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LA PERLA

mueve pmmeros viernes


de mes, paira alcanzar

no
morir impenitente
LA PERLA
----- ---- DE LA S ------ ---

PROMESAS
--------- EJ ERCI CI O ---------
------------ DK I.OS --------------

NUEVF- PRIM EROS V IER N ES DE M ES

------ PARA ALCANZAR DHL ------

— S ag rad o C orazó n im : J esús —

LA GRACIA DE no MORIR IM PEN ITEN TE


---- -------р о к --------------

- D. D EL P ? VDA* DK S+ -

DÉCIMA EDICIÓN

- BARCELO NA, 1920 ---------

L rB K E K ÍA cLa H o r m ic a 1Ж О ко»

--------- P í a : · <4e Sam a A n a , a6 ------ —


X j .A. Έ» E R X j -A.
------ ХЭЕ L A S ------

PROMESAS
IN D IC E

Pága,
Bendición A postólica.......................... 5
C arta de su Eminencia el Cardenal
R am p o lla ..........................♦ . . 6
Censura de la 1.a edición . , . . 9
Prefacio del Excmo. e limo, señor
Obispo de V ic h ............................... 11
A dvertencia. . * * .....................15
Prólogo. Al Sagrado Corazón de
Jesús................................... . . . 19
Prim er viernes . ............................... 25
Segundo viernes . * .....................36
T ercer v ie rn e s .................................... 50
C uarto viernes . - ............................... 63
Quinto v ie rn e s.................................... 76
Sexto v i e r n e s .................................... 39
Séptimo viernes...................................102
Octavo viernes.................................... 117
Noveno viernes. .................... 131
El Te Deam en castellano . . . * 14*3
Consagración al Sagrado Corazón,
por León XIH....................................150
Primer templo expiatorio dedicado en
España al Sagrado Corazón de Jesús
en Puig-Agut (Manlleu) Cataluña.
c = s í x ^ r 5’<Fa?=g í J ^ =51

BENDICION APOSTOLICA

Su Santidad el Papa León XIII,


después de haber concedido su
beneplácito para escribir sobre
la materia que encierra L a P e r ­
l a d e l a s P r o m e s a s , se ha dig­
nado mandar la Bendición Apos­
tólica para su autora y para to­
dos los devotos del Sagrado
Corazón de Jesús que practi­
quen los santos ejercicios de di­
cho devocionario.
Roma, 25 Abril de 1899.
M a r ia n o , Cardenal Ramona,
Su Eminencia el Sr. Carde­
nal Secretario de Estado, des­
pués de haber leído el manuscri­
to ya censurado y con Prefacio
del Excmo. e Iltmo. Sr. doctor
D. José Morgades y Gili, Obis­
po que fué de Vich y Barcelona,
en el cual concede 40 días de
indulgencia por cada una de las
páginas que de dicho devocio­
nario se lean, se ha dignado de­
volverle, acompañado de la her­
mosa carta que va a continua­
ción, como llave de oro para
abrir en su predilecta España el
reinado del Sagrado Corazón
por medio de L a P e r l a d e l a s
P ro m esa s.
«Sr. Don Ramón Madirolas y Codina.

»Muy señor mío y de todo mi aprecio:


No ignoraba ya el decidido empeño que
tiene usted en fomentar la devoción al
Sagrado Corazón de Jesús, y mucho me
alegraba de saber que el Santuario de
Puig-Agut ha venido a ser centro de ro­
gativas por una parte, y por otra, trono
de gracias y favores celestiales. Pero
ahora he sabido con particular satisfac­
ción que desde ese Santuario se hará co­
nocer L a P e r l a d e l a s P r o m e s a s , escrita
por la señora doña María de los Dolores
del Pozo y de Mata, viuda de Saavedra.
»En efecto, este Devocionario no pue­
de menos de agradar a cuantos se intere­
san en la propagación de la devoción al
Corazón Deífico de Jesús, la noticia de
que pronto se va a publicar una obrita en­
caminada a ensalzar la forma especial de
tan piadosa devoción que el mismo Señor
quiso enriquecer de gracias y privilegios
especiales. Es, pues, de esperar que la
piadosa costumbre de dedicar al Sagrado
Corazón de Jesús los primeros viernes de
8 LA PER LA DE LA3 PR O M ESA S

mes cunda más y más entre las familias


cristianas, debiendo éstas alegrarse, con
la seguridad de participar de las magnífi­
cas promesas que le están anejas.
»He dicho al Padre Santo que a eso
tienden los desvelos de la señora de Saa­
vedra, y claro está que debía alegrarse
mucho con ello un Pontífice tan enamora­
do y tan confiado en la eficacia de la de­
voción que brotó en la humilde celda de
Paray-le-Monial.
»Con este motivo me repito de usted
con particular aprecio, afectísimo caoe-
llán,
s. s. q. b. s. ni.
M . C arden al R a m po lla .

Roma, 25 Abril de 1899>


CENStm i DE L i PRIMERA EDICION
M. I. Sr.:
Cumpliendo el encargo de S. S., lio leí­
do con detención el libro La Perla de las
Promesas, compuesto por la ilustre escri­
tora doña Dolores del Pozo y de Mata,
viuda de Saavedra, al único objeto de con­
tribuir al mayor conocimiento y honor del
Corazón Sagrado de Jesús.
En él, lejos de encontrar cosa alguna
que en lo más mínimo se oponga a la en­
señanza de nuestra Santa Madre la Igle­
sia, hállanse en cada una de las páginas
conocimientos muy piadosos hermosamen­
te entrelazados con delicados sentimien­
tos los que juntos con la parafrasis de las
divinas promesas a la Beata Margarita
de Alacoque hacen de él un verdadero li­
bro del Corazón amante de Jesús.
Por este motivo y por llenar un vacío
entre los libros de piedad, siendo el único
exclusivamente consagrado a la devoción
de los nueve primeros viernes de mes, se
hace acreedor, en mi concepto, salvo me-
liori, al correspondiente permiso, para
que cuanto antes pueda cooperar a la glo­
ria del amantísimo Corazón.
Barcelona, de Marzo de 1899

Juan Ballester Pbro. ,


Catedrático del J»ftmifi«rio
y Canónigo Penitenciario
N IH IL O B S T A T

El Censor,
P e d ro B krgada , Pbro.

Barcelona, 3 de Mayo de 1915.

Imprimase
Et Vicario General,
Jos& P a lm a ro la ,

Por mandado de Su Sria,,


Lic. S a lva d o » C a rr era s, P bro .
Serio. Canc,
Obispado de Vich

PREFACIO

En este mismo día de! mes de Marzo de


1895, al anunciar una peregrinación al
Santuario del Sagrado Corazón de Jesús
erigido en Puig-Agut, parroquia de Man-
llcu* decíamos:

«Está escrito: Este Jesús es aquella


piedra que vosotros desechasteis al edifi­
car , la cual ha venido a ser la principal
piedra del ángulo. Fuera de él no hay
que buscar la salvación en ningún otro.
Pues no se ha dado a los hombres otro
nombre debajo del cielo, por el cual de­
bamos salvarnos (1), Por lo cual, os di-

(1) Act. IV, I I , 12. -T o m o L.~ 6.


12 , LA PER LA DE LAS PROM ESAS

go> que os será quitado a vosotros el rei­


no de Dios y dado a gentes que rindan
frutos de buenas obras. Ello es que quien
cayere sobre esta piedra, se hará peda­
zos: y ei/a fiará añicos a aquel sobre
quien cayere (1).
Cómo se haya verificado la profecía con­
tenida en estas ultimas palabras dirigidas
al pueblo judío, no hay que demostrarlo:
de cómo la sociedad actual busque su sal­
vación en Jesúst piedra principal del án
guio de la Iglesia y de la sociedad, lo he­
mos demostrado recientemente en nues­
tra última Carta Pastoral de Cuaresma.
Lo que ha de sucederle, si no se enmien­
da radicalmente, está consignado en los
dos textos que acabamos de copiar de los
Libros Santos, y la inquietud y malestar
de los hombres y de los pueblos lo augu­
ran suficientemente, Vayamos, pues, a
Jesús, y de Jesús a su Corazón sacratísi­
mo abierto para todos los hombres, más
que por la lanzada de Longinos por su vo­
luntad divina, y declarado más abierta­
mente desde las revelaciones a la Bien­
aventurada Margarita María de Alacoque

(n M a tt.,X X l, 43, 44,-Tomo L - <3.


LA PERLA DE LAS PRO M ESA S 15

y al P. Hoyos: «Vayamos al Sagrado Co­


razón de Jesús con espíritu de expiación,
de penitencia y de sacrificio.»
España, de la cual está profetizado por
el P Hoyos que lia de ser la Nación que
más se distinga en el culto y propagación
de la devoción al Sagrado Corazón de
Jesús, ha experimentado los rigores de la
justicia de Dios contenidos en los prein­
sertos párrafos, sin duda por ía poca co­
rrespondencia a los grandes favores de
El recibidos y al poco celo y fervor con
que ha correspondido a sil vocación divi­
na, No cabe duda que la devoción al Sa­
grado Corazón de Jesús se ha extendido
mucho, pero es de temer que ni se haya
extendido cuanto era debido, ni en las al­
mas que la han adoptado haya producido
aquellos efectos íntimos de participación,
unión y asimilación que ha de producir en
los verdaderos apóstoles e imitadores de
Jesucristo conformes imagini Dei.
El libro que anunciamos con el nombre
L a P b k l a d i : l a s P r o m e s a s del Sagrado
Corazón de Jesús creemos está destinado
a causar tan saludables efectos si se prac­
tica con fervor la devoción que propone
y con ánimo decidido de poner en ejecu­
14 LA PER LA DE LAS PR O M ESA S

ción sus admirables máximas y enseñan­


zas, y por esto lo recomendamos eficaz­
mente a los fieles. Puig-Agut, 'que fué el
primer templo expiatorio dedicado en E s ­
paña al Sagrado Corazón de Jesús, tan
favorecido y bendecido por la Santidad
de nuestro amado Pontífice León XIII, ne­
cesitaba ser el primero en ofrecer una
nueva devoción adecuada: la tiene ya. Se­
pamos, con la gracia de Dios, aprove­
charnos de ella.
Y como preludio de esta gracia celes­
tial, por lo que a Nos toca, concedemos
cuarenta días de indulgencia por cada una
de las hermosas páginas que se lean dei
presente Devocionario de D.u María de
los Dolores del Pozo y de Mata, viuda de
Saavedra.
Vich, 19 de Mfcrzo de 1899.

