Descargar como pdf o txt
Descargar como pdf o txt
Está en la página 1de 28

1.

La Espiritualidad Juvenil Emergente

1.1 Cambios Culturales y Experiencia Espiritual


"El viento sopla donde quiere y tú oyes su silbido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde
va. Así le sucede al que ha nacido del Espíritu" (11).
Esta experiencia de la acción del Espíritu, que el evangelista Juan pone en boca de Jesús,
mueve a la Iglesia a discernir y a reconocer esa acción en la historia concreta de los
pueblos.
Como se ha expresado antes, las múltiples transformaciones que ha experimentado nuestra
cultura en las últimas décadas han dado origen a retos que desafían los planteamientos
tradicionales sobre la espiritualidad juvenil.
Se procura caracterizar aquí la "vivencia espiritual" de los jóvenes de hoy, con la finalidad
de descubrir sus rasgos más significativos y permitir un acompañamiento más eficaz a sus
procesos de crecimiento en una "vida según el Espíritu". En definitiva, se quiere leer la
realidad juvenil con una mirada de fe (12).
La experiencia religiosa, inserta e influída por la cultura, ha sufrido una profunda
transformación: ha pasado de un discurso eminentemente centrado en lo institucional a otro
centrado en la vida misma y en las experiencias individuales y grupales. Para muchos
jóvenes es más fácil -y también más veraz- tener una experiencia de lo sagrado en la
cotidianidad de la vida que dentro de la institución religiosa. De ahí, su adhesión a
movimientos religiosos, grupos u organizaciones que frecuentemente son consideradas
periféricas por la institución, pero donde ellos encuentran experiencias religiosas que, al
menos temporalmente, les satisfacen.
Si se quiere ser fiel al Espíritu "que sopla donde quiere" (13), hay que discernir su presencia
en la vida cotidiana de todos los jóvenes, y no sólo en la de aquellos que pertenecen a la
Pastoral Juvenil, pues el campo de acción de Dios sobrepasa el ámbito de acción de la
Iglesia.
La iglesia está llamada a establecer un diálogo entre la experiencia del Espíritu de Jesús
que están viviendo hoy los jóvenes en los diversos ambientes y con diferentes
sensibilidades, y la experiencia recogida en la vivencia y la tradición de la comunidad
creyente. El criterio fundamental y permanente para un adecuado discernimiento en este
diálogo es el Evangelio de Jesús.
Frente a este diálogo, que es reto y desafío, es bueno reconocer con alegría que existen
entre los jóvenes muchas experiencias concretas de respuesta a su vocación y a su misión
en la Iglesia y en el mundo: grupos que asumen servicios concretos que dan un nuevo
rostro a la vida de las comunidades, jóvenes que dan ejemplo de coherencia en su vida
diaria, que van acercando "el sueño" a la realidad, grupos e individuos insertos en las
diversas luchas político-sociales en favor de los excluidos y marginados, etc.

1.2 Nuevo Lenguaje


La espiritualidad juvenil emergente es una manifestación de la acción del Espíritu en la
cultura de hoy. Se reconoce en las diversas formas de relación existencial que los jóvenes
van estableciendo con Dios, con la naturaleza, con los otros y consigo mismos y se expresa
a través de diferentes lenguajes que presentan al mismo tiempo elementos positivos y
negativos.
a) Como herederos de una visión dualista del ser humano y del mundo, muchos jóvenes
establecen una división clara y profunda entre lo que consideran las "cosas terrenas", "lo
práctico y concreto" y
"lo espiritual y lo ideal". Muchas veces, esta dicotomía los lleva a aceptar la mediocridad
como ley de vida y a experimentar un vacío existencial, producto del divorcio entre la fe y
la vida.
b) Otros, consideran que la medida absoluta para la valoración de la vida, de las creencias
y de las relaciones, pasa por la experiencia individual. Es, en realidad, una profunda
manifestación de "búsqueda de sentido" ante un mundo que les da pocas posibilidades de
encontrar una orientación para sus vidas que les satisfaga plenamente. Con frecuencia,
esta actitud suele llevar a un espiritualismo alejado de la historia, sentimentalista y no
comprometido con la realidad de cada día.
Este lenguaje, que valora prioritariamente la experiencia individual, influye en la inmensa
mayoría de la juventud actual. Llega a los jóvenes porque es el lenguaje de la modernidad,
de la valoración de la conciencia subjetiva y de la libertad del individuo. En él se manifiesta
el valor de una sociedad pluralista y la llamada a un seguimiento de Jesucristo, que es
capaz de situarse en actitud de acogida y de diálogo con todos para anunciar su propuesta.
c) Es común también entre muchos jóvenes, buscar el sentido de sus vidas en el "hacer".
Para ellos, la experiencia espiritual se entiende y se realiza desde la lógica de "lo que hay
que hacer" y de lo que "no hay que hacer". En esta situación, se refuerzan las actitudes
exigentes del "deber ser" y de los méritos propios y, como consecuencia, se diluye el sentido
de la gratuidad de Dios. El evangelio de la misericordia y de la gracia es sustituido por el
cumplimiento de una "ley" como obra humana.
d) En el momento actual, se está configurando entre los jóvenes un nuevo lenguaje, una
nueva manera de buscarle sentido a la vida y de intentar encontrar respuesta a las
preguntas fundamentales que desde siempre se plantea el ser humano. Este nuevo
lenguaje no tiene aún contornos bien definidos, pero se sitúa de modo integrador y en
proceso dialéctico con respecto a los anteriores.
Se trata de un lenguaje a través del cual los jóvenes buscan vivir y expresar un marcado
sentido de lo trascendente en su actuar diario, vivir y comunicar la "plenitud de sentido" que
experimentan cuando se sienten miembros reconocidos por una comunidad, encontrar
sentido a la "acción transformadora" y vivir con coherencia su relación fe-vida a través de
un compromiso en el mundo.
Es un lenguaje que está naciendo de la experiencia y de las vivencias de muchos jóvenes
y que, gradualmente, va caracterizando las relaciones que establecen consigo mismos, con
los demás, con la naturaleza y con Dios.
Al igual que los anteriores, tampoco este "nuevo lenguaje" puede ser absolutizado.
Necesitará confrontarse permanentemente con el Evangelio -el lenguaje de la fe- para
ayudar a rectificar actitu-des y valoraciones en orden a un real seguimiento de Jesús según
el Espíritu.

