Reflexiones sobre la naturaleza de la sociedad soviética. Necesidad de nuevos modelos de interpretación.

Antonio Fernández Ortiz El modelo occidental sobre la crisis de la URSS es inadecuado tanto metodológicamente como en su base factológica. Es un modelo fundado en el eurocentrismo más radical que falsea, al ser aplicado, el conocimiento del proyecto soviético. De esta manera se produjo, independientemente de posturas políticas intencionadas, una incomprensión del sistema soviético incluso por parte de quienes estaban en predisposición de entenderlo y defenderlo, como fue el caso de una parte muy importante de la izquierda europea. I. Introducción. Son numerosas las no-verdades a través de las que Occidente se ha acercado siempre a la historia rusa y soviética. No es un caso específico. En general el hombre europeo, sentado en el trono prepotente de su supuesta autoridad cultural, ha mirado a los territorios que le son fronterizos con desconfianza, agresividad, despecho, avaricia, etc. El eurocentrismo, como manifestación enfermiza de la cultura europea de la modernidad ha impedido ver el mundo que rodea a Europa occidental tal y como es. La elaboración de rígidos patrones culturales ha hecho, y hace, que Europa perciba al resto del mundo a través del prisma de su propia cultura. Prisma que se convierte en espejo en el cual Europa ve el reflejo, deformado, de su propia imagen. Esta actitud ha dificultado el conocimiento del mundo exterior, incluso en los casos que Occidente se mostraba empeñado en conocerlo. En relación con la Unión Soviética los intentos de conocer su estructura social y económica, sus manifestaciones culturales y, sobre todo, la necesidad de conocer el diseño de la política soviética, dieron como resultado la aparición de un engendro: el sovietólogo. Versión de científico ya definida por Ortega y Gasset como prototipo de hombre masa, científico masa en este caso. Supuesto conocedor de su especialidad, pero un perfecto incapaz a la hora de comprender los complicados procesos sociales que se fraguan a su alrededor. Los sovietólogos, que aparecieron por todo Occidente (EE.UU., Inglaterra, Francia, España, etc.), tuvieron siempre grandes dificultades para entender a la Unión Soviética provocadas por lo inadecuado de los métodos de estudio con los que trataban de acercarse a su objeto de conocimiento. En realidad, la derrota del proyecto soviético fue consecuencia de la decisión que tomó una reducida elite política soviética de rendir la plaza y entregarse y tuvo poco que ver con el éxito de los continuados esfuerzos de Occidente por asaltar la fortaleza asesorado por toda su cohorte de sovietólogos. Esta situación de incapacidad para comprender en profundidad la cultura rusa no es nueva. Un ejemplo significativo lo tenemos en los preparativos de la II Guerra Mundial, cuando los alemanes fueron informados por grupos de exiliados rusos de importantes defectos de análisis realizados por sus expertos. La terrible experiencia de la guerra puso de manifiesto lo inadecuado de las previsiones occidentales. En un salto hacia lo imposible la vieja cultura rusa demostró su capacidad de reacción en situaciones límite y derrotó a la Europa agresora. El tema que aquí nos ocupa, las causas de la caída del sistema soviético, necesita un análisis previo que nos permita un acercamiento más preciso a la realidad. En nuestro caso, planteamos la necesidad de conocer con más exactitud la naturaleza de nuestro objeto de estudio, el sistema soviético, de lo contrario correremos el riesgo de repetir errores comunes, fruto de los tópicos ya asumidos

sobre la Unión Soviética. Proponemos un acercamiento previo al conocimiento de la naturaleza real de la sociedad soviética. Si profundizamos en esta dirección, estaremos en mejores condiciones para entender que fuerzas económicas, sociales, políticas y culturales actuaron sobre ella, y de que manera incidieron en lo que en Occidente ha venido en denominarse caída. *** Hace unos años, un grupo de historiadores decidimos ir a Rusia. Nuestras motivaciones eran puramente científicas: el estudio de la historia y de la sociedad rusa y soviética desde diferentes campos de la investigación. Llegamos a la Unión Soviética con todo el bagaje cultural acumulado en nuestros años de formación. Nuestro conocimiento sobre la URSS no era despreciable desde el punto de vista de un historiador español. Todos los clásicos de la historiografía occidental sobre la Unión Soviética habían pasado por nuestras manos, y con ellos nos habíamos familiarizado con grandes conceptos como revolución, socialismo, capitalismo, lucha de clases, imperialismo, modos de producción, y otros no tan grandes como estalinismo, colectivización forzosa, represiones, procesos de Moscú, corrupción, nomenclatura, carrera de armamentos, etc. Además, teníamos en nuestro haber el modelo oficial occidental de interpretación de la historia de la URSS y de Rusia. Este modelo, asumido sin apenas diferencias entre las diversas escuelas historiográficas, en lo fundamental sigue vigente en la actualidad, sólo han vuelto a modificarse las valoraciones. En el caso de la izquierda europea, se produce la negación del carácter socialista de la Unión Soviética, pero no se han producido modificaciones en la comprensión de su historia, en la medida que no se han alterado los postulados básicos sobre los que se realizan tales valoraciones. Ya en los primeros meses comprendimos que era un imperativo desprendernos del modelo asumido en los años de universidad y que era imprescindible tratar de conocer realmente el país en el que nos encontrábamos si queríamos que nuestra estancia en él resultase intelectualmente provechosa. Lo primero que constatamos fue que, a pesar de tener ciertos rasgos comunes con Europa, Rusia tiene importantes y determinantes diferencias culturales con Europa occidental.

