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Una historia escrita por: J.S Janicelli. Corrección: LizC Diseño: Luchita_c

Una historia escrita por:

J.S Janicelli.

Corrección: LizC

Diseño: Luchita_c

Indice

Los Personajes

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Capítulo Uno

6

Capítulo Dos

12

Capítulo Tres

19

Capítulo Cuatro

25

Capítulo Cinco

30

Capítulo Seis

33

4

Los

Personajes

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Capítulo Uno

A l mirar por la ventana mientras descargaba la última paca de heno para los caballos en el establo, vio el Lexus Is de Ivana aparcado en la entrada.

Por fin llegó, pensó mientras secaba las gotas de sudor que corrían por su sien. Sacando una pequeña cajita roja de su bolsillo.

Sus manos enguantadas se cerraron en dos puños, al mismo tiempo que su pecho empezaba subir y bajar más rápido por la creciente agitación, esa provocada por Ivana, al verla del brazo de otro hombre, sonriendo como si no hubiera nadie más en el mundo, como si no supiera que era suya.

Su mandíbula se apretó, y sus ojos llamearon. Su respiración era pesada mientras pasaba la vista por el lugar en busca de algo que pudiera utilizar.

Las cuerdas. Ni muy delgadas ni muy ásperas.

Oh, sí. Ella pagaría por todo lo que estaba sintiendo en este momento, e iba a disfrutar cada minuto de ello.

* * * *

Ivana se encontraba caminando de un lado a otro en la sala de estar, pensando en la forma en que reaccionaría Caleb en el momento en que hablaran. Sabía que no debería haber permitido que Chase envolviera su brazo junto al suyo, pero el tipo era demasiado encantador como para dejarlo pasar.

En cuanto vio a Caleb al otro lado de la calle, sintió que el corazón y el mundo a su alrededor se detuvieron. Podía escuchar que Chase le hablaba, pero no era consciente de nada. Mientras pasaban las personas, la ira en el rostro de Caleb era casi palpable, su mirada de ojos café era estrecha mientras la estudiaba con cuidado, incluso pudo ver el movimiento de su mandíbula al tensarse.

En ese momento, una de las mujeres del pueblo, famosa por haber tenido un romance con él, el número Uno de los rodeos, se le acercó a saludarlo; al principio pareció no escucharla pero en cuanto la mujer poso la mano en su pecho, inmediatamente desvió la atención.

Chase invitó a Ivana a tomar un café en una de las nuevas cafeterías, con el fin de ponerse

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al tanto de su vida y de lo que ahora hacían. Ella se las arregló para encontrar su voz, esa que se había escondido en algún lugar de su interior, e inmediatamente se encaminaron juntos. Pero aún durante la conversación, la imagen clara de Caleb en su mente no se desvanecía.

Al cruzar la calle, su pecho amplio y musculoso subía y bajaba rápidamente, preso del coraje del momento. La piel canela brillaba un poco gracias al sol de la mañana, haciéndolo ver resplandeciente. En ese momento llevaba una camisa de manga larga con el cuello abierto, de manera que parte de sus pectorales quedaban al descubierto. Las mangas estaban subidas permitiendo una clara vista de sus bazos fuertes y tensionados.

En una mano llevaba una pequeña cajita roja, y la otra se había cerrado formando un puño al verla con otro hombre. Sus labios, carnosos y suaves, habían estado apretados y la fosas nasales dilatadas con el fin de tomar más aire.

Dios, ¿qué había hecho? Conocía la reputación de Caleb, vaquero sexy, rudo, mujeriego, y posesivo… pero por otro lado era una mujer libre. No es como si estuviera atada a él de alguna manera. Desde hacía dos meses que estaba con él, nada formal, puesto que era la hija del gobernador, y sería todo un escándalo si la vieran con uno de los vaqueros del pueblo. Desde que se conocieron, había pasado casi todas las noches con él, compartiendo cosas, cenas y caminatas agradables, y mucho, mucho sexo increíble.

La hija del gobernador en mí cama, ¿quién lo diría? —le había dicho él, cuando se había recostado a su lado con la cabeza apoyada en su pecho.

Estaba harta de controlar mis impulsos y emociones. Cuando me sacaste a bailar durante la fiesta, y sentí tu pecho duro y tu mano en mi cintura, es como si hubiera visto chispas a mí alrededor. Supe que te quería conmigo. —Había sido la fiesta de fundación del pueblo, y era obligatorio que los dos estuvieran presentes, ella por ser la hija del dirigente, y él por ser descendiente de una de las familias fundadoras del pueblo.

Desde entonces acordaron que su “relación” se mantendría en secreto, dado que ninguno estaba dispuesto a lidiar con las habladurías del pueblo.

* * * *

Sintió la puerta abrirse y cerrarse, y luego el sonido de pasos aproximarse en su dirección. Él estaba en la casa. Se detuvo en seco en cuanto llego a la sala de estar. Con la mirada fría y seria fija en ella. Estaba sucio, olía a tierra y llevaba el cabello húmedo por el sudor. No lo llevaba muy largo, más bien del tipo Jared Leto en su época de This is War. Algo en su vientre se apretó, algo extraño construyéndose en su interior. Para ella, él era absolutamente sexy.

—Caleb… —no pudo continuar.

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—Ivana… ¿Qué tal tu día? —Preguntó él con voz seca.

—Amm… normal… como todos los días… —a medida que ella hablaba, él se acercaba a ella, con movimientos ágiles, como un león acechando a su presa.

—¿Algo nuevo? —preguntó cuando se detuvo justo a unos centímetros de su cuerpo.

—Amm… Chase esta en… en el pueblo.

¿Qué rayos le pasaba? ¿La altanera Ivana estaba tartamudeando?

—¿Chase? Ah, claro, el idiota ese al que le rechazaste su propuesta de matrimonio. ¿Qué quería? —le preguntó mientras jugaba con uno de los mechones sueltos que se escapaban de la cola de caballo que llevaba esa mañana. Le gustaba más cuando llevaba el cabello suelto, ondulado. Le encantaba ver su cabellera castaña desparramarse en la almohada después de haber estado en su interior, después de haber bombeado en ella hasta que los dos quedaran saciados y jadeantes, después de… bueno, no iría por ese camino, no ahora.

—Quiere hacer negocios conmigo, quería hablar algo de… unos ganados —le respondió mientras observaba la mirada de Caleb, congelada y fría sobre ella, sabía que se estaba controlando, pero no sabía que era peor, si la espera o la explosión.

—¿Te sientes bien? Estás agitada… ¿Estás… nerviosa? No deberías estarlo Iv, ¿o sí?

—¿Por qué dices eso? —le preguntó ella con voz entrecortada. Dos meses, dos meses habían pasado y aún no descubría lo que tenía ese hombre que le hacía bajar la guardia.

—Porque te conozco, sabes que lo hago mejor que nadie. Tus mejillas están sonrojadas, tu respiración se aceleró haciendo que tu pecho suba y baje con rapidez, al igual que tu corazón y el bombeo de tu sangre. Lo puedo ver en el pulso… de aquí… —dijo el señalando el latido de su garganta al inicio del esternón.

Si pensaba que su respiración estaba agitada, no tenía ni la más mínima idea de lo que provocó con ese sencillo toque. Lentamente fue bajando su dedo hasta introducirlo en el escote de su blusa. Esa mañana llevaba una blusa blanca de tela delicada, la llevaba amarrada a la altura de la cintura, de manera que dejaba su abdomen al descubierto. Los primeros botones estaban sueltos, lo justo para mostrar la insinuación del escote de sus senos redondos y proporcionados a su delgado cuerpo.

Aplicando una suave presión, Caleb engancho su dedo en la blusa y la atrajo hacia él. Ivana soltó un gemido ahogado ante su rudeza.

Ella lo agarró por los hombros mientras trasladaba sus manos a la cintura de ella. Empezó a aplicar presión en el área, hasta que apretó tan fuerte que hizo que ella se arqueara contra él y se mordiera el labio inferior.

—¿Era ese al que llevabas de brazo esta mañana en el centro? ¿Y le sonreías por negocios?

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—preguntó Caleb con voz seca mientras miraba con detenimiento cada parte de su rostro. Sus ojos café claro, siempre tan expresivos, su nariz pequeña y respingada, sus labios color carne… esos labios. Sabía que lo mataba cada vez que se lo mordía, por eso tenía que luchar por mantener el control, sin importar que su miembro ya se estuviera despertando dentro de sus vaqueros apretados.

De alguna manera Ivana sacó fuerza para mantener su compostura y encontrar coraje para responderle. —Sólo fue un gesto cariñoso, entre dos amigos que no se veían desde hace mucho tiempo. ¿Por qué? ¿Te molesta? No debería. No es como si estuviéramos juntos en realidad. El hecho que tengamos sexo increíble casi todas las noches no firma un papel que diga que soy de tu propiedad.

