho a la protección contra los efectos dañinos de los desarrollos científicos o tecnológicos El derecho al acceso para todos a la información científica y técnica que sea necesaria y pertinente para el desarrollo y bienestar de quienes estén interesados en ello El derecho de los países y los pueblos a escoger el desarrollo que les parezca más conveniente según las particularidades de sus pueblos El derecho a escoger el camino de la ciencia y la tecnología que sean más afines con su cultura y con sus particulares visiones de la sociedad 24 Como vemos, aun con el replanteamiento y el intentar colocar una serie de regulaciones a la forma de la ciencia y la tecnología, ésta sigue su marcha inexorable bajo la forma de globalización capitalista de corte occidental, que pasa por encima de culturas, generando múltiples caminos que conducen todos al mismo escenario. Sin embargo, la existencia de estos grandes troncos de nuevos derechos abre espacio para un nuevo tipo de acción que va a tener que plantearse no sólo en el corto, sino también en el mediano y largo plazo. Cambios también en lo ético La tecnología de estos tiempos, bajo su versión científico-técnica, ha introducido una serie de acciones, objetos y consecuencias en una forma tan nueva y, fruto de la globalización, en una escala tan amplia, que pudiéramos afirmar que uno de los principales problemas del marco en el cual se ha movido la ética anterior es que le queda muy difícil dar cuenta del nuevo fenómeno, y esto significa una reformulación de la ética. Sólo que el camino de la neutralidad valorativa que ha desarrollado el discurso positivista sobre los hechos científicos y tecnológicos puede terminar haciendo caer a muchos también en una mirada de neutralidad ética. Sin embargo, esta discusión es reabierta si revisamos en los numerales anteriores cómo la tecnología misma está produciendo unos cambios profundos respecto a dos elementos fundantes de la existencia humana: En relación a la naturaleza Esto implica cambiar la mirada para dar cuenta de la biosfera como un todo, en la cual hay una responsabilidad no sólo ambiental sino de la vida misma. Esto va a significar replantear toda la ética que postula al ser humano como centro del universo, lo que significa salir de un antropocentrismo para ir hacia un geocentrismo en donde la vida, bajo cualquiera de sus formas, está al centro del escenario. Allí la existencia del ser humano está en interrelación y se hace dependiente de la manera como se garanticen, construyan y modifiquen los equilibrios naturales. Con relación al ser humano

En donde éste no es separado de la naturaleza y hoy sobre la existencia del ser humano – en las reflexiones anteriores hemos ahondado la manera como el tipo de trabajo que tiene que asumir, el tipo de control tecnocrático que se produce– nos coloca frente a problemas en los cuales las éticas anteriores no tuvieron qué recabar. Es decir, la vida humana dentro de una existencia de las condiciones globales de la vida en el planeta y la forma de existencia de lo humano en el futuro, no sólo exige nuevos deberes y derechos, sino que exige un replanteamiento para colocar el lugar de lo humano en esos nuevos deberes y derechos. Estos elementos, frente a la naturaleza y lo humano, exigen la construcción de una ética y una política respecto a la tecnología, lo que significa que es necesario entrar a fondo en una crítica al proyecto baconiano de control sobre la naturaleza, lo que generaría una reorientación del conocimiento en donde, reconociendo su poder, podría ser orientado éste para la utilización del mejoramiento del ser humano, aspecto que cuando se mira la famosa pirámide de ingresos del año 2000, donde el 20% tiene el 86.2% de todos los ingresos del planeta, y el 20% más pobre sólo el 1.1%, nos muestra cuál ha sido la real orientación que ha tomado. Ello nos señala claramente, con las cifras que se dan, de las diferencias abismales generadas en los últimos tiempos (muchas de ellas están enumeradas en el documento anterior sobre desarrollo sustentable), y que en su ejecución capitalista la ciencia y la tecnología, y la racionalidad instrumental, carecieron de valores moderadores, así como de un criterio de justicia. Ello muestra, de base, una insuficiencia ética en donde ciencia y tecnología no tienen un control sobre sí mismas en su aparente neutralidad. En cambio, sí se genera el control de unos pocos, que son quienes tienen la relación del poder y en su lógica de acumulación también un carácter autodestructivo sobre el futuro del planeta: ruptura de la capa de ozono, deshiele de casquetes polares, lluvia ácida, cambios climáticos, desertificación, etc. Es necesario también producir un primer cuestionamiento sobre si la tecnología es progreso por sí sola y si no es necesario introducir una participación en la toma de decisiones en asuntos científicos y tecnológicos que tengan incidencia en la vida de la gente; es decir, producir una evaluación y control social de la tecnología, en donde es necesario situar el lugar de las formas multilaterales de ese control, más en tiempos de globalización. Ubicar también el papel de los estados, la manera como la sociedad va a generar esos mecanismos de control social. Estamos asistiendo al surgimiento de unas orientaciones políticas que dan cauce al proceso tecnológico. En últimas, es la pregunta por si es posible una regulación de la sociedad a los procesos de desarrollo científico y tecnológico, regulación a través de la cual emerge una ética de estos tiempos reorganizada y reestructurada para dar cuenta de las nuevas realidades. Esto significa afirmar que ninguna opción tecnológica es social y valorativamente neutra. También significa plantearse que su legitimidad no está dada solamente en función de su eficiencia industrial y hay que dar paso a unos valores que guíen la acción y que no sean sólo de eficiencia instrumental. Allí comienzan a surgir valores de ese desarrollo social que comienzan a esbozar esos nuevos horizontes, valores de equidad social, de sanidad ambiental, de realización humana y de una construcción estética del mundo. En últimas, significa darle vuelta a la idea del ser humano como dueño de la tierra y controlador de la naturaleza, para poder regular un mundo donde la vida sea cuidada en sus múltiples aspectos y ello requiere reconocer la conflictividad de la relación que nos da lo artificial entre la naturaleza y lo humano, que están determinando en última instancia la naturaleza humana. Hans Jonas habla de que una nueva regulación ética derivada de los problemas tecnológicos que se plantean tiene que intentar dar respuesta a tres asuntos de poder que se presentan con mucha fuerza en estos tiempos: los poderes de la relación ser humano-naturaleza del poder de los automatismos de la tecnología que se escapan del control del ser humano ese poder de segundo grado para poder guiar su uso con otros valores

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Educación y tecnología En este largo viaje que hemos realizado en las páginas anteriores, podemos darnos cuenta de la manera como la tecnología transformó las condiciones de existencia de la sociedad y se coloca como uno de los elementos centrales a ser pensados y desarrollados en estos tiempos. Modificó la forma del capital dominante, transformó a su asalariado, modificó las formas del derecho que se habían establecido, exigió replanteamientos políticos, consumó la globalización cultural y ahora entra en el entramado educativo con fuerza propia exigiendo su lugar junto a un conocimiento que cada vez más se desarrolla desde y con las posibilidades que la tecnología brinda. Si bien ciencia y tecnología son dos aspectos diferentes y complementarios –cada uno con sus procedimientos propios, con sus metodologías, con sus procesos de constitución y de construcción de saber y de productos– hoy son dos aspectos que tienen que ser trabajados en forma complementaria, por el lugar que la una y la otra han comenzado a jugar en la sociedad globalizada. En ese sentido, tienen distintas manifestaciones en el hecho educativo que pueden llamar a confusiones. En forma muy breve, diferenciaré cinco que nos permiten y exigen algunas definiciones: la educación técnica como aprendizaje de oficio, la educación tecnológica como profesionalización, la educación en tecnología como área en el proceso educativo, la formación en cultura tecnológica como un contenido transversal a todo el sistema educativo, y el uso de tecnología en educación como la incorporación de objetos tecnológicos para procesos de enseñanza y aprendizaje. 26 Pero antes de hacer este abordaje se hace necesario colocar unos presupuestos que van a hacer posible elaborar una caracterización muy rápida de esos hechos educativos. El hecho básico para constituir procesos educativos es reconocer cómo hoy existe un correlato entre ciencia, tecnología y conocimiento escolar y está constituido por el peso que en los procesos de educación de los últimos 50 años ha ido tomando la educación como prerrequisito para la incorporación en el mundo del trabajo. Pero en el último período, agudizado por un fenómeno en el cual los objetos tecnológicos invadieron la vida cotidiana en todos los ámbitos y en todas las edades, ese paso de la formación para el trabajo a ese acceso en la vida cotidiana marca una diferencia en la relación con el mundo de los objetos tecnológicos. Ese paso de proceso productivo a vida cotidiana implica también no sólo una serie de aprendizajes de manejo técnico, sino una manera de ser de diversos procesos científicos que hacen posible el hecho tecnológico y que son incorporados a nuestra vida diaria. Por ello, el conocimiento escolar es transformado a tal velocidad, porque va a requerir no sólo explicar muchos contextos y formas de existencia de lo tecnológico en la vida cotidiana, sino también porque en un mundo cada vez más globalizado, ella es principio y explicación de cantidad de fenómenos que unen lo local con lo universal. Por eso pudiéramos hablar de que estamos impregnados de mediaciones tecnológicas que han transformado el panorama cotidiano de cualquier habitante del planeta en la esfera inmediata de su vida. Pero cuando se habla de educación, se requiere ir perfilando una mirada sobre la tecnología, ya que para hacerla efectiva y real en el hecho educativo y se le use bajo cualquiera de sus formas, va a implicar, y requiere, tener claras algunas preguntas básicas. Las principales serían: ¿Cómo se entiende la tecnología? ¿Cuál es la naturaleza de su conocimiento y su relación con el conocimiento científico? ¿Cuáles son sus procesos metodológicos?

¿Cuál su lugar en el desarrollo de la sociedad? ¿Cómo son sus usos y sus empoderamientos? ¿Cuál es su proceso histórico de constitución? De la manera como yo me responda a estas preguntas como prerrequisito de la acción educativa se van a derivar las diversas concepciones de los lugares y de los papeles que va a cumplir la tecnología en el proceso educativo. Por ejemplo, no es lo mismo considerar que la formación tecnológica es el aprendizaje de una serie de ciencias que luego serán aplicadas como tecnología, que afirmar que la ciencia y la tecnología son realidades diferentes con estatutos diferentes pero que una y otra son complementarias y el desarrollo de una se alimenta del desarrollo de otra. Cada una de las posiciones implica diferentes epistemologías, y por lo tanto, diferentes maneras de desarrollarlas en el terreno práctico. Y así pudiéramos hablar de las ocho o diez comprensiones de tecnología de las cuales hemos hecho el cuadro en las páginas anteriores. Igualmente, hablar de educación y tecnología exige reconocer la existencia de múltiples experiencias internacionales en las cuales el hecho tecnológico se ha constituido. Esto exige hacerse la pregunta por la manera como ellas son trabajadas por nuestros contextos y en ese sentido no basta la simple transferencia de ellas. Porque si no hay tecnología sin contexto, nos podemos encontrar que existiendo necesidades comunes en la globalización, los desarrollos desiguales de los países y de las regiones tienen necesidades y prioridades propias, y en ese sentido los desarrollos tecnológicos que se han hecho en otros países resuelven otras necesidades que responden a contextos económicos, culturales, ecológicos, demográficos, diferentes. Es desde ahí que se puede afirmar que en algunos casos en nuestro continente nos hemos encontrado con hechos en los cuales muchas tecnologías importadas tanto en su uso industrial como para procesos educativos han resultado contraproducentes por la inadecuación, ya que no encontraron una plataforma local que le diera como base una adecuación de ella. Por ello una de las grandes discusiones hoy del lugar de lo tecnológico es el problema de la endogenización, que va a ser esa capacidad de recibir e incorporar desarrollos tecnológicos como parte de un mundo globalizado pero desde una base humana y técnica propia que permite usar, recrear y crear todo un contexto tecnológico propio. Por ello, cuando estamos hablando de educación y tecnología en términos generales en el contexto de nuestras realidades nos estamos refiriendo a generar una capacidad nacional y regional para construir procesos científicos y tecnológicos endógenos que nos permitan controlar y evaluar las tecnologías usadas, sus usos y sus implicaciones. En ese sentido, es la necesidad de ir más allá de una simple calificación tecnológica profesional, planteándonos que esta formación no se puede hacer si no es al interior de una cultura tecnológica, que implica también el desarrollo de un grupo humano que lee críticamente el proceso tecnológico y que reconociendo todas las posibilidades y el mundo nuevo que abre, también establece una capacidad de crítica y determinación de los empoderamientos sociales que la tecnología construye y por lo tanto es capaz de hacer una evaluación social de ésta. Por ello, podemos afirmar que no estamos frente a un simple problema de cómo incorporar la tecnología en la educación, como un área o como un problema de la educación media, sino la manera como incorporamos una cultura tecnológica que implica una mirada que es capaz de darse cuenta de qué manera también se está transformando lo educativo. Por ello es necesario diferenciar qué es lo que estamos entendiendo o qué es lo que estamos haciendo. Desde mi particular punto de vista, diferencio cinco elementos que deben estar a la base de cualquier discusión como presupuestos para su abordaje en el campo educativo: Educación técnica

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Pudiéramos decir que esta mirada es la que ha venido haciendo tránsito en nuestra realidad y que viene en la evolución de la educación desde el artesano hasta las escuelas de artes y oficios y que han hecho en nuestros países carrera a través de los servicios nacionales de aprendizaje (SENA, SENAI, SENAE, SENATI) y que buscan fundamentalmente una especie de aprendizaje de oficio, una especie de entrenamiento para ser trabajador. Esta mirada fundamentalmente está preocupada por el entrenamiento y sus métodos pedagógicos están orientados fundamentalmente a aprendizajes por vía de la instrucción y sus resultados son productos para uso cotidiano. Normalmente, este sector es generador de talleres propios y de una serie de talleres intermedios que buscan responder satisfacer las necesidades inmediatas de la población y desde ahí el problema central de la educación es dotarlo de ese contenido práctico inmediato que pueda tener una aplicación directa en el mundo laboral, con competencias más prácticas. Educación tecnológica Es el lugar asignado en la educación media o bachillerato clásico a la formación profesionalizante que se comenzó a desarrollar en los últimos años de la enseñanza secundaria y que tomó el camino de la educación que recibían sectores pobres que no tenían condiciones económicas para ir a la universidad, dotando a éstos de un manejo de habilidades y ciertos conocimientos que les permitían emplearse como personal de confianza y ayudantes de algunos trabajadores calificados o de algunas profesiones como ingeniería, arquitectura, administración, entre otras. 28 En esta versión de la educación tecnológica se buscaba una especialización desde una disciplina más o menos experimental que permitiera la construcción de objetos tecnológicos o técnicos y éstos eran los que iban a garantizar la incorporación al trabajo de estas personas. Por ello, este grupo humano no necesita una formación intelectual muy de fondo ni en aspectos de ciencia ni en aspectos sociales ni en aspectos valorativos, porque lo fundamental es aprender su oficio para una pronta incorporación en el mercado de trabajo. Esta visión ha hecho carrera en las nuevas leyes de educación que se han desarrollado en el continente, ya que bajo la forma de educación media se ha venido regularizando este funcionamiento produciendo nuevamente una separación tajante entre la cultura académica que lleva a la universidad y la cultura tecnológica que forma mano de obra intermedia. En el último período, algunos autores han venido planteando la ruptura de esta mirada de educación tecnológica y planteando una ruptura con ella, en donde: “la educación tecnológica basada en una síntesis apropiada de fundamentos científicos y de oportunidades para la creatividad: investigación, experimentación, diseño, resolución de problemas concretos, capacidad de adaptación de tecnologías genéricas a condiciones particulares, etc. La educación tecnológica requiere un pensamiento creativo, práctico, experimental”.36 Desde esta perspectiva sugieren un replanteamiento de la mirada tecnológica para incorporarla a un proceso de iniciación a las carreras que se mueven en diferentes niveles de los procesos disciplinares y plantean una formación de un tecnólogo que tiene una visión en donde le da lugar a lo social, a lo político y a lo ético. Educación en tecnología Derivado del lugar que tiene la tecnología hoy en la sociedad, en cuanto ella da cuenta de la producción de objetos tecnológicos, herramientas, artefactos, y está presente en la manera como se resuelven prácticamente los asuntos de ella. Se plantea la incorporación del área de tecnología en la educación básica como preparación para ese mundo de la vida en el cual se encuentra, pero también para que tenga un continuum con la educación media. La base fundamental de ella va a ser la capacidad de diseñar lo que les va a permitir fabricar objetos y darle un uso a los conocimientos que se adquieren en el área

nueva de tecnología. Formación en cultura tecnológica Desde esta visión, la tecnología no es una disciplina comparable a la física, a la sociología, en cuanto ella se ocupa de las creaciones artificiales y de la ciencia de la artificialidad. Ella es transversal a todas las actividades y disciplinas. En ese sentido, el mirarlas sólo en las ciencias empírico-analíticas no es más que una desviación de la mirada por la fuerza que ellas tienen en este tiempo de predominio del paradigma científico productivista. Por ello, no existe un área del conocimiento que no tenga tecnologías ni objetos tecnológicos específicos. Es decir, cada una de ellas tiene propuestas, problemas y soluciones diferentes. Por ello, el problema de fondo hoy en día es cómo construir sistemas educativos que eduquen tecnológicamente a todos los educandos y a los educadores y que hagan visible el elemento tecnológico en cada una de las disciplinas, es decir, hacerlo emerger como parte de la cultura de la época. Esto va a requerir una especie de alfabetización tecnológica como prerequisito que permita cambiar la mirada y poder ver desde cada una de las actividades humanas que ésta afecta. También implicaría un cambio en la concepción de las áreas. Por ejemplo, en física, habría que ver las abstracciones teóricas, los fenómenos físicos y las aplicaciones tecnológicas, su uso social y sus consecuencias. Por ejemplo, en el lenguaje no ver sólo los fenómenos culturales de origen tecnológico como la generalización de la alfabetización, sino allí también la desaparición de los dialectos, la presencia homogeneizadora y globalizadora de la televisión, la reivindicación multicultural y por tanto de construcción democrática de los idiomas indígenas. Este planteamiento exige que los centros escolares estén pensados como proyectos culturales en los cuales la tecnología es parte de la cultura que en determinados momentos, por ejemplo, en la media, tendrá un mayor énfasis específico pero funcionará bajo otros criterios y otros controles. Uso de tecnología en la educación La tecnología37 siempre ha estado presente en los procesos educativos, ya que educar siempre ha sido un proceso que se construye mediante la mediación de artefactos técnicos y sistemas lingüísticos (interacción, voz, tablero, libros, vídeo, espacio físico, relaciones emocionales, jerarquías, computador y otras). Estas mediaciones siempre han sido estructuras que han vehiculado códigos sociales y mensajes que se hacen posibles a través del proceso educativo mismo. Hoy los sistemas tecnológicos han cubierto todos los ámbitos. En lo global ellos mismos han sido generados y han generado la transnacionalización de la economía, la cultura y la sociedad produciendo un cambio –en algunos casos copernicanos– en las profesiones y en el uso de las herramientas con las cuales esa tecnología se hace visible. En la información se ha generado una de las principales transformaciones y allí el mundo de la información actualizada ha dejado de ser un patrimonio de la escuela, ella ya no es el único soporte del conocimiento y la información. En ese sentido, aparecen televisiones, redes telemáticas, cd rom, algunos lejos de los sistemas de enseñanza pero que en su uso han comenzado a transformar los sistemas de enseñanza y aprendizaje. Ellos vienen a recordarnos que la educación es un complejo mundo de comunicación repleto de conexiones internas y externas, pero además éstos muestran una ruptura en los modelos tradicionales de comunicación docente centrados en el/la profesor/a-estudiante. Igualmente, las relaciones de la gestión educativa comienzan a vivir procesos mucho más interactivos, en los cuales investigación y diálogo están incorporados abriendo los caminos de la transdisciplinariedad y haciendo presentes las diferentes formas de discusión de la verdad en los campos sociales,

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políticos, económicos, científicos y en esa manera estableciendo una crítica al mundo que se genera en la globalización. Por ese avasallamiento que produce, la tecnología presente en los procesos de la educación, la investigación educativa ha ido develando cómo cada vez más educadores vienen haciendo un trabajo educativo puramente instrumental, en cuanto no tienen concepción, simplemente lo que hacen es dotarse de un nuevo manejo instrumental que no les permite separar entre las herramientas, los soportes de la información, la concepción pedagógica y el tipo de interacción que produce el hecho educativo. Reconocer esto implica asumir cambios profundos y en alguna medida reconocer que la llegada de la tecnología, no sólo en su versión instrumental sino en su visión más compleja de revolución científico-técnica, hace visible la crisis de paradigmas en educación, ya que nos muestra los límites de los antiguos procesos pedagógicos no adaptados a las nuevas realidades y muchos de ellos todavía incrustados en el viejo diseño instruccional. Este camino abre puertas para unos procesos de innovación que permitan desde las teorías pedagógicas cualquiera que ella sea: constructivismo, mapas conceptuales, sociocrítica, complejidad, etc., se diseñen procesos pedagógicos que permitan una cierta coherencia de esa teoría con los resultados de aprendizajes logrados, generando un proceso pedagógico donde el lugar del conocimiento y de la tecnología es planificada por el/la profesor/a de acuerdo a su concepción pedagógica.38 Como podemos ver, el hecho tecnológico y la complejidad de su configuración, exigen tener claridad sobre el hecho educativo y el hecho pedagógico inherente al hecho educativo, origen hoy de un camino puramente técnico e instrumental que viene haciendo carrera en distintas latitudes en las cuales estos temas son debatidos y practicados. Algunos caminos iniciales desde la educación No hay tecnología sin contexto. Desde la tradición crítica plantea como la tecnología siempre tiene una historia que debe aclararse tanto como los intereses que permitieron su desarrollo y los caminos que tomaron sus posteriores usos. En ese sentido, se debe plantear con claridad que no sólo hay un contexto de producción, sino hay un contexto de recepción y que es en esa doble interacción donde el proceso de endogenización se realiza. No hay uso neutro de la tecnología, ella corresponde a valores, formas de organización social, actores que la agencian y cambios que se generan a partir de ella. En ese sentido, todo proceso educativo debe hacer consciente y explícito no sólo el para qué sirve, sino el lugar donde coloca en la sociedad a quien vive el proceso y en últimas debe mostrarle la manera como él queda inserto en la totalidad social al servicio de unos intereses específicos. De la ética de la tecnología. Como hemos visto en acápites anteriores, nos encontramos frente a una reformulación de la ética derivada de las transformaciones tecnológicas y ello va a exigir para quienes nos movemos en un horizonte de educación popular con intereses desde los excluidos, hacer explícitos los tipos de empoderamiento que se producen no sólo en la producción tecnológica sino en el uso tecnológico y la manera como fruto de las relaciones sociales en que estamos insertos se producen empoderamientos que generan desigualdad, y abriendo los nuevos circuitos por los cuales corren la segregación y la exclusión haciendo que el problema ético no pueda liberarse de las preguntas por la justicia, centrales al pensamiento histórico de la educación popular. Construcción de un proyecto crítico. Desde la educación popular se plantea claramente un enfrentar el proyecto positivista que habla de la ciencia y la tecnología como un escenario sin intereses ni valores y legitimadas por la eficiencia instrumental. Esto significa que es necesario iniciar un proceso de reflexión crítica que salga de los lugares comunes del pasado y en la lectura del uso de la ciencia y la tecnología como capital constante al servicio de una mayor acumulación capitalista comience a desarrollarse un nuevo pensamiento crítico que dé base a las nuevas

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formas de organización de la ciencia y la tecnología como factor preponderante de los procesos de producción, socialización y culturización. Construcción de las organizaciones sociales para enfrentar las nuevas desigualdades y permitir la vinculación a la discusión del uso social de la tecnología y que sea capaz de hacer un replanteamiento de esas formas organizativas, coherentes con el nuevo tipo de trabajo que se desarrolla en el predominio de ciencia y tecnología como capital constante y que sacrifica grandes sectores de seres humanos, como vimos en la reflexión sobre el trabajo. Esto exige la capacidad de incorporar una serie de reivindicaciones de otro tipo, que darán paso a la constitución de los nuevos movimientos sociales de estos tiempos y por lo tanto el surgimiento de mi nuevo pensamiento crítico, que enfrente al unanimismo del pensamiento único. El reconocimiento de las tecnologías tradicionales y la construcción de las alternativas. Si todo el discurso nuevo de la tecnología está fundado sobre la artificialidad, hoy en diferentes campos del saber y del conocimiento se mueven esfuerzos por lograr encontrar los caminos en los cuales la hibridación y la endogenización tengan como punto de partida la sabiduría milenaria de nuestros grupos ancestrales. No en vano mucho del trabajo de la biotecnología se mueve hoy sobre el conocimiento que tenían nuestros grupos raizales sobre el uso de infinidad de plantas que habían dado como resultado tecnologías específicas para solucionar infinidad de problemas. Construir una sensibilidad para oír y darle un lugar social a éstas va a ser una de las tareas centrales. La negociación cultural se plantea como una alternativa que permite triangular pedagógicamente procesos en los cuales están implicados saberes comunes, saberes científicos, sabiduría popular empírica, que deben ser resueltos no sólo en el campo de la tecnología como construcción sólo desde una mirada cientificista, sino desde procesos pedagógicos que realicen la triangulación de estos procesos y puedan dar como resultado caminos endógenos en tecnología. La construcción de una capacidad científica y tecnológica endógena. Frente a la ola de transferencia tecnológica hay que colocar a ésta como una reivindicación específica de la educación popular, en cuanto es necesario construir en nuestros contextos la generación de esos grupos críticos con una formación de punta que permita evaluar, controlar y prever las consecuencias sociales, económicas y culturales de su utilización. Mantener la mirada crítica para seguir reconociendo cómo en este capitalismo de base tecnológica sigue persistiendo una incapacidad de él, que parece ya estructural para democratizar el avance y nuevos desarrollos de las fuerzas productivas, acentuando la monopolización de sus réditos y la profundización de la desigualdad.
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http://www.fcen.uba.ar/prensa/brevi/04may01.html

Río Negro, 29 de abril, 2001

"La tecnología representa una oportunidad"
El escritor y científico Tomás Buch presentó su libro en Neuquén.

NEUQUEN (AN).- "La tecnología interesa porque está por todos lados y representa una oportunidad y una amenaza y esa es la razón por la cual interesa no sólo desde las ciencias duras sino también desde la humanística". La reflexión es del doctor Tomás Buch, quien el martes pasado presentó en el Salón Auditorio de la Facultad de Ingeniería de la UNC su libro "Sistemas tecnológicos. Contribuciones a una Teoría General de la Artificialidad".

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En una nota que concedió a este medio, Buch -que es columnista del diario "Río Negro"- explicó que "hay un fuerte componente humanístico en lo que trato de hacer y es importante que eso entre en la educación de los ingenieros y de los tecnólogos, porque lleva una contextualización de lo que hacen porqué y para qué". El libro es para Buch "un intento de estructurar la tecnología como área del conocimiento y esto proviene del momento en que aparece tecnología como materia de enseñanza en la escuela primaria y secundaria y todo el mundo se pregunta ¿y eso qué es?, ¿con qué se come?". En la certeza de que "había distintas maneras de enfocarlo", lamentó que "había sobre todo una falta de material bibliográfico y me puse a tratar de suplir por un lado la falta de bibliografía y por el otro lado la falta de una reflexión integradora que se pudiese estructurar como área del conocimiento como geografía, historia, matemáticas o física". Buch, que es doctor en química y se dedicó a la investigación molecular, consideró que el libro "está destinado y se originó en una necesidad de los docentes, pero está escrito para un público mucho más general y en realidad es una contribución a la teoría de la artificialidad o sea más allá del requerimiento puntual de los docentes en la escuela, esto se dirige a un público en general interesado en el hecho de que prácticamente todo lo que nos rodea tiene una impronta humana". Confió que lo que intenta hacer desde el texto "es estructurar todo eso y dar pautas para una comprensión por un lado histórica y por el otro epistemológica de la artificialidad y de las distintos aspectos". Consciente de que "hay una idea muy restringida sobre la tecnología en la mayoría de la gente", Buch entendió que "al margen de las asociaciones e ideas que cuando uno dice la palabra tecnología todo el mundo piensa en computadoras, como si un palo de amasar no fuese un objeto tecnológico, en realidad la cosa y eso es lo que trato de demostrar, va mucho más allá". Insistió en destacar que el libro "intenta ver cuál es el modo de pensar del tecnólogo, cuáles son sus estructuras conceptuales, y de ahí sus metodologías de trabajo que son completamente diferentes de las del científico y por eso hay una confusión muy grande en la mayoría de la gente entre ciencia y tecnología".

El ex director de INVAP reiteró que la ciencia y la tecnología "siempre se mencionan juntas pero son dos cosas totalmente distintas que se utilizan mutuamente, la ciencia estudia lo que existe y la tecnología crea lo que no existe, pero desde que la tecnología utiliza el conocimiento científico, su velocidad de avance se ha hecho incomparablemente mayor y viceversa". Desde su experiencia resaltó que "desde que la ciencia utiliza instrumental de avanzada tecnológica, también logró avances mucho más veloces y profundos y por eso hay como una simbiosis o un matrimonio de conveniencia entre la ciencia y la tecnología, pero son dos cosas completamente diferentes, aunque se asocian demasiado, estrechamente". Desde una perspectiva humanística, aclaró que "este libro casi no se habla de ciencia, hay un enfoque filosófico histórico, por eso el subtítulo habla de la artificialidad que va más allá de lo estrictamente tecnológico a abarcar aspectos culturales, que también son artificiales aunque no sea lícito meterlos".
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Capítulo I

Artificialidad
La reflexión, racional o mítica, acerca de nuestro estar en el mundo está implícita en casi todas las manifestaciones de la cultura humana. En la mayoría de estas reflexiones, sin embargo, la existencia de lo artificial es aceptada como un hecho elemental de nuestro ser como humanos y los filósofos han hecho muy pocas referencias a lo artificial. Han especulado acerca del ser, de la conciencia, de la esencia de las cosas, de la naturaleza última del hombre, pero casi nunca tuvieron en cuenta que una buena parte de esa naturaleza está en su carácter de Homo Faber: su capacidad para crear artefactos, de modificar el mundo en su provecho. Lo artificial siempre actuó como un telón de fondo, casi invisible por lo obvio de su existencia. Su producción ocurría, por decir así, detrás de la escena. Cuando los enciclopedistas del siglo XVIII quisieron que los técnicos de su época hablaran sobre sus actividades tuvieron grandes dificultades, ya que los artesanos de las especialidades más diversas estaban acostumbrados a actuar y lo hacían con eficacia e idoneidad, pero no estaban acostumbrados a reflexionar sobre sus acciones o sobre sus técnicas. Lo artificial y la conciencia, aquello que parece diferenciar a los humanos de los animales, tuvieron un origen divino en todos los Mitos de los Orígenes y al comienzo eran privativos de los dioses. Los humanos cometieron un grave pecado al pretender entrar en competencia con ellos, al tomar conciencia tanto de su existencia como de temas tecnológicos. Prometeo roba a los dioses la técnica del manejo del fuego para entregarla a los humanos y es severamente castigado por ese acto de traición. Adán y Eva generan la cultura al comer el fruto prohibido del conocimiento de sí mismos y son prestamente expulsados del Paraíso y condenados a emplear el conocimiento recién adquirido para su propia subsistencia. Por lo tanto, el origen de lo artificial representa un misterio y un desafío. Sin embargo, este desafío no sólo no ha sido levantado por los filósofos hasta muy recientemente, sino que ha sido relativamente poco tratado por los filósofos profesionales. Y este hecho debería extrañamos, porque, después de todo, la existencia de objetos artificiales es la huella característica, más importante y evidente del ser del hombre sobre la Tierra. Sin embargo, la reflexión sobre la artificialidad recién se profundiza ahora, cuando la Tecnología como fenómeno histórico irrumpe y se hace abrumadora para muchos. En los comienzos míticos de la Tecnología, podemos poner la célebre frase de Goethe: "Al comienzo fue la Acción". Pero la acción pura aún no es tecnológica: debe acompañarla la reflexión. Por lo tanto, desde un punto de vista ontológico, se puede decir que la Tecnología y la Ética nacen juntas en el momento en que el ser humano comienza a ser capaz de prever el resultado de sus acciones: cuando reflexiona sobre las consecuencias de sus actos y puede comenzar a distinguir si éstos serán nocivos o beneficiosos para sí mismo, para su comunidad o para el Otro. Cuando analiza un problema, inventa una solución y prevé las consecuencias de esa solución, inventa lo artiffcial: la acción y la reflexión sobre la acción. Cuando algún homínido temprano recogió una rama para usarla como garrote, resignificó el objeto natural que, de ser una cosa dada, pasó a ser una herramienta. Esta resignificación es esencial y será una base para la definición de lo que llamaremos el Objeto Tecnológico. La conjunción de un humano, un objeto y una representación mental de un propósito, transforma el objeto: detrás hay una idea de lo que el humano quiere hacer. También transforma la acción: el simple acto de emplear un objeto se transforma en Acción Tecnológica. Este ir y venir conceptual entre acción y objeto recorrerá toda nuestra búsqueda. La acción está

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en el centro mismo de la Tecnología pero se ejerce sobre los objetos. De allí que no sea posible comprender la Tecnología si sólo se centra la atención en los objetos, como tampoco se puede analizar las acciones sin un conocimiento detallado de los objetos sobre los que éstas se ejercen. Una excepción sólo aparente es el acto creador (en el cual sólo existe una imagen mental del objeto a crear), pues ésta se basa en el conocimiento de otros objetos. La única excepción real -muy importante para los educadores tal vez sea cuando el niño aprehende el mundo mediante la acción (algunos dirán que lo construye). El concepto moderno sobre el aprendizaje mediante la construcción del conocimiento a través del hacer social, en ningún área de la educación tiene tanta vigencia como en la educación tecnológica La Tecnología, el Homo sapiens y los otros animales Al reflexionar acerca de la esencia de lo artificial, que al parecer diferencia nuestra especie de todas las demás, debemos preguntarnos sobre los límites de lo artificial, cuál puede ser la naturaleza de las actividades técnicas de los animales. Si, de hecho, muchas especies animales ejecutan actividades técnicas relativamente elaboradas, ¿podemos decir que se trata de acciones tecnológicas? ¿Es realmente lo técnico la distinción esencial entre la especie humana y todas las demás? Los humanos somos seres biológicos pero a la vez somos autores de los objetos que producimos y, como especie, preexistimos a ellos. La existencia de lo artificial se debe a que reunimos ciertas potencialidades que posibilitan la creación; la primera de las cuales es el lenguaje. Mucho se ha escrito sobre la naturaleza del lenguaje y su importancia, no sólo como herramienta de la comunicación, sino como condicionante del pensamiento o aun, según algunos, idéntico al pensamiento mismo. Ciertamente, el lenguaje es la condición necesaria para la existencia de la cultura, en el sentido más abarcativo de esta palabra. El lenguaje "existe" en un espacio diferente del espacio físico, el espacio de los signos o en diversos espacios simbólicos. Gran parte de los Objetos Tecnológicos tienen su dominio de existencia en este ámbito, ya que la condición previa para una evolución predictiva es la toma de conciencia a través de la simbolización y, casi siempre, mediante el lenguaje. Es necesario y oportuno destacar aquí una vez más este hecho fundacional de lo humano. Así como el humano es un ser esencialmente social, y hay otras especies que también lo son, y así como hay numerosas especies que poseen lenguajes de notable complejidad, acerca de los cuales aún sabemos muy poco; sin embargo, no parece haber ninguna otra especie que disponga de un lenguaje de la variedad y complejidad de cualquiera de los nuestros. Aún se especula acerca de los cetáceos y se encuentra cierta capacidad de comprensión simbólica en los chimpancés y los gorilas -nuestros parientes más próximos-, a algunos de los cuales podemos enseñar a comunicarse elementalmente con nosotros. Pero ellos no han creado espontáneamente esas formas de comunicación. A los humanos, el lenguaje nos ha permitido la transmisión interpersonal de nuestras experiencias, posibilitando el aprendizaje como grupo social y aun como especie. Esta facultad se ha multiplicado, sin duda, por las sucesivas invenciones de medios para conservar y multiplicar la memoria de la información una vez adquirida; pero esto ya forma parte de las etapas avanzadas de la historia de la cultura. Así, el lenguaje desempeña un papel central y esencial en la estructuración de todo lo humano. Según los analistas contemporáneos de las organizaciones3, lo lingüístico es el dominio en el cual existen las organizaciones, ya que éstas se configuran exclusivamente a través de las interacciones -"conversaciones"- entre los seres humanos considerados sistémicamente como entidades autónomas. En el capítulo 3 veremos algo más sobre esto. Junto con la capacidad lingüística, otras precondiciones biológicas de la Tecnología son: la marcha erecta, que permite liberar nuestras manos, y nuestro pulgar en oposición, que permite la prensión de objetos. Ello nos hace libres, no sólo para tomar objetos -cosa que hacen muchos otros animales-, sino para manipularlos, modificarlos y fabricarlos. A pesar de estas características evolutivas, el ser humano estaría físicamente muy mal equipado para sobrevivir en un mundo hostil si no fuese, justamente, por la capacidad intelectual de usar en beneficio propio las fuerzas y los materiales que la naturaleza pone a su disposición. La

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Tecnología se presenta, entonces, como la principal razón por la cual el ser humano ha podido prosperar -y tal vez sobrevivir como especie. De este modo, la cultura y la Tecnología, que es una parte muy importante de ella, pueden ser vistas como el "nido" que el hombre construye en la naturaleza para refugiarse en él.4 Existe una interpretación darwiniana de la artificialidad, o aun de la razón instrumental, como el rasgo cuya aparición en el transcurso de la evolución de las especies nos permitió alcanzar la preeminencia como especie que domina a todas las demás.5 Similar es la idea que expresa Sigmund Freud cuando dice que "el hombre es un dios con prótesis".6 La complejidad de algunas de las acciones técnicas de los animales es comparable con la de muchas de las de la especie humana. Por supuesto que los casos de los insectos sociales son los más notables. Muchas especies de hormigas construyen complejas estructuras para su vivienda en las que transcurre la mayor parte de sus vidas y de las que salen solamente para procurarse alimento. Incluso llegan a esclavizar a otras especies, los pulgones, a los que "ordeñan" en procura de jugos nutritivos. Las hormigas son capaces de coordinar su acción individual a través de comunicaciones químicas que consisten en el intercambio de ciertas moléculas, en una manera comparable a aquélla en la que se comunican entre sí las neuronas. Las abejas poseen un lenguaje postural dinámico, de considerable complejidad, para transmitir información objetiva acerca de la ubicación de fuentes de néctar y polen. La construcción de estructuras complejas, como los nidos de ciertas especies de termitas, se efectúa gracias a mecanismos en los que insectos individuales, que llevan barro destinado a la construcción, hacen un depósito de feromonas en ciertos lugares de la estructura en crecimiento. A veces, estos depósitos se acumulan por azar en un punto dado y sirven como atractores para que nuevas termitas dejen allí sus cargas de barro. Esto establece direcciones preferenciales para el "crecimiento" del nido? Más allá de los casos citados, hay otras especies que llevan a cabo actividades de alta complejidad, por ejemplo, la construcción de estructuras con finalidades claramente definidas. La mayoría de las arañas tejen eficaces trampas en las que cazan sus presas. Los castores construyen diques de gran tamaño, para lo que combinan diferentes materiales, como árboles que ellos mismos derriban, ramas sueltas y barro. Hay aves que utilizan piedras para quebrar un huevo de avestruz. Muchas especies de pájaros construyen nidos de estructuras complicadas, utilizando variados materiales (un ejemplo notable de esto es el hornero de nuestras pampas, pero hay muchos más). Las aves, por otra parte, también presentan notables ejemplos de organización: se reúnen por millares en formaciones de gran perfección para realizar asombrosas migraciones que abarcan miles de kilómetros recorridos con gran persistencia, año tras año, hasta los lugares de llegada. En esas enormes formaciones se organizan en forma de cuñas en las que todos siguen a un líder, aunque sólo lo hagan manteniendo la punta del ala de su antecesor en el ángulo de visión adecuado para no perderlo. ¿Son estas acciones el fruto de una reflexión finalista? O, dicho de otro modo, ¿el animal se propone algo?, ¿tiene una imagen mental de lo que quiere lograr? Esto constituye un problema filosófico arduo, afín a la pregunta acerca de la naturaleza de la conciencia y del pensamiento, y que recuerda las reflexiones de Turing acerca de si las computadoras piensan. Además, los animales son muy diferentes entre sí y sería absurdo juntar a los chimpancés con las hormigas en una pregunta acerca de su intelecto o su volición. Todo lo que sabemos acerca del funcionamiento de los sistemas nerviosos hace pensar que es imposible que un animal tan pequeño como una hormiga pueda poseer una propiedad emergente como la conciencia; y más problemático aun es que un conjunto de miles de tales seres sean comparables a una sociedad humana. Seguramente, entonces, no exista tal reflexión en las hormigas; tal vez, sólo hay comportamientos automáticos muy complejos, programados genéticamente con un asombroso grado de eficiencia -y también notablemente rígidos, como todas las conductas condicionadas filogenéticamente- y gobernados por un pequeño sistema nervioso, formado por unas pocas neuronas, a las que ayuda un sistema de feromonas que transmiten químicamente las señales apropiadas. (Evidentemente, las acciones de los primates o los cetáceos merecerán otro nivel de análisis.) Sin embargo, estas consideraciones acerca de la conciencia no necesariamente resuelven por la negativa la pregunta acerca de la teleonomía8 en las acciones de los animales, ya que éstas tienen una finalidad evidente y la cumplen; sólo que no se trata de planeamiento consciente sino de comportamientos automáticos.