1.3 Rasgos de la Espiritualidad Juvenil Emergente


a) En la relación de los jóvenes consigo mismos
En una sociedad con crisis de "proyectos históricos", muchos jóvenes tienen dificultades
para poder asumir un "proyecto de vida", para el que no cuentan con elementos de
referencia. Preguntas fundamentales como: "¿quién soy?", "¿para qué vivo?","¿hacia
dónde voy?" se plantean con mayor angustia para los jóvenes de hoy que para los jóvenes
de generaciones anteriores. Quienes logran dar respuesta a estos interrogantes enfrentan
luego un nuevo planteo: "¿qué proyecto puede dar sentido a mi vida?". Es la oportunidad
para que muchos lleguen a descubrir entonces el futuro como "vocación". En todos los
casos, los jóvenes buscan la manera de llegar a una adecuada realización personal que les
permita encaminarse hacia la plenitud de sentido de sus vidas.
En una cultura que privilegia los planteamientos científico-técnicos y da preponderancia a
lo racional, amplios sectores de la juventud buscan explorar toda la gama posible de
emociones, y desde ellas valoran muchas veces sus experiencias espirituales. En esta
situación, lo simbólico adquiere categoría de medio fundamental, porque permite
profundizar la experiencia única de sentirse habitados por el mismo Espíritu que habitó a
Jesús de Nazaret.
Inmersos en una sociedad eminentemente competitiva, donde la razón de ser es el
consumo máximo de bienes y donde no se tienen en cuenta las necesidades de los demás,
muchos jóvenes sienten la exigencia de acumular prácticas espirituales que no
necesariamente significan la irrupción salvífica del Dios que transforma la historia personal
y comunitaria herida y deformada por el pecado.
Por una mayor sensibilidad frente a la naturaleza y por una más equilibrada orientación
psicológica, muchos jóvenes valoran positivamente su cuerpo y asumen su sexualidad sin
traumas y con creatividad; otros muchos, en cambio, la trivializan y consideran las
relaciones sexuales como no sujetas a normas o, a lo sumo, aceptan como normas las
dictadas por el instinto.
Ante la estrechez alienante de una conciencia exclusivamente objetiva, un buen número de
jóvenes hace resaltar la experiencia espiritual individualista como algo absoluto y reduce el
seguimiento de Jesús a una plenitud de sentido "para mi" sin acogerlo como un sentido que
abre hacia los otros y hacia los desafíos de la historia. Se dan, también, grupos de jóvenes
que son capaces de superar la necesidad de auto afirmación propia de su edad y descubren
la riqueza de la fe y de la experiencia compartida de la vida en el Espíritu.

b) En la relación de los jóvenes con los otros


Muchos jóvenes descubren pronto que la única posibilidad de triunfo en la sociedad
neoliberal en la que les ha tocado vivir viene por el camino de la asociación y que la
afirmación de la propia identidad pasa por el camino del grupo. Por eso, sienten una fuerte
necesidad de definir su pertenencia a grupos, grandes o pequeños, con características
propias que les permitan afirmarse como "distintos".
El nuevo orden económico, con su materialismo práctico que atenta contra la vida de la
mayoría al acumular desmedidamente los bienes en manos de unos pocos, hace surgir en
muchos jóvenes la solidaridad hacia los marginados, los nuevos condenados de la tierra.
Algunos se sienten movidos a participar como voluntarios en las Organizaciones No
Gubernamentales y hacerse presentes así en la lucha por la dignidad de la persona, por la
justicia y por la calidad de vida.
Muchos otros se dejan absorber por el ambiente competitivo y entran a formar parte del
engranaje social opresivo, con la esperanza de alcanzar niveles de poder. En su lucha por
subsistir, una amplia mayoría sufre las consecuencias de este modelo opresivo sin tener
conciencia de que es oprimida, o con un sentimiento de impotencia por no poder superar
su situación.
Por los reiterados ejemplos de formas de ejercer el poder sin ética que son noticia diaria en
los medios de comunicación masiva, muchos jóvenes consideran la política como
"intrínsecamente mala" y se inhiben de pertenecer a grupos que los identifiquen con
partidos políticos.
Algunos, golpeados en sus sentimientos solidarios más puros, reaccionan ante las
constantes injusticias sufridas por los más pobres y se organizan en movimientos
populares, en organismos de defensa y promoción de los derechos humanos, en campañas
de salud, de alfabetización, etc.
La puesta en marcha, en los últimos años, en muchos países de América Latina, de
procesos de educación en la fe, ha hecho posible que numerosos jóvenes vinculados a
grupos juveniles estén en estos momentos en la etapa de militancia, donde viven la
solidaridad, se esfuerzan por iluminar su realidad diaria desde el Evangelio y procuran así
seguir a Jesús y realizar su voluntad salvífica en la Iglesia y en el mundo.
Algunos responden afirmativamente a la llamada misionera que han recibido y se convierten
en evangelizadores de otros jóvenes. Otros desarrollan su protagonismo en la comunidad,
donde viven un ambiente fraterno que valoran y potencian y donde hacen realidad la opción
preferencial por los más pobres.
c) En la relación de los jóvenes con la naturaleza
Ante los atropellos ecológicos que se cometen hoy, muchos jóvenes se inscriben en grupos
que denuncian abiertamente la destrucción inmisericorde de la naturaleza y promueven
técnicas alternativas que permitan producir sin destruir. Otros muchos descubren a Dios en
la paz y el silencio de la creación y la sienten como obra de la palabra del Señor y presencia
del Espíritu, que desde el comienzo aleteaba sobre todo lo que fue creado (14).
Muchos jóvenes desarrollan su actividad laboral, como productores o como investigadores,
en permanente contacto con la ciencia y la tecnología. De esa manera participan en la
transformación de la naturaleza en provecho de la humanidad y expresan que la
evangelización no supone el rechazo de la ciencia y de la técnica. También ellos se sienten
cuidadores de la creación a través de los conocimientos y destrezas que permiten usar con
más eficacia, y sin necesidad de destruirlos, los recursos naturales que Dios proporciona.
Hay también jóvenes que, absorbidos por los avances fascinantes de la ciencia y la
tecnología pierden su capacidad crítica y creativa y progresivamente se separan de la
experiencia gratificante de la naturaleza y del encuentro con los otros, aceptando o incluso
participando en proyectos donde lo esencial es el avance científico o productivo en sí
mismo, al margen de cualquier principio ético.