Caleb curvo una de las esquinas de su boca en una sonrisa altiva y egocéntrica.

—¿Sexo increíble, eh?

—Ah, por favor. No te pongas arrogante en estos momentos. Y además, la escenita de celos no te va. Ahora suéltame. Quiero tomar un baño antes de irme a ver a mi mamá.

Trató de alejarse de él, pero Caleb no disminuyó su agarre, todo lo contrario, la apretó mucho más, de manera que quedaba casi encima de ella. Ivana pudo sentir su creciente excitación y se le hizo agua la boca.

—Dime algo. ¿Con él también tenías sexo increíble? ¿Él también te follaba como yo lo hago? ¿También te hacía gritar y pedir por más? ¿O simplemente era otro tonto más del montón, y por eso lo dejaste y ahora estás conmigo?

Al ver que ella no respondía, colocó una mano en la parte baja de su espalda y la otra en su nuca. La atrajo hacia él y comenzó a besarla como si no se hubieran visto en mucho tiempo. Era un beso apasionado, con el que la reclamaba, la marcaba. Sus labios fuertes sobre los de ella le hacían saber que era suya y de nadie más.

Pronto la lengua de Caleb estuvo dentro de la boca de Ivana, hurgando en cada rincón, revisando, saboreando, mientras las dos se fundían en un baile sensual, una lucha erótica que ninguno de los dos tenía pensado acabar.

—Mía —dijo él sobre los labios de Ivana cuando por fin rompió el beso, jadeando, apoyando su frente contra la de ella.

Ivana cerró los ojos y trago con dificultad.

—Arrogante —dijo ella en tono sarcástico, levantando una ceja.

—Aún así estás conmigo —respondió él—. Así te gusto, ¿no? Fuerte, duro, arrogante.

—No estoy tan segura de eso.

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—Pues entonces más te vale que te quede claro quién soy y a quién le perteneces.

Dicho esto, bajo las manos al trasero de Ivana y la levantó de manera que las piernas de ella quedaran enroscadas en su cintura.

Dio unos cuantos pasos hasta llegar a la repisa de madera que quedaba justo al lado de la chimenea. Cuando ella estuvo completamente apoyada, él le soltó las nalgas y la tomó por las muñecas, aprisionándolas contra la pared. Fue un movimiento brusco, y le dolió un poco, pero pronto el malestar pasó y lo único que logró fue aumentar su excitación.

Caleb la seguía besando lujurioso, deseoso y necesitado de ella, pero al mismo tiempo le dejaba claro con su toque y su rudeza quién estaba a cargo. Pronto liberó su boca y empezó a besarla en la mejilla, abriéndose paso hasta el cuello, donde empezó a chupar y lamer. Llegó a su oreja y pasó la lengua, e inmediatamente tiró del lóbulo con los dientes. Ivana gimió y se estremeció antes las chispas que volaron a su alrededor.

Caleb liberó sus manos para subirle la falda que usaba esa mañana con facilidad; era una falda rosada volada, que solía llevar junto con unas botas negras de tacón de agua. Cuando la tuvo toda arremolinada sobre los muslos, Caleb tomo con su mano derecha las dos manos de ella y las llevo contra la pared, mientras que su mano izquierda se zambullía entre sus muslos.

Rozó dos dedos por encima de su braga e inmediatamente pudo observar el efecto de lo que le estaba haciendo. Ivana se estaba empezando a humedecer, y él no podía esperar más para hacer que esa humedad creciera y creciera. Pero no dejaría que se corriera. Oh no. Ella iba a pagar con la espera, por el coraje que había sentido esa mañana. La espera, dulce tortura.

Con sus dedos hizo a un lado sus bragas y rozó su clítoris hinchado y necesitado. Ivana se volvió a estremecer y el gemido que salió de sus labios sonó como música para sus oídos.

Empezó a masajear ese pequeño punto suavemente, en círculos, haciendo que Ivana rotara las caderas contra su mano.

—Oh… —fue todo lo que pudo decir ella.

—¿Te gusta? —le preguntó él sobre sus labios.

—Oh si… más…

Después de estar un momento así, y al notar la humedad que empezaba a cubrir sus dedos, deslizó uno de ellos hacia sus labios vaginales, provocando unas cosquillas que le hicieron levantar las caderas.

Lentamente introdujo un dedo en su delicada humedad e Ivana suspiró larga y pesadamente. Al ver su reacción, introdujo otro dedo y empezó un lento deslizar de adentro hacia afuera.

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Ivana empezó a mover las caderas de atrás hacia adelante contra los dedos que la follaban. Empezó a gemir y a suspirar, por lo que Caleb posó su boca sobre la de ella, en un beso húmedo y desafiante.

Mientras metía y sacaba los dedos, Caleb colocó su dedo pulgar sobre el clítoris de Ivana

y empezó a ejercer presión sobre él.

Ivana libero su boca y gimió en voz alta ante la atención que él le daba.

El orgasmo se estaba construyendo en su interior. Podía sentirlo arremolinándose, y como siempre, iba a ser increíble. Caleb siguió presionando y bombeando sus dedos. Ivana siguió gimiendo más fuerte y empezó a levantar las caderas contra la mano que la invadía.

Caleb, al verla levantarse, señal de que su orgasmo estaba próximo. Se retiró. En un momento, sus manos la follaban y al siguiente, él estaba de pie frente a ella con una sonrisa diabólica en el rostro.

Se había atrevido a dejarla justo en el borde el muy imbécil.

—¿Qué…?

—No lo tendrás Iv… aún no. Primero voy a jugar mucho contigo… provocándote, oh si, vas

a pagar por lo de esta mañana, y lo vas a disfrutar.

—Bastardo… ¿Cómo te atreves a hacerme esto? ¿¡Y dejarme así!?

—Te quiero en mi habitación, en mi cama, enseguida. Ahora estoy sucio, todo sudado. No voy a volver a poner mis manos sobre ti. Me voy a dar un baño, y cuando vuelva, quiero que estés desnuda, esperándome. De lo contrario, voy a destrozar cada rincón de esta casa buscándote, y créeme cuando te digo que no me quieres ver enojado. Ahora ve.

lo que

Wow. A ella le encantaría saber cómo sería estar con él mientras estaba enojado le haría y cómo lo haría.

Pero ahora estaba demasiado caliente y necesitada como para provocarlo. Sabía que si no hacía lo que le decía iba a quedar peor de lo que estaba, y lo necesitaba, ahora.

Él se encamino hacia el baño del primer piso, y ella subió las escaleras dispuesta a enfrentarse con su vaquero.

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Capítulo Dos

A l llegar a la habitación, Ivana no tuvo ningún problema en hacer lo que Caleb le había dicho. Se acercó a la cama e inmediatamente empezó a desnudarse.

Pronto quedó exactamente como Dios la trajo al mundo, y después que toda la ropa quedo echa un montón en el piso, la hizo a un lado y se sentó en el borde de la cama a esperar a su hombre.

Mientras lo hacía, estudiaba minuciosamente lo que había pasado y lo que estaba a punto de pasar. Hace 5 meses no se hubiera imaginado que estaría completamente desnuda a la merced y disposición de uno de los vaqueros más sexys que jamás haya conocido, y que además de eso él estaría dispuesto a cumplir sus fantasías más salvajes en lo que se refería al sexo.

Pero sólo era eso. Sexo. Mucho sexo increíble. Aunque también había noches en las que le hacía el amor lenta y delicadamente, tomándose su tiempo para acariciarla, besarla y amarla, rindiéndolo culto a su hermoso cuerpo.

Pero a la larga no estaba muy segura de que tuvieran algún tipo de futuro. Algunas veces trataba solamente de disfrutar el momento. Siempre había querido estar con Caleb, aún cuando había estado con su hermano.

Oh, Steve. Era casi tan lindo como su hermano, el mismo color de piel, el mismo cuerpo trabajado, las mismas facciones masculinas y varoniles que hacían que algo en su interior se desbordara. La única diferencia entre los dos era que Steve, contrario a su hermano, no se había dedicado a la vida de la finca, establos y rodeos. Siempre había odiado el heno. No, él no. Steve se consideraba un alma libre, con tatuajes en sus brazos y cabello rebelde; es por eso que se había dedicado a ser motociclista, esa era su pasión; sentir la adrenalina corriendo por sus venas cuando hacia esos giros con los que todo el mundo quedaba sorprendido. Y al igual que su hermano, también era el número Uno en lo que hacía.

Steve se interesó en ella desde el primer momento en que la vio, pero el trabajo que tuvo que hacer fue arduo, dado que ella no estaba muy interesada en él; estaba claro que siempre había suspirado por Caleb. Al parecer, finalmente Ivana se dio cuenta que nunca le prestaría ni una pizca de atención y decidió darle una oportunidad a su hermano. Las cosas no salieron de acuerdo a lo planeado. A Ivana no le gustaba la vida libre y coqueta que llevaba el motociclista y decidió cortar las cosas por lo sano.