Más compleja es la pregunta acerca del comportamiento teleonómico de la comunidad de hormigas, consideradas holísticamente como una entidad de orden sistémico superior a la de una mera congregación de individuos. D. Hofstadter trata este tema, así como otros de la teoría de los sistemas, con profundidad y humor en su libro Gddel, Escher, Bach9• Demuestra allí cómo se puede explicar que la interacción de numerosas hormigas de diversas castas puede generar un comportamiento teleonómico complejo. Se trata del comportamiento que, más adelante, llamaremos "emergente". Por otra parte, hemos caracterizado a la especie humana por su dominio de la expresión simbólica, sobre todo del lenguaje. Algunas de estas manifestaciones están al alcance de los chimpancés y de los gorilas, que, adecuadamente entrenados, logran realizar notables proezas de comunicación simbólica. No pueden hablar porque carecen de aparatos de fonación, pero pueden entender el lenguaje humano y aprender el lenguaje de los sordomudos, mediante el cual llegan a manejar vocabularios importantes. También hay registros que muestran que a veces "hablan" solos, que pueden mentir y que enseñan el lenguaje de signos a sus semejantes. Pero no han sido capaces de desarrollar ninguna de estas formas de comunicación por sí mismos y, aun en los casos más notables, sus logros no llegan más allá de lo que correspondería a una "edad mental" equivalente a un niño humano de pocos años. De todos modos, estos logros muestran que no existe un abismo intelectual infranqueable entre estos animales y nosotros, ya que también existen humanos de capacidades intelectuales más limitadas que las de estos animales superiores. En estos mismos animales existen testimonios de su capacidad de realizar actividades técnicas similares a las que los humanos usaron en el paleolítico. Así, a veces los chimpancés usan palitos para extraer gusanos de huecos demasiado pequeños o ramas para alcanzar objetos lejanos. También llegan a confeccionar herramientas adaptando ramas o tallando piedras para sus fines, en una clara muestra de lo que se parece a una actitud finalista deliberada. 10 Recientemente se ha visto a delfines usando esponjas como máscaras para proteger su nariz en zonas donde podrían ser atacados por rayas venenosas. Éste es el primer caso en que se ha detectado el uso de herramientas por parte de los mamíferos marinos en libertad.' I Podemos responder la pregunta acerca del carácter tecnológico de las acciones técnicas de los animales, recurriendo al concepto sistémico de jerarquía (véase capítulo 4). Es indudable que muchos animales tienen la capacidad para ejecutar numerosas tareas a las que podemos genuinamente atribuir un carácter de actos técnicos. Sin embargo, el humano (y tal vez debemos incluir aquí a los antropoides con sus actos técnicos pseudopaleolíticos) no solamente posee esa capacidad de hacer, sino aquella, que pertenece a un orden jerárquico superior, de reflexionar sobre su hacer y, en consecuencia, de buscar otras soluciones a los problemas planteados, encarar problemas nuevos; en una palabra: hacer una cosa distinta a la que siempre hizo. Si recordamos, la etimología de la palabra "tecnología" es justamente eso: la reflexión sobre la técnica. En el mismo sentido, se puede comprender el problema, aun más básico, del lenguaje humano. En comparación con los "lenguajes" de ciertos animales que tienen un complejo repertorio de signos, sonidos y/o gestos significantes -mediante los cuales logran una comunicación intraespecífica totalmente eficiente para el nivel en que se desarrolla su vida comunitaria-, los seres humanos no nacemos con un repertorio de sonidos. Sí nacemos con un repertorio de estructuras lingüísticas que nos permiten construir no uno, sino miles de lenguajes diferentes; todos de una riqueza incomparablemente superior a lo conocido del lenguaje de los animales. Sin embargo, debemos admitir que nuestro conocimiento de los animales que se mueven en un ámbito muy diferente del nuestro, como, por ejemplo los cetáceos, es muy fragmentario y puede deparar aún grandes sorpresas. Si nos detenemos aquí, debemos responder la pregunta acerca del carácter tecnológico de las acciones técnicas de los animales casi totalmente por la negativa. En cambio, si nos anticipamos a la reflexión de Heidegger sobre la esencia de lo tecnológico, podemos interpretar la primera fase del des-cubrimiento -que ese autor relaciona con el acto tecnológico-, como el des-cubrimiento de lo técnico en la propia naturaleza. En ese caso, las actividades técnicas de los animales podrían tener parte en este des-cubrir de su propia esencia. Pero los animales no llegan más allá -salvo los casos señalados de los antropoides, que tal vez constituyan un puente filogenético hacia la

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tecnología humana. La pregunta acerca del carácter tecnológico de las acciones técnicas lleva a una pregunta, aun más inquietante, acerca de las acciones de los sistemas tecnológicos mismos. Cuando un sistema cibernético "cumple con su propósito" de regular un proceso, ¿está realizando una acción tecnológica? De acuerdo con nuestros criterios actuales, deberíamos contestar que no, ya que el sistema no hace una reflexión sobre su acción y no puede modificarla gracias a los resultados de esa reflexión. Sin embargo, ¿qué pasa con los sistemas "inteligentes" que sí hacen algunas de esas cosas? La pregunta acerca del carácter tecnológico de los actos técnicos de los animales tiene un correlato simétrico en la pregunta sobre en qué medida la tecnología humana se puede entender a partir de la extensión de las habilidades biológicamente innatas de los seres humanos o si se trata de algo que va más allá. Es posible considerar muchas de las tecnologías tradicionales, y algunas de las contemporáneas, como originadas en intentos sucesivos y exitosos de extender el alcance de los medios físicos del hombre como ser biológico, o aun de reemplazar mediante órganos artificiales algunas habilidades percibidas en otras especies y de las cuales carecemos. A lo largo de la historia, hemos progresado, de aumentar el alcance de nuestros miembros y la fuerza de nuestros músculos a reemplazarlos paulatinamente por herramientas y fuentes de energía extrahumanas. Luego, hemos reemplazado nuestros sentidos por sensores y, finalmente, nuestro cerebro por sistemas automáticos de control. Según A. Gehlen'2, no puede haber ningún desarrollo que vaya más allá de una auto matización completa del trabajo humano. Sin embargo, se puede observar que, desde los mismos albores de su actividad técnica, el hombre descubrió y empleó elementos totalmente ajenos a su propio organismo, como el fuego y la rueda. Y resulta un tanto extremo considerar la exploración del espacio como simple extensión de una caminata por los alrededores de la gruta en la que vivía la horda primordial. 38 Physis y techne Las consideraciones que anteceden se refieren al conjunto de lo artificial, término que comúnmente se aplica a todo lo que no es "natural". Es decir, artificial es todo lo hecho por el humano, más allá de sus actividades biológicamente condicionadas, como alimentarse de lo que encuentra o reproducirse. En este sentido, una de las acepciones del término Tecnología es "la ciencia de lo artificial". En efecto, en griego techne es, indistintamente, técnica o arte; es decir que abarca todo lo artificial en oposición a physis -lo natural- y a logos -la palabra, la explicación y el discurso. Los griegos diferenciaban la techne de la praxis, el obrar cotidiano, que involucra lo artificial de una manera filosóficamente más ingenua.13 Sin embargo, nos interesa separar de este conjunto de lo artificial aquellos actos y objetos que debemos calificar de propiamente tecnológicos. Esta tarea no es obvia ni sencilla, pues lo tecnológico está íntimamente imbricado con todos los demás aspectos de la cultura; es así como no se distinguía entre técnica y arte. Esta identificación entre la técnica y el arte llega hasta los albores de la revolución industrial. En efecto, el primer gran compendio i1uminista de la totalidad del conocimiento humano, la gran Enciclopedia de Diderot y D'Alembert, clasifica lo que hoy llamamos técnicas como "artes mecánicas".'4 En general, en la actualidad se suele hacer cierta diferencia entre los Objetos Tecnológicos en el sentido estricto y otras clases de objetos artificiales, como las obras de arte, los objetos de culto, las categorías sociales y los valores. Aquí sólo quisiéramos esbozar este tema como área para un debate. Por un lado, ya hemos señalado que todos los objetos artificiales comparten una característica básica, al derivar de la cualidad humana de la reflexión sobre sus actoslS y de la capacidad de la acción instrumental. Sin embargo, hacer de la Tecnología una categoría omnímoda -al identificarla con la totalidad de lo artificial-, nos hace correr el peligro de una interpretación tecnologicista de la existencia humana misma. Frente a esto, en una época de peligroso predominio de la Tecnología sobre la mayoría de los demás valores humanos, vale la pena recordar a L. Mumfordl6 cuando dice que lo más propio de la especie humana no es tanto el hacer, la construcción de objetos, como el pensamiento, la reflexión. Para él, el ser humano es, ante todo, Homo sapiens y, sólo en segundo lugar, Homo faber. En vista del pesimismo tecnológico de Mumford, esta contraposición marca la tensión secular

entre una posición premoderna (que tiene su frase liminar en el comienzo del Evangelio de Juan: "Al comienzo fue el Verbo") y la actitud moderna -que se expresa en la ya citada frase que Goethe pone en la boca de Fausto, el personaje paradigmático de la modernidad: "Al comienzo fue la Acción". Se trata de una falsa contraposición: como ya lo hemos mencionado, lo característico de lo humano es la reflexión sobre la acción, o acción reflectiva. Goethe hace decir a Fausto que ha logrado la síntesis del pensamiento y la acción, usando su mente para transformar el mundo . El tecnólogo lo expresa de esta manera: "El que piensa debe actuar y el que actúa debe pensar: de eso trata la Tecnología". Por otra parte, la observación de Mumford, quien antepone el pensamiento a la acción en términos éticos, no puede ser aceptada sin mayor comentario. En efecto, en ninguna otra época se ha reflexionado tanto sobre la acción como en nuestro siglo. Al mismo tiempo, la acción nunca se había ejercido en la escala a la que nos hemos acostumbrado y nunca había tenido consecuencias tan amplias y universales como en nuestro tiempo. Éste es el tema central de este debate: lograr que la reflexión sobre sus consecuencias sepa poner límites a la acción. La relación entre la Tecnología y los conceptos más abarcativos del ser de nuestra especie, como el de cultura, merece un análisis muy cuiadoso. Los arqueólogos que estudian los restos de las civilizaciones extinguidas se encuentran solamente con objetos materiales: las culturas están caracterizadas y definidas por sus instrumentos, los rastros a eriales que están disponibles para su estudio. Sin embargo, tales objetos no se identifican con la cultura ni la agotan. Los Objetos Tecnologicos son una especie de materialización o expresión de la cultura. También lo son de la nuestra, a pesar de que, como veremos oportunamente, existen Objetos Tecnológicos cuyo "ser en el mundo" no es material. Por ejemplo, alguien que sólo pudiese ver computadoras, difícilmente inferiría de ellas la existencia de Internet. Al mirar a nuestro alrededor, podemos clasificar fácilmente a la mayoría de los objetos (en un sentido muy amplio de este término al que calificaremos más de cerca en el capítulo próximo) en naturales y artificiales, en "nacidos" y en "hechos" como los ordena Kevin Kelly.'9 En efecto, es muy fácil distinguir un rascacielos de un árbol. Las formas generadas por crecimiento se distinguen netamente de las formas creadas por diseño. Sin embargo, aun en este intento casi trivial de distinguir lo natural de lo artificial, nos encontramos con perplejidades y ambigüedades. Un objeto natural, como una rama o una piedra, se transforma en Objeto Tecnológico ("naturfacto") al ser resignificado como herramienta. El choque entre dos piedras es un acontecimiento natural; pero cuando el humano controla ese choque para sus fines lo resignifica como acción tecnológica. Desde la revolución neolítica resignificamos a los seres vivos como alimento. Los vegetales que crecen en los campos de cultivo no lo hacen de la manera que, intuitivamente, designaríamos como natural; crecen en hileras, son regados mediante sistemas artificiales y reciben nutrientes, sin los cuales no prosperarían tamo como lo hacen. En los cultivos de frutales, los árboles son podados de maneras que facilitan la cosecha. ¿Y qué clase de entidad es una organización como una empresa? Salvo las organizaciones tribales, formas espontáneas y muy antiguas de organización social, parece obvio que las organizaciones son objetos artificiales, generalmente creadas por diseño y con una final ida expresa. Sin embargo, como todos los que han intentado formar conducir una organización humana saben, la artificialidad de una entidad social es de una clase muy diferente de la de un mecanismo, y las organizaciones comparten muchos atributos con los seres vivos. Es decir, usando la metáfora de Kelly, las organizaciones se "hacen" pe luego crecen como si hubieran "nacido". Y se resisten a ser manejadas como si fueran mecanismos, como lo demuestra -afortunadamente- el fracaso de las sociedades totalitarias. La reflexión sobre lo artificial y la Tecnología tiene varias vertientes desigualmente desarrolladas. Una es metafísica y reflexiona sobre _ esencia y sus orígenes en los albores de lo humano. La otra, antropológica, sociológica e histórica, ha derivado, además, en una tercera vertiente, la ética y crítica. Hay una cuarta: la de los ingenieros que reflexionaron sobre su quehacer. La actitud de enfrentamiento y conquista frente a la naturaleza está imbricada desde el comienzo con toda la cultura judeo-cristiana. Es el mismo Dios del Génesis quien pone al hombre en un papel excepcional frente a las demás creaturas y ordena a Adán sojuzgar la tierra --por más que diversas traducciones matizan ese término de varias maneras y los exégetas hablan de que Dios le dijo que tenía que cuidaría, cosa que, por supuesto, nunca hizo. Por lo tanto, el tema del do-

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minio -sobre la naturaleza, pero también sobre los demás hombres- está presente desde los comienzos de la reflexión sobre la Tecnología. La actitud de la antigüedad clásica frente a los técnicos y la tecnología fue de desconfianza y desdén. La actividad técnica más noble era la agricultura y Sócrates privilegia a la acción cívica y la reflexión filosófica, y sobre todo la ética, sobre las actividades técnicas. Éstas podían llegar a distraer a los ciudadanos de cosas más nobles. Algo similar pensaba Platón, quien no en vano puso a los filósofos -y no a los tecnólogos- en el gobierno de su República. También la escolástica advertía un peligro para la Fe en la excesiva confianza y el excesivo interés por los objetos de este mundo. De tal modo, aparece en toda la historia clásica de Occidente una actitud de escepticismo y desconfianza hacia los productos de la ingeniosidad humana. Esta actitud sería totalmente revertida a partir del Renacimiento. De Bacon a Marx y de Marx al pragmatismo El Renacimiento fue la época en la que nació la Modernidad. La racionalidad y el racionalismo comenzaron a imponerse en las explicaciones de los fenómenos, en estrecha relación con los requerimientos de la expansión de la potencia occidental en el mundo, las necesidades de los navegantes y conquistadores y las demandas de la burguesía en ascenso. Nació así la ciencia, en la acepción moderna del término, y la reflexión sobre la naturaleza del conocimiento adquirido por medio de. la experimentación -que se diferenciaba muy claramente de lo que la escolástica consideraba la única fuente del' saber: la revelación y la traición. Galileo se centró en las explicaciones causal es de los fenómenos y descubrió el "método experimental", limitando el concepto de causalidad a las causas eficientes y centrando el valor del conocimiento de ¡chas causas, desde el punto de vista práctico, en la predicción que la explicación causal hacía posible. Y, más allá del mero conocimiento, en el dominio y control que tal previsión permitía, según el programa tecnológico explicitado por Francis Bacon. La Filosofía de la Ciencia creció bajo estas premisas, explorando la naturaleza del conocimiento científico; en particular, de la relación entre causas y efectos y la naturaleza de las explicaciones causal es. Desde sus comienzos en el Renacimiento, la ciencia, como la conocemos hoy, se presentó como una nueva manera de conocer el mundo. Y el conocimiento del mundo, la relación entre nuestras percepciones y lo que ocurre "realmente" "allá afuera", fue desde siempre una de las preocupaciones de la Filosofía y una de sus ramas principales: la teoría del conocimiento. Francis Bacon (1561-1626) fue uno de los primeros que propusieron con gran entusiasmo la doctrina de que el imperio sobre la naturaleza era un don divino? Bacon fue uno de los más decididos defensores de la ciencia, pero su filosofía del dominio corresponde más a una glorificación de la Tecnología que de la ciencia, a las que vincula fuertemente. Es el iniciador de la corriente que subsiste actualmente, de que la Tecnología es, ante todo, ciencia aplicada. Lleno de optimismo y voluntarismo, refuta a los que, ya en su época, opinaban que las ciencias y las artes podían ser usadas incorrectamente: "La recta razón y una sana religión sabrán regular su uso", dice. Bacon fue el más explícito de los defensores de la nueva manera de ver la ciencia y la Tecnología como contrapartes del oscurantismo medieval, y fue reconocido como precursor por los filósofos del Iluminismo y los autores de la Enciclopedia, entre ellos el ya citado D'Alembert. Pero, si bien todos ellos saludaron el amanecer de la nueva época y la Modernidad con sus banderas de progreso, libertad y razón, no todos ellos vieron el progreso tecnológico con el mismo optimismo que aquél. En efecto, en Rousseau ya se perfila una crítica "romántica" a esa modernidad. Según él, la expansión de la ciencia y de lo que en su tiempo aún se llamaba "artes prácticas" traería el bienestar a los pueblos, pero a la vez produciría un ablandamiento que podría ser nefasto para las virtudes más nobles de los hombres. Si Bacon relacionó la Tecnología con la ciencia y con la conquista de la naturaleza, otros filósofos resaltaron su relación con las condiciones sociales y económicas. Uno de los filósofos más importantes de la Modernidad, Hegel, encuadró algunas reflexiones acerca de la Tecnología en la problemática del dominio social en uno de los ejemplos más importantes de las contraposiciones dialécticas que menciona en sus escritos: la del amo y el esclavo. Para el amo, que ejerce su poder y es el portador del espíritu superior, resulta importante reafirmar su dignidad espiritual, parte y símbolo de su superioridad, relegando en el esclavo la ejecución del trabajo -de todo trabajo (tesis). Con esto, sin embargo, en una reversión dialéctica de la situación (antítesis), el esclavo

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recibe una dignidad propia, la del ejecutor del trabajo, y, por ende, la de ser portador del progreso tecnológico que, con el tiempo, le permitirá alcanzar su liberación a través de la conciencia de su dignidad humana (síntesis). Hegel, por lo tanto, aunque implícitamente, participa del optimismo tecnológico de Bacon: la tecnología nos hará libres. El kantiano Friedrich Dessauer26 quiso completar el pensamiento de su maestro y propuso que, además de las tres tradicionales críticas kantianas -de la metafísica, la ética y la estética-, habría que agregar una cuarta: una "crítica de la razón técnológica". A pesar de su proveniencia de la ingeniería y no de la filosofía profesional, la posición de Dessauer es casi mística: opina que a través de la Tecnología es posible establecer contacto con la "cosa en sí", inaccesible según la filosofía analítica clásica. Esto se relaciona con el criterio pragmático de verificación del conocimiento científico basado en su eficacia: uno construye un artefacto según los principios encontrados a través de la investigación científica y el hecho de que funcione del modo previsto es una prueba de que las leyes en que se basa son "verdaderas" -o, por lo menos, eficaces, que no necesariamente es lo mismo. Ésta es una de las definiciones de "verdad" que suelen aplicar los pragmatistas.27 Los epistemólogos suelen rechazar este tipo de argumentos. Un investigador que, en pleno auge de la revolución industrial, se ocupó de la Tecnología mucho antes que otros, y con mayor detenimiento, fue el discípulo heterodoxo de Hegel, Carlos Marx. Éste, al margen de su proyección política, fue un pensador importante, que ingresó en la historia del pensamiento como teórico de la economía política. En particular, estableció una teoría sobre el funcionamiento del sistema capitalista, sobre cuyo dinamismo se expresó con gran admiración en el documento liminar del movimiento comunista que ayudó a formar. Marx destacó la fundamental importancia de la evolución de los medios de producción, es decir, de la Tecnología, en la estructura de las sociedades. Y en esto estaba más cerca de un determinismo tecnológico que del determinismo económico que se le atribuyó después, hablando con entusiasmo de las posibilidades abiertas por la revolución industrial. Marx propuso también una interpretación teórica de varios de los fenómenos más característicos del capitalismo; entre ellos, la necesidad de una innovación constante de las tecnologías y el singular papel del dinero en la sociedad capitalista. Despejada ahora la polvareda del movimiento político que generaron sus ideas, seguramente se analizará con mayor objetividad el pensamiento de uno de los primeros autores que desmenuzaron analíticamente el modo de funcionar del sistema económico capitalista en el que vivimos, el cual tal vez recién ahora esté alcanzando su madurez. El pensamiento económico clásico observa que hay por lo menos dos conceptos diferentes del valor de un objeto: el valor de uso y el valor de cambio. La idea de que el trabajo humano es la única fuente del valor de los objetos es una de las bases de ese pensamiento. Como tanto los diferentes bienes en sí, como los medios de producción y las condiciones en que esta producción se verifica difieren ampliamente entre sí, la única medida común de ese trabajo es el tiempo que se dedica a producir un objeto. Marx hace especial hincapié en el rol de la Tecnología al definir el valor de un producto en base al "tiempo socialmente necesario" para su producción. Esta definición pone en un primer plano la productividad del trabajo humano, cuyo enorme aumento es, justamente, la consecuencia inmediata de las innovaciones tecnológicas en el campo productivo.31 En la actualidad, esta teoría acerca del origen del valor está sujeta a revisión, ya que, por una parte, la extrapolación de la productividad de los medios de producción robotizados a valores prácticamente infinitos tiende a que el valor de los objetos así producidos sea nulo según la definición clásica y, por otra parte, la finitud de los recursos naturales, que en la teoría clásica recién adquieren valor al ser explotados, también conduce a resultados incompatibles con una explotación sustentable de tales recursos. La reflexión filosófica sobre la Tecnología toma especial relevancia en el pragmatista Thomas Dewey y sus seguidores, que anteponen en todos los casos la práctica a la teoría y, eventualmente, reducen la Filosofía misma a una especie de "tecnología del conocimiento". Para uno de los filósofos "tecnófilos" de la corriente pragmatista estadounidense, no sólo la Tecnología antecede a la ciencia, sino que la engloba. La Tecnología no es ni dañina ni éticamente neutra, sino que en sí misma es un valor. Según éste y otros exponentes de la herencia intelectual de Dewey, los problemas éticos asociados con la Tecnología no provienen de la Tecnología misma, sino de los diferentes prejuicios éticos, religiosos e ideológicos que orientan su uso; es decir, de todo aquello que es no-Tecnología. Por lo tanto, la respuesta a los problemas actuales no sería

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"menos Tecnología", sino la extensión de la metodología experimental a los demás ámbitos del quehacer humano. Este razonamiento oculta una especie de petición de principios, ya que los valores en sí son, en el fondo, consecuencia de aquellos prejuicios éticos, religiosos e ideológicos ... El pensamiento pragmatista se lee como una fundamentación para una especie de ingeniería social tecnocrática. En efecto, es posible intentar la aplicación de la Teoría General de los Sistemas a la sociedad humana en su conjunto y considerarla como un gran sistema automatizado dotado de controles automáticos imperfectos. Surge de inmediato la tentación de perfeccionar esos controles. La ingeniería social es una tentación tecnocrática utopista, una especie de propuesta extrema del racionalismo.33 Se basa en una sobrevaluación de las tendencias racionales en los humanos y en sus sociedades. La aplicación de la metodología tecnocientífica a los asuntos sociales conduciría seguramente a una sociedad totalitaria y, además, por sí sola difícilmente resuelva los problemas planteados, ya que no lograría superar el peso de las concepciones no-tecnológicas. El polémico tema del control demográfico es un buen ejemplo. Una de las herramientas de la ingeniería social es la burocracia, uno de los grandes peligros que, según Max Weber, acechan a la sociedad racionalizada. Weber basó en esta consideración su gran desconfianza hacia la utopía socialista, ya que la racionalización de la sociedad se opondría a los impulsos espontáneos y a la creatividad misma de los humanos. En contraposición con los pragmatistas, Don Ihde es mucho más matizado y más cuidadoso. Distingue un efecto amplificador de la Tecnología que se asocia con una reducción del campo visual. Utiliza la metáfora de la lupa, que permite ver objetos pequeños, invisibles a simple vista, pero al costo de una drástica reducción, y que no sólo da la extensión del campo visual, sino también de su profundidad. De esta misma manera, la Tecnología, que siempre es aplicada a un campo específico del quehacer y allí produce efectos altamente positivos, al mismo tiempo limita nuestra visión a ese campo restringido y puede hacernos perder de vista el contexto más amplio. Es este contexto el que debemos recuperar y un modo de hacerla es ver al ser humano entero bajo la luz de la Tecnología. Para Ihde, la Tecnología conforma la esencia del ser humano, pero esto no lo obliga a caer en el pesimismo inherente a la visión de Heidegger, que consideraremos un poco más adelante. Ortega y Gasset y el bienestar En la vertiente metafísica y ontológica de la reflexión acerca de la artificialidad se destacan dos filósofos casi contemporáneos. Partiendo de la reflexión metafísica sobre la esencia de lo humano, llegan a muy diversos resultados acerca de la esencia de "lo artificial” y marcan extremos que nos llevan a tomarlos como típicos de una posición optimista respecto de lo que la Tecnología hace para el hombre y otra pesimista sobre sus resultados en el largo plazo. El primero de ellos es José Ortega y Gasset. En su Meditación de la técnica, en relación con la famosa frase en la que habla de "El humano y sus circunstancias", dice que estas circunstancias no son" dadas, como en los animales, sino que son en gran medida producto de la acción del hombre mismo. Y esa acción es fundamentalmente una acción técnica, porque el hombre, entre todos los animales, es aquél que puede alejarse intelectualmente de sus necesidades inmediatas. Esto le permite inventar e influir en sus circunstancias. El ser humano y su ambiente están en una relación enantiopoiética (de enantio = recíproco, y poiesis = producción; Ortega no usa ese término), en la que se modifican recíprocamente, y tal es la acción de la Tecnología; aunque si bien es una proyección humana, no sigue estrictamente la línea de lo natural en el hombre: constituye una ruptura con lo natural e impone un cambio a la naturaleza misma. Es a la vez natural y extranatural. La Tecnología es lo contrario de la adaptación del humano al medio: es la adaptación del medio a las necesidades humanas. En su breve revisión de la historia de la Tecnología, Ortega comienza por seguir con la vista de su imaginación al hombre primitivo, que tiene frío y hambre. El animal, si no encuentra albergue o comida a su alcance más o menos inmediato y en la forma en que los puede aprovechar, se deja morir, porque actúa sólo por reacción ante el medio. El humano, en cambio, está dotado intelectualmente para defender su vida y tomar iniciativas: es proactivo. Además, es capaz de postergar sus exigencias inmediatas para realizar tareas que resultarán en una satisfacción posterior.