d) En la relación de los jóvenes con Dios


La falta de sentido de la vida, producido entre otras causas, por la crisis de las ideologías y
por la absolutización del modelo materialista-consumista triunfante, lleva a los jóvenes a
buscar ese sentido en lo trascendente.
Sus experiencias de búsqueda de lo trascendente son muy variadas. Unas pasan por la
mediación de lo esotérico, otras por las del sincretismo y otras muchas por la experiencia
del Dios de la fe cristiana, transmitida por la familia, por los catequistas o por el modo de
vida cristiana de las mismas comunidades.
Esta variedad de experiencias lleva a los jóvenes a formarse imágenes muy diversas de
Dios. Es tarea de la Pastoral (propuestas concretas de vivencia de la espiritualidad)
ayudarlas a discernir cuál es el Dios de Jesús, el que responde más profundamente a sus
búsquedas de identidad, a la necesidad de dar sentido a sus vidas y de sentirse parte de
un proyecto --el proyecto de Dios- en el que ellos son importantes.
Para muchos, el resultado de este discernimiento lleva al encuentro con un Dios por el que
se sienten queridos y que, por amor, les quiere comunicar su vida. Este encuentro los lleva
a una relación de persona apersona con ese Dios Padre que toma la iniciativa, se acerca a
ellos y entra en comunicación de manera especialísima en el Jesús de los Evangelios e
interviene en la vida de los hombres para comprometerse con ellos y para formar con ellos
una comunidad.
Cuando los jóvenes descubren que Dios los ama primero y que es él quien tiene la iniciativa
del encuentro mutuo, sienten la necesidad de conocer lo que ese Dios ha hecho por ellos
en la naturaleza y en las personas. Se sienten llamados entonces a celebrar, a hacer fiesta
y a utilizar en ella todos los símbolos que le permiten expresarse como auténticamente
joven, una fiesta que se plenifica con el sentido gozoso de la resurrección.
La alegría de saberse buscado y. encontrado por Dios Padre en Jesús se hace más
profunda cuando descubren que hay otros jóvenes que tienen su misma experiencia y
necesidad de hacer de este encuentro una "fiesta de todos". Para ellos, entonces, lo que
desagrada a Dios, no es cumplir o no cumplir unas normas que sienten impuestas e incluso
a veces carentes de sentido, sino crear situaciones que disminuyan o hagan fracasar esta
"fiesta de todos".

2. Características de una Espiritualidad Juvenil para América Latina

A partir de la reflexión sobre los sobre los cambios socioculturales que afectan en modo
directo a los jóvenes, de la descripción de la espiritualidad juvenil emergente que va
surgiendo como respuesta a los desafíos que estos cambios plantean y de la clarificación
de elementos constitutivos de una espiritualidad cristiana, se reafirma que la espiritualidad
es un elemento fundamental en la vida del joven y un desafío prioritario para la Pastoral.
Se presentan aquí algunas características que concretizan esta espiritualidad para su
vivencia en los jóvenes:
2.1 Centrada en Cristo
Es una espiritualidad centrada en el seguimiento de Jesús, amigo y compañero de camino,
por lo que se ha de "promover un encuentro personal y comunitario con el Cristo vivo" (25).
Esta experiencia fundamental e impactante, conduce al joven a gustar de la aventura del
seguimiento de Jesús y a comprometerse con su proyecto, asumiéndolo desde la vida en
el Espíritu.
Jesús es la auténtica respuesta a las inquietudes de los jóvenes y es al mismo tiempo, el
fundamento de su espiritualidad.
2.2 Mariana
El Espíritu de Jesús lleva a reconocer en la Virgen María a la primera cristiana, una joven
feliz porque ha creído que se cumplirá en ella la Palabra de Dios (26).
Por la fe, María es madre y abre las puertas de la humanidad al Hijo de Dios. Por su
colaboración en la obra de la liberación, es modelo de vida en su disponibilidad, entrega y
compromiso.
María es testigo de la vida en el Espíritu, presencia femenina de liberación que acompaña
al joven latinoamericano desde el silencio y la obediencia, suscitando expresiones diversas
de gratitud desde sus propias características culturales.
María, joven madre de Jesús, es modelo para los jóvenes comprometidos. Ella representa,
de un modo especial, la dimensión femenina de la espiritualidad, la disponibilidad y el
compromiso liberador con el pueblo que sufre, como lo expresa en el Magnificat, espejo de
su vida (27).
2.3 Comunitaria y eclesial
El grupo es elemento fundamental en la vida de los jóvenes, que buscan siempre
identificarse con otros y compartir sueños y experiencias.
La experiencia de fe madura en un grupo o comunidad juvenil. Este se convierte así, en
lugar esencial de la vida en el Espíritu, porque abre al joven a la relación con los otros y al
descubrimiento de su pertenencia a la Iglesia como miembro del pueblo de Dios.
Dios se revela en su misterio trinitaria como comunidad y la vocación a la fe es una llamada
a pertenecer a un pueblo de hermanos, por lo que la vida en el Espíritu podrá ser discernida
con el apoyo de la comunidad y enriquecida con el testimonio de vida de los hermanos. La
vida en el espíritu es vida en comunidad eclesial. La Iglesia nace de esta experiencia de
presencia del Espíritu (28).
2.4. Laical y misionera
La experiencia de fe vivida en los grupos y comunidades juveniles lleva a los jóvenes a
descubrir el llamado a servir a los demás.
La vocación al seguimiento de Jesús es también un llamado a la misión, por lo que la
Pastoral Juvenil se convierte en un espacio donde los jóvenes descubren su dimensión
misionera. El mismo Espíritu conduce a los jóvenes a compartir con otros el gozoso anuncio
del Reino y a asumir dentro de la Iglesia diversas tareas que les permiten compartir sus
carismas.
La vivencia de la espiritualidad conduce a los jóvenes a asumir su ser laical y a hacer
presente el Espíritu de Jesús desde su compromiso de fe, como Iglesia, en las realidades
temporales en las que viven, crecen y actúan (29). Reconoce también la acción del Espíritu
en medio de los ambientes propios de la vida y profundiza su misión de agente de cambio
y de evangelizador de los otros jóvenes.

2.5 Liberadora
Siguiendo el estilo de vida de Jesús, que se encarna en la historia de su pueblo, la
espiritualidad se vive en medio de realidades concretas, es decir, en el mundo familiar,
laboral, político, económico, educativo, etc., asumiendo la cultura misma de los pueblos,
especialmente de los indígenas y afroamericanos, con un claro compromiso con los
empobrecidos y con un sentido liberador.
La espiritualidad lleva a los jóvenes a buscar acciones concretas que reflejen la vida en el
Espíritu como el compromiso claro y solidario con la opción preferencial por los pobres y
marginados del continente.

