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EL SR.

PIO IX
S T P .A S A P O S T O L IC A S
A CERCA D E LA D E F IN IC IO N
D O G M A T IC A DE hA

DE LA

VIRGEN MARÍA.

M E X I C O : 1 8 3 5 ,

f№?(§í£> IM PR E NT A DE TOMAS S. GARDIDA,


calle de S. Juan tle Letran núm. 3.
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NOS EL DOCTOR DON LAZARO DE LA tíARZA Y


Ballesteros, por l;i gracia <1« Dios y {le l;i santa sede apos­
tólica, arzobispo de Méjico, caballero gran cruz de la nacio­
nal y distinguida orden de Guadalupe y del consejo de es­
tado. etc,, etc.

A principio de este mes recibimos de mano dei Illmo. y lim o. Sr.


delegado apostólico m onseñor L u is C lem enti, arzobispo de D am asco,
un ejem plar im preso en R om a, en el que se contienen dos alocucio­
nes de N. Sm o. P . el Sor. P ió IX felizmente reinante, la una de 1?
de diciem bre últim o, y la otra de 9 del mismo, hechas con motivo de
la declaración dogm ática sobre la Inm aculada C oncepción de la
santa M adre de Jesu cristo la V irgen M aría nuestra S eñora, y, lo
que debe llenar de gozo á todo católico, el decreto dado en el mismo
dia en que la Iglesia toda ha acostum brado celebrar tan inefable y
glorioso misterio.
No hemos recibido todavía los ejem plares auténticos de ambas a-
locuciones y decreto; pero siendo tan calificada la venerable perso­
na que tuvo la dignación de poner ól mism o en nuestras manos el
ejem plar que decim os y al mismo tiempo un oficio de remisión, ex-
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tendido con las mas tiernas expresiones liú d a la V irgen Santísim a y
^ con la seguridad mas cabal que manifestaba S- 1. y R m a. de que es-
■>&> te acontecim iento tan glorioso seria celebrado en esta república con
•i* tal superioridad de excelencia y lucimiento, que los oíros pueblos * °
católicos hermanos nuestros podrán, bien igualarla, superarla, jam ás;
por este motivo no dudam os un m om ento pasar inm ediatam ente las
alocuciones y decreto al seííor traductor de letras apostólicas D r.
don Agustín R ad a, quien por las ocupaciones de la sem ana santa y
cumplim iento de iglesia no pudo despachar hasta ayer- h as alocu­
ciones y decreto son á la letra com o sigue:

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ALOCUCION
a le m i e s t r o IPeulre el seslor fi*io
n s m ííís ís b u o
I X t€ifil<9» en el consistorio sccreío cS « t i»
I? de «I¡eiei9il>re «le 3 854.

V E N E R A B L E S H ER M A N O S:
E n lre las graves y m ultiplicadas angustias y trabajos que nos afli­
gen, el P a d re de las m isericordias y D ios de todo consuelo, prepara
á N os y á toda la Iglesia una grande alegría. P orque ya está cerca,
venerables herm anos, el ilia que tanto liemos deseado, en que se de­
clare con nuestra suprem a autoridad la in m a c u l a d a c o n c e p c ió n
DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA, MADRE DE DIOS. No puede ha­
b er m ayor motivo para alegrarnos, sirviendo este decreto para au­
m entar mas y mas, y fom entar en la tierra, el honor, culto y venera­
ción á aquella gloriosa V irgen, que elevada sobre iodos los santos y
sobre todos los coros de los ángeles, poderosa ante su H ijo, ruega
continuam ente en el cielo por todo el pueblo cristiano.
Sabéis muy bien cuánta es la piedad y el culto que en
católico se aum enta todos los dias h á c ia la in m a c u l a i
>N de la M adre de D ios, y con cuánto em peño la lgl<
tros predecesores, han conservado, promovido y aumenta
S dad, culto y doctrina; y sabéis tam bién cuán repetidas veces han su-

Y habiendo hecho tales súplicas á nuestro predecesor de feliz m e­


m oria el señ o r G regorio X V I, y íepetídose ú nosotros, nos liemos
ocupado en este asunto desd e el principio de nuestro pontificado. Y
queriendo obrar con toda m adurez en un asunto de tanta im portan­
cia, tuvim os á bien nom brar una congregación de m uchos de vos­
otros, y elegir algunos varones del clero secular y regular, instruidos
en teología, para que exam inaran cuidadosam ente este negocio y nos
expusiesen su p arecer. Y m andam os una encíclica dada en G ae ta el
dia 2 de febrero de 1S49 á todos los obispos del m undo católico,
para que nos dijeran cu ál era la piedad de sus respectivos cleros y
pueblos, acerca de la i n m a c u l a d a c o n c e p c i ó n , y cuál era el pare­
c e r de ellos, y tam bién sus deseos. C onociendo con un particular
gozo, tanto por los votos de dicha congregación, como por las res­
puestas de los T eólo g o s nom brados, y cási todos los Obispos, que se
nos suplicaba esta definición, determ inam os dar nuestras apostólicas
letras, y que se os com unicaran. H e c h o esto, im ploram os hoy hu­
m ildem ente las luces divinas y pedim os vuestro parecer acerca de es­
te grave asunto: y siguiendo el ejem plo de nuestros predecesores os
preguntam os ¿si quereis que N os dem os el decreto dogm ático acerca
de la i n m a c u l a d a c o n c e p c i ó n de la santísim a V irgen María?
Y recibidos todos los votos, coulinuo S u S a n tid a d diciendo:
V E N E R A B L E S H E R M A N O S .— Nos llenamos de gozo al ver
que vuestros deseos corresponden á los nuestros. Y desde ahora se­
ñalam os el dia 8 de este mes de D iciem bre en que se celebra por to­
da la lg le s ia la fiesta de la C oncepción de la gloriosísim a V irgen, pa­
ra d ar y publicar con toda solem nidad en nuestra P atriarcal B asilica
V aticana este decreto. E n tre tanto, no ceseis de pedir hum ildem en­
te á nuestro D ios, á fin de que auxiliándonos, podam os hacerlo pa­
ra m ayor gloria de su divino nom bre, honra de la Purísim a V irgen,
exaltación de la fe católica y aumento de la religión cristiana.

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de n u estro sa n tísim o Padre e l señor P ió IX ten id a en el
con sistorio secreto e l dia 9 de d iciem bre de 1854.

VENERABLES HERMANOS:
Nos alegram os en el S e ñ o r y nos llenam os de gozo cuando ve­
mos á nuestro lado á vosotros, venerables herm anos, á quienes ju sta ­
mente podem os llam ar nuestro gozo y nuestra corona. P orque vos­
otros sois aquellos con quienes repartim os nuestros trabajos y cui­
dados en apacentar toda la grey del S eñ o r encargada á nuestra hu­
m ildad, en conservar los derechos de la religión católica, aum entan­
do el núm ero de sus hijos que adoren con fe sincera y veneren al
D ios de la ju sticia y de la verdad. Y por lo mismo; lo que N uestro
S eñ o r Jesu cristo dijo al príncipe de los A póstoles “ Convertido tú,
confirma á tus hermanos.” O cupando su lugar, aunque sin m éritos,
nos parece deciros en la ocasion presente, no para advertiros vuestras
obligaciones ó para excitaros, supuesto que os vem os inflamados con
el deseo de propagar la gloria de! divino nom bre; sino para que re-
dreados con la misma voz del bienaventurado P ed ro , que vive y vi- 3£
virá en sus sucesores, os anim éis de nuevo á buscar la salud de las ■$·
ovejas encargadas á vuestro cuidado, y para que en tanta dificultad "
tiem pos sostengáis anim osam ente la causa de la Iglesia.
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3C N unca liemos puesto en duda de qué patrocinio nos valdríam os pa-


