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HOMILÍA

SOBRE LA T O L E R A N C IA

EN M A T E R IA S DE RE LIG IO N .

RECITADA

EL D IA IV. DE DICIEMBRE

POR E L
DE M .D C C .X C V .

Fr. ADEODATO TURCHÍ,


IL .M0 Y R.uo M
.*°*
B E C o r d e n d e m en ores capuchinos T
OBISPO DE PASM A) €&·

* U fé

E N V A L E N C IA :
EN LA OFICINA DE JOSEPH ESTÉVAN,
PLAZA DE SAN AGUSTIN. A Ñ O l8oj.
N un siglo, cuya memoria será

E siempre funestísima por una mul­


titud casi ¡numerable de incrédu­
los, era bien natural que se pre­
dicase y se promoviese con todas las fuer­
zas posibles una tolerancia plena en mate­
rias de Religión. Nuestros Filósofos quie­
ren vivir seguros y tranquilos en su incre­
dulidad : no basta : quieren propagar sin
CORtradicciuii ras abourdwj jijLLIlias. PciO
al mismo tiempo no pueden ignorar las
máximas, las leyes y el código penal de
nuestros padres contra los incrédulos. De
aquí es, que temen un mal á sí mismos,
temen un invencible obstáculo á sus depra­
vadas opiniones. Para prevenir y superar
estos encuentros, no hay medio mas opor­
tuno que el de hacer gustar á los hombres
una tolerancia ilimitada, donde se trata de
Religión. Se necesita pues decir y publi­
[4 ]
car con impresos, que la intolerancia en tal
materia es un verdadero delito, delito con­
tra el buen sentido, contra las sociales fe­
deraciones , contra la libertad y el bien de
los pueblos, contra la misma humanidad;
que no se debe inquietar al mundo en el
punto de religiosas opiniones; que en estas
materias puede cada uno pensar, hablar y
escribir como mas le agrade; que á Dios
solo toca vengar aquellas que nosotros cree­
mos ser injurias suyas. Y ved aquí como la
palabra Tolerancia ha venido á parar en un
reclam o, y en un punto de reunión para
nuestros Filósofos legisladores, divididos
€ri otras tantas cabezas, pero solo estre­
chamente unidos en querer una tolerancia
sin límites de todo el género humano. Y
no han desistido hasta sorprender á no
pocos buenos y zelosos católicos, y aun
á algunos sabios y religiosos Gobiernos.
Entretanto baxo del escudo de la toleran­
cia se ha propagado la incredulidad, y de
niña que era, ha venido á parar en un gi­
gante , á quien solo Dios puede al día de
[ 5 ]
hoy vencer, y enfrenarla con su infinito
poder. Y es cosa bien digna de observarse,
que estos predicadores de la tolerancia, te­
merosos de ser perseguidos, tanto han di­
cho , tanto han hecho, que últimamenre se
han hecho perseguidores. No os hablan de
otra cosa que de unión fraterna, de huma­
nidad , de indulgencia, de libertad , y al
mismo tiempo atacan furiosamente á todos
aquellos que no quieren rendirse á sus im­
píos sistemas, ni abrazar su partido. De
noventa años á esta parte imprimen, dicen,
y repiten, hasta causar fastidio, un farrago
de'fáUula!»” ds m m lias, de calumnias, {JOe
ultrajan á la Divinidad , insultan á los So­
beranos , destruyen las leyes, y comueven
los pueblos para una revolución ; y mien­
tras que su tan detestable iniquidad queda
sin castigarse, ellos no hacen otra cosa
que gritar continuamente que son perse­
guidos. Semejantes á un ladrón que se que­
ja á la presencia del Juez de haber sido ro­
bado, mientras él no hace otra cosa que
robar á todos los otros. Esta tolerancia en
[6 ]
materia de religión merece bien ser desen­
trañada, y puesta en claro en vuestra pre­
sencia , ó Señores, para defensa principal­
mente de la Católica Romana Iglesia, con*
tra la qual se han levantado nuestros Filó­
sofos como perros rabiosos por motivo de
la intolerancia. La Tolerancia pues en ma­
teria de Religión será el argumento de la
presente Homilía. Por lo que toca á voso­
tros , comenzad en ser un poco tolerantes
en escucharme.
Dos son los objetos de la tolerancia
eclesiástica en materias de religión. Las
persouas que v i v e n cu el ciio r, y el error
mismo en que viven. En quanto á las per­
sonas que impugnan los católicos dogmas,
me atrevo ¿ deciros, que el verdadero es­
píritu cíe la Iglesia es mucho mas toleran­
te que el de qualquiera otra sociedad. Leed
sus fastos, recorred con vuestra memoria
aun los tiempos presentes , y encontrareis