2.6 Orante
En su proceso de seguimiento de Jesús, la espiritualidad lleva al joven a encontrar
momentos privilegiados de comunión con él a través de la oración personal y comunitaria,
que le permitan una relación cercana con Jesús y poder llegar a experimentarlo como amigo
y compañero de camino. La oración se convierte en el espacio en el que los jóvenes
expresan de diversas maneras sus inquietudes personales y la búsqueda de respuestas
concretas a sus grandes interrogantes, reafirmando así su adhesión y compromiso con el
Dios de la vida.
2. 7 Celebrativa
La alegría juvenil se manifiesta en la celebración de esta vida en el Espíritu, a través de
acciones personales y comunitarias que lleven a la búsqueda y el encuentro con el Dios de
la vida.
Además del encuentro eucarístico, fuente y cimiento para el seguimiento de Jesús, la
espiritualidad suscita otras expresiones celebrativas que manifiestan las diversas formas
de compartir con alegría la vida en el Espíritu.
Lo celebrativo, elemento propio de la espiritualidad juvenil emergente, promueve el carácter
festivo de la vida de los jóvenes, no como manifestación de un vacío interior que busca
compensaciones ni como ocasión para distraerse de la realidad, sino como expresión de la
fiesta inspirada en la victoria pascual y en el triunfo de la vida sobre la muerte.
3. Dificultades para la vivencia de esta Espiritualidad Juvenil
Las dificultades que se encuentran para realizar el proceso de acompañamiento de los
itinerarios personales y grupales de la fe de los jóvenes están íntimamente relacionadas
con la situación y con el modelo socio-económico imperante.
El modelo neoliberal ha originado una crisis generalizada y en cadena en los diversos
ambientes que afecta la identidad personal y grupal de los jóvenes. Este modelo perverso,
que valora todo exclusivamente en relación con la producción y al consumo y convierte en
meramente material y contingente la dimensión trascendente, refuerza modelos
tradicionales y despersonalizantes y origina vacíos que lleva a las personas a la búsqueda
de respuestas inmediatistas.
Las diversas dificultades que aparecen a continuación no pueden ser consideradas en
forma aislada, pues todas ellas están interrelacionadas y obedecen en buena medida a este
modelo asumido en diversos campos.

A nivel personal.
Algunos jóvenes tienen una vivencia sentimentalista de su fe, una espiritualidad
desencarnada e individualista que los lleva a una falta de compromiso en el seguimiento de
Jesús, tanto en lo intraeclesial como en lo social y a un divorcio entre la fe y la vida.

A nivel social.
El modelo social consumista, reforzado por los medios de comunicación masiva y
principalmente las redes sociales, genera exigencias que no están al alcance de la situación
económica de la mayoría, promueve antivalores como el alcohol, la droga, la prostitución,
las campañas a favor del aborto y el uso de anticonceptivo s y presenta modelos familiares
que contradicen los valores cristianos.
Como consecuencia, muchos jóvenes viven preocupados por lograr su supervivencia diaria,
sufren las consecuencias de la promiscuidad y de la limitación de su derecho a la vida y
están condicionados por modelos familiares que no siempre responden a los valores
familiares cristianos.
La influencia de las diversas culturas extranjeras, especialmente la norteamericana, que
lleva a los jóvenes a una pérdida de su identidad cultural, de su lenguaje, de sus
costumbres, de sus expresiones artísticas, etc.
Las sectas se están propagando con mucha rapidez y facilidad. A pesar de que muchas
veces su influencia es alienante, convocan a los jóvenes ante la ausencia de una propuesta
clara por parte de la Iglesia.
El sincretismo religioso está llevando a muchos jóvenes a la confusión, impidiéndoles la
posibilidad de entender y vivir una espiritualidad cristiana verdadera.

A nivel eclesial.
La existencia de diferentes modelos de Iglesia lleva a la separación que se percibe muchas
veces entre una Iglesia que afirma más los aspectos institucionales y una Iglesia que
promueve más su aspecto de Pueblo de Dios. Con bastante frecuencia, la falta de diálogo
no permite el respeto por las diversas visiones y por la variedad de carismas.
Una visión demasiado institucionalista de la Iglesia, reforzada por un excesivo clericalismo,
promueve a menudo una espiritualidad desencarnada, un sacramentalismo sin sentido y
una tendencia excesiva a moralizar la vivencia de la espiritualidad.
No hay definiciones concretas de espiritualidad y por eso se manejan conceptos que
frecuentemente no favorecen una espiritualidad encarnada en la realidad de los jóvenes ni
en procesos que acompañen esta dimensión de su formación.
La vivencia de la espiritualidad no se centra muchas veces en la persona de Jesús, de
donde han de derivar las exigencias radicales para la espiritualidad de los jóvenes.
La opción preferencial por los jóvenes es aún más afectiva que efectiva: se priorizan otras
tareas pastorales, no se apoya concretamente a la Pastoral Juvenil Orgánica y se arriesga
así la fidelidad a la opción evangélica por los pobres y necesitados.
Dentro de la misma acción pastoral existen en algunos casos, estructuras de organización
excesivamente complejas y en otros casos simplemente no existen: ambas situaciones no
favorecen un eficaz acompañamiento a la vida espiritual de los jóvenes.
Algunos sectores del mundo adulto relativizan o inclusive no valoran la participación de los
jóvenes en la Iglesia y en el mundo.
Como no se da una búsqueda de diálaga con ellas, se desconoce el esfuerza que las
jóvenes realizan personal y grupalmente para vivir su espiritualidad.
La acción pastoral no ha creado todavía espacios suficientes para un trabajo de
evangelización en los medios específicos. Muchos jóvenes tienen dificultades para vivir su
espiritualidad en los ámbitos donde se desarrolla principalmente su vida, como el lugar de
trabajo, la universidad, la escuela, el campo, las situaciones críticas, etc.
Algunos Movimientos no conocen la acción pastoral concreta, la que las lleva a encerrarse
en sí misma y a generar una especie de competencia con las demás acciones y propuestas
pastorales.

A nivel de procesos de formación.


Hay dificultades todavía para asumir las procesas de educación en la fe propuestos a nivel
nacional y latinoamericano, lo que unido al débil acompañamiento de asesores y agentes
pastorales especializa-dos, no favorece una formación integral de las jóvenes.
Muchas veces no se generan propuestas nuevas de formación que respondan a las
necesidades reales de las jóvenes y se recurre a estereotipos foráneos que se aplican sin
tener en cuenta las situaciones culturales de las jóvenes.
Se da una marcada ausencia de sacerdotes que acompañen efectivamente a las jóvenes.
No existe todavía, en muchos lugares, búsquedas de alternativas claras coma podría ser la
asesaría laical.
Muchos asesores no tienen claridad sobre la manera de acompañar a las jóvenes en sus
procesos de formación espiritual.