ra con el P a d re de las luces, á erecto de hablaros con fruto, porque
"P estando unidos con Nos, y teniendo todos un mismo em peño en pro- «o.
*^> cu rar el honor de la augusta ¡María M adre de Dios, liemos suplicado
con repetidos ruegos á esta misma V irgen, á quien la Iglesia llama
t r o x o d e l a s a b id u r ía , para que se digne alcanzarnos un rayo de
la luz celestial, con la que ilum inados, os podam os decir cuanto sea
provechoso para la inm unidad y prosperidad de la iglesia de D ios.
Y observando desde este lugar los errores que se han difundido por
el orbe católico en estos tristes tiempos, nada nos ha parecido mas
oportuno que indicarlos á vosotros para que os em peñáis en d e s­
truirlos, venerables herm anos, que sois los prepósitos y guardas de la
casa de Israel.
E xisten desgraciadam ente algunos incrédulos impíos, que quieren
si pudiera ser, destruir enteram ente el culto, agregándose á estos los
individuos de las sociedades secretas, que unidos con el vínculo ¡le
la maldad se esfuerzan en perturbar y destru ir las cosas sagradas y
públicas, violados todos los derechos; á quienes convienen aquellas
palabras del D ivino R edentor: “ Vosotros sois hijos del diablo y que­
réis hacer sus obras." E x c e p tu a d o s estos se ha de confesar que los
dem ás hom bres aborrecen generalm ente la maldad de los incrédulos,
y tienen cierta inclinación á la religión y á la fe.
P o rq u e ya sea por la atrocidad de los delitos que particularm ente
en el sig lo pasado se deben atribuir á los incrédulos, y que se resis­
te á recordar nuestra alma; ó por el miedo de las sediciones y tu­
m ultos que m iserablem ente afligen á las naciones y los reinos; ó por­
que los ha alum brado el Espíritu Santo que inspira donde quiere, sa­
bemos que se lia disminuido el núm ero de hom bres perdidos que se
glorian de ser incrédulos; aum entándose por el contrario la honesti­
dad de vida y de costum bres, ex citádose en el cornzon de los hom­
bros la adm iración á la religión católica que alum bra á todos como
la luz del sol. No es esto poco bien, venerables herm anos; pero á pe­
sar de estos progresos hacia la verdad, hay m uchas cosas q u ed e tie -
$ nen á los hom bres para conseguirla com pletam ente.
Á P orq u e hay m uchos que ocupados en los negocios públicos, se X
' llaman protectores de la religión, la celebran con alabanzas, asegu-
'.'··» raudo que es muy· acom odada y muy útil á la sociedad hum ana; pe- 3v-
£ JL iU U L H JU U U L /» \
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I « » ÁjLX JULjumh
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V*· mrinnro
& ro que sin em bargo quieren arreg lar su disciplina, regir á sus minis-
tros, intervenir en los negocios sagrados, y en una palabra, consti- «>■
luir la iglesia en los límites del E stado civil, y dom inarla á pesar de “K
^ <lue ella es dueña de todos sus derechos, y por consejo divino no
debe limitarse en los térm inos de algún im perio, sino propagarse en
todo el m undo reuniendo á todas las gentes y naciones, ensenándo­
les el sendero de la eterna bienaventuranza. M as ¡oh dolor! que
cuando os estam os hablando, venerables herm anos, en los Subalpinos
se ha dado una ley por la que se quitan los institutos regulares y e-
clesiásticos, y se atacan los derechos de la Iglesia para que si pu­
diera ser se olvidaran enteram ente.
P ero de asunto tan grave os hablarem os otra vez en este mismo
lugar. O jalá que los que atacan la libertad de la iglesia católica
conozcan cuánto conducen para el bien público las cosas que pro­
pone ú cada uno para que las observe, inculcándoles ron celestial
sabiduría sus obligaciones: ojalá se persuadan de lo que en otro
tiem po escribía nuestro predecesor san F é lix al em perador Z enon
que nada es mas útil á los principes, que dejar á la Iglesia usar de
sus leyes, y que les es muy saludable, que cuando se trata de las causas
de Dios, la voluntad real no se anteponga, sino que se sujete á los sa­
cerdotes de Cristo.
H ay adem ás, venerables herm anos, otros hom bres instruidos, que
confesando que la religión es un don m uy grande concedido por
Dios á los hom bres, estiman tanto á la razón y la elevan d e tal ma­
nera, que ignorantem ente juzgan que se debe igualar á la misma re­
ligión. Q ueriendo por una equivocada opinion que las disciplinas
d e la T eología se traten como las cuestiones filosóficas, estando fun­

dadas aquellas en los dogm as de la fe respecto de los que nada es


mas firme y sólido; y aquellas se explican y aclaran con la humana
razón respecto de lo que nada hay mas incierto com o que es tan va­
rio según la diversidad d e los ingeuios, y expuesta á innumerables
engaños. Y así es que, quitando la autoridad de la Iglesia, queda
campo abierto á m uchas dificultades y cuestiones cayendo la razón
hum ana confiada en sus débiles fuerzas fácilm ente en muy torpes
errores, que ni querem os, ni es oportuno referirlos, supuesto que es-
tais bien instruidos de ellos, y han redundado en grande ruina de la
Religión y de los asuntos civiles; por lo que ú estos hombres, que se
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avanzan mas de lo justo en ponderar las fuerzas de la razón liuma-
<$£ na, se les debe decir que eslo es contrario á aquella verdadera sen­
tencia del D o cto r de las gentes: S i alguno ju z g a que es algo, sien-
JLA.

<<£ Jo nada, él mismo se seduce. S e les ha de m ostrar cuánta arrogancia

hay, en q uerer averiguar los misterios que se ha dignado revelarnos


nuestro clem entísim o D ios, y quererlos com prender con la pequenez
del entendim iento hum ano, excediendo ellos m ucho las fuerzas de
nuestro entendim iento, que según el dicho del mismo A póstol se
debe cautivar en obsequio de la fe.
Y sem ejantes sectarios de la hum ana razou que se la proponen
como m aestro seguro, prom etiéndose con su conducción todo bien,
se han olvidado cuán grave y triste es la herida de la hum ana natu­
raleza originada por la culpa de nuestro prim er padre, la que ha lle­
nado de tinieblas al entendim iento é inclina la voluntad al mal. P o r
eso los célebres filósofos de la antigüedad, aunque escribieron co­
sas muy buenas, m ancharon sus doctrinas con graves errores: de a-
quí ha nacido aquella lucha que sentim os en nosotros, de la que ha­
bla el Apóstol: Siento a i mis miembros u n a ley que repugna á la ley
de mi entendimiento. Y asi cuajado consta: que por la m ancha de
nuestro origen, propagada en todos los descendientes de A dán se ha
debilitado la luz de la razó n , y el género hum ano ha caido desgra­
ciadam ente de su prim er estado de justicia é inocencia, ¿quién ju z ­
gará que la razón basta para conocer la verdad? ¿quién negará que
en tantos peligros y en tanta debilidad de fuerzas le son necesarios
los auxilios de la gracia del cielo para no caer, y para conseguir la
salud de la religión divina? cuyos auxilios los concede benignisiraa-
m ente D ios á los que se los pidan con hum ildad, estando escrito, Dios
d a su g ra cia á los humildes y resiste á los soberbios, y por eso nues­
tro Seiíor Jesucristo estando para volver á su P a d re , aseguró que los
ocultos arcanos de las verdades, no se manifiestan á los prudentes y
sabios de este siglo, que se ensoberbecen con su ingenio y doctrina
no queriendo obsequiar á la fe; sino á los hum ildes y hom bres sen ­
cillos, que se afirman y aquietan con el oráculo de la divina fe. In ­
culcad este docum ento en los corazones de aquellos que exagerando
las fuerzas de la hum ana razón se atreven á explicar con ella los jjfc
misterios: necedad y locura grande. P ro cu rad separarlos de tanta
perversidad, exponiéndoles: que ningún don mas grande se ha con-
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cedido á Jos hombres por la providencia de D ios, sino la autoridad ¿
de la fe divina, y que ella es la luz que nos alumbra en las tinieblas, ·£
“í la g uia H116 debem os seguir para alcanzar la vida, y que esa fe es ab-
- ■ solutam ente necesaria para la salud; porque es imposible a g ra d a r ú '
Dios sin f e , y el que no creyere se condenará.
C on grande tristeza de nuestro corazon sabemos: que en algunas
partes del orbe católico se ha introducido otro error no menos da­
ñoso, y se ha fijado en I03 ánim os de algunos católicos que ju z g an
se debe esperar bien de la eterna salud de aquellos que no están en
la verdadera iglesia de C risto, y suelen m uchas veces anunciar cuál
será la futura suerte y condición después de la m uerte, de los que
no son católicos dando vanas razones en favor de este mal parecer.
L éjoa de nosotros, venerables herm anos, el poner térm ino á la m ise­
ricordia divina que es infinita, léjos de nosotros querer penetrar los
consejos ocultos y ju icio s de D ios, que son inm ensos abismos que
no puede penetrar el pensam iento hum ano. L o que nos toca es,
excitar vuestra vigilancia episcopal para que hagais cuanto esté en
ruestras fuerzas, para arrancar del entendim iento de los hombres a-
quella im pía y funesta opinion que asegura: que en cualquiera religión
se puede hallar la salud eterna. D em ostrad á los pueblos e n c a r­
gados á vuestro cuidado con vuestra doctrina y prudencia, que los
dogm as de la fe católica no se oponen á la m isericordia y justicia di­
vina. P o rq u e es de fe que fuera de la Iglesia A postólica Rom ana
ninguno se puede salvar: que ella es la única arca de salud, y que
el que no entrare en ella perecerá; pero también es cierto, que los
que ignoran la verdadera religión, si esta ignorancia fuere inven­
cible no son culpables ante los ojos del S eñor.
¿Mas quién se atreverá á señalar los térm inos de esta ignorancia se­
gún la diversidad de los pueblos, regiones, ingenios y otras tantas
cosas? porque rotos los lazos del cuerpo, cuando veamos á D ios así
como es, entonces conocerem os el fuerte y herm oso vínculo con que
se unen la m isericordia y la justicia divina; pero cuando vivimos en
esta tierra mortal, gravados con el cuerpo que ofusca nuestra alma, I
debem os creer firmemente por la doctrina católica, que hay un solo ·<>*
jC, D ios, una sola fe y un solo bautism o, sin que nos sea licito pasar ade- X
^ lante. 1 según pide la caridad, rogamos continuam ente para que to- 3·
das las gentes, en todas partes se conviertan á C risto: procurem os *j|:

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$ con todas nuestras fuerzas por la salud de todos los hom bres; por- *g·
y¡> que no se ha abreviado la mano del S eñ or ni les han de faltar los
dones de la gracia celestial, á los que quieran y deseen sinceram en- *■>
te ser ilum inados con esta luz. E stas verdades se han de fijar
fuertemente en las almas de los fieles, para que no se dejen corrom ­
per con las falsas doctrinas que se han extendido pai;a la perdi­
ción de las almas; fom entando la indiferencia de la religión.
C o n tra estos errores que atacan actualm ente á la Iglesia, oponed,
venerables herm anos, vuestra virtud y constancia, siéndoos muy n e­
cesario que para destruirlos y borrarlos com pletam ente tengáis algu­
nos eclesiásticos com pañeros de vuestros trabajos. N os gozamos
todas las veces que vem os al clero católico, que nada omite ni nada
le molesta para desem peñar bieu su oficio, sin que ni la asperidad y
distancia de los caminos, ni el m iedo, ni el tem or de las incom odi­
dades, los retarde en el em peño con que andan en tierras muy dis­
tantes y separadas por el m ar, á fin de instruir á las gentes feroces
en los oficios de la hum anidad, y en la en te ñ a n z a de la doctrina
cristiana: alegrém onos también por el empefio con que han visitado
tantas ciudades y tantos cam pos en tiem po de la peste, teniendo por
gran dicha sacrificar su vida por la salud de sus prójim os. Siendo
este un argum ento cierto, de que en la Iglesia C atólica que es la ú n i­
ca verdadera, no se extingue aquel fuego de caridad que trajo J e s u ­
cristo á la tierra. T enem os presente esas m ujeres religiosas, que
han acompafiado al clero en la asistencia de los enfermos sin ater­
rorizarse con el aspecto de la muerte, que m uchas han deseado con
ansia. Siendo su fortaleza objeto de admiración aun á aquellos que
están separados de la fe católica.
E sto nos alegra, venerables herm anos; pero también nuestra alma
se llena de amargura al considerar que en algunos lugares no faltan
individuos del clero, que no se manifiestan en todo como ministros
de Jesucristo y dispensadores de los misterios de D ios. R esultan­
do de aquí: que el pueblo cristiano carezca de la divina palabra con
que se nutra para la vida, y que sea raro el uso de los sacram entos,
$r que tienen tanta fuer/.a para conseguir y retener la gracia de D ios.
E x citad las pues, venerables herm anos, y am onestadlos fuertem ente
para que cumplan bien y fielmente los cargos de su ministerio, ad- 4*
'.'v irtié n d o le s la grave culpa que com eten cuando siendo tanta la míes
■ - ------------------------------------------------------------------
"$> no quieren trabajar en el cam po itcl S eñ o r. E.\ hurtadlo* para (pie
frecuentem ente expliquen a los Acti»: cuánta se a .la virtud de !a Iío s -
!> lia santa para aplacar á D ios y apartar las penas do los pecados jfc
*■£ alentándolos para quo asistan religiosam ente ai saludable sacrificio
d é la iiusa, y perciban de ell¡f abundantes frutos. P o rq u e en verdad
los fíales de cualquier parta, estarían mas prontos para ios ejercicios
de piedad, si sus respectivos clérigos los excitaran con vehem encia y
ios ayudaran en ellos. Veis pues, venerables herm anos, que para for­
m ar útiles ministros de Jesucristo , cu án oportunos son, y cuán ne­
cesarios los sem inarios cuyo gobierno no sea de la potestad civil,
sino del cuidado ú industria de los O bispos. C uidad que los jó v e ­
nes reunidos en ellos, crezcan en la doctrina, en la religión y en la
piedad, para que armados con una doble espada, sean buenos solda­
dos en las batallas del S eñ o r, no p c rm iiic iu e le s quo tanto en las
materias filosóficas, c o m o .en las teológicas, estudien sino escritores
de buena fe, y que no aprendan opiniones contrarias á la verdad de
la doctrina católica.
D e esta suerte prom overéis el aum ento del bien en favur de la
Iglesia, y vuestros cuidados tendrán bueu éxito, si hubiere concor­
dia en los ánimos, y se prohibieren las diferencias que rom pen el
vínculo de la caridad, y que nuestro enem igo fomenta, como que las
considera oportunas para dañarnos. D ebem os recordar que los
prim eros propagadores do la fe católica triunfaron de los pertinaces
herejes, uuiéndose cutre sí, y con la Silla Apostólica, y peleando con
ánim o firme y constante,
listo es lo que nos lia parecido oportuno deciros, venerables her­
manos, en desem peño y cuidado de! A postólico ministerio, que Ja
divina bondad y clem encia lia confiado á nuestra pequenez. Nos
alentamos y recream os con la esperanza del celestial auxilio y con
la ayuda que nos prom etem os de vosotros en tantas dificultades, te­
niendo bien conocido vuestro em peño por la religión y la piedad.
Asistirá el S eñ o r á su Iglesia según nuestros deseos, y la asistirá
particularm ente si rogare por nosotros la santísim a V irgen M aría co-
X ya pureza de la m ancha original liemos pronunciado llenos de gozo,
*<j» en vuestra presencia y con vuestro beneplácito, ayudándonos el di- X
vino E spíritu. Privilegio verdaderam ente grande, com o convenia ft
'<>’ la M adre de D ios que quedara Ubre de la com ún m ancha de nuestra ^
----------------------------- ------------------— ----------- *
;r - - - ^'YyinnrT “ ■: YY'S’TnTTr u s « .7
jfc . X
> naturaleza. \ la grandeza de este privilegio servirá m ucho para tfc
com batir á los que niegan: que la naturaleza de los hom bres se hizo
3C
peor por la prim era culpa, y am plían las fuerzas de la razón para ■
negar el beneficio de la religión revelada. Q uiera por últim o la
santísima V irgen que ha destruido enteram ente todas las herejías,
hacer que se acabe este engaño, y que se borre enteram ente el da­
ñosísim o error del racionalism o que cu estos tiem pos aíligS á la so­
ciedad civil y á la Iglesia.
Solo nos resta, venerables herm anos, m anifestaros nuestro consue­
lo, de haberos visto á nuestro lad o , habiendo venido de tierras muy
distantes á esta silla apostólica, asiento de la fe, m aestra de la verdad,
firmamento de la unidad católicaí y por lo mismo os deseam os toda
clase de felicidad al volveros á vuestras repectivas sedes. E l D ios
autor y dispensador de todos los bienes, os dé el espíritu de sabidu­
ría y de entendim iento, p ara que separéis de vuestras ovejas las a se­
chanzas ocultas, confirme con su bondad el bien actual de vuestras
Iglesias, y el que se les proporcione en lo futuro: él conceda á lo?
fieles que están bajo vuestro cuidado, que nur.ca se separen de su
P asto r; sino que acom pañándolo siem pre escuchen sus palabras.
S ea vuestra com pañera la santísim a V irgen inm aculada desde el
principio d e su vida, ella sea vuestro fiel consejo en las dudas, vues­
tro consuelo en las angustias, y vuestro auxilio en las adversidades.
Y levantando nuestras m anos al cielo con todo el afecto de nuestro
corazoti, os damos nuestra bendición á vosotros y á, todos vuestros
hijos. S ea esta bendición Apostólica señal de nuestra caridad hácia
vosotros, y un anuncio feliz de la eterna bienaventuranza que pedi­
mos para todos al suprem o P asto r de las almas N u e s t r o SBftoit
J e s u c e u sto , á quien juntamente non sti P a d r e , y con el E s p í r i t u
S a n t o , sea dado eterno honor, eterna alabanza y eterna gratitud.
LETRAS APOSTOLICAS