II. Las fuentes. Veamos a continuación algunas de las fuentes de información empíricas y teóricas y el método de análisis que propiciaron el cambio de modelo de interpretación de la historia rusa y soviética. a) La observación de numerosas situaciones que pueden ser consideradas como normales. La actitud de diversos colectivos en la vida cotidiana y sus reacciones ante los cambios que diariamente se producen. Ejemplos: la desaparición de la URSS, la inflación, la privatización de la industria nacional, el aumento de la criminalidad organizada, la guerra localizada tanto en las antiguas repúblicas de la URSS como en el interior de la Federación de Rusia, etc. b) Las observaciones de carácter excepcional sobre el comportamiento individual y de grupos sociales en situaciones anómalas. Ejemplos: el primer gran mitin de la oposición, los sucesos violentos ocurridos en la manifestación del Primero de mayo de 1993, los enfrentamientos alrededor de Soviet Supremo en septiembre de 1993, la insurrección del 3 de octubre en la calles de Moscú y el bombardeo del Soviet Supremo, la guerra en Chechenia, etc. Una de las consecuencias más importantes de estas observaciones ha sido la elaboración de un modelo de respuesta de la población rusa en situaciones de crisis, diferente a los

modelos de respuesta lineal propios de las sociedades modernas occidentales, aceptados como generales y de aplicación universal. c) El estudio de los grupos democráticos que apoyaron a Gorbachov y a Eltsin y de los distintos sectores de la oposición, con el análisis de sus argumentaciones y presupuestos teóricos. d) El estudio de los diferentes grupos de la oposición. Por un lado el sector patriota, crítico en su momento con el proyecto soviético, y posteriormente comprometido con la oposición comunista en diferentes organizaciones políticas de carácter amplio. Un ejemplo concreto estuvo representado en su día por el Frente de Salvación Nacional, donde estaban agrupados comunistas defensores del pasado soviético junto con representantes del movimiento blanco como Soloujin y Shafarevich. En la oposición comunista aparecieron una gran cantidad de pequeños partidos que reivindicaban para sí la pureza del movimiento comunista. Sin embargo, sólo uno de ellos consiguió consolidarse y crear una importante estructura partidaria en todo el territorio de la Federación de Rusia: el Partido Comunista de la Federación de Rusia, liderado por G. Ziuganov. Es muy importante el debate teórico que se produjo en su seno y que llevó a la asunción de los valores patrióticos o eslavófilos por importantes sectores de su dirección, produciéndose así un intento de superación de la división entre la ortodoxia marxista y las representaciones ideológicas de la población soviética. Precisamente esta división, entre la ideología oficial del PCUS y las concepciones del mundo de la población, fue una de las causas de la debilitación del Partido y su distanciamiento de amplios sectores de la población. e) El estudio de la intelligentsia como fenómeno específico de la cultura rusa, y en especial su actitud ante el proceso de cambios iniciado con la perestroika de Gorbachov. Concretamente, y en relación con la perestroika, se ha realizado un especial seguimiento de la actitud de la intelligentsia científica, ya que ella realizó una importante función legitimadora de las reformas liberales a través de la elaboración de los soportes ideológicos de la perestroika y las reformas de Eltsin. Además de Sajarov, verdadero padre espiritual de las reformas, destacan por su importancia e influencia nombres como Zavslaskaia o Amosov. Este último fue un famoso médico ucraniano que daba a su defensa del desempleo como supuesto elemento dinamizador de la sociedad una base biológica. Se ha realizado un detallado seguimiento de las argumentaciones teóricas de la intelligentsia en los periódicos y revistas más importantes e influyentes: Voprosi Filosofii, Vestnik A.N. SSSR, Voprosi Istorii, Izvestia A.N SSSR, Kommunist, Literaturnaia Gazeta, Poisk, Pravda, Sovestkaia Rossia, Nezavisimaia Gazeta, Den (después Zavtra), Nash Sovremennik, etc. f) Estudio de la estadística socioeconómica de la URSS y de la Federación de Rusia. De su estudio se desprende la imposibilidad de mantener uno de los mitos que con mayor fuerza justificaron la necesidad de las reformas económicas de la perestroika: no existió una situación catastrófica de la economía soviética. Y en esta afirmación incluimos a la agricultura soviética y sus estructuras colectivistas (koljoz y sovjoz). No hubo necesidad objetiva de las reformas económicas realizadas a partir de los últimos años de la perestroika y en el periodo de las reformas neoliberales de Eltsin. A su vez, la estadística socioeconómica y demográfica nos muestra con toda su dureza las terribles consecuencias que para la población han tenido los cambios aplicados al país a partir del año 1992.