J o sé, Obispo de Vich,


A DV E R T E N C IA

El que publica un libro debe tener el


gran cuidado de que su lectura esté al al·
canee de todos, y muy particularmente si
el libro está dedicado a asuntos religio­
sos, en cuyo caso es delicadísimo el que
no sea bien interpretado.
Por esta razón voy a hacer una adver­
tencia que sé que es completamente inútil
para las personas que son verdaderamen­
te piadosas; pero que será de muchísima
importancia para tantas y tantas que sólo
tienen de piedad la superficie, porque en
el fondo son completamente ignorantes
en cuanto atañe a la práctica de la virtud.
Hay muchas personas que creen que en
poniéndose el escapulario azul» el del
Carmen, o en recibiendo nueve primeros
viernes de mes los Santos Sacramentos,
ya no tienen nada más que hacer para ir­
se al cielo, por más que dejen de oir misa
algún día de precepto, de ayunar cuando
lo manda la Iglesia, etc., etc., porque di­
cen que Dios y la Virgen no pueden faltar
16 LA P ER L A DE LA S PROM ESAS

a su palabra» y creen que no cometiendo


ningún crimen ya tienen asegurada su sal­
vación.
El que así piensa y así cree convierte
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo
y de su Santísima Madre en un salvocon­
ducto para poder pecar y salvarse» lo
cual ya se comprende que es un gravísi­
mo error.
Jamás nos faltará el cumplimiento de
las promesas de Jesús y de su Madre
Santísima, pero es preciso que con nues­
tras obras no nos hagamos indignos de
que se cumplan en nosotros.
El que viste el santo escapulario debe
honrarle con sus obras, llevando una Vida
lo más perfecta posible, y entonces es in­
dudable que la Virgen Santísima le conce­
derá todas las gracias extraordinarias que
están vinculadas al santo escapulario, en
la vida y en la muerte.
El que recibe nueve primeros viernes
consecutivos los Santos Sacramentos, llo­
rando sus pecados, y después de termina­
do este santo ejercicio lleva una vida cris­
tiana, puede estar seguro de que el Sa­
grado Corazón de Jesús no le abandona­
rá en la hora de su muerte y no permitirá
que muera impenitente; mas aquella per­
sona que no quiera enmendar su vida ni
servir de veras a Dios, cumpliendo en to­
do su santa ley, que no espere su salva­
ción ni por vestir el santo escapulario ni
por recibir los Santos Sacramentos; al
contrario, tendrá que añadir a sus mu­
LA PER LA DE LA S PA 0M E3A S 17
chos pecados el de la profanación y sacri­
legio.
Se dan muchos casos en que se ha im­
puesto el santo escapulario a personas
que vivían en pecado mortal, y se han
convertido, porque es muy grande la gra­
cia que tiene para la conversión; pero no
se da ninguno, según la palabra del mis­
mo Dios, de que nadie que no muera arre­
pentido pueda salvarse, puesto que nada
manchado puede entrar en el cielo.
Que no permitan el Sagrado Corazón
de Jesús y la Santísima Virgen que deje
de salvarse ninguno de los que practiquen
el santo ejercicio de estos nueve viernes.
Asi sea.
¡ESTE ES MI CORAZÓN,
QUE TANTO HA AMADO A LOS HOM BRES!
PROLOGO
AL SAGRADO CORAZÓN DB JESÚS

Divino Redentor mío, poseído de


grandísima humildad, os dijo un
día el Apóstol San Pedro:
«Apartad de mí, Señor, porque soy un
gran pecador», y estas mismas palabras
han brotado de mi corazón y de mis la­
bios, poseída no de humildad, sino de
grandísima justicia, al oir que me pedían
escribiese un libro que tratase del tesoro
de amor que para justos y pecadores en­
cierra vuestro Divino Corazón.
Apartad de mí, Señor, que soy una gran
pecadora, y que hablen de vuestro Sagra­
do Corazón esas almas puras y fervoro­
sas, con quienes tenéis vuestras delicias
20 LA, PER LA DE LAS PROM ESAS

y que tanto os conocen, porque tan ínti­


mamente os están unidas.
Mas lian insistido tanto, que creo, Se­
ñor, que es vuestra santísima voluntad
que lo escriba y yo la adoro confiando
que os dignaréis iluminarme para cumplir­
la, y pensando que quizás Vos permitís
que asi suceda, porque verdaderamente
nadie mejor que aquellos a quienes mucho
nos habéis perdonado podemos hablar,
con más conocimiento de causa, de la in­
mensa bondad de vuestro Corazón para
con los infelices pecadores, al considerar
la multitud de nuestras infidelidades para
con Vos, y la grandeza de vuestra miseri­
cordia para con nosotros.
El amor perfecto excluye todo temor,
y cuando un Rey poderoso se enamora de
una miserable esclava, ésta cree que es
un sueño tanta dicha; pero si el Rey le da
tantas y tales pruebas de amor que ya no
pueda dudar, puesto que hasta llega a
perder su vida p.ra libertarla de la muer­
te, entonces se olvida de quién es el Rey
y quién es ella, y no piensa más que en
amar y ser binada.
Así sucede, Señor, a la pobrecita alma
que, reconocién lose indianísima de pre­
LA PER LA D E LAS PROM ESAS 21

sentarse ante vuestra soberana presencia


por verse cubierta con la repugnante le­
pra del pecado» os dice: «Apartad de mí,
Señor, que soy una gran pecadora»; pero
tanto insistís Vos en acariciarla haciendo
resonar de continuo en sus oídos vuestras
dulcísimas promesas, que henchida de es­
peranza se arroja en las llamas de amor
de vuestro Corazón divino, en ellas se
purifica, se abrasa y deja de ver a su Juez
para adorar a su Padre, al amantísimo
Esposo de su alma, y repite sin cesar con
la esposa de los Cantares: «Mi amado pa­
ra mí,y yo sólo y sieiíipre para mi amado.»
Que hablen, Señor, otros libros de vues­
tra justicia y que arranquen a los que los
lean lágrimas de arrepentimiento por te­
mor de vuestros tremendos castigos; mas
yo os suplico que os dignéis bendecir éste
que os ofrezco para que haga brotar del
corazón y de los ojos de sus lectores mi­
llones de lágrimas de amor al considerar
vuestro santísimo costado atravesado por
una lanza, cuya herida, siempre abierta,
n o s invita a entrar en ella para morar en
V u e s tro p e c h o , que es la casa paterna dis­
puesta siempre a recibir a cuantos hijos
pródigos quieran volver a e lla .
22 LA- PERLA DE LAS PROM ESAS

Si esta tiernísima consideración no bas­


ta aún para conmover sus corazones, que
vuelvan sus ojos al Sagrario en donde
nos espera vuestro Corazón divino palpi­
tando de amor y diciéndonos a todos: «Ya
que no queréis venir a mi Corazón ¡dejad
siquiera que Yo Vaya al vuestro! >
¡Olí Señor! que todos exclamemos con
vuestro amantísimo siervo: «¡No me tie­
nes que dar, Señor* porque te quiera, que
aunque no hubiese cielo yo te amara, y
aunque no hubiese infierno te temiera!»
¡Oh Virgen Santísima! ¡Oh Madre del
Sagrado Corazón! rogad por nosotros y
bendecid este libro para gloria de Dios y
bien de las almas.
¡Oh bienaventurada Beata Margarita
María! dignaos pedir a ese divino Cora­
zón , que nada os niega, que se cumplan
en nosotros sus promesas.
Así sea.
PRIMER VIERNES
Acto de contrición

tra sentencia de muerte para


darme a mí la vida! ¡y con cuán­
ta ingratitud os he correspon­
dido!
Vos habéis muerto por mí, y
yo no he querido vivir para Vos.
He vivido para el mundo, pa­
ra los placeres, para mis pasio­
nes, para todo y para todos ex­
cepto para Vos que sois mi Pa­
dre, mi Señor y mi Dios.
24 LA PER LA DE LAS PROM ESAS

Con toda la efusión de mi al­


ma os doy gracias, Señor y Pa­
dre mío, porque me habéis espe­
rado sin permitir que la muerte
me sorprendiese en tan misera­
ble estado, y con todo el dolor
de mi corazón os digo: pequé,
Señor, pequé, ¡tened misericor­
dia de mí!
Creo, Señor, en vuestro po­
der para hacer de un pecador
un elegido, y en vuestra bondad
para querer hacerlo: conceded­
me, os suplico, algo de aquel
intenso dolor que por mis peca­
dos sufristeis en el huerto de
los olivos, hasta llegar a sudar
sangre en terrible agonía.
Santa María Magdalena, por
la dicha que tuviste de llorar
tus pecados a los pies del Se­
ñor, alcánzame tu dolor y tus
lágrimas, para que El se digne
LA PEULA DE LAS PROM ESAS 25

darme un día de gloria de que


tú gozas hoy.— Amén.
Por tu pasión y muerte, ¡oh
Dios clemente!
¡No permitas que muera im­
penitente!

MEDITACION

«En la soledad hablaré al al­


ma». Estas palabias del Señor
nos enseñan que es indispensa­
ble que durante el tiempo que
dedicamos a la meditación nos
olvidemos por completo de cuan­
to en el mundo existe, pensando
tan sólo en que estamos en pre­
sencia de S. D. M., y así, ado­
rándole con gran reverencia,
debemos decirle con profundísi­
ma humildad: «Hablad, Señor,
que vuestro siervo escucha»; y
cuanto más se empape nuestro
26 LA PERLA 06 LA S PROM ESAS

entendimiento en sus divinas en­


señanzas, mucho más amorosos
y sobre todo mucho más dura­
deros serán nuestros afectos, y
más firmes nuestros propósitos:
hagámoslo así, y el Señor nos
concederá luz para comprender
su divina doctrina, y gracia pa­
ra practicarla.

Nuestro Señor Jesucristo nos


dijo en una de sus parábolas que
un mercader en piedras precio­
sas descubrió una hermosa per­
la, y en aquel mismo instante
salió a vender cuanto tenía para
poder con su producto comprar­
la, convencido de que si llegaba
a poseerla, había obtenido para
siempre su verdadera felicidad.
Todos en el mundo somos co­
LA PER LA DE LA S PROM ESAS 27

merciantes de piedras preciosas,


pasamos la vida entera traba­
jando para poseerlas, y cuando
descubrimos alguna que nos pa­
rece de gran valor y cuya pose­
sión creemos que hará nuestra
dicha, todo lo sacrificamos, de
todo nos olvidamos para llegar
a alcanzarla, y sin embargo...
¡qué desencanto! cuando más
ricos de felicidad nos creíamos,
es cuando nos encontramos más
miserables, porque aquellas co­
diciadas joyas ¡eran falsas! y
vemos, aunque tarde, que cuan­
to ofrece el mundo para satisfa­
cer el corazón es mentira, es
vanidad de vanidades, y todo
vanidad...
II
Aquellas promesas, aquellas
centellas de amor que brotaron
28 LA PER LA DE I.AS PRO M ESAS

del Corazón y de los labios de


nuestro divino Salvador diri­
giéndose a la Bienaventurada
Margarita María de Alacoque
y en ella a todos nosotros,
¡esas, esas sí que son preciosas
perlas!...
Despreciemos las falsas que
el mundo nos ofrece y trabaje­
mos para alcanzar éstas, porque
si tenemos la dicha de poder
conseguirlo, ¡oh entonces! en­
tonces seremos felices en esta
vida, nos encontraremos con un
tesoro que nos consolará en la
hora de la muerte, y serán las
piedras preciosas que adornarán
nuestra corona en el cielo...
Gran valor tienen todas sus
promesas; pero entre ellas des­
cuella úna ¡qué hermosísima!
¡qué magnífica es! su valor es
infinito, puesto que vale ¡lo que
LA PER LA DE LA S PRO M ESAS 29

vale Dios! que es una eternidad


de gloria...
Un viernes después de reci­
bir la Beata Margarita la sagra­
da Comunión, oyó de los divi­
nos labios del Señor estas pala­
bras: Yo te prometo en la exce­
siva misericordia demi Corazón
que su amor todopoderoso con­
cederá a todos tos que comul­
guen nueve primeros viernes de
mes seguidos la gracia final de
la penitencia; no morirán en
pecado y ai sin recibir ios Sa­
cramentos, y mi Corazón les
será asilo seguro en este último
momento.
¿Habéis oído? con esta pro­
mesa nos ha dado el Sagrado
Corazón de Jesús la llave del
Reino de los cielos...
El Sagrario es la concha que
encierra nuestro tesoro, y este
50 LA PER LA D E LAS PROM ESAS

tesoro es la preciosísima perla


de Cristo Jesús, que nos ha re­
dimido con su sangre...; la con­
cha está cerrada; pero El mismo
nos ha dicho: «Llamad, y se os
abrirá...»