que la Iglesia jamás ha condenado las per­
sonas que erraban en la fe , sin haber pro­
bado ántes todos los medios posibles para
Í7l
llamarlos una y otra vez. Ruegos, ofreci­
mientos, atractivos, instrucción: repite los
avisos, las amenazas, los terrores: escucha
sus pretextos, examina sus razones, inter­
pone mil tardanzas: jamás se cansa de su­
frir , y de todo se aprovecha, haciendo los
oficios de una buena madre para volver á
su seno á los hijos renitentes y rebeldes.
Podría bastar por todos el clarísimo exem-
plo que el día de hoy nos pone á la vista
el reynante Pontífice Pió V I con su sabia
conducta. Si despues de tanta indulgencia
los refractarios no ceden, entonces la Igle-
si r be v uél ve numérame, p eiin re uuai ir-
tolerancia necesaria y virtuosa, sin la qual
ninguna sociedad podrá jamás sostenerse.
Aquel está en el error, y quiere persistir
en el e rro r; como á miembro infecto lo
corta de su cuerpo místico. Este es un dog­
matizante , y quiere propagar sus perversas
doctrinas; la Iglesia lo castiga, é implora
la pública autoridad , á lo menos para po­
nerlo fuera del estado en que pueda dañar
á otros. No castiga tanto el error, quanto
[8 ]
la mala voluntad de propagarlo, siendo es­
te un libre y voluntario delito, porque ca­
da uno es señor de su propia lengua. Lla­
mad pues á esta, ó Filósofos, reprehensi­
ble intolerancia: y yo os responderé, que
sin una tal intolerancia ningún reyno, nin­
guna república, ningún gobierno, ningu­
na sociedad no podrá jamás conservarse.
Todas las autoridades, todas las leyes, to­
dos los códigos penales <no son en este sen­
tido llenos de una verdadera intolerancia ?
¿ No son instrumentos de intolerancia las cár­
celes , las galeras, los patíbulos, para cas­
tigar á los delínqueme» ? Será pues forzoso,
para ser tolerantes, abandonar nuestras ca­
sas á los incendiarios, los bienes á los la­
drones , la vida á los asesinos, y la reputa­
ción á los calumniadores. Pero estos, re­
plican , son delitos que nacen de la ma­
lignidad del corazon, y ofenden el orden
público; pero los delitos religiosos, por el
contrario, no proceden sino de error del
entendimiento, y entre unos y otros hay
una gran diferencia. Cómo? Y ¿no procede
[ 9 ]
de la malignidad del corazon, y no turba
el orden público, el insultarla religión do­
minante , violar las leyes que la defienden,
hacer que otros la violen, sembrar entre
los ciudadanos la división y el cisma, des­
truir en ellos mismos los principios de la
buena m oral; y encaminándolos á la anar­
quía religiosa, abismarlos últimamente en
la anarquía política, como hemos visto su­
ceder en nuestros dias ?
¿ Sabéis quál es la pretensión ridicula
de nuestros humanísimos filosofantes ? es
esta. Querrían que la Iglesia tolerase no
aofaiieuie i las pcr&uias, sliiu láthbien sus
errores, y que tolerase ¿ los incrédulos:
no basta esto: querrían que tolerase de mas
á mas su incredulidad sin chistar un punto,
y sin dar la itienor señal de su desaproba­
ción. Esta pretensión es tan antigüé', quan-
to son antiguas las heregías. Eusebio en su
historia ( i) y Tertuliano en sus Prescrip­
ciones ( 2 ) hablan difusamente. Esta es Ja
B
(1) Tertul. cap. 4. y 44
C/°]
máxima de los incrédulos, dice el segundo,
querer ser tolerados en su infidelidad, para
poder sin estorbo estar unidos y formados,
como una legion bien aguerrida, para des­
truir el christianismo. Pero nosotros tene-
anos en contrario la doctrina de Jesuchris-
-to, y la de sus Apóstoles ( i ) , y la tradi­
ción perpetua de la Comunion Católica.
Puede bien la Iglesia tolerar las personas,
rogar por los que van errados, llorar su in­
feliz destinosufrir sus calumnias, sus in­
jurias , sus persecuciones, y volver bien
por m ai; peio^no ha podida nunca >ni po­
drá jamás eternamente tolerar y .call¿u:_sus
errbres. La razón es clarísima. Una sola es
la verdad, la revelación es una sola, to­
ados Jqs artículos-de la fe son.de igual peso:
convemr por tolerancia en la falsedad de
uno solo, es lo mismo que perder, y re­
negar de todo el Evangelio. Todo está en­
lazado en la Religion Christiana, como aque­
lla , que no tiene otra basa, que la divina