de nuestro santísimo Padre el sefior Pió IX acerca de la definición dog


mática de la inmaculada Concepción de la Virgen María.

P IO O B IS P O S IE R V O D E L O S S IE R V O S D E D IO S .

PARA PERPETUA MEMORIA-

E l D io s inefable cuyos cam inos son la m isericordia y la verd ad ,


cuya v o lu n tad es la o m nipotencia, y cuya sab id u ría toca fu ertem en te
los extrem os y dispone suav em en te todas las cosas: habiendo p re v is­
to d e sd e la e te rn id a d la triste d esg racia que p o r el pecado d e A d án
se deriv aría á todo el g en ero hum ano, y h ab ien do d ecretad o en su
m isterio o cu lto rem ed iar la prim era o b ra de su b o ndad p o r m edio de
la E n c a rn a c ió n del V erb o , p ara que el hom bre im pelido á la culpa
por la astucia del diablo no p ereciera co n tra el propósito de la m ise­
rico rd ia divina; y p ara que lo q u e había caido en el prim er A d án , se
levantara felizm ente en el segundo. D e sd e el principio y antes de
todos los siglos eligió p a ra su U n ig én ito una M adre de la que tom a-
áfc ra carne, y n aciera en la dichosa p lenitud de los tiem pos, am ándola
sobre todas las criaturas y gozándose en ella. P o r eso la adornó de
celestiales dones antes que á los A ngeles y á todos los santos, para
que siem pre libre de toda m ancha de pecado, y toda herm osa y per-
■ ' 4 § :yv!¡"?4i§”$'S^g)
S44444$— - — -— --------------------- — ----------------------
“ fecta, tuviera tanta inocencia y santidad, que no se puede tener ma- ^
* y o r después de D ios, ni se puede entender. Y así era conveniente
que fuera, para que resplandeciera siem pre con las lucos do la santidad x
perfectisim n, y para que libre de la original culpa, alcanzara un com- =q’
pleto triunfo de la antigua serpiente, tan venerable M adre, á la que
D ios Padre dispuso darle ú s u H ijo unigénito, que engendrado igual
á él de su propia sustancia lo ama como á sí mismo, para que natu­
ralm ente fuera uno mismo el H ijo de D ios P a d re y de la V irgen:
á la que el mismo H ijo determ inó hacerla su M adre, y de la que el
Espíritu Santo quiso que se concibiera y naciera el mismo de quien
él procede.
Y la Iglesia C atólica, que enseñada por el E sp íritu Sam o es la co ­
lumna y fundam ento de la verdad, y depósito de la divina revela­
ción, ha propagado siem pre, promovido y fomentado de una m ane­
ra muy solem ne la original pureza de la V irgen M aría, correspon­
diente ñ la grandeza de la M adre de D ios; y esta doctrina fija en los
ánim os de los fieles desde los tiempos mas rem otos, y propagada
por los cuidados de los prelados, ha sido propuesta h. los fieles pre­
sentando á su veneración y cuito la C oncepción de la misma V ir­
gen, d an d o á entender con esto: que se debia celebrar esta C oncep-
. cion como muy singular, santa, adm irable y d ife re n te de! origen de
! I03 otros hom bres, supuesto que la Iglesia no celebra festividades
sino de los santos. Y por eso, las mismas palabras con qus se habla
! en la divina ICseiituta de la Sabiduría increada, de su origen eterno
y do su E ncarnación. no ba dudado aplicarlas tam bién en los oficios
eclesiástico* y en la'liturgia al origen prim ero de la V irgen.
\ aunque esto manifiesta la creencia de todos los fieles y el em ­
peño con que la Iglesia Rom ana, m adre y maestra de todas las igle­
sias, ha propagado la doctrina de i a hm ac.nlntía, Concepción tía ¡ti
V irgen; son dignos de referirse todos los hechos de ella por la gran­
de autoridad y dignidad que tiene la misma Iglesia, cu virtud de ser
ella el centro de la unidad y verdad católica, en la que solo se ha
guardado inviolablem ente la religión, y de la que deben tomar !as
l,·,’ dem ás Iglesias los fundam entos de la fe. Y esta Iglesia R om ana ha
Sí; procurado afirmar, conservar y prom over de varios m odos la Inm a-
culada C oncepción de la V irgen; m anifestando claram ente esta ver- "!£
«ó» dad, tantos ilustres hechos de los Rom anos Pontífices nuestros preda-
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------4 « t e f e
17
-------------------------------------------— ------------------------ ------------------