Propósitos y afectos

Propongo, Señor, ayudado


de vuestra divina gracia, traba­
jar sin descanso para alcanzar
la Perla de vuestras promesas;
concedédmela, os suplico, con
la siguiente

ORACION

Sagrado Corazón de Jesús


que tan vehemente deseo tenéis
de la salvación de los hombres
y no cesa vuestra misericordia
de trabajar facilitándoles el me­
LA PER LA DE LA S PROM ESAS 5!

dio para conseguirla: yo, mise­


rable pecador, agradecido a tan­
ta bondad, deseo trabajar con
Vos para salvarme, y a este fin
me propongo, ayudado de vues­
tra divina gracia, hacer en nue­
ve primeros viernes de mes se­
guidos nueve confesiones tan
dolorosas cual si cada una de
ellas fuese la última de mi vida,
y nueve Comuniones tan amo­
rosas, que para suplir mi insufi­
ciencia, desde ahora invito y su­
plico a los nueve coros de án­
geles que rodean vuestro trono
en los cielos, para que me acom­
pañen cada vez que me acerque
al sagrario y os adoren conmi­
go, en unión de vuestra Santí­
sima Madre y de todos los San­
tos déla celestial Jerusalén.
Aceptad,Señor, estos deseos,
y puesto que Vos me los habéis
32 LA PER LA DE LA9 PROM FSAS

inspirado concededme la gracia


que necesito para cumplirlos.
Amén.

ADORACIÓN
a las Santísimas Llagas

Adoro, Señor, la llaga de


vuestra santísima mano derecha
y por ella os suplico una viví­
sima fe en vuestra divina pala­
bra.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico una
gran esperanza de que veré en
mí cumplidas vuestras promesas.
Podre nuestro, etc.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo pie derecho,
LA PER LA DE LA S PRO M ESA S 55

y por ella os suplico la virtud


ae la caridad para con mis her­
manos en sus necesidades espi­
rituales y temporales.
Padre miestro, etc.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo pie izquierdo
y por ella os suplico que sienta
mi corazón un gran dolor de
haberos ofendido.
Padre nuestro, etc.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo costado, y os
suplico que con la sangre y agua
que por ella derramasteis, la­
véis mi alma, y que muera an­
tes de volver a mancharla con
un pecado mortal.
Padre nuestro, etc.

Virgen Santísima, Vos sois


el primer Guardia de Honor que
34 LA PERLA OB LA S PROM ESAS

al pie de la cruz y en el monte


Calvario hicisteis al Padre Eter­
no la preciosísima ofrenda de la
sangre y agua que manaron del
Sagrado Corazón de Jesús pa­
ra purificar el alma de todos los
pecadores y salvarlos. Vos sois
la Madre del Sagrado Corazón,
el blanquísimo lirio de la Santí­
sima Trinidad, la rosa brillante
del Paraíso, la Madre de Dios
y nuestra Madre (1).
Rogad por nosotros pecado­
res ahora, para que nos convir­
tamos, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa Madre de Dios
y Virgen pía,

(1) Apareciéndose la Santísima Virgen a San-


ta Gertrudis, \* reveló que a iodo aquel que la
invocas» C' Ti el título d- Blanquísimo Lirio de la
Santísima Trinidad y Rosa brillante del Paraíso
le concedería su maternal protección.
LA PER LA DE LA S PROM ESAS 35

¡Recoged cuando muera


el alma mía!
Glorioso San José,
esposo de María,
¡Concédeme tu apoyo
en mi agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Jesús Sacramentado.
Amén.

Un Credo al Sagrado Corazón por las


necesidades de la Iglesia, conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
SEGUNDO VIERNES

Acto de contrición

eñor míoJesucristo; ¡cuán­

^ to me amáis! Vos sabíais


la ingratitud con que yo había
de corresponderos, y sin em­
bargo, con la esperanza de que
llegase un día en que mi cora­
zón de hielo se conmoviese ba­
jo los rayos de fuego que desde
la cruz y desde el sagrario de­
rramáis continuamente sobre él,
habéis permitido que vuestro
inocentísimo y santísimo cuerpo
fuese azotado, vuestra cabeza
coronada de espinas y vuestras
LA PERLA DE LAS PROM ESAS 57

manos y pies atravesados con


cruelísimos clavos.
El miserable gusano que se
atreve a ofender a Su Divina
Majestad una y mil veces ¿qué
puede ofrecerle después en des­
agravio? Nada, Señor, no tiene
más remedio que perderse, y se
perdería eternamente si Vos no
le ofrecieseis vuestra preciosa
sangre, de la cual cada gota es
un rubí que tiene valor para pa­
gar a vuestro Eterno Padre
cuanto por nuestros pecados le
debemos.
Ya está cumplida, Señor,
vuestra esperanza; el hielo de
mi ingrato corazón no puede
resistir por más tiempo al fue­
go de vuestro amor, y fundido
en lágrimas de' penitencia os
grita ¡misericordia! diciéndoos
con grandísima amargura: ¡Se-
38 LA PER LA DE LAS PRO M ESAS

flor, pequé; tened compasión de


mí!
Por tu Pasión y Muerte, ¡oh
Dios clemente,
No permitas que muera impe­
nitente!

MEDITACION

«El que se humilla será ensal­


zado, y el que se ensalza será
humillado»: meditemos bien es­
tas palabras, porque nos impor­
ta mucho.
El decir de. los hombres es
muchas veces exagerado, el de
Dios es siempre exacto; luego
con estas concretas palabras aa
el mismo Dios tanta fuerza a la
virtud de la humildad, que pare­
LA PE S L A DE LA S PR O M ESA S 39

ce que ella sola nos basta para


que alcancemos todas las gra­
cias por indignísimos que sea­
mos de ellas...
Santa Teresa de Jesús, que
tanto conocía el Corazón de su
Divino Esposo, decía siempre
que la virtud de la humildad le
atraía de tal manera, que por
mucho que hubiese pecado un
alma, al verla contrita y humi­
llada, la colmaba de las gracias
necesarias para alcanzar su sal­
vación.
Nos vemos cubiertos de pe­
cados, indignísimos de aparecer
en la presencia de Dios, y mu­
cho menos de pedirle sus gra­
cias, y sin embargo, si no va­
mos a Dios ¡a dónde iremos!
como dice el Apóstol San Pe­
dro.
Humillémonos, y esperemos
40 LA PER LA DE LAS PRO M ESAS

con gran confianza, acordándo­


nos que ni uno solo de los gran­
des pecadores que con profunda
humildad le pidieron perdón,
cuando andaba en su vida mor­
tal entre ellos, para salvarlos,
dejó de alcanzar no sólo el per­
dón de sus pecados, sino rega­
ladísimas gracias para no vol­
ver a pecar y asegurar así su
salvación...
Cuanto más alto es un edifi­
cio, más profundos deben ser
sus cimientos, y cuanto más alta
y más grande sea la gracia que
deseemos alcanzar del Sagrado
Corazón de Jesús, con mayor
confusión y dolor hemos de con­
fesar que somos indignísimos de
ella, y que sólo podemos espe­
rarla por creer en su infinita mi­
sericordia que jamás desecha un
corazón contrito y humillado...
LA PER LA DE LA S PR O M ESA S 41

II

Dirigiéndose a sus devotos


dice el Señor: Yo bendeciré sus
empresas. ¡Cuánto anima esta
promesa a los verdaderos hu­
mildes! Ellos creen y confiesan
siempre que nada es el que siem­
bra ni el que riega, porque a pe­
sar de trabajar su campo no re­
cogerán en él copiosos frutos,
si el Señor no se digna bende­
cirlo... El soberbio que cree
bastarse a sí mismo y pone su
esperanza para el buen éxito de
sus negocios en sus propias
fuerzas, ni gozará de esta pro­
mesa ni alcanzará la victoria en
sus trabajos, porque cuando más
seguro crea el éxito de sus em­
presas, verá caer sus esperan­
zas, como cayó la estatua de
42 LA PERLA DE LA S PRO M ESAS

aquel soberbio Rey que preten­


día sostener sobre pies de barro
un cuerpo de bronce...
La empresa de las empresas,
la única que debe ocupar todo
el tiempo que dure nuestra vida,
es la de salvar nuestra alma,
porque ¿de qué le sirve al hom­
bre ganar el mundo entero, si
al fin pierde su alma? ¡de qué
sirven cuatro días de gozar si
han de costar después una eter­
nidad de penar!...
Para esta empresa es para la
que más necesitamos la bendi­
ción de Dios; porque según San
Agustín y otros Santos, no hay
batalla más difícil y por lo tanto
no hay victoria más grande que
la que alcanza el hombre ven­
ciéndose a sí mismo, para sal­
var su alma... ¿Cómo la alcan­
zaron este Santo y otros que
LA PER LA DE LAS PftOiMESAS 45

como él habían pasado años en­


teros entregados a toda clase
de goces en el mundo, y sin
embargo practicaron después
toda clase de virtudes y sufrie­
ron toda clase de martirios para
salvar su alma? La alcanzaron
llorando humildemente sus pe­
cados, confesándose incapaces
de concebir un solo pensamiento
bueno, diciendo a todas horas
con San Pablo: «Estas obras no
las hago yo, sino Cristo en mí».
Con la misma humildad debe­
mos pedir al Señor que se dig­
ne bendecir las empresas de
nuestra vida, para que no sea
jamás el buen éxito de ellas un
obstáculo para la salvación de
nuestras almas.
Así lo hicieron el Serafín de
Asís y Santa Teresa de Jesús:
nada eran, nada tenían, pero
44 LA PER LA DE LA S PROM ESAS

pedían para sus empresas la


bendición de Dios, y llevaron a
cabo tantas y tan grandes, que
aun asombran hoy al mundo.
Escrito está: el que se humilla
será ensalzado, y el que se en­
salza será humillado.

Afectos y propósitos

Para todas mis empresas os


pido, Señor, vuestra bendición,
pero sobre todo os la pido para
salvar mi alma: concedédmela,
os suplico, con la siguiente

ORACION

Divino Redentor mío, humi­


llado a vuestros pies bajo el pe­
so de mis grandes culpas, reco­
nozco y confieso mi gran inuti­
lidad para llegar a alcanzar con
LA PERLA DE LAS PROMESAS 45

mis propias fuerzas un buen é x i­


to en la más pequeña empresa
para mi bien espiritual o tempo­
ral.
V os habéis dicho que nada
puede el que siembra y el que
riega, si no consigue que caiga
sobre la tierra que trabaja la
bendición del C ielo, que es la
que le ha de hacer producir ópi-
mos frutos.
Aquí os presento, Señor, la
tierra de mi corazón; he planta­
do en ella mis ardientes deseos
de adquirir toda clase de virtu­
des; la estoy regando con el
ejercicio de estos nueve viernes
con lágrimas de dolor y de amor
pero no recogeré el fruto tan
apetecido de una buena muerte
seguida de una feliz eternidad,
si V os no os dignáis derramar
sobre ella el rocío de vuestra
4o LA PERLA ÜE LAS PROMESAS

divina gracia, que es la que tie­


ne poder para hacer que fructi­
fique mi trabajo.
D ignaos, Señ o r, derramarla
sobre ella, por vuestra gran mi­
sericordia. Amén.

ADORA CION
a las Santísimas Llagas

Adoro, Señor, la llaga de


vuestra santísima mano dere­
cha, y por ella os suplico la g ra ­
cia que necesito para aprender
y poner en práctica esta divina
lección: «Aprended de M í, que
soy manso y humilde de C o ra­
zón.»
Padre nuestro, Ave María y Gloria .

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
LA PERLA DB LAS PROMESAS 47

da, y por ella os suplico la g ra ­


cia de ser muy humilde a las ór­
denes de mis superiores, viendo
en su voluntad la vuestra.
Padre nuestro, e tc.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo pie derecho,
y por ella os suplico la gracia
de ser muy humilde con mis
herm anos, pensando siempre
que ninguno os ha ofendido co ­
mo os he ofendido yo.
Padre nuestro, etc.

