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Textos para meditar ante el Sagrario

El CORAZÓN DE JESÚS
ESTÁ EXHALANDO VIRTUD

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¿QUÉ HACE Y QUÉ DICE
EL CORAZÓN DE JESÚS EN EL SAGRARIO?
SAN MANUEL GONZÁLEZ, OBISPO DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS

Evangelio según san Lucas 9, 13-23

En aquel tiempo, Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos,


escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles:
14Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano;
Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de
Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas
Iscariote, que fue el traidor. Después de bajar con ellos, se paró en una
llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del
pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y
de Sidón. Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los
atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente
trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis
saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan,
y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del
Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra
recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros
padres con los profetas..
El CORAZÓN DE JESÚS ESTÁ EXHALANDO VIRTUD

De Él salía virtud y sanaba a todos (Lc 6,19)

Como el agua del arroyo exhala frescura y humedad, aunque nadie se


acerque a sus riberas, como la rosa exhala perfumes, aunque nadie se incline a
olerla, así el Corazón de Jesús que vive en el Sagrario está siempre exhalando
virtud, abandonado y solo.

Me lo dice el Evangelio
¿Quieres que nos detengamos a saborear esas palabras? ¡Descubren a tu fe, a
tu confianza y a tu dicha un mundo tan dilatado!

De Él, es decir, del Jesús que entonces andaba por las calles y plazas y que
ahora vive en los Sagrarios, de Él salía virtud.
¿Cuándo?
El Evangelio no señala tiempo ni pone limitaciones.
De Él salía virtud siempre; lo mismo cuando se inclinaba ante el joven
muerto de Naín para resucitarlo, que cuando era cercado y oprimido por la
muchedumbre que quería oírlo; lo mismo cuando recién nacido atrae sobre su
cuna los cánticos de los ángeles del cielo y los cariñosos obsequios de pastores y
reyes, que cuando muerto hace oscurecer el sol, estremecer a los cadáveres en
sus sepulcros y quebrantar las piedras.
De Jesucristo salía siempre virtud.

¿Cómo era esa virtud?


El Evangelio también me ha hecho la merced de explicarme la naturaleza de
esa virtud.
¡Cuánto debemos al Evangelio!
¡Sanaba!
Jesucristo, como Dios que es, tiene poder para dejar salir de Él muchas
clases de virtud.
Virtud de creador, de dominador, de aniquilador, de juez, no eres tú la virtud
que salía de mi Señor Jesucristo.
¡Virtud de sanar!
Ésa es la virtud que, como aroma exquisito, esparcía en torno suyo el fruto
bendito de la Madre Inmaculada.
¡Sanar!
¡Cuadra eso tan bien al que se hizo médico para buscar, no sanos, sino
enfermos, pecadores y no justos!
¡Necesitaba tanto de esa virtud nuestra pobre naturaleza!
¡Sabía Él tan bien que venía a tierra de enfermos del cuerpo muchos, del
alma todos!
Virtud de sanar: ¡cuánta falta hacías a tanto paralítico, ciego, sordo, mudo,
herido, muerto, no sólo del cuerpo, sino del alma!

Y ¿alcanzará a muchos?
¡No tengáis miedo, enfermos que esperáis que os toque la virtud de
Jesucristo!
Que no es virtud para uno solo por cada año como en la piscina de Bethesda,
que no es virtud para los hombres de una edad o de un pueblo, como la que han
tenido los santos taumaturgos; no tengáis miedo, que esta virtud es para todos.
¿Lo oís bien? Para todos los hombres, de todos los tiempos y de todos los
pueblos.
¿No os habéis fijado en la palabra tan amplia del Evangelio: todos?
¡Cómo ensancha mi alma esa palabra, todos!

De modo que yo, pobrecilla criatura, que he venido al mundo veinte siglos
después de haber pasado por él Jesucristo exhalando virtud, ¿puedo esperar que
a mí me toque también esa virtud?
¿Sí?
Pero, ¿en dónde me encontraré con Él?
¡Soberana realidad de los Sagrarios cristianos, ven a dar a mi alma la
respuesta y la seguridad de su dicha! Dile que sí que el Jesús de la virtud aquella
vive todavía y vive muy cerca de mí, junto a mi casa, ¡en el Sagrario!
Di a mi alma y di a todas las almas que quieran oír, que en el Sagrario vive el
mismo Jesús de Jerusalén y Nazaret, con su mismo Corazón tan lleno, tan
rebosante de virtud de sanar y tan abierto para que salga perennemente en favor
de todos...
Desde que he meditado así el Sagrario, ¡cómo se ha agrandado ante mis ojos
y ante mi corazón!

El Sagrario no está ya limitado por las cuatro tablas que lo forman, ni aun
por los muros que lo cobijan. El Sagrario se extiende mucho más. El Sagrario
será el límite de las especies sacramentales, pero no de la virtud que debajo de
ellas constantemente brota.
Yo ya miro al Sagrado Corazón de Jesús en el Sagrario como un sol que
irradia luz, calor y vida del cielo en torno suyo en una gran extensión, como un
manantial de agua medicinal siempre corriente en muchas direcciones, como un
delicioso jardín esparciendo siempre los aromas más exquisitos...

¡Ay!, si nuestros sentidos no fueran tan groseros, ¡qué impresiones tan


deleitosas recibirían alrededor de los Sagrarios! ¡Cómo me explico ahora
aquella atracción que se dice sentían algunos santos hacia el Sagrario, aun
ignorado, por cuyas cercanías pasaban!
¿No sería quizás que sus sentidos espiritualizados percibirían ya el ambiente
del lugar de los Sagrarios?
¿Te vas enterando ahora de lo que significa esa frase sobre la que quizás
habrás pasado muchas veces distraído: tener Sagrario?
¿Ves ahora lo mal que se unen estas dos ideas: tener Sagrario y seguir siendo
desgraciado?
¡Pues qué!, la virtud aquella de sanar que exhala siempre para todos el
Corazón de Jesús de aquel Sagrario, ¿no es bastante para acabar con todas tus
desgracias?

¡JESÚS SACRAMENTADO! En esa oscuridad, en que el abandono de los


hombres te tiene sumergido, te confieso Luz de la luz de Dios y única Luz del
mundo.
En ese silencio, a que voluntariamente te has reducido ahí, yo te proclamo
Palabra substancial de Dios y única Palabra creadora, restauradora, glorificadora
y deificadora.
En esa inmovilidad, a que te has obligado ahí, yo te reconozco Vida de Dios
y única Vida de todo lo que vive.

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