Pero hay aun más: el humano no sólo busca la supervivencia, el mero estar, sino que busca el bienestar (y también la seguridad) allí donde los animales sólo pueden buscar la simple existencia. Se aprovecha del fuego en una etapa muy temprana del largo proceso de hominización, pero el uso de los embriagantes es igualmente antiguo (aunque Ortega no explica cómo sabe eso). El humano vive, también, en función de la realización de un proyecto de vida; hace un primer descubrimiento o invento pre-técnico: el del deseo, que postula lo inexistente y luego procura que exista. El humano se propone un programa que procura cumplir y, al cumplirlo, se fabrica a sí mismo. Las necesidades vitales primarias son obvias para él. Ni bien se encuentran satisfechas, desaparecen de su conciencia, se vuelven transparentes. Salvo en condiciones extremas, sólo percibe como necesario lo objetivamente superfluo. Según Ortega, la Tecnología es la producción de lo superfluo. Qué es en cada caso lo superfluo tiene que ver con las circunstancias; es un concepto histórico que, a diferencia de lo que ocurre con los animales, cambia como consecuencia del accionar humano mismo. Por lo tanto, también la Tecnología va cambiando, como lo hacen su estructura y su funcionalidad misma. Desde este punto de vista, el concepto habitual de que el desarrollo tecnológico obedece a la satisfacción de necesidades no es capaz de superar fácilmente un examen crítico. Por lo menos, el debate sociológico y político acerca de lo que son las necesidades humanas ya lleva décadas 38 y no es probable que se agote pronto. En particular, es necesario definir las necesidades, aun las más elementales, en función de un objetivo, aunque sea el de la simple supervivencia. Al cambiar los objetivos cambian también las necesidades: lo que es necesario para alcanzar dichos objetivos. Lo que parece cierto es que existen necesidades humanas, que además existen deseos que aparecen cuando aquéllas están satisfechas y que a veces las pueden reemplazar. Desde el punto de vista de su acción como motor de la innovación, son casi indistinguibles. Heidegger y el peligro Volvamos ahora a la reflexión filosófica que habíamos iniciado más arriba y empalmemos el pensamiento de Ortega con el de Martin Heidegger,39 quien empieza por afirmar que la esencia de la técnica no es en sí algo técnico, sino que involucra algo mucho más profundo, ontológico, del humano. Heidegger describe la Tecnología como una cuádruple acción que metafísicamente va mucho más allá de lo meramente instrumental, el ámbito en el que se la suele colocar. Con su peculiar estilo, que juega con las cualidades aglutinantes de la lengua alemana, Heidegger afirma que lo técnico consiste en un cuádruple fenómeno: comienza siendo un desembozar o descubrir como algo preexistente (Bestelltes) oculto en nosotros. Este des-cubrimiento constituye un desafío (stellen), que es respondido por la pro-ducción (herstellen) y una representación (darstellen) posteriores. Estos juegos de lenguaje son más profundos de lo que parecen. Pro-ducir es llevar a la evidencia, es des-cubrir; por lo tanto, también se nos aparece la de los hechos sustantivos de la historia reciente de la ciencia que la mayor parte de los enormes progresos científicos que se realizaron durante este siglo tuvieron como motor primario, no la búsqueda desinteresada de la verdad, sino las necesidades de los sistemas militares de las grandes potencias hegemónicas. En la actualidad, parece que las necesidades bélicas han pasado a un segundo plano y son los intereses económicos y las grandes corporaciones los que fomentan la creación científica y tienden a apoderarse de sus resultados. A esto los científicos suelen replicar que, cualesquiera sean las motivaciones para financiar sus estudios, el conocimiento de las condiciones en las cuales se produce la fisión de los átomos son datos objetivos, que en sí mismos no son ni buenos ni malos; y que la búsqueda del conocimiento es un fin en sí mismo, ya que es mejor saber más que saber menos. La libertad en la búsqueda del conocimiento y el carácter público de dicho conocimiento, son, en sí mismos, valores sociales altamente estimables. Todo secreto, así como todo dogmatismo, reduce la capacidad de buscar el conocimiento y de ponerlo al servicio de la humanidad en su conjunto. Esta filosofía moral de la ciencia es un producto del Renacimiento y una de las bases de la Modernidad, como también la base de la deontología profesional de los científicos. Sin embargo, y para desgracia de los que hemos sido formados en esa ética de la ciencia, es

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posible que su independencia ética y la concomitante libertad de investigar sean vistas en perspectiva, por la historiografía futura de la ciencia, como característica de un período histórico relativamente breve. Una de las posturas básicas de los defensores de la libertad absoluta de la investigación científica fue siempre la resistencia a la censura por parte de todo poder distinto del "juicio de los pares". Los únicos criterios limitantes debían ser la calidad del trabajo y la consistencia de sus resultados. Sin embargo, ya hemos visto que durante gran parte del período de máxima expansión del conocimiento científico, la investigación científica, inclusive la de los principios teóricos más básicos en aquellos campos que podrían llegar a ser de interés militar, estuvo financiada -y, por lo tanto, influida y controlada- por los sistemas militares. Esto se aplicaba, en especial, a uno de los criterios básicos del conocimiento científico: su carácter público. Muchos de los conocimientos científicos relacionados con las armas de destrucción masiva aún son secretos y están condicionados por la necesidad política de evitar la proliferación de tales armas. Tecnología como des-cubrimiento o mostración de lo verdardero. Y lo verdadero puede ser lo técnico. Heidegger inventa un neologismo para todo este complejo -también basado en la raíz alemana stell, adicionada al prefijo ge- que indica un participio pasivo: el Ge-stell, la esencia de la Tecnología, especialmente moderna. Sin el guión neologístico, Gestell significa, además, "estantería o andamio" y también "estructura". El des-cubrir implícito en la acción tecnológica no ocurre esencialmente en el humano ni por él. Desafía y des-cubre también a éste, lo desacraliza y también lo coloca dentro mismo del ámbito del Ge-stell. Por lo tanto, ya nos resulta imposible elegir nuestra posición frente a la Tecnología, que en este sentido nos abarca también a nosotros. Llegamos a la conclusión de que éste, nuestro destino (Ge-schick), es a la vez no sólo el mayor peligro al que estamos expuestos, sino el peligro por antonomasia. Además de sus aspectos más metafísicos, este peligro consiste en que el humano avance cada vez más en su camino a ser un insumo, un Bestand, que es parte del Ge-stell. Esto vuelve a dar una vuelta más a la afirmación de Ortega de que el humano adapta el mundo a sí mismo, en vez de adaptarse a él como hacen los animales a través de la evolución. Porque aquí, es nuevamente el humano, como parte del Ge-stell, quien es adaptado a este nuevo mundo, el de lo artificial, creado por él mismo. El ciclo de la enantiopoiesis se cierra sobre sí mismo o, como diría Hegel, encontramos una síntesis dialéctica en un "plano superior". Quedamos, pues, prisioneros de ese mundo artificial -el Ge-stell-, que nosotros mismos hemos creado pero ya no controlamos. El Gestell nos aparta de nuestra naturaleza óntica, nos transforma en instrumentos de un sistema creado y parece que ya no hay salida posible de este circuito trágico. Heidegger propone una actitud, más que una acción: la llama Gelassenheit, algo semejante al desapego propuesto por los místicos. Es una receta un tanto débil, algo muy semejante a la resignación; mientras los místicos suelen rechazar de plano la vida moderna, Heidegger nos propone que vivamos tranquilamente desapegados en medio de ella y que busquemos la salvación, o por lo menos la tranquilidad existencial en el arte. 40 Ortega es más optimista, pues nos otorga más libertad de maniobra. Dice que el sistema tecnológico ha sido creado para facilitarnos las cosas y que logra hacerlo. Debemos hacer aquello que es nuestra obligación ética desde que nos reconocemos como humanos: formular un programa de vida. La cuestión es ver cuál será ese programa de vida, al que Freud llamó el "ideal del Yo". Podríamos decir que el ideal del Yo de la sociedad de consumo consiste, justamente, en aceptar con entusiasmo el triunfo de la tecnología instrumental y dejar que el Ge-stell se apodere totalmente de nosotros. Contra esto nos alerta Heideger. Para colmo, el sistema tecnológico que nos engloba -el Ge-stell-, tiende a hacérsenos invisible. Efectivamente, hay tantas cosas del mundo tecnológico a las que nos hemos acostumbrado que sólo las percibimos cuando nos faltan. Esto es un síntoma grave de una tecnodependencia muy marcada. De hecho, una de las consecuencias del predominio actual del mundo tecnológico sobre el mundo natural es que somos cada vez más dependientes de los productos de la tecnología moderna. Es un hecho que en la medida en que la productividad de la actividad humana y su grado de tecnificación aumentan, la producción descansa en numerosos especialistas de cada rama y el humano aislado es cada vez menos capaz de producir por sí mismo lo necesario para su sustento: cada vez es más tecnodependiente para su mera subsistencia. A la vez, la Tecnología se ha complicado de tal modo que la inmensa mayoría de los humanos ya no la comprenden y se ven reducidos a una postura comparable a la del humano salvaje, que ante los fenómenos de la naturaleza -a los que no controla, pero que determinan su vida- toma una actitud de reverencia,

desconfianza y rencor. Nos hemos detenido en la consideración un poco detallada del pensamiento de Ortega y Gasset y de Heidegger porque representan, a nivel filosófico, las dos posiciones extremas entre las de otros pensadores que han analizado el impacto cultural de la tecnología moderna. La teoría del Ge-stell heideggeriano nos permite llevar a cabo una forma de análisis tecnológico que tiene cierto atractivo. El mismo Heidegger presenta el siguiente ejemplo: supongamos un río en cuyo cauce se instala una usina hidroeléctrica. Al ser puesto al servicio de la generación de energía hidroeléctrica, el mismo río deja de ser un simple elemento del paisaje y se transforma en lo que nosotros, más adelante, llamaremos un "Objeto Tecnológico". El río es incorporado a la usina, forma parte de ella; y lo mismo ocurre con los seres humanos que trabajan en ella. La usina, por otra parte, no es más que uno de los eslabones de una cadena que incluye la red de transmisión de la energía generada y las múltiples actividades de sus consumidores. Por último, el mismo paisaje queda incorporado como fuente de energía hidráulica y ha dejado de ser un sencillo objeto de contemplación, para transformarse en una fuente de energía y en un destino turístico; entra también el a formar parte del Ge-stell, que termina por abarcar a toda la Tierra. Es en este sentido que decimos que toda la Tierra es ahora un gran Objeto Tecnológico. El problema de fijar los límites d~1 Objeto Tecnológico como sistema, dentro del esquema de análisis de la TGS, será retomado en los capítulos siguientes. Veremos allá que para hacer posible el análisis del Objeto Tecnológico debemos necesariamente establecer una diferencia pragmática entre el sistema y el no-sistema. En esta consideración filosófica, en cambio, sólo queremos destacar la falta de límites derivada de lo que Heidegger y otros críticos de la tecnología contemporánea perciben como una invasión, por parte de la Tecnología, de ámbitos donde no debería reinar soberana. Ética de la Tecnología y de la ciencia En lo que antecede puede llamarnos la atención que la filosofía de la Tecnología opine sobre el objeto de sus desvelos, en vez de sólo mostrarlo y mostrar las relaciones entre ella y otros aspectos de la naturaleza o de la estructura ontológica del humano. Pero ello no debe sorprendernos. La filosofía de la Tecnología no puede ser, como sólo es la filosofía de la ciencia, una rama más o menos autónoma de la Filosofía. La ciencia se ocupa del saber y del conocer. Su objetivo es comprender el mundo, conocerlo y describirlo en términos racionales (dejando de lado por el momento el significado un tanto cuestionado de esta palabra). En cambio, la Tecnología se vincula mucho más con el hacer que con el saber y, por lo tanto, la reflexión filosófica sobre ella está más relacionada con la ética que con la epistemología. Por eso, muchos de los filósofos de la Tecnología no se ocupan tan- de sus aspectos metafísicos como de sus consecuencias éticas, sociológicas y antropológicas. A partir de cierto momento resulta difícil separar lo que podría llamarse "filosofía de la Tecnología" del examen crítico de sus consecuencias,41 muchas de las cuales son percibidas como negativas por varios de estos críticos. A esta actitud el filósofo argentino Mario Bunge (radicado hace muchos años en Canadá), llama, despectivamente, "esos lamentos románticos sobre los pretendidos males de la Tecnología". Bunge pertenece a un grupo muy variado de personas que opinan que la Tecnología es ciencia aplicada.43 Ésta es una confusión de orígenes respetables, puesto que ya Francis Bacon incurre en ella. En parte, esta confusión es de orden semántico, ya que hay quien emplea la palabra "tecnología" sólo para las técnicas productivas que incorporan conocimientos y métodos científicos, llamando "técnicas" a las demás.44 Llamaremos cientificista a esta acepción de la palabra "tecnología". La Tecnología (en nuestro sentido de la palabra, que es mucho más amplio que la acepción cientificista), no sólo es muy anterior a la ciencia moderna, sino que tiene propósitos y métodos completamente diferentes. En cuanto a los propósitos, Von Kárman, a la vez físico y tecnólogo famoso, lo expresó así: "La ciencia estudia lo que existe; la tecnología crea lo que no existe". En cuanto a los métodos de análisis empleados, el de la ciencia es, ante todo, causal: le interesan las causas eficientes, en el sentido aristotélico del término. En cambio, lo más decisivo de un

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Objeto Tecnológico es su finalidad, de modo que el interés básico del análisis tecnológico es teleológico; y su enfoque, que será el principal objeto de estudio de este libro, sistémico. Pero hay otros argumentos en contra de la tesis de que la Tecnología es ciencia aplicada. Los chinos fueron los originadores de una cantidad de grandes inventos y de muchas innovaciones tecnológicas de primer orden, hecho que es repetidamente reconocido. Sin embargo, en la China tradicional no existió nada comparable a nuestra ciencia; y tal vez en esa ausencia pueda verse la causa del estancamiento de la tecnología china. Mientras que en Occidente la enantiopoiesis entre ciencia y Tecnología que se produjo es uno de los secretos de su fabuloso éxito. Este argumento, sin embargo, tiene una trampa cultural etnocéntrica que es necesario poner en evidencia. En el párrafo anterior hemos usado el término "estancamiento", en el que hay un implícito juicio de valor: en nuestro esquema "moderno", el progreso es un valor y la palabra "estancamiento" se acompaña de una connotación negativa (podríamos hablar de "estabilidad" al referirnos a la sociedad china, usando un término con connotaciones positivas, o, mejor aún, elegir la palabra neutra "permanencia"). Por otra parte, la afirmación también contiene una interpretación monocausal de esta permanencia. De hecho, en Occidente, a partir del siglo XV, hubo una coincidencia temporal de por lo menos tres -y no dos- elementos culturales distintos que interactuaron enantiopoiéticamente: la ciencia, la Tecnología y el capitalismo. Un poco más abajo exploraremos brevemente la relación entre el desarrollo tecnológico moderno y la estructura económica del mundo en que nació y se sigue desarrollando: la revolución industrial primero y la tecnológica en la actualidad. Al poner énfasis en las diferencias entre los propósitos y los métodos de la ciencia y la Tecnología queremos contrarrestar la fuerte tendencia social a confundirlas. Esto no nos debe llevar, sin embargo, a subvalorar la fuerte simbiosis que existe entre ambas, sobre todo en las áreas más avanzadas y complejas de la Tecnología. Las relaciones entre la Tecnología y la ciencia son múltiples. Es evidente que la Tecnología no avanza como aplicación de los conocimientos científicos previamente obtenidos. La ciencia está mucho más cerca de crear una especie de "matriz cultural" en la que se desarrolla la tecnología contemporánea, usando a cada paso lo que le conviene, sea un descubrimiento científico reciente o un conocimiento técnico ancestral. La ciencia tampoco es comprensible tan sólo como formalización de un conocimiento tecnológico o pragmático, al margen de la búsqueda del conocimiento como fin en sí mismo. Hay una Tecnología al margen de la ciencia y anterior a la misma, aunque en la actualidad la relación es más estrecha que en otras épocas. El desarrollo de tecnologías y nuevos Objetos Tecnológicos emplea los resultados de la investigación científica reciente con demoras cada vez menores. También la investigación científica se estancaría prontamente si no contase con herramientas cada vez más poderosas puestas a su alcance por el desarrollo de tecnologías nuevas. La exploración del espacio muestra la estrecha interacción entre ciencia y Tecnología, tanto en su desarrollo como en sus resultados. Se la suele presentar como una gran empresa científica, sobre todo porque no tiene objetivos tecnológicos inmediatamente visibles. En principio, la construcción y el lanzamiento de una sonda espacial es un gran logro tecnológico y no científico. En cambio, los resultados de una misión, como por ejemplo el conocimiento detallado de los planetas, las investigaciones acerca de la existencia de vida en Marte o el estudio de la radiación solar, son, por ahora, fundamentalmente científicos, aunque muchos especulan con su explotación futura. La exploración espacial tiene, para la sociedad que la emprende, beneficios secundarios en el mediano plazo, por lo que tiene las características de una inversión con un retorno diferido. Son innumerables los beneficios obtenidos por la sociedad en general que se revelan como subproductos de los grandes proyectos espaciales. El caso más conocido es el de los circuitos integrados, desarrollados gracias al programa Apolo, que puso al primer hombre sobre la Luna en 1969. Posteriormente fueron llevados a un formato que fuese aprovechable por la industria ordinaria . La pretendida neutralidad ética Hemos mencionado más arriba la estrecha asociación metafísica de la Tecnología con la Ética, que se complementa con el debate no resuelto acerca de la pretendida neutralidad ética de la ciencia. La postura más corriente sostiene que la ciencia sólo busca el conocimiento y la comprensión del mundo, para lo cual se rige exclusivamente por sus propios criterios de verdad y

falsedad; es decir, los criterios valorativos son enteramente ajenos al quehacer científico. De tal modo, la ciencia no opina sobre la eventual utilización del conocimiento y, por lo tanto, es éticamente neutral. A la Tecnología se le atribuye un carácter mucho menos "puro": es la que adapta aquellos conocimientos a los usos que la sociedad, o quien sea el que ejerza el poder de decisión, les quiera atribuir. Que la Tecnología no es éticamente neutral, es un hecho evidente. Los mismos conocimientos y medios se pueden destinar a fines de muy variada valoración moral. La tecnología química conduce tanto a las armas de destrucción masiva como a los antibióticos; y la biotecnología es una bendición en muchos aspectos y puede ser una nueva caja de Pandora. Sin embargo, debemos reconocer que la ciencia misma tampoco es tan neutral como se la quisiera hacer aparecer y como tal vez sí lo haya sido en tiempos de Galileo y Newton. Por lo menos en la elección de sus temas de investigación hay juicios de valor implícitos, y es uno de los hechos sustantivos de la historia reciente de la ciencia que la mayor parte de los enormes progresos científicos que se realizaron durante este siglo tuvieron como motor primario, no la búsqueda desinteresada de la verdad, sino las necesidades de los sistemas militares de las grandes potencias hegemónicas. En la actualidad, parece que las necesidades bélicas han pasado a un segundo plano y son los intereses económicos y las grandes corporaciones los que fomentan la creación científica y tienden a apoderarse de sus resultados. A esto los científicos suelen replicar que, cualesquiera sean las motivaciones para financiar sus estudios, el conocimiento de las condiciones en las cuales se produce la fisión de los átomos son datos objetivos, que en sí mismos no son ni buenos ni malos; y que la búsqueda del conocimiento es un fin en sí mismo, ya que es mejor saber más que saber menos. La libertad en la búsqueda del conocimiento y el carácter público de dicho conocimiento, son, en sí mismos, valores sociales altamente estimables. Todo secreto, así como todo dogmatismo, reduce la capacidad de buscar el conocimiento y de ponerlo al servicio de la humanidad en su conjunto. Esta filosofía moral de la ciencia es un producto del Renacimiento y una de las bases de la Modernidad, como también la base de la deontología profesional de los científicos. Sin embargo, y para desgracia de los que hemos sido formados en esa ética de la ciencia, es posible que su independencia ética y la concomitante libertad de investigar sean vistas en perspectiva, por la historiografía futura de la ciencia, como característica de un período histórico relativamente breve. Una de las posturas básicas de los defensores de la libertad absoluta de la investigación científica fue siempre la resistencia a la censura por parte de todo poder distinto del "juicio de los pares". Los únicos criterios limitantes debían ser la calidad del trabajo y la consistencia de sus resultados. Sin embargo, ya hemos visto que durante gran parte del período de máxima expansión del conocimiento científico, la investigación científica, inclusive la de los principios teóricos más básicos en aquellos campos que podrían llegar a ser de interés militar, estuvo financiada -y, por lo tanto, influida y controlada- por los sistemas militares. Esto se aplicaba, en especial, a uno de los criterios básicos del conocimiento científico: su carácter público. Muchos de los conocimientos científicos relacionados con las armas de destrucción masiva aún son secretos y están condicionados por la necesidad política de evitar la proliferación de tales armas. En la actualidad -cuando el centro de gravedad de la investigación científica se ha desplazado de la Física a la ciencia de los materiales y, sobre todo, a la Biología y la Bioquímica- son los intereses de las grandes empresas y también los intereses económicos personales de algunos investigadores académicos, los que influyen sobre la selección de los temas de investigación. Por lo tanto, los resultados de las investigaciones científicas "básicas" relacionados con posibles aplicaciones tecnológicas ya no son publicados con la generosidad y la libertad académica tradicional. Sobre todo en los temas de interés biotecnológico, son cada vez más numerosos los investigadores que fundan pequeñas empresas de alta tecnología y terminan patentando los resultados de sus investigaciones en lugar de compartirlos con los demás. Aún es temprano para ver con claridad hacia dónde se dirige la ciencia como actividad social, pero evidentemente existe el peligro de su incorporación integral al sistema de poder megatécnico. Tal vez la actividad científica, en tanto búsqueda del conocimiento como fin en sí mismo, quede restringida a aquellas áreas del conocimiento para las que no se vislumbren aplicaciones ni aun en un futuro remoto.

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Hay varios campos en los cuales el carácter ético de las investigaciones científicas está a la orden del día. Uno de ellos es obvio: el de la ciencia puesta al servicio de la guerra. Pero hay otros cuya peligrosidad es comparable, por lo menos en la situación internacional que rige en nuestros días, en que casi ha desaparecido la amenaza de holocausto nuclear bajo la que vivimos durante cincuenta años. La manipulación genética del plasma germinal podría conducir a resultados inesperados e indeseables. También la investigación neuroquímica, que trata de elucidar los mecanismos químicos de nuestras emociones, presenta el evidente peligro de que en un futuro se las intente manipular en virtud de intereses políticos o económicos. Debemos concluir, por lo tanto, que la neutralidad ética de la ciencia sólo vale para el concepto abstracto de "conocimiento" pero no es sostenible en vista de las estructuras sociales que sostienen y financian las costosas investigaciones necesarias a la ciencia moderna. Tanto menos podrá sostenerse la neutralidad ética de la Tecnología, que exige inversiones aun mucho mayores que difícilmente serán efectuadas sin la esperanza de un retorno. Una excepción sólo aparente a esto son los grandes proyectos financiados por los Estados de los países desarrollados, como lo es gran parte de la exploración espacial. De hecho, estos proyectos tienen carácter de inversión a mediano plazo, de la cual se espera un retorno social en forma de tecnologías aplicables a los demás ámbitos sociales. En cuanto a la fundamentación misma de la ética -que, como hemos mencionado más arriba, se suele vincular estrechamente con la Tecnología como acción y no solamente con sus aplicaciones-, Bunge cree en la objetividad esencial de la gran empresa intelectual de la ciencia y querría ver una mayor influencia del pensamiento científico en Filosofía y, en particular, en ética. Quiere fundamentar la ética en la ciencia y, aun, en la lógica. Como aplica la definición "cientificista" de la Tecnología, y para él ciencia y Tecnología están muy estrechamente unidas, habla de algo que denomina "tecnoética" desde un enfoque que es un tanto tecnocrático y formalista. Lamenta el origen intuitivo y tradicionalmente dogmático de la ética y querría encontrar una manera científica de fundamentarla. Allí donde muchos filósofos tradicionalistas subrayan el carácter absoluto de los fundamentos de la ética, Bunge señala que el valor de un hecho está fuertemente condicionado por las circunstancias. Pero, en el fondo, toda fundamentación de la ética siempre choca con la necesidad de dar un contenido a las palabras "bueno" o "malo"; aunque, como bien observa Bunge, dicho contenido sólo sea válido en ciertas circunstancias y tal vez no en otras. Al afirmar la neutralidad ética de la ciencia, Bunge hace una separación neta entre la ciencia y la Tecnología, porque ésta, como ya hemos visto, no es éticamente neutral. Pero, como Bacon, afirma que la tecnología perversa puede eliminarse descartando los fines malos; con esto, estamos nuevamente en el principio: debiendo definir qué es bueno o malo; y el contexto ha vuelto a desaparecer del discurso. El filósofo John Passmore48 ha dado un golpe de gracia a la pretendida neutralidad ética de la ciencia frente a una mayor responsabilidad de los tecnólogos, comparándola con la hipócrita postura de la Santa Inquisición (que, una vez establecida la culpabilidad de los herejes, los entregaba para su ejecución al "brazo secular" porque la Iglesia no podía ensuciarse las manos torturando y matando a los condenados). No es suficiente que los científicos reivindiquen la neutralidad ética de la ciencia echando toda la culpa de las consecuencias negativas de las aplicaciones del conocimiento científico a los tecnólogos, a la sociedad en general o a sus sectores de decisión. También los científicos deben asumir la responsabilidad por las consecuencias de sus descubrimientos. De estas consideraciones hay sólo un paso hasta la pregunta acerca de si tendría que haber áreas en las cuales la investigación científica no debería penetrar, porque las consecuencias éticas de las aplicaciones tecnológicas de los descubrimientos que podrían hacerse serían demasiado graves. Ésta es una pregunta que algunos filósofos se están haciendo, a pesar de que la respuesta de la mayoría de los científicos es un rotundo no y de que el eventual sí de algunos investigadores probablemente carecería de consecuencias prácticas49• La prohibición de realizar ciertos tipos de investigaciones ya ha llegado a la legislación en algunos países. Por ejemplo, hay cierto consenso en prohibir por medio de leyes las investigaciones que puedan conducir a la c10nación de seres humanos. En ciertos casos, la imposibilidad de prohibir determinados trabajos de laboratorio se traslada a la prohibición de financiarlos. Otra investigación que ha sido restringida por leyes la que podría eventualmente llevar a la implantación de re-

positorios para residuos nucleares -si bien en este caso no se puede decir que se trate de un tema de investigación científica. ¿Hacia dónde va la Civilización Tecnológica? Poco después de que Heidegger llamara la atención sobre los peligros de la tecnología contemporánea. lo hizo también Lewis Mumford. El pesimismo de Mumford es aun más explícito que el de Heidegger: el autor hace una severa crítica a la Tecnología como dominio de la naturaleza que llegaría eventualmente a dominar al hombre mismo. Dice que es el pensamiento y no la fabricación de herramientas lo que hace humano al Homo sapiens y que, por ello, merece más ese nombre que el de Homo hobilis u Homo fober. En eso se contrapone diametral y explícitamente a los exponentes del pragmatismo. Mumford hace una distinción, que se ha perpetuado hasta ahora, entre una corriente que propugna una tecnología "a la escala humana" y la tendencia "megatécnica" dominante y dominadora. Diferencia una politécnico -artesanías tradicionales, hechas en forma individual- de una monotécnica de carácter hegemónico y sólo compatible con una organización de los seres humanos en gran escala, tal como lo estamos viviendo con preocupación en los años recientes. La misma consideración está en la base de la propuesta utopista de E. F. Schumacher, quien se hizo muy famoso en los años setenta con su libro Lo pequeño es hermoso.52 Este autor es uno de los originadores del concepto de "tecnología apropiada". Si bien Schumacher creía en que "lo pequeño es posible", Mumford admite que su programa es irrealizable. Destaca que la tendencia hacia la monotécnica o megatécnica está en marcha inexorablemente desde los albores de la civilización de los grandes imperios, hace por lo menos cinco mil años; que hizo necesaria y produjo una organización jerárquica de la sociedad y el surgimiento del poder político coercitivo como uno de los ejes estructurantes del quehacer humano. Se trata pues de una crítica ética de todo el desarrollo social humano desde los comienzos de la civilización, más que de un análisis de la Tecnología o de lo artificial como fenómeno humano. Algo similar intentan otros autores que analizan, no tanto la naturaleza de lo artificial, como la forma en que ha sido posible que surgiera un sistema tan intrincado y complejo de objetos y de relaciones como los que produce la tecnología moderna. Se trata aquí de un estudio más sociológico que antropológico, que deja para los antropólogos el interesante tema de los orígenes remotos, pero que considera la tecnología moderna como un dato de la realidad y trata de vislumbrar hacia dónde nos lleva su evolución. La mayoría de estos autores son pesimistas en su apreciación de la manera en que se está produciendo la evolución social, con el impacto de los indiscutibles logros de la tecnología moderna, que con sus beneficios trae a la sociedad los problemas asociados a su eficacia, su gigantismo y la dificultad de controlar sus efectos sobre el medio ambiente y sobre la sociedad misma. Sin disminuir en lo más mínimo el peso de los argumentos exhibidos por estos autores, debemos, sin embargo, hacer justicia a la Civilización Tecnológica destacando sus indudables éxitos en muchos campos: ha hecho la vida de gran parte de la humanidad más larga, más fácil y más agradable; ha liberado a grandes masas de humanos de los trabajos más pesados; ha hecho que el nivel de vida material de la mayoría de la población en el mundo desarrollado fuese mejor que el de los nobles en la edad media. Esto se aplica también al concepto más reciente de calidad de vida, que está algo menos sujeto a las interpretaciones ideológicas. Uno de los indicadores más elocuentes de este hecho es la esperanza de vida al nacer, que hasta el año 1800 era de 20 a 30 años, aun en los países de mejor nivel de vida. La cifra correspondiente llegó a 40 años hacia 1870, a 50 en 1915, a 60 en 1930, a 70 en 1955 y está en los 80 en la actualidad. La tecnología moderna ha hecho las guerras mucho más mortíferas, pero a la vez ha salvado más vidas que en todas las guerras de la historia de la humanidad. Ante los temores expresados por los que ven en la megatécnica sobre todo una amenaza para la supervivencia de la especie humana, y aun de la vida toda, los tecnófilos aseguran que, así como la experiencia y la historia indican que en el pasado la Tecnología siempre ha sido capaz de resolver todos los problemas que se le plantearon seguramente sabrá encontrar soluciones para los peligros que ahora se ciernen sobre el equilibrio ecológico y social mundial. Si bien es posible

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que así ocurra, esta afirmación está cargada de ideología: expresa una fe en el progreso que muchos han abandonado y en los intereses políticos y económicos del sistema dominante. Tecnología y dominio social El pensamiento positivista y pragmático que saluda a la tecnología moderna como vehículo del progreso material -y a éste como precondición para el progreso moral de la humanidad e incluso como condición para la protección del ambiente contra los excesos tecnológicos mismos- se ve enfrentado con el pesimismo "postmoderno"; del cual algunos exponentes toman una actitud que podemos calificar de "tecnofóbica", que achaca a la Tecnología como tal muchos de los males de la civilización de nuestra época. Incluso hay una teoría que pretende demostrar que la Tecnología se ha transformado en una especie de fuerza autónoma en la sociedad, una especie de monstruo de Frankenstein que evoluciona al margen del control humano y al que ya nadie puede encauzar para que no termine destruyendo todo lo humano de nuestra sociedad.56 Sin embargo, no debemos olvidar que la Tecnología no es una entidad abstracta de cualidades demoníacas, sino una creación humana, cuya evolución depende de las estructuras sociales y económicas dominantes. Por lo tanto, es necesario examinar la relación entre la tecnología contemporánea y las estructuras de dominio que existen en el interior de las sociedades generadoras de y modeladas por, esa tecnología. Cada desarrollo tecnológico individual se puede estudiar como resultado de una opción o una serie de opciones racionales en un contexto. Es necesario fijar entonces la atención en ese contexto para poder entender aquella racionalidad y contextualizar, tal vez, el concepto de racionalidad mismo. Esto es lo que han hecho ciertos filósofos y sociólogos, entre los que se destacan Max Weber y los integrantes de la llamada "Escuela de Frankfurt": Horkheimer, Marcuse y Habermas. El desarrollo tecnológico moderno es producto de la sociedad capitalista en la que tiene lugar y en ese contexto debe ser analizado. En comparación con todas las formas anteriores de ordenamiento social y económico, el capitalismo racionalizó las relaciones sociales alrededor de las bases materiales de la sociedad y creció sobre los fundamentos ideológicos y éticos del protestantismo. La sociedad capitalista es mucho más racional que las demás formas de estructuración de la actividad económica, pero al costo de subvertir el concepto mismo de racionalidad. La racionalidad de la Civilización Tecnológica es exclusivamente una racionalidad referida a fines (Zweckrationalitat). Mientras que en los filósofos clásicos y modernos, desde Santo Tomás hasta Kant, el concepto de razón (Vernunft) estaba referido a la armonía en la estructura general del mundo y la capacidad humana para comprender dicha estructura, la crítica contemporánea de la razón reconoce solamente la racionalidad de los medios empleados para alcanzar ciertos fines, omitiendo pronunciarse acerca de los fines mismos. Racionalidad equivale, entonces, a eficacia instrumental, en concordancia con la afirmación de los pragmatistas: dado un fin, es racional la acción que lo alcanza con eficacia y con eficiencia. Pero como ya no existen fines trascendentes, los fines mismos terminan transformándose en medios. Es lo que Weber llama el "desencantamiento" del mundo y su desacralización. También Marx habla de la "profanación de todo lo sagrado". Un ejemplo trivial de esto es la moderna mediatización de las festividades religiosas: más que una celebración religiosa, la Navidad es sólo una gran ocasión comercial, y la publicidad invoca y usa todo lo que en otros contextos era sagrado y trascendente como instrumento para promover la compra de bienes de consumo. De esta manera, hasta lo otrora sagrado contribuye a los negocios. Por otra parte, al desaparecer los fines, son los medios los que ocupan su lugar, al transformarse en fines mediatos. Así, aun la posibilidad de una acción desinteresada se hace incomprensible. Toda acción que se emprende tiene una finalidad ajena a sí misma. La acción gratuita se califica de "hobby" y sirve para disminuir el stress. Dentro de este contexto de racionalización de los medios se produce la irrupción de la ciencia en la Tecnología, y de ésta en los ámbitos institucionales, transformando las instituciones y desmoronando las viejas legitimaciones. Pero, dice Marcuse, esta racionalidad de los medios no es abstracta, sino que obedece a una determinada estructura de la sociedad y del poder político y económico, a una concreta relación de dominio. Es la necesidad de legitimación de ese dominio la que apela a la productividad del trabajo humano y al dominio de la naturaleza a cambio de ofrecer

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una vida más confortable a las grandes masas. Sólo que esa lógica del dominio ha desaparecido de las conciencias. Los ciudadanos disfrutan de una mayor libertad de elección entre múltiples bienes de consumo pero, a la vez, la Tecnología legitima un poder político que limita la libertad real y que plantea una imposibilidad técnica de realizar una autonomía que le ofrece, en teoría, la democracia política. A esto se agrega la manera en que se ejerce el poder económico en la sociedad capitalista tardía. La concentración y transnacionalización crecientes del capital son facilitadas por la informática, mientras, a la vez, buena parte de la iniciativa para la innovación tecnológica se encuentra en estructuras empresarias más pequeñas y dinámicas. En qué medida predominan unas u otras en la determinación del ritmo de avance está por verse. La oligarquía de los administradores prevista por Galbraith no parece próxima a apoderarse del poder. Pero dado el impacto de la Tecnología sobre todos los aspectos de la producción y de la vida diaria, es la Tecnología misma la que se transforma en elemento legitimador del dominio de quienes la controlan, dominio que es ocultado por la ideología del progreso tecnológico ilimitado. Es así como la misma Tecnología se transforma en elemento ideológico, además de su rol de factor de la producción. Una de las características de este contexto es su inestabilidad, que hace necesaria la constante innovación tecnológica en una incontenible "fuga hacia adelante". Esta inestabilidad está causada e impulsada por la competencia por los mercados y escapa a la racionalidad basada meramente en la satisfacción de las necesidades humanas. Asimismo, parece que la sociedad, basada en medida creciente en la sola racionalidad económica, no puede encontrar en ésta las respuestas adecuadas ante el reemplazo del trabajo humano por el de las máquinas y su consecuencia de desempleo tecnológico y exclusión social. Es decir que en un futuro previsible, la sociedad no se transformará en un sistema burocráticamente autorregulado mediante controles "cibernéticos" que la protejerán de las inestabilidades. Lo atestiguan por ejemplo, las violentas oscilaciones de los sistemas financieros en un mercado de capitales unificado a escala global por medio de la tecnología informática. Se observa, por otra parte, que las políticas deliberadamente seguidas por los gobiernos oscilan pendularmente entre el liberalismo -que se basa en la hipótesis de que la "mano invisible" del mercado es suficiente para una regulación del sistema en largo plazo- y un mayor control estatal sobre el movimiento de capitales. Es decir, en el fondo se desconfía de la posibilidad de que el sistema global se estabilice en el mediano plazo. Tal es la esencia de la propuesta de John Maynard Keynes. Todo esto tiene lugar en un sistema político democrático, que, por más que se preste a una manipulación creciente y a muchas clases de perversión y corrupción, deja en vida algunas esperanzas de que, en un futuro mejor, pueda ejercerse un mayor control social sobre el sistema económico. Y, como consecuencia de ello, también pueda haber una mayor opción acerca de los usos y abusos de la capacidad de desarrollo tecnológico. Queda la gran pregunta acerca de los fines, pero está totalmente fuera del alcance de un libro como el presente. ¿Techne contra physis? Un párrafo aparte merece la relación entre, por una parte, la sociedad y el sistema económico y, por otra, la naturaleza, presuntamente "dominada" pero que parece "vengarse" con manifestaciones de poder como el fenómeno "El Niño", la desaparición de la capa de ozono o el calentamiento global. Filosóficamente, frente a la doctrina dominante de que el ser humano es el dueño de la Tierra y debe controlar la naturaleza, se alza el requerimiento ético de responsabilidad y, más allá de ésta, de solidaridad con lo no humano. Somos parte de la naturaleza, a pesar del predominio de lo artificial, y debemos reconocer ese hecho obvio antes que la destrucción de los ecosistemas naturales haya llegado a límites que hagan imposible la vida sobre la Tierra: comprendida, obviamente, la nuestra. Esta problemática, impensable hace pocas décadas, en la actualidad ha dado nacimiento a un movimiento, el ambientalismo o ecologismo, que, además de una corriente de pensamiento, ha generado movimientos políticos relevantes. Las posturas de estos grupos están lejos de ser unánimes en el debate ético, filosófico y político sobre esta conflictiva relación entre lo natural y lo