4. Espiritualidad para comunidades - Conclusión

Lo normal es que los libros de espiritualidad cristiana estén pensados y destinados para
personas particulares o, si se quiere, para individuos. A fin de cuentas, el sujeto de la
perfección cristiana, según los mencionados libros, es la persona. En este sentido, se habla
de la perfección de la vida espiritual, que se realiza en “la caridad". Tal planteamiento es
enteramente coherente, en cuanto que la espiritualidad es responsabilidad de cada persona
y concierne, de manera inalienable, al ser personal. Pero hay que tener en cuenta que se
trata de la espiritualidad cristiana. Y la espiritualidad cristiana consiste en la forma de vivir
según el evangelio. Ahora bien, la forma de vivir el seguimiento evangélico es comunitaria.
Los discípulos no siguieron a Jesús por separado, sino que lo siguieron en grupo, formando
una comunidad.

Para comprender todo esto más exactamente, hay que tener en cuenta, ante todo, que el
ingreso en la comunidad de Jesús se efectúa a partir de la llamada al seguimiento: Jesús
llama a los discípulos y estos lo dejan todo y le siguen. Es decir, se ponen a vivir con Jesús
y como Jesús, o sea, a compartir su proyecto y su destino. En esto consiste esencialmente
la comunidad evangélica: es un grupo de personas que conviven compartiendo el destino
de Jesús. Ahora bien, el destino de Jesús consistió de hecho en la solidaridad con el
pueblo, hasta sufrir y morir por ese mismo pueblo. Y esto precisamente es lo que tiene que
configurar y determinar el hecho comunitario entre los cristianos. Pero está claro que
compartir semejante destino supone y exige una mística muy radical de adhesión a Jesús,
unas relaciones personales muy profundas, y un mismo proyecto de vida y de acción.
Solamente cuando se dan estas tres cosas se puede decir que hay comunidad cristiana.
Ante todo, una mística incondicional de adhesión a Jesús. Por lo que nos cuentan los
evangelios, esta mística fue tan radical que llevó a los discípulos a abandonar sus familias,
sus trabajos y profesiones, hasta llevar una vida más insegura y desinstalada que las
alimañas del campo (Mt 8,20 par). Evidentemente, un comportamiento de tal naturaleza no
se puede dar si no brota en el sujeto una pasión tal por Jesús que antepone su relación con
Jesús a cualquier otro valor en esta vida. En todo caso, aquí conviene advertir que lo
determinante es la mística que se vive, la pasión interior por la persona y el destino de
Jesús. La relación con la familia, el lugar de vivienda y de trabajo, son cosas que pueden
variar según las circunstancias. No cabe duda de que, según los evangelios de Lucas y de
Juan, Marta y María eran personas muy cercanas a Jesús, es decir, que le seguían con
fidelidad. Y, sin embargo, no abandonaron su casa, ni su modo normal de vida. La
radicalidad evangélica no puede ser solamente para profetas itinerantes, sin casa y sin
familia, sin profesión y sin medios de vida. La radicalidad evangélica es también para el
laico normal, que tiene su casa y su trabajo, de tal manera que desde su situación en el
mundo vive la adhesión a Jesús de forma incondicional. Lo importante es que esta
adhesión a Jesús se convierta en pasión dominante, porque desde ella y en función de ella
se mide y se calcula todo lo demás: la relación con el dinero y el nivel de vida, con la política
y la sociedad, con los ricos y los pobres, con la religión y las instituciones, etc.

Por lo demás, es importante recordar que la comunidad no se basa en la amistad común.


El fundamento de la comunidad no es la amistad, sino la fe. Por supuesto, lo más lógico es
que quienes se sienten vinculados a una misma comunidad compartan también una
amistad común.

Para terminar este apartado, baste decir que toda comunidad cristiana tiene que ser una
reproducción, en la medida de lo posible, de lo que fue la comunidad de Jesús. Por lo tanto,
tiene que ser un grupo de personas inspiradas y unificadas por una mística muy fuerte, la
mística de la adhesión incondicional a Jesús. Un grupo de personas en el que se dan unas
relaciones humanas serias y estables. Un grupo de creyentes que comparten el mismo
proyecto de vida y de acción. Y finalmente un grupo humano que es, de hecho, un espacio
de libertad liberadora. Naturalmente, esto es una meta hacia la que hay que tender
constantemente que seguramente nunca se alcanzará perfectamente. Pero estos rasgos
tienen que ser como el aire de familia de la comunidad cristiana. A partir de todo esto se
tiene que describir lo que debe ser la espiritualidad de la comunidad.
Toda esta manera de ver las cosas implica y exige una espiritualidad. Se trata de la
espiritualidad comunitaria. Pero ya desde ahora hay que decir algo fundamental: la
espiritualidad comunitaria es anterior a toda otra posible espiritualidad. Por lo tanto, antes
de hablar de la espiritualidad sacerdotal, de la espiritualidad de los religiosos o de los laicos,
tenemos que hablar de la espiritualidad de la comunidad. Una espiritualidad es auténtica
en la medida en que es una espiritualidad comunitaria. Por consiguiente, lo prioritario en la
Iglesia no es santificar individuos, sino formar comunidades. No digo que la santificación
de los individuos no sea importante. Es más, todo planteamiento comunitario se tiene que
vivir necesariamente desde la propia individualidad. Esto es evidente. Pero los individuos
santos, por sí solos, no cubren todas las exigencias del evangelio. De hecho, Jesús no
puso un despacho de dirección espiritual, para santificar individuos, sino que desde el
primer momento reunió una comunidad y a ella se dedicó por entero. Porque lo que le
interesaba era la comunidad. Por lo tanto, el punto de arranque de la espiritualidad cristiana
es la experiencia comunitaria.

El centro de la espiritualidad se ponía – y se sigue poniendo – en la perfección del sujeto.


Durante mucho, los manuales de espiritualidad, en los que se afirmaba que el sujeto de la
perfección cristiana es el individuo o más exactamente el alma. De donde se seguían dos
consecuencias. En primer lugar, el subjetivismo: el individuo se adentraba o se adentra en
su propia subjetividad, con el consiguiente peligro de perder la conexión con la realidad
circundante. He visto monasterios de mojes y monjas muy preocupados y hasta
obsesionados por su propia perfección y observancia, mientras que ni se daban cuenta que
cada mañana venían a sus puertas gentes desgraciadas a recoger lo que podían de la
basura que el convento dejaba en la acera de la calle.