g) El estudio de los datos demográficos y de las investigaciones realizadas en los archivos sobre las represiones estalinianas. Los estudios más recientes, realizados sobre la base del libre acceso a los archivos de historiadores nacionales e internacionales, ponen en su sitio las cifras reales de las llamadas represiones de Stalin y con ello desmontan otro de los mitos más efectivos de la perestroika. La violencia que especialmente afectó al sistema soviético en la década de los años 30 del siglo XX fue producto del enfrentamiento de diferentes grupos de poder que lucharon por el control del Estado soviético y por la imposición de un proyecto propio de sociedad. Fue un conflicto oculto en el que cada grupo pudo utilizar la parte del aparato estatal que controlaba para enfrentarse con los demás. Los cuerpos de seguridad del Estado fueron los que más sufrieron en aquel conflicto precisamente porque sirvieron de campo de batalla y de instrumento represivo de todos los grupos. Aquella violencia, posteriormente manipulada cualitativa y cuantitativamente, fue presentada como “las represiones de Stalin” o “el terror de Stalin contra su propio pueblo” con el único objetivo de utilizarla como instrumento de socavación del proyecto soviético tanto por sus enemigos internos como por los externos. El estudio de esta faceta del sistema soviético se ha completado con el análisis de las actitudes ante las represiones por parte de diferentes grupos sociales, y con las respuestas y comportamientos de personas que, de una u otra manera, se vieron involucradas en aquella situación de violencia. h) El estudio de los grupos que se encuentran en el centro de las reformas neoliberales. Minorías nacionales, grupos étnicos de mayor envergadura, campesinos. Ha sido de gran utilidad el contacto directo con miembros de estos grupos, sobre todo con campesinos de koljoz situados en diferentes puntos de la geografía rusa. La actitud de las gentes del campo ante las reformas y, sobre todo, ante la privatización de la tierra, ha sido en todo momento la de negar la privatización. No por criterios de rentabilidad económica, sino por consideraciones éticas y morales. La tierra sigue siendo percibida como un bien sagrado que los hombres han recibido directamente de Dios y que no puede ser ni comprada, ni vendida, ni convertida en mercancía. Esta es, sin duda, una de las enseñanzas más importantes que nos ha reportado el trabajo con el mundo campesino ruso. i) El estudio de los trabajos y reflexiones de los filósofos rusos. Por un lado lo que ha venido en denominarse el cosmismo ruso, es decir, la filosofía del “hacer común”, aspecto fundamental de la cultura rusa, que a través de figuras como Feodorov, Tsiolkovski o Vernadski, en filosofía y ciencia, y de Esenin o Platonov en literatura suponen la concreción y transmisión a las nuevas generaciones de filósofos, científicos o escritores del “genotipo” cultural ruso tradicional y solidario. Por otro lado los filósofos-emigrantes como se les conoce en Rusia. Testigos de las revoluciones y, en algunos casos, participantes activos en su desencadenamiento en virtud de sus trabajos de crítica de la sociedad rusa en el periodo de transición del siglo XIX al XX. Sus reflexiones son imprescindibles para entender la dinámica revolucionaria de diferentes sectores sociales, en especial, el fenómeno de la intelligentsia rusa. Entre otros pueden ser citados los escritos de Berdiaev, Bulgakov, Struve y Frank. También conviene señalar aquí la gran importancia que adquiere el estudio de las repercusiones en la literatura de las crisis revolucionarias en Rusia. Dostoievski y la intelligentsia (Demonios), L. Tolstoi y el debate sobre la propiedad de la tierra (Resurrección), Sholojov y el choque entre tradición y modernidad en el mundo campesino (Los cuentos del

j)