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artificial; se destacan varias posturas significativamente diferentes entre sí, si bien todas ellas se enfrentan a la concepción dominante de que la naturaleza puede y debe ser sometida y dominada. Una de ellas es conservacionista y su posición es la protección de una naturaleza acorralada por el sistema tecnológico. Dentro de esta corriente está el sector denominado "Ecologismo Profundo", que está dispuesto a que la humanidad sacrifique su propio interés por la conservación de los ecosistemas y las especies amenazadas de extinción. Pero esto no sólo implicaría una limitación voluntaria al crecimiento económico futuro y a la lucha contra la profundización del deterioro ecológico, sino también olvidar los derechos y aspiraciones de los millones de seres humanos que aún hoy viven en condiciones miserables. Por ello, otras corrientes perciben que los humanos ya están tan acorralados como los animales amenazados y, aunque dan preferencia a aquellos, atacan al sistema político capitalista, sobre todo su variante neoliberal, como culpable del gigantismo tecnológico y del avasallamiento, tanto de la naturaleza como de los hombres. Este ataque no logra, sin embargo, proponer alternativas viables o siquiera pensables al sistema dominante. Otros reivindican la validez de una relación pretendidamente idílica entre lo humano y lo no-humano, tal como se halla incorporada a la filosofía de los pueblos que solemos llamar "primitivos", pero cuyos principios éticos difícilmente sean generalizables a nuestra cultura urbana. Debemos tener en cuenta que esta filosofía corresponde a pueblos nómadas que vivían -o aún viven, aunque cada vez más acorralados geográfica y cultural mente- en regiones de densidad demográfica extremadamente baja. Todos los grupos ecologistas comparten el rechazo por la "megatécnica" y a veces toman posiciones extremadamente militantes frente a algunas de las manifestaciones más visibles de la tecnología contemporánea, como la energía nuclear. En algunos países, sobre todo en Europa, los ecologistas ("verdes") han alcanzado cierta relevancia como movimiento político. Frente a la evidencia ya innegable de que la expansión humana tiene impactos ambientales de alcance global, se está imponiendo desde hace algunos años el concepto de "desarrollo sustentable" -por el que se procura limitar, por consenso nacional e internacional, los impactos globales del gigantismo tecnológico y, mediante una legislación regulatoria, los locales. La relativa irrelevancia de los resultados de la reciente Cumbre de Kyot066 (diciembre de 1997) muestra la dificultad de alcanzar un consenso que vaya más allá de lo declamativo cuando se trata de limitar el poder de los poderosos. Sin embargo, existe un lento avance de la convicción de la necesidad imperiosa de establecer límites a la explotación de la naturaleza. Se verá si este avance puede acelerarse para que las medidas necesarias lleguen a tiempo, de manera de evitar una catástrofe de magnitud imprevisible. En esta sección es oportuno dedicar algunas líneas a la idea de "tecnología apropiada", un tipo de Tecnología más suave, "intermedia" entre la tradicional, de los pueblos "subdesarrollados", y la "megatécnica", usualmente asociada al dominio de los países más desarrollados sobre los que no lo son. Ante todo, digamos que el término es ambiguo, ya que toda tecnología es apropiada a sus fines específicos. Por eso, algunos hablan de tecnología "conveniente", aunque ambas expresiones casi son sinónimas. Aun otros ponen el énfasis en las propuestas de alternativas a la megatécnica.67 En todas sus variantes, el concepto -que deriva directamente del movimiento antimegatécnica que tuvo cierto auge en el contexto de las rebeliones estudiantiles de fines de los años sesenta- se refiere a la posibilidad de resolver numerosos problemas inmediatos de las comunidades aún no alcanzadas por la universalización del aparato tecnológico moderno, empleando tecnologías de pequeña escala y evitando lo que habitualmente se denomina la "alta tecnología". Se prefieren así, como fuentes de energía, los pequeños generadores eólicos o las fuentes de biogás a las grandes instalaciones, y las huertas orgánicas a los alimentos producidos en escala industrial y distribuidos por redes de supermercados. Las intenciones de este movimiento son encomiables y dignas de aplauso, y existen pequeñas comunidades que temporariamente se pueden beneficiar con este enfoque, pero sus perspectivas de aplicación en gran escala son nulas. No sólo no están a la altura de poder proveer a las necesidades de una humanidad en constante expansión demográfica, sino que además tienen un trasfondo romántico que ni siquiera ideológicamente puede competir con el macrosistema -que promete una afluencia de bienes presentados como deseables aunque puedan ser considerados inútiles o perniciosos por ciertos sectores de la sociedad. Esto no quiere decir que no sea frecuentemente ventajoso implementar tecnologías como las propuestas, con la salvedad de que no se procure usar medios tecnológicamente obsoletos. Por ejemplo, una microturbina hidráulica es una fuente altamente recomendable y eficiente de energía

eléctrica en pequeña escala, que puede complementar, pero no reemplazar, las redes de distribución de energía de alcance nacional o regional. Pero esta microturbina no será un molino de agua medieval: deberá estar diseñada según los criterios más avanzados de la hidrodinámica, los materiales usados y el control. Una de las condiciones de aplicabilidad de las "tecnologías alternativas" es que, al encarar su diseño, se estudie como un todo el sistema sociocultural en el que se proyecta su implantación. Como ejemplo de esto podemos mencionar los intentos de mejorar el diseño de las estufas de leña usadas en muchas comunidades de África y de América Central, que ante el constante aumento de la población contribuyen notablemente al deterioro de los bosques. En estas estufas u hornillos se aprovecha sólo el 3 % del calor de combustión de la leña y un mejoramiento de su diseño puede tener un impacto ambiental favorable, siempre que su empleo sea aceptado por la comunidad. En cambio, a veces, y con la mejor voluntad de contribuir a su progreso, se han hecho intentos de "ayudar" a comunidades premodernas en formas que sólo han contribuido a desgarrar los tejidos sociales existentes sin aportar una mejora a las condiciones de vida de tales comunidades. ¿ Techne contra praxis? La tecnología contemporánea no sólo ha obligado a un replanteo de la relación entre la sociedad humana y su megatécnica y la naturaleza, sino que está replanteando también la naturaleza y el futuro del trabajo humano. El reemplazo de nuevas categorías de trabajadores por máquinas no puede menos que tener un efecto muy profundo sobre el empleo, y la "desocupación tecnológica" es una seria preocupación en la mayoría de los países desarrollados. La historia del trabajo es la de la humanidad. Desde la expulsión de Adán y Eva del Paraíso hemos debido ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente y el cansancio de nuestros miembros: por lo menos aquellos humanos que no tenían la fortuna de pertenecer a las minorías ociosas que estaban libres de esa maldición; éstos vivían de los excedentes producidos por los trabajadores, que eran la inmensa mayoría. Hasta la revolución industrial, la mayor parte de la población era rural y trabajaba en diversos tipos de relación de sumisión con los señores, produciendo los alimentos para todos. Los demás trabajadores -que producían, entre otras cosas, las herramientas que aquellos necesitaban- eran artesanos generalmente agrupados en gremios, como el de los carpinteros, toneleros, herreros, albañiles y demás oficios. Es un hecho curioso que estas dos formas de trabajo de otras épocas, el labrador y el artesano, hayan quedado en el imaginario popular como las figuras paradigmáticas del trabajo noble y digno, mucho más que las formas posteriores, aún vigentes, del trabajador industrial, el proletario. En nuestra época, la glorificación romántica de estos dos tipos de trabajadores tal vez se pueda resumir en la figura del jardinero, el artesano de la tierra. Pero a la vez, esa imagen muestra su marginación, porque el jardinero no ocupa ningún lugar en la corriente principal del proceso económico contemporáneo y es más bien un sirviente de la clase pudiente. La del proletario, en cambio, se asocia con otra imagen: la del trabajo alienado, en el cual el obrero, por un salario, cumple una función mecánica, incorporado a un proceso productivo que no controla y del que surge un producto que probablemente no estará en condiciones de comprar por lo miserable de su condición. Este proletariado se rebeló contra su condición siguiendo a los ideólogos del il.uminismo primero y luego a los propulsores de la idea del socialismo y de la justicia social. A mediados del siglo XIX, de este proletariado surgió el movimiento obrero que luchó contra la explotación sin límites, lucha que fue la base empírica para los desarrollos teóricos de Marx y del marxismo, que pretendió señalar no sólo una meta, sino una metodología para alcanzarla. A través de esta lucha, que a veces fue cruenta, la clase obrera conquistó muchos derechos; entre ellos, que el concepto mismo de justicia social entrase en el ideario de la sociedad moderna. No vamos a resumir aquí la historia de esa lucha que abarcó parte del siglo XIX y lo esencial del XX, cuando el movimiento marxista tomó el poder efectivo en una gran potencia y llegó a dominar un tercio de la población humana. Por desgracia, el marxismo en el poder se desvirtuó por completo y degeneró, de un movimiento en pos de la libertad de la clase trabajadora en una dictadura totalitaria que no cumplió ninguna de sus promesas.

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Además de este desarrollo histórico, el desarrollo tecnológico y la creciente automatización de la industria desplazaron al proletariado industrial de su protagonismo numérico. Así como antes se había reducido la población rural a una minoría decreciente, ahora está ocurriendo lo mismo con el proletariado industrial. En cambio, hay una proporción cada vez mayor de la población económicamente activa empleada en el sector terciario, los llamados "servicios". Ahora se plantea la problemática de la posibilidad cierta de que el trabajo humano desaparezca como necesidad vital, porque casi todo el trabajo que tradicionalmente hacen los humanos en algunas décadas más podrá ser efectuado por máquinas. Este problema tiene dos aspectos: uno es de carácter social, porque el futuro de la humanidad dependerá de que se encuentre una manera relativamente uniforme de distribuir la riqueza producida por las máquinas, asegurando un ingreso mínimo a todos, aunque no tengan acceso a un mercado laboral cada vez más restringido. Por otra parte, ésta es una condición para que el sistema mismo pueda seguir funcionando, porque, de lo contrario, no habrá mercado solvente para adquirir los abundantes productos de una industria cada vez más robotizada. En la actualidad se están empezando a ver los aspectos negativos de esta liberación de la humanidad del trabajo: la desocupación, y su secuela de marginación, desvalorización subjetiva y creciente violencia -sobre todo por parte de los jóvenes que no encuentran fácilmente una ubicación social que les ofrezca un futuro por el cual valga la pena esforzarse. En este panorama aparece como particularmente trágico e indignante que, junto al alto nivel de desempleo y subempleo de los adultos, en muchos países existan millones de niños obligados a trabajar en condiciones tan inhumanas como lo hacían en la Europa de la revolución industrial, a pesar del reconocimineto oficial de los "Derechos del Niño" por todos los países. El trabajo no reconocido ni remunerado de las mujeres es otra "asignatura pendiente". Cuando se resuelvan estos aspectos negativos de la forma actual de distribución de la riqueza, aparecerá en toda su importancia el otro problema, de carácter existencial, que puede ser aun más grave que el anterior: se trata de saber qué harán los humanos cuando ya no deban ocupar la mayor parte de su tiempo en trabajar por su sustento. La humanidad se enfrentará entonces a una situación totalmente nueva, ante la cual no se encuentra ninguna propuesta útil en toda la tradición occidental. Al mismo tiempo, aquellas formas de trabajo que subsistan serán las más creativas e interesantes, que exigirán de los humanos el desarrollo de todas sus facultades intelectuales; formas que actualmente efectúan aquellos que están en la punta del desarrollo científico, tecnológico y artístico de la humanidad. Etapas históricas La tarea de ordenar en grupos los diversos Objetos Tecnológicos, en función de criterios generales, tiene cierta importancia en la tarea de definir la Tecnología como área del conocimiento. Uno de tales criterios es histórico, ya que es posible detectar ciertas etapas sucesivas en la evolución de la Tecnología a lo largo de la historia. Ortega y Gasset, cuyas ideas antropológicas-filosóficas hemos considerado más arriba, distingue cuatro etapas: la del dominio del azar, la artesanal, la técnica y la tecnológica, en el sentido "cientifista" del término. Al emplear esta clasificación, sin embargo, debemos observar que, si bien en un ámbito cultural determinado su aparición es secuencial, se trata de modos diferentes de producción que en ciertas ocasiones pueden coexistir, aunque generalmente en forma inestable. En la primera etapa, el número de técnicas al servicio del humano todavía es escasa, aunque seguramente forman un corpus coherente que permite distinguir las acciones técnicas de otras acciones más o menos naturales. No hay aún especialistas. La capacidad de cambio y la acción intelectual de la resignificación, principales características del acto tecnológico, son inconscientes; el humano inventa, pero aún no sabe que puede inventar y la lenta innovación surge, no como solución a nuevos problemas, sino por azar. En esta etapa, la principal fuente de inspiración del humano probablemente fue la posibilidad de extender sus propios miembros para ampliar su alcance. Sin embargo, el hombre usó elementos ajenos a su propia estructura corporal y mental desde muy temprano: el fuego y la rueda no tienen equivalentes antropomorfos.

Estos dos elementos básicos de la civilización, sin embargo, tienen posiciones que difieren notablemente entre sí. El fuego es un fenómeno natural y el logro técnico consiste en su control, aun anterior a la aparición de la especie Homo sapiens. La rueda, muy posterior, fue un invento "absoluto", porque el movimiento giratorio es ajeno a la naturaleza viviente.68 Fue inventada en varias civilizaciones, pero no en todas; y en algunas incluso fue abandonado su uso porque ya no respondía a las necesidades de los pueblos.69 En la segunda etapa surgen especialistas, los artesanos. Sólo existen técnicas -technai- que son también artes, como lo señala la raíz común de las palabras "artista" y "artesano". La transmisión del conocimiento se hace por tradición oral, por aprendizaje directo, y hay diversas escuelas y estilos. Los artesanos usan herramientas, si bien no ha surgido aún el concepto de máquina. La tercera etapa es la de la tecnología de los técnicos. Aparece la máquina, que rápidamente pasa al primer plano, aunque coexistirá con los artesanos durante mucho tiempo. La máquina, por ejemplo, el telar mecánico, que comparado con el telar manual aún es una herramienta, ya no está tan claramente al servicio del artesano como lo estaba ésta. Es más, la tarea del artesano comienza a dividirse en dos funciones: la del técnico, que diseña y construye las máquinas, y las del operario que la atiende, con lo cual ya no es su dueño ni en el sentido económico ni en el técnico del término. En realidad, en esta etapa la evolución del sistema económico, que se encamina hacia el capitalismo, hace que deba tenerse en cuenta un nuevo factor que hace que la unidad de función de los antiguos artesanos se divida en tres funciones y no en dos: el operario, que atiende a la máquina y tiende a ser dominado por ella y por sus dueños, cumpliendo las funciones que aquélla aún no puede realizar; el técnico-ingeniero, que construye las máquinas y produce las innovaciones que las modifican a una velocidad cada vez más vertiginosa, y el propietario y financista, que ocupa una función cada vez más dominante. Esta etapa coincide además con la transformación del dinero, que pasa de ser un mero medio de intercambio a ocupar el centro de la escena. Por fin, en la cuarta etapa, la actual, se produce la simbiosis de esta técnica maquinista con la ciencia. El desarrollo se basa en los conocimientos obtenidos mediante la ciencia, que a su vez avanza con ~ apoyo de la Tecnología que inventa y construye sus instrumentos. El operario tiende a ser reemplazado por sistemas automáticos que ya pueden imitar también gran parte de sus funciones mentales. También es posible subdividir la historia de la Tecnología en fases caracterizadas de otras maneras. Distinguimos así una primera fase, en la cual el hombre usa medios artificiales para complementar y aumentar el alcance de sus miembros y la intensidad de su fuerza muscular: de la técnica de plantar semillas mediante un palo (que aún se emplea en nuestro tiempo) se pasa a un arado empujado por el labrador. En una segunda fase, reemplaza esos miembros yesos músculos por el trabajo muscular de otros: de los esclavos y de los animales, y más tarde, por el de dispositivos mecánicos. El arado es ahora arrastrado por un buey y el labrador sólo cuida que no se aparte de la línea tazada. En una tercera fase, comienza a predominar el desarrollo de los elementos de control. En esta etapa, el trabajo físico ya es casi enteramente ejecutado por máquinas. El hombre se reserva sólo el control, con el consiguiente ahorro suplementario de esfuerzo muscular. El buey es guiado por una vara y más tarde reemplazado por un tractor. En la cuarta fase, también el control es dejado a cargo de dispositivos artificiales. Es ésta la etapa "cibernética", en la que nos encontramos actualmente y en la cual el trabajo humano ha sido desplazado por completo -o puede serlo- de todas las tareas, con excepción de las que requieren una toma de decisión que implique juicios de valor de alto nivel. El desarrollo de la máquina de vapor por Watt ilustra muy bien esta transición; Watt introduce el regulador de velocidad en una máquina que podía funcionar bastante bien sin él. El desarrollo actual permite detectar el comienzo de una fase en la cual las decisiones de bajo nivel son también tomadas por máquinas que son cada vez más inteligentes y conocen lo que su dueño quiere obtener con suficiente exactitud y precisión como para decidir en virtud de esos deseos. Las decisiones de alto nivel aún son tomadas por humanos. Un concepto clasificador diferente de los anteriores es el de base técnica de una civilización o una etapa tecnológica. Se trata de un concepto histórico que distingue entre soluciones análogas

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tomadas en diferentes momentos para encarar los mismos problemas. Esta base técnica fue tomada por los historiadores tempranos de las técnicas, al distinguir una "edad de piedra", "de bronce", etc. Esta serie se refiere a ciertos materiales empleados en implementos característicos; pero también podemos distinguir una "edad de la mecánica", una "edad de la electricidad", "de la electrónica", "de la informática". En cada una de esas edades se buscaron soluciones análogas, basadas en estas diferentes tecnologías, para problemas similares. En la breve lista que antecede, se observa de qué modo estas sucesivas "edades" son cada vez más breves y en buena medida se superponen. Éste es un tema bastante vasto sobre el que hemos de volver. Es interesante observar que en la época de predominio de cada una de estas bases técnicas surgieron diferentes modelos y metáforas del funcionamiento del mundo en general. Así, en el siglo XVI, en el apogeo de la mecánica, los seres vivos y el mundo entero eran visual izados como grandes mecanismos, y hasta la imagen de Dios era la del "Gran Relojero". En el siglo XVIII se descubrió el concepto de "energía" y su puesta a nuestro servicio mediante la máquina de vapor. Fueron entonces los conceptos termodinámicos los que predominaron en las consideraciones de los filósofos que se ocuparon de la naturaleza. En la actualidad ocurre lo propio con la información y la imagen implícita de Dios es la un "Gran Programador". Un hecho que vale la pena mencionar en este lugar es la coexistencia temporal de todas las etapas, fases y bases tecnológicas aún en la actualidad. Aunque el sistema dominante esté claramente orientado por la etapa en la que se impone la "alta tecnología" sobre todas las formas anteriores, el nivel de desarrollo de las diferentes regiones no es parejo y existen lugares en los cuales se encuentran todas las etapas anteriores; incluso en algunas regiones remotas de la Tierra, la neolítica. Como ya hemos mencionado, el choque entre estas diferentes culturas suele ser altamente disruptivo para las culturas premodernas. El concepto de subdesarrollo -y su tragedia- nacen de este conflicto. 56 Capítulo 2 ¿Qué es un Objeto Tecnológico? Tecnología y cultura Un estudio de un área del conocimiento suele comenzar con una marcación de sus limites y con un inventario de lo que abarcan esos limites, tanto para definirlo y delimitarlo como para establecer sus relaciones con aquello que queda fuera de los límites. Al contemplar un fenómeno tan complejo como la artificialidad, nos vemos inmediatamente tentados de separar lo tecnológico de los demás aspectos de lo cultural: lo artístico, lo religioso, lo ético, lo sociológico, etc. Sin embargo, este intento de clasificación es en si mismo una distorsión de una realidad inseparable. Más adelante trataremos de delimitar estos ámbitos —aunque deberemos admitir que ese esfuerzo es sólo metodológico, un resabio de un intento cartesiano de compartimentar aspectos de una realidad única e indivisible, aspectos que no son independientes y se interpenetran y condicionan mutuamente. Lo mismo ocurre dentro de lo tecnológico cuando observamos que existen los objetos tecnológicos y acciones,que llamamos tecnológicas, que actúan de diferentes maneras sobre esos objetos. Una de esas maneras de actuar sobre los objetos es crearlos, hacer que existan cuando antes no existían. En él capitulo anterior, cuando señalamos la preeminencia metafísica de la acción —definiendo el acto tecnológico como la acción junto con la reflexión sobre ella misma—, no hemos puesto al artefacto, el Objeto Tecnológico, en el centro de esta definición. Sin embargo, el artefacto no es sólo la consecuencia de la acción tecnológica, sino también el objeto sobre el que dicha acción se ejerce. Por ello, en este capítulo y en los que siguen, dejaremos de centrar nuestra atención primariamente en las acciones para penetrar más profundamente en el análisis de los objetos. Las acciones tecnológicas no actúan ni en el vacío ni en el espacio de lo mental; siempre lo hacen sobre un objeto, para usarlo, para modificarlo, aun para destruirlo. La preeminencia de la acción se encuentra en dos ámbitos: el de la decisión y el de la creación. El pedagogo, que

observa que el niño, sobre todo el pequeño, actúa sobre los objetos para aprehenderlos y encontrar su propia ubicación en el mundo en relación con ellos, deberá estudiar este proceso en mayor detalle que el tecnólogo. Lo mismo ocurre con el historiador de la Tecnología y con el psicólogo, que están especialmente interesados en las condiciones que acompañan la creación tecnológica. Es indudable que la comprensión del fenómeno de la Tecnología se profundiza mediante el hacer. Por eso, los planes de estudio prevén que los adolescentes se acerquen a la Tecnología mediante la ejecución de los Proyectos Tecnológicos, en los que se realizan las etapas de un proyecto y se ejecutan acciones tecnológicas. Sin embargo, las técnicas se suelen definir en referencia a los objetos sobre los que actúan o a los fines que persiguen, y no al revés. Por eso, creemos que Quintanilla’, al centrar su enfoque teórico en las técnicas y desarrollar una especie de álgebra de las técnicas centrada en las acciones, no avanza mucho más allá de esa formalización ni la aplica de modo consecuente. Por lo tanto, en este libro elegiremos centrarnos sobre los Objetos Tecnológicos para analizar luego las acciones que actúan sobre ellos, los crean o los modifican. No daremos ahora una definición formal del concepto “Objeto Tecnológico”, cuyo contenido iremos mostrando a lo largo de este capitulo. Por lo pronto, no queremos enfrentar el concepto denotado por la palabra “objeto” con el de “sujeto” en un sentido positivista. Usamos la palabra “objeto” como una especie de generalización de “cosa”. Los objetos artificiales son, evidentemente, de muy variada índole y los más antiguos y obvios que se conocen son “cosas”: las herramientas, los utensilios y la indumentaria con todo lo que históricamente derivó de ella. Pero, como veremos en este capitulo, hay muchos Objetos Tecnológicos que no son “cosas”; asi, llamamos “objetos” también a entes abstractos, como el sistema educativo o la información. Y llegaremos hasta el extremo de llamar “Objeto Tecnológico” a las acciones tecnológicas mismas, negando de este modo uno de los dos ejes que acabamos de definir. Pero esta negación es sólo aparente: lo que llamaremos “Objeto Tecnológico” —siempre y en todas las circunstancias— deberá entenderse con inclusión del humano, su creador y su destinatario último. Esta inclusión deberá tenerse en cuenta muy especialmente en una época como la presente, en la que el “avance” de las tecnologías modernas se produce en el sentido de una automatización de funciones y tareas de nivel cada vez más alto, eliminando de ellos a los operadores humanos. Se redefine así el rol del humano, no sólo en el proceso productivo sino en su vida misma y en su relación con los objetos de su misma creación. Este nuevo mundo puede ser el de la libertad del hombre o el de su marginación. La humanidad ha comenzado a fabricar instrumentos en la prehistoria más remota y hay evidencias que demuestran que ya especies de homínidos anteriores a la nuestra supieron manejar el fuego. En efecto, entre los restos pertenecientes a la especie Homo erectus se han encontrado evidencias en tal sentido de un millón de años de antigüedad. 2Además, el humano es un ser esencialmente social y por lo tanto no puede existir si no es en el seno de comunidades con estructuras y organización propias. Esto nos lleva a plantear la difícil pregunta acerca de la delimitación entre la Tecnología y los demás aspectos de la cultura, sea primitiva o moderna. Uno de los primeros filósofos de la tecnología, E. Kapp se niega a tal delimitación: para él, aun la misma cultura es esencialmente tecnología. La organización social innata era el clan o la horda, pero los esquemas organizativos han adquirido cada vez mayor complejidad y artificialidad hasta llegar a la de un Estado moderno o una gran empresa. Esta transformación implica una creciente toma de conciencia de la existencia y la naturaleza de las estructuras sociales y, por lo tanto, una creciente “tecnologización” de ellas. Esta posición no nos parece la más adecuada. La cultura abarca el conjunto de todas las relaciones sociales, los fines que la sociedad se fija, los mitos sobre sus orígenes, la estructura de su lenguaje, sus expresiones artísticas, filosóficas, religiosas y políticas. La Tecnología pervade la cultura pero no es idéntica con ella. Se podría decir que la Tecnología es la materialización de la cultura, extendiendo el concepto de “materia” algo más allá de lo habitual,

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porque es evidente que la Tecnología abarca muchos componentes no materiales, como la información o las organizaciones —además de los instrumentos, tal como veremos en este capítulo. (…)

TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN SOCIAL Departamento de Ciencias de la Información y la Comunicación social UNIVERSIDAD NACIONAL DEL COMAHUE Teórico nro. 0 Prof. Christian Ferrer 1999 UNO Este primer teórico tiene como objetivo presentarles la materia. Lo que van a encontrar en esta materia son materiales bibliográficos orientados a meditar sobre la época moderna y sobre la consistencia de la actualidad. "Meditar" no es una palabra que se suela usar mucho en la Universidad. En este sentido, la materia se sostiene en la lectura. Entonces, se trata de leer, de leer textos que no son inocentes. A decir verdad, ninguna lectura es inocente. La escolarización, a veces, agiliza la mente, pero esto no es suficiente. Muy por el contrario de lo que suele creerse, muchísima gente que no está alfabetizada sabe pensar, y gran par-te de los alfabetizados no saben pensar. Pensar es una operación muchísimo más complicada de aquello que se nos enseña durante el período de escolarización. Hay lecturas "ingenuas" le creemos al autor y al texto. En la escuela primaria y secundaria uno tiende a aceptar la palabra autorizada, lo que nos es dado por un superior, la autoridad. Cuando uno llega a la Universidad, suele aparecer otro tipo de lecturas, que dividiría en dos categorías. A una de ellas podemos llamarla "suspicaz": el lector sospecha, y se pregunta "¿quién es el autor?, ¿qué línea teórica sigue?". Evidentemente, ello supone una superación de la lectura ingenua. La gran educación crítica asociada a la literatura suspicaz ha promovido autores que, de Marx a Foucault, pasando por Althusser en la década del 60, le enseñaron a toda una generación de lectores a deconstruir los textos. Otra versión de la lectura que he encontrado en esta Facultad es la lectura- información, es decir, aquella que se preocupa por estar "enterada" de lo último de lo último de lo último sobre algún tipo de temática. Este tipo de lectura nunca resiste porque opera bajo el signo de la prepotencia de la novedad. En esta materia hemos elegido autores a los que podríamos definir como "clásicos". A pesar de que tratamos problemáticas bastante nuevas, necesitamos recurrir a "sobrevivientes", a autores cuyas obras, escritas hace muchas décadas, aún son poderosas. Mumford, 193 1, quizás el fundador de una forma de pensar la relación entre técnica y cultura. Bataille, 1933; Bookchin, 1972. Una conferencia de Heidegger, de 1953. ¿Por qué son clásicos? Porque sus ideas resisten al tiempo, a sus intérpretes y a sus refutadores. La resistencia de un texto es difícil de entender. Quizás fueron escritos por autores que se situaron en el centro de las fuerzas pugnantes de una época, pero que a la vez no se evidenciaban fácilmente. El tema de esta materia, que recorre el programa de principio a fin, está contenido en una de las palabras más complejas de la cultura: la palabra técnica. Me gustaría que se la aceptara como una de las palabras más complejas de la cultura humana, tan compleja como las palabras Justicia, Verdad, Dios, Música, Fiesta, Juego, Bien y Mal. La palabra técnica es muy antigua y compleja. Para analizarla es preciso realizar varias operaciones cognitivas. La primera de ellas consiste en diferenciar técnica de tecnologías. Las tecnologías que habitan nuestro entorno diario son numerosas: grabadores, hornos a microondas, automóviles, computadoras. La fácil accesibilidad a ellas no quiere decir que su significado lo sea. Las tecnologías no hablan por sí solas: son construcciones lingüísticas de los seres humanos. Cuando digo computadora, reloj, automóvil, estoy hablando de objetos sumamente complejos. Todo objeto tecnológico nos está proponiendo una pedagogía, instrucciones de uso, modos de acoplamos a su sistema de engranajes con el

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que ordenan el mundo. Pero además de esa pedagogía, toda tecnología despliega también una erótica: nos seduce, nos atrae y nos coloca en una relación con ellas de nuevo tipo, muy diferente a la relación que se tenía con las herramientas hace trescientos años. Una herramienta parece ser una extensión del brazo, en cambio un reloj (que es un objeto moderno, sobre todo como objeto de consumo y consulta popular) es un objeto que no pertenece al orden de las herramientas: es un autómata, funciona según su propia temporalidad: nosotros al son de su propio bastoneo. No pretendo ahora ofrecer una definición de técnica, pero en todo caso se parece a un modo de relación con las cosas que determina formas de la sensibilidad, modos de pensar y de ver, y modos de habitar el mundo. La segunda operación cognitiva que nos importa consiste en la historización de los acontecimientos. Cada objeto, cada acontecimiento tiene una historia, La importancia de la historia es obvia: nos ayuda a combatir el terrorismo de la actualidad. Y en nuestra carrera de comunicación, como estamos expuestos al impacto constante de la actualidad centrípeta, las fuerzas deshistorizantes actúan con una potencia inusitada. La historia nos conecta con la memoria social, con los dramas históricos de una nación, con los ecos etimológico-sonoros que todo lenguaje arrastra. Por eso mismo, cuando llegue el momento en que tengamos que analizar el origen de la sociedad industrial, vamos a concentramos sobre cosas y eventos pequeños y fundantes: el rol del reloj, de los modos de regular la circulación urbana, las condiciones de vida de los obreros durante el siglo pasado. El proceso de historización de los acontecimientos técnicos no tiene corno función acumular datos sobre su genealogía. La operación va mucho más allá de la "genealogía de los inventos", a la que son tan afectos los teóricos positivistas de la ciencia y la técnica. La historia nos enseña, asimismo, a problematizar el futuro. La nuestra es la primera generación humana que le está legando al futuro problemas que no sabemos si los hombres posteriores van a estar en condiciones, no ya de resolverlos sino siquiera de si va a haber alguien allí para hacerse cargo de ellos: un ejemplo clásico es el de los "residuos atómicos", cuya vida "útil" supera los siete mil años. La polución de los mares es otro de los ejemplos bien conocidos, efecto, por primera vez, de la Revolución Industrial. Veamos otro ejemplo. Como se sabe, la virtud del plástico consiste en ser tan duradero como indestructible. Para la industria resulta más barato recurrir a él que al vidrio -por poner el caso de los envases de gaseosas-, pero a la vez resulta casi ineliminable de la naturaleza. En muchos países europeos ya se han prohibido los envases de plástico pero en Argentina nadie piensa en estas cosas. La tercera operación cognitiva que quiero mencionar consiste en desnaturalizar los productos de la organización técnica del mundo. Las tecnologías se nos presentan como naturales, como si fueran útiles, lógicos, como si no hubiera nada que criticar en ellas. Pero no solamente tienen una historia, sino que en cada una de ellas está impresa la historia de las luchas sociales que hicieron que esas cosas nos rodeen hoy en día. Para decirlo sencillamente: no se le puede creer a un discurso aquello que dice de sí mismo. No se puede describir la realidad con las categorías con que la "realidad" ha elegido justificarse a sí misma. Esto es bastante sencillo de entender, y sin embargo es una de las operaciones mentales más difíciles, porque implica pensar contra nosotros mismos. Puedo describirlo con un ejemplo. En un relato jasídico se cuenta que un feligrés le pregunta a un rabino: "Rabino, ¿quién descubrió el mar?'. El rabino piensa un rato y responde: "Bueno, seguramente no fue el pez". "Desnaturalizar" supone también situamos en condición de asombro ante el acontecer del mundo y el obrar de los seres humanos. En definitiva, se trata de hacer una autopsia de la época moderna, en especial de las facetas asociadas a lo que llamaremos "modernidad tecnológica". Es una tarea crítica, pues se trata de "poner en crisis" lo que es tomado por "natural" y hasta obligatorio. Cuando se hace una autopsia de una época nada de lo que se muestra es agradable: nos vamos a encontrar con el esqueleto de la dominación, con las vísceras de la historia ocultada, con secretos de la 'familia política" y con secretos de estado que pasaron desapercibidos. Toda autopsia (y la etimología de la palabra quiere decir "mirar con los propios ojos") y toda tarea historicista es una tarea, en alguna medida, ingrata. Creo que lo que tomamos por "real podría ser de otra manera, y lo que solemos considerar como "pasado" quizás haya sido distinto. Adorno y Horkheimer sostenían que “el conocimiento no consiste sólo en la percepción, en la clasificación y en el cálculo sino justamente en la negación de lo que es inmediato". De modo que la dilucidación de los secretos y las facetas

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que se ocultan tras la palabra "técnica" es quizás una de las tareas teórico-críticas más complejas de la actualidad, no solo porque la técnica se nos aparece como un núcleo duro de las sociedades contemporáneas que no parecen requerir otra cosa más que la celebración, sino también porque todos los artefactos sociales se pretenden ahistóricos y necesarios. Nos interesa que al final de la materia ustedes tomen conciencia de un acuciante problema ético-político, del inmenso poder que está a cargo de personas que combinan destrezas tecnológicas muy sofisticadas con principios religiosos y morales pobrísimos. De allí que para llegar a comprender esto será necesario que analicemos el proceso moderno de racionalización de la vida, que ha supuesto tres operaciones reductivas: del los muchos modos de ser en el mundo a uno solo, la racionalidad técnica; de la razón como capacidad cognitiva y conversacional a las meras funciones del cálculo y la manipulación; y al fin de la voluntad ética y política de la población a las relaciones de dominio escamoteadas a la conciencia. Conviene mencionar dos peligros habituales relacionados al análisis de nuestros temas. El primero de ellos es la tendencia a recaer en la "nostalgia por épocas mejores". En la cátedra no tenemos nostalgia de nada: no hay épocas felices atrás nuestro, nunca las hubo. A veces conviene ir para atrás para saber cómo se fue constituyendo este presente. A veces conviene tomar una época pasada para que sirva de claroscuro, de contraluz a fin de hacer visible algo poco aprehensible. Lo fundamental es asumir que cada época ha tenido sus propios problemas. Nosotros tenemos los nuestros y seguramente en el futuro habrá otros. La nostalgia es una operación sentimental conservadora y reaccionaria. Otra cosa muy diferente es la mirada melancólica, que nos ayuda a humanizar las cosas, una operación cognitiva del ánimo. La segunda operación cognitiva que también hay que desactivar esta representada por la sensación acuciante de que no hay salidas políticas u ontológicas a la actual situación histórica. Pero el futuro nunca esta dado de antemano, él es por esencia creación social. Por supuesto, es útil diferenciar en esa creación lo que corresponde a las dosis habituales de ilusión y lo que se corresponde con una esperanza sostenida en acciones. La ilusión dura poco, o hasta que otra ilusión la reemplaza; la esperanza es un principio activo, una operación del ánimo que fomenta actividades colectivas. ¿Qué sabemos acerca de la influencia cotidiana de los objetos técnicos? En n-ii opinión, poco y nada, más allá de la descripción de su uso y de sus organigramas operativos. Piénsese, por ejemplo, en un objeto cotidiano como el teléfono. El primer abonado argentino al teléfono fue el Ministro de Relaciones Exteriores, que ahora es una calle: Bernardo de Irigoyen. El segundo abonado es ahora una avenida, se llamaba General Julio Argentino Roca. Moraleja: la absorción social de tecnologías siempre es, primeramente, un derecho de los poderosos. Cuando ellas "descienden" al pueblo (a través de eso que los economistas llaman "proceso de abaratamiento de costos"), es habitualmente porque ya apareció una tecnología superior, o un mejoramiento costoso de las ya existentes. Hasta hace 20 años el aparato telefónico era de color negro para todos los abonados, exceptuando el caso de las divas de cine, que solían usar el mítico color blanco, y el rojo era famoso por unir el conmutador telefónico de la Casa Blanca con el del Kremlin. Cuestiones de Estado. A pesar de que hoy se consiguen teléfonos tipo arco iris, no hay que engañarse: sigue siendo un derecho de poderosos: Yabrán, antes de suicidarse, hablaba a través de teléfonos satelitales que muy pocos tienen en Argentina. Ahora bien, pensemos en un teléfono celular: cualquiera celebra, evidentemente, la libertad proxémica que permite un celular. Pero al mismo tiempo no solemos pensar que nuestras relaciones sociales cada vez más dependen del conmutador telefónico. ¿Qué sabemos acerca de la influencia del teléfono en nuestra vida cotidiana? Pensemos en los rápidos movimientos de un cuerpo cuando atiende un teléfono, en los micromovimientos de las manos, de los dedos, piensen en los gestos faciales que realiza una persona: de-agrado, desagrado, de aburrimiento. Piensen en las estrategias lingüísticas que usará según el interlocutor de tumo, según sea su jefe, un familiar, una persona molesta o un amigo que hace mucho del que no escuchamos su voz. Piensen en las estrategias matinales, cuando se revisa la agenda, en la cantidad de microactividades que una persona es capaz de hacer al mismo tiempo que habla por teléfono. Piensen en los servicios de control de llamada que nos indican si la persona que está llamando amerita ser atendida o no, en los garabatos que dibuja una persona mientras habla en blocks de notas colocados ad hoc, en las estrategias que elige una persona para grabar un mensaje en el contestador. Piensen en los problemas jurídicos que le puede traer a una persona el uso del teléfono. Hay una extraña conducta fisiológica-perceptual en relación al uso social del teléfono, y hablo de una tecnología

que tiene 120 años de existencia. Entonces, cuando celebramos la comodidad que nos proporciona un cajero automático también deberíamos prestar atención a la despotenciación de los símbolos locales, por ejemplo a causa del uso de tarjetas de crédito de alcance internacional. En los billetes mexicanos ha sido estampado el rostro de Emiliano Zapata, en los cubanos, la entrada de Fidel Castro en La Habana, en 1959, en los billetes argentinos aún podemos apreciar el semblante de Rivadavia, Pellegrini o Rosas, y yo me alegro de ello. De otro modo los niños argentinos del futuro pensarán que se trataba meramente del apodo de estaciones de subterráneos. A través del diseño de las tarjetas de plástico no se puede tener relación con los símbolos antropológicos o con la historia política de una nación, a favor o en contra Relaciones abstractas. Suele considerarse a la Revolución Industrial como el acta de nacimiento de la modernidad tecnológica. ¿La máquina de vapor? Mumford nos dice que mucho más importante ha sido el reloj para la constitución de la mentalidad moderna. Y que para entender al reloj hay que analizar los antiguos monasterios cristianos, donde instituyeron las horas canónicas. Quizás apreciemos su idea si prestamos atención al destino de los relojes de arena. Contra lo que la gente supone, los relojes de arena no son más antiguos que los de cuerda. El reloj de agua o el de sol sí lo son, pero no los de arena. Aparecieron hacia el 1300, tal cual los primeros relojes de cuerda. ¿Por qué sobrevivió éste y no el de la fina arenilla? La respuesta es sencilla: no es que reloj de cuerda fuera más exacto (porque al principio el de arena era bastante más exacto que el otro). Ocurre que el de arena no tenía como destino medir el tiempo. Medía actividades. El automático, por el contrario, nos coloca a nosotros en el centro de un complejo cronometrador. Las ocho de la mañana constituye un rasero obligatorio para todos. Es decir, que el reloj automático resultó más acoplable que el de arena a las nuevas necesidades de la sociedad industrial. La supervivencia -y mejoramiento- de una tecnología está asociada al tipo de sociedad en la que "entra en juego”. Pensemos en otro ejemplo: ocurrió en el Siglo XIII. Roger Bacon, algo así como el modelo por excelencia del protocientífico, midió el ángulo del arco iris por primera vez. Indudablemente, se podría haber hecho antes. ¿Por qué no lo hicieron los griegos y por qué sí lo hizo Bacon y lo dejó establecido en un libro? La respuesta quizás sea que a los griegos no se les hubiera ocurrido por que no percibían ninguna utilidad en hacerlo. Para un cristiano, por su parte, el arco iris representaba el símbolo de la frágil relación entre Dios y los hombres (siendo quizás el único fenómeno natural no creado por Dios durante la semana primigenia: en la Biblia aparece recién luego del "diluvio universal"). En otras tradiciones, como la irlandesa, la celta, el arco iris muestra un camino secreto hasta un cofre de oro destapado por un gnomo, al cual nunca se llega. Para los cristianos, el arco iris era una manifestación de Dios. Para Bacon, que ya dispone de otro tipo de mentalidad, el arco iris representa un desafió para la capacidad de cálculo de la racionalidad científica. Desafiar es, etimológicamente, "perder la fe". No es que Bacon no fuera cristiano, simplemente que ya comenzaba a ser afectado por la voluntad de clasificación y numeración de las cosas propia de la mentalidad moderna. Algo a lo que podríamos llamar técnicamente panmetría, la tendencia a medir todo. En este sentido, los hombres son seres curiosos, en el doble sentido de la palabra: clasifican peces que no van a comer, insectos que nunca van a ver, estrellas a las que no van a viajar. La manía clasificatoria quizás sea efecto del horror occidental al vacío (Dios habría llenado el mundo de cosas). Las Civilizaciones que no sufrieron de ese "horror" no se preocuparon de clasificarlo todo. Piensen en los navegantes holandeses que en el siglo XVIII llegaron al Japón y descubrieron que los pintores japoneses habían adoptado la perspectiva pero no incluían en sus cuadros las sombras de los hombres allí retratados. No lo hacían porque creían que la sombra traía mala suerte. Para un occidental, la sombra, siendo algo "real", es ineludible. Para los japoneses, eludirla no suponía ninguna trasgresión irremediable. DOS ¿Cuándo aparece la cuestión de la técnica en la época moderna? La palabra técnica acompaña toda la Edad Media hasta llegar al siglo XVIII de un modo distinto al actual. Todavía en el siglo XVII, la idea de que un artista era un ser superior a un buen relojero o un buen tintorero, hubiera sorprendido a muchos. Un buen tintorero y un buen relojero se cotizaban excelentemente en las