Adoro, Señ or, la llaga de


vuestro santísimo pie izquierdo,
y por ella os suplico la gracia
de ser muy indulgente para con
todos aquellos que me sirven,
pensando en lo mal que yo os
he servido a V os, y la bondad
con que V os me habéis sufrido.
Padre nuestro, etc.
48 LA PERLA DE LAS PROMESAS

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo costado, y
por ella os suplico la gracia de
ser manso y humilde para todos,
confesando que por lo mucho
que he pecado, debo justam ente
considerarme siempre el último
de vuestros siervos.
Padre nuestro, etc*

Virgen santísima, V os sois


el primer Guardia de Honor
que al pie de la cruz y en el
monte Calvario hicisteis al P a­
dre Eterno la p r e c io s ís im a
ofrenda de la sangre y agua
que manaron del Sagrad o C o ­
razón de Je sú s para purificar el
alma de todos los pecadores y
salvarlos. V os sois la M adre
del Sagrado Corazón, el blan­
quísimo lirio de la Santísim a
Trinidad, la rosa brillante del
LA PERLA OE LAS PROMESAS 49

Paraíso, la M adre de Dios y


nuestra M adre.
Rogad por nosotros pecado­
res ahora para que nos convir­
tamos, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios
y V irgen pía,
¡R eco g ed , cuando muera,
el alma mía!
G lorioso San Jo s é ,
esposo de M aría,
¡Concédem e tu apoyo
en mi agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je sú s Sacram entado.
Amén.
Un Credo al Sagrado Corazón por las
necesidades de la Iglesia, conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
50 LA PERLA DE LAS PROMESAS

TERCER VIERNES

Acto de contrición

I I I H eñor mío Jesu cristo , yo os


¡g||| contemplo en aquella su­
bida de la calle de amargura
que habéis regado con vuestra
preciosa sangre, jadeante de fa­
tiga bajo el peso enorme de la
cruz de mis culpas que lleváis
sobre vuestros benditos hom­
bros. Coronado de espinas y
sabiendo que os esperaban para
crucificaros, y sin em bargo, ol­
vidáis tan indecibles dolores pa­
ra decir a las mujeres de Je ru -
LA PERLA DE LAS PK0M ESA9 51

salén que lloraban al veros pa­


sar en tan tristísimo estado:
«No lloréis por M í, sino por
vuestros pecados y los de vues­
tros hijos», dictándonos a todos
estas palabras: «El mayor de
mis martirios es el de que, a
pesar de dar para salvaros hasta
la última gota de mi sangre, no
podré conseguirlo si no queréis
hacer penitencia.»
¡Oh Je sú s mío! ¡Oh Divino
Redentor! M e horrorizo de mí
mismo al considerar que he te ­
nido valor para ofenderos; me
arrepiento con todo mi corazón
de haber pecado, por ser V os
quien sois bondad infinita, y
ayudado de vuestra g r a c ia ,
cumpliré vuestro encargo llo­
rando mis pecados y los de mis
hijos y hermanos todos los días
de mi vida, y esperando así por
52 LA PERLA DE LAS PROMUSAS

vuestros méritos infinitos una


buena muerte. Amén.
Por tu pasión y muerte, ¡oh
Dios clem ente!
¡No permitas que muera im­
penitente!

M ED IT A C IO N

La caridad bien entendida,


tratándose de bienes espiritua­
les, debe empezar siempre por
sí mismo.
No puede ser agradable a
Dios el que trabajem os en la
salvación de nuestros hermanos
descuidando la nuestra, y que
prediquemos a los demás toda
clase de virtudes, practicando
nosotros toda clase de vicios;
pero generalm ente descuidamos
LA PERLA DE LAS PROMESAS 53

el trabajo de extirpar nuestros


defectos porque llegamos a creer
que no los tenemos, o que son
muy pequeños, viendo siempre
y criticando, que es lo peor, la
paja en el ojo ajeno, sin notar
siquiera la viga que hay en el
nuestro.
El deseo más ardiente de
nuestro corazón debe ser el de
santificarnos; así lo decimos mu­
chas v eces, todos deseamos ser
santos, y todos sabemos que la
santidad se adquiere con la prác­
tica de las virtudes, y la virtud
con la continua mortificación;
sin mortificación no hay salva­
ció n ...
¿Estam os dispuestos siempre
a mortificarnos antes de com e­
ter un pecado venial?... Si no
lo estam os, pidamos al Señor
un deseo ardiente de perfec­
54 LA PERLA DE LAS PROMESAS

ción, y fuerza para mortificar­


nos siempre que sea necesario,
porque el Reino del cielo pade­
ce violencia, y sólo el que se la
hace podrá llegar a entrar en
é l...

II

Cuando un alma tiene la di-


cha de enmendar su vida, y en­
treg ar su corazón por completo
a Dios, siente un deseo vehe­
mentísimo de que los demás la
enmienden también, y lloren con
ella las ofensas que le hicieron;
siente algo esta alma de aquella
sed que sufrió en la cruz nues­
tro Divino Salvador, sed que no
podía satisfacer ninguna bebida
material, porque era de la sal­
vación de las almas, por las que
derramaba su preciosa sangre.
LK PERLA DE LAS PROMESAS 55

E ste deseo, que no puede ser


satisfecho, entristece al alma
enamorada de Dios, porque se
encuentra impotente para con­
vertir a los seres que ama; pero
el Señor la consuela diciéndole
como a la Beata M argarita: Yo
daré poder a mis devotos para
ablandar los corazones más en­
durecidos. ¡Oh qué consuelo!
digamos con San Pablo: «Todo
lo puedo en Aquel que me con­
forta, porque no vivo yo, sino
C risto en m í...» Animaos, fer­
vorosos misioneros que atrave­
sáis los mares acosados por
aquella sed de la salvación de
las almas que sufrió nuestro R e ­
dentor en la cru z... No os de­
sesperéis, ¡pobres madres que
tanto lloráis al ver endurecidos
los corazones de vuestros hijos
extraviados por las sendas de la
56 I.A PERLA DF. LAS PROMESAS

perdición!... Tened esperanza,


¡pobres hijas! que veis también
algunas v eces endurecidos los
corazones de vuestros padres
por erróneas ideas, o por bas­
tardas pasiones... y no excla­
méis jam ás desesperadas: «¡ya
no hay remedio para esta al­
ma! » S í que lo hay, sí; id a bus­
carlo en el manantial inagotable
de la caridad, que es el C ora­
zón de Je sú s.

Propósitos y afectos

V os habéis dicho: S e ñ o r :
«Pedid y recibiréis»; me pro­
pongo pediros, con la segu ri­
dad de obtenerla, la gracia que
necesito para mi conversión
y la de mis herm anos: conce­
dédmela, os suplico, con la si­
guiente
O R A C IO N

Divino Salvador mío, que me


imponéis el dulcísimo manda­
miento de amaros sobre todas
las cosas, y de amar después
de V os al prójimo como a mí
mismo: grande es mi dolor por
haberos ofendido, y grande es
también el gozo de mi alma por­
que me habéis concedido la di­
cha de venir a vuestros pies a
llorar mis culpas; pero yo sé,
Señ o r, que cuando perdonáis a
un pecador es vuestra costum­
bre colmarlo de g racias; oid la
que yo os pido.
S i cuando V os padecíais sed
en los brazos de la cruz me hu­
biese sido posible consolaros,
lo hubiera hecho, Señ or, dán­
doos a beber mi sangre y mis
58 LA PERLA DB LAS PROMESAS

lágrim as; hoy padezco yo una


ardiente sed por la salvación del
alma d e ... Dejadme, Señ o r, que
beba en la herida de vuestro
Corazón toda la misericordia
que necesito para salvar a esa
alma, y salvadla V os. S i no la
salváis por mis lágrimas, sal­
vadla por las que al pie de la
cruz derramó vuestra Santísim a
Madre. Amén.

ADORAG 1ÓN
a las Santísimas Llagas

Adoro, Señ o r, la llaga de


vestra santísima mano derecha,
y por ella os suplico la virtud
de la esperanza, que es el timón
que conduce a V os la nave de
nuestra alma.
Padre nuestro, Ave María y Gloría.
LA PERLA DÉ LAS PROMESAS 59

Adoro, Señor, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico que
tenga gran esperanza en el buen
éxito de mis trabajos cuando los
dedico a vuestra gloria y bien
de las almas.

Padre nuestro, e tc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo pie derecho,
y por ella os suplico que sólo en
V os ponga mi esperanza, com­
prendiendo que los hombres son
instrumentos de que os servís
para realizar vuestros planes.

Padre nuestro, etc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo pie izquierdo,
y por ella os suplico que en me­
dio de las m ayores tribulacio­
60 LA PF.RI.A DE I ^ S PROMESAS

nes de mi vida no me falte ja ­


más un rayo de esperanza en
vuestra bondad y poder que no
me abandonará.

Padre nuestro, ctc.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestro santísimo costado, y
por ella os suplico que, tenien­
do gran esperanza en V os du­
rante mi vida, se aumente en
mi corazón en la hora de mi
muerte, porque el que espe­
ra en V os jam ás será confun­
dido.

Padre nuestro, etc.

Virgen santísima, Vos sois


el primer Guardia de Honor que
al pie de la cruz y en el monte
Calvario hicisteis al Padre e te r­
LA PEki.A DE LAS PR0M E9AS 61

no la preciosísima ofrenda de la
sangre y agua que manaron del
Sagrad o Corazón de Je sú s para
purificar el alma de todos los
pecadores y salvarlos. Vos sois
la M adre del Sagrado Corazón,
el blanquísimo lirio de la Sa n tí­
sima Trinidad, la rosa brillante
del Paraíso, la M adre de Dios
y nuestra M adre.
Rogad por nosotros pecado­
res ahora para que nos convir­
tam os, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios
y Virgen pía,
¡R eco g ed , cuando muera,
el alma mía!
Glorioso San Jo s é ,
esposo de M aría,
¡Concédem e tu apoyo
en mi agonía!
62 LA PE-<Ll DE L * S PROMESAS

En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je sú s Sacram entado.
Amén.

Un Credo al Sagrado Corazón por las


necesidades de la Iglesia, conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
CUARTO VIERNES
Acto de contrición

^ ^ e ñ o r r ío Jesu cristo , son


tantos y tan grandes los
pecados que he cometido du­
rante toda mi vida contra V os,
que perdería la esperanza de
salvarme si no supiera que el
dudar de vuestra misericordia
es el mayor de los pecados que
el hombre puede com eter.
C reo que una sola gota de
vuestra preciosa sangre basta
para redimir mil mundos, y co ­
mo la habéis derramado toda
para salvar mi alma, creo firmí-
simamente que puedo salvarme
64 LA PERLA DE LAS PROMESAS

si uno a los méritos infinitos de


vuestra pasión y muerte mis lá­
grimas de dolor.
Si podíais salvarme con una
sola gota de vuestra sangre,
¿por qué la derramasteis toda?
¡Oh, Señor! la derramasteis to ­
da porque si una gota bastaba
para redimirme, no basta para
satisfacer vuestro deseo de dar­
me pruebas de lo mucho que
me amáis.
Je sú s mío, ya que Vos no
quisisteis poner límites a vuestro
amor por mi, ¡que no ponga yo
límites a mi dolor por haberos
ofendido! M e pesa con todo mi
corazón, tened compasión de
mí, y concededme la gracia de
llorar lo que me resta de vida
para poder así alcanzar miseri­
cordia de V os en la hora de mi
muerte. Amén.
LA PERLA DE LAS PROMESAS 65

Por tu pasión y muerte, ¡oh


Dios clemente!
¡No permitas que muera im­
penitente!