Don. El Don Apacible), Pushkin y el modelo de respuesta ruso en la crisis revolucionaria (La Hija del Capitán, Boris Godunov), Alexander Blok o el reflejo en la poesía del conflicto entre revolución y tradición (Escitas, Los doce). k) El estudio del gran proyecto científico-técnico e industrial que se convirtió en el mejor reflejo de todo el proyecto soviético. Nos referimos al Programa Cósmico soviético. Un fenómeno especifico de la cultura ruso/soviética a través del cual podemos estudiar y comprender el complejo proceso de simbiosis entre tradición y modernización que en realidad supuso la experiencia soviética. Presentado en Occidente como la gran carrera de armamentos de un Estado empeñado en conseguir la supremacía militar frente a sus enemigos occidentales, haciendo una transposición poco afortunada de las motivaciones de su contrincante, los EE.UU., tiene, sin embargo, grandes diferencias con respecto a éste. El programa cósmico soviético hunde sus raíces en la cultura tradicional rusa y comienza a formularse en las reflexiones de los filósofos del “hacer común” que mencionamos anteriormente. La concreción como corriente filosófica de lo que ha venido en denominarse cosmismo ruso, se produce en el tránsito del siglo XIX al XX. Una serie de pensadores rusos, una mezcla de filósofos y naturalistas, literatos y científicos, recogen en sus reflexiones aspectos fundamentales de la cultura rusa que se habían manifestado desde tiempos inmemoriales en el folklore y después en la literatura. Los filósofos cosmistas son los primeros en formular la necesidad del hombre de salir al cosmos. Hombres como Fiodorov, Kibalchich (ejecutado por participar en el atentado al Zar Alejandro II, filósofo y teórico de los motores a reacción), o Tsiolkovski, el fundador de la cosmonáutica soviética, y la persona que dio el relevo a las nuevas generaciones de científicos que pusieron en órbita a Yuri Gagarin, son algunos de los más representativos de esta generación inicial de filósofos. Ellos trasmitieron no sólo sus conocimientos científicos y sus ilusiones, trasmitieron además sus concepciones solidarias y paternalistas a las nuevas generaciones. Tsander o Kondratiuk pertenecen a la generación intermedia de los hombres del cosmos. Es curioso el caso de Kondratiuk, era un oficial blanco durante la guerra civil cuando resultó herido en combate. Lo trasladaron a un hospital del Ejército rojo donde fue curado de sus heridas. Cerca de su cama murió un oficial rojo gravemente herido y Kondratiuk tomó sus documentos y se hizo pasar por aquella persona. Koroliov, Gluhsko o Yangel pertenecen a la generación de los “Constructores”, los hombres que diseñaron y pusieron en órbita los ingenios espaciales. El caso de Koroliov es bastante significativo. Conoció personalmente a Tsiolkovski en un viaje histórico de un grupo de jóvenes investigadores a la ciudad de Kaluga donde vivía el viejo sabio. Quedó impresionado y se dedicó a trabajar intensamente en proyectos espaciales. En el año 1938 fue juzgado y condenado a reclusión, pero continuó trabajando en sus proyectos hasta que fue liberado en el año 1944. Aunque fue recibido por Stalin en el Kremlin y se convirtió en el Constructor Principal de cohetes, no fue definitivamente absuelto de los cargos por los que fue condenado hasta 1957, año que la Unión Soviética puso en órbita el primer Sputnik. Dos veces condecorado como Héroe Socialista del Trabajo, volvió a ingresar en el PCUS en el año 1953. Durante toda su vida fue fiel al proyecto soviético, a su muerte, en 1966, fue enterrado en las murallas del Kremlin y, a pesar de haber estado varios años recluido en un centro especial, conservó siempre una gran admiración hacia Stalin. En la actualidad es uno de los referentes míticos de la cultura rusa y soviética. Su nombre forma parte del panteón de los héroes populares rusos junto

a los nombres, entre Kozmodemianskaia.

otros,

de

Zhukov,

Gagarin

o

Zoia

III. Modernidad / tradición. El trabajo sobre estas fuentes, de las que aquí sólo se ha ofrecido una pequeña muestra, aunque no recoge todo el amplio espectro de manifestaciones de la cultura rusa, ha permitido tener al menos una visión de conjunto sobre la sociedad soviética que difiere en aspectos fundamentales de los modelos de interpretación asumidos por la mayoría de investigadores occidentales. Como primera valoración, constatamos un específico fenómeno de hibridación entre la modernización industrializadora y una sociedad de carácter tradicional, en lo fundamental campesina. Hablamos de sociedad tradicional rusa en la medida que en el momento que comenzaron sobre ella las presiones ejercidas por la industrialización socialista, no se había producido en su seno el acceso a la modernidad en el sentido en que este concepto es entendido con respecto a Europa occidental. La Unión Soviética a finales de los años veinte era una sociedad en la cual todavía estaban vigentes todas sus estructuras tradicionales. Todo el proceso revolucionario que se fraguó en Rusia desde la segunda mitad del siglo XIX fue apoyado por amplios sectores de las elites intelectuales en la medida que éstas percibían en la revolución el camino adecuado para la incorporación de Rusia a la modernidad. Sin embargo, este camino que, desde el punto de vista de la izquierda occidentalista, se inició con buen pie, cambió de rumbo en un momento que viene a coincidir con el triunfo del proyecto soviético encabezado y representado por Stalin. La modernización soviética se realizó sobre la base de la existencia y parcial continuidad de sociedad tradicional rusa. Esto fue así no porque la modernización se realizase con un cuidado específico encaminado a preservar aquel mundo campesino, sino porque la fuerza y resistencia de la Rusia tradicional fue capaz de digerir y reconducir el proceso revolucionario, entre otras cosas, porque encontró en el bolchevismo el vehículo idóneo para expresarse políticamente. Fue, desde luego, un proceso complejo que no podemos detallar en esta ocasión. Los resultados no se manifestaron como respuestas lineales que obedecían a la suma de elementos casuales, sino que la fuerza y el tamaño de la respuesta histórica de la URSS de los años treinta y durante la Guerra Patriótica, se debió a la simbiosis de elementos tan diversos como industrialización, campesinado, marxismo y sociedad tradicional, donde, además, la presencia de muchos factores no racionales, produjeron efectos no previstos. Tradición y modernización iniciaron juntas, con toda su carga de contradicciones e incompatibilidades, una andadura histórica que dio como resultado el concepto de sociedad que conocemos como URSS, y que los soviéticos de fin del siglo XX pusieron en cuestión.