Nunca más volvió a saber de él.

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Un año después conoció a Chase, y las cosas tampoco funcionaron. Demasiado fastidioso, demasiado dependiente.

Tres meses después de terminar con él, se realizó la fiesta de fundación del pueblo, y bueno, el resto ya es historia.

Ahora estaba desnuda en la habitación de Caleb Danvers, totalmente sumisa y entregada a él.

Lo escuchó subir las escaleras a toda velocidad. Al parecer ella no era la única necesitada. Tenía mucha curiosidad por saber lo que le haría. Como la haría pagar por lo de la mañana.

Pronto lo sabría.

* * * *

Caleb se dio una ducha rápida, ansioso por entregarse una vez más a Ivana, y por someterla hasta tenerla pidiendo por más y más.

Esa tarde la sometería. Empujaría sus límites mucho más allá de lo que había hecho durante los dos últimos meses, y, dependiendo de su reacción, remataría con lo último que tenía en su mente, algo que ni siquiera la intrépida y aventurera Ivana se imaginaría ni en sus más salvajes fantasías.

Salió del baño, y paso por la mesita que estaba cerca de la puerta donde había dejado las cuerdas que recogió del establo.

Subió corriendo por las escaleras y pronto estuvo frente a la puerta de su habitación. Sólo con el simple hecho de pensar en todas las cosas que iba a hacerle, causaba que su miembro se despertara, deseoso de entrar en acción.

Contuvo el aliento y abrió la puerta.

Ahí estaba ella, completamente desnuda, sentada en el borde de su cama. Las ventanas estaban ubicadas justo detrás de su espalda, con las cortinas abiertas. De manera que los últimos rayos del sol se colaban en la habitación provocando que ella quedara a contraluz, resaltando su silueta perfecta. Hombros delicados, con una cintura donde podía apretar sus enormes manos, bajando por unas caderas generosas que terminaban en unas piernas llenas y tonificadas. Simplemente perfecta.

* * * *

Cuando Ivana vio que la puerta se abría, su corazón empezó a acelerarse. Lo vio de pie en el umbral, observándola detenidamente, su pene ya estaba despertando y se estremeció

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ante el pensamiento que pronto estaría en su interior. Esa era otra de las cosas que le encantaban de Caleb, si cualquier hombre se atrevía a comparase con él en cuanto a tamaño, saldrían corriendo.

Entonces, su atención se desvió a lo que tenía en las manos. Cuerdas.

—¿Para qué son esas cuerdas? —le pregunto con una voz tan delicada que le costó reconocer si era ella la que había hablado.

—dijo, levantando la mano con la

que sostenía la soga—, son para que no te muevas mientras me divierto un rato.

Amarrada, iba a amarrarla. Tenía que estar bromeando. Algo dentro de ella se estremeció ante el pensamiento de no poder hacer nada mientras él hacía todo lo que quería, pero al mismo tiempo sentía algo de miedo e incomodidad.

No sabía lo que sentiría, de manera que intento arreglárselas, como mejor sabía.

—¿Estás seguro que no puedo hacer que cambies de opinión? —preguntó ella, caminando hacía él, con aquel contoneo sensual que lo volvía loco.

—Veamos. ¿Qué estas dispuesta a hacer para persuadirme? —le preguntó Caleb con una mirada oscura por el deseo.

Finalmente ella llego hasta donde él se había detenido y le colocó una mano en su pecho y otra en la parte baja de su abdomen, justo antes de su miembro.

—Bueno, hay muchas partes en las que me encantaría poner mis labios, y puedo asegurarte que tu boca no es una de ellas —respondió Ivana, lamiendo el pezón oscuro de Caleb, para luego jugar un poco con el vello oscuro de su pecho. Sintió que los músculos se contrajeron bajo su boca y en su mente sonrió por el efecto que le causaba.

—Vaya, Ivana, ¿te estás ofreciendo a hacerme una felación?

—¿Tú qué crees? —Ivana le sonrió mientras se ponía de rodillas frente a él.

Altanera, lasciva, sumisa, perfecta. Amaba a esta mujer. ¿La amaba?

Ivana no le dio tiempo de pensar. Cuando estuvo sobre sus rodillas, agarró con una mano firme su erección, la cual ya estaba completamente establecida y alzándose con orgullo sobre su abdomen y la empezó a acariciar de arriba hacia abajo, de arriba hacia abajo.

—Mierda —fue todo lo que dijo Caleb antes de cerrar sus ojos y echar la cabeza hacia atrás.

Ivana miró hacia arriba al hombre que tenía en frente y, como para volverlo más loco, pasó la lengua por la punta de su pene, toda rosada, llamativa. Le encantaba hacerlo. Se dedicó

—Te lo dije Iv, hoy voy a jugar mucho contigo, y estas

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a

lamerlo, golosa, como si fuera un dulce más. Arremolino la lengua a su alrededor una

y

otra vez, mientras sentía como su pene se sacudía en su mano. Pronto cerro los labios

a

su alrededor y empezó a meterse la polla en la boca. Amaba sentir la sensación de su

piel y los surcos de sus venas contra su boca. Se lo llevó hasta la mitad, y escuchó a Caleb gemir en voz alta. Se lo sacó lentamente y lo volvió a acariciar con una mano, mientras con la otra le acariciaba los testículos. Y entonces se lo volvió a meter en la boca hasta que lo tuvo profundamente enterrado en su garganta, hasta la raíz. Caleb maldijo de gusto ante la atención que Ivana le estaba dando. Movió su mano, enredándola en el cabello de su nuca para retenerla donde estaba, pero ella no hizo caso de su agarre y trato de zafarse.

—Sigue Iv, no pares. Sólo respira —dijo él con voz ronca.

Ivana logró soltarse y se volvió a deslizar sobre la caliente longitud. Pasó su lengua de abajo hacia arriba volvió a metérsela en la boca, entrando y saliendo, entrando y saliendo, marcando ese ritmo que lo volvía loco.

Pronto, Caleb estuvo respirando con dificultad, sentía que todo su control se estaba viniendo abajo, y que si ella no se detenía, se correría pronto.

Utilizando todas sus fuerzas y todo su autocontrol, la aparto de él.

—¡Basta! —exclamó, alejándose de ella.

Le encanto mirar la expresión del rostro de Ivana, oscura, deseosa, llena de lujuria.

En un movimiento rápido, la levanto del suelo y la arrojó sobre su hombro sin ningún problema. Ivana gimió suavemente y se dejó transportar hasta la cama.

Una vez allí, la depositó en el colchón y se abrió paso entre sus piernas hasta su boca. La beso lujurioso.

Liberó su boca y mordió su labio inferior, estirándolo suavemente. Volvió a besarla y cuando la tuvo jadeando y gimiendo bajo sus labios, se retiró y colocó sus manos en el cabecero de la cama.

Ella lo miraba, indecisa, con las preguntas brillando en sus ojos. Pero él la ignoró por completo. Obviamente, no había negociación.

—¿Qué…? —intentó preguntar. Pero él la interrumpió.

—Sin hablar Iv, ni una palabra. No me obligues a amordazarte. Quiero escucharte gritar

y suplicar cuando llegue el momento, sólo hablaras cuando yo te pregunte algo. Asiente con la cabeza para mí si entendiste.

Dios la ayudara. Ivana asintió.

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Caleb bajó su boca hasta su cuello y empezó a besarla, chuparla y lamerla. Entre besos y lamidas fue haciendo su camino hasta su seno izquierdo. Sus pezones ya estaban erguidos por todo lo que le había estado haciendo, y se levantaban hacia él en busca de atención.

Pasó la lengua sobre la areola, alrededor del pezón, para luego pasar la punta de su lengua sobre él. La respiración de Ivana volvía a ser pesada y sonora. Caleb no espero. Se llevó

el pezón a la boca y empezó a chuparlo y amamantarse igual que un bebe hambriento.

Subió la otra mano desde el colchón hasta el seno derecho y empezó a trabajarlo con sus

dedos, jugando con él de un lado al otro con su pulgar y su índice. Con su boca, estiró el pezón entre sus dientes, al mismo tiempo que halaba su pezón con los dedos, provocando que Ivana se arqueara sobre la cama hacia él. Sintió una extraña comezón donde Caleb había colocado sus dientes, pero inmediatamente fue disipada por el aire caliente que sopló sobre ella. Eso le gusto y la humedad entre sus muslos comenzó a fluir como lava,

y se inclinó hacía él pidiendo silenciosamente por más. Caleb siguió trabajando sus senos,

pasando luego hasta el seno derecho para darle las mismas atenciones.

