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Homilía 28 de julio 2022

Hermanos y hermanas,
Venimos a orar dando gracias a nuestro Padre por la
Independencia y pidiéndole su ayuda en la profunda crisis
que vivimos.

María servidora genera a Jesús servidor: Luz en la


tiniebla

Meditemos esta Palabra del evangelio. Conmueve el gesto de


María que se levanta para ir de prisa a ayudar a la anciana
Isabel en el parto. Similar al samaritano cercano al herido en
el camino, María, multiplica cuidados de servicio a Isabel
durante tres meses. La “llena de gracia”, madre del rey, sirve
y ayuda.

¡Cuántas veces en estos durísimos años, hemos recibido


estos gestos de amor generoso de tantos samaritanos y
Marías! Hoy somos los sobrevivientes de la tragedia y no
podemos olvidar a la amplísima comunidad de peruanos y
peruanas que arriesgaron sus vidas para salvar la nuestra.
Sólo podremos corresponderles con nuestra vida donada. Se
asoma así el nuevo proyecto nacional de la vida peruana
regenerada por la generosidad servidora, lejana de toda
ambición estrecha.

La Palabra escuchada es para vivirla y renovarnos en la


actualidad y se “fieles” como “pueblo fiel de Dios”. Aparece
aquí este detalle: Isabel bendice a María y se pregunta:
“¿Cómo es que la madre de mi Señor viene a mí?”, en
palabras modernas “¿Cuándo se ha visto que la madre del
gobernante venga a ponerse al servicio de una anciana pobre
y parturienta?”.
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He aquí la gran novedad, el Dios de nuestra fe llega a nuestra


historia como servidor que da alegría, a través de la madre
servidora, en cuyo seno está el Rey que será servidor. La
alegría es por la novedad del abajamiento de los gobernantes
que abre la era del servicio a los humildes y entre los
humildes, prometida desde antiguo.

Con ello se inaugura la era de la rectificación definitiva del


falso orden inventado por poderes tiranos, ideologías y
religiones encubridoras que endiosaban al gobernante para
que dominara sin medida al pueblo sencillo, cuando debía
defenderlo porque provenía de allí. En cambio, en esta visita
desborda el servicio, que inspirará al gobernante, y aprenderá
a actuar en forma justa, prístina, efectiva, y creíble. Solo así
el pueblo verá la “luz grande” en medio de la oscuridad.

Hace 200 años: el difícil inicio de la República

No estamos lejos de esta novedad en el Perú de hoy. Jorge


Basadre dice que, en estos mismos días de 1822, comienza
realmente nuestra República, porque una cosa había sido
proclamarla y otra realizarla. En efecto, a un año de la
proclamación de la independencia, es decir hace 200 años,
similares dificultades que hoy vivimos desafiaban también
nuestro despegue como república:

-Ayer: caudillismos, ambiciones particulares, ambigüedades,


tibiezas y complicidades con el colonialismo, traiciones,
apetitos de poder, corrupción, nostalgias aristócratas.

-Hoy: -instituciones públicas deficientes y corroidas ante las


necesidades de seguridad, salud, trabajo, educacion de
calidad, equilibrio ecológico, organización autonoma solidaria,
desarrollo de poblaciones originarias, y otras demandas de
nuestro pueblo;
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-enorme crisis política con fondo viral de corrupción y


encubrimiento al servicio de intereses particulares.
-indiferencia, individualismos, intereses de grupo, mafias.

La actitud fundadora: el desprendimiento de San Martin

Recordemos por eso las valerosas actitudes humanas y


cristianas que nos generaron para nacer como nación. Decía
Jorge Basadre: “Es el nuestro un estado concebido primero
como un bello ideal y llevado luego penosamente a la
realidad”1. Quiso decir “penosamente” debido quizás a la
nobleza humana de los que renunciaron a sí mismos para
que el bello ideal se realizara.

En efecto, hace 200 años exactos, el 28 o 29 de julio de 1822


no hubo Te Deum en esta Catedral. Peligraba la futura
República y don José de San Martín, fue presuroso a
Guayaquil el 26 y 27 de julio de 1822 a encontrar a Simón
Bolívar, emancipador norteño de América Latina.
Conversaron de la terminación de la guerra emancipadora y
de nuestro futuro como Estado.

Apreciemos aquí la actitud fundamental que abrió el camino


republicano. Con la sensibilidad del Samaritano y de María,
San Martín, preocupado por el alto costo de sufrimiento
humano que implicaba la prolongación de la guerra pidió
ayuda a Bolívar. Pero lo hizo con humildad y responsabilidad
sin igual: le pidió ponerse a sus órdenes, sin afán de
protagonismo personal. Bolívar no asintió a esta propuesta, le
parecía poco delicado poner a San Martin bajo su mando y
dudaba que el Congreso Colombiano le diera permiso.

Ante esto don José comprendió que para lograr el bien


común del Perú había que hacer un acto adecuado y justo de
1
Basadre, J. Historia de la Republica del Peru, Tomo 1, p.
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desprendimiento que permitiera una acción efectiva que


culminase la guerra. Por ello decidió algo más hondo todavía,
retirarse para dejar paso a quien tenía las fuerzas
preparadas para que no retrocediera el proceso libertario
y republicano.