<<£ cesores, á quienes en persona del p ríac¡[>n de los A póstoles, so les <
P °' ^ divinidad de nuestro S eñ o r Jesu cristo el poder de npa- ■»
centai1 los corderos y las ovejas, de confirm ar á sus herm anos, y con
su cuidado regir y gobernar toda la Iglesia.
\ en verdad, ellos se lian gloriado siem pre y han establecido con
sn autoridad A postólica en la Iglesia Caiólica la fiesta, aum entando y
prom oviendo su culto, con la misa y oficio propio en que se aseg u ­
ra la inm unidad de la V irgen de la m ancha que todos heredam os,
prom oviendo y extendiendo con todo em peño el culto ya estableci­
do, concediendo indulgencias y dando facultad A las C iudades, P ro ­
vincias y Roídos, para quo tomen por patrona á la M adre de D ios,
bajo el título de la Inm aculada C oncepción; aprobando ias C o fra­
días, C ongregaciones y 1<amilias religiosas establecidas en honor de
la misma Inm aculada C o n cepción, alabando la piedad de los que
han fundado H ospitales, M onasterios, Altares y T em plos en honor de
este m isterio, y á los que han jurado defender la Inm aculada C o n ­
cepción de la M adre de D io s. D ecretando con sum o no/.o que la
j fiesta de la C oncepción de la V irgen, sea de la misma ( lase que la
de su N atividad, con octava, y que so guarde por todos los fieles co­
mo dia festivo, celebrándose todos los años dicha fiesta en nuestra
Patriarcal B asílica L iberiaua. Y deseando que esta doctrina so fije
mas y mas cada dia en el corazón de los fieles para excitarlos á la
veneración y obsequio de la V irgen concebida sin el pecado origi­
nal, ha perm itido: que en las L etan ías y en el P refacio de la misa se
aclam e la C oncepción inm aculada de la V irgen M aría convencién­
dose así la creencia de este misterio. Y siguiendo el parecer de
nuestros predecesores, no solo hemos querido aprobar y recibir lo
que ellos determ inaron, sino que teniendo presente la institución del
Sr. Sixto V, hem os autorizado y concedido el oficio propio de la
Inm aculada C oncepción á toda la Iglesia.
V com o quiera que el culto está intim am ente unido al objeto á
que se le tributa, y no puede ser firme y seguro aquel, si no lo fuera
este; por eso nuestros predecesores los R om anos Pontífices que
han prom ovido el culto de la C oncepción, se han dedicado cuidudo- *V=
, sáment e á exam inar y declarar el objeto de ella, declarando clara y
«o. term inantem ente: que la fiesta que se celebra, es á la C oncepción de «fe
^ la V irgen, proscribiendo como falsa y ajena de la -intención de la
18
----------------------- ----------------------------------
' í iglesia la opinión de aquellos, que afirmaron ó juzgaron: que 110 se *)£,
3)í celebra la C oncepción; sino la santificación de la V irgen. Y' jiiz- ^
•O®
^ garon: que no se deben tratar con benignidad á. los que por refutar X
la doctrina de la C once|)cion de la V irgen M aría, inventaron un ins­
tante prim ero y otro después, asegurando: que se celebra la C o n ­
cepción, no en el prim er instante; sino en el segundo. Y nuestros
predecesores juzg aro n como deber suyo propagar con e! m ayor em ­
peño, com o objeto de verdadero culto la fiesta de la C oncepción
do la santísima V irgen, y la misma C oncepción en el primer ¡US'
tante. H e aquí las term inantes palabras con que nuestro predece­
sor A lejandro V I I declaró la sincera institución de la Iglesia en la
constitución Solitudo omniuni E ccla i/iru m , dada el dia ocho de D i­
ciem bre de mil seiscientos sesenta y uno: E s muy antigua la piedad
de los fu le s p a ra con la saM m m a V irgen M u ría M adre de Jesucris­
to, creyendo que la alma de la santísima· V irgen, por un privilegio
especial de la g ra cia de Dios, y en vista de los méritos de Jesucristo
su H ijo, y Redentor del género humano, fu e preservada y libre de la
mancha del pecado original en el prim er instante de su creación, é in­
tacta en su cuerpo: y en este sentido celebran con rito solemne la fe sti­
vidad de la Concepdon.
T u v iero n el m ayor em peño nuestros p redecesores en conservar
cuidadosam ente la doctrina de la Inm acu lad a C oncepción de la
M adre de D ios, sin perm itir ja m á s que alguno bajo cualquiera p re ­
texto la notara, ó pusiera en duda; sitio que con repetidas declara­
ciones, m uchas veces enseñaron: que la doctrina con que confesa­
mos la Inm aculada C oncepción de la V irgen, está eu consonancia
con el antiguo y c.ási universal culto, con que es alabada por los fie­
les, y el que la R o m ana Iglesia lia procurado fomentar, asegurando
que es m uy digno de agregarse á la liturgia, y de que se haga m en­
ción de este m isterio en las p reces públicas. No teniendo por bas­
tante esto, y queriendo que la doctrina de la C oncepción Inm acu­
lada de la V irgen fuera inviolable; prohibieron que la opinion con­
traria se defendiera privada y públicam ente, repitiendo sus golpes á
esto error, para que quedara enteram ente destruido. A ñadiendo la %>
declaración de nuestro predecesor A lejandro V I I que reunió cuan-
to se habia dicho en las?palabras”siguientes.
•¿Va “ Considerando que la santa R om ana Iglesia celebra con todasolem- ^

-------------------------------------------------------------------- £ $ r 4 ·»
------------------------— ------“----------

nidad la fiesta de la Concepción de la inmaculada V irgen M a ría , y ha


*/j* arreglado el oficio propio de ella según la piadosa, devota y recomen-
^ dable institución de nuestro predecesor S ixto I V ; y queriendo que esta
fiesta y culto que con tanta devoción y piedad se le tributa, permanez­
ca siempre en la Iglesia Rom ana.y queriendo seguir el ejemplo de nues­
tros predecesores fom entando la pied a d y devocion, con que han reveren
ciado y celebrado á la santísima V irgen preservada del pecado origi­
nal, por la g ra c ia del E sp íritu Sanio; deseando que en lodos los fieles
haya un mismo espíritu unido con el vínculo de la p a z, y que quitadas
las diferencias se acaben los escándalos; -recibiendo benignamente las
súplicas que nos han hecho los Obispos y sus respectivos Cabildos, los del
R e y Felipe y de sus Reinos; hemos tenido á bien renovar todas las consti­
tuciones y decretos de los Romanos Pontífices nuestros predecesores, y p a r ­
ticularmente las dadas por S ix to I V , P aulo V y Gregorio X V en f a ­
vor de la sentencia, que asegura: que la alma de la bienaventurada M a ­
ría V irgen, fu e p o r g ra c ia del E sp íritu Santo preservada del pecado
original en su creación y unión cotí su cuerpo: así como también reno­
vamos la fie sta y culto con que se celebra según esta piadosa creencia·
la Concepción de la misma Virgen M adre de Dios; mandando que se
observe así bajo las censuras y penas contenidas en las mismas constitu­
ciones.”
“ Y querem os que todos y cada uno de I03 que contradigan dichas
constituciones, ó decretos en favor de esa doctrina haciendo que no
tengan efecto la fiesta y culto establecido; ó que bajo cualquier pre­
texto, 0 de cualquiera m odo, aunque sea disputando, ó proponiendo
dificultades sin darles su propia solucicn, se atreviere á interpretar la
Sagrada E scritura, los P ad res y doctores: incurran en las penas y cen­
suras contenidas en la constitución de Sixto IV , á las que los sujeta­
mos de nuevo; y que adem ás queden privados en el mismo hecho,
de voz activa y pasiva en cualesquiera elecciones, sin poder enseñar,
interpretar, ni p redicar en parte alguna; y que no puedan ser dispen­
sados ó absueitos de estas penas, sino por los Rom anos Pontífices
nuestros sucesores: sujetándolos por medio de las presentes a otras
4» penas que nos parecieren A Nos y á nuestros sucesores, renovando
la constitución y decretos de Paulo V y de G regorio X V .”
hj· “ Y prohibimos bajo las penas contenidas en el índice de libros
*8* prohibidos, todos los libros que se hubieren im preso después de la
------- --------------------------------------------------------v v Í t t í í t í
2U

«O· constitución de P aulo V, en los que se ponga en duda dicha senten- ¿j,
. . . t . ■ . ·<>’