M ED IT A C IO N

¡Qué triste es la vida! Estas


palabras se oyen continuamente
en el mundo, y con la misma
convicción las pronuncia el que
vive en la opulencia, que el mí­
sero mendigo, porque todos,
sin excepción, sufrimos conti­
nuas penas en e lla ... Nuestro
Padre que está en los cielos y
que es el más amoroso y más
sabio de todos los padres, com­
prende la gran necesidad que
tenemos de consuelo y nos man­
66 LA PEULA DE LAS PROMESAS

da a su divino Hijo que nos dice


en el sermón de la montaña:
«Bienaventurados los que llo­
ran, porque ellos serán consola­
dos»; y después de muchos si­
glos mirando desde el cíelo a
tantas almas que desfallecen en
medio de tantas y tan grandes
tribulaciones, vuelve a bajar a
la tierra para recordar aquella
promesa, y le dice a la Beata
M argarita y en ella a todos nos­
otros: A los devotos de mi Co­
razón Yo les consolaré en sus
penas... ¡G racias, Señ o r, por
tan preciosa promesa! porque
son tantas y de tan diferentes
especies las penas de la vida,
que muchas v eces debajo de
magníficos vestidos laten cora­
zones desgarrados por el dolor,
y en espléndidos palacios que el
pobre envidia moran algunas
LA. PERLA DE LAS PROMESAS 67

v eces grandes m ártires... M u­


cho hacen padecer los males fí­
sicos; pero ¿y los morales? esos
son los que trituran el corazón,
y esos son innumerables.
La pérdida de un ser querido,
la ingratitud de otro que se ado­
ra, las penas de estos seres que
se convierten en propias, las
discusiones domésticas que tan­
to afligen, y esa lucha sin tre ­
gua que dura lo que la vida pa­
ra vencer nuestras pasiones y
no ofender a D io s... y para tan­
tas y tantas penas sólo se en­
cuentra un solo bálsamo, y éste
mana del Corazón de J e s ú s ...

II

No busquemos consuelo en
los hombres, porque ni saben,
ni pueden, ni quieren algunas
08 LA P E ÍL A DP. LAS PROMESAS

veces consolarnos. No saben,


porque hay penas que sólo el
que las sufre las comprende, y
la magnitud de ellas es mayor
o menor según la delicadeza
del corazón que las su fre... No
pueden, porque son como nos­
otros débiles y m iserables, y
muchas v eces no quieren, por­
que el mundo es el reino del
egoísm o; el que goza no gusta
de oir hablar de tristezas, y el
que sufre dice que tiene bastan­
tes penas con las propias... S ó ­
lo el Sag rad o C orazón, sólo ese
divino Pelícano se olvida de que
desgarran su santísimo costado,
para convertir la sangre que de
él b io ta en bálsamo que derra­
ma sobre las llagas que afligen
a sus ingratas criatu ras... No
perdamos el tiempo buscando
consuelo en donde no hemos de
H PERLA DE LAS PROMESAS 69

encontrarlo; vamos al Sag rario ,


y postrados a los pies del S e ­
ñor, digámosle con humilde con­
fianza: « Hablad, S eñ o r, que
vuestro siervo escucha»; y cuan­
do oigamos que nos dice: «¿No
quieres ser mi hijo? pues ya sa­
bes que tu herencia es un peda-
cito de mi cruz y una g ota de
mi cáliz. ¿No confiesas que has
pecado mucho? pues ofréceme:
tus penas en desagravio. ¿No
me dices que me amas? pue:;
pruébamelo adorando mi volun­
tad en las contrariedades de tu
vida, porque no hay amor sin
sacrificio ...» ¿Q ué le con testa­
remos a Dios que así nos habla,
y que tan bien le comprende­
mos? Digám osle que bendita:,
sean las penas que nos manda,
que ya jam ás nos desesp erare­
mos en ellas.
A féelos y propósitos

No apartéis, Je sú s mío, las


contrariedades en el camino de
mi vida, pero os suplico que os
apiadéis de mi debilidad y me
consoléis en ellas, con la si­
guiente

O R A C IO N

Adoro, S e ñ o r, vuestra santí­


sima voluntad en las contrarie­
dades que hoy sufro, y en las
que V os os dignéis mandarme
sufrir en el resto de mi vida.
¡Qué bondad tan grande la
vuestra al querer aceptar mis
penas no sólo como penitencia
de mis culpas, sino premiándo­
me además si las sufro resign a­
do, cual si yo nada os debiera
LA PERLA DE LAS PROMESAS 71

en desagravio de mis muchos


pecados!
Padre mío crucificado, infini­
tas g racias o s doy porque no
me habéis quitado la herencia
que como hijo vuestro me co­
rresponde a pesar de ser yo tan
indigno de ella.
E ste pedacito de vuestra cruz
y esta gotita de vuestro cáliz
de amargura que representan
mis penas, es para mí tan que­
rido, que no lo cam biaría, S e ­
ñor, por todos los tesoros que
el mundo encierra: que yo sepa
usar bien de mi herencia de
cruz en la vida, para recibir en
la muerte la herencia del cielo
por vuestra gran misericordia.
Amén.
72 LA PERLA OE LAS PROMESAS

ADORACIÓN
a las Santísimas blagas

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano dere­
cha, y por ella os suplico que os
dignéis consolarmé en todas mis
penas.
Padre nuestrot Ave M aría y Gloría.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico que me
concedáis la gracia que necesi­
to para poder consolar a mis
hermanos.
Padre nuestro t ele.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestro santísimo pie derecho,
y por ella os suplico que no per­
H PERLA DE LAS PROMESAS 75

mitáis que ningún pobre que


venga a mí se aleje sin recibir
algún consuelo espiritual o ma­
terial.
Padre nuestro, etc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro amantísimo pie izquier­
do, y por ella os suplico que no
quede jam ás sin consuelo el que
os invoque tomando por inter-
cesora a vuestra Santísim a M a­
dre.
Padre nuestro> etc.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo costado, y por
ella os suplico que de esta amo­
rosísima herida reciban siempre
consuelo en sus penas todos sus
adoradores.
Padre nuestro , etc.
74 LA PERLA DE LAS PROMESAS

V irgen Santísim a, V os sois


el primer Guardia de Honor que
al pie de la cruz y en el monte
Calvario hicisteis al Padre E ter­
no la preciosísim a ofrenda de la
sangre y agua que manaron del
Sagrad o Corazón de Je s ú s para
purificar el alma de todos los
pecadores y salvaros. V os sois
la M adre del Sagrad o Corazón,
el blanquísimo lirio de la S a n tí­
sima Trinidad, la rosa brillante
del Paraíso, la M adre de Dios
y nuestra M adre.
Rogad por nosotros pecado­
res ahora para que nos convir­
tamos, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios y V ir­
gen pía,
¡R eco g ed , cuando muera, el
alma mía!
LA PERLA DE LAS PROMESAS 75

G lorioso San Jo s é , esposo


de M aría,
¡Concédem e tu apoyo
en mi agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je sú s Sacram entado.
Amén.

Un Creao al Sagrado Corazón por las


necesidades de la Iglesia, conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi-
tas almas del purgatorio.
QUINTO V I E R N E S
Acto de contrición

EÑORmío Jesu cristo , ¿quién


no se horroriza y puede
dejar de sentir en su corazón
deseos de venganza al contem­
plar en la ciudad deicida a aque­
llos hombres con corazón de fie­
ra que se gozaban en martirizar
al inocentísimo C ordero que qui­
ta los pecados del mundo? ¿y
quién no envidiará la suerte de
la santa V erónica, que tuvo la
dicha de enjugar el sudor y la
sangre que cubrían vuestro di­
vino rostro?
¡Qué ceguedad la nuestra!
LA PERLA DE LAS PROMESAS 77

pedimos venganza para aque­


llos inhumanos verdugos y nos
olvidamos que nos hemos unido
a ellos siempre que os hemos
ofendido con un pecado g rave.
Si nuestros labios piden ven­
ganza para ellos, nuestra con­
ciencia debe pedir venganza pa­
ra nosotros que los hemos imi­
tado. Perdón, Señ o r, perdón;
tened compasión de mí, misera­
ble pecador; me pesa con todo
mi corazón de haberos ofendi­
do; deseo unirme a la santa V e ­
rónica y adoraros en el San tísi­
mo Sacram ento del Altar con
grandísima reverencia en des­
agravio de cuanto yo os he ul­
trajado en este Sacram ento de
amor, y de las muchísimas irre­
verencias que de vuestras in­
g ratas criaturas sufrís constan­
tem ente en él. Amén.
78 u p e r la de l a s pr o m e sa s

Por tu pasión y muerte, ¡oh


Dios clemente!
¡No permitas que muera im­
penitente!

M ED IT A C IO N

«El mundo se pierde porque


no hay en él quien medite en el
fondo de su corazón»: así e x ­
clamaba un profeta llorando
amargam ente al contemplar el
olvido en que los hombres vi­
vían del servicio de Dios, y si
esto decía antes de que C risto
Je sú s bajase del cielo a morir
crucificado por nosotros, ¡cómo
lloraría hoy al ver que los hom­
bres se olvidan, no deque Dios
está en los cielos, sino de que
LA PERLA DE LAS PROMESAS 79

vive al lado de sus casas, en el


Santísim o Sacram ento del al­
tar! ... Dios habla y no le oímos,
Dios nos hace grandes prome­
sas y apenas nos fijamos en
ellas, y esto hacen hasta perso­
nas que pasan por piadosas,
porque dedican un momento a
Dios, y el resto del día por com­
pleto al mundo... S i nos acor­
dásemos de Dios, si oyéramos
con atención su divina palabra,
¡con qué amor y agradecimiento
meditaríamos las promesas que
hizo al Benjamín de su C o ra­
zón, la B eata M argarita! Con
qué empeño procuraríamos que
se cumpliesen en nosotros! Llo­
remos con el Profeta esa incon­
cebible indiferencia, esa descon­
soladora ingratitud... D esde hoy
meditemos con gran atención
estas divinas promesas, renun­
80 LA PERLA DE LAS PROMESAS

ciemos a cuanto haya en nos­


otros que sirva de obstáculo
para poder alcanzarlas, traba­
jem os seriam ente y con perse­
verancia en hacernos dignos de
que se cumplan en n osotros...
C ada una de estas promesas
es un precioso tesoro, y una de
las más ricas es ésta: Yo escri'
biré dentro de mi corazón los
nombres de las personas que
trabajen en propagar la devo­
ción a El, y estos nombres no
se borrarán jamás.

II

Si tuviésem os fe en la pala­
bra de Dios trabajaríam os sin
descanso en propagar la devo­
ción a su Sagrad o Corazón pa­
ra darle esta prueba de amor y
para alcanzar la inmensa dicha
LA PEKLA DE LAS PROMESAS 81

de que escribiese nuestro nom­


bre dentro de E l...
El que alcanza esta promesa
tiene la dicha de vivir en el amo­
roso Corazón de Je s ú s , que le
lleva dentro de él con mas tier­
na solicitud que lleva la más
apasionada madre al hijito de
sus entrañas, apartándole de to ­
dos los males y colmándole con
sus celestiales caricias, que son
las continuas aspiraciones que
derrama en su alma, de todos
los b ien es... El que llega a
morar dentro del Corazón de
Dios, no tiene que esperar la
muerte para poder ir al cielo,
porque ha encontrado ya el cielo
en la tierra.
O tra de las promesas de este
Corazón divino es la de que ben­
decirá las casas en donde su
imagen esté expuesta y vene­
82 LA PERLA DB LAS PROMESAS

rad a... ¿y qué podrá faltar en


la casa que D ios bendiga? A b­
solutamente nada, porque los
que en ella moren venerando y
adorando esta tiernísima imagen
que se presenta a nuestra vista
coronada de espinas y entre
llamas de amor, recibirán con
abundancia el pan de su divi­
na gracia, que les dará fuer­
za para vencer las continuas
luchas de la vida, y el pan ne­
cesario para alimentar sus cu er­
pos, consa grados a su santo
se rv icio ...
La imagen del Sagrad o C o ­
razón debemos tenerla grabada,
no sólo en los cuadros que v e­
neramos en nuestras casas, sino
en el fondo del nuestro, en don­
de debemos continuamente ado­
rarle, como hacía Santa C ata­
lina de S e n a que, cuánto más
LA PERLA DE LAS PROMESAS 85

pretendían alejarla de Dios, más


cerca estaba de El, puesto que
ella misma dice que formó su
amor una capilla en el fondo de
su corazón, y allí se retiraba
continuamente su espíritu para
adorarle. Imitemos a esta S a n ­
ta, y así nuestro nombre estará
escrito dentro del Corazón de
Je s ú s , y el suyo dulcísimo en el
nuestro, sufriendo hasta el mar­
tirio, si fuese preciso, antes que
el mundo con sus halagos llegue
a borrarlo de é l...