Y la otra consecuencia de semejante planteamiento es el egocentrismo, es decir el sujeto


se centra en sí mismo, en su propia perfección y en su propio adelantamiento en las vías
del espíritu, con lo cual se fomentaba, sin darse cuenta, el más refinado egoísmo. Es el
caso de individuos muy preocupados de su propia perfección, pero que al mismo tiempo
hacen sufrir más de la cuenta a quienes les rodean. 0 el caso también de sujetos muy
centrados en su propio adelantamiento espiritual, pero a los que no se les puede ni pedir
un favor, ni siquiera hablarles de ciertos temas, porque son cosas que no cuadran con sus
ideas y saltan como energúmenos sencillamente porque se les contraría en sus
planteamientos.
En el fondo, lo que falla, en estos casos, es la imagen que se tiene de Dios. No es ya el
Dios que se ha dado a conocer en Jesús de Nazaret, el Dios presente en la historia y en el
acontecer de los hombres, sobre todo los más pobres, sino el Dios del Olimpo, trascendente
a todo lo humano y que sólo está contento cuando el hombre se sacrifica y sufre por
aplacarle. Como ha observado muy bien J. A. Estrada, es el Dios «vampiro» del que habla
Nietzsche, el Dios cuyo poder se basa en la miseria humana y su significado positivo
contrasta con la imagen negativa del hombre. Es evidente que una espiritualidad centrada
en ese Dios no puede sino producir los efectos que acabo de apuntar.

De esta manera se desemboca en el subjetivismo espiritualista: la espiritualidad


concebida y practicada como falsa capa protectora, que envuelve al sujeto y lo sitúa en un
mundo artificial y ficticio. Y lo peor del caso es que el sujeto no se da cuenta de que vive
así y en esa situación. Por el contrario, las personas que tienen este talante y se configuran
de esta manera suelen caracterizarse por una autosuficiencia y, a veces, hasta por una
testarudez que las hace impermeables a cualquier influencia que venga a doblegar su estilo
de vida. Por eso, en la Iglesia, se encuentra uno tantos sujetos verdaderamente
pintorescos, cuya espiritualidad los ha llevado a la autosuficiencia más llamativa, incapaces
de dar su brazo a torcer, y en el fondo con un soterrado desprecio hacia los demás que les
hace rayar en lo patológico. Y no se diga que me estoy fijando en casos límite. Ni que estoy
caricaturizando. Por desgracia, este tipo de personas abunda más de lo que nos
imaginamos. Y abunda precisamente en los ambientes eclesiásticos más fundamentalistas,
en ciertas instituciones y en ciertos grupos que no resulta difícil identificar.
Frente a toda esta manera de ver las cosas, los evangelios nos cuentan que Jesús se
situó de una manera completamente distinta en cuanto se refiere al modo de plantear la
vida cristiana. Jesús ni siquiera habla de espiritualidad, ni de perfección de la vida espiritual,
ni de santificación de las almas. Y no se diga que el lenguaje de aquel tiempo era distinto.
No es cuestión de lenguaje, se trata de planteamientos muy fundamentales que van por
caminos enteramente distintos. A Jesús le interesan las personas, en su situación concreta
y en su entorno real, en sus circunstancias familiares, sociales, económicas, políticas y, por
supuesto, religiosas. Y a partir de esa concreción, Jesús habla, plantea y se interesa por
un tema central: el reino de Dios.
En consecuencia, toda espiritualidad que pretenda estar de acuerdo con la espiritualidad
de Jesús tiene que asumir como clave y explicación de todo lo demás el proyecto del
reinado de Dios. Sólo de esta manera se puede superar el atolladero del subjetivismo
espiritualista. Con frecuencia, en la Iglesia, se derrochan raudales de buena voluntad y de
generosidad en el empeño por la propia santificación, por la propia perfección. Y lo que, en
realidad, se consigue de esa manera es que las personas se concentren en sí mismas,
fomentando, sin darse cuenta, el más refinado egoísmo. Solamente el anhelo, la pasión y
el empeño por el reinado de Dios, que es un proyecto histórico, social y trascendente, puede
darnos el realismo y la concreción que superen el peligro de subjetivismo y autoengaño que
con tanta frecuencia amenazan la espiritualidad.
ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA MARISTA

Introducción
Viajaba en avión en 1999 un Hermano Marista de Guatemala a Panamá. Tuvo de
compañero a un señor que tenía el “don de la palabra”, pero sus vecinos no tenían el “don
de la escucha”. Contó a su otro vecino parte de su vida y de su trabajo profesional como
representante de una editorial para América del Sur donde vendía muchos libros. De pronto
se dirige al Hermano y como saludo le espeta la pregunta: Y ¿Ud. qué vende?. El Hermano
sorprendido ante semejante pregunta inesperada del “desconocido”, respondió
espontáneamente: “Pues, vendo espiritualidad marista”. Al captar la reacción del
interlocutor que denotaba no haber visto nunca tal producto en los catálogos, continuó el
Hermano: “Soy Hermano Marista y mi labor o misión es hacer la propuesta de la
espiritualidad marista a los jóvenes que sientan la vocación de Hermano Marista en su vida”.
Casi sin que le dejara terminar comentó: pues mi hijo estudió en el colegio que dirigen los
Hermanos Maristas en Miami.
Y la conversación continuó por el camino de la educación marista conocido por ambos.
Claro está que la espiritualidad marista no se vende. Pero, sí se vive y se contagia y cuando
en nuestra vida nos cruzamos con quien la vive, sabemos reconocerla.
El primero que vivió la Espiritualidad Apostólica Marista fue el Padre Marcelino
Champagnat, fundador de la Congregación y la contagió a sus Hermanos Maristas en Ntra.
Sra. del Hermitage que es el santuario de nuestros orígenes maristas y que es un lugar de
revitalización en el espíritu del Fundador y de los primeros Hermanos.
Es un tema cristiano, pero, muy nuestro por lo de marista y como verán, muy interesante,
es como hablar de la esencia de nuestra familia, como la mejor herencia que hemos recibido
y que podemos dejar a quienes sigan nuestras huellas.