Cuando los tuvo todos sensibles y enrojecidos por sus cuidados, empezó a bajar lentamente sobre su abdomen plano. Se alternó entre besar y lamer, hasta que llegó a su ombligo e introdujo su lengua. Hasta que estuvo con Caleb, Ivana no sabía que esa era una de sus zonas erógenas y cuando él lo descubrió, viendo lo salvaje que se volvía, trataba de brindarle una atención especial.

Bajó lentamente hasta llegar a su pubis, a su sexo, resplandeciente como siempre, sobre todo por la humedad que ya emanaba de él. Levantó la vista justo para ver el momento en el que Ivana se mordía el labio ante la expectativa de lo que iba a hacer.

Bajó su cabeza, aun manteniendo los ojos en esa mujer, y pasó delicadamente la lengua sobre su clítoris. Ivana arqueó la espalda involuntariamente, pidiendo más de su atención. Fue cuando Caleb se puso serio. Empezó a lamer en círculos sobre y alrededor de su clítoris, bajando sus dedos para acariciar sus labios vaginales.

Siguió acariciándola mientras bajaba su lengua y reemplazaba sus dedos.

—Mmmm, deliciosa —murmuró contra su centro.

Empezó a lamer sus labios, provocándola, excitándola. Ivana empezó a gemir más y más fuerte, y de vez en cuando, inhibiéndose dada su “educación” mordiéndose el labio para evitar gritar.

Caleb, al ver esto, detuvo lo que estaba haciendo y le habló.

—Deja al pobre labio Iv, no te detengas, quiero oírte gritar. Déjate sentirlo.

En ese momento introdujo tres dedos en su humedad, e Ivana gritó. Si que gritó.

Y a él le encantó.

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—Oh Dios —gimió ella.

—Sabía que te encantaría.

Caleb empezó a mover los dedos de adentro hacia fuera, follándola con su mano, provocando que Ivana gimiera más y más fuerte. Al igual que hizo en la sala, trasladó su pulgar hasta su clítoris y empezó a frotarlo.

Sin dejar de acariciarla, se arrastró sobre su cuerpo, y colocó su boca sobre su oído.

—¿Te gusta? ¿Sí? Sabes que te encanta, sabes que nadie más puede hacerte sentir como yo lo hago… Eso es nena, mueve tus caderas contra mi mano. Folla mi mano Iv, muévete así.

Pasó la lengua por la curva de su oreja y bajó a su cuello, mordiendo sobre la vena que sobresalía cerca de su esternón.

Ivana seguía gimiendo fuerte.

No pares… Oh, Cal… —no pudo terminar la frase, simplemente era

demasiado para soportar. Por fin, sabía que Caleb no sería tan desgraciado como para dejarla sin su orgasmo como lo había hecho en la sala.

Al ver la reacción de Ivana, Caleb se alejó un poco, y disminuyó casi por completo el ritmo de su mano, hasta ser un movimiento que estaba, pero no estaba.

—No… jadeó ella, casi sin aire.

—Iv, Iv… ¿Qué debería hacer contigo? Simplemente insistes en correrte, y eso no es lo que yo quiero, aún… tienes que esperar un poco más… pero para que no digas que soy un bastardo, imbécil y todas esas sucias cosas que salen de tu boca angelical, te voy a dar una oportunidad. ¿Por qué no me dices que es lo que quieres? De esa manera, yo lo pensaré.

—Oh Dios, sí

Ivana respiraba con dificultad y su visión estaba nublada por el deseo. Le tomo un momento concentrarse en lo que le estaba diciendo.

—Desgraciado… —fue lo primero que le salió.

—Ah, ¿sí? —dijo Caleb, retirando la mano de su interior, para pasarla sobre su clítoris y observar como Ivana arqueaba la espalda contra él—. Pídemelo Ivana, dime que es lo que

—le preguntó, volviendo a introducir los

quieres, tal vez te lo de. ¿Quieres mis dedos

dedos en su humedad con un poco de fuerza—, o mi polla en tu interior, deslizándose de

adentro hacia fuera?

—Oh, Dios —Ivana se estremeció ante la imagen mental de su polla estirándola, llenándola.

—¿Y bien, Iv? ¿Qué será?

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—Tu polla —susurró Ivana.

—Perdona, no te escuche. ¿Qué dijiste?

—¡Tu polla! ¡Quiero tu polla en mi interior! —gritó Ivana al punto de las lágrimas por la urgente necesidad de correrse.

—Mmmm, no sé. Tendría que pensarlo. Tal vez dentro de un rato, o ahora no lo sé.

* * * *

¡Tu polla! —escuchó Steve gritar cuando llegó a la parte de arriba de las escaleras.

Pero, ¿qué rayos? Parece que había llegado en un mal momento. Aparentemente Caleb se estaba divirtiendo a lo grande sometiendo a alguna amiguita del pueblo… Sabía que debería haber llamado.

Con un poco de curiosidad, caminó en silencio hasta la habitación de su hermano para ver con quien se distraía jugando. La puerta estaba abierta. Perfecto.

Cuando llego al umbral, se quedó en las sombras, pegado al marco de la puerta. Y vaya que su hermano se estaba divirtiendo a lo grande. La chica estaba amarrada con las manos en el cabecero. Y la chica… ¡Es Ivana! Bastardo. Hasta que ella por fin consiguió lo que tanto había deseado. En lugar de sentirse celoso o furioso, sintió una creciente excitación por el cuadro que tenía en frente. Observaría un poco, porque sabía que eso se iba a poner bueno.

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Capítulo Tres

N o has sido una niña buena. Sonriéndole a otros, insultándome y llamándome

imbécil y otras cosas más, no sé si deba dártela. Mmmm. ¿Qué hacer…? ¿Qué

hacer…?

Mientras Caleb hablaba la mirada de Ivana se mantenía fija sobre él. Sus ojos café se habían oscurecido completamente, y tanto la rabia como la lujuria brillaban en ella. Caleb la miraba deseoso, y aún seguía queriendo hacerla sufrir un poco, aunque no sabía por cuánto tiempo más podría aguantar.

—Está bien, lo que tú digas nena —dijo, posicionándose entre los muslos de Ivana.

Ella cerró los ojos ante el pensamiento que por fin él estaría en su interior. El muy arrogante se había atrevido a dejarla bailando tango en la punta de la espada del placer sexual y si no se corría pronto iba a encontrar la manera de soltar las malditas cuerdas y atender el asunto por ella misma.

—Mírame —le dijo Caleb al ver que Ivana había apartado su mirada—. Mírame mientras entro en ti y te hago mi mujer.

Ivana se forzó a si misma a abrir los ojos, ver lo que Caleb estaba a punto de hacer. Levantó la cabeza y en ese preciso momento Caleb acercó la punta de su miembro a su entrada caliente. Poco a poco se iba introduciendo en ella con una lentitud torturante.

Ivana levantó las caderas de manera que Caleb entendiera el deseo de tenerlo por completo en su interior.

—Quieta —le dijo.

Tortuosamente se enterró hasta la raíz, y en ese momento los dos dejaron escapar un gemido de satisfacción. Pero eso era sólo el comienzo.

Con la misma lentitud con la que entró, salió. Y volvió a entrar y volvió a salir. Dentro, fuera, una y otra vez lentamente.

—Oh Dios Caleb… —gimió Ivana.

—Dime Iv…

Se estaba hartando ante el lento ritmo de sus estocadas. Volvió a arquear la espalda para llevarlo más hacia dentro. Maldición, ¡quería más!

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Caleb sabía lo que ella necesitaba, pero era él quien la dominaba.

El muy descarado se echo a reír. —No, Iv.

—Más rápido. ¡Más rápido y más duro! —le respondió ella, sin tener idea si era una exigencia o un ruego.

El respondió disminuyendo la velocidad mucho más y aumentando su suavidad. —Dilo con cortesía y amabilidad, y puede que lo considere.

Su carácter altanero se hizo presente y decidió hacerle frente. —Púdrete. No quiero que hagas esto. ¡Suéltame, déjame levantarme!

Caleb introdujo toda su polla, de un solo empuje. La enterró por completo, y se llevó a la boca uno de los pezones para provocarla. —¿Qué sucede Iv? ¿Me rogarás que siga, o qué me detenga?

Ella quería exigirle que se detuviera pero la forma en que la llenaba y la estiraba era maravillosa. —Bastardo.

Caleb se echo a reír. —Tu lenguaje es cada vez peor, Iv —al terminar, la embistió un par de veces, fuerte y profundamente.

Ivana gimió y se presionó contra él, mientras luchaba por cada golpe de su miembro. La batalla se prolongó por cierto tiempo. Estaba desesperada por liberarse. Cada vez que ella se acercaba, él se retiraba para volver a modificar el ritmo. Era irritante.

—Me estás enloqueciendo. ¡Detente! Hablo en serio.