Propósitos y afectos

Por todos los medios que me


sean posibles me impongo desde
hoy el dulcísimo trabajo de pro­
pagar la devoción a vuestro C o ­
razón Sag rad o . Concededme la
dicha de que mi nombre sea e s­
84 LA PERLA DE LAS PROMESAS

crito dentro de él; os lo suplico


con la siguiente

O R A C IO N

Divino Salvador mío, yo os


ofrezco, como vuestro santo Ig­
nacio de Loyola, mi alma y mi
cuerpo, mis sentidos y poten­
cias, cuanto soy y cuanto tengo,
cuanto pueda ser y cuanto pue­
da tener; de Vos lo he recibido
todo y a V os os lo consagro;
abrasad mi corazón en las lla­
mas de vuestro amor, de tal
manera, que pueda y sepa co ­
municar este fuego al corazón
de mis prójimos, para que, tra­
bajando todos en la propaganda
de la devoción de vuestro C o ­
razón Sag rad o , tengam os la di­
cha de que escribáis nuestros
nombres dentro de él. Amén.
ADORACION
a las Santísimas Llagas

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano derecha,
y por ella os suplico que os dig­
néis bendecir la casa de mi al­
ma, para que los sentidos y po­
tencias que la habitan sean vues­
tros fieles servidores.
Padre nuestro, Aoc Ataría y Gloria.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico que os
dignéis bendecir la casa en que
vivo y a cuantos habitan con­
migo, para que todos honremos
la imagen de vuestro Sagrad o
Corazón expuesta en ella.
Padre nuestro, e tc.
86 LA PERLA DE LAS PROMESAS

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo pie derecho,
y por ella os suplico que no per­
mitáis que ande yo jam ás por
caminos extraviados, sino que
en todas las empresas de mi vi­
da siga siempre aquellos que me
conduzcan a V os.
Petare nuestro, etc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo pie izquierdo,
y por ella os suplico que mien­
tras me dure la vida, no deje
de andar por el camino de vues­
tro amor, atrayendo a las almas
que os desconocen para que os
conozcan y os adoren.
Padre nuestro, etc.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestro santísimo costado, y
por ella os suplico que os dig­
LA PRRLA DC LAS PR0MF.SA3 87

néis escribir vuestro nombre en


mi corazón, para que el mío pue­
da ser escrito en el vuestro, vi­
viendo así como la esposa de
los cantares: «Mi amado para
mí y yo para mi amado.»
Padre nuestroy e le.

Virgen santísima, V os sois el


primer Guardia de Honor que
al pie de la cruz y en el monte
Calvario hicisteis al Padre E ter­
no la preciosísima ofrenda de la
sangre y agua que manaron del
Sag rad o Corazón de Je sú s para
purificar el alma de todos los
pecadores y salvarlos. V os sois
la M adre del Sagrado Corazón,
el blanquísimo lirio de la Sa n tí­
sima Trinidad, la rosa brillante
del P araíso, la M adre de Dios
y nuestra M a d re...
Rogad por nosotros pecado­
88 I.A l'LRI A DE LAS PROMESAS

res ahora para que nos convir­


tamos, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios y V ir­
gen pía,
¡R eco g ed , cuando muera, el
alma mía!
G lorioso San Jo s é , esposo de
M aría,
¡Concédem e tu apoyo en mi
agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je sú s Sacram entado.
Amén.
Un Credo al Sagrado Corazón por las
necesidades de la Iglesia* conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
SEXTO V I E R N E S

Acto de contrición

®|ffi¡EÑOK mío Jesucristo, V os


|ls|| que penetráis hasta el
fondo del corazón de vuestros
hijos, sabéis muy bien que el
mío está traspasado de dolor.
Grandes, muy grandes son mis
culpas; pero ¡ay, Señ or! es muy
grande también el castigo que
estoy sufriendo al considerar
que otros os han amado siempre,
y yo ¡desgraciado de mí! no os
he amado hasta ahora, he vivido
olvidado de V os. ¡Oh hermo­
sura siempre antigua y siempre
90 LA PERLA DE LAS PROMESAS

nueva! exclam aré con San A gus­


tín, ¡qué tarde os he empezado
a amar! pero desde hoy yo os
amaré sobre todas las cosas: a
V os me consagro en cuerpo y
alma; pequé mucho, Señ o r; en
V os pongo mi esperanza, y creo
que el abismo de mi miseria
atraerá sobre mí el de vuestra
infinita misericordia para perdo­
narme. Amén.
Por tu pasión y muerte, ¡oh
Dios clemente!
¡No permitas que muera im­
penitente!

M ED IT A C IO N

¡Qué armoniosa hermosura


presentaría el mundo a los ojos
LA PERLA DE LA9 PR0M ESA 9 91

de Dios y qué felices seríam os


todos si cada uno se dedicase a
cumplir con la mayor perfección
que le fuese posible las obliga­
ciones que Dios le encomienda
en su e sta d o !...
El no cumplir cual debemos
con nuestras recíprocas obliga­
ciones es el germ en de todos
los males y , por consiguiente,
lo que nos priva de infinitos
b ie n e s...
¡Q ué difícil nos es cumplir
algunas v eces con nuestros de­
beres! es verdad que sí, y por
eso el que los cumple, hacién­
dose gran violencia para no fal­
tar a ellos, tiene la recompensa
de Dios y la admiración de los
hom bres... Mucha virtud nece­
sita la pobre esposa que se ve
tratada injustamente con dureza
por el compañero de su vida; y
92 LA PERLA 012 LAS PROMEUAS

sin em bargo debe estar con él


cariñosa para atraerlo y conver­
tirlo ...
Mucha virtud necesita en este
tiempo, en que en el mundo hay
tanta perdición, la pobre juven­
tud para vivir como el cisne so ­
bre el lodo, como el lirio entre
las espinas, con una vida purí­
sima en medio de tanto m al...
Mucha virtud necesita el padre
de familia cuya desgracia en los
negocios le ha sumido en la mi­
seria, o que sufre dolorosas en­
ferm edades, para dar a sus hi­
jo s el ejemplo que debe de re­
signación a la voluntad divina,
sin murmurar jamás de los de­
cretos de su providencia...
¿Podrem os con nuestras pro­
pias fuerzas hacer frente a e s ­
tas y a otras muchas situaciones
difíciles de la vida? ¡Imposible!
LA PF.fiLA DE LAS PR 0M ESA 8 93

Pero es imposible también que


nuestro Padre que está en los
cielos exija de sus pobres hijos
lo que éstos no pueden d arle...
Pidámosle su apoyo, y todo lo
vencerem os en Aquel que nos
conforta.

II

D ice el apasionado escritor


de Je sú s, P. F aber, que es tanto
lo que nos ama el Señ o r, que
parece que tiene su oído al lado
de nuestros labios para oir nues­
tras necesidades y remediarlas.
E sta idea se corrobora en estas
consoladoras promesas tan en
armonía con nuestras principa­
les necesidades: Yo daré a mis
devotos las gracias que necesi­
ten para cumplir con las obli­
gaciones de su estado. G ra ­
94 LA PERLA DE LA9 PROMESAS

d a s, Salvador mío, g ra c ia s...


Y a no debemos asustarnos, ni
creer que hay situación tan difí­
cil que sea superior a nuestras
fuerzas. D esde hoy, cuando nos
sintamos desfallecer en la bata­
lla de la vida, acudamos al C o ­
razón de Je sú s diciéndole con
amorosa con lianza: C reo, S e ­
ñor, en vuestra palabra; dadme
la gracia que necesito para cum­
plir bien con mi deber en esta
difícil situación... S i lo hacemos
así, el Señor nos dará aquel es­
píritu de mortificación que asus­
ta al mundo, pero sin el cual es
imposible dar ni un solo paso en
el camino de la virtud... ¡M or­
tificación! virtud divina que pro­
duce ópimos frutos en la vida y
en la m u erte... El tomillo es
am argo, y la miel que por me­
dio de él producen las abejas es
LA PE k LA DE LAS PROMESAS 95

dulcísim a... La mortificación es


am arga, pero de ella brota una
preciosa flor; ¿sabéis cuál es?
el ver cumplida en nosotros esta
otra promesa que hace la felici­
dad de la vida: Yo pondtépaz
en sus familias.
La paz del hogar es el pasto
del alma. ¡Cuánto más feliz es
una familia pobre en la que reine
la paz, que otra que viva en la
opulencia, pero con guerra con­
tinua entre los individuos que la
com ponen!... En la casa en que
los padres, los hijos y los cria­
dos cumplen respectivam ente
con las obligaciones de su esta­
do, reina la paz y se han alcan­
zado ambas promesas, porque
la primera es la divina semilla
que produce la segunda.
Pidamos al Señ o r con humil­
dad. su g racia, que nunca niega,
96 LA PERLA DE LAS PROMESAS

para alcanzar la dicha que en­


cierran estas promesas.

Propósitos y afectos

Propongo desde hoy cumplir


con las obligaciones de mi e sta ­
do lo mejor que me sea posible,
para alcanzar la paz con Dios
y con los hombres: dignaos,
Señ o r, concederm e la gracia
que para ello necesito; os lo su­
plico con la siguiente

O R A C IO N

¡O h Corazón sagrado! ¡oh


Corazón lleno de compasión y
ternura para todos vuestros hi­
jos! Es tan poca mi virtud, que
algunas v eces me he atrevido a
murmurar de vuestra providen­
cia, creyendo que me manda­
LA PERLA DE LAS PROMESAS 97

bais sufrir lo que no me era po­


sible: ¡perdonadme, Señ o r, la
injuria que os hice pensando así!
H ágase en mí vuestra santísima
voluntad: si vuestra gracia me
ayuda, ¿qué no podré en Aquel
que me conforta? Dadme, Je s ú s
mío, en las prosperidades y aflic­
ciones la paz del corazón que es
tan necesaria para seros agra­
dable y para alcanzar aquella
bienaventuranza que predicas­
teis en la montaña, diciéndonos:
«Bienaventurados los pacíficos,
porque ellos serán llamados hi­
jos de D ios»; que vivamos en
paz, como hijos vuestros, en la
tierra, para que merezcamos
también por vuestros infinitos
méritos heredar la gloria de
nuestro Padre celestial. Amén.
96 LA PERLA DE LAS PROMESAS

ADORACION
a las Santísimas Llagas

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano derecha,
y por ella os suplico que cum­
pla fielmente vuestros manda­
mientos para vivir en paz con
V os.
Padre nuestro> At>c Marta y Gloria.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico la vir­
tud de la paciencia y manse­
dumbre para vivir en paz con
mis prójimos.
Padre nuestro >e tc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo pie derecho,
LA PERLA DE LA8 PROMESAS 99

y por ella os suplico el valor


que necesito para vencer mis
pasiones y tener paz conmigo
mismo.
Padre nuestro, etc.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestro santísimo pie izquierdo,
y por ella os suplico que trabaje
cuanto pueda para contribuir a
que reine la paz entre mis her­
manos.
Padre nuestro, etc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo costado, y
por ella os suplico que, llorando
a vuestros pies mis pecados,
llegue a oir, como la bienaven­
turada M agdalena: «V ete en
paz, porque todos te han sido
perdonados.»
Padre nuestro, etc.
100 LA P E R L * DE LAS PROMESAS

Virgen santísima, V os sois


el primer Guardia de Honor que
al pie de la cruz y en el monte
Calvario hicisteis al Padre E te r­
no la preciosísima ofrenda de la
sangre y agua que manaron del
Sagrad o Corazón de Je sú s para
purificar el alma de todos los
pecadores y salvarlos. V os sois
la M adre del Sagrad o Corazón,
el blanquísimo lirio de la Sa n tí­
sima Trinidad, la rosa brillante
del Paraíso, la M adre de Dios
y nuestra M adre.
Rogad por nosotros pecado­
res ahora para que nos convir­
tam os, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios y V ir­
gen pía,
¡R eco g ed , cuando muera, el
alma mía!
LA PERLA D8 LAS PROMESAS 101

