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Expediente 03-000518-0164-CI

ACTOR           (   ) MARÍA DE LOS ÁNGELES CASTRO ZAMORA y


MANUEL DOMINGO FALLAS BARRANTES
                               FAX: 22-58-35-39
DEMANDADO (   ) VÍCTOR MANUEL SALAZAR ARAYA
                               FAX:22-25-12-01
_________________________________________________________

N° 280

          TRIBUNAL SEGUNDO CIVIL, SECCION PRIMERA.- San José,


a las ocho horas diez minutos del veintinueve de octubre de dos mil
ocho.-
         
Proceso ORDINARIO establecido en el JUZGADO CIVIL DEL
SEGUNDO CIRCUITO JUDICIAL DE SAN JOSÉ, bajo el número de
expediente 03-000518-164-CI, por MARÍA DE LOS ÁNGELES
CASTRO ZAMORA, mayor de edad, casada, ama de casa,  portadora
de la cédula de identidad número 1-419-1192, vecina de San José
y MANUEL DOMINGO FALLAS BARRANTES, mayor de edad,
casado,  sastre, portador de la cédula de identidad número 1-267-741,
vecino de San José, contra VÍCTOR MANUEL SALAZAR
ARAYA, mayor de edad, casado una vez, agricultor, con cédula de
identidad número 7-067-0573, vecino de San José.- Intervienen como
apoderados especiales judiciales del demandado la doctora Viviana
Martin Salazar y el licenciado Ronald Bernardo Ramírez.
                                                 RESULTANDO:
          1.- La presente demanda cuya cuantía se fijó en la suma de once
millones de colones, es para que en sentencia se declare:  "Solicito se
ponga en posesión inmediata del bien inmueble a los propietarios
registrales. Se condene al pago de ambas costas de esta acción. Daños
y perjuicios los que se liquidarán en su debido momento.".-
          2.- El demandado fue debidamente notificado de la demanda y la
contesto negativamente, oponiéndole las excepciones de falta de
legitimación activa y pasiva, falta de derecho y prescripción negativa y
positiva. A su vez contrademando a los actores para que en sentencia,
se declare: "1) Que se declare CON LUGAR la presente reconvención
y la validez y eficacia del contrato de permuta celebrado entre las
partes, y en consecuencia, que se ordene a los reconvenidos otorgar
la escritura pública correspondiente, junto con la obligación de
indemnizar al suscrito por los daños y perjuicios que le han causado
con los hechos objeto de este proceso. En particular el DAÑO
MORAL derivado del sufrimiento por la inminente pérdida de mi
vivienda, así como las molestias que todo este conflicto ha causado,
daño que únicamente para efectos de estimación calculamos en la
suma de UN MILLÓN DE COLONES. 2) Subsidiariamente, que se
declare que ha operado la prescripción positiva, y en consecuencia
que se declare igualmente que el suscrito es el legítimo propietario del
bien en disputa. 3) Que se condene en ambas costas a los
reconvenidos.".  
          3.- Los actores-reconvenidos fueron declarados rebeldes, y se le
tuvo por contestada afirmativamente la contrademanda en cuanto a sus
hechos y no opusieron excepciones.