Caleb volvió a su pezón, y esta vez lo mordió con fuerza. Ivana dejó salir un grito de frustración.

Como si hubiera estado esperando ese sonido, se introdujo en ella en una única y fuerte embestida. La sensación del placer de Caleb mezclado con el suyo la llevó directamente al límite de la excitación. Le aterraba la idea de que se detuviera. —No te detengas.

La voz de Caleb sonaba oscura por la necesidad. —¡Pídeme que te folle más fuerte! —Fue una orden.

—Dios, por favor Caleb, fóllame más fuerte. —La necesidad se aferraba a ella. Había perdido el control.

—Júrame que nunca te irás. —Golpeó implacable su polla contra su sexo.

—Lo juro. —Ella casi gritó las palabras.

—Eres mía Iv, y por lo tanto puedo hacer lo que yo quiera y tener lo que desee. —Sus empujes ganaron velocidad y ella gimió una y otra vez.

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—Sí, cualquier cosa…

—Entonces, córrete para mí. Arqueó la columna para añadir fuerza a las embestidas.

El grito de Ivana resonó fuertemente mientras se quebraba en mil pedazos. La parte inferior de su cuerpo se tensó y latió alrededor de su polla. Con un fuerte gemido, Caleb perdió el control y encontró su propia liberación.

Cayó hacia adelante y se inclinó sobre Ivana, cubriéndola con su cuerpo. Descansó la cabeza en la curva de su hombro, con la respiración agitada revoloteando su cabello.

* * * *

Steve no podía creer lo que estaba viendo… y escuchando. ¿Desde cuándo su hermano era tan posesivo con una mujer? ¿Haciéndola jurar que nunca se iría? ¿Pero qué rayos le pasaba? Definitivamente el heno le había vuelto mierda su cabeza.

Y vaya que se estaba divirtiendo con Ivana. Ella seguía con su carácter fuerte e incluso en la cama lo mantenía. Qué mujer. Nunca tuvo la oportunidad de llegar tan lejos con ella. Suponía que simplemente no era para él.

Cuando Ivana llegó al orgasmo, su grito resonó en sus oídos, muestra de una mujer complacida. Sin duda, su hermano sabía complacer a una mujer.

Antes de dejar el pueblo, Caleb y él se divirtieron mucho con las chicas que lo perseguían dada su creciente fama de vaquero ágil en el rodeo, y obviamente su físico también tenía mucho que ver.

Los dos estaban como para chuparse los dedos, y a las chicas nunca les molestaba ser compartidas entre los dos, puesto que ambos tenían sus tácticas para hacer que una mujer volara hasta las nubes con su orgasmo.

A veces se turnaban, y con las más intrépidas, se atrevían a hacerlas suyas al mismo tiempo. Aquellos viejos tiempos.

Ahora, aparentemente Caleb había encontrado a su chica, y él seguía solo, aburriéndose como un hongo.

Cuando por fin recobró algo de aliento, con un suspiro se alejó de la habitación. Miró hacia abajo a sus pantalones y se dio cuenta del efecto que había tenido semejante escena.

Ahora tendría que ir a su habitación a hacerse cargo, solo, del mástil del barco que tenía entre las piernas.

* * * *

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Tanto Caleb como Ivana se quedaron en silencio durante varios minutos mientras recobraban su aliento. Sus respiraciones aún estaban agitadas, y los parpados de Iv pesaban demasiado como para abrir los ojos.

Poco a poco Caleb fue consciente de la presión que ejercía sobre el cuerpo de ella y se hizo a un lado, estirándose para soltarle las muñecas que aún seguían amarradas.

Cuando las tuvo entre sus manos, las froto con sus pulgares y colocó un beso en cada una.

—Están rojitas. ¿Duelen? —le preguntó con voz suave.

Ivana negó con la cabeza. —Sólo un poco. Ya pasará. —Respondió ella casi en un susurro.

Caleb se inclinó hacia adelante y posó un delicado beso sobre sus labios, suave y tierno. Ivana le acarició la mejilla, y jugó un poco con su cabello sudado.

—Eres perfecta, ¿Lo sabías? —Ivana le respondió con una sonrisa ladeada y con los ojos entrecerrados.

—No puedo mantener los ojos abiertos —murmuró ella.

—No lo intentes. Descansa. Yo también dormiré un poco y luego saldré al pueblo —le respondió Caleb tumbándose sobre su espalda y acunándola contra su pecho. Le dio un beso en la parte superior de la cabeza y con un suspiro, Ivana se entrego a los brazos de Morfeo.

* * * *

Cuando Ivana despertó, no vio a Caleb por ningún lado, pero en su lugar, encontró una nota sobre su almohada.

Salí al pueblo.

Hay comida en la nevera.

Regresaré pronto y estaré contigo.

C.

Estaré contigo —resonó en su cabeza. Sólo habían pasado uno cuantos minutos y ya lo extrañaba. ¿Qué le pasaba con ese hombre?

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Se quitó las sabanas, se desperezó un poco y se sintió adolorida en los lugares adecuados. Una deliciosa sensación entre los músculos le trajo a la mente los recuerdos de todo lo que habían hecho hacía un par de horas. Las imágenes regresaron a su mente nítidamente, y sólo eso bastó para iniciar las palpitaciones entre sus piernas.

Con un suspiro, salió de la cama y se metió al baño. Esa fue una de las mejores duchas de toda su vida. Sin duda, la sesión de sexo con Caleb y buen baño eran suficiente para hacerla sentir como nueva.

Se colocó una bata larga de seda y bajó a la cocina. Si, estaba como nueva, pero empezaba a tener hambre.

Llegó a la cocina, se preparo unos huevos revueltos, y decidió guardar la comida para más tarde junto a Caleb. Iba a prepararse un jugo de naranja, pero al hacerlo, se dio cuenta que el exprimidor no estaba. Lo busco por todas partes pero no lo encontró.

Se preguntó dónde estaría. En un pensamiento ilógico, pensó que quizás estaría en el establo.

—Estoy loca, ¿qué rayos haría un exprimidor en un establo? —se preguntó a sí misma en voz alta.

Pero ya había rebuscado en los alrededores, y no tenía nada que perder, y, como la casa estaba sola, no correría el riesgo de que alguien la viera casi desnuda.

Salió de la casa, e hizo su camino al establo.

La puerta estaba entreabierta, lo que le pareció perfecto dado que no había llevado la llave.

Al colocar una mano para empujarla, su intento de entrar no llego muy lejos. ¿Qué rayos era eso? Entreabrió un poco más la puerta para escuchar mejor. Pudo escuchar con claridad la

repetición del sonido. Un gemido

—Oh, sí nena. Así. Oh mierda. Eso es.

El hombre gimió en voz alta. —Eso es. Ábrela más. Así. Tómala toda.

Estirando la cabeza por la rendija de la puerta, pudo enfocar a la pareja que estaba dentro. Había una mujer arrodillada. Una morena desnuda frente a un hombre… ¡Steve! ¿Qué carajos hacia Steve Danvers ahí? ¿Cuándo había llegado? Y, ¿por qué en el cielo estaba teniendo sexo en el establo?

de un hombre. ¿Quién estaba teniendo sexo en el establo?

Sus preguntas se perdieron con el suave viento que sopló al mismo tiempo que la chica inclinó la cabeza y sus labios llenos trabajaron desde la raíz hasta la punta palpitante de su polla. Los sonidos del chupeteo se acoplaron con sus felices gemidos vibrantes,

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rebotando por todo el lugar, como un eco erótico.

Steve suspiró e insertó una mano entre el cabello de la chica, ayudando a marcar el ritmo que le encantaba. Tirando, halando.

Era una escena bastante caliente la de ahí dentro.

Y por mucho que quisiera apartarse, simplemente no podía.

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Capítulo Cuatro

A medida que la temperatura de su cuerpo aumentaba, Ivana mantenía su mirada fija en la candente pareja que tenía en frente.

Durante su relación con Steve, nunca alcanzaron a tener ese nivel de intimidad. No es que ahora se arrepintiera de eso, pero igual tenía una pizca de curiosidad en observar todos los “dones” que tenía. Y cuando hablaba de dones, se refería a eso que tenía entre las piernas.

Decidió dejar de pensar en el pasado y concentrarse en la pareja que tenía en frente.

—Oh, Alisse —gimió Steve muy cerca del orgasmo. De repente tuvo la extraña sensación de estar siendo observado. No podía ser. Ya se estaba haciendo tarde y todos los trabajadores se habían ido. Vio cuando salió su hermano, y hasta donde sabía, Ivana seguía durmiendo en su habitación. Estudió todo el lugar, hasta que llego a la puerta entreabierta del establo. Había una silueta… su visión era borrosa y su mente estaba bloqueada por el deseo y las ganas de llegar al orgasmo. Sólo pudo descifrar que era demasiado delgada para ser un hombre. Tal vez Ivana…

Alisse se volvió a introducir toda la caliente longitud de Steve en la boca, y la dejo allí durante unos segundos, para luego sacarla lentamente, pasando delicadamente los dientes sobre las venas que se trazaban.