T o d o s sahén con cuánto em peño ha sitio asegurada, enseñada, y


defendida por las familias religiosas-, doctores V academ ias mas reco ­
m endables, esta doctrina de la i n m a c u l a d a c o n c e p c i ó n d e la V ir­
gen M adre de Dios- T o d o s saben que los prelados lian confesado
cuidadosam ente en las reuniones eclesiásticas: que la V irgen M aría
M adre de D ios p o r los previstos m éritos de nuestro R e d e n to r J e s u ­
cristo, nurtca estuvo sujeta al pecado original; sino que preservada de
la original m ancha fué redim ida de una m anera mas sublime. A gre­
gándose á todo esto el grande y gravísimo testim onio del Concilio
de T ren to , que definiendo según el testim onio de las Sagradas E s ­
crituras, de los santos P a d re s y do los C oncilios mas probados: que
lodos los hom bres nacen m anchados con la culpa original, declaró:
que no com prendía rti era su intención com prender en su definición
á !a V irgen M añ a M adre de D ios. D ando á entender en esta de­
claración, ó indicando según las circunstancias de los tiem pos que
nada se encuentra cu las divinas letras, en la tradición, y en la auto­
ridad de los P a d re s , que se oponga á tan grande prerogadva de la
V irgen.
Y en verdad: esta doctrina de la Inm aculada C oncepción de la
santísim a V irgen explicada, declarada y confirmada por la sabiduría
y m agisterio de la Iglesia, y ex ten d id a de una m are ra prodigiosa en
todas las naciones y pueblos católicos, persuade lo que atestiguan los
ilustres m onum entos de la Iglesia Oriental y O ccidental: esto es: que
tal doctrina lia sido recibida por nuestros m ayores y que tiene los ca­
racteres de la doctrina revelada. P o rq u e la Iglesia de C risto custo­
dio seguro y defensora de los dogm as, nada m uda en ellos, nada
quita ni pone; vino que obra con la m ayor cautela siem pre que se
ofrecen algunas doctrinas, que parecen no conform es con el sentir de
los P a d re s; anunciándolas con cuidado, y aclarándolas; pero conser-
vari do siem pre el mismo sentido, integridad y propiedad dogm ática. 4=
$ L o s P a d re s y los escritores’ eclesiásticos enseñados con la doctri- x
;■£ na celestial, siem pre acostum braron ya explicando las E scrituras, ya a
i . defendiendo los dogm as, ya enseñando á los pueblos, confesar la su- ^
ma santidad de Ja V irgen , su grandeza y su integridad libre de toda 5,.'
'->■ m ancha de pecado; celebrando el triuufo que alcanzó del cruel ene- ~
x; migo del genero hum ano. Y por eso al referir las palabras con que
oq. D ios anunció al principio del m undo los rem edios, que preparaba á
los m ortales, reprim iendo el atrevim iento de la engañosa Serpiente,
y levantando la esperanza del hom bre, dijo: “ Pondré enemistades cu­
tre tí y lam ujer, entre tu descendencia y la s u y a han enseñado: que
en este oráculo divino se señalaba clara y manifiestamente al miseri­
cordioso R ed en to r del género hum ano, Je su c risto unigénito H ijo de
D ios; y se designaba también la santísima M a d re . V irg en M aría; y
que del mismo m odo se expresaban las enem istades que ambos ten­
drían con el D em onio. D e suerte que así como Je su c risto m ediador
entre D io s y los hombres, tomando nuestra naturaleza borró ‘la fis-
crítura que estaba escrita en contra de nosotros, y la clavó en la cruz»
así la santísim a V irgen p o r el estrecho 6 indisoluble vínculo con
que estalm unida á su H ijo en unión suya, peleó con la. venenosa S er­
piente, y venciéndola com pletam ente abatió su cabeza.
E ste extraordinario y singular triunfo, esa rara inocencia, pureza,
santidad é integridad libre de toda m ancha del pecado, y esta inm en­
sidad y abundancia de todos los dones celestiales y de tam as gracias
y virtudes, las vieron los P a d re s figuradas en aquella A rca de ÍSoé
que formada según la voluntad de D ios, fué libre del común naufra­
gio: en aquella m isteriosa E scola que vió Ja c o b levantada desde la
tierra hasta el cielo por la ,que subían y bajaban los A ngeles y en cu­
ya extrem idad estaba el mismo D ios: en aquella Z a rz a que vió M oi­
sés en el lugar santo,, que en m edio de las voraces llamas léjos de
consum irse reverdecía y crecía muy herm osa: en aquella invencible
T o rre quü resistía al Infierno,'porque pendían de sus muros mil escu­
dos y todas líts armas de sus fuertes soldados: en aquel H u erto siem ­
pre cerrado á quien no puede violar ningún engaño: en aquella C iu­
dad resplandeciente cuyos fundam entos están sobre los montes san­
ios: en aquel T em p lo que luce con los eternos resplandores y está lle­
no de la gloria del S eñ o r: y en oirás m uchas figuras con que los P a-
triarcas anunciaron la excelsa dignidad de la M adre de D ios, sn ino-
tíjo
.·> cencía ■ y> pureza
i ----------
·· - D e la misma manera los Profetas anunciaron y celebraron ese te-
soro d e los divinos clones, declarando la original pureza de la V irgen, <C
_______________________________ .__:__ _____
22

celebrándola como á C olum na resplandeciente y limpia; como á J e -


rusalen santa, trono de D ios, aren y casa de santificación, que edifi-
‘• J có para sí la sabiduría eterna, haciendo que del seno del A ltísim o IjC
saliera aquella R eina que difundiendo delicias, reclinada sobre el r'
amado de su corazon, fuera toda perfecta, toda herm osa, m uy que­
rida de D ios y sin pecado. Y p o r eso Jos P a d re s y escritores de la
Iglesia, recordando la salutación del án g el G abriel, en la que por
comisión y nom bre de D ios la declaró llena de gracia, han enseñado
que con esta salutación tan inaudita, y que no h a tenido sem ejante >
se declaró que la M adre de D io s es el asiento de todas las divinas
gracias, adornada con todos los dones del divino E sp íritu , siendo un
abismo insondable y tesoro casi infinito de los divinos dones, sin ha­
ber estado ja m á 3 com prendida en la comuti m aldición; y participando
con su H ijo de la eterna bendición, m ereció escuchar de la boca de
Isabel ilum inada por el E sp íritu divino: B en d ita tú entre las muje­
res, y bendito el fr u to de tu viento e.
D e aquí es esa constante opinion de todos los que creen: que la
gloriosísim a V irgen M aría con la que hizo cosas m uy grandes el T o ­
dopoderoso, tiene tanta abundancia de celestiales dones, tanta gracia
y tanta inocencia, que com o digna M adre de D io s sea un milagro
inefable, ó el térm ino de todos los milagros, y que estando la mas cer­
cana á D io s en razón de criatura exceda á las alabanzas do los hom­
bres y de los A ngeles. Y por eso para asegurar la inocencia y la pu­
reza original de la M adre de D ios, no solo la com paran con E v a ino­
cente cuando aun no la habia engañado la Serpiente; sino que en sus
discursos y en sus palabras la aventajan maravillosamente á aquella.
P o rq u e E v a, dando oidos á las palabras de la Serpiente, perdió la o ri­
ginal inocencia y so hizo esclava de la culpa; cuando la santísima
V irgen aum entando continuam ente su don original no escuchó las
palabras de la Serpiente, y con el poder que recibió de D ios destruyó
la fuerza y el poder del infierno.
P o r eso siem pre llam aron á la M adre de D ios, L irio entre las es­
pinas, tierra virgen siem pre bendita, sin m ancha y libre de pecado,
«tira cr> rni-mflcp (li? Alia a! niinvn A rlnn: hermosa. «IITIG" j c
zs
•j>»
«|* con la virtud tlol Santo E spíritu: tierra y tem plo divino de la inmor- =<£
talidad: la única y sola hija, no de la m uerte, sino de la vida: el único 3£
y solo principio no de ira, sino de gracia: Arbol hermoso que trayen- w
' " d o su origen de una raíz corrom pida, por providencia singular de *v*
D ios ha florecido siem pre sin entrar en las com unes leyes de la na­
turaleza. Y com o si esto no fuera bastante, enseñaron con térm inos
y con expresiones m uy claras: que la santa Virgen M aría quedaba
exceptuada cuando se trata del pecado, porque á ella se le dió toda
gracia para vencerlo enteram ente: confesaron tam bién: que la glorio­
sísim a V irgen es la reparadora d é la ruina, que ocasionaron nuestros
prim eros padres y el principio de vida de todos sus hijos: elegida y
preparada por el Altísimo desde la eternidad: anunciada por D ios
cuando le dijo á la Serpiente: que pondría enem istades entro ella y la
m ujer que quebrantaría su venenosa cabeza: afirmando que la santí­
sima Virgen fué por la gracia libre de toda m ancha de pecado, pura
del contagio com ún en su cuerpo, en su entendim iento y en su alma,
y que unida siem pre con Dios en eterno vínculo, siem pre estuvo en
la luz y nunca en las tinieblas, porque era el T abernáculo digno de
Jesu cristo , no por la calidad de su cuerpo; sino por la grandeza de
la j usticia original.
H ablando de la C oncepcion de la V irg en , aseguran: que la natu­
raleza cedió á la gracia no atreviéndose á term inar su obra antes que
la gracia perfeccionara la suya, de suerte que: no se concibiera de
Adán sino después que la gracia produjera el adm irable fruto, de quien
se concibiera el Prim ogénito de toda criatura. Afirman: que la carne
de la V irgen form ada de la carne de A dán, no tuvo las m anchas de
A dán; siendo así la santísim a V irgen, T ab ern ácu lo criado por el mis­
mo D ios, formado por el E spíritu Santo: y aquella T e la de púrpura
que el nuevo B eseleel tejió tan rica y tan preciosa, que con razón se
aplaude; siendo propiam ente la prim era obra de D 103 oculta á los
tiros ardientes del D em onio, herm osa en su naturaleza y sin mancha,
resplandeciendo en todas partes esa A u ro ra desde el instante de su
C oncepcion. No convenia en verdad que ese vaso de elección pa-
' í deciera las mismas ruinas que las otras criaturas con quienes com a-
v nicaba solo la naturaleza, y no la culpa, distinguiéndose m ucho de ^
AAJ 2