          4.- El licenciado Carlos Felipe Jinesta Blanco, Juez Civil del
Segundo Circuito Judicial de San José , en sentencia dictada a las ocho
horas treinta y nueve minutos del veintisiete de junio de dos mil siete,
resolvió: "...POR TANTO: Se rechaza la excepción de falta de
legitimación activa y pasiva y prescripción negativa, se acoge la
de falta de derecho y se omite pronunciamiento en cuanto a la de
prescripción positiva. Se declara SIN LUGAR la demanda ordinaria
incoada por MARÍA DE LOS ÁNGELES CASTRO ZAMORA Y
MANUEL DOMINGO FALLAS BARRANTES contra VÍCTOR
MANUEL SALAZAR ARAYA. Se declara PARCIALMENTE CON
LUGAR la reconvención formulada por VÍCTOR MANUEL SALAZAR
ARAYA contra MARÍA DE LOS ÁNGELES CASTRO ZAMORA Y
MANUEL DOMINGO FALLAS BARRANTES, y se declara: Se le
otorga validez y eficacia al contrato de permuta suscrito entre el señor
Manuel Fallas Barrantes y Víctor Manuel Salazar Araya de fecha
cuatro de febrero de mil novecientos noventa y uno, y en
consecuencia de conformidad con lo establecido en el ordinal 698 del
Código Procesal Civil, se le concede a los actores el plazo de diez
días, contados a partir de la firmeza de esta sentencia, para que
procedan a otorgar la escritura de traspaso del bien inmueble del
partido de San José matrícula de folio real número cuatrocientos
setenta y dos mil setenta y dos - derechos cero cero uno y cero cero
dos, bajo apercibimiento de que si no se hace será otorgada por el
Juez a nombre de los obligados, previa solicitud del interesado. Se
rechaza el extremo de daños y perjuicios. Se condena a los actores -
reconvenidos al pago de ambas costas de este proceso.".
          5.- De dicho fallo conoce este Tribunal en virtud de apelación
interpuesta por los actores. En los procedimientos se han observado las
prescripciones correspondientes.-
         REDACTA el Juez OLASO ÁLVAREZ, y
                                              CONSIDERANDO:
          I.- Se modifica la totalidad de los hechos probados y, en su
lugar, se redactan de la siguiente forma: a) A través del bono familiar
número ciento ochenta y nueve mil seiscientos setenta y dos,  de
fecha veintidós de enero de mil novecientos noventa y uno, el Instituto
Mixto de Ayuda Social les otorgó una propiedad a los actores María de
los Ángeles Castro Zamora y Manuel Domingo Fallas Barrantes
(hecho segundo de la demanda a folio 12, corrección a folio 30 de la
contestación a folio 30 y documento de folio 22).  B) El cuatro de
febrero de ese mismo año, el actor Fallas Barrantes y el demandado
Víctor Manuel Salazar Araya, suscribieron un convenio al que
denominaron “convenio privado de permuta” (documento a folio 19 y
20). C) En la cláusula primera de ese convenio se establecía lo
siguiente “…que el señor Fallas Barrantes es dueño de una finca sin
inscribir situada en San José, Ipís de Guadalupe, de Goicoechea,
frente a la Fábrica Difiasa, lote número cuarenta y uno del Sector
Norte de los Cuadros. Que es terreno para construir con una casa de
habitación, que mide quince metros por sesenta de fondo…”(misma
cita anterior). D) Por otro lado, la cláusula segunda indicaba “…que el
señor Salazar Araya, es dueño de una finca inscrita en el Registro
Público, situada en Cartago, Pavones de Turrialba, sobre la carretera
a Siquirres, cuatrocientos metros de la Clínica del Seguro Social. Que
es terreno para construir con una casa de habitación, y mide
aproximadamente trescientos metros cuadrados…”(misma cita
anterior). E) En ese convenio las partes acuerdan permutar ambas
fincas, de manera que FALLAS BARRANTES quedaría como dueño
de la finca  ubicada en Pavones de Turrialba y, SALAZAR ARAYA, de
la finca ubicada en Ipís de Guadalupe (misma cita anterior). F) Ambas
partes acordaron que se otorgaría escritura pública para ser inscrita en
el Registro Público, en el momento de que Fallas Barrantes obtuviera
la escritura inscribible de su propiedad por parte del Instituto Mixto de
Ayuda Social (misma cita anterior). H) Desde el momento en que se
suscribió el convenio de permuta, el accionado Salazar Araya, ejerció
actos de posesión sobre el inmueble ubicado en Ipís de Guadalupe
(Declaración de María Teresa Chaves Valerio a folios 134 y 135,
contrademanda de folios 52 y 67). H) Luego de ese convenio, el
primero de diciembre de mil novecientos noventa y dos, el demandado
Salazar Araya, la actora Castro Zamora y su hijo Manuel Mauricio
Fallas Castro suscribieron un documento al que denominaron “contrato
privado” (documento de folio 21). I) En ese contrato, la actora María de
los Ángeles Castro Zamora, autorizó al demandado Salazar Araya, a
vender la finca del Partido de Cartago, situada en Pavones de
Turrialba, inscrita bajo el número de folio real número ciento cuatro mil
seiscientos noventa y tres (documento a folio 21). J)  A partir del cinco
de marzo de mil novecientos noventa y ocho, la finca ubicada en Ipís
de Guadalupe, fue inscrita en el Registro Público, a nombre de los
actores Castro Zamora y Fallas Barrantes, correspondiéndole el
número de matrícula de folio real cuatrocientos setenta y dos mil cero
setenta y dos del Partido de San José (ver documentos de folios que
van del 2 al 7). K) Dicha propiedad fue inscrita en derechos,
correspondiéndole el derecho de propiedad número, cero cero uno, al
demandante Fallas Barrantes (misma cita anterior). L) Por otra parte,
la titular del derecho de propiedad cero cero dos es la actora Castro
Zamora (misma cita).