IV. La intelligentsia. Las consideraciones anteriores nos ayudan a comprender muchas de las causas de la caída del bloque soviético. Tomemos como ejemplo la actitud de uno de los grupos sociales que más activo se mostró durante la perestroika: la intelligentsia. En un artículo de Yuri Afanasiev titulado Los aires de la perestroika, publicado en el diario El País en enero del año 1988, se leía lo siguiente: “A pesar de los denodados esfuerzos de varias generaciones, a pesar del ingente número de víctimas, en nuestro país no se ha logrado el socialismo concebido por Lenin en los años veinte. Precisamente por ello hemos llegado a la conclusión de que esta sociedad debe ser transformada hasta sus cimientos. ... tenemos que reconocer que, de momento, vivimos en un socialismo de corte estaliniano, que nos queda por delante la tarea de transformar las estructuras económicas, sociales y espirituales ... Se nos plantea la

tarea de librarnos, del modo más completo y decidido, de todo lo que lleve el sello del estalinismo.” Este tipo de planteamientos fueron habituales en la Unión Soviética durante la perestroika, pero veamos que se ocultaba tras esta condena al estalinismo. La intelligentsia inició la crítica al proyecto soviético a través de la crítica del estalinismo. ¿Por qué se criticaba del estalinismo? ¿Por su carácter totalitario? ¿Por su carácter violento? ¿Por las llamadas represiones? Habría que preguntarse en primer lugar si en el año 1988, fecha de estas declaraciones, vivía la Unión Soviética en la situación de violencia que supuestamente generó el estalinismo en los años 30 del siglo XX. La evidencia nos demuestra que no. Entonces, ¿qué era lo que para Afanasiev llevaba todavía el sello del estalinismo? En realidad este tipo de críticas eran sólo un instrumento para socavar el edificio por su parte más vulnerable. Lo que la intelligentsia soviética condenaba del estalinismo era la específica simbiosis a la que nos referíamos antes entre industrialización y tradición que había permitido la pervivencia de la sociedad tradicional rusa y su prolongación hasta la actualidad. Y esto era algo que la intelligentsia no podría nunca disculpar a Stalin. Podrían disculparle a Stalin el autoritarismo. Nadie en Rusia es demócrata en el sentido que este concepto tiene en Occidente. No se corresponde con su “genotipo” cultural. Si algo era aplaudido en la figura de Eltsin, el líder e ídolo de los demócratas rusos, eran sus actitudes autoritarias. Podrían disculparle a Stalin la violencia empleada en la lucha. Todos fueron violentos durante la experiencia revolucionaria y activos participantes en las represiones realizadas durante la Guerra Civil y posteriormente en la lucha interna por el control de Estado. La inmensa mayoría de las víctimas de los años 30 cayeron empleando la violencia contra sus enemigos de facción. Así, por poner un ejemplo, los responsables de la muerte de Mandelshtam, los que urdieron la trama que acabó con la vida del poeta acusándolo de ser un chovinista pan-ruso, apenas si le sobrevivieron unos meses, muriendo ellos mismos ajusticiados. Pero la intelligentsia, como grupo social, no ha podido disculpar a Stalin que su modelo de desarrollo, que el proyecto soviético que él encarnaba y que finalmente triunfó, supusiese la destrucción del modelo modernizador occidentalista y la consolidación y prolongación en la época industrial de la trayectoria histórica de la cultura rusa. La perestroika fue rica en metáforas. La más utilizada fue la que hablaba de ”la vuelta al seno de la Civilización Universal”. Elaborada por los arquitectos del proyecto de reformas, obtuvo amplia resonancia en los medios de comunicación y en la masa de la opinión pública. Venía a estar formulada en los términos que a continuación se detallan. La Unión Soviética se encontraba fuera de la HISTORIA, con mayúsculas, y de la Civilización Universal. En el devenir de su existencia, Rusia había equivocado tres veces su camino. La primera vez cuando adoptó como religión la Ortodoxia cristiana procedente de Bizancio. La segunda, cuando el Príncipe Alexander Nevski ante el dilema: aliarse con los teutones (es decir Occidente) y hacer la guerra contra los tártaro-mongoles (es decir Oriente), o aliarse con los tártaro-mongoles y hacer la guerra contra los teutones; decidió aliarse con Batu-Kan (llegando a hermanarse con la familia del Kan) y hacer la guerra contra los teutones (Occidente). En las posteriores interpretaciones de la historia rusa en clave occidentalista, aquel acto supuso la definitiva vuelta de espaldas de Rusia a Europa y su incorporación a Oriente. Esta situación la intentaron superar algunas políticas reformadoras y modernizadoras durante los siglos XVII y XVIII, las más importantes y conocidas fueron la de Pedro I y Catalina II. Sin embargo, como valoración definitiva, aquellos intentos de volver a Rusia al seno de la Civilización Universal fracasaron porque las