En su carta a Bolívar -29/08/1822- San Martin le manifiesta:


“estoy íntimamente convencido, que sea cuales fueren las
vicisitudes de la presente guerra, la independencia de
América es irrevocable; pero también lo estoy, de que su
prolongación causará la ruina de sus pueblos, y es un deber
sagrado para los hombres a quienes están confiados sus
destinos, evitar la continuación de tamaños males. En fin,
general; mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20
del mes entrante he convocado al primer congreso del Perú, y
al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile,
convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le
impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para
mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de
la independencia bajo las órdenes de un general a quien la
América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo,
y es preciso conformarse. No dudando que después de mi
salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la
activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá
negarse a tan justa exigencia, remitiré a usted una nota de
todos los jefes cuya conducta militar y privada puede ser a
usted de alguna utilidad su conocimiento”2.

Aquí sentimos una viva espiritualidad que coincide con la del


evangelio de esta misa. Apreciando este gesto y actitud
desprendida de San Martín, consideremos pues: ¿acaso no
es también urgente hoy? ¿acaso no extrañamos la presencia
de esa generosidad y desprendimiento en toda la dirección
nacional, en cualquiera de sus niveles, y especialmente en la
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Carta de Jose de San Martin a Simon Bolivar 29 de agosto de 1822.
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esfera política y pública? ¿acaso no falta cultivarla en la vida


social, económica, cultural, educativa e incluso religiosa de
todo responsable institucional?; ¿Pero dónde encontramos la
generosidad en el Perú de hoy? Pues la apreciamos clarísima
en la actitud de las personas y organizaciones solidarias que
operan permanentemente con absoluta generosidad y
desprendimiento, como el caso emblemático de la “red de
mujeres de las ollas comunes” y muchísimas otras.

Pero falta en quienes dirigen desde zonas de poder de


cualquier tipo. La espiritualidad contraria a esta fe de los
peruanos es el egoísmo individualista o de grupo. Es el
espíritu de elite separada, o que pretende separarse y
servirse de su llegada a ese espacio. Ese es el flagelo que
nos corroe, y donde pervive la corrupción. En contraposición
la espiritualidad del desprendimiento es la que intentamos,
especialmente ahora, vivir en la iglesia en favor del Perú,
aunque debemos pedir perdón de que el aire de la
indiferencia y de la corrupción también nos ha llegado, como
recordó Papa Francisco en su visita al Perú3.

José de San Martin tomó el camino de la fe. Abnegado y


desprendido, contribuyó a nuestra independencia, dejando el
Perú en las buenas manos estratégicas de Bolívar, y en
buenas manos institucionales, con un competente Congreso
Constituyente, que promovió a los más valiosos peruanos y
reunido por fin, “el 20 de setiembre de 1822, a las 10 a.m., en
el Palacio de Gobierno” y “Desde allí se dirigieron a la
catedral a solicitar la asistencia divina, mediante la misa
votiva del Espíritu Santo que celebró el deán gobernador
eclesiástico del Arzobispado de Lima4. Por ello la misa y Te
Deum que debió celebrarse en 29 de julio, se celebró el 20 de
septiembre de 1822.

3
Mensaje en el Patio de Palacio, versión oral.
4
Relato de fundacion del Congreso de la republica, el Basadre, Historia T. 1.
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Así, la república fue, desde el comienzo un largo y progresivo


proceso de generación. Poco a poco los peruanos debimos
aprender el camino de la unidad, y afrontar crisis tras crisis,
conflicto tras conflicto, y hasta ambición tras ambición. Pero si
logramos aun existir es porque se pudo imponer por sí misma
la exigencia de la realidad sobre las vanas ilusiones. Y este
proceso continúa hoy en su compleja ambigüedad.
Felizmente algunas bases sólidas quedan, pero siempre
existe el riesgo de corroerlas y perderlas, si la ambición
desmedida no se supera. Necesitamos la grandeza humana
del servicio desprendido y abnegado. Así hemos ido llegando
al año 201.

Sabedores de que todavía están pendientes de resolver


problemas fundamentales, y que la ambición egoísta personal
o grupal actual requiere nuestra libre decisión de rectificación
en todos los actores, acojamos con sabiduría la experiencia
adquirida en estos 201 años, y emprendamos un nuevo
esfuerzo inspirado que requiere humana generosidad y
desprendimiento, un programa básico de prioridades que
todos debemos realizar por el bien común, sin segundas
intenciones propias, y también… fe cristiana verdadera, y no
encubridora de los males.

En efecto, la historia nos exhorta a no traicionar lo mejor de


su enseñanza, que mucho más, se forjó humildad tras
humildad, desprendimiento tras desprendimiento, restañando
las heridas dejadas por quienes creían que su ambición era
una forja, cuando era una ruina.