G lorioso San Jo s é , esposo de


M aría,
¡Concédem e tu apoyo en mi
agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je s ú s Sacram entado.
Amén.
Un Credo al Sagrado Corazón por las
necesidades de la Ig1csia> conversión de
Jos pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
SEP T I MO V I E R N E S

Acto de contrición

EÑOR mío Jesu cristo ; ¡qué

^ olas de amargura inun­


daron vuestro Corazón por mí!
No una, sino dos pasiones su­
fristeis para salvarm e: la del
cuerpo fueron los clavos, espi­
nas, azotes, hiel y cruz; y la
del alma y corazón, los despre­
cios y humillaciones de aquellos
verdugos por cuya salvación
ibais también a morir; el aban­
dono de vuestros amigos, que
ni una hora pudieron velar con
Vos mientras que V os sudabais
LA PERLA DE LAS PROMESAS 103

por ellos sangre; el no poder


ocultar a vuestra Santísim a M a­
dre vuestros dolores, sumer­
giendo así su purísimo Corazón
en el mar de amargura en que
se anegaba el vuestro, y por
fin, el saber que tantos y tan
grandes martirios habían de ser
correspondidos por mí y por
tantos pecadores con la más ne­
gra ingratitud!
M e avergüenzo, Señ o r, de
veros a V os y a vuestra M adre
santísima en medio de tantos
dolores, siendo tan inocentes, y
de que siendo yo tan culpable
me haya asustado hasta ahora
la palabra «Penitencia.»
Desde hoy abrazo todas las
cruces que os dignéis enviarme
confesando siempre que son muy
ligeras para lo que mis culpas
merecen. ¡A y, Señor! me arre­
104 LA PERLA DE LAS PROMESAS

piento tanto de haberos ofendi­


do, que desearía poder ofrece­
ros un mar de lágrimas de dolor
por cada uno de los pecados
que he cometido contra V os:
apiadaos de mí y concededme
el perdón de ellos por los dolo­
res de vuestra Pasión. Amén.
Por tu pasión y muerte, ¡oh
Dios clem ente!
No permitas que muera impe­
nitente.

M ED IT A C IO N

«Só lo el que persevere hasta


el fin será salvo»: palabras son
estas que si las meditásemos
con atención, nos llenarían de
santo temor, porque si todas las
LA PBRLA DE LAS PROMESAS 105

virtudes nos son por nuestra


miseria muy difíciles de practi­
car, ninguna lo es tanto como
la perseverancia en el bien, por­
que está nuestra naturaleza in­
clinada al mal desde su infancia.
D ice muy bien el P. Rodríguez
en su Tratado de Perfección
que nuestras pasiones son como
las pesas del reloj, que siempre
miran al suelo, y así es; perse­
veramos en todo lo que mira a
las cosas de la tierra; ¡pero qué
poco en las virtudes que es ne­
cesario practicar para ir al cie­
lo !... y sin em bargo, sabemos
que sólo el que se mortifique
hasta el fin, porque no hay vir­
tud sin mortificación, sólo ese
será salvo. Por esta razón nos
dijo también el Señ o r aquellas
palabras que aterran al cristia­
no: «Muchos son los llamados
106 LA PERLA DE LAS PROML8A8

y pocos los escogid os», cuya


interpretación es, que Dios por
su bondad a todos quiere sal­
varnos, a todos nos llama para
el cielo; pero son pocos los es­
cogidos, porque son muy pocos
Jos que perseveran sirviéndole
y amándole lo mismo en el T a-
bor que en el C alv a rio ...
No encuentra el Señ o r per­
severancia en nosotros, y para
que la tengam os nos dice: « V e ­
lad y orad, para que no caigáis
en la tentación»; pero no oímos
sus divinas enseñanzas, y si las
oímos, cae esa divina semilla en
nuestro corazón como caía en
aquel camino de que nos habla
el santo Evangelio, por el cual
pasaba tanta g en te que la semi­
lla no fru ctificaba... Esta es la
imagen de nuestro co razón ...
Oímos un sermón que nos con­
L\ PERLA DB LAS PROMESAS 107

mueve, hacemos una buena con­


fesión, pero tienen tan poca so­
lidez nuestros propósitos, que a
los pocos días volvemos a ser
lo mismo que éramos, porque
después de recibir en nuestro
corazón la diviña semilla, deja­
mos de velar y de orar para no
caer en la ten tación ... Él cami­
no de la cruz es el único que
conduce al cielo, mas la pobre
alma, tan débil de virtud, no
puede dar un paso por él sin
tropezar y caer, porque como
todo peregrino tiene que sufrir
en esta penosa senda que le con­
duce a su verdadera patria, ham­
bre, sed, polvo y fa tig a ... Que
no desfallezca, que vaya al S a ­
grario y oiga como le dice J e ­
sús, mostrándole su Corazón
amoroso: A mis devotos si son
tibios los volveré fervorosos, y
108 LA PERLA DE LA8 PROMESAS

si son fervorosos los elevaré a


una gran perfección.
II

Bendito seáis, Je s ú s mío, por


la promesa que acabáis de ha­
cernos; porque al que os sirve
con fervor no le asustan las cru­
ces, puesto que no hay cruz pe­
sada cuando el amor la so stie­
ne; prueba de ello Santa T eresa
de Jesús, que porque amaba
mucho, exclam aba sin cesar:
«O padecer, o morir», y e s q u e
sentía hambre y sed de pade­
cer, para dar pruebas de amor
al Esposo de su alm a...
Es cierto que la virtud de la
perseverancia es la más difícil
para nosotros todos que somos
tan inconstantes por naturale­
za; pero también lo es, como
LA PERLA DF LAS PROMESAS 109

hemos dicho ya, que sólo el


que persevere hasta el fin será
salvo.
¡Qué violencia hemos de ha­
cernos para no caer en la tenta­
ción! somos muy miserables, y
el demonio muy astuto; no hay
edad, no hay posición, no hay
estado en que no esté el hom­
bre en peligro de perderse si
deja de velar y de orar, como
le encarga el Señ o r, para no
caer en la tentación...
Admira y asusta el pensar que
cayeron santos hombres que
eran como columnas entre el
cristianismo, y muchos después
de una larga y heroica vida de
virtud, porque si ellos siendo
tan fuertes cayeron, ¡qué no
deberemos tem er nosotros que
somos débiles ca ñ a s!... T am ­
bién el Sagrad o Corazón nos
110 l a p c r l a . d e l a s p ro m e s a s

consuela en esta pena, dicién-


donos en otra de sus promesas:
«Y o seré el refugio de mis de­
votos durante su vida, pero so­
bre todo lo seré en la hora de
su m u erte»... Trabajem os para
alzanzar esta promesa en aque­
lla hora que es tremenda, por­
que en un instante se pierde la
vida, y en aquel mismo instante
es juzgada el alma, y empieza
a gozar con su Dios, o a penar
lejos de E l, por eternidades de
siglos.

Propósitos y afectos

M e propongo, Señ o r, no des­


fallecer en vuestro santo servi­
cio durante la vida, para m ere­
cer así ser amparado por V os
en la hora de mi muerte; os lo
suplico con la siguiente
LA PERLA DE LA8 PROMESA8 111

O R A C IO N

Jesús mío, la virtud de la per­


severancia nos es muy difícil,
porque os amamos muy poco:
para que nuestro corazón se
abrase en adelante en vuestro
amor, haced, Señ o r, que recor­
demos continuamente aquella
grandísima perseverancia con
que Vos sufristeis y aun deseas­
teis sufrir más para salvarnos;
Vos fuisteis el primero que su­
bisteis desde este valle de lá­
grim as al cielo recorriendo el
camino con el peso enorme de
la cruz de nuestros crím enes,
cayendo tres v eces y volvién­
doos otras tantas a levantar,
perseverando en el deseo de
salvarnos, hasta el C alvario, en
donde debían crucificaros para
112 LA PERLA DE U S PROMESAS

darnos la vida con vuestra


muerte.
¡Oh divino M odelo! que yo
os imite recorriendo el camino
de mi vida llevando sobre mi
corazón la cruz, insignia indis­
pensable a todo cristiano, y que
cuantas veces caiga no me que­
de jam ás parado en el camino,
sino que, levantando mis ojos
suplicantes y mi corazón al cie ­
lo, reciba de V os la fuerza que
necesito para llegar a alcanzar­
lo, perseverando hasta el fin de
mi vida en sufrir por vuestro
amor y en desagravio de mis
pecados. Amén.

ADORACIÓN
a las Santísimas Llagas
Adoro, Señ o r, la llaga de
vuestra santísima mano derecha
LA PERLA DE LAS PROMESAS 115

y por ella os suplico que me li­


bréis de la tibieza en vuestro
santo servicio, para que no lle­
gue a la gran desgracia de ser
indiferente en él.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico que
trabajando en perseverar en la
práctica de las virtudes llegue
a adquirir una vida de perfec­
ción.

Padre nuestrot e tc.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestro santísimo pie derecho,
y por ella os suplico que ande
con alegría por el camino de
la virtud, cogiendo para ofre­
céroslas a V os, las flores de
114 1 A PFhLA DE LAS PROMESAS

m o r tific a c ió n que encuentre


en él.
Padre nuestro, e tc.

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo pie izquierdo,
y por ella os suplico que jam ás
vuelva la vista atrás en el ca­
mino de la penitencia para de­
tenerme ni por un instante en la
vida mundana que para segu i­
ros abandoné.
Padre nuestro, etc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo costado, y por
ella os suplico que, siendo V os
mi amparo durante la vida, me
recibáis en esta amorosa llaga
en la hora de mi muerte para
adoraros dentro de ella por toda
la eternidad.
Padre nuestrot etc*
LA PERLA DE LAS PROMESAS 115

Virgen santísima, V os sois el


primer Guardia de Honor que
al pie de la cruz y en el monte
Calvario hicisteis al Padre E ter­
no la preciosísima ofrenda d é la
sangre y agua que manaron del
Sagrad o Corazón de Je sú s para
purificar el alma de todos los
pecadores y salvarlos. V os sois
la M adre del Sagrad o Corazón,
el blanquísimo lirio de la San tí­
sima Trinidad, la rosa brillante
del Paraíso, la M adre de" Dios
y nuestra M adre.
Rogad por nosotros pecado­
res ahora para que nos convir­
tam os, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios y V ir­
gen pía,
¡R eco g ed , cuando muera, el
alma mía!
116 LA PERLA DE LAS PROMESAS

G lorioso San Jo s é , esposo


de M aría,
¡Concédem e tu apoyo en mi
agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je s ú s Sacram entado.
Amén.
Un Credo al Sagrad o Corazón por las
necesidades de la Iglesia, conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
OCTAVO VIERNES

Acto de contrición

eñ or mío Jesu cristo , que


no queréis la muerte del
pecador, sino que se convierta
y viva. Poderoso y bondadoso
Redentor mió, que me asegu ­
ráis que aun cuando sean mis
pecados más en número que las
arenas del mar y las estrellas
del cielo, más grandes que las
montañas y más rojos por su
malicia que la púrpura, a cual­
quiera hora que los confiese con
un corazón contrito y humillado
me los perdonaréis todos y de­
118 LA PERLA DE LAS PROMESAS

volveréis a mi alma la inmacu­


lada blancura de la nieve.
Extasiado ante tan incompren­
sible bondad, me arrojo en el
mar de vuestra misericordia;
¡toda la necesito, Señor! por­
que son muchos, muchísimos los
pecados que he cometido con­
tra V os.
Para pagaros tan enorme deu­
da os ofrezco las lágrimas de
mis ojos, el dolor de mi corazón
y el ardentísimo deseo que ten­
go de mortificarme en todo para
llegar a la muerte sin volver a
tener la desgracia de ofenderos.
Inspirados por V o s son estos
sentimientos, pues yo soy inca­
paz de concebir un solo pensa­
miento bueno; bendecidlos, S e ­
ñor, para que los practique, y
atraiga así sobre mí vuestra
gran misericordia. Amén.
LA PERLA DE LA9 PROMESAS 119

P or tu pasión y muerte, ¡oh


Dios clemente!
¡No permitas que muera im­
penitente!