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sociedades de entonces. Toda corte que se preciara disponía tanto de buenos jardineros como de buenos pintores, y los preciaba por igual. Todavía no estaba sobredimensionada la producción masiva en relación al trabajo (o "arte", o "tekhné") artesanal, por un lado, y por el otro no estaba diferenciado el artesano del "artista", figura que la modernidad auroleará románticamente. Más ligada a las cuestiones industriales, el tema de la técnica es tratado modernamente en un libro del teórico inglés Ure, quien publicó uno de los primeros tratados sobre la relación entre industria y nuevas tecnologías de entonces. Marx, en su obra magna, "El Capital", se ocupa de ajustar cuentas con Ure, tratando de develar la relación que la técnica mantiene con el capitalismo y las nuevas doctrinas de la economía liberal. Ure es el primer autor en fundar un tipo de pensamiento asociado a la técnica que vamos a llamar ingenieril o, si se quiere, pragmatista, y que, a partir de la década del '40 del siglo XX fue llamado (y no despectivamente) pensamiento tecnocrático. Cuando digo que el apodo no disponía de una connotación despectiva quiero decir que aquellos que se llamaban a sí mismos "tecnócratas" estaban orgullosos de serlo; consideraban que los problemas "técnicos" y sociales asociados a la complejidad industrial moderna podían ser mejor resueltos por especialistas que sabían de qué hablaban que por políticos o moralistas. Toda la década del '30 y del '40, sobre todo la del '30, fue una década en la que cundió el desprestigio de los políticos. Los políticos eran, en la visión de los propugnadores de una "tecnocracia", gente que se dedicaba a discutir interminablemente ("parlamentarios", en el sentido estricto de la palabra) y que nunca hacían nada. Los nuevos técnicos, generados en gran medida por las escuelas politécnicas europeas, le daban importancia central a un tipo de saber específico que permitiría modernizar los aparatos decisores del Estado y conducirlo a diversas gestas desarrollistas. De manera que la tecnocracia emergió bajo la forma de un importante movimiento de ideas. Recién en la década del '60 la palabra tecnocracia asumió connotaciones desagradables. La concepción "ingenieril' de la técnica supone que solo los "expertos" pueden opinar sobre el tema -ingenieros, estadísticos, expertos en el manejo de cuestiones agrarias, etc. De vez en vez, esta idea es cuestionada brevemente a causa de los desastres provocados por los mismos técnicos o por catástrofes accidentales que devienen, por razones que las exceden, en problemas metafísicos. Por ejemplo, el hundimiento del Titanic a principios de siglo, naufragio que causó en aquel momento un gran impacto sobre la opinión pública europea; considerándosele frágil a lo que se autopromocionaba como perpetuo. Entonces afloran los temas morales y políticos asociados a las técnicas y se pone en cuestión el saber ingenieril. Ejemplos más actuales podrían incluir al desastre atómico de Chernobil en la década pasada. Más atrás aún, la construcción de la bomba atómica y hoy, los que son temas habituales de la primera plana de Clarín, y que incluso se infiltran en las conversaciones cotidianas: la contaminación de los mares, el arrasamiento creciente del reino animal, etc. La concepción que se opuso a esta idea ingenieril-tecnocrática, la podemos denominar `política-culturalista". Esta idea supone que todo uso de la técnica está formateada por valores ideológicos dominantes en cada sociedad y por intereses políticos y económicos. Por ejemplo, cuando una sociedad concede una importancia central a las prácticas estadísticas es porque piensa a sus poblaciones como constituida por individuos aislados, y por lo tanto, articulables por la aritmética, más que por individuos hermenéuticos: seres que se reúnen para debatir entre ellos que hacer con la sociedad. La concepción político-culturalista no se opone a la idea de materialidad económica como determinante de los usos de la técnica, por el contrario, ella integra esta esfera. Pongamos un ejemplo: los rascacielos son impensables fuera de ciertas innovaciones tecnológicas propias de fin de siglo M, fundamentalmente el ascensor, porque nadie construiría rascacielos, digamos, nadie construiría edificios de más de diez pisos sin el elevador de personas. Y no solamente el ascensor, falta otra tecnología desarrollada entonces para permitir la instalación de rascacielos: el subterráneo. El subterráneo permite una rápida concentración y des concentración de población, mientras el ascensor permite conquistar la altura. Pero para que estas tecnologías se activen se necesita también una 'Tuerza cultural" que se transforma en habito mental. Esta misma apareció en los Estados Unidos y la podemos llamar "gigantismo social", asociada a la vez tanto a la expansión de los Estados Unidos hacia el oeste en el siglo XIX como a su creciente intervención político-militar en el Caribe y el Pacífico. El estilo de vida de una época afecta los usos que hacemos de la técnica aunque este mismo estilo es indisociable de las bases materiales y mentales de una sociedad (economía, política, etc.). En el ejemplo dado, ascensor, subterráneo, nuevos materiales de construcción -hormigón armado- confluyen con la autopercepción mítica de la "grandeza" de una nación y con la tendencia a magnificar

simbólicamente dicho "gigantismo". Otro ejemplo: es evidente que el automóvil hizo necesaria la existencia de carreteras. Sin embargo, en Alemania, hacia la década del '30, cuando todavía no había una gran parque automotor el gobierno de Hitler decidió iniciar la construcción de una red inmensa de carreteras (la "Autobhan') a fin de paliar el altísimo desempleo. Subsiguientemente, y a fin de poder habitarla, se diseñó un nuevo tipo de automóvil más económico y popular, por la marca Wolkswagen, el así llamado "escarabajo". Por otra parte, el aumento de la velocidad social como signo del siglo generó la necesidad tanto del automóvil como de la carretera. Y así como los trenes emblematizaron la velocidad en el siglo XIX, los automóviles lo hicieron en este siglo, forzando la construcción de rutas, hasta llegar a las autopistas de hoy en día. Más adelante, llegarían los aviones, y quizás ahora Internet emblematiza una nueva experiencia de la velocidad. Si pudiéramos identificar el momento en que desaparece la costumbre de anotar el nombre familiar en las portezuelas de los automóviles, entenderíamos esta transformación. Pues, hasta la década del '20, a los coches se les ponía el nombre del dueño, porque era muy caro tener un coche, suponía un signo de distinción. Con el Wolkswagen desaparece el signo de distinción, entramos en el reino de la masificación. Me interesa destacar que toda técnica trae implícito un modelo de vida y es fomentado por un modelo de vida. Pero al mismo tiempo toda técnica supone una opción de sociedad. Por ejemplo, en la industria de la construcción, los departamentos que actualmente conocemos, y que conforman un relieve de edificios que asume la forma del panal, en cuyas celdillas se "acomodan" familias que a su vez creen y se articulan jurídicamente en un tipo de relación con los metros cuadrados que llamamos "propiedad privada". No es difícil percibir que esa relación jurídica, sentimental y habitacional que llamamos propiedad privada está acoplada a un tipo de sociedad que "en la calle" promueve una relación con el otro basada en la competencia, y que supone un estilo de subjetividad que podemos denominar "individualismo posesivo Pero si las decisiones sociales se hubieran orientado diferentemente, se podrían haber construido modos de habitar comunitarios, como no solamente ocurrió en las antiguas sociedades "tribales" sino también en la construcción de los "kibbutzim", en el origen del Estado de Israel. Nada en la industria de la construcción lo impide, salvo la mentalidad de los arquitectos y la experiencia de la subjetividad en una sociedad capitalista. Aunque una técnica haya sido inventada para mejorar determinada actividad humana, la inserción institucional o política de esa técnica acaba imponiéndole ordenamientos y mandatos sociales, y esto va más allá de la voluntad del inventor. Piensen por ejemplo en Roentgen, el descubridor de los Rayos X, quien se negó a patentar su invento. Pero él pensaba al viejo estilo de los sabios: inventaba para la humanidad en su conjunto, o bien estaba contento de haber inscripto su nombre en la historia de la ciencia. Hoy ya se persiguen líneas de desarrollo de inventos en los laboratorios universitarios e industriales de acuerdo al beneficio económico que traerán aparejados. Por esto mismo, en nuestro Seminario (y la palabra "sen-iinario" quiere decir etimológicamente "poner una semilla") nos interesa orientamos en cuestiones de técnica mediante el análisis de la -relación entre cultura, economía, política, y no solamente percibir a la técnica como un acontecimiento aséptico. A veces, alguna gente, cuando toma conciencia de la condición actual de la humanidad, supone que quizás sería mejor volver a tiempos más sencillos sucedidos en el pasado. Por ejemplo, una utopía típica de la década del '60 estuvo contenida en la "huida al campo" de miles de jóvenes norteamericanos, una suerte de fuga de la sociedad industrial y competitiva de entonces. A esos personajes se los conoció como "hippies", quienes querían fundar comunas perfectas alejadas de la ciudad y cosas por el estilo. Yo particularmente soy bastante enemigo de este tipo de imágenes de fuga que en nuestra década a veces vienen acopladas a las ideas ecologistas. ¿Por qué digo esto? Porque en estos pensamientos percibo una idealización exasperada de la naturaleza. Pero no existe la naturaleza como un espacio ajeno a la cultura e incontaminado por ella. La imagen de la naturaleza es un producto cultural: no existe el paisaje por sí mismo, todo paisaje supone una definición cultural del mismo. El paisaje se construye a partir de capas de memoria tanto como a partir de capas de roca, de agua o de bosque. La imagen que disponemos de la naturaleza es efecto del tipo de existencia cultural. Y si vale la pena interesamos en las imágenes que los antepasados tuvieron de la naturaleza es porque ellas nos dicen algo acerca de nuestra condición actual. Pues si somos capaces de contaminar los mares o extinguir la vida silvestre es porque estamos construyendo un tipo de cultura que trata a la vida orgánica, incluyendo al cuerpo

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humano, como una cosa, como objetos inertes. Sin duda la percepción griega del paisaje es muy distinta de la concepción animita de los grupos tribales africanos, como es muy distinta de la percepción romántica europea de fines del siglo XVIII. Cada cultura tiene su propia relación con la naturaleza. En Alemania, tradicionalmente, el bosque ha sido el espacio de la autoafirmación nacional, un lugar mítico entonces. Esto se debe a que en la tradición alemana el bosque es el lugar en donde las tribus germánicas se hicieron fuertes contra el Imperio Romano, luego del triunfo de Armínio y la derrota del general romano Varo, en el bosque de Teutoburg. En Inglaterra, por el contrario, el bosque estuvo asociado a los privilegios de los aristócratas: la caza del zorro o del ciervo, las grandes propiedades personales, lugares en donde al plebeyo a quien se lo encontrara cazando ciervos para comer se le cortaban las manos. Pero el bosque también ha sido el lugar mítico de la resistencia (basta pensar en las leyendas populares del tipo de "Robin Hood"). En los Estados Unidos la imagen de la naturaleza ha sido durante el siglo XIX la de un mundo virgen que hay que conquistar, idea que no es ajena a la tradición argentina -"desierto", tal como llamaba Sarmiento al país. En los Estados Unidos, como en Argentina, la naturaleza fue un derecho de pioneros. Al espacio virgen llegan primero los militares. No es una casualidad que al analizar la toponimia de la provincia de Buenos Aires nos encontremos con montones de Generales y Coroneles. Pero antes de los militares llegan los seres atípicos que individualmente reconocen la región. Pues la tierra ha sido una cuenca hollada por caravanas, expediciones, errancias, diásporas, odiseas y éxodos. El espacio físico no es un dato material constante; por el contrario, es la arcilla hendida y modificada continuamente por las leyes humanas del espaciamiento, en cuya jurisdicción rigen el esfuerzo y la imaginación tanto como el clima y la reticencia de la naturaleza. El explorador siempre ha sido un adelantado del Verbo: nombra los ríos, clasifica la flora y bautiza los confines; pero el agrimensor, notario estatal, mide, calcula y diagrama el terreno. No obstante, los exploradores, los misántropos y los réprobos llegan antes. A cada espacio físico corresponde un atlas simbólico. De allí que a cada región natural corresponda siempre, antes de la demarcación estatal, una leyenda de origen. Brasil dispone de su Amazonas; África del Norte, de su Sahara; Rusia, de Siberia; la India, del Himalaya. Argentina tiene su Patagonia y Canadá el Yukon. Y a cada una de estas regiones de leyenda corresponden "tipos caracterológico" heroicos: el exiliado a la Siberia; el tuareg al desierto; el alpinista al Himalaya; el garimpeiro al Amazonas; el minero al Yukon y el pionero -y también el minero- a la Patagonia. La ciudad no otorga este tipo de visados a las vocaciones de sus habitantes; apenas los tickets imprescindibles para lubricar la circulación urbana. Aún más: la globalización mediática, financiera y tecnológica ha logrado que todas las grandes ciudades del mundo se parezcan mutuamente. De allí que la toponimia señale un secreto estatal de origen. Luego llega el pionero a habitar, y por necesidad el agrimensor con su teodolito, quien señala los límites de la propiedad privada. La toponimia devela la historia del poder. Las calles de la ciudad de Buenos Aires están pletóricas de tenientes coroneles y generales, lo cual indica la preeminencia institucional de la casta militar en la conformación institucional del país. Pero si se viajara a la Ciudad de Córdoba, encontraríamos más bien presbíteros y obispos por las calles céntricas, lo que nos proporciona una señal sobre el peso institucional de la iglesia sobre la provincia de Córdoba. En la Argentina las imágenes de la naturaleza siempre estuvieron asociadas a la feracidad de la tierra, aunque dicha fertilidad no es algo que está en la naturaleza misma sino en la imagen que los constructores de la nación impusieron sobre ella. Otra imagen típica relacionada a la naturaleza argentina está representada por Martín Fierro. La figura del gaucho que nosotros conocemos, asociada a las representaciones escolares y a las conmemoraciones estatales, no es exactamente el gaucho que en el siglo pasado era conocido como "matrero", que huía hacia las tierras aún en poder de indígenas para eludir la leva obligatoria del Ejército Argentino. El gaucho matrero tuvo una descendencia espectacular en la figura del bandolero popular: Mate Cocido, Hormiga Negra, Bairoletto. A fin de percibir el peso de la cultura en el paisaje, podernos mencionar la construcción en la década del '30, sobre una montaña del Estado de Arkansas, de los rostros de cinco presidentes de Estados Unidos: Washington, Jefferson, Adams, Hamilton y Lincoln, A tanto llega la construcción del paisaje: la cultura impone una imagen de historia y de política a una montaña. TRES Hemos mencionado antes la palabra "confort". En la sociedad moderna la ideología del confort

(versión materializada, especialmente en el espacio hogareño, de los ideales del progreso) se transformó en el espacio de comprensión de la tecnología. Esta asunción es propia de la subjetividad burguesa, para la cual la casa es asumida como un "estuche" protector de la familia, resguardador de las "inclemencias causadas por el espacio industrial. Es decir, como pliegue personal, ese espacio protege o acomoda al hombre moderno a lo largo de la "lucha por la existencia". Si el hogar se aparece como un refugio. En ese espacio, la tecnología deviene la puerta de acceso al esparcimiento y garantía de una vida confortable, es decir, como un acolchador del sufrimiento. Es pertinente recordar que habíamos propuesto a los artefactos tecnológicos, especialmente los domésticos como artefactos "psicofísicos", es decir, como superficies somáticas que evidencian nuestra condición humana a la vez que reorganizan nuestra experiencia sensorial, psíquica y antropológica. ¿Qué queremos decir cuando mencionamos la palabra "acolchamiento"? Es preciso comprender una idea central de Arthur Schopenhauer: la idea de que la existencia es básicamente sufrimiento, que el sufrimiento es inmutable, ineliminable de la vida. Esto no supone que la vida no sea también alegría, placer y serenidad,sino solo que la densidad de sufrimiento es parte constitutiva de la vida. Las utopías sociales del siglo XIX se propusieron eliminar en lo posible el dolor. Así, la ciencia se propuso reducir el poder de la naturaleza sobre la vida humana. El ejemplo más banal lo encontramos en el pronóstico del tiempo que consultamos diariamente. Más difícil e importante, la posibilidad de predecir el estallido de un volcán o la proximidad de un terremoto. Por otro lado, la ciencia social también se propuso reducir el sufrimiento generado por el orden laboral. Entonces, dos ambiciones utópicas: reducción del poder del azar, reducción del rango de la injusticia social. Contra esta idea de que el dolor es eliminable de la vida social, se construye la obra de vanos pensadores, fundamentalmente Schopenahuer, quizás Sigmund Freud. En los antiguos pueblos tribales se disponía de un tipo de relación con el dolor que podemos denominar "relación heroica". Eso quiere decir que en ese cosmos de vida se permanece en permanente contacto con el dolor a la vez que se lo dirige hacia un "afuera", hacia los "otros", los extranjeros, los bárbaros. La forma más habitual de relación con el dolor esta emblematizada por el tiempo de guerra. En el mundo "heroico" se trata de disciplinar el alma a fin de que se encuentre "pertrechada" para el inevitable encuentro con el dolor. Por ejemplo, toda la disciplina guerrera o todas la- ascética tienen como función preparar el alma para su encuentro con el dolor. Que una persona tenga miedo en el campo de batalla, no resulta, a fin de cuentas, grave, siempre y cuando el alma pueda retomar control. Si una persona es reducida a prisión, tampoco es grave, siempre y cuando el alma esté activa y operando una resistencia espiritual ante lo inevitable. De modo que el cuerpo sirve como un escudo del alma. El cuerpo recibe los impactos del dolor, pero lo importante es que el alma controle los impactos, regule la desesperación, administre los estragos que la visión del cuerpo mancillado o humillado pueda operar en la conciencia. En el mundo "cultual" o "religioso", propio de la larga época del cristianismo, también la función de la disciplinas acética sobre el cuerpo consiste en prepararlo para el contacto con el dolor. En la disciplina ascética asociada a cultos religiosos lo que se busca es acceder a la impasibilidad frente a la tentación o ante los infortunios, pues las peripecias de una vida pueden conducimos a imprevistos de todo tipo; la "rueda de la fortuna" tanto puede favorecemos como a sernos esquiva. 0 bien las tentaciones generadas por el "demonio" acechan todos los días a la 11 carne". Entonces, lo que buscaba la ascética cristiana es que el alma esté pertrechada para esos encuentros. Si una persona se viera tentada por los siete pecados capitales, no es grave, mientras pueda retomar control sobre el cuerpo, si puede arrepentirse, en definitiva, se trata de tener poder sobre sí”. En el tercer tipo de época histórica, que es la nuestra, que algún autor ha llamado sentimental" o "burguesa", se huye del dolor, pero no se pertrecha al alma para que esté preparada para ese contacto. ¿Por qué razón? Porque en la modernidad no hay diferencia entre alma y cuerpo: lo único que vale es el cuerpo, sea como fuerza de trabajo en al ámbito laboral o como apariencia en el mundo de las relaciones sociales, ya sea como mercancía camal o como cuerpo performativo (préstese atención a la importancia que asume en este momento la industria biotecnológica y dietética en relación al cuerpo). El de ir que el cuerpo no tiene ninguna defensa en el mundo moderno cuando ingresa en contacto con el sufrimiento; sencillamente el cuerpo, en vez de servir de "escudo del espíritu", recibe el impacto del sufrimiento en toda la línea.

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De allí la importancia del confort, que tiene como función resguardamos de las inclemencias de la vida industrial y urbana moderna, en la que el sufrimiento opera como una suerte de "arma arrojadiza", como amenaza indiscriminada. Pues el dólor ya "no culpa a nadie ", por ejemplo, a los "ricos ", o al "imperialismo”. Entonces, la lucha por la existencia, ideología propia del "Darwinismo social", regula la existencia en la época sentimental. Y solo el refugio de la intimidad permite eludir momentáneamente a los mandatos despiadados de los procesos laborales o de la soledad urbana o del tedio u aburrimiento modernos o bien del juego de relaciones sociales en los que hay que venderse como "apariencia". La tecnología tiene como función ofrecer confort a este hombre asediado y concederle esparcimiento en un mundo inclemente: nos anestesia contra el dolor. Ella asume la función del discurso y las prácticas consolatonías propias de una época anterior en la que la religión apaciguaba el dolor. Pues la modernidad técnica supone un tipo de vida que somete al ser humano a las mismas exigencias que se le hacen a una máquina. Entonces, ¿qué tipo caracterológico de ser humano ha sido necesario definir y construir a fin de poner en marcha la máquina de la sociedad tecnificada? En el siglo pasado todavía se podía hablar de "individuos singulares", de entes liberales, pero el siglo XX ya inserta a los individuos en organismos de rango estadístico, sean sindicatos, empresas de seguros de vida, tarjetas de crédito, jubilación garantizada por el Estado, o la industria farmacéutica que trata con los síntomas depresivos o bien las terapias intensivas que prolongan artificialmente la vida o la hipoteca bancaria sobre el propio futuro. Al dejar de ser el cuerpo la coraza protectora del alma, ahora no hay diferencias entre alma y cuerpo, solo los "acolchonadores artificiales" nos permiten sostener la relación con el dolor. En un doble movimiento, insertamos nuestros cuerpos en "máquinas de excitación" a la vez que nos privamos sensorialmente a fin de eludir las experiencias vitales que podrían generar sufrimiento, tanto individual como colectivamente. Más consideraciones sobre el concepto de dolor y vida urbana moderna: Pensemos en los accidentes rutinarios ocurridos en India y que suelen ser reseñados en breves despachos periodísticos. Cuando en aquella península ocurre una desgracia -a saber, cuando un tren se desploma por el precipicio porque la madera podrida del viejo puente ha cedido o cuando un transbordador cuyo pasaje ha sido sobrevendido da una vuelta de campana en mitad del río- el diezmo que ella se cobra nunca baja de las trescientas víctimas. Leyendo esas noticias se nos ocurre que cuando en alguno de estos accidentes, cuya recurrencia es semanal, no se alcance a llenar la cuota acostumbrada, se obligará a unos cuantos testigos circunstanciales a inmolarse en el acto, no tanto por respeto a las estadísticas bien cerradas sino porque los burócratas hindúes, habiendo descartado a la justicia social, no han elucubrado ninguna otra manera de hacer lugar a las nuevas generaciones... Porque en el hacinamiento demográfico no puede haber justicia, apenas ordenamiento y administración. Por el contrario, en las ciudades de occidente, un deux ex machina anónimo, ilocalizable, burocrático, indiferente e irresponsable elige al azar a la docena de víctimas diarias de la técnica que es preciso asentar en el balance municipal. Entre los elegidos que pertenecen al rubro "accidente de trabajo", subespecie obrero de la construcción, el casco obligatorio no pasa de ser un inútil conjuro de vudú. Y entre los que son anotados en el escaque "accidente de tránsito" no se salvan de la estampida de caballos de fuerza ni siquiera los que se desplazan en silla de ruedas. Al final del día los sobrevivientes han ganado un día de más. Tal como ha sido construida, la máquina urbana no admite responsabilidades. Y estamos demasiado aturdidos, confusos o entretenidos en olvidar las bajas tras contarlas como para contamos a nosotros mismos nuestra condición de animales de matadero. Cada día transcurrido en el interior de esta máquina es un diente de engranaje que se ha llevado un gramo de la eternidad prometida. Ver morir a una persona aplastada en un "accidente" laboral es mirar lo horrible cara a cara; pero la máquina anónima e irresponsable que tira de las cuerdas y palancas del teatro de títeres no se confunde con las tecnologías y maquinarias fabriles: en esa otra máquina invisible se oculta el núcleo radical del problema. Más aún, la maquinaria anónima no se conforma con haberse instalado: necesita transformar a los propios humanos en seres anónimos y las ciencias estadísticas -maestras del juego- ya son hoy criterio moral. El anonimato, contagiado de persona a persona, se transforma en estado de ánimo y la irresponsabilidad no deja de ser la consecuencia moral necesaria de ese "automatismo". El "sistema de crueldad" que se correspondió con la época del iluminismo democrático (castigo del alma, corrección corporal, prevención vigilante) cede el escenario a la época de la indiferencia hacia el dolor causado o entrevisto. Y hasta que no nos atrevamos a sacar las últimas consecuencias de la idea de que los

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humanos solo contamos como materia prima en cantidad casi ilimitada seremos incapaces de sacarle su máscara de hierro a la sociedad de la injusticia. Solo aquellos historiadores capaces de testimoniar la historia callada pero elocuente de los sufrimientos cotidianos producidos por la violencia técnica de esta sociedad pueden proceder a una suerte de resurrección de la carne de los pueblos que sustentaron el andamiaje antes de su desplome. Cualquiera puede encontrar la historia patética y cotidiana del sufrimiento urbano en los márgenes inferiores de los libros. En ese mundo paralelo, arrastrándose y en silencio, lapidados bajo el peso negro de tanto palabrerío académico, todos los pueblos migran por el pie de página. De todos modos, la muerte estadística está superando incluso a las figuras del genocidio, del registro de defunciones y suicidios, del accidente aéreo o el de la comida adulterada. Hoy en día, ni siquiera los muertos están a salvo de disolverse en la numerología. En los cementerios ya no queda lugar para ellos. Cada diez años se publica un aviso en los periódicos advirtiendo a los deudos que el cuerpo del difunto será hecho polvo antes de tiempo por motivos de déficit habitacional: los nichos escasean, los cadáveres se multiplican y los muertos de otras épocas han de hacer lugar a los de las nuevas generaciones. La economía estadística de la muerte no incluye en sus presupuestos a recordatorios y responsos, y en última instancia tendrá que decidir la eliminación del cementerio del catastro urbano. Quizás dentro de unos cientos de años ya no haya lugar para esa modalidad de la memoria histórica emblematizada actualmente por las momias, los cementerios indígenas y las víctimas propiciatorias enterradas junto a la piedra basal de la ciudad y que de vez en cuando los arqueólogos sacan a luz. Ellos no podrán arrancar a la tierra ni el más mínimo vestigio de nosotros, habitantes del siglo XX. Nuestros nombres habrán sido borrados incluso de los cementerios, donde ahora se nos estaciona a plazo fijo. El ángulo se desploma un grado más en el transportador acercándose al cero. Deberíamos haberlo barruntado en la muerte anticipada de los condenados a la pena capital. Como antes la guillotina, la silla eléctrica es hoy ataúd rotativo: todos los reos caben en esa horma. Quizás los dispositivos e instituciones médicas, bancarias, financieras y gubernamentales se hayan constituido en este siglo en las gestorías de una gigantesca tanatología forense, encargada de auscultar periódicamente nuestra "anímica corporal".
EDUCACIÓN TECNOLÓGICA IFDC EL BOLSÓN

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Ficha de Cátedra Juan Carlos Pintos Procesos de Producción Llamamos Procesos de Producción al conjunto de fases o etapas organizadas (constituidas por operaciones), mediante las cuales transformamos las características de los materiales utilizados como insumos con el objetivo de lograr un producto tecnológico (esta transformación dará como resultado también desechos) - Conjuntos de operaciones organizadas de cierta manera para transformar insumos en productos. - Los insumos pueden representarse como flujos (de materiales, de energía, de información) que ingresan al proceso y que, mediante sucesivas, operaciones se transforman en productos. •

Podemos entonces encontrar un criterio de clasificación de procesos según cual sea el flujo principal: materiales, energía e información. Esta primera mirada de un proceso puede complementarse con una segunda, centrada en analizar las operaciones reconociendo para cada una de ellas:
o

el tipo de operación (transporte, transformación, distribución, etc.): a partir de reconocer qué entra y qué sale como resultado

o o

los medios técnicos empleados (herramientas, instrumentos, dispositivos, máquinas) los roles humanos (reconociendo niveles o grados de automatización)15

Las operaciones pueden ser: almacenar, transportar, transformar, crear, destruir, integrar, de regulación y control y distribución.

Entonces los procesos de producción los podemos analizar desde tres categorías:

Las modificaciones producidas sobre los materiales como consecuencia de las acciones realizadas sobre ellos. Las características de los materiales (por ej. plasticidad de la masa al amasarla y la dureza adquirida al cocinarla) y las herramientas usadas durante el proceso. Los procedimientos utilizados para transformar los materiales en productos.

Desarrollo de los procesos de producción en el tiempo. Las comunidades nómades: 1.000.000 aC - Se dedicaban a la recolección y la caza. - Distribuían roles y funciones entre los miembros del clan. - Prevalecían las incipientes tecnologías de gestión. - Relación hombre-naturaleza 68 Revolución de neolítico: 7000 aC - Los sistemas de producción estaban basados esencialmente en actividades de cultivo y cría de animales que satisfacían las necesidades de la familia del agricultor. El intercambio de los productos tecnológicos era a través del trueque. - Relación hombre-naturaleza-producto Producción artesanal: s. VII dC

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Se orienta la producción a la propia familia y a los vecinos El artesano, diacrónicamente, era el mismo quien realizaba cada una de las etapas y operaciones de producción Los productos eran particulares, las herramientas y las técnicas de fabricación le eran propias, se mantenían en secreto. No existe la denominada división del trabajo Se privilegia el uso de la fuerza muscular, la habilidad natural/adquirida y la inteligencia. Relación hombre-producto

Producción Manufacturera: s.XVI y XVII Se basa en la división del trabajo. La producción es orientada por un contratista que encarga la fabricación de los productos deseados. El contratista desea vender más productos así que realiza una distribución de las tareas entre los artesanos de acuerdo con las habilidades de cada uno. Haciendo así más

Automatización: Puede considerarse como el relevamiento del hombre de la carga que representan ciertas tareas elementales de control utilizando dispositivos mecánicos, eléctricos, electrónicos o de otro tipo. Implica una secuencia que comienza con una entrada, materia prima, y que progresa hacia una salida, por ejemplo el producto terminado sin otra intervención de labor y dirección humana que la involucrada en el diseño del equipo, de las órdenes de mando y mantenimiento. Control: es restringir o limitar un flujo o una variable en algún sentido que nos resulte conveniente.

eficiente la producción y puede vender más productos. Esto implica una primer segmentación entre tareas de Concepción/Planificación y las de Ejecución. Se comienza la sincronización de las tareas de ejecución.

-

La división de tareas abarata costos e incrementa la producción. Se complejiza la organización gestional del proceso. Relación hombre-hombre-producto

Industrial s. XVIII La aparición de la máquina de vapor aceleró los procesos de producción masiva. El trabajador pierde el control de la tarea, del producto, y toma el ritmo de la máquina. Aparecen los que venden y los que compran, sectores diferenciados en la economía. Aparece el mercado de los que demandan y los que ofrecen. Procesos de producción en serie, generan miles de piezas idénticas, en una línea de montaje o líneas de ensamblaje, bajo una secuencia de operaciones técnicas preestablecidas. El trabajo del operario se desmenuza en operaciones simples, realizadas por varios operarios, por lo tanto el trabajador “debe” bajar las pretensiones laborales (Taylorismo) Todo el conocimiento del operario se fragmentó y pasó al empresario. En la producción en serie se fabrican grandes cantidades de piezas del mismo producto, existe una permanente circulación de materia prima a transformar (Fordismo) Relación hombre-máquina-producto
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Postindustrial. Fines del s. XX El ingreso de la computadora a los procesos de producción hace factible la fabricación de productos en cantidades programadas que no son tan masivas como la producción en serie y que atienden a demandas que antes era imposible satisfacer. Nacen nuevos procesos de producción, entre ellos podemos encontrar al JIT (“Just In Time” - Justo a tiempo-) proceso que nació en Japón. Considera la necesidad de disponer de los elementos de producción sólo en el momento preciso de su utilización, en la cantidad justa y en la forma apropiada para ser empleados. Supone una reducción de las existencias o depósitos. Otro Proceso es el llamado “Kan-Ban” que consiste en producir según la salida de la mercadería de la boca de expendio. Esta salida provoca una reposición inmediata. Se pueden realizar diferentes modificaciones a los productos sin demasiado esfuerzo, a través de modificaciones en el programa de la computadora o el control electrónico y unos pocos cambios en la línea de producción (color, tamaño, forma del producto) Son procesos de producción flexibles. Pueden operar sobre insumos continuos (como en el caso de la leche o el vino donde los procesos son muy automatizados y no hay una etapa de montaje) o bien sobre insumos discretos, es decir por lotes o intermitentes. Se trabaja a pedido del cliente y cuando se cumple con él, se para la producción, se reprograma la línea y se produce para otro cliente. Generan una nueva estructura ocupacional (“empleados de oficina”), se utiliza “Tecnología de punta” y generan el desarrollo del Teletrabajo. Relación target) hombre-máquina-producto-hombre (usuario/cliente/consumidor determinado,

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Estos modelos de procesos de producción conviven en la actualidad y en nuestra región.