—Oh mierda, aquí viene. Oh si… Más rápido —jadeó—. Chupa más duro. Sí, así. Algunas caricias más y sabes que voy a disparar mi carga.

—Mmmm.

Alisse cambió de táctica, moviendo su boca y manos a la vez, más y más rápido. La saliva corrió bajo la longitud de su polla y sus manos aferraban sus testículos. Eso fue todo lo que se necesitó.

Steve arrojó hacia atrás su cabeza, mientras ella tragaba ruidosamente. Dejó su mano sobre el cabello de la chica, manteniendo esa boca deliciosa en el lugar hasta que la última gota explotara de la punta de su polla.

Antes que Alisse tuviera tiempo de pensar, Steve la levanto de sus rodillas salvajemente, y la inclino sobre una de las mesas del establo.

Le levanto la falda que llevaba y le quitó la tanga de encaje que llevaba, la cual, estaba húmeda ante el deseo y lujuria al hacerle una felación al sexy motociclista.

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Steve acarició el suave centro de Alisse, y se inclinó, colocando los labios en su oído. Ella volvió su rostro hacia él.

—Oh sí, por favor, fóllame ya, desde atrás.

—Nena, estás mojada, lista para mí. De verdad que te encanta chupar pollas —le contestó él mientras introducía los dedos en su canal.

Alisse gimió y levantó el trasero en pompa para abrirse más para él. Trasladó su mano hacia adelante y empezó a frotar furiosamente su clítoris, mientras que con sus dientes le mordía el labio inferior, con los ojos apretados cerrándose ante el éxtasis.

Steve extendió cada mejilla de su trasero e impactó con fuerza contra su vagina en un rápido empuje.

—Dios, mujer. Estás tan húmeda

Alisse gimió en voz alta.

—Deja de hablar y fóllame más duro. Estoy cerca de correrme.

—¿Me estás ordenando? Mandona. No estoy seguro si me gusta eso.

—Castígame entonces. Haz lo que sea, pero hazme correr.

Steve sonrió en voz baja. —Tal vez esto ayude. —Levantó su mano, y descargó cuatro golpes en cada nalga bronceada.

Alisse comenzó a llegar al clímax. En voz alta. Gritando y gimiendo y moviéndose agitadamente como si fuera a tener una convulsión.

Ante los espasmos que tenía su vagina alrededor de su polla, Steve no pudo contener otra liberación.

Los dos quedaron jadeantes, sudorosos, con Steve encima de ella recuperando el aliento.

Al terminar la escena, la respiración de Ivana estaba agitada, su pecho subía y bajaba con dificultad y su humedad empezaba a deslizarse por sus muslos. No sabía que Steve pudiera ser tan caliente… y tan dominante.

Pero, ¿qué me sucede? No iba a tener una fantasía con Steve cuando tenía a su hermano prácticamente a sus pies.

Al estar tan concentrada viendo la escena frente a ella, no escuchó cuando alguien se le acercaba por detrás.

El misterioso hombre la estrechó por la cintura, atrayéndola hacia él, mientras que con la otra mano cubría su boca para que no gritara. Ivana ahogó un gritó en la palma de su mano.

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y tan estrecha.

—¿Te gusta lo que ves? —le preguntó al oído. Era la voz de Caleb—. Vaya Iv. Cada día me sorprendes más. No sabía que te gustaba hacer de Voyeur. Vamos a tener que hablar sobre esa inclinación tuya. —Dicho esto chupo fuerte del lóbulo de su oreja. Esta vez no gritó, sino que gimió.

—Al parecer mi hermanito se está dando su propia bienvenida. No sabía que vendría. Será mejor que entremos a la casa antes que se dé cuenta que lo espiabas.

La soltó, le agarró la mano y la dirigió hasta la casa.

* * *

Una vez que estuvieron dentro de la casa, Caleb cerró la puerta y colocó a Ivana contra la pared, ubicando sus brazos a cada lado de su cabeza, encerrándola. La estudio minuciosamente, cada centímetro de su rostro, deteniéndose en sus provocativos labios.

Entonces le dio un beso húmedo, fuerte y lleno de deseo que la dejo mareada y desequilibrada.

Cuando se alejó de ella, tenía los ojos desorbitados y le costaba enfocarse. Se paso una mano temblorosa por la cabeza, tratando de ordenar su cabello.

—Tranquilízate, mujer. Estás un poco alterada —le dijo Caleb con un tono sensual y malvado en su voz.

Se encaminó hacia el comedor y ella lo siguió. Antes de dirigirse al establo, Caleb había colocado la mesa, y un delicioso olor a comida… y pastel de chocolate los esperaba.

Él se sentó en un extremo e Ivana se sentó a su izquierda, un poco aturdida aún por la situación.

Caleb colocó los codos sobre la mesa, y la estudió por un momento con una mirada oscura y llena de fuego.

Ivana sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, al tiempo que percibía el ardor en sus mejillas.

—Te ves tan adorable cuando te sonrojas de esa manera —le dijo él con una voz oscura.

Moviéndose, tomó un tenedor y partió un pedazo de pastel. Lo levantó y lo mantuvo frente a su boca. —Abre para mí.

Los labios de Ivana se separaron ligeramente y Caleb deslizó el tenedor dentro. La observó atentamente.

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—Dios Iv, me vuelves loco con esa sensual boca tuya. Me encanta cuando tu garganta traga cada pedazo de pastel. Tienes un cuello muy sexy.

Caleb volvió a llenar el tenedor y lo pasó provocativamente sobre sus labios.

—Usa tu lengua. Lámelo.

Su lengua salió disparada como un dardo. Abrió la boca, y mordió todo el pedazo de pastel en su interior. —No puedo esperar para volver a colocar mis dientes donde te late el pulso. Me gustaría lamerlo de abajo hacia arriba. Y volver a empezar.

Ivana gimió mientras tragaba.

En un movimiento brusco, Caleb se levantó de su silla y se arrodilló frente a ella. Antes que pudiera pensar, le separó las piernas. Metió la mano y la encontró empapada. No le dio tiempo de nada. Su húmeda lengua lamió la hendidura de arriba hacia abajo. Haciendo cosquillas y degustándose con el manjar que tenía en frente.

Lamió sin descanso, profundamente dentro de su vagina, regresando hacia arriba para pasar la punta de su lengua a través de su clítoris hasta que la tuvo toda estremeciéndose. Cuando finalmente chupó ese botoncito de carne, ella se corrió con una gran oleada contra su boca, gimiendo su nombre.

Caleb la seguía torturando con besos esporádicos sobre los muslos, hasta que por fin se levantó.

Le tomó un momento recuperar su compostura y volver a la normalidad. Al tiempo que Caleb se reacomodaba en su asiento por completo, Steve cruzo la puerta de entrada. Al ver la luz del comedor encendida, se dirigió directamente hacia donde estaba la pareja.

—¿Dónde es la fiesta? —preguntó en tono jocoso.

—¡Pero miren a quien tenemos acá! Si es nada más y nada menos que el rebelde de los Danvers. ¿Qué paso Steve? ¿Se le acabó la gasolina a tu moto, y decidiste que los caballos son mejor? —le preguntó Caleb, sonriendo mientras se ponía en pie.

—Nah. Sólo me tomo un descanso y reviso que todo esté bien por aquí. Dime, ¿no se te ha metido demasiado heno en el cerebro?

Los dos se dieron un sonoro abrazo y se echaron a reír.

Cuando soltó a Caleb, Steve miró a Ivana. Se acercó a ella con movimientos ágiles y elegantes. —Ivana, no te imaginas el placer que es para mí volver a verte… y saludarte.

Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. —Hueles muy bien —dijo en tono pícaro, y con una sonrisa diabólica.

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Evidentemente, el olor de su sexo todavía permanecía en el aire.

Los tres se sentaron en le mesa y hablaron y rieron con todas las experiencias que Steve les contaba.

Al cabo de un rato, Ivana se retiró a la habitación de Caleb a relajarse un poco y a pensar, mientras que ellos hablaban de sus cosas de chicos.

—No puedo creer que ahora estés con ella. Tendrás que explicarme como lograste domar a mujer.

—Es difícil, pero sabe que la puedo dominar. Me necesita

—No te estarás enamorando, ¿O sí?

Caleb se quedo pensando un momento, pero en lugar de responderle, le devolvió una pregunta, de la cual, si obtenía una respuesta afirmativa, sabría si podía o no, tener a Ivana para siempre.

así como yo a ella.