l ellas, y era m uy conveniente: que así com o nuestro S eñ o r J e s u c r i s t o ^


en cnanto D ios tenia en el cielo un P a d re á qnien los Serafines ala- =1£
-----------------------------------------------------
*j£ lian lies veces F>#nto; asi en la tierra tuviera en cuanto hom bre una
j " M a d r e q u e jam ás hubiera calecido de los resplandores de la gracia. ^
P ersu ad ién d o se de esa doctrina nuestros antepasados de tul modo, ^
que siem pre se lian exp resad o adm irablem ente d é la M adre de Dios.. <>>
llam ándola repetidas veces inm aculada en iodo, inocentísim a, santa y
muy ajena de cualquier m ancha de pecado, toda limpia y modelo
de toda santidad y pureza: mas herm osa que la misma hermosura,
sola santa, y m as santa que la misma santidad, purísima en el cuer­
po y el alma, superior ¿ t o d a integridad, siendo ella sola el dom icilio
d e todas las g rasias del E spíritu »Santo, y la que después de D ios es
su p erio r á los Q uerubines y Serafines, y mas agraciada y herm osa que
la u aluraitüa de los Angeles á cuyas alabanzas no basta lengua algu
na. N adie ignora que este uso se ha hecho com ún en las prácticas
de la Iglesia, y en los eclesiásticos oficios, en que á cada paso se in­
voca y se predica la M adre de D io s, como la única Palom a hermosa
é incorruptible, como R o sa siem pre fresca, por todas partes pura,
siem pre sin m ancha y bienaventurada, celebrándola como otra E v a,
que nunca perdió la inocencia y dio á lúa á E m annel.
N o hay que adm irarnos, pues, supuesto que esta doctrina de la
Inm aculada C oncepción de ia V irgen M adre de D ios está señalada,
según el juicio de los P a d re s, en las divinas letras, enseñada con tan
ilustres testim onios de ellos: m anifestada y celebrada en tantos mo­
num entos de la venerable antigüedad: propuesta y confirmada por el
gravísimo juicio de la Ig lesia y por el de los P astores de ella, que
se glorian, en unión de los fieles, de reverenciar, venerar, invocar y
predicar: que nada hay para ellos mas tierno y mas dulce que su
am or á la V irgen M adre de D io s concebida sin la m ancha original.
•Suplicando rendidam ente á e s ta sania Sede los Obispos, los eclesiás­
ticos varones, las órdenes regulares, los E m peradores y los Reyes: que
se definiera como dogm a de fe la Inm aculada C oncepción de la
santísim a M adre de D ios: repitiéndose iguales súplicas en nuestro
tiem po, y particularm ente en el de nuestro predecesor, de feliz m e.
m oría, G regorio X V I.
Asi es que, conociendo esto con el m ayor gozo de nuestro cora-
'jj’ /,on, y reflexionando seriam ente sobro tan grave asunto, apenas fui- efl·
S m os elevados á la suprem a dignidad de la Iglesia, cuyo gobierno ha ^
confiado la P rovidencia á nuestro cuidado, aunque somos indignos: **
cuando correspondiendo á los deseos de la Iglesia y obrando con- «jj.
3& formes á I03 sentim iento? de nuestra devocion, que desde la prim era
- - edad liemos tenido á la V irgen M aría M adre de D ios, para que se
aum entara su honor, y para que sus prerogativas se hicieran mas p a­
tentes. P a ra obrar con toda circunspección y m adurez, nombramos
una congregación de nuestros venerables herm anos C ardenales de la
santa R om ana Iglesia, ilustres por su religión, consejo y ciencia en
las divinas letras; eligiendo asimismo varios varones de ambos cleros
instruidos en la sagrada T eología, para que exam inaran cuidadosa­
m ente cuanto tuviera relación con la C oncepción Inm aculada de la
V irgen, y nos propusieran su parecer. Y aunque p o r las repetidas
súplicas que se han hecho para que se definiera la C oncepción In ­
m aculada de la V irgen, sabíam os muy bien cu ál es el común sentir
de muchos de los P relad o s eclesiásticos, m andam os nuestras letras,
desde G aeta, el dia 2 de febrero de 1S49, á todos nuestros herm anos
los Obispos católicos para que después de h aber suplicado y pedido
el auxilio de D ios, no3 com unicaran por escrito cuál era la piedad y
devocion de sus respectivos súbditos á la Inm aculada C oncepción
de la M adre de D io s, y cuál era el parecer de ellos, y cuáles sus
deseos acerca de la definición que debiera darse, á fin de que Nos
declaráram os nuestro juicio de la m anera mas solem ne.
Y nuestra alegría fué m uy gran d e por las respuestas que hem os
recibido; porque al contestarnos, no solo nos hicieron presentes lle­
nos de gozo y de alegría el sentim iento de sus fieles, de su clero, y
de ellos mismos, confirmando su piedad y am or á la C oncepción I n ­
m aculada de la V irgen; sino que cási todos nos suplicaron que la d e­
finiéramos con nuestro suprem o ju icio . E igualm ente nos alegra­
mos cuando nuestros venerables herm anos los C ardenales de la san­
ta R om ana Iglesia en unión de los T eólogos que nom bram os para el
efecto, desp u és de un detenido exam en nos pedían también diéra­
mos esta definición. H e c h o todo esto: siguiendo el ejem plo de nues­
tros predecesores y deseando proceder bien y con toda sinceridad;
determ inam os y tuvimos un Consistorio en el que hablamos á nuestros
venerables herm anos los C ardenales de la santa R om ana Iglesia; y oi-
■¡g mos la manifestación de su p areeerco n el qi>e nos pedían: que diera-
mos nuestra dogm ática definición sobre la Inm aculada C oncepción de
É. la V irgen M adre de Dio3.
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* Y confiando y creyendo en el Señor: que es llegado el tiem po <1
5o oportuno para definir la Inm aculada C oncepcion de la M adre de ^
D ios la Virgen M aría, la que han ilustrado y declarado las divinas ^
± letras, la venerable tradición y el constante sentimiento de la Iglesia,
las súplicas de los P relad os, de los fieles, y los ilustres hechos y cons­
tituciones de nuestros P red eceso res; habiendo suplicado continua y
fervorosam ente al Señor, no hemos dudado decretar y definir con
nuestro suprem o juicio la Inm aculada C oncepcion de la \ír g e n , sa­
tisfaciendo así á los deseos del mundo católico y al amor que profe­
sam os á la santísima V irgen, honrando mas y mas en ella á nuestro
Sefior Jesucristo, porque necesariam ente redunda en honor y ala­
banza del H ijo, toda ia honra y alabanza que se le da á su M adre.
E n tal virtud sin haber interrum pido nuestros privados ruegos en
medio del ayuno y de la hum ildad: ofreciendo las súplicas de la
Iglesia hechas á D ios P a d re por medio de su H ijo , para que se dig­
nara dirigir é iluminarnos con la virtud del E spíritu Santo: imploran-
do él auxilio de toda la corte celestial; y llamando con gem idos al P a ­
ráclito E sp íritu . H abiéndose dignado ilum inarnos. P ara honor de la
santa é individua T rin idad , para ornam ento y honra de la Virgen
M adre de D ios, para exaltación de la fe católica y de la religion
cristiana. D e c l a r a m o s , pr o n u n c ia m o s y d e f in im o s con i . a a u ­
t o r id a d DE NUESTRO SEfÜOR JESUCRISTO, DE LOS BIENAVENTURA­
DOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO, Y CON LA NUESTRA: QUE LA
D O C T R IN A Q U E A F IR M A : Q U E L A S A N T IS IM A V I U
G E N M A R IA E N E L P R I M E R I N S T A N T E D E SU C O N ­
C E P C IO N , P O R U N S IN G U L A R P R I V I L E G I O Y G R A ­
C IA D E D IO S , Y E N V IS T A D E L O S M É R I T O S D E J E ­
S U C R IS T O S A L V A D O R D E L O S H O M B R E S , F U E P R E ­
S E R V A D A Y L IB R E D E T O D A M A N C H A D E L A C U L ­
P A O R IG IN A L ; H A S ID O R E V E L A D A P O R D IO S , Y
D E B E S E R C R E I D A F IR M E Y C O N S T A N T E M E N T E
T O R T O D O S LO S F IE L E S . Y S I A LG U N O S, LO Q U E
D IO S N O P E R M I T A , S E A T R E V I E R E N A S E N T I R L O
C O N T R A R IO D E N U E S T R A D E F IN IC IO N ,' Y S E A T R E ­
V IE R E N A M A N IF E S T A R P O R E S C R I T O , O D E C U A L - 1
Q U 1 E R O T R O M O D O SU P A R E C E R , S E P A N : Q U E E S - ±
T A N C O N D E N A D O S P O R SU P R O P I O J U IC IO : Q U E J
27
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3p H A N P A D E C I D O N A U F R A G IO A C E R C A D E L A F E : ±
-> Q U E S E H A N S E P A R A D O D E L A U N ID A D D E L A j
J I G L E S I A , IN C U R R IE N D O I P S O F A C T O E N L A S P E . J
S ÑA S E S T A B L E C ID A S P O R D E R E C H O .
N uestro corazon y nuestra boca están llenos de júbilo, y clamos
hum ildes alabanzas á nuestro S e ñ o r Je su c risto , y se las tributare­
mos siem pre: porque por un singular beneficio suyo y sin m érito
nuestro, nos ha concedido el favor de decretar y ofrecer este lio-
iioi-, esta gloria y esta alabanza á su santísim a M adre. C o n la
m ayor confianza esperam os: que la santísima V irgen, que toda her­
mosa y sin m ancha abatió la cabeza de la S erpiente venenosa, tra­
yendo la salud para el inundo: que es la alabanza de los Profetas y
de los A póstoles, honor de los M ártires, corona y alegría de todos los
santos: que es refugio y auxilio de los que estam os en peligros, m e­
dianera poderosa ante su H ijo unigénito, honor y gloría esclarecida
de la Iglesia: que con su poder ha desterrado todas las herejías, li­
brado á los pueblos Celes y á todas las gentes de la calam idad: que
á N os, nos libró y amparó en m uy grandes peligros: esperam os que
con su poderoso patrocinio haga que nuestra santa m adre la Iglesia
católica, vencidas todas las dificultades y destruidos los errores flo­
rezca en todas partes, y reine d esde uno hasta otro extrem o de la
tierra co n toda libertad, tranquilidad y paz; para que los presos consi­
gan libertad, los enferm os hallen rem edio, y saquen fortaleza los d é­
biles, los afligidos el consuelo, ayuda los que están en peligro, y
que los extraviados vuelvan ilum inados con la fe al sendero de la
justicia, p ara que uniéndose haya un solo P asto r y un rebaño.
Oigan nuestras palabras todos los hijos de la Iglesia Católica, invo­
quen, rueguen y amen de todo coraaon á la Virgen M aría Mach-e de
D ios concebida sin )a m ancha original, y celébrenla, invocando en
sus necesid ad es y peligros á esta M adre llena de gracia. N ada tene­
mos que tem er;y m ucho tenem os que esperar, si ella fuere nuestra con­
ductora y llena de bondad nos dispensa su protección, si siendo R e i­
na elevada sobre los coros de los A ngeles y de los santos y puesta á la
diestra de su H ijo unigénito nuestro señ o r Je su c risto se interesare
^ por nosotros, porque sus ruegos alcanzan lo que piden y nunca se S-
«a. quedan sin efecto.
A fin de que esta nuestra definición acerca de la j c h m a c c l a d a
•i xf f te 6 i 9 c o ; ____ ______ ______ " í j a j , ; a ' 2
■ -------------------------------------------------------------- r r r r t f r r r í í -i '
28
is w r n m i ----------------------------------------------- ---------------- « m h w h ®
c o N C E re io x
d e i< a s a n t í s i m a v i r g e n m a r í a llegue á noticia de X
«·* toda la Iglesia, querem os: que para perpetua m em oria se expidan es-
tas nuestras A postólicas L e tra s, y m andam os que á cualesquiera co-
«£ pias ó im presos de ellas, con tal que estén firmadas por algún N ota-
rio público, ó con el sello de alguno que sea de dignidad eclesiásti­
ca se les dé el mismo crédito y fe que á. las presentes si se les m ani­
festaran.
A ninguno le sea lícito infringir 6 contrariar tem erariam ente esta
nuestra D eclaració n , P ronunciación y D efinición. P e ro si se atrevie·
re á hacerlo sepa: que incurre en la m aldición de D ios O m nipotente,
y de los bienaventurados apóstoles P e d ro y Pablo.
D adas en San P e d ro de R om a, el dia ocho de D iciem bre de M il
ochocientos cincuenta y cuatro de la E n carn ació n del Sefior, Nono
de nuestro pontificado.