reformas se quedaron en administrativas y apenas si alcanzaron a reducidas capas de la sociedad. El gran proyecto modernizador que abarcaría a toda la sociedad rusa, removiéndola desde sus cimientos, y que incorporaría a Rusia al concierto de las naciones civilizadas fue, para la intelligentsia occidentalista, la Revolución rusa del año 1917. Pero los acontecimientos de Octubre supusieron ya una importante desviación. Bunin, el gran escritor ruso, en unos comentarios que lindan con el racismo, mostró a través de las anotaciones de su diario Okaiannie Dni la supuesta vuelta a lo asiático y oriental que representaba el bolchevismo “25-febrero-1918. Corren rumores de que los aliados, ¡ahora ya por fin son aliados! han llegado a un acuerdo con los alemanes y les han encargado poner orden en Rusia. De nuevo otra manifestación: banderas, carteles, música, y en desorden y desafinando gritan en vez de cantar: - ¡Levántate, álzate pueblo trabajador! Son voces intrauterinas, primitivas. Las mujeres tienen rostros chuvashios, mordavos. Los hombres, como si hubiesen sido seleccionados, tienen rostros de criminales, otros los tienen directamente como los habitantes de Sajalín. Los romanos marcaban con hierro candente en las caras de sus condenados “cave furem”. En estos rostros no es necesario marcar nada, todo es evidente sin necesidad de ninguna marca. 23-marzo-1918. La plaza de Lubianka brilla bajo el sol. El barro líquido salpica de debajo de las ruedas. Asia, Asia son los soldados, la chiquillería, el comercio de dulces, de turrón, de pastillas de semillas de amapolas, de cigarrillos. Los gritos son también orientales y las conversaciones... y que repugnantes son todos, incluso por el color de sus caras y por sus cabellos amarillos como el de los ratones. Los soldados y los obreros que con estruendo van en los camiones tienen la jeta de triunfadores. 24-marzo-1918. En la cocina de P. Hay un soldado con la jeta gorda y los ojos de diferentes colores como los gatos. Dice que, naturalmente, el socialismo es ahora imposible, pero que de todas maneras hay que rajar a todos los burgueses. Pero a pesar de todo, todavía encontraron los mecanismos para luchar desde dentro del bolchevismo por reconducir la revolución hacia Occidente. Sin embargo, la historia volvió de nuevo, en una tercera oportunidad, a dar la espalda a sus proyectos y, según ellos, a Rusia. La industrialización y modernización estaliniana supuso la paralización definitiva de aquellos proyectos. Y así las cosas, la perestroika fue presentada como la última oportunidad histórica para la modernización occidentalizadora de Rusia, ya en esta ocasión con carácter apocalíptico en caso de fracaso de la nueva tentativa. Este planteamiento apocalíptico se reforzó con el recurso a viejas fórmulas religiosas de la ortodoxia cristiana rusa en la utilización del lenguaje que revistieron desde el principio a la perestroika de una apariencia sacra: el único camino de salvación. Este fue el caso, por poner un ejemplo, de la fórmula inogo ne danó, que viene a significar en español “no hay otra opción” o “de otra forma no será posible” pero con un componente de última oportunidad. Su utilización fue habitual en todo tipo de escritos y en debates televisivos, y uno de los libros emblemáticos de la

perestroika, verdadera Biblia del reformista, donde estaban recogidos una serie de escritos de los padres espirituales de la perestroika, fue editado con ese título. Este planteamiento contenido en la metáfora, es consustancial al fenómeno de la intelligentsia rusa, formada en el transcurso del siglo XIX en los debates sobre los proyectos de reformas y las necesidades de modernización. La intelligentsia, producto de esa sociedad a la que pretende transformar tiene, además, sus mismas características. Es apasionada, violenta, mesiánica, disciplinada, y percibe su misión con un carácter sacralizado, un fundamentalismo modernizador. Lo que define a la intelligentsia es su misión modernizadora, pero no vale cualquier modelo, son los modelos de la Europa Occidental los únicos válidos. En la metáfora, estar fuera de la HISTORIA era no estar dentro del modelo de civilización que representa Europa occidental. Por otro lado, la clásica militancia política y su división entre liberales, conservadores, socialdemócratas o comunistas, no define tampoco a la intelligentsia. Se puede ser miembro de la intelligentsia desde las posiciones del liberalismo más recalcitrante o desde el marxismo más ortodoxo. Por eso, cuando la intelligentsia soviética llegó a la conclusión que el modelo socialista del proyecto soviético había traicionado sus pretensiones modernizadoras, renegó de él y no tuvo ningún reparo en abrazar, con el mismo mesianismo, la bandera de la modernización occidentalizante representada por los postulados monetaristas neoliberales.