          II.- Se aprueba lo resuelto por el a-quo sobre hechos
indemostrados por ser fiel reflejo de los autos.
          III.- La accionante -reconventora María de los Ángeles Castro
Zamora y su esposo –también actor-contrademandado-, Manuel Fallas
Barrantes, formulan este recurso contra la sentencia dictada a las
ocho horas treinta y nueve minutos del veintisiete de junio del año dos
mil siete, dictada por el Juzgado Civil del Segundo Circuito Judicial de
esta ciudad. En ese pronunciamiento, se rechazaron las excepciones
de falta de legitimación activa y pasiva y prescripción negativa y se
acogió la falta de derecho. En consecuencia, se declaró sin lugar la
demanda interpuesta por la parte actora contra el demandado Salazar
Araya. Por otro lado, se acogió, parcialmente la reconvención
formulada por éste último, declarando la validez y eficacia del contrato
de permuta suscrito entre Manuel Fallas Barrantes y Víctor Manuel
Salazar Araya de fecha cuatro de febrero de mil novecientos noventa y
uno y, en consecuencia, de conformidad con lo establecido en el
ordinal 698 del Código Procesal Civil, se le concedió a los actores el
plazo de diez días, contados a partir de la firmeza de la sentencia,
para que procedieran a otorgar la escritura de traspaso del bien
inmueble del Partido de San José, matrícula de folio real número
cuatrocientos setenta y dos mil setenta y dos, derechos cero cero uno
y cero cero dos, bajo apercibimiento de que si no lo hacen será
otorgada por el juez a nombre de los obligados, previa solicitud de la
parte interesada. Se rechazó el extremo de daños y perjuicios y se
condenó a la parte actora-contrademandante al pago de ambas costas
de este proceso.
          IV.- LOS AGRAVIOS DE LA PARTE RECURRENTE: Alega lo
siguiente: a) que el a-quo incurrió en una incorrecta valoración de la
prueba evacuada en autos dado que, debido a esas probanzas,
procedía declarar la nulidad absoluta del contrato de permuta suscrito
entre Fallas Barrantes y Salazar Araya, por infringir lo establecido por
los numerales 835, 837, 844 y 1007 del Código Civil; b) que el contrato
de permuta entre ellos no cumple con formalidades esenciales, dado
que no fue otorgado en escritura pública y no contó con el
consentimiento de la actora Castro Zamora, puesto que,
independientemente, de que ella hubiera conocido del negocio jurídico
entre el demandado y su esposo, no dio su consentimiento con lo que
el negocio deviene en nulo, máxime considerando que se trata de un
bien de carácter social; c) que la necesidad del consentimiento de la
señora Castro Zamora en el contrato de permuta, era una
circunstancia que debió de ser prevista por el contrademandante, por
lo que debió pactar el contrato de permuta también con la co-actora
Castro Zamora y, aún así no lo hizo, con lo que la “venta” deviene en
nula, debido a que se pactó sobre un bien que era ajeno, esto
conforme al artículo 1061 del Código Civil. Es por esto y, también con
base al numeral 1025 ibídem, que el contrato de permuta solo puede
tener validez entre Fallas Barrantes y Salazar Araya y no con la
accionante Castro Zamora; d) que las formalidades establecidas en los
numerales 835 y 1007 del Código Civil, no solo se echan de menos en
el contrato de permuta, sino también en el documento firmado por la
actora Castro Zamora y su hijo, en el que se brinda autorización para