P IO , P A P A IX .

C ualquiera eosa que agregásem os á lo que N. Sm o. P a d re dice en


sus alocuciones y memorable y deseado decreto seria nada; y esta­
mos ciertos de que nuestras palabras tam poco aum entarían la piedad,
la devocion y tiernisim o afecto á M aría Santísim a, que h ácia su In ­
m aculada C oncepcion tienen y han tenido siem pre los M ejicanos.
Nos reducirem os pues á contentar los deseos de todos: y así que­
rem os que en el prim er dia festivo que siga á la publicación de esta
carta se lea toda ella en la misa mayor de cada Ig lesia, pasado el
E vangelio: que se celebren tres misas: la prim era, solem nísim a en
honor de la Inm aculada C o n cep cio n de M aría Santísim a; la se­
gunda, en acción de gracias ú D ios nuestro Sefior porque la preser­
vó de toda m ancha y la adornó de toda gracia, virtud y santidad, y
la tercera, p o r la salud y prosperidad de N . Sm o. P . á quien J e s u ­
i t cristo S eñ o r nuestro escogió para que como vicario suyo declarase
cuánta fué la santidad de su bienaventurada M adre.
No podem os ciertam ente m anifestar los sentim ientos que actual­
m ente nos animan de amor, de piedad y veneración hacía nnestra
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29
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santa M adre la V irgen M aría en su C oncepción Inm aculada: do grati-
jjj* tud y reconocim iento á Dios nuestro S eñ o r porque Se hizo grandes y
señalados beneficios y en particular el de preservarla de toda m ancha,
->> como que la escogió para M adre de su bendito H ijo; y de gratitud
tam bién y de am or al santo y venerable pontífice P ió IX , que ha lle­
nado de alegría á toda la Iglesia con una declaración que hará eter­
na su memoria.
Y estando ciertos cuanto podem os estarlo de que no serán m eno­
res los sentim ientos que os anim en, pedim os á D ios nuestro S e ñ o r
los bendiga, y Nos, lo hacem os en su Santo Nom bre.
D ad o en N uestro Palacio arzobispal de M éjico. Abril 21 de 18-55.

J ^á za c o ,
arzobispo de Méjico.

L ic . Joaquin Primo de R ivera,


secret« rio.

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