(i) II. Joao. cap. 5.


C " ]
Palabra; poner en duda un solo dogma,
es lo mismo que no tener religión alguna.
La Iglesia, columna y fundamento de la
verdad, ¿deberá adoptar el sí y el no en los
puntos de su creencia, dar igual crédito á
la mentira y á la sana doctrina , prometer
el mismo paraíso á los buenos creyentes,
y á los incrédulos que se jactan de no co­
nocer á D ios, ni á la Iglesia*, ni á la eter­
nidad I Y despuest^si la Iglesia callase, y
tolerase los errores, \los sabios y piadosos
fieles cómo podían distinguir los errores
mismos de las católicas verdades ? Las ove-
p^nli JesilCTnisLu ( ^ m u pudilair discernir
los pastos que son sanos, de los pastos que
son dañosos? N o: en materia de fe la Igle­
sia no puede tolerar, ni callar, ni usar una
delicada condescendencia. Mostradme en
toda la historia eclesiástica que Ja iglesia
en materia de dogma se haya inclinado ja­
más á la mas leve tolerancia, á pesar de
quantas ventajas se le habían ofrecido, y
de todos los males con que la habían ame­
nazado. Todo el mundo era arriano; la
[ 12 ]
sola Iglesia Católica jamás pudo inducirse
á tolerar el arrianismo.
Pero hay algunos errores puramente
especulativos, que la Iglesia debería tole­
rar , supuesto que no influyen poco ni mu­
cho en la conducta moral de sus hijos. Ah,
fieles míos! Ninguna cosa puede decirse
puramente especulativa en la Religión chris-
tiana. Todas las verdades reveladas, dice
San Agustia> se ordenan unicaínente á re­
primir las pasiones, regular las costumbres,
sanar al hombre y perfeccionarlo. Ved á
Jesuchristo en su Evangelio, como en el
acto mismo cu que uus.pi opone para creer
los mas sublimes misterios, saca siempre
conseqüencias de la mas sublime moral.
Mas quando aun fuesen tales errores pu­
ramente especulativos, no podría tolerar­
los la Iglesia; porque no puede tolerar una
patente rebelión contra las verdades de aquel
Diqs que nos las propone para que las crea­
mos.· Dios las ha revelado, y esto nos debe
bastar. Si pueden tolerarse los errores es­
peculativos contra la divina Revelación,
[ »3 ]
l por qué no podrán tolerarse también los
errores prácticos contra la divina Moral ?
La una y la otra reconocen un mismo prin­
cipio, y se derivan de la misma fuente que
es la divina Palabra.
Nosotros por otra parte vemos tantas
sectas, que en materias de fe piensan y
creen lo contrario las unas de las otras, y
tolerándose recíprocamente los errores, vi-
ven quietas y tranquilas. Mas esta, amados
mios, es una otra razón para probar que
tales sectas ni son ni pueden ser la verda­
dera Iglesia. En cierto modo han hecho co-
manCTrsnS^TiTnTs^y-cs'xxTsalrtcnriiatortd
que los errores se convengan con los erro­
res. Las tinieblas fácilmente hacen unión
con las tinieblas. Pero la verdad es una so­
la , y es tan enemiga del error, quanto lo
es la luz de las tinieblas. Estos sectarios no
tienen mas regla que les guie. A la divina
autoridad han substituido su espíritu pri­
vado. Cada uno piensa á su m odo, cada
uno cree á su modo, y tantos son los sím­
bolos de la fe , quantas son las personas.
[ >4 ]
Pero la Iglesia no puede tener mas de una
creencia, porque es uno solo aquel Dios
que la fundó. Los sectarios en sus divisio­
nes deben por necesidad tolerarse recípro­
camente en sus errores, si quieren ser con­
siguientes : porque querer ser tolerado, y
no querer tolerar, es una contradicción tan
absurda, que para no advertirla, se necesita
ser filósofo del siglo ilustrado.
O Dios! Y por el bien de la p az, y
por impedir un mal m ayor, <no podrá la
Iglesia tolerar algún pequeño error ? La
caridad pues, la caridad es el primero y
el grande precepto 9 y cb la alma de coda la
religión. La paz, la paz, ]qué bello nom­
bre , hijos mios! dice San Hilario, nombre,
que enamora y consuela; pero no hay paz
verdadera, sino es la de Jesuchristo; y la
paz de Jesuchristo no puede tener otra ba­
se que la unidad y la integridad de su
doctrina. Buscar la paz con unir la verdad
á la mentira, ChristoáBelial, seria esta una
caridad mal entendida, una dulzura cruel,
una paz impía y falsa. Mas ¿y para impe-
[ rS ]