V. El modelo de crisis. El modelo occidental sobre la crisis de la URSS es inadecuado tanto metodológicamente como en su base factológica. Es un modelo fundado en el eurocentrismo más radical que falsea, al ser aplicado, el conocimiento del proyecto soviético. De esta manera se produjo, independientemente de posturas políticas intencionadas, una incomprensión del sistema soviético incluso por parte de quienes estaban en predisposición de entenderlo y defenderlo, como fue el caso de una parte muy importante de la izquierda europea. También en la Unión Soviética fue aplicado este falso modelo eurocentrista, lo que dio lugar a la aparición de dos planos diferentes y distantes de la realidad: la realidad oficial, con su discurso positivista sobre los logros en la construcción de socialismo, y la realidad no-oficial, con sus contradicciones y su distanciamiento de las verdades oficiales. Mientras la URSS existió, esta contradicción no fue demasiado evidente, aunque sí grave, ya que, entre otras cosas, debilitó fuertemente las bases teóricas del PCUS a la vez que dio lugar al distanciamiento del Partido de amplios sectores de la población, y su incapacidad de reacción en los momentos más peligrosos de la crisis como se demostró posteriormente durante la perestroika. Es de vital importancia saber que tipo de sociedad solidaria fue creada durante la construcción del socialismo soviético. De esta manera evitaremos agravios comparativos, descalificaciones y condenas gratuitas realizadas sobre los tópicos elaborados y difundidos por los otros. En la URSS tuvo lugar la superposición de dos modelos de solidaridad. Sobre la solidaridad orgánica propia de la sociedad tradicional rusa fue aplicado un modelo de solidaridad racional, elaborado por el marxismo como un camino a la justicia social para una experiencia histórica, la europea occidental, diferente. El marxismo fue, y es, un intento de desarrollar un tipo de solidaridad en sociedades donde el elemento tradicional ha sido extinguido o sólo pervive como reducto aislado. Su aplicación sobre realidades sociales, como la rusa o la china, donde la solidaridad tradicional sigue vigente, tuvo forzosamente que dar lugar a sociedades estructuralmente diferenciadas de los modelos propios de las sociedades occidentales que abrazaron el dominio de la Razón en el tránsito a la modernidad.

El llamado culto a la personalidad, la colectivización de la agricultura, la industrialización acelerada, y un largo etcétera de fenómenos propios de la experiencia del socialismo real no se produjeron por la maldad intrínseca de Stalin. Para este tipo de fenómenos hay explicaciones más ricas que “la dictadura estalinista” o la “opresión burocrática”. El culto a la personalidad estuvo íntimamente ligado a la percepción sacralizada del Estado y la colectivización forzosa de la agricultura hubiese sido imposible sin la previa existencia de estructuras solidarias campesinas. En este sentido, creemos que sería de gran interés realizar una profunda y detallada reflexión sobre todos estos fenómenos que se manifiestan como signos evidentes de la continuidad de estructuras tradicionales pero ya en el seno de una sociedad altamente industrializada. Señalamos a continuación, a modo de ejemplo, algunas cuestiones sobre las que sería interesante reflexionar: • El culto a la personalidad. Es evidente que hubo voluntad política de los dirigentes soviéticos en potenciar este fenómeno alrededor de la figura de Stalin. Pero al mismo tiempo hay que tener en cuenta que el contexto cultural fue propicio para su desarrollo. La percepción sacralizada del poder o la vigencia del Mito y del Héroe en la sociedad soviética, entre otras cuestiones, ayudan a entender este hecho. • La colectivización de la agricultura, no se entiende sólo en clave de fuerza y presión sobre el campesinado. Los campesinos vieron en el proceso colectivizador la continuidad de sus estructuras campesinas solidarias que las reformas liberales de Stolipin habían intentado destruir sin éxito. Sin embargo, el primer modelo de comunidad impuesto por el Poder Soviético produjo el rechazo de una parte importante del campesinado y una crisis puntual de producción con su secuela de hambre. El Poder soviético reaccionó rápido y dio un giro radical a la colectivización revisando el modelo de comuna, que volvió a recuperar el modelo tradicional ruso de comunidad solidaria: el artel. • El destino de la comunidad campesina tras la colectivización. ¿Desaparición o continuidad de la comunidad? Yakovlev uno de los arquitectos de la perestroika declaraba en los años de la perestroika que había que acabar con el koljoz porque era la “obschina” bolchevique. Es decir la continuidad de la comunidad campesina tradicional rusa en el sistema soviético. Paradójicamente, las críticas que se realizaron al koljoz en los años de la perestroika y de las reformas neoliberales fueron las mismas que se hicieron a la comunidad campesina rusa (“obschina”) a principio del siglo XX por los reformistas liberales de aquella época. • La industrialización acelerada fue en principio una decisión política de la Dirección soviética que encontró el apoyo entusiasta de las masas. Stajanov fue sólo el ejemplo más conocido. El pueblo soviético se vinculó a este programa de industrialización en la medida que lo identificó con las necesidades de defensa de la patria. La producción se organizó en frentes: el frente minero, el frente industrial, incluso la educación o la sanidad se convirtieron en frentes. • Ética del trabajo. En relación con la industrialización, se produjo en los años 30 del siglo XX la búsqueda de una ética específica del trabajo socialista basada en el concepto de emulación del trabajo y en la creación de referentes a los que emular. Se dieron componentes místicos en este proceso, como, por ejemplo, el ojo mágico de Stajanov. Al mismo tiempo, la búsqueda de una ética del trabajo socialista, estuvo vinculada a la creación de la figura del Héroe Socialista del Trabajo y a su