Estas actitudes y este modo de actuar mariano y samaritano


urge hoy en nuestra patria. Y ya lo practica diariamente la
gran mayoría de los más de 30 millones de peruanos que
somos, quienes saben autoorganizarse solidariamente,
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especialmente los jóvenes y las mujeres, y de quienes hemos


de aprender todos.

“La justicia de su causa que Dios defiende”: el bien


común

La causa de nuestro pueblo peruano, “que Dios defiende” es


el bien común de todos. Ningún peruano esta de sobra, todos
somos importantes, y más importantes son los vulnerables,
los niños, y adultos mayores, los trabajadores estables y
eventuales de la ciudad y del campo que sufren, pobreza,
miseria, enfermedad, falta de empleo, hambre, daño
ecológico, violencia callejera, machismo y maltrato de la
mujer, racismo y discriminación de todo tipo, pésima
educación basada en el negocio, inestabilidad económica,
hastió de la política, desesperanza e intolerancia.

Papa Francisco, en su “peregrinación penitencial” a Canadá,


pidió perdón histórico a los pueblos originarios: “Pido perdón,
en particular, por el modo en el que muchos miembros de la
Iglesia y de las comunidades religiosas cooperaron, también
por medio de la indiferencia, en esos proyectos de
destrucción cultural y asimilación forzada de los gobiernos de
la época, que finalizaron en el sistema de las escuelas
residenciales.”5

Por eso Dios defiende sobre todo la causa de las víctimas de


los que usaron y usan la religión para dominar y maltratar
hasta la muerte a las poblaciones originarias, y con modernas
esclavitudes, cuyo fundamento es el “proselitismo religioso”,

5
Papa Francisco, ENCUENTRO CON LOS PUEBLOS INDÍGENAS PRIMERAS NACIONES, MÉTIS E INUIT,
Maskwacis Lunes, 25 de julio de 2022
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la “obediencia religiosa” ciega termina en abuso prepotente


en todas sus formas. Dios defiende a las víctimas de todos
los que dominan y destruyen sus cuerpos y mentes, sus
libertades, sueños y justas ilusiones, su fe y su esperanza. Y
la iglesia asume esta tarea como su misión.

Y las defiende también suscitando su Espíritu para irnos


convirtiendo todos los peruanos, creyentes y no creyentes, en
milagros vivientes que renuevan los gestos abnegados y
desprendidos que nos fundaron, para que podamos
emprender iniciativas inteligentes y sabias. Esto es lo único
que nos ha permitido existir como nación y durar hasta ahora
201 años.

Es nuestra tarea histórica convertirnos todos personal y


socialmente al servicio del bien común, dándonos la mano,
con una generosidad que regenera la Patria. Hemos de
promoverla por todos los medios, adecuados y legítimos. La
corrupción puede ser vencida no nos resignemos.
Participemos en este proceso que lleva a la anchura de la
democracia.

La misión evangelizadora de la Iglesia y el camino sinodal


como aporte

La misión de la iglesia es evangelizar inserta en las bases de


nuestra sociedad. Para ello está en proceso de reforma
mediante en “camino sinodal” de servicio a nuestro país
Estamos reaprendiendo y recuperando el modo más antiguo
de resolver los problemas consultando y deliberando juntos,
para afrontar los desafíos de las grandes crisis siempre
guiados por nuestros pastores y el Papa, pero teniendo en
cuenta lo que siente y propone el pueblo fiel.

Ofrecemos a nuestro pueblo este pequeño aporte inspirador


para su vida social y democrática. Como el Papa pedimos a
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todos los peruanos perdón de nuestras graves faltas y males


al dejar de evangelizar, y les anunciamos que vamos
rectificándonos de ello poco a poco, caminando con el Perú
hacia su Reino de Vida, de Verdad, de Justicia, de Paz, y de
Amor .

Volver al fundamento no al pasado: Gareca y Kimberly

Por ello nuestra tarea nacional es volver siempre, no al


pasado, sino al fundamento de la sensibilidad fundadora de la
patria, que la construye generosidad tras generosidad,
heroísmo tras heroísmo, martirio tras martirio, amando
gratuitamente a todos y cada uno de los peruanos y
peruanas.

Las imágenes de Ricardo Gareca y de Kimberly García,


desbordantes de generosidad, alentadores de nuestra
esperanza, pero maltratados por el egoísmo estrecho de
intereses equivocados, nos reafirman en esta misión, porque
siguen dejándonos el mismo legado que hemos de expandir
hasta las estructuras más amplias de toda la sociedad
peruana. Somos herederos de modos de ser humanos, muy
lejanos a los que nos inducen la ambición y la corrupción.

El Perú se ha ido construyendo así. Cualquier otra teoría


sobre el Perú, como la del terrorismo destructor del estado, o
la corrosión egoísta de la corrupción y la ganancia absoluta,
destruye nuestro estado, nuestra patria y nuestra historia, y
nos desprecia como peruanos. Como sobrevivientes
agradecidos, sigamos el camino que Jesús anticipó mediante
signos tangibles del Reino del Dios bueno, que permita
generar o quizás regenerar al Perú como “una partecita del
cielo”, sueño preciado de nuestra Rosa de Lima.
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