vender un inmueble ubicado en Pavones de Turrialba, primero, porque
el documento no fue otorgado en escritura pública y, segundo, porque
no se indica, claramente, sobre que inmueble se solicita la
autorización para vender; e) que, de todas formas, esa autorización no
era requerida pues, el demandado, nunca dejó de ser el titular del
dominio sobre ese inmueble, tanto así que lo vendió a las personas
que él quería y, bajo un precio, que también solo él fijó; f) que es cierto
que los actores omitieron solicitar la declaratoria de nulidad de la
permuta por la falta de consentimiento de la señora Castro Zamora,
pero que ello obedece a que la demanda fue interpuesta debido a la
asesoría brindada por una oficina de Consultorio Jurídico pero, a pesar
de esa omisión, al tratarse de una nulidad absoluta, debió de
declararse así conforme a los numerales 837 y 844 del Código Civil; g)
que el juzgado también conculcó el numeral 320 del Código Civil, ya
que la acción reivindicatoria pretendida por la parte actora debió
acogerse, puesto que el contrademandado no ha adquirido el
inmueble permutado a través de la prescripción positiva, ya que para
ello debe acreditarse la existencia de un “justo título” –artículo 854
ibídem-, del cual carece el demandado, por las razones apuntadas; h)
que el demandado incumplió el contrato de permuta pactado con
Fallas Barrantes, puesto que nunca le traspasó al último el inmueble
permutado, ello a pesar de que el inmueble estaba inscrito
registralmente a nombre del demandado Salazar Araya. Asimismo, se
omitió valorar que dicho accionado omitió indicar cuando entregaría el
bien permutado, tanto así que los actores nunca estuvieron en
posesión de la finca; i) que el documento que autorizaba a vender al
demandado la finca “permutada”, fue elaborada por él, sin que el actor
Fallas Barrantes participase en la negociación y que, tanto la
demandada Castro Zamora como su hijo, firmaron un documento
elaborado por el demandado, a cambio de un dinero que se les
entregaría después, pero ello no implica que se haya convalidado la
nulidad de la permuta; y, j) que lo pactado por el accionado y la
demandada y su hijo, desvirtúa la naturaleza de una permuta, y se
asemeja más a la figura de la compraventa.
          V.- SOBRE LAS PRETENSIONES DE LA PARTE ACTORA Y
EL CONTRATO DE PERMUTA: Durante el transcurso del proceso, la
parte actora ha cuestionado el contrato de permuta suscrito entre
Manuel Fallas Barrantes y el demandado Víctor Manuel Salazar Araya.
En ese convenio, se indica que Fallas Barrantes es propietario de una
finca sin inscribir, situada en Ipís de Guadalupe, lote número 41 del
Sector Norte Los Cuadros. En la actualidad esa finca  corresponde al
inmueble del Partido de San José, matrícula 472.072, derechos 001 y
002. El primero de esos derechos está inscrito a nombre de Fallas
Barrantes y, el segundo, pertenece a la esposa de Fallas Barrantes y,
aquí co-actora, María de los Ángeles Castro Zamora. El otro bien que
se pretendía permutar era una propiedad situada en Cartago,
específicamente, en Pavones de Turrialba y, cuyo propietario registral
era el demandado Salazar Araya. El cuestionamiento de los actores se
basa en que, la esposa de Fallas Barrantes – María de los Ángeles
Castro Zamora-, también es adjudicataria y co-propietaria del inmueble
del Partido de San José y no dio su consentimiento en la permuta.