Tecnología y Educación Jorge Grau 3.1. Técnica Mediante el uso de dispositivos muy elementales, el hombre inicia el largo camino de adaptación y transformación de la naturaleza. En esa evolución de nuestros antepasados podemos diferenciar dos etapas: 1) el desarrollo gradual de la capacidad de seleccionar, entre los diversos elementos al alcance de la mano, el más apto para ejecutar una determinada tarea, 2) el desarrollo, también gradual, de la capacidad de elaborar dispositivos y herramientas que le permiten construir nuevos dispositivos cada vez más complejos. En la primera etapa, imaginemos a un homínido que selecciona un trozo de madera lo suficientemente dura y funcional coito para convertirse en un garrote, o que examina puntas de distintos materiales para colocarlas en el extremo de una rama larga y perforar la piel de un animal. El dispositivo más sencillo es, entonces, el fruto de una larga serie de ensayos y errores. En la segunda etapa, veríamos ahora a nuestro antepasado utilizando una piedra de afilar para obtener un mejor filo en su lanza, o seleccionando una piedra dura para construir un hacha que le facilite la caza de animales. Basándose en lo que puede observar do la naturaleza que lo rodea, nuestro antepasado va utilizando los conocimientos empíricos, acumulados por la experiencia. Una de las primeras necesidades, en cuanto hubo comunidades sedentarias fue inventar algún sistema práctico para el trueque de alimentos u otros bienes recogidos o cultivados. Otra necesidad del hombre fue cuantificar el tiempo y el espacio, que resolvió comparando & exterior consigo mismo. Para ello midió: 1) las longitudes, en brazos, codos, palmos, dedos, 2) el tiempo, en latidos de su corazón, 3) el peso, sosteniendo y comparando objetos con sus brazos extendidos en forma de balanza. Estas medidas antropométricas, cuyo valor cambiaba de una comunidad a otra, fueron recogidas por los distintos grupos humanos y se fabricaron otros dispositivos: reglas, vasijas y recipientes que tipificaran esas unidades, Hoy existen las más diversas técnicas: cocinar, contar cuentos, conducir vehículos. Son algo así como el “conjunto de procedimientos puestos en práctica para obtener un resultado determinado”, Toda técnica involucra procedimientos o secuencias de cómo debe procederse, por medio de actos definidos y coordinados, para lograr determinado propósito. Para ello es necesario contar con algún artefacto o dispositivo (que podrá ser material o conceptual). Es común identificar a la técnica con el dispositivo o instrumento a utilizar. Esto no es del todo adecuado, ya que el significado no se agota con el dispositivo a utilizar. Veamos el ejemplo de la palanca. Los libros de texto suelen presentarla como un dispositivo que puede rotar alrededor de un eje bajo la acción de ciertas fuerzas. Si bien esa es la descripción conceptual, conviene preguntarse cuándo se convierte en un posible instrumento o parte de una técnica para mover o levantar algún cuerpo. ¿Cuál es la necesidad y cómo resolverla? (objetivo)

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¿Qué recurso puedo utilizar’? (dispositivo) ¿Cómo debe utilizarse? (procedimiento) Manos a la obra (acción) Podríamos sintetizar a la técnica como:
Técnica = Objetivo + Dispositivo + Procedimiento + Acción

Si el dispositivo y el procedimiento son adecuados, se obtendrá el objetivo buscado, y la técnica será eficaz, más allá de la mayor o menor destreza personal y de las situaciones para utilizarla. Veamos dos ejemplos: 1) Técnica del ojal y botón ¿Cuál es el objetivo? Mantener en contacto, una encima de otra, dos superficies de tela (u otro material) y separarlas cuando se desee. ¿Cuál es el dispositivo? El sistema ojal-botón. ¿Cuál es el procedimiento? Coloque el ojal encima del botón, con la mano empuje para que el botón atraviese el ojal, ¿Es eficaz la técnica? (Pensémoslo mientras nos vestimos). 2) Técnica dcl zapato y el cordón ¿Cuál es el objetivo? Mantener el pie dentro del zapato y sacarlo cuando se lo desee. ¿Cuál es el dispositivo? El sistema ojales del zapato-cordón. ¿Cuál es el procedimiento? Pase el cordón por los ojales, tome las dos puntas y tire hasta ajustar la forma del zapato al pie, haga un nudo o lazo (con moño), y tire para que quede bien anudado. ¿Es eficaz la técnica? (Pensémoslo mientras nos calzamos).
La genialidad del tecnólogo radica en percibir la configuración del procedimiento que caracteriza a la técnica, más allá de su destreza en la ejecución. 71

Muchos nos advertirán que la técnica de fijar una mota de tinta en una hoja de papel mediante rayo láser es mucho más compleja científicamente Es cierto, pero miremos nuestra ropa: los botones no se conocían en Europa antes del siglo XVI y la ropa se ajustaba con tiras de cuero mediante nudos. Pasaron muchos anos antes que hubiera innovaciones corno el cierre ‘relámpago” o el ‘abrojo”.

La Educación Tecnológica
Aportes para su implementación

Aquiles Gay Miguel A. Ferreras
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Prociencia. MCyEN

CAPITULO VII Los métodos específicos de la tecnología: el proyecto tecnológico y el análisis de productos Aquiles Gay En la realidad técnica hay una realidad humana. Gilbert Simondon «La tecnología nace de necesidades, responde a demandas y, mediante el desarrollo de productos tecnológicos, se propone la solución de problemas concretos de las personas, empresas, instituciones, o del conjunto de la sociedad»1; en otras palabras, los productos tecnológicos (bienes, procesos y servicios) son las respuestas que brinda la tecnología a las necesidades, deseos o demandas de la sociedad. En este párrafo están presentes dos palabras clave del mundo contemporáneo “Sociedad” y “Tecnología”, un par dialéctico inseparable. Decimos inseparable porque desde siempre, pero hoy más que nunca, la sociedad ha estado marcada por el desarrollo técnico-tecnológico, el que a su vez está generado e impulsado por la misma sociedad, es decir se realimentan mutuamente. En el mismo párrafo, y relacionado con estas dos palabras, figuran un par de conceptos

asociados: Problema (problema social); y Solución (solución tecnológica). En el marco de la tecnología: los problemas, son las demandas sociales; y la solución, los productos tecnológicos (bienes, procesos o servicios).

Estos dos factores “Demanda social” y “Producto tecnológico” son los núcleos referenciales del quehacer tecnológico y la relación entre ambos puede enfocarse desde la demanda, o desde el producto que la satisface. En el primer caso, partiendo de la demanda (necesidad o deseo), y mediante una sucesión de etapas (el proyecto tecnológico), se llega al producto que la satisface. En el segundo caso, partiendo del producto tecnológico, mediante el análisis del mismo (el análisis de productos), podemos llegar a determinar la demanda que buscó satisfacer, la estructura sociocultural que enmarcó su nacimiento (el marco referencial), etc. El proyecto tecnológico y el análisis de productos, se presentan como dos caminos inversos, pero interrelacionados, que unen estos núcleos referenciales. Decimos interrelacíonados, porque en el proyecto tecnológico está implícito el análisis de soluciones existentes frente a problemas similares, en otras palabras el análisis de productos. En ambos casos está subyacente un problema, y para resolver un problema (encontrar su solución) es conveniente aplicar un método. Un método es un procedimiento reflexivo, sistemático, explícito y repetible para lograr algo, ya sea material o conceptual; es esencialmente, una actitud, una estrategia, una filosofía, que frente a una situación problemática orienta en la búsqueda de una solución. Podemos decir que es una forma lógica de enfrentar un problema, de buscar su solución, para lo cual es necesario y fundamental, además de la observación y el razonamiento, el análisis de las relaciones entre los factores que entran en juego, y la creatividad. «El método es, sobre todo, un medio para resolver el conflicto entre el análisis lógico y el pensamiento creativo»2. «Si el problema es de tipo práctico, las operaciones necesarias para resolverlo serán en su mayoría acciones concretas sobre cosas concretas, y el método constituirá una técnica en sentido estricto. Si el problema es puramente conceptual, las operaciones pueden ser también estrictamente conceptuales o abstractas.»3 El método por sí solo no garantiza el éxito del resultado, pues se requiere además contar con los conocimientos y la capacidad para poder enfrentar con solvencia la solución del problema; lo que sí garantiza es la repetibilidad y la verificabilidad del proceso. Todo método implica una sucesión de etapas que conducen al fin propuesto, cada etapa plantea a su vez un problema.
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Teniendo en cuenta que los problemas pueden tener características muy diversas, y que se los puede enfocar con distintas ópticas, no podemos hablar de un único método de resolución de problemas, lo que sí podemos plantear son métodos generales que pueden ajustarse en función del tipo de problema, de las metas a alcanzar, de las prioridades, de los criterios a tener en cuenta, etc. Como modelo general para la resolución de problemas podemos plantear un método de seis etapas: 123456Reconocimiento y definición del problema. Análisis del problema y de sus causas. Búsqueda de alternativas de solución. Selección de la solución. Presentación de la solución y plan de acción (¿qué hacer?, ¿cómo?, ¿cuándo?). Puesta en práctica de la solución, seguimiento y evaluación.

Como hemos planteado, este método no es excluyente y puede haber muchos otros; además en la práctica, la secuenciación de las etapas no será estrictamente lineal, sino que habrá idas y vueltas, en muchos casos el proceso será recursivo y se planteará la necesidad de reconsiderar etapas ya tratadas; en algunos casos puede surgir la necesidad de volver atrás hasta llegar a redefinir el problema; en otros puede no estar presente alguna de estas etapas, por ejemplo, la puesta en práctica de la solución (como en algunos proyectos tecnológicos). En todos los casos, y cualquiera sea el método planteado, en la resolución de un problema pueden distinguirse tres fases: 74 Fase de estudio (fase de reconocimiento y análisis del problema); Fase de creación (fase de síntesis); y Fase de ejecución (fase de conclusión). En el modelo planteado, las etapas que abarca cada fase son: Fase de estudio 1- Reconocimiento y definición del problema. 2- Análisis del problema y de sus causas. Fase de creación 3- Búsqueda de alternativas de solución. 4- Selección de la solución. Fase de ejecución 5- Presentación de la solución y plan de acción ¿qué hacer?, ¿cómo?, ¿cuándo?). 6- Puesta en práctica de la solución, seguimiento y evaluación.

Otra formulación, más detallada, del método de resolución de problemas, es la siguiente: 1- Percepción de una situación problemática 2 - Reconocimiento del problema (Individualización de la causa que provoca la situación problemática). 3 - Formulación del problema (Planteo del problema a resolver). 4 - Búsqueda de información (Datos, conocimientos u otros elementos vinculados al problema). 5 - Selección de los medios materiales y/o conceptuales (Aparatos, técnicas de cálculo, teorías, etc.) que permitan encarar la solución del problema. 6 - Búsqueda de alternativas de solución o planteo de hipótesis, teorías, técnicas, alternativas, etc., que posibiliten la solución. 7 - Propuesta de solución (Selección de la solución). 8 - Verificación (por la experiencia y/o el razonamiento)de la solución propuesta. Comprobación de la hipótesis. Si el resultado es favorable, continuar, si no, volver a 6-7. 9 - Puesta a prueba, confrontación de la solución con otras teorías y planteos, y con la realidad. Análisis de las consecuencias de la solución. Si el resultado es satisfactorio, finalización del ciclo. Si no, volver a 6-7; nuevo análisis y replanteo de la solución. 10- Presentación de la solución 11 - Puesta en práctica de la solución
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Podemos considerar al método de resolución de problemas como una variante del método científico.

El proyecto tecnológico Aquiles Gay - Miguel Ángel Ferreras Se entiende por proyecto tecnológico el proceso y el producto resultante (escritos. cálculos y dibujos), que tienen como objetivo la creación, modificación y/o concreción de un producto, o la organización y/o planificación de un proceso o de un servicio.

El proyecto tecnológico surge como la búsqueda de una solución, metódica y racional, a un problema del mundo material (problema tecnológico). El objetivo de un proyecto tecnológico es satisfacer una necesidad, deseo o demanda concreta (la necesidad de vivienda, de medios de transporte, de organizar los servicios de una ciudad, etc.). Si bien el proyecto tecnológico es un proceso creativo, las informaciones y los antecedentes normalmente puestos en juego, así como los problemas que se presentan en su desarrollo son demasiado complejos como para tratar el tema en forma puramente intuitiva, por lo que es necesario aplicar un método (un método de resolución de problemas). «La intuición no excluye el método, sino que lo reclama. La imaginación es la contrapartida dialéctica del método que representa la aplicación racional de determinadas técnicas en el proceso creativo. Los métodos son generales y pueden aplicarse a más de un caso. La intuición está ligada a la personalidad, a la experiencia, al carácter del individuo. E Cuando la mente se habitúa a observar no sólo las cosas, sino y sobre todo, las relaciones entre las cosas, se requiere un camino o un procedimiento para pasar de una cosa a otra en forma relacionada. La relación entre las cosas son nuestro objetivo, el material del método.»4 El método es el eje vertebrador del proyecto tecnológico en el que se deben compatibilizar aspectos como forma, función, materiales, estructuras, costos, etc.; operando no sólo en el ámbito de las ciencias físicas, sino también en el de las ciencias sociales. 76 En las diferentes etapas del proyecto tecnológico hay que tener en cuenta todos los factores que puedan intervenir en su desarrollo o que puedan condicionar el comportamiento del producto; estos factores pueden ser técnico-tecnológicos, socioculturales o económicos. Recordemos además, que cualquier problema que se presente hay que enfrentarlo con la máxima objetividad y la mínima ambigüedad.

Factores a tener en proyecto

cuenta en un tecnológico

Energía Materiales Estructuras Información Procesos productivos Conocimientos científicos, técnicos, etc. Técnicas (mecánica, electricidad, etc.) Técnico-tecnológicos Sistemas de representación lnterfase hombre-máquina Funcionalidad Factibilidad Ergonomía Metrología Viabilidad Riesgos

etc.

Socioculturales

Rol social del producto Expectativas del usuario Impacto sociocultural Comunicabilidad Valor de signo Estética etc. Costos Mercados Distribución Relación costo-beneficio Financiación Rentabilidad etc.

Económicos

LAS ETAPAS DE UN PROYECTO TECNOLOGICO En los proyectos tecnológicos, las etapas que conducen a la solución del problema son función de múltiples factores, que van desde las características del problema, los criterios a tener en cuenta, cómo encarar la solución, etc., hasta cómo subdividir las etapas y cómo denominarlas. Existen diversas formas de planificar y presentar estas etapas, a título de ejemplo mencionaremos algunas. Comenzaremos con los C.B.C.. en los que se plantean cinco etapas:5 12345Identificación de oportunidades Diseño Organización y gestión Planificación y ejecución Evaluación y perfeccionamiento

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Identificación de oportunidades: Se trata de identificar y formular el problema, cuya solución será el tema del proyecto tecnológico. Diseño: El diseño consiste en plantear creativamente la solución del problema propuesto, teniendo en cuenta no solamente los aspectos técnicos y económicos, sino también los socioculturales, los estéticos y los psicológicos vinculados al tema. En esta etapa se manejan croquis, planos, cálculo de costos, planes de acción, selección de materiales, etc. Organización y gestión: Esta etapa tiene como propósito la organización del grupo humano que se ocupará de la planificación y ejecución del proyecto, de establecer el sistema administrativo, y de organizar y sistematizar los contactos de la organización con proveedores de insumos (bienes o servicios) y con los potenciales clientes o beneficiarios del proyecto. Planificación y ejecución: Durante esta etapa se construye un prototipo del producto diseñado, o se lleva a cabo la operación programada. Si se trata de un aparato se lo hace funcionar en condiciones normales de operación y se levanta un acta con los resultados obtenidos.

Evaluación y perfeccionamiento: En la evaluación y el perfeccionamiento se examinan críticamente los resultados obtenidos y se comparan con los objetivos buscados. Se hace una evaluación económica, se analiza su impacto ambiental y se estudian las posibilidades de mejorar el producto. Otro esquema, planteado por Edward y. Krick en su libro Introducción a la ingeniería y al diseño en la ingeniería, consta de las siguientes etapas:6 12345Reconocimiento y formulación del problema Análisis del problema Búsqueda de alternativas de solución (investigación) Selección de la solución (decisión) Presentación de la solución (especificaciones)

Reconocimiento y formulación del problema: Se parte de reconocer el problema, para luego definirlo; en una primera etapa lo más ampliamente posible y sin detalles. La formulación del problema puede ser verbal o esquemática, en muchos casos puede ser suficiente la palabra, en otros es preferible un esquema. Es importante tener en cuenta que la solución del problema no es el problema, esto que parece obvio no siempre lo es pues muchas veces se enfoca una solución ya existente y no el problema mismo. Sobre el tema Krick plantea un ejemplo interesante: Una empresa distribuidora de alimentos para ganado, que está preocupada por el costo relativamente alto de distribución del producto, encargó a un tecnólogo el estudio del problema y la búsqueda de una posible solución. 78 El procedimiento vigente en ese momento consistía en utilizar bolsas para llevar el producto al cliente. Las bolsas había que llenarlas, pesarlas, coserlas, almacenarlas, transportarlas, etc. Una tendencia común es la de tratar inmediatamente de hallar posibles mejoras a la solución existente, buscando las que puedan hacer más económico el proceso. La persona que haga esto, tendría que considerar temas como: el equipo para llenar y coser las bolsas, la disposición de las instalaciones, la forma de transportar las pesadas bolsas, la forma de combinar las operaciones, etc. Krick dice: “Lo anterior es exactamente lo que no se debe hacer al atacar un problema: entrar inmediatamente en el proceso de producir soluciones. Al proceder así se está tratando de buscar soluciones a un problema que no se ha definido todavía. La solución de un problema no es el problema mismo. Si el embolsado del producto se trata como un problema, el transporte y el apilamiento en el almacenamiento como otro, el traslado hasta el consumidor como otro y la descarga de los camiones como otro, el sistema de distribución del producto es probable que esté muy lejos de ser el óptimo.” El problema hay que enfrentarlo con la mayor amplitud posible, en nuestro caso el problema es llevar el producto del depósito de la empresa al consumidor con el menor costo posible. El tecnólogo encargado de buscar la solución eliminó la limitación de utilizar bolsas y planteó la posibilidad de manejar el producto a granel, utilizando para el transporte un “depósito sobre medas”, un camión-cisterna que se carga y descarga a través de una manguera, impulsando el producto con aire. En esta forma el producto pasa, sin necesidad de embolsarlo, del depósito del distribuidor a los depósitos de almacenamiento de los usuarios (granjeros en este caso). Este sistema se asemeja mucho al procedimiento usual de entrega a domicilio del gas u otro combustible, descargándolo en tanques estacionarios. Este planteo es válido para muchos campos, como por ejemplo la ingeniería, los negocios, la enseñanza, la medicina, etc. El autor recomienda con particular insistencia la formulación amplia de los problemas para tener mayor probabilidad de obtener mejores soluciones.

Análisis del problema: En esta etapa hay que determinar la raíz del problema y por otra parte definirlo detalladamente. “Un problema bien definido es un problema semirresuelto”. Además hay que determinar las restricciones, que pueden ser consecuencia de la naturaleza del problema, de requisitos legales, de condiciones impuestas, etc. Muchas veces las restricciones pueden ser ficticias, entendiendo por ficticias las que sin estar establecidas, uno se las autoimpone injustificada e inadvertidamente por no haber definido y analizado correctamente el problema. Un caso típico de restricción ficticia suele surgir cuando se le pide a una persona que construya cuatro triángulos con seis fósforos, en general la mayoría buscan la solución en un plano, planteándose ellos mismos una restricción que no se les había fijado; la solución de este problema es tridimensional (el tetraedro). Otro tema importante en esta etapa es la fijación de los criterios a tener en cuenta en la selección de la solución, los que en general no cambian mucho de problema a problema (costos, relación beneficio-costo, seguridad personal, seguridad de funcionamiento, confiabilidad, operabilidad, facilidad de mantenimiento, etc.), lo que sí cambia significativamente es la importancia relativa de cada uno. Búsqueda de alternativas de solución: En esta etapa se requiere un gran nivel de creatividad. Es interesante plantear una lista de soluciones posibles, teniendo en cuenta que en tecnología nunca hay una sola solución. Los métodos de búsqueda de solución pueden ser sistemáticos (organizar las ideas o pensamientos y las investigaciones sistemáticamente, en forma tal que se evidencien la mayor cantidad de soluciones posibles) o aleatorios (técnica del torbellino de ideas, o de generación de ideas - brainstorming). Se deben evitar las evaluaciones prematuras, así como la suspensión en la búsqueda de soluciones antes de que sea necesario o deseable hacerlo. A continuación se presenta una tabla en la que se esquematizan factores a tener en cuenta en la búsqueda de soluciones (Del libro Introducción a la ingeniería y al diseño en la ingeniería de Edward y. Krick).7

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Selección de la solución (decisión): Las diversas soluciones se evalúan, se comparan y se efectúa una selección buscando obtener la solución óptima. “Aunque el proceso general de toma de decisiones varía de un caso a otro, en casi todo problema hay que dar los cuatro pasos siguientes antes de poder llegar a una inteligente decisión de diseño: 1) seleccionar los criterios y determinar su importancia relativa (ver Análisis del problema); 2) predecir el funcionamiento de las soluciones alternativas con respecto a tales criterios; 3) comparar las alternativas sobre la base de los funcionamientos predichos; y 4) hacer una elección. Por lo general un criterio predominante es la razón beneficio-costo.”

Presentación de la solución (especificaciones): La solución elegida se expone por escrito (el Informe Técnico), con el auxilio de dibujos y gráficos cuidadosamente realizados, detallados y acotados. A veces, y de ser posible, se complementan los planos y el informe con un modelo físico (maqueta). En el informe técnico se deben especificar los tipos y propiedades de los materiales, los métodos constructivos, así como todo otro detalle que se considere importante. Otra forma de plantear las etapas de un proyecto tecnológico puede ser: 1- Detección de una situación problemática 2- Reconocimiento y definición del problema 3- Análisis del problema y de sus causas 4- Búsqueda y estudio de antecedentes 5- Generación de alternativas de solución 6- Construcción de modelos físicos 7- Diseño de la solución 8- Presentación de la solución y plan de acción (¿qué hacer, cómo, cuándo?) 9- Evaluación de la solución 10- Fabricación del producto Destacamos que en algunos casos el proyecto llega solamente hasta la presentación de la solución, en otros abarca también la fabricación. LAS FASES DE UN PROYECTO TECNOLOGICO Si analizamos las diversas etapas de un proyecto tecnológico constatamos que derivan secuencialmente de haber enfocado el tema desde tres puntos de vista: el del problema, el de la búsqueda de su solución y el de la puesta en práctica de la solución. En función de esto podemos hablar, como ya lo hemos planteado en la resolución de problemas, de tres fases en el desarrollo de un proyecto: una fase de estudio (fase de reconocimiento y análisis del problema), una fase de creación (fase de síntesis) y una fase de ejecución (fase de conclusión). Fase de estudio (fase de reconocimiento y análisis del problema) Esta fase abarca: la detección, identificación y formulación de la necesidad que se desea satisfacer, es decir el problema (la correcta identificación y formulación del problema es tan importante como su solución y exige un enfoque globalizador); la determinación de los aspectos fundamentales (de qué ocuparse y de qué no); la búsqueda y el estudio de informaciones y datos vinculados al tema; el estudio y análisis crítico de soluciones preexistentes; la definición de las condiciones que deben cumplirse y los límites que enmarcan el proyecto; el análisis de los aspectos técnicos, científicos, culturales, económicos y sociales asociados al caso; etc. Fase de creación (fase de síntesis) Esta fase abarca: la generación de alternativas de solución; el análisis de las implicancias y la evaluación de estas alternativas; la formulación de hipótesis o soluciones posibles; la construcción de modelos para verificación y demostración; la selección de la solución que mejor se adapte a los objetivos planteados, teniendo en cuenta los aspectos tecnológicos, estéticos y económicos, además del marco social en el cual está inserto el problema; el análisis y la verificación de todo lo vinculado a la solución propuesta; y finalmente la confección de los planos y la definición de los materiales a utilizar Podemos decir que es la fase del diseño propiamente dicho, es decir de la materialización de la idea en el papel. El diseño es un proceso de creación con un propósito; a diferencia de la pintura y de la escultura que son las realizaciones de las visiones personales y los sueños de un artista, el diseño cubre exigencias prácticas. Por ejemplo: un producto industrial debe cubrir las necesidades de un consumidor; un diseño gráfico transportar un mensaje prefijado; etc.

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Fase de ejecución (fase de conclusión) En esta fase se hace una valoración crítica de la solución y se analiza su comportamiento en un contexto global; se controla y optimiza su funcionamiento; se examina críticamente el producto en relación a los objetivos propuestos, es decir la adecuación de la respuesta al problema tecnológico y la eficiencia del resultado; eventualmente se construye un prototipo; se planifica la ejecución del proyecto; se establece el sistema administrativo y organizacional de la producción; etc. Partiendo de estas tres fases, y teniendo en cuenta los ítems que entran en juego en cada caso, se pueden planificar y estructurar las diferentes etapas en función de los requerimientos planteados. El análisis de los problemas presentes en cada una de estas fases nos muestra que las aptitudes y actitudes requeridas para encarar con solvencia su solución son en cada caso diferentes. En la fase de estudio se requiere, entre otras cosas, amplitud de visión, capacidad de análisis, enfoque globalizador, observación objetiva y razonamiento inductivo. En la fase creativa, mucha creatividad, poder de síntesis, juicio subjetivo y razonamiento deductivo.
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En la fase ejecutiva, capacidad organizativa, de planificación y de evaluación, etc. Todo esto nos muestra la importancia de trabajar interdisciplinariamente para obtener los mejores resultados posibles.

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Planteo esquemático de las secuencias de un proyecto tecnológico El análisis de productos Aquiles Gay El análisis de productos es un procedimiento de aproximación a los productos tecnológicos y una fuente de conocimientos que nos ayuda a conocer y entender mejor el entornó más artificial que natural que enmarca nuestra vida y así poder actuar con más idoneidad frente a los

problemas del quehacer cotidiano. «Este procedimiento tiene especial relevancia en el logro de competencias vinculadas con el consumo y el uso inteligente de productos tecnológicos y la adopción de tecnologías convenientes, considerando una pluralidad de factores y superando, en consecuencia, el pragmatismo.»8 Por otra parte puede ayudar al proceso de diseño, analizando cómo se solucionaron determinados problemas. Dado que los productos de la tecnología pueden ser bienes (objetos), procesos o servicios, el análisis de productos revestirá diversas formas según sea el tipo de producto a analizar; muchos de los pasos de este análisis serán comunes a todos los productos, mientras que otros estarán vinculados solamente a algunos (por ejemplo a los objetos). Para que el análisis sea lo más exhaustivo posible hay que plantear un método que permita tener en cuenta la mayor cantidad de las variables en juego. En lo referente al método, sabemos que no hay un modelo único, pero cualquiera sea el método aplicado, siempre podemos distinguir tres fases: Fase de reconocimiento y análisis del problema; Fase de síntesis; Fase de conclusión. La primera fase abarca la primera etapa del proceso de análisis, “el análisis del problema”, que se centra en determinar los interrogantes cuyas respuestas se buscarán a lo largo del proceso de análisis. A continuación mencionamos algunos de los interrogantes que se pueden (o no) plantear, teniendo en cuenta las características del producto (que puede ser tangible o intangible), los objetivos buscados, lo que interesa priorizar, etc. ¿Cómo se presenta el producto? ¿Qué forma tiene? ¿Cómo es? ¿Satisface estéticamente? ¿Qué función cumple? ¿Para qué sirve? ¿Cuáles son sus elementos y cómo se relacionan? ¿Cómo funciona? ¿Cómo está hecho? ¿De qué material? ¿Se puede reciclar? ¿Qué valor tiene? ¿Cuál es su costo? ¿En qué se diferencia de objetos equivalentes? ¿Cómo está relacionado con su entorno? ¿Cómo esta vinculado a la estructura sociocultural? ¿A qué demanda social responde?, etc. La segunda y la tercera fase abarcan las etapas que surgen como búsqueda de respuesta a los interrogantes planteados en la primera fase. La segunda fase abarca las vinculadas al análisis del producto en sí, ¿Cómo es?, ¿Qué función cumple?, ¿Cómo funciona?, ¿Cuál es su costo?, etc. La tercera fase abarca las vinculadas al análisis de las relaciones del producto con su entorno, con la estructura sociocultural, etc. Recordemos, una vez más, que en la práctica, la secuenciación de las etapas no será estrictamente lineal, sino que habrá idas y vueltas, en muchos casos el proceso será recursivo y se planteará la necesidad de reconsiderar etapas ya tratadas.

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Cuando el método de análisis se aplica a productos tangibles (objetos) lo llamamos lectura del objeto. La adopción del término “lectura” se fundamenta en el hecho de considerar a cada objeto como un sistema de signos que soportan un significado que se puede interpretar. Los objetos además de responder a una función son portadores de una significación; la significación implica información. Podemos considerar la lectura de un objeto como un acto de interpretación de signos. En este caso se parte de la percepción de una materialidad (el objeto) para llegar a una conceptualización.

Para ampliar el tema, véase el Anexo III. LA LECTURA DEL OBJETO El camino que seguimos en este análisis o lectura del objeto es el mismo que el que transitaría un usuario u hombre corriente: de lo perceptual e intuitivo a lo conceptual (marco referencial, necesidad que satisface, impacto, desarrollo histórico, etc.). Las diversas etapas del método de análisis o lectura surgen como respuesta a interrogantes que normalmente un observador crítico se plantearía frente a los objetos en general y a un objeto en particular: ¿Qué forma tiene?, ¿Qué función cumple?, ¿Cuáles son sus elementos y cómo se relacionan?, ¿Cómo funciona?, ¿Cómo está hecho y de qué material?, ¿Qué valor tiene?, ¿Cómo está relacionado con su entorno?, ¿Cómo está vinculado a la estructura sociocultural y a las demandas sociales?

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Desde la óptica del análisis o lectura, cualquier objeto puede considerarse como una materialidad estructurada que mediante progresivos niveles de aprehensión sensible y conceptualizaciones se desarticula en sus partes significativas, para analizar tanto los principios que lo estructuran como los que optimizan su uso. La lectura permitirá determinar, el aspecto morfológico, el funcional, el estructural, el de funcionamiento, el tecnológico y el comercial propios del objeto, así como otros valores que posibilitarán relacionarlo con su entorno y vincularlo con la estructura sociocultural.

¿Qué forma tiene? Análisis morfológico Todo objeto, como hecho material, tiene una forma que se aprehende perceptualmente y

normalmente permite su identificación. El fenómeno de aprehensión de la forma es complejo y función de múltiples condicionantes tanto físicas como psicológicas. Frente a un objeto el observador estructura la imagen de la forma de manera instantánea en base a los impulsos que recibe y que impactan sus órganos sensoriales. Estos impulsos los filtra y articula de acuerdo a los esquemas que elaboró a partir de su contacto con el medio, y de las pautas culturales que haya internalizado. La forma es una totalidad y su percepción suele ser bastante intuitiva. La percepción de la forma es la primera etapa en todo proceso de análisis de objetos, luego se pasa al análisis de la forma. Se observa al objeto desde distintos ángulos y se analizan los aspectos morfológicos, se buscan las analogías con otras formas, sean éstas naturales, artesanales o industriales y se establecen escalas. Se analiza tanto lo visual como lo táctil, lo sinestésico, evaluando las contradicciones que eventualmente puedan surgir. Mediante un proceso de abstracción, producto de la reflexión sobre lo que se está observando, podemos llegar a otro nivel de lectura y plantear lo que llamamos la estructura formal. La estructura formal (relaciones-descripciones vinculada a la forma del objeto) no es un dato que se obtiene de la simple captación sensorial, sino que es una construcción intelectual del observador, resultado de un análisis y de una búsqueda de las relaciones entre las panes de ese todo que es el objeto. En esta etapa se descompone el objeto en unidades significativas, buscando establecer las formas básicas elementales (desde el punto de vista geométrico) y cómo se combinan; las soluciones de transición; las relaciones proporcionales de cada parte; las leyes geométricas generativas; la existencia o no de un módulo y, de existir, cómo se posiciona en el espacio; las soluciones de apoyo; la existencia de un bastidor portante y un revestimiento (carrocería, piel, etc.), o de una estructura autoportante (monocasco); el tamaño y el peso; las relaciones morfológicas entre el objeto, o sus partes, y la ergonomía; etc. Es importante registrar el nivel de acorde entre la estructura morfológica total y la de cada una de las partes. Es interesante recordar que las características morfológicas, son, en gran parte, consecuencia de aspectos funcionales, estructurales y tecnológicos. Conviene dejar constancia de los resultados de este análisis en un informe escrito y gráfico. El registro de los resultados obtenidos deberá involucrar a todos los sistemas de representación, simbólicos y analógicos. En un informe escrito se dejarán sentados todos los datos pertinentes al objeto. En cuanto al material gráfico, podrá consistir en dibujos a escala, proyecciones ortogonales, plantas, cortes y vistas, croquis, perspectivas, etc. eventualmente también maquetas. ¿Qué función cumple? Análisis funcional El análisis funcional está centrado en la función que cumple el objeto (no debe confundírse análisis funcional con análisis de funcionamiento). Se llama función la manera en que el objeto cumple el propósito para el cual fue concebido y construido. El concepto de función es polisémico, pudiéndose hablar de función práctica, función estética, y función de significación (esta última asociada al valor de signo: connotador de status, definidor de gustos, de actitud frente a la vida, etc.) La función y la forma son dos cualidades de un producto íntimamente vinculadas, podemos decir que en general la forma denota la función. Corresponde a esta etapa analizar el repertorio de funciones elementales que el objeto debe

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cumplir para satisfacer los requerimientos que motivaron su creación; cabe recordar que la tecnología se propone la solución de problemas de tipo práctico. Se incluye en este análisis lo operativo, el reconocimiento de su modo de uso, de su ergonomía y de su relación con el usuario, con el entorno, etc. Se deberá analizar la secuencia de todas las manipulaciones a efectuar con el objeto conforme a la misión para la que fue proyectado. La cronología operativa puede presentar variaciones y es interesante cotejar diversas alternativas buscando la óptima. Es interesante analizar en esta etapa el criterio de confort. El nivel de confort visual puede ser disímil al que se manifiesta en el plano operativo y esto influye en el grado de aceptación o de rechazo de un objeto. El criterio de confort está íntimamente relacionado con la escala de valores culturales vigentes. ¿Cuáles son sus elementos y cómo se relacionan? Análisis estructural Aquí se plantea un reconocimiento de la estructura del objeto (modo en que están dispuestas las partes) y de ser necesario, un despiece del mismo, la confección de un listado de componentes, el análisis de éstos, la determinación de la misión de cada uno y las relaciones entre ellos. Si el objeto es complejo eventualmente conviene ampliar el material gráfico con nuevas plantas, cortes y vistas. ¿Cómo funciona? Análisis de funcionamiento 86 Con este análisis se busca determinar los principios de funcionamiento, la explicación de cómo funciona, el tipo de energía y el consumo que requiere su operación, el costo operativo, el rendimiento del producto, etc. Teniendo en cuenta la relación que existe entre estructura y funcionamiento se puede plantear globalmente el Análisis estructural y de funcionamiento partiendo de establecer la relación entre la estructura y el funcionamiento del producto, es decir la identificación de cómo cada uno de los elementos “contribuye al funcionamiento del producto y, a su vez, la explicación de la función y los principios de funcionamiento de cada elemento y cómo contribuye cada uno de ellos al del conjunto. Se puede efectuar una graficación con símbolos y diagramas adecuados. ¿Cómo está hecho y de qué material? Análisis tecnológico Este análisis se centra en la identificación de las ramas de la tecnología que entran en juego en el diseño y la construcción de un determinado producto. Esto es, los conocimientos que participaron en el diseño del producto y los materiales, las herramientas y las técnicas empleadas para su producción, abarca además los procedimientos de fabricación. El análisis de lo relevado permitirá determinar los requerimientos que condicionaron la elección de los materiales. Se buscará establecer una correspondencia entre las posibilidades que ofrece el material y su aprovechamiento, buscando determinar qué valores se han tenido en cuenta y en qué grado, y cuáles han sido minimizados, tanto desde el punto de vista estructural como del perceptual. Se determinará si la forma es pertinente a la tecnología utilizada o corresponde a propuestas típicas en otros materiales.