M ED ITA C IO N

E s tan grande el odio que el


enemigo infernal tiene a Dios y
a todas las personas que se con­
sagran a su santo servicio, e s­
pecialmente si éstas viven en el
mundo, que unido a sus secua­
ces los mundanos, no cesa de
trabajar para apartarlos de Dios
por el pecado, y una vez con­
seguido, sigue trabajando aun
más para que no puedan volver
a El por el arrepentimiento y
sa lv arse...
Cuando un alma tem erosa de
120 LA PERLA DE LAS PROMESAS

Dios, pero tibia en su santo ser­


vicio, es tentada para pecar, y
quiere resistir a la tentación,
los ministros del demonio, que
son los que viven tan sólo para
gozar, la convencen diciéndole
que aquello no tiene nada de
particular, que todo el mundo lo
hace y que el dejar de hacerlo
por temor de ofender a Dios
son escrúpulos ridículos en per­
sonas de talento que viven en
buena so cied ad ...
S e deja vencer la pobre alma,
y no sólo deja de temer aque­
llas faltas, sino que se goza co­
metiéndolas, porque cree ya
que no tienen im portancia...
El camino que conduce al in­
fierno es tan suave y tan a g ra­
dable a los sentidos, que siem ­
pre halaga; mas una vez dados
en él los primeros pasos es difí­
LA PERLA DE LAS PR0M ESA 8 121

cil volver atrás, sin una gracia


especial de Dios y una gran
fuerza de voluntad por parte
n u estra...
Llega un momento en que la
justicia de Dios hiere a esta al­
ma infiel con la desgracia, y en­
tonces quiere volver a El; pero
se acuerda de los graves peca­
dos que ha cometido, no se a tre­
ve, y el demonio que la apartó
de Dios haciéndola pecar, le
dice para acabar de perderla:
«no sueñes con volver al Señ or,
porque es tres veces santo: en­
cuentra mancha en sus ángeles
que no son bastante puros en
su soberana presencia y cubren
sus rostros con sus alas, ¿cómo
pretendes tú, cubierto de abo­
minables vicios, ser bien acogi­
do por ese Dios de Ju s tic ia ? ...»
Pecadores que hacéis este
122 LA PERLA DE I.AS PROMFSAS

santo ejercicio, no le escuchéis,


porque desea que imitemos al
pérfido Ju d as, que después de
vender al Señ o r por el pecado,
cometió el más horrendo de los
crím enes, que fué el de creer
que no tenía Dios ya ni poder
ni misericordia bastante para
purificar su alma pecadora y
salvarla, ¡cuando una sola gota
de su sangre preciosísima basta
para redimir mil m undos!... Oid
y admiraos de la bondad de
Dios, que dirigiéndose a todos
nos dice: Los pecadores encon­
trarán en mi Corazón un ma­
nantial inagotable de miseri­
cordia.
II

En ese O céano de bondad se


pierden y desaparecen p a ra
LA PERLA DE LAS PAUAlESAS 123

siempre, por innumerables que


sean, todos los pecados de los
que contritos y humillados se
arrojan en 61 dispuestos a en­
mendar su vida, a amarle y ha­
cerle conocer y amar de los de­
m ás... No podemos dudar de la
misericordia de Dios, es verdad;
pero es tan incomprensible a
nuestra miseria el que siendo
tan miserables nos ame tanto,
que conociéndolo el Señ o r ha
querido dejarnos muchos ejem ­
plos de su bondad, para que,
teniéndolos siempre presentes
en nuestra memoria, sea nues­
tra esperanza en su amor para
salvarnos, mayor que nuestro
temor a su justicia para deses­
perarnos... ¿Quién no tendrá
esperanza en Dios, y quién de­
jará de abrasarse en las llamas
de su amor al oírle decir: «Yo
124 LA PERLA DE LAS PROMESAS

soy la Resurrección y la Vida?»


Y o soy aquel bondadoso Padre
que no quiere recibir al hijo pró­
digo a sus pies, sino en sus bra­
zos para estrecharle contra su
co razón ... Y o soy el Buen P a s­
tor que dejo a todas mis ovejas
para ir en busca de una que se
me ha extraviado, y al encon­
trarla y ver que quiere seguir­
me pero que no puede, porque
por su culpa está enferma, la
cojo en mis brazos, la acaricio
y la retengo en ellos para cu­
rarla y hacerla fe liz ... Y o soy
el que cambié el corazón de
M agdalena, porque la vi llorar
contrita a mis pies, haciendo
que desde aquel instante me
amase a Mí mucho más todavía
de lo que había amado al mun­
d o ... Y o so y, en fin, el que per­
doné por una sola súplica una
LA PEHLA DE LAS PROMESAS 125

vida de crímenes al buen ladrón


recibiéndole en aquel mismo día
en el Reino de los cielos.
Y en estos momentos parece
que el Señ o r dice a cada uno
que esto lee: «Reúne en ti solo
los crímenes de todos ellos,
vierte sobre mi corazón una lá­
grima de verdadero arrepenti­
miento, y cree firmísimamente
que por mis infinitos méritos,
todos, todos te serán perdona­
d o s ...»

Propósitos y afectos

S eñ o r, jam ás desesperaré de
salvarme si me arrepiento, por­
que siempre será vuestra mi­
sericordia mayor que mis pe­
cados: aumentad mi esperanza
en ella, os lo suplico con la si­
guiente
12J LA PERLA DE LAB PROMESAS

O R A C IO N

Divino Salvador mío, bendito


sea vuestro Sagrad o Corazón,
mar sin fondo de indiligencia y
caridad para el pobre pecador.
Mi corazón se parte de dolor
por lo que os ha ofendido, y se
abrasa de amor por V os al ver
que después que os he clavado
en una cruz toaavía queréis des­
de ella ocultar mis crímenes a
vuestro Eterno Padre para que
no me condene; y como son tan­
tos y tan grandes, que es impo­
sible conseguirlo, le decís para
salvarm e: «¡P ad re, perdonadle,
que no sabe lo que se hace!»
E s cierto Señ or, ¡no lo sabía!
pero ahora que un rayo de vues­
tra gracia ilumina mi alma, ayu­
dado de ella creo que sufriré
LA PERLA DE LAS P¿OM E9&3 127

con gusto todos los tormentos


antes que volver a ofenderos y
antes que dejar de amaros.
Amén.

ADORACION
a las Santísimas Llagas

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano derecha,
y por ella os suplico que me deis
una lágrima de dolor de las mu­
chas que por mí derram asteis
en el Huerto de los olivos.
Podre nuestro, Ave Mario y Gloria.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestra santísima mano izquier­
da, y por ella os suplico que me
deis una espina de vuestra co ­
rona para que constantem ente
traspase mi corazón de dolor
128 LA PBRLA DE LAS PR 0M E9A 8

por los pecados que he com e­


tido.
Padre nuestro, e tc.

Adoro, S eñ o r, la llaga de
vuestro santísimo pie derecho,
y por ella os suplico que me
deis fuerza para beber con amo­
rosa resignación unas g otas, si­
quiera, de vuestro cáliz de amar­
gura.

Padre nuestro, e tc.

Adoro, Señ o r, la llaga de


vuestro santísimo pie izquierdo,
y por ella os suplico que me
concedáis el amor a la mortifi­
cación y ese espíritu de peni­
tencia que tanto asusta al mun­
do, pero que es indispensable
para poder salvarse.
Padre nuestro, etc.
LA PBKLA OB LAS PROMESAS 129

Adoro, Señor, la llaga de


vuestro santísimo costado, y
por ella os suplico que conoz­
can todos los pecadores la mi­
sericordia infinita que encierra,
para que todos puedan conver­
tirse y salvarse.
Padre nuestro, etc.

V irgen santísima, V os sois


el primer Guardia de Honor
que al pie de la cruz y en el
M onte Calvario hicisteis al Pa-
dreEterno la preciosísima ofren­
da de la sangre y agua que ma­
naron del Sag rad o Corazón de
Je sú s para purificar el alma de
todos los pecadores y salvarlos.
V os sois la M adre del Sagrad o
C orazón, el blanquísimo lirio de
la Santísim a Trinidad, la rosa
brillante del Paraíso, la M adre
de Dios y nuestra Madre.
130 LA PEHLA DE LAS PROMESAS

Rogad por nosotros pecado­


res ahora para que nos convir­
tam os, y en la hora de nuestra
muerte para llevarnos al cielo.
Amén.
Santa M adre de Dios
y Virgen pía,
¡R eco g ed , cuando muera,
el alma mía!
Glorioso San Jo s é ,
esposo de M aría,
¡Concédem e tu apoyo
en mi agonía!
En el cielo y en la tierra
sea bendito y alabado
el divino Corazón
de Je sú s Sacram entado.
Amén.
Un Credo al Sagrado Corazón por las
necesidades de la Iglesia, conversión de
los pecadores y en sufragio de las bendi­
tas almas del purgatorio.
148 LA PERLA DE LAS PROMESAS

T ú , roto el aguijón de la
muerte, abriste a los fieles el
reino de los cielos.
Tú estás sentado a la dies-
.tra de Dios en la gloria del
Padre.
Creem os que vendrás como
Ju e z .
Rogárnoste, p u es, socorras
a tus siervos que con tu precio­
sa sangre redimiste.
Haz que en la gloria eterna
seamos del número de tus san­
to s.
S alv a, Señ o r, a tu pueblo y
bendice a tu heredad.
Y gobiérnalos y ensálzalos
para siempre.
Todos los días te bendeci­
mos.
Y alabamos tu Nombre en los
siglos, y en los siglos de los si­
glos.
LA PERLA DE LAS PROMESAS 14»

Dígnate, Señor, conservar­


nos en este día sin pecado.
Ten piedad de nosotros, S e­
ñor, ten piedad de nosotros.
Descienda, Señor, sobre nos­
otros tu misericordia, según y
como hemos esperado en ti.
En ti, Señor, esperé; no sea
yo eternamente confundido.
Amén.
FÓ R M U LA D E CONSAGRACIÓN

v l secHBTíiimo cobbzói de jesbs

por LEÓN XIII

Dulcísimo Jesús, Redentor del género


humano, míranos humildemente postrados
ante tu altar. Tuyos somos, tuyos quere­
mos ser, y para que podamos unirnos más
íntimamenle contigo, hoy cada uno de
nosotros voluntariamente se consagrará
a tu Sacratísimo Corazón.
Es verdad que muchos jamás te cono­
cieron, que muchos te abandonaron des­
pués de haber despreciado tus manda­
mientos: de unos y otros ten misericordia
benignísimo Jesús, y atráelos todos a tu
Sagrado Corazón* Reina, Señor, no sola­
mente sobre los fieles que jamás se apar­
taron de Ti sino también sobre los hijos
LA. PERLA DE LAS PROMESAS 151
pródigos que te abandonaron, y haz que
éstos prontamente regresen a la casa pa*
terna para que no mueran de hambre y
miseria. Reina sobre aquellos a quienes
trae engañados el terro r de sus opiniones
o separados la discordia, y condúcelos al
puerto de la verdad y llámalos de nuevo
a la unidad de la fe, para que en breve no
haya sino un solo redil y un solo Pastor.
Reina, finalmente, sobre todos aquellos
que viven en las antiguas supersticiones
de los gentiles, y no rehúses llamarlos
desde las tinieblas a la luz y reino de Dios.
Concede, Señor, a tu Iglesia segura li­
bertad y firmeza, a todos los pueblos la
tranquilidad del orden, y haz que de uno
a otro polo de la tierra resuene unánime
esta voz: Alabado sea el Divino Corazón,
causa de nuestra salud, y al mismo sean
dados gloria y honor por todos los siglos.
Amén,

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