dir un mal mayor? A h , hijos míos! este es
para la Iglesia el mayor mal de todos los
males, corromper y perder el depósito de
la fe. La Religión no es un sistema, no es
lina humana invención, no es una hipótesi
filosófica, ó un plan de gobierno político,
en el qual se pueda ya tolerar, ya variar
según las circunstancias, aun por el bien
de la paz, y por impedir un mal que se
ha. creído mayor.
Mas yo os advierto cuidadosos? é im­
pacientes , por saber quáles sean los erro­
res que los predicadores de la tolerancia
quLiiiaii ‘SClUleiasui u i la Iglcslx Gacúücx
Tenemos Teólogos refractarios y soberbios
que quieren la tolerancia, para publicar ellos
las doctrinas que directamente se oponen
á la idea justa que debemos tener de Dios,
que combaten sus esenciales atributos, y de
Dios mismo forman un tirano, que se com­
place en castigar á los inocentes, y preci­
pitar á los hombres en un abismo de deses­
peración. Quieren tolerancia para ciertos
sínodos, que son fuentes abundantes de se-
[ .6 ]
mejantes errores; quieren tolerancia para
una Iglesia particular, que los profesa y de­
fiende. Pero nada de esto puede tolerar la
Esposa inmaculada de Jesuchristo. Y ved­
los que con todas sus fuerzas levantan el
grito, y escriben, que la intolerancia de la
Iglesia Romana ocasiona infinitos males,
que fomenta las divisiones, que es enemi­
ga de la concordia, y que con no querer
tolerar algunas pocas proposiciones, cierra
á muchos la entrada al católico aprisco.
Mas la Iglesia los dexa chillar, gritar y de­
clamar, y entre tanto no piensa sino en
guardar el depósiiu de la fe , siempre firme
é inmoble en aquella piedra inconcusa que
la sostiene.
Entran los Filósofos, y pasan todavía
adelante. Querrían se les tolerasen sus sis­
temas , los quales, ó no admiten religión
alguna, ó las admiten todas como igual­
mente buenas, ó como del todo indiferen­
tes á los ojos del Ser supremo. Querrían
renovar en la nueva Roma católica las
máximas políticas de la antigua Roma pa­
[ «7 ]
gana, la qual por ganarse las voluntades de
todos los pueblos., adoptaba todos sus erro­
res , y creía tener una gran religion , por­
que no reprobaba ninguna impiedad. Pero
¿ cómo podrá tolerar la Iglesia un indiferen­
tismo , sugerido del libertinage, producido
del descaro, y destituido de razón ? Luego
el mahometano, el hebreo, el christiano,
el deísta, que diametralmente se oponen,
serán cultos igualmente gratos al Señor ?
Luego aquellos cultos que eran manchados
con la sangre humana, y deshonrados de
las mas infames prostituciones, eran á Dios
^dm^uauiificto acLjjialjli- ? A l i jm ioa d i 1mjl··
sotros estos horrores. A h ! que la eterna
Verdad no puede mirar con indiferencia
aquellos cultos, que recíprocamente se des­
truyen los unos á los otros, y conspiran á
destruir la santidad de sus divinos.atribu­
tos. Pero sabían bien nuestros Filósofos,
que la confusion de todas las religiones era
el camino mas breve para quitar del mun­
do toda suerte de religion. En donde se
puede creer todo sin remordimiento, es
[ .8 ]
muy fácil el tránsito á no creer cosa algu­
na. Desde aquel punto en que todas las
religiones se tienen por indiferentes, se mi­
ran también como indiferentes todos los
Gobiernos; y aquel se reputa mejor, en el
qual la anarquía política tiene mayor con­
formidad con la anarquía religiosa. La Igle­
sia Católica siempre solícita de la salud de
sus hijos, y de la seguridad de sus Sobera*
nos, no podía tolerar sistemas tan impíos,
y de conseqüencias tan funestas. Se levanta
con vigor á combatirlos y condenarlos, y
se aprovecha de aquellas armas que le son
propias, paia liacciioa deleitables eil pre­
sencia de todo el universo.
Desde aquel punto en que nuestros
Filósofos tolerantes juraron un odio impla­
cable á la Iglesia de Jesuchristo, y estima­
ron mas incurrir en las mas vergonzosas
contradicciones, que dexar de vengarse;
en el mismo acto en que predicaban la
tolerancia, se hicieron los hombres mas in­
tolerantes del mundo: pero contra quié­
nes? Contra solos los Católicos. Tolerantes
I '9 ]
en las palabras, pero en las obras se ven