Es preciso remontarnos 200 años atrás a una región del sur de Francia donde vivió entre
1789 y 1840 el Padre Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas.
Las Constituciones de los Hermanos Maristas se expresan así:
“Movido por el Espíritu, Marcelino Champagnat quedó cautivado por el amor de Jesús y
María a él y a los demás. Esta experiencia, unida a su apertura a los acontecimientos y
personas, se convierte en fuente de su espiritualidad y celo apostólico, y lo hace sensible a
las necesidades de su tiempo, sobre todo a la ignorancia religiosa y a las situaciones de
pobreza de la niñez y juventud”. (Nº 2)
“La espiritualidad que nos legó Marcelino Champagnat tiene un carácter mariano y
apostólico. Brota del amor de Dios, se desarrolla por nuestra entrega a los demás y nos
lleva al Padre. Así armonizamos apostolado, oración y vida comunitaria”.(Nº 7)

1. COMO NOS LLEGA Y SIGUE VIVA.


1.1. A través de Vida
La primera comunidad la transmite a los Hermanos que viven con ellos, éstos a los
siguientes,... y así hasta los Hermanos Maristas de hoy.
1.2. A través de documentos escritos, contemporáneos del Fundador
La vida del Fundador, las Enseñanzas Espirituales, las Reglas y Constituciones, Las
Biografías de los Primeros Hermanos.
1.3. A través de documentos posteriores
Las circulares de los Superiores Generales, los documentos capitulares, circular de la
ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA MARISTA, documentos de los capítulos generales,
artículos escritos por los Hermanos Maristas en distintas revistas de la congregación.
1.4. A través de cursos especializados
Los Cursos Interprovinciales de Renovación (CIR). Cursos de espiritualidad de varios
meses.
1.5. A través de CEPAM (Centro del Patrimonio Marista) que se encuentra en México.

1.6. A través del Centro de Espiritualidad de Ntra. Sra. del Hermitage


Lugar por donde pasan periódicamente Hermanos Maristas de todo el mundo.
1.7. A través del uso de símbolos y monumentos en las casas y colegios
Merecen una mención especial: las Hermanitas de María, que es un grupo de muchachas
jóvenes que están intentando fundar una congregación con dicho nombre, pero, con la
espiritualidad de San Marcelino Champagnat. Actualmente hay una comunidad en
Guatemala y poco a poco van descubriendo lo que Dios quiere para ellas
De esta manera se continúa viviendo la Espiritualidad Apostólica Marista adaptada a las
diversas culturas de los 74 países del mundo donde hay personas que van TRAS LAS
HUELLAS DE MARCELINO CHAMPAGNAT y se sienten cuestionadas por el eslogan: TU
SERAS CHAMPAGNAT HOY que tanto resonó en la fiesta de la canonización, que fue otra
manifestación multinacional, multirracial y multicultural.
2. QUE ES LA ESPIRITUALIDAD
Leamos las palabras del Hno. Charles Howard, antiguo Superior General, en su circular de
ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA MARISTA.
“La espiritualidad abarca todo lo que somos, los elementos que configuran nuestra vida,
nuestras relaciones, nuestros dones, las alegrías y las penas, nuestros sueños y estado de
ánimo, las luchas y los fracasos...todo. Como cristianos que somos, vemos el rostro, la
mano, la palabra, el aliento de Dios en cada uno de los aspectos de la vida humana, de la
creación y de lo que está más allá de lo que vemos y palpamos.”
“De Champagnat heredamos dos dimensiones vitales de nuestra espiritualidad. Primera, la
dimensión mariana: un lugar para María, que fue para él Madre, inspiradora, modelo y guía.
Y luego, la dimensión apostólica, ya que nos fundó para la misión. Ambas dimensiones
constituyen para nosotros un único don integrado que nos viene de Dios a través de
Marcelino.”
“La espiritualidad se nos sugiere en un plano simbólico, y no meramente en lo conceptual.
Los maristas tenemos algunos símbolos vigorosos: el pesebre, la cruz, el altar, la
Anunciación (el “sí” de María), Caná (“haced lo que El os diga”), Fourviere, la catequesis
con el niño moribundo, el Hermitage, el “Acordaos” en la nieve...”

Dicha espiritualidad se ha vivido y expresado en cada época de distinta manera. Hace un


cuarto de siglo es que se incorpora el nombre actual de ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA
MARISTA.
Fue el capítulo general de 1976 que llevó a cabo un estudio formal de algunos aspectos de
la ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA MARISTA.
Aquí es quizá, la primera vez, dice el Hno. Charles Howard, que el término
ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA MARISTA aparece en la documentación del lnstituto.
El capítulo general de 1985, plasmó sus reflexiones acerca de nuestra espiritualidad.
El tema fue recogido en la Conferencia General de 1989.
Hoy la reconocemos :
En los Hermanos, alumnos, exalumnos, padres de familia, maestros, colaboradores,
amistades y desde hace unos años en los laicos que pertenecen al Movimiento
Champagnat de la Familia Marista, recogido en nuestros estatutos de la siguiente manera:
“La Familia Marista, prolongación de nuestro Instituto, es un movimiento formado por
personas que se sienten atraídos por la espiritualidad de Marcelino Champagnat. Los
miembros de este movimiento- afiliados, jóvenes, padres, colaboradores, antiguos
alumnos, amigos- asimilan el espíritu del Fundador para poder vivirlo e irradiarlo. (Estatutos
164.4)
El 18 de Abril de 1999 al reconocer la Iglesia públicamente la santidad de Marcelino
Champagnat, la Espiritualidad Apostólica Marista además de ser propiedad de los
Hermanos Maristas pasa a pertenecer a la Iglesia Universal.
3. REFLEXIÓN DEL CAPITULO GENERAL.
DESTACA LA NOTA APOSTOLICA DE NUESTRA ESPIRITUALIDAD.
3.1. REALIDADES QUE NOS AFECTAN.
Al contemplar la realidad del mundo y dela Iglesia, detectamos algunos fenómenos que
creemos influyen en el modo de concebir la espiritualidad.
3.1.1. DEL MUNDO.
Nuestro mundo sigue dominado por el materialismo, las divisiones, las desigualdades y las
injusticias. Reconocemos en él fuertes llamadas de Dios a colaborar en su plan de
salvación, comprometiéndonos en la construcción de una sociedad más justa, fraterna y
trascendente.

