Está en la página 1de 4

Primera parte

Las obligaciones civiles

Título 1

Las obligaciones civiles sin relación jurídica preexistente

Introducción

1. El Código Civil de la República de Guatemala admite expresamente como origen o fuentes de las
obligaciones civiles: los hechos lícitos sin convenio (gestión de negocios, enriquecimiento sin causa
y declaración unilateral de voluntad), los hechos y actos ilícitos (tanto penales como civiles) y los
negocios jurídicos.

En cada uno de dichos casos se produce una relación acreeduria-deuda. El deudor debe cumplir
una obligación civil, es decir, tiene una responsabilidad civil.

2. Ahora bien, luego de analizar las normas correspondientes, concluí en que las fuentes de las
obligaciones civiles que efectivamente están reconocidas, aunque no siempre expresamente, en el
Código Civil, las cuales expongo en el orden que considero lógico, son las siguientes:

A. Acciones u omisiones ilícitas penales: delito, falta.

B. Acciones u omisiones ilícitas civiles: responsabilidad por actos propios, por actos de terceros,
por daños causados por animales, por daños provenientes de cosas.

C. Negocios jurídicos unilaterales;

1. Promesa de recompensa.
2. Títulos al portador.
3. Revalidación unilateral del contrato anulable.
4. Aceptación de la herencia.
5. Gestión de negocios.

D. Negocios jurídicos bilaterales:

1. Pago indebido.
2. Contratos.

En los capítulos pertinentes explicaré por qué razones no considero que los hechos jurídicos
produzcan obligaciones; diré las razones que tengo para considerar que sólo en dos casos
generales y uno específico es la ley fuente directa de obligaciones; explicaré por qué razones el
enriquecimiento sin causa no constituye (como sí lo considera el Código Civil) un hecho lícito sin
convenio, sino una fuente sui generis de responsabilidad civil; y por qué no concibo (como sí lo
hace el Código Civil) la oferta al público como declaración unilateral de voluntad, sino como la
etapa inicial de la celebración de un contrato. Diré, también, por qué considero el pago indebido
como una institución contractual peculiar; y finalmente explicaré por qué la llamada declaración
unilateral de voluntad constituye realmente una especie del negocio jurídico unilateral (en el que
incluyo, además de lo tradicionalmente aceptado como tal, la revalidación unilateral del contrato
anulable, la aceptación de la herencia y una serie de instituciones que enumero y explico en los
capítulos correspondientes).

Los hechos jurídicos. No comparto la tesis de que los hechos jurídicos constituyan fuente de
obligaciones civiles. Es cierto que de algunos sucesos imprevisibles o inevitables, acaecidos sin
ninguna intervención humana, surgen importantes consecuencias de derecho. Por ejemplo:
muerte natural (cuya consecuencia civil más relevante es el derecho a la sucesión hereditaria);
terremotos, inundaciones, sequías, ciclones y cualquier otro fenómeno natural (cuya consecuencia
puede ser la liberación del deudor por caso fortuito o su derecho de pedir la revisión del contrato
con base en la figura de la imprevisión). Es decir, del hecho jurídico pueden nacer derechos o
beneficios a favor de alguna persona, pero en ningún caso obligaciones a cargo de alguien.

La ley

5.Menciono a la ley como fuente de las obligaciones civiles, pero como una fuente generalmente
mediata, indirecta o complementaria, y sólo excepcionalmente como fuente inmediata o directa,
sin que ello signifique, desde luego, pretender desconocer ni mucho menos desacreditar la ilustre
corriente doctrinaria, legislativa y jurisprudencial que sí la considera como principalísimo origen de
vínculos obligacionales. Considero que las obligaciones propias del derecho público (donde debe
quedar comprendido el derecho de las personas, el derecho de familia, el derecho registral y el
derecho sucesorio), sí son creación directa de la ley.

Ahora bien, mi apreciación de la ley como fuente mediata, indirecta o complementaria en el


ámbito puramente patrimonial, entre vivos, se fundamenta en la convicción de que, en esta esfera
del quehacer humano, la ley no crea las obligaciones civiles, sino únicamente las reconoce cuando
ya existen por reiterada práctica de hecho, y las regula para evitar la anarquía, el abuso o el
fraude. Si la ley inventara obligaciones sin existencia fáctica, éstas carecerían absolutamente de
contenido y serían, por consiguiente, completamente inútiles.

De ahí mi convencimiento de que la principal y más fecunda fuente de las obligaciones civiles es la
vida misma, con su infinita variedad de sucesos y relaciones que vinculan a las personas,
voluntariamente unas veces y de manera involuntaria, otras.