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Capítulo Cinco

S teve subió a la habitación de Ivana para charlar un poco con ella, aunque bueno… no es que tuviera ganas de hablar exactamente.

Cuando llegó al umbral, la encontró inclinada sobre el escritorio de Caleb intentando alcanzar algo que estaba del otro lado.

Al ver su postura, y las hermosas piernas que hacían su acto de aparición debajo de la fina bata de seda, su polla dio un salto a la vida. Sí, puede que ahora fuera la “mujer de su hermano” pero, oigan, él era un humano, y tenía derecho a sentir.

—No deberías colocarte en esa posición a menos que estés segura que sea Caleb el que vaya a entrar en la habitación —le dijo en un tono oscuro.

Ivana dio un salto asustada al escuchar su voz, puesto que no se lo esperaba.

—Steve, no sabes el susto que me has dado —dijo ella colocando una mano sobre su pecho.

—No puedo creer lo hermosa que estás Iv. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Año y medio? ¿Dos años? Dios, parece una eternidad desde la última vez que te vi. Y déjame decirte que el tiempo te ha rendido culto… si… estás resplandeciente.

Mientras hablaba, Steve se acercaba lentamente, afirmando cada oración con cada paso. Se detuvo cuando por fin llego a ella, quedando a tan solo unos centímetros de su rostro.

—Mi hermano siempre fue del tipo de hombre que se sale con la suya. Siempre obtiene a la mujer que quiere. Y por supuesto, tú no fuiste la excepción. Dime Iv, ¿el sexo con él es como siempre te lo imaginaste? ¿Caliente, rudo, salvaje? Te hace gritar, ¿no es así? Aunque no sé para que me molesto en preguntar. Pude verlo claramente esta tarde. Era una escena malditamente caliente la que tenían ustedes dos en esta habitación.

—¿Esta tarde? —preguntó Ivana casi en un susurro.

—Oh, sí. Esta tarde. Llego, y lo primero que me encuentro es a mi hermano teniendo un buen polvo contigo. Déjame decirte que te veías hermosa estando atada de esa manera. Toda caliente, ardiente y desesperada por su polla. —Se inclinó hacia adelante, colocando la boca junto a su oído—. Y esos gritos que hacías, Dios, me pusieron a mil. Cuando te corriste, estaba más duro que una piedra. Al principio pensé en hacerme cargo yo solo, pero entonces apareció Alisse y bueno… el resto ya lo sabes.

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Su voz era como un susurro sensual que le enviaba escalofríos a través de su cuerpo. Steve se alejó un poco para ver la reacción de ella. Ivana abrió los ojos como platos al ver que sabía que lo había observado mientras tenía sexo en el granero.

—Oh sí, Caleb me contó. No conocía ese lado tuyo Iv, salvaje y atrevido. Dime algo, ¿Te tocaste mientras yo la follaba? —Ivana dejó escapar un gemido ahogado—. ¿Te excita mirar a otras personas mientras tienen sexo? ¿Te excita que te miren mientras tú tienes sexo?

Ivana lo miraba fijamente con la respiración agitada. No deberían, pero sus palabras le causaban una extraña sensación que hacía que sus pezones se endurecieran y su sangre

le hirviera.

—¿Por qué haces esto? —le preguntó con voz entrecortada—. Malditos hermanos Danvers.

Steve miraba fijamente sus labios mientras hablaba. —Nena, eres tan caliente, y tienes más fuego del que crees, y no me gustaría morirme un día, sabiendo que nunca tuve la oportunidad de estar contigo —su voz sonaba ronca por el deseo.

Poco a poco, Steve se inclinó hacia adelante, despacio, dándole tiempo para apartarlo. Pero no lo hizo.

Cuando sus bocas se encontraron, fue una suave presión. Ivana parecía insegura de su propia reacción, y Steve desesperadamente se contenía, intentando no asustarla con la profundidad de su pasión.

Él intentó mantener el beso apacible y poco exigente, pero era una batalla perdida. El toque de los sensuales labios de Ivana después de meses de deseo y sueños lo empujó con

fuerza. Una de sus manos libres se deslizó a su cintura, y su puño se cerró sobre la tela de

la

bata para impedir agarrarla y quitársela de un tirón. Su boca se pegó más dura contra

la

suya, haciendo retroceder su cabeza. Ivana jadeó, y Steve se retiró con la respiración

ahora agitada.

Ivana abrió sus ojos y miró al hombre que tenía en frente. Sus ojos estaban entrecerrados

y ardían con un hambre que nunca se imaginó que pudiera sentir hacia ella, pero la

realidad era mucho más fuerte. La pasión había enrojecido sus mejillas, y su piel estaba tensa a través de su cara. Él la volvió a besar, mientras ella notaba su cuerpo, abriendo sus piernas, su mano apretando la fina tela.

Esto estaba mal, muy mal. No podía acostarse con el hermano de Caleb. ¿Dónde la deja eso? ¿Cómo una traidora? ¿Cómo una vulgar cualquiera?

No tuvo tiempo de seguir pensando cuando la mano de Steve se dirigió al suave lugar entre sus muslos. Delicadamente, empezó a pasar la mano de arriba hacia abajo. Rozaba su clítoris, para luego ir bajando lentamente hacia los sensibles labios, y luego volver a subir y bajar.

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Poco a poco, Steve se dio cuenta de la humedad que empezaba a cubrir su mano. Si, Ivana era fuego puro. Aún sin romper el beso, la giró de manera que el quedara de espaldas al escritorio y ella quedara de espaldas contra la puerta.

Después de un momento, unas manos la tomaron por la cintura fuertemente, provocando que rompiera el beso de Steve y arqueara la espalda, haciéndola gemir un poco fuerte. Ella volvió el rostro y se dio cuenta de la presencia de Caleb.

Un poco de su excitación disminuyó, pero él inmediatamente empezó a darle besos suaves en el cuello y a dedicarle cierta atención al lóbulo de su oreja. Ivana cerró los ojos nuevamente en éxtasis, suspirando.

—¿Qué…? —fue todo lo que pudo articular.

—Tranquilízate Iv, sólo déjate llevar.

Eso fue lo único coherente que escucho antes de perderse en la pasión de esos dos hombres.

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Capítulo Seis

C aleb empezó a lamer y chupar el cuello de Ivana, mientras Steve bajaba por su

garganta hasta llegar a la parte superior de sus senos. Con magistral destreza

soltó el débil nudo de la bata abriéndola y dejándola desnuda frente a él.

—Hermosa… —susurró antes de descender a uno de sus pezones.

Por su parte, Caleb deslizó una mano hacia adelante para acariciar el otro pezón.

—Dime qué quieres esto —le susurró Caleb.

Ivana entreabrió los ojos por un momento, sacudida por la necesidad de responder. Entonces cabeceó ligeramente, y con un tono de voz que le pareció extraño, dijo simplemente—, Sí.

Caleb lanzó un suspiro contra su cuello y lamió un camino desde la base de su cuello hasta la parte de atrás de su oreja. Ivana se estremeció y volvió la cabeza hacia él buscando su boca. Caleb se apoyó hacia adelante y la besó. Su beso fue más controlado que el de Steve, pero no menos devastador. Su lengua lamió un contorno alrededor de sus labios antes de cavar dentro. Pasó por sus mejillas, y a lo largo de sus dientes, antes de arremolinar su lengua sobre la suya y chuparla en su boca.

El gusto de la boca de Caleb combinada con la sensación de los labios de Steve sobre su pezón, hizo que Ivana gimiera.

Caleb rompió el beso, jadeante. —Cama, ahora.

Steve fue primero, quitándose la ropa y quedando completamente desnudo. A Ivana le parecía que al tenerlo más cerca, la cosa se veía más grande. La erección que tenía parecía ser mayor que cuando estaba en el granero.

Steve captó el destello de lujuria en su mirada y bajó su mano lentamente hasta su polla y la acarició de arriba hacia abajo lentamente, gimiendo por lo bajo.

Ivana gimió y se mordió el labio.

Caleb se le acercó por detrás, colocándole las manos en el vientre, apretándola contra su dureza. En su trasero, Ivana pudo sentir su pene duro y erecto, e instintivamente movió sus caderas contra él, para sentirlo aún más.

—A la cama Iv. Es el turno de él —le dijo Caleb al oído.

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Steve se acomodó en la cama, e inmediatamente Ivana fue hacia él. Se sentía sexy, atrevida, deseada e intrépida al ver las majestuosas erecciones de estos dos hombres, y todo por ella.

Se subió a la cama y se posicionó entre las piernas de Steve, estudiándolo desde la cabeza hasta la cintura. Y pensar que durante un tiempo se perdió de todo eso.

—Tienes unos abdominales tan sexys… —dijo, mientras se inclinaba y raspaba con sus uñas el abdomen del motociclista. Lentamente siguió deslizando la mano hacia abajo y llegó a la palpitante erección. La polla se agitó ante su contacto, Steve gimió y a ella le encantó.