A pesar del impacto del materialismo, del secularismo y del ateísmo, existe, sobre todo en
los jóvenes, una sed de lo trascendente y una búsqueda de lo espiritual.
3.1.2. DE LA IGLESIA
La Iglesia se va renovando: se comprende mejor a sí misma desde la comunión, asume
una postura de mayor encarnación en el mundo e intenta ser más servidora del hombre.
La vida religiosa apostólica se entiende a sí misma, en el espíritu de las bienaventuranzas,
no desde la huída al desierto, sino desde el acercamiento al hombre y al mundo para
anunciar y consolidar en ellos el Reino de Dios.
Se advierte un resurgir de la conciencia eclesial sobre los seglares y una mayor claridad
sobre su identidad, vocación y misión.
3.1.3. DE NUESTRO VIVIR
Al mirar la realidad espiritual de nuestras comunidades y provincias, seleccionamos los
siguientes aspectos positivos:
• • los ejemplos de numerosos Hermanos que integran
• en sus vidas el amor a Dios y al servicio generoso a
• los niños y jóvenes;
• • la experiencia de Hermanos especialmente
• sensibles al mundo de los pobres en quienes
• reconocen y sirven al Dios vivo;
• • la reorientación evangelizadora y educativa de las
• instituciones escolares y la especial sensibilidad
• por los jóvenes en dificultad;
• • la fuerte llamada a compartir con los seglares
• nuestra espiritualidad y carisma, lo cual enriquece
• nuestra propia experiencia;
• • la preocupación por encontrar caminos que
• permitan a nuestros Hermanos mayores ejercitar su
• dimensión apostólica y compartir su espiritualidad;
• • una mayor valoración de Champagnat como
• modelo espiritual de nuestra vida de consagrados.

Encontramos también aspectos importantes que debemos mejorar:


• • alcanzar una mayor unificación de vida;
• • desarrollar el ejercicio personal y comunitario del discernimiento;
• • llevar a la práctica el acompañamiento espiritual;
• • adquirir estilos de vida más sencillos, evangélicos y acogedores;

• abrir nuestras comunidades al entorno para sintonizar con sus necesidades y


dejarnos interpelar;
• • escuchar el clamor de los pobres y ser solidarios con ellos;
• • ser hombres de más oración profunda y cristocéntrica; compartir la Palabra de Dios
en comunidad y hacer que el contenido de las celebraciones y de la oración de nuestra
comunidad esté más de acuerdo con la vida y misión de sus miembros;
• • lograr que nuestro testimonio como comunidad orante y apostólica, sea más
evidente y comprensible;
• • hacer que María inspire más nuestra vida y acción y sea realmente modelo y
compañera de camino.
3.2. NUESTRAS CONVICCIONES
3.2.1. Dios presente en el mundo
Descubrimos y experimentamos a Dios en las realidades temporales propias del ministerio
que ejercemos, y percibimos el mundo como el lugar donde escuchamos, servimos y
amamos a Dios.
El Padre amó al mundo de tal manera que le entregó su Hijo.
Desde esta óptica, el mundo deja de ser considerado un obstáculo y se convierte en lugar
d encuentro con Dios, de misión y de santificación. En él ejercitamos la presencia de Dios
tan querida de nuestro Fundador y de tantos Hermanos.
3.2.2. Hermanos apasionados por el Evangelio
Nos apasiona Jesús y su Evangelio.
En la oración y en el trabajo apostólico experimentamos lo que le ha costado a Cristo salvar
al mundo y lo que le sigue costando.
María, asociada a la misión de su Hijo, es nuestro modelo y compañera.
3.2.3. La entrega a los demás desarrolla la espiritualidad
En nuestra inserción en el mundo, seguimos el ejemplo de Jesús que se hizo semejante a
nosotros.
Vivimos y desarrollamos la espiritualidad en la entrega a los demás. El pobre, el niño, el
joven y el Hermano de comunidad se convierten a diario, para nosotros, en sacramentos
vivos de Dios e interpelaciones del Espíritu.
Vivimos la presencia entre los jóvenes, tan recomendada por el Fundador, como lugar de
encuentro don Dios.

María nos sirve de ejemplo. Su Magnificat es una expresión maravillosa de unificación


interior; experimenta a Dios en lo más íntimo de su corazón y en el compromiso con la
liberación de su pueblo.
3.2.4. Vivir y compartir la espiritualidad de Champagnat
Champagnat con su vida nos anima a amar a Dios desde el mundo y amar a éste desde
Dios.
En el encuentro con el joven Montagne, movido por el Espíritu, revive la experiencia del
amor incondicional de Jesús y de María por la humanidad.
Esta apertura al amor de Jesús y de María y a los acontecimientos y necesidades de su
tiempo le permite unificar su vida y estar en comunión con Dios tanto en el Hermitage como
en las calles de París.
Revivir esta experiencia espiritual y compartirla con los seglares, es una forma concreta de
prolongar en nuestra historia del don que es Marcelino para la Iglesia.
3.3. LLAMADAS QUE SENTIMOS
• • A una oración renovada.
• • Al encuentro con Dios en lo cotidiano.
• • A la escucha y a la meditación de la Palabra de Dios.
• • A desarrollar el ejercicio personal y comunitario del discernimiento evangélico.
• • A ver en la comunidad , como familia unida en el nombre del Señor, una realidad
teologal.
• • A un proyecto personal y comunitario.
• • A reconocer en las culturas de los pueblos que evangelizamos la presencia de
Dios.
• • A enriquecer la herencia espiritual legada
• por Marcelino.

3.4. LINEAS DE ACCION QUE PROPONEMOS


3.4.1. Para el Instituto
Promover procesos de formación en la espiritualidad apostólica marista, bajo la
responsabilidad del H. Superior General y su Consejo.
3.4.2. Para la Provincia
Las Provincias promuevan procesos de discernimiento para elaborar su Plan Pastoral y
Apostólico.

El Hno. Provincial fomenta el acompañamiento espiritual para ir unificando la vida de cada


Hermano desde la actividad apostólica que realiza.
3.4.3. Para la Comunidad
Cada comunidad se propone progresar en el compartir la vida, los sentimientos, la misión
y la fe.
Que la organización de la comunidad ayude al crecimiento en la fe dentro de las exigencias
del trabajo apostólico de cada uno delos Hermanos (horarios, oración, encuentros,..)
Síntesis - Conclusión
• • La espiritualidad que nos legó Marcelino Champagnat brota del amor de Dios, se
desarrolla por nuestra entrega a los demás y nos lleva al Padre.

• • La espiritualidad marista nos ha llegado y sigue viva a través de la vida de los


Hermanos, de los escritos, de los documentos capitulares, de cursos especiales, de
CEPAM y por las visitas al Hermitage.
• • La espiritualidad tiene dos dimensiones: mariana y apostólica.

• • La reflexión hecha por el XIX Capítulo General destaca


• nuestras convicciones que son: - Dios está presente en el mundo, debemos ser
Hermanos apasionados por el Evangelio y la entrega a los demás desarrolla la
espiritualidad.

• - Dicho capítulo propuso líneas de acción a nivel de Instituto, a nivel de Provincias y


a nivel comunitario.

También podría gustarte