ser unos verdugos y tiranos. Han admiti­
do todos los cultos, y han perseguido solo
á aquel que mentían con pública profe­
sión. Los solos Católicos no han sido tole­
rados. Se lia hecho elogio de todas las sec­
tas , aun de las mas bárbaras, supersticiosas
y fanáticas; y despues se ha visto una uni­
versal insurrección, una intolerancia la mas
decidida contra la Religion Christiana. Con
las cabalas y artificios, y por medio de los
emisarios que tenían en las .casas de los
Grandes, han logrado efectivamente sor-
pfeildei “a la publica autoridad; y esta,
sin advertirlo, ha venido á parar en lasti­
moso instrumento de sus venganzas y de
su intolerancia. Han sido bien admitidos los
Mahometanos , los Hebreos , los Ateístas,
los Protestantes y los Deístas; y con los
Católicos solos se ha usado de una severi­
dad terrible. A l paso que ha crecido la in­
dulgencia para con aquellos, se ha aumen­
tado el rigor para con nosotros. A aquellos
se les franquearon templos para exercitar
[ 20 ]
libremente su culto; pero nuestras iglesias
han sido ó arruinadas ó despojadas, y el
culto divino limitado de una económica
intolerancia. Aquellos fueron enriquecidos
de privilegios, y al mismo tiempo fue su­
primida la inmunidad de la Iglesia Católi­
ca, usurpados los derechos de los Obispos,
á quienes también se les quitó toda su le­
gítima autoridad. Por una parte eran intro­
ducidos lös Judíos con todos los derechos
de ciudadanos ; por otra parte eran arroja­
dos los Regulares, ciudadanos natos, con
el derecho de vivir y de morir en su pro­
fesión. Las mugeres infames se toleraban,
y eran bien admitidas; y solas las Esposas
de Jesuchristo eran arrojadas de sus sagra­
dos retiros, y muchas veces obligadas á
aumentar el número de las primeras, para
prolongar una penosa existencia. Los libros
de los incrédulos no solo se sufren, sí que
públicamente se venden; pero no se quie­
re tolerar que se publiquen las Bulas dog­
máticas , que son la regla de nuestra fe. No
se ha tolerado el reconocer al Vicario de
[ 21 ]
Jesuchristo por Juez de las controversias
en materias de dogma y de disciplina ; ni
se han tolerado los libros de los zelosos
Católicos que defendían la verdad. No aca­
baría 9 Señores, si quisiese referir todas las
contradicciones claras y manifiestas, y las
pruebas de intolerancia que nuestros Filó­
sofos tolerantes han dado y aun dan al dia
de hoy. Su intolerancia ha executado todo
esto auxiliada de los Grandes, engañando
su buen corazon con los falsos pretextos
de purificar la Religión, aliviar á los pue­
blos , y promover la pública felicidad; pe-
l a 'iluiiiftríuéroi! pieiiuinliraiiiub y p w Jciu-
sos, sus contradicciones y su intolerancia
han sido sin límites. ¿ Qiiántos ruidos no
movieron, y quántas injurias no vomitaron
los Filósofos, los Economistas y ios Polí­
ticos contra la revocación de un edicto, que
por salvar la unidad de la f e , quitó en un
llorentísimo reyno muchas manos á la in­
dustria, muchos ingenios á las letras, y mu­
chas riquezas al comercio ? V e d , decían,
quántos males produce la intolerancia : y
c 2 2 1
pues ? Y despues aquellos mismos Filóso­
fos , Economistas y Políticos han sido los
primeros que han concurrido para arrojar
del mismo reyno con destierros y con
muertes millones de hombres, por no que­
rer tolerar ni su catolicismo, ni su fideli­
dad á los Soberanos. Han llegado por fin
á predicar la tolerancia con el puñal en la
mano; y teniendo en sus manos propias el
terror, los tormentos y la muerte, levan­
tan el grito, y dicen á los buenos católicos:
A todos os queremos tolerantes de toda
suerte de religión; nosotros solos quere­
mos sci los intoleraiiiíbimos de la Religión
Católica que profesáis.
M e es cosa muy pesada, y no puedo
contenerme á mí mismo, quando leo en
sus libros aquellas declamaciones furiosas,
aquellos rasgos frenéticos con que se apli-
•can ¿ hacer la descripción del fanatismo
religioso. E ste, dicen, ha nacido gemelo
de la Religion Christiana: antes del Evan­
gelio jamás hubo guerras de religion. Atre­
vidos y mentirosos! Leed las historias grie-
í *31