Ahora bien, cabe destacar que los actores no solicitaron, dentro de sus
pretensiones, la declaratoria de nulidad por esa circunstancia, sino que
sus peticiones fueron las siguientes: a) que se les pusiera en debida
posesión del inmueble del que son propietarios registrales y, b) que se
le condenara al demandado al pago de los daños y perjuicios. En esta
instancia, la parte recurrente, sostiene que a pesar de que esa
declaratoria de nulidad no se incluyera dentro del cúmulo de
pretensiones, el a-quo, tenía la obligación de declararla, en aplicación
de lo dispuesto por los numerales 835, 837 y 1007 del Código Civil.
Más aún si se toma en cuenta que la demanda fue interpuesta a través
de un consultorio jurídico.
          VI.- El artículo 835 del Código Civil establece “Hay nulidad
absoluta en los actos o contratos: 1º.- Cuando falta alguna de las
condiciones esenciales para su formación o para su existencia.
2º.- Cuando falta algún requisito o formalidad que la ley exige que
en ellos interviene. 3º.- Cuando se ejecutan o celebran por
personas absolutamente incapaces.”. Por otra parte, el numeral
1007 ibídem dispone: “Además de las condiciones indispensables
para la validez de las obligaciones en general, para las que nacen
de contrato se requiere el consentimiento y que se cumplan las
solemnidades que la ley exija”.  El 844 ibídem indica que “La
nulidad absoluta, lo mismo que la relativa, declaradas por
sentencia firme, dan derecho a las partes para ser restituídas al
mismo estado en que se hallarían si no hubiese existido el acto o
contrato nulo, siempre que la nulidad no sea por lo ilícito del
objeto o de la causa, en cuyo caso no podrá repetirse lo que se
ha dado o pagado a sabiendas.” Por último, el numeral 837
dispone:” La nulidad absoluta puede alegarse por todo el que
tenga interés en ella y debe, cuando conste de autos, declararse
de oficio, aunque las partes no la aleguen: y no puede
subsanarse por la confirmación o ratificación de las partes, ni por
un lapso de tiempo menor que el que se exige para la
prescripción ordinaria.” En cuanto a esta última norma, la Sala
Primera de la Corte Suprema de Justicia, ha interpretado que, su
fundamento obedece a la intención del Poder Legislativo de eliminar
los actos completamente nulos a través de la declaratoria oficiosa de
invalidez, siempre y cuando, participen en el proceso las partes
involucradas y quede debidamente comprobada la nulidad a través de
los autos. Es por ello que, según la Sala, las nulidades evidentes y
manifiestas deben de ser declaradas, de oficio, esto con la finalidad de
eliminar los efectos jurídicos de un acto contrario al ordenamiento, aún
y cuando exista un principio dispositivo que rige la materia civil ( Voto
número 549-07 de las 8:45 horas, del 3 de agosto de 2007). Ahora
bien, aún de no existir este antecedente jurisprudencial, considera esta
Cámara que la nulidad del contrato de permuta por falta de
consentimiento por la co-demandante Castro Zamora, era un aspecto
que era perfectamente extraíble de los hechos  (hecho 4°) y del
fundamento jurídico de la demanda (artículo 1007 ibídem), por lo que,
no se hubiera incurrido en ninguna infracción a los principios
dispositivo y de congruencia, si el juzgado hubiera entrado a analizar
la nulidad por esta circunstancia, máxime si tomamos en cuenta, lo
establecido en el 837 ibídem y el principio de que la persona juzgadora
conoce el derecho. Una vez determinada la posibilidad de
pronunciarse acerca de la nulidad indicada, se debe precisar sobre
qué aspectos del negocio jurídico efectuado por las partes se puede
determinar que existe o no nulidad absoluta.