Sin darle tiempo de pensar en nada más, Ivana se echó hacia atrás y su caliente y húmeda boca se cerró sobre su polla.

—Cristo, Iv, me va a dar un ataque al corazón, ¿por qué no…?

—¿Quieres que… —lo succionó profundamente, y no lo liberó hasta que él gritó—, pare?

—No. ¡Dios no! Mujer, no te detengas. —Su polla se sacudió y un claro fluido se filtró. Ella la lamió como a un caramelo. Ella se abrió más y aspiró esa deliciosa dureza masculina hasta la mitad de camino. La liberó, y la succionó completamente hacia dentro. Un ahogado gemido resonó en la habitación e Ivana se perdió en su sabor limpio y salado, el empuje de la piel contra su lengua, y la sensación resbaladiza de la saliva sobre su sexy longitud.

—Iv. No tienes ni una maldita idea de lo fantástico que se siente.

Ella lo miró. El cuello de Steve estaba arqueado, la cabeza echada hacia atrás con abandono.

Esos ojos café estaban cerrados con fuerza y tenía la boca abierta. Los músculos de su estómago se estremecían, mientras su pecho subía y bajaba rápidamente.

Ivana estaba líquida, especialmente entre sus mulos.

Steve bombeó un poco más rápido. Ella incrementó la succión. Él gimió, se retiró por completo y envolvió su mano alrededor de su pene.

—Ah. Mierda. Sí. Aquí está.

Ella observó cuando los chorros blancos se arquearon en el aire y se estrellaron en su pecho, cayendo sobre sus senos. Miró a Steve, quien estaba mirando todo con los párpados pesados sobre sus ojos; su mano lentamente drenaba su exhausta polla, su corrida salpicando sobre sus pechos y goteando por sus pezones.

Ivana se lamió sus labios irritados.

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Steve se levantó de la cama, y Caleb, quien hasta ahora se había dedicado a observar todo, se acercó a la cama y giró a Ivana de manera que quedara con la espalda sobre el colchón.

Antes la había despojado por completo de la bata, le abrió las piernas y se posicionó entre sus muslos abiertos. Estaba completamente desnudo e Ivana tuvo un destello de su pene completamente erecto antes de cerrar los ojos y abandonarse al placer.

—Estás siempre tan mojada para mí. Esa es una de las cosas que me gustan de ti, Iv. Soy

como un adicto al amor por todo lo que me das, todo lo que eres para mí. En la cama fuera de ella.

Caleb meneó dos dedos en su coño y los giró junto a su crema resbaladiza. Los retiró y los zambulló más profundamente, machacando el talón huesudo de su mano en su clítoris mientras los hundía de nuevo y luego se inclinó hacia adelante para chupar su clítoris.

Ivana se arqueó en la cama ante la atención de Caleb, y colocó una mano en su cabeza para retenerlo allí, como si su vida dependiera de lo que él le daba.

Lo tuvo así durante un momento y de repente Ivana pudo sentir como su orgasmo se empezaba a construir en su interior y apretó los dedos con sus músculos internos.

Caleb depositó besos suaves sobre sus muslos. —Vamos nena, estás cerca.

—Entonces usa tu boca. Chúpame.

Caleb le hizo caso y siguió lamiendo su sexo con fervor, y cuando chupó con fuerza su clítoris, Ivana se corrió con un grito que resonó en toda la habitación, para luego gemir su nombre.

Caleb la levantó de manera que él quedo debajo y ella sentada a horcajadas sobre sus propios muslos.

Ivana aún se recuperaba del orgasmo que había tenido, cuando sintió a Steve tomarla por las caderas y atraerla hacia él.

Sin vacilar, Steve se enterró en su interior. Un solo embate duro y profundo.

Ivana grito. —Oh, Dios.

Steve se deslizó hacia afuera lentamente y una vez más se estampo en su interior con fuerza, con rudeza. Ivana empezó a gemir fuerte, y más cuando Caleb se inclinó hacia adelante y empezó a chupar sus senos perfectos, llevándose a la boca sus pezones erecto y súper sensibles, sobre todo después del orgasmo que acababa de tener.

y

Steve siguió empujando en su interior, con ritmo fuerte, a veces disminuyendo para volver a entrar con fuerza. Ivana se arqueó contra él, levantando más su trasero, al tiempo que empujaba su seno contra la boca de Caleb.

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Estiró las manos hacia atrás para agarrarle el trasero a Steve y con un grito ahogado se corrió, fuertemente. Al tiempo que ella se corría, él pudo sentir las contracciones de sus músculos internos apretando su polla. Unos cuantos empujes más y echó la cabeza hacia atrás, y con un grito se corrió en su interior. Ivana descansaba laxa sobre su pecho con la respiración pesada y sus terminaciones nerviosas a punto de explotar con tanto placer.

Caleb estaba a punto de explotar. Si no entraba en su interior, como, ahora mismo, se iba a volver loco. —Iv, ven acá, ahora.

Steve seguía depositando besos suaves en el cuello de Ivana y ella apenas registró lo que Caleb había dicho.

—Ivana, ahora. —Su tono fue duro, y su voz sonaba oscura.

Steve la soltó y ella se inclinó hacia adelante, descansando sobre su pecho.

Caleb la tuvo abrazada durante unos minutos, y luego le dio la vuelta, de manera que su espalda volvía a descansar sobre el colchón.

Él la aplastó con su pecho y le inmovilizó las muñecas con una de sus manos grandes y las puso sobre su cabeza. Su mano libre se deslizó entre ellos. Hundió dos dedos dentro de ella en su humedad, se cubrió la polla con sus jugos y guió su polla a su entrada y entró.

Ivana gimió. Sí. Esto es lo que quería, lo que entendía acerca de este hombre. La necesidad primordial.

Cuerpo a cuerpo, frente a frente, la penetró. Largos y duros golpes profundos. No rápido, no lento. Sólo firme, continuos y certeros.

—Mírame mientras te hago el amor, Iv.

Ivana abrió los ojos y se concentró en la mirada oscura del hombre que tenía sobre su pecho, en su interior, en su mente… y en su corazón.

—Nunca, nadie más, volverá a poner sus manos sobre ti. Ni Steve, ni Chase, ni nadie. De ahora en adelante estarás conmigo, sólo tú y yo. Eres mía Iv, mía y de nadie más. Dime que lo entiendes.

El cuerpo de ella era suave contra el suyo, pero mantuvo la boca cerrada.

—Tal vez deberías repetirlo. Y decirme que lo entiendes. Y lo recuerdas. Dilo. Di que eres mía.

Ivana parpadeó mientras él empujaba. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera.

36

—Dilo. Tú eres mía. Dilo.

—No.

—Dios, Iv, no voy a parar de follarte hasta que lo digas. Nos quedaremos en esta cama, abrazados, hasta que admitas lo que de verdad sientes.

¿Estaba dispuesta a rendirse ante él?

—Soy tuya.

Un fuego prendió en sus ojos. Él apretó la mandíbula y se metió más duro en ella.

—Una vez más.

—Soy tuya.

—Dilo otra vez.

—Tuya.

—¡Maldita sea, me perteneces!

Ella arqueó las caderas, sin palabras rogando por más.

Caleb la folló con una ferocidad que la dejó sin aliento. Sin tregua. Como ninguna otra vez lo había hecho con ella, antes de este momento nada importaba.

El orgasmo la cogió con la guardia baja y arrasó con todo lo que quedaba de su control.

Ella sintió ráfagas calientes de esperma dentro de su vagina y luego se filtró el líquido caliente por donde estaban unidos todavía. Se desplomó encima de ella y empezó a darle besos suaves en su pecho. Le susurraba cosas tiernas al oído.

Steve, quien aún se encontraba en la habitación, salió para darles su intimidad. Maldición, que sólo estoy.

Después de un momento de silencio, Caleb habló.

—¿En qué piensas? —le preguntó ella, casi en un susurro.

—Cásate conmigo, Ivana.

—Ya era hora que recobraras el sentido vaquero —le respondió ella sonriendo.

—¿Entonces eso es un sí?

—En el idioma que quieras. Si, Yes, Oui.

37

Caleb se hizo a un lado y estiró la mano hasta la mesita de noche, en la cual estaba la cajita roja que había estado sosteniendo esa mañana. Se levantó sobre su codo, le tomó la mano y le colocó el anillo en el dedo medio.

Las lágrimas se deslizaron por los ojos de Ivana y Caleb las limpió con su dedo pulgar.

Se recostó en la cama y la atrajo contra su pecho. Rendidos por la noche agitada, pronto se quedaron dormidos con la satisfacción de saber que estaban juntos, y que se pertenecían el uno al otro.

La unión más perfecta que jamás hubiera experimentado.

38

Fin