gas y romanas, que ellas de acuerdo os des­
mentirán solemnemente. Fue el fanatismo
religioso el que suscitó tantas discordias,
el que ha derramado tanta sangre, ha ase­
sinado tantos Príncipes, ha perseguido á los
hombres mansos y pacíficos, y ha acarrea­
do la desolación á las provincias y á los
reynos. Tantos males ha podido persuadir
la Religión-del Crucificado. A h ! sois unos
impostores. Y ¿quándo jamás, en qué lu­
gar , con qué doctrinas la Religión del Cru*
cificado ha sugerido ó ha autorizado el fa­
natismo, ó los delitos que de él se origU
a ta ? lia lI3l)lllu fauáiims Tirdad j per
ro la Religión siempre ha sido invariable
en detestarlos. No fue la Religión quien los
hizo fanáticos; fueron la ambición, el odio
y la venganza los que inspiraron el fana­
tismo ; y la Religión no fue mas que «ut pre­
texto á su insensato furor. Pero pasemos
adelante. Las pasiones y la ignorancia for­
maron fanáticos en el corazon del christia-
nismo, y el fanatismo religioso ha causado
un gran m a l; mas ¿y el fanatismo filoso-
[ M]
fico lo juzgáis por de ningún momento?
Pero así es, que los Filósofos nunca han si­
do fanáticos. Promueven sus sistemas con
razones frías, y con una total indiferencia
sobre su buena ó mala fortuna. Pues ¿ por
qué tanto movimiento para hacer proséli­
tos , tanto ardor en defender sus sistemas,
y tanto perseguir á quien rehúsa adoptarlos ?
Vosotros os adelantais á dudar de todo; y
muchas veces ya se-os ha dicho, que os con­
tentéis en ser solos en dudar. ¿ Creeis acaso
que sea cosa muy conveniente al hombre
el dudar de la existencia de Dios,.de la in­
mortal! Jad del aluja, Je las penas y de los
premios de la otra vida ? Y i por qué publh
car dudas que turban el orden público, y
sepultar á tantos infelices en la desolación
^ eth ó rro r ? No importa, decís vosotros,
queremos hablar, queremos escribir, que­
remos publicar nuestras doctrinas en todo
el mundo, y aun que pasen á la mas re­
mota posteridad. Advertid , pueblos de la
tierra, que la Religion christiana corrom­
pe las costumbres, y la sana moral no ha
C *5 ]
experimentado corrupción hasta que el
Evangelio se ha publicado al mundo: bas­
tan las costumbres públicas, sin la costum­
bre privada. ¿ Con que la Religion Christia­
na corrómpelas costumbres? Y ¿puede oír­
se proposicion, ó mas fanática ó mas abr
surda que esta? Y ¿no son estos mismos
los que en otras ocasiones se quexan de la
moral de Jesuchristo, como á sobrado rí­
gida y p u ra , y por esto superior á las dé­
biles fuerzas del hombre? ¿Basta la costum­
bre pública, como si esto no fuese resulta
de las costumbres privadas ? Y con todo,
r Ui r tfrOfi ~ F f t ií i P i * n 117 r a · rii ruitnn y frr -
lerados imprimen y publican estas blasfe­
mias. O Pueblos de la tierra! si quereis ser
felices, derribad todos los templos, echad
á tierra todos los tronos, y no reconoz­
cáis otra divinidad que nuestra filosofía.
Los templos son el asilo de la impostura,
y los tronos son el triunfo de la tiranía.
Nuestro templo es la patria sola, nuestro
tribunal la nación, y el público nuestro
juez.Baxad del solio, ilustres Tiranos, adop-
[ *6 ]
tad nuevamente las ideas de la igualdad,
de la libertad y de la sociabilidad. Hasta
ahora habéis sido tiranos en fuerza de la
estupidez, del temor, de la barbarie y de
la superstición de los pueblos ignorantes.
No queremos Dios, ni Religión, ni Potes­
tad. Y vosotros , Pueblos , pensad como
nosotros, de otra suerte os declaramos la
guerra, y os perseguiremos á sangre y fue­
go hasta tanto que nuestros principios ven­
gan á ser los principios que dominen á to­
do el genero humano. Así hablan, y así
escriben á presencia de todo el universo.
Y csiu ño es fanatismo ? S í , hijos míos;
y es fanatismo infinitamente peor que el
fanatismo religioso. Comparad el uno con
el otro.
" E l fanático religioso, ó es un ignoran­
te que no tiene idea de su religión, ó es
un hipócrita que abusa de la religión co­
mo de instrumento para lograr sus inten­
tos. Pero la religión misma subministra
medios para su curación. Con la luz del
Evangelio se puede iluminar al primero,
[ 2 7 ]