VII.- De los autos se extrae que el co-actor Manuel Domingo
Fallas Barrantes y el co-demandado Víctor Manuel Salazar Araya
pactaron el contrato de permuta comentado líneas atrás. Dicho
convenio en cuanto al derecho 001, de la finca del Partido de San
José, matrícula 472.072, no ha sido cuestionado en cuanto a su
validez, puesto que, lo que la parte actora impugna es la falta de
consentimiento de la co-accionante Castro Zamora, la cual es
propietaria del derecho 002 sobre ese inmueble. Bajo esta
perspectiva, tal y como consta de la certificación registral visible a folio
6, si el titular del derecho de propiedad 001 es Salazar Araya, él
estaba perfectamente legitimado para efectuar la permuta de su
derecho, sin necesidad del consentimiento de su esposa. El numeral
1100 del Código Civil establece que a la permuta le son aplicables los
principios de la compraventa, por lo que es de aplicación lo dispuesto
por el artículo 1064 del Código Civil en cuando establece “La venta
hecha por uno de los copropietarios de la totalidad de la cosa
indivisa, como perteneciéndole por entero, es válida en cuanto a
la parte del vendedor; mas si el comprador ignoraba el vicio
podrá rescindirla.” Por ende, el contrato de permuta en cuanto al
derecho 001 no puede ser objeto de cuestionamiento. En segunda
instancia, la parte recurrente pretende introducir circunstancias tales
como que el demandado incumplió el contrato de permuta, puesto que
nunca otorgó la escritura de traspaso de la finca en Pavones de
Turrialba. Esos alegatos no pueden ser debatidos, dado que estaría
variando la causa petendi por la que se inició esta demanda.  Una
vez  aclarado lo anterior, analizaremos si el contrato de permuta, con
respecto al derecho 002, perteneciente a la actora Castro Zamora
puede calificarse como válido o no. De la cláusula primera del
denominado “contrato de permuta privado”, visible a folio 9, se extrae
que el demandante Fallas Barrantes permutó la finca sin inscribir
ubicada en Ipís de Guadalupe, correspondiente al lote número 41 del
sector norte Los Cuadros. Posteriormente, entró en posesión de ese
inmueble, de otra forma no se explicaría el por qué de la demanda de
los actores. O sea que, para los efectos pertinentes, constituye un
hecho no contradictorio que el accionado Salazar Araya, entró en
posesión real y efectiva del inmueble, tanto de los derechos 001 y 002,
de la finca número 472.072 del Partido de San José. La parte actora
sostiene que la permuta es inválida, por una falta de consentimiento
de la señora Salazar Araya (artículos 835, inciso 1°, 1007 y 837 del
Código Civil). Sin embargo, este Tribunal considera que ella si otorgó
su consentimiento a ese convenio. Analicemos esta afirmación.
VIII.- Como lo indicamos anteriormente, a la permuta le son
aplicaciones los principios de la compraventa (artículo 1100 del Código
Civil). Entre esos principios tenemos que la compraventa no es un
contrato sujeto a solemnidades específicas, puesto que se perfecciona
con el mero consentimiento de las partes (artículo 1049). Ese
consentimiento, de acuerdo al numeral 1008 ibídem debe ser clara y
libremente manifestado. No obstante, esa manifestación puede ser
hecha de palabra, por escrito o por hechos de los que necesariamente
se deduzca.  En el sub-júdice, a criterio del Tribunal, tales hechos se
deducen del contrato privado suscrito por el accionado Salazar Araya,
la demandante Castro Zamora y su hijo Manuel Mauricio Fallas Castro
(folio 21). De ese documento se desprende que, tanto la actora como
su hijo, autorizan a Salazar Araya a vender la finca ubicada en
Pavones de Turrialba, misma que habían adquirido los actores en
virtud de la permuta efectuada con anterioridad entre Salazar Araya y
el co-actor Fallas Barrantes.  Para el Tribunal, resulta evidente, que
esa autorización obedece a que la actora había dado su
consentimiento tácito para permutar la parte que le correspondía sobre
la finca número 472.072 del Partido de San José, dado que, de lo
contrario, no tendría ninguna otra explicación el que firmara el
documento para autorizar al accionado a vender un inmueble que no
le pertenecía a ella. Veamos que la única razón para dar su
consentimiento para la venta obedece a que ella se consideraba
propietaria, en virtud de la permuta que ahora, a través de este
proceso pretende cuestionar. Es por ello que se debe concluir que el
a-quo no incurrió en una incorrecta valoración de la prueba, debido a
que, no existe otra forma de interpretar el contrato privado de folio 21.
Por ende, no existe ninguna nulidad del contrato de permuta, dado
que, de ese contrato privado, se extrae que la actora Castro Zamora si
otorgó su consentimiento tácito a la permuta suscrita por Fallas
Barrantes y el demandado Salazar Araya.
