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Lectura silenciosa. Colegio Abraham Lincoln.

El mosquito y el león.
(Esopo)

Amaneció un día el mosquito sintiéndose muy valiente y con deseos


de que todo el mundo se enterara de ello. De modo que se fue volando a
la casa del león anunciando a grandes voces:
—¡Soy invencible! Nadie puede conmigo, ni siquiera el temido león.
Los animales del bosque escucharon sorprendidos los gritos del
mosquito y lo siguieron. Al llegar a la casa del león, el mosquito le dijo:
—León, yo puedo vencerte en el combate.
—Mosquito, me parece que eres demasiado pequeño para enfrentarte
conmigo —le contestó muy amable el león.
—Soy pequeño y ligero, pero valiente e invencible —dijo el mosquito
incitándolo a pelear.
—Si así lo deseas —dijo el león y lanzó un rugido y un manotazo.
Pero el mosquito lo esquivó, voló directo a su nariz y comenzó a
picarlo. El león se daba manotazos y se desgarraba la piel, pero no lograba
cazar al rápido mosquito. Por fin, desesperado, el león dijo:
—Basta ya, mosquito. Me rindo. Has ganado la pelea.
Los animales aplaudieron y el mosquito gritaba:
—¡Soy invencible! ¡Soy valiente! ¡Soy el mejor!
—Eres valiente —dijo el sabio león—. Pero invencible, no.
El mosquito ni siquiera lo oyó y se fue volando. Entonces, sin darse
cuenta, se enredó en la tela que una araña había tejido entre dos ramas,
desde donde no pudo salir.
Moraleja: con astucia y valentía, los pequeños pueden derrotar a los
poderosos, pero no son invencibles.

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