representación y exaltación a través de las diferentes manifestaciones artísticas (escultura, pintura, literatura, teatro, cine, etc.). • La percepción del tiempo. La rápida industrialización se nutrió de la mano de obra campesina liberada por la colectivización y la mecanización del campo. Los nuevos obreros industriales fueron campesinos que aportaron a la ciudad sus concepciones y formas de vida campesina. Un ejemplo destacado de esta traslación la tenemos en la incorporación al trabajo industrial de la percepción cíclica en el trabajo, propia del mundo campesino. • La pervivencia de la figura del Héroe, propia de las sociedades tradicionales, es una de las realidades más evidentes del proyecto soviético. La propia figura de Lenin fue asumida por los campesinos rusos en la medida que fue asimilada a sus viejos héroes nacionales. Ni que hablar de la figura de Stalin. Pero no son casos únicos. Ya citábamos anteriormente los casos de Gagarin o del Mariscal Zhukov, el hombre que tomó Berlín, los cuales han sido incorporados al panteón de héroes en un proceso de asimilación muy reciente.

VI. La izquierda europea. A la vista de lo ocurrido en la URSS, es necesario sacar conclusiones y entender las lecciones que nos ha dado la historia. Salvo excepciones, la izquierda europea ha asumido de forma acrítica el modelo occidental de interpretación de la crisis soviética sin llegar a comprender el verdadero alcance de la Revolución de Octubre de 1917 y del bolchevismo. En realidad, sólo vio lo que le interesaba: el gran mito de la revolución socialista. La izquierda europea no quiso darse cuenta de que, en el mejor de los casos, el factor “socialismo” fue sólo un componente más en un complejo proceso revolucionario, en el cual, y sobre todo, se estaba decidiendo la continuidad histórica de un compleja civilización que se extiende en un mar inabarcable de tierras desde las llanuras europeas hasta las costas del Pacífico en el Lejano Oriente. Más tarde, la izquierda europea no entendió el fenómeno de lo que vino en llamarse estalinismo. Y aquí es evidente que no nos referimos a la figura de Stalin. No comprendió el complicado proceso de modernización que estaba teniendo lugar en la Unión Soviética, y ante la incomprensión reaccionó de la manera más absurda, negando, con la misma radicalidad con que antes había defendido, lo que ante todo, continuaba siendo para ella un enigma. Finalmente no comprendió la perestroika, y asumió –y todavía asume- aquel programa de reformas como un intento de “corrección de la deformación” que supuestamente había sufrido la revolución y que, de alguna manera, le devolvería la buena imagen supuestamente perdida por los años de apoyo al proyecto soviético, no dándose cuenta de los riesgos implícitos, incluso para ella misma, del proyecto de perestroika. La tragedia para el marxismo occidental fue no entender, incluso no querer entender este complejo proceso. Apegado a su rígido modelo teórico no entendió que las revoluciones socialistas sólo tuvieron éxito allí donde la solidaridad racional del marxismo entró en simbiosis con la solidaridad orgánica de las sociedades tradicionales. Esta particularidad dio lugar a experiencias de socialismo real que se alejaban de las previsiones teóricas del marxismo. En un principio la izquierda europea trató simple y llanamente de imitar el modelo soviético. Después, cuando se pusieron de manifiesto sus “extrañas particularidades”, pasó a su descalificación. En la URSS también ocurrió un proceso similar que dio lugar a la división de la realidad en los dos planos a los que nos hemos referido anteriormente. Esa

división propició que una parte importante de la elite soviética renegara de su propia experiencia y provocara la huida hacia adelante que supuso la perestroika. Desde hace años la izquierda en Rusia trabaja intensamente en la búsqueda de una salida a la situación de crisis en la que se encuentra. Sus propias circunstancias le obligan a ello. El trabajo teórico se inició precisamente en la reflexión sobre el pasado, en la necesidad de conocer que tipo de sociedad generó la experiencia del socialismo real. Sin un conocimiento exhaustivo del pasado es imposible formular proyectos para el futuro. La izquierda europea, a pesar de sus ostentosas declaraciones, todavía no se ha incorporado a este trabajo. Perdida y desorientada sigue a la búsqueda de su particular Santo Grial.

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