 IX.- LAS FORMALIDADES DEL CONTRATO DE
PERMUTA: En otro orden de ideas, los recurrentes alegan que la
permuta suscrita entre las partes, violenta las solemnidades
esenciales, puesto que, no fue otorgada en escritura pública y la co-
actora Castro Zamora no otorgó su consentimiento. Con respecto a lo
primero, como señalamos anteriormente, a la permuta se le aplican los
principios generales de la compraventa (artículo 1100 del Código
Civil). Uno de esos principios precisamente es que el contrato se
perfecciona tan solo con el acuerdo entre las partes (1049 ibídem), sin
que el ordenamiento establezca formalidad específica. Esto a
diferencia de otros contratos, cuya validez requiere que se otorguen en
escritura pública, como por ejemplo,  el mandato general o
generalísimo y la donación (artículos 1253 y 1397 ibídem). Así las
cosas, no lleva razón la parte recurrente en su argumento. En cuanto a
la nulidad del contrato de permuta por falta de consentimiento de la co-
actora Castro Zamora, este aspecto ya fue desarrollado líneas atrás,
por lo que, tampoco le asiste la razón a la parte actora.
X.- LOS NUMERALES 1025 Y 1061 DEL CÓDIGO CIVIL: La
parte recurrente alega que el juzgado infringió esas normas, puesto
que, nos encontramos ante un supuesto de “permuta” de cosa ajena,
dado que, lo único que podía permutar el accionado era su derecho
001 y no el 002 perteneciente a la co-actora Castro Zamora, por lo
que, es nula la permuta de ese derecho, por falta de consentimiento
(artículo 1025 ibídem). Tampoco le asiste la razón a la parte actora, tal
y como lo analizamos supra, el contrato privado suscrito entre la co-
actora y el demandado, acredita que ella dio su consentimiento tácito
para permutar su derecho 002, por lo que, el a-quo no infringió esas
normas.  También los recurrentes sostienen que ese contrato privado
es nulo porque debió efectuarse en escritura pública y no se extrae
cuál es el inmueble que se pretende vender. Ese argumento es
incorrecto, porque no existe ninguna norma que requiera dicha
solemnidad, so pena de nulidad. Por otro lado, del contrato sí se
extrae que el inmueble, cuya autorización se solicita para vender, es la
inscrita a folio real número 104.693-000, del Partido de Cartago,
ubicada en Pavones de Turrialba. Asimismo se alega que el accionado
incumplió el contrato de permuta, pues nunca otorgó la escritura de
traspaso. No es posible valorar este argumento, puesto que de ser así,
se estaría infringiendo la causa petendi por la que los actores
plantearon esta acción. Nuevamente, se debe afirmar que no es
posible acoger los agravios de la actora.
XI.- ÚLTIMO AGRAVIO INFRACCIÓN DEL ARTÍCULO 320
DEL CÓDIGO CIVIL: Se alega que el a-quo violenta esa norma, al
denegar la reivindicación del derecho de propiedad pretendido por la
parte actora, argumentando que el demandado posee un “justo título”
para usucapir, cuando en realidad, el contrato de permuta ofrecido
como prueba, no tiene esa condición, debido a que la co-actora Castro
Zamora no otorgó su consentimiento en esa permuta. Como ya fue
analizado, en los autos quedó acreditado que ese consentimiento fue
otorgado tácitamente por esa accionante, por lo que no existe
fundamento para eliminar la naturaleza que el a-quo le da a ese
contrato.
XII.- Por las razones expuestas, procede confirmar el fallo
recurrido.
POR TANTO
Se confirma la sentencia recurrida.
                                     Juan Carlos Brenes Vargas
Abel Jiménez Obando                                          Jorge Olaso Álvarez
ORDINARIO N°398-2007
MARÍA DE LOS ÁNGELES CASTRO ZAMORA y OTRO
contra
VÍCTOR MANUEL SALAZAR ARAYA.
CPorras.-
                                                     Juez 1. a.i.

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