y confundir al segundo. Pero ¿con qué


código, con qué autoridad se podrá ilumi­
nar y convencer al Filósofo fanático? É l
niega el Evangelio, y todos los libros que
venera, lo confirman en su horrible fana­
tismo. El fanático religioso no puede cau­
sar males que sean estables y permanentes.
E l no puede perturbar al estado, sino en
ciertos tiempos de heregías, de controver­
sias y de partidos: y los males que de alU.
se derivan, no pueden propagarse al mun­
do entero, ni sublevar á todos los pueblos
de una vez. Mas el Filósofo fanático, que
ákvimzs^L Tos üOrrumpeUoieü de las1 blW-
nas costumbres, que trata de dañosos la
decencia y el pudor, que adula las pasio­
nes , que insulta á los R eyes, y declama
contra los Gobiernos, que propone á las
Naciones la abolicion de las leyes y del
culto, que exhorta á todos los pueblos de
la tierra á la rebelión y al parricidio; este
no es un vicio ni local ni pasagero, no es
un mal producido de alguna razón parti­
cular. É l es un fuego devorador que se
[ *8 3
encamina á incendiar todo el universo:
fuego, á quien no puede faltar alimento,
mientras los hombres se agradarán del de-
leyte y de la independencia.
Andad ahora, Filósofos, á predicar la
tolerancia ; andad á publicar, que nosotros
los Católicos somos otros tantos fanáticos,
porque dexando en paz vuestras personas,
no podemos, ni debemos sufrir ni vues­
tros errores, ni vuestras blasfemias. Y yo
constantemente afirmo, ser este uno de
aquellos casos, en que no es lícito tolerar
ni los errores, ni las personas. Son estos
unos locos furiosos, y para curarlos se ne­
cesita de remedios fuertes. Es forzoso pues,
comenzar la cura, cerrándolos, para de es­
ta suerte evitar que los otros se vuelvan
locos. Mas esto pertenece á la pública au­
toridad , en cuyas manos están el imperio
y la fuerza. En pocas palabras el Pontífi­
ce San Gregorio formó el mas bello elo­
gio de Un Príncipe Chrisriano: Aquellos,
dice, son los mas grandes Príncipes, baxo
de cuyos imperios los hereges y los im-
C 29 Ü
píos han sido forzados á callar: Quorum
tempóribus haereticorum ora conticescum. E lo­
gio que forma vuestro carácter, ó piísimo
Fernando. Mas no se dé lugar jamás á que
el número de estos crezca tanto, que ya
no se puedan reprim ir: al paso que van
despuntando, es menester cortar de raíz los
venenosos renuevos de esta peste. Y o h !
de quántos horrores se hubiera librado la
Europa, si la santa Iglesia hubiera sido es­
cuchada desde el nacimiento del siglo! G e­
mía la buena madre, é imploraba el so­
corro , quando los incrédulos eran pocos,
y-mrhaSIá~protectores. Sus iiDrosr~8e im-
primian sin nom bre, se vendían .oculta­
mente, y se leían á puertas cerradas. Y
¿quál era entonces el mejor partido: mor­
tificar unos pocos incrédulos dogmatistas,
é imponerles silencio, ó por el contrarío,
sacrificar Naciones enteras ? Fueron des­
atendidos los gemidos de la Esposa de Je-
suehristo, y á la sombra de una ciega to­
lerancia se ha dormido un sueño de muer­
te. Entre tanto se aumentó la muchedum-