¿Qué valor tiene? Análisis económico “Consiste en establecer las relaciones entre el costo o el precio de un producto y la conveniencia de su adopción. Involucra variables tales como la duración, su costo de operación, las posibilidades y la forma de amortización y las relaciones costo-beneficio para la aplicación en cuestión.” ¿En qué se diferencia de objetos equivalentes? Análisis comparativo Análisis comparativo del objeto con otros que cumplen la misma función. Los análisis desarrollados en los pasos anteriores involucran lo intrínseco del objeto; estos análisis configuran lo que llamaremos la etapa objetual. El próximo paso es vincular el objeto al entorno global, lo que implica analizar todos los objetos vinculables al que es motivo de lectura. Se busca establecer las diferencias y similitudes del producto con relación a otros que cumplen la misma función; de acuerdo a los criterios que surgen de los análisis anteriores y ayudado por la construcción de esquemas clasificatorios o tipológicos. Se comparará el objeto con otros equivalentes (análisis paradigmático; análisis de una serie de objetos similares), pero que presentan diferencias en lo morfológico o en lo tecnológico, incluyendo los de distintos períodos históricos. El relevamiento de las diferentes respuestas morfológicas o tecnológicas para satisfacer una necesidad derivará en un planteo tipológico. El o los elencos tipológicos resultantes serán sometidos a una evaluación comparativa buscando registrar coincidencias, oposiciones, conflictos, niveles de integración, aspectos formales, operativos, funcionales, estructurales, tecnológicos, etc. ¿Cómo está relacionado con su entorno? Análisis relacional Análisis de las relaciones del objeto con su entorno. Se busca analizar la vinculación del producto con otros, asociados al mismo, o de la misma familia, destinados a satisfacer una función, o un conjunto de necesidades. Por ejemplo: la cuchara permite satisfacer una necesidad (comer); la olla, la sartén, el cuchillo, el tenedor, el plato, etc. permiten satisfacer un conjunto de necesidades (cocinar, comer, etc.), o una función (alimentarse). En el análisis de objetos de una misma familia (análisis sintagmático) deben relevarse las variables que los hacen reconocibles como integrantes de un elenco. El objeto y estos elencos deben a su vez someterse a un análisis relacional con el entorno y con otras manifestaciones de la producción humana de la época (arte, arquitectura, mobiliario, vestimenta, orfebrería, objetos en general, etc.). ¿Cómo está vinculado a la estructura sociocultural y a las demandas sociales? Análisis del surgimiento y evolución histórica del producto

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La confrontación entre forma, función, estructura y tecnología permite aproximarnos a los orígenes del producto, analizar las posibles causas de su surgimiento, así corno su evolución histórica. Si el objeto pertenece a épocas pasadas, se deberá establecer los niveles de obsolescencia, vale decir determinar las variables que conservan su vigencia, o las pautas culturales que han cambiado o desaparecido. Los objetos no responden solamente a los imperativos que consciente y racional-mente debían satisfacer, sino que tienen también una carga expresiva que podemos llamar el “espíritu de la época”, a través de la lectura del objeto se puede sacar a luz ese espíritu de la época. A esta altura del análisis contamos con los datos básicos que permiten reconstruir el programa de diseño (listado, ordenamiento, caracterización y cuantificación de los requerimientos planteados), el marco teórico de referencia, el momento histórico, etc. Evidentemente el análisis aquí propuesto es bastante exhaustivo, pero muchas veces, por razones pedagógicas conviene simplificarlo, hasta llegar (en el caso de alumnos de corta edad) a plantear simplemente algunos interrogantes como: ¿Para qué sirve?, ¿Qué forma tiene?, ¿De qué material está hecho?, etc. Estos comentarios sobre la lectura del objeto están extraídos del libro La lectura del objeto de Aquiles Gay y Roberto Bulla. A continuación se presenta una propuesta explicitada y simplificada de lectura de un objeto. 88 PROPUESTA DE LECTURA DE UN OBJETO Nombre del objeto:....................................... Dibujar el objeto indicando sus dimensiones, y de ser factible vinculado gráficamente con elementos de dimensiones conocidas (la mano por ejemplo). Análisis morfológico - La forma: Identificar la forma y describirla de manera clara y sucinta, planteando sus características [por ejemplo: filar, laminar o volumétrico; simple o muy complejo; etc.], además buscar su analogía con otras formas conocidas. El análisis debe abarcar tanto lo visual (configuración, color, brillo, textura, etc.) como lo táctil (textura) y lo sinestésico. Análisis morfológico - La estructura formal: Distinguir, desde un punto de vista morfológico, las partes significativas, señalando sus relaciones y en lo posible asociándolas a formas básicas elementales [por ejemplo: cuerpo cilíndrico unido mediante un elemento troncocónico a..........; o cuerpo piramidal de cantos redondeados (agudos) ...............;mango plano (o cilíndrico) unido a.................; etc.]; eventualmente señalar si la estructura es autoportante o si hay un bastidor y un revestimiento (piel o carcaza). En lo posible esquematizar esta etapa. Análisis funcional: Definir la función (para qué sirve) [por ejemplo: una lapicera, está hecha para escribir, pero en muchos casos, también para lucir; si esto último, desde el punto de vista técnico-tecnológico puede no tener mucha importancia, social y psicológicamente si la tiene; función de uso-signo]. Analizar cómo cumple la función; si la forma denota (manifiesta) la función; cómo se usa (análisis operacional); si se adapta a las características anatómicas del hombre (análisis ergonómico); etc.

Buscar, si la hubiera, otra forma distinta de cumplir la función que realiza este objeto. Establecer los lazos entre forma y función, y analizar los valores que consideramos agregados y de los cuales pensamos que se puede prescindir. Valorar la relación utilidad-costo, teniendo en cuenta que la utilidad puede ser no tan sólo operativa, sino también significativa [por ejemplo: como planteo general no podemos decir que un florero contenga mejor que otro]. Análisis estructural y de funcionamiento: Reconocer la estructura del objeto, es decir las relaciones (desde el punto de vista organizacional, de funcionamiento, etc.) entre los elementos componentes. Si el objeto es complejo, eventualmente efectuar proyecciones planas (planta, cortes, etc.) y/o tridimensionales y un despiece. Hacer un listado de componentes y un análisis de los mismos. Analizar los aspectos técnico-funcionales y los principios de funcionamiento. Análisis tecnológico: Identificar el (o los) material (es) y las técnicas constructivas. Determinar la vinculación entre forma, función y material (el material y la técnica constructiva condicionan la forma, que depende de la función). Identificar la lógica de la forma del objeto y del material empleado en relación a la función que debe cumplir. Análisis comparativo: Comparar el objeto con otros equivalentes (análisis paradigmático; análisis de una serie de objetos similares), incluyendo los de distintos períodos históricos, detectar las similitudes y las diferencias, analizar las razones que las justifican y hacer un análisis de la evolución del objeto en el tiempo. Ilustrar esta etapa. Análisis relacional: Análisis de las relaciones del objeto con su entorno. Confrontar críticamente el objeto con otros objetos que tienen funciones análogas pero que presentan diferencias en lo morfológico o en lo tecnológico. Vincular el objeto con otros pertenecientes a la misma familia (análisis sintagmático), en otras palabras con otros objetos asociados a la misma necesidad o función (por ejemplo: la cuchara, el tenedor, el cuchillo, el plato, etc., asociados a una necesidad: el comer). Compararlo con otras manifestaciones de la producción humana de la época (arte, arquitectura, mobiliario, orfebrería, etc.). Reconstrucción del momento histórico y evolución del objeto en el tiempo: Los objetos no responden solamente a los imperativos que consciente y racionalmente debían satisfacer, sino que tienen también una carga expresiva que podemos llamar “el espíritu de la época”. El objetivo de esta etapa es precisamente, a través de la lectura del objeto, sacar a la luz ese espíritu de la época. En la reconstrucción del momento histórico se deberán tener en cuenta los lenguajes significativos de la época, vinculados a las diversas manifestaciones de la producción humana (arte, arquitectura, ingeniería, ciencia, etc.), así como también los valores institucionalizados jerárquicamente de la época, que presidieron las preferencias de la sociedad y se encuentran materializados en los objetos. Cada objeto representa una etapa en el proceso continuo que es la búsqueda de satisfacer una necesidad; la “lectura” de los objetos nos permite revivir sus historias y proyectarnos en el futuro, en la posible evolución de los mismos. Confrontar, a lo largo de la historia, en una serie tipológica de objetos “las constantes” y “las variables” constituye un valioso aporte para la formulación de hipótesis en un programa de diseño.

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EJEMPLOS • • • Objeto laminar que tiene la forma de una paleta oval cóncava, con un mango ligeramente curvo. El mango o empuñadura para asirlo está unido a través del mismo material a la paleta oval. Sirve para llevar a la boca la comida líquida o semilíquida que se recoge del plato en la paleta oval que oficia de contenedor. El contenedor se lleva a la boca para suministrar, en forma gradual la comida, por lo que tiene una forma y dimensión tal que contiene cuanto más la máxima cantidad de alimento que puede recibir la cavidad bucal. La empuñadura se toma con la mano que cumple la función de transportar la comida a la boca. La forma y las dimensiones se adaptan a las partes del cuerpo humano interesadas en el uso del objeto, o sea la mano y la boca. La forma del objeto tiene en cuenta, además, el hecho que el alimento normalmente está en un plato; que en la posición de reposo la cuchara está apoyada en dos puntos y que en la posición de transporte del alimento debe mantenerse horizontal para que éste no se caiga. Es de acero inoxidable, material que se caracteriza por su resistencia a los golpes, a la rayadura, al desgaste, a la corrosión, a la oxidación, y además por su brillo y su higiene. Está hecha mediante el estampado de una chapa de acero. Confrontando la cuchara en examen, moderna, de un diseño estudiado, que se adapta perfectamente a su uso, con otras, también modernas, provistas de decoraciones agi’egadas, se observa una diferencia en el plano estético-formal, pero no funcional, en muchos casos tampoco constructivo. Comparándola con otras de distintos períodos históricos notamos diferencias en cuanto a su tamaño, en general antes eran más grandes, en algunos casos decoradas en la parte interior y exterior de la paleta oval cóncava que oficia de contenedor, pero en todos los casos seda una constancia en cuanto a la estructura, un contenedor cóncavo de forma oval y un mango. En nuestro caso, el diseño y el material (acero inoxidable) coadyuvan en ubicarla históricamente. Efectuando un análisis comparativo con los otros cubiertos del mismo juego observamos

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• • • • •

analogías estilísticas entre ellos. En el orden histórico de aparición de los cubiertos, tenemos primero el cuchillo, después la cuchara y por último el tenedor. • Podemos destacar también que la estructura de la cuchara puede variar en relación a la función que tiene que cumplir, por ejemplo: cucharón, paleta para revolver dulces, elemento para servir ensaladas, etc., o en algunos casos elemento puramente decorativo. RODAMIENTO9

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¿Qué forma tiene? Análisis morfológico Objeto volumétrico, de forma cilíndrica, anular (de sección rectangular), de textura lisa y brillante. ¿Qué función cumple? Análisis funcional Dispositivo que interpuesto entre un eje y una pieza o elemento mecánico asociado al mismo, permite la rotación de uno con respecto al otro, con mínima fricción. ¿Cuáles son sus elementos y cómo se relacionan? Análisis estructural El rodamiento en análisis consta de cuatro partes diferentes: • Un anillo exterior, con una ranura de perfil esférico en su parte interior; • Un anillo interior, con una ranura de perfil esférico en su parte exterior; • Elementos rodantes, bolas ubicadas entre los dos anillos, alojadas en las ranuras y contenidas por una jaula; • Una jaula, ubicada entre los dos anillos, cuya función es mantener separados y equidistantes los elementos rodantes. ¿Cómo funciona? Análisis de funcionamiento Este dispositivo, para operar requiere estar montado en alguna máquina o dispositivo mecánico. Normalmente un anillo se fija al elemento que rota, y el otro al elemento fijo respecto al primero. Al rotar uno de los anillos con respecto al otro, las bolas que lo separan hacen que el rozamiento entre ambos se reduzca a una rodadura y no al frotamiento de superficies en contacto.

¿Cómo está hecho y de qué materiales? Análisis Tecnológico La jaula es de chapa de acero y los anillos y las bolas de acero. En algunos casos la jaula suele ser de bronce o de plástico. Las herramientas que han intervenido en su construcción son: torno, rectificadoras. cizallas, estampadoras, hornos para tratamiento térmico, instrumentos de medición, prensas, procesos electrolíticos. En consecuencia, las técnicas empleadas son: torneado, rectificación, corte, estampado, tratamientos térmicos, prensado, marcado electrolítico, lavado. ¿Qué valor tiene? Análisis económico Debido a su durabilidad y fiabilidad, reduce los costos de mantenimiento y las horas de inactividad de la máquina en la que se lo utiliza. Podemos decir que su rendimiento es alto con respecto a su costo. La duración de un rodamiento depende de su correcto montaje y lubricación. ¿Cómo está relacionado con su entorno? Análisis comparativo y relacional En nuestro caso los elementos rodantes son bolas, estas tienen un solo punto de contacto con la superficie sobre la que se desplazan. Cuando el rodamiento tiene que soportar esfuerzos muy grandes, se reemplazan las bolas por rodillos cuyo contacto es lineal y, por consiguiente mayor que el contacto puntual de las bolas. Los rodillos pueden ser cilíndricos o cónicos; algunas veces los rodillos cilíndricos son de diámetro tan pequeño que se los llama agujas. En cuanto a las partes componentes, también existen variantes: algunos rodamientos, por razones de dimensión o de optimización, carecen de alguno de los elementos que hemos señalado en el rodamiento en estudio. Por ejemplo: ausencia de la jaula que separa los cuerpos rodantes, en rodamientos de agujas, o ausencia del anillo interior o del exterior, en rodamiento con rodillos cilíndricos o con agujas. Los rodamientos, comparándolos con otros elementos que cumplen la misma función, como por ejemplo los bujes, son muy superiores, entre otras cosas por la menor pérdida de energía por frotamiento, por su mayor durabilidad y por su mayor límite de velocidad admisible. Tengamos presente que mediante el rodamiento se reduce la resistencia y el calentamiento engendrado por el roce, debido a la substitución de la superficie cilíndrica del buje por los puntos de tangencia de una serie de bolas que pueden girar libremente. ¿Cómo está vinculado a la estructura sociocultural? Análisis histórico El concepto de buje surge con la invención de la rueda, utilizada por primera vez hace más de 3 000 años en la Mesopotamia para reducir el rozamiento entre una carga móvil y el suelo. Con la rueda se transforma el rozamiento contra el suelo, en el rodamiento de la rueda sobre el suelo, pero subsiste el rozamiento de la rueda con el eje, que en principio se elimina con este dispositivo llamado rodamiento, cuyos antecedentes hay que buscarlos en los molinos de la edad media, pero cuya concepción actual no se remonta más que al siglo pasado. REFERENCIAS 1. MINISTERIO DE CULTURA Y EDUCACION DE LA NACION. Contenidos Básicos Comunes para la Educación General Básica (Segunda edición) Buenos Aires, 1995, p. 216. 2. ROSSELLI. A. I metodi del design. Milano, Ed. Clup, 1973, p. 44. 3. QUINTANILLA, M.A. Tecnología: un enfoque filosófico. Buenos Aires, EUDEBA, 1991, p. 35. 4. ROSSELLI,A. Op. cii., p. 16-17. 5. MINISTERIO DE CULTURA Y EDUCACION DE LA NACION. Op. cit., p. 231.

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6. KRICK, EV. Introducción a la ingeniería y al diseño en la ingeniería. México, Ed. Limusa, 1979, p.121. 7. Ibid.. p. 142. 8. MINISTERIO DE CULTURA Y EDIJCACION DE LA NACION. Op. cit, p. 229. 9. Análisis realizado por Gisela Rautenberg, alumna de 2° año del tercer ciclo de la E.G.B., del Intitulo Técnico “General Deheza”, de General Deheza, Provincia de Córdoba.

CAPITULO VI El enfoque sistémico MiguelAngel Ferreras - Aquiles Gay
Teniendo en cuenta que el enfoque sistémico se sustenta, como veremos mas adelante, en la idea de sistema, es importante comenzar aclarando lo que se entiende por sistema. En el libro Dirección integrada de proyecto, de Rafael de Heredia, leemos: «Un sistema es un conjunto de dos o más elementos, de cualquier clase o naturaleza jnterrelacionados entre sí y con el medio o entorno que los contiene. Los elementos del conjunto y el conjunto de elementos que forman el sistema tienen las siguientes propiedades: 1. Las características o el comportamiento de cada elemento tienen efecto sobre las propiedades o comportamiento del conjunto tomado como un todo. 2. Las propiedades y el comportamiento de cada elemento y la forma que afectan al conjunto, dependen de las propiedades y comportamiento de al menos otro de los elementos del conjunto. Por consiguiente, ningún elemento tiene un efecto independiente sobre el todo y cada uno está afectado por al menos otro elemento. 3. Cada posible subgrupo de elementos del conjunto tiene las primeras dos propiedades: cada uno tiene un efecto no independiente sobre el todo. Un sistema no puede dividirse en subsistemas independientes. Pierde sus condiciones esenciales. A causa de estas tres propiedades. un conjunto de elementos que constituyen un sistema tiene siempre alguna característica, o un modo de comportamiento, diferente del de sus elementos o subsistemas. Un sistema representa más que la suma de sus componentes.» El concepto de sistema es muy amplio y abarca tanto sistemas estáticos como sistemas dinámicos. Un recipiente con agua, en el que no entra ni sale líquido (y como consecuencia el nivel permanece constante) es, en principio, un sistema estático, otros sistemas estáticos podrían ser la estructura de un edificio, una piedra, etc. Un depósito en el que entra y sale agua es un sistema dinámico, otros sistemas dinámicos son, por ejemplo, el sistema circulatorio sanguíneo, una célula viva, el motor de un automóvil funcionando, etc. En el enfoque sistémico centramos el análisis en los sistemas dinámicos, y como planteo general decimos que: Un sistema es un conjunto de elementos en interacción dinámica, organizados en función de un objetivo. Los elementos de un sistema forman un todo y pueden ser conceptos, objetos y/o sujetos, es decir que un sistema está compuesto de elementos vivientes, o de no vivientes, o de ambos simultáneamente. 93

En todo sistema podemos señalar: 1. 2. 3. 4. Elementos; Interacción; Organización; Finalidad (objetivo).

Como vemos los sistemas tienen una finalidad (sirven para algo), es decir que diseñados por el hombre, o productos de la naturaleza, cumplen una función. La expresión, cumplen una función, es válida tanto para los concebidos por el hombre (en este caso el planteo es claro, pues todo lo hecho por el hombre tiene una finalidad; asumida consciente o inconsciente), como para los sistemas naturales, que también cumplen una función (mantener su estructura, su funcionamiento, su equilibrio, etc.), si no la cumplen se destruyen, desaparecen. La finalidad es el objetivo del sistema. Los sistemas objeto de nuestro estudio, comparten una característica, la complejidad. La complejidad implica: 1. Variedad de elementos, dotados de funciones específicas y organizados en niveles jerárquicos; 2. Interacción de los elementos entre sí y con el medio; en general interacciones no lineales. El tema de la complejidad, cada vez más creciente, de los productos tecnológicos, y como consecuencia lo difícil y laborioso que puede llegar a ser el estudio de su comportamiento, nos lleva, como veremos más adelante, a apelar a un enfoque más globalizador: el enfoque sistémico. Un sistema puede estar compuesto de otros sistemas que llamamos subsistemas, y a su vez puede formar parte de un sistema más grande que podemos llamar supersistema, metasístema, sistema total o sistema global. Por ejemplo, el sistema de transporte de una ciudad está compuesto, entre otras cosas, de unidades de transporte, que por derecho propio son a su vez sistemas, y este sistema de transpone forma parte a su vez de un macrosistema: el sistema de servicios públicos de una ciudad. El concepto de sistema, tal como está planteado en la actualidad, tiene sus orígenes en el trabajo sobre Teoría de los Sistemas Abiertos, que hizo público, allá por 1925, Ludwing von Bertalanffy, biólogo alemán, quién más tarde desarrollé el concepto de sistema para poder encarar la resolución de problemas complejos relacionados con seres vivos; pero hay que llegar al término de la Segunda Guerra Mundial, con los trabajos, entre otros de Norbert Wiener, W. Ross Ashby, Warren McCulloch, Jay Forrester, etc., además de los de L. von Bertalanffy, para que el concepto de sistema adquiera el alcance que hoy tiene. Para von Bertalanffy nada existe hasta que no exista un sistema.

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SISTEMAS ABIERTOS Y SISTEMAS CERRADOS
Desde el punto de vista de su vinculación con el entorno podemos clasificar a los sistemas en abiertos y cerrados. Los sistemas abiertos son aquellos que están en relación con su entorno (con su medio), con el que mantienen un permanente intercambio, este intercambio puede ser tanto de energía, de materia, de información, etc., como de residuos, de contaminación, de desorden, etc. En sistema abierto podemos hablar de una entrada y de una salida.

Un sistema cenado es aquel que está totalmente aislado del mundo exterior, con el que, en consecuencia, no tiene ningún tipo de intercambio. Un sistema cenado es un sistema que no tiene medio. Ahora bien, un circuito cenado es una abstracción que no tiene vigencia en la vida real, pero que debido a la simplificación que significa manejarse con datos que están limitados dentro del sistema ha permitido establecer leyes generales de la ciencia.

Al mundo físico, así como al social, se los puede concebir como organizados en torno a sistemas. Podemos decir que la vida humana transcurre en un gran sistema global, “el mundo”, sistema complejo, tanto en su estructura como en su organización, en el que los sistemas que lo integran se caracterizan por una complejidad organizada que les permite su normal desenvolvimiento. Para entender y explicar el funcionamiento de estos sistemas -es decir el cómo y el porqué de los hechos y acciones, ya sean naturales o artificiales (consecuencia del accionar humano), que tienen lugar dentro de los mismos- el hombre, durante siglos ha buscado reducir el todo a una serie de elementos separables más pequeños, es decir descomponer ese todo en partes elementales para estudiarlas en condiciones ideales (sin entorno): es decir se ha centrado en el estudio de porciones reducidas de la realidad (con la correspondiente pérdida de la visión del conjunto), pensando que una vez conocidas las características y el comportamiento de cada elemento, la recomposición del sistema -teniendo en cuenta las relaciones entre las partes- le posibilitaría llegar a conocer el comportamiento del todo, es decir de la actividad global. Esto no corresponde con la realidad pues es imposible independizar el comportamiento de un elemento del contexto en el que está inserto.

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EL ENFOQUE ANALITICO
Esta forma de enfocar el estudio de los sistemas es la que ha prevalecido desde la Grecia clásica hasta nuestros días y es lo que llamamos el “enfoque analítico”, que parte del principio de estudiar aisladamente y con gran detalle las diferentes partes de un sistema (es decir una porción muy reducida de la realidad, lo que, como hemos dicho, implica perder la visión del conjunto). Una excepción a esta forma dc razonar fue el planteo de Aristóteles que decía que “el todo es más que la suma de las partes”; proposición que fue ignorada por la visión mecanicista vigente hasta este siglo. Recordemos que Descartes en su Discurso del método, plantea que para entender algo, «se lo debe descomponer en tantos elementos simples como sea posible»2. Este enfoque analítico, reduccionista y determinista, y su correspondiente metodología. ha marcado y podemos decir posibilitado el gran desarrollo de las ciencias (física, química, biología, etc.), y sigue teniendo gran interés científico, habiéndose también hecho extensivo a otros campos, como por ejemplo el de la organización científica del trabajo (taylorismo). Este enfoque. en principio válido cuando las variables en juego no son muchas, o sus relaciones son sencillas, es insuficiente cuando se trata de enfocar problemas complejos.

EL ENFOQUE SISTEMICO

Buscando comprender y describir la complejidad organizada, ha surgido en el curso de los últimos años un enfoque unificador, que si bien no es una idea nueva, lo que es nuevo es la integración de disciplinas realizadas en su tomo. Este enfoque transdiciplinario se llama “enfoque sistémico”. Es una «nueva metodología que permite reunir y organizar los conocimientos con vista a una mayor eficacia de la acción.»3 El enfoque sistémico sirve como guía para interrogarse sobre el comportamiento de un sistema. A diferencia del enfoque analítico, el enfoque sistémico engloba la totalidad de los elementos del sistema estudiado así como sus interacciones y sus interdependencias.

COMENTARIOS SOBRE LOS DOS ENFOQUES
Resumiendo, podemos decir que el estudio de los sistemas se puede hacer desde: Una óptica diferenciadora o analítica; o desde Una óptica integradora o sistémica. En el primer caso hablamos de un enfoque analítico, en el segundo de un enfoque sistémico. En el enfoque analítico se parte del principio de considerar aisladamente y con gran detalle las diferentes partes del sistema, perdiendo la visión del conjunto. En el enfoque sistémico se prioriza la visión del conjunto a costa de perder los detalles. Además es interesante destacar que uno de los objetivos del enfoque sistémico es buscar «similitudes de estructura y de propiedad, así como fenómenos comunes que ocurren en sistemas de diferentes disciplinas, con esto se busca aumentar el nivel de generalidades de las leyes que se aplican a campos estrechos de experimentación. El enfoque sistémico busca generalizaciones que se refieran a la forma en que están organizados los sistemas, a los medios por los cuales los sistemas reciben, almacenan, procesan y recuperan información, y a la forma en que funcionan; es decir, la forma en que se comportan, responden y se adaptan ante diferentes entradas del medio»4. A continuación transcribimos un párrafo, con su correspondiente cuadro, del libro El macroscopio, de Joél de Rosnay, en el que se señalan las características de cado uno de estos enfoques. «Mejor que una descripción punto por punto de las características de cada uno de estos dos enfoques, es preferible presentarlas juntas en un cuadro, sin comprometerse ahora en una discusión acerca de sus ventajas e inconvenientes respectivos.

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Este cuadro, útil por su simplicidad, no representa de hecho sino una caricatura de la realidad. [ ] Sin ser exhaustivo, este cuadro tiene la ventaja de situar dos enfoques complementarios, de los que uno (enfoque analítico) ha sido favorecido de forma casi desproporcionada en toda nuestra enseñanza.»5 Continuando con El macroscopio.

«A la oposición entre analítico y sistémico, se le añade la oposición entre visión estática y visión dinámica. [....] De nuevo un cuadro, para presentar, esclarecer y enriquecer los conceptos más importantes asociados al “pensamiento clásico” y al “pensamiento sistémico” »6

En todo sistema podemos señalar, su estructura y su funcionamiento. Estructuralmente un sistema puede ser divisible, pero funcionalmente, un sistema es indivisible ya que alguna de sus propiedades esenciales se perderían con la división. Cada elemento aislado pierde las características que tenía en su conjunto original, pues de la interacción entre elementos surgen nuevas propiedades que no son la simple suma de las propiedades de cada elemento. Pero cada sistema sí puede a su vez, agruparse con otros para constituir un sistema superior. Y así, los problemas se resuelven no aislándolos sino considerándolos parte de un problema superior, o sea dentro de un sistema de mayor alcance y extensión. La noción de sistema permite 1. Organizar los conocimientos; 2. Hacer la acción más eficaz.

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ALGUNOS CONCEPTOS VINCULADOS A LOS SISTEMAS Elementos
Los elementos son los componentes de un sistema. Los elementos pueden ser representación o conceptualización de características de la realidad. Los elementos pueden a su vez ser sistemas (subsistemas). Los elementos pueden ser no vivientes o vivientes (en muchos casos combinación de ambos). Hay elementos que entran al sistema: las entradas.

Hay elementos que dejan el sistema: las salidas o resultados. Como ejemplo de elementos podemos mencionar: las moléculas de una célula; los alumnos de una escuela; las máquinas de una fábrica: las mercancías; el dinero: etc.

Proceso de conversión
Dentro de un sistema tienen lugar procesos de conversión que cambian las características de los elementos de entrada convirtiéndolos en elementos de salida.

Entradas y recursos
Las entradas son los elementos que entran a un sistema; como planteo general son: materia, energía e información. Para que un sistema abierto pueda funcionar debe importar ciertos recursos del medio. Se llaman recursos los elementos que normalmente se aplican o actúan sobre los elementos de entrada para modificar sus características. Los recursos son también entradas al sistema. La diferencia entre recursos y entradas depende del punto de vista del que se los mire. Los recursos pueden ser materiales, financieros, humanos, etc.

Salidas o resultados
Son el resultado del proceso de conversión Las salidas pueden ser: materia, energía, información, productos acabados, desechos, etc. Límites Los límites son las fronteras que enmarcan a un sistema y lo separan del mundo exterior (los límites pueden ser físicos, como también jurídicos o mentales). La fijación de los límites es un punto clave en el enfoque sistémico, pues delimita el campo de estudio. Tomemos como ejemplo el sistema ‘bicicleta”, si lo que nos interesa es su funcionamiento desde el punto de vista mecánico, centraremos nuestro análisis en la bicicleta en sí, pero si nos interesa la bicicleta como medio de transporte tenemos que ampliar el límite y tener en cuenta el suelo sobre el que se desplaza, pues sin la fricción sobre el mismo no puede haber movimiento; como consecuencia no habría desplazamiento del cuadro, ni tampoco movimiento de giro de la rueda delantera. En nuestro caso la ampliación de los límites del sistema nos lleva a la necesidad de ir teniendo en cuenta muchas otras variables: el hombre, la carretera, el tránsito, etc.

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Flujos
Se entiende por flujo la circulación de elementos que intervienen o que forman parte de un sistema. Los flujos pueden ser de materia, de energía o de información. En un diagrama de bloques:

Los flujos de materia se representan gráficamente con flechas negras
Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de flujo de materia nos referimos a algo que se conserva como tal, si entra al sistema debe salir (transformada, convertida en producto final, etc.) o acumularse en el mismo, pero no puede salir materia donde no entró materia, o donde no estaba acumulada. Al hablar de flujo de materia nos referimos a una magnitud física que se conserva.

Los flujos de energía se representan con flechas dobles

En este caso también es válido el tema de la conservación de la magnitud física. Puede haber una conversión de energía, pero un sistema no puede generar energía; si hay energía de salida (normalmente siempre la hay bajo forma de calor - pérdidas por fricción, etc.) tiene que haber energía de entrada, o energía acumulada en el sistema; esto es muy importante a tener en cuenta cuando se representa en un diagrama de bloques el funcionamiento de un sistema. El análisis de los flujos de energía es un recurso didáctico interesante para visualizar con claridad la noción de rendimiento, que es clave en tecnología.

Los flujos de información se representan con flechas de línea entrecortada En este caso no es necesario que la información se conserve como tal.

Flujos de materia y energía (flechas negras gruesas) Teniendo en cuenta que en ciertos casos (por ejemplo, combustibles sólidos, líquidos o gaseosos), materia y energía están íntimamente asociados planteamos una flecha negra gruesa que integre el flujo de materia y de energía, lo que evita cometer incorrecciones como podría ser, colocar a la entrada de un sistema materia (el combustible, por ejemplo) y a la salida energía, pues se prestaría a interpretar que el sistema convierte materia en energía, lo que no es el caso. Esto, por ejemplo, se presenta concretamente en los motores de combustión interna en los que entra combustible (materia más energía química) y a la salida tenemos energía mecánica y térmica por un lado y materia (gases y residuos de la combustión) por el otro.

99

Depósitos Los depósitos son lugares de almacenamiento de materiales, energía, información, etc. Como ejemplos podemos mencionar: contenedores de hidrocarburo, grasa del organismo, bibliotecas, memoria de computadoras, filmes, etc. Redes de comunicación Las redes de comunicación son las que posibilitan las relaciones e interacciones entre elementos y permiten los intercambios de materia, energía e información dentro de un sistema y con otros sistemas. Las redes de comunicación pueden ser físicas (redes eléctricas, carreteras, canales, gasoductos, nervios, arterias, etc.) o mentales (órdenes). Elementos de control (válvulas) Son los elementos que controlan la circulación y el caudal del flujo. Los elementos de control transforman las informaciones que reciben en acciones. Como ejemplo de elementos de control podemos mencionar: una llave, una válvula hidráulica, una canilla, un interruptor, un semáforo, el director de una empresa, etc. Su representación simbólica suele tener el aspecto de un grifo colocado en la línea de flujo.

Retardos

Los retardos son consecuencia de la velocidad de circulación de los flujos, de los tiempos de almacenamiento, etc. En otras palabras están vinculados con el tiempo de transmisión o circulación de materia, energía o información. Desempeñan un papel importante en el comportamiento de los sistemas complejos. Bucles de realimentación (feedback) Se dice que en un sistema hay realimentación (o retroalimentación) cuando la salida actúa sobre la entrada. Los bucles de realimentación cumplen esa función, son estructuras bastante frecuentes en los sistemas y desempeñan un papel determinante en el funcionamiento de los mismos. En base a su comportamiento, podemos decir que existen dos tipos de bucles: • • Los bucles de realimentación positiva (aumento de la divergencia); Los bucles de realimentación negativa (convergencia hacia un fin).

A continuación transcribimos un diagrama del libro Macroscopio, que ilustra con bastante claridad el tema.7

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En general los sistemas tienden a mantenerse en equilibrio (mecánico, térmico, homeostático, etc.), y para que este equilibrio tenga lugar es necesario contar con mecanismos necesarios para modificar su comportamiento cuando las exigencias del medio lo requieran, los bucles de realimentación negativa son, en estos casos, los mecanismos idóneos. DIAGRAMA DE BLOQUES El diagrama de bloques es una de las herramientas importantes del enfoque sistémico. y una de las que nos interesa mucho desde la óptica de la educación tecnológica, porque nos permite visualizar las relaciones entre los elementos de un sistema a través de los flujos de materia, energía e información.

Los diagramas de bloques ilustran, mediante bloques, rectángulos o símbolos similares, los distintos elementos de un sistema (piezas de una máquina, fases de un proceso, etc.), los que a su vez pueden ser sistemas, y mediante flechas, las relaciones entre los mismos. Los diagramas de bloques son modelos que representan, en lo esencial, los aspectos estructurales y funcionales de los sistemas, y permiten estudiar su comportamiento. Un modelo no es único y es función de los que se quiere estudiar, de los límites del sistema, etc. En la construcción de los diagramas de bloques utilizaremos los siguientes símbolos: Bloques o rectángulos para representar los elementos de un sistema, o los subsistemas; estos elementos cumplen funciones determinadas (transformación, depósito, etc.);

Flechas para de materia, energía e tema flujos);

representar los flujos información (ver el

Dibujos que representan válvulas para identificar elementos de control (ver elementos de control);

Nubes para representar fuentes o sumideros fuera de las fronteras del sistema.

EL ENFOQUE SISTEMICO COMO INSTRUMENTO DE ESTUDIO
El enfoque sistémico es un poderoso instrumento de estudio que tiene múltiples posibilidades de utilización. Aplicado al funcionamiento de un sistema, permite obtener importantes conclusiones, sin profundizar en detalles técnicos que complicarían o dificultarían el análisis; en este caso se priorizan los aspectos más globales que posibilitan sacar conclusiones no solamente desde el punto de vista técnico, sino también desde el social, el ecológico, etc.; además se busca encontrar criterios que permitan efectuar comparaciones con otros sistemas. Para la educación tecnológica, el enfoque sistémico (herramienta conceptual) interesa como contenido, en tanto pueda contribuir a una mejor comprensión y conocimiento del mundo construido. Su uso permite, entre otras cosas, interpretar y jerarquizar el papel de las interacciones, tanto entre los subsistemas que componen el sistema, como con el metasistema que integra. Evaluar su función como herramienta, preguntándose por ejemplo ¿qué aporta su uso?, evita reducir su estudio a la mera descripción de la herramienta y sus “aplicaciones tipo”. El enfoque sistémico, aplicado al análisis de los flujos en juego en un sistema, permite sacar conclusiones importantes sobre el comportamiento del sistema, estos flujos pueden ser de materia, de energía y/o de información. Tomemos como ejemplo los flujos de energía; si comparamos la energía entrante y la efectivamente aprovechada para el fin propuesto, y analizamos las trasformaciones energéticas, obtendremos informaciones que nos permitirán caracterizar el sistema y poder compararlo con otros; todo esto manejando unos pocos datos. 101

Como particular analizar “medios

caso podemos los de

transportes” concebidos como sistemas. El medio de transporte primigenio del hombre es su propio cuerpo; para autotransportarse utiliza parte de la energía química acumulada en su organismo como resultado del procesamiento de los alimentos ingeridos. La energía química puesta en juego por el sistema locomotor se degrada bajo forma de energía térmica, con una mínima generación de agentes contaminantes ambientales, que son biodegradables. Es un proceso con una relación “trabajo realizado/energía degradada” buena, de gran rendimiento si no se tiene en cuenta la energía que se degrada como consecuencia del metabolismo basal. Por otra parte el ejercicio físico que supone el autotransportarse va incrementando la posibilidad de acumular energía en el sistema locomotor y agiliza su funcionamiento. Cuando el hombre transfiere a un animal la función de transportarlo, o de transportar cargas, traslada al animal el proceso de transformación energética que realizaba su cuerpo, y además se libera de la fatiga que también la transfiere al animal. por otra parte puede incrementar la velocidad de desplazamiento y el peso a transportar. Pero la multiplicación de los medios de transporte animal presentan, junto a sus ventajas, sus inconvenientes, algunos, como por ejemplo las excreciones de los animales, que acontecen en cualquier momento y lugar, llegaron a ser graves problemas en las ciudades del siglo XIX. Otra forma de autotransporte es la bicicleta, que utiliza la energía del aparato locomotor, pero potenciando el trabajo muscular mediante artificios de construcción humana, la bicicleta permite obtener mayor velocidad de desplazamiento y trasladar cargas moderadas con menor esfuerzo, pero plantea el problema de requerir el desarrollo de nuevas habilidades y destrezas vinculadas al equilibrio y a la conducción del vehículo (esta última también está presente en los vehículos tirados por animales). Un cambio substancial se produce con la aparición y multiplicación del automóvil: cambio en cuanto a la fuente de energía utilizada, a los rendimientos, y a los efluentes y desechos que aparecen como consecuencia de las transformaciones energéticas puestas en juego. Las frentes que proveen la energía que requieren estos nuevos medios de transporte son prácticamente no renovables (hablamos de frentes no renovables, porque la velocidad del proceso de renovación es despreciable frente a la velocidad del proceso de consumo), lo que plantea límites en lo referente a su utilización. La explotación del petróleo tiene límites en el tiempo, al ritmo actual, posiblemente menos de un siglo; existen disparidades en las estimaciones. Además, hay un incremento de los factores de contaminación, por ejemplo del dióxido de carbono, que contribuye fuertemente a potenciar el efecto invernadero. Como lógica extensión del automóvil aparecen el ómnibus y el camión, que amplían la capacidad, tanto en cuanto a la cantidad de personas como a la carga transportada; en términos energéticos significa un avance frente al automóvil, ya que el consumo de combustible no se incrementa en la ~nisma medida que la carga transportada, en parte por un mayor rendimiento de los motores más grandes, y en parte por una menor incidencia de la carga fija propia del vehículo. El enfoque sistémico permite, conociendo pocos datos, obtener en forma sintética los valores de magnitudes vinculadas a importantes conceptos como pueden ser: el rendimiento de los procesos de utilización de la energía, los límites económicos del sistema (en cuanto a costos), los límites ecológicos (vinculados a la contaminación y al uso de recursos naturales finitos), etc.