Por supuesto que, para investir de facultades idóneas a unas personas y constreñir
adecuadamente a otras, se necesita del imperio preciso y claro de la ley. Pero la obligación no
nace cuando la ley la incorpora a sus normas. Por el contrario, existe desde el momento en que,
por convicción o conveniencia, las personas la practican de hecho. Lo que corresponde en tales
circunstancias al orden jurídico, es modelarla, pulirla, depurarla de sus aristas injustas, y proclamar
su coercibilidad.

Los únicos casos, importantísimos, por cierto, en los que sí hay creatividad por parte de la ley en el
ámbito civil patrimonial, es cuando el legislador se ve precisado a señalar límites a determinadas
conductas de los sujetos de las obligaciones y restaurar el equilibrio patrimonial alterado, como
ocurre, para citar algunos de los casos más relevantes, en el enriquecimiento sin causa o en el
pago indebido; cuando impone sanciones civiles por conductas ilícitas (tal el caso, por ejemplo, del
resarcimiento de daños y perjuicios); y en algunas situaciones de índole procesal como cuando se
obliga a las partes a señalar lugar para recibir notificaciones dentro de un determinado perímetro
territorial, o a unificar personería cuando son varias las que demandan o son demandadas. Planiol,
citado por Parodi, dice: "La ley no crea caprichosamente las obligaciones legales. La ley crea
obligaciones cuando las circunstancias indican que existe una lesión injusta que reparar o evitar"

Es pertinente mencionar, finalmente, la corriente doctrinaria que sostiene que si bien la ley no
crea obligaciones, sí reconoce como válidas determinadas fuentes generadoras de las mismas y
que éstas carecerían de eficacia sin tal reconocimiento. Además, que la ley puede, en cualquier
momento, prohibir determinada fuente de obligaciones, en cuyo caso quedarían vedadas las
obligaciones provenientes de dicha fuente.

Acepto la primera parte de la tesis en lo que concierne a que la ley reconoce a las fuentes de las
obligaciones que han nacido del talento, el ingenio, la necesidad o la conveniencia de las personas.
Tal reconocimiento es indispensable para evitar la arbitrariedad y el abuso, así como para, con la
debida publicidad y adecuados controles, proteger los intereses públicos o los de los necesitados
de alguna protección especial. Si determinada fuente es injusta, nociva o peligrosa hará bien la ley
en prohibirla; pero si no fuera así sino que la prohibición obedeciera a un mero capricho del
legislador (por ejemplo, que prohibiera celebrar contratos), dudo mucho de la eficacia de la
prohibición: formalmente la fuente estaría prohibida, pero materialmente no, pues Io más
probable es que las personas, por la fuerza de su necesidad y por su certera percepción de la
necedad del acto de gobierno, seguirían celebrando las obligaciones prohibidas. Si la ley no es
congruente con la realidad de la vida, se impondrá siempre ésta en detrimento de aquélla. Desde
luego, no es aconsejable en ninguna circunstancia la separación o la inarmonía entre la voluntad y
la ley. Cuando hablo de la voluntad como fuente creadora de obligaciones estoy pensando en
actitudes que, si bien no se apoyan en una norma permisiva específica, tampoco violan ninguna
norma vigente ni distorsionan los principios generales del derecho.

En síntesis creo que las obligaciones civiles nacen de tres grandes fuentes: las conductas ilícitas, las
conductas lícitas y la ley.

11. Existe, como lo adelanté al hablar de las fuentes de las obligaciones civiles, un caso excepcional
que a mi juicio constituye obligación legal. Se trata de lo establecido en el artículo 286 del Código
Civil concerniente a que "De las deudas que la mujer se vea obligada a contraer para alimentos de
ella y de los hijos, por no proporcionar el padre lo indispensable para cubrirlos, será éste
responsable de su pago en la cuantía necesaria para ese objeto".

Ahora bien, no obstante lo imperativo de la norma antes transcrita, no resulta fácil su


cumplimiento. Lo que a mi juicio ocurriría en dicho supuesto sería lo siguiente:

1. La mujer tendría que contraer las obligaciones en su propio nombre, puesto que, por un
lado, el marido no la ha autorizado para celebrarlas y, por otro, ella no lo representa en
ningún sentido.
2. El acreedor no podría demandar al marido, pues carece de legitimación procesal en su
contra.
3. De ahí que no queda sino que: a. La mujer demande al marido para que el juez, una vez
comprobada la causa de la obligación, lo declare deudor del tercero, quien desde luego
tendría que ser citado en tal calidad (tercero) al proceso. Bastaría para ello probar el
derecho de alimentos y la celebración de las obligaciones que la mujer se vio precisada a
contraer. No sería, pues, necesario probar que la obligación del marido consta en
sentencia, convenio u otro título. b. Que la mujer pague la deuda y repita luego contra el
marido.

Como puede fácilmente comprobarse, la buena intención latente en la sui generis obligación legal
antes referida es evidente; pero su ejecución es realmente complicada y difícil,

También podría gustarte