[ 3° ]
bre de los im píos, se multiplicaron sus
defensores, y ya no se les ha podido con­
tener mas. Se hicieron prepotentes, asesi­
naron R eyes, anularon leyes, y sobre los
estragos, sobre las rapiñas, y sobre la san­
gre fixaron los términos de la libertad y
la igualdad. Poderosos del siglo, para vo­
sotros es esta lección.
Y nosotros, hijos mios, que no tene­
mos autoridad, ni fuerza para reprimir i
los incrédulos, ¿qué deberemos hacer en
quanto á tolerancia ? Atenernos al Evan­
gelio , y adoptar las máximas de la tole­
rancia christiana. No juzgar jamás con so­
brada ligereza sobre la incredulidad de nues­
tros hermanos : si hallamos algunos incré­
dulos , no desesperar nunca de su recono­
cimiento ; usar de todos aquellos medios
que nos sean posibles, para reducirlos á
buen camino: si somos débiles é ignoran­
tes, como ordinariamente lo somos, huir
su compañía por no exponernos á peligro
de ser engañados; aborrecer su impiedad,
y amar sus personas. Mas sobre todo en-
[ 8« ]
derezar nuestros gemidos al Padre de las
misericordias, para que dé valor á los Gran­
des para reprimirlos; y á los que van er­
rados , voluntad de reconocerse : rogar por
la pureza de la F e , por la paz de la Iglesia,
y por la tranquilidad de la Europa. Y prin­
cipalmente procurar convertirlos con una
conducta exemplar, con irreprehensibles
costumbres que hagan honor al Evangelio,
y confundan á los que lo impugnan. Y
¡ qué bellísimo exemplo el que nos presen­
ta á la vista en este dia nuestro Protector
el ínclito San Bernardo, cuya solemne me-
-moria cCleBrainus ! Erl~~csu iiilüflia Iglesia
declamo, hecho todo fuego, contra el error
y el cisma, y al mismo tiempo dio las prue­
bas mas claras de evangélica tolerancia.
Quedaron convencidos y confusos los in­
crédulos á la vehemencia de su discurso;
mas no los ganó sino con la dulzura de su
caridad. Su mansedumbre fue la que resti­
tuyó á esta patria la luz de la católica ver­
dad , y formó una sola grey baxo la guia
de un solo Pastor. Pero decidme, ó gran
c 31 ]
Santo: ¿No sois vos aun en el día de hoy
nuestro Obispo y nuestro amable Pastor ?
Nosotros como á tal os veneramos y os
amamos. Vos bien sabéis, que desde aquel
mismo momento en que yo me vi indig­
namente destinado al gobierno de esta Igle­
sia , desde aquel momento mismo, postra­
do en presencia de vuestros altares, á vues­
tro patrocinio encomendé el Pastor y la
Qrey. A vos reconocí por Padre tierno y
amoroso de «n pueblo que es todo vues­
tro. Sed Padre al Pastor, y sed guia y Pas­
tor á estas amables ovejitas. Haced que no
perezca ni uiia sola pui mi negligencia 6
por mi debilidad. Obtenednos una"gracia,
que yo en este dia con suspiros y con ge­
midos os pido en nombre de todos ; una,
que en sí misma comprehenda todas las de­
más gracias. Conservad en vuestra G rey la
pureza de la Fe. S í, 6 gran Santo, la pu­
reza de la F e , y que sea siempre animada
de la pureza de las costumbres.

Imprímase. Cano Manuel,

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