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Con muy pocos datos se puede determinar, la eficiencia, los límites del ecosistema natural, la incidencia de la contaminación ambiental, la relación costo beneficio, el uso racional de la energía, etc. Todo esto nos autoriza a decir que, desde el punto de vista del conocimiento, el enfoque sistémico es una herramienta conceptual altamente eficiente.
El análisis precedente nos permite comprender el inconveniente que, desde el punto de vista ecológico y del rendimiento energético, presenta el uso del automóvil por una sola persona. El considerar la bicicleta, el automóvil, etc. como sistemas, permite analizar y comprender muchas de las interacciones entre los subsistemas que lo componen. Por ejemplo, en el caso del automóvil, las restricciones mutuas o los condicionamientos espaciales que se establecen entre el motor y el o los habitáculos destinados a los pasajeros y a las cargas, y las demandas recíprocas que se plantean

(insonorización, aislación de las vibraciones, resistencia mecánica, pesos, tamaños, etc.), a las que habría que agregar el peso de la tradición, la imagen que tenemos de la forma de los artefactos (recordemos la similitud de algunos de los primeros automóviles, o de los primeros vagones de ferrocarril, con las carrozas tiradas por animales). Pero para analizar y comprender la bicicleta o el automóvil como medio de transpone es necesario introducir sus interacciones con el suelo y con el conductor De la interacción vehículo-suelo surge la posibilidad de desplazamiento; y de la interacción vehículoconductor surge la finalidad del desplazamiento (el transporte) y todas las alternativas que pueden presentarse (recorrido a efectuar, velocidad, etc.). Aisladamente, y sin contacto con el piso, la bicicleta o el automóvil solamente pueden imprimirle movimiento a alguna de sus medas (o a todas), pero el desplazamiento surge cuando se produce un particular tipo de contacto entre la rueda y el piso (la fricción). 103

Hasta ahora hemos hablado de los “medios de transpone” considerados como sistemas, ahora podemos pasar a sistemas de orden superior o macrosistemas como son los “sistemas de transporte”, que son el resultado de agrupar una cierta cantidad de “medios de transporte” en interacción, teniendo en cuenta: los usuarios, la organización, las normas técnicas y legales, las infraestructuras que soportan sus desplazamientos y sus operaciones de carga y descarga, etc. Con este criterio de clasificación vemos que podemos concebir una jerarquía de sistemas concatenados y contenidos unos en otros en una secuencia que tendría como limite el Cosmos en su totalidad. Esta jerarquización puede servir de base para una secuenciación de contenidos en la educación tecnológica. Partiendo de un sistema que se considere pertinente para el abordaje de una temática dada, se pueden trabajar los subsistemas más especializados que lo constituyen, así como el sistema más complejo que integra. La relevancia y presencia social de las unidades vehiculares (bicicletas, autos, trenes, etc.) es un argumento importante para considerar estas unidades como sistemas iniciales, a partir de los cuales se puede ir

profundizando el estudio y comprensión de los subsistemas que los integran (sistemas mecánicos, eléctrico, electrónicos, etc. - lo que requerirá avanzar en contenidos técnicos específicos), así como analizar los metasistemas que integran (lo que plantea profundizar interacciones más complejas y variadas). El enfoque sistémico permite utilizar, en medios de transporte muy diversos, conceptos y representaciones comunes. Hasta ahora hemos analizado los flujos de energía, si ahora centramos nuestra atención en los flujos de información, en nuestro caso en los medios de transporte, vemos que a los mismos ingresan datos proporcionados por el hombre: por ejemplo, la posición del manubrio de una bicicleta, la posición del acelerador de un automóvil, etc., todas estas son informaciones que el conductor aporta al vehículo para que las procese y actúe en consecuencia. El vehículo a su vez también entrega información, ya sea en forma directa, indicación de la velocidad, ruidos, vibraciones, etc., como en forma indirecta, por ejemplo, la información proveniente de cambios del espacio físico (del paisaje) donde se desplaza el vehículo. Todas estas informaciones que suministra el vehículo pueden o no ser procesadas por el conductor. Los cementerios entán poblados de conductores que no procesaron la información suministrada por el vehículo, la de los velocímetros, las provenientes de los cambios del espacio físico (del paisaje), etc.

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Esta forma de concebir los flujos de información nos permite, tanto captar similitudes y diferencias de un vehículo a otro, y tendencias o características de la evolución histórica de los vehículos, como reconocer el papel y las responsabilidades que tiene el conductor en el procesamiento de la información que recibe, en relación a los fines que se propone. En todo vehículo hay siempre una información de entrada que determina la velocidad de desplazamiento, esta información puede ser, el movimiento más o menos rápido de las piernas de un ciclista, la selección de la relación de transmisión de la bicicleta, la posición del dispositivo que regula el ingreso de la mezcla aire-combustible en un motor de combustión interna, la tensión o la frecuencia de alimentación de un motor eléctrico, o en un vehículo de un futuro próximo, los datos que envía el sistema de reconocimiento de la voz del conductor actuando ‘inteligentemente’ sobre los sensores de control, etc. Si comparamos los intercambios de información en un Ford T y en un automóvil moderno aparece en forma evidente una tendencia a vehículos progresivamente más “inteligentes”, en el sentido que pueden generar información y tomar algunas decisiones por si mismos (como ejemplo podemos mencionar el inflado de los aL bags de los automóviles en caso de impacto, el aviso de fallas utilizando el lenguaje humano, etc.), esta tendencia es más evidente en los aviones o en las naves espaciales. Estas últimas nacen cuando se dispone de sistemas de control suficientemente autónomos como para reemplazar, en muchos casos con ventajas, la acción humana. Todo esto plantea, una vez más, la importancia de considerar al conductor como parte del sistema “medios de transporte”, para poder analizarlos y comprenderlos como tales. Es interesante destacar que la información, tanto la directa (mido, vibraciones, etc.) como la indirecta (la proveniente de cambios del espacio físico -del paisaje- como consecuencia del desplazamiento) que proporciona el vehículo, tienen gran importancia en la orientación de los cambios en los medios de transporte. Del análisis del flujo de información en un medio de transporte (con su conductor), concebido como sistema, aparece claramente la responsabilidad del usuario o conductor del vehículo en relación a los fines de la acción (efectuar un traslado o prestar un servicio) y a la selección de los medios (recorrido, velocidad,

respeto de las normas, etc.). Finalmente si pasamos al estudio de los flujos de materia en un medio de transporte, concebido como sistema, obtenemos rápidamente los puntos clave de las especificaciones que caracterizan al medio de transporte como tal, como pueden ser, la cantidad de personas y/o el peso que puede transportar, las condiciones de seguridad y de confort, etc. Desde el punto de vista de la educación tecnológica, puede ser interesante analizar el flujo de materia durante el proceso de producción de los medios de transporte, esto permitirá identificar las problemáticas vinculadas a este proceso productivo: residuos, reciclado de material, contaminación, etc. También es útil relacionarlo con la energía en juego, considerando el flujo de materia como trabajo útil deseado. Flujos de materia, energía e información en un medio de transporte

El enfoque sistémico es una herramienta para la comprensión global de acciones, procesos y artefactos, y no debe reducirse a la aplicación rutinaria de esquemas de representación, sino que debe explorarse en su potencialidad, analizando las interacciones que se producen en un sistema, de las cuales emergen propiedades no reconocibles en ninguno de sus elementos o partes (sinergia). Por ejemplo, el motor de un automóvil, puesto sobre una mesa, puede funcionar pero no puede cumplir funciones de transporte, tampoco el sistema de iluminación de un automóvil puede cumplir la función de fuente de luz transportable, si no está integrado al sistema automóvil. La pertenencia a un sistema implica también restricciones para los elementos o partes, ello explica por qué algunos accesorios de los vehículos de transporte han sido incorporados tiempo después de su creación, es decir cuando han sido adaptados para responder a las exigencias impuestas por las características del sistema, estas características pueden ser: tamaño, peso, precio, consumo de energía, resistencia a las vibraciones, etc. En este sentido podemos decir que la suma de las propiedades de las panes, tomadas aisladamente, puede ser superior a las propiedades del sistema. Este doble juego, propiedades emergentes y restricciones de las partes, está presente en cualquier sistema y habilita para imaginar diálogos entre los elementos y el sistema. Tomemos como ejemplo el diálogo que podría establecerse entre un moderno procesador catalítico de los gases de escape de un automóvil y el sistema automóvil. El catalizador interacciona con el sistema automóvil requiriendo e imponiéndole accesorios adicionales que faciliten y/o permitan su funcionamiento, lo que implica aumento del costo del automóvil, aumento de la complejidad y por ende de la posibilidad de fallas, uso de un combustible de características especiales, etc.; pero por otro lado, le aporta una reducción de la emisión de gases contaminantes, un argumento de venta adicional, la adecuación a normas de protección ambiental, etc. El sistema automóvil interacciona con el catalizador requiriéndole tamaño y peso adecuado, resistencia a las vibraciones, adaptación a las condiciones de transporte, etc. y le aporta, transportabilidad, mayor difusión del proceso de catalización, etc. Por otra parte se puede imaginar un diálogo similar (vinculado también al procesador catalítico de gases) entre el sistema automóvil y el metasistema social y ambiental que éste integra. Una reflexión sobre todo esto nos pone en evidencia que para comprender totalmente un sistema de transporte hay que tener en cuenta, además de los aspectos técnicos, el sistema urbano, el económico, el científico-tecnológico, el ecosistema ambiental, etc.

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Uno de los aspectos relevantes del enfoque sistémico es la capacidad que aporta como ordenador y generador de preguntas en relación al sistema en estudio, con un esquema de abordaje que es generalizable a otros sistemas y a distintas jerarquías de sistemas. Así, por ejemplo, si deseáramos comprender las tendencias y alternativas que hoy están en juego en materia de combustibles para medios de transporte, podríamos planteamos diagramas en bloque con detalles de los procesos energéticos en un motor, y veríamos que con pocos datos y pocos detalles técnicos, podríamos comprender por qué la inyección electrónica de combustible o el reemplazo de la nafta por hidrógeno son alternativas explorables desde la óptica de la problemática actual.

REFERENCIAS
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. HEREDIA, R. Direccián integrada de proyecto. Madrid, Alianza Editorial, 1985, p. 24- 25. DESCARTES, R. Discurso del ,nétodo. Madrid, Alianza Editorial, 1980, p. 83. ROSNAY, J. de. El ~nacroscopio. Madrid, Ediciones AC. 1978, p. 72. HEREDIA, R. Op. Gt ROSNAY, 1. de. Op. Cit., p. 98. Ibid, p. 99. Ibid. p. 89.

ANEXO I La cultura tecnológica 106 Aquiles Gay

La cultura Tecnológica abarca un amplio espectro que comprende teoría y práctica, conocimiento y habilidades. Por un lado los conocimientos (teóricos y prácticos) relacionados con el espacio construido en el que desarrollamos nuestras actividades y con los objetos que forman parte del mismo, y por el otro las habilidades, el saber hacer, la actitud creativa que nos posibilite no ser espectadores pasivos en este mundo tecnológico en el que vivimos; en resumen, las competencias que nos permitan una apropiación del medio como una garantía para evitar caer en la alineación y la dependencia, y poder colaborar en la conservación y mejoramiento del medio (natural y artificial) en el que se desarrolla la vida humana. Si bien estas dos palabras, cultura y tecnología, están muy interconectadas, muchas veces cuando hablamos de cultura, consciente o inconscientemente, hacemos abstracción del fenómeno tecnológico, identificando la idea de cultura con un cierto refinamiento, teñido de elitismo. Antes de seguir adelante sería interesante intentar de definir el término "cultura"; para comenzar podemos decir que habría, en principio, dos conceptos de cultura, uno que podríamos llamar académico o tradicional (vinculado a lo individual), que define a la cultura como el desarrollo de las facultades del espíritu, es decir la relaciona a los atributos del llamado hombre cultivado, y otro que podríamos llamar antropológico (más bien vinculado a lo social), que define a la cultura como el conjunto de modelos de comportamiento y actividades, encuadrados dentro de normas - social e históricamente determinadas -, propias de un grupo social. Como punto de referencia podemos remitimos al Diccionario de la Real Academia Española, el cual hasta la decimonovena edición (1970) daba de la palabra cultura una definición bien tradicional: "Resultado de cultivar los conocimientos humanos y de afinarse por medio del ejercicio de las facultades intelectuales del hombre"; a partir de la vigésima (1984) enuncia una antropológica: "Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social, etc."

Desde nuestra óptica asumimos como propia la concepción antropológica del término cultura, porque creemos que corresponde a la realidad del mundo en que vivimos y a la del hombre como ser social. Podemos decir que la cultura engloba todas las manifestaciones espirituales y materiales de un grupo social. Según Melville J. Herskovits: "Cultura es la parte del medio ambiente hecha por el hombre'' , el que a diferencia del animal no está encerrado en su estructura biológica; desde este punto de vista podemos decir que la tecnología es uno de los ingredientes fundamentales de la cultura de nuestros días. "El estudio de la tecnología es esencial para la comprensión de la cultura, lo mismo que una comprensión de la base material de la vida social es indispensable para los que se interesan por el comportamiento del grupo humano. Más todavía, hemos visto que el equipo tecnológico de un pueblo figura más que ningún otro aspecto de su cultura cuando se emiten juicios acerca de su adelanto o atraso. Hay varias razones que explican estos juicios; pero, en esencia, puede referirse al hecho de que la tecnología es el único aspecto de la cultura susceptible de valoración objetiva." Teniendo en cuenta que la cultura abarca el desarrollo de todas las facultades del hombre, y que se manifiesta en la actitud del mismo frente al marco en el que desarrolla su existencia, no podemos reducir el concepto de cultura a ciertas prácticas y productos específicos, sino que debemos hacerlo extensivo al conjunto de las prácticas sociales. Limitar el concepto de cultura a las bellas artes, a las letras, a la música y a las humanidades clásicas, seria considerar la cultura como un componente de lujo dentro del espectro de las actividades sociales, un campo para el solaz de élites, o reservado a especialistas encargados de producir o difundir obras o actividades destinadas a "elevar" (elevar entre comillas) el nivel cultural de la población. Por el contrario, podemos decir que la cultura abarca el conjunto de manifestaciones tanto intelectuales y artísticas como científicas y técnicas que caracterizan una sociedad. Desde este punto de vista la ciencia, la técnica y la tecnología también forman parte de la cultura; en el fondo es difícil negar esta realidad, pues el entorno de nuestra vida cotidiana es producto de la tecnología, la casa en la que vivimos, el vehículo que nos transporta todos los días, el diario, la radio o la televisión que nos tienen permanentemente informados, el teléfono que nos permite comunicamos con todo el mundo, el refrigerador que conserva nuestros alimentos, etc. Aceptar que la tecnología forma parte de la cultura es aceptar la realidad del mundo material que nos rodea. Además, hoy el vertiginoso ritmo de progreso de la tecnología marca el desarrollo mismo de la cultura, algunas veces positivamente, otras no tanto. Para bien o para mal, nos guste o no, la tecnología está omnipresente en nuestras vidas y marca el ritmo de nuestro que hacer cotidiano y como consecuencia influye en nuestra cultura. Estamos rodeados de objetos tecnológicos que si bien es cierto facilitan nuestra vida y la hacen más confortable, sin lugar a dudas también la condicionan, haciendo que en muchos casos lleguemos a ser esclavos de nuestras propias obras, y al decir de nuestras propias obras decimos de la tecnología; los objetos o productos tecnológicos enmarcan nuestra vida, el teléfono, el automóvil, la radio, el televisor, la cocina, el refrigerador, la lamparilla eléctrica, y aún la cuchara, el plato, etc., son tecnología porque su producción es el resultado de determinados procesos tecnológicos (tecnología es tanto el proceso como el producto). Hoy un importante factor de transmisión de la cultura (nos guste o no) es la televisión (que es tecnología); el texto escrito sigue siendo el factor principal de transmisión del conocimiento sistematizado, pero frente a la televisión ha perdido un gran espacio como fuente y comunicador de cultura, hecho que merece un profundo análisis por las consecuencias que ya se observan en
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todos los planos de la vida del hombre; igual suerte corre la transmisión oral frente a la televisión, y hasta la organización familiar está perdiendo importancia, como fuente y transmisora de cultura. Marshall Mc Luhan plantea la disolución de la Galaxia Gutemberg y el nacimiento de una nueva galaxia (la Galaxia Martoni). Las consecuencias de estos hechos son preocupantes, pero no hay que caer con simpleza en la crítica condenatoria del instrumento, pues la responsabilidad principal recae en quienes toman las decisiones. Los verdaderos responsables son los que manejan estos medios, sería interesante poder determinar qué metas persiguen y con qué objetivos. Teniendo en cuenta que el progreso tecnológico es continuo, acelerado e irreversible, y que no podemos detenerlo ni volver atrás, hay que tratar que sus consecuencias en el ámbito de la cultura no se enfrenten con la concepción que tenemos del hombre, para esto debemos tratar que la tecnología tenga una dimensión humana. “Humanizar las máquinas y no robotizar a los hombres.” Estamos convencidos que humanismo y tecnología pueden y deben marchar en completa armonía. Utilizar la tecnología y sacarle el máximo provecho sí, pero no por eso convertirse en esclavo de la misma. La tecnología, por un lado, debe permitirnos vivir mejor, debe ser el artífice de nuestro confort, y por otro lado debe ser una herramienta que nos simplifique la vida, todo esto sin esclavizarnos. Para el hombre de finales de este siglo la tecnología es la principal herramienta de trabajo; ahora bien, como toda herramienta, para poder sacarle racionalmente el máximo provecho, hay que conocerla y utilizarla correctamente, pero siempre en función del impacto sociocultural sobre el destinatario, esto implica tener cultura tecnológica. C. P. Snow, en su trabajo, Las dos culturas, habla de: 108 “Dos grupos polarmente antitéticos: en un polo los intelectuales literarios, que sin saber por qué ni cuándo han dado en referirse a sí mismos como “intelectuales” como si no hubiera otros. [ ..... ] Los intelectuales literarios en un polo, y en el otro los científicos, y como más representativos, los físicos. Entre ambos polos, un abismo de incomprensión mutua; [ ..... ]. Tan diferentes son sus actitudes que ni siquiera en el nivel afectivo aciertan a encontrar mucho terreno en común.” Como consecuencia plantea dos culturas: la literaria y la científica. Estas dos culturas que plantea Snow, la literaria y la científica, se basan en abstracciones (signos lingüísticos o símbolos matemáticos), y debemos reconocer que el accionar del sistema educacional se estructura prioritariamente sobre estos dos ejes, pero introducir a los alumnos al estudio del mundo que nos rodea partiendo de abstracciones (leyes físicas o fórmulas matemáticas) puede plantear problemas pedagógicos pues algunos suelen tener dificultades a nivel de la abstracción, sobre todo los provenientes de hogares modestos. La educación tecnológica que tiene como eje la cultura tecnológica, una cultura concreta, síntesis entre el pensamiento y la acción, puede introducir más fácilmente a los alumnos al mundo de las abstracciones y colaborar así en atenuar el fracaso escolar y en amenguar los problemas de selección social. La cultura tecnológica brinda una visión integradora de todas las modalidades de la conducta humana, superando la tradicional dicotomía de lo manual y lo intelectual, de lo muscular y lo cerebral, y postula una concepción del hombre como una unidad que se compromete con todas sus potencialidades, en todos y cada uno de sus actos. Enmarcar dentro de estos conceptos las grandes decisiones del cuerpo social implica apelar al compromiso de todos los recursos disponibles para el logro del objetivo fundamental de toda sociedad, que es mejorar la calidad de vida de todos sus integrantes. La cultura tecnológica supone el abandono de preconceptos peyorativos sobre el trabajo manual propios de una concepción esclavista.

La separación entre cultura y tecnología aísla al hombre de ese entorno tecnológico en el que se encuentra inmerso y lo conduce por el camino de la vacuidad; la separación entre cultura y tecnología es una de las fuentes de dificultad del mundo moderno. La cultura tecnológica es casi podríamos decir la antítesis de la sociedad de consumo, de la sociedad de lo descartable, de la sociedad que considera los objetos como cajas negras de las que se sabe solamente para qué sirven pero nada más; la cultura tecnológica abarca el conocimiento de los aspectos conceptuales de su funcionamiento, de su evolución y de su interacción con el medio natural y el sociocultural. Es importante advertir que en el actual sistema de producción la división del trabajo y la estrecha especialización no permiten fácilmente el pleno desarrollo de la capacidad creadora y la realización personal, y esto sólo puede compensarse con una só1ida cultura tecnológica. Además, hay que tener en cuenta que el problema se ira agudizando pues los modos de producción están en constante evolución como consecuencia del desarrollo de la tecnología, que ha pasado a ser la principal fuerza productiva. El surgimiento de nuevas actividades y la obsolescencia de otras exigen cada vez mas polivalencia y flexibilización para amoldarse alas nuevas y cambiantes condiciones de trabajo, y en este rubro la educación tecnológica ofrece un aporte inapreciable. Cualquier país que no quiera perder el tren del progreso debe desarrollarse tecnológicamente y para esto debe contar con un nivel de cultura tecnológica relativamente alto. Teniendo en cuenta la importancia de la cultura tecnológica en el desarrollo integral de la persona humana, consideramos fundamental tratar de despertarla y desarrollarla en los jóvenes, y en el logro de este objetivo consideramos que la Educación Tecnológica desempeña un papel claro. A continuación transcribimos algunos párrafos del discurso pronunciado por el Sr. Pouchpa - Dass Ex Director de Cultura y de Estudios de la Unesco en ocasión de la Deuxiéme conférence nationale pour le développement de la culture technique (1979), Annonay, Francia, pues consideramos que son toda una definición sobre la cultura. “La Unesco estima que no es más posible atenerse a una definición restringida de la cultura: es decir identificarla solamente con las bellas artes, las letras y las humanidades clásicas.[ ..... ] Considerando la cultura como una actitud del hombre frente a su condición natural e histórica, y como consecuencia generadora de elementos esenciales de la calidad de vida, la Unesco vincula naturalmente la noción de cultura a la de desarrollo,[ ..... ] Repudiando la abstracción unidimensional del homo economicus, la teoría y la práctica del desarrollo se esfuerzan cada vez mas en abarcar al hombre en su integralidad, con sus necesidades, sus posibilidades y sus aspiraciones. Es en esta óptica que la Unesco estima que el desarrollo cultural forma parte integral del desarrollo total. Como consecuencia el desarrollo cultural abre el acceso al. humanismo moderno, que, con las artes, engloba las ciencias exactas, las técnicas y las ciencias humanas. El hombre cultivado es por lo tanto aquel que se siente insertado activa y críticamente en el mundo. En otros términos, y teniendo en cuenta la naturaleza actual del mundo, el hombre cultivado debe ser un agente de cambio. Rechazando la pasividad, el papel de objeto al que ciertas fuerzas quisieran obligarlo, el hombre cultivado se siente activo, se siente autónomo, él quiere “asumir su propio destino”, según la expresión de Edgar Faure. Es en este sentido que podemos decir que el conocimiento de los mecanismos sociales y económicos forman parte de la cultura con el mismo título que el teatro, por ej. ejemplo.[ ..... ]
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No es degradar la obra de arte situarla en su contexto; es darle su pleno valor explicativo. Por el contrario, sería reducir una civilización definirla solamente por sus valores artísticos; es castrarla de algunas de sus fuerzas vivas; es también sacar de sus obras de arte toda una parte afectiva y vivida que contribuye a su valor y significación.[ ..... ] Ahora bien, para que la cultura tenga como beneficio mayor la participación social, que permita a la vez la comprensión de los otros y la valorización personal, la palabra cultura debe ser tomada en el sentido mas amplio y englobar al hombre en su trabajo, en la política, en la economía, en la técnica, en la ciencia, tanto como en lo artístico.”

REFERENCIAS
1. HERSKOVITS, M.J. El hombre y sus obras. México, Fondo de Cultura Económica, 1952, p. 2. 3. 4. 5. 6.

29. Ibid., p. 268. Mc. LUHAN, M. La galaxia Gutenberg. Barcelona, Ed. Planeta, 1985. GISCARD D'ESTAING, V. Palabras pronuncidadas por el Presidente de la República Francesa en el discurso de clausura del coloquio “informatique et société”, París, 1979. SNOW, C.P. Las dos culturas y un segundo enfoque. Madrid, Alianza Editorial, 1977, p. 14. POUCHPA-DASS. Discurso pronunciado por el Director de Cultura y Estudios de la Unesco en ocasión de la Deuxiéme conférence nationale pour le développement de la culture technique (1979), Annonay, France. In: Rev. Culture Technique (París, Centre de recherche sur la culture technique), Nº 2, abril 1980, p. 25-26.

http://coleccion.educ.ar/coleccion/CD15/contenidos/teoricos/metodologia/index.html
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Este es un documento que pone en discusión el término proyecto e incluye el fragmento de un texto de Rosa María Torres en el que la autora narra algunas de sus experiencias en el terreno educativo latinoamericano y habla de un síntoma inflamatorio del proyecto que padece al que denomina Proyectitis. "En Brasil (...) niños escolares de un sector popular iban a la tarde a hacer sus tareas, jugar y fabricar juguetes con materiales de desecho en un galpón grande que había sido habilitado para el efecto y bajo la coordinación de un grupo de monitoras. 'A la mañana, los niños van a la escuela. Y a la tarde, cuando vienen acá... ¿adónde dicen que vienen?', pregunté. 'Al proyecto', contestaron al unísono las jóvenes monitoras. 'Al proyecto', contestó el director del centro. ¿Qué idea se hacen estos niños de lo que es un proyecto y de lo que es, casi por comparación, una escuela? En México, una asesora técnico-pedagógica contaba que en las escuelas donde trabaja han empezado a desarrollar el proyecto de los recados: a los niños pequeños se les pide escribir recados (mensajes) para que utilicen la escritura de manera significativa. ¿Por qué proyecto, por qué no actividad o situación de enseñanza? No supo explicarlo exactamente, pero al reflexionar en voz alta advirtió que todo lo nuevo que se introduce en la escuela adopta el nombre de proyecto. Razonó, además, que seguramente se lo llama así porque es algo que dura poco tiempo. De Colombia me llegó un proyecto (propuesta de acción en búsqueda de financiamiento) consistente en apoyar proyectos (experiencias educativas) a maestros para que los desarrollen en sus escuelas y como refuerzo al respectivo Proyecto Educativo Institucional (PEI). Todo ello, dentro de un proyecto (plan) de autonomía profesional docente. En la Argentina, una supervisora escolar, aprovechando la oportunidad de una reunión informal y agarrando confianza, me pedía: '¿Podría explicarme qué es exactamente un proyecto?'. Todas las escuelas están atareadas preparando proyectos, los maestros y directores no hablan sino de proyectos. ¿De dónde viene esta proyectitis? La institución proyecto, en efecto, se ha apoderado de la educación. Ha invadido

la educación formal y la no formal, la administración escolar, el currículum, la formación y la capacitación docentes, la pedagogía y la didáctica, la investigación y la acción." Estos breves relatos muestran los rasgos clave que tiene el proyecto en el campo de la educación: confusión en los términos, en los tiempos, en los límites, en los costos, en la organización, en los objetivos, en síntesis: la carencia de proyección. Un proyecto tecnológico, en cambio, supone considerar tiempo, recursos (límites precisos), objetivos claros, organización, demandas concretas y consecuencias derivadas de la acción. Para la escuela, el país de las causas sin efectos, esto es casi inadmisible, por eso el proyecto tecnológico es un discurso, un catálogo de acciones ex post que jamás se verifican. En esas circunstancias, la escuela deja de ser el tradicional país de las causas y comienza a convivir, también, con los efectos de sus acciones. Pero en la escuela, por la polisemia del término, la carencia de seguimiento y de evaluación los proyectos es, ante todo, expresión de deseo. Pero sigamos el texto de Rosa María Torres para tomar una visión más amplia "La institución proyecto, en efecto, se ha apoderado de la educación. (...) Ha atrapado a gobiernos y ONG, universidades, organizaciones comunitarias, sindicatos, instituciones escolares, y hasta asociaciones de padres de familia y de alumnos. Y como todo el mundo está dedicado a elaborar y desarrollar proyectos, en su ayuda han acudido las empresas consultoras y los consultores especializados en la gestión, la negociación, la redacción, el monitoreo, la articulación, la sistematización, la evaluación, la reingeniería, de proyectos. A nivel macro y micro, en la institución escolar y en la universitaria, en el ámbito estatal y en el de las ONG, todos han desarrollado antenas para captar a los potenciales donantes, y esa información se guarda con celo. En un mundo en que los recursos son escasos y el dinero ha pasado a verse como condición primera de toda acción, cada cual mira al otro como boca adicional con quien compartir el pastel. Es sorprendente la cantidad de instituciones y personas que viven y sobreviven a expensas de proyectos, con su ingreso colgando del hilo de una agencia financiera, supeditadas a los tiempos de los proyectos, tiempos artificiales, que no están en función de la vida de la gente sino de las necesidades de una determinada maquinaria administrativa y financiera. La subcultura de los proyectos ha contribuido a acentuar una serie de tendencias y de comportamientos en las instituciones y en las relaciones entre las personas. Ayuda al distanciamiento, cuando no al abierto enfrentamiento y hasta ruptura, entre personas e instituciones, al crear condiciones que favorecen la competencia antes que la tan aspirada y nombrada cooperación interinstitucional, intersectorial e interdisciplinaria. Favorece la pulverización interna de las instituciones, al convertir cada área, cada programa, cada actividad, cada individuo, en un proyecto, perdiéndose la visión de conjunto y la posibilidad misma de un plan y una programación institucional estratégica, coherente y articulada. Acentúa el inmediatismo y el cortoplacismo, el énfasis sobre los resultados sin atención a los procesos, la táctica convertida en estrategia, las soluciones-parche por sobre las soluciones-soluciones. Estimula a pasar por alto la participación y la consulta, a optar por las vías más rápidas y fáciles aun a sabiendas de que no son necesariamente las mejores. Promueve la superficialidad y el exitismo, la falta de reflexión, análisis crítico y evaluación objetiva de lo hecho: cuando lo que está en juego es la supervivencia y la reproducción del proyecto (y de uno mismo), todos se esmeran en presentar logros y resultados exitosos al financiador, no en sacar a la luz lecciones aprendidas, problemas y contradicciones, qué falló y por qué. Exacerba la importancia del dinero para hacer cualquier cosa: innovación y cambio, en educación, evocan hoy en primer lugar fondos, y la inacción se justifica por su ausencia. Cada movimiento, por pequeño que sea, pasa por redactar un documento y salir en busca de un financista cuyas prioridades programáticas coincidan con lo

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que propone el proyecto. O al revés: conocidas las prioridades y agendas de los donantes, y la disponibilidad de recursos para las mismas, se multiplican milagrosamente las competencias y los proyectos que coinciden con esos objetivos y áreas de interés: la educación básica, la educación de la niña, la ecología, la educación para la salud, la descentralización, la ciudadanía, el desarrollo de valores, las habilidades para la vida, la gestión y la gerencia escolares, la articulación de redes, la alfabetización tecnológica, la negociación de conflictos, y otros tantos temas colocados en los últimos años en la agenda educativa a nivel mundial. Proyecto, hoy, se usa para decir metodología, técnica, programa, plan, estrategia, acción puntual y de corta duración, experimento, innovación. En medio de esta proyectitis, lo que sigue faltando es el proyecto imaginario colectivo, anticipación de futuro, visión de largo plazo, utopía capaz de articular y orientar el quehacer y la transformación educativa tanto a nivel de cada institución como a nivel de cada país y de la región como conjunto. La multiplicidad de pequeños proyectos, precisamente, parecería estar impidiendo visualizar el gran proyecto para la educación." Aunque el resaltado final me pertenece y centraliza en un aspecto parcial (el del contenido), la brillante reflexión final es mucho más amplia y adhiero a ella con firmeza. La oración inicial resaltada permite tomar dimensión respecto de la confusión terminológica que existe en la escuela; al área de tecnología le corresponde aclararla debidamente. Rosa María Torres. Buenos Aires: Paidós, 2000. Itinerarios por la Educación Latinoamericana.

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http://portal.educ.ar/debates/eid/tecnologia/algo-esta-de-l-todo-mal-con-la.php

Algo está del todo mal con la Tecnología Escolar
Además de lo que está mal, esta mal alguna otra cosa que yo no alcanzo a entender. Veo pasar la realidad delante de mis ojos y no puedo creer que es real. No me voy a sumar a los comentarios que utilizan los medios des - información para darle cuerda a determinada noticia que una vez que cumplió con el cometido para el cual fue difundida, simplemente deja de existir. Pero que vivimos en un país surrealista y en una ciudad más surrealista todavía, no me queda ninguna duda.

Desde pequeño tuve la costumbre de leer los carteles que pueblan las paredes y las alturas de Buenos aires, creo que aprendí a deletrear primero y a leer después, viendo carteles desde la ventanilla del colectivo. Y sabido es que las costumbres que se adquieren de pequeño, permanecen. Leo todo aquello que, escrito, cae bajo mis ojos. Cuando hojeo algunos libros técnicos superespecialiazdos que leen mis hijos, me asombro y al rato los cierro. Cuando hojeo los libros de medicina que lee mi hija, me asusto y al rato, también los cierro. Pero los carteles no los puedo cerrar, tengo que leerlos están allí y aunque sea a la pasada, los leo. No me asombro, ni me asusto, me desconcierto y me espanto. Hace pocas semanas, Buenos Aires estuvo empapelada con carteles que decían: Bush devolvé al prófugo de Antonini Wilson. No se cual habrá sido el costo de imprimirlos, pegarlos, etc., pero la pregunta que me surge es: Quién/es ordenó/aron la campaña ¿supone/n que Bush anda por Buenos Aires leyendo carteles? No lo creo después de la experiencia que tuvieron las hijas en San telmo. Quién/es ordenó/aron la campaña ¿Sabrán que si el prófugo es tal, fue porque nuestras autoridades lo dejaron profugarse? También me pregunto ¿Qué tiene que ver todo esto con un blog en un sitio educativo? y para tranquilizarme me contesto: puede ser un buen ejercicio de lectura crítica, tal vez una forma de mostrar cómo y con qué finalidades se utilizan las tecnologías de la comunicación. Puede ser. Tal vez, pero la duda persiste. Esta semana sin embargo, mi desconcierto superó varios puntos el límite de un argentino medio como yo, que ya es bastante alto. La ciudad de Buenos Aires se llenó de carteles alusivos a una cuestión vinculada a la tecnología escolar.
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Perdón, según esos carteles, ¿En las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires se desarrollan las capacidades vinculadas a la lectoescritura solamente durante una semana al año? ¿Y el resto del año que hacen? Creí que me estaba volviendo un poco loquito, pero me tranquilicé cuando vi que en otros lugares del país sucede lo mismo. Entonces me dije: soy yo el que desentona y me quedé más tranquilo. Tampoco me llamó la atención que en esos otros lugares del país hablaran de las escuelas y las bibliotecas PIIE que no sé que son, pero me suena a pajaritos. Y tampoco me pareció una muestra de nepotismo que quien estaba a cargo de la cuestión fuera una persona que, casualmente, tiene el mismo apellido del gobernador.

Me tranquilicé, pero justo cuando estaba disfrutando de ese estado de calma, como en la canción de Serrat "...entonces llegaron ellos. Me sacaron a empujones de mi casa y me encerraron entre estas cuatro paredes blancas, donde vienen a verme mis amigos de mes en mes..., de dos en dos..., y de seis a siete"

Y me puse todavía peor cuando me enteré que durante la semana de la lectura hubo paro docente, de modo que, según entiendo este año los chicos no aprendieron a leer. Una verdadera lástima. También publicado y ampliado con otros debates, aportes, documentos y videos en la red